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Aunque la verdad duela [Kenna]

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Mensaje por Corvinus el Jue Mar 28 2019, 21:05

Aunque la verdad duela  [Kenna] D75a689d6c5cc3d20586fb375cd39977


Gandhi dijo, "Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien, éste solo es temporal, pero el mal que causa es permanente."


Era una mañana de mil demonios; si es que realmente uno creía en esas cosas. La época de lluvias, se cernía sobre la ciudad de Talos, y con ella, de nuevo muchos cambios ambientales. Durante el día las temperaturas eran elevadas; esa humedad que flotaba en el ambiente hacía que uno empezase a sudar. Por la noche, las temperaturas bajaban de manera algo más drástica, haciendo que se pudiese dormir bien, aunque no eran temperaturas tan agradables para los dragones. Había estado lloviendo toda la noche, y de hecho, todavía seguía lloviendo, no dando tregua a aquellos que tenían que ir a hacer sus labores diarias. Corvinus, se encontraba en su mansión; Era uno de los muchos nobles de la ciudad y dedicaba prácticamente todo su tiempo a cultivar su pasión; la lectura, la escritura, las historias. Se había levantado temprano esa mañana y, como si se tratase de un ritual, empezó a hacer algunos ejercicios. "Una mente ágil comienza con un cuerpo ágil"; con unos pantalones, descalzo, salió al exterior al jardín y empezó a caminar para salir del porche. Sintió el frescor del agua caer por su cuerpo. Cerró los ojos y elevó la cabeza hacia el cielo sintiendo esas gotas de lluvia; que como pequeñas lágrimas o agujas iban cayendo sobre la tierra, restallando y creando una particular sinfonía de mil y un sonidos distintos. Esas gotas rozaban su cuerpo, entrechocaban contra su piel, lamían su torso. Le masajeaban y a la vez relajaban. Tomó aire, y lo dejó salir lentamente captando en su boca algunas gotas de agua de la lluvia; gotas que de hecho probó. Tras bajar la cabeza y abrir los ojos se crujió el cuello y empezó a correr un poco por el jardín.

Sentía el agua recorrer su cuerpo; Mojar su piel, hacerla estremecer. Bajo sus pies la tierra, que se iba convirtiendo en barro. Dicho barro mojaba sus pies; esas gotas marrones saltaban a sus piernas, manchando así sus pantalones. Mientras que corría iba jadeando, con la mirada puesta en lo que tenía delante; que no era otra cosa que esa especie de velo de lluvia que iba cayendo de manera constante. Un trueno, retumbó en el horizonte, y después un rayo, que.. como si se tratase de una serpiente de luz, surcó el cielo, queriendo así resquebrajar el mismo. - Braaaamlw.... - Esa serpiente de luz estiró sus garras hacia ambos lados, ramificándolas en el cielo para después empezar a desaparecer, dejando tras de sí, el rastro de luz. Rastro que lentamente iba desvaneciéndose de la misma manera que llegó. Tras estar corriendo durante un rato, empezó a hacer algunos ejercicios más. Se apoyó contra el tronco de un árbol y se estiró, haciéndose crujir así su cuerpo por completo. Una figura, captó entonces su atención. Era uno de los.. trabajadores.. que tenía en una de sus boticas. Corvinus alzó una de sus cejas y se pasó la mano por la cara para empezar a caminar donde éste se encontraba. No había terminado su ronda de ejercicios, pero debía suponer que tenía que tratarse de algo realmente importante para ser molestado.

- ¿Y bien? - Dijo Corvinus mientras que subía al porche, buscando tomar de un lado, una especie de mueble exterior, una toalla. Siempre tenía ahí cosas, para cuando entrenaba ya que formaba parte de una rutina comedida desde hace mucho tiempo. Se pasó la toalla por el pelo empezándoselo a secar mientras que miraba de soslayo hacia ese criado. - S.. S.. señor Corvinus. D.. Disculpas por molestarle p.. pero.. El señor Eaton, galeno de vuestra botica, no ha venido.. Su hija.. ha llegado corriendo a avisar de que se había puesto enfermo, y no podrá asistir al trabajo. - Dijo trabajador, manteniéndose casi firme como si se tratase de una estatua, a la espera de lo que pudiese decir Corvinus. Éste, alzó una de sus cejas y dejó la toalla en sus hombros. - ¿Enfermo? Estaba algo delicado de salud desde hace ya varias semanas, parece que éste tiempo le ha afectado mucho. Transmítele mis mejores deseos para que se recupere. Iré a visitarlo cuando paren las lluvias. Ahora.. avisa en la botica que iré yo mismo a tomar su puesto y a.. supervisar. - Dijo mientras que miraba al trabajador. Esa mirada duró solo un instante pues después la apartó y empezó a secarse de manera lenta con esa toalla pasándola por su pecho.

- S.. ¿señor? Estáis.. - El trabajador miró sorprendido a Corvinus para después sonreir y asentir. - Así lo haré, transmitiré los mensajes y avisaré para que os espe... - No. No digas nada. - Intervino Corvinus antes de que el trabajador siguiese hablando. - Si dices, lleva mi mensaje a Eaton, pero no digas nada en la botica. Quiero ver cómo se van desenvolviendo y tampoco quiero causar.. un revuelo. Gracias. Ahora, puedes retirarte si no tienes nada más que decir. - Levantó la mirada hacia el mismo, pues de hecho llevó sus manos a sus pantalones; los empezó a bajar quitándoselos y dejándolos a un lado quedándose completamente desnudo. Ese sentido de la vergüenza o desnudez no estaba mucho con él, de ahí que no le diese mucha importancia. Ladeó levemente la cabeza mientras que se empezaba a secar, esas últimas gotas que recorrían y manchaban su pecho. - Bien, puedes marchar. - El trabajador asintió, pues se había quedad absorto mirando la naturaleza del dragón, antes de girarse para marcharse. Sí, no avisaría a la botica de la llegada del dragón, dejaría que simplemente todo sucediese.
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Mensaje por Kenna el Jue Mar 28 2019, 21:11

Aunque la verdad duela  [Kenna] Captur63



Como cada mañana con el rayar del alba se levantó, se lavó, y se sentó frente al pequeño tocador que tenía en su minúscula casa. Había dormido muy mal, tenía un terrible dolor de cabeza, como si medio ejército de tamborileros estuvieran tocando al compás en sus sienes. So flamígera cabellera resplandecía con el haz de luz que cruzaba la estancia. Achinó los ojos cuando le pareció ver algo en ella y se acercó al espejo ¿eso era una cana? meh! era inevitable, algún día debían aparecer. Suspiró y se quedó mirando su propia silueta en el reflejo: hombros delicados, la clavícula marcada y un escote todavía terso. Si no fuera por las marcas de la piel, podría considerarse hermosa. En el hombro izquierdo tuvo una vez un brote muy virulento, le costó mucho de curar y en ese lugar la carne estaba algo retorcida. Se palpó las mejillas, había perdido un poco de peso esas últimas semanas y las tenía algo demacradas, el señor Eaton estaba algo delicado y le dejaba a ella la mayor parte del trabajo, y como las cosas nuca venían solas, se habían intensificado las visiones.

