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Mensaje por Invitado el Vie Jun 21 2019, 15:48

Todo Talos sabía de quien era la estrambótica casa de formas extravagantes mitad negra mitad blanca que casaba a la perfección con la imagen de su dueña, pero pocos eran los invitados a acceder a ella con la libertad con que lo hacían los clientes de alta cuna, la aristocracia mas fina, los burgueses hermanados a sus servicios, los protegidos que en ella moraban, o los sirvientes de aquellos que eran de mayor confianza. "La colmena de las delicias" era en realidad un templo del placer y las artes. Un lugar destinado al disfrute terrenal, el hedonismo, la belleza y el gusto por el talento.

Era también la sede central del negocio que años atrás Olayinka comenzara con su hermano Berhane, antes de que se le impusiera el exilio. En ella almacenaba mucha de la mercancía, tasaba los objetos de valor, celebraba fiestas y recepciones, convirtiéndolo en el epicentro de la popularidad respecto su trayectoria económica y mercantil. Pero su fama crecía no gracias a eso, si no a sus muchos vendedores en Talos. Un gran puesto en el mercado central, vendedores ambulantes, y pequeños furtivos que tejemanejeaban con los objetos que era complicado exponer a simple vista convertían a sus trabajadores en una sinergia imparable que conformaba una red si bien no enorme y presuntuosa, bien trenzada como para sostenerse, expandirse y crecer. Con los altibajos propios de los problemas que atravesaba la actual situación, pero siempre manteniéndose a fuerza de trabajar juntos.

Andando a través de los múltiples pasillos angostos y túneles que conformaban su hogar, y que se podían convertir en un verdadero laberinto para los desconocidos, observaba a la luz natural que entraba por los diferentes ventanales el papel en el que había escrito todas las tareas de las que debía encargarse con urgencia. Repasó la lista un par de veces. Si no se equivocaba, hoy traerían cuatro rollos de terciopelo verde con bordados dorados, perfectos para capas de fiesta. Tenía que hablar con los vendedores de especias para ver qué necesitaban, montar las cajas de joyas para la próxima boda de Ongthmoth y Daraselda, supervisar el empaque de los envíos que tenían de llevar en su próxima visita a Isaur, y también tasar unas cuantas cosas.

Lo cual le recordaba que unos cuantos objetos estaban en manos de Ororo, una compañera mercante de profesión a la que respetaba por su profesionalidad y su trabajo, además de por ser una delicia para la vista. Pensó en enviar un mensajero para preguntar sobre el tema, justo en el momento en que uno de sus muchachos entraba por la puerta principal.
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Mensaje por Aiden Warren el Vie Jun 21 2019, 19:45

Después de traer a Varlaam al hogar de Ororo no me habia separado de él, e incluso dormia en el suelo con una manta para prestarle al gladiador mi cama y asegurarme que no le pasará nada. Se lo debia, me habia salvado la vida trás el secuestro de aquel desgraciado que ahora estaba bajo tierra, pero que habia herido al rubio. Puede que Varlaam y yo no hubieramos terminado bien la última vez que nos vimos, de hecho quise creer que era un ser despreciable, que no tenia razones para hacerme sentir como él lo hizo en aquel momento. Pero lo ocurrido en navidad me hizo abrir los ojos de golpe y hasta en echarlo de menos. Y ahora lo tenia alli tendido recupenrandose trás pelear por mi vida, esperando que al menos volviera a despertar para insultarme.

Cuando baje a la cocina para que me dieran un desayuno con pan tostado, miel y leche de cabra, sali al jardin para dar de comer a los gatos. A esos miles de gatos que mi ama tenia por alli. Los odiaba a todos, porque los muy cabrones me vigilaban, lo sabia, escapaban de mi presencia y en cuanto me daba la vuelta ahi estaban. Sigilosos, ágiles, elegantes y... menudos arañazos daban. En serio, son unos hijos de puta. Hanadak no habia tenido gatos nunca, asi que ahora aprendi por las malas que no habia que tocarlos en ciertas ocasiones, y por supuesto nunca nunca, pero nunca, acercarse a las crias. Mis brazos delataban esas pequeñas peleas, y aún asi no me rendia en perseguirlos para joderles. Además de vez en cuando usaba golpes de aire para lanzarlos a volar. Total, siempre caian de pie.

