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Mensaje por Özgyur el Dom Feb 09 2020, 12:55

Una suave brisa hacía danzar trémulamente las pequeñas hojas de los olivos que se extendían más allá de la ventana en la que tenía fijada mi mirada, mientras que el fresco y penetrante aroma de las flores de lavanda que crecían en un estado de casi total libertad entre los retorcidos troncos inundaba totalmente mis fosas nasales embriagándome con su suave y característico olor. Habiendo dejado mi azulada mirada perderse en el rojizo horizonte por el cual el sol hacía escasos minutos que había comenzando a desaparecer durante unos largos y tranquilos momentos, vuelvo a dirigirla al paño de algodón blanco inmaculado que se encuentra sobre la sucia mesa de madera, encontrándome nuevamente con aquella disposición tan curiosa de mis runas, en donde Wyrd ocupaba la posición más relevante.

Tomando la jarra de cerveza con la diestra, lanzando un profundo y gutural gruñido ante el significado de esa runa en concreto, la cual me indica que se aproxima un importante cambio a mi vida, un cambio que el resto de runas no acaba de aclararme, doy un largo y profundo trago al amargo pero fresco líquido, permitiendo que me refresque la garganta antes de soltar un largo suspiro y comenzar a recoger las pequeñas piezas de madera con todo el respeto que se merecen, siguiendo un antiquísimo ritual que aprendí mucho antes del Letargo, mucho antes de que todo cambiara. Una a una van entrenado en el pequeño saco en el que las guardo, antes de comenzar a doblar con sumo respeto el paño de blanco algodón y colocarlo siguiendo el ritual también en su interior, volviendo a centrar mi atención en lo que me rodea.

Como siempre, la taberna se encuentra ya repleta con los aldeanos que se reúnen en ella cada atardecer, dispuestos a eliminar las penas diarias o a tener su momento de socialización con el resto de sus convecinos. Y como cada tarde, mi mesa se encuentra vacía, como si nadie se atreviese a entrometerse en mis asuntos, algo que agradezco y que yo mismo he fomentado manteniéndome alejado de todos ellos durante los cinco años que llevo viviendo en una de las pequeñas casas de las afueras de aquel pequeño asentamiento agrícola.

Volviendo a centrar mi atención en lo que ocurre más allá de los vidrios de la ventana, los primeros acordes del único motivo que me traen aquí cada atardecer comienzan a deleitarme los oídos, consiguiendo que cierre los ojos y que la paz y la tranquilidad me invadan según la música va llenando el local, sobreponiéndose al suave murmullo de las conversaciones de los lugareños.
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Mensaje por Tiamat el Vie Feb 14 2020, 16:09

En los últimos meses habían pasado demasiadas cosas, tantas que si hacía una pequeña lista seguramente alguna me dejaría por el camino. Mis planes de avanzar y obtener poder parecía que habían entrado en un pequeño “hiatus” del cual tenía que solucionar varios problemas si quería seguir adelante. Era más que obvio que no pensaba dejar que todo se redujera después del esfuerzo que me había costado y de los pasos que había dado para llegar hasta donde me encontraba; no en la cima pero sí en un punto exacto que parecía cada vez más cercano. Siendo como era no me conformaba con lo que tenía y mi ambición no parecía tener un límite ni se quedaba saciada con lo que hacía; seguía queriendo más y más. Sin embargo los años me habían hecho ser precavido y en ciertos momentos andar pisando con fuerza, no quería perder todo lo que tenía y quizás si no ponía algún remedio podría llegar el momento que más temía; la nada. En mi vida había tomado decisiones que habían marcado mi camino, había hecho cosas que nadie sabía ni conocía, había traicionado a la gente y las había engañado para que hicieran aquello que yo quería con un único fin y propósito... joder, si hasta había hecho que mi mejor “amigo” se marchara y lo apresaran en pos de mi beneficio. Amistad. Esa palabra desconocida que implicaba demasiadas cosas que no quería aceptar ni tampoco implantar en mi vida, tener un punto débil era una vía abierta y directa para que te hicieran daño y yo siempre lo había evitado. No me consideraba una buena persona y era cierto que solo miraba por mí mismo, pero siempre había sido así. Por ese mismo motivo mis pasos me habían llevado a estar en aquel preciso lugar y alejarme tanto de Talos dejando atrás los demás negocios que tenía por Isaur pero, principalmente, la Flor Azul de la que era copropietario. Una más de todas las posesiones que tenía en la lista. Si había ido allí era por una única persona y con un único objetivo; hacer que Özgyur vuelva a casa. Una tarea un tanto complicada y delicada que no sabía si él aceptaría, pero necesitaba que volviera y si para ello debía de utilizar mis artimañas no dudaría en hacerlo.

