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Mensaje por Trystan el Dom Oct 20 2019, 17:39

FDR:
La aparición e interacción de terceros personajes ha sido pactado y consentido con antelación

Andaba jugando con Annie aquel mediodía, mientras era Kya quien había salido a recoger algunas hierbas y frutos del bosque, que solía utilizar. Me había comentado que también se pasaría por la casa de su familia, para recoger algunos enseres. Y fue Tormenta quien me anunció su llegada con un relincho-. ¿Adivinas quién viene, pequeña? -pregunté. El rostro de la niña se iluminó hasta pronunciar ese "mamá" con el que ya se refería a la sanadora desde hacía un tiempo. Inmediatamente, me echó los brazos, pidiéndome que la tomara entre los míos para ir a saludar a Kya. Apenas me había incorporado con ella, cuando escuché el puente de madera tambaleándose, señal clara de que Kya ya había subido.
- Trys... -llamó con suavidad, cuando me asomé a la entrada de la casa, con Annie en brazos.
- Hola. -saludé con una sonrisa que me duró poco en cuanto vi el gesto inquieto en su rostro-. ¿Qué ocurre, Kya?
- Tengo que ir a Talos. -anunció con consecuencia y esos azules pidiéndome un permiso tácito. En realidad, parecía sopesar sus opciones, dependiendo de mi reacción. Ya habíamos tenido una conversación bastante reveladora con anterioridad, en la que yo le expresé lo poco que me gustaba que fuese a la ciudad. Ella lo sabía. Precisamente por ello, no tardó en explicarse-. Una amiga me ha pedido ayuda. -mantuve el gesto serio, pero sin añadir palabra, dándole la oportunidad de que articulara algún añadido-. Quiere que sane a un dragón. -mi ceño se frunció un poco más. Kya debió de notarlo, pues entonces acortó distancia conmigo. Dulce, alzó uno de sus brazos y con su dedo pulgar, quiso alisar ese fruncimiento en mi frente-. Y como sé lo poco que te gusta que cruce las puertas de la ciudad... -entendí entonces que.. sí, había pensado en todo-. Quiero que me acompañes. -murmuró para sonreír, finalmente.
Suspiré como respuesta inmediata. Aún era un completo vendido con ella. Además que, no podía decir que Kya no supiese plantear las cosas como para que yo le diera la negativa de primera mano. Sonreí un pelín, al saberme vencido con sus buenas artes-. Puedo acercar a la niña a casa de tu madre. -terminé diciendo, capitulando de primeras. Porque sabía lo obstinada que era también.
Kya sonrió un poco más, al ver que, intrínsecamente, aceptaba su petición-. ¿Puedo adelantarme? -preguntó, tanteando un poco más allá-. Me dijo que era algo urgente. -y fue ahí, cuando el gesto de su rostro pasó a ser un dulce puchero que me hacía ser consciente de que era un completo vendido. Y que ella se aprovechaba de esa ventaja que tenía sobre mí.

Suspiré por la nariz, enarcando una ceja como mero gesto de resignación, sin perder una sonrisa suave-. Está bien, puedo alcanzarte después, si me dices dónde es. -concluí antes de volver a hacer caso a la pequeña, regalándole una cucamona.

Después de que Kya me diera las indicaciones que le había pedido, preparé a la pequeña, y apenas tardamos en salir de casa, para separarnos a medio camino de la sanadora. La familia de Kya, como siempre, me recibieron encantado, más al saber que cuidarían de Annie durante un rato, en lo que yo “iba a buscarla”.

Pero, si bien no esperaba que nada especial ocurriera, cualquier plan que yo tuviera con Kya antes de regresar se fue al traste en cuanto di con aquella tienda en medio de la ciudad. Por lo visto, aquella amiga de Kya vendía telas cerca de la plaza de Talos. Y ahí sería donde la sanadora, curaría al dragón. Me había llegado a explicar después de mi interés en aquella herida que, si bien los dragones sanaban con increíble rapidez, éste se aquejaba de una que había sido hecha con jade. Algo parecido había llegado a escuchar.

