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Mensaje por Zayah el Miér Feb 12 2020, 00:10

Llevaba demasiado tiempo trabajando para él, sirviendo en su maldito burdel. Pero al fin había sido reconocida como merecía. Tiamat era un dragón inteligente y por ese mismo motivo Zayah no pasaba de la línea, sabía que podía salirle caro. Es por eso que siempre intentaba engatusarle antes de preguntarle sobre algún tema delicado o que sabía de sobra que no querría hablar.

Caminó hasta su habitación con el pelo recogido y un vestido apretado que marcaba todas sus curvas. Zayah tenía su propia habitación en la Flor azul, pues llevaba bastante viviendo ahí. Por supuesto de su negocio de remedios caseros y hierbas medicinales, Tiamat se llevaba beneficio. Era su forma de pagar que viviera allí. Eso y tirársela cada vez que quisiera, ya que, también era su dueño.

- Estás aquí.... - Comenzó diciendo mientras se acercaba con ese movimiento suyo tan femenino al caminar. Mientras le tendía dos frascos con un líquido amarillento y unas plantas reposando al fondo. - Tu pedido... - Se acercó a él y pasó una mano por su hombro para después sentarse en su pierna.

- Las chicas se preguntan cuando vendrán los próximos clientes... - Empezó diciendo mientras acariciaba al dragón. Como "líder" de las demás chicas, de asegurarse que estuvieran perfectas, limpias, preciosas, dispuestas a servir con sus mejores sonrisas, también debía informar de todo a Tiamat. - Ayer hubo un pequeño altercado... Ya sabes, los piratas que vinieron se pasaron con Asha... - Le explicó, para que supiera que una de sus chicas estaba indispuesta por culpa de uno de esos desgraciados. - He hecho lo que he podido, pero le va a ser complicado con las costillas rotas... - Le soltó finalmente, sabiendo que podría enfadarse. - Yo me encargaré de sus clientes, hasta que mejore. - Aunque fuera fría y manipuladora, esas chicas eran lo más parecido a unas compañeras y por supuesto, la joven no cumpliría en ese estado.


Última edición por Zayah el Sáb Mayo 16 2020, 23:36, editado 1 vez





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Mensaje por Tiamat el Vie Feb 14 2020, 18:02

La Flor Azul, el negocio del cual era copropietario desde hacía ya un tiempo y el único que tenía realmente en Talos. Había visto la oportunidad hacía un tiempo y tras todos los años en los que había descubierto, más bien reafirmar, que humanos y dragones utilizaban aquel lugar para satisfacer sus necesidades y embriagar sus sentidos, algo que al parecer necesitaban más de lo que decían, no había dudado en ser socio y llevarme unos buenos beneficios por ello. No era el único negocio que tenía aunque sí el único en aquella ciudad, aunque fuera de la aristocracia y no necesitara de tales negocios había optado por ello tras la muerte de mi hermano pequeño. O más bien; tras su asesinato. Él había iniciado una serie de locales parecidos a la Flor Azul aunque algo más turbulentos, con mayor carta blanca y un abanico amplio de posibilidades, dando rienda suelta no solo al placer y a las drogas sino a otros temas más complicados y “oscuros” que lo había llevado a tener enemigos, y sabía que uno de ellos lo había asesinado. ¿Quién? Era demasiado pronto para descubrirlo pero había puesto un plan en marcha y pensaba encargarme de ellos. Tras su muerte decidí seguir con sus negocios y ser yo quien se encargara de ellos, aprendí mucho con las gestiones y dado que mi residencia se encontraba en Talos dejé a un encargado mientras yo estuviera fuera. En ese momento a mi vuelta vi la oportunidad de llevar aquel negocio e hice una oferta que no se pudo rechazar, ahora aunque no tuviera todo el poder en aquel lugar sí tenía una parte importante de implicación y hacíamos una gestión a medias. Aunque mi principal objetivo no residía en ser el dueño de dichos lugares, mis aspiraciones iban mucho más allá que eso aunque debía de ser cauto e ir de manera progresiva y paulatina, mi momento llegaría y sabría distinguir el momento oportuno. Sin embargo continuar con los negocios de mi hermano también tenía sus consecuencias, y ahora sus enemigos parecía que no les había gustado que yo continuara con lo que él había empezado... me tenían en el punto de mira, pero no sabían con quién se estaban metiendo. Uno de ellos había asesinado a mi hermano y debía de averiguar quién era antes de que el círculo se cerrara demasiado sobre mí.