Cepilló su rebelde cabellera roja y la trenzó en un moño bajo, un poco suelto para que las horquillas no se le clavasen en el cuero cabelludo, cuando le dolía la cabeza eran realmente molestas.



pelo:

Aunque la verdad duela  [Kenna] Captur64


Se colocó una falda y una camisa de manga larga, sobre la cintura se ajustó un cinturón que tenía cordeles y se calzó las botas de media caña, esos días el tiempo estaba muy revuelto y no cesaba de llover. Anudó un pañuelo al cuello, la camisa que llevaba a veces dejaba ver alguna marca poco estética y prefería llevarlas tapadas.

De camino a la botica se detuvo en la panadería y compró un panecillo relleno de carne, ésa sería su comida cuando pudiera comer sin náuseas, lo cual no sucedería hasta que se pudiera tomar una infusión de lavanda bien concentrada y para eso debía llegar al trabajo. Metió el panecillo envuelto en su pañuelo dentro de la bolsa que cruzaba como una bandolera.


La lluvia no dejaba de caer sobre los tejados y callejuelas, el barro se esparcía por doquier y todo tenía un aspecto más mortecino; ni qué decir tenía que las humedades constantes aumentaban considerablemente el trajín en las consultas de galenos y boticas. Kenna llegó pronto, siempre solía entrar quince minutos antes, tenía llave del negocio. Entró y se dirigió a la parte del almacén donde ella solía colgar su bolsa, quitarse las botas y ponerse unos botines más livianos y colocarse el delantal, blanco e inmaculado, para ayudar al señor Eaton en los procedimientos que hiciera falta. Encendió la chimenea para darle un poco de calidez a su despacho, y la estufa de hierro colado de la “cocina”. Ese lugar era uno de los más amplios y era donde tenían el obrador. Allí secaban ciertas plantas, elaboraban tinturas, ungüentos y decocciones, envasaban las medicinas y llenaban los tarros.


Repasó la lista colgada en su madero, la letra pulcra y ordenada del galeno había establecido para cada día una serie de tareas para cada cual; Fred atendería el mostrador de la botica, Sara se pondría con los encargos en la cocina y Kenna lo ayudaría a él en la labor de consulta, curas etc. Antes de que llegasen los demás, cogió de un estante la esencia de lavanda y calentó el agua en el hornillo, necesitaba tomar un trago de ese remedio antes de comenzar o le estallaría la cabeza.




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Mensaje por Corvinus el Jue Mar 28 2019, 21:25

Desnudo:

Aunque la verdad duela  [Kenna] 08chris-hemsworth_glamour_16oct13_rex_b

Caminó por el salón y tras cerrar la puerta caminó hacia las escaleras para subir hacia su habitación. Desnudo como estaba, tras haber disfrutado de ese baño natural. Tomó una toalla más pequeña que la anterior, sobre la cual vertió una especie de aceite; era un aceite esencial, mezcla de flores de su propia cosecha para así tener un olor único. Suave.. y agradable. Si bien era cierto que le gustaba el aroma de la lluvia.. a tierra.. tendía siempre a ocultar el aroma que indicaba dónde había estado o lo que había hecho; era su firma y su huella de identidad. Empezó a pasar lentamente por su cuerpo. Primero recorrió su pecho.. después sus brazos.. después lentamente su nuca.. y terminó con sus muslos y piernas. Cerró inconscientemente los ojos un instante para notar ese aroma. ¿Eucalipto? Sí; había un cierto deje en ese aceite que había hecho. De hecho, esos aromas estaban hechos para.. cambiar. Sí, eran aromas cambiantes, dependientes del calor y del sudor. Conforme fuese sudando o conforme el ambiente se fuese haciendo más bochornoso, las otras partes del aceite actuarían, emitiendo así otros aromas. ¿Cómo se le ocurrió? Pues eso.. es motivo de una buena historia. Cuando Corvinus terminó, dejó la toalla a un lado y empezó a arreglarse. Abrió su armario y sacó del interior unos pantalones cómodos, de gruesa tela y también una camisa que casaba con el pantalón. Los colores eran oscuros; como si viviese en un luto perpetuo. Tras enfundarse los pantalones y ponerse el cinturón, cinturón que dejó todavía sin abrochar, se puso la camisa cubriendo así su cuerpo. Dejó los botones superiores de ésta abiertos a propósito y se la remetió en los pantalones, antes de anudarse y abrocharse el cinturón. Terminó por coger un jubón de cuero del armario, el cual se puso encima de la camisa. Por último sacó una especie de capa con capucha, que dejó a un lado.

Tras cerrar la puerta del armario caminó hacia la mesa, que tenía a modo de tocador, y sobre la que había un espejo. Se miró unos instantes y alzó una de sus cejas al ver cómo llevaba el pelo; directamente se pasó la mano por el mismo y se peinó, arreglándoselo un poco. Era inevitable que llevase siempre el pelo de manera algo desenfadada, igual que se vello facial masculino. Le hacía falta un buen afeitado, pero no parecía querer ponerse a ello, tenía mejores cosas en las que pensar. Deslizó su mano y tomó de la mesa un colgante. Éste, era un colgante sencillo, hecho de madera tallada con una cuerda negra; para nada era lujoso, ni era una joya cara. Era algo terriblemente sencillo que siempre llevaba consigo.

Colgante:

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Tras ponerse el collar se arregló el jubón y tomó la capa, echándosela sobre los hombros. Se acercó y se puso las botas dando algunos golpes leves sobre el suelo para asegurarse de que estaban bien puestas antes de caminar hacia las escaleras; bajaría a la planta inferior, alzando levemente su voz. - Randal, me retiro. Ya sabes lo que tienes que hacer. Que pases una buena mañana. - Dijo al aire para después girarse y caminar hacia la puerta, no esperaría respuesta, porque símplemente sabía que no la iba a recibir. Randal, es un chico que "adoptó". Cuando era más jóven, se metió en problemas y le cortaron al lengua como castigo; desde entonces, estuvo pasando de trabajo en trabajo un poco marginado hasta que se encontró con Corvinus, quien le encargó el cuidado de su casa. Randal era.. ¿el manitas? Quizás esa la respuesta correcta. Hacía muchos trabajos: ama de llaves, mantenimiento de la casa, cuidaba del jardín.. Corvinus no tenía más criados, porque de hecho no los necesitaba. Muchas de las habitaciones de su mansión estaban cerradas a cal y canto. Y otras simplemente eran un.. particular caos dentro del orden. O al revés. Tenía pergaminos, cosas que él garabateaba, dibujos de cosas que había visto.. Eran sus historias y sus mismas vivencias. Su trabajo como bibliotecario en la Gran Biblioteca del castillo, no es que le dejase mucho tiempo para darle importancia a según qué cosas. Tenía una gran responsabilidad, mas la que él se había autoimpuesto. Más de un noble dragón le miraba mal; era raro entre los suyos. Siempre estaba solo; aunque escuchaba a la Madre y a los demás hermanos, no solía intervenir, cual espectador de una vida la cual no le importaba. Tan solo actuaba, o tan solo intervenía, cuando algo llamaba su atención, para conseguir más información.