No obstante, de tantos dragones que existían, ni remotamente pensaba que sería justamente él. Todo pasó en apenas segundos. Al entrar, ya con la mosca en la oreja por haber sentido una presencia dracónica especialmente cerca y con mi cicatriz palpitando como solía pasarme en presencia de dragones, mis azules buscaron a la primera figura que que localizaron: una chica de pelo moreno, lacio, con facciones isauritas y un gesto inquieto en su semblante. A continuación estaba Kya, a quien no dudé en sonreír. Pero antes de que pudiera articular un saludo, mi mirada pasó a la tercera figura. Al dragón, supuestamente. Tardé un mero instante en reconocerlo, tras el cual sentí cómo todo mi cuerpo se tensaba inmediatamente-... Tú.
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Mensaje por El Juglar el Dom Oct 20 2019, 17:42

La puerta de la tienda se abrió, golpeando una pequeña campana de metal que resonó, anunciando una nueva visita. Una visita que, de las tres figuras presentes en aquella estancia, sólo una ignoraba quién era. Aún así, Delilah, la dueña de aquel local de telas, miró hacia la puerta, interesada por aquel posible cliente. Kya sonrió al ver a Trystan llegar, como ya sabía de antemano. Pero el tercer presente soltó una risa estridente al reconocer al recién llegado-. ¡Esta sí que es una sorpresa del todo inesperada! -espetó aquel dragón que, justamente hacía algo más de año y medio, había torturado y desafiado al pelirrojo.

A diferencia de esa efusiva alegría de la sierpe, Trystan había perdido todo color en el rostro en apenas segundos. La puerta volvió a sonar al cerrarse, cuando el heartless se acercó con un tenso cuidado a la sanadora, para tomar su brazo con inquieta suavidad-. Kya, sal de aquí. -le murmuró, apartando la mirada del dragón, quien ya sonreía ladino, para mirar a la chica-. Por favor. -sus ojos quisieron brillar con súplica silenciosa que ya no lograba sentir como antes. Resultaba obvio que el antiguo líder de la Resistencia no la quería allí, temiendo por su seguridad. Ella era su punto débil más evidente… y el único que estaba presente. Si el dragón llegaba a echarle mano, Trys tendría muy mal reaccionar y, además, sería demasiado impulsivo como para conseguir beneficio alguno. Y no podía permitirse algo así a esas alturas. Su futuro dependía de lo que hiciera en esa ocasión.
Para bien o para mal.

- Así que... ahora es ella. -escuchó en aquella voz masculina, mientras el soldado dracónico señalaba a Kya.De hecho, alargó la mano hasta la que Trystan había posado en el brazo de la chica, metiéndose en un gesto y roce que resultaba hasta íntimo en la pareja-. ¿Por qué tanta prisa? -quiso saber, sonriendo con tintes maquiavélicos-. No nos has presentado formalmente, Trys.

El desafiado miró al dragón con una mezcla extraña en el brillo. Temor, súplica, pero, sobre todo, advertencia-. No la metas en esto. -enunció Trystan con solemnidad. Demasiada, quizás-. Deja que se vaya. -sus palabras sonaron más a una orden que a una petición, en realidad. De nuevo, dejaba en evidencia lo incómodo que estaba el desafiado. Una incomodidad que no menguaría hasta que la sanadora se fuese de la escena.