Últimamente llevaba demasiadas cosas en la cabeza y necesitaba relajarme por un rato, no era de extrañar que fuera hacia la Flor Azul para tomar en el despacho que tenía un poco del opio que vendíamos en el lugar, eso me relajaría y despejaría. No solía abusar de ello pero a veces lo necesitaba. Fue por ese motivo que no me enteré hasta que escuché su voz de que alguien había entrado en mi despacho, mis ojos se alzaron para encontrarme con ella aunque por su voz supe de quién se trataba antes de verla; Zayah. La joven se acercó moviendo su curvilíneo cuerpo sabiendo qué hacer para llamar la atención de un hombre, aunque con solo mirarla ya podías quedar atrapado en ella. Era la “joya” más preciada del lugar aunque no por su belleza de fuego, sino por el don que poseía y que me sería muy útil de cara al futuro. Dejó los frascos que le había pedido que hiciera, pues además de su don de la visión era especialista en hacer remedios y hierbas medicinales, algo que contribuía en parte por quedarse en el lugar. Con ese descaro y la confianza que tenía acabó sentándose sobre mi pierna en lo que yo la observaba, con una ceja alzada, sin dejar expresión alguna que me delatara en mi rostro. El negocio iba demasiado bien y juntar esos dos placeres había sido un éxito garantizado, parecía que no obtenían demasiado ni se saciaban de lo que allí les brindábamos.



—No deben de preocuparse por los clientes, el negocio es uno de los más fructíferos y prósperos que hay en todo Talos... todos necesitan satisfacer sus necesidades, por muy oscuras que sean —y quizás era eso lo que mantenía el lugar con tanta visita, porque difería mucho de los demás burdeles que había en Talos. Sin embargo las nuevas noticias no llegaban solas y pronto Zayah me contó lo que había ocurrido, allí siempre se había llevado un riguroso y estricto control y protocolo, no por nada el lugar así lo requería por el servicio que dábamos, pero tampoco consentiríamos que se propasaran en nuestro propio local— habrá que enseñarles una lección a esos piratas... —y aunque mis palabras apenas fueron un murmullo, más de recordatorio para mí mismo, seguramente ella pudo apreciar el tono frío y tajante que destilaba al decirlo— dejé bastante claro que, si pasaba una próxima vez, se me avisara... y ese es tú trabajo Zayah, eres la responsable directa de ellas —por eso era la encargada de las chicas, aunque quizá debería de hablar con el dueño y quizás poner algo de protección en el lugar para aquellos que se sientan bravucones. Chasqueé la lengua al saber que la joven estaría indispuesta hasta que se recuperara, allí las chicas eran la base y el pilar de todo el negocio y sin ellas no funcionaría correctamente. Tener a una que no pudiera trabajar significaba pérdidas, y no queríamos eso— que atienda la zona del fumadero, que haga lo que pueda mientras se recupera —aunque sabía que había venido a darme el parte, como podría haberlo hecho con el jefe, sabía que había algo más para su visita— ¿sólo has venido para darme el parte y traerme los botes, Zayah? —Mi mano ascendió por la piel pálida de su brazo sintiendo su vello erizarse por mi tacto, no era la primera vez que nos habíamos acostado y tampoco sería la última. Mis labios marcaron un camino desde su cuello hasta el lóbulo de su oreja, de todas ella era la posesión más valiosa que tenía— ¿qué es lo que necesitas?




