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Mensaje por Sittiazus el Miér Oct 23 2019, 03:24

Había estado completamente metido y enfrascado en mí mismo estos días, no estaba en condiciones de tomar ninguna decisión coherente, me sentía extraño, tenía miedo de hablar con Ororo, pues ella sentiría que la estoy abandonando, la conozco, y también lo que sucedió con Noctilus y Athena no es algo normal, una seguidilla de cosas, una de la otra , no era nada lógico, nada en estos días tenía sentido.

O tal vez era yo quien no lo encontraba.

Cada día mas vagabundeo, mas solo son rumbo y más aun de lo que puedo llegar a imaginar se me cruza por la cabeza, quiero poder tomar una decisión, una coherente, una que en realidad tenga sentido, una que se vea cual era la opción que se veía mas valida pero mientras más pienso en las cosas que me pasaron, más la opción lógica me parecía la que más infeliz me ahora, a mí y al resto de mi seres queridos.

Hacia tanto que no hacia esto, Silvia, esa gran Dragona quien era una compañía muy placentera, una gran mujer pues su sabio consejo era como un bálsamo para las heridas, necesitaba escucharla, necesitaba poder descargarme y antes tenía que situarme o escuchar una voz amiga que me pudiera guiar.

Amine por lo largo de ese camino, donde podía ver los campos de girasoles que encaraban a la mañana con una gran belleza, como si saludaran anl mismo sol y a cualquiera que pasara, los verdes cambios  que tenían ese extenso bosque que parecía perderse en la vista, debía admitir que Silvia realmente podía crear pazo con su simple patio.Camine disfrutando casa paso, mientras simplemente cerré mis ojos y me deje guiar por el camino, solamente, lleno por ese escenario pacifico en el cual llenaba de paz todo mi ser, sentía mi cuerpo más liviano al caminar, sentía como la tierra misma bajo mis pies me recibiera.

Por fin ya podía ver la vivienda en su totalidad, sentía  un cierto nerviosismo, le tenía bastante estima a esa gran señora, que desde tiempo ancestrales  también está entre nosotros, era alguien muy sabia además de que podía llegar a ser alguien muy comprensiva, me acerque a esa gran puerta, no sin antes ver, ese castillo bien cuidado que me recordaba los otros puntos del mundo, tiempos antiguos con su historia plasmada en cada uno de los detalles cuidados que estaba seguro que Silvia había plasmado a propósito en el corazón de los arquitectos, lujosos y ostentosos, tan solo como ella podría.

Me acerque a esa gran puerta, también detallada como ese castillo, cuidada como si recién hubiera sido trabajada y este en el mejor de sus momentos, gire el picaporte y abrí, tenía idea de que Silvia me estaba esperando así que sin temores ni pesares apoye y mano y empuje, abriéndome pasó hacia el interior del castillo.

Entré…






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Mensaje por Silvia el Dom Oct 27 2019, 15:15

- La Reina Madre ha ordenado cincuenta carretas más de madera para antes del lunes, mi Señora.- dijo su tesorero anotando en el grueso libro el pedido.
La dragona lo devoró con la mirada mientras ignorante de sus sentimientos el humano seguía hundido en sus cuentas. ¿Lo que opinaba de eso?

Se desconectó de la red. En el presente era difícil anular sus pensamientos y sentimientos, estos se habían hecho más reales, como antes lo eran al estar en Gales, antes del despertar. Era difícil no exponerlos a una red que abierta fluía como sangre, arroyo vivo que corría en una misma dirección, una colmena hecha de ecos que se repetían perfectos sin error en cada celda hasta ella, la Reina abeja. Se preguntaba, ahora más a menudo, qué sentía la Reina Madre, si era capaz en verdad de leer los pensamientos de cada uno de sus hijos o si simplemente fingía, como un mito que se ha extendido a todos por igual, causando miedo, creando prevención. Como una mentira sin fundamento real que se había extendido de generación en generación. Un cuento de niños.

