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Lo prometido es deuda [Joe Hund]

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Mensaje por Rhynn el Dom Dic 01 2019, 12:06

Sabía perfectamente que mi comportamiento con respecto a mi actuación en aquella extraña fiesta de la cosecha iba a pasarme factura de una forma u otra. Sobretodo porque había desobedecido claramente la orden de Lyana de permanecer en el tejado y, si bien es cierto, que ella no es mi dueña y a quien le debo servidumbre y lealtad es a su hermano el cual me había indicado que no me separara de ella, conozco perfectamente el temperamento de la dragona como para saber a ciencia cierta que no tomará algún tipo de represalia o castigo contra mi, y más sabiendo que su hermano marchará en breve.

De hecho había tenido que retrasar lo que tenía que hacer por culpa del castigo al que fui sometido por la dragona, un castigo del que he tardado demasiado en recuperarme. Por suerte, aprovechando la excusa de cumplir un recado de mi legítimo dueño no tardo mucho en abandonar el que se ha convertido en mi hogar en Talos para dirigirme hacia un local al que me habían invitado justo cuando estalló todo el follón con las arañas, el Nailtail.

Pasear por la ciudad se me asemejó algo realmente extraño, pues los restos de los incendios y de los estragos causados por los arácnidos todavía estaban muy presentes por las calles de la ciudad a pesar de que hace ya semanas de lo acaecido aquel fatídico día. Una ciudad que a penas si conozco una parte, por lo que, como ya es habitual, me veo obligado a pedir indicaciones para llegar a dicho local en concreto.

Finalmente consigo dar con el céntrico edificio de adobe en el que se encuentra la taberna. Nada más entrar no puedo evitar sentirme incómodo, pues es la primera vez que me presento en un local semejante solo, sin tener que hacer ningún encargo, sin tener que hablar con nadie, simple y llanamente porque me invitaron, algo que se me hace realmente extraño porque nunca nadie, me ha invitado a nada pues a los esclavos no se les invita a nada.

Mi primera impresión del local es bastante buena, parece amplio y con bastante luz natural que se cuela a través de las ventanas. Las estructuras de madera y piedra le dan una sensación de seguridad, de fortaleza y, junto al visible revestimiento de madera convierten el lugar en un sitio agradable, fresco y luminoso.

Adentrándome en el lugar de una forma titubeante que no pasa desapercibida a quien se fije en mi, empiezo a buscar con la mirada a Joe, quien me había invitado a tomar algo ahí. Una persona que había encontrado por casualidad en medio de aquel jaleo y que me había creado una gran confusión al creer que era un chico, después una chica y finalmente un chico - ”Vamos que no tienes ni puta idea de cómo tratarlo, o tratarla…” –.

Sabiéndome un completo extraño en el lugar, y empezando a notar ciertas miradas sobre mi de la gente que se encuentra aquí, y que seguramente son los clientes habituales que se presentan en cuanto el sol inicia su descenso final, decido dirigirme hacia una de las camareras, una chica de mediana edad y prominentes caderas, a la que decido dirigirme no sin antes esperar pacientemente a que termine de servir una, dos, bueno tres mesas antes de que finalmente me atreva a llamar su atención con un carraspeo profundo de voz - Disculpe si le molesto mas – empiezo a decirle con tono de disculpa evitando mirarle a los ojos directamente - Traigo un encargo para Joe y me han comentado que le encontraría aquí, ¿no sabrá si se encuentra por aquí en estos momentos? – añado manteniendo el tono respetuoso y la apariencia tímida.




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Mensaje por Joe Hund el Jue Dic 05 2019, 11:48

La pisada sobre el arácnido hizo que sonase algo crujiente bajo la suela del zapato, algo que hizo en la rubia sintiera cierta satisfacción. Desde lo ocurrido en el festival, odiaba aún mas a las arañas, por eso cuando estaba fumando algo de tabaco en el callejón de atrás en su rato libre, al ver ese insecto cruzando el camino de un lado a otro, no tardó en pisarlo tal y como hizo aquella dragona al hacerlo sobre aquella casa donde ella misma iba a entrar momentos antes. De no ser por el esclavo, puede que ahora estaria alimentando a los gusanos. Aunque hubiera sido mejor, ya que Tyra le habia estando molestando con comentarios, sobre lo "encantada" que se veia junto al grandullón, algo que le costó a la morena quedarse sin opio al menos hasta que consiguiera mas.

Trás arrastrar el pie y quitarse de la suela al bicho, tiro el papel enrollado a un charco para después volver dentro. En la cocina habia bastante movimiento ya que pronto vendrian clientes, no solo a beber, sino tambien a comer. Joe cogio un pedazo de pan que sobraba, para darle un mordisco, mientras veia como el hombre que estaba al cargo de los fogones estaba concentrado en un guiso que olia a manjar de dioses. La verdura y especias eran los ingredientes mas recurrentes, pero en alguna ocasión habia carne y después, se usaban los huesos del animal para hacer caldo. A Joe jamás se le ocurririan esas cosas, simplemente comeria todo medio crudo o quemado, ademas de salado o sin sabor. Desde luego no servia para la cocina, al igual que su hermana. Era mas comodo pagar a alguien para que te hiciera un buen cocido, como quien compra unos zapatos o un cuadro. O como quien contrata a un asesino para matar a alguien molesto. Todo tiene un precio.

Cuando todo parecia estar tranquilo, la voz de Roberta se escuchó al otro lado de la puerta de la cocina llamando a Joe. Esta abrio de golpe dicha puerta buscando a la rubia con la mirada, y algo molesta se dirigio a ella diciendo que un hombre lo buscaba por un encargo, pero que ella no era su madre ni su recadera y que volviera al trabajo. Con media sonrisa Joe se quedó pensativa y asintio a todo lo dicho.
- Ammm si, ahora voy ¿sabes como se llama el tipo? - entrecerró los ojos, pues en principio pensó en un miembro de la resistencia. Pero Roberta no pudo contestar, o mas bien dio una respuesta que Joe no esperaba sobre aquel tipo: se trataba de un esclavo alto y fuerte. Por alguna extraña razón, la rubia no tuvo otro perfil a quién asemejar a aquel hombre, por lo que salio rápidamente a su encuentro.

- Buenas señor, ¿que le sirvo? - anuncio su presencia pasando un paño sobre el mostrador, mientras miraba a Rhynn con una leve sonrisa. Comenzó a sacar un vaso y llenarlo con vino especiado - Veo que tu amo te deja salir de paseo a estirar las piernas - dijó con algo de sarcasmo, puesto que la última vez aunque la dragona que vio no era su ama, era demasiado absorvente y seguramente su amo tambien. Le paso el vaso con vino - Te prometi una copa. Por cierto, Roberta me ha dicho que traes un encargo para mi - la mujer con ambas manos en el mostrador y hombros echados hacia delante, con una postura mas que masculina terminó por sonreir traviesa - ¿No me habrás hecho una de esas mazas enormes? Mira que para eso no tengo fuerza - la rubia levanto uno de sus brazos recogiendo la manga se camisa, mostrando sus biceps marcados pero mas normales en volumen. De nuevo se colocó la manga cruzandose de brazos sin dejar de mirar a Rhynn.




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Mensaje por Rhynn el Dom Dic 08 2019, 17:09

Tras dedicarme una mirada que me recuerda tanto a la que me dirigían los dragones que querían comprarme, como si me estudiara completamente, me indica que espere junto al final del largo mostrador de madera, un lugar al que no llega demasiada luz pero que está vacía y se me antoja un buen lugar desde el que tener una buena perspectiva de todo lo que me rodea sin seguir llamando más la atención, por lo que agradezco su indicación y no tardo en sentarme, deslizando mi curiosa mirada por la gran cantidad de botellas con diversos contenidos que se encuentran en la pared - Buenas tardes, Joe, pues… – empiezo a decirle deteniendo mi frase a medio formular ante mi desconocimiento total sobre lo que debería pedir. No porque no conozca los diferentes tipos de bebidas alcohólicas que tanto agradan a mis dueños, sino más bien porque me siento completamente desubicado en el local y este sentimiento hace que hasta mis frases sean algo confusas. Para mi tranquilidad, Joe se encarga de responder a su propia pregunta, sirviéndome un vaso que, por el color y olor, identifico lleno de vino especiado. - Muchas gracias, Joe – le agradezco con el característico tono servil de un esclavo - Solo cuando tengo que hacer un encargo, o acompañar a su hermana… ya sabes, la dragona encantadora que casi te aplasta – respondo ahora burlón a su comentario sobre que mi dueño me deja salir a estirar las piernas tomando el vaso con la diestra y llevándomelo a los labios, dando el primer sorbo al vino, el cual, encuentro realmente bueno.