Salió a la calle tras cubrirse con esa capucha y empezó a caminar por la calle. A lo lejos se veía el sol; o más bien aquellos rayos que luchaban vagamente por abrirse paso entre las densas nubes de tormenta. Caminó rumbo hacia la botica. Era un local de construcción bastante sólida y firme; quizás hace tiempo fué alguna panadería, o puede que fuese algún otro tipo de comercio, que en la época de la hambruna se vino a menos; el compró ese local, lo adquirió y lo arregló para poder hacerlo así, para poder convertirlo en botica. La entrada, estaba cubierta con un pequeño tejadillo, que hacía que uno pudiese resguardarse de la lluvia, también había una especie de gran tela gruesa, lugar donde la gente antes de entrar podía limpiarse las botas. Se quitó entonces la capucha y abrió la puerta, para mirar en el interior, entrando dentro con paso lento.

- Buenos días. - Dijo de manera tranquila antes de girarse para darle la espalda al chico que estaba en el mostrador. Se quitó la capa y buscó con la mirada donde poder colgarla mientras que hablaba. - Vengo a cubrir el puesto del señor Eaton. Está enfermo y en cama, así que he decidido venir a ayudar. ¿Serías tan amable de decir a los demás que vengan? Me gustaría presentarme. - Dijo mientras que le daba la espalda para colgar al final su capa de una especie de perchero de la pared.
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Mensaje por Kenna el Vie Mar 29 2019, 17:50

Cuando la campanilla de la entrada sonó, supuso que sería el señor Eaton, Fred ya estaba en el mostrador y Sara se estaba cambiando, como iba a estar en la cocina, no iba con prisas. Apuró su infusión de lavanda, lavó la taza y la secó, dejándola en el armario de la loza y salió hacia la consulta, pero Fred la interceptó y llamó también a la regordeta Sara para que los tres fueran juntos hacia el despacho del galeno.

- El señor Eaton no ha venido, le sustituye otro galeno… ha dicho que vayamos.- susurró el hombre, que tenía ya cerca de los treinta, era delgado y enjuto y tenía cara de cuervo. Ciertamente Fred era poco agraciado y hacía un poco de ruido al caminar porque ostentaba una ligera cojera, pero era muy amable con la gente y sabía mucho de setas, algo que le sumaba valor. Sara era una chica de veintipocos, regordeta y llena de vida, siempre andaba con mucha energía de aquí para allá y en sus mejillas había siempre un color rojo contundente, como si acabase de correr una maratón. Kenna era la más mayor y aunque no era ni tan amable como Fred ni tan dicharachera como Sara, solía ayudar al galeno en muchas más ocasiones. En primer lugar porque era muy sensata y prudente, hacía bien su trabajo y no daba problemas ni opiniones. En segundo porque al haber aprendido todo de un albeitar, no tenía miedo ni asco en ninguna situación, por desagradable que fuera, no le importaba mancharse las manos con todo tipo de fluidos malolientes, asquerosos o de procedencia indeterminada.


Los tres empleados entraron en la consulta debidamente uniformados y se colocaron uno junto a otro con las manos entrelazadas en la espalda. Lo cierto es que la pelirroja no se esperaba a un hombre tan “joven” ni tan apuesto, usualmente los galenos eran mayores, llevaban lentes y tenían cara de haberse apergaminado como el papiro que estudiaban. Si el señor Eaton se moría (y era una posibilidad plausible, dada su edad y su dolencia) a ella de nuevo le tocaría buscarse la vida y no le apetecía en absoluto. Remontar la muerte de Hasim había sido duro y tener que mentir para conseguir cada uno de sus trabajos, una tortura. Ahora más que nunca necesitaba ese trabajo, para mantener a raya los problemas de su piel y sus dolores de cabeza.


Si finalmente el galeno quedaba fuera de combate, tendría que negociar con el dueño del establecimiento para quedarse allí fuera quien fuera el nuevo responsable de la botica. Muchas veces los sanadores se traían a su propio personal, generalmente esposas, hermanas, hijas o similar, así todo quedaba en casa y entraban varios sueldos. pero ella quería quedarse, lo necesitaba, así que esperó el discurso del nuevo médico pensando en que tendría que ganarse de nuevo el puesto.


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Mensaje por Corvinus el Vie Mar 29 2019, 18:23

Mientras que acudían todos, pues él no los conocía, aprovechó para remangarse las mangas del jubón y ponerse una especie de túnica de color blanco. La túnica era casi completa, de modo que ocultaba así sus ropajes, y también su procedencia; información que tampoco es que fuese demasiado relevante para lo que iban a hacer. Tras ponerse la túnica apartó la silla de madera del despacho y se sentó, abriendo uno de los cajones. Había pócimas, unguentos y cosas así que el señor Eaton tenía ordenados de manera particular; muchas de esas cosas para propio consumo. Alzó una de sus cejas y suspiró, antes de posar sobre la mesa un pequeño libro. El libro, estaba en blanco. También dejó junto a éste una especie de "tintero y pluma" que utilizaba para escribir. Remilgado y cuidadoso para esas cosas, no se confiaba demasiado en el carbón, ya que éste tendía a correrse con facilidad, haciendo que la impresión se perdiese, y por tanto todo el trabajo. Cuando la puerta se abrió dejó que entrasen los tres y los observó con tranquilidad. Durante unos instantes fué pasando la mirada de uno a otro, hasta que al final, habló: - Fiiiiiirmes. ¡Ar! - Dijo con la ceja alzada para después emitir un suspiro. Obviamente lo hizo como si se tratase de una broma. - Por favor, relajáos, que no voy a morder a nadie. Soy Corvinus; amigo del señor Eaton, y voy a echarle una mano en la botica mientras se recupera. Como conozco algo de dolencias y de hierbas, pongo mis conocimientos a vuestro servicio. - Sonrió un instante de manera afable antes de moverse y acomodarse sobre ese asiento.

De hecho su espalda quedó contra el espaldar de la silla y movió una de sus piernas para montarla sobre la otra en una postura terriblemente relajada y desenfadada. - Sé que ésto es vuestro "hogar" y que soy ahora mismo un extraño. No conozco demasiado cómo trabajáis aquí, así que espero indicaciones. - De hecho Corvinus se mostraba coladorador, predispuesto a ayudar, y sobre todo sin ánimos o pretensiones de ponerse por encima de nadie. - Por si alguno de vosotros se lo pregunta: El señor Eaton está bastante mal. Dolencias derivadas de la edad y ciertos.. abusos.. que ahora mismo empiezan a pasarle peso. - Alzó levemente los hombros mientras que seguía observándoles, de hecho no queriendo alejar la mirada de ellos, por parecerle un acto poco respetuoso. Lo mínimo al hablar era dedicarte y entregarte a tu interlocutor. - Si tenéis alguna pregunta, estaré encantado de respondérosla, si entra dentro de mis.. capacidades o atribuciones. - Sonrió otra vez mientras que movía ligeramente su mano, terminando por apoyarla sobre su pierna, esa pierna que estaba montada sobre la otra.

