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Mensaje por Aisha el Jue Abr 11 2019, 05:10

Cuatro lunas. En cuatro lunas debía cantar para aquel dragón del garfio con quién había tenido un peculiar encuentro en el bosque, a quién no había visto desde entonces y solo debía esperar a que la promesa hecha por ambos de encontrarse después del tiempo ya mencionado anteriormente fuera cumplida por ambos.

Algo que por parte de la pelirroja sería así. Había preparado las cosas dentro del local para su encuentro con el dragón. Apartado una sala donde pidió fuera llevada el arpa que solía tocar en el lugar y acomodó almohadones alrededor para que fuese cómodo estar ahí. Además corrió sus presentaciones abiertas a público para otros días, dejando solo aquella noche para el dragón, sabiendo que la hora de su llegada era incierta y no iba a perder al oportunidad de ganar un buen cliente por problemas de horarios. Vestía de verde para resaltar así su roja cabellera, con un vestido sencillo que no mostraba más de lo que una doncella lo haría, pero a la vez que dejaba ver con fina sutileza las curvas de su cuerpo. Todo era importante, siempre lo era en dichas situaciones.

Una vez tuvo todo preparado se acercó a la entrada del lugar para esperarla llegada del soldado, mientras conversaba de cosas triviales con compañeros del lugar, confiada de que no la dejaría plantada, aún cuando a los ojos ajenos estuviera haciendo una apuesta arriesgada.

La cantante era consciente de que si no llegaba el mencionado dragón iba a perder un día de trabajo y no solo para ella sino que también para la flor azul, algo que no sería del agrado del dueño. Pero confiaba en su juicio para analizar el interés del dragón como del interés mismo que pudo ver en éste, después de todo su encuentro había sido extrañamente emocionante, al punto de que a ella misma le había dejado con ánimos de volver a verlo: por la información y su dinero, prefería pensar ella; pero había algo más, una curiosidad y comodidad al conversar con él que, aunque la pelirroja no lo quisiera admitir, lo sentía.

No tuvo que esperar mucho tiempo para que una chica con algo de emoción se asomara desde la entrada informando a Aisha de la llegada del dragón. Era alguien conocido por el lugar después de todo y por más cuidado que hubiera tenido de no informar por todo el lugar que tendría una presentación privada con alguien que solía ir en busca de otros servicios al local, las cosas se supieron igualmente., captando así la curiosidad de algunos. Fue entonces con calma hasta el umbral de la entrada para darle la bienvenida ella misma al dragón, sonriendo dulcemente como de costumbre - Xeozzys. Un gusto volver a verlo - dijo ampliando la sonrisa mientras hacía una pequeña reverencia con la cabeza a modo de saludo - espero haya venido con ánimos de un poco de música - agregó animada para seguido entrar al local junto al dragón atreviéndose a tomarlo del brazo para caminar juntos hasta la habitación donde tenía todo preparado - no lo vi por el lugar después de que aquella vez en el bosque, parece que fueron días ocupados - dijo mientras llegaban a la sala.




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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 13 2019, 19:59

Seguramente, estas habían sido las cuatro lunas más largas en la existencia de Xeozzys. Había algo en el recuerdo del bello canto de Aisha que se hacía más intenso con cada día, cada hora, hasta cada minuto que pasaba. Cerraba los ojos y pensaba en esos preciosos ojos azules, perdidos en los suyos; pensaba en su largo cabello pelirrojo, rizado pero suave y sedoso, más de lo que cabría esperar de una humana, teniendo en cuenta la desfavorable vida que llevaba la gran mayoría en Talos. Pensaba en sus labios al abrirse para otorgarle al mundo su voz.

En cuanto llegó a la Flor Azul, fue recibido por una de las cortesanas. Xeozzys esbozó una amplia sonrisa. Conocía el local, a su dueño y a las mujeres que trabajaban allí. Ellas también lo conocían a él, y más de un cliente le tenía manía por diversos motivos: celos, antiguas disputas y rencillas, rumores... Todo esto generaba diversión en el dragón.

También creaba rabia, ira y, en parte, odio. Si por él fuera, aniquilaría a todos los individuos allí presentes con fuego y salvaría a las damas. A las que no tuvieran modo de defenderse. Era un caballero, pero no se creía capaz de infravalorar a una mujer por el simple hecho de ser mujer.

¿A qué has venido, pirata? —preguntó la cortesana que lo había recibido. Otras se aproximaron y lo miraron, sonrientes y expectantes. Más de una apartaba parte de su tela del cuello, como si quisieran atraerlo para explorar qué había debajo del apretado vestido.

A jugar, no, por desgracia. No hoy. —Se hizo de hombros y buscó a Aisha con la mirada. ¿Dónde estaba?

Vamos, Xeoz, ¡no seas aburrido! Ven con nosotras y haremos que te lo pases...

Esta segunda chica fue interrumpida por la voz de Aisha. Una sonrisa fugaz se dibujó en el semblante de Xeoz, pero ocultó rápidamente su alegría. Hoy no quería pensar en el alcohol y la buena compañía que brindaban los placeres de la carne, sino en la música. ¿Qué, creíais que un dragón no puede interesarse por el arte? Éste se hallaba embelesado no sólo por la belleza de la pelirroja, sino por las maravillas que era capaz de cantar.

Me alegro de volver a verte a ti también, Aisha —dijo mientras avanzaba por los pasillos. Las cortesanas miraban a la pareja fijamente, como si Aisha les hubiera robado algo. Xeozzys suspiró y se secó el sudor—. Te agradezco que me hayas salvado. No es un día para según qué cosas.

Estaba seguro de que Aisha le daría la razón. No habría sido nada cortés perderse en una de las habitaciones con esas cortesanas mientras Aisha lo esperaba, quizá incluso ilusionada. Es posible que eso fuese algo que el dragón estaría dispuesto a hacer de cara al futuro, pero en otras circunstancias. Hacía falta que se le recordara la ira que sentía por quienes mataron a su hermano y a su mujer, y que hubiera vaciado la petaca de ron.

Y, por favor, puedes tutearme. Esto no es una simple formalidad. Estoy aquí para escucharte cantar, niña. Eso hace que seamos en parte amigos, ¿no te parece?

Se rió, sabiendo que no tenía razón. Después de todo, Aisha cantaba y tocaba a nivel profesional. Ganaba su vida con ello y, por ende, lo hacía delante de muchas más personas. Sin embargo, por un momento resultó agradable sentirse especial... o divertido hacerle creer a Aisha que así pensaba.

