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Mensaje por Qalona el Jue Mar 19 2020, 00:17


Qalona se hallaba sentada de cara a la ventana de su despacho. Aunque lo veía todo ella estaba realmente inmersa en sus pensamientos. La situación de Talos, la suya personal y el porvenir y devenir en general rezumaban incertidumbre. Los terroristas habían estado aparentemente inactivos últimamente y ello sólo podía significar dos cosas: o bien se estaban reagrupando después del último golpe recibido o bien ya se habían recuperado y estaban preparando su siguiente golpe —Qalona dudaba muchísimo que se hubieran disuelto—. El cadáver de su marido se seguía pudriendo en su jardín no sabía a qué velocidad. Viktor estaba tardando más de la cuenta en recuperarse debido al gran daño recibido durante la pelea y sin él no podía dar su siguiente paso. Cada vez más dragones parecían darle la espalda a los suyos más por no querer verse envueltos en problemas que por simple deslealtad. La reina parecía haber caído en una espiral de dirección única y su corazón sufría por ella, aunque también por sus hijos y su nieto. La guardiana de Edén había viajado hasta Talos y por los rumores ella y la guardiana de Talos pretendían reunirlas a todas en la ciudad. Nunca antes, desde el nacimiento del Imperio del Fuego, se había estado levantando tan seguido sin poder saber realmente qué iba a pasar ese día.
Tomó una generosa bocanada de aire que empañó el cristal al exhalar. Estaba tan ensimismada que no oyó a alguien llegar. Alguien a quien, de hecho, ella había mandado llamar. Ahora que todo el mundo parecía estar más alerta que de costumbre y que el trabajo de los inquisidores era bien conocido debido a las deplorables prácticas de algunos de ellos y también de los pocos traidores que había habido entre sus filas no quedaba más remedio que reinventarse. Qalona había pensado en algo simple, pero tan antiguo como el propio pensamiento: mandaría a alguien a explorar en su lugar. Ella esperaría paciente por la información deseada y después sobraría en consecuencia.
A veces tenía la sensación de que los inquisidores se habían convertido en el pilar fundamental de su civilización. A pesar de su reciente creación se habían ganado un hueco en el corazón de los ciudadanos, bien por el odio o bien por el amor generado. Sin embargo, de algún modo, también se habían convertido en algo con lo que muchos ya se habían acostumbrado a vivir. Aquello los convertía en algo que, en un futuro incluso culturalmente, debía estar allí. ¿Y si caía la reina? ¿y si caía la ciudad? Ningún verdadero dragón que aquello sucediese, pero, si llegase a suceder… ¿entonces qué? Ellos deberían tomar las riendas de todo y Qalona tenía cierta experiencia en la formación de gobiernos dada por sus raíces griegas. No iba a instalar una democracia, obviamente, pero… un gobierno no absolutista, pero aún dracónico, sería algo interesante de ver.
El golpeteo de unos nudillos en la puerta la devolvió al despacho.
Pasa.
Al fin y al cabo todo era siempre cuestión de tiempo.




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Mensaje por Dalia LeBlanc el Jue Mar 19 2020, 14:00

Aquella mañana habia vuelto a despertarme empapada en sudor y temblando. Llevaba dias soñando lo mismo, con aquella horrible sensación, viendo aquellas llamas a mi alrededor, intentando apagarlas sin conseguirlo. Todo se quemaba delante de mi, todos mis libros, mis pocos bienes, incluso las personas que yo queria. No sabia si empezaba a estar loca por aquello, y tenia bastante miedo pero según me ponia en pie y me cambiaba de ropa, esa sensación se calmaba y volvia a tomar el control. De nuevo la rutina y tranquilidad era parte de mi y por suerte, me relajaba al punto de sonreir mientras realizaba mis tareas mas vanales.