- Ya con las presentaciones hechas y todos conocidos, ¿podéis por favor hablarme de qué se ocupa cada uno? Las temperaturas serán muy altas hoy; y la lluvia y la tormenta no van a traer cosas buenas. Se espera que haga viento.. Y si unimos todo nos encontraremos accidentes y también alguna que otra sorpresa. - Añadió como si estuviese hablando solo, o puede que estuviese ordenando sus ideas, para poder calcular lo que iban a poder encontrárse. Esa, no era la única botica que tenía en la ciudad, las otras estaban situadas en sitios distintos; pero.. era cierto que esa, en la que se encontraba, era la que estaba más cerca de la "zona humilde". Los dragones no necesitaban galenos, ni tampoco muchas hierbas. Quizás pociones.. unguentos.. para evitar ciertas cosas o conseguir otras ciertas cosas de sus esclavos, pero no galenos. De ahí que no tuviese casi ninguno en esos sitios. Eaton, estuvo con él desde hace bastante tiempo. Pero.. era un hombre dado a la bebida, y también consumía según qué hierbas que hacía. Era bastante bueno en su trabajo, concienzudo a la hora de cuidar y proteger a la gente.. Pero fuera de ahí, abusaba. Y ese abuso le había llevado a su actual enfermedad.




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Mensaje por Kenna el Vie Mar 29 2019, 20:57

Kenna se adelantó cuando Corvinus acabó su exposición, al parecer a los otros dos les había comido la lengua el gato, y eso era raro sobre todo en la rubia.

- Yo soy Kenna, este es Fred y ella es Sara. Esperamos que el señor Eaton se reponga pronto, es un buen hombre y muy dedicado a sus pacientes. Pero le damos la bienvenida y esperamos que se encuentre a gusto aquí con… con nosotros. Tenemos una lista de tareas que cada lunes el señor Eaton elaboraba, teniendo en cuenta la previsión de pedidos, revisiones y trabajo acumulado. Hoy Sara se encarga de la cocina, que es donde preparamos los encargos, Fred del mostrador y yo como ayudante de consulta.- Miró al galeno que parecía realmente interesado en conocer los pormenores de esa botica.- si le parece bien… claro está.

Ante el asentimiento del hombre, Kenna tomó el mando, le salía de forma natural, pues era independiente desde los 16 años cuando abandonó Krosan sola, siendo esclava y embarazada. Había sido madre, una superviviente nata, y no se amedrentaba cuando las cosas se complicaban, así que se lo pondría fácil al nuevo doctor, ella no quería quedarse en la calle. Les hizo un gesto a Fred y Sara para que ocuparan sus puestos, pues ya pasaban tres minutos de la hora de apertura, y la puntualidad era algo que ella valoraba. Ambos empleados abandonaron el despacho para ponerse manos a la obra y la pelirroja se quedó a solas con Corvinus.


- Permítame…

Movió algunos papeles, los apiló y guardó en una carpeta de cuero, que dejó en un lateral del escritorio; sobre ésta sacó la agenda y le indicó lo que tenían citado para ese día y después le señaló un estante donde había muchos cuadernos ordenados alfabéticamente.

- El señor Eaton escribe el historial de cada visita en la página de cada paciente. Están ordenados por nombre y apellido.- Sacó del estante un cuaderno, el que correspondía de la A a la D y lo abrió por el registro número 119, Cressida Bares, que estaba citada a primera hora.- La señora Bares tuvo cuatro abortos, sufre de sobrepeso y sospechamos que le gusta demasiado beber. Últimamente sufre de dolores en el costado derecho que se le calman con una cocción de amapola. Si me permite la observación, como ya le dije al señor Eaton, ¿podría ser que tenga cólicos?

Se dio la vuelta dejando al galeno leer el historial de la señora Bares mientras ella preparaba la mesa de la consulta, la camilla estaba limpia, a un lado había otra mesa auxiliar y allí colocó un mantel blanco y limpio, sobre éste dejó el instrumental también debidamente desinfectado con alcohol, y un montón de paños blancos y limpios. Descorrió las cortinas para que entrase suficiente luz, el paciente tenía intimidad porque esa ventana no daba a la calle sino al patio interior, y finalmente regresó a un lado de la puerta para no molestarlo, esperando órdenes.

Sara y Fred:

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Mensaje por Corvinus el Vie Mar 29 2019, 23:56

Corvinus alzó una de sus cejas al ver que se habían quedado paralizados con sus palabras. Tomó aire y suspiró despacio; porque había cosas que no podía cambiar. Tenía esos ojos profundos, estrellados, en los cuales uno podía perderse. Era su rasgo dracónico; era su firma y lo que mostraba qué era él y quién era él. Hace mucho tiempo.. pero mucho tiempo.. era venerado. Los humanos, los hombres, le rezaban porque a él le atribuían las estrellas del firmamento. Ya no solo por esos ojos que tenía, sino también por el brillo de sus escamas cuando volaba por el cielo: algo mágico. Se giró y entonces centró su mirada sobre Kenna, quien de hecho se dirigió hacia él directamente. Escuchó sus palabras y asintió levemente: - Muchas gracias por la bienvenida Kenna, Fred, Sara. Os lo agradezco. - Era noble, su manera cortés de hablar lo delataba, así como un tono en el que mostraba cierta.. distancia.. con todos. Quizás como si así quisiese recordar el sitio que ocupaban, o el sitio que ocupaba él; y era algo innato. No lo hizo para hacer sentir mal a ninguno de ellos, sino que, como dijo, él era el extranjero ahí, él era el extraño. Y, si bien era cierto que era el dueño, el propietario y era quien les pagaba el jornal, no lo había dicho. ¿Realmente importaba? No lo creía para la función que cometían y su significado. El dinero.. era dinero.. Y tenía más de lo que podría llegar nunca a contar. - Así que el señor Eaton tenía una lista. ¿Sería tan amable de dármela, señorita Kenna? - Dijo mientras que la miraba, quizás porque quería ver esas anotaciones que había puesto el señor Eaton, y también lo que había en la planificación del día.

- Sara, Fred, cuento con vosotros entonces. Muchas gracias. - Curvó los labios en una leve sonrisa para después descruzar sus piernas, dejando que así, Kenna pudiese empezar a moverse y a ordenar las cosas. Observó como guardaba los papeles y cómo los apilaba en ese lugar; sobre la mesa, permanecía ese libro que él mismo había sacado, así como su tintero y pluma. La pluma de cuervo; de color negro. Resistente.. con una buena punta.. para nada era ostentosa, sino sencilla: cumplía perfectamente con su función. Cuando ya se marcharon Fred y Sara, se quedó a solas con Kenna. La observaba mientras que ordenaba las cosas; esa diligencia que tenía, revelaba que era algo que se había vuelto ya una costumbre. No necesitaba preguntarle tonterías: al actuar, ella se lo estaba contando sin palabras. Le estaba diciendo que llevaba trabajando mucho tiempo como asistente de un galeno, que conocía su manera de proceder y también que conocía muchas dolencias. Eso era sorprendente. En una sociedad machista, que una mujer sobresaliese en ciertas cosas estaba realmente mal visto y era impensable. Él tenía una mente abierta, así que símplemente la escuchó.

