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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por El Juglar el Lun Jul 01 2019, 08:04

IMPORTANTE: Este tema va a contener un índice de violencia y gore importante. Desde mi punto de vista personal será explícito, pero sin rayar en el realismo (puede que haya que arrugar la nariz de vez en cuando). De todos modos si se es sensible a este tipo de cosas es mejor no leer el tema completo, porque a lo mejor, por circunstancias, sí necesito caer en lo meticulosamente descriptivo. Trataré de hacer pequeños resúmenes al final de cada intervención de El Juglar para hacer el argumento más accesible a quien los prefiera al tema.
___________________________________________________________________



~ Más allá de cualquier idea
de buenas o malas obras
se extiende un campo.
Nos encontraremos allí. ~


Jalaluddin Rumi.



El primer grito alertó a las esclavas.
Algunas de ellas se miraban confundidas. No estaban seguras de haber oído bien. Las que llevaban más tiempo con la señora, no obstante, se miraron con pavor.
Lo conocían. Lo conocían muy bien.
Años de ausencia no habían podido borrar de sus mentes aquella voz grave, grasienta y sumamente inquietante.
Tampoco la sonrisa macabra.
Las más incautas, las que no sabían quién era, se apersonaron de inmediato al patio, que era el corazón de la casa. Las que sí, se tomaron de las manos y corrieron a esconderse. No podían hacer nada por las otras. Ya estaban muertas. Lo habían estado desde que había cruzado por la puerta.
Ahí, acercándose al centro del patio con paso lento, estaba él. Su cabeza, cubierta con una capucha de color marrón oscuro, ligeramente inclinada hacia abajo. Sus ojos, hacia arriba. Los ojos de la muerte. La buscaban a ella. Pero ella no estaba. No acudía a su llamada.
Aquello lo hizo enfurecer.
Las esclavas, dada la inquietud que su presencia hacía crecer en ellas, se volvieron a mirar entre sí, esta vez con más temor que curiosidad en sus ojos cuando el intruso gritó lo mismo una segunda vez.
No lo habían visto antes, pero pudieron adivinar sin ningún esfuerzo gracias a la negrura absoluta de sus ojos y a las escamas azabache que asomaban por el cuello de su ropa de qué se trataba. Entonces todo pareció tener sentido. Pero...
¿Cómo había entrado? —sin saber ellas que se hallaba en busca y captura, ¿cómo había eludido a las autoridades?—. Era fácil hacerse esa pregunta cuando no se sabía quién lo había hecho. Ah, pero es que ellas desconocían ante quién se encontraban. No sabían que años atrás aquel dragón azabache había sido el señor de esa casa. No sabían que hacía años él había vivido ahí también durante mucho tiempo.
No sabían que aquel era el dragón que había intentado matar a su señora.
Por ende, no conocían su nombre.
Lamentablemente jamás alcanzarían a averiguarlo.
Mejor así, en realidad. De otro modo las habría perseguido por siempre hasta su muerte.
La primera de ellas que se atrevió a dar el paso y a acercarse a él no hubo pronunciado una sola palabra cuando, garganta abierta por un zarpazo, acabó en el suelo sobre un charco de su propia sangre, balbuceando por un milagro que jamás llegaría.
Un grito mudo, pero de horror, por parte de las otras esclavas se adueñó del patio.
Momentos después una segunda esclava que se agachó a socorrer a la primera pereció cuando, con su pie convertido en una poderosa garra, el dragón la aplastó contra el suelo y al hacerlo la atravesó de lado a lado a la altura del pecho.
La histeria se desató. Gritos desgarradores comenzaron a correr por toda la casa con la misma rapidez que sus emisoras. Por desgracia, no los suficientes, ni lo suficientemente altos, como para llamar la atención de la señora de la casa. Las esclavas veteranas se habían escondido a conciencia y no se atrevían a salir ni siquiera para ir a avisarla.
Quién podía culparlas o tacharlas de desleales. Y quién podía echar nada en cara a las que ahora corrían a hacer exactamente lo mismo en lugar de acudir a su señora.
Pero él no iba a permitirlo.
A las garras superior e inferior se les sumaron dos colosales alas negras y grises que usó para atraparlas a toda velocidad y matarlas de las formas más variopintas: degolladas, destripadas, ensartadas, mutiladas y posteriormente desangradas, estampadas, desde las alturas, contra las columnas o el suelo. Sólo una de ellas, la más pequeña y sigilosa, logró escurrirse en un descuido del dragón, quien, para su fortuna, había decidido entretenerse momentáneamente con una lengua guindando de una mandíbula desprendida.
Cuando se creyó por fin a solas gritó con tanta fuerza que bien podría haberse hecho daño en los pulmones.
Bajó al suelo y lo volvió a preguntar por tercera vez, seguro de que, en alguna parte, estaba ella, escuchando.  
¡¡¡¿¿¿DÓNDE... ESTÁ... MI... MUJEEER???!!!



___________________________________________________________________
RESUMEN: El ex «marido» de Qalona reaparece por sorpresa. No tiene buenas intenciones, y eso es algo que deja bien claro desde el principio (este post). Todas las pobres esclavas mueren de formas horribles menos una que consigue escabullirse.


Última edición por El Juglar el Mar Jul 23 2019, 04:52, editado 1 vez
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Viktor Vasko el Jue Jul 04 2019, 12:02

Lo supo desde el primer grito.

No era una voz que Viktor conociera, no era una voz que hubiera escuchado en su vida...pero lo sabía, era él.

En los pocos meses que Viktor Vasko había estado al servicio de Qalona, poco había averiguado de su señora a parte de lo que ella misma le había contado. Pero había cosas demasiado grandes como para ocultarlas. Si, Viktor sabía que Qalona había estado casada con un dragón llamado Zlauco, y sabía que él era un monstruo en todos los sentidos de la palabra, sabía que había intentado matar a su señora y que ahora era un prófugo...

...Y Viktor sabía bien lo que iba a hacerle a ese dragón si volvía.

El desafiado se levantó de su silla en su cuarto y abrió su armario, aunque un termino más apropiado sería armería. Viktor se había estado preparando para este día.

Mientras los gritos de terror y agonía empezaban a llenar la casa, Viktor se puso su malla de metal y su armadura de cuero que había estado reservando para algo así. Sabía que no valdría de mucho contra las garras de un dragón, pero era mejor que nada.

Se puso sus caestus de acero en los puños, tomo su hacha, y comenzó a andar rápidamente hacia el patio.


Mientras avanzaba, veía como los sirvientes, gritando de terror, huían despavoridos en la dirección contraria, alguno incluso trató de detener a Viktor, pero él no podía ser retrasado. Su corazón latía a toda velocidad, Viktor no sabía si era el miedo, la ira o la adrenalina ante el combate que se le avecinaba. En tiempo de leyenda, matar a un dragón te hacía un héroe. Pocos lo había intentado y aun menos han tenido éxito, Viktor sabía que se enfrentaba a una muerte casi segura.

