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Mensaje por Trystan el Lun Sep 11 2017, 21:23

FDR::
Todo lo que incluya a terceros personajes activos en el foro está acordado con la parte implicada en antelación


Decir que iba con cuidado en aquel rato era hacer una oda a la sutileza. Kya se había quedado descansando en la humilde casa del árbol y yo había decidido salir. ¿La razón? Elianne estaba intranquila. O, más bien, ansiosa por dar una pequeña vuelta, como acsotumbraba a hacer en las cuevas, muchas veces con Megerah y otras tantas conmigo, en los últimos meses. Debiera ser que el vaivén al pasear y el calor humano que desprendíamos resultaba una fórmula balsámica para la pequeña. Ni qué decir tiene que el tiempo con ella cada vez se me antojaba menos. Había encontrado en mi niña un sorprendente bálsamo a mis problemas. Así tener su cuerpecito entre mis brazos me daba una vitalidad que hacía mucho que no sentía.

No dejaba de ser arriesgado, por supuesto. Pero iba con el doble de cuidado y atento. Tal vez, mientras me dejaba embaucar por el sonido de las distintas aves del lugar y mis pasos se sucedían, soltando un amortiguado eco al pisar sobre la hojarasca, alcanzaba a disfrutar de esos pequeños gorgojeos y quedos murmullos que Elianne soltaba en lo que dormía en aquella mochila delantera, hecha con un par de telas cosidas que se entrelazaban en mi espalda para que la pequeña cupiese de una forma peculiarmente perfecta, apoyándose en mi torso. Al principio, miraba alrededor, sorprendida, buscando a esos seres que hacían ese ruido que ella no había escuchado antes. Pero, con el avance del tiempo, allí fuera, se fue relajando, dejando de hacer sonidos para centrarse en esa errática melodía que la fue relajando sin querer. Así, ahora la pequeña descansaba plácidamente, dejándose mecer por mi caminar y los sonidos ambientales que sin duda, calmaban hasta el más tenso. Siempre y cuando las circunstancias diesen pie.

Me acerqué al riachuelo, acordándome de las plantas que Kya me pidió en su momento para hacer un cataplasma y sanar su herida. Quizás pudiera llevarle unas pocas más, ahora que sabía dónde crecían y dónde encontrarlas. Con movimientos suaves, me agaché, apartando un par de ramas, con la suerte de encontrar un pequeño matojo de esa  planta en concreto. Ya había desistido de aprenderme el nombre, pese a que la sanadora me lo había mencionado varias veces. Lo arranqué, limpiándolo un poco, antes de meterlo en el morral. La niña pareció despertar de esa pequeña vigila, pillándome en aquella postura inclinada. Me miró pidiéndome una explicación tácita con esos intensos ojos azules. No dudé en corresponder su mirada y sonreír-. ¿Hm? -inquirí en lo que juntaba mi frente con la suya, haciéndola reír hasta que alzó las manos para hundirlas en mi desaliñada barba-. Mira que te gusta, ¿eh? -reí con suavidad, en lo que me apartaba del riachuelo. Busqué un lugar apartado y tranquilo, puede que algo alto para tener una visión previsora del lugar y no encontrarme sorpresas. De vez en cuando, mimaba a la pequeña con alguna cucamona, en lo que, por fin, me senté, en un rincón recogido con ella.

Desde el lugar, podía ver toda una panorámica -sin menospreciar la frondosidad de la vegetación-, del riachuelo. Quizás con un poco de suerte, algún animal se acercaba a beber y pudiera llevar algo más que plantas medicinales a casa.
Pero quien entró en escena, fue del todo diferente. Al reconocer su identidad, sonreí abiertamente. Pequé de cauteloso y en vez de dar una voz que delatara mi posición recordé una manera un tanto original que solía usar hacía algunos años: el sonido de un ave en específico que había aprendido a imitar con la boca, destacando entre los demás piares, precisamente porque no era muy común. Otra de las costumbres que me convendría retomar.
Tan solo quedaba esperar que esa persona lo reconociera.
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ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado Empty Re: ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado

Mensaje por Invitado el Lun Sep 11 2017, 22:01

La caza se había convertido en esa pequeña afición que aunque solía hacer acompañado, desde la partida de Trystan sentía que algo del hogar donde residía había perdido "encanto". No es que fuera dependiente del mayor pero había tomado afecto, bastante. Era toda una vida. El desafío le había apartado de su amigo, pero no podía culparlo de nada. Caminaba por el bosque, los pasos solo eran mis acompañantes entre el sonido de los pájaros que cantaban melodías diferentes pero armoniosas, con distintos silbidos, distintos idiomas quería creer. A veces nos advertían sin percibirlo, aunque extrañamente me sentía más aliado de esa misma y frondosa naturaleza antes que el propio ser humano. No sabía quien era. Sí, un humano con un mellizo. Un terrorista. ¿Pero y que más?. Un cazador. Suspiré dando pasos por aquel enorme y frondoso bosque de diferentes tonos verdes, cargado con dos conejos recién asesinados aún, uno de los cuales, movía una de las patitas sobre mi espalda. A veces detestaba esta posición, pero me agradaba cuando con la excusa pertinente, podía recorrer aquello en silencio, sin palabras banales ensordeciendo mis oídos con palabras que no me interesaban, con ruido. Era uno con el bosque. Era mi hogar, aunque ciertamente no lo fuera.

Estaba atento a los movimientos de alrededor, como buen cazador. Tenía las armas a resguardo pero preparadas, aunque habían sido simples crujidos de animales. Nada sospechoso. Y volvía a preguntarme ¿ que había más allá de todo eso?, ¿era una pieza rota?¿un muñeco envejecido por las tormentas de la vida?. Nunca había respuesta, más allá que el silencio que emanaba el cerebro y las palabras que no salían. Palabras enmudecidas ante el sonido estridente de la vida, pero que esos pájaros, serpientes y bichejos calmaban con su sonido relajante. Era curioso, como es que mataba a las criaturas que eran capaces de darme vida. Era el cazador de mis propios salvadores y a veces lograba sentirme culpable por aquellos pensamientos incautos, pero de algo debíamos comer. El aire no aportaba nutrientes y solo ayudaba a los estómagos vacíos a rugir y a los niños a llorar. Inevitablemente, en estos paseos sin rumbo ni sombra, pensaba en ese amigo que estuvo ahí, que en momentos de silencio, nuestras palabras hablaban. Que la comprensión no tenía porque ser en voz alta, los abrazos podían darse sin tocarse. Comprendí que no estaba solo en medio de ese mundo en el que crecimos y del que a veces sentía, que era un extraño.

Pensaba ir al riachuelo a lavarme el rostro y las manos, dado que la sangre parecía formar parte del cuadro. Un pintor de brocha fina creería que era una bestia salida de cualquier esquina. El arte me apasionaba, pero en especial el dibujo, podía pasarme horas dibujando a carboncillo imagenes, recuerdos o sueños. Padre se empeñaba en que también entrenara para ser buen cazador pero ¿que temía? los dragones eran demasiado burgueses para adentrarse y en caso de hacerlo, eran tan llamativos que hasta cualquier incauto sabría que se trataba de ellos. Esa altivez, superioridad, aires de grandeza, como si el mundo estuviera a sus pies y...las hormigas solo eran las que lo estaban. Y nosotros, los humanos. Tenía necesidades imperativas de preguntarle cosas, más solo me callaba por si pecaba de curioso como solía decir. "Tu eres como uno más, no eres diferente, la conexión con tu hermano es especial y debeis cuidarla". Curiosamente, mi hermano y yo éramos polos opuestos, fuego y hielo, viento y calma...aunque a veces la cosa se turnaba. Los pasos por el bosque se volvían lentos, queriendo pasar más tiempo aquí, acompañado de estas melodías, alejado de ellos. Lejos de mi familia. Lejos. Solo.

Solo.


