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Mensaje por Xeozzys el Mar Jun 11 2019, 12:11

Entonces deja que eso lo decida yo. Sabré cuándo alejarme, si es que debo hacerlo.

Xeozzys sonrió para sí mismo y negó con la cabeza. Debería hacerlo. A largo plazo, sabía que Aisha acabaría rindiéndose a la evidencia: él no era un hombre manejable y capaz de redimirse. Estaba condenado a cometer siempre los mismos errores, a vivir de las tragedias ajenas para poder aliviar las suyas propias, y a no olvidar estas últimas jamás.

El dragón se hallaba sentado en el borde de su lecho, con una mueca de dolor dibujada en su semblante. Sostenía un colgante que guardaba en la mesita de noche. Al abrirlo, encontraba un agujero en el que, antaño, se había hallado el rostro de su mujer. Había perdido el retrato mucho tiempo atrás, y por eso no tenía ningún recuerdo en el que poder dibujar a su amada.

Detestaba saber que, algún día, se haría lo suficientemente viejo como para olvidar el rostro de Alice. Sí, así se llamaba su mujer. Había perdido la costumbre de referirse a ella por su nombre de pila, pues siempre que contaba su historia, Xeozzys trataba de hacerlo de la manera más lejana posible, como si él jamás hubiese pertenecido al relato. Pero sabía que no era cierto. Lo sabría por siempre.

¿Cuánto más tiempo pasaría para que olvidara por completo el rostro de Alice? Era difícil pensar en su largo cabello castaño, o en sus labios carnosos, o en la forma de su nariz. Había llevado un abalorio allí mismo; un aro pequeño que se había hecho años antes de conocer al dragón.

Pero había algo que Xeozzys jamás olvidaría: sus enormes ojos azules. Sí, esos serían inolvidables…

Se fijó en la hora y supo que Aisha estaría al llegar. La mueca de dolor se vio reemplazada por una sonrisa sutil. Caminó escaleras abajo y se detuvo frente a la puerta de entrada. En cuanto abrió, encontró a la joven allí enfrente. Ni siquiera se había parado a escuchar si Aisha había tenido tiempo o no de tocar.

Aisha, estás – estás preciosa —mencionó, tragando saliva y fijándose en la pelirroja.

Apenas se percató de lo empanado que estaba allí, de pie frente a la chica. Por su parte, Xeozzys vestía ropa parecida a la habitual: cuero negro. Sin embargo, en esta ocasión, había optado por un abrigo de piel más apto para la ocasión. Sus bordes eran rojos, y su cuello estaba dibujado por líneas que separaban formas en cuadrado, parecido a escamas. Dicho abrigo era cálido.

Tosiendo, el dragón se llevó una mano a la nuca y se echó a un lado para que Aisha entrase. Luego, cerró la puerta tras de sí. Estaba mostrándose más torpe de lo que era, pues siempre se había considerado todo un caballero, y creía tener modales suficientes como para tratar con nobles. Al menos, para no ofenderlos. Su hermano le había enseñado mucho en su día.

Bienvenida a mi hogar. —Xeozzys asintió y se abrió de brazos, mostrándole el recibidor. Era amplio y estaba alumbrado por las velas de un candelabro, pero no había decoración emperifollada u objetos que mostrasen a Xeozzys como un ricachón. A pesar de su tamaño, el hogar parecía humilde—. Sígueme, por favor.

La llevó al salón. Aunque estaba ligeramente desordenado, Xeozzys había hecho todo un esfuerzo para que fuese mínimamente digno. No acostumbraba a limpiar o a recoger todo lo que dejaba por medio, y estaba seguro de que Aisha se percataría fácilmente. En especial si se adentraba en su alcoba por algún motivo.

Lamento el desorden. Me he esforzado, te lo puedo garantizar —dijo cuál crío que intenta excusarse con su madre. Le guiñó el ojo a Aisha, como si de este modo pretendiera transmitirle mayor confianza, para que se sintiera como en casa.

