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Mensaje por Trystan el Dom Abr 15 2018, 00:16

Blessed Moments || OS || Varios Farm

Que iba a ser un día especial, de eso no me cabía la menor duda. Mi pequeña cumplía un añito redondo. Para no hacer de la cabaña un punto de encuentro (por la obviedad de meter a tantos en una casa en un árbol), Kya sugirió hacerlo en la granja de su familia. E, irónicamente, el lugar donde ella y yo nos conocimos. Se me antojaba que no había mejor sitio que aquel, para celebrar. El motivo principal y mayoritario, era justamente el cumpleaños de Annie. Pero, sin pretenderlo realmente, también supondría que las personas que más apreciaba en mi vida... conocerían a Kya. Las que menos, en realidad, pues Kyrieth, Aldrik y Maeve ya habían tenido tal gusto.

En lo que no pensé justamente, fue en que yo también conocería a la madre de la sanadora. No fui consciente de ello hasta los minutos previos, en los que llegaron a sudarme ligeramente las manos por pura inexperiencia. No había conocido antes a ninguna de las madres de mis parejas. Pero nada salió mal: la mujer fue del todo candorosa y se deshizo en atenciones con la niña, desde el principio. Como había predicho, la mujer se alegró mucho de esa decisión de Kya de hacerla partícipe (y a su hermana Dánae) de su nueva vida a mi lado. Y al de Annie.

Los cuatro ultimamos preparativos durante lo que restaba de mañana, desollando el ciervo y cortándolo en trozos finos y pequeños que pudieran cocinarse a la brasa fácilmente. Las chicas se hicieron cargo, mientras, de diversos dulces y también, comida salada para acompañar la carne. Dánae, por su parte, nos hizo el favor de jugar con Annie, quien la pilló confianza enseguida. De hecho, la pequeña no era de las que se escondían en la timidez por mucho tiempo, si le hacías alguna carantoña o jugabas con ella.

Las horas pasaron rápido, hasta que Thareon me buscó por la red. Ya venían de camino. Con gusto, le di indicaciones, antes de avisar a Kya también, de que los primeros invitados no tardarían en llegar. Así, un rato después, escuché la puerta.
No tardé en acercarme, con la niña en brazos, para abrir, colocando mis sonrisa en los labios, desde el mismo momento en el que reconocí al feo de Derek y sus acompañantes.-. Me alegra que hayáis podido venir. -admití saludando al chatarrero el primero. Si bien, cuando era líder, mi confianza había sufrido un duro revés con su traición, hasta el punto de querer matarlo al llegar a la base de la Revolución y toparme con él, ahora las cosas eran diferentes. Había confianza reconstruida, no al mismo nivel. Habíamos parcheado muchas diferencias, hablado bastantes puntos y conseguido tener una relación bastante más suave y llevadera. Después de todo, habíamos vivido demasiado juntos para tirarlo todo por la borda. Él había sido uno de los pocos que me había ayudado tanto, que no hubiera sido justo por mi parte no volver a acercarme.
- ¿Estás de coña? -pensé que Derek iba a decir una de sus frases que dejaban ver un comentario aplastantemente sincero por su parte. Algo del estilo "no podíamos perdérnoslo" o... - ¡Comida gratis! -él, en su línea. Dudaba mucho que tuviese que pagar por ella en las cuevas, tampoco. Simplemente, reí, en lo que le veía acercarse a la mesa para husmear. Tal vez con un brillo de alivio de que no hubiese cambiado un ápice.
- Sírvete. -ya vendrían tiempos peores, de los que no debíamos preocuparnos en ese momento. Como gesto automático le señalé la mesa, aunque era algo evidente y no tenía pérdida para el ex-resistente, mientras murmuraba que volar le daba un hambre atroz.
- Hola Trystan. -esa voz cavernosa me hizo volver la cabeza para ver al dragón, líder de la Revolución y, también, un buen amigo que me había enseñado mucho autocontrol.
- Thareon. -sonreí en el saludo. Tal vez, terminara pasándome por las cuevas, en unos días, para ver cómo estaban las cosas por la base. No veía aquella tarde como el momento propicio para algo así. Mis azules se pasearon hasta la figura que lo seguía, sin ocultar mi sonrisa-. Erah. -como no podía ser de otra forma, Megerah había acompañado a su pareja y, también, habían traído a Itherskal-. Madre mía, está enorme. -alcé las cejas, comparando la última vez que lo había visto, con el que ahora, con gesto vergonzoso, nos miraba alternativamente.
- Puedo decir lo mismo de ella... -habló la mujer, finalmente. Con el brazo que no sujetaba a su hijo, le dio un toquecito a la niña en la nariz-. Hola pequeña... -sonrió, al tiempo que Ither parecía reconocer a la niña y alargar la mano para saludarla con un pequeño contacto físico-. Trystan, -dijo, habiendo alzado la mirada hacía mí, y después a la sanadora-... Kya. -mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que Erah y la sanadora ya se habían visto.
- ¿Os conocéis? -pregunté, tan sorprendido como curioso.
- Ella y yo ya hemos coincidido alguna vez... -explicó Kya, cuando la busqué con mis azules.
- Por lo visto... vosotros también. -la ceja de Megerah ya estaba alzada cuando regresé a su mirada aguamarina.
Y entonces, una sonrisa algo vergonzosa se me dibujó en el rostro-. Bueno, nosotros... -miré a la que era mi pareja desde hacía unos pocos meses, antes de girar de nuevo mi cabeza a la rubia-. Vivimos juntos ahora. -admití finalmente, constatando muchas cosas que no se mencionaban. Sentí una presión en el pecho, de pura incomodidad y expectación por la reacción de la redimida. Ella mejor que nadie sabía mi historia. Tal vez, esperase una aprobación tácita también, de la persona que mejor podía haberme entendido.
- ¿Eso es cierto? -ahora fue ella la sorprendida. Miró al dragón azul, a Kya y de nuevo, a mí.
- Sí, Megerah.
- Oh -de repente, la sentí algo incómoda, cosa que me hizo notar un nudo en el estómago-. Toda una sorpresa. -terminó por admitir. Aún tardó un par de angustiosos segundos en añadir algo más:-. Me alegro, entonces.
- Erah... -el dragón murmuró alargando las vocales, dándole un pequeño toquecito. Como si supiera exactamente lo que estaba pensando en ese mismo momento.
- ¡Lo digo en serio! -exclamó ella, con la sonrisa en la cara, regalándome una mirada significativa. Fue ahí cuando vi la sinceridad de sus palabras. Realmente, que yo pasara página, podía llegar a calmar esa inquietud silenciosa por ese peculiar lazo que nos unía, afianzado en los últimos meses en la base de la Revolución. Apenas un segundo después, miró a su pareja-. Tú, cállate. -le regañó, en lo que reía con suavidad.