El dragón se rió sin pudor alguno-. Mi humor es inmejorable hoy. -dijo, ignorando la actitud tensa del pelirrojo, con la más radiante de sus sonrisas soberbias, pero relajando la mano que había posado sobre la del desafiado, para dejarla caer-. Me sanan y... mi desafiado viene a verme. -enumeró-. ¡Toda una suerte! -terminó exclamando.
Y, de sorpresa para los presentes, la chica que Trys no conocía, dueña del local y amiga de la sanadora, Delilah, tomó parte en la conversación:- ¡¿Tienes un desafiado?! -preguntó dirigiéndose al dragón, con un gesto a caballo entre la sorpresa y el horror, que no pasó desapercibido para el antiguo líder de la Resistencia
El dragón asintió con cierta pesadez, volviendo su mirada hacia la humana-. Es largo de explicar. -contestó. Y lo hizo de una forma que aquel desafiado, tan pendiente del lenguaje corporal que evidenciaban los dos, le llamó la atención.
La muchacha de pelo lacio, negro azabache, se cruzó de brazos, con cierto aire inquisitivo-. No tengo prisa. -sentenció con un deje molesto en su voz.
Kya miró a Trys una vez más, consiguiendo que él correspondiese su mirada. Tan sólo bastó un solo segundo de conexión entre miradas para que aquella pareja se entendiera a la perfección-. Es mejor que nos vayamos... -murmuró la sanadora entonces, rompiendo cruce de miradas con Trystan, para girarse a Delilah.
Pero un movimiento seco y brusco del dragón, apresó su brazo. El desafiado se tensó casi tanto como Kya, que vio una advertencia solemne y tranquila en los ojos del dragón-. No. Ella se queda.
Ella frunció el ceño, disconforme tirando con cierta suavidad, para liberar ese agarre-. Creo que...
- ¿Crees... qué? -interrumpió el dragón, tirando aún más de ella para acercarla a él.
Trys no tardó en poner su mano sobre el brazo del dragón, presto a desviar la atención de la sierpe-. Esto es entre tú y yo. -le recordó, sin esperar a que el mismo dragón lo mirase-. Ellas no deberían estar aquí. -añadió, como advertencia, como petición. Trys sabía que ambas mujeres eran importantes para los dos hombres presentes. Ahora lo sabía. Los entrenamientos con aquel mestizo y las charlas con dragones, habían encaminado al desafiado a ser meticuloso con cada detalle. Y, a pesar de pillarle de completo imprevisto, estaba manteniendo la calma de una manera casi magistral. No tenía intención alguna tampoco de hacer partícipes a aquellas chicas de algo que no les atañía directamente.
- No le pasará nada... -ambos escucharon el añadido de la muchacha, queriendo convencer al dragón.
Se escuchó un pequeño gruñido de inconformidad no expresada-. ... Está bien. -capituló el dragón, mirando a la pareja e, inmediatamente después, a aquella muchacha, dueña de la tienda.
En cuanto sintió cómo el dragón la dejaba ir, soltando su brazo, Kya se volvió al desafiado-. Iremos... al mercado, Trys. -informó, consiguiendo que él asintiera. La sanadora pudo ver cómo tragaba saliva, sin saber muy bien si realmente era por quedarse a solas con aquel soldado… o por temor a que justamente éste, cambiara de opinión en el último momento y no las dejase irse, con las convenientes consecuencias. Como había pasado hasta ese entonces, entre ellos dos, Kya quiso aliviarle esa tensión, acercándose a él para darle un beso lo suficientemente significativo como para que no necesitara añadir nada más.
Trys correspondió, disfrutando de ese beso que pudiera ser el último, por menos tiempo del que habría querido-. Os alcanzamos más tarde. -murmuró, en la intimidad de esa cercanía antes de apartarse para dejarla marchar.
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Mensaje por Trystan el Dom Oct 20 2019, 17:42

Verla partir, me tensó sobremanera. Como nunca habría llegado a imaginar. Como si mi subconsciente supiera de alguna forma, que sería la última vez que la viera. No obstante, a pesar de esa carga emocional amortiguada, que me mantenía tenso, me mostré calmadamente impertérrito. Fingía, por supuesto. Porque sabía que Kya no se alejaría si notaba algo que no terminaba de cuadrarle. Ella era así conmigo.
Con una ansiedad creciente, la vi alejarse de la tienda, acompañada de aquella desconocida morena, que decía ser amiga suya. Mi respiración entonces se marcó, exhalando largamente por la nariz, casi sin querer afrontar lo que estaba por afrontar.