Puerto Krosan, sabía que Öz se encontraba allí  y que durante aquellos años había estado “malviviendo” sumido en el pasado recordando lo que ocurrió. Él era perfectamente capaz de esconderse si no quería ser encontrado, pero yo tenía mis trucos y sabía bien en qué lugares podría estar. Mis negocios, sobre todo fuera de Talos, encubrían una serie de actividades que me habían llevado a tener enemigos, tantos que necesitaba de alguien en quien confiar a mí lado y ese no era otro que el hombre al que ahora veía solo en una mesa, con una jarra de bebida alejado del mundo imponiendo una barrera para que nadie se alejara. Solitario y peligroso, cualquiera que lo mirara demasiado se percataría del aura que desprendía aunque no pudieran leer las auras, él mismo se había sumido en esa situación y al igual que yo lo había empujado a ella... era hora de que saliera. Sabía por qué habría acudido allí y es que ambos éramos parecidos en eso; la música nos gustaba a límites insospechados. Yo no podía entenderla ni comprenderla pero desde hacía mucho tiempo esta me había fascinado, al punto de tener incluso partituras guardadas como tesoros, a la espera quizá de alguien que las tocara algún día y me deleitara con su música. Sonreí ladino mientras llevaba en mi mano la jarra con la bebida, mis ropajes oscuros no me hacían destacar demasiado aunque sí el hecho de lo caras y delicadas que eran. A paso lento me fui acercando hasta la mesa donde se encontraba mi solitario amigo dejándome embriagar también por los sonidos hasta finalmente quedarme tras él a unos cuantos pasos.



—Siempre he pensado que la música amansa a las fieras, y parece que en tu caso es un claro ejemplo de ello —mi voz se elevó lo suficiente para que él pudiera escucharme aunque no demasiado ya que no le hacía falta, sonó ronca y grave con un deje característico de las tierras donde había nacido y que diferenciaba con el de Talos o sus alrededores. Mis ojos observaron a aquellos que seguían con sus charlas sin reparar demasiado en nosotros, me moví sentándome a su lado quedando de frente hacia los músicos— ¿compadeciéndote del pasado? —Öz era un hombre con demasiados matices y tantas capas como podría tener yo mismo, su vida siempre había estado marcada y la fortuna no siempre lo había acompañado. Pero necesitaba que volviera y no cesaría en mi empeño hasta conseguirlo— puedo entender por qué acudes aquí cada día, pero si es por la música hay otros muchos lugares en los que podrás deleitarte —hice una pequeña pausa y finalmente lo miré sin cambiar mi expresión, con los años siempre portaba una máscara y era muy complicado leerme— ¿nunca has pensado que es hora de volver?




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Mensaje por Özgyur el Dom Feb 16 2020, 12:16

Lentamente el sonido de una vieja canción se van abriendo paso en mi mente, consiguiendo captar toda mi atención, haciendo que mi mirada se pose en aquel simple humano sentado sobre aquella silla de vieja madera, la cual seguramente había visto mejores años. Al momento nuestras miradas se cruzan y, con un casi imperceptible movimiento de mi cabeza le otorgo mi beneplácito para que continúe. Pronto los sonidos de aquella antigua lengua se abren paso por la sala, acallando algunas de las conversaciones ante la extraña canción que su músico habitual está interpretando. Una canción procedente de otras tierras, de otros tiempos y que yo mismo le había ensañado a aquel humano que tanto me recordaba a sus ancestros septentrionales. Pero fue la pasión que descubrí en su interior, esa fuerza de espíritu, esas ganas por sobrepasar sus límites, por aprender y ser mejor, esa ambición propia de un gran triunfador lo que me inclinó a considerarlo algo mejor que un simple humano, ganándose mi aceptación con su sudor y, sobretodo, con esa voz.

