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Mensaje por Reeva el Lun Mayo 11 2020, 06:42

Hace tres días…

-Reeva, lo hemos encontrado.

Reeva, quien yacía en su oficina, se vio obligada a detener todo ante la repentina y poco particular e inesperada incursión de Allard. -Es él.- Dijo Allard, encontrándose en la puerta, mientras miró a su señora, de forma sería, sin ocultar la seguridad de sus palabras.

Para Reeva, los errores, eran imperdonables. No se permitía tenerlos. Era híbrida, pero había sido criada como dragona, y, por tanto, tenía realmente el orgullo de un dragón, no era solo la imagen imponente y su porte elegante, sino su propia actitud, que se engrandecía de orgullo al saberse, que estaba más allá de los seres a los que detestaba y admiraba con tanto fervor. Híbrida y orgullosa. Y en esa filosofía, los márgenes de error, para su mente calculadora y fría, debían, sino erradicarse porque era realmente imposible, disminuir acaso cero los márgenes de error. Cada error y cada paso en falso que diese, significaba poner en peligro todo lo que desde años yacía planeando desde las sombras: el futuro. Y también significaba, la perdida de segundos valioso de su más grande tesoro, su tiempo. Allard y Ashanti, sus más cercanos, dos hermanos híbridos, lo sabían, lo entendían, y, por tanto, solo cuando estaban seguros de haber encontrado a un híbrido, con pruebas contundentes, eran que accionaban e iban a Reeva, quien era quien tomaba las próximas decisiones, y en este caso en particular, en el de Daval Rexxys, el criminal híbrido quizá más buscado por el Imperio del Fuego, había un especial interés.

Reeva llevaba años buscándolo. Cuando su rostro se volvió tan “polémico”, Reeva seguía construyendo y planeando desde las sombras, buscando a otros, tal como ahora. No había cambiado mucho lo que hacía Reeva, construir su plan para la evolución que se acercaba, para la nueva era, y fue en ese entonces en donde, gracias a sus oscuros nexos con os terroristas como la contrabandista Payge logró obtener cierta información del híbrido. Datos interesantes que, recabando, porque Reeva se cercioraba bien de conocer a quienes le rodeaban, cada detalle, pero un buen día, simplemente, el híbrido desapareció, y no dejo rastro, y en los últimos años, solo inconexos trozos de rumores que hablaban de sus paraderos gracias a sus espías. Nada concreto.

Había sido una lástima, pensó en ese entonces, en el que lo había dado por muerto y dejó de gastar recursos y tiempo en una búsqueda que no llevaba a nada. Y ya, realmente, lo daba por muerto.

-¿Estás seguro?- Cuestionó ella. -Completamente.- Reeva sonrió, complacida. -¿Dónde?- Allard respondió. -En un pueblo, a unos tres días de aquí. Va camuflado, y se hace pasar aparentemente por un viajero, evita dejarse ver, pero antes, en los puertos. Dudé también cuando me informaron, pero yo mismo fui a seguir su rastro y, no hay duda, es él, y analizando el camino que lleva, viene a la ciudad.- Reeva suspiró, y, con elegancia, se levantó de la silla frente a su escritorio, dirigiéndose hacia la ventana que daba a la vista de la ciudad. -Daval Rexxys.- Dejó escapar. -Qué planeas.- Prosiguió, sonriendo con curiosidad. -Bien.- Pareció entonces decidir, y se giró para ver a Allard. -Hay que asegurarnos de que no meta la mata o su estancia en Talos será más corta de lo que él espera. Síguelo, y asegúrate de que se dé cuenta de que hay ojos que lo recuerdan y lo observan, pero cuida que no note la presencia de quienes te acompañen, sino la tuya. No debemos asustarlo. No somos sus enemigos, pero, no sabemos con qué habremos de encontrarnos.- Ordenó, y acto seguido, Allard asintió. -Así será, Reeva.- Dijo, para girarse, pero tener que ser interrumpido cuando Reeva, habiendo llegado de nuevo hacia su escritorio, le habló. -Ah, y Allard… ten cuidado.- Allard sonrió por la aparente preocupación de Reeva, asintió y prosiguió, dejándola atrás.


En horas de la tarde, cerca al ocaso…

Lo habían seguido.

Tal como Reeva había ordenado, Allard se había encargado de seguir al viajero misterioso que había llegado a Talos y parecía pasar desapercibido a todo ojo, excepto a de él. Habiendo estado esperando por unos días hasta que por fin lo vieron llegar a la ciudad en horas de la mañana, ese día, lo siguieron sin perderle el rastro a cada lugar que concurrió y fue, y ahí estaban, en uno de los lugares más repugnantes de la ciudad: The Poison Claw. Allard se encargó de hacerlo sentir que lo seguía. Y justo cuando el híbrido parecía querer escapar, evitando de esa forma quizá un problema, sabiendo su precaria situación su actuaba de forma estúpida, en un callejón cercano a la taberna, en donde Allard lo detuvo llamando su atención.