- Mientes muy bien. -escuché entonces, rompiendo el silencio que había quedado en el lugar después de que la campana que anunciaba la apertura de la puerta, cesara su vaivén. Internamente concluí que no había sonido que me molestara más que aquella voz que, de forma inverosímil, llegaba a sonar estridente y verdaderamente molesta en mi oído. Algo que me incitó ánimos para mirar al dragón, al final.
Me encogí de hombros, malamente, aunque mi semblante diera poca muestra de cambio por sus palabras-. No quería preocuparla más de lo que ya está. -admití, en verdad.
- Todo un caballero, ¿te lo han dicho alguna vez? ¿Es así como ligas, Trysie? -y ahí iba de nuevo. Estaba convencido de que no pararía. No obstante, comencé a analizar lo que había llegado a ver. Y todas esas premisas que se basaban en lo que habían visto mis ojos, me hizo sonreír de lado.
- Puede... -contesté con pereza. ¿Qué sentido tenía ya, darle más explicaciones? No les iba a prestar atención-. Pero gracias a ti, seguramente también sea algo que pierda. -le recordé, centrándome finalmente en el dragón, desechando todo recuerdo o persona que me hiciera el flaco favor de despistarme. Necesitaba estar al cien por cien.
- Eres un fatalista. -el dragón rodó los ojos, lo cual me hizo pensar y acertar en la hipótesis de que pensaba que yo no había cambiado nada. No podía estar más equivocado-. ¿A qué has venido, Trys?
Tanta curiosidad podía tener él, como yo sobre lo mismo. Pero, al final, negué con la cabeza, antes de contestar nada-. No esperaba encontrarme contigo, en realidad. -admití. No por nada, llevábamos demasiado tiempo sin vernos-. Aunque me sorprende sobremanera verte aquí... -fue justo ahí cuando lo miré inquisitivo-. Sabes qué es esto, ¿no? -enarqué una ceja, más que pendiente de su respuesta.
- Claro que lo sé. ¿Por quién me tomas? -el dragón pareció indignarse, lo que me hizo reír por lo bajo.
- Por un dragón que ha relajado costumbres, tal vez. -me encogí de hombros, siendo consciente de lo relajado que estaba con respecto a las otras veces que había llegado a hablar con él, por telepatía.
- Tonterías. -menospreció la sierpe, haciendo un ademán con la mano.
- Esto es un negocio humano. -aclaré, como si a él le costara ver algo así-. ¿No decías que nosotros no teníamos futuro? ¿Que debíamos estar bajo vuestro exclusivo yugo? -le recordé, necesitando ahondar en esas memorias que estaban salpicadas de oscuridad y torturas, cuando él se encargó de mí en aquellas mazmorras del castillo.
- Y lo sigo pensando.
- Yo no diría tanto...
- ¿Vas a saber tú mejor que yo lo que pienso o dejo de pensar? -su tono desprendía incredulidad y hasta diversión.
- ¿Por qué estás aquí entonces? -le devolví la pregunta. Me sorprendí a mí mismo, gratamente, cuando supe que esa tranquilidad se estaba transformando en la frialdad necesaria para ser yo quien llevara las riendas de aquella conversación.
- Sigues igual de ciego... -espetó el dragón, pagado de sí mismo-. Tu querida me estaba curando. -contestó, con tono burlesco. Como si yo no hubiese visto nada. O no hubiese querido verlo.
- No deja de ser raro que te dejes tocar por una humana. -admití, filoso.
- Cuidado, Trystan. -esa advertencia velada, ya me indicaba que se estaba crispando en esa conversación. Quizás, si lograba tensar la cuerda, podría ver un resquicio en su aparentemente impenetrable muro y defensa, por el que poder colarme y desarmarlo. ¿Conseguiría con ello llegar hasta el fondo del desafío? Desde luego, yo sí veía ya la diferencia en él, desde que me torturase.
- ¿Ahora no puedo hacer observaciones? ¿Prefieres que vaya al grano? -inquirí, no obstante, queriendo, de repente, hacerle ver lo que él, aparentemente, aún no había visto ya.
- No sé de qué estás hablando.
- He visto cómo la miras. -confesé mirándolo directamente a los ojos, con una solemnidad que no pensé que habría llegado a tener.
Él, por su parte, frunció el ceño un instante, antes de caer en lo que estaba diciendo-. Pura condescendencia. -alegó, restándole importancia.
- Si así fuera... -murmuré, llegando a dar un paso a un lado, sin romper más distancia con el dragón-. No te importará que le pase nada, ¿no?
- ¿Vas a lastimarla?
- Podría... -contesté- No te importaría, ¿verdad? -murmuré, como pequeña pregunta retórica-. Encuentro ya cierto regocijo por el sufrimiento ajeno. Serán cosas del desaf-...
Me vi interrumpido por un impulso del soldado, quien me agarró del cuello y empujó hasta la pared más cercana. Gruñí ante la molestia de clavarme las maderas de la estantería en la espalda. Pero en mi mirada no había rastro del miedo que había tenido hacía casi dos años.