Bajando seguidamente mi mirada hacia la jarra en la que todavía queda parte de su contenido, permito que el significado de la canción, ése que solamente aquellos que vivimos en aquella isla nórdica engullida por las aguas tras el Levantamiento entendemos, me lleve a otra época, a otro momento de mi vida en el que la felicidad, la tranquilidad y la alegría formaban parte de mi vida cotidiana, algo que choca frontalmente con el dolor, la rabia y la ira que la conforman hoy en día.

El sonido de una conocida voz interrumpe aquel momento de aparente tranquilidad, arrancándome un quedo gruñido a modo de respuesta. No hacía falta que desviara mi mirada de la jarra para saber quién se encontraba a mi espalda, pues aquel acento lo reconocería entre un millón de voces parecidas. A parte de que no me sorprendía demasiado que fuera él quien me hubiera encontrado, porque, de todos los que me conocen, o creen conocerme mejor dicho, solo él y mi hermana serían capaces de localizarme, pues son los dos únicos seres de la Tierra que me conocen hasta ese nivel.

Permaneciendo en la misma postura, siento su presencia acercarse hasta tomar asiento a mi lado, algo que seguramente llamará la atención de aquellos parroquianos más asiduos a la taberna, pues todos han aprendido que no permito que nadie, absolutamente nadie me moleste con su presencia cuando me presento aquí a deleitarme con la música, sencilla y agradable que suelen interpretar los músicos contratados por el dueño del local.

Levantando el dedo índice de mi diestra en cuanto lanza al aire esa pregunta tan llena de razón, le indico que permanezca callado hasta que cese esa canción, pues tiene toda la razón ya que esa canción, no hace sino recordarme aquella vida perdida en la que convivía sin problemas con los que ahora son el objeto de mi desprecio, recuerdos de un amargo pasado al que nunca podré retornar pero al que una parte de mi se aferra con uñas y dientes. Una vez terminada la canción, mi viejo amigo decide continuar hablándome, sin que por ello llegue a desviar mi mirada de la jarra, simplemente soltando un ligero resoplido nasal mientras mis labios esbozan una sonrisa burlona momentos antes de que, finalmente, dirija mi mirada al rostro de aquel a quien tanto le debo y del que tanto sé.

Su rostro mostraba la misma expresión de fingida calma y tranquilidad, algo que, de no conocerlo tan bien como lo conozco, entendería que es habitual en él, pero que sé que oculta una intención, una determinación que se puede apreciar muy sutilmente en el ligero brillo de sus oscuros ojos. Conozco a Tiamat desde el Levantamiento, hemos pasado muchas cosas juntos y sé que si ha venido hasta aquí no es para saludarme, tomarse una copa y hablar de los viejos tiempos. Siempre hay un propósito en sus acciones y por eso no me extraña para nada su siguiente pregunta. - ¿De volver? – le pregunto tras soltar otro gruñido -¿A Talos? – añado esbozando una amplia sonrisa, una que hago expresamente para mostrarle mi dentadura, aquella en la que son palpables los dos huecos que ocupaban aquellos dos colmillos arrancados por los malditos terroristas durante mi cautiverio, del que él me liberó finalmente - No hay nada que me esté esperando allí, así que no tengo porqué regresar – le digo borrando la sonrisa de mi rostro encogiéndome de hombros y volviendo a dirigir mi mirada hacia la jarra, tomándola con la diestra para darle otro trago y terminar definitivamente con su contenido mientras los músicos comienzan a interpretar piezas locales más amenas y conocidas por sus convecinos.




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Mensaje por Tiamat el Jue Feb 27 2020, 18:27