¿Era ella su madre?
A menudo se sentía tentada a pensar con libertad en la red, a dejar ver sus sentimientos y pensamientos transparentes con todos sus colores, luz y oscuridad, en espera de… de lo que viniera, que tumbaran la puerta de su castillo, esclavizaran a sus hermanos y asesinaran a sus esclavos mientras que lo último que sus ojos vieran antes de ser una esclava más o desterrada condenada a la locura, fuera sus campos de girasoles y bosques arder.
Creía que aquella no era una realidad que le gustaba, también presentía que si llegaba a ocurrir algo así no se quedaría quieta, quizás fuera ella quien calcinara todo aunque se le rompiera el corazón.
¿Y si nada sucedía y el día del final nunca llegaría?
Ese día sería libre.

Aún faltaban pocos días para el envío del siguiente cargamento, ese que mensualmente cada primer día llegaba al castillo de la reina, un centenar de carretas llenas de madera de los bosques que su familia y sus sirvientes plantaban, cuidaban, cosechaban, plantaban, cosechaban y cuidaban en beneficio de la reina, no era tan ilusa para creer que todo eso era de ella, pero si era tan territorial como para enojarle que fuese así. Le incomodaba que la Reina dispusiera de su trabajo como se le antojara, imaginaba la forma en que satisfacía los derrochadores deseos que tenía y de los que vivían con ella en el castillo dragón.

Eso incluía a su padre.
Saberlo lejos de ella y cerca de la madre le recordaba la forma en que había entregado a su hermana, aquel juicio y su rostro parco e inmutable al atestiguar contra ella y darla a la Inquisición y su destino. Sus uñas se clavaron en la mesa. A muchos los condenaban, a muchos ella escuchaba. Era sabio no pensar en estas cosas estando en la red. - Señora Silvia. ¿Está bien?- cuando regresó de su ausencia atraída por la suave voz de su humano aún lo miraba con un rencor que era para ni causado por él, lo que había cambiado era que ahora esté la observaba con confusión y miedo. Silvia parpadeó y mostró una sonrisa al tiempo que asentía. - Envía el cargamento. Asegurate de que todo llegue en orden. - dio la vuelta y se alejó, necesitaba despejar su mente antes de regresar a la red.

Ascendió hasta la cima del castillo y sobre la cúpula más alta se detuvo y observó.
Pudo ver lo que no era suyo y tanto amaba, lo que construyó y construía, lo que adoraba como creadora orgullosa, encontró acorde a su visión cada uno de los detalles que había soñado. Vio cada uno de los fragmentos de las figuras que desde tal altura se veían diminutas. Sus hermanos, una que otra bestia viviendo en sus bosques, aves, los esclavos y... Él caminando inmerso en los campos de girasoles como una sombra negra remando en un mar de sol, fue él quien le robó una sonrisa, la primera sincera, la más dichosa en muchos días.  

El corazón le latió suave, feliz y dio unos pasos más cesando en el borde de la cúpula y se devolvió a marcha contenida para anticiparse a su encuentro pero darle tiempo a llegar. Estando ante la gran puerta, aún en el interior unos minutos después sintió su presencia al otro lado. Escondió la suya entre algunas columnas y esperó su entrada, a su espalda se deslizó veloz como la guerrera desencantada que era y cubrió con sus cálidas manos los ojos del guerrero sintiendo la suavidad de sus cabellos negros. - ¿Buscas paz o un combate, soldado?- preguntó susurrando en su oído, respirando su olor. Era un olor muy familiar, así se sentía la amistad, estaba segura. ¿Cómo saber cuál sería la respuesta?
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Mensaje por Sittiazus el Miér Oct 30 2019, 21:40

Había caminado completamente poseído por una paz que hace tiempo no sentía, ese lugar era tan bello y yo estaba absorto ante él, sabía que Silvia era proveniente de Tierras lejanas que en su momento eran bellas como pocas, de ensueño me atrevería a decir quisiera pensar que esa tierra tiene un poco de su esencia en este lugar, este lugar tan hermoso que parecía ser un reflejo mismo de esa mujer y de su alma, las sensaciones que tenía ahora eran parecidas a cuando estaba con su presencia misma, sin saber siquiera como responder, me encantaba ese lugar, la paz que traía.