- Atrévete a tocarla y haré de tu vida un jodido infierno. -amenazó siseando entre dientes-. No habrá dolor que no dejes de sentir hasta que te suicides por querer escapar de tanta agonía. -continuó. Aquella reacción me resultó inquietantemente divertida, hasta el punto de hacerme reír. Sin darse cuenta, había quedado en evidencia ese cambio en él. Ahora, no era más fuerte que yo, al compartir la misma debilidad. Había cambiado de de mentalidad y no era consciente. Ya no era el poderoso dragón impertérrito sin puntos flacos-. ¿Te parece divertido, Trysie? -espetó, apretando un poco más. Algo que no llegó a quitarme la sonrisa-. ¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué te sonríes?
- ¿De verdad no te das cuenta? -hablé con dificultad. La suficiente para que se diera cuenta de que estaba apretando de más. Fue entonces cuando me soltó, dándome la oportunidad de añadir una respuesta que lo satisficiera. Y, a pesar de todo, justamente eso, era algo que no tenía seguro que fuera a hacer:- Ahora eres tan perdedor como decías que lo era yo.
Su ceño se frunció, obviamente-. ¿Qué estás diciendo?
- Tienes un punto débil, amigo. Has perdido la inmunidad y poder que te jactabas de tener. -le expliqué, finalmente.
De nuevo, el dragón rompió distancia, agarrándome de la solapa, para hablar con solemnidad y amenaza velada en su lenguaje corporal-. Ni soy tu amigo, ni he perdido nada. Los dragones seguiremos ganando a los humanos, no importa cuántos años pasen. -se separó, soltándome bruscamente. Algo que no me llevó a ningún sitio, más allá de dar con mi espalda contra esa estantería que volvió a crujir.
Pero, el ver cómo se ponía a la defensiva, me daba pie a mí, para creer que estaba vulnerando sus defensas de una forma que él no había llegado a contemplar-. Discrepé cuando te divertías a mi costa en las mazmorras… y vuelvo a discrepar. Tú ya no tienes más poder del que tengo yo. -murmuré, convencido pero sin sonar arrogante.
- No soy un perdedor. No pretendas ahora convencerme de lo que no es. -me señaló con el índice. Se me hacía evidente lo incómodo que estaba, al no encontrar postura en la que realmente se sintiera por encima. Todo por no saber qué hacer con los brazos. Un detalle que a los demás pudiera pasar del todo inadvertido.
- Ese es mi desafío, ¿no? -le reproché con sorna y una sonrisa torcida, manteniéndole la mirada-. No deja de ser como me llamaste tú. Por ser un iluso. Un débil… Y por estar enamorado. -de otra mujer, matizando. En su momento. Pero cuán ignorante era aquel dragón. En todos los aspectos, ahora estaba mucho mejor. Por suerte y ventaja para mí, aquella sierpe se había olvidado de mi persona en los últimos meses, lo que me estaba ayudando a sorprenderlo, ante el cambio que yo había sufrido, de mentalidad, sobre todo-. Perdedor. Curiosa palabra, ¿no crees? -pregunté, casi con retórica-. ¿Qué es para ti un perdedor? -en ese instante, elevé una de mis cejas, queriendo hacer hincapié en esos pensamientos a los que buscaría darles la vuelta, como fuera-. ¿Alguien con puntos débiles, quizás? -inquirí con un tono desbordante de retórica-. Tu desafío me ha hecho darme cuenta de lo que soy capaz. -confesé, relajando un poco más mi postura, bajando los hombros-. Me has quitado la venda de los ojos -añadí. Sin embargo, ante el gesto repleto de sorna que logré ver en el rostro del dragón, confiado en que lo siguiente que yo diría sería el darle la razón, el que mostró ironía esta vez, fui yo-. … pero no del modo que crees. -aclaré, causando una inesperada expresión de sorpresa en su rostro-. Tú ya no eres invencible. -me atreví a decirle, aumentando su incomodidad-. Ya no estás en la misma posición que antes. -¿quería abrirle los ojos? ¿Convencerle de… algo de lo que yo no estaba seguro? Era posible. Pero sí hubo algo que tuve claro en ese momento: aquel dragón ahora estaba en las mismas condiciones que yo al estar enamorado. ¿No era eso un cambio de bando? Claro que, esas circunstancias que ahora él y yo compartíamos, parecían no estar del todo claras para él, según la expresión de su rostro-. Tú mismo te has dejado arrastrar por esas emociones que tan débil nos hacen a los humanos. -aún recordaba casi la totalidad de las palabras textuales que él había usado, en aquel momento de tortura-. Ella… es tu debilidad. Como la sanadora, la mía.  -reconocí, apostándome todo a una carta-. Y sólo por su amor, tú harías todo lo que está en tu mano. -entrecerré la mirada, queriendo indagar más en esos gestos del dragón, que denotaban tensión, molestia y… ¿resignación?- ¿No te convierte eso en alguien con poder? -pregunté con retórica, queriendo que él siguiera por ese camino que yo mismo le estaba marcando, para que se percatase de una verdad que para mí era demasiado real-. Tú ahora, luchas por un motivo personal. Y eso te hará ganar más batallas, que si lo haces porque tu reina te dice que luches. -concluí, ocultando todo rastro triunfal en mi rostro, rogando a los dioses que fueran benévolos esta vez, y me ayudaran a que el dragón no rompiese con todo, me arrancara la cabeza y se declarase ganador indiscutible de aquel duelo de titanes-. ¿No te das cuenta? -insistí. Pero, de repente, algo cambió.