Así es como estaba siempre. Alma sin dueño. Libre. Entonces de entre la multitud de sonidos, de melodías armoniosas, escuché ese silbido único. Levanté la mirada para ver de donde procedía y poniendo la mano sobre la frente porque la mezcla de luces y sombras me impedían observar el cuerpo (que deducía). Lo ví. Ahí junto a una pequeña. Tuve que achicar los ojos porque no lograba distinguir entre ramas y arboleda. Me acerqué corriendo más cerca de donde procedía y llegué al destino. No muy lejano, cabe decir. Sonreí levemente cuando me encontré cerca de dicho árbol, un roble, esperé a que bajara ese pequeña ave de piar distinto y con un nombre peculiar, llamado Trystan. La alegría me sobrecogía, pero la expresión facial no parecía cambiar demasiado. Falta de costumbre, escasa necesidad. No sabía bien porque las expresiones parecían haberse perdido en la frondosidad de la infancia pero ahí estaba ese pilar que había sido mi guía, pese a que éste lo desconocía, había sido el maestro y sobretodo, el amigo...la compañía, el silencio agradable y esta vez, estaba acompañado de una niña que no reconocía. ¿Su hija?. Era preciosa. No lograba ver exactamente, más los cabellos de ella me hacían creer que o era una niña o un varón con melena. Mi visión no era algo de lo que estar orgulloso. Extraño defecto para un cazador, pero solo era uno de muchos.
Y para rematar el bienaventurado reencuentro, los dos conejos oficialmente habían fallecido, acompañados, como dos amantes...en un final encontrado.


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ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado Empty Re: ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado

Mensaje por Trystan el Lun Sep 18 2017, 21:59

A intervalos, pude ver cómo Lennox quedaba alerta y empezaba a buscarme, con la sola imitación del ruido de un animal como llamado. Un ruidillo que tanto él como yo habíamos practicado un montón de veces. Una especie de código secreto entre Nox y yo. Exclusivamente nuestro. Eran muy pocas las personas que llegaban a tal confianza conmigo para compartir algo tan nimio como era aprender un mismo sonido para llamarnos entre nosotros.

No era de extrañar pues aquel muchacho era tan o más callado que yo. De hecho, me ganaba con creces, pues, por el cargo de líder, que ostenté durante unos años, me había forzado a socializar más de lo que estaba acostumbraba, y gustaba. Nox y yo congeniamos muy rápido y bien, porque teníamos la habilidad de expresarnos con más que palabras, con respecto al resto. Éramos los raritos que gustaban de quedarse en el rincón, sin ver la necesidad de hablar o socializar, como los demás. Aunque yo muchas veces me viera empujando por la pelirroja o la que ahora ostentaba el puesto de líder.
Sí, puede que Nox fuera uno de los pocos con los que yo no me veía forzado a hablar o a fingir ser más sociable de lo que realmente era.

En cuanto supe que se acercaba al lugar desde donde yo lo había visto, cubrí el camino que a mí me quedaba para reunirme con él. No hubo palabras en un principio, tan sólo significativas miradas, después de que apenas estuviéramos a un paso de distancia. Lo primero que me nació hacer fue buscar su antebrazo con mi mano, en ese saludo fraternal y confidente. La última vez que lo había visto, fue hace un año, antes de que me marchara a las cuevas con la que por ese entonces era mi familia. Parcialmente distinta a la que tenía ahora. Lennox bajó la mirada a la niña, cosa que terminé haciendo yo también, para verla mirarnos atentamente. Miraba al terrorista con verdadera curiosidad, con esos orbes claros que había heredado de sus padres-. Eh, Eli... ¿no vas a saludar? -murmuré, hablándole a la pequeña. Ella se limitó a pasear su mirada del desconocido a la mía… para acurrucarse con cierto aire vergonzoso. Una reacción adorable que me sacó la sonrisa hasta el punto de reír por lo bajo. Elianne se revolvió, encogiéndose un poco más, emitiendo otro gritito a modo de risa, podía decir que hasta contenta. Enseguida, comenzó a llenar el ambiente de gorgoteos, despreocupada, como si no fuera el centro de atención. En un impulso, se apoyó en la tela, con sus pequeñas piernas, impulsarse contra mí, estirándose, para luego doblar ligeramente las rodillas y repetir la acción. Pareció divertirle ese balanceo propio, por esa risa suave que emitió. Aunque terminó por no resistirse más a su curiosidad y, volteó su mirada, de nuevo, a aquel desconocido para ella.

Y así, Elianne sonrió, llevándose la mano a la boca.