Pero hoy no me tocaria lecciones con Karamo, o hacer recados normales. Ni siquiera un dia libre para lanzar con el arco o entrenar con las dagas. Como solia ocurrir, Ororo me pidio, por no decir ordeno, que fuera a casa de Olayinka "la salpicada" para que llevase algunos materiales y asi la dragona los tasará. Es decir, que no iba a ser un recado normal, sino que además de llevar, debia de traerlos de vuelta. Y para rematarlo, mi ama me pidio que llevase una invitación a la dragona para la próxima fiesta que iba a organizarse, pues queria hablar con ella de ciertos asuntos que eran mejor que quedasen entre ellas.

Pocas ganas tenia yo de fiestas y mierdas asi, con dragones pululando por alli, que seguramente me mirasen por encima del hombro. Lo bueno es que podria poner mi sonrisa habitual y esperar que se largaran antes de media noche para recoger y limpiar todo. Por simple curiosidad, de camino a la colmena de las delicias, mire de reojo aquella nota que llevaba en mi bolsillo interior de la camisa. Enarque una ceja, pensando en como seria una fiesta entre humanos, una boda o... algo similar. Nunca habia visto una, ni siquiera recordaba una fiesta familiar antes de que Hanadak, Corah y Abbadon arrasarán mi poblado cuando era apenas un bebé. Solo recordaba un festival en la estación seca, y las risas de mi hermana y Lerión jugando entre la gente. Ahora comprendia porque Varlaam me llamaba cobarde.

Poco después aparecia frente a esa casa, blanca y negra. Ciertamente era en cierto modo como su dueña: alta, extraña pero con un "algo", que a pesar de ser dragona, incluso parecia otra cosa. Quizás lo era, Hassam siempre me contaba muchas historias de seres raros. Si estuviera vivo me contaria una de esas historias para meterme miedo.
Pase al interior mirando a los lados, comprobando que habia un par de personas que ni me miraron, y segui adelante agarrando la bolsa que colgaba de mi hombro izquierdo. Un hombre se acerco a mi y aparte mi bolsa de entre los dos, pero este solo me aviso que Olayinka estaba esperandome - Ya... lo sabia - entrecerré los ojos alzando la mirada - Ammmm, puedo esperar aqui - asegure llendome a un lado para sentarme en una silla, que sin saberlo, era parte de las ventas de la dragona.




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Las abejas pican, las avispas muerden. [Priv. Aiden Warren] Empty Re: Las abejas pican, las avispas muerden. [Priv. Aiden Warren]

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 22 2019, 00:25

A diferencia de cómo habría obrado de haber estado esperando a un cliente importante, en cuyo caso se habría desviado hacia la derecha para tomar la escalera principal y hacer así una hermosa entrada en descenso, continuó por el angosto pasillo que daba paso a la entrada baja lateral. El último tramo debió hacerlo inclinada, ya que en esa zona era imprescindible para la infraestructura que la pared se torciera de esa forma. Salió por la portezuela lateral en cuanto comprobó por la mirilla que nadie estaba cerca. Estiró su vestimenta, que se trataba de un hermoso Sari de motivos bordados a mano en hilo de oro viejo. Los adornos que llevaba en torno a su cuello y muñecas no tenían valor monetario en su material, pero si en su ejecución. Se trataban de maderas tintadas y talladas a mano para conformar las diferentes piezas que a ella se le antojaban de lo más hermosas. Su único maquillaje era un poco de polvo de khol en torno a los ojos y los labios de color negro, que hacían destacar aún mas la mancha blanca alrededor de su boca.

