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Encuentros en la niebla (silvia)

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Encuentros en la niebla (silvia) Empty Encuentros en la niebla (silvia)

Mensaje por Noctilus el Mar Oct 22 2019, 16:56

Frio…mucho mucho frio y niebla, niebla por doquier

Adelante! Adelante!! Al ataque! Grito el General desde el barco

Pero era mas fácil decirlo que hacerlo, con el agua hasta el pecho y bajo una lluvia de proyectiles, esos malditos britanos nos tiraban todo lo que tenían, de fondo se veían los acantilados blancos de la costa, los colores contrastaban unos con otros: el blanco de los acantilados, el azul de sus pinturas de guerra… el rojo de nuestra sangre en el agua.

Testudo! Di la orden yo a mis hombres, yo solo tenía una centuria bajo mi mando pero eran buenos hombres, hispanos en su mayoría , muy habituados a estas tácticas y a pelear duro, alzando los escudos avanzamos ,no importaba lo que nos tirasen encima, piedras, flechas… teníamos que salir del agua como fuera o el agua helada o sus proyectiles nos matarian , así de fácil

Seguid avanzando! No paréis hasta que salgamos del agua!

Los britanos no nos lo pusieron fácil, en cuanto empezamos a salir se abalanzaron sobre nosotros, pero aunque ellos nos odiaban , nosotros estábamos desesperados y lo peor que puedes hacer a alguien desesperado es acorralarlo, el choque fue brutal, pero estábamos mejor entrenados y equipados, y a los primeros britanos que nos atacaron les siguieron otros y otros… peleábamos mecánicamente, apuñalábamos y nos protegíamos, con un silbido mío, la primera línea pasaba a a retaguardia, turnando a los hombres, los britanos carecían de esa disciplina, lo que nos permitio resisitir, mas centurias se unieron al combate al poder salir del agua gracias a nuestra distraccion , muy pronto la playa se lleno de cadáveres,nuestros y suyos y tras casi una hora de lucha sin tregua, los britanos dieron media vuelta y huyeron, ateridos por el frio, los legionarios aun pudieron avanzar unos kilómetros y montar el campamento mientras trataban a los heridos y enterraban a los muertos, había sido duro pero habíamos ganado, las tierras de gales se abrían ante nosotros

El  general Escapula había decidido atacar en dos direcciones, por tierra y por mar, y ambas habían sufrido pérdidas ante los galeses, que se comportaban como fantasmas, atacando y huyendo , pero estábamos avanzando y pronto ganaríamos aunque yo no era parte de la legion propiamente sino de la flota, me habían dado una dispensa especial dado que faltaban oficiales, pero esto no era lo mio, manejar barcos, si y tan pronto como el campamento estuvo dispuesto, yo y mi centuria, volvimos a la costa a refugiarnos en nuestros barcos, tras comer un poco y cambiarnos de ropa y secarnos los hombres no querían mas que un descanso y tiempo para coser sus heridas cosa que les hubiera dado de no ser porque llego un mensajero
Ave  

Ave le conteste
Os felicito por la batalla evocati Noctilus

Soy marino, no soldado pero gracias,que nos pide el general?
El general os envía esto como agradecimiento creo que lo pedisteis

Era un libro un ejemplar del filosofo aristoteles, llevaba tiempo queriendo leerlo, pero en vez de reaccionar con alegría lo hice con estoicismo tratando el libro como un informe mas, no quería dar el espectáculo delante de extraños

Gracias, algo mas?
Si, os pide que patrulléis la costa  con un barco, queremos asegurarnos que no  haya enemigos apostados

Mire a mis hombres, ellos necesitaban un respiro pero yo no, ventajas de mi condición, de hecho a muchos legionarios les gustaba mi ojo draconico bromeando diciendo que podía ver a través de la ropa

Lo hare yo mismo, cogeré un caballo y volveré para la noche, me llevare a una paloma mensajera

Era raro que un capitán hiciera eso, pero la verdad es que el ver los cadáveres en la playa, despedazados como animales  no me resultaba agradable y el olor de la hierba húmeda y los arboles me resultaba mas agradable que el hedor de la muerte

De acuerdo, esperamos su informe para esta noche.. capitán

Mire a mi primer oficial, le entregue un libro y el lo entendió, aunque no nos hubiera escuchado, se puso a dar órdenes y yo volví a bajar, mojándome la ropa seca que me había puesto

Sin mas y con un caballo, empecé a cabalgar en paralelo a la flota siguiendo la costa, con una armadura unas espada, mi puñal, mi capa blanca y muchas ganas de darme a mí mismo un respiro, gales era un lugar bonito, una niebla constante pero hermosos bosques, con osos y ardillas, algún conejo que se asomaba de su madriguera baje el ritmo para descansar, nada, ni un alma, los britanos habían huido, no habían pensado en que pudiéramos vencer o habían enviado a sus tropas contra nuestro otro ejercito, pero algo me decía que…hice que el caballo se detuviese, el oído, el olor…

– aspire…perfume? Pero había algo mas… había algo que… dragon? Los dragones olíamos de una manera determinada aunque solo nosotros lo detectábamos y parecía un dragón aunque no estaba seguro ya me había equivocado antes,puse mi caballo a cubierto y a atado, desmonte acercándome a ese olor tan característico pero como si el bosque reaccionara a mi intrusión una niebla envolvió súbitamente todo el bosque haciendo imposible ver, aun asi segui avanzando pero no podía evitar sentirme cada vez mas perdido en esa neblina fantasmal, recordándome constantemente que ese no era nuestro hogar




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Mensaje por Silvia el Jue Oct 24 2019, 19:56

Encadenada como un titán se sentía con la presión de las manos de sus hermanos alrededor de sus muñecas. Hace rato que se había cansado de intentar soltarse, de oponer resistencia porque deseaba luchar con todas sus fuerzas, vaya que lo deseaba tanto que sentía que se ahogaba, que cada grito que escuchaba la rasgaba por dentro, que la inminente derrota era como un mar oscuro, un lodazal en el que poco a poco se estaban hundiendo los hombres y mujeres que ya conocía, también había conocido a los anteriores a ellos. Había visto su crecimiento, su deterioro y resurgimientos, sus errores y avances, su sangre en otras batallas entre si porque a los hombres les encantaba crear enemigos de la nada y alababa su creatividad. Había comprendido sin tener nombre para ello el misticismo y espiritualidad de esos hombres, pudiendo demostrar solo de una manera la conexión que tenían con la tierra, aprendiendo ella misma a cuidarla y respetándola.

Por eso y más, por esos días acostada en las montañas mirando a los galeses, no entendía qué hacían aquellos hombres de extrañas y complicadas vestimentas, de lengua extraña e inentendible en las orillas de sus playas, pero en el primer momento que los vió supo que traerían problemas. Primero fueron dos o tres barcos, ahora juntos parecían un monstruo marino gigantesco, mucho más grande que ellos en su forma dracónica. Las flechas que lanzaban los nativos sólo hacían más evidente la escena, perderían y Silvia gruñia, apretaba los dientes con lágrimas en los ojos, con cada muerte de los "suyos" una lágrima nueva.

Pero ninguno de sus hermanos la solitaria y sus hermanas no se moverían del acantilado desde el que observaban todo, sus rostros seguirían ensombrecidos por el futuro de sus familiares allí abajo, por el futuro de todos, atentos a la escena apocalíptica que jamás sus ojos habían visto, no una así.
la orden de su padre había sido clara. Solo él y sus tíos participarían en la batalla, no les prohibió que observaran, pero luchar… Eso no sería, por lo menos no hoy. Eran también las primeras batallas de Mael con extranjeros y estos habían hecho entenebrecer el rostro de los dragones más viejos.

Silvia hizo una pregunta, sólo una a su padre. ¿Por qué demonios no se mostraban como lo que eran y quemaban, devoraban a todos los invasores?
Una respuesta le hizo helar la sangre y despertó una gran curiosidad. Si entre ellos había dragones, era posible que entre los foráneos igual. Además de que tenían el ligero presentimiento que si se descubrían ante ellos volverían de nuevo. Con armas que atraviesen nuestros corazones, nos harán esclavos y mostrarán como trofeos, había dicho Mael y su hermanos y tíos asintieron, era el más sabio y astuto de todos, eso se sabía.

Cuando la batalla acabó, Silvia de rodillas ya se había resignado a hacer lo mismo que sus hermanos, mirar. Ya no lloraba ni sentía rabia. Se encontraba exhausta, de no hacer nada más que llorar y gruñir. La conformidad es lo que más cansa. Cuando la batalla acabó, todos reafirmaron que los humanos de la isla habían perdido.
La presión en sus muñecas fue cediendo poco a poco hasta que por fin desapareció, era libre. ¿Ya qué? ¿Ya para qué? Pensó mientras uno de sus hermanos la cargaba en brazos y se alejaban a su guarida del paisaje de una isla y un mar llenos de cadáveres, una escena macabra e incluso bella.

Mael llegó unas horas después, la pintura azul de su rostro se mezclaba con la sangre seca y sus heridas que comenzaban a cerrarse, llegó junto a los demás. Todos sus hijos sintieron un gran alivio. Pero los ojos de su padre parecían encandilados y absorto tomó asiento cerca de la chimenea. El encandilamiento fue más evidente con la luz del fuego. - Fue una masacre.- fue lo único que dijo con una sonrisa y así Silvia por fin pudo dormir.