Si a algo nos caracterizaba a Öz y a mí era el hecho de que ambos compartíamos la pasión por un mismo arte; la música. Era incapaz de comprenderla o entenderla, se me antojaba demasiado compleja pero a la vez hermosa y era algo con lo que había estado en contacto desde que la había descubierto. Su dulce melodía invitaba a una calma y a trasladarte a una época muy distinta y diferente de la que había en aquel preciso momento, quizás era por eso mismo que mi amigo se dejaba embriagar por su melodía como si intentara olvidarse de un momento del presente en el que estaba sumergido. Para alguien que lo conocía tan a fondo era fácil “leer” sus expresiones igual que a él le resultaba de igual manera leerme a mí, pese a que durante años había puesto una máscara que no dejara pasar nada de lo que pensaba o pasaba por mi mente en esos momentos. Sin embargo eran los pequeños detalles que otros pasarían por alto los que, sin duda, hacía que pudiera sernos más fácil de lo normal. Sabía por qué estaba allí a esas horas como también sabía que ninguno de los presentes se atrevería a sentarse con él, parecía que él así lo había decidido y las miradas de los lugareños hacia él reflejaban precisamente eso mismo que él había querido implantar; temor y miedo. Öz no era alguien estúpido y tampoco actuaba por impulsos, entendía por qué se encontraba en ese lugar e intentaba alejarse de lo que le había pasado, pero no podía permitir que se quedara sumergido en una realidad inexistente como si no hubiera sucedido nada y se quedara en un hiatus permanente del cual parecía no querer salir. Si estaba allí es porque había ido a por él y aunque no lo dijera seguramente el dragón lo hubiera supuesto, incluso antes de que yo le dijera nada. Elevé la comisura de mi labio cuando alzó su dedo para pedirme que callara y que le dejara escuchar la canción, francamente la mirada de los lugareños era bastante curiosa a la par que extrañada de ver a alguien sentarse a su lado de manera tan impasible como lo estaba yo, tranquilo, con mi jarra mientras escuchaba y me deleitaba con el melodioso ritmo de la música. Tras el tiempo que había pasado desde su cautiverio me daba la sensación de que una parte de él no quería regresar, como si enfrentarse a lo que hubiera pasado fuera demasiado para él por cuestiones y razones que no entendía, y no quisiera afrontarlo. Pero debía de hacerlo, no lo necesitaba en ese lugar como un alma en pena recordando algo que fue hace tiempo... sino a mi lado para ayudarme con lo que se venía encima.

Cuando su rostro se giró para encontrarse con mi mirada pude ver aquella sonrisa que bien me decía lo que estaba pensando, como si supiera que mi presencia en el lugar tiene que ver más allá de volver a ver a un “amigo” y mantener una conversación con él como podría darse en cualquier otro momento. No, me conoce demasiado como para saber que si muevo siempre hay un motivo tras ello y esa ocasión no iba a ser diferente. Pero algo me decía que el dragón no estaba tan dispuesto –o no lo estaría- a volver porque de haber sido así ya habría vuelto, sin embargo se quedaba allí auto compadeciéndose sin hacer nada por arreglarlo. Eso me hacía preguntarme qué tan tocado había quedado tras su cautiverio y por qué no intentó poner remedio en su libertad.  Por cómo había respondido a mi pregunta estaba convencido de que no sería fácil pero si algo tenía es que se me daba bien convencer a los demás, tejer una telaraña a su alrededor para que al final acabaran aceptando a lo que yo deseaba. Enarqué una ceja y di un nuevo trago a mi jarra mientras su sonrisa me mostraba su dentadura, allí donde faltaban dos colmillos que le habían arrancado en su cautiverio. Mi intención jamás fue que llegara a esos extremos pero, ahora, ya estaba todo hecho. Dejé la jarra sobre la mesa y chasqueé la lengua mirando hacia el frente como hacia él, de nuevo los músicos amenizaban el ambiente con sus canciones que variaban de ritmo y de tono.



—¿Y ya está, vas a pasarte el resto de tu existencia sumido en una monotonía absurda cuya única intención es envolverte en una realidad pasada e inexistente?  —Pregunté sin mirarlo porque sabía la respuesta a esa pregunta, él mismo con su actitud estaba demostrando lo que pensaba... y eso en cierta manera me molestó— ¿te rindes sin más y te abandonas a... esto? —Pregunté alzando una mano abarcando el lugar— aunque no sé muy bien qué es esto  —pretendí ser incisivo con mis palabras, hacerle ver que aquello no tenía sentido— estoy yo Öz, ¿eso acaso no basta? Pensé que después de todo tendría algo de importancia —volví a dar otro trago a la jarra y finalmente acabé por girarme en la silla de manera que ahora quedaba con el brazo apoyado en el respaldo, el otro sobre la mesa, y mi cuerpo encarado hacia él— me conoces como para saber que no he venido aquí para cegarte, ni para hacer más obvio lo que tú ya sabes. Quiero que vuelvas conmigo a Talos, y no aceptaré un no por respuesta. Así que termínate la jarra, quítate toda esa mísera compasión que llevas encima como una losa, y recomponte de una jodida vez.