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Mensaje por Zayah el Vie Feb 21 2020, 00:17

Solo una ilusa no le tendría miedo a Tiamat, ella se lo tenía, junto a un respeto y pequeña admiración. Sabía que no dejaba de ser contribuyente en La flor azul y que era poderoso, podría hacer con ella lo que quisiera y la pelirroja solo tendría que aceptarlo sin más. Tenerlo contento y satisfecho era lo mejor para todos, sobretodo para ella, y si con su cuerpo lo conseguía, no duraría en acceder y usarlo para saciar al dragón.

- Me pidió seguir trabajando pese a su estado, así que como bien dices, seguirá activa hasta que vuelva a la normalidad. - Le informó - Las chicas necesitan protección. Esos piratas no son los únicos que se sobrepasan Tiamat, acudo a ti porque sé que eres justo y te interesa mantenernos a salvo. - Pese a sus palabras le habló en un tono bajo y sobretodo con respeto. Pues era su jefe en parte y no quería que sintiera que ella le estaba dando una reprimenda, más bien quería que viera que algunas de las chicas estaban asustadas y acudía a él para que las ayudara. - Jamás nos negaremos a seguir haciendo nuestro trabajo y aquí tenemos donde dormir y comer, queremos sentirnos seguras. No obstante este burdel es todo lo que muchas tienen, aportarán lo que sea necesario. -Le aseguró para darle a entender que no tenía que preocuparse por el rendimiento de las chicas y de ella misma.

- Por supuesto Tiamat, sabes que siempre te informaré de todo. Y me encargaré de cuidar de las chicas. - Dijo en tono sincero mientras asentía con la cabeza.

Y es que estar cerca de ese hombre era como caminar por encima del fuego notando el calor sobre la piel, pero siendo incapaz de alejarse pese a saber el destino que le esperaba. Dándole igual quemarse... Capaz de asumir ese riesgo. Su piel la delató cuando éste le acarició el brazo, siempre se tensaba cuando le tenía cerca, pero no le tenía miedo, más bien, respeto. Sabía que era un dragón respetado y poderoso. Ella quería ser útil para él de las formas que le pidiera y ahora mismo sabía como quería que lo hiciera.

- Pareces preocupado... - Le dijo tras contener un gemido cuando Tiamat besó su cuello mientras la pelirroja mordía su labio inferior y tomaba aire al notar como recorría esa zona hasta llegar a su oreja. - Y ya sabes que me encanta ayudarte a relajarte... - Siguió diciéndole para sacar un botecito de opio de su escote. - Tan sólo tienes que pedirme lo que quieres... Y lo haré. - Acarició la nuca del dragón para después abrir el botecito y echarse un poco del contenido justo en la zona de donde lo había sacado, invitándole a acercarse ahí...

Sabía que de vez en cuando el opio junto al sexo eran los inhibidores favoritos de Tiamat y ella sabía cuando él necesitaba desconectar de sus quebraderos de cabeza y dejarse llevar. Aunque tras esperar a que tomara el opio decidió pedirle un pequeño favor, algo que casi nunca le negaba, pero de lo que siempre le informaba. - Necesito ausentarme un par de días... He de entregar un par de mis remedios caseros contra la gripe... Pero estaré de vuelta enseguida... Lo prometo. - Su voz sonó suave y lo último lo dijo en un susurro para después acercar su cuerpo un poco más al del dragón.





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Mensaje por Tiamat el Dom Mar 08 2020, 20:10