Camine por el lugar que parecía ser un palacio, peor no tan frio como el de la mayoría de los Dragones que se hacen, mas allá de que la opulencia y la belleza no le faltase, Silvia tenía ese toque tan personal y suyo que le daba distinción por sobre todos los demás, no pude evitar tener una sonrisa ante ver todo lo demás que adornaba el lugar, peor me parecía extraño, no había nadie para recibirme, por lo menos tenía la certeza de que alguien trabajara en el jardín, alguien por lo menos para preguntar por la señora de la mansión, peor no había nadie, un escalofrió me recorrió la espalda mientras pensaba en donde podría estar, que no hubiera nadie era completamente extraño, en mi hogar, la Unica que está viviendo es Samara y ella te atenderá enseguida, y como sabía que Silvia se exigía mucho con lo que hacía para el Imperio también me parecía extraño.

Tal vez era eso o que ni siquiera me moleste en observarlos, estaba demasiado absorto en mis pensamientos, como si quisiera alejarme de mí mismo cada vez más y más de lo que realmente se podría, me sentía perdido, hoy más que nunca, y quisiera saber si realmente de mi saldría la noción de que estuviera aquí si no fuera por lo que me estaba pasando, peor que la extrañaba era seguro que sí.

No la había escuchado, no la oí llegar, ni siquiera pude reaccionar ante sus movimientos, pero estaba alguien atrás mío, nisiquiera pude pensar que hacer, todo fue tan súbito unas manos me taparon los ojos, pero lejos de tener ese miedo tan instintivo fui abrazado por una gran tranquilidad, sentía una paz bastante extraña en mí, mi cuerpo se relajó casi al  instante, dejando de lado cualquier miedo que pudiera llegar a tener, respire hondo después de que esas manos suaves me sujetaban y me sostuvieran, no pude evitar sonreír de felicidad, hace como tanto tiempo no lo hacía.

Me había hablando al oído en forma de susurro, un susurro muy característico, podría decir que imposible de replicar, era ella, no existían dudas de que era ella, una felicidad me recorrió por completo, plagándose de recuerdos mi memoria.
Pero más allá de escuchar esa voz  había oído sus intenciones, y debía responder, sin prisas ni pausas y así hice. Si hubieras preguntado en mi regreso elegiría la primera… dije pausadamente antes de tomar aire y volver a ella,  si me hubieras preguntado años atrás, elegiría la segunda…

Era cierto lo que había dicho, mis facetas eran tan cambiantes como el día y la noche, antes avezado guerrero que solo buscaba la fuerza ye el poder, lego para convertirme en un  viaje desinteresado para luego volverme un soldado con culpa encima, esperando que de alguna vez todo terminara.

Y hoy no sé qué decir, dije como una súplica más que como una confesión, tomando aire y siendo completamente sincero, conmigo y con ella más que nada, aunque eso no me amedrentaría, me escabullí de sus manos para darme vuelta y pode reposar sobre los suyos, mientras podía verla en ese vestido, recordándome a guerreras de antaño de las que contaba mi padre, siendo Silvia una de las mejores de antaño, de las que mi padre hablaban tanto, por una vez estábamos de acuerdo.
Pero eso era después, mis ojos se había posado en los suyos ahora mientras quería poder darle un cordial saludo, Enserio te he extrañado dije regalándole una sonrisa más amplia que la del inicio, una que salía desde lo mas profundo de mi corazón mientras no me detenia y acariciaba si mejilla con cariño.




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Mensaje por Silvia el Lun Nov 04 2019, 20:14

Él era un dragón que en el pasado con el paso de un muy corto tiempo se había hecho su amigo, su mejor amigo. Recordaba de él momentos muy oscuros, los más brillantes y su sonrisa que aunque la brindaba en contadas ocasiones, iluminaba muchos lugares. Se habían escuchado el uno al otro y habían consolado sus penas con la sinceridad de una buena conversación, aunque siendo sinceros Silvia jamás había vivido lo que él. Podía ser que el soldado la hubiera descrestado con la idea de que la fortaleza debía mantenerse con una digna mirada incluso en las horas más oscuras. En eso siempre habían estado de acuerdo.