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Mensaje por Özgyur el Vie Feb 28 2020, 22:02

Solo había necesitado el corto vistazo que le he dedicado momentos antes de volver a centrar mi mirada en aquella jarra como para saber perfectamente que algo rondaba la mente de mi amigo. Algo lo suficientemente importante como para haber abandonado la comodidad y lujos de sus varias residencias y acudir a este lejano local perdido en uno de los barrios más alejados de la población, hogar de gentes que malviven al margen de la sociedad que nuestra especie ha erigido en el mundo. De hecho, de haber sido una simple y tranquila visita de cortesía la hubiera realizado hace ya mucho tiempo, puesto que a él no le había negado el conocimiento mediante la red de la zona en la que me encontraba, del mismo modo que había hecho lo propio con mi hermana, únicas personas conocedoras del deambular de mis pasos tras mi liberación. Pero lo conozco demasiado bien como para no haber notado ese ligero brillo en el fondo de su oscura mirada, un brillo que he conocido ya antes y que delata esa preocupación que perturba a mi antiguo compañero de vicisitudes.

Casi siento ganas de sonreír, incluso de estallar en una sonora carcajada en cuanto escucho su pregunta cargada de cierta furia, de cierta rabia por mi estado actual, pues me recuerda perfectamente al carácter directo, incisivo, incluso intimidante de Tiamat, quien no tiene pelos en la lengua y suelta lo que piensa sin importarle cómo pueda ser recibido por la otra persona. Esa fue una de las primeras cosas que llamaron mi atención cuando nos conocimos durante el Despertar, pues su forma de hablar, brusca, franca, me gusta al demostrarme claramente que poco o nada he de temer de él, puesto que cualquier problema que tenga conmigo brotará de sus labios al instante, como ahora mismo está haciendo. Sin embargo, no sonrío, ni tan siquiera aparto mi mirada de la jarra ahora vacía, dejando que continúe hablando, que saque toda la rabia que siente hacia mi por haberme apartado del mundo, por haberme escondido de todo y querer aferrarme a un pasado muerto, pero del que parece que no quiera separarme desde que aquellos malditos terroristas golpearan mi orgullo con tanta fuerza.

Un quedo pero claro gruñido a modo de respuesta surge finalmente de mi interior en cuanto me echa en cara que parece como si él no tuviera importancia para mi, algo totalmente falso, pues de no haber sido por su repentina aparición en donde me mantenían cautivo seguramente estaría muerto, o pero aún, sumido en la locura tras meses desconectado de la Red, de esa comunidad mental tan necesaria para los nuestros. Pero lo único que hago en cuanto termina de hablarme es tomar la jarra con una de mis manos y elevarla alto sobre mi cabeza, gesto destinado a la mesera, quien me conoce lo suficiente como saber que lo que quiero es que la llene nuevamente.

- ”Yo también me alegro de volver a verte, viejo amigo” – le digo utilizando la Red mientras deposito la jarra nuevamente sobre la mesa, utilizando un matiz relajado, incluso divertido, pues ahora empiezo a darme cuenta de que le echaba de menos. - ”¿Nunca te has preguntado porqué la música que hacen los humanos es tan bella?“ – continúo diciéndole sin hacer mención alguna a su reciente discurso, - ”Conozco esa maldita canción de memoria, y por mucho que lo haya intentando, jamás he conseguido que cobre esa fuerza, esa energía, esa belleza cuando yo la canto“ – no me importa confesarle, pues es para mi un misterio el motivo que hace que los humanos tengan ésa capacidad de parecer dotar de vida a sus obras de arte, única cosa por la que creo que no deben ser exterminados y borrados de la faz de la tierra.   - ”Bonito discurso…, por cierto. Veo que todavía conservas perfectamente tus dotes oratorias… “ – añado alabando lo que no necesita ser alabado, pues he visto en millones de ocasiones cómo el dragón era capaz de convencer a quien ha querido simplemente con palabras, con discursos que han hecho que sus más acérrimos detractores acabaran apoyando sus ideas, viendo aparecer a la mesera portando una nueva jarra llena de cerveza, la cual se acerca con más cautela de lo habitual, pues, como a todos los que nos rodean, les debe estar impactando el ver a alguien sentado con tanta tranquilidad a mi lado, incluso llegando a sentarse de lado sobre su propia silla para poder mirarme con esa pasión que desprenden sus ojos, algo que, unido a el tono incisivo de sus palabras no puede dejar de soprenderles.