En un principio no tenía interés real en tomar nada, puesto que no estoy acostumbrado a beber nada que no sea agua, y no puedo demorarme demasiado en regresar al palacio. Pero su comentario sobre que me dejen salir ha activado todos los recuerdos de las últimas jornadas en el palacio a manos de Lyanna, la cual me ha demostrado que no tiene nada que ver con su hermano y que es un ser cruel sin sentimientos. Es por culpa de esos pensamientos que opto por tomar un sorbo, intentando controlar el temblor que se apodera de mi mano en cuanto sostengo el vaso y, sobretodo cambiar radicalmente de tema para no salir corriendo de vuelta al palacio por miedo a volver a ser castigado por la dragona.

- Si mal no recuerdo fue una o dos, o lo que quieras, a lo que me invitaste – le comento divertido, buscando la forma de eliminar los anteriores pensamientos de mi mente, esbozando una media sonrisa mientras dejo con sumo cuidado el vaso sobre el mostrador, mientras observo una pose tan claramente masculina y una exhibición tan poco femenina de musculatura que no hace sino confirmar más mi última opinión de que se trata de un varón. - Te sorprendería de lo que es capaz una persona desesperada – empiezo a decirle sin abandonar el tono divertido mientras dirijo mi mirada hacia la bolsa que cuelga de mi costado, sacando de ella un objeto envuelto en una tela de arpilla - pero no creo que fuera muy prudente entregarte semejante arma por el bien de los presentes – bromeo imaginándome por un segundo a Joe golpeando a alguno de los clientes con la maza como respuesta a cualquier agravio del que se sintiera víctima - Toma, creo que esto te servirá más a ti que a mi – termino de decirle colocando el objeto sobre el mostrador, justo delante suyo. Un objeto que no deja de ser la daga que se encontró por casualidad y que me entregó para luchar contra aquellas arañas. La cual he afilado, limpiado y revisado antes de traérsela, puesto que sé que le hará más beneficio a él que a mi.




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Mensaje por Joe Hund el Lun Dic 09 2019, 16:05

Después de servir el vino especiado, la tabernera se dió cuenta que tal vez el esclavo hubiera preferido algo mas amargo o mas fuerte *La siguiente será* pensó mas tranquila mientras observaba como el hombre parecia tomar el vaso con un temple timido. Le resultó bastante gracioso que un tipo tan grande y que supiera hacer armas con sus propias manos, fuera tan sumamente introvertido. Habia conocido a muchos y muchas, pero con esa personalidad solo encajaban los mas débiles o los nada sociables. Y Rhynn no le parecia ninguna de esas dos cosas.

La mención de la dragona hizo que Joe sonrieda ladina a pesar de querer soltar una enorme máldición - Siiii... creo que me acuerdo - se hizó la despistada entrecerrando los ojos, además de fruncir los labios como si intentase visualizar la cara de la mujer *Hija de mil putas, que bien estarias muerta* pensó volviendo a sonreir - O sea que "te permiten" salir solo si es para un recado o, ¿para acompañar a la hermana de tu amo? Eso es algo raro - la mujer llegó a enarcar una ceja - Es decir, no pareces un chico de los recados, ni una mujer para ayudar a otra en sus compras aburridas - ante eso la rubia se burlo con una carcajada. Era gracioso imaginar a Rhynn en una tienda de vestidos dando opinión sobre estos, o peor, vestido con uno. Aunque se hacia una idea, equivocada o no, de que esa dragona queria a un esclavo como Rhynn a su lado.

Cuando el rubio recordó que habia sido invitado a lo que quisiera, Joe se quedó pensativa con un semblante serio - Esto... ¿tu no pierdes el tiempo, eh campeón? - apoyó los nudillos en el mostrador aún seria, mirando a los ojos a Rhynn. A los pocos segundos sonrió de lado mostrando su fila de dientes blanqueados por el alcohol - Lo decia en serio, solo que pensé que eras muy timido como para pasar de una copa a pedir algo mas. Creo que ese vino te hace efecto - movió las cejas de arriba a abajo un par de veces, volviendo a reir dando un golpe con las palmas de las manos sobre el mostrador. Paso a coger otro vaso y servir mas vino en ambos recipientes mientras Rhynn hablaba - No me hace falta un mazo para hacer atrocidades - alzó el vaso mirando al esclavo para llevarselo a los labios y beberselo de un trago, para arrugar la cara después - Agh, esta demasiado caliente. Parece un dulce dejado al sol - paso su lengua por una de sus comisuras cuando vio como el herrero sacaba la daga que ella misma le prestó aquel dia, solo que ahora estaba como el primer dia, mucho mas limpia y filosa. Joe la tomo por la empuñadura, mirandola con media sonrisa - Esta como nueva - susurró entre dientes, para después mirarlo a la cara - No parece la misma que encontre en el suelo - se encogio de hombros guardandosela en la parte trasera del cinturón. Miró alrededor, comprobando que las camareras empezaban a servir comidas y demás, viendo que no habia ya nadie en la barra - ¡Roberta, tengo que salir a un encargo! ¡Vuelvo en una hora! - gritó enérgicamente cogiendo una de las botellas de ron de las estanterias para meterla dentro de su chaleco, mientras salia de detrás de la barra haciendo un gesto con la cabeza a Rhynn para que la siguiera, saliendo de la taberna.

Aunque salió fuera, su intención fue meterse a una de las callejuelas menos transitadas para evitar el bullicio de la gente. Una vez bien ubicada, saco la botella para abrirla y darle un trago. Miro a Rhynn pasandosela - El segundo trago. Este es mas fuerte, seguro que te gusta - sonrió agi tando la botella de un lado a otro, cuando ladeó la cabeza apoyando la espalda en la pared del edificio - Y bueno, ¿Vas a pedirme algo mas? - la voz de Joe sonó en un tono agudo y coqueto. Doblo una de sus rodillas colocando el pie en la misma pared que habia puesta la espalda, teniendo una postura mas relajada.




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Mensaje por Rhynn el Dom Dic 15 2019, 13:53

Los comentarios de Joe sobre mi dueño pese a que distaban mucho de ser completamente ciertos, no iba a ser yo quien los negara, puesto que lo que muchos desconocían era la estrecha relación basada en el respeto que se había establecido entre ambos. Mi dueño me había dado una libertad casi total en todo lo que tiene que ver con mis entradas y salidas del palacio, por lo que no era cierto eso de que me permiten salir sólo en aquellos casos que ha enumerado, pues han sido numerosas las ocasiones en las que me he escabullido del palacio con el beneplácito de mi dueño para distraerme. Aunque dichas distracciones no dejaban de generarme cierta incomodidad ante la certeza de la mentira que estaba manchando la relación con el dragón pues, si bien es cierto que realmente iba a la costa a disfrutar del mar, era allí dónde me reunía en múltiples ocasiones con Payge, quien se había convertido en mi guía tras descubrir mi naturaleza híbrida, detalle que no me había atrevido a contar a mi dueño por miedo causarle más problemas y, seamos realistas, por miedo a sufrir el destino que la Reina Madre ha dictaminado para todos los de mi especie, la muerte.

Tímidamente esbozo una sonrisa en cuanto le escucho decirme aquello sobre que no pierdo el tiempo y que quizás busco algo más que una copa, aprovechando la escusa que me da darle otro trago al vino para evitar tener que responderle más que con la sonrisa y una mirada que no deja de observar su rostro, sus gestos, en la búsqueda de cerciorarme de que realmente es un hombre, algo que, cada vez tengo más que claro.