¿Hace cuánto no veía sus ojos, tenía su abrazo o escuchaba su voz? Sintió la duda de haber olvidado su sonido, aquel tinte sobrio y gentil. Pero toda duda se vio borrada cuando sintió desde allí atrás que sonreía. Imaginó sus dientes blancos y percibió las arrugas bajo sus ojos y nacer de las comisuras de sus labios.  Estaba segura que de todos los que conocía y habían pasado por su vida, él era quien más merecía tener razones para sonreír y le placía ser la causa de su sonrisa aquel día.
Y hacerlo tuvo su recompensa inmediata.

Después de tanto tiempo él habló y ella halló la paz.
Lo escuchó ávida de querer saber su respuesta, pero tan paciente como para no perderse ninguna de sus palabras y el sentido de estas. Un propio acertijo que le hablaba del tiempo, si no lo conociera un poco no podría entenderlo. Sabía de su pasado. Pero lamento que de él no sabía cuándo había llegado o lo hecho en su ausencia de Talos y desconocía su presente. Soltó un suspiro profundo descansando la frente sobre su espalda. Guerrero, viajero, soldado y hoy, ¿qué era el Sittiazus de hoy? Para ella un enigma. ¿En qué se habría convertido?

Terminó dándose cuenta por propia voz de su querido amigo que ni él lo sabía. Para dragones como ellos eso era entendible, pero también un desafío. Ella por su parte estaba comenzando a entrar en un laberinto del que de seguro no podría salir o del que quizás obtendría la verdadera luz.
Oscuridad o claridad. Sin saberlo cada paso que daba la llevaba más al interior del dédalo, pero que ella estuviera confusamente cómoda con su presente no significaba que deseara tal existencia para él.  

Sus manos fueron seda y libertad para que Sittiazus girara y así poder verse el uno al otro. Ojos negros y hechiceros habían en él, los mismos de siempre, casi los mismos. Ya se había acostumbrado un poco a sus cambios, poco, siempre temía que fueran malos. Se quedó mirándolo mientras los dos guardaban silencio hasta que él sonrió y el frío corazón de Silvia se volvió niña de nuevo. Siempre tan apuesto y elegante. Se dejó consentir con la calidez de sus dedos en su mejilla  y dejó que sus párpados se unieran al tiempo que sonreía como pago a tan bellas palabras. Era bonito saber que los amados pensaban en ella estando lejos.  

Una de sus manos se acercó a la de él, pero no a la que acariciaba su rostro, esa podía quedarse para siempre allí hasta que tal caricia se tallara en su piel. Tomó la mano entre las de ella y abrió los ojos estudiando aquella palma. Quiso poder leerla. Decían que habían muchos que nacían con ese don, el de decir el pasado, el presente y futuro para ayudar.  Con el dedo índice siguió la línea más larga, una diagonal que atravesaba la palma del dragón de lado a lado. - Creemos que el tiempo no pasa porque aquí estamos, mirándonos el uno al otro como pinturas antiguas, imperecederos al paso del tiempo. Idénticos a lo que dicen nuestros recuerdos que éramos. - tomó una pausa.

- Pero si hemos cambiado y mucho, ¿verdad?- alzó la mirada y le mostró sus dientes blancos en una sonrisa amplia, muy dulce. - Lo bueno es que siendo lo que somos podemos disfrutar de la paz y la guerra y poder seguir siendo amigos. - se encogió de hombros bajando la mirada, cerrando la mano de su amigo formando con ella un puño, como un corazón. - No importa que no sepas que decir, lo importante es que estás aquí.- susurró como un consuelo, como la misma verdad.
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Mensaje por Sittiazus el Jue Nov 21 2019, 06:28