Y así, finalmente pasaron al interior, donde pudieron echar discreta mano de lo preparado. Las conversaciones se dieron de forma diversa, entre mujeres, entre hombres, entremezclados. Supe que ya tenían lista la parte que nos atañía principalmente a Derek y a mí, de los presentes, para hacer incursión en el castillo. La pequeña, por contra, no hizo intento alguno de jugar, sin terminar de reconocer a los presentes, más allá de Kya o yo mismo. Poco tiempo después, volvieron a tocar la puerta, haciéndome repetir el proceso de ir a abrirla sin soltar a Annie. Al abrir, vi a Aldrik, Kyrieth y Maeve. Justo los que faltaban-. Hola, chicos. Qué bueno veros. -saludé.
- Trys.
- ¡No podía perderme esto por nada del mundo! -exclamó Kyr, con un aspaviento de las manos, que hizo reír a la niña.
- Gracias por invitarme, Trys. -murmuró el joven desafiado, al que menos conocía de todos los presentes. No obstante, por muy reservado que él fuera, y lo mucho que yo respetase su forma de ser, habíamos establecido cierta afinidad desde que nos empezásemos a comunicar entre nosotros por la red, para tenernos al corriente.
- A ti, por reservarnos un pequeño hueco en la agenda, Al. - no había terminado de hablar cuando me percaté de esa muñeca que traía el terrorista y ese andador plegable.
- ¿Cómo está mi sobrina más guapa? -Kyr se había adelantado a la niña, antes de que yo pudiera preguntar.
- Pero, ¿qué traéis? -enarqué las cejas.
- ¿Qué va a ser? Unos detallitos de nada... -contestó la arquitecta resistente.
- Gracias. -no dejé que la emoción llegara a embargarme, pero sí fue evidente en mi sonrisa. Kyrieth pareció darse cuenta y quiso dedicarme un significativo medio abrazo, pues Annie aún estaba en mis brazos. Uno fraternal, apoyado en esos cuatro años de relación que habíamos establecido, cuidando el uno del otro, incontables veces.
- Ven, vámonos con el tío Al. -murmuró, al soltarme. Extendió sus manos hacia la niña, sin necesidad de pedirme permiso con la mirada. Mi hija, se dejó caer con toda la ilusión del mundo-. Dejemos hablar a los mayores. -añadió, sonriente, haciéndole señas a Aldrik.
- Ya tienes un año, pequeñaja. -escuché decir al muchacho, según se alejaban.
- Yo no te daré las gracias. Era tu obligación. -se adelantó la líder, sacándome una sonrisa bien amplia
- Yo también me alegro de verte, Eve. -saludé, de esa forma peculiar, que sólo me salía con ella-. ¿Cómo va todo?
- Bueno, ya sabes... como siempre. -Maeve observó a la pequeña absorbiendo la atención de sus "tíos" de lo más contenta. Entonces, volvió su mirada hacia mí, antes de hablar-. Estoy bastante segura de que yo no era adorable. Y tú tampoco, siempre fuiste bastante feo. -bromeó con una sonrisa pícara, como siempre había hecho, para chincharme-. En especial en nuestra época de adolescentes rebeldes que no sólo no saben que hacer de su vida, sino que son demasiado flacuchos, feos y granosos. -soltó una risita de diversión-. ¿Quién hubiera pensado que terminaríamos así? -mi sonrisa se suavizó ligeramente entonces.
- Cuesta creerlo, sí. -murmuré suavemente-. Tú y yo hemos pasado por mucho. -dije, invitándola a pasar finalmente, para cerrar la puerta tras nuestra.
- Te veo muy bien, Trys. -confesó la morena-. No recuerdo haberte visto de tan buen ver y ánimo.
- Puede que ya me toque ser feliz. -bromeé, poco convencido. Después de todo, aún tenía un desafío que superar. Pero mi manera de verlo, desde que estaba con la sanadora, era realmente diferente.
- Te lo has ganado, pelirrojo. -me concedió Maeve-. Aunque seguiré diciendo que eres feo.