La casa seguia tan tranquila como de costumbre, o al menos desde hacia un tiempo. Tan solo el eco de los pasos se podian escuchar según se caminaba por los pasillos, altos y elegantes que componian la "humilde" morada de mi señora. A la hora de las comidas, Viktor no aparecia en la cocina y uno de los esclavos se encargaba de llevarle algo de comer a su habitación. Eso me hacia pensar que estaria enfermo, por lo que tal vez podria ayudarlo a mejorar. No es que tuviera una gran amistad con él, de hecho, eramos simples compañeros, pero mi señora parecia depender mucho de él y si lo necesitaba yo podria hacer algo y no de brazos cruzados.

La idea se me olvido cuando un mercader trajó el pedido que hicimos el dia anterior en su local, del medio cordero y un lechón. La verdad es que no me hacia mucha gracia ver un cordero partido por la mitad, o el cadaver de un cerdito, pero no era quién para determinar la dieta de los demás. Lo peor era tener que llevarlo hasta la bódega para que el calor no afectase dicha carne, y es que me sentia como una enterradora o algo peor. La cosa se complico cuando al dejar las carnes en su sitio, note como la sangre me salpicó en el brazo y al verlo casi pegó un grito. Llevando puesto el vestido blanco con flores, era como si aquella mancha reluciera mucho mas, no es que me diera asco ni nada, pero me sentia sucia a no mas poder. Sali corriendo a la pila para mojar la zona y empezar a pasar el jabón tambien. Siendo solo la manga de mi brazo derecho, no era tan grave verme como una desesperada de rodillas delante del agua queriendo quitar una mancha, pero si era un tanto... peculiar.

Una de mis compañeras me aviso, pues al parecer mi señora queria que fuera a su encuentro en su despacho. Mire mi manga completamente mojada, llena de jabón y manchada de sangre. Aprete los labios y mire al colgador donde estaba la ropa húmeda de ese dia. Me quite el vestido quedando con las vestimentas interiores y fui al colgador buscando lo mas seco que hubiera, y al notarlo, simplemente lo tome y me lo puse. Mientras corri hacia el interior me arregle un poco el cabello para no parecer una desaliñada. Notaba que el vestido aún estaba algo húmedo pero al menos no estaba sucio y olia bien, por lo que estaba mas que presentable. Al llegar frente a la puerta, di un toque suave con los nudillos. Espere unos segundos sin recibir respuesta, por lo que repeti la acción, cuando esta vez la dragona si me dijo que pasará.
Al hacerlo, mi semblante se tornó serio y cerrando la puerta trás de mi hice una leve reverencia para después colocar mis manos cruzadas delante de mi, sin mirarla fijamente, con total sumisión, como siempre lo hacia.

- Lady Qalona, ¿en que puedo servirla? - dije con claridad con un tono suave para que me oyera pero lo justo para que no pareciera abrumador. Alcé la vista un segundo - Las carnes llegaron y serán cocinadas, ¿desea que lo sean de un modo especial? - pregunte con una leve y cordial sonrisa, pues me gustaba que mi señora tuviera todo lo que quisiera, y si podia, se lo daria costase lo que me costase. Aunque la verdad, lo de cocinar no entraba en mis planes.




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Mensaje por Qalona el Vie Abr 10 2020, 12:23