El semblante del soldado se transformó. Toda esa tensión, toda esa incomodidad y molestia pareció tornar en la más inocente de las sorpresas. Pude ver con claridad meridiana cómo intentó ocultar su asombro, restando expresividad a su rostro. Pero no colaría. No para mí. No esa vez-. Internamente, sabes que yo tenía razón. -opté por decir, insistente-. Y es ahora cuando acabas de comprender que… tus sentimientos te han hecho cambiar a ese bando que tú decías que nunca ganaría batalla alguna. -al parecer, guiarlo a mi terreno y hablar para que él viera lo que yo quería que viese, era algo que no me estaba resultando tan difícil. O, ¿acaso era culpa de todas esas preparaciones previas? El mestizo, el dragón exiliado... cada uno con los que había hablado, habían sabido mostrarme una perspectiva distinta. Y, aunque yo no lo viera, había aprendido de cada una de ellas, justo para tener la capacidad de realizar la hazaña que estaba haciendo: convencer a un dragón de estar equivocado. No obstante, no quería confiarme. Aún quedaba su reacción-. Mi bando. Aquel que tú considerabas el bando perdedor. -sus palabras entre dientes aún resonaban en mi cabeza, como recuerdo de esa vigilia entre torturas a las que fui sometido, hacía ya casi dos años.
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Mensaje por El Juglar el Dom Oct 20 2019, 17:43