- No, no te hace falta, de eso estoy casi seguro, puesto que nadie se atrevería a meterse solo en un sótano lleno de arañas enormes escupidoras de fuego… – le comento sonriente tras su comentario sobre que no necesita un mazo, sonriendo abiertamente al ver cómo arruga la cara tras beberse de un solo trago el vino que se ha servido. Siendo el comentario que hace sobre la bebida lo que hace que dirija mi mirada a mi vaso, el cual sostengo en mi mano, sintiéndome realmente estúpido por pensar que el sabor y la temperatura del vino no eran la correcta, algo que es imposible que yo pueda saber puesto que mi condición de esclavo me ha privado de diferenciar esos matices, de saber qué es bueno y que no en temas culinarios.

Y es su halago hacia la daga, aquella que me entregó y que yo he decidido devolverle tras dejarla casi como nueva, lo que elimina esa expresión incómoda en mi rostro por no saber sobre vinos. Terminándome de un solo trago lo que queda en el vaso antes de seguir los pasos de Joe hacia la salida de la taberna.

Curioso, sigo al chico hasta una callejuela apartada del paso habitual de la multitud, pues a estas horas la zona parecía estar recibiendo la llegada de todos los que habían estado el día trabajando ya fuera dentro o fuera de la ciudad en búsqueda de un rato de descanso y diversión. Una vez en el callejón veo cómo descorcha la botella cuyo contenido parece ser agua, y le da un buen trago antes de ofrecérmela. Guiado por la curiosidad, esa misma que me había hecho seguirle tras realizar lo que era mi intención principal y que no dejaba de ser devolverle una daga cuya posesión era peligrosa para mi, escucho su comentario sobre que el segundo trago es más fuerte, tomando la botella con sumo cuidado y llevándola a mis labios. En cuanto doy el primer trago, noto el fuerte ardor que el líquido produce en mi esófago en cuanto inicia su descenso hasta mi estómago, haciendo que aparte con rapidez la botella de mis labios y empiece a toser con fuerza justo antes de que me hable, quedando como un novato en lo que a la ingesta de alcohol se trata.

Notando como el rubor acude raudo a mis mejillas ante mi exhibición patética, dirijo mi mirada hacia Joe el cual se encuentra apoyado contra la pared en una forma muy masculina, algo que choca con el tono coqueto que ha usado para hablarme justo antes de que el licor quemara mi garganta.

- Perdona… yo… no estoy muy acostumbrado a beber – le digo no sin mostrar la vergüenza que me produce este hecho en el tono de mi voz - Pues… me preguntaba… qué escondes debajo de los pantalones – me oigo decir, sorprendiéndome al instante de lo que acabo decir, pues realmente lo que me llamaba la curiosidad era saber si se trata de hombre o mujer y, ahora que he oído cómo ha sonado lo que he dicho sé que puede dar lugar a muchas dudas, por lo que, nervioso llevo nuevamente la botella a mis labios, dando un largo y profundo trago, sin importarme el ardor que esto genera en mi garganta, un ardor que, poco a poco parece irse transformando en una agradable sensación de calidez en mi estómago.




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Mensaje por Joe Hund el Mar Dic 17 2019, 18:16

El silencio sepulcral del esclavo ante las palabras de Joe sobre como le trataba su amo, además de la hermana de este en cuanto a dejarlo salir o no, hizo que lo mirase tambien en silencio. Sabia que muchos esclavos habian nacido bajo el yugo de los dragones y sus ideales, que incluso algunos se veian honrados al ser sus sirvientes, cosa que tanto la rubia como Tyra no llegaban a entender, o mas bien no querian porque lo veian contranatura. Por eso evitó el tema, ya que aquel hombre podria ser uno de esos que seguian ciegamente a los dragones o quizás, les tenian pánico y con razón, ya que por muy amable que fuera un lagarto, seguian manteniendo su puesto y lealtad a su Reina dejando a "sus humanos" sufrir las consecuencias.
Una pequeña risa se apodero de la asesina cuando el otro dejó claro que, realmente no necesitaba ningún arma para defenderse. Eso hizo además que Joe se sintiera mas que halagada, pues era todo un piropo que la subió la autoestima a un buen nivel, sobre todo viniendo de Rhynn, a quien no quitaba el ojo de encima. Joe lo nota poco receptivo con el vino, por lo que supone que al igual que ella no le gusta por estar caliente o quizás por ser barato. Incluso piensa que suele beber cosas mejores gracias a lo que su amo o la hermana de este le dé en su casa, cosa que no estrañar.

Trás coger la botella a escondidas y salir para esconderse en el callejón, Joe se siente mucho mas comoda, tal vez porque no hay tantas miradas a su alrededor y puede estar tal cúal con Rhynn. De hecho no tarda en soltarse un poco mas, llegando a pensar que la posada ahora mismo estará vacia y podrá llevarse alli al grandullón. Cuando este tosé descontroladamente al beber, Joe empieza a reir a carcajada limpia - ¿En serio? Y yo creyendo que eras alcoholico - bromeó ante lo dicho por el hombre - ¿Es tu primera vez? Con la botella - la rubia terminó por guiñarle el ojo mientras le quitaba de las manos dicha botella para darle un trago, que interrumpio al escuchar lo que se preguntaba. Joe lo miró divertida mientras daba un trago largo sin pestañear. Al apartar la boca tomó aire profundamente mostrando nuevamente una sonrisa traviesa - Es cierto que nunca has bebido nada. Eso o no eres tan timido como pensaba y el alcohol no te esta haciendo efecto - ladeó la cabeza un segundo apartandose de la pared, colocando su mano libre sobre en pecho del esclavo - El caso es... ¿funciona lo que tú tienes debajo de los pantalones? - Joe terminó por poner el brazo contra el pecho de Rhynn, empujandoló contra la pared con todas sus fuerzas, y una vez arrinconado, dejó caer su cuerpo contra el del hombre, llevando su brazo ahora hacia arriba para agarrarle del cabello y bajar su rostro hasta el de ella.

Fue entonces cuando Joe se apresuró a posar sus labios sobre los de Rhynn, con firmeza, mientras la mano ocupada con la botella fue dirigiendo la mano contraria del hombre para que se colocase sobre la cadera y después la nalga de la rubia. Los labios comenzaron a abrirse haciendo que el resto del licor y la saliva de ambos se mezclasen. Las caderas, vientres y pechos de ambos estaban prácticamente tan unidos como sus bocas, además de que los movimientos ritmicos de la rubia sobre el esclavo, hacian del momento algo mas que un simple y casto beso.
Cuando se sintió satisfecha, aquel movimiento se detuvo y, poco a poco sus labios fueron separandose para quedar en una distancia muy corta. Joe miró a Rhynn a los ojos enarcando una ceja - Si te gusta... - la rubia bajo un segundo la mirada para subirla después, suspirando en la boca del hombre - ¿... importa que lleve pantalones, vestido o no lleve nada? - terminó por darle un beso fugaz con una sonrisa en los labios y lo miró a los ojos - Sabes a caramelos - susurró con una dulce voz.




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Mensaje por Rhynn el Sáb Dic 21 2019, 17:41

Una parte de mi se sentía una profunda vergüenza al haber dejado tan claro ante Joe que no estoy acostumbrado a beber. De hecho ninguno de mis dueños me había ofrecido bebida alcohólica alguna, y mucho menos me había emborrachado para poder reírse o aprovecharse de mi estado de embriaguez como sé de muchos que suelen hacerlo como mera diversión. Y he de reconocer que me ha ido muy bien el no haberlo probado antes, sobretodo porque sí que sé el efecto que tiene el exceso de bebida en la gente, o más bien dicho en los dragones, algo que no me gusta en absoluto.

Es por eso que no puedo sino sentir cómo mis mejillas se ruborizan todavía más si cabe, como el calor se apodera de todo mi rostro tras escuchar su comentario sobre si era la primera vez con una botella, algo que es totalmente cierto y que me hace parecer bastante estúpido o retrasado a mi modo de ver, pero mi condición de esclavo me ha privado de demasiadas cosas en la vida, por lo que soy muy consciente de que, a pesar de mis años ya vividos, en muchas cosas todavía será mi primera vez.

Verlo beber con aquella soltura me indica que él sí que ha bebido en numerosas ocasiones, algo que es lógico y normal en alguien que trabaja sirviendo comidas y bebidas en una taberna, ya que lo contrario sería tan raro como que yo no supiera blandir la hoja de una espada para comprobar la calidad del trabajo realizado.

