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Mensaje por Silvia el Lun Oct 21 2019, 18:41

Siempre le había gustado montar a caballo. Hacerlo tenía varios factores que la satisfacían. El poder que implicaba estar sobre una bestia y domarla con sutileza, sin duda alguna aquellas bestias recibían mejor trato por parte de los dragones que los humanos o ¿era igual? A veces no entendía la diferencia, ambos eran tratados como animales.
Disfrutaba del roce de ambos cuerpos que junto al movimiento de la marcha o el trote traían a su memoria y sentidos otro tipo de recuerdos que la hacían sonrojar y sonreír con lujuria, sin duda alguna Silvia había disfrutado de dragones y humanos sin ningún tapujo como era de esperarse de un dragón desde antes del letargo y también estaba el gusto por la conexión que tan noble animal concedía cuando se era un buen amo y jinete, por último y en el fondo estaba la leve duda que siempre tenía de ser traicionada. Era conocido que eran animales muy emocionales y temerosos, quizás tal fragilidad los hacía tan amados por los suyos y los humanos desde tiempos antiguos.
No, los humanos no habían perdido muchas de sus costumbres. No habían perdido ninguna excepto las que derivaban del poder y a cambio el reino de la Reina Madre ostentaba el reinado absoluto con unas maneras y de una forma más humanas que nunca.

Eso era lo que la dragona de plata pensaba mientras tomaba una inusual cabalgata por las calles de Talos. ¿Por qué había decidido hacerlo? ¿Por qué no? Se sentía aburrida en su inmensa fortaleza de piedra que como geoda estaba llena en su interior de lujos y la respuesta más sincera era que le gustaba montar a caballo, era como volar de otra manera, no sola y no con dragones que la pudieran traicionar como su padre. Ah si… era cierto que no debía olvidar que aún aguardaba la caída del corcel, el inminente choque con el suelo aún a pesar de ser un dragón era equivalente al mismo choque con la realidad que su padre le había dado a ella y hermanos a pesar de ser sus hijos.

La pregunta real debía ser ¿por qué pasear en la ciudad? Rara vez lo hacía y tenía - resguardaba, ya que nada de eso era de ellos realmente - un gran bosque a las afueras de Talos. Lejos de la cruda verdad de la cosmópolis, un lugar a imagen y semejanza de sus sueños. Y aquí iba otra respuesta franca, no lo sabía, sólo quería divagar y al parecer lo estaba logrando.
Dos de sus hermanos varones la acompañaban, iban tras ella conversando sobre temas que por la red conocía pero que gracias a su desinterés por una conversación dejaba ir y venir sin prestar demasiada atención y conociéndose entre sí, cada quién respetaba su silencio.

Hoy era un día extraño.
Los ojos de Silvia hoy miraban de manera diferente a cada uno de los habitantes de la caótica, rehén y cultural Talos.
Había la indiferencia habitual de su estado de ánimo variable y algo más, quizás era humanidad. Humanidad que deseaba ignorar como a sus hermanos levantando la mirada al frente, con el rostro inmutable, absorto en su delicadeza de busto griego, regia e intocable. La mirada del amo, la del dragón luego de la victoria en la gran guerra al que le han sido cumplidos muchos caprichos más.

¿Por qué evadir sus sentimientos por los que veía? Eso ya lo sabían todos, entre dragones nadie estaba solo.
En el mercados abrían paso a su séquito, cuatro esclavos que rezaban por la fortuna de tener un tiempo libre y diferente, dos guardaespaldas más por si algo llegaba a suceder, aunque no eran débiles la Reina había extendido a todos su desconfianza. Atravesaban de una esquina a otra cuando un olor a pasteles y a flores frescas llegó a su nariz. Podía sentir el polen de sus pistilos y escuchar las llamas del hornillo.

Sí, todos abrían paso al séquito que ella comenzaba, todos menos uno.
Percibió la silueta frente a su caballo y se detuvo a pocos centímetros, muy cerca de ella sus hermanos hicieron lo mismo y los tres proyectaron una sombra alargada y oscura sobre aquel obstáculo humano. Debía serlo por sus ropajes tan rústicos y gastados. Silvia bajo sus ojos azules hasta aquel y no cambió para nada su semblante desinteresado de pequeño brillo humanizado, sólo miró y como todo dragón acostumbrado a volar por encima de otros, esperó una respuesta.
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Mensaje por Vindicare el Miér Oct 23 2019, 15:24

Estaba sentado en la calle, dejando que la gente se moviera, el ir y venir de la gente, como  una marea…no me gustaba robar, pero no me quedaba otra, siempre que podía, pagaba, pero me costaba mucho ganar dinero, a veces ayudaba en el puerto o en cualquier tienda, llevando unas cajas o lo que sea, prefería salir al bosque a cazar peor el viaje era largo a pie y había comprobado que la gente no reaccionaba bien cuando tenía mi forma de dragón, bueno algunos humanos no, pero muchos si, miedo y desconfianza incluso agresión era lo que les inspiraba, así que era mejor no hacerlo, de hecho, mi cicatriz en la cara me haría pasar por humano, supongo que aquel guardia debía llevar jade o así, los dragones no teníamos cicatrices si no era con jade, pero la mia era bien visible, un corte en la cara.

Olí algo delicioso cerca ,comida pero era algo mas, no era carne o pescado, era mas parecido al pan, me relamí mientras me levantaba y mi estomago sonó, señal inequívoca de mi hambre y me acerque al tendero que estaba poniendo una especie de pasteles pequeños en una mesa, aun estaban calientes, dejando algo de vapor, pero olían deliciosos

Eh! Que miras?