En aparente sorpresa, el dragón se mantenía de pie, frente a su propio desafiado con un gesto que Trys, más allá del asombro, no supo interpretar. Internamente, el soldado se había visto vapuleado por el buen hacer del antiguo terrorista pero, ese orgullo propio de su raza, lo invitaba a no ceder su razón con tanta facilidad.
Algo que resultaba batalla perdida antes de siquiera empezar.

Atravesó al humano con la mirada, apretando los labios, dudando hasta en cómo reaccionar. Trystan había sido lo suficientemente hábil en esa ocasión y, probablemente, fuera aquella astucia la que lo salvara. A pesar de todo, el dragón tuvo un último impulso, de volver a agarrar al antiguo terrorista por las solapas de su camisa, y empujarlo contra aquel mueble de madera que podía llegar a dejarle señal del ímpetu del golpe-. Maldito seas. -farfulló entre dientes, en lo que el desafiado ahogaba un murmullo de dolor en su garganta-. Está claro que no te haces a la idea de lo que estás haciendo.
- Sí que lo sé. -escupió Trystan, con aire indignado-. Quiero recuperar lo que tú me quitaste. -apretó la mandíbula, antes de empujar al dragón para apartarlo de él, en ese esfuerzo sobrehumano que sí hizo efecto. Éste respondió muy malamente, lanzando un puñetazo que le dio de lleno al humano en el rostro. Pero, de la rabia que comenzó a gobernar sus movimientos, ese fue el único que acertó. Trystan se movió con rapidez, fintando esos golpes que acababan siendo al aire, hasta que el dragón optó por agarrarlo de sus ropas una vez más. Por esa frustración de puñetazos fallidos, lanzó al humano contra la pared con fuerza-. Sigues siendo un idiota. -resolló, con sus ojos centelleando de ira. No contento con ello, se acercó para alzarlo y repetir la acción. Trystan, de la euforia de haber sacado a aquel soldado de sus casillas, con una mera conversación de la que, siendo honesto, no pensó llevar las riendas, no dejaba de sonreír, pese a ese linchamiento que su desafiador llevó a cabo por evidente frustración. La tienda, poco a poco, golpe a golpe, empujón a empujón, finta a finta, acabó patas arriba.

En realidad, fue más el escándalo de los desperfectos y el desorden, que la paliza que recibió el desafiado. O, al menos, lo que Trys llegó a sentir, aunque muchos de esos golpes acabaran en moratones al día siguiente. El dragón resollaba, con ese último empujón, que hizo que el desafiado chocase de espaldas contra la pared y finalmente cayera al suelo. Aún con los puños apretados y los nudillos blanquecinos, el soldado de la Reina terminó soltando un bufido, al ver que el humano parecía predispuesto a levantarse, aunque lo hiciera con movimientos lentos-. Aunque... te hayas salido con la tuya esta vez. -espetó cuando tan sólo le quedaba una rodilla apoyada en el suelo, reconociéndole finalmente ese mérito que zanjaba el desafío de forma definitiva.

- ¿Qué? -Trys no tardó en alzar la mirada buscando el rostro afilado del dragón, con la intención de comprobar que no estaba bromeando o que no era otra mala treta del dragón. Sólo cuando éste volvió a levantar esa mano que, con un leve siseo y un par de crujidos se hizo garra, fue que Trystan perdió el aliento.

Aquella magia tan arcana como incomprensible hizo brillar en un parpadeo intenso, coincidiendo con cada latido, el pecho del dragón, cuando éste acercó aquella garra propia. Trys mantuvo la mirada, con un gesto a caballo ante el asombro y la emoción desbordante, en aquella uña que rayó y abrió aquel torso del dragón, para extraer ese corazón tan anhelado por el que había luchado y esperado casi dos años-. Toma. -hubo un atisbo de desdén en aquella simple palabra que, desde luego, el humano ignoró, perdido en sus propios pensamientos y ese shock de haber conseguido el objetivo, después de tantos momentos duros, al borde de tirar la toalla. No podía apartar sus azules de aquel corazón que por ninguna razón centelleaba hasta cegarlo en ese proceso que duró apenas unos segundos. Apenas a un par de palmos de él, Trystan sintió de nuevo sus tan deseados latidos retumbar en su propia nuca. Apenas tomaba consciencia de todo aquello cuando el dragón, de un último y súbito empujón, fusionó aquel corazón con el torso del humano. Trystan pudo sentir un cruento y doloroso pinchazo que lo hizo gritar de dolor. Ese pinchazo, de forma inexplicable derivó en una succión que cegó a ambos, valiéndose de todas esas energías del propio desafiado hasta hacerlo caer al suelo, extenuado sin razón aparente. Siendo él el que jadeaba ahora, como pez fuera del agua, como si le robado el aire por agónicos y eternos minutos.

El dragón apoyó sendas manos en sus rodillas, aparentemente fatigado por ese esfuerzo que también había consumido parte de sus energías-. Y más te vale no buscarme o cruzarte conmigo. -advirtió antes de erguirse-. Porque la próxima vez que nos veamos, no seré tan benévolo. -se despidió, definitivamente, saliendo de aquella tienda con un portazo tal que terminó resquebrajando el cristal.
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