Xeozzys jugaba a un juego peligroso: ser amable y amigable con una humana. Muchos dragones veían a los mortales como mascotas; perros que intentarían subirse al lomo de los dragones si estos eran demasiado misericordes y benevolentes. El pirata no lo veía de tal modo. Más bien, pretendía que su habitual toque de humor incrementase la confianza de Aisha. Además, era tan bella y tan agradable de escuchar que lo difícil sería no sonreír frente a ella.
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Mensaje por Aisha el Mar Jun 18 2019, 23:18

Después de la última visita que tuvo del dragón el la flor azul casi le había perdido el rastro durante unos días. Eso la motivó a buscarlo para sugerir con sutileza algún momento en que volver a juntarse. Así mejorarían aún más sus relaciones y poco a poco ella podría mantenerse más presente en la vida del dragón, algo que creía poder manejar pues aún se creía capaz de mantener su distancia emocional. Aún así debía admitir que aunque la idea de recibir información siempre estuviera presente, quizás  en la actualidad ya no tenía intenciones de odiarlo, es más, incluso comenzaba a interesarse en ayudarlo, lo que le hacía más cómoda la relación, siempre que aquello no interfiriera con su mayor propósito: el de ayudar a la resistencia.

Así fue como caminando por las calles de la ciudad dio con el soldado patrullando como se lo pedía su trabajo y se le acercó solo para recordar la invitación que éste le había hecho de ir sus casa. Arriesgado de su parte, pero suponía no iba a ser una molestia para él y razón halló cuando en vez de una no recibió una fecha.

Aquel día se preparó con anticipación. Buscó para ponerse un vestido sencillo, como solía siempre llevar, pero con el cual sabía podía resaltar bien sus cualidades; blanco y con detalles en verde agua, que al ser tan claros hacían resaltar aún más su larga cabellera roja, la cual apenas tomó un poco para despejar su rostro, dejando caer el resto del pelo sobre su vestido. También preparó algunas mezclas de hierbas para infusiones. Alcohol no llevaría a un dragón que sabía gustaba demasiado de ello, así que pensó era mejor llevar algo menos destructivo y que además ella misma podía hacer, pues ya había aprendido bastante del tema gracias a sus estudios de sanación.

Salió de su casa y caminó hasta la casa del dragón acompañada de su búho, el cual una vez llegaron se alejó del lugar como si entendiese que aquel día no necesitaban de su presencia. No había alcanzado a tocar la puerta cuando el dragón la abrió - hola - dijo por impulso al ser sorprendida antes de tocar, la habrá estado esperando? - si tu lo dices - respondió al cumplido del dragón mirando con “inocencia” para luego pasar dentro tal cual él se lo permitía - también te ves bien, bonita chaqueta - comentó enseguida la muchacha.

Ya dentro no pudo evitar inspeccionar todo el lugar con su mirada, cual niña curiosa en lugar nuevo y es que quizás justamente eso era lo que era: una niña curiosa en casa ajena. Le gustaban las velas, aunque le llamaba un poco la atención que aún con ellas le pareciera oscuro. Siguió al dragón en silencio mientras no dejaba de mirar el alrededor, ciertamente era una casa enorme, demasiado grande para alguien que vivía solo, pues era evidente que no contaba con servidumbre, extraño para ser un dragón. Pero estaba bien,era parte de lo que el mismo dragón le había mencionado de él, ni más ni menos.

Río levemente cuando el soldado dijo haberse esforzado en ordenar todo, casi como si se disculpara por no tenerlo todo en perfecto estado, pues en el fondo ambos sabían que podía estar mucho mejor - imagino que es más de lo que has hecho en años - bromeó soltando una pequeña y suave risa después - pero no es como si me molestase - agregó encogiéndose de hombros sin quitar su sonrisa divertida. Realmente no le molestaba,es más hasta podía sentirse cómoda ahí. Quizás el hecho de que no fuera un lugar lleno de lujos y servidumbre ayudaba en ello, pues la falta de ello e incluso el desorden le hacían ser más parecido a un hogar como los que solía conocer en su verdadero mundo, fuera de la flor azul: hogares sencillos.

- Es muy espaciosa - comentó dejando la risa para avanzar dentro de la sala - traje cosillas para beber - agregó estirando la canasta que llevaba en sus manos, solía ir acompañada de algo más cuando iba a juntarse con alguien, siempre que no fuera trabajo… y no estaba trabajando aquel día, no del todo - mmm... me darías un paseo por tu casa? - preguntó mientras lo miraba con cierta travesura. Tenía curiosidad, algo que intentaba ocultar la mayoría del tiempo, pero que mientras más confianza sentía más dejaba mostrar.