Desde hacía un tiempo me había labrado una reputación a mis espaldas que lejos tenía que ver con los honores que había recibido como guerrero en la batalla. Gracias a mis méritos había logrado ser parte de la aristocracia pero aunque no lo necesitaba me había hecho cargo de los negocios de mi hermano, más por seguir llevando algo que había sido suyo y en parte por intentar descubrir quién le había matado. O quiénes, porque si algo sabía es que no había sido solo una persona la que lo tenía en el punto de mira y al parecer algo me indicaba que yo, por seguir sus pasos, corría la misma situación. No me importaba tanto aunque sí admitía que me llevaba de cabeza, había logrado ser socio de la Flor Azul y ganaba ciertos beneficios por ello además de que era uno de los mejores y más exquisitos lugares de todo Talos por el servicio que dábamos. Muchos podrían decir que era algo caro y sí, lo era, pero en ello residía la calidad de nuestro servicio no solo con las chicas, sino también con los licores, con el tabaco que era algo bastante escaso de conseguir y con las drogas que administrábamos en el local para el disfrute de los demás. Sí, era cierto que mi pasado siempre estaría presente y mis formas de ser quizás no cuadraran para muchos con el negocio que llevaba, pero en ese tipo de negocios era conveniente a veces tener la “mente fría” para poder seguir adelante. De todas las chicas que había en el lugar había una de ellas que era como mi posesión más preciada, no era mía pero sí trabajaba en el lugar y desde luego que había sabido ascender rápido, tanto, que se había convertido en la que llevaba todo lo relacionado con las chicas. Me daba algún que otro informe cuando lo necesitaba, me ponía al tanto de lo que ocurría en el local, y su cuerpo no negaría que era como un bálsamo para despejar la mente y tener un poco de tranquilidad. De placer también, y ella era una mujer demasiado lista como para saber jugar sus cartas y a mí parecía que en ocasiones me leía la mano que llevaba. En cierto sentido me producía cierta diversión ver cómo lo hacía, pero siempre tenía ese deje de respeto que podía ver en sus ojos y notar en su tono de voz. Además, Zayah tenía un don bastante importante que la hacía aún más exquisita... y no dejaba que muchos de los clientes la rondaran, si algo me interesaba de ella –además de su cuerpo y sus conversaciones directas sin tapujos- era ese don de ver lo que podría ocurrir. Puede que necesitara y precisara más adelante, quizás por eso le dejaba que se tomara ciertas licencias conmigo. Cuando habló sentada sobre mí anoté mentalmente buscar a esos piratas para darles una lección, necesitábamos a todas las chicas y no consentiría que ninguno se propasara con alguna.


—Bien, que se encargue de atender a los clientes y si alguno vuelve a molestar exijo saberlo en el momento. Me gustaría tomar las medidas adecuadas lo antes posible, de hecho pensaba contratar a un par de hombres que estuvieran como guardias y si alguna vez volviera a pasar algo así les avisarais para que no los dejaran salir —quizás así muchos se pensaran las cosas dos, o tres veces, antes de propasarse con ellas. Yo no podía estar siempre en el local y era una buena medida de seguridad, ya estaba hablando los términos con el dueño para ver cómo lo gestionábamos. Sabía que muchas de las jóvenes que trabajaban en el lugar lo hacían porque no tenían nada más, aquí les dábamos un techo, un sitio donde dormir y buena comida... mejor que en cualquier otro lugar parecido a este. Zayah no se equivocaba en algo; me interesaba mantenerlas a salvo a todas, eran la fuente principal de ingresos— este lugar no seguiría funcionando de no ser por vosotras, si vuelve a pasar algo igual exijo que se me avise lo antes posible —y sí, esos piratas lo pagarían. Ella de todas era la que llamaba más la atención, cuando empecé en el lugar me dije a mí mismo que no pasaría de una relación profesional con nadie... y con ella no había podido mantenerlo. Me llamaba, me incitaba y me provocaba solo con verla, hacía que sintiera la necesidad de tocarla, de que su piel se erizara como ahora con mi toque, de escuchar los dulces gemidos que salían de sus labios... era como una maldita tentación que no podía evitar. No dije nada cuando mencionó que parecía preocupado, muchas cosas rondaban mi mente últimamente y por ese momento no quería pensar en nada. Solo emití un pequeño gruñido contra la piel detrás de su oreja para que no siguiera, quería centrarme en su piel y en lo que le hacía. No pude evitar reír brevemente cuando dijo que le encantaba ayudarme a relajarme, mi mano bajó de su brazo perfilando su silueta hasta dejarla en su cintura y de un pequeño tirón pegarla a mi cuerpo— oh sí Zayah, ya sé que te encanta ayudarme —la observé cuando sacó aquel bote de su escote echándose un poco, esa combinación me encantaba y ella lo sabía. Mi lengua recorrió su piel allí donde había echado el contenido y jadeé ante la combinación de ello con su piel— tan deliciosa como siempre —llevé mi mano a su rostro para levantarla de su barbilla y que sus ojos azules chocaran con los míos, la observé de manera detenida y chasqueé la lengua por sus palabras— no me gusta que tengas que irte tanto tiempo, y preferiría que no fueras sola —mi dedo descendió por su cuello perfilándolo hasta acabar pasando por su clavícula, y seguir justo por su canalillo— ven, démonos un baño juntos. Las chicas seguro que lo tienen todo controlado y yo te necesito ahora —la miré esperando su respuesta, no me gustaba forzar las situaciones y ella siempre había sido libre de escoger lo que quería. Pero sí, necesitaba perderme y olvidarme de todo y eso solo ella era capaz de hacerlo.