El rubor tiñe las mejillas de la mujer al ver el rostro de mi amigo, pues sé que resulta atractivo para mujeres y hombres por igual, algo de lo que sabe sacar provecho con la misma habilidad que con sus palabras. - Mujer, sírvele otra a mi amigo, corre a mi cuenta – le dijo con voz ronca en cuanto se separa de nosotros, girando nuevamente mi rostro hacia el del moreno, entrecerrando ligeramente mis ojos mientras clavo mi mirada en la suya - ”De sobras sabes que te debo mi vida, pero grande ha de ser el motivo que me haga regresar a ese agujero al que pretendes que vuelva” – vuelvo a hablarle por la Red, en cuanto la mujer empieza a alejarse, dejando así que la música llegue a mis oídos sin que mis palabras la ensucien - ”Así que, en honor a nuestra amistad, te quedarás aquí conmigo, en esto que no logras entender, disfrutando de la cerveza local, de su música y explicándome qué es lo que tanto te preocupa, mi viejo amigo“ – termino de decirle, sin mudar la expresión seria de mi rostro ni apartar mi mirada de la suya a la espera de su respuesta y de que la mesera aparezca con otra jarra para él.




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Mensaje por Tiamat el Miér Mar 11 2020, 13:20

Hablar con aquel dragón no era siempre una tarea fácil ni sencilla, sobre todo por el hecho de que muchas de las veces eran tan hermético como yo y no exponía lo que pensaba o sentía en su rostro, como si tuviera también un muro que te hiciera imposible saber que era lo que rondaba por la mente del dragón. Sin embargo desde que había sido capturado eso lo había hecho ser mucho más hermético de lo que ya era, sumido en sus propios pensamientos y en una situación diaria que no era la que él debería de llevar. Aunque admitía que no cualquiera podría reponerse de lo que había sucedido y muchos tardarían más de lo esperado, conociendo al dragón sabía perfectamente que se había sentido herido y era su ego y su orgullo los que no podían terminar de aceptar los sucedido para seguir avanzando. Lo supe en el instante en que lo saqué de aquel lugar donde había estado secuestrado, en el mismo momento en que lo miré para saber que eso había hecho mella en el dragón... y es que lo que tuvo que sufrir y pasar no todos se hubieran repuesto de ello. Por eso en cierto sentido le di ese margen para que se recuperara, para que superara lo que había pasado a su modo y volviera a la carga como antes... no pensé que quedarse en el lugar en el que llevaba los últimos meses fuera a hundirlo más como si él mismo quisiera autocastigarse por lo que había pasado, hundiéndose en una miseria que no lo iba para nada y compadeciéndose silenciosamente por lo que había sufrido. Reconocía que no debió de ser fácil, pero tampoco pensé que ese hombre que había conocido en la batalla del despertar se desvaneciera como los granos de arena entre los dedos. Por ese motivo había ido a buscarle, por eso y porque lo necesitaba de vuelta en Talos, no podía permanecer más en aquel lugar y al ver que nadie allí se le acercaba y que él había impuesto esta distancia para con el resto alguien tendría que devolverlo a la realidad, aunque fuera con palabras mordaces e incisivas recalcando en una verdad que incluso él mismo veía pero que negaba. Nunca me había andado con rodeos y las cosas que tuviera que decir lo hacía de una manera clara y concisa, quizás no fueran las mejores formas, pero era la manera en la que yo lo hacía y él me conocía de sobra para saber que si estaba allí era porque tenía un motivo de fondo.