*

Abrió los ojos y observó a su padre sentado en el rústico taburete, dormía o eso creyó, debía estar cansado, demasiado exhausto para querer tomar un largo descanso y olvidar. Una idea se metió en su cabeza. Los quemaría a todos. Haciendo el menor ruido posible se levantó de la sencilla pero cómoda estera, cruzó en frente de la cama de sus hermanos y al lado de su padre, caminó hasta la entrada de la caverna. - Si haces lo que piensas, todos vamos a morir, hija.- escuchó la voz de su padre en su cabeza. Se detuvo en seco sin mirar atrás y aguantó la respiración.

- No te detendré, pero piénsalo. Hay uno de nosotros entre ellos, pude olerlo. Sentirlo. Alejate de él. - no supo si fue el miedo o el interés lo que la hizo correr a toda prisa al fondo de los bosques. Ignorando lo habitual de su alrededor, el oso, el conejo, la ardilla, incluso el campamento de extraños y la niebla le susurró que era su cómplice y conociendo su territorio como lo conocía el frío fue su combustible hasta que sintió lo extraño y familiar. Se detuvo jadeante y olfateó el aire, inspiró profunda rodeada de bruma y fragmentos de sombras olivas y sienas.

Es cierto, olía a su padre, a sus hermanos y hermanas, a ella misma. Olía a dragón con otro olor más artificial, pero era un dragón.
Quiso saber hacia dónde debería ir hasta que entendió que solo era quedarse quieta. Camuflada de blanco se escondió, pegando su espalda tras un alto árbol y esperó.
Con una mano en su pecho para calmar su corazón cuando las hojarasca cedió ante el peso del extraño a solo unos cuantos pasos a su espalda, fue consciente de la confusión que causaba la niebla y de la ventaja que quizás podría tener, se dio el lujo de jugar a las preguntas.

Y naufragó en su mente. Si era como ella, la escucharía aún sin tener que decir palabra y le respondería. Si quería. Pero que pudiera entender su lengua era otro asunto que no tuvo en cuenta. - Si tú no eres como ellos, pero eres como yo. Entonces, ¿qué eres?- pasó saliva y mojó sus labios aguantando el querer mirar cómo era. No habría visto mucho, pero...  - ¿Qué haces aquí si estás tan lejos lejos de los otros que no son los tuyos?- quisiera saber porqué un dragón peleaba batallas de otros, pero supo que era una pregunta que también tendría que hacer a su padre y nunca lo había hecho. Que bien, si el forastero alado respondía así tendría una respuesta, una explicación con la cual guiarse.


Última edición por Silvia el Vie Nov 01 2019, 12:09, editado 2 veces
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Mensaje por Noctilus el Vie Oct 25 2019, 15:51

Niebla por doquier y con ella la confusión  y el frio yo me considero alguien racional, de ciencia como lo llamaban los griegos pero tenia que reconocer que a veces las situaciones parecían escaparse a mi conocimiento la niebla, como si se tratara de algún mar, se movía a mi alrededor, pero no se dispersaba, había oído hablar de los druidas cuando invadieron las tierras de los ícenos peor nunca lo había visto, negué con la cabeza, no….esa tierra era mas fría y junto con el mar hacia que hubiera niebla, ni mas ni menos…tranquilizate

Pero tan pronto como me empecé a calmar oi una voz en mi interior preguntándome

Si tú no eres como ellos, pero eres como yo. Entonces, ¿qué eres?

La red, no les había oído antes aunque solo funcionaba si querían hablar pero siempre podíamos escucharnos, si queríamos, la voz continuo

¿Qué haces aquí si estás tan lejos lejos de los otros que no son los tuyos?


Instintivamente la busque con la mirada, podría estar allí, agazapada detrás de un árbol, o piedra o a miles de kilómetros, su voz era armoniosa y hasta cierto punto dulce, por lo que me había dicho ella era autóctona de allí y me veía como un extranjero, me alegre de no estar solo, y me alegre de que no hubiera estado en la batalla, ya que no vi mujeres luchando, me gustaban los humanos pero amaba a los dragones, aun no siendo un gran guerrero consideraba mi deber protegerlos, habrían habido algunos en la batalla? Podría ser, pero con los sentidos embotados por el agua fría era difícil de recordarlo

Finalmente dándome por vencido de buscarla ya que no la veía, de hecho a pesar de estar en un bosque no veía mas de unos cuantos arboles y quizas alguna ardilla saltando de una rama a otra

Creo que sabes lo que soy… lo mismo que tu, solo que por lo visto vivimos en lugares distintos, encantado

Hable a través de mi mente, su acento era difícil de entender pero los dragones pensábamos de una forma similar, puede que si hablásemos cara a cara no nos entendiéramos pero por la red? Si, el problema es que otros también podrían escucharnos, ¿estaría sola?

Y respondiendo a tu otra pregunta, porque creo que debemos enseñar a los humanos, ayudarlos a ser mejores a que dejen atras su salvajismo y estupidez, desde las sombras, creeme que no pretendo hacer daño a nadie esto es solo un mal necesario y creeme cuando te digo que lo ultimo que quiero es hacer daño a mi raza

Esto ultimo lo dije con sentimiento, era la pura verdad, quizas fuera un poco ingenuo con los humanos pero amaba a mi raza del primero al ultimo y no quería que sufriesen, no lo permitiría, además estaba hablando con una dragona no había razón para mentirle ni tampoco posibilidad, si hablas por la red era imposible hacerlo

Me han enviado a explorar pero o he encontrado nada, o mas bien he encontrado algo que no esperaba…

Note un movimiento raro a mi izquierda, detrás de un árbol, estaría allí?

Porque no sales para que te vea? Estoy armado pero no te hare ningún daño y estoy solo ningún humano que nos interrumpa o nos moleste

Para que se fiara de mi le dije mi nombre, no el autentico ya que si alguien lo sabia tendría un control total sobre ti pero si mi nombre humano

Me llamo noctilus, y tu ?

Me hizo gracia un poema que había leído y le dije

Como te llamas amazona de la niebla?

La leyenda de las amazonas era bonita y sabia que los celtas tenían algunas similares quizás los galeses también?




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Mensaje por Silvia el Vie Nov 01 2019, 12:06

El silencio antes de la respuesta dio tiempo para escuchar a un ciervo a trote en la distancia, a una bandada de verderones alzar el vuelo y el baño del agua en las rocas que provenía del extremo más cercano de la costa.
Agudizó su sentido del olfato y olió la sal en todo su cuerpo más allá de su esencia de dragón. De pies a cabeza él era agua salada. ¿Un dragón que vivía en los mares? Sonaba maravilloso.  

Silvia supo que la buscaba por el tiempo que se tomó hasta sus respuestas. Por un momento pensó que no le habría entendido y eso la ponía triste porque temía que no pudieran comunicarse y la hacía sentir expuesta, pues pensaba que tendría que salir de su escondite y acercarse lo suficiente para ser vista. No olvidaba la advertencia de su padre. Tampoco olvidaba que él había asesinado a los humanos de su isla. Él era un invasor, un extraño. Extraño era bueno y malo. Como lo fue la víspera de su primer encuentro con un humano.

Igualmente esperó el momento en que él la sorprendiera al aparecer ante ella. Era un guerrero porque olía rastros de la sangre en sus manos y cabellos y su corazón latía como el de su padre. Cerró los ojos tentada a ser encontrada, no se decidía a si era lo que realmente deseaba o no. Podría ser que al final de todo su padre tuviera razón, si era así lo seguro era que toda su familia muriera aquel mismo día y ella encabezará la lista. Esperaba realmente que la hubiera entendido, desconocía por completo el trato que debía tener con  dragones de otras tierras.

Sintió paz cuando escuchó su voz en su mente, al entenderlo aún con su extraño acento.
Reconocer sus palabras, hallarles sentido y su respuesta le causaron una sonrisa, llevó la mano de su pecho a su vientre y estrechó la tela de su vestido. Apretó los párpados y aguantó la respiración mordiendo su labio inferior. Estaba emocionada. - Encantada.- citó la palabra que salió sin querer inocente, primitiva. Jamás había contestado de tal manera. Un acto imitado.

- Quizás al final ser iguales no significa ser lo mismo si vivimos en lugares tan diferentes. - No sabía nada de él, lo aprendido por las costumbres y cultura de los humanos que lo rodeaban era un misterio. Él parecía mucho más apegado a los hombres que su padre. Eso cambiaba a los dragones, le constaba.
Silvia frunció el ceño, no le gustó lo que oyó. El error del foráneo se halló en varios detalles.

No la engañaría con aquella voz amable y esa idea que sonaba bonita, de ensueño mezclada con palabras que sintió como una ofensa personal. - ¿Por qué crees que los humanos de esta isla son estúpidos y salvajes? ¿Te lo dijo tu líder?- tuvo la intención de salir de su escondite. Quería ver su rostro al responderle.
Pero se detuvo, a cambio se asomó un poco para poder verlo. El blanco de la niebla aumentaba pudiendo notar solo una silueta oscura mucho más borrosa que antes.

Volvió a pegar su espalda al tronco y levantó la cabeza viendo lejanas y tenues las copas de los árboles. - Aquí los humanos nos enseñan y nosotros les enseñamos. No creo que seamos superiores. Somos también salvajes y estúpidos como ellos. Lo sé porque tengo hermanos. - sonrió mientras cerraba los ojos.