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Mensaje por Zayah el Mar Mar 17 2020, 23:51

A veces no se podía creer la suerte que tenía de donde había llegado, aunque muchos la vieran como una puta que maneja a las otras putas. Lo cierto es que su vida había mejorado y sabía que en parte era por Tiamat, quién por su don se había interesado en ella... Muchos se habían interesado en ella por su don, pero él la protegía. Y ella le ofrecía una lealtad sin límites, junto a un respeto y cariño que ni ella misma podía controlar. Sólo sabía que era un hombre de negocios y que ella aparte de ayudarle a llevar su negocio, le ayudaba a desfogarse de tanto estrés.

Zayah se había prometido así misma ayudarle con el asesino de su hermano y vaya si lo haría. Más que por Mat se había convertido en un reto para ella misma. En su mente le había puesto un mote cariñoso cuando pensaba en él, pero solo en su mente, jamás se atrevería a pronunciarlo en voz alta. Era cierto que jamás le había puesto una mano encima pero no iba a ser necesario, la pelirroja solo con verle el rostro sabía si estaba enfadado y cuando debía parar por cruzar demasiado la línea de la confianza. En resumen si el dragón le pedía que le informara, ella lo hacía. Si le pedía que se quedara, ella se quedaba. Y si le pedía que saltara por la ventana; seguramente también lo haría, porque de no hacerlo su castigo sería mucho peor. De algo estaba segura y es que los castigos de los dragones debían ser algo horrible y muy doloroso. Algunas de las chicas los habían pasado y literal le habían descrito que era un infierno vivir bajo las órdenes de uno. Y sabía que no mentían pues les había tocado mientras le hablaban del tema para verlo por ella misma...

- Eso sería estupendo. - Le dijo cuando le comentó lo de contratar a dos hombres que vigilaran por la seguridad del local. - Además ayudaría mucho a relajar el ambiente. Aunque reconozco que las chicas son muy fuertes y profesionales. - Le comentó. - Así será Tiamat, te informaré de inmediato. - Le aseguró.

Mentiría sino reconociera haber sentido un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando escuchó su gruñido de advertencia; de esos donde le avisaba que no siguiera por ahí ya que llegado el momento Tiamat sería quién le contara o necesitara su ayuda con su don. Sintió como su piel erizaba mientras él la recorría con sus dedos y mordió con fuerza su labio inferior mientras la droga descansaba en su pecho hasta que el dragón pasó su lengua por esa zona, jadeando, haciendo que Zayah se ruborizara por verle así ante ella. Pues por mucho que mandara sobre ella y aquel lugar, esas reacciones que sentía ante el contacto con su cuerpo; no podía controlarlas. Y eso la hacía sentirse poderosa. Sabiendo perfectamente que hacer para volverlo loco y que ella fuera como una segunda droga; quería que la necesitara en su vida y sabía exactamente como jugar sus cartas para lograrlo.