Asintiendo levemente con mi enrojecido rostro, confirmo que realmente es mi primera vez con la botella, sin llegar a decir nada más pues al momento repite la pregunta que tan desafortunadamente he formulado, apoyando su mano en mi pecho como indicándome que no me mueva mientras que él deja de estar apoyado en la pared para acercarse a mi. - ”No, no quería decir eso, solamente quería saber si eres hombre o mujer” – estoy a punto de decirle, en un intento por reformular la pregunta anterior. Sin embargo, el notar la contundencia con la que apoya su brazo libre en mi pecho empujándome hasta que noto mi espalda chocar contra la dura pared consiguen que las palabras mueran en mis labios antes de que lleguen a ver la luz.

Antes de que pueda reaccionar noto cómo mi cuerpo queda preso entre el suyo y la pared, imposibilitándome cualquier intento de huida que no conlleve un fuerte forcejeo con él, algo que no quiero que ocurra, pues los esclavos tenemos totalmente prohibido agredir a nadie, aunque sea en defensa propia. Incapaz de reaccionar por culpa de la situación y, en cada vez mayor grado, por la afectación del alcohol en mi sangre, noto cómo su mano obliga a mi cabeza a inclinarse hacia su rostro de una forma demasiado peligrosa para mi gusto - ”Por todos los elementales… que sea mujer, que sea mujer…” – imploro a los dioses mientras veo sus labios acercarse hasta unirse con los míos de una forma firme y segura, que no deja la menor duda de que es lo que Joe quiere. Pero no satisfecho con el beso siento su mano sujetar la mía con fuerza, dirigiéndola maestralmente hasta su cadera, la cual se me antoja firme y fuerte, para deslizarla sobre su propia piel hasta llegar a la nalga, una nalga que me veo sujetando con la misma firmeza con la que me está besando. Un beso que, a pesar de haberme tomado desprevenido no rechazo y acepto sin ningún tipo de resistencia.

Poco a poco el movimiento que inicia Joe provoca que mi cuerpo reaccione ante el roce, algo que me sorprende pues, después del duro castigo al que me ha sometido la hermana de mi dueño por haber ayudado a Joe y Tyra en aquella noche de supuesta fiesta, no pensé que estuviera listo todavía para este tipo de reacciones. Así, dejando que el calor de aquella bebida y el roce de su cuerpo vayan haciendo efecto sobre mi, no dudo en permitir que sus labios abran los míos sensualmente y que mi mano, lejos de permanecer estática sobre su nalga, la aprieten con firmeza comprobando su tersura por encima de la ropa, sintiendo, gracias a la proximidad de nuestros cuerpos y a su lento movimiento que crea detectar que lo que se roza contra mi pecho son unos pechos más femeninos que masculinos, agregando más indecisión hacia el auténtico género de Joe.

La repentina finalización de aquel movimiento, así como la lenta liberación de mis labios, casi consiguen arrancarme una protesta, pues mi pulso y respiración se han acelerado ante su contacto, así como el endurecimiento de mi entrepierna es más palpable de lo que yo desearía. Es por eso que miro su rostro con una mirada cargada de excitación mezclada con confusión, tragando saliva sonoramente cuando veo cómo baja su mirada unos instantes para volver a elevarla hacia mi rostro, sin llegar en ningún momento a soltar mi cuerpo, haciéndome esa pregunta con la coletilla final, un comentario sobre el sabor de mis labios que me descoloca sobremanera. - No, no importa en absoluto – le respondo casi inmediatamente, negando violentamente con la cabeza antes de volver a centrar mi mirada en la suya, arrebatándole la botella con mi mano libre para darle otro largo trago a aquella bebida incolora cuyo sabor me es tan desagradable y cuyo ardor destroza todo lo que encuentra desde mis labios hasta mi estómago, pero que empieza a generar un bienestar interno que creo que necesito ahora mismo para no dejarme llevar por mis más primarios instintos.

- Joe… yo… es la primera vez… – balbuceo totalmente nervioso sabiendo que seguramente me va a tomar por un auténtico estúpido o bicho raro, pero nunca antes he yacido con una mujer de forma libre y voluntaria, otra de las muchas cosas que mi condición de esclavo me ha arrebatado.




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Mensaje por Joe Hund el Sáb Ene 04 2020, 18:32

Desde luego la espóntaneidad de Joe era notable en sus actos, pero el arrepentimiento no estaba en su vida desde hacia bastantes años. Vivir el dia a dia era lo mejor que podia hacer alguien como ella, que podia perderla en cualquier trabajo o peor aún, que alguien la reconociera y llegase a capturarla en un descuido. Ser comedida y sútil no entraban en los planes de las Killian, en ninguna de las dos hermanas, al menos no a la hora de divertirse. Y desde luego Joe al ver a aquel hombretón solo veia eso, diversiión hecha carne.
Y aunque la cosa fluia estupendamente con aquel beso y lo que parecia el despertar de algo interesante entre las piernas de Rhynn, las palabras que decia el rubio en ese tono, con ese tartamudeo, como si estuviera a punto de echarse a llorar, hizo que Joe se mordiera el labio inferior mirandolo con algo de lástima en un principio, para después darle un par de palmadas en los pectorales mientras se apartaba.

- Siempre hay una primera vez para todo - susurro de forma amable mirandolo a los ojos con media sonrisa - Yo tuve mi primer beso hace bastante y fue... horrible - la rubia puso los ojos en blanco recordando a la chica con la que compartio aquel momento. Parecian estar chupando caracoles, que asco - Desde luego si es tu primera vez, tienes talento - Joe echó la cabeza hacia atrás colocando una de sus manos en su pecho para agarrarse la camisa y airearla por el calor que tenia. Fue entonces cuando pensó en lo que dijo antes - Supongo que solo te gustan las chicas, es decir... las que, lo parecen - torció el morro encogiendose de hombros - Yo pude ser asi, una de esas "chicas", de cabello largo, conocidas por sus talentos maritales y disfrutar de vestidos y joyas - la mujer se cruzó de brazos y rió nasalmente - Pero si hubiera sido asi, ahora seria una puta a la que darian palizas y violarian por mendrugos de pan - negó con la cabeza - Supongo que debi pedirte permiso antes de besarte, yo te hubiera dado un cabezazo - la mujer rió con mas fuerza y trás quedarse algo mas seria miró hacia la calle principal un segundo - Aún estas a tiempo, que seas esclavo no significa que no tengas sentimientos - sonrió divertida mirandolo a los ojos.

Trás eso, agarro de nuevo la botella que empezaba a estar algo mas vacia y, aún asi, le dio otro buen trago - Entonces, ¿ere virgen? - lo miró enarcando una ceja bastante seria - Vamos, yo te he contado lo mio, es tu turno y no seas timido, somos mayorcitos - finalmente volvió a sonreir dandole un pisotón en la punta del pie con suavidad - Pero solo si te apetece. Siempre podemos beber o ir a jugar a las cartas. Total, ya tengo una daga preciosa y el beso mas dulce - la rubia amplio la sonrisa guiñando el oojo al esclavo, sacudiendose los pantalones, ya que el magreo se los habia descolocado un poco.




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Mensaje por Rhynn el Vie Ene 10 2020, 22:32

Por la reacción de Joe estaba claro que había metido la pata con mi confesión hasta el fondo. El problema es que ella, porque ahora estoy casi seguro al cien por cien que se trata de ella, ha malinterpretado mis palabras, algo que es la segunda vez que pasa en este encuentro y que me empieza a parecer demasiado frecuente para mi gusto. Con lo que es mi primera vez, no me refería para nada a que nunca antes hubiera mantenido relaciones con mujeres, o mejor dicho, con dragonas. Bien al contrario, pues la mujer de mi primer dueño me enseñó por las malas a cómo satisfacer sexualmente a una mujer de varias formas posibles, algo que fui mejorando con el tiempo en los múltiples encuentros en los que me obligaron a mantener relaciones con dragonas, y humanas, la mayoría esclavas, pues algunos dragones disfrutan viendo copular, como ellos dicen a sus esclavos.

Mi razón real para ese comentario es otra, que nada tiene que ver con virginidades ni castidades. Pero me cuesta hablarle de nuevo ahora que ella ha tomado la palabra, por lo que permito que se aparte de mi cuerpo, que incluso ventile su acalorado cuerpo, cosa que tampoco me vendría nada mal a mi. A parte que, finalmente ella misma me confirma con sus palabras que se trata de una mujer, una mujer especial pues tiene un comportamiento y unos ropajes totalmente masculinos, pero una mujer a fin de cuentas.