Fue entonces cuando me di cuenta que me había olvidado de mi compañero resistente, teniendo toda la atención en la niña. Imité a mi hija, alzando mis azules al cazador, sonreí con sinceridad-. Qué bueno verte, Nox. -amplié la sonrisa un poco más, como mero saludo. Me alegraba realmente verlo. Las veces que me había pasado por la base en las alcantarillas tras algunas de mis incursiones en Talos, no había logrado verle.
No me extrañó algo así, tampoco. Sabía perfectamente que Lennox no era de los que necesitaban estar entre masas cada hora de cada día. Todo lo contrario, más bien. Los sitios concurridos parecían darle alergia. Una sensación que yo también compartí, por un tiempo. Pero diferentes giros en mi vida, habían conseguido que me acostumbrara a estar e interactuar con gente, más de lo que lo hice en años-. Ven, vayámonos de aquí. -murmuré, alzando la barbilla por un segundo, hacia el río. De seguro, él recordaría perfectamente la primera regla que tenía todo terrorista de no quedarse mucho tiempo en el mismo sitio a menos que fuera totalmente seguro, cuando se andaba por el bosque.

Apenas dimos unos cuantos pasos, yendo a la altura del otro que no pude evitar preguntar:- ¿Vienes de caza? -me interesé, antes de enarcar una ceja, mientras desviaba la dirección a seguir, río arriba- ... ¿O volviste a escapar del cargado ambiente de allí abajo por un rato? -porque lo conocía y sabía con seguridad que esa posibilidad no era del todo descabellada. Porque no era la primera vez que Nox buscaba paz en la soledad y tranquilidad que solo la frondosa vegetación del vasto bosque parecía darle.
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ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado Empty Re: ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado

Mensaje por Invitado el Miér Sep 20 2017, 03:07

Se trataba de Trystan, esa persona que en momentos de silencio las palabras fluían acompasadas de éste, nos entendíamos pese a la enorme diferencia de edad, pese a las idas y venidas de la propia vida como de los cambios y las incertidumbres. Él había crecido como alguien a quien admiraba desde la más tierna infancia y ví como se convirtió en líder y al parecer alguien apareció en su vida con el rostro de una niña. Creía que lo era, pero la distancia no me permitía distinguir con veracidad. Solo no estaba. Él había crecido y ya no era aquel jovencito tímido habiendo apartado aquello por el bien de todos nosotros para después desaparecer como lo haría cualquier ser místico del que hablaban muchos libros e historias inacabadas. Nunca sabría como agradecerle el haber permanecido a mi lado junto con Maeve, dado que a veces no era un ser demasiado agradable. Así que observarlo no me provocaba más que una enorme dicha después de año y medio sin saber nada, añadiendo eso una preocupación que no paraba de aumentar hasta este momento. Y sin duda, aquel silbido solo podría ser de Trystan, nuestra señal, algo que nos pertenecía exclusivamente.

Entonces, cuando se acercaron observé a la pequeña sonriendo levemente, observando al padre que no era de extrañar que la mirase con orgullo, no di pasos de más pese a que tuviera ganas imperosas de abrazarlo después de tanto tiempo. Ante las palabras de Trystan me acerqué a ella, temiendo no ser lo suficientemente "bueno con los niños" dado que en la Base no es que fuera demasiado amigo de éstos, aunque realmente no era amigo de nadie. El rarito seguía permaneciendo enmedio de las personas que se esforzaban en enseñarme a ser sociable junto con los intentos fallidos, pero ella me provocaba instinto protector, cual pariente deseoso de que no le ocurriese ninguna desgracia o las mismas flechas usadas para matar animales acabarían al que le provocase alguna lágrima a la pequeña. Tal vez por ser hija de quien era o porque no podía evitar querer...que no sufriera. Estando a su altura, sonreí de manera divertida-Buenas sean Eli, soy Nox y os he traído un presente, su alteza-dije solemne y  divertido poniéndome de rodillas aunque con una pierna no tanto,ante ella mostrándole los conejos que durante un tiempo habían reposado en mi espalda para que los viese-aquí os traigo los mejores manjares del bosque, para que ceneis como vuestra merced necesite-dije solemne mostrandole los dos manjares con el rostro mirando la hierba, cual caballero de las historias de reyes y princesas.