Cuando levantó su barbilla, la pelirroja le miró con el rubor marcado en sus mejillas y los labios entreabiertos, respondiendo enseguida a sus palabras. - Te prometo que tendré cuidado y volveré enseguida, te lo prometo. - Le aseguró para después cerrar sus ojos unos segundos mientras recorría su cuerpo con el dedo y tomaba aire por la nariz.

Le encantaba cuando gruñía y la miraba serio, porque en secreto la excitaba demasiado, porque sabía que en ese momento no le haría daño alguno, porque la necesitaba. - Es un plan magnífico. Las chicas lo tienen controlado. Me quedo contigo. - Le dijo mientras acercaba su rostro al de él, tanteando si besarle o no. Sabiendo que a Tiamat le encantaba cuando era descarada pero también quería demostrarle que era capaz de contenerse por un momento, pero no por mucho. Eso sí que no podía prometerlo ni en diez mil vidas.

Por lo que finalmente su labios acabaron en su oreja donde atrapó con sus dientes el lóbulo de su oreja, para excitarle, y después le habló. - Voy a ir abriendo el agua. - Tras esas palabras se separó con la elegancia que solo ella sabía tener en ese momento. Mirándole juguetona mientras sonreía ladina y se acercaba a la bañera abriendo el grifo para después soltarse el pelo. Le encantaba el momento en que la observaba y después se lanzaba a por ella. Notaba su corazón acelerado, esperando a que ocurriera.

Por lo que, para acelerarlo, bajó la cremallera de su vestido y dejó que cayera hasta sus pies, donde lo apartó de un ágil movimiento, quedando en ropa interior. Lanzándole una mirada juguetona y volviendo a ponerse un poco de opio en la misma zona que antes, esperando que se acercara de una maldita vez.





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Mensaje por Tiamat el Vie Abr 24 2020, 20:14

De todo el tiempo que llevaba siendo el co-propietario del lugar jamás aceptaría que había una de las chicas que, por decirlo de alguna manera, había llamado mucho más la atención que las demás. La misma que se había ganado el puesto que ostentaba entre las chicas siendo la máxima responsable entre ellas, con un puesto bien merecido que ninguna se atrevería a discutirlo... quizás porque sabía que me tenía de su “lado” y era con la única de las que trabajaban en el lugar con la que había traspasado un poco la línea de la profesionalidad. Siempre tuve claro que no sería buena idea mezclar los negocios con el placer, pero cuando la vi por primera vez y supe del potencial que tenía habría sido un completo idiota si no la conservaba a mi lado. No era un necio como para hacerlo y desde luego que cualquiera en mi situación habría hecho lo mismo, trataba a todas con mano “dura” porque no sabía ser de otra manera pero admitía que Zayah se había ganado un puesto que ninguna otra podría obtener jamás. Su poder me era demasiado útil y ahora con la situación complicada que se me venía encima mucho más, por eso no me gustaba demasiado que partiera ella sola sin ningún tipo de protección cuando salía del local para llevar sus pociones y remedios que vendía... pero yo no tenía todo el poder de decisión y era algo que debía de aceptar. Y no solo eso, además de su don era como mis “ojos y oídos” en el lugar cuando yo no me encontraba presente, una fuente de información valiosa que era bien recompensada con las atenciones que le prodigaba. Cualquiera podría pensar que lo hacía solo para contentarla y que se llevara algo a cambio pero lo cierto es que cualquier hombre caería rendido ante su belleza, por eso era la más cotizada de todas las chicas y la más importante. Aunque ya me juré que eso no pasaría pero no podía evitarlo, además en alguna ocasión se me había pasado por la mente incluso en darle pequeñas dosis de mi sangre para potenciar aún más sus poderes. De hecho podría haberlo hecho con algún pequeño truco, pequeñas dosis en su copa que la hicieran adicta poco a poco... pero no lo había hecho todavía, pero sí rondaba por mi mente la idea desde hacía ya demasiado tiempo. Intentando despejar esos pensamientos tentadores de mi mente me centré en ella cuando la tuve cerca de mí, bien sabía cómo hacer para aliviar y despejar mi mente no solo con su presencia sino también con aquel pequeño frasco que le había encargado. Seductora como de costumbre sabía qué hacer para volverme loco con su presencia, jugando con el opio que distribuía por su piel en una combinación más que  tentadora en una invitación que no podía rechazar ni tampoco lo quería. Necesitaba distraerme para olvidarme de todo aunque fuera por un pequeño plazo de tiempo y es por ello que le pedí darnos un baño juntos, podría habérselo ordenado pero lejos del carácter que tenía y de lo que muchos pudieran pensar de mí no me gustaba obligar ni forzar a nada, era libre de elegir si quería darse ese baño o no.