Esperé a ver la reacción de mis palabras en él, sin embargo se mantuvo tan inexpresivo como yo pensaba... no iba a ser fácil, pero tampoco yo me rendiría a la primera. Había ido allí para llevarlo de vuelta a Talos, y era precisamente lo que iba a hacer. Sin embargo me respondió algo sobre la música que sonaba, en cómo los humanos podían crear algo tan hermoso y nosotros los dragones aunque intentáramos reproducirlos jamás lo consiguiéramos. Sabía que a él también le fascinaba la música como a mí, en eso los dos nos parecíamos bastante. Elevé la comisura de mi labio cuando dijo que no había perdido mis dotes oratorias, por supuesto que no las había perdido... eso era algo que iba innato en mí. La joven camarera que se acercó hacia donde estábamos parecía bastante confundida por verme allí sentado, ya que nadie parecía que lo había hecho nunca, sus mejillas estaban ruborizadas y le dediqué una pequeña sonrisa que le hizo ruborizarse aún más y agachar la mirada no sin antes llenar la jarra de mi amigo. Había pedido otra jarra para mí así que en lo que la joven se alejaba para volver a traer más contenido di un nuevo trago casi acabando con lo que había en el interior. Hacía tiempo que no escuchaba su voz resonando en mi cabeza, para los dragones la red era algo muy importante para comunicarnos y en aquel momento nos serviría para que nadie pudiera enterarse de lo que estábamos hablando. No si así lo queríamos nosotros.



—“Siempre he pensado que los humanos tienen un don para la música, algo que a nosotros no nos ha sido concebido, algo que los hace en cierta manera... especiales” —reconocí mientras dejaba la jarra sobre la mesa esperando a que la mesera se alejara para poder seguir con nuestra conversación mientras la música seguía sonando de fondo en aquel lugar. Por fin se giró para mirarme y su rostro no cambió en ningún momento, me miraba con los ojos entrecerrados como si intentara ver el verdadero motivo que se escondía tras mi presencia. Ya sabía que no bastaría con unas simples palabras para hacer que vuelva, sin embargo el motivo por el cual había ido hasta allí era seguramente lo único que lo haría regresar a un lugar que seguramente él tachara de prohibido. Prefería quedarse allí sumido en su propia misericordia, rememorando viejas glorias, a seguir adelante— “¿crees que soy tan idiota como para saber que, si no has vuelto ya desde hace meses, no volverías de no ser algo importante?” —enarqué una ceja mientras apoyaba mis dedos sobre la mesa y tamborileaba ligeramente con ellos sobre la madera, tenía la situación bajo control y sabía que cuando le dijera que necesitaba su ayuda él no dudaría en hacerlo, aunque eso supusiera volver al lugar al que él no había decidido volver— “me quedaré aquí disfrutando de la cerveza, escuchando la música de fondo, en esto que no logro entender... pero solo porque quiero que me escuches” —hice una pequeña pausa y después proseguí con mis palabras— “las cosas han cambiado en estos meses en los que tú te has dedicado a vanagloriarte de viejas glorias pasadas intentando olvidar el presente. Sabes que decidí hacerme cargo de los negocios que llevaba mi hermano pequeño en Isaur, aunque no lo necesite quise hacerlo porque era suyo. Después de que te fueras vi la oportunidad de ser copropietario de la Flor Azul, sacaría provecho y beneficio al darme cuenta de que tanto humanos como dragones buscan ir allí para olvidarse de su vida aunque sea por unas horas” —dije y callé cuando la mesera de nuevo volvió para llenar mi jarra aunque, esa vez, no la miré en ningún momento ya que no aparté mis ojos de los de Öz— “pero no es lo único que ha pasado, estoy tras la pista de lo que le sucedió a mi hermano en Isaur ya que sé que no fue algo limpio.... lo asesinaron. Se metió en algo turbio y lo quisieron quitar del medio. Ahora parece que yo soy su objetivo al seguir con lo que llevaba mi hermano y no pararé hasta saber quién fue el causante de su muerte... y eso me ha puesto en su punto de mira. Van a por mí Özgyur, y necesito a alguien en confiar a mi lado sino quiero correr la misma suerte que mi hermano”




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Mensaje por Özgyur el Lun Mar 16 2020, 12:18