Y aún así, empezó a correr hacia el balcón del patio.



Viktor solo tenía que pensar en ella, en lo que ese monstruo le haría si la encontraba, y su cuerpo se movía sólo. Llegando al balcón, Viktor pudo ver que el dragón no había perdido el tiempo en convertir el patio de se señora en una carnicería, mientras corría lo más rápido que podía, sólo estas palabras se asomaron de sus labio en un susurro.

-Bez strachu smrti...-

Y dicho esto, Viktor saltó del balcón, con su hacha en alto y la intención de hundirla en el cráneo de la bestia con un único golpe.




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Mensaje por El Juglar el Mar Jul 23 2019, 04:44

Primero el silencio. Después, un gruñido tan grave que hizo temblar el patio.
«No va a venir».
Lo sabía.
En el fondo, muy en el fondo, Zlauco lo sabía.
Siempre lo había sabido.
Claro que no iba a dignarse en acudir a su reclamo. Era una hembra cobarde, inservible y que se merecía cada penuria vivida. Era débil, no servía para tomar decisiones importantes. Lo había visto antes, durante y después del Letargo. Lo había visto en la muerte de sus crías.
¿Qué clase de madre dejaba morir a sus crías? solamente la estúpida, la inútil. La que no servía para nada.
¿Qué clase de dragona osaba mostrar compasión o respeto por un humano y darle la espalda a los suyos y a su reina? sólo la que no merecía ser llamada dragona.
La que debía morir y llevarse con ella la vergüenza manchada en su cara.
El dragón negro, preso de ese sentimiento y furioso con su ex pareja, clavó los ojos en la mirada muerta de la cabeza cercenada que tenía en la mano, aquella de la cual estuviese guindando la lengua. El desplante de Qalona lo enfureció tanto que de tanto apretar la cabeza se hizo añicos entre sus dedos. Colgajos calientes y sanguinolentos de carne, hueso y cartílago resbalaron por sus escamosos dedos hasta estrellarse contra el suelo con un sonido viscoso.
Cuando abrió el puño Zlauco observó lo que quedaba de la cabeza y luego se sacudió la mano como si en lugar de sangre tuviera la piel recubierta de excremento. Al fin y al cabo para él los humanos eran poco más que eso. Finalmente se frotó los dedos con la esperanza de liberarse en la mayor medida de lo posible de aquel repugnante e indigno fluido no dracónico.
Fue durante ese proceso que lo oyó venir.
Su oído, más agudo que el de cualquier otro animal, captó unos pasos rápidos y relativamente cercanos sobre su cabeza. Intuyó rápidamente de quién se trataba. El dragón, que parecía haber aparecido por sorpresa, tenía en realidad algunas razones para volver, y el dueño de aquellos pasos era una de las principales, sino la principal de todas.
Porque una ex pareja repugnante era una cosa, pero una cornamenta con un humano con el que mantenía una relación era algo muy, muy distinto.
A pesar de que ya no estaban juntos Zlauco seguía considerando a Qalona como una posesión suya, algo que le había pertenecido en el pasado y por tanto siempre le pertenecería. Si ella seguía con vida era porque él así lo había querido. Pero, si le daba la gana, eso podía cambiar, como estuvo a punto de suceder años atrás. Zlauco se había medio olvidado del asunto tratando de sobrevivir en el exilio, pero que llegara a sus oídos que nada menos que la madre de sus crías estaba emocional y carnalmente unida a un humano fue demasiado para su estómago. La sed de venganza volvió a él, y la rabia lo llevó hasta donde se encontraba en aquel momento. Sí, tenía que terminar lo que había comenzado, y nadie, mucho menos él, iba a poder impedirlo.
El dragón, guiado por su audición, le dio la espalda al humano sólo para darse la vuelta con rapidez y agarrarlo por el cuello y un brazo justo cuando estuvo a punto de clavarle el hacha. Enroscó la cola en sus piernas.
Sus ojos, negros como el abismo, se clavaron en los del insulso humano. Se tomó su tiempo para admirar su rostro, sus facciones. No vio nada de especial en él, no lograba entender qué le había visto su ex pareja. Luego recordó que era una inútil y todo cobró sentido.
Observó sus ojos, sus rasgos marcados, admiró su forma física, pues se revolvía entre sus garras. La rabia le hizo apretar los dientes. Su voz sonó más grasosa de lo normal.
Así que tú eres el se folla a mi mujer. Voy a informarte de algo antes de matarte: ésa hembra es mía y solamente mía. Está viva porque yo lo permito. No estoy cerca, pero nadie más va a tocarla, ¿lo entiendes? nadie. Mucho menos un sucio humano como tú. Antes la prefiero muerta y tan enterrada que jamás iban a poder encontrar sus huesos.
El dragón, en un alarde de poder, tomó su forma de la bestia completa, aumentando así su tamaño y su fuerza.  
Y entonces, como hiciera con Qalona, apretó. Y apretó.
Y luego siguió apretando.


___________________________________________________________________
RESUMEN: Viktor, con mucha valentía, ha intentado atacar a Zlauco, pero no le ha salido muy bien. Ahora está en clara desventaja y su vida peligra.
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Viktor Vasko el Miér Jul 24 2019, 02:50

Su ataque por sorpresa había fracaso, su única y verdadera ocasión de éxito se había esfumado como el humo.

La criatura lo agarró por los pies con su cola y se enroscó a su alrededor como una pitón.

Mientras se transformaba, la criatura escupía calumnias y mentiras llenas de odio y bilis. Viktor se limitó a hacer oídos sordos de ellas. Sabía que no serviría de nada desmentirlas, el tragón estaba cegado por la ira. Así que, ¿por qué gastar su aliento?, sobreto todo ahora, que lo estaban estrangulando.

Viktor intentó zafarse de la presa de su adversario. Tenía un brazo libre, pero no el del hacha, por desgracia. Pero Viktor tenía un as en la manga, pero para usarlo debía hacer que el dragón gritara, bostezara o...

La cola del monstruo seguía enroscándose y apretando hasta llegar a la boca de Viktor, sintiendo como perdía el sentido, y producto de la desesperación, mordió la cola con todas sus fuerzas. Como era de esperar, era como morder el acero.

-¡HA! ¡Parece que el "Lobo Salvaje" tiene poca mordida! ¡Hahahaha!-

...o riera, eso le valía. Con sus últimas fuerzas, Viktor tomó un puñado de púas de acero de uno de sus bolsillos y los metió tan profundamente como pudo en la boca abierta del dragón.