Quedé sentado en la silla mientras mi mirada recorría su figura repasándola de forma lenta sin ningún tipo de prisa, observando sus curvas y cómo sus caderas se movían provocando con cada uno de los pasos que daba. Esa mujer era puro fuego y que jugara conmigo a tentarme, acercándose y alejándose al mismo tiempo era algo que me encantaba que hiciera y que no muchas tenían la osadía de atreverse a hacer, no cuando mi presencia imponía tanto. El pequeño mordisco juguetón que había dejado en mi oreja fue como un pequeño anticipo de lo que ocurriría dentro de aquel baño y mordí mi labio ante la expectativa, con esa mirada felina en sus ojos y la sonrisa que prometía mil tentaciones placenteras en aquel baño que íbamos a darnos. Como si supiera qué hacer en cada momento su mano fue bajando la cremallera de ese vestido que resbaló por su piel nívea, blanca y tersa que ya tenía ganas de acariciar para dejarla en ropa interior. Mis ojos no perdieron detalle de aquel gesto ni tampoco el descaro que me caracterizaba de ello observando cómo me tentaba con cada una de sus acciones a la espera de que el depredador que era se levantara a por su presa; ella. Solo hizo falta poner de aquella droga en su cuello para que un pequeño gruñido escapara de mis labios y me levantara acercándome a ella con paso decidido sin quitar mi vista de ella. Una vez la tuve enfrente bajé mi rostro hasta el lugar donde había puesto el opio y lo recorrí con mi nariz dejándome embriagar por el aroma en combinación con su piel. Mi mano descendió por el costado de su cuerpo pasando por su brazo, descendiendo cerca de su pecho en la curvatura de su cintura hasta llegar a su cadera donde deposité mi mano, la otra hizo el mismo recorrido y de un arrebato llevé ambas manos a sus nalgas para apretarlas y de un movimiento alzarla dejándola más a mi altura ya que ella era un poco más bajita que yo. Mi rostro en su cuello mordiendo y lamiendo aquella zona de su cuerpo donde se había impregnado con el opio mientras me encaminaba hacia el baño y abría el agua para que se llenara, la dejé entonces dentro de la misma tina y pasé a descender con mis dedos su ropa interior que se deslizaba por su piel descubriéndola a su paso. Mis labios fueron entonces a su rostro y tanteé estos dejando que mi aliento impactara contra ella, mordí juguetón su inferior y por fin dejé libre su pecho quedando únicamente su sexo cubierto.



—¿Dónde tienes ese frasquito que tanto me gusta? —Pregunté sobre sus labios con una de mis manos en su pecho acariciándolo, esperando a que ella también tomara cartas en el asunto y me desvistiera para sentir sus manos acariciando mi cuerpo— me gustaría hacer algo antes de mojar tu cuerpo —y sin pedir permiso, pues ella ya sabía bien por dónde iban los tiros- dejé que cayera unas gotas del opio sobre su pecho descubierto, apenas fueron un par que extendí por el lugar con mi dedo abarcando todo su pecho que después con una sonrisa en mis labios me encargué de recorrer en una combinación que me gustaba— controla que no se salga el agua, Zayah. No queremos causar un estropicio ¿verdad que no? —Dije en tono divertido y juguetón repasando su pecho con mi boca para empezar a centrarme más en ella con la única intención es de devolverle un poquito cómo me tenía con tan poco, a veces odiaba que me pudiera tener de esa forma pero... es una cosa que odiaba, pero que al mismo tiempo me encantaba. Solo necesitaba ese baño y a ella, su cuerpo, para olvidarme de todo y que mi mente se despejara como tanto necesitaba.