Dejó que ella pasara delante para poder seguirla al lugar que había preparado. Una vez llegaron a él, Xeozzys se desprendió de su largo abrigo de cuero negro y lo colgó en la perchera. Hacía calor en la habitación; no estaba seguro de si se debía al fuego que refulgía de las velas y de las antorchas, o a la posible noche de pasión que cortesanas y clientes debían haber pasado allí.

Debo reconocer que me alivia saber que no trabajas aquí como una de esas mujeres. No las desprecio, no me confundas. Sé de primera mano que las condiciones de trabajo no son... ideales. En especial cuando entran malos clientes, o clientes agresivos.

O clientes borrachos, pensó. Tragó saliva, pues se refería a sí mismo como ejemplo, pero él jamás le había puesto la mano encima a una mujer sin su consentimiento. No que él recordara.
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Mensaje por Aisha el Lun Mayo 20 2019, 20:05

La pelirroja sonrió divertida al escuchar su agradecimiento mientras caminaban por los pasillos , primero porque dijo que lo había salvado y segundo porque lo agradeció - no hay de qué… no preparé las cosas por nada - dijo mientras lo miraba segura, pues había arriesgado bastante en dejar aquel día para una presentación en privado con quién solo había compartido una vez y no esperaba sufrir las consecuencias en caso de que saliera mal - aunque me pregunto si realmente no quería estar ahí… - agregó entrecerrados los ojos como si sospechara de la pérdida del interés del dragón en ella, dejando salir una pequeña risa después para evidenciar que era una broma.

No era el primer dragón que pedía ser tuteado, pero quizás sí el primero de sus clientes que quería ser visto como un “amigo”, motivo por el cual lo miró con curiosidad - amigos? - una humana amiga de un dragón… era tan poco probable que alguien de su especie sugiriera algo así, como que ella quisiera serlo realmente, pues sabía que sus especie veía a los humanos como inferiores y a la vez ella guardaba resentimiento en su contra… sin embargo Xeozzys no le parecía desagradable, tampoco confiable, pero al menos la idea no le molestaba - podríamos serlo, pero eso significa tener más confidencialidad entre nosotros - agregó levantando ambas cejas - a mi no me molestaría, pero será bueno para un dragón? - comentó dando una pequeña sonrisa pues quería asegurarse de que éste no se molestaría en caso de llegar a conversar más allá de cosas vanas, pues simpático o no seguía siendo un dragón de la armada. Es más, aún cuando le fuera conveniente tal cercanía, tanto para su trabajo en la flor azul como colaboradora de la resistencia,  no era llegar y comentar cosas. Siempre era mejor ir con cuidado, despacio pero seguro.

Ya en la sala Aisha soltó el brazo del dragón para cerrar la puerta mientras escuchaba el.comentario del soldado. Pensó que seguramente la habitación le había traído recuerdos poco agradables, ¿era posible que sintiera algo de remordimiento por ser un cliente más del lugar?, aún cuando se le conociera como a uno de los pocos que no las maltrataba… al final seguía pagando por acostarse con ellas - también es un alivio para mí - comentó mientras caminaba para posicionarse al lado su instrumento - no lo he vivido… pero las escucho y veo después de que sucede - agregó mirándolo a los ojos con cierta seriedad debido a lo horrible que era a veces ver lo mal que quedaban muchas de ellas. Era… despreciable, tanto que si quiera pensarlo hacía que sus ánimos se fueran abajo y reafirmara su pensamiento en contra de todos ellos. Pero no estaba ahí para eso, así que no queriendo darle más vueltas a ese asunto cambió rápidamente su rostro para mostrar una sonrisa - así que hay que disfrutar de estos momentos amenos, alejados de ello - sonrió y se sentó en su silla previamente acomodada para poder interpretar desde ahí su instrumento, acercando el arpa a su cuerpo para hacer sonar unas pocas cuerdas - entonces… te gustan las historias? - preguntó sin dejar de hacer una suave melodía con el arpa, ambientando el lugar son sus notas - los viajeros suelen contar muchas… o las cantan - mencionó apartando un momento la vista del instrumento para mirarlo a él - hablando de sus viajes o de lo que otros dicen haber visto - prosiguió mientras no dejaba de tocar, comenzando a seguir una melodía paralela a los acordes del arpa con su voz - a veces me los topo en tabernas... así que contaré una historia que me llamó la atención - sonrió y guiñó el ojo para aumentar el sonido del arpa que llenaba completamente el espacio de la habitación y comenzó a cantar sobre la historia de un caminante anciano que en su andanza comenzaba a conocer diversos seres mágicos, con los cuales cada vez que los encontraba terminaba rejuveneciendo un poco más y a la vez perdía parte de su humanidad - entonces, qué habrá sucedido con dicho viajero? - comentó muy expresiva luego de hacer un corte en la música al terminar la canción sin que tuviera una conclusión - algunos dicen que se transformó en un espíritu del bosque… otros que murió… incluso algunos creen que logró volver nacer… - comentaba sumida en su papel de trovadora volviendo a hacer acordes con su instrumento - nadie lo sabe con certeza… lo único cierto es que nunca más volvió a ser lo que era - concluyó cortando la melodía.

Esas eran las historias que más le agradaban a la pelirroja, aquellas que parecían demasiado mágicas como para ser reales, pero que a la vez podían tener algo de realidad o esconder entre su magia aparentemente inocente algún mensaje de vida… Le pareció que quizás podía ser del agrado del dragón, apostando un poco a lo diferente que parecía ser de otros de su especie, pues sabía a muchos de ellos esos temas mágicos les parecían demasiado falsos… o mejor dicho muy cercanos a los dioses elementales y alejados de la reina. Aunque estaba confiada más que por la historia, por su melodía que envolvía fácilmente el lugar y a todo aquel que se encontrase dentro.




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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 21 2019, 11:05

El dragón se rio, divertido por la acusación de Aisha, incluso después de que la joven dejara claro con una risa que sólo bromeaba. Xeozzys era un caballero, y jamás dejaría a una mujer colgada de tal modo. Sabía bien que no sólo sería descortés, sino también humillante. Los placeres de la carne iban y volvían en la vida de Xeozzys. Podría obtenerlos en cualquier otro momento. Ahora mismo deseaba tener ojos sólo para la cantante.

Claro que tiene razón, pensó el dragón mientras suspiraba. La amistad entre un reptil alado y una humana no estaba permitida. Aquellos que no buscaran matarlo por traición se mofarían de él. Sólo les estaba permitido el trato burlesco y superior. Por ejemplo, la violación no era un crimen. Pensar en un acto tan vil y grotesco hacía que Xeozzys sintiera náuseas. Podía matar a un millón de humanos, pero sería incapaz de sobrepasarse con una mujer.

Siempre he sido un rebelde —contestó, sin embargo, buscando dar por finiquitado este tema, pues sabía que no podría disuadir a Aisha dado que llevaba razón, y también sabía que no encontraría una respuesta para despreocuparse.