Según apareció, uno de sus trabajadores le informó de que un joven le esperaba. Un pequeño muchachito al que ya conocía de alguna otra ocasión. Se aproximó a calmas zancadas, observándole desde la comodidad que le daba su altura con un rictus severo, los párpados levemente cerrados. Como el rostro que ponen los gatos cuando gozan de gran confort... o están a punto de saltarte a la cara.

- Cómoda, ¿Verdad? - preguntó posando la mano derecha sobre su generosa cadera, mirando al muchacho de manera penetrante. - Madera de castaño tallada a mano satinada en betún de judea y encerada en doce capas. - comentó con cierto orgullo dibujando una sutil sonrisa en sus labios. Casi parecía que el joven esclavo era un cliente y trataba de venderle esa pieza de artesanía- Lo más particular de esta silla es que fue construida con piezas que se sacaron de uno de los templos antiguos tras las guerras del despertar. - sus ojos oscuros se clavaron en el pequeño joven. - Por eso se considera una pieza de valor incalculable...- añadió muy despacio, para que el muchacho comprendiera lo que estaba haciendo.
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Mensaje por Aiden Warren el Dom Jun 23 2019, 19:46

Torci el morro mirando hacia un lado donde se encontraba una estanteria alta, llena de cosas raras. Desde ahi podia intuir que parecian figuritas y perfumes, lo tipico para mujeres. No me iba a levantar para perder el tiempo en eso. Además con la caminata preferia estar sentado un ratito, solo que deberia de haber tomado algo de agua en la fuente del centro según venia hacia aqui. Pero entre que habia crios por medio y algún perro, preferi aligerar la marcha. Ahora solo deberia entregar lo que debia y esperar a que la dragona tasará lo que mi ama queria tasar. Y volveria a casa para unirme con los preparativos de la fiesta. Ororo iba a encargarnos a Karamo y a mi que fueramos los encargados del resto de esclavos para que llevasen las comidas y bebidas, aunque seguramente me colase en la fiesta con alguna bandeja porque si no seria muy aburrido.

Y esperando la voz de la mujer me asalto, por lo que de un brinco me puse en pie mirando hacia arriba. Aquella dragona me recordaba a Hanadak, por lo alta que era, solo que tenia mejores modales y sin barba. Cuando empezó a soltarme aquello frunci el ceño mirando a la maldita silla, preguntandome porque tantas capas y pinturas sobre ella, si solo servia para sentarse - Si, es comoda... y bonita - me encogi de hombros, sin darle mas importancia. Pero lo que me dejo desconcertado fue lo que dijo sobre de donde habia sacado el material para hacer esa silla. Mire de nuevo el mueble, de abajo arriba, en silencio, pensando en que habia sobrevivido a una guerra donde, según Varlaam, habian muerto millones de humanos y donde algunos como yo, nos habiamos rendido siendo esclavos de los dragones.

Alce la mirada nuevamente y me quede serio - Crei que las cosas realmente valiosas estaban guardadas o custodiadas. No donde un simple esclavo pueda sentarse encima como si nada - alcé ambas cejas sin pestañear, sabiendo que podia darme una paliza por aquello que le habia dicho. Pero sin previo aviso, saque de la bolsa uno de los tres objetos, que me recordaba a un instrumento músical, pero que sin duda no lo era. De hecho Hanadak, sus hermanos y hasta el propio Hassan solian usarlo para fumar hierbas.
- Mi ama Ororo desea saber si puede tasar estos objetos - mire hacia la pipa y después a la dragona - Según dice, podrian tener algo mas de valor que se desconozca, como que por ejemplo esten hechos con materiales rescatados de la guerra - sonrei fugazmente mientras busca las otras dos cosas en la bolsa con mi otra mano, para darselas a la dragona.




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Mensaje por Invitado el Vie Jun 28 2019, 18:41

La mujer le miró con tanta severidad durante unos segundos que al joven le parecería una vida entera. No podía castigarle, al pertenecer a Ororo, pero sabía que podía convertir su vida en algo muy, muy complicado. No sólo era la diferencia de estatus entre dragón y humano, ni el hecho de que él no fuera un ciudadano libre. La altura también jugaba un papel importante. En comparación, el joven esclavo parecía un niño.