La verdad es que si me hubiera pedido permiso para besarme se lo habría concedido al momento, puesto que no me desagrada lo más mínimo y, el calor que el alcohol me otorga me anima a dejar de lado ciertos comportamientos para dejarme llevar más por lo que mi instinto me dictamina. Aunque he de reconocer que también ha creado un ligero mareo que nubla casi imperceptiblemente mi razón.

- ¿Solo un cabezazo?, estoy seguro de que habrías sido algo más… impulsiva – me atrevo a decir tras su comentario sobre que me habría dado un cabezazo si hubiese intentado besarla, dejando que la hilaridad provocada por el alcohol arranque también un ronca risa que se une irremediablemente a la suya. Dejando que tome la botella nuevamente para dar buena cuenta de su contenido.

Soltando una fingida protesta tras su suave pisotón, regalo a Joe una mirada divertida a la par que juguetona - No, no soy virgen – empiezo a contarle negando con la cabeza, dispuesto a ser tan sincero como ella lo ha sido conmigo - Al menos en el sentido estricto de la palabra – le aclaro mientras veo como se arregla los pantalones, momento de despiste que aprovecho para pasar velozmente una de mis manos por su cintura atrayéndola hacia mi - Te aseguro que me han enseñado perfectamente a satisfacer a una mujer – me permito susurrarle mientras me aseguro de volver a tener su cuerpo pegado al mío - Pero… a lo que refería con lo de la primera vez… es que… yo… bueno, nunca he yacido con una mujer por decisión propia – le confieso ahora utilizando un tono más tímido, agachando ligeramente la cabeza para posar mi azulada mirada en ella, sintiéndome como un estúpido por mi comportamiento tan atrevido, seguramente causado por el alcohol - Todos mis encuentros han sido, obligados, por decirlo de alguna manera, ya sabes… un esclavo no puede negarse a los deseos de la esposa de su dueño – añado apartando ahora avergonzado la mirada de su rostro, incluso deshaciendo el abrazo con el que la he atraído hacia mi, pues al expresarlo en público por primera vez me siento raro, extraño - Así que, a pesar de no vestir como una chica de cabellos largos, conocida por mis talentos maritales y disfrutar de vestidos y joyas, yo sí que he sido una puta a la que han dado palizas y violado por mendrugos de pan… – termino de decirle en apenas un susurro, ironizando con su comentario previo sobre lo que habría sido de ella si hubiera vestido y actuado como una mujer y no como un hombre, siendo totalmente consciente de que realmente no he sido más que un juguete sexual para ciertas dragonas y que se puede afirmar que fui abusado por ella.

Este conocimiento, algo que jamás antes se me había pasado por la cabeza, hace que no pueda evitar adoptar rápidamente una actitud totalmente sumisa, derrotada, clavando mi mirada azorada por la vergüenza en el suelo, borrando de un plumazo la sonrisa y alegría de mi rostro ante la cruda realidad, dejando caer abatidos mis brazos a lo largo de mis costados, mientras los amargos recuerdos de aquellas noches acuden con rapidez y fiereza a mi mente.




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Mensaje por Joe Hund el Sáb Ene 11 2020, 13:40

Cuando Rhynn mencionó que la rubia hubiera sido mas impulsiva si él la hubiera besado sin permiso, esta se quedó pensativa con media sonrisa. Pocas veces se atrevian a cruzar esa linea, pues los hombres siempre creian que ella se trataba de un chico y en caso de hacerlo, por el motivo que fuera, si era cierto que el cabezazo era bastante poco. Claro que esa linea nunnca la cruzaba dependiendo de la persona que lo habia hecho, ¿un hombre apuesto? Claro ¿una mujer descarada? Mas divertido ¿Un pirata borracho? Ese terminaria en el fondo del mar. Pero nunca se sabia lo que podia pasar y quien podia hacerlo, porque la vida era completamente inesperada.

El hombre tomó de la cintura a la rubia para explicar que no era lo que ella pensaba, un virgen santurrón que jamás habia besado a nadie. En parte esa dulzura e inocencia que hacian a un adolescente desaparecio para darle una imagen mucho mas tosca al hombre, haciendo que Joe enarcase una ceja mirandolo mientras se mordia el labio inferior - ¿Asi que conoces el mejor de los placeres, eh bandido? - sonrió divertida rozando su muslo contra el de él, pero se detuvo en seco al escuchar como Rhynn continuaba hablando de ese "placer", que mas que descubrirlo y disfrutarlo como lo hizo y hacia ella, prácticamente describia haber sido forzado y violado para satisfacer a quien fuera.

Joe sintió nauseas e incluso se aparto sútilmente, no por tener asco del rubio, si no por lo que los dragones eran capaces de hacer con sus propios esclavos, tratandolos como simples muñecos de trapo sin sentimientos, para satisfacerse no solo en sus labores o arte como decian, sino tambien en la cama. La asesina miró a un lado llena de rabia e ira, pues no era la primera vez que veia esto, pero siempre le causaba la misma sensación de repulsa e indignación. Además, escuchar a Rhynn era otra cosa, su tono grave y masculino, ahora mas bajo e incluso aparentemente avergonzado, le hacia parecer mas vulnerable y frágil, un niño dentro del cuerpo de un gigante.
Joe lo miró posando su dedo indice bajo su barbilla para levantarle el mentón, tomandole de la mano mientras daba un paso hacia atrás tirando de él con suavidad. Intentó sonreir lo mas convincente posible.

- Ahora estás aqui, conmigo, no eres un esclavo. Somos amigos - lo soltó para pellizcarle una de las mejillas un segundo y después colocarle el cuello de la camisa ladeando su cabeza, poniendose realmente seria - Siento haber sido tan... - terminó por mirarlo a los ojos - A veces no mido mis palabras y no sé ni con quien estoy, pudiendole hacer daño o no. Solo queria que supieras que bueno, yo pude ser de una forma, pero termine asi - la rubia volvio a encogerse de hombros bajando la mirada - Tampoco te acostumbres a mis disculpas - en el rostro de la rubia aparecio una sonrisa ladeada y cuando alzó su mirada hacia la de Rhynn, está se amplio - Además, seguro que no estás mal con un vestido y tacones - una pequeña carcajada inundó el callejón, para seguidamente taparse la boca con el brazo tirando la botella a un lado, haciendo que esta se hiciera pedazos en el suelo - ¿Me enseñas a coger la daga correctamente? Vamos a la playa, ahora seguro que no hay nadie alli. Ya que me la has regalado tendré que usarla - la mujer camino poco a poco por el callejón hacia la salida metiendo sus manos en los pantalones - Y hasta puedes acostarte conmigo, te dejó - lo miró de reojo, cuando sin mas le dió un puño en el brazo y echó a reir - Para echar la siesta. Te advierto que ronco y me gusta abrazarme a alguien como una lapa - alzó ambas cejas con una sútil sonrisa, pues ahora mismo con lo que sabia de Rhynn, no veia adecuado que se portase como una de esas dragonas que lo obligaban a hacer cosas que no le apetecian en un principio. Y comprendia que aunque fuera un hombre y que el sexo los cegaba, en estos casos era mejor ir poco a poco, pues asi el resultado era de lo mas sabroso.




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Mensaje por Rhynn el Vie Ene 17 2020, 18:33

Esta era la primera vez que hablaba públicamente de aquella época pasada en la que fui instruido, por decirlo de alguna manera, en cómo satisfacer sexualmente a una mujer, o más bien dicho a una dragona caprichosa bajo el beneplácito y la expectación de su marido, el cual encontraba más placer viendo a su esposas y sirvientes mantener relaciones que haciéndolo él mismo. Así que sí, ahora que me he detenido unos momentos a reflexionar sobre las palabras de Joe tengo muy claro de que fui prostituido, simple y llanamente, utilizado como si no fuera más que un juguete sexual al servicio de sus amos. Y pese, a que no puedo negara que en muchas ocasiones disfrutaba con ello, la realidad es que era sexo no consentido, pues a mi nunca me preguntaban si me apetecía, si tenía ganas o si disfrutaba con ello pues mis sentimientos, mi bienestar no tenía la mayor de las importancias.