Yo…

No regalo mi mercancía, si quieres comer algo, tienes que pagar y me da a mí que no tienes dinero

Pues…

Metí la mano en el bolsillo rezando por encontrar algo, lo que fuera, y encontré una moneda, al menos lo parecía

Tengo esto

El tendero me miro extrañado yo mire lo que tenía en la mano, era una moneda de madera, debí haberla encontrado y obviamente no tenía ningún valor

Es una broma? Anda…que me espantas lo clientes

Entonces oímos el galope y los relinchos de los caballos, pero estos sonaban fuertes, con como los percherones  que se veían, no, no eran para trabajar sino para montarlos, para galopar con ellos, yo había visto algunos pero estos sonaban, cerca ,aparecieron por una esquina una mujer, una dragona y su escolta pasaban entre la gente, que se apartaba o era apartada de su camino

Pero yo no, ver esos caballos de cerca impresionaba, eran grandes bestias, los que los montaban no me llamaron la atención,salvo la que iba a encabeza una hermosísima mujer, dragona, sin duda que se paro a solo unos centímetros mirándome, esperando una explicación
Yo solo mire a al caballo que al igual de su dueña estaba extrañado de tener que detenerse, yo levante la mano con calma y toque el morro del animal, acariciándolo, que aparto la cara un momento,solo para volver a ponerla donde estaba, indicándome que quería mas

Eh! Aléjate de ahí!

Dijo uno de sus escoltas

Apártate de nuestro camino, es un caballo no un juguete y estas estovando así que apártate!
Ni caso le hice, con el caballo ahora apoyando su cabeza en mis manos buscando más mimos, mire a la amazona un momento, tenia una mirada penetrante, ella debía saberlo, la sorpresa y la alegría que sientes cuando experimentas algo nuevo, nunca había visto un caballo tan magnífico, me gustaba y a el también parecía gustarle, incluso una niña se acerco curiosa, pero también se acerco uno de sus guardaespaldas a caballo, entretanto

He dicho que te alejes!

El guardaespaldas saco una porra pero no me pego a mi, iba a por la niña, pero yo fui mas rápido, sujetando la porra ante la sorpresa del guardaespaldas y de los asistentes, la niña, temerosa por mi reacción estuvo a punto de salir corriendo,pero se quedo al ver que sujetaba la porra y acaricio al caballo brevemente antes de salir corriendo, la gente de nuestro alrededor miraba asustada, como si ellos hubieran cometido el crimen

Mire al guardaespaldas

Ahora me aparto….señor

Eso ultimo lo dije con cierto desprecio de todos los dragones con los que me había encontrado habían resultado ser unos asesinos, psicópatas o arrogantes, cada vez que me topaba con uno, algo salía mal, casi me arrepentía de haber nacido dragon, los humanos con todas sus fallas no mataban por diversión

Pero entonces mire a a la mujer a los ojos de nuevo… tenia unos ojos preciosos, pero no era solo eso… comprensión, era comprension?,tenia algo especial, algo que no sabia decir,ella sabia que yo era un dragon? quizas no entendia que un humano hiciera lo que yo acababa de hacer? o quizas era solo que no me impresionaban, yo no me dejaria intimidar




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Mensaje por Silvia el Lun Oct 28 2019, 22:50

La primera impresión del joven que miraba podía ser sencilla, a no ser por aquella cicatriz que relataba algún momento de su vida como difícil. Notoria atravesaba en diagonal el rostro masculino y la hizo preguntarse qué le había ocurrido. ¿Era un defecto de nacimiento o un castigo? ¿Una pelea que hablaría sobre un carácter fuerte o algún accidente imprevisto que mostraba lo que era la vida? Podría ser, el estado de sus ropajes y presencia decían algo. Lo que más le causó impresión era que ese rostro aún con aquel defecto le parecía llamativamente bello. Único.

El chico le pareció un escape a su desinterés y aburrimiento de aquel día y decidió seguir mirándolo en silencio mientras aguardaba alguna palabra, más bien esperaba una  disculpa. En sus ojos Silvia presenció una cierta ingenuidad y salvajismo, cosa que constató con su reacción. A cambio de asustarse mantuvo la calma y prefirió fijarse en algo más, su corcel. Para mantenerlo cerca le permitió acariciar al animal,  pendiente de ambos, inspiró y sintió con todos sus sentidos alejándose del engaño de lo inesperado.

Con sus sentidos encontró la verdad mientras él se alejaba de la realidad evidente del peligro que significaba su comportamiento, al por ser tomado por otros dragones como una falta y un agravio. A los dragones les gustaban las disculpas. Aquel joven era un dragón.
Buscó en la red su presencia y a la par buscó asimilar la idea del misterio que él significaba al no encontrarlo en ella. En ningún rincón de su cabeza o mundo pudo conectarlo o hallar indicio de su existencia. Se desconectó de todos.

Qué divertido, la reina se levantaría de su trono para tomarse también un tiempo para verlo. Luego de seguro lo enviaría a torturar. ¿Acaso sus sentidos le estaban traicionando? Tanto se sumergió en sus pensamientos y búsqueda de razones que no se dio cuenta de lo que significaban las palabras de uno de sus guardias dragones. Se fijaba en las manos del dragón más joven sobre el caballo, en la forma en que parecía fascinado con el animal, como si nunca hubiera visto uno igual, como un niño.

Guardó todo lo que sentía cuando él volvió a prestarle atención al mirarla.
En cámara lenta percibió a la niña que se acercaba, a su otro guardia, al tono alto de las palabras de este en una orden brusca y la calma antes de la decisión, una que Silvia condenaria por parecerle un atrevimiento, ni ella ni sus hermanos, los amos, habían dado permiso alguno para que algo así sucediera. Un brazo se movió y junto a una porra cortó el aire a corta distancia en dirección a la niña, salió de su hipnosis cuando el joven se movió y detuvo el fuerte golpe de su guardia. Sin duda era un dragón. Solo un dragón y un híbrido podían detener el golpe de otro dragón.

Silvia observó a la pequeña acercarse y condescaro acariciar a su caballo para luego  huir. Tenía la boca y los ojos abiertos, no podía creer lo que había sucedido. Se le hirió el ego al pensar que perdía su poder al sus siervos olvidar su lugar y tuvo miedo de que como la niña, él también huyera. Realmente ellos mismos se encargaban de alimentar el miedo y el odio que los humanos les tenían, porque fue odio lo que encontró en la voz del joven al decir que se iba. Ella apretaba las riendas mientras sus labios se cerraban e inspiraba profundo. Era rabia.

- Espera.- le ordenó al muchacho con voz suave e hizo una pausa. -¿A ustedes quién les ordenó que se movieran?- miró de soslayo a los dos guardias. Su voz sonaba parca y sus labios sonreían sin mostrar sus dientes, como si estuviera en la corte, como si fuera solo una fémina. - Lo mismo nos preguntamos nosotros, hermana. - respondió Alan a su espalda con su calma cruel de siempre, ambos soldados agacharon la cabeza. - Perdón, mi Señora.-  Estaba furiosa, le estaban robando la oportunidad de conocer a aquel dragón tan extraño.