- Interesante. Un sistema de archivo ordenado por nombre. Útil, pero ineficaz. - Explicó; o habló para sí mismo mientras que tomaba el libro que ella le tendió. Pasó sus dedos por la hoja, recorriendo con ellos las letras mientras que leía lo que estaba puesto en ese registro. - Cressida Bares.. Por propia experiencia el sobrepeso afecta mucho al embarazo, seguramente eso, unido a una alimentación deficiente y abuso de la bebida hagan que el embarazo no llegue a buen puerto. - Dijo con calma, sin mirar de hecho a Kenna pues estaba ojeando lo que estaba escrito. - Bien. ¿Opinión personal? Fuera de registro y fuera de lo que está escrito; has debido verla. ¿Qué has sentido cuando la has visto? ¿Cómo era su estado emocional? - Añadió de nuevo para después dejar el libro sobre la mesa y entonces abrir el suyo: estaba completamente en blanco. Tomó la pluma y hundió la punta de la misma en el tarrito de tinta para después empezar a escribir de manera muy lenta. Él, utilizaba un lenguaje propio: no eran letras humanas; por lo menos, sus anotaciones las hacía así. Él se entendía: un carácter de los suyos podría significar perfectamente 10 líneas escritas en idioma de Talos, lo que le ahorraba tiempo e impresiones. Era una manera de agilizar. - La pérdida de sus hijos, la llevarían a un estadio de depresión; Comería por ansiedad, cualquier cosa, buscando llenar ese hueco que le faltaba. Bien.. Cuando venga, hazla pasar. Haremos algunos pequeños cambios: en su vida, y en su dieta.




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Mensaje por Kenna el Dom Mar 31 2019, 21:58

El galeno le preguntó sobre el estado emocional de la señora Bares y eso la impactó. ¿Qué tenía que ver con el dolor de su costado? ella estaba acostumbrada a tratar animales, los animales no se veían influenciados por si alguien había perdido el trabajo o a tu hijo le pegaban en la calle, ellos tenían enfermedades o no las tenían, se curaban o no, es simple. Pero al mencionarlo se quedó pensativa al respecto.

- Pues ahora que lo menciona… creo que es una mujer fuerte, de esas que aparenta estar bien pero no lo está, que gasta bromas y se ríe de la vida porque en verdad está sufriendo su calvario por dentro… bueno, como todo el mundo ¿no es cierto?. Pero quizás sí sea la razón por la que bebe de más, o quizás es que no quiere contarlo y eso… bueno. Los secretos son lastres muy pesados de acarrear.- enfrentó los ojos intensamente azules del hombre sentado en el escritorio, clavando sus esmeraldas en ellos. Tenía una mirada fiera, la de alguien que no se había doblegado a los envites del destino, la de una leona que no permitiría que se acercasen a su cachorro.- ¿Cree que si lo suelta mejorará su dolor? es una idea arriesgada pero… los males del alma pueden marchitar un cuerpo, así que es posible que tenga razón.


De hecho a ella le aliviaba enormemente compartir pesos con sus hermanos del culto elemental, ellos la comprendían, no la juzgaban, es más… apreciaban su extraño y doloroso don. La habían ayudado a sacar a Aridane de Talos, a colocarla en una buena casa, lejos del ojo inquisidor de la reina, más lejos aún de su padre, un capataz de Krosan que 17 años atrás forzó a su madre y la envió lejos con el problema. Ciertamente los secretos pesaban, y ella lo sabía bien, cuanto más alterada estaba emocionalmente, más sufría su piel. ¿Eso debería decírselo al nuevo galeno? aún era pronto, prefería no alarmarlo y que la echara por pensar que podría ser algo contagioso.

La campanilla sonó, los clientes empezaban a entrar para recoger sus hierbas, sus medicinas o encargar algun remedio para el estreñimiento.

- El señor Eaton suele tomar una infusión de manzanilla, menta y jengibre, le sienta bien para empezar el día. ¿Quiere que le prepare algo?

Ante el asentimiento del hombre, que le pidió manzanilla, salió a la cocina y cuando llegó, apoyó ambas manos sobre la piedra donde molían las hierbas y resopló. Sara estaba removiendo un cuenco con grasa de cerdo blanqueada a la que habían añadido caléndula, centella y hamamelis, un ungüento para las hemorroides, muy popular.

- ¿Qué tal? es muy guapo ¿¿¿No??? ¿crees que estará casado? no le he visto anillo!!!! si no está casado le voy a invitar a bailar ¿has visto qué hombre??
- Los galenos no llevan joyas, pueden quedarse dentro de un paciente… Sara por todos los dioses!! ¿puedes dejar de parlotear? me duele mucho la cabeza…
- ¿Pero has visto que manos? y qué espalda!! está fuerte, no tiene tripa ni huele a viejo chocho como Eaton…
- Sara por favor…Vale ya. Invítalo a bailar, por mí como si lo invitas a pescar… venga, quita de ahi, necesito la manzanilla.

Apartó a la rubia para alcanzar el frasco y poner a hervir media parte de camomila dulce y media de amarga, ya no podía beber más lavanda porque producía otros efectos si se pasaba de dosis, así que abrió el frasco del aceite de lavanda y se puso unas gotas en las sienes y las muñecas, al parecer eso aliviaba también. Masajeó la frente y los ojos mientras reposaba la infusión y finalmente se la llevó al despacho, la señora Bares llegaría en cinco minutos.




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Aunque la verdad duela  [Kenna] Empty Re: Aunque la verdad duela [Kenna]

Mensaje por Corvinus el Lun Abr 01 2019, 17:53

Corvinus escuchó las palabras femeninas mientras que la observaba; en su rostro, se apreció la confusión, pero en un primer momento no habló ni mencionó el motivo de sus palabras. Dejó que al hablar sus miradas se encontrasen, y él no rehuyó la suya en ningún momento, de hecho dejó que ella se perdiese en su oscura mirada del mismo modo que él parecía perderse en esa mirada esmeralda suya, como si estuviese buscando algo en su interior. Curvó levemente los labios en una sonrisa y entonces habló.

- Señorita Kenna. Durante toda mi vida, he podido observar y ver muchos tipos de enfermedades; hay algunas que afectan al cuerpo, pero también hay otras que afectan a la mente. Pongámonos en su caso; si usted por ejemplo, se quedase en estado, y perdiese a su bebé. ¿Qué haría? Seguramente caería en una depresión que la haría beber para olvidar. La gente que se considera fuerte de carácter, tiene que buscar alguna vía para poder escapar y liberar su dolor, seguramente esa vía, la de la señora Bares, sea el alcohol. Por supuesto, el alcohol, no hizo sino agravar mas aún su estado, y hacer que ella cayese en un círculo de oscuridad del que no puede salir. ¿Solución? - Movió levemente su mano en la que tenía la pluma. Hizo que ésta se moviese lentamente entre sus dedos antes de sonreir un instante.