- No entiendo eso del mal necesario. Pronto por culpa de ustedes tendremos que irnos de aquí. Aquí nacimos, la tierra nos vio crecer y los cielos nos brindaron su cuerpo para surcarlo por completo. Y sus aguas...- tuvo que detenerse por el nudo en la garganta y la pasión que recordaba de nadar en las frías aguas del mar. Saber lo que vendría la hacía sentir muy triste en el centro de su pecho y nunca se había sentido así hasta hoy.

Inhaló profundo el frío que la rodeaba. Si bien era cierto que el frío los debilitaba, con los años ya se habían acostumbrado y adaptado.  - Quieras o no estás haciendo daño a tu raza. - sentía que lo que él decía era verdad, que era sincero con ella. Pero lo cierto para Silvia también consistía en su punto de vista. Silvia suspiró y bajó la mirada. Era bueno ser algo que no se esperaba. - En cambio yo sabía que estabas aquí.- festejó, pero no dio más explicaciones.

- ¿Nunca has encontrado a otro dragón?- era decepcionante si la respuesta era un no. Se suponían que eran muchos.  - Jamás me he atrevido a pisar las tierras del gran pedazo más allá del mar. - era cierto, ni sabía porqué había roto el silencio y estaba hablando con él.  Su padre o hermanos escuchaban lo que hablaban, era seguro que sí. ¿Y si eran los únicos en el mundo? Los dragones de su isla y el extraño.

Gracias a la corta distancia entre árboles, se deslizó con agilidad para esconderse en el siguiente. Salir era una opción tentadora. Ser prudente como cualquier bestia mucho más.  - Sé que eres honesto, pero no…- dijo con tenacidad, - no puede ser tan fácil. - nada podía serlo más que volar. Giró su cabeza y pensó. Amazona de la niebla... Era desconocido para ella la primera palabra, pero le agradaba si llevaba la palabra niebla.

Enarcó una ceja. - Noctilus... Ese no es tu nombre real, pero entiendo. Tampoco diré el mío. Puedes llamarme Silvia, Noctilus.- igual era solo un nombre con el que los humanos la conocían. No sabía aún que así la llamarían por más de un milenio. - Creo que si me encuentras podrás verme. - susurró. - Mientras lo haces cuéntame sobre esa amazona de la niebla. ¿Qué es?¿Existe en tu hogar?- esperó un poco y dio un saltito al siguiente tronco, pegando de nuevo la espalda sobre el tronco y exhaló profundo en silencio.  
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Mensaje por Noctilus el Dom Nov 03 2019, 03:19

La dragona escucho mis palabras y respondio, bien, podíamos hablar y ambos estábamos dispuestos a hacerlo, no era mal comienzo
Pero entonces respondio, con una mezlca de tristeza y enfado o eso me parecio a mi, rebatiendo mi argumento y poniendo en duda mis intenciones,la escuche y me atención y no mentiría si dijera que me hizo daño,podía resistir los espadazos, las flechas y las piedras pero el desprecio de uno de los mios, sobretodo de una dragona, algo que esperaba desde hacia mucho,había estado solo por mucho tiempo me sento peor que todas las batallas que había librado hasta ese momento no solo alguien de mi raza sino una mujer, las dragonas eran conocidas por ser muy sabias, algunas al menos

Los humanos no son estúpidos y salvajes, como  no lo son los de mi tierra, al menos no si no te fijas… pero se matan por tierras, por religión, por mujeres o por unas cabezas de ganado, no ven que ellos son hermanos entre si…como podrían aceptarnos a nosotros? Y si os aceptan a vosotros es solo porque os necesitan ahora pero vendrán otros y os aniquilaran  en cuanto vean que no podeis ser controlados, que no pueden plegaros para convertiros en lo que desean hubiera querida decirle eso pero  no l hice, no era justo para ella ni tampoco para mi asi que solo dije

Respeto tu opinión, pero hay mas cosas que tu no sabes y muchas que no se yo

Lo dije con sinceridad y me calle, mis argumentos seguían siendo validos, sencillamente ella no tenia el mundo que tenia yo ella quería saber, yo le contaria, quizás con el tiempo lo entendería o quizás no, quizás el tiempo demostraría que yo estaba equivocado.. lo veriamos, el tiempo seria nuestro juez

Ella menciono que ella sabia que estaba allí, y que yo por el contrario no los había detectado, eso era cierto pero no estaba acostumbrado al frio, aun no al menos, pero ella estaba allí asi que supuse que me acostumbraría si me lo proponía  entonces me pregunto si nunca había encontrado a otro dragón

Si, claro pero hace mucho que no me encuentro a otro, son notoriamente difíciles de encontrar, buenos escondiéndose,  además no voy a buscarlos, no quiero que nadie que quiere permanecer escondido se vea comprometido, los que quieren mostrarse bien, si no, les dejo seguir ocultos, tu y los tuyos son una prueba y tu… oculta en la niebla como  una loba, paciente  y tranquila acechándome es otro ejemplo…

No pude evitar sonreir, dejando atrás el dolor de su comentario, estaba contento de hablar con una dragona después de tanto tiempo, ella rechazo mi  oferta de salir, quizás llevada por el miedo o solo queriendo jugar, en todo ese rato había  aguzado mis sentidos y tenia una idea bastante buena de donde estaba, aun tenia dudas pero la dirección y los varios escondites estaban claros

Entonces me reto diciendome que podría verla si la encontraba… no era justo porque ya sabia mas o menos done estaba asi que empecé a caminar como si la buscara pero poco a poco me acercaba a donde los ruidos, muy sutiles pero ruidos provenían

las amazonas? Esta bien le respondi

Son una leyenda hermosa en realidad, las amazonas eran un pueblo de Grecia, descendientes de dioses, todas eran mujeres, unas guerreras sin par, pronto empezaron a abusar de su poder, abusando de los hombres , que eran sus vecinos, pero algo paso.. encontraron a un hombre , hercules, que como ellas era un hijo de los dioses y les dijo su verdadero objetivo de la vida: no era esclavizar a otros o destruirles, sino enseñarles, cuidarles, tratarlos como hermanos menores y derrotar a los monstruos que acechaban a la humanidad. Es solo una leyenda pero una muy conmovedora no crees? Además creo que tiene algo de verdad, creo que esas amazonas, eran dragonas como tu

me encamine a su escondite y hable con mi voz normal , no con mi mente, esperando que me entendiera, sabia algo de galo asi que el britano no debia ser tan distinto mas siendo del sur de la isla

y tu que crees, silvia?

Me asome a lo que creía que era su escondite, me habría equivocado? O habría acertado?




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Mensaje por Silvia el Jue Nov 07 2019, 08:24

En ambas mentes hubo silencio sobre el hecho de que ella y su familia por su presencia y la de los otros extraños tendrían que abandonar su hogar. Podría ser que el dragón sabía que era la verdad, que no tuviera nada que decir porque su situación para él era lamentable o porque sencillamente no le importaba su destino y el de los suyos. Silvia no buscaba respuesta o compasión de un desconocido, su confesión no había sido nada más que su actual realidad al no creer que la presencia de aquellos foráneos con sus barcos y extraña forma de vestir y acento fuera a traerles libertad o algo mejor. Pero escuchar algo amable siempre venía bien.

Silvia cerró los ojos y volvió a sumergirse en la conexión que tenía con él en busca de reiterar si estaba siendo sincero con ella, buscando alguna muestra de deshonestidad y no encontró algo así, a cambio de eso sintió la sombra de un herida en su corazón. Una que al principio no estaba.
¿Acaso sentía lo mismo que ella? Si era así podría decirle a su padre que él no era malo, que se había equivocado y que sin miedo confiaran en él. Era el primer dragón de tierras lejanas que verían. Se sintió acompañada en sus sentimientos por el futuro cercano, le consoló que pudiera percibir lo mismo que ella.

Reforzó la oscuridad de sus ojos cerrados cubriendolos con sus manos. Con la víspera de quizás ser encontrada por alguien que jamás había visto en su vida, un dragón que había asesinado a los humanos suyos y con la oscuridad de no ver en su escondite, sentía paz.
Su respiración era calma, natural, el vaho que salía de su respirar se mezclaba suave con la niebla. El silencio terminó y Silvia descubrió sus ojos y los volvió a abrir encontrando el gris que la rodeaba como un sin fin, supo que en esa respuesta había muchas cosas sin decir. Era mejor así.

- Yo también respeto la tuya. - dijo con franqueza. - Eso suena bien… Hay que cosas que no sé yo, cómo hay cosas que tú no sabes. Eso parece ser en cuestión de humanos más importante que lo que sabemos de ellos.- río segura que aquella raza era un misterio. Lo había venido constatando día a día desde sus días de niña y de eso ya era mucho. - Tal vez algún día podamos llenar aquellos vacíos sobre los tuyos y los míos.-  ¿por qué había dicho eso? Significaba que la posibilidad venía acompañada de volverse a ver.

De nuevo se hizo el silencio y fue bueno.
Entendió sobre los dragones de otros lugares y pensó que no eran diferentes de ellos, o por lo menos no sobre eso. Los hombres aún no estaban preparados para saber de su existencia. Pero…¿por qué ocultarse de otros de su misma especie? Era algo confuso. No entendía a su padre con ello, tampoco a él. Pero eran cosas de adultos, supuso. Soltó una risilla y frunció el ceño. - Yo no te estoy acechando. Si lo hiciera sería para cazarte y luego comerte. - eso era lo que hacían las bestias, los dragones siempre se evitaban aquellos juegos. O por lo menos ella y los suyos eran así, cazaban sin anticipaciones.