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En su trabajo, Viktor muchas veces se quedaba vigilando edificios o personas, de manera que las púas eran una herramienta útil. Las colocas en los pasillos y si alguien se cuela en la oscuridad de la noche, no las ve y se las clava en los pies. El grito de dolor avisa de su presencia y además evitan que huya. Pero en éste caso las había usado como arma. Las escamas de un dragón son increíblemente duras, casi impenetrables. Pero, por dentro, un dragón es tan carnoso y blando como cualquiera de nosotros, y Viktor lo sabía.

La reacción era la esperada, el dragón, sorprendido y dolorido, aflojó su agarre y empezó a toser y a escupir. Viktor tomó una gran bocanada de aire y también tosió, pero no podía perder el tiempo. Tomó su hacha y golpeó el mentón del dragón tan fuerte como pudo. Un hacha, aunque no pudiera cortar, seguía siendo una buena maza. El impacto hizo que el dragón cerrara la boca de golpe, clavándose aún más las púas e incluso tragándose alguna, la herida criatura gritó de dolor.

Viktor no desaprovechó la abertura y comenzó a golpear al dragón con todo lo que tenía. Apuntó a las articulaciones, con la esperanza de dislocaras, ya que era imposible para él cortar la carne o romper los huesos de su enemigo.

Aunque al principio desorientado, el dragón recobró la compostura y de nuevo su superioridad se hizo evidente al parar el hacha de Viktor con su brazo y arrancándosela de la las manos como su fuera un juguete. Su cara, incluso en forma de dragón, se veía claramente deformada por el odio.

-¡VOY A HACERTE PEDAZOS!-gritó el dragón. Luego con un brutal golpe de su cola, lazó volando a Viktor contra el muro.

El impacto hizo que VIktor perdiera la consciencia durante un segundo. Cuando la recuperó, deseaba no haberlo hecho. A juzgar por el dolor, se había roto una pierna, varias costilla y se había dislocado el hombro izquierdo. Sin embargo, a pesar de todos esos daños, Viktor se sorprendió al ver que podía ponerse en pie. Sobre la pierna buena, al menos. Vio como el dragón sacaba con cuidado todas las púas que no se había tragado y lo vio sangrar...eso hizo que una pequeña sonrisa se asomara en los heridos labios de Viktor.

Una vez libre de las púas, el dragón se volvió hacia él y, con un pestañeo. Su morro reptiliano, aunque ensangrentado, ahora exhibía una sonrisa sádica.

-¿Preparado?-preguntó divertido el dragón.

-Si.-Esa fue la primera palabra que Viktor le dedicó al Zlauco, satisfecho.

Entonces, la bestia comenzó a golpearle. Sus puños cubiertos de escamas eran como mazas de acero. Zlauco evitó usar sus garras, no quería matarlo demasiado pronto. Comenzó por la pierna rota, y siguió por el pecho y después la cara. Sólo cambiaba de lugar cuando oía el sonido de algo romperse.

Una vez se desahogó. El dragón decidió que era hora de rematar al humano y buscar a su hembra. De manera que levantó a Viktor en peso por el cuello y, usando su garra como cuchillo, atravesó el pecho de Viktor, apuntando a un órgano vital.

Sin embargo, Zlauco notó algo extraño, no era la primera vez que mataba a un humano así. Ni mucho menos, y siempre notaba como le atravesaba el...

-¿Dónde está...?-preguntó él.

Lo que oyó salir del humano le pareció una risa, aunque bien podía haber sido el gorgogeo de alguien ahogándose en su propia sangre.

-está...en su sitio...está...donde debe-dijo el humano.

Zalauco se extrañó. De modo que era cierto, el humano le había dado su corazón a ella. Que estúpido...

El dragón no pudo seguir mucho más ese pensamiento pes de repente se encontró un caestus en la cara. Incluso moribundo, el humano no había perdonado la más mínima distracción y había usado sus últimas fuerzas para golpearlo. Estaba casi impresionado. Soltó al humano en el suelo, como el juguete roto que era, para dejar que se desangrara con su sufrimiento. Tenía cosas más importantes que hacer.

Por su lago, Viktor trató de hacer presión en la herida de su pecho. Puede que su corazón no estuviese ahí, pero si seguía perdiendo sangre, de poco importaría.

Viktor sintió como su consciencia se desvanecía. Sus últimos pensamientos, como de costumbre, fueron a su ama. No en forma de llamada de auxilio, sino más bien en forma de disculpa, de despedida...de beso. Sintió de sus labio brotar lo que pensaba que sería su última palabra. Una palabra que nunca había dicho, pero que deseaba decir con todo su ser.

-Qalona...-





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Mensaje por El Juglar el Lun Jul 29 2019, 01:53


Eres valiente, de eso no hay duda... pero también eres estúpido.
Había sido tremendamente sencillo, como había sospechado. Que lo hubiera sorprendido en varias ocasiones no había cambiado el hecho de que hacerlo pedazos había sido pan comido.
La sangre del desafiado se mezclaba ahora con la de las esclavas en un inmenso charco en el que un niño pequeño hubiera podido chapotear sin problema.
El dragón negro, casi indiferente a su dolor, miró a su alrededor. Poseía, fruto de su fanatismo y su locura, una actitud que era capaz de enervar al más experimentado monje budista. El sólo hecho de mirarlo era suficiente para sentir incomodidad. Su expresión neutra a la par que su determinación. Su silencio a la par que su violencia. Zlauco era volátil, letal, como la electricidad. No por nada, durante sus años de exilio, había sido bautizado como El rayo negro.
Cuando hubo disfrutado del espectáculo de carne y vísceras el dragón devolvió la atención al desafiado. Entonces sonrió. Poseía la sonrisa más macabra e inquietante que muchos ni se hubieran podido imaginar. Escabrosa, fría, mortal. El preludio perfecto para lo que iba a venir a continuación.
Viktor, no obstante, probablemente no iba a poder ver nada. Sus ojos ya no eran capaces de ver de igual modo que minutos atrás, antes del enfrentamiento. O quizá sí, dado que aún no estaba muerto. Zlauco lo sabía... o eso creía él. Su locura, ser impredecible, era lo que le había ganado su sobrenombre. Él creía oler el miedo, la vida y la muerte. Él olía que Viktor estaba vivo, y aunque dejarlo desangrar prolongaría la agonía del humano el dragón ansiaba sentir cómo los huesos de partían bajo la tortura de sus garras.
Se fijó en que, a un par de pasos, estaban las púas que el desafiado le había metido dentro. Su sonrisa se ensanchó. Sólo la Diosa Madre podía saber qué estaba sucediendo en el interior de su cabeza. Lo que sí era fácil de intuir era que deseaba asestar el golpe de gracia.
El dragón se agachó para coger las púas. Estaban llenas de sangre. Al hacerlo también recogió sangre del suelo. Tal y como había hecho minutos atrás para deshacerse de ella se frotó los dedos, pero esta vez para sentirla. Le gustaba recrearse.
Las miró desde que las tomó hasta que se levantó y se volvió hacia el desafiado. Se acercó a él despacio, pero seguro. Sus pies, o garras, sonaban con contundencia cada vez que tocaban el suelo. Al llegar a su lado el dragón dejó ir lo que podía ser una risita de dragón. Con la mano libre movió el cuerpo hasta dejarlo boca arriba del todo. También le apartó Los brazos. Quería tener su pecho al descubierto.
De la herida brotaba sangre sin parar. Zlauco, en un alarde de crueldad pura, se lamió la sangre de los dedos antes de levantar el brazo.
Me encanta la justicia poética.
Con la determinación que lo caracterizaba el dragón se dispuso a hundir las púas en la herida.