Tan preocupado por el bien de los humanos. Un dragón con una humanidad sincera. Diamante en bruto. - Ya hablaremos después. - sentenció. A los dragones les gustaban las disculpas. - Presento mis disculpas. - inclinó la cabeza con ligereza, sus hermanos la miraron sorprendidos por aquel acto. Silvia lo supo, pero no quiso hacer algo por quitarles tal sentimiento. - Tienes hambre, ¿verdad?-  le preguntó antes de que decidiera irse. No es que tuviera reparos de usar aquel aliciente - buena obra- para cumplir con sus propios caprichos.
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Mensaje por Vindicare el Miér Oct 30 2019, 16:28

En cuanto me aparte habiéndome asegurado de que la niña ya debía estar bien lejos pasaron una serie de cosas, cada una mas extraña que la anterior, la dragona en vez de enfadarse solo me dijo que no me fuera y le recrimino a los guardias de que no había dado orden alguna y por tanto no deberían haber hecho nada, y se disculpo conmigo,a pesar de intentar parecer impertérrito la verdad es que debí poner cara de sorprendido, solo tras unos segundos volví en mi, era una treta, seguro, ahora intentarían matarme o encarcelarme, pues estaban listos, mosca me había enseñado a correr por los tejados y una cosa tenia clara, hasta que no encontrase a mi madre no me permitiría morir, los mataría si fuera preciso.

Aun recordaba la voz de Melkian recorriendo mi cabeza como un gusano recorre una manzana podrida, sus enseñanzas no eran mas que basura, no… no sería como el, no seria un asesino sin corazón, sería mejor que el, ya lo era, no sería un dragón que mira a los demás por encima del hombro

Entonces me pregunto si tenía hambre, un rugido de mi estomago le dio toda respuesta, no es que resonara pero obviamente tenía hambre, no comía mucho y de forma muy irregular, a veces trabajaba y compraba algo de comer, a veces cazaba en los bosques aunque eso suponía marcharse de la ciudad y volver casi a la noche por as distancias y a veces, robaba, no estaba orgulloso pero sentía que en esa ciudad estaba lo que buscaba y además, si quería experimentar la vida debía hacerlo allí, ya sabía vivir en el bosque y era aburrido, aquella ciudad me había dado mi cicatriz pero también entendimiento y algunos amigos

Mire con desconfianza a la dragona, no había nada que me indicase que no quisiera hacerme daño pero aun así y en contra de mi instinto mas sensato le dije


Si, tengo hambre


Mire a su escolta, otros dragones y los guardaespaldas, no me fiaba de ellos, podría defenderme de uno? Era posible pero de todos ellos ni en broma, la dragona me parecía bonita, ya me había pasado antes con Faora pero esa dragona no era solo bonita tenía algo que….tenía como un aura a su alrededor, algo místico, como si no fuera de este mundo, como si al caminar no tocara el suelo y eso me hizo curioso, aunque debía ser cuidadoso y mucho, yo era un exiliado, un traidor, y si me descuidaba algo muy malo podría pasarme


Vamos vos y yo a comer? No iré si es con ellos mi señora


Eso ultimo lo dije como deferencia a su disculpa, a los dragones les daba miedo mostrase débiles, y era mi manera de reconocer que era mi superior, así quizás estaría mas dispuesta a satisfacer mi condición si pensaba que qeuira estar con ella en privado, estupendo, era asi pero también era por supervivencia, seguramente nadie temería que ella ,una poderosa dragona a caballo pudiera correr algún peligro a manos de un niño dragón, con ropa y aspecto desaliñado era ridículo, al menos esperaba que ellos pensaran eso, claramente ella quería algo de mi, el qué no lo sabia pero me dije a mi mismo que valia la pena averiguarlo

A donde vamos…mi señora?

Haciendo una leve reverencia como mi madre me había enseñado que se hacia en la corte, me dijo que de no haber salido todo mal,  yo habría sido príncipe  con poder y todo eso aunque eso no  me importaba pero mis padres estarían juntos y felices, mi padre aun seguiría vivo, daría un reino por tener eso, pero no podia no tenia reino ni padre, solo a mi madre y no sabia donde estaba




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Mensaje por Silvia el Mar Nov 05 2019, 23:48

Como disfrutaba de la forma en que las buenas acciones por parte de los dragones asombraban al mundo. Recordaba el rostro del primer esclavo que bajo su poder había cometido un error ante su presencia, la espera larga y lacerante por el castigo poco piadoso. Pero eso no le ganaría a la reacción de aquel mismo siervo al ver que no hubo golpes, latigazos, marcas ni malas o crueles palabras, tampoco días sin comer o entre un pozo. Pero no era el factor sorpresa por la compasión que causaba en ella o el regocijarse lo que la hacía ser una dragona como la que era, era… ni idea porque su carácter la había llevado a ser ella, solo sabía que de esa manera había sido siempre, bueno, casi siempre.

Por eso y por la presencia del peculiar muchacho disfrutó del relampagueante momento de sorpresa en sus ojos ante su disculpa. Eso solo le mostraba que no estaba acostumbrado a los buenos tratos.
Por los actos y reputación de los de su rango no debían esperar mucho de la aristocracia. La mayoría del mundo quería ser como ellos y esa misma mayoría los despreciaba por su vanidad y orgullo, cosas de las que Silvia  no carecía pero que encauzaba en otros caminos y ella no era la culpable de las penas de otros o podía ser que jamás se hubiera enterado o que lo excusara con la gran razón de su padre...Todo por la familia y eso, los tiempos de guerra habían quedado atrás.

Por primera vez después de aquella disculpa que podía tomarse como una muestra de debilidad, pero que era absoluta rebeldía, llevó la mirada a sus hermanos. Alan observaba al muchacho con celos, Aldahir a ella con seriedad, era el mayor así que de seguro esperaba una respuesta. La plateada le sonrió como cuando era pequeña, encogiendo los hombros. Volvió al dragón de la cicatriz y ojos salvajes para encontrar la forma en que la miraba. Desconfianza, no era la primera vez que se topaba con ella y había aprendido que era un sentimiento arisco que nacía del miedo.