- Pero no me enoja ser comparada con una loba, soy tranquila y paciente. Sabes algo de mi, yo de ti no sé nada, solo que hueles a sangre y a mar. Y que eres bueno con las palabras.- estaba siendo una conversación entretenida. No existió un sí formal que dijera que él aceptaba la búsqueda, el reto. Pero supo que lo haría con los pasos sobre la hojarasca y el inicio de la explicación sobre las amazonas. El corazón le latió muy rápido cuando supo que sus pasos lo llevaban a ella. Pero aguardó sin moverse ni un centímetro, estaba muy tentada a dejarse encontrar.  

Así que escuchó allí mismo conteniendo la respiración con una sonrisilla cuando él le dijó que tales amazonas nacían en un lugar llamado Grecia, que eran guerreras y crueles con los hombres algo que ella no era, que tuvieron poder ...algo que nunca había tenido o querido porque eso era de su padre. Se inclinó y recogió una piedra del suelo. Justo antes de que él terminara por acortar los pasos, se escabulló de nuevo con un gales diferente al conocido en sus oídos.  Pero lo entendió, sobre todo su nombre. Otra risilla acompañó su huida.

Con agilidad y sigilo rodeó con sus pies descalzos el árbol quedando en la otra cara del tronco donde él se encontraba. Estaban tan cerca que sentía mucho más claros su respiración y latidos, si ella lo hacía él también podría sentir los suyos. Lanzó la piedrilla lejos para despistarlo con el sonido. -Puede que así sea, Noctilus.- a diferencia de él no usó palabras, porque era la buscada, no quería que estas delataran el lugar de su presencia. - Pero también creo que debieron haberles hecho mucho daño para que estén tan enojadas. - era lo primero que pensaba.

- Es una historia muy hermosa. No soy una guerrera. Lo cierto es que si estoy muy enojada y herida por lo que han hecho. Pero no contigo, bueno, no mucho. - la idea de quemar el campamento de los invasores seguía viva. -¿Qué crees que deba hacer, Hércules? - susurró en la mente del dragón. - ¿Debería quemarlos a todos ustedes? - sin ya hablar con su mente y sin saber si había ido tras la piedra señuelo que acababa de lanzar, lo interrogó sin ánimo de que sonara a una amenaza.

Al fin y al cabo habían sido ellos los que habían llegado con acero y sangre a conquistar sus tierras, a esclavizar y destruirlos. A Silvia con la lógica de aquella realidad le pareció que quizás se habían equivocado los de aquella historia y las amazonas eran en verdad hombres enojados o sencillamente hombres.
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Mensaje por Noctilus el Jue Nov 07 2019, 14:42

A ella le gusto ser comparada con una loba llamadose a ella como paciente y tranquila.. y fiera debió decir, los lobos podían ser sanguinarios y salvajes pero solo en el momento justo y no mas tiempo del necesario a su vez me dijo que era bueno con las palabras asentí aunque seguramente no me viera escondida en alguna parte, ya que al mirar no la vi, oi un ruido de hojarasca y una risita , a la chica le gustaba jugar y a mi también, porque no? Hacia mucho que no jugaba, solo un juego, algo inocente y divertido, sin ulteriores motivos solo diversión

Ante las razones que ella me dio sobre las amazonas , que debían estar agraviadas por algún motivo me llamo hercules y me pregunto que debía hacer, quemarlos a todos?  yo solo le dije medio sonriendo , consciente que quizas no había entendido la moraleja de la historia o quizás solo lo veía de otra manera

las amazonas fueron creadas por los dioses al igual que lo humanos, ambos frutos del mismo árbol, las amazonas podrían estar molestas, si, pero hicieron lo que hicieron porque podía, porque eran mas fuertes, mas listas mas poderosas, no porque estuvieran enfadadas, el estar enfadado no justifica cometer terribles actos

seguí consciente que quizás ella ya estaría llegando a esa conclusión si una cosa parecía era sabia y rápida aprendiendo, seguro que lo pillaba enseguida

la historia también usa a las mujeres de esa manera: ellas las portadoras de vida, a veces mas sabias y mas cariñosas, las que convierten a las niñas en mujeres y a los niños en hombres… fueron corrompidas por el poder,lo hicieron porque podían, porque el poder es tentador y te hace olvidar lo que es correcto y lo que no…hercules no hizo mas que recodarles que ser mas fuertes no significa tener razón y viendo el error de sus actos decidieron enmendarse, podrías quemarlos a todos, culpables e inocentes hombres mujeres y niños… pero seria lo correcto?

Era una pregunta filosófica pero aunque no hubieran filósofos en Britania sabia que ella lo vería, solo porque puedas hacer algo no significa que debas, pero me estaba poniendo muy profundo asi que seguí buscándola, ella era buena pero por desgracia para ella la niebla se empezaba a diluír, el astro rey calentaba  el suelo y eso hacia que su protección se fuera desvaneciendo, mire el suelo en busca de rastros, descalza? No dejaba marcas de botas o sandalias sino de pies mire a mi alrededor

Vas descalza? Ten cuidado no te hagas daño pero eso me dice algo de ti…

Seguir un rastro es difícil pero si vas descalzo dejas mas huella , alteras mas las hojas al pasar y como le había dicho, te arriesgas a hacerte daño y había un rastro muy claro pero decidiendo jugar un poco mas cogí una piedra y la lance directamente a su escondite, no con la intención de darle sino para indicarle que lo sabia, ella me había tirado una piedra  antes, para despistarme, pero decidí ignorarlo ahora le decía que sabia donde estaba pero rizando el rizo le dije

Te encontré, sal… o mejor aun!

Y hablando por la red con una voz aniñada que no pude evitar poner, ya que me resultaba muy divertido el juego  le dije

Ahora te toca a ti, amazona

Me quite mi capa y la colgué en un árbol ,quedara escondida salvo una pequeña parte casi imperceptible y me escondí detrás de una piedra grande, sin hacer ruido, se me daba bien esconderme pero este era su bosque me pregunte qué haría...saldría? o oliendo que la observaba  no , o quizás me había equivocado y se había ido? Eso me apenaría porque cuanto mas hablaba con ella mas me divertía me sorprendí a mi mismo sonriendo a me gustaba mucho esa dragona y eso que ni nos habíamos visto

Los que no se hayan escondido… tiempo han tenido

No creo que lo entendiera pero era mi señal para que saliera a buscarme lo hice por la red ya que sospechaba que cuando me hablaba por la red estaba cambiando de escondrijo , yo haría lo mismo




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Mensaje por Silvia el Jue Nov 07 2019, 23:27


Guardó silencio unos instantes. -Creo que lo entiendo. - o quizás no, no era una dragona de mundo. Solo sabía sobre la tierra y creía en la magia, veneraba la naturaleza y disfrutaba de la paz. - Pero creo que estar enfadado y cometer horribles acciones es mucho más entendible que cometerlos por ser poderosos, por ser más inteligentes o rápidos. -  a fin de cuentas cuando estaba triste lloraba, cuando era feliz reía y cuando estaba enojada solo quería que el mundo desapareciera. - ¿Nunca has sentido rabia, Noctilus?- Todas las emociones se vivían con el corazón, aunque ella nunca se había sentido igual de triste y rabiosa, no como hoy.

La llegada de los extraños marcaría un nuevo comienzo en su vida. Jamás había albergado la necesidad de venganza con la profundidad del ahora, siempre habían llegado sólo al deseo de pagar las pícaras y bromistas acciones de sus hermanos al morderlos en algún juego o acusarlos con sus padres buscando algún castigo, pero nada que se considerara cruel y hace mucho tiempo que todos habían dejado de ser tan niños.

-Jamás será lo correcto. -  Silvia creyó que la estaba malentendiendo. -Yo no quiero quemar a ningún inocente, ni a niños ni mujeres. ¿Acaso los han traído con ustedes? -  si era así solo significaba que se quedarían a vivir en la isla. Sería una conquista, se apoderarían de la tierra que no era de ellos. ¿Qué pasaría con los guerreros y nativos que habían sobrevivido? Su padre si decidiría que todos dejaran aquellas tierras sin ninguna duda. No deseaba abandonar a los que había visto crecer y envejecer, también le hubiera gustado conocer a los nuevos habitantes un poco, mucho más.

- Quiero quemarlos a ustedes por lo que creo es justicia y una deuda pendiente con todos los hijos de Gales. -  suspiró con desilusión.- O dime, si hubiéramos sido nosotros lo que invadimos tu hogar, asesinando a los tuyos, llenando la tierra que te vio nacer con sangre y muerte para que crezca con un futuro desconocido y muy diferente al que recuerdas. ¿Qué sentirías?-  tal vez así pudiera comprender lo que la embargaba y sus razones. Ambos sabrían si él mentía.

Silvia miró sus pies, descalzos como siempre. Había aprendido a correr y caminar desde niña sin causarse muchas o graves heridas, no tenía muchas cicatrices y el barro de la isla le permitía conservar sus pies suaves. La tierra era milagrosa. - No te preocupes. Soy de pies ligeros. -  dijo preguntándose qué podría decir de ella odiar los zapatos cuando vio la piedra rodar, retrocediendo mucho más hasta quedar en puntas de pies para que no la tocara, pegando su cuerpo al tronco hasta ser casi una con él.