___________________________________________________________________
RESUMEN: Zlauco planea rematar a Viktor.


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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Qalona el Lun Jul 29 2019, 03:21

«Aquí estoy».
No, la esclava que había conseguido escabullirse no había huido de la mansión. Lo que había hecho había sido buscar a su señora por toda la casa. Primero, con valentía, había buscado en las habitaciones aledañas al patio, Después se alejó del mismo, cada vez. Finalmente, en un agradecido momento de claridad en su mente aterrorizada, había caído en la cuenta de que si su señora no acudía era porque o bien estaba escondida en la zona más insospechada o bien porque estaba lejos y no podía oír nada. La esclava conocía a su señora. Sabía que era fría, que no estaba del todo bien de la cabeza, que vivía con la melancolía de banda sonora, pero jamás la había visto vacilar ni achantarse ante el peligro. Debía ser la segunda opción.
Corrió hacia el jardín trasero. Estaba tan aterrorizada que apenas podía moverse. Sentía que sus piernas paralizadas se movían despacio, como si rehusaran obedecer.
Por fin, alegrándose como jamás creyó que se alegraría de verla, la encontró. La halló en la parte más profunda del jardín, sentada en la raíz de un árbol, en compañía de su cabra, a la que acariciaba con los ojos cerrados mientras disfrutaba del sol en su rostro.
¡¡¡MI SEÑORA!!! —se desgañitó.
Qalona, alarmada por la forma de gritar de su esclava, se volvió hacia ella de inmediato. Se movió con tanta violencia que la cabra se levantó y se apartó.
La esclava no tuvo fuerzas para seguir corriendo. Su cuerpo finalmente cedió al terror y cayó de bruces al suelo.
Qalona corrió hacia ella y se agachó a su lado. La tomó por los hombros y la sacudió.
¿Qué sucede?, ¿por qué gritas así? ¿qué pasa? —preguntó con voz autoritaria.
La esclava levantó la mirada como pudo. Le costaba hablar. Su mandíbula también estaba paralizada.
El... dragón neg...gro... el patio... sangre... ellas todas... muertas... —le costaba respirar también —Os llam.. ab.. ba a... vos... Decía que eráis... su... mujer...
Qalona palideció hasta casi parecer un ejemplar albino de ser humano. La esclava no había tenido más que mencionar su color y la sangre para sentir un vuelco en el estómago que le encogió el abdomen. Sus ojos se abrieron de par en par. Casi dejó de respirar.
No podía ser. No. ¡NO! El miedo, la sensación de ahogo, el terror, el pánico. Todo la sacudió hasta dejarla con ganas de llorar. La primera intención de Qalona, llevada por su temor y su experiencia, fue salir volando de aquel sitio a como diera lugar.
Hasta que la esclava mencionó a Viktor.
Al huir... vi a... Viktor... Él... él no corría a escon... derse... Él iba a su... encuentro... llevaba una... ar... armadura y... un hacha...
El medio, entonces, se esfumó para dar paso a la rabia y a la necesidad de protección. Viktor era un guerrero excelente, pero no era rival para un dragón homicida. Idiota. Siempre iba a ser un maldito idiota. Un tonto enamorado capaz de cualquier cosa por ella. Por supuesto que iba a encarar al dragón que había intentado matar a quien amaba.
Por eso Qalona, apenas momentos antes, se había sentido tan extraña, como si tuviera un mal presentimiento.
Cuando quiso darse cuenta se hallaba corriendo a toda velocidad por el jardín en dirección al patio de su casa. Dejó atrás el jardín y cruzó pasillos y salas. De pronto su mayor temor hecho realidad: Viktor, su presencia, se desvanecía poco a poco. Su mente, con ella como protagonista. Qalona aceleró el paso como jamás creyó que haría.
Allá, a lo lejos, la salida al patio. Qalona vio varios cuerpos tendidos en el suelo y color rojo por todas partes, un rojo que no contento con ser llamativo de por sí hacía un contraste escalofriante con el color grisáceo claro de la piedra.
Llegó al patio. Y encontes lo vio. La escena se componía de varios elementos, pero aunque Qalona, a través de sus ojos, los captó casi todos, en su retina se reflejó solamente una escena, la más importante, la más peligrosa: Zlauco, de pie y con el brazo semi levantado, al lado de Viktor, tirado en el suelo e inmóvil.
Hubo unos instantes en el que la mente de Qalona se desconectó casi por completo de la realidad. No hubo nada. Ella solamente se movía hacia adelante con la determinación de quien ya había tomado la decisión de no rendirse. Ya no había vuelta atrás.
Aquel de ahí no era un Zlauco normal, el que ella recordaba. Era uno robusto y corpulento que estaba haciendo gala de los dones otorgados por la reina. Qalona no podía tales dones, o al menos no los había descubierto aún. Aun así la dragona esprintó hacia él con osadía.
Sus pisadas deberían haber alertado al dragón negro. Si lo hicieron fue demasiado tarde. Para cuando quiso darse cuenta un dragón arcilloso de pequeño tamaño lo embistió con tanta fuerza que salió disparado y se estrelló contra una culumna. El dolor se sumó al causado por las heridas ocasionadas por las púas. El alarido fue agudo y gutural. No era fácil oír algo así. El golpe lo dejó atontado.
Qalona, confiada en que había ganado al menos unos segundos, se centró en Viktor. Su rostro dracónico se acercó al pecho de su desafiado, y una punzada de dolor atravesó el suyo. La herida era profunda y sangraba a pesar de que no había corazón. Él no se movía.
¿Viktor? —logró murmurar con un hilo de voz.
Lo movió con el hocico.
Aquí estoy. Despierta. Dime algo, por favor. Viktor... no te mueras, te lo ruego. Quédate conmigo. Por favor.
De fondo, una risa. El tipo de risa que era hiriente. La misma risa que Qalona había escuchado años atrás cuando Zlauco hubo empezado a tratarla mal por considerarla demasiado inservible para la causa, cuando le cogió el gusto a humillarla y a dejarla en ridículo.
Una risa que hizo que Qalona volviera el rostro hasta su dueño. Cuando el dragón negro lograse enfocar la vista vería el rostro iracundo de una dragona que ya no le tenía miedo, y sí muchas ganas. Había tocado a su esclavo más preciado, a su desafiado, y eso no iba a perdonarlo.
Un grito femenino irrumpió en escena.
Era la voz de la esclava, que la había seguido como había podido. Quería salir a buscar ayuda, para lo que debía pasar forzosamente por el patio, pero la visión la espantó tanto que chilló.
Qalona no perdió ni un segundo.
Acércate. Quédate con él.
La esclava, aterrada, obedeció a su señora.
Asegúrate de que no se desangra o de lo contrario no tardarás en hacerle compañía.
Sí, mi señora.
La griega, que no había apartado la mirada de su ex pareja en ningún momento, tomó una posición agresiva.
Desde hacía años había lucido descentrada, tímida, frágil. Había sido incapaz de hacer amigos o de relacionarse con normalidad. Su inseguridad la había encerrado en su casa y en su trabajo de una manera que traspasaba la lástima.
Eso acababa de cambiar, porque ahí, justo delante de ella, se hallaba la causa de muchos de sus males. Y deseaba venganza. Sabía muy bien que de aquel encuentro sólo saldría uno de ellos con vida, y si la que debía morir era ella lo haría con el honor y la fuerza que años atrás él le arrebató de manera tan ruin y cobarde.
El dragón volvió en sí y la miró con asco.
¿Cómo te atreves a volver a esta casa?, ¿cómo te atreves a irrumpir como si aún fueras alguien aquí?, ¿cómo te atreves masacrar a mis esclavas?, ¿cómo te atreves a ponerle las manos encima a mi desafiado? Cómo te atreves... a seguir respirando.
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por El Juglar Ayer a las 18:01