Él temía que lo lastimaría, eso implicaba que la veía poderosa. Lo cual era una contrariedad que le causaba una especie de gozo en el paladar y el ego. Era esa una parte de lo que consistía el poder.
Pero sorprendida se encontró con el sí, tengo hambre. No le satisfizo para nada, nunca en su vida había sentido el hambre, pero la había visto arrasar con pueblos, hombres y mujeres por igual, madres con sus hijos en brazos sin tener que llevar a sus labios para producir leche materna y poder alimentar a sus pequeños.
¿Entonces por qué había preguntado? Ya lo saben, para no perderlo. Pero nadie puede anticipar el impacto de una respuesta, más cuando se es tan certera.

Mientras lo estudiaba, él hacía lo mismo con sus hermanos y escolta. ¿De dónde había salido aquel dragón que se debatía entre la incredulidad y la curiosidad como si fuera un animalillo? Sonrió al escucharlo. Aldahir soltó un suspiro nasal que no era más que una burla llena de escepticismo y rabia por la respuesta del joven. Una pregunta  y una decisión que quedaba en manos de Silvia como un ultimátum. - Tras de desarrapado, altanero. ¿En verdad te interesa ese, hermana?- dijo Alan señalándolo con algo menos que desdén, era claro que estaba enojado.

Ella estaba embobada con el señora y esa reverencia que le brindó tan digna de un príncipe. Príncipe y mendigo, recordaba haber leído aquella obra hace años. Él podría ser el rostro perfecto para tal personaje. - Ya sabes como soy, Alan. - miró de soslayo a sus hermanos, a ambos, haciendo mecer las riendas y a la vez a su caballo. - Siento debilidad y curiosidad por las causas perdidas. - aunque sonará a broma y a pesar del tono taimado de su voz, ellos no desconocían la verdad de aquella afirmación por algunos sucesos en la vida de Silvia, entre ellos la existencia de cierto pirata en su vida.

- Tranquilo, no te harán daño alguno. Pero si te sientes más tranquilo, ellos no estarán con nosotros. - lo tranquilizó mirándolo con suavidad y con propiedad chasqueó lo dedos. - Denle un caballo.- ordenó a sus guardias, alguno tendría que regresar caminando a casa.  Silvia viró a su caballo quedando frente a sus hermanos mientras los esclavos hacían lo suyo entregando las riendas al dragón.

- Volveré al anochecer al castillo. No olviden cuanto los amo. -  los amaba, no había duda de eso. De nuevo no esperó respuesta y rodeó sobre el corcel al que sería su compañía. - Espero sepas montar y seguir mi ritmo. -  Pensó a dónde irían y decidió que el mejor modo de descubrirlo era el azar. - Basta de llamarme mi Señora, no eres mi esclavo ni mío. Puedes llamarme Silvia. - se presentó comenzando a avanzar por uno de los callejones principales del centro.

Mientras Aldahir y Alan miraban fijamente al joven dragón y sus acciones, con enojo desde sus doradas monturas y lujosos trajes de oro y finas telas, y perfectos rostros de aristócratas voluntariosos.
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Mensaje por Vindicare el Miér Nov 06 2019, 17:25

La dragona acepto mis condiciones aunque sus escoltas y sus amigos o compañeros no pareció gustarles, despreciándome en la cara les mire divertido, antes de llegar a la ciudad, había sido apuñalado por un dragón al intentar detener una violación, le había costado unas cuantas puñaladas pero vindi el dragoncito lo detuvo, a punto estuvo de morir pero lo conseguí, no temía a esos tipos, que según escuche eran sus hermanos, para nada, mientras que a ellos los sentía estancados el se sentía creciendo, mejorando, aprendiendo yo no tenia nada que demostrar, ellos no tenían nada que mostrar, nacidos en cunas de oro sin conocer el hambre, el frio o el miedo así que se permitió el lujo de decir

Mi causa es dura pero para nada perdida , no mientras este yo para luchar por ella

Una frase de un libro muy antiguo , asi eran los cuentos de mi madre cuentos de valor y justicia, y de los que no siempre el bien derrotaba al mal,hubiera querido decir mas pero se callo, no merecían su atención, al igual que los humanos debían ganarse ese derecho y me habían considerado inferior, bien, yo los ponía al mismo nivel, no eran nada mas que unos ricachones idiotas y aun habria quien se preguntara porque no me gustaban mis propios congeneres...

La dragona plateada chasqueo los dedos y ordeno que me dieran un caballo, una bonita yegua de color negro y muy bien cuidada el escolta me puso las riendas en la mano y  ella se despidió de sus hermanos , y se presento como silvia diciendome que le siguiera el ritmo

yo me llamo vindicare, un placer, my la... silvia, perdon

La muchedumbre fue dispersándose al ver que la amenaza de una pelea disminuía yo miraba al caballo a los ojos antes de subirme , y el caballo permanecio tranquilo cuando me subi , un alivio ya que no sabía montar, no muy bien claro

he montado desde niño, te seguiré el ritmo

No mentí del todo si que había montado, pero la que manejaba era mi madre una autentica amazona y aristócrata pero yo llevar las riendas? Eso era  otro cantar, pero por ahora a un ritmo tranquilo  me podía defender, la yegua creo que ya sabia  que había que hacer y siguió a la dragona con la gente apartándose, algunos mirándome admirados o sorprendidos, se debían estar preguntando porque me encararía con esos dragones asi? O quizás solo se sorprendían de lo desarrapado que estaba?

Ehm

Quise decir pero  no quería distraerme asi que imitando a la le di unos golpecitos con las espuelas  poniéndome a su altura aunque mi cara debía ser un poema, se me daba bien andar, no cabalgar aunque era agradable y la yegua respondia muy bien, seguro que  la habían entrenado mucho, mire a la gente, ese caballo seguro que recibió mejor trato que ellos..

Puedo preguntarte una cosa?

Pero no espere a que me dijera que si, ella seguro que seria sutil pero  mi madre no me enseño esa leccion alli en las cuevas no era necesaria la sutilidad

Porque te resulto extraño?