Una sonrisa por lo que significaba y ahogó el grito de emoción que quería salir de sus labios. Pronto sabría cómo era él y él sabría como era la hija de Mael de cabellos blancos y largos, de ojos azules casi como el hielo. Pero no, a cambio recibió una invitación. La continuación del juego y el cambio de papeles se le hizo justo. Era como jugar con sus hermanos, solo que él no era su hermano y era un absoluto extraño. Conservar su anonimato se sintió bien, decepcionante, pero extrañamente estimulante. Como un reto.

Estos eran sus bosques, no había forma de que le ganará en un juego que llevaba jugando años con sus hermanos. O quizás si. La niebla poco a poco desde hace minutos había comenzado a disminuir, ya se veían los rayos del sol  de nuevo y la tibieza avivó mucho más sus energías. Dejó ser larga la espera, no dijo palabra alguna o dio seña para que él se preparara. Salió de su escondite mirando a la lado y lado, olfateando el aire. Aún estaba allí, muy cerca. Una sospecha de que la observaba la invadió, en la piel de su espalda.

A su alrededor bosque, niebla que se negaba a morir, arbustos y altas rocas, los pies de los riscos donde se sentaba a contemplar la vida. Vio el pedazo de una tela roja asomándose a través del tronco de uno de los árboles. Sonrió como niña pequeña. Divertida, excitada. - ¿Dónde, dónde estarás?- susurró fuera de la red entregándose a la libertad de ser una pequeña de nuevo. Caminó hacía la tela y pronto con su agilidad y sutileza desapareció del radar del foráneo al que con su olfato y gracias a la niebla que se dispersaba con su humedad pudo oler con más precisión.

¿En serio pensaba que caería con ese señuelo?  

Segundos pasaron para que hablara a espaldas del dragón. Lo observaba  desde una altura superior casi sentada, apoyada en uno de sus pies y manos sobre una de las piedras vecinas a la que le servía de escondite. Él tenía el pelo largo y castaño claro, era alto y atlético, poseía una espalda fuerte como la de su hermano Aldahir y la de algunos guerreros humanos.- Esta es mi tierra, dragón y el olor que hay en tu piel es como la estrella del sur en verano, difícil de ignorar. -  no era solo mar, había un aroma más que aunque muy fuerte no era en nada desagradable.

Mentira sería si dijera que el corazón no le latía como caballos salvajes mientras lo observaba con detalle, esperando poder ver su rostro y dar una cara al primer dragón de otras tierras que conocía.
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Mensaje por Noctilus el Vie Nov 08 2019, 15:13

Basta de política, pensé fuera de la red  , no nos llevaba a ninguna parte, eso se resolvería hablando largo y tendido, habían pasado muchas cosas, sus humanos no eran pacíficos granjeros y los romanos aun menos,  su mundo y ahí si que sentí una punzada de dolor mas fuerte que antes , no era lo que ella pensaba, los humanos puede que alguno si eran los pacíficos galeses que ella pensaba pero otros, puede que sus propios vecinos habían hecho cosas terribles, los romanos no tenían intención de invadir Inglaterra, lo habían hecho a la fuerza, ella no lo sabría, seguro y seguramente había sus razones, quizás su familia quería protegerse de la verdad o a ella o quizás le estarían pidiendo ahora  mismo a sus congéneres que mataran a los romanos no  me extrañaría pero eso no me preocupaba ahora ,ahora quería ver a mi dragona descalza, no discutir con ella

Y la vería pronto porque como supuse sabia donde estaba, no la podía ver pero el viento cambiante me enviaba olores, se movía rápido y con sigilo no podía ubicarla pero se movía, mi señuelo no la había engañado, claro

La sentí a mi espalda, era bien rápida me gire lentamente saboreando el momento, dejando que ambos nos impresionásemos con el otros y disfrutásemos de la sorpresa



Era una dragona hermosa muy hermosa mas parecía una diosa que una dragona, envuelta en niebla con un hermoso vestido blanco su tez blanca y sus cabellos, largos y blancos también, parecía mas un espejismo conjurado por la niebla, una dríade, una hermosa ninfa que daba audiencia a un intruso, el espíritu del bosque, solo atine a susurrar

Hola…Silvia

aunque yo no estaba mal vestido mi ropa era de faena, éramos como de dos mundos diferentes ella descalza y envuelta en niebla yo en ella zona de menos niebla y con armadura la mire con una sonrisa dibujándose en mi cara era en verdad muy hermosa pero no su cuerpo sino su mente y a poco no me lanzo a abrazarla, pero conteniéndome  solo me acerque a ella con lentitud, para no asustarla

encantado

le ofrecí mi mano para que bajara de la roca y quedáramos a la misma altura pero algo se me cayo, mire un segundo… una naranja, se debía de haber caído de mi zurrón, llevaba algo de pan y fruta para el camino en el caso que no encontrara nada para comer

No queriendo desviar la mirada de ella ni un segundo mas le seguí ofreciendo la mano

Al parecer mi desayuno se quiere escapar, tienes hambre? Podemos compartir

le guiñe mi ojo draconico a ella no le resultaría intimidante como a varios humanos les parecía

Desee con toda mi alma que dijera que si, que nos sentásemos en algún sitio y hablásemos hasta que se hiciera de noche y luego un poco mas, que me entendiera y yo a ella, quería.. quería.. quería todo de ella

no me di cuenta en ese momento pero creo que me escucho por la red, no podía estar seguro ,mi voz excitada por encontrar a alguien como ella mi deseo de solo conocerla y hacerla reir, mi deseo de protegerla y ayudarla…mi deseo de perderme en la niebla con ella




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Mensaje por Silvia el Mar Nov 12 2019, 19:55

La anticipación de un encuentro fue como los minutos antes de ver el atardecer de un día de otoño en Gales.
El corazón le latía muy muy rápido, quería saber ya cómo era su rostro, sus ojos y el brillo de estos, sus labios y el gesto que acompañaría sus facciones cuando la viera.
Desear saber cómo le sentaban aquellas prendas extranjeras que tan extrañas le estaban pareciendo ahora que podía verlo con completa claridad. Él se giró lento, demasiado pero no causó un disgusto en ella, incluso sonrió veloz antes de que terminará por mostrarse como el dragón que no era. Los dos ahora eran solo perfectos disfraces de humanos.

Lo primero que robó su atención fueron sus ojos. Uno como la humanidad, el segundo como el alado que era. Y aunque su mirada con ella quería ser amable, no escondía lo que era, salvaje, sincera, curiosa, libertina y retadora como sus cejas.
Ascendió a lo largo de su masculina nariz hasta sus labios, juveniles y fieros como los de un rey, rodeados por un barba clara que también cubría su mentón, que se acentuaba de fuerte que sus demás rasgos. Analizó sus cabellos que brillaban al sol como oro antiguo, la forma en que ondulados y traviesos rodeaban su rostro ondeando algunos sobre su rostro por el viento que los envolvía, era la niebla que se negaba a abandonarlos, queriendo ser ella también espectadora de su encuentro.

Sí. Él parecía un rey de hombres y dragones. No se atrevió a decir palabra alguna, no deseaba romper el extraño hechizo que los mantenía a ambos atados a hacerlo, porque sentía claramente que él tampoco deseaba dejar de mirarla. Y agradeció que él fuera el primero en hablar, mucho más que susurrara. Fue como la brisa que acariciaba su cuerpo siempre que se acostaba sobre la hierba en los altos acantilados a mirar el mar. Y solo se sentó sobre la piedra para poder contemplarlo cuando se acercó a ella, no quería correr, quería tocar su rostro y no solo eso. Era tan diferente a todos los que había visto en su vida, humanos y dragones. A toda criatura que hubiera pisado el cielo y la tierra.  

Quizás era por eso, él era de mar. Por eso su olor.
Pero en el mar tampoco había visto un uno así.
Regresó sus ojos a los bonitos de él. -Noctilus…- fue su respuesta en un susurro, suave, rozando el límite de la timidez y la liviandad. Lo reconocía. Y no lo olvidaría.

Vio la mano que se levantaba ante ella. Era como tener dos caminos en frente. Por un lado estaba su padre, deseando que no la aceptara y volviera a casa. Aquel camino era el mismo de su día a día. En el otro, en cambio, estaba lo que no conocía, un camino lleno de cavernas y claros de aguas cálidas sin explorar. A punto de mover su mano para unirla a la de él, algo cayó al suelo proveniente del dragón. Silvia sin espera retrocedió pensando que era una especie de trampa y miró el suelo. Una naranja junto a otras frutas y lo que parecía ser una hogaza de pan envuelta en una tela color hueso.

Tuvo el magnético impulso de volver a mirarlo y lo hizo, de nuevo ella y él se observaban sin tabú alguno, las palabras y aquel extraño gesto con su ojo le robaron una sonrisa. Frunció el ceño sin perder la curva sonriente de sus labios y pensó unos minutos. Minutos en los que más que escuchar, sintió en su piel gracias a la red todo lo que él deseaba. La red no mentía y si lo que él pensaba sobre ella era cierto, era una de las cosas más preciosas que había podido recibir y conocer en su vida. Más que las caracolas del mar, o las conchas con perlas.

Y estaba dirigido a ella.
¿Por qué no decir que sí, sentarse a su lado, hablar con él hasta la noche y un poco más, por qué no entenderlo y ser entendida? ¿Por qué no dejarse encontrar y encontrar
a alguien como él, conocerlo, reír por él, ser protegida y ayudada mientras lo ayudaba y protegía? ¿Por qué no querer todo de él aún sin saber lo que quería o podía darle?
¿Por qué no perderse en la niebla con él?