La colisión resonó por toda la casa. No fue de extrañar. Incluso la columna se había resentido. Donde segundos antes había una columna perfecta, grabada a mano en piedra lisa, ahora había una hendidura en cuyo centro se alzaba una grieta enorme de la que nacían más grietas que se alejaban del centro.
Y no, no es que la presencia de la dragona hubiera pasado desapercibida para el dragón negro. Había recibido el golpe a propósito. Si había llegado a sus oídos que se acostaba con un sucio humano por supuesto que también había oído de su ingreso en la Inquisición y su consiguiente escalada en la jerarquía social. Quería ver si aquello la había cambiado, había hecho algún tipo de mella en ella.
No puedo evitar reír con cierta lástima. Le hacía gracia que lo hubiera atacado. Su esposa jamás se habría atrevido a hacer algo semejante. Desde luego que había cambiado, y tenía la ligera sospecha de que aquel humano tenía algo que ver. Si saber que intimaba con él no había sido suficiente darse cuenta de que, de hecho, su presencia resultaba positiva para ella, terminó de desatar toda su ira contenida.
Mas el dragón negro era paciente y sabía aguardar el momento justo. ¿Para qué defenderse y atacarla directamente si antes podía jugar un poco a perturbarla como había hecho antes?
El dragón, más despejado, trató de levantarse con cierta dificultad. Seguía riéndose.
Ah, querida... cállate —espetó con asco —. ¿Así recibes a tu marido? A mí no puedes engañarme. Atrévete a decir que no me has echado de menos —prosiguió con indiferencia—.
Allá, al frente, a pesar de tener los ojos entrecerrados, pudo distinguir perfectamente la expresión de odio en el rostro de la dragona, la cual emitía a volumen muy bajo un rugido gutural, como el ronroneo de un gato.
Sólo que ella no era un gato.
Zlauco se recompuso. Adoptó una postura neutral, como si de verdad estuviera dispuesto a hablar, incluso a negociar.
Mentira.
El dragón dio varios pasos al frente, ante lo cual Qalona respondió colocándose entre el reptil y su desafiado.
Zlauco soltó una carcajada.
¿Qué haces? Oh, querida, yo no quería hacerle daño, él me ha atacado primero, y por la espalda, a traición. No sabía que te gustaba follarte a cobardes —espetó de manera burlesca.
Cuando se hubo acercado lo suficiente, entonces sí, dejó claras sus intenciones de lanzar su ataque.
¿Es que aún no te has dado cuenta de que no he venido a hacerle daño a él?
Ambos dragones fijaron sus ojos en los contrarios.
He venido a terminar lo que dejé pendiente. Aunque no puedo asegurarte que vaya a saciar mis ganas sólo contigo.
Y Zlauco atacó. No realizó ninguna maniobra exagerada ni tampoco buscó ganar ventaja de ningún tipo. Tan seguro estaba de su ventaja que se atrevió a atacar de frente, a la cara, directamente contra la dragona. La misma dragona que salió a recibirle con las garras frente a su cuerpo y las fauces abiertas.


___________________________________________________________________
RESUMEN: Qalona ha lanzado a Zlauco por los aires para defender a Viktor. Zlauco ha iniciado la ofensiva contra ella.


Última edición por El Juglar el Miér Ago 21 2019, 21:50, editado 1 vez
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Qalona Ayer a las 20:53