Desde el principio ella me había mirado y yo a ella pero de formas diferentes yo podía tener miedo, desprecio… quizás inmerecidos ya que faora no era una dragona tan mala ahora que lo pensaba, cada dragon era distinto pero la mayoría eran malos…pero ella no me había mirado asi, el comentario de sus hermanos y su respuesta me dio la pista, le resultaba curioso

No deje que me mintiera  asi que le añadi


No habrias accedido de no ser porque te intereso…porque?


Mi madre me enseño que los dragones nunca se mataban unos a otros pero no me fiaba y aunque no se lo dijera ella ya debía intuir que a mi no solo me parecía muy guapa sino muy interesante, podría ir con harapos y la encontraría interesante, quería preguntarle muchas cosas pero mejor que ella se descubriera, ella tenia muchas ventajas sobre mi, seguro habría tenido una educación mejor y seguro seria mas fuerte o mas hábil que yo ante eso solo tenia mi ingenio y el hecho que no pensaba como un dragon lo haría, al no haberme criado con ellos, sonreí un poco, me lo tome como un juego, uno que quería ganar además ella no me pareció agresiva o peligrosa por eso accedí yo

El juego empieza pense para mi

Pero para mi gran sorpresa mi enfado se fue disipando,  era como si esa dragona irradiara calma y me veia afectado por ella, relajandome un poco




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Mensaje por Silvia el Mar Dic 10 2019, 23:14

Avanzó con paciencia y lentitud sin girarse para verlo o pensar en detenerse,  dejó que el joven se acomodará en su yegua y supuso que todo estaría bien al escucharlo decir su nombre. Vindicare, curioso como su portador. - ¿Y qué significa tu nombre?- preguntó mientras se encontraba con las miradas atónitas de los transeúntes frente a ella, la ciudad de Talos se nutría con ese tipo de situaciones, donde los dragones mostraban su más cruel o noble naturaleza, o la más extraña, nunca se sabía lo que podrían llegar a sentir o hacer. Había aprendido que dragones y humanos eran morbosos por igual, apegados a los momentos más extremos y amantes de las emociones fuertes, desde el drama hasta la extrema violencia. Pero a pocos les gustaba ser protagonistas, el lugar favorito era el de espectador.

Ellos dos aún eran los actores principales de uno de los muchos momentos que hoy vivía y viviría Talos.
Silvia siempre había encontrado un placer en saber cosas que para muchos pasaban desapercibidas o parecían sin sentido. Qué significaban los nombres, los animales favoritos de otros, los colores, olores, los momentos más especiales de sus vidas, las causas de las cicatrices, el lugar favorito de una cama, las razones de silencio. Ladeó una sonrisa al escucharlo decir sobre sus habilidades para montar y le miró de reojo, esa verdad era dudosa con la marcha torpe con la que había comenzado la yegua azabache a avanzar, pero presentía que ese niño no carecía de la capacidad de adaptarse.

- Deberás hacerlo, después de nuestro escape solo queda un camino, - señaló al frente con una de sus manos y la cabeza se alzó aún más regia y elegante, - adelante.- era una oportunidad que no muchos tenían. Y no temía para nada a sus hermanos, sabía que por algo así no le harían ningún daño, eran solo celos de dragón macho. Lo difícil era pensar que por algo más grave si podrían llegar a lastimarla, pero estaba segura que eso sucedería por orden de su padre, apretó las riendas sombría, amaba a su padre y sabía que él a ella, solo que amaba más a alguien más...a la reina.

Lo bueno era que sus corceles eran mansos, gentiles y diestros sin perder su salvajismo y la seguían porque con ellos pasaba tiempo su entrenador y ella también les hablaba segura de que le entendían, como creía lo hacía Rafiki y muchos de los animales de sus bosque. Así fue como sintió que la yegua igualaba poco a poco a su corcel y salió de la oscuridad de sus pensamientos, mirando a Vindicare a los ojos cuando le hizo aquella pregunta. Antes de poder responder se encontró con el gesto del rostro de él sin poder evitar sonreír,  mostraba una mueca que hacía homenaje a la dificultad y al esfuerzo digno de una comedia.

Le dio ternura verlo esforzarse por mantener la compostura sobre el caballo y por sus propias preguntas que poco a poco lo llevaron a la conclusión de lo que era la verdad del porqué estaba ahora a su lado. Dobló a la derecha por una de las esquinas donde un olor exquisito a comida y carne asada invadía una amplia calle, no era una principal de la ciudad pero guardaba un secreto que Silvia cuidaba con celo. Lo pensado, él no era tonto y tenía la astucia para saber las intenciones de otros. No le incomodó verse expuesta.

Asintió mirándolo a los ojos y reafirmó esto con un: - Así es.-  si él deseaba que la conversación fuera de manera directa, ella no tenía problema con algo así, al contrario, le hacía sentir aún más interés en él. -  No habría accedido si no me interesaras. - dijo fría, pero sincera. - Pero no sé porqué siento que tomas como algo malo que sea así, cuando en realidad yo encuentro eso como una maravilla. - dirigió su mirada al frente. La mayoría de las personas consideraban tal virtud como frivolidad y a esa frivolidad como maldad, otras eran demasiado humildes para querer ser vistas con los ojos con los que la dragona miraba al dragón.

- ¿Me odias por eso?- dijo con cierto aire de diversión en la voz. - ¿Te desagrado por eso?- volvió a mirarlo aún más fijo y junto su caballo un poco más a la yegua arrinconandolos a la pared del callejón con suavidad. - ¿Por encontrarte fascinante, Vindicare?- entrecerró los ojos y suspiró haciendo un puchero, alejándose de él con todo y caballo. - O quizás es que no encuentras una razón por la que pueda ser así y si así es, puede que tal vez sea porque te subestimas. De corazón espero equivocarme.- en realidad lo esperaba, nunca había encontrado satisfactoria la poca confianza de algunos en si mismos, pero incluso ella en algún momento de su vida había sentido que era poco o nada.

- ¿Por qué viniste conmigo?- enarcó una ceja mirándole. - ¿Por molestar a mis hermanos y guardias o por qué tienes hambre y solo soy un medio para mostrar tu victoria ante ellos o saciar tu apetito? Quizás ambas. - así fueron sus últimas palabras antes de permitirle responder, dulces y sedosas, crueles. Pero estaban hablando con la verdad, él así lo había elegido.