- Qué curiosa criatura eres. - no tenía hambre, pero esa naranja se le hacía apetitosa. Le gustaban las frutas, pero evitó su mano. Bajó con gracia y agilidad de gato quedando muy cerca de su cuerpo, de su rostro y sus ojos. De su olor. Se detuvo un poco a mirarlo desde aquella posición, otro vistazo no lastimaba a nadie y era necesario. Al final se inclinó y tomó la comida del suelo levantándose, sopló para limpiarla un poco, olfateó la naranja y guardó todo entre los ropajes del foráneo allí donde encontró espacio. .  - Acepto un poco de la fruta color sol.- dijo con sus ojos en los de él y esta vez si tomó su mano.

La piel por completo se le erizó, tuvo un impulso, apretarla para sentirla por completo. Mojó sus labios y bajó la cabeza. - Tus manos están frías. - le dijo al tiempo en que tomaba la otra y la cubría con las suyas para darle calor llevándola hasta sus labios y darles un poco del aire tibio que nacía de ella.  A los dragones no les gustaba el frío, excepto a los galeses.
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Mensaje por Noctilus el Jue Nov 14 2019, 20:29

Por un segundo temí que se asustase y huyera como cervatillo, pero no fue asi, en cuanto vio que era una naranja no se marcho pero tampoco cogió mi mano, en su lugar me miro largamente en la que yo aproveche para hacer lo propio, no la miraba , la admiraba, la observaba detenidamente sus ojos azules.. dos trozos de cielo claro observándome como haría un dios ante su creación, ponderando si era digno de sus atenciones o no, su ropa, sencilla pero al mismo tiempo regia y digna, a pesar de caminar descalza por el bosque y ser su ropa blanca no estaba manchada, como si la tierra misma retrocediera ante ella como si ella por algún mandato divino debiera quedar  incólume.

Entonces me hablo llamándome curiosa criatura y tras olerla y guardarla en mi zurrón, entonces y solo entonces, cogió mi mano..sentí como si un rayo me fulminara, mucho más placentero que un rayo claro pero similar, como si ella y yo fuéramos dos piezas de un puzle y por fin encajáramos , me apretó la mano mientras la miraba fijamente, algo que no había dejado de hacer en esos minutos desde el incidente de la naranja

Entonces tomo mis dos manos acercándolas a su boca diciéndome que tenía las manos frías…no me resistí, en absoluto solo la mire y me acerque un poco para que mis brazos no quedaran completamente extendidos  disfrutando de su cercanía y cálido aliento, poco a poco solté una mano lo que me costo horrores y acaricie su mejilla, actuando mas por instinto que por  sentido común…

Eres muy amable, Tus mejillas están frías…deja que te ayude, por favor

Mis mano libre empezó a acariciar su mejilla teniendo cuidado de no importunarla intentando que la caricia fuera tan suave como la seda , no se merecía menos, era como si ejerciera un efecto hipnótico sobre mí, atrayéndome como una polilla es atraída a la luz, sencillamente no podía evitarlo
Poco a poco me fui acercando hasta que nuestros rostros estaban a menos de un palmo de distancia, prácticamente respirando el mismo aire

Estas mejor?

Yo lo estaba notaba un calor en mi interior por la emoción de estar tan cerca de ella, sabia que si seguíamos así acabaríamos haciendo algo mas que solo acariciarnos…de verdad seria un problema?

Estaba en territorio enemigo.. no, estaba en el bosque de Silvia.. y sabia que no me pasaría nada pero algo se puso en nuestra contra.. un ruido.. un gruñido me volví un poco, un oso enorme me miraba no parecía agresivo, mas curioso, pero seguramente al ser casi invierno tenia hambre antes de irse a dormitar …abrace a Silvia con una mano apartándola un poco y eche mano al pan  que le tire, esperando que fuera suficiente

Hola pequeño… no somos comida pero si quieres comer ahí tienes

El oso me miro desconfiado antes de morder el pan antes de marcharse con paso lento y masticando su comida…

Los osos eran sagrados para los galos, lo serian para los britanos? Los romanos también tenían prohibido molestarlos o diana la diosa de la caza les castigaría y era una diosa inmisericorde con los que la molestaban

hermosa criatura

Lentamente volví a mirarla dándome cuenta que con mi abrazo nos habíamos juntado mas, compartiendo nuestro calor y casi respirando a la par, pero tu lo eres mas.. pense

Esperaba no tener mas sorpresas, pero cai en la cuenta que otros podían venir, otros que no se conformarían con pan, galeses , romanos o mas dragones… y creo que Silvia me escucho aunque en esa ocasión, no intente ocultarlo, temía por ella, no quería que le hicieran daño ni a ella ni a los suyos…fuera romano o no, Silvia era alguien a quien quería.. no, necesitaba.. proteger y lo haria, lo jure ante mi mismo




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Mensaje por Silvia el Vie Nov 22 2019, 00:46

Las manos frías del dragón parecían comenzar poco a poco a tomar un poco de calor. Aunque no era nada comparado con el bienestar que podrían encontrar en el lugar donde vivía Silvia junto a su familia. Allí siempre había un fuego encendido en la chimenea improvisada que su padre y hermanos habían creado en una de las paredes. También habían esteras muy cómodas y mantas que ella y sus hermanas guiadas por su madre habían tejido para no pasar frío, otras eran regalos de los humanos les habían dado a través de los años como algunos taburetes y una mesa que finalizaban con el mobiliario rústico de los dragones. Habían plantas y amuletos, casi todos Silvia los había llevado a casa como las flores que decoraban algunas partes de la cueva. Era un hogar sencillo, pero cálido y organizado, limpio y sincero.

Un hogar al que no podría llevarlo, menos después de lo que había sucedido aquel día. Menos después de la advertencia de su padre. Se preguntó qué estaría pensando de ella y de él, ¿los sentiría? Ya no importaba, era obvio que esto traería consecuencias cuando regresara a casa, solo esperó que no fueran tan graves y dejó de especular en lo que dirían Mael o sus hermanos, su madre de seguro sería más comprensiva y hasta sonreiría como sus hermanas que la llenarían de preguntas en el silencio de la madrugada o en los paseos al día siguiente para recolectar su alimento.

El hecho que ahora más le preocupaba era que debía encontrar un lugar en el cual pudieran estar seguros del frío, él no estaría acostumbrado a tal clima, lo sentía por la forma en que sus manos se volvían a enfriar con asombrosa rapidez aunque ponía todo su esfuerzo en mover las suyas alrededor y su aliento cálido dejaba huella intermitente en su piel. Y la verdad ella también estaba sintiendo el frío. Él pareció percibirlo, porque se acercó protegiéndola un poco del viento y liberó una de sus manos del abrazo de las suyas para posarla en su mejilla.

Silvia levantó los ojos, mirándolo sólo a él y a sus gestos mientras este jugaba suave con la piel de su rostro como si fuera una mariposa, frágil y hermosa. No respondió nada, sencillamente disfrutó de aquella sensación sin oponer resistencia, si lo haría sería una necia. En la complicidad de su cercanía no soltó la mano que aún sostenía, que aún podía cuidar, poseer, inconsciente dejaba en su memoria la textura de la piel de un foráneo, su peso y tamaño, lo que causaba en ella tal tacto. De nuevo él pareció sentir lo que pensaba, lo que percibía y deseaba, esta vez fue el gusto por su proximidad.

Pronto encontró sus ojos mucho más cerca, como si pudieran ver a través de ella, aún más, parecían ver su interior y el fuego que estaba causando. Y sus labios amenazaban simpáticos con susurrar por los suyos y no se movió, sólo miró su boca abrirse y gesticular aquellas palabras que aunque no escuchó porque solo leyó, respondió con un asentimiento de cabeza. A aquella distancia era imposible equivocarse y lo entendía. Pensó que la comunicación así era sencilla entre dos dragones de diferentes mundos, en realidad era afortunada. La piel de su cuello estaba erizada como la de su vientre. De ella no quiso salir el decirle que que ya estaba acostumbrada al frío, que aquel no era nada al de los inviernos y otoños.

Silvia cerró los ojos. Deseaba ella también tocar su rostro, así estarían a paces. Así podría dormir tranquila esa noche. Pero no sabía si eso serviría para arrullar el resto de sus lunas durante toda su vida. ¿Cuánto vivían los dragones? Sus padres y tíos decían que demasiado, casi como los dioses.
Pensaba en ello hasta que la naturaleza hizo presencia.
El gruñido de un oso anticipó al animal, antes de poder reaccionar ante ella se opuso el dragón macho protegiéndola, ella pensaba en ambos con mucho miedo. Estaba segura que pararía al primero que intentara dañar al otro.  Pero la reacción de ambos fue hermosa, de esos eventos que nunca se esperan y que se agradecen por poder presenciar en la vida.

Dragón y oso encontraron el perfecto equilibrio para ambos poder vivir sin ninguna herida por su encuentro. Una total armonía creada por quien la protegía. Silvia lo miraba con atención y perplejidad, con mimo. Le conmovieron sus palabras al ver como el oso se marchaba. - Su nombre es Eula que significa joya del mar y es una hembra, tiene su hogar y 4 oseznos cerca de aquí. - miró en dirección sur. - Y sí, es una hermosa criatura y lo seguirá siendo como sus pequeños.- dijo. Todo lo que se hacía resonaba en el resto del mundo y el futuro. - Gracias a ti.-  susurró en la red y le vio con ojos que se entornaron antes de cerrarse en la mirada más dulce que jamás había brindado en su vida y sonrió con la misma belleza que jamás esperó un completo extraño pudiera ver.  