Durante los años en los que Zlauco fue perdiendo su cordura Qalona se dio cuenta de lo poco que había valorado su presencia. Había pecado de arrogante al dar por hecho que él, ellos, Grecia y la vida que tenían juntos, iban a estar ahí para siempre. Todo ser racional, humano o dragón, era siempre idiota en su juventud.
¿Que si le había echado de menos? Por supuesto que sí. Qalona había añorado durante mucho tiempo lo que se había escapado de entre sus dedos, lo que le había sido arrancado del corazón. Había llorado muchos días y, sobre todo, muchas noches por ello.
Hasta que un día llorar dejó de merecer la pena porque el autor de sus lágrimas ya no era el mismo ser por el que las había derramado. En su lugar pasaron a ser provocadas por él. La dragona se hundió emocionalmente por su culpa, por el trato recibido, hasta convertirse en un mero saco de materia orgánica andante. En el clímax había estado a punto de matarla.
Sí, había echado de menos a su compañero, pero ése dragón dejó de existir muchos años atrás. Era menos incluso que la propia Qalona cuando tocó fondo.
Por tanto, y dado que la dragona griega había recobrado parte de sus fuerzas sin ella saberlo, ya no había más cabida para más dolor sin sentido.
Años atrás, puede que incluso meses, antes de la llegada de Viktor a su vida, Qalona se habría quedado paralizada por el miedo de ver a Zlauco abalanzarse sobre ella de semejante manera. Lo habría hecho, sí... pero en aquel preciso instante la inquisidora era otro ser. Era un dragón posesivo y protector al que le habían dañado una de sus posesiones más preciadas, a la que buscó proteger con su propio cuerpo como escudo, y el atacante iba a pagarlo caro.
Qalona, que vagamente utilizaba un lenguaje vulgar, estaba más que dispuesta a jugar y derrotar a Zlauco en su propio juego.
Jamás me he follado a un cobarde. Lo que sí me he follado han sido inútiles. Así salieron mis hijos... unos buenos para nada.
Oh, no, Qalona no lo decía en serio, ella amaba a sus hijos con todo su corazón, pero provocar a Zlauco era tan sencillo y tan delicioso...
Si el dragón negro había cargado su ataque con furia entonces la contestación de su mujer, a la que de hecho culpaba por lo sucedido a sus crías, lo hizo enloquecer de tal modo que, casi literalmente, quedó cegado por la ira. Para el dragón negro no pareció quedar nada más en aquel patio que la dragona rojiza que tenía justo delante.
No hicieron falta ni espadas, ni púas, ni ninguna otra arma. Zlauco cargó contra ella con sus garras desnudas con intención de atacar su rostro.
Oh, pero Qalona había perfeccionado algunas cosas durante su ausencia, así como había aprendido otras tantas por el camino también.
Lo tocarás por encima de mi cadáver.
Como si pretendiera burlarse de su respuesta Zlauco dio un salto para atacar desde arriba. La dragona, erguida sobre sus patas traseras como un caballo rampante, recibió al dragón con la boca abierta y una llamarada de fuego verdoso. Zlauco rugió de dolor y aún en el aire se llevó las manos a los ojos. Desequilibrado y ciego fue presa fácil para Qalona. Lo atrapó por un costado con una dentellada firme y tajante. Zlauco volvió a rugir de dolor, y no sería la ultima vez.
Qalona tomó la suficiente altura para lanzarlo contra el suelo, pero Zlauco se le adelantó y hundió sus garras en el hocico de la dragona, cerca de los ojos.




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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por El Juglar Hoy a las 01:41


Su rugido, aunque de dolor, también fue de frustración. Pegarle a Qalona jamás había sido complicado. Incluso cuando ella había intentado defenderse le había costado poco llegar hasta ella. Ah, pero es que Zlauco siempre se había aprovechado de ella en forma humanoide. Jamás se había atrevido a ponerle una zarpa encima en su forma original.
Tuvo que reconocer que la respuesta de la griega lo sorprendió. No esperaba que se defendiera y no esperaba fuego dentro de la casa. No esperaba sentir dolor y mucho menos humillación.
La rabia inconmesurable que sentía le hizo reaccionar.
Un dragón riendo en su forma original ya podía ser raro de ver, pero si, además, lo hacía al momento de efectuar un ataque, entonces se estaba hablando de algo realmente insólito.
Y es que El rayo negro era una caja de sorpresas. Era impredecible, como la trayectoria de la luz eléctrica durante una tormenta.
Por eso había podido esconderse durante tantos años a pesar de haberse mantenido cerca. Por eso había podido entrar en la que una vez fue su casa sin ser visto hasta que ya hubo sido demasiado tarde.
Por eso, a pesar de la desventaja que le otorgaban su dolor y su posición, fue capaz de maniobrar hasta hundir sus garras en el hocico de la que una vez fue su compañera. Lo hizo muy cerca de los ojos, lo suficiente para que Qalona se asustara y aflojara la mandíbula. Zlauco aprovechó aquello para asestarle dos arañazos a lo largo del rostro con sus garras delanteras. Con las traseras hizo lo propio, pero en el cuello.
La dragona no aguantó más y terminó por soltar al dragón. Se alejó varios pasos mientras sacudió en rostro con energía. Escocía. Sus escamas de dragona estaban ahí para protegerla de casi todo, pero no podían detener por completo a un dragón fuera de sí que además tenía más fuerza que ella por la forma que había adoptado. Ella no hubiera podido igualarlo. Ella, en forma humanoide, solamente podía sacar las alas.
Si Zlauco hubiera estado en sus cabales se habría dado cuenta de que despotricar de los humanos y al mismo tiempo sucumbir a sus mismas debilidades no tenía mucho sentido. Si estuviera en sus cabales se habría avergonzado de haber cedido a algo tan básico, tan humano, como comportarse como un ser irracional.
Pero no lo estaba.
En su arrogancia de bestia desquiciada había dado por hecho que su ataque iba a ser impecable. No contaba con que su antigua compañera no era la misma a la que él abandonó al huir de la ciudad. No contaba con que dentro de ella yacía una fuerza desconocida incluso para la propia Qalona que latía con el doble de fuerza.
Así, desprovisto de sentido común o un segundo plan, el dragón volvió a cargar contra ella, esta vez consiguiendo subirse encima, como si de un caballo se tratase. Clavó sus garras traseras sobre los hombros de la dragona. Con sus alas y cola intentaba mantener el equilibrio. Las garras delanteras las clavó en su cuello al mismo tiempo que volvía a intentar estrangularla.
Años atrás, cuando lo había intentado por primera vez, la había tirado al suelo de espaldas y la había intentado matar de frente, mientras la miraba a los ojos. No había tenido suerte entonces. Era hora de probar si podría hacerlo a la inversa.


___________________________________________________________________
RESUMEN: El ataque de Zlauco no ha salido como él esperaba. Qalona se ha defendido y ha sido ella la que ha atacado a Zlauco. Éste ha contraatacado y ahora es él quien está en ventaja.
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Qalona Hoy a las 03:19