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Mensaje por Vindicare el Miér Dic 11 2019, 23:24

La dragona, majestuosa sobre su corcel, no hacia el menor esfuerzo y aun asi el caballo obedecía presto cualquier orden ya fuera evidente o no, creo que mi caballo viendo mi inexperiencia se limitaba a imitar a su compañero de modo que parecía que lo dominaba

Ella me respondió que si que me encontraba interesante pero no como si fuera algo malo… sino como una maravilla me quede parado un momento… una maravilla? Entonces me pregunto si la odiaba por eso..No, no la odiaba, nada mas lejos…porque? Me di cuenta que mi actitud de antes había sido muy arisca pero no lo entendía… ella es una dragona no? No… no quiere aplastar a otros? No ve a los humanos como inferiores? Mi mente se hizo un lio había intentado que alguien me lo explicara pero no había obtenido respuesta, no una satisfactoria al menos, seria ella? Me había abierto a inaya y no había bastado, mas bien me parecía que me despreciaba por ello…mi búsqueda de alguna persona dragón o humano que me ayudase no había sido mas que un encadenamiento de fracasos y desgracias y a pesar de todo al escucharla… me hacia sentir vergüenza, de verdad había cambiado tanto? Había dejado de ser yo y me había convertido en un amargado?

Ella continuo que a lo mejor no me encontraba a mi mismo fascinante y ero era triste…tendría razón… quizás si, al escucharla sonaba a… no podía ser

Y entonces me pregunto que porque yo había ido con ella, y entonces menciono motivos egoístas, como el orgullo el deseo de molestar a otros o el hambre… si, tenía hambre, si, no me caían bien sus hermanos, me parecían unos arrogantes pero podría haber robado o cazado mi comida y podría haberles ignorado, la verdad.. no ,no podía responderle con ninguna de las opciones que me había dado

Mi nombre...

Carraspee sus palabras me habían impactado tanto que me había acostumbrado a escucharla, tenía una voz muy bonita, nada de  alzar la voz, era como escuchar música

Mi nombre significa el que desafía…señora… Silvia quiero decir

Me sentí como estuviera hablándole a una profesora y me salió la vena respetuosa, aunque por lo visto si no eras rudo, te aplastaban pero ahora con solo unas frases me sentía muy pequeño a su lado, muy pequeño..

mi...

Me calle de golpe, no, no digas tanto, no pero al mirarla se me quito el miedo, no enia nada de especial, o si lo tenia? El caballo se detuvo, pero yo no había hecho nada, solo se paro

Que te pasa?

Acaricie la crin del caballo suave como el algodón y el solo se volvió mirándome y luego mirando en una dirección

Luego mire a silvia pero entonces entendí el parón del caballo, habíamos llegado, olia muy bien muchísimo de hecho nunca había olido comida con tan buen aroma..el caballo debía de saberlo y como una paloma mensajera se detuvo y se quedaría allí hasta que su ama le dijera que se moviese

Mire a silvia

Es aquí? Aquí quería venir?

La verdad es que mire hacia un lado y otro sin saber orientarme a pesar de recorrer la ciudad no me familiarizaba con todo, pero me baje del caballo que no se movió ni un ápice, completamente tranquilo, pongo que para el yo era una pulga y fui corriendo a silvia casi tropezandome y le ofrecí mi mano

Si hemos llegado, creo…

Me puse algo rojo

Creo que lo lógico seria que te ayude, no ? es... es lo que se hace

Inseguro pregunte

No?

Antes de que aceptase le dije con total sinceridad y ahora mas rojo que un tomate

Respondiendo a tu pregunta, acepte porque,porque...

Finalmente me decidí a dar el paso


Porque siento que puedo confiar en ti


No lo dije gritando pero se notaba que me había costado decirlo, de verdad podía confiar en ella?

Algo me decía que si podía que de todos los dragones de la tierra, ella no me haría daño, si había una persona que podía ayudarme… seria ella y sentía la necesidad de hablar con alguien que pudiera y quisiera ayudarme… seria ella, la dragona de melena plateada?




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Mensaje por Silvia el Sáb Feb 01 2020, 17:55

Un largo silencio fue lo que recibió como primera respuesta del joven dragón.
Y fue reconfortante, casi familiar.

Mientras tanto pudo dedicarle una mirada a su entorno, a esas construcciones que guardaban susurros, a las miradas que los seguían con detenimiento como una pareja muy peculiar, a las que los ignoraban y a las acciones que ocupaban esos intereses ajenos. Era agradable de vez en cuando dedicarle un momento a la vida diaria de Talos, la vida de ciudad casi nada asociada a ella y a la que desde que era joven miraba desde la distancia sin atreverse a ser parte. Su falta de atrevimiento era que vivir rodeada de naturaleza no lo cambiaría por nada, era una necesidad gustosa, así que la vida en las  polis nunca había tenido una real oportunidad en su corazón.

Por eso las grandes ciudades solo tenían el lugares como: espacios de negocios, de esparcimiento, sociedad.
La verdad es que a veces no deseaba alejarse de casa y en sus días más apáticos eran simples lugares carentes de encanto, como hoy antes de encontrarlo.

Silvia volvió a mirarlo y seguía teniendo aquel resplandor que tienen las primeras veces y poco tiempo después él decidió comenzar a responderle. Con sus palabras levantó ambas cejas y soltó una risilla. Así de brillante era la vida. - Presiento que es un nombre perfecto para ti. - le habían bastado algunos minutos para saber que era así. - Tú madre debió haber visto tu carácter desde la primera vez que vio tus ojos. - lo miró fijamente con benignidad afectuosa que era idéntica con la que miraba a sus hermanos y a los niños. Nunca había sido madre, pero habría sido una buena tía, eso lo tenía claro.

Era irónico que directamente proporcional a su curiosidad por él, él parecía ser un joven de pocas palabras y respuestas justas, lo que no era para nada malo. El tiempo se había vuelto para Silvia desde hace mucho infinito y su paciencia era igual, en casi todo. Reconoció su lugar de destino y su caballo se detuvo, seguido del que llevaba al dragón. Asintió con su pregunta inspirando el aire que profetizaba una comida exquisita. Lo miró atenta en sus movimientos que le robaron una sonrisilla al parecerle tiernos y graciosos, instintivos y naturales, era amable con los animales y por lo que veía no era solo una impresión que tuviera noción de cierta etiqueta.