Sólo temería las represalias durante esos agonizantes momentos, porque después, la mujer alzó una de sus manos acariciando con dos dedos sus labios que se habían deformado en una carcajada contenida que aún así, lucho por hacerse un pequeño hueco, antes de volver a mirar al huraño muchacho.  

Había algo que admiraba en él, y era la determinación de exponer lo poco que le apetecía ejercer sus tareas. Aquello era algo que se esperaba del pueblo libre, no de alguien obligado a trabajar y que podía recibir severos castigos. Se le antojaba divertido en todos los aspectos.

- ¿Y dejarlos donde nadie pueda disfrutar de su gracia, su belleza y su esencia? Eso es una ordinariez. - sugirió con un sutil tono de reprimenda. Casi como si quisiera instruirle, mas que reñirle.

El joven sacó entonces algo de su bolsa, y casi podría asegurar que las pupilas de la dragona se habían dilatado al observar el pequeño, delicado y exquisito objeto que le ofrecía. Alargó la mano en un gesto educado, casi parecía pedirle permiso, aunque nadie lo habría tomado como tal al ser él un esclavo.

- Fascinante...- rumió para si, mientras observaba con plena atención. Sin mediar palabra, la mujer comenzó a andar hacia las escaleras principales. Si Aiden quería continuar hablando con ella, se vería forzado a caminar y a un paso muy ligero, a causa de la notable diferencia de envergadura entre sus pasos. "La salpicada" chasqueó los dedos al pasar junto a una silueta que mostraba un rollo de terciopelo rojo a una mujer a la que se podría considerar anciana. - Estaré en la salita de las velas del piso superior. Si no es urgente, que no se me moleste. - el hombre asintió y continuó con su trabajo.

- Vamos muchacho. - le indicó mientras continuaba obnubilada en la perfección magistral de la pipa que tenía en la mano. Luego serpentearon por los sinuosos pasillos internos de la colmena, hasta llegar a una puerta.

Al abrir, había una momentánea sensación de deslumbramiento. Las numerosas luces de las velas titilaban y se reflejaban en los numerosos adornos, las telas que fluían desde el techo con color dorado, y los hermosos azulejos que se esparcían por las paredes, así como las lámparas colgantes de cristal de colores. Era un festival de luz y color, una delicia para los ojos, pero tenía un ambiente íntimo donde encontraba placer trabajando.

- Siéntate. - fue una orden, mas que una sugerencia, pero Aiden sabía que cuanto más se adentraba uno en la "colmena de las delicias" más enérgica se ponía "su reina".- Qué te parece si compartimos una infusión. - sugirió mientras ella misma alcanzaba una tetera de cobre de una chimenea pequeña que había en un lateral y vertía agua de una jarra que había dispuesta en una mesa, antes de colocarla sobre el fuego. - ¿Qué otras maravillas me traes?
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Las abejas pican, las avispas muerden. [Priv. Aiden Warren] Empty Re: Las abejas pican, las avispas muerden. [Priv. Aiden Warren]

Mensaje por Aiden Warren el Sáb Jun 29 2019, 12:54

Si, la habia cagado por decir aquello en alto. Seguramente esa dragona le diria a Ororo lo que habia hecho, y la otra me haria fregar los suelos con un cepillo enano por bocazas. Baje la mirada torciendo el morro, pero no por arrepentirme de lo hecho, sino porque mantener la mirada a esa mujer no era lo mejor que podia hacer, y además daba miedo. Si Hanadak aún fuera mi amo y se enteraria de esto, me hubiera soltado tal hostia que me zumbarian los oidos un mes. Ahora me alegraba de que aquel idiota perdiera el dinero en sus juergas, y tuviera que venderme para equilibrar sus cuentas.