¡CABRÓN!
La dragona, en un principio, fruto del dolor en sus pómulos, aflojó la mandíbula, pero mantuvo la tenaza. Luego, cuando el dolor se agudizó por los arañazos, no tuvo más remedio que soltar y retroceder.
Sacudió la cabeza de lado a lado. Tuvo que parpadear con rapidez, pues el ardor le hacía entrecerrar los ojos.
No fue consciente de lo cerca que estaban de Viktor hasta que, al caminar hacia atrás, pisó uno de los escalones que conectaba el suelo de la casa con el del patio. Viktor estaba justo encima. Qalona creía recordar que uno de sus brazos quedaba colgando sobre el primer escalón.
Girarse para comprobar que seguía ahí, que estaba vivo, que aún estaba junto a ella, y su esclava también, fue un error. No fue más que un segundo, pero fue suficiente para que Zlauco jugara sus cartas. Por supuesto, el siempre atento a todo Zlauco.
El dragón tuvo la brillante idea de cabalgar a la inquisidora. No contento con presentarse en su casa, masacrar a sus esclavas y dejar a su desafiado hecho pedazos tenía que regodearse de su superioridad en fuerza y hacer uso de los pocos escrúpulos que había demostrado tener. Tenía que regodearse, restregarle por la cara que era un campeón.
Tenía que hacer exactamente lo mismo que intentó hacerle años atrás.
Claro que sí.
Qalona estaba cansada. Estaba cansada de esconderse. Estaba cansada de huir, de no poder enfrentarse a sus problemas con dignidad. Estaba cansada de someterse porque el dolor de sufrir por algo externo era más soportable que sufrir por lo que su propia conciencia le recriminaba cada vez que intentaba cerrar los ojos.
Estaba cansada de no poder mandarlo a la mierda y poder volver a ser feliz. Estaba cansada de sufrir. De tener miedo.
Estaba cansada de vivir.
Pero ya no más.
La entrada de Viktor en su vida había significado un punto y aparte en su situación, aunque no se hubiera dado cuenta en un principio, y aunque no lo fuera a hacer en algún tiempo. Qalona, con el tiempo, se daría cuenta de cuánto positivismo había en ella gracias al esclavo. Pero no aún.
En el instante en el que Zlauco se atrevió a poner sus asquerosas garras en su cuello Qalona supo que si en algún momento había considerado perdonarle la vida en un acto supremo de piedad el dragón negro había soplado ese pensamiento fuera de su mente como quien soplaba el polvo de la cubierta de un libro viejo.
La inquisidora se revolvió con fuerza. Dio varias dentelladas al aire hasta que por fin pudo enganchar una de las alas del dragón y tirar de ella hasta desgarrarla.
Fue él el que tuvo que soltar esa vez. No sólo tuvo que soltar, sino que además fue arrastrado y lanzado varios metros frente a ella.
Qalona jadeaba. Su corazón latía tan deprisa que hubo momentos en los que creyó que iba a dañar el de Viktor al no ser algo normal para él. También estaba el hecho de que sus heridas dolían, escocían. Parecían puro fuego contra su piel.
La rabia afloró de su garganta en forma de un rugido descomunalmente grave. Cuando Zlauco trató de ponerse en pie Qalona lo sorprendió con una segunda llamarada de fuego verdodo, esta vez más largo y con mejor puntería. Sin embargo, el dragón pudo protegerse esta vez, al estar de espaldas. Lo único que tuvo que hacer fue taparse la cara con los brazos.
Tras la llamarada fue Qalona la que esa vez cargó contra el dragón.
¡TE VAS A ARREPENTIR DE HABER NACIDO!


Última edición por Qalona el Jue Ago 22 2019, 06:47, editado 1 vez




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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por El Juglar Hoy a las 03:56

El dragón negro rió como el loco que era, sin sentido y con más decibelios de los que el sentido del ridículo le hubiera permitido.
Se había recobrado del ataque y se había posicionado como claro vencedor. Ahora lo único que tenía que hacer para acabar con aquel espectáculo era apretar, y eso hizo... pero aquella vez tampoco pudo lograrlo.
El cuello de la dragona era muy fuerte, y si bien traspasar sus escamas con sus garras no había sido difícil, comprimir toda su anatomía hasta el punto de impedir el paso del aire había resultado imposible. Sus brazos no eran lo suficientemente largos ni grandes.
En un intento desesperado por no perder aquella oportunidad pensó en ayudarse con la cola, pero al hacerlo perdió el equilibrio y se deslizó hacia un costado. Ahí fue cuando Qalona logró atrapar su ala entre sus dientes y desgarrársela junto a un nuevo alarido de dolor que, además, vino acompañado de otro de rabia cuando fue lanzado a varios metros.
La rabia y el dolor lo hicieron levantarse relativamente deprisa. Aquello se estaba alargando más de lo previsto y a El rayo negro no le gustaban los contratiempos. Él era impredecible porque se podía permitir ser impredecible. Era letal. No necesitaba de ningún plan.
No había esperado toparse con semejante resistencia por parte de ninguno de los dos. ¿Su arrogancia lo había traicionado? ¡Jamás! Él no era arrogante, tenía razón.
Lo estaban esperando. Seguro. Sí, eso debió ser. Se habían enterado de su llegada y habían armado un plan de defensa. Eso era. ¿Qué otra cosa podía ser si no? ¡Qalona era una inútil que no servía para nada y el desafiado no era más que un simple humano! ¡No podían defenderse así porque sí, era imposible!
El fuego chocó contra su espalda con fuerza. El dragón negro aguantó la ráfaga todo lo bien que el dolor le permitió.
Ah, pero no contenta con retarle ahora iba y lo amenazaba. Se había atrevido a amenazarle a él, a Zlauco, a El rayo negro. Ella, una inservible dragona que había avergonzado a su raza entera.
No, aquello sí que no iba a permitirlo.
Haciendo caso omiso del dolor procedente de su costado mordisqueado y de su ala desgarrada Zlauco respondió a la carga de Qalona con una carga propia. Cojeaba un poco, pero aquello no fue ningún impedimento para que volviera a abalanzarse sobre ella.


___________________________________________________________________
RESUMEN: La batalla continúa. Zlauco intenta una nueva ofensiva que fracasa, aunque consigue herir a Qalona. Qalona casi le arranca el ala a Zlauco.


Última edición por El Juglar el Jue Ago 22 2019, 05:42, editado 2 veces
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Qalona Hoy a las 04:50

Si tan sólo los padres de Qalona pudieran verla en aquel momento, si tan sólo sus hermanas, todos sus hijos y su nieto. ¿Qué pensarían de ella? ¿qué tendrían que decir sus dioses al respecto? ¿estaría Ares orgullos de ella? ¿y Hera? ¿Hestia?
Qalona nunca lo sabría, puesto que los primeros estaban todos muertos o desaparecidos y los segundos jamás se manifestarían para ella. No le quedaba más remedio que especular de la forma que la hiciese sentir mejor para poder vivir con ello.
Zlauco respondió, pero Qalona fue más rápida esa vez. Alzó el vuelo justo cuando Zlauco daba el salto y lo tomó entre sus garras antes de tomar altura.
El dragón negro se revolvió entre las garras de la dragona, pero ella no lo soltó.
Ya había tenido suficiente.
Ya había sido suficiente.