Asintió mientras se acomodaba en la sala. Bien sabía que no maltratar a las cortesanas no lo hacía un héroe, y tampoco deseaba serlo. Pagar por ellas contribuía a que siguieran siendo maltratadas, pero Xeozzys siempre había considerado tener sus necesidades y siempre las había saciado. Muchas de las mujeres con las que compartía lecho eran damas de espíritu libre como el suyo; muchas. Pero en ocasiones pagaba por otras.

No deberías ver todo eso —opinó mientras se hacía de hombros. Aisha no parecía mala persona y, según la lógica del dragón, no merecía ver según qué salvajadas. Evidentemente no pretendía infravalorar a la muchacha, pues parecía fuerte y segura de sí misma.

Aisha se sentó en una silla y acercó el harpa a su cuerpo. Xeozzys, por su parte, tomó sitio en el filo de la cama, manteniendo su espalda recta y las manos — bueno, la mano y el garfio — sobre las piernas. Después asintió para responder a la pregunta de la joven. Él también tenía muchas batallitas que compartir, pero estaba seguro de que la gran mayoría aburrirían o deprimirían a Aisha. Por ello prefería dejarla hablar y cantar a ella.

Era fácil identificarse a sí mismo con el personaje de la historia. Durante mucho tiempo, el dragón se había negado a reconocer que envejecía tal y como lo hacían los humanos. Le era difícil asimilar que moriría algún día. Había abrazado a la muerte en más de una ocasión, y siempre se había dado cuenta de lo poco que deseaba partir al otro lado, si es que lo había en verdad. La venganza y la sed de sangre lo habían mantenido con vida hasta ahora.

No obstante, lo que en verdad embaucó a Xeozzys fue la melodía y la hermosa voz de Aisha, tal y como había sucedido días atrás, cuando la había conocido. Una vez terminó con preguntas que dejaban un final abierto, Xeozzys le dio varias vueltas al asunto. Creía tener su propia teoría de cómo acabó todo.

Es posible que obtuviera la vida eterna, pero que el precio a pagar fuera su cordura. Me han dicho en una infinidad de ocasiones que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, o que la magia siempre se paga a un precio muy alto. Demasiado. —Miró fijamente a los ojos de Aisha y tragó saliva.

No pretendía asustarla con su propia visión del mundo. Los finales que Aisha había propuesto eran por lo general bonitos y pacíficos. Incluso la muerte parecía un destino digno para un hombre que no hacía más que juvenecer con cada criatura mágica que encontraba. Xeozzys no creía en los finales felices. No había vivido uno.

Pero tu historia es bonita. Me gusta, tanto como tu voz y tu maestría con el harpa —dijo, suponiendo que era más difícil reconocer esto de lo que creía. Para muchos dragones, era una vergüenza sentir aprecio por el arte humano, pues ellos mismos eran incapaces de reproducirlo. Xeozzys siempre había sido distinto en muchas cosas.

Agachó la cabeza durante un instante y se sostuvo el garfio con su única mano, repleta de anillos. Su cuerpo estaba repleto de collas, como los colgantes en su cuello o los pendientes en sus orejas. ¿Debía contribuir con una historia propia? ¿Y por qué sentía la necesidad de contar ésa en particular?

Érase una vez… —Sonrió y le guiñó el ojo a Aisha—. Un hombre que creía tenerlo todo: una buena vida al lado de su único ser querido, su hermano. Ambos solían zarpar juntos. Sentían pasión por el mundo marítimo y naval. Contaban con ventajas que pocos seres en este mundo cuentan. Bueno, sólo los más afortunados. Pero aun así preferían disfrutar de lo bello que era navegar, sentir el inmenso océano bajo sus pies, la brisa marina acariciando sus rostros…

>>Un día como cualquier otro, los dos hermanos arribaron a una isla desconocida. No parecía estar bajo la influencia de ningún ser malévolo. En dicha isla encontraron una cueva y un paisano que les ofreció una hierba especial. Uno de los hermanos tendía a desconfiar de todo, por lo que desaconsejó la consumación de dicha hierba. El otro, sin embargo, pensaba demasiado bien del mundo, y se mostró agradecido con el hombre. Le entregó unas monedas de oro e incluso un lugar en la nave, pero el tipo rechazó lo segundo. Claro está, se marchó con el dinero.

>>Tras la consumación de la hierba, el segundo hermano empezó a encontrarse mal. Sufría mareos y náuseas, y la mayoría de las veces que tosía, sangraba. El menor cuidó de él durante veinticinco horas, hasta que un grupo de bandidos regresó con el samaritano. Pudo salvarse el cuello a sí mismo, pero no pudo hacer nada para proteger a su hermano.

Guardó silencio, tragando saliva y rascándose el cuello. Era una historia triste, lo sabía, y no pretendía entristecer a Aisha de más. Se acercó a ella y se arrodilló enfrente, sonriendo por lo bajo y apoyando su mano en el harpa.

Pero no todo es dramático. Los días que ese hombre vivió con su hermano fueron los más felices de su vida. La vida marítima había sido tan mágica como cualquier objeto que haga que un viejo rejuvenezca. Además, años más tarde, encontró amor.

Sintió un pinchazo en el pecho, y se vio obligado a apartar sus ojos de Aisha. Suspirando, se puso en pie y se hizo de hombros.

Ésa es una historia para otro día.
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Mensaje por Aisha el Miér Mayo 22 2019, 02:18

Ladeó una sonrisa siendo esta la única respuesta que le daría al dragón. Un rebelde, podía significar que una amistad no era un problema para él, aunque también significaba estar conciente de lo “indebido” de quera dicha relación. Al menos era un buen comienzo, podían estrechar lazos fuera de los oídos y las miradas de los demás.

No debería suceder
. Esa era la realidad en la que estaba convencida, simplemente tales actos no deberían ser vistos porque no deberían ocurrir. Pero pensar en un mundo sin abusos era algo utópico, pues sin importar la especie el mal sucedían igual, pero al menos confiaba en que las cosas podrían ir mejor y al menos no considerarse dichos abusos como algo legal.

Luego de cantar y concluir la historia se quedó atenta escuchando la teoría del dragón, la cual le pareció un final más realista que los que ella mencionó - es muy posible… es más aún cuerdo vivir por siempre supone ser algo terrible - comentó apoyando su cabeza en el arpa sin soltar la mirada de la del dragón.