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Mensaje por Zayah el Sáb Mayo 16 2020, 23:35

Spoiler:
Ella no tenía los problemas que podía tener Tiamat y por mucho que en el aquel burdel fuera como la líder de las demás chicas, ni de lejos movía los negocios tomaba las decisiones que podía tomar el dragón. Quién siempre se mostraba serio y pensativo de cara a los demás, haciendo que la pelirroja se deleitara cada vez que lo veía a solas con ella, mostrando como era sin reprimirse y no solo porque la tomaba como nadie lo había hecho nunca, haciéndola sentir que era totalmente suya. Sino que veía ciertas facetas de él que estaba segura, nadie más había tenido la oportunidad.

Aunque no debía ser tonta, pues Tiamat era un hombre de negocios y como tal, ella solo le servía de oráculo y como puta de lujo. A veces veía atisbos en él de que de verdad la apreciaba y quizás ella no fuera solo información y un buen polvo. Pero con los dragones nunca se sabía y este le imponía demasiado. Por muy descarada que fuera en ocasiones, y lo había sido en más de las que ella se hubiera dado cuenta.... Sabía que al dragón no le gustaba que se comportara como una cualquiera, pero ella venía de una familia humilde y pobre, donde el altruismo era la principal base de todo lo demás y donde había aprendido que quién no llora no mama, por desgracia, había que estar dispuesto a todo. Siempre decidida a intentarlo antes que arrepentirse de no haberlo hecho.

Claro que, la joven no solo sentía atracción física hacia su dueño, sino que lo admiraba y apreciaba. Le encantaba cuando la tomaba y la penetraba, le encantaba que hiciera con ella lo que quisiera, porque sin poder evitarlo... Ella siempre caía rendida ante su poderoso dragón. Mordió su labio inferior al notar los labios de Tiamat recorrer su cuello y como sus manos la agarraban para subirla y pegarle a él. En lo que dejó escapar un suspiro y cerró sus ojos unos instantes. Al oír su pregunta sobre el opio directamente lo sacó obedeciendo a su indirecta. En su interior deseaba ser madre de un hijo híbrido con Tiamat. Le deseaba tanto, que quería algo de él, más allá de acostarse y compartir lecho. Quería algo que los uniera más y un bebé sería algo que jamás podría separarlos. Pero claro que, eso era un pensamiento que ella mantenía en secreto, nunca nunca nunca jamás de los jamases lo diría a nadie ni mucho menos lo dejaría entrever.

Soñar era gratis y ella no perdía oportunidad.

Cuando la dejó dentro de la bañera las manos de Zayah ya se encargaban de desabrochar el cinturón de Tiamat y bajar con agilidad su ropa interior, dejando su miembro al aire, dispuesto a recibir sus caricias y atenciones. Y ella con gusto se las daría, le daría todo lo que le pidiera esa noche. Pero entonces volvió a dirigir sus labios al pecho de la pelirroja, que echó su cabeza hacia atrás volviendo a suspirar, al mismo tiempo que su diestra se dirigía al miembro del dragón y lo sujetaba con firmeza. Con la otra mano cogió el dedo índice del castaño y lo condujo despacio hacia ella, haciéndole recorrer su garganta para después introducirlo en su boca. Un gesto con el que quería volverlo loco y que a la vez la odiara porque estaba segura que le gustaría que en su boca estuviera otra cosa, pero su pene estaba en su mano y había comenzado ese vaivén arriba y abajo que solo él podría parar.





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La flor que crece en la adversidad es la más hermosa de todas
Zayah
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