Entonces Olayinka me respondio con otra pregunta, por lo que la mire frunciendo el ceño - Soy esclavo, solo entiendo de ordinariez mi señora - me quede completamente serio, pensando que no sabia siquiera diferenciar una silla normal, de una que valia quizás cien monedas de plata, o mas. Que ciertamente, me parecia una exageración, porque el suelo y un cojín es mucho mas comodo. Incluso un montón de paja. Lo dicho, soy un ordinario y a mucha honra.

Trás darle el primer objeto, la dragona parecia encantada con ello. De hecho empezó a caminar y tuve que ir trás ella, porque aún tenia que darle el resto de cosas, y la maldita invitación. Ademas, no es que ella fuera corriendo, pero yo si que debia acelerar el paso con zancadas largas y rápidas. Aquello me recordaba a los asquerosos gatos cuando me seguian para que les diera los restos del pescado, que habia sobrado de la comida, siendo yo uno de los mininos ironicamente. Al escuchar que nos dirigiamos a una salita llamada "salita de las velas", trague saliva algo preocupado. La vez que me emborrache, o mas bien la única, Kenneth dijo que yo habia hecho que el fuego de la hoguera flotase por el techo de la cueva, y no recordaba si quiera como habia sido aquello. Claro que ni siquiera sabia como use el resto de elementales, salvo el aire. Me preocupaba estar encerrado en una sala llena de velas, con una dragona que pudiera acusarme de traición.

Poco a poco fui subiendo junto a Olayinka, llendo por pasillos oscuros y largos, sin llegar a cruzarnos con nadie, pero llegar a sentir que habia alguien cerca. Era una sensación extraña. Finalmente llegamos a cruzar una puerta y trás ella se encontraba la famosa salita de las velas. Mire asombrado la cantidad de velas prendidas, pero tambien aquella decoración extravagante digna de un dragón aristocrata Isauri. No habia visto muchos hogares de dragones asi cuando vivia alli, pero si sus cocinas y desde ellas dislumbraba que eran palacios completamente distintos a los de Talos, mucho mas frios y grises.

Cuando escuche la orden para que me sentará, mire a la dragona con los ojos entrecerrados un segundo, pero dejando la bolsa a un lado tome asiento cruzando mis piernas sobre uno de los cojines - ¿Infusión? Gracias mi señora - asenti una vez, llevando mis dedos indice y corazón derechos a mis labios de forma involuntaria. Estaban secos, asi que saque mi lengua para mojarlos. Aparte de que tenia sed, me habia puesto nervioso con el tema del fuego, y ahora volvia a recordarlo viendo las llamas a mi alrededor, sintiendo algo de calor.
Escuche la voz de Olayinka, por lo que decidi prestar atención a otras cosas y no desmadrarme. Fue entonces cuando saque el sobre del bolsillo de mi camisa, dejandola en la mesa, para despues sacar de la bolsa una caja de música, y una bolsa de terciopelo azul, donde habia dentro un espejo y un cepillo de plata. Después de dejarlo todo sobre la mesa, señale el sobre - Mi ama Ororo la invita a su próxima fiesta, donde estarán invitados otros dragones de la aristocracia, armada, inquisición y burguesia, además de humanos relevantes para la sociedad del imperio - hable con convicción, notando como unas llamas bailaron cuando las mire fijamente, por lo que pase a mirar la caja de música - Mi ama querria saber si esta caja músical es tan única como parece, ya que pago un alto precio - señale entonces el espejo y el cepillo - Realmente no tengo mucha idea de ello. Solo sé que pertenecio a "Ciard"... no, emmm, "Ceargul".... ummmm - frunci el ceño molesto, ya que aquel nombre draconico no me salia bien ni de broma. Zcÿarht habia sido una dragona que llegó a ser una aristocrata que habia sido una gran guerrera y ejemplo para los suyos. Pero perdio la cordura en algún momento, por lo que su suicidio no pillo de sorpresa a nadie. Ororo habia conseguido hacerse con algunos de sus bienes personales trás haber negociado con sus herederos.




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