Sonrió cuando el dragón mencionó gustarle la historia y su voz. Siempre era grato escucharlo - gracias, me alegro que sea de tu gusto - comentó sin quitar la sonrisa. Cuando el dragón comenzó a contar una historia la pelirroja le devolvió el guiño acomodándose aún mejor en su instrumento para poder prestar atención. A ella le gustaba mucho escuchar historias, reales o no, siempre llamaban su atención así que estaba feliz de poder escuchar esta vez y no ser solo ella quién daba los relatos.

Observaba la expresión del soldado mientras avanzaba en su historia, era triste y podía suponer que trataba de él o de alguien cercano, pues se notaba en su semblante parte del dolor que aún sentía con ello. Miró el suelo un momento, algo pensativa, antes de que Xeozzys se posicionara más cerca de ella. Sentía lástima por él, pero no quería hacerlo. Ella estaba dispuesta a colaborar para matar dragones, era lo que quería, pues los detestaba… sin embargo sabía de excepciones y esa excepciones también tenían familia que quizás no eran como ellos o bien morían quienes no debían… el tema causaba conflicto en su interior, quizás debía dejar su odio de lado para poder entender a otros, pero aún se negaba a ello.

Levantó la vista cuando el dragón se acercó y mencionó no ser solo una historia triste, dejando como importante el buen tiempo vivido con el hermano muerto y no la desgracia final. Ella sabía de eso, así había intentado sentirse respecto a su madre y tío, aunque habían rencores que no lograba superar aún y creía que quizás pasaba igual con el dragón. Sonrió levemente al escuchar que la historia de amor sería para otra ocasión, seguramente esa tampoco había terminado bien. Por un momento entendió que trataba con alguien demasiado dañado por la vida, quizás había vivido con pasión las cosas buenas y por eso cuando estas se fueron le llegaron a doler aún más... - si… deberíamos quedarnos con los buenos recuerdos al final - comentó alzando la vista hacia el dragón que ya se había puesto en pie.

- Contaré una historia más - dijo entonces enderezando su espalda nuevamente para apenas tocar suavemente una melodía de fondo, aunque no cantaría esta vez, pues si él se había atrevido acontar una historia apropia respondería con una de ella también - era una mujer pobre, prostituta de poco renombre que vivía sin un norte. Un día quedó embarazada del único hombre que alguna vez amó, un viajero que nunca más apreció. Sin embargo, contrario a lo que los demás podían decir ella estaba feliz, feliz de saber que podría recordarlo por siempre y de tener a alguien más que la pudiese acompañar en su soledad. Poco a poco la mujer comenzó a tener un motivo por el cual esforzarse, con una niña ya no se trataba solo de ella, entonces quiso trabajar y mejorar para encontrarle una mejor vida a su hija. Así terminó pidiéndole a su hermano que le enseñase de música a su niña mientras ella trabajaba, pequeña que con el tiempo crecía cada vez más instruida en cosas que su madre no entendía, pero sabía podrían darle un mejor futuro - hizo un pequeña pausa en la música - pero lo bueno no podía durar demasiado - comentó antes de volver a tocar las cuerdas - después de unos años, cuando su hija ya había comenzado a ganar su propio dinero alejada de las sábanas de alguien más, un dragón acusó a la mujer de traición, era real?, por supuesto que no, pero la palabra de una prostituta no importaba y condenada a muerte terminó.

- El día de la ejecución la gente la miraba con dolor, pero la sorpresa los inundaba al notar la paz que su rostro expresaba. Quizás murió joven y de manera injusta, con cierta tristeza por no saber qué más sucedería con su hija, pero ese mismo sentimiento era el que le decía que al final había logrado re encantarse de la vida y al menos tenía la seguridad de que en esos últimos años había conseguido brindarle un futuro diferente a su hija - dijo con un toque nostálgico, pero sonriendo - no he sido madre y no espero serlo... - comentó tras una pausa - pero imagino esa fue su mayor tranquilidad antes de morir, saber que al final tuvo por qué vivir y que durante ese tiempo lo hizo bien - sonrió levemente mirando al dragón.

Su madre siempre iba a ser una inspiración en su vida además de que le estaba agradecida por todo el esfuerzo y sacrificio que hizo por ella. Por eso su mejor manera de devolverle el amor regalado era vivir de la mejor forma que podía.




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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 22 2019, 10:24

Estaba siendo un hipócrita, y lo sabía. Durante todos estos siglos, Xeozzys no había buscado más que la venganza. Cuando había conocido a su mujer, que en paz descanse, sí que había pensado de este modo: recordar los buenos momentos vividos con su hermano, y no la tragedia que había ocurrido al final del viaje. Ella le había enseñado a refrenar su ira. Pero cuando Xeozzys la había perdido también, había vuelto a sumirse en la oscuridad y en el dolor, y las consecuencias eran evidentes hoy día. Era peor dragón, peor hombre de lo que Aisha podía imaginar. Mantenía ciertas pautas de comportamiento, ciertos valores y principios, sí, pero también había dejado de lado muchos otros. Se había convertido en un vil y sangriento carnicero, cuyo único placer era el sufrimiento de quienes consideraba culpables — juicio que podía variar dependiendo de su estado de ánimo o de la cantidad de alcohol que hubiera ingerido ese día — y la compañía de mujeres.

Aún observándola desde arriba, el dragón no pudo evitar sentirse inferior a Aisha cuando ésta concordó con su observación: lo mejor era quedarse con los buenos recuerdos. Ella lo sabía bien, y seguramente había tenido que vivirlo en sus propias carnes. Xeozzys se sintió como un crío inmaduro que pataleaba porque se le había roto su juguete preferido, en lugar de como un hombre que podía superar el dolor de haberlo perdido todo…

Fue incapaz de moverse de donde estaba. Se mantuvo en pie, con los brazos decaídos y la espalda recta. Sus ojos azules estuvieron posados sobre los de Aisha en todo momento, y su sentido del oído se mantuvo tan despierto como nunca. Estaba acostumbrado a mantenerlo afilado en escaramuzas en bosques o tierras peligrosas, hostiles, pero ahora lo hacía para poder percibir cualquier mínimo rasgo de dolor en el semblante y la voz de Aisha. ¿Complementaría la historia de Xeozzys con la suya propia?

Comprendió que se trataba de su madre. El semblante del dragón se ablandó a medida que la historia avanzaba, pues intuía el trágico final. Éste era pues el modo en el que Aisha había aprendido a tocar el harpa y a cantar, y estaba seguro de conocer los motivos de su progenitora para querer enseñarle tales dones: vivir. Muchos, por desgracia, vienen al mundo para trabajar y no viven. Todos debemos aportar algo, eso es cierto, pero tampoco debemos olvidar que somos seres vivos, humanos, dragones o híbridos.