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Mensaje por Xeozzys el Miér Jun 19 2019, 21:04

Ver a Aisha desenvolverse en su hogar, de manera tan libre y curiosa, hacía que el dragón sonriese para sí mismo. Era una imagen preciosa: su hogar un poco más adecentado de lo que solía estar — Aisha tenía razón; era más de lo que había hecho en años — y la belleza de la humana adornándolo con elegancia y maestría. Parecía que Aisha pertenecía a la casa mucho más que él.

Xeozzys jamás se había sentido parte de algo más grande que él. Como mucho, la tripulación que había montado con su hermano muchos años atrás. Incluso en el ejército, el dragón se sentía apartado, pues sabía que no formaba parte de él. Pero ¿de qué formaba parte, a fin de cuentas? ¿Había un solo lugar en todo el planeta donde pudiera sentirse como en casa?

Sí, lo es. Aunque no entiendo para qué necesito tanto espacio —murmuró, rascándose la barbilla y suspirando. Ni siquiera le servía para sorprender a damas que podía traer a casa para cortejar, o a nobles con los que quisiera llevar una velada agradable de la que sacar provecho. Xeozzys sentía que la casa lo engullía sin necesidad o motivo algunos—. Ven, dejemos la cesta en la cocina y después te enseñaré la casa.

Avanzaron hasta la sala que había mencionado. En ella había poco más de lo necesario en una cocina. Si Aisha los revisaba, vería que los cajones y los estantes no abundaban en alimentos. Xeozzys mantenía lo justo y necesario para sobrevivir. Además, no era un cocinero muy diestro.

Dejó la cesta que Aisha había traído consigo en una mesa de madera, más desordenada que el resto del hogar. Luego, se hizo con las bebidas y las puso a buen recaudo para que no se estropearan. Acto seguido, le ofreció un brazo a su acompañante e invitada.

Si te pierdes, silba. Iré a buscarte —dijo divertido, dejando escapar una risa para abandonar la cocina.

Durante diez minutos, Xeozzys le enseñó todo lo que Aisha podía necesitar saber: le mostró el salón, habitaciones completamente vacías en las que no guardaba más que muebles viejos y ropas que ya no utilizaba, dos habitaciones de invitados que tenía la casa y una que dedicaba enteramente a su día a día cuando no estaba en el ejército. Allí había un escritorio y una vela apagada. Encima de la mesa, había cartas desorganizadas y más de una pluma rota. Xeozzys ignoró la botella de alcohol vacía que había olvidado en esa misma mesa. ¿Cuánto tiempo llevaría eso ahí?

Finalmente, se detuvo frente a su habitación. El dragón puso la mano sobre el pomo y pensó en abrir, pero de repente se detuvo. Observó detenidamente a Aisha y frunció sus labios, sin saber muy bien cómo proceder.

Sólo dos o tres personas han entrado aquí antes que tú. —Cuando no acudía a la Flor Azul para solicitar los servicios de una dama, Xeozzys se traía mujeres a casa, pero jamás las llevaba a su habitación, sino que usaba una de las de invitados.

Dubitativo, terminó por abrir la puerta de par en par. El interior de la habitación era todavía más simple que el resto del hogar. El lecho de madera en el que Xeozzys dormía recordaba mucho a los de la Flor Azul, pero no contaba con un colchón tan bueno. De hecho, si Aisha se sentaba, podría comprobar que chirriaba mucho. Al lado de la cama, había una mesilla de noche y una vela apagada encima. Junto a esta vela, se encontraba el retrato de su mujer.

Más allá de estos detalles, había una puerta en la pared que hacía las de armario. En su interior se encontraban todas las prendas que Xeozzys vestía a día de hoy, así como su armadura y sus armas. Había una especie de altar al lado de esta puerta, cuya forma daba a entender que era el lugar donde Xeozzys dejaba su garfio cada vez que se echaba a dormir. Sin embargo, dijo:

Ésa debe haber sido mi peor compra. No lo he usado jamás. Duermo con él puesto. —Alzó el garfio y se hizo de hombros.

Después de mantenerse en silencio durante unos incómodos instantes, Xeozzys se sentó en su cama e invitó a Aisha a hacer lo mismo. Agachó la cabeza, dejando que sus pendientes de bola negra se sacudiesen más que su corto y negro cabello.