Porque le parecía adorable y porque era vanidosa aunque hubiera podido bajar por sí misma del caballo, le permitió que la ayudara.  Seguía preguntándose en cada detalle, ¿de dónde y dónde había estado todo ese tiempo? Más con aquellas últimas palabras. Una gran declaración que le mostró gran ingenuidad.
Confianza. Esa era una gran responsabilidad y como algunos dirían un pecado, pero era un gran regalo si se recibía. La hizo sentir conmovida, hubiera deseado ver crecer así a su sobrino, quizás haber abrazado así a sus propios hijos si no estuvieran maldecidos los de su raza con la infertilidad.
Bienaventurada dragona la que lo que había dado a luz.

- Es lo que se hace, es cierto, pero es más lógico cuando nace de dentro hacerlo.- dijo cuando estuvo en el suelo. De nada servía obligarse, aunque la buena educación regía al mundo era también un gusto la sinceridad de cada acto y la de él parecía ser genuina. Demasiado para aquel mundo y eso era como tener un blanco en la frente. Se acercó un poco más y arregló un mechón de rizo castaño de la cabeza de Vindicare. Estudió su rostro y apariencia un poco, ya harían algo con sus prendas allí dentro.

Se alejó y acarició el morro de ambos caballos, los miró, eran tan hermosos. Extendió la mano y golpeó la puerta con dos toques pausados.  Era una torre alta, un lugar secreto para muchos, algo elitista, sí. Poco tendrían que esperar. - Dejarás que hable solo yo y ten paciencia, control, a pesar de lo que digan. Créeme que valdrá la pena al final, Vindicare.- le miró de reojo antes de que la puerta se abriera, una dragona baja de cabellos rizados negros, ojos pequeños y muy oscuros casi negros, de manos rollizas como su cuerpo y mejillas vestida de seda color jade apareció ante ellos haciendo una venía a la plateada. Dos humanos esclavos la custodiaban con ligeras prendas blancas de lino.- Lady Silvia. Qué feliz me hace verla. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última visita? - su ronca voz fue gentil y su sonrisa zalamera.

- Demasiado, Lady Adie. Pero no los he olvidado, sería imposible. - a los burgueses también les gustaba ser llamados lores y damas, sobretodo a esa que tenían en frente. La encargada miró a Vindicare y la sonrisa en su rostro desapareció, tensándose. - Lamento decirle que él no está, ¿cómo decirlo?- se esforzó demasiado en no ser grosera, algo que la aristócrata agradeció. - Acorde para el lugar.-  Silvia dio un paso al interior y la miró al pasar por su lado. Sonrió. - Lo sé. Siempre le digo lo mismo, pero ¿qué joven nos escucha a nosotros los viejos?- suspiró, como si estuviese realmente cansada de ello. - Pero estoy segura que tendrás un buen lugar donde pueda tomar un baño y vestir cómo debe vestir alguien de nuestra clase en tu plácido paraíso. - extendió una mano mirando al dragón.  

- Te presento a mi protegido. Vindicare. Te presento a Lady Adie, Dueña del Jardín de las Delicias. - lo tomó de la mano acercándolo un poco a ambas. Lady Adie lo miró de arriba a abajo y meneó la cabeza, la tensión se dispersaba como vapor. - Jóvenes. Tan reacios a los modales y tradiciones. - hizo una venia. - Mucho gusto, pequeño. Cualquiera cercano a Lady Silvia puede venir cuando guste. - Menos híbridos o humanos, le faltó decir. La dragona dio la vuelta y comenzó a caminar rumbo al interior. Un gran y amplio pasillo de piedra arcaica y gris sin ninguna decoración más que candelabros con velas encendidas. Silvia soltó la mano del joven y sin alejarse demasiado avanzó, tomando un lugar al lado de la burguesa. Era el momento de socializar, conversaron de la vida y temas banales hasta que llegaron a su primera parada.

Frente a una puerta roja de madera se detuvieron. - Podrá tomar una ducha caliente de lilas y encontrará diferentes prendas de finas telas para que elija las que sea de su gusto, también hay compañía. Nuestros esclavos son los más dóciles y atentos.  - dijo la encargada guiñandole un ojo al dragón. - Muchas gracias, Lady Adie. Ya nos veremos en el jardín. - Silvia la despidió con sutileza esperando que se diera la vuelta y marchara,  miró a Vindicare.

- Quizás todo esto sea algo extraño y apabullante. Siempre lo es, no solo al principio. - lo sabía en propia piel, así se había sentido hace miles de años cuando junto a su familia tuvieron que dejar Gales y vestirse de humanos, ya se había acostumbrado y le gustaba la gran mayoría del tiempo. - Si deseas puedo esperarte o nos veremos al final del pasillo donde comienza la real maravilla, si así te sientes más cómodo.- no sabía si deseaba su ayuda en caso de no saber elegir, si se sentiría menos solo si se quedaba con él o sí prefería privacidad, intimidad. - Deseo que te sientas tranquilo.- interesante, en realidad lo deseaba.




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Mensaje por Vindicare el Miér Feb 05 2020, 20:40

Silvia acepto mi gesto, nunca lo había hecho aunque mi madre me había enseñado las formas, nunca me conto mucho pero por lo visto si no hubiéramos estado en el exilio habríamos sido como ella, habríamos tenido caballos, ropa, quizás una bonita casa, a mi me importaba poco o nada solo quería estar con mi familia, ella me había cuidado yo quería cuidar de ella me sorprendió cuando me adecento un rizo rebelde que me tapaba un poco la visión y aunque no me moví me sentí turbado, era algo que hacia mi madre y su cercanía y su olor me gustaron, me gustaron mucho así como la mirada que me hecho mirándome de arriba a abajo

Después tras  acariciar a los caballos golpeo la puerta mire a los caballos que parecían no solo agradecer esos mimos sino estar acostumbrados a ellos, los caballos por lo general no eran mascotas pero estos se comportaban con ella como si fuera su madre siempre atentos y nunca encabritándose o haciendo nada de lo normal, pensé que es que estaban muy bien entrenados cosa que estarían pero también vi que era porque ella los cuidaba mucho, yo los mire hasta que me dijo que no hablara que ella hablaría, que mostrara control  asentí y seguí mirando a los caballos hasta abrieron la puerta