Ejecutada. Una muerte vil y traicionera, pues la acusación había sido evidentemente falsa. Aisha estaba contando todo esto para sincerarse, para desahogarse tanto como Xeozzys lo había necesitado, y por ende sabía que no necesitaba mentir ni embellecer su relato. Hacerlo no ayudaría en nada. Él lo sabía por experiencia propia.

Una vez Aisha hubo terminado su relato, el corazón de Xeozzys vibró intensamente. En ese preciso instante, el dragón se percató de algo. Quizá no lo reconocería en voz alta, pero Aisha era la primera mujer que le hacía sentir algo así en mucho tiempo. En siglos, quizá. Eso era más que suficiente para que tomase una determinación.

Espero que la madre de esa niña esté en un lugar mejor —dijo con mayor sinceridad de la que esperaba, pues él no creía en un “más allá”—, y también te garantizo que yo mismo haré lo que pueda para que su hija viva de tal forma. Para que esté a salvo, al menos.

Él no solía inmiscuirse en los asuntos de los demás, y tampoco solía prometer protección a otros. Por fortuna, la palabra de este pirata tenía cierto valor.

Sus ojos se encontraron con los de Aisha. Xeozzys elevó la única mano que tenía, rozando la piel del brazo de la pelirroja para finalmente deslizar la yema de sus dedos sobre la mano de Aisha que aún se hallaba reposada en el harpa. El dragón entreabrió los labios, buscando decir algo más, pero se vio incapaz de hacerlo. Procedió a arrodillarse nuevamente, sin importarle que su abrigo de cuero negro se empolvara. Tiró ligeramente de la mano de Aisha, sin intención de asustarla, y sonrió.

Hay algo en ti que te hace distinta a todo y a todos los demás. He vivido, sí, pero lo he hecho de mala manera. Me he entregado a crímenes que no alcanzas a imaginar, y a deseos dignos del más despreciable de los seres vivos en Talos y en el planeta. Tú, en cambio… No anhelas la venganza. No deseas el mal ajeno. ¿Por qué? ¿Cómo es posible?

Sin percatarse de lo que hacía, había empezado a tirar de Aisha para que se levantara. Deseaba tenerla a su altura. Una vez hubo logrado que se pusiera en pie, el pirata apoyó su mano y el soporte del garfio en sus caderas, con cuidado de no herirla, alejando el filo del arma lo suficiente de su piel. Sus ojos se hallaban posados sobre los de ella. Lenta pero certeramente, entrelazó los dedos de su mano con los de Aisha, y empleó el garfio en su cintura para adoptar la pose de un baile. A pesar de que no había música de fondo, sino los hórridos sonidos que todo burdel ofrece a sus clientes, Xeozzys simuló un baile mientras hablaba.

El hombre de mi historia llevó una vida difícil. Se entregó al odio y a la ira, a los burdeles y a la sangre. Jamás golpeó a una mujer, jamás se ensañó con una víctima… pero tuvo, tiene que vivir sus días con la sangre de otros en sus manos. Gente que lo merecía… y gente que no. Y, hoy, teme estar dispuesto a quemar todo Talos si con ello obtiene una mínima satisfacción. —Tragó saliva y miró fijamente a Aisha—. Ahora teme que exista una excepción en su vida, una a la que no vendería… y por ello se ha convertido en un trovador.

Entonces, se rio, e hizo que Aisha diera una vuelta sobre sí misma. La sostuvo con fuerza, cerca de sí, para evitar que cayera. La tenía tan próxima… y cada centímetro que desaparecía entre ambos permitía que se perdiera todavía más en su belleza.
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Mensaje por Aisha el Jue Mayo 23 2019, 07:43

- Yo también - comentó dejando mostrar parte de la  nostalgia que le causaba pensar en ella mientras volvía a apoyar su cabeza en el arpa - quizás sea mucha responsabilidad - comentó con una pequeña sonrisa, era una humana al final, así que advertía lo complejo de al situación...o quizás le estaba advirtiendo que no todo era tan maravilloso como parecía creer?, sutiles verdades que no esperaba fueran comprendidas, pero en parte aplacaban su conciencia que mientras más avanzaba la conversación parecía generale mayor ruido en la cabeza.

Quizás ya no tenía que dudar más y comenzar a conversar con él dándose por enterada de que había conseguido esa confianza tan conveniente para continuar cómodamente su trabajo, ambos trabajos. Pero no terminaba de tranquilizarse, aún cuando llevaba tiempo buscando estar bajo el cuidado de un dragón para así poder continuar su doble faceta con más comodidad - no creo que decidir quién merece o no morir sea nuestro trabajo - respondió al dragón luego de que este volviera a arrodillarse mientras sujetaba su mano con cuidado - nadie es perfecto… no es mejor vivir tranquilo buscando el bien que sumergirse en el odio? - agregó dulcemente mientras lo miraba muy convencida de lo que decía. Así al menos lo aparentaba, pues Aisha mentía con tanta facilidad que era casi imposible descubrirla en sus mentiras, pues sabía cómo hacerlas ver como verdad, como si por un instante realmente las creyera. No le importaba decir lo contrario de lo que creía siempre que su objetivo se cumpliera. Por eso en esta ocasión si necesitaba dejarse idealizar, ser vista como alguien que no odiaba y vivía en favor del bien hablaría y se comportaría de esa manera, una mujer perfecta, como sabía no lo era, pues qué cambios lograría sino?.

Se dejó guiar en ese baile improvisado haciendo sonar en su mente alguna melodía que calzara con ello y así poder disfrutarlo aún más. Ya todo le decía que había calado más profundo en él de lo que esperaba. No creyó que eso fuera posible con tan poco tiempo, aún cuando fuera su finalidad. Mientras lo escuchaba comenzó a sentir algo de remordimiento por lo que hacía y solo entonces mientras luchaba en contra de dicho sentimiento comprendió el por qué de su intranquilidad. El soldado parecía querer cambiar, consciente de todo el mal ocasionado y del mal que podría querer ocasionar. ¿Lo malo de todo eso?: ella estaba contribuyendo en ese cambio, en esa consciencia de que el odio no contribuía más que a generar más odio y destruir tanto a quién lo vivía como a sus víctimas. No estaba preparada para aceptar el arrepentimiento de un dragón, las cosas podían ser más sencillas si supiera que él seguiría siendo ese dragón cruel que decía ser, para poder despreciarlo como a los demás; de igual manera no estaba lista para hacerse cargo de ese cambio formado gracias a la idealización de ella misma, de sus consejos cargados de hipocresía y mentiras.