Nunca imaginé hacer dicho teatro pero luego levanté el rostro mirando a Trystan de manera cómplice, esperaba que le agradara aunque digamos que mis artes con los niños eran más bien escasas pero esperaba sacar en la menor una pequeña sonrisa. Luego me levanté tomando los conejos de nuevo y volviendo la vista a su padre, sin poder contener las ganas de abrazarlo después de soltar los malditos conejos sobre el cesped, un abrazo más que merecido después de tantos meses sin saber de él, luego de su desafío. Era conocedor de sus visitas a las alcantarillas, dado que las palabras eran como pájaros mensajeros y aquello corría demasiado rápido pero nunca coincidimos, por lo que después de aquello todo parecía quedar como un espejismo. Aquel abrazo salió tan espontaneo como las veces que lo había anhelado, siendo siempre ese aliado del silencio en momentos de incomodidad o donde las masas predominaban.

Asentí cuando Trys dijo aquello tomando de nuevo los conejos, ya separado de éste y mirando a la pequeña con una sonrisa. Observé el río sabiendo a que se refería- estos manjares son para vosotros realmente, luego volveré a cazar-respondí, dado que no me importaba perder tiempo por aquellos bosques antes de regresar a la Base. Y ante las preguntas, lo miré mientras andaba con las armas y éstos-Siempre son ambas. La caza es la excusa gran parte de las veces-murmuré, quería preguntarle como iba todo y saber que había sido de éstee pero estuve unos momentos callado-oye, creo que necesito saber cosas de tu desaparecida vida...-comenté divertido sin maldad, pese a que solía ser formal (o eso intentaba gran parte de las veces), con el padre de la niña no me era necesario. Una vida cargada de momentos, prácticamente me conocía desde los inicios de todo, de hecho no recordaba el inicio, aunque imaginaba que el desafiado sí. Miraba a aquellos arboles escuchando al riachuelo de fondo como si desease ser partícipe de nuestra conversación, escasa de palabras.

-Podría preguntarte, pero ya sabes que prefiero que me cuentes lo que desees-comenté sin rodeos, detestaba las preguntas, tanto hacerlas como recibirlas. No eran un presente bien avenido aunque bien era cierto que gustaba de formularlas si de conocimiento trataba o curiosidad en artes, pero no de..¿vidas ajenas?. A mi parecer era mejor que el contador de historias fuera el que decidiese, su vida y elección.
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ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado Empty Re: ιт'ѕ вєєη αωнιℓє || Privado

Mensaje por Trystan el Vie Sep 22 2017, 17:39

Esa exageración teatral en el trato hacia la pequeña, como curiosa presentación, me hizo sonreír abiertamente. No dejaba de mirar a Elianne, quien se mostraba realmente extrañada de que se dirigieran a ella con ese tono que ella no llegaba a entender pero que terminó haciéndole sonreír por los gestos. Ella sabía que la hablaban a ella y, como pequeña que era, todo teatro y comportamiento que se saliese de la madurez con la que se dirigieran a mí, era totalmente sorprendente y divertido para ella.

Por suerte, mi hija no era como yo en cuanto a introversión se refería. Sí, era vergonzosa a veces, pero enseguida tomaba confianzas. Tal vez, pudiera notar de alguna manera, lo seguro que yo estaba y así, permanecer tranquila, dejándose embaucar por la seguridad que mi tranquilidad y calor le brindaran en aquel momento. Sonreí de forma inconsciente, cuando Lennox alzó las dos piezas de caza. Mis azules no evitaron fijarse en aquellos dos conejos antes de bajar la mirada a Elianne, quien también los miraba con admiración sin llegar a entender nada-. ¿Qué te parece, princesa? -le pregunté, añadiendo ese calificativo que utilizaba a veces con ella, llamando su atención-. ¿Te apetece puré de carne de conejo? -enarqué ambas cejas, con un tono parternal que ella reconoció para soltar el típico gritito de exaltación al saberse con tantas atenciones.
Reí con suavidad entonces, antes de mirar a Nox y, por fin, fundirme en un fraternal abrazo con él, pese a que la pequeña quedase entre nosotros. Aquel gesto, correspondido, fue suave pero significativo. Le abracé por los hombros, palmeando su espalda. Cerré los ojos un instante, alegrándome sinceramente de verlo.

Y, justo en ese momento, me pareció que llevara una eternidad sin verlo.