Qalona se alzó, y se alzó, y se alzó. Tomó altura suficiente como para asegurarse de no ser vista desde ahí por otros dragones, pero también la que necesitaba para hacer lo que quería hacer.
El dragón negro, sabedor de que no podía volar, se aferró a la que una vez fue su compañera con una mezcla de rabia y miedo. Quería hacerle daño, pero también quería quedarse con ella para no caer. Su furia, no obstante, pudo más que su temor al vacío. Sus garras volvieron a clavarse en Qalona y a ellas añadió sus propias fauces, las cuales se cerraron sobre el cuello rojizo de la griega.
La inquisidora rugió de dolor, pero ya era tarde para echarse atrás o para cambiar de estrategia. Si el combate proseguía no podría volver a contar con una oportunidad como aquella.
Una oportunidad de acabar con todo de una vez por todas y para siempre.
Allá, desde las alturas, Qalona pudo verlo todo con mejor perspectiva. La sangre, los miembros mutilados, las vísceras, las zonas quemadas.
Viktor.
Su esclava estaba bien. Las otras habían muerto. Pero Viktor...
Viktor era lo único de valor que había en su vida en aquel momento, con todos sus eres queridos fallecidos o en paradero desconocido, apenas amigos y meros compañeros de trabajo. Y él, Zlauco, se había atrevido a ponerle las garras encima y hacerle daño, a dejarlo moribundo.
Su presencia, aunque muy tenue, no había desaparecido del todo, pero Qalona no podía echar de su cabeza el pavor de perderlo a él también... en especial a él.
Su esclava la miraba desde allí abajo. Parecía no saber qué hacer. No iba a moverse del lado de Viktor, pero Qalona sabía que sentía que debía hacer algo.
Desde allí arriba Qalona le exclamó:
¡Aléjate y protégele!
Zlauco soltó su cuello de golpe. Algo, quizá lo que dijo o el cómo lo dijo, le hizo darse cuenta de lo que se avecinaba. Era algo así... pero diferente. Qalona sabía que él no se soltaría solo, de modo que si lo quería hacer llegar hasta el suelo, lo tendría que llevar ella misma.
Con una fuerza descomunal la dragona aferró la quijada del dragón con una garra, la otra la apoyó en su pecho escamado, y descendió en picado a gran velocidad.
El dragón negro rugió por última vez.




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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por El Juglar Hoy a las 05:39

El golpe contra el suelo fue seco. El sonido que lo acompañó, también. Un crujido múltiple se sumó a la orquesta.
Después el silencio absoluto se adueñó del patio.
El Rayo negro había abandonado el mundo como la luz que lo bautizó: rápido y de manera certera.
Su vida, su historia, su legado. Todo se lo llevó consigo.
¿Le echaría alguien de menos? Probablemente sí.
¿Sentiría alguien su ausencia? Probablemente no.


Quizá y los dioses sí habían estado de parte de la dragona, pues poco después comenzó a llover. Aquello, sin duda, facilitaría enormemente la tarea de limpieza que se aproximaba.


___________________________________________________________________
RESUMEN: Zlauco ha muerto. La colisión le ha partido el cuello, amén de otras cosas.
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Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18 Empty Re: Redención (I) | Qalona y Viktor Vasko || +18

Mensaje por Qalona Hoy a las 06:45


Qalona nunca había sido mala. Solamente había sido una dragona. De echo, para ser una dragona, siempre había sido bastante pacífica, tranquila e independiente.
Siempre había sido una luchadora, una guerrera. Alguien capaz de defender a los suyos hasta con su propia vida de ser necesario.
Valiente, obstinada, terca.
¿Adónde había ido aquella dragona que era el orgullo de sus padres, la envidia de sus hermanas por su fortaleza y templanza? ¿cómo había podido convertirse un ser así en una sombra andante, en un cuerpo sin contenido?
La muerte de sus hijos la marcó, sí... pero con el tiempo habría aprendido a vivir con ello. El verdadero causante de que Qalona ni siquiera se considerase hermosa más, digna, yacía sepultado bajo sus garras. Su rostro desfigurado, descuartizado por el impacto.
Qalona, aun en su forma dracónica, se echó a llorar. Una especie de melodía compuesta por sonidos graves, agudos, cristalinos y cierto eco. Las lágrimas no tardaron en rodar por su hocico. Las que caían sobre las heridas le provocaban escozor.
No le importaba. Ya nada importaba.
Estaba en la naturaleza de Zlauco tender a locura. Ella sólo había sido una víctima. No tenía la culpa de nada. Había sido una buena madre y si su familia siguiera junto a ella estaría tan orgullosa de ella como ella de todos ellos.
Le dolía en el alma saber que los humanos le habían quitado a casi todos, pero que uno de los suyos, el suyo propio, le hubiera quitado la ilusión y las ganas de vivir...
Ahora él ya no estaba. Lo había matado. Él se lo había buscado. Él había allanado su propiedad y había organizado una carnicería antes de pretender añadirla a ella a la colección de vísceras que decoraba el patio de su casa.
La rabia y dolor contenidos en su pecho eran tales que no quiso aguantarse más. Necesitaba sacárselos de dentro como fuese.
Se alejó del cuerpo de Zlauco, se alzó en sus patas traseras y desde arriba arremetió contra el cadáver con la ráfaga de fuego más intensa que recordaba. Incluso su esclava, a metros de ella, se tuvo que alejar más aún.
Así pasaron los segundos, o tal vez los minutos. Qalona no lo contó. Ella sólo lo dejó salir sin oponer resistencia alguna. Sólo cuando el llanto pudo más que el fuego se detuvo. Al bajar sus patas al suelo se dejó caer sobre la cabeza del dragón negro. Pulverizarla fue extraordinariamente sencillo.
Qalona levantó la mirada hacia el cielo, cerró los ojos y dejó que el agua cayera sobre ella. Dejó que el agua se llevara toda la miseria que aún le pudiera quedar en el cuerpo, o por dentro.
Cuando sintió que por fin hubo terminado dejó ir un suspiro largo y lleno de vaho.
No volvió a abrir los ojos hasta que una voz femenina, trémula, se atrevió a dirigirse a ella. Su esclava había vuelto al lado de Viktor. Se había olvidado de él. Se había olvidado de él por completo. Lo sentía, lo sentía en el alma. Pero debía recuperarse primero. No podía cuidar de nadie si antes no se procuraba a sí misma el cariño y el perdón llevaba tanto tiempo necesitando.
Se acercó a ellos con paso lento y suave. Aún bajo la lluvia, aún herida, su magnificencia y elegancia eran incuestionables.
La esclava se levantó y anunció que iría a buscar a las otras esclavas y a un sanador. Qalona asintió levemente sin mirarla. Tenía puestos los ojos en Viktor.
Se reclinó sobre él y lo acarició con el hocico.
¿Viktor? —murmuró con voz cálida y dulce —¿Estás bien, cielo?, ¿puedes oírme? Estoy aquí...
La dragona se tumbó a su lado y recostó la cabeza sobre la cadera del desafiado. Cerró los ojos y siguió hablándole en un murmuro suave.
Todo ha terminado, mi amor. Todo ha acabado al fin. Todo va a salir bien. Quédate conmigo, por favor. Quédate conmigo...




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