Y ahora que he hecho partícipe de ésa parte de mi vida a otra persona, puedo sentir exactamente lo que deben sentir aquellas otras personas que han sido abusadas sexualmente y que, al descubrirse, sienten el peso de la opinión del resto del mundo sobre ellas. Una reacción de rechazo, de repulsa e incluso asco, algo que no me pasa desapercibido ante el casi imperceptible pero claro alejamiento de Joe y que, seguramente, es el causante de que los que hemos sido abusados callemos por miedo a ese rechazo, por la vergüenza protegiendo así a los auténticos culpables.

Es por este motivo que no puedo echarle en cara a Joe su disimulado distanciamiento, pues seguramente le dará asco mi simple contacto, pero eso no deja de hacerme sentir aún más avergonzado por lo que le acabo de contar. Aunque supongo que he malentendido su gesto, pues, en vez de alejarse definitivamente de mi con cualquier excusa o achaque, noto cómo me obliga a elevar mi rostro, a posar mi avergonzada mirada nuevamente en su rostro, aquel en cuyos ojos puedo ver lo que parece ser restos de ira, de rabia, además de tomarme por el brazo tirando suavemente de mi mientras me sonríe. Una sonrisa que no esperaba para nada ver en ella, pero que me llega al alma, me toca tan profundamente que noto como mis ojos se humedecen lentamente, pues no es una mirada de lástima o de pena, sino hay algo más en ella, algo que no soy capaz de discernir pero que me anima, me tranquiliza y que agradezco enormemente.

Haciendo una ligera mueca ante su pellizco permito que mis labios se curven en una sonrisa con tintes amargos y tímidos, notando cómo sus manos se encargan de arreglar el cuello de mi camisa mientras sus palabras van brotando tranquilamente de sus labios, dejando claro que no siente asco hacia mi. - Tranquila, no pasa nada, supongo que estamos en el mismo saco y no fuimos destinados a elegir lo que queríamos. Simplemente tuvimos que aceptar lo que se nos ofreció – le murmullo mientras veo como se encoje de hombros y baja su mirada, sintiéndome extraño por el cúmulo de sensaciones contrapuestas que invaden mi mente y cuerpo ahora mismo.

La sorpresa se puede ver perfectamente reflejada en mi rostro en cuanto escucho aquel comentario sobre que no me acostumbre a obtener disculpas por su parte, algo que me sorprende por lo inesperado, aunque dicha expresión poco dura pues, en cuanto ella estalla en carcajadas, no puedo sino unirme a ella, descargando así parte de la tensión del momento creada por la vergüenza y el sentimiento de rechazo hacia mi mismo que se había apoderado de mi en cuanto fui realmente consciente de lo que significaba todo lo que le acababa de explicar. - ¡Oh!, vaya, por supuesto, será todo un honor… ¿Caballero? – respondo recuperando el ánimo tras el estallido de alegría y comenzando a seguirle, preguntándole de forma indirecta si prefiere que le traten de chico delante del resto de personas, algo que no me importa lo más mínimo. Agarrándome el brazo y trastabillando hacia un lado al recibir su puño amistoso en mi brazo, imitando el movimiento que me habría provocado un auténtico puñetazo ahí, volviendo a reír con ganas ante su comentario de permitirme dormir con ella, cosa que no me desagradaría en absoluto. - Los ronquidos no son problemas, me acostumbré a ellos en mi infancia. Te aseguro que dormir con un montón de marineros borrachos te ayuda a no prestar atención a los ronquidos – le comento divertido acercándome a ella - Y para tu suerte, soy grandote, así que tienes donde abrazarte – añado extendiendo mis brazos, como queriendo demostrar la envergadura de mi cuerpo el cual es superior a la media humana normal.

Seguidamente, pasándole uno de mis brazos por encima de sus hombros, le acompaño hasta la playa, dejando que el agradable calor provocado por el alcohol, así cómo la tranquilidad y alegría de la compañía guíen mis pasos por la ciudad hasta acercarnos a la playa, deteniendo mi avance unos instantes en cuanto el olor a mar, a sal, penetra profundamente en mis fosas nasales, haciendo que cierre los ojos y aspire profundamente aquel viejo aroma tan querido por mi - ¿Lo hueles Joe?, ¿a que no hay mejor aroma en el mundo que el olor del salitre marino? – le pregunto antes de abrir los ojos, dejando que mi rostro adquiera ahora una expresión realmente relajada, tranquila y feliz.




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Mensaje por Joe Hund el Lun Ene 20 2020, 13:33

"Aceptar lo que se nos ofreció", era una frase que se le quedó rondando a la rubia unos segundos en la cabeza. Puede que cuando fuera una niña con trenzas, ni se le pasará por delante que algún dia llegase a matar por dinero, o que le gustase tanto el alcohol que le diera igual levantarse borracha e incluso con alguien al lado de quien no sabia ni su nombre. Pero si sabia que cada una de esas cosas las habia escogido ella, bien o mal, pero habia sido libre para hacerlo, cosa que Rhynn no y por ello tan solo se mantuvo en silencio asintiendo una vez mientras lo miraba a los ojos.

La salida de tono y apertura de risas fue algo bien recibido, ya que la cosa se habia tensado demasiado como para poder mover ficha en ese instante. Joe se sentia mas comoda en un ambiente libertino, e incluso salvaje pero la muestra de pudor y vergüenza del esclavo por lo que habia pasado, hacia que la rubia sintiera cierto enfriamiento, cosa que por otro lado agradecia. No habia mucha gente que pudiera conocerla a ese nivel, ni tan siquiera hablar, ya que entre besos y sexo, después cada quien por su lado. Desde luego Rhynn tenia algo especial, y no solo lo que Joe habia sentido contra su muslo al besarlo, sino que parecia uno de esos cachorros de oso que de un zarpazo te arancaban la cara sin querer porque queria hacerte una caricia.

Terminó pòr aceptar la invitación de ser el tutor de la rubia, por lo que esta, al escuchar como preguntaba aún dudoso lo de "caballero", rió con las manos en la nuca - ¿Todavia dudas? Me llamo Joe, tratame como quieras. Pero con respeto o te hostio - lo miró de reojo, dandole a entender que le "daba la mano" en esa cuestión, ya que comprendia que la gente se confundia muy a menudo con eso. Lo bueno es que habia personas como su hermana Tyra que la querian y respetaban, o como Rhynn y los huerfanos de Krossan que les importaba bastante poco la ropa, el pelo y su comportamiento que llevase Joe, ya que seguian viendo a alguien confiable y mas. Lo malo era encontrar mentes retorcidas que separaba peras de manzanas porque asi lo creian, claro que era algo muy escaso.

- De pequeño tenias que ser una monada - soltó mirandoló con media sonrisa - Rubito, ojos azules... seguro que hasta tenias voz aflautada, hasta que creciste y la jodiste - la rubia terminó por carcajearse al imaginarse a un Rhynn de 12 años cambiando de voz derepente, de una fina y dulce a la grave de ahora - Seguro que tu tambien roncas y las paredes tiemblan - enarque una ceja notando como se acercaba y choque mi hombro contra su brazo al oirle - Yaaa... eres muy grande. Todo tu eres grande - susurró bajo para de seguido continuar - Si algúin dia tienes hijos, con esas tetazas puedes darles de mamar - la chica se agarró los pechos que uno ocupaba la palma de su mano - Yo hago ejercicio para ser mas fuerte, pero soy demasiado... en fin, mira - sacó su brazo a relucir poniendolo junto al de Rhynn, que era tres veces el suyo - ¿Es que desayunas un cordero cada dia? - pregúnto bromeando aunque tambien con curiosidad, ya que siendo esclavo no entendia de donde sacaba esa corpulencia propia de un dragón.