Una mujer nos abrió la puerta bien vestida aunque en mi opinión no tanto como ella y tenia un aire que no me gustaba, superioridad, se creía superior a otros o mas bien a mi mas que nada porque aunque tenia una sonrisa cuando miraba a silvia desapareció al mirarme a mi, en todo caso fui con silvia al interior del edificio, mientras interpretaba un papel de cuidadora? De mi? Pero recordé lo que me dijo ten control asi que me esforcé en seguir la gracia mientras me sujetaba la mano con lo que puede notar su suave tacto

Intento escucharla, pero a veces, no nos ponemos de acuerdo

La estancia era amplia bien cuidada, todo tenia detalles, las paredes el techo, el suelo, era como un palacio, olía bien, como a moras y no perdía detalle mientras mi cuidadora hablaba con esa mujer habían chicas y chicos jóvenes vestidos de la misma forma, trabajadores pensé, haciendo su quehaceres poniendo mesas yendo de acá para allá pero me parecía raro que todos fueran jóvenes y muy muy guapos, como si fuera un requerimiento

Entonces nos detuvimos diciéndome que podría tomar una ducha allí, ya habían mencionado mi atuendo y por lo visto no encajaba allí debía lavarme y vestirme, no se porque todos pensaban que era un mugriento me bañaba casi cada día, en el rio , supongo que nadie se tomaría la molestia de olerme , apariencia sobre sustancia, supongo pero entonces silvia me dijo que aunque fuera extraño era normal y que podía esperarme o verme al final del pasillo donde estaba el verdadero espectáculo, la real maravilla la llamo

Ante las dos posibilidades no sabia que elegir, no sabia realmente que se esperaba de mi y me sentía mal por tenerla esperando, ella me había tratado muy bien y me había llevado allí la desconfianza había dado paso a una paz vigilante, si estaba alerta la cicatriz de mi cara no me permitía estar tranquilo a no ser que estuviera en un lugar que conociera perfectamente pero no creía que silvia fuera a hacerme daño…aunque ya me había equivocado antes, echo un lio solo atine a decirle

E..estoy seguro que tienes cosas que hacer, yo, yo me ocupo, Lady Silvia

Buenas intenciones, pero se notaba que no tenía idea de lo que se esperaba de mi, lavarme? ¿Ningún problema vestirme? ¿Como ella? ¿O algo parecido? Su vestido era muy bonito pero tenía broches cierres cremalleras, no sabría por dónde empezar pero aun así no quería tenerla esperando me parecía feo

Le hice una reverencia y me metí allí dentro, como habían dicho era como un baño con bañeras y fuentes en alto que hacían que cayera agua todo el rato y varios chicos y chicas  sujetando toallas y que ahora me miraban fijamente, porque no había nadie mas y acababa de entrar supuse

Ho, hola

Bienvenido señor,  pase ,le ayudaremos a tomarse una ducha  por favor

sin mas me quite la ropa , dejándola apilada en el suelo y me acerque a las bañeras pero no les perdía de vista, que esperaban? Parecían mirarme pero no se movían

Me metí bajo el agua y me frote mientras seguían allí mirándome me zambullí para aclararme y salí del agua algo molesto y tenso y cuando fui a por mi ropa ya no estaba allí, mirándoles me di cuenta que la habían recogido y me ofrecían una toalla y  una camisa y un pantalón, muy bonitos pero no pude evitar fijarme en un detalle, una de las chicas estaba llorando de forma sutil  y la otra al borde del llanto los chicos también parecían nerviosos, la ropa temblando en sus manos

Pasa algo?

Les dije mientras tomaba la toalla y me secaba

No se lo diga...

¿Que no diga el que a quien?

A la señora, no le diga que no le hemos servido, si no nos ha pedido que le enjuaguemos será porque somos feos o hemos hecho algo para enfadarle si la señora se entera  nos castigaran

Me puse la camisa y intentaba entender… no les había pedido nada pero ahí estaban, temerosos…de mi? me termine de vestir antes de decirle

Les diré que habéis estado genial, vale?, solo... no lloreis mas

En serio? ¡¡¡¡Gracias!!!!

Dijo una de las chicas abrazándome antes de recuperar la compostura y decirme que mi ropa seria guardada y limpiada mientras yo llegaba a una conclusión muy sencilla…eran esclavos y temían el castigo, podían vestir con sedas pero estaban aterrorizados, algo que ya había visto…note como el  fuego de mi interior aumentaba ante tamaña injusticia, los únicos que me habían tratado medio bien eran los humanos y estaban asustados como ratoncitos temblando ante la posibilidad de salir de su cueva y que fueran cazados por algún águila

Sin mas Salí encaminándome hacia el pasillo, estaba enfadado…muy enfadado, enfurecido buscando a silvia pero me detuve cuando recordé sus palabras…control, ten control me centre en respirar …muy rápido al principio y luego lento tranquilo, no  hagas nada…habla con silvia, si, habla con ella

Un sirviente paso por mi lado  viéndome como intentaba controlar mi ira con me gustaba la esclavitud, de hecho era lo que mas aborrecía, al llegar a la ciudad y verla me repugno al instante y la facilidad…la normalidad con la que ocurría me hacia hervir la sangre como nunca me había pasado , pero ella me dijo que me calmara y Silvia no tenia culpa de eso, hablaría con ella y me lo explicaría, seguro…

Asi que, mas calmado empecé a caminar de nuevo  esta vez mas tranquilo, buscando a la dragona de pelo plateado pero deseoso de respuestas y con mi furia algo controlada pero solo un poco fui a la sala donde me esperaría silvia y con ella las respuestas que yo deseaba y las maravillas que ella me había dicho con paso vacilante al principio pero paso mas firme tras un par de pasos no pude mas que verme invadido de sensaciones y ninguna era desagradable, manjares exquisitos, música, di un par de pasos mas y parecía que había entrado en el paraíso aquel que lei en los cuentos solo atine a encontrar a Sillvia y con la boca abierta atine a decir…

Que  que esto?

Mi cerebro no podia procesar tanta belleza




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