Un trovador … Giró divertida dejándose atrapar por el soldado mientras miraba su rostro - nunca es tarde para cambiar - dijo con más seriedad. No pudo evitar recordar las conversaciones con Valadhiel cuando iba a aprender de sanación. Usaba sus palabras para conversar con él, sin ser capaz de hacer suyas totalmente. Aunque reconocía la sabiduría que había en ellas, siempre podía ser más sencillo mentir u ocultar verdades a quienes no le importaban, pues tarde o temprano perjudicaría al otro y el problema que tenía era que comenzaba a sentir real aprecio por el dragón, lo que complicaba las cosas.

Se quedó un momento quieta abrazada al dragón para suspirar luego y con sutileza separarse de él aumentando así la distancia entre ambos - tener una amiga que canta seguro es un buen comienzo… - dijo media bromista buscando quitar parte de la seriedad del ambiente. Muchos sentimientos encontrados ya llevaba en ese corto tiempo como para querer más.

Se movió entonces en dirección a una pequeña mesa que se encontraba a un costado de la cama, en la cual había una botella con dos copas además de algunos subvenir para comer acompañados del alcohol. No quiso servir, pero si sacó un par de nueces para saborear un momento mientras pensaba en cómo seguir manejando aquella cita - ¿por qué la armada? - preguntó después de tragar, algo pensativa - si me preguntas a mi, entre la armada y la inquisición… si en serio querías destruirlo todo, la segunda era más acorde - sonrió levemente luego de comentar con tanta sinceridad - nunca me escuchaste decir eso - rió levemente, no decía nada que no se supiera, pero sabía muchos inquisidores podían ofenderse con tal comentario por parte de un humano, aún cuando ellos mismos lo reconocieran muchas veces.




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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 27 2019, 11:32

Aisha hacía que sonase fácil. De serlo, Xeozzys se habría entregado a una buena vida tiempo ha, y no habría caído en una vorágine de desprecio y dolor que a día de hoy repercutía no sólo en su vida, sino en la de inocentes. Sí, lo moralmente correcto habría sido vivir tranquilo y no sumergirse en el odio... pero el dragón no se veía lo suficientemente fuerte como para olvidar que el mundo le había arrebatado a las personas que más había amado: su hermano y su esposa.

Después de hacer girar a la mujer, Xeoz arqueó una ceja, mirándola fijamente. No la veía como una humana inocente e inconsciente, sino como una mujer madura que parecía saber más de la vida que él. ¡Qué ironía! Muchos dragones se habrían reído de Aisha en ese preciso instante. Muchos. Xeozzys, sin embargo, trataba de tomarla en serio. Estaba seguro de que era lo que Aisha deseaba y, por un motivo que él desconocía, quería cumplir con dicho deseo.

Siempre he pensado que las únicas personas destinadas a cambiar son las buenas. Un buen hombre o una buena mujer buscará mejorar, siempre. Pero una mala persona es lo que es: mala. No deberías confiar en mí, querida. He defraudado a muchos antes.

¿Qué podía hacerle pensar que Aisha sería distinta? Probablemente nada. Era una chica más; una mortal, ni más ni menos. La vida para un dragón es tan larga que muchos de sus recuerdos se desvanecen con el tiempo. Para desgracia suya, Xeozzys apenas podía recordar el rostro de su hermano y de su amada. Era mas difícil hacerlo con cada día que pasaba. Aisha tenía todas las papeletas para caerle bien, pero si por algún casual lo que crecía entre ambos iba a más y él volvía a perder a alguien que quería...

No. Xeozzys había apagado sus sentimientos mucho tiempo atrás. Desde que su mujer había sido asesinada, se había prometido no volver a quedar prendido de otra persona, ya fuese un amigo o un romance. Ardía por el alcohol, la compañía de mujeres y especialmente por la venganza. A ella le había dedicado su existencia, y no podía olvidarla sin más.

Sí, supongo que tienes razón —dijo finalmente, suponiendo que una amiga era un buen comienzo. La miró con una tierna sonrisa, como si en verdad creyese que Aisha tenía razón. No quería arrebatarle la ilusión, así que simplemente le daría la razón. Quería verla sonreír. De todos modos, estaba seguro de que todo esto no cambiaría nada para Aisha, y mucho menos en ella. Estaban destinados a encontrarse un par de veces más, pero Xeozzys acabaría destrozando esta relación, como todas las demás.

Caminó para posicionarse cerca de la mujer. Se fijó en la botella de vino, y por un momento pensó en estirar la mano y en hacerse con las copas y el vino, pero algo en su interior le imploró que se retuviera. Xeozzys no supo nunca de dónde sacó las fuerzas para hacerlo.

La Inquisición. —El dragón escupió estas dos palabras, pues le creaban cierta repugnancia—. No me oirás tampoco decir esto, pero... Los inquisidores no son santo de mi devoción. He conocido a varios. Me dan igual las guerras de políticos, los sueños de la Reina Madre... La Inquisición me habría otorgado una posición para matar a mi antojo. Es más cruel de lo que tú y yo podemos imaginar. Pero no estaba dispuesto a hacerlo teniendo que abandonar ciertos principios. La armada, por lo menos, me permite cierta... libertad. Soy un soldado más; uno que no destaca más que entre un grupo de compañeros en los que confía y quienes confían en mí.

Calló unos instantes y se sentó al lado de Aisha. Se miró el garfio y arqueó una ceja, suspirando y recordando muchas de las experiencias vividas. La mayoría eran trágicas, pero había alguna que otra que era capaz de generar satisfacción en el dragón.

Con este garfio, me aseguré de que varios asesinos de mi... De un ser querido muriesen. No te he contado cómo me cortaron la mano. —Tragó saliva—. Protegía a otro ser querido, uno que llegó después de mi hermano. Fue la única persona capaz de hacerme olvidar el odio y los deseos de venganza... pero me la arrebataron también. Y, desde entonces, no he podido levantar cabeza. Ingresé a la armada con la intención de mejorar como guerrero, y de poder matar a tantos enemigos en el campo de batalla como los Dioses, en los cuales no creo, me permitieran. Para responder a tu pregunta de forma más clara, mi ambición no acaba aquí, Aisha.

>>Me he mantenido a las sombras durante mucho tiempo, pero no pienso dejar que esto permanezca así mucho más tiempo. Algún día, entraré en auténtica acción. No pretendo que las futuras generaciones conozcan mi nombre, pero sí que anhelo hacerle daño al mundo. Tanto como pueda. Me llevaré por medio a muchas más personas de las que me he llevado hasta ahora. Y, por un motivo que desconozco, espero que tú... no formes parte de esas personas.

Frunciendo el ceño, Xeozzys acercó su única mano a la de Aisha. Acarició su piel con la yema de los dedos. De inmediato se sintió invasivo, muy superior a lo que en verdad era. Agachó la cabeza y suspiró, mirando su garfio y esgrimándolo con su mano repleta de anillos. Lo desencajó del soporte que cubría la piel seca de su brazo manco, y lo alzó para que la luz de las antorchas lo acariciara.