Al llegar a la playa, Joe colocó sus manos en su cadera mirando al mar cuando notó el brazo de Rhynn en sus hombros, por lo que del mismo modo, alargó su brazo para colocar su mano en el hombro que estaba a su vera. Al escuchar lo que decia el otro, Joe cerró los ojos para centrarse mejor, y si, el salitre era notorio, además de las algas que habian quedado apartadas en la orilla - Lo huelo pero... no me... - la rubia pasó los dedos de su mano por sus labios quedando callada, ya que aquel aroma le recordaba a su infancia en el puerto, a vivir entre piratas, a vivir a duras penas con otros chicos huerfanos... no era un aroma que le hiciera sentir bien. Comenzó a sentir cierto mareo y calor, notando como las olas inundaban sus oidos, como si estarian tan cerca de ella que fueran a empaparla de agua. Abrio los ojos de golpe, y frente a ambos, en el agua se formaron un remolino pequeño en la superficie de la orilla haciendo un surco marcado en la arena, hasta que se desvanecio sin mas, dejando paso a una ola que limpio de nuevo el rastro del boquete en la arena hecho por aquel extraño movimiento. Al hacerlo, Joe agarro el hombro de Rhynn con fuerza al notar sus rodillas flojear, ademas de sentir ganas de vomitar.

- Estoy bien...  - balbuceó intentando mantener las apariencias - Creo que bebi demasiado - sonrió de lado colocandose mejor y llevandose la mano a la frente - La salitre y yo... en fin, prefiero el olor a hierba recien cortada - sonrió de soslayo encogiendose de hombros, ya que aún estaba algo aturdida sin saber porque - Asi que, eres hombre de sal y agua en las venas grumete - alzó la vista hacia Rhynn ampliando su sonrisa - Y yo pensando que eras sacerdote ayudando a la gente, resulta que eres todo un marino - enarcó la ceja a punto de la risa, terminando por apoyar su cabeza en el hombro del esclavo al sentirse cansada - ¿Te gusta porque te hace sentir libre? - de nuevo cerró los ojos sintiendose comoda - Si quieres nos damos un baño - movió la cabeza para mirarlo a los ojos completamente seria - Pero dame un segundo, estoy un poco "tocao" aunque no sé `porqué - se incorporó nuevamente para chastear su cuello, pensando que aquello solia pasar cuando usaba su habilidad para tratar con espiritus, pero ahora no habia visto ninguno, solo habia visto ese remolino en el agua y desde luego ningún fantasma solia hacer cosas asi.




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Mensaje por Rhynn el Dom Ene 26 2020, 14:05

Vale estaba claro que Joe disfrutaba con la ambigüedad sobre su género, sobretodo después de su respuesta a mi comentario sobre la forma de tratarla. Respuesta cuya coletilla consigue arrancarme otra sonora carcajada, pues la creo muy capaz de golpearme sin miramientos. La verdad es que no me cuesta nada imaginármela dándole de tortas a un cliente de la taberna por haberse propasado con ella. Pero, por lo que a mi respecta en ese aspecto Joe es ella y, en vista de que no le va a importar que me dirija a ella como tal, pues pienso tratarla como tal, aunque he de reconocer que tiene su parte divertida el hecho de mantener ésa ambigüedad de genero por ver la reacción de las demás personas.

Llegados a este punto el ambiente se ha distendido lo suficiente entre ambos como para que ya no me sienta azorado por los acontecimientos anteriores, aquellos en los que he expuesto abiertamente por primera vez en mi vida unos acontecimientos que me han perturbado más de lo que creía, sobretodo porque al hacerlos públicos me he dado cuenta de cómo pueden ser interpretados de una forma completamente diferente a como yo lo había hecho hasta la fecha, haciéndome sentir avergonzado, muy avergonzado. - ¿Una monada?, no creo que vieran nada el resto de la tripulación en mi… – le digo sonriendo tras escuchar su comentario sobre cómo se imagina que era yo de pequeño - aunque he de reconocer que se reían mucho a mi costa… cosas de ser grumete en un navío comercial – añado encogiéndome de hombros - Pero sí, cantaba bastante bien, aunque la letra de las canciones no estuviera en consonancia con aquella vocecilla – termino por estallar nuevamente en carcajadas al recordar cómo me gustaba cantar algunas canciones cuya letra, por aquel entonces, no acababa de entender.

Era curioso como Joe estaba consiguiendo que enlazara carcajada tras carcajada, algo que ya no recuerdo de cuándo fue la última vez que pasó, puesto que seguramente no me estaba riendo tanto y tan seguido desde mi época anterior a la esclavitud, desde aquellos lejanos años en los que mi hogar era aquel barco en el inmenso y caprichoso mar. Sí, sin duda alguna puedo afirmar que mi hogar es el mar, puesto que solamente allí, en sus agradables e inquietos brazos me sentía feliz, libre y tranquilo. Pero sus comentarios, que ahora se centran en el tamaño de mi cuerpo consiguen que deje a un lado esos pensamientos, esa añoranza, para volver a reír al oírlos siguiéndole la conversación ahora ya completamente distendida. - Tranquila que tus pechos están bien, como bien decía a quien considero mi padre, lo que la mano no cubre no es una teta, es una ubre – le comento, imitando el viejo tono serio de aquel marinero que me recogió y crio como si de su propio hijo me tratase.

Ahora que ha colocado su brazo al lado del mío sí que soy consciente de la gran diferencia que hay entre nuestros cuerpos, algo que siempre he notado pero que nunca le he echado grandes cuentas hasta el momento en el que descubrí el motivo real por el que mi cuerpo es tan voluminoso, algo que sé que he de ocultar del resto de los que me rodean por las consecuencias que me acarrearía en caso de ser descubierto. - Un cordero entero no, pero mis dueños saben que para poder trabajar bien en la fragua tengo que estar fuerte, por eso me alimentan mejor que a muchos otros esclavos. Ya sabes, por el interés y los beneficios que les aporta mi trabajo forjando – le explico tranquilamente, dándole una explicación lógica al tamaño de mi cuerpo a parte de decir algo que es completamente real, puesto que no me puedo quejar de falta de alimento y que el trabajo en la fragua ha ayudado a que mi cuerpo se desarrolle más que el de otros esclavos cuyas tareas no son tan físicamente exigentes.

Una vez en la orilla, escuchando el suave sonido de las olas en su perenne movimiento y disfrutando de ese olor que tanto añoro en mi nariz, me permito disfrutar de la cercanía del cuerpo de Joe mientras siento como si algo me llamara, como si una voz dentro de mi me incitara a adentrarme en el mar, en su búsqueda, un sentimiento extraño de explicar pero tan real como el calor de los rayos solares en mi piel que ahora mismo siento.

De repente, delante de mis sorprendidos ojos, ocurre algo que jamás en mis largos años en el mar había visto, pues, delante de nosotros, se forma un repentino remolino que no tarda en dejar su señal en la húmeda arena. Un hecho tan insólito y repentino que no soy capaz de explicar. Pero antes de que pueda expresar mi sorpresa ante ello, el fuerte agarre de la chica atrae mi atención hacia ella, sujetándola con firmeza al notar cómo está por perder el equilibrio. Escuchando sus palabras, aquellas con las que pretende aparentar que está bien, mantengo fija mi mirada en ella, una mirada con la que expreso que no me convence lo que ha dicho, que noto la debilidad en su cuerpo y que dudo que sea debida a la bebida, pues tengo bien claro que ella es capaz de tumbar a muchos hombres antes de acabar borracha.

A pesar de saber perfectamente que algo raro, muy raro, acababa de ocurrir y que, dudo mucho que sea una coincidencia el extraño movimiento del agua marina con la repentina debilidad de mi compañera, decido mantener mis dudas y preguntas al respecto en mi mente, siguiendo el cambio de conversación que tan hábilmente ha llevado a cabo. - Antes de que me convirtieran en esclavo era un grumete si – le digo a modo de respuesta a sus comentarios mientras siento el agradable peso de su cabeza sobre mi hombro.


- Frei… frei wie der wind – murmullo seguidamente, sujetándola con cariño contra mi cuerpo dejando que cierre sus ojos y se recupere de su debilidad. Dejando que un tono cargado de amargura tiña cada una de mis palabras, pues la libertad es lo que más deseo en el mundo. Pero concretamente la libertad de poder volver al mar, de poder recuperar aquella vieja vida en la que, a pesar de tener preocupaciones y de trabajar con dureza, era feliz y me sentía realmente vivo.