El haber visto a Silvia era uno de los más grandes alivios que había tenido en este momento, donde solo había confusión y rabia en mi cabeza parecía que no existiera nada más a lo que aferrarte, pero allí estaba Silvia, mostrando su manera de ser, sus movimientos tan únicos, su tacto sus palabras siendo acompañadas por la suave melodía que se representa la calidez de su persona, su tacto esa mano a la cual siempre puedes contar, su sola presencia que evapora ese vacío producido por los acontecimientos recientes, y mitigaba demasiado la confusión de la misma.
Todo atisbo de duda se había marcado, estaba en uno de los pocos lugares que podía considerar mi hogar, y esos no se dan muy a menudo, ser hijo de Valthas el sanguinario, puede dejarte bastante secuelas dolorosas, marcas que pueden en los más profundo de nuestro ser, pues así era el, así eran todos, mis hermanos siendo completamente sanguinarios, y siendo dueños absolutos e impolutos de todo lo que deseaban, más aún, si era de alguien más.

Pero Silvia, Silvia no era como el resto, por lo general los de su especie se muestran en mostrarse poderosos, pero ella no lo necesitaba, ella simplemente mostraba su personalidad, tan enigmática, tan atrayente, realmente podía entender cómo podía ser que las demás personas  se sintieran hipnotizados por ella, deje un momento mis miedos de lado, mientras tomaba sus manos con las mías, que por contrario a las suyas, que eran suaves como la seda, las mías estaba desgastadas por el tacto de la empuñadura de mi espada.

La vista que me había dado mis ojos al verla me relajo, fue como haberla visto después de cientos de años, el tener otra vez el contacto nuevamente con esos ojos tan bellos, estaba completamente feliz de ello, la vida me había regalado una segunda oportunidad  y no podía agradecérselo mas, Silvia ha sido estilo de las mejores y peores momentos de la vida, la verdad no podía debérselo mas, con esa bondad característica me ha ayudado a superar esas marcas, esas marcas que podían ser pesadas de cargar en tanto tiempo.

El silencio que podía ser fatídico, con ella no lo era, en ella podía encontrar una paz muy suya, una paz completamente cálida una paz que hace tiempo no sentía y la cual me hacia falta, Silvia era la dueña de una aura que la rodaban, unas buenas energías que eran características de ella, podía traer paz al corazón de cualquier persona.

Sentía como tomaba mi mano, a la cual se la ofrecí gustoso, para que pasara sus dedos sobre la palma de la misma, sentía como el mismo la recorría en un viaje pausado, mientras la veía sin dejar de sonreír, las mismas marcas que tenía trazado en ellas, como también creía que estaba mi camino, guiado, con los contratiempos justos, sin pausas, si tuviera que guiarme por mi deber ahora tenía la certeza de que no sería yo mismo.

¿Pinturas antiguas? Era una manera muy hermosa verlo, tan natural como ella lo era, sabía que era ella misma, esas palabras tan sentidas para mí y para cualquiera que la conozca bien, estaba feliz solamente con su presencia.
Pues la pintura permanece bella, inmutable, como si el tiempo se detuviera, pero en cambio nosotros … dije a lo que ella también había contestado, parecía como si supiera que es lo que yo diría en ese momento, dueña de mis pensamientos.
No habrá fuerza en el mundo que pueda cambiar eso, le dije a lo de la nuestra amistad, si hay de cosas que no quiero desprenderse es de su persona, de su ser entero y eso ni siquiera se prestara para el pensamiento de ello, eso sí sería inmutable, con el paso del tiempo.

Aquí estoy… y sé que a veces las palabras sobran, no solamente cuando no hay nada para decir, sino para cuando hay demasiado… dije sin dejar de verla, mientras sentía que estaba más unido a ella, tal vez un poco más, dejando de lado que pasaba a nuestro alrededor. Es increíble cuando las cosas pueden cambiar, como el mismo mundo, dije como si fuera un suspiro, acompañado de uno después. No me perdería de estar aquí, uno de los lugares más seguros de mi vida, siempre será tu casa, e dije en paz, esperando que ella pudiera hablarme nuevamente, volviéndome a llevar al lugar fantástico al que voy cuando la oigo.




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