- La solución comienza por hablar y comprender las cosas. Por supuesto, saber que.. es terriblemente doloroso perder a tus hijos.. Te llena el cuerpo de una gran impotencia saber que no puedes hacer nada, y crees que el alcohol te va a ayudar a olvidar. Pero no.. no lo hace. - negó un poco antes de humedecerse ligeramente los labios, dejando que su lengua saliese un instante de éstos. - El alcohol lo único que hace es hacer que te sientas peor, una vez que sus efectos pasan. - Corvinus hablaba de manera tranquila, buscaba explicarse y a su vez, buscaba enseñar. Se notaba por su manera de hablar que tenía una calma casi infinita, y también que no se alteraba por grandes cosas.

Ella se marchó cuando sonó esa campanilla. Ante su ofrecimiento asintió pidiéndole una taza de manzanilla y después bajó la mirada para empezar a anotar algunas cosas en su libro. De nuevo más de esas runas y dibujos que a ojos no expertos parecían ininteligibles: puede que así fuese. Cuando la mujer regresó, levantó la mirada hacia ella un poco y le indicó con un gesto que dejase la taza a su lado. - Señorita Kenna - Dijo su nombre ahora, llamándola. - Si antes le he mencionado eso, era porque, antes de nada, me gustaría que hablase usted con ella. - Se movió en el asiento para otra vez, apoyar su espalda contra el respaldo mientras que dejaba la pluma y tomaba la taza entre sus dedos. Le gustaba esa sensación cálida en un día de frío y lluvioso como era ese. - Confío en que no sea una gran carga; doy por hecho que no es así. Pero, soy un hombre, y ciertas cosas son más difíciles de hablar con un hombre, mientras que con una mujer, te puedes abrir. Aunque no he reconocido todavía a la señora Bares, vamos a hacerle un cambio radical en su vida: Primero que hable con usted y se deshaogue, que llegue a la raíz de su malestar. Después, vamos a entregarle una dieta nueva, para que cambie de alimentos, buscando así reducir un poco su peso. Y después, por supuesto.. Nada de alcohol. Si quiere evadirse nada mejor que hablar con algún amigo u conocido de confianza. Y, sobre ese dolor del costado.. Prepararemos una infusión, seguramente.

El dolor es producido por el abuso de alcohol y una gran masa.. corporal. - Dijo de nuevo con calma para después apartar la mirada de ella y pasar su mano por las páginas del libro. Empezó entonces a anotar algunas cosas en la historia de ella. - Por supesto, no vamos a dejarlo así. Si quiere seguir intentando tener esos hijos, vamos a tener que llevar un control para ver si éstos llegan al mundo: comida, agua, incluso trabajo y esfuerzos que realiza, así como.. disgustos o peleas que pueda tener, nos ayudarán a evitarle pasar otra vez por esa experiencia. Es.. una gran tarea. Sí. - Dijo de nuevo mientras que miraba hacia el libro. No miraba a la joven Kenna, pero le hacía partícipe del trabajo, incluso había confiado en ella para algo tan importante como hablar con la paciente de esos temas.




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Aunque la verdad duela  [Kenna] Empty Re: Aunque la verdad duela [Kenna]

Mensaje por Kenna el Lun Abr 01 2019, 19:04

Corvinus hablaba con una calma y en un tono que captaba su atención por completo, tenía ese hechizo en la voz que conseguía atraparla en sus palabras. En otra ocasión habría disfrutado mucho más de una buena conversación, echaba de menos las charlas hasta altas horas de la madrugada que le reglaba Hasim entre copas de vino, pero el terrible dolor de cabeza no la dejaba casi ni respirar, estaba haciendo un enorme esfuerzo por cumplir con su trabajo.

Cuando el galeno le dijo que sería ella quien hablase con la señora Bares, primero casi entró en pánico porque tendría toda la responsabilidad de esa curación en sus hombros, pero luego entendió que no era lo mismo con él, que era un hombre y al que no conocía, así que ella era la única opción viable. Asintió y preparó un lugar más “informal” para charlar con la mujer, acercó dos sillones a la ventana y puso una mesita en el centro donde Lugo colocaría unas tazas de té, por si la mujer necesitaba tomar algo caliente y reconfortante.

-Tendrá que dejarnos un rato si ella accede, espero que no le importe, puede supervisar a Sara en la cocina o a Fred en el mostrador.

Cuando acabó de colocarlo todo se paró frente a la ventana achinando los ojos y frotándolos, pellizcándose después el puente de la nariz, soltando el aire despacio, a ver si podía relajar el dolor pulsátil que le torturaba tras los ojos.




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Mensaje por Corvinus el Mar Abr 02 2019, 17:00

- Tranquila. - Dijo Corvinus de manera tranquila mientras que la observaba, notando quizás cierto.. temor.. por atender por sí misma a una paciente. Curvó levemente los labios en una sonrisa. - Llevas mucho tiempo asistiendo a un galeno. De hecho, muchas veces, sois vosotras, las asistentes, las que notáis antes que nosotros las dolencias que pueden tener los mismos. Experiencia, intuición, utilizáis una gran baza que nosotros no tenemos. Confía en ella. - Añadió con calma para después mover su taza y llevársela a los labios dándole un leve trago. Le gustaba la manzanilla caliente: ardiente de hecho, por lo que no tuvo ningún problema en bebérsela. Mientras que lo hacía la observaba sin decir absolutamente nada. Ahora, permanecía quieto como si la observase; observaba sus movimientos, cómo ella se movía, como se enfrentaba a él en alguna que otra ocasión con la mirada, y también esos gestos que hacía. Aprovechó cuando ella le dió la espalda y se acercó a la ventana para hacer una cosa..

Se levantó y apretó ligeramente las manos sobre la taza de manzanilla para después dejar la misma sobre la mesa. Se acercó despacio hacia la señorita Kenna dejando que ella escuchase el sonido de sus botas. - No te muevas. Quieta así. - Dijo de manera algo autoritaria, pero quizás porque tenía exactamente la postura que debía tener para lo que iba a hacer. Movió una de sus manos para meterla bajo su cabello y la posó sobre su nuca mientras que la otra, se movió y se puso en la parte baja de su espalda, casi donde perdía el nombre. - Un momento.. Aprieta los dientes.. - Avisó, pues justo en ese instante, movió sus manos: la mano que estaba en la espalda presionó para así hacer que se crujiese la espalda de ella, recolocándola en una postura natural mientras que, la otra mano que estaba en su nuca "elevó" la cabeza un poco haciendo así que sus vértebras se alineasen. Quizás era algo muy toso, la versión más.. normalizada habría sido estirarle de las manos y pies para así recolocar bien su espalda; pero así iba a funcionar. Al elevar la cabeza con la mano que estaba en su nuca, presionó ligearmente masajeando esa zona, dejándole sentir como su mano estaba caliente: ya no solo por la misma temperatura corporal, sino también por haber sujetado la taza de manzanilla. - Un momento... un momento... Ya. - Pasados algunos instantes movió la mano que estaba en la parte baja de su espalda y la alejó para después deslizar la que tenía en la nuca femenina: quizás de manera.. curiosa la coló dentro del vestido para rozar su columna vertebral un poco, pero solo rozó esas primeras vértebras, antes de subir de nuevo y sacar la mano, separándose de ella.