- Como gustes – respondo a su comentario sobre darnos un baño, aunque en el tono de mis palabras queda bien claro que mis pensamientos ahora mismo se encuentran muy lejos de este lugar, algo que también es capaz de ver al mirarme a los ojos, de un azul tan intenso como el propio mar ahora mismo. Pues ahora mismo mis pensamientos se encuentran anclados en aquellos años y no en el momento actual. De hecho no ofrezco ninguna resistencia cuando aparta su cabeza de mi pecho para estirarse - Claro Joe, sin problemas – añado en el mismo tono y expresión ausente manteniendo mi mirada y mis pensamientos más allá de la línea del horizonte, manteniendo eso sí su cuerpo sujeto para que me use como apoyo hasta que le pase esa debilidad.




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Mensaje por Joe Hund el Sáb Feb 01 2020, 13:47



[b"> Yaaa... o sea que tengo futuro como vaca - enarcó una ceja mirandolo con cara burlona y terminó por sonreir - Y ese sabio de tetas y ubres, ¿donde esta? Si puede saberse - apreto los labios y miró al frente - Mi hermana y yo perdimos a nuestro abuelo cuando apenas ella andaba. Creo que era el único que realmente se preocupó de nuestro bienestar - se encogió de hombros quitandole importancia ampliando su sonrisa, después de todo habia visto el espiritu del viejo en mas de una ocasión y eso la hacia sentir mejor, pues lo veia incluso mejor que en vida.

Sobre el tema de la alimentación, Joe lo miró guiñando un ojo - Supongo - torció el morro mirandolo a los ojos - Podrias pasar por un dragón. Si no fuera por tu ropa, y porque no eres un engreido gilipollas, si lo parecerias - alzó ambas cejas cuando pensó en un detalle - Has dicho dueños, ¿no eras esclavo del hermano de esa...? - se mordió la lengua y después de tragar saliva continuó - ... dragona, a la que acompañaste en el festival. Supongo que al final debes obedecer a todos los que están bajo el mismo techo - farfulló de mala gana, pensando que en su caso preferiria clavarse puñales al rojo antes de ser esclava de algún dragón. No tenia mucha paciencia para contenerse, tan solo para algún trabajo y en esos casos porque duraban unas pocas horas.

Trás el extraño incidente en la orilla, que hace sentir como si hubiera caido de una colina rodando a la rubia, esta acomodada en Rhynn empieza una charla mas amena y tranquila, de forma que incluso nota como él parece empezar a estar algo mas ausente. Lo mira detenidamente cuando responde a su indirecta, algo que ya era obvio por lo que estaba diciendo antes - Dicen que el mar acaba en algún lado y cae al vacio - susurra bajo mirando al infinito, cuando escucha unas palabras en otro idioma. La mujer abre los ojos para mirarlo al sentir amargura y dolor en esa frase en la que ha reconocido palabras, gracias a los estudios de Carlos. El hombre, que cada vez parece estar aún mas ausente y perdido en su mente, hace que la rubia respire profundamente, tranquila y concentrada. Terminó por abrir los ojos y separandose de Rhynn bruscamente, empezando a caminar con pasos firmes sobre la arena mojada, empezando a desabrocharse los pantalones.

- Puedes ser libre Rhynn. Solo desealo - Joe se giro abriendose la camisa y tirandosela al hombre en la cara, quedando con una camisa interior de tirantes, mostrando una figura mucho mas femenina. Sin remilgos, se quitó las botas y los pantalones dejandolos tambien a un lado de mala forma, quedando en calzas menores - Algún dia quiero ver si el mar termina y cae por algún lado. Quiero ver el fin del mundo, descubrir nuevos lugares. Pero no puedo tener miedo de ellos - extendió su mano hacia el esclavo - Puedo ayudarte, pero solo tu puedes decidir dar el paso - la mujer dio un paso hacia atrás metiendo sus pies en el agua, notando como una ola chocaban en sus gemelos.




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Mensaje por Rhynn el Vie Feb 07 2020, 22:41

La confesión de Joe de que perdió a su abuelo cuando era pequeña consigue que un sentimiento de cariño y de comprensión nazca en mi interior, haciendo que me sienta más unido a ella, puesto que sé lo que se siente al estar solo en el mundo sin unos padres que se encarguen de protegerte durante tus primeros años de vida. Yo al menos tuve a aquel marinero que me adoptó de forma tan altruista y al que le debo tantas cosas de mi vida. - Aquí, justamente aquí, conmigo – le respondo a su pregunta sobre el paradero del viejo sabio tocándome con cariño el pecho, justo en donde se encuentra mi corazón, puesto que es ahí donde lo llevo desde que le arrebataron la vida hace ya demasiados años.

Pero es el comentario sobre que podría pasar por un dragón lo que hace que me ponga alerta, aunque de forma lo más discreta que puedo, puesto que en cierta forma la humana no está muy desencaminada, puesto que tengo más de dragón de lo que me gustaría, algo que he descubierto hace poco y de lo que sé que tengo que mantener un férreo silencio si no quiero acabar realmente mal. Pero Joe tiene mucha razón en eso, para ser humano soy demasiado corpulento aunque, como bien dice ella, disto mucho de tener el carácter que tanto les define a esos seres. Aunque poco dura el momento de tensión que me provoca su comentario, pues pronto ella me da la salida rápida a tener que dar más explicaciones al respecto. Volviendo a lucir una sonrisa de lo más divertida en mi rostro, me permito soltar una carcajada cuando un silencio delatador se impone en lo que sería un adjetivo realmente despectivo para la dragona con la que iba el día que nos conocimos. - Me refería a mis otros dueños… Aiden es mi tercer dueño y antes ya tuve a dos – empiezo a aclararle una vez he conseguido calmar mi risa - Todos sabían que para sacarme provecho en la fragua debía estar en buena forma, por eso me alimentaban considerablemente bien… bueno, al menos cuando aprendí a obedecer… – añado esbozando ahora una sonrisa más triste, al darle a entender que al principio de mi esclavitud las cosas no eran así, ni mucho menos - Y sí, la dragona, no es mi dueña, aunque tampoco puedo ignorarla sin más – termino de explicarle, sintiendo como un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar brevemente mi último encuentro con ella, en el que se tomó su venganza por no haber cumplido sus órdenes durante el ataque de las arañas.

Tras unos largos momentos y gracias al movimiento brusco que hace la joven al separarse de mí, como si algo se volviera a conectar nuevamente en mi interior, sacudo la cabeza hacia los lados un par de veces, retornando al aquí y el ahora. - Ojalá fuera tan fácil… – murmullo en lo que no deja de ser un susurro como respuesta a su comentario de que puedo ser libre con tan solo desearlo, algo que sé que no es tan fácil, aunque una parte de mi empieza a entender que lo que no es fácil es romper las cadenas mentales que me unen a la vida que me han obligado a llevar.

Soltando una sonora queja, aparto la camisa que Joe me ha lanzado a la cara, encontrándome a la rubia comenzando a desprenderse del ropaje más superficial, claramente dispuesta a meterse en el agua. Tomándose unos minutos para lanzarme una clara oferta de ayuda, algo que no me esperaba ni por asomo, puesto que hace realmente poco que nos conocemos y me sorprende que esté dispuesta a ayudarme tan rápidamente, aunque no puedo sino agradecérselo.

Deteniéndome unos instantes a meditar sobre sus palabras, sabiendo lo que conllevan, la observo con curiosidad, sin eliminar ni una pizca la sonrisa de mi rostro, permitiéndome fantasear sobre lo extraordinario que sería el poder navegar junto a ella, recorriendo el mundo conocido, enseñándole todos y cada uno de los lugares que visité en mi infancia. - ¡Qué demonios! – suelto de repente, en un tono desenfadado que hacía muchos años que no utilizaba, quitándome la camisa con rapidez, dejándola caer sobre la arena y lanzándome hacia el agua, sin importar que las cicatrices de mi pecho y espalda queden a la vista de todos los que nos rodeen. Alcanzando a Joe con tan solo dos zancadas, tomándola en mis brazos como si de una doncella se tratase adentrándonos en el agua hasta notar cómo las olas, esas olas que tanto me acunaban de pequeño y que tanto echo de menos, acaricien mi desnudo pecho - Pues el primer paso para poder ver el fin del mundo es aprender a nadar… – le suelto con una sonrisa traviesa en mis labios - así que… ¡a nadar! – le digo momentos antes de lanzarla al agua, estallando nuevamente en carcajadas aunque preparándome para acudir en su ayuda en caso de que no sepa nadar.




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