Era inminente, parecía que Daval estaba listo para defenderse, pero eso cambio cuando otros dos híbridos, se revelaron y lo emboscaron.

Eran tres contra uno, y aunque estuviese muy experimentado, llevaba las de perder. -Quita la mano de tu arma, hermano mío. Te aseguro que no somos tus enemigos. Ven con nosotros, hay alguien que quiere verte.- Le dijo, para acercarse y mirarlo directamente a los ojos. -Híbridos, y orgullosos.- La frase que revelaba que sabían qué él era un híbrido, y que todos ahí, junto a él, eran híbridos como él, y había que temer.

Entrada la noche…

Esperaba.

Reeva esperaba pacientemente. Por fin, el híbrido que habñia estado buscando, iba a estar frente a ella. El significado de Daval para sus planes, era uno que él ni siquiera podía estar al tanto de comprender, y que no estuviese muerto, sino vivo, para ella, significaba una jugada maestra en los próximos pasos para sus planes.

La puerta de la oficina sonó, era Ashantí, la hermana melliza de Allard. -¿Ya están aquí?- Preguntó Reeva, Ashantí asintió. -Perfecto. Que lo lleven a mi habitación, y que esperé ahí.- Ashanti se extrañó, ante la orden. -¿A tu habitación?- Cuestionó. Reeva suspiró. -Ese híbrido es especial, Ashanti. Sabes lo que dedicado a buscarlo. Debe saber lo que vale, para todos.- Y en especial y muy interesadamente, para ella. -Que espere en mi habitación y, que nadie nos moleste.- Dando su orden, Reeva continuó de concluir de firmas algunos documentos para, tras acabar, ir a su habitación y ver con sus propios ojos, al hombre de espaldas, frente a ella. Al híbrido.

-Entonces si eres tú, Daval Rexxys…- Dijo, haciendo notar su presencia, muy complacida, de imagen imponente y orgullosa, con sus brazos cruzados, y su elegante vestimenta y peinado. Digno de una “dragona” poderosa, cerrando la puerta tras ella y caminando a pasos lentos, sin dejar de verle a los ojos, viéndose obligada a tener que alzar su rostro puesto que, en su forma humana, aquel híbrido, gozaba de mucha más estatura que ella. -No sabes cuánto tiempo tengo esperando este momento.- Le dijo, notándose pues, en su tono de voz, firme y seguro, su control absoluto de la decisión. ¿Híbrida o dragona? Era difícil de discernir en ese momento, y más para aquel hombre frente a ella que nada sabía de ella, pero ella sí que parecía saber mucho de él. Reeva, entonces, pasó de él, y fue hasta donde yacía, sobre una bandeja de plata, una botella de whisky de muy costosa procedencia. -Toma asiento.- Le invitó mientras servía ambos vasos, agregaba algo de hielo, e iba hasta donde el más alto, extendiéndole su vaso. -Brindemos esta noche, por tu llegada a Talos, una vez más. Salud.- Y chocó su vaso con de él, para beber un sorbo, y disfrutarlo.




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Mensaje por Daval el Lun Mayo 18 2020, 06:33

Durante la tarde, en la ciudad.


Nada parecía haber cambiado realmente, al menos no en este lugar, caras grises agolpadas en arrabales sucios y destartalados, humanos dejados a su suerte para morir en las calles, o en algún giro del destino, volverse meros esclavos de otros que podían someterlos sin problema. Una ciudad levantada sobre interminables huesos de seres que habían sufrido desde hace tanto, incluso ahora, los pocos que pensaban si atreverse a hacer una locura o no seguían con la mirada a cualquier presa medianamente significativa, yo no era la excepción. Desde haber puesto un pie dentro de esta ciudad otra vez, esos ojos no dejaban de seguirme, esforzándose más de lo necesario para esconder su presencia, pero fallando completamente en ocultar su ansiedad, como escuchar seres mudos anunciándose a gritos para tomar algo que no les pertenecía, nada nuevo realmente, tal vez hasta un poco divertido si hacían lo que pensaban hacer.