Posó una mano abierta en el pecho acorazado del dragón y sintió su corazón vibrar dentro de su cuerpo blindado por el metal. Tal nobleza y respetos con la tierra eran actos que Silvia encontraba admirables. - Vamos. - tomó ella los primeros pasos esperando que la siguiera y se detuvo de repente. - Te prometo que no te haré daño.  - le dijo seria sabiendo del riesgo que quizás sentía de aceptar su invitación y continuó su marcha. Luego de ello caminarían sigilosos por el bosque húmedo unas pocas millas hasta llegar a un lugar a pies de una alta montaña rocosa y un río que ella y sus hermanos visitaban para bañarse o relajarse. Era seguro y cálido. Unas termas escondidas donde pondrían mojar sus pies, donde ambos podrían encontrar algo de calor.

- ¿Te gusta?- le preguntó bajando con agilidad femenina las piedras de la entrada, esperando a que él viera el lugar de aguas color cielo y tan cristalinas que podían ver su reflejo y el fondo arenoso y rocoso. La piel comenzaba a sentir con bienestar que la temperatura ascendía. - Acá estaremos protegidos del frío y de ellos. - esos que hoy se convertían para ambos en una amenaza, los humanos. - Podrías darte un baño si lo deseas. - le miró de reojo sentándose al borde de la pileta natural hundiendo parte de sus piernas jugando con el agua entre sus manos. Encontró alivio, mucho más al levantar sus ojos y mirarlo.

Sonrió, se encontraba cómoda con su compañía.  - Este es el premio al Protector de Osos.- creó el apodo sin pensarlo demasiado. Se escuchaba bien si se decía completo. - Noctilus, el Protector de Osos y de amazonas. - dijo con solemnidad y rió. - El Protector de Silvia.- agregó con con un notorio sonrojo en sus mejillas y una voz que ya no lucía ningún tono más que el inocente de lo que aquel suceso causaba en ella.
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Mensaje por Noctilus el Mar Nov 26 2019, 19:06

Mientras veíamos como el oso se marchaba ella me dijo el nombre del oso, o mas bien osa, y que tenia familia, 4 oseznos, para luego añadir que gracias a mi seguirían siendo hermosos, quizás ella pensaría que le haría daño a otra criatura por placer, peor no hallaba placer en ello, , destruir no requería talento solo una maza muy grande, de hecho los mayores destructores de ciudades, pueblos o vidas no eran mas que eso, criaturas de mentes pequeñas, incapaces de crear nada, así que destruían lo que creaban los demás por mucho que se visitieran de seda o con pieles no eran mas que miserables de mente pequeña no eran ni animales ya que estos tenían un instinto y una nobleza de espíritu, no eran crueles ni malvados, solo hacían lo necesario para vivir, ni mas ni menos

Pero entonces me centre cuando Silvia puso su mano en mi pecho, paralizándome como si un rayo me hubiera alcanzado donde ella me toco, a pesar de separarnos una coraza entre mi piel y la suya instintivamente me acerque deseando que su mano consiguiera atravesara el metal y me sintiera, quería sentir mi piel contra la suya, por un momento quise sujetar su mano quería que sintiera como mi corazón latía pero lo deseche, aquello convertiría su gesto, voluntario y bonito en algo que podía entenderse como forzado y no quería que fuera así, así no, cuando ella notara mi corazón no sería porque le sujetase la mano, sino porque ambos lo desearamos

Ella me dijo que fuera con ella espero antes de moverme quise preguntarle a donde íbamos y si  quería que fuera delante pero como si me hubiera oído me dijo que  no me haría daño, quitándome las ganas de preguntar nada, solo la segui mansamente, se notaba el cambio de ambos al andar, ella caminaba descalza, prácticamente en silencio sin pertubar en absoluto el entorno ya fuera un zorro o un pájaro, ninguno reaccionaba ante ella como si fuera uno de los suyos y no hubiera que temerle, mi llegada noo obstante justo detrás presentaba una escena desoladora, los animales huian, no es que me extrañase eso pasaba siempre pero ver como a ella no me sentía como si estuviera haciéndolo mal y constataba lo ligada que estaba Silvia a la tierra, no esa sino a cualquiera su cuerpo y seguramente su mente estaban en perfecto equilibrio como si la diosa gaia hubiese decidió que en entre todos los mortales ella fuera su amiga y le diera sus favores

Sacudi la cabeza, esa idea…era yo siempre pegado a los libros , los griegos eran gente muy espiritual y al mismo tiempo muy racional, teniendo ambas cosas sin despreciar una por la otra, eran profundamente religiosos y al mismo tiempo trabajaban por desentrañar los secretos del mundo pero Silvia era un enigma que no se podía desentrañar, ella era asi, sencillamente, tenia ese don y lo explicase como lo explicase, yo no lo tenia, no había que darle mas vueltas, aun así intente no perturbar el bosque tanto como antes

Tras caminar unos pocos kilómetros llegamos a una alta montaña siguiéndola otros olores me llegaron el olor del bosque daba paso a algo mas salvaje, el olor de la piedra caliza y había algo mas.. Azufre? El azufre no podía estar así al descubierto pero me di cuenta que entrabamos en unas cuevas solo para llegar a una paisaje de ensueño, aguas termales, naturales, sin hornos ni nada el olor era embriagador y la visión divina, tan precioso, tan protegido ante el ojo poco experto y allí estaba, llevado casi de la mano por una dríade como  Silvia

Ante su pregunta de si me gustaba le conteste

Me encanta, un precioso lugar

Digno de una preciosa mujer pensé los romanos eran geniales constructores pero no podían competir con la belleza natural, la naturaleza tenia su propio arte y parecía que la cueva hubiera sido esculpida para ser admirada cada imperfección tenia su razón de ser y todo, absolutamente todo parecía tener sentido allí dentro, solo había una razón para eso, claro Silvia estaba alli

Ella puso sus piernas dentro del agua, jugando con ella con sus manos y me invito a bañarme si asi lo deseaba, claro que si pero deseaba estar con ella mas, aun así los baños griegos no hacían distinciones entre hombres y mujeres era una función, una tarea necesaria, como comer o dormir ,no te separas de los demás para eso así que empecé a quitarme la ropa empezando por la coraza, pesada y humeda por el clima, incomoda, prefería llevar una armadura de cuero, mas ligera y apropiada para un barco, ella me llamo protector de osos y amazonsa y creo quse noto pero me sonroje un poco, ella, tan conectada a la naturaleza, casi la esencia misma de gaia llamándome protector unas pocas horas después de haber desembarcado en aquel lugar como invasor…me sentí honrado pero al mismo tiempo me sentí mal, no me merecía el cumplido y me puse un poco rojo

Poniendo mis ropas de combate en el suelo mientras la miraba la mire un momento algo avergonzado, aun me quedaba la túnica, los soldados no solian llevarla era un recuerdo de mis días en grecia, una sencilla túnica de lino mas suave que el cuero y desde luego mas cómoda que el metal y ahora estaba algo sucia, la lavaría despues me la quite sin mas  me tire al agua constatando lo caliente  que estaba y lo confortable que me sentía, quedando bajo el agua un momento, ese frio se te metia dentro , pero unos segundos en esas aguas  y parecía recuperarme sin mas problemas en cuanto Sali la vi, desde mi punto de vista en el agua parecía lo que me pareció en el bosque un espíritu rodeada de vapor que hacia las veces de niebla mirándome yo solo la sonreí y fui cerca de ella

No quieres meterte? El agua esta estupenda y no seria justo que disfrutara la recompensa solo no?
No puedo protegerte si estas fuera del agua, no?


Le sonreí, ya que ella me había enseñado el sitio era justo que ella viniera también, también deseaba que viniera conmigo tanto desnuda como si no, quería compartir el momento con ella, a pesar de lo que nos podría separar era mucho mas lo que nos unia




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Mensaje por Silvia el Jue Dic 19 2019, 21:42

El dragón había sabido seguir sus sigilosos pasos a través del silencioso y nublado bosque sin llamar la atención, por lo menos no demasiado ya que aquella vestimenta que llevaba había ahuyentado a todos los animales que se habían encontrado a su paso. Todo significaba que era una suerte que pudiera seguir conociendo más de ese extraño pueblo del que venía. Aunque tal vez no debía olvidar lo que significaba para su familia la llegada de aquel foráneo que se hacía llamar Noctilus. Pronto tendrían que irse de la isla, aunque el pronto era una medida incierta para los dragones, podría ser mañana o podría ser en cincuenta años. Lo cierto es que tendrían que irse y eso sería lo que Mael diría al día siguiente cuando toda su familia estuviera reunida en la cueva.

Al escuchar que le gustaba el lugar se sintió contenta al haber logrado sorprenderlo. Le sonrió y siguió jugueteando con el agua mirando la forma en que él recorría con sus ojos la cueva y ella lo hizo de la misma forma, tal como si fuera la primera vez que estuviera allí, cada vez que iba encontraba algo diferente.
También aún estaba en sus manos decidir si deseaba relajarse en las aguas de la tierra que había venido a conquistar junto a los otros humanos a los que en apariencia era idéntico, pues desde lejos todos se veían igual con aquellas prendas. El olor a azufre y agua limpia flotaba en la neblina que allí dentro existía también en los más duros inviernos.