Era curiosa esa sensación de nostalgia agradable que sentía con pocas personas, cuando volvía a verlas después de aquel año ausente. Conseguían que me sintiera un poco más cerca de mi casa. Porque, siendo honesto conmigo mismo, al romper bruscamente con todo, al irme a las cuevas, mi parte terrorista se vio relegada a un segundo plano. Parte que clamó aquella tarde en la granja de Kya, alzándose contra la cómoda y rutinaria vida en pareja que había llevado en las cuevas.
Salir de ese entorno en el que había vivido toda mi vida, en el que había estado luchando y ayudando a los demás, y empezar una nueva vida en un sitio completamente distinto con diferentes compañías me hizo sentirme perdido durante un tiempo. Me centré en aprender a autcontrolarme, pero seguía sintiéndome parcialmente vacío.
Porque esa familia que había tenido desde que mi mente alcanzaba a recordar, ya no estaba conmigo.
Pocas personas podían entender esa sensación asfixiante que te consumía lentamente.

Y yo sabía que Nox era una de ellas.

Para nosotros, que éramos personas discretas, poco habladoras o simplemente, no teníamos intención de aburrir al prójimo con nuestros problemas o sensaciones, no era tan fácil como aquellos que tenían facilidad en el habla y gustaban de exponer sus problemas. Particularmente, Nox y yo habíamos aprendido a hablar con la mirada. A ser verdaderamente elocuentes con un simple gesto, sin necesidad de palabra alguna. Nos entendíamos extremadamente bien.
Y sí, joder, lo había echado de menos en esa vida en las cuevas que ahora se me antojaba tan lejana.

Asentí ante la respuesta a mis preguntas. Era cierto. Seguía siendo su costumbre antes de nada: la caza, como hobby hecho trabajo. Se desahogaba y disfrutaba de la quietud al mismo tiempo-. Es verdad. Siempre te gustó mezclarlas. -alegué, en lo que daba comienzo a unos momentos de silencio entre ambos que no me parecieron para nada desagradables o incómodos. Tan sólo escuchábamos nuestras pisadas por la hojarasca y parte de esa hierba que crecía en los laterales del riachuelo.

Sonreí, algo nostálgico con ese último comentario suyo-. No has cambiado nada, ¿eh? -inquirí de forma retórica. Me alegraba que siguiera siendo el mismo, en realidad. Me encogí de hombros, mientras andaba tranquilamente, midiendo mis pasos y pisando con seguridad, por la orilla del río-. No hay mucho qué contar... aparte de lo que se hace evidente a la vista. -agaché la mirada una vez más para hacerle una cucamona a Elianne que rió abiertamente, dándome un toquecito  con su palma abierta, antes de agarrar uno de mis dedos con su mano. Lo moví, una vez agarrado, para entretenerla, antes de mirar de nuevo a Lennox-. Me enseñaron a controlar mis impulsos violentos y bueno, tuve una visión bastante más... completa de la Resistencia en esa lucha por nuestros derechos contra la hegemonía de la Reina. -resumí, con la verdad por delante. Pero acabé encogiendo la nariz-. Pero aquello no era para mí... no era como en la base. -no dejaba de habeer movimiento, pero el aire era diferente-. No sé explicarlo con exactitud pero... después de una vida en las alcantarillas, es posible que no me sintiera del todo a gusto. -pese a esa vida en pareja que tuve. No me arrepentía, en realidad-. Pero por circunstancias desafortunadas, necesité alejarme de las cuevas también. -agaché la mirada de nuevo, más allá de la pequeña, que ahora mordisqueaba con sus encías una de las falanges de mi dedo sujeto. Me mantuve serio por un par de segundos más, para alzar mi mirada cristalina, buscando la contraria-. Podría decirse que ya no me siento de ningún sitio. -bromeé, aunque hablara realmente en serio.

Fue entonces cuando tomé una decisión rápida, basándome en esa fuerte confianza que tenía con él-. Ven, te enseñaré dónde vivo ahora. -por lo pronto, sólo Kyrieth -además de Kya, que estaría temporalmente a mi cargo hasta que sanara-, sabía dónde vivía. Y no tenía intención de que lo supieran muchos más.
No sabía explicarlo tampoco. ¿Una corazonada? ¿Una sensación? ¿Un pálpito?
Tal vez sólo fuera mi instinto paternal protector, queriendo mantener a Elianne fuera de toda guerra.
O por temor a lo que pudiera pasar si me encontraba mi desafiador.
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