Puedes ser sincera. Sé que debes sentirte decepcionada. Un dragón con un hogar grande, pero vacío. Muchos humanos tienen mejores habitaciones que yo. —No estaba seguro de que eso fuese cierto—. Pero he vivido bien hasta ahora, dentro de lo que cabe. No me siento en casa, pero puedo dormir por las noches, aunque sólo sea un poco. Me ha bastado durante todos estos años.

Esbozó una mueca y, finalmente, sacudió la cabeza para mirar a Aisha. Con una sonrisa en su semblante, se puso en pie y la cogió de la mano. El tacto cálido y suave de su piel hizo que, de inmediato, se olvidase de toda tragedia.

Bueno, ¿es ese rugir de tripas que oigo indicio de hambre? ¿Quieres que vayamos a cenar? Muero por probar esas bebidas que has traído contigo. Sé que eres una mujer de exquisito criterio...

Y calló, perdiéndose en sus ojos, conteniendo la respiración; soñando inconscientemente de algo que, en su estado más realista, sabía que nunca se produciría.
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Mensaje por Aisha el Mar Jun 25 2019, 18:30

Ciertamente la casa era muy grande para alguien que vivía solo, sin sirvientes ni familia, pero era parte de ser dragón, no?, tener un lugar que al menos desde fuera evidenciara la diferencia entre las razas, aún cuando no fuera la intención. Quizás el lugar podía verse mejor de no ser por lo solitaria que llevaba su vida, incluso lo poco preocupado que podía estar respecto a su hogar mostraba parte de su interior, seguramente ni él mismo lo consideraba un hogar.

Sonrió ampliamente cuando su petición de que le mostrara el lugar fue aceptada, un pequeño capricho que le fue dado en el gusto. Le gustaba tener su confianza, la suficiente como para que le mostrase el lugar sin dudar de que tuviera malas intenciones al respecto… aunque ella misma no era capaz de asegurar cumplir con dicha expectativa, de ser necesario para los suyos traicionaría al dragón.

Llegó entonces a la cocina y dejó la canasta sobre la mesa, llamaba su atención que fuera todo tan simple, ni más ni menos de lo que necesitaba, incluso se atrevía a pensar que era menos, no creían que se preocupara mucho de su alimentación - está bien - rió con el comentario del dragón - espero no perderme - bromeó y dicho esto lo siguió para recorrer el lugar.

La casa era grande sí, pero estaba vacía y con un aire desolador, habitaciones descuidadas y deshabilitadas; las que funcionaban con menos cosas de lo que se esperaría. Llegaron finalmente a la habitación del dragón. Parecía algo inseguro de querer mostrarla, iba a desviar el tema para que no se sintiera obligado pero antes de ello abrió la puerta para dejarla pasar, así que no tuvo que frenar la curiosidad. Una vez dentro se quedó mirando el retrato, quizás intentando vislumbrar mejor el retrato que al estar desgastado por el tiempo apenas podía reconocer el rostro, siendo capaz solo de notar que era femenino y por lo tanto, pensaba que podía tratarse de la mujer del dragón, el amor que perdió en algún momento de su vida y le había dejado tal cual lo conocía en la actualidad. Un dragón devastado.

Desvió la mirada del cuadro para no demostrar tanto interés en ello, ya que quizás podía incomodar, entonces su mirada se dirigió a aquel lugar que parecía dedicado al garfio - ya me extrañaba la existencia de esto… es una bonita decoración - comentó encogiéndose de hombros divertida por el comentario, pues le había dicho anteriormente que dormía con el garfio por lo que ver un lugar para ello no calzaba dentro de lo que sabía.

Se sentó entonces al lado del dragón mientras decía lo seguro que estaba de lo aburrido de su hogar y volvió la vista al alrededor - en realidad no me defrauda … diría que hasta me agrada, el hogar de un dragón que no vive con más de lo que necesita… es más parecido a las casas que conozco… de donde vivo - sonrió al soldado amablemente. Y es que esa era la verdad, en lo simple a veces hallaba belleza y gustaba en ver que no se dedicaba a tener lujos innecesarios o servidumbre - aunque mi cama es más cómoda - rió levemente.