No me separo nunca de él, ni siquiera cuando voy a dormir. Me asusta hacerlo. Temo que, si lo pierdo, olvide quién soy. Ha sabido reemplazar mi mano. —Nadie más se la había prestado...
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Mensaje por Aisha el Miér Jun 05 2019, 05:32

Suspiró tras la respuesta del dragón como si lamentara lo dicho, viéndose así realmente interesada en poder notar un cambio en su persona. Sin embargo la verdad de las cosas es que en su interior esperaba “ser defraudada”, pues como se había mencionado anteriormente le era mucho más sencillo traicionar a quienes odiaba y creía merecían hundirse junto a la reina debido a sus malas acciones. Pero estaba ahí para seguir un papel, decir lo que probablemente quería oír el soldado y así acercarse más a las verdades que necesitaba para traicionar a los de su especie. Así que seguiría siendo una chica benevolente, más de lo que realmente era, solo para él, solo para que pudiera tenerlo cerca y en buenas relaciones, sin intenciones de lograr un cambio real, de todas formas, ¿qué podría hacer ella?, nada, solo era una humana... aquello tranquilizaba un poco sus dudas y conflictos al respecto, para poder centrarse solo en el trabajo.

- Me alegra saber que al menos no estás de acuerdo con ellos - dijo tras la respuesta que le dio el dragón respecto a su pregunta. Una respuesta sincera por lo demás, pues concordaba en que la inquisición estaba mucho más perdida que la armada, es más sabía que no todos en la armada seguían a la reina y que incluso algunos realmente velaban por el bien de los demás… aunque ese no era el caso de Xeozzys, algo que él mismo se encargaba de dejar en claro.

Su historia captó toda su atención, preguntándose si aquel ser querido podría ser el amor, que según mencionó al final de su historia, pudo encontrar después de la muerte de su hermano. Era lo más probable. Mientras hablaba pudo comenzar a comprender el motivo de la oscuridad que parecía guardar en su interior el dragón. Estaba hundido bien en lo profundo, cegado por el dolor y la venganza, una amargura que era incapaz de superar y que claramente no cambiaría al asesinar indiscriminadamente a más personas - ya no suenas muy diferente de un inquisidor - comentó pensativa, sin mirarlo a él. Sus motivaciones estaban erradas y seguramente hacía con su vida todo lo que aquellos seres que tanto amaba habrían querido evitar en él. Algo en su interior quería ayudarlo, aún cuando detestara a quienes destruían las vidas de otros.

Dejó que tocara su mano, un tanto curiosa por la cercanía que solía mostrar el dragón hacia ella. Creía que quizás solo era parte de lo que estaba acostumbrado, después de todo era alguien que pagaba por yacer con mujeres, quizás eso también era parte de las acciones adquiridas por él tras la pérdida, la búsqueda del calor de alguien más sin compromiso sentimental. Mientras más lo pensaba parecía aún peor su situación.

Miró el garfio del dragón. Suponía que más que una mano era un arma, el arma que le había ayudado a matar y le ayudaría a seguir haciéndolo. Le causaba algo de recelo aquella extensión de su mano - no creo que puedas olvidar algo así - comentó sin quitar su vista del garfio - pero supongo que los objetos no nos dañan… - comentó volviendo su vista al dragón, buscando su mirada - no pueden traicionarnos - comentó aclarando el comentario, pues las armas existían para dañar, sin embargo no se refería a ello, más bien se refería a temas cercanos al corazón, daños silenciosos que destruían más a los vivos que una herida física.

- Pero soy joven y no creo haber vivido nada en comparación a ti, así que probablemente hablo de más - agregó tras un suspiro - pero quizás es porque mis días en este mundo son pocos que busco la mejor manera de vivirlos - agregó volviendo su vista al frente - y creo que aún si creyera no merecer el sol y su luz, al menos podría ayudar a que otros no lo dejaran de tener… - no estaba segura de que estuviera bien hablar con tanta soltura cosas que realmente creía, pero creía que las circunstancias estaban para ello y parte de su ser quería dar a conocer otro punto de vista, con algo más de esperanza - me gusta pensar que hago las cosas de la mejor manera, eso era lo que esperaban de mi mis queridos al final… y pienso que si no lo cumplo contribuyo a que su memoria pierda el sentido - miró fijamente al dragón - mi madre no se esforzó en vano mientras yo siga viviendo como lo hago ahora - sonrió con dulzura - no crees? -.




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Mensaje por Invitado el Miér Jun 05 2019, 16:59

El dragón resopló, casi escupió, cuando Aisha lo comparó con un inquisidor. En parte, deseó sentirse ofendido por sus palabras. Debería haberlo hecho. Pero sabía perfectamente que sería hipócrita por su parte. No había luchado por diferenciarse de lo que hacían los inquisidores. Sus motivaciones no eran las mismas, pero quizá sí que lo eran sus métodos.

En todos estos años, Aisha era una de las pocas personas, sino la única, en tener el coraje de decirle algo así a la cara, sin temor y con claridad. Xeozzys se preguntó si ella misma se sentía ofendida por todo lo que le contaba. Es posible que Aisha hubiese depositado en él una serie de expectativas que él ahora defraudaba…

Con amargura, Xeozzys rio y asintió. Los objetos no pueden traicionarnos, salvo cuando son utilizados por la persona equivocada; e incluso así, no es el objeto en sí el que nos traiciona. Por ese motivo el dragón había decidido adoptar el garfio como su único soporte sentimental y emocional. Posiblemente, era lo único en el mundo por lo que sentía verdadero afecto. No quería perderlo por nada del mundo.

Como puedes ver, todo va más allá de un simple símbolo de venganza y dolor. Ese garfio era la nueva extensión del brazo del dragón, pues le había servido de ayuda cuando nadie más se la había ofrecido. Con él, había conseguido mucho. Antes de él, lo había perdido todo.

Eres joven, pero no eres estúpida —respondió con una ceja arqueada, como si fuese lo suficientemente sabio como para juzgar a Aisha.

Algo en su interior latió con fuerza, de forma dolorosa incluso, al pensar en los días de los que Aisha hablaba. Para un dragón, la vida de un hombre no deja de ser sino el parpadeo de un ojo. Conocía un bello poema que se refería a ello…

Antes de responder a las palabras de Aisha, Xeozzys la miró y recitó:

Las flores nacen y se marchitan; las estrellas brillan y se apagan. La Tierra, el Sol, la Vía Láctea e incluso algo tan basto como el universo… Al final todo llega a su fin. Comparado con eso, la vida de un hombre no deja de ser sino el parpadeo de un ojo; y durante ese breve instante, un hombre nace, ríe, llora, lucha, sufre, se regocija, se apena, odia… y ama a los que le rodean. Y entonces cae en ese reposo eterno al que llamamos “muerte”.