Entre risas, tuvimos la ocasión de reírnos de todas desgracias que habían ido a nuestro lado, según pasaban los años en la Resistencia. Qué ingenuo era en esa tarde tan especial, pues no tenía la más remota idea de que sería mi última conversación que tendría con aquella mujer de pelo lacio, con la que había compartido tantísimo tiempo.

La tarde fue avanzando en esa diversidad de compañías que, en conjunto, definía como la mejor. Cada uno de los presentes, de una forma u otra, se había vuelto importantes en mi vida y, consecuentemente, en la de mi pequeña. Un año entero compartido con ella ya. Se me antojaba que había sido ayer la primera vez que la pusieran en mis brazos y esas grandes pupilas claras. Y ahora andaba, jugaba, me llamaba "papá" y reía de la forma más melodiosa que había escuchado. Lo mejor de este mundo. Y recé entonces, para no perderme todo lo que me faltaba por ver en ella, según crecía. Tan sólo un momento de debilidad y nostalgia, que Kya supo ver, acercándose a mí para comprobar que estaba bien. No podía sentirme más afortunado, aquel día.

Annie disfrutó de todas esas carantoñas, juegos y cómo no, de las atenciones que todos le dedicaron. Comió tarta, brindó confianza y sonrisas a todos los presentes. Hacía demasiado fácil el derretirse con cada cosa que ella hiciese.

No obstante, cuando el Sol ya enfilaba para ocultarse, Aldrik tuvo que irse por ese toque de queda impuesto por los dragones, ya que vivía en la ciudad. La pequeña y privada celebración alcanzó su fin cuando, a esa partida, un rato más tarde, se sumaron los revolucionarios, que aún tendrían un buen trayecto por aire, hasta regresar a la base. Maeve y Kyrieth, aún aguantaron un poco más, pues ellas dos lo tenían más fácil, al vivir en las alcantarillas. Los últimos rayos del sol aún llenaban el cielo de tonos violáceos y rosados cuando las dos resistentes decidieron que ya era momento de regresar.
Y así, con Annie algo soñolienta y particularmente sensible por el cansancio, las despedí, junto a Kya. Por suerte, ella y yo, no tendríamos que preocuparnos por nuestro regreso a la cabaña, pues la familia de la sanadora, ya nos había dicho que esa misma noche podríamos quedarnos con ellos, antes que andar por el bosque, de noche sin más protección que mis reflejos y las habilidades de desafiado que poseía.

Disclaimer:
Todo lo que implica a terceros personajes del foro ha sido pactado con antelación, acorde a sus formas de ser. Gracias por las sugerencias :3

Y pues, aprovecho para dedicarle el post a Maeve < / 3
Trystan
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