- Perfecto. Iré entonces a ver cómo trabajan Sara y Fred; cuando termines con la señora Bares, avísame para que podamos anotarle lo que debe comer. - Con las mismas empezó a caminar despacio para salir del despacho. De hecho como si eso hubiese sido algo terriblemente normal para el. ¿Qué consiguió? Con esa recolocación de columna y gesto en el cuello, hizo que el dolor de cabeza se mitigase mucho, y ahora ya no fuese tan molesto. Solución rápida, aunque simplemente fuese un parche: parche que le duraría algunas horas.




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Mensaje por Kenna el Mar Abr 02 2019, 22:31

Estaba tomándose unos segundos para intentar relajar la tensión que le producía la migraña cuando escuchó sus pasos justo detrás. Cuando Corvinus le dijo que estuviera quieta, que se quedase así, pensó que seguramente se le habría salido el pelo del moño o tendría algún hierbajo prendido en la tela del vestido al haber estado en la cocina, y como iba a atender a una paciente, pues el galeno seguramente querría asegurarse que estaba presentable. Lo que no esperaba es que le pusiera la mano en el cuello y en las lumbares y le crujiese la espalda. En primera instancia reaccionó con cierta extrañeza, giró un poco la cara pero la postura a la que le obligaban aquellas manos no le dejaba mirarlo e interrogarle con los ojos. El crujido soltó un gatillo de dolor que le estaba presionando y de inmediato notó cierto alivio de esa tensión, aunque lo más grave, que tenía tras los ojos, no se había visto afectado.

Cuando el dragón coló la mano por debajo de su vestido a la altura de las cervicales, con las yemas de los dedos notó una de las irregularidades de su piel, una vez le salieron las llagas en la espalda y como no se podía curar del todo bien, era Ariadne la que con sus manitas le pasaba paños impregnados en jabón y aceites. Se estremeció incómoda, pero no dijo nada. Nadie tocaba sus cicatrices, nadie las veía ni opinaba sobre ellas porque eran algo que no dejaba ver a nadie.

-gracias…ahora me duele menos.- Se arregló la camisa de forma que el cuello quedaba más ajustado, por si al galeno se le ocurría volver a tocarle la espalda, para que la mano no pudiera entrar por la abertura.

La campanilla sonó y Fred había tocado la de la consulta, lo cual significaba que la paciente estaba allí. Kenna salió rauda por el pasillo en busca de Cressida Bares. La mujer entró sonriendo y parloteando, venía quejándose de los chubascos, la humedad y el barro, como siempre, al parecer, tratando de quitarle importancia a su problema. La pelirroja la hizo pasar al despacho donde no estaba el galeno y la hizo sentarse en el sillón.

-Señora Bares…¿puedo llamarla Cressida? El galeno me ha pedido que me siente con usted y que nos tomemos una taza de té, él vendrá después. ¿Cómo se encuentra?

Comenzó preguntándole por sus dolencias, a lo cual la mujer le contó las últimas novedades sobre sus dolores inespecíficos etc. Poco a poco Kenna fue llevando la conversación a sus abortos, a su vida y a cómo se sentía tras todo eso. Lo cierto es que fue mucho más fácil de lo que creía simplemente escucharla, hacerla hablar y que compartiese con ella sus inquietudes.

Mientras tanto en la cocina Sara iba de aquí para allá, como uno de esos perritos blancos que solían hacer monadas para que los acariciasen. Sonreía, parloteaba, gastaba bromas y se mostraba muy solícita con Corvinus, tratando de impresionarlo con su trabajo.




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Mensaje por Corvinus el Mar Abr 02 2019, 22:41

Corvinus casi siempre era movido con la curiosidad; curiosidad de saber cómo iban a reaccionar los demás y también a actuar. Y eso, para él era una prueba más, un experimento. Ayudó a la señorita Kenna de manera desinteresada.. ¿Desinteresada? Sí y no. Sí, porque notó que se encontraba mal y quería a su vez mitigar ese dolor: era algo que podía hacerlo. Así que.. lo hizo. Y no, porque realmente lo hizo con un motivo. ¿Era un motivo egoista? También tenía las dos vertientes. Algo profundo. Y es que quería comprobar, el por qué de los dolores que ella tenía. ¿Acaso era por el tiempo? Mucha gente sentía que sus dolencias se incrementaban por el tiempo. Pero; la presión en esa zona, y también en la inferior, no deberían de haber influido. Cuando el tiempo afecta, el dolor se alivia con una presión en la cabeza, sobre la frente, presionando con cuatro dedos en una manera especial. Pero.. a ella le alivió en la nuca. ¿Lo de la espalda? Bueno, digamos que ella era una mujer; las mujeres por su busto, llegan a sobrecargar mucho la espalda. Esa postura incorrecta, a la hora de andar y moverse, afectaba también a la posición de la cabeza, y por ende, llegaba a doler. De ahí que la recolocase. Fué una prueba: una prueba en la cual buscó conocerla mucho más. Una prueba en la cual, sin palabras, se acercó a ella. Sencillo.. eficaz.. Sí. Pero es que a Corvinus le movía el mundo así; la curiosidad.

Dejó a solas a la señorita Kenna y mientras se relacionó un poco con Fred y Sara; Sara resultó ser un torbellino, que iba de un lado para otro mientras que hablaba y le contaba lo que hacía. Corvinus la escuchó con algo de interés, sobre todo cuando hablaba de las preparaciones y pociones que hacía. Conocía algunas, pero no los métodos en los cuales las fabricaban. Después, habló un poco con Fred: Él se encargaba de la parte de las ventas, y por la manera de hablar, se notaba que le gustaba. Escuchaba, y también tenía algo de labia, ideal para ese puesto y también para lo que estaban haciendo. Sonrió de manera un poco cortés, y entonces vio de soslayo como entraba ya la señora Bares.

Él se mantuvo a un lado, no queriendo.. importunar, o más bien, queriendo parecer un cliente más de la botica. Debía ser así, de momento, para que ella pudiese interactuar con Kenna. Se acercó al mostrador y se apoyó en éste tras tomar un botecito que contenía algunas hierbas secas. Observó la etiqueta; no había palabras en ellas sino un dibujo. Quizás era la mejor manera de reconocer para qué se utilizaba. Ya que, la gente no sabía leer y escribir, por norma general, era una buena manera para que identificasen así las medicinas y los usos de los ungüentos. Un dibujo de una persona agarrándose el vientre: para el dolor de estómago. Sencillo, y eficaz. Realmente, esa iniciativa le gustó.

Cressida:> Oh, hola... Gracias por atenderme, ¿no está ahora el galeno? Espero que no haya tenido que salir por culpa de una urgencia y... Bueno.. Me encuentro; bien. - Dijo la mujer antes de alzar ligeramente los hombros, pero se notaba que no estaba siendo sincera. Era fuerte, o al menos intentaba hacer ver que lo era. Pero por debajo de esa fuerza, era.. bastante débil. - Últimamente me duele bastante en el costado. No puedo dormir de ese lado y cuando me agacho, siento como si me estuviesen clavando una daga al rojo vivo, aquí. - Se tocó un punto, quizás cerca de donde estaba el "hígado". Después negó algo para seguir hablando.