Aunque seguir a alguien tanto tiempo y tan lejos realmente no tenía demasiado sentido, tanto esfuerzo solo significaba que algo pasaba, algo que no quería pensar hasta descartar cualquier otra posibilidad, y cada segundo de rumiar aquellas ideas solo hacía la persecución un poco más irritante. El mejor lugar para saber si alguien tenía problemas contigo era el asqueroso tugurio de la zona baja de Talos, tan desteñido y maloliente como siempre. -Es increíble que este lugar pueda verse peor de lo que ya estaba-. Ya en la barra un gesto bastó para que un tarro viejo lleno de cerveza apestosa llegara en unos minutos, el tiempo suficiente para saber qué clase de malviviente me seguía con tanto afán, un muchacho que fingía ahogar las penas en un trago que ni siquiera lograba pasar, un poco muy joven para tener algo en mi contra, y si fuera un inquisidor ya habría tratado de venir por mí, tal vez solo, o tal vez con los otros dos que se habían quedado afuera pensando que no los habían notado. Los únicos ojos que me seguían sin desvío, todos los ocupantes del lugar estaban demasiado ocupados haciendo algún asunto dudoso, tratando de propasarse con las meseras, o simplemente olvidando lo triste que eran sus vidas con tanta cerveza como hiciera falta. Bien, un par de mocosos no serían difíciles de noquear, pero seguía sin saber para que estaban detrás de mí, si no eran inquisidores, entonces era de parte de alguien que si me recordaba, para bien o para mal, supongo que tocaba averiguarlo, apuré aquel trago repugnante antes de dejar una de las pocas monedas que me quedaban sobre la barra para largarme de ahí, estoy seguro de que media ciudad podría haber oído como el chico se levantaba y trataba de mantenerme el paso, escabulléndose detrás de la taberna y llamándome desde un callejón, era mejor acabar con esto ahora antes de que me siguiera hasta quien sabe dónde, los otros dos que lo acompañaban no tardaron en anunciarse para cerrarme el paso, no parecían matones simples, tal vez sabían un par de formas de moverse, un reto no venía mal después de todo.

Pero por rarezas de la vida (no realmente) estos tres no buscaban pelea, lo que decía el chico lo demostraba, aunque sonaba un poco a lo que diría alguna clase de fanático de culto, al menos no tendría que matar a nadie hoy, siempre y cuando cooperara, y no podía evitar sentir algo de curiosidad por ese supuesto alguien. –Bien, veamos de que se trata esto, por cierto… Cuando sigues a alguien, la idea es mantener la calma para que no terminen detectándote, esconder tu presencia no sirve de nada si tu mente prácticamente grita desde donde te escondes, eso también va para ustedes dos. Y además recuerda ver donde pisas, porque eso no parece la mierda de un perro-. Me reí un poco señalando a su bota llena de algo que dejó alguien más hace poco antes de seguirlos, esto sería divertido.

Aquella noche.

Seguir al chico acabó llevándome a una mansión, y vaya que no escatiman en lujos, quien sea que me buscaba vivía sentado sobre su propia montaña de oro, ¿cuánto tiempo podría haberme estado buscando en realidad? El chico me dejó esperando en una sala de invitados antes de ir a quitarse la peste que cargaba bajo su pie, al fin solo, por lo menos el tiempo suficiente para sospechar que alguien seguramente trataría de meterme en algún asunto demasiado descabellado, si no entonces podría estar durmiendo en alguna cama llena de insectos de una posada destartalada de la zona baja en vez de estar percibiendo el olor de madera pulida y restos de perfume en alguna casa muy estirada. Alguien vino, esta vez una chica que me veía como si hubiese encontrado al padre que desapareció hace años para ella, solo para aclarar, estoy completamente seguro de que jamás he estado ni remotamente cerca de tener hijos, y no parece una buena idea. –Por favor ven, ella quiere verte-. Algo nuevo para tener en cuenta, quien me buscaba era una mujer, rica, y lo bastante afincada para mandarme a traer hasta aquí apenas entrar en la ciudad.

Le seguí el paso a la chica hasta la segunda planta que parecía incluso más lujosa que lo que había dejado abajo, ahora a una habitación impregnada de perfume y llena de muebles y licores costosos, el lugar perfecto para alguna clase de… noble? La chica me dejó solo otra vez y se fue casi corriendo a quien sabe dónde, y antes de quedarme meditando mientras veía por la ventana, las respuestas a las dudas que ya me había planteado en la cabeza llegaron como si hubiera ordenado las respuestas. Una mujer, al menos una cabeza y media más baja que yo, pero vestida como si fuera la dueña de la ciudad, y llena de orgullo, como si estuviera por encima de todas las personas a su alrededor. Así que había escuchado de mí, por alguna razón alguien me recordaba después de tanto tiempo. –Por lo que veo, suficiente tiempo para hacerme venir hasta aquí apenas llegué a la ciudad, o para haberme seguido el rastro hasta el fin del mundo-. Le seguí el juego y me senté sobre uno de los sillones que tenía junto a una mesa pequeña y acepté el trago que me ofreció para hacer un brindis. –Salud-. El olor y el sabor eran inconfundibles. –Whisky rojo de las criptas de Edén…-. Recordaba haber robado un par de cajas de esto para un noble en Krosan, lo que hacía la falta de dinero, al menos el pago fue bueno.

-Entonces, supongo que esta es la parte en la que me dice su nombre, señorita…-
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