- ”¿Idiota?, en todos los años que hemos estado juntos jamás he visto que hicieras ninguna idiotez. Tú siempre lo tienes todo bien pensado, nunca actúas a la ligera y esta vez no iba a ser diferente“ – le respondo mentalmente a su pregunta, a ésa en la que ha utilizado ese adjetivo que tan poco concuerda con él en cuanto termina de formular la pregunta, viendo cómo su ceja se enarca y el sonido de sus dedos al martillear sobre la mesa se une a la música que suena alegremente a mi alrededor. Seguramente debería haber sonreído, o al menos haber esbozado un atisbo de sonrisa ante su estúpida alusión a que pueda considerarle un idiota, algo que jamás se me habría pasado por la cabeza pues idiota y Tiamat son dos palabras totalmente opuestas que no pueden existir en un mismo lugar y momento. Le conozco lo suficiente, incluso mucho mejor que otros que le han rodeado durante más tiempo que yo, como parar saber que nunca se ha comportado como tal, le he visto inmerso en millones de situaciones verdaderamente complicadas y siempre, siempre, ha sido capaz de salir indemne de ellas solo con su sangre fría y su gran elocuencia, por eso sé que se va a esforzar por lograr aquello que ha venido a buscar, cueste lo que cueste. Como también sé que yo debería reaccionar, debería hacer algo, decir algo, pero me siento incapaz, como si yo no fuera quien controla mi cuerpo, sino un mero espectador de todo lo que sucede a mi alrededor, un simple observador que ve la vida pasar a su lado, sin que nada le importe ya, sin que absolutamente nada le haga reaccionar, como si fuera un simple fantasma atado a un mundo que sigue avanzando sin que le importe demasiado.

Y como era de esperar pronto sus palabras vuelven a resonar en mi cabeza, con esa forma tan suya de hablar, aunque con un tono que deja clara la rabia que siente, el enfado que parece que le provoca mi falta de reacción mientras acepta mi invitación a quedarse conmigo imponiendo una única condición, una condición que en cierta forma me molesta, me irrita, porque no me interesa nada que no sea la música, la tranquilidad y la soledad que ahora mismo. Por eso, mi rostro adopta una expresión impasible, carente de cualquier atisbo de sentimiento al retornar a una apertura más normal mis ojos, soltando un único y suave suspiro de molestia por no dejarme disfrutar de la música en cuanto hace una pausa antes de proseguir con su largo discurso. Un discurso que solamente se ve interrumpido nuevamente por la aparición de la mesera, la cual parece algo contrariada al comprobar que mi apuesto acompañante ya no le dedica ni la más mínima mirada, pues toda su concentración está sobre mi, como antaño hacía, como un depredador cuando se centra en su presa, en una presa a la que no piensa dejar escapar. Pero ni esta leve interrupción en la que su copa es rellenada hace mella en la intensidad, en su apasionado discurso el cual debería haberme enfurecido, que en otros tiempos me habría hecho hervir la sangre con el fuego de la rabia, de una rabia creada no solo por insinuar que estoy de brazos cruzados, sino también por la terrible noticia del asesinato de su hermano. Un asesinato que sé que habrá sido obra de esos traicioneros humanos, motivo por el que mi antiguo yo ya habría saltado soltando mil maldiciones en varios idiomas, golpeando con furia la mesa en un estallido de ira que habría hecho enmudecer y asustar a todos los allí reunidos. Y, sin embargo, ahí permanezco mirándole inexpresivamente mientras termina de hablarme poniendo finalmente sobre la mesa el motivo real que le ha traído hasta aquí, la búsqueda de ayuda al sentirse en grave peligro.

Mientras que una parte de mi me exige indignada, cabreada, rabiosa que estalle de una vez, que abandone este extraño estado en el que me encuentro, me veo tomar mi vaso con una mano, elevándolo hasta la altura de nuestros ojos, interponiéndolo entre nuestras miradas a modo de brindis. - Por tu hermano – digo simplemente en un tono carente de sentimientos, como si esa voz perteneciera a otra persona ajena a mi, antes de llevarla a los labios y beber en honor al dragón caído. Tras este breve brindis, y sabiendo que la decepción pronto acudirá a la mirada de mi amigo, el cual seguramente se apartará de mi tras esta falta de respuesta por mi parte ante una situación realmente grave, algo que no tiene nada que ver con el dragón que fui, aquella bestia implacable que él tan bien llegó a conocer y con el que formó tan buen equipo, aparto finalmente mi mirada, rompiendo el largo contacto visual mantenido durante toda la conversación para volver a centrarme en los músicos, depositando el vaso sobre la mesa para hacer aquello que vengo haciendo desde que me liberó, dejar pasar la vida sin intervenir en ella.





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