Le pareció curioso que confiara tanto en ella como para haberla acompañado hasta allí sin temer una trampa y era algo que ella respetaría como un valioso tesoro: un voto de confianza espontánea y pura, era una sensación que le gustaba y si pensaba en su propia situación, ella también se estaba arriesgando demasiado. ¿Y si con el pasar del tiempo aquella agradable situación terminaba por volverse su mayor pesadilla? Dejó sus ojos en el rostro de él, meditando.

Halló que por alguna razón se encontraba tranquila, había olvidado la ira que sentía antes de salir de su hogar y los deseos de arrasar a los invasores con fuego. Podría ser que volviera al día siguiente o en la noche para dejar cenizas su campamento y barcos, podría ser que nunca recordara haber pensado en eso. Por ahora tenía junto a él un momento en el tiempo que la tierra le susurraba vive.

La tierra, la vida y el destino, funcionaban de maneras extrañas y mágicas. Sintió la dragona de cabellos blancos  que los latidos de su corazón cambiaban cuando él comenzó a desnudarse, había visto antes la desnudez de un hombre o dragón macho, pero no había sentido nunca lo que ahora. Su atención se mecía entre aquel cuerpo atlético y bien formado, más bronceado que su piel pálida y la contemplación de lo que era como un rito para él, en el que se quitaba aquello que como coraza lo cubría prenda por prenda, pieza por pieza que para Silvia eran encartosas, brillantes. Era como si los guerreros, de allí o del otro lado del mundo compartieran tal ritual porque en él vio a sus hermanos, tíos y padre al regresar de una batalla.

Pero más allá del guerrero que le recordaba a los que había en su familia estaba lo que a final de cuentas era él, un dragón macho que al final quedó por completo desnudo ante ella. Notó el sonrojo en las mejillas de él por sus palabras, pero sintió las suyas arder hasta el momento en que Noctilus se hundió en las aguas cálidas y desapareció por unos instantes. Silvia dejó de jugar y se inclinó buscándolo o a su sombra bajo el estanque, pero ahora su hábitat fue en su contra porque la niebla y el movimiento del agua le sirvió a él para camuflarse, no creyó que se hubiese ahogado, podía escuchar las pequeñas burbujas de aire que escapaban de su pulmones ascendiendo hasta el exterior, los latidos de su corazón. La fricción de su cuerpo contra el agua.

Sus sentidos se agudizaron hasta que vio la superficie ondear y el agitarse al su figura salir, ambas miradas se suspendieron la una en la otra durante largos instantes y sonrió cuando él sonrió, así fue hasta que estuvo frente a ella.  Silvia parpadeó cuando escuchó su pregunta, lamió sus labios y bajó la mirada pensando, aunque no pudo en realidad hacerlo mucho. Sonrió por las demás palabras del foráneo, era astuto. - Sí, hay muchos peligros aquí fuera, eso es cierto y sabio.- dijo con un tono travieso observándolo de reojo y comenzó a levantarse. Ella misma podía protegerse sola, pero nunca se negaba a ser cuidada, consentida tampoco a una broma sagaz.

- Mi hermano Cedric dice que en la vida hay oportunidades que solo se presentan una vez y hay que adueñarse de ellas con fuerza como si fueran el último día antes de nuestra muerte. -  dijo mientras terminaba de quedar de pie y llevó las manos hasta las tirillas de su vestido deslizándolas por sus hombros.  - Muchos creen que está loco, yo siempre he pensado que tiene la razón y es el más cuerdo de todos. - las dejó caer al suelo quedando su cuerpo desnudo, ahora estaban iguales. Se dijo que lo que hacía no era tan descabellado, era solo nadar y hablar lo que harían.

Ruborizada y con una tenue y tímida sonrisa lo miró fijamente hasta que un pudor y deseo abrasadores la invadieron, se hundió con un clavado en las tibias aguas que la abrazaron como un amante atrevido y delicado.  Luego de un nado en el que buscó al dragón, volvió a salir y quitó el exceso de agua de su rostro con una mano, al abrir los ojos él estaba allí, frente a ella. - ¿Las mujeres de donde vienes hacen esto? ¿Ya habías hecho esto antes?-  así sabría qué hacer o tendría una guía, jamás había estado aquí con un extraño en ese lugar y con sus hermanos jugaban o hablaban, se consentían hasta que se quedaban dormidos los unos junto a los otros, pero de él y los suyos no sabía absolutamente nada.




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Mensaje por Noctilus el Vie Ene 03 2020, 19:57

Nunca había sido muy religioso, la verdad
Había docenas de dioses y diosas en el panteón romano y muchos mas en las tierras vecinas algunos similares a los nuestros y otros totalmente diferentes,  pero nunca me habían atraído el culto a ellos pero al ver a Silvia saltar al agua y resurgir de ella me recordó a las nereidas de las leyendas y cuando empezó a hablar tuve la certeza de que si un dios existía si una sola de esas deidades existía, hablaba con esa voz y tenía ese cuerpo, tan bellamente esculpido como maravillosamente proporcionado, sin ninguna imperfección y al mismo tiempo, cercano, como si no quisiera incomodar a mi mente mortal con la real belleza de los dioses y hubiera adoptado algo mas asequible , mas fácil de entender, no pude mas que acercarme tímidamente y contemplar si singular belleza y escuchar sus palabras

La escuche embelesado mientras hablaba de su hermano, un tal Cedric que al parecer algunos pensaban que estaba loco por lo que decía , Silvia y yo coincidíamos que no era locura, era sabiduría, aunque la sabiduría solo podía ser entendida por aquellos que escuchaban con atención, había visto muchos locos que debían ser reyes y muchos reyes que deberían ser encerrados en un manicomio, ironías de la vida, supuse

Estando tan cerca el uno del otro estoy seguro que el agua habría empezado a hervir si no lo estuviera haciendo ya, mientras algo ruborizados nos mirábamos, entonces ella me pregunto que si hacia esto con las mujeres o mas bien si era algo normal en mi sociedad hacer algo así…

Haciendo acopio de concentración y intentando que mis pies se mantuvieran firmes, algo casi imposible ya que las piedras, bañadas por las aguas termales y sin plantas que hicieran de barrera eran muy resbaladizas

Carraspee un poco mientras intentaba cómicamente mantener el tipo, al final conseguí hacer pie y mantener algo el equilibrio
Es que algo así, las mujeres y hombres tiene casi como obligación lavarse todos los días en sitios como este, bueno no como este unos sitios llamados termas, en esos recintos también hay gimnasios, masajistas, tabernas, es un lugar donde descansar y relajarse después de un dia de trabajo

No le conté que las mujeres estaban estrictamente separadas de los hombres, disfrutaban de todas esa comodidades, si, pero no se mezclaban con los hombres, algo que no entendía, los griegos eran mucho mas tolerantes  en ese sentido y eso no debilitaba a su sociedad, sino que la fortalecía
No pude evitar contemplar su cuerpo desnudo, una autentica delicia a los ojos de cualquiera ahora parcialmente tapado por el vapor y por el agua

Y tu… tenéis algo a…?

Me acerque a ella intentando completar la frase  pero mi equilibrio me jugo una mala pasada y resbale hacia adelante, hacia ella, intente esquivarla  pero solo lo logre parcialmente, no quería incomodarla ni que nada de aquel momento, que sentía como etéreo y  perfecto nos arruinara la experiencia pero el destino o el azar conspiro para ensombrecer un momento que irradiaba mi alma como el sol mas brillante, calor, si, pero sin quemarme un momento de delicada perfección

Cayendo de cara, temí encontrarme con alguna piedra que estuviera  justo por debajo de la superficie pero no fue así, solo agua…y unos brazos que evitaron que me hundiera mas

Me volví, apoyándome en esa súbita ayuda para ponerme boca arriba y solo pude ver su cara y sus hermosos cabellos blancos mirándome supuse que sorprendida alarmada y aliviada al ver que aunque había habido un peligro, este había pasado y ambos estábamos bien

Que irónico...

Le dije sonriente aunque con ninguna intención de moverme ya que estar en sus brazos, bajo su protección era muy agradable pero de mala gana me fui incorporando notando su cuerpo desnudo rozarse con el mío

Yo tenía que protegerte…

Me termine de levantar pero me esforcé para que nuestra piel se tocara  y que no se rompiera el contacto que teníamos me levante, si, pero lentamente, en parte por no volver a caer y arriesgarme a convertir lo que había sido un breve momento que podía ser divertido en una demostración de mi torpeza y en parte porque, como una diosa hermana de afrodita,  no pude evitar perderme en sus ojos

Y al final me has protegido tu

Quedamos frente a frente y para evitar caer  me separe un poco pero solo un poco de ella casi sintiendo dolor al hacerlo, estábamos cerca, muy cerca y casi podía oír mi corazón, golpeando dentro de mi pecho, rápido y  fuerte, estaría el suyo igual?

Lamento haberte asustado, estas bien?

Dije tocando sus manos, casi podía jurar que había algo mas de vapor ahora que antes, quizás me equivocaba, lo único que sabia  es que nada mas importaba, ni mi misión, ni la flota ni la política o la guerra solo sus hermosos ojos, en aquella estancia repleta de calor, vapor y dos dragones , ambos mirandose el uno al otro con nuestras manos buscando el contacto




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