La dragona rojiza, aún con medio cerebro en las nubes, alzó una ceja. ¿Qué carnes? ¿debía ella saber algo de las carnes?
Sí, sí… hazlo como quieras.
Cuando se giró se topó con que Dalia seguía ahí de pie.
Bien, Dalia, tenemos que hablar de algo. Ya llevas conmigo el tiempo suficiente como para haberte dado cuenta de que las cosas están cambiando a pasos agigantados. Ni siquiera yo fui consciente de ello hasta el último incidente que tuvimos aquí —Qalona evitaba, en la medida de lo posible, hablar abiertamente de lo sucedido con Zlauco porque en Talos no sólo las paredes tenían oídos, sino incluso el aire también—. Antes de que te lo preguntes, no, no por ser inquisidora estoy al tanto de absolutamente todo lo que pasa en la ciudad. No todos los inquisidores nos dedicamos a lo mismo ni en igual medida. Es de hecho por eso que te he mandado llamar.
Con un gesto de la mano la instó a sentarse en la silla que había al otro lado del escritorio.
Como en todo dentro de la inquisición hay una jerarquía. Hay ramas de investigación, de detención e interrogación, de ejecución, etc. Yo me dedico a la investigación. Eso básicamente significa que soy la base de la organización y sin mi trabajo ni el de los otros investigadores mis compañeros de arriba no pueden hacer el suyo, ¿entiendes? Lo malo de mi trabajo es que requiere muchas veces de meterte donde no te llaman y eso se come tu anonimato. NO sólo mi reputación es conocida, mi cara también. Ya no puedo hacer según qué cosas sin poner en alerta a los demás ni levantar sospechas para quienes huyen de mí. Tú llevas tiempo conmigo, pero no te has involucrado en nada que no sea tus labores. Necesito que rompas esa pauta por mí. Hay algo que debes averiguar.
Qalona tomó un papel en blanco de un cajón y lo extendió frente a ella. Mojó la pluma en el tintero y sobre la superficie blanca trazó unas líneas. Por un momento su mente se puso en blanco y no logró recordar si Dalia sabía leer.
Tienes que buscar la manera de meterte en una casa y buscar lo que he dibujado aquí. Si mis sospechas son ciertas entonces podríamos estar hablando de un traidor. Ve, echa un vistazo, y si no encuentras lo que buscas entonces memoriza todo lo que puedas para poder contármelo, ¿entendido?
La inquisidora empujó el papel hasta el otro extremo de la mesa. Cuando Dalia tomara el papel podría leer —si sabía leer — una dirección y ver el dibujo de un artefacto que no parecía lo que realmente era.
Tienes mi permiso para usar tus poderes si te ves en la necesidad de hacerlo, pero no me ocasiones más problemas que beneficios o tendré que castigarte.




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Mensaje por Dalia LeBlanc el Vie Abr 24 2020, 11:53

La respuesta no era realmente la esperada. Pero claro, tendria asuntos mucho mas importantes que le ocupasen la mente antes que atender a una esclava, para decirla como queria la comida. Desde luego con lo ocurrido hacia poco, y como se encontraba Viktor, incluso era mejor tomarselo como si aquello no hubiera ocurrido por el bien de todos nosotros. Entonces Lady Qalona comenzó a explicarme algo, básicamente que yo ya era parte de esta "familia" y comprendia bien todo, a lo que hice un leve asentimiento a modo de reverencia servicial. Trás eso me dejó claro que por ser inquisidora no era conocedora de todo lo que ocurria en Talos, y que explico las tareas de cada uno de los suyos partiendo de la base de su propia tarea.

Me senté en la silla que me ofrecio sin dejar de mirarla, para de golpe y porrazo, pedirme que rompiera la rutina de mis labores mas cotidianas y tranquilas para hacer algo que... realmente no sé si sabia estaba preparada para ello. Directamente me estaba ordenando ser espia en una casa ajena, para buscar algo que habia dibujado. Recogi el papel que dejó en la mesa para ver el dibujo, pero no sabia ni lo que era ¿como iba a reconocerlo? ¿Tal vez era un simbolo?
Entonces volvio a hablar, diciendo que podia hacer cualquier cosa, incluso usar mis poderes. Frunci el ceño, pues mis poderes realmente no me servirian de absolutamente nada, ya que solo podia sanar a la gente, ¿que iba a hacer si me pillaban? ¿Curar el catarro de un guardia? Ay diosa, me temblaban las rodillas de tan solo pensarlo.

- Mi señora, es un honor que piense en mi para esta misión pero... - aprete los labios y mire de nuevo el papel - ... no sé que es esto, el dibujo. Y la casa de este dragón es laberintica - alcé la vista mirandola un segundo y de nuevo mire el suelo - Pero lo haré con gusto mi señora. Se sentirá orgullosa - aprete los labios pensando que si lo lograba, tal vez, conseguiria que me viera un poquito mas como una de sus favoritas. No tanto como Viktor, pero entraria en ese nivel.




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