>>Pero eso no significa nada. No tiene por qué significarlo. Aunque vuestra vida sea más corta, eso no significa que vuestras experiencias sean menos intensas. No siento estar frente a una cría, Aisha. Creo que eres una mujer, y que sabes mucho de la vida.

Sólo entonces se dispuso a asentir a las palabras que Aisha dijo.

Vives bien. Tu madre debía saber que lo harías. Quería que fuese así. Y, como te he dicho, es mi deseo ayudarte a seguir así. No te infravaloro, Aisha… pero no desearía ver cómo alguien te lo arrebata todo. Estaré ahí siempre que me necesites, para ayudarte y defenderte. De todos modos, ¿qué tengo que perder? —Rio con cierta amargura y tomó la mano de Aisha en la suya. Luego, la miró a los ojos—. Es un tanto… contradictorio. No tengo prisa por morir. En verdad, no quiero morir. Me gusta vivir, y disfruto con lo que hago. Ése es mi problema: disfruto siendo un mal hombre. El mundo me premia con longevidad elevada, como al resto de dragones… y solemos ser nosotros quienes provocan el caos. Los humanos han cometido grandes errores también, pero jamás tantos como nosotros. Tú, en cambio… Eres distinta. Eres buena.

Frunció el ceño, y acarició la mano de Aisha con su dedo pulgar. Tiró un poco de ella para que se acercara. Quería mirarla más de cerca.

Eres una buena mujer, charlando con un monstruo. Envidio tu forma de vivir, Aisha. He tratado de hacerlo en una infinidad de ocasiones… pero jamás he podido. La única vez que encontré la felicidad me fue arrebatada, y no he podido levantar cabeza desde entonces. No deseo ganarme tu desprecio, pero tampoco quiero ocultarte quién soy. Intentar cambiarme sería una misión suicida. Yo mismo me asusto al no saber de qué soy capaz. Tal vez lo mejor sería que simplemente te desentiendas de mí. Debería hacerlo yo mismo por tu propio bien, pero…

Tragó saliva, frunciendo ligera y nuevamente el ceño. Miró fijamente a los ojos de Aisha, aquellos preciosos ojos que lo habían embaucado desde un primer momento. ¿Había mortal más bello que esa mujer?

Algo me lo impidedijo.
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Mensaje por Aisha el Vie Jun 07 2019, 23:20

Agradeció con una sonrisa divertida el comentario del dragón. Ciertamente no era estúpida y siempre era grato recibir ese tipo de cumplidos, pues solía oír aquellos que hablan de su belleza,  pero no tantos referentes a su manera de pensar y llevar las cosas. Algo que a su parecer era muco más importante que una cara bonita, después de todo la belleza era pasajera y si bien su éxito no sería el mismo sin ella, no era tan importante como su capacidad para salir de los problemas y adecuar las cosas a su favor. Eso era lo que al final la había llevado hasta donde estaba.

Comprendía perfectamente las palabras de aquel poema, ella misma lo consideraba así, incluso se atrevía  a pensar que vivir menos le hacía disfrutar a un más las cosas y aprender con mayor velocidad. Aún así no podía pretender saber mucho tampoco, solo un tonto creería ser total dueño de la verdad, además de ser consciente de que no todos los dragones aceptarían que una humana respondiera con tanta confianza. Por eso le parecía interesante la manera en que el dragón la planteaba a ella misma frente suyo, casi como una igual, captando así el interés de la pelirroja en la manera de pensar que tenía el soldado.

Sonrió al escuchar que la cuidaría, no le molestaba que alguien quisiera hacerlo, si bien podía sola también era consciente de que con la protección de un dragón estaría aún más segura, después de todo, le gustase o no el mundo estaba bajo las reglas de dichos seres alados y aún con la ayuda de uno no tenía asegurado nada.

Dejó que tomase su mano sin oposición y lo escuchó sin quitar su mirada de la de él. Quizás no eran tan diferentes al fin y al cabo. Concordaban en que cualquier raza por igual eran detestables y en que el soldado tenía un problema para manejar su forma de vivir, pero no estaba segura de que lo disfrutara tanto como él decía, le parecía más bien que solo era la forma en que había decidido vivir y se aferraba a esa idea como si no mereciera algo más, como si tuviera miedo de vivir algo mejor.

El dragón tenía una mirada fuerte, cautivarte, se mentiría a sí misma si negara sentirse interesada… pero quizás aceptar la verdad era demasiado para ella todavía, así que lo ignoraba intentando centrarse en sus metas. Le alegraba saber que aún con el temor de hacer daño no quisiera alejarse, lo que no era más que la evidencia de que el soldado se estaba encaprichado con la cantante, conveniente para ella  aún cuando sintiera la pequeña alerta de que quizás se estaban escapando ciertas cosas de las manos - dices que no me ves como a una cría y que seguramente sé mucho de la vida - comenzó a decir sin quitar sus ojos de los de él - entonces deja que eso lo decida yo - agregó sonriendo torcido posando su otra mano sobre la de él - sabré cuando alejarme, si es que debo hacerlo - apretó suavemente la mano llena de anillos que tenía el dragón y la dejó un momento ahí.

Antes de poder decir algo más la puerta sonó dos veces, entendiendo que el tiempo de su encuentro se había acabado - todo por hoy - comentó volviendo la vista hasta sus manos para separarlas de la del dragón con lentitud, evidenciando en su rostro que lamentaba que el tiempo pasara tan rápido. Aquel gesto se encontraba en el borde entre la mentira y la verdad, quizás no alcanzaba a ser cierto todo el aprecio y nobleza que mostraba al dragón, pero le agradaba su compañía y en cierta medida parte de ella quería ayudarlo a salir de ese agujero oscuro en el que se encontraba, por lo que si creía que el tiempo había pasado demasiado rápido - suelo decir esto, aunque hace mucho que no era en serio: disfruté de tu compañía - dijo luego de ponerse en pie frente al dragón - espero poder verte pronto - guiñó el ojo dulcemente apartándose para que el dragón se pusiera en pie para salir del lugar, ella seguiría en la flor azul teniendo alguna presentación general para luego ir a descansar a su hogar. Quizás el dragón también se quedaría más tiempo, quizás no, eso no lo sabía, tampoco era de su incumbencia, pero esperaba que algo de lo conversado le hubiera quedado dando vueltas y al menos ese día solo se marchara a su hogar y dejara de auto destruirse con vicios que más que vida carecían de ella.




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