Se quedó un momento atraída por la mirada del dragón, él la miraba mucho a los ojos, no era la primera vez, pero quizás por el lugar en que se encontraban comenzó a sentir como una alarma que advertía del peligro sonaba en su interior. Algo que le advertía de que quizás podía causar en otro un sentimiento más allá de la amistad y que quizás ella misma podría caer en ello. Sabía que jugaba con fuego, pero en ese momento comenzaba a entender que perdía parte de su habilidad par manejarlo - si, es una gran idea - dijo tras la invitación de ir a comer, quitando entonces la mirada de la de él para ponerse en pie - no se que tan exquisito hayan quedado la verdad, quizás experimenté demasiado con las hierbas - bromeó luego ahogando sus temores y se dirigió al salón para cenar.

Una vez en el salón la pelirroja esperó a que le indicara donde sentarse, quizás tenía su lugar de la mesa predilecto o algo así y no quería sentarse ahí - tengo una pregunta - dijo entonces luego de acomodarse en la mesa - lo que vamos a comer ¿está totalmente hecho por ti? - sonrió divertida, le había dado curiosidad, pues no conocía dragón que cocinara por sí mismo y en parte le animaba probar algo hecho por él, si es que era el caso.




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Mensaje por Xeozzys Ayer a las 10:53

Habría esperado que Aisha mostrase decepción. Xeozzys se preguntó si había visitado hogares de otros dragones. La gran mayoría tenía casas y mansiones repletas de todo tipo de lujo y riqueza. Siendo sincero, él podría haberse permitido mucho de eso también, pero no había visto la necesidad. Vivía bien de este modo. ¿Por qué necesitaría más? ¿Es que había alguien querido en Talos, en todo el mundo que fuese a disfrutar realmente de ello?

Rió con la joven ante el comentario de la cama y se hizo de hombros. Estaba seguro de que muchas de sus amantes estarían de acuerdo con ella. Xeozzys no tenía un lecho particularmente cómodo. De hecho, chirriaba con el más mínimo movimiento. Pero tampoco había considerado cambiarlo por otro. Para él, éste era perfecto.

Satisfecho con su respuesta, y riendo también con su comentario acerca de las hierbas, la llevó — o, teniendo en cuenta el carácter de Aisha, la acompañó — hasta el salón. Una vez allí Xeozzys se dirigió hacia las bebidas que Aisha había traído. Vio que estaba de pie y que no tomaba sitio, cosa que, cuando se acercó a la mesa, le hizo arquear una ceja y mirarla con curiosidad.

¿Esperas una invitación personal? Toma asiento, por favor. No te sientas cohibida —le pidió con una sonrisa mientras dejaba las botellas encima. Luego se dio la vuelta para ir en busca de la comida, pero la pregunta de la joven hizo que se detuviera y se girara para mirarla—. Eso es algo que tendrás que descubrir por ti misma, encanto.

Le guiñó un ojo y después retornó a la cocina para hacerse con una de sus mejores obras. La colocó en la mesa y se cruzó de brazos mientras esperaba que Aisha fuese la primera en decir algo. ¿Sabría ver si estaba hecho por él o no?

¿Qué hay de tus bebidas? ¿Las has envenenado? —Sonrió mientras se sentaba frente a la mujer. No era una mesa grande, así que la proximidad entre ellos existía aún así—. Trae, deja que te sirva un poco.

Cogió el plato de Aisha para servirle un poco de comida. Había preparado un plato bastante básico en sí: carne y una ensalada fría. Pero lo interesante estaba en la salsa que le había echado a la carne. Una vez se hubo asegurado de que habría suficiente para saciar a la mujer, le devolvió el plato y se sirvió mientras la miraba expectante.

¿Y bien? ¿Cuál es tu veredicto, Aisha de las hierbas? —preguntó con evidente sentido del humor, y se rió mientras él mismo degustaba un poco de lo que había preparado.

No estaba mal. Nada mal. Por una vez, se había esmerado. A veces, Xeozzys podía sorprender, pero eso lo dejaría a criterio de Aisha. Mientras, se limitó a esperar y a mirarla fijamente a los ojos. Demonios, ¡no podía dejar de mirar aquellos ojos! Si los dioses en verdad existían, debían haberla premiado con ellos. No los había visto más bonitos en su vida...
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