- Ahora bebo mucho más.. El ambiente no es para nada bueno en casa.. Mi marido se siente terriblemente culpable y yo, por mucho que intento apoyarle y animarle.. Nada, no sé qué decir. Pienso que la culpa es mía... Claro, claro que es mía. Yo soy la mujer.. Soy la fuerte; tengo que cuidarme para cuidar de mis hijos.. ¿No? Pero.. no los traigo, no vienen.. No llegan a nacer, y yo, no sé por qué. Estoy terriblemente desesperada y.. por eso solo puedo hacer eso. No me apetece ir a casa y mirarle a la cara.. porque le veo triste y apagado, y en su cara veo mi propio fracaso como mujer.. - Suspiró ligeramente sintiéndose completamente impotente mientras que miraba a la mujer, hablando de hecho con ella e intentando sincerarse, algo que era complicado, pero por lo menos entre mujeres.. era más factible.

- Solo trabajo.. Trabajo.. y cuando termino el trabajo, miro hacia la calle donde está mi casa.. y no me apetece ir. Me voy a la taberna.. bebo.. para no olvidar. Y cuando estoy agotada, o los brazos ya me tiemblan, entonces voy.. Pero entro.. y me acuesto, deseando así que venga el nuevo día.




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Mensaje por Kenna el Jue Abr 04 2019, 16:21

La pelirroja escuchó atentamente todo lo que la mujer le quiso contar sobre su vida, sobre sus preocupaciones, le sirvió otra taza de té y de vez en cuando le hacía preguntas para instarla a hablar más y que se desahogara. Cuando la señora Bares rompió a llorar, la sujetó de las manos con firmeza, a pesar de que su piel estaba surcada por cicatrices, sus manos no se habían afectado demasiado y las tenía suaves, con dedos largos y finos. Acarició con los pulgares los dorsos de las manos ajenas y le infundió ánimos.

-No se preocupe, vamos a ayudarla ¿de acuerdo? Haremos todo lo posible para que puedan tener una familia, no estará sola en esto ¿comprende?. -Suspiró levemente, sólo quería transmitirle fuerza y seguridad.- Entiendo por lo que está pasando, a veces el dolor y el vacío es terrible, ver que la persona a la que ama se hunde y no puede sujetarlo porque apenas tiene fuerza para sujetarse usted… Yo crié sola a mi hija, y hace un año que no la veo, la envié lejos para que tuviera mejores oportunidades, mejor vida que la que yo le puedo dar… pero el dolor de su ausencia me carcome cada día, cada minuto que ella no está. Sin embargo el alcohol no es la salida, durante un rato pasa de largo pero después vuelve y es peor. El camino no será fácil, no voy a mentirle, será duro. Pero es necesario que deje esa costumbre y el galeno le dará una nueva dieta para que su cuerpo está sano y fuerte y no le vuelva a suceder. Pero tiene que prometerme que luchará por su familia, que no se rendirá ahora y nosotros estaremos aquí para ayudarla.

La mujer asintió y le apretó las manos con fuerza, después la abrazó, o mejor dicho, casi la engulló entre su enorme cantidad de carne, sollozando y dándole las gracias. Ahora mostraba en su rostro la gratitud y la determinación de ponerse bien. Kenna se levantó y fue en busca de Corvinus para que hablase con ella sobre la dieta y otras pautas que le ayudarían con la abstinencia y la recuperación. Había sido intenso. Los dejó en la consulta y se detuvo en el pasillo, con la espalda pegada a la pared, cerrando los ojos un instante, descansando la vista y la cabeza. Hoy había ayudado a una buena mujer, había impactado en su vida y si eso le aportaba algo positivo, ella se podía dar por satisfecha.




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Mensaje por Corvinus el Vie Abr 05 2019, 17:34

Cressida:> ¡Ohhh snif.. snif..! No sabes lo complicado que es.. Nosotras.. somos mujeres. Es nuestra función darles hijos a nuestros hombres. Darles un legado, una herencia. Y si no podemos.. ¿Qué nos queda? ¿Qué? ¿Esperar a que no se vayan a los brazos de cualquier pelandrusca que les calienta las pelotas para que les ayude con su problema y después arruinarles? Snif.. Es... Realmente duro. - Suspiró la gran mujer mientras que miraba a la señorita Kenna antes de ladear un poco la cabeza. - L.. lo agradezco, ya he probado todo y no se me ocurre qué mas hacer, o cómo hacerlo. - Negó de nuevo mientras que seguía junto a ella, esperando y dejando que hablase, que ambas se sincerasen. Escuchó sus palabras y asintió. - Ya sé que el alcohol no es una salida.. Pero es lo único que ayuda a olvidar. ¿Qué tengo que hacer? ¿No olvidar entonces? Dejar que una.. otra.. y otra vez.. los recuerdos me asolen y me golpeen. O ver en la cara de mi marido la decepción y tristeza. - Tomó aire para después cerrar los ojos. - Tú también has sido madre.. Y sabes entonces lo duro que es. Como tienes que tomar decisiones por el bien de tus hijos que a veces, no llegas incluso a comprender. Y.. dime.. ¿Cómo está ahora? ¿Y como estás tu? Me supongo que eso carcome, que eso mata.. Pero saber que está luchando y tú luchando por darle algo mejor.. Ayuda, ¿ayuda algo? Eso quiero creer. Gracias por tus palabras, de verdad. - Le abrazó, acomodándola contra su gran cuerpo antes de dejar que se marche.

Corvinus había estado en el exterior, mirando de manera distraída algunas hierbas y botes, aunque en realidad, había estado muy atento a la conversación que ambas mujeres habían tenido: algo inevitable, dado su agudo sentido del oído. Cuando Kenna salió al pasillo se acercó a ella, dando algunos pasos. Alzó su mano y de manera suave la apoyó contra el hombro de ella apretándoselo algunos instantes, como si con ese gesto quisiese reconfortarla. - Gracias Kenna por tu ayuda. Has hecho mucho bien hoy. - Sonrió de manera afable unos instantes para después retirar la mano de su hombro y caminar hacia la puerta. - Hablaré con ella, me encargo a partir de aquí. Puedes descansar un poco. - Pues sabía que, aunque había aliviado ligeramente su dolor de cabeza, todavía podía estar ahí presente: y más viendo la reacción de ella al apoyarse contra la pared. Entró dentro del despacho y empezó a hablar con la señora Bares; la conversación fué mucho más tranquila, pues el galeno simplemente, y a través y gracias a las palabras de la mujer, simplemente  matizó cosas: costumbres, cosas que debía cambiar, empezando primero por la alimentación, y después forzándola a dar algunos paseos: Con su marido, por supuesto. Salir de casa, relacionarse fuera de ella e incluso actuar como una pareja normal ayudaría a que todo fuese llevando un buen curso.
Pasada casi una hora, la Señora Bares abandonó la consulta del galeno y salió por el pasillo para ir a pagar a Fred por la consulta así mismo por algunas hierbas y pociones que tenía que llevarse para controlar el apetito y también un poco la ansiedad. Se marchó, realmente más animada y motivada, algo que resultó ser bastante importante;Corvinus, se quedó en el interior de la consulta anotando algunas cosas en el historial de la mujer, así como dibujando algunas runas sobre su libro, de manera muy lenta y elaborada.




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