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Mensaje por Minoss el Jue Feb 07 2019, 13:42

Varios días más tarde, Minoss esperó a que Suny llegase. Meneaba el pie y golpeaba el suelo con ligereza. Era un dragón un tanto impaciente. Sabía que no podía considerar aún que Suny llegaba tarde, pues de hecho, él se había presentado antes. ¿Por qué? ¿Tal vez estaba impaciente por volver a verla?

Le había dado muchas vueltas al asunto. ¿Querría finalmente vengarse de ella o no? ¿Quizá quería hacerla sufrir y por eso se mostraba impaciente? Suny era una mujer de mucho carácter, una persona difícil, y el problema en esto, para Minoss, estaba en que, al ser una esclava de otra dragona, le sería imposible ir en su contra u obligarla a hacer lo que él le mandara. Tenía que adaptarse, pues era un dragón que seguía la ley y que no quería tener problemas de más con la sociedad. Además, tenía una imagen que mantener.

Pronto, vio a Suny aparecer. Minoss arqueó una ceja y se cruzó de brazos, sin dignarse a acercarse. Eso, por lo menos, se lo debía. Cuando la tuvo a su altura, Minoss le ofreció una evidente sonrisa. La miró fijamente a los ojos y, por un momento, su mirada se perdió en los labios de Suny. Eran bonitos, carnosos y atractivos. ¿Cómo sería besarlos? "No, no te olvides de que no puedes obligar a esta esclava", se dijo a sí mismo y tosió.

No te preocupes, no has llegado tarde. Me alegro de volver a verte. —Le dedicó una sonrisa y le invitó a caminar, siendo tan cortés como podía, al poner una mano sobre su hombro. La apartó casi de inmediato. Tenía un destino muy fijo en mente. Sabía dónde llevarla—. Es una lástima que deicideras no visitarme en casa. Te lo creas o no, este dragón aristócrata prefiere la paz.

Caminaron durante escasos minutos hasta que, finalmente, llegaron adonde Minoss quería que llegasen: la taberna. Allí, abrió la puerta y dejó que Suny pasase primero. Sabía que, para muchos, podía ser extraño ver a un dragón comportarse de forma tan galante con una humana esclava, ¿pero reconocerían de inmediato el origen y la raza de ambos? A Minoss poco le importaba ahora mismo.

Puedes pedir lo que quieras hoy: para comer, para beber... Las órdenes las das tú hoy. —Le guiñó un ojo y se sentaron a una mesa. Minoss pidió una jarra de cerveza, de momento. Ya llegaría el momento de comer dentro de un rato. Se mantuvo en silencio unos instantes hasta que, finalmente, decidió aclararse la voz y mirar a Suny. "Dioses, es tan bella..."—. Bueno, Suny, ¿cómo está tu ama? ¿Qué tal te ha ido estos días?
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Mensaje por Invitado el Jue Feb 28 2019, 00:23

El cielo estaba nublado pero no llovía. Hacía calor, como de costumbre, así que había elegido un vestido ligero para el fastidioso encuentro. Caminaba sin prisa, como si no le apeteciera  nada llegar a su destino.

El día había llegado. El tiempo había pasado tan rápido que lo sentía cómplice del dragón. Seguramente él estaba feliz con la idea de verla y acribillarla a preguntas como si la pelirroja fuese un juguete especialmente interesante.

Se adentró en la plaza con la misma pesadez de un anciano a quién le cuesta andar. No tardó mucho en divisar a Minoss, quién al parecer ya se había dado cuenta de su llegada.
Sunny sabía que la hora del encuentro había pasado, pero no le podía importar menos.
Se acercó lentamente hasta el dragón, no sin pasar por alto el hecho que estaba vestido de forma extraordinariamente lujosa. Cuando llegó junto a él, murmuró un escueto saludo y unas breves disculpas por su tardanza sin ninguna emoción particular en la voz. Realmente no lo lamentaba. Si por ella fuera no estaría allí, en primer lugar.

Le escuchó hablar mientras se dejaba guiar hacia una taberna. Suny nunca había entrado a una, pero casi podía afirmar que los clientes habituales eran dragones. Se preguntó, no por última vez, lo  raro que debían verse los dos sentados allí. Minoss ataviado con prendas tan exquisitas y ella, con tela común.

¿Cómo podía no importarle? Definitivamente, no lograría comprender a ese dragón.
No tengo mucha hambre. — repuso con calma. Y era cierto. No había logrado comer casi nada desde la víspera de aquella reunión.— Sólo quiero agua.— añadió con un suave suspiro. El transparente líquido era todo lo que su estómago le había permitido digerir las últimas horas.

Trató de mirar a su alrededor. No se sentía nada cómoda. Habría preferido que se quedaran en la plaza y luego de un par de horas, regresar a casa y olvidar todo lo referente al dragón.

Fijó su mirada en Minoss, no parecía afectarle para nada aquella reunión. Suny lo atribuyó a su egocentrismo marcado. Probablemente no le importaba mas opinión que la de él mismo.

Mi ama está bien.— respondió con cautela sin dejar de ver su rostro. Su expresión era amable y parecía particularmente contento.— Ocupada con sus negocios, como siempre.— añadió.— Estos días han sido igual que siempre. Pero ya está bien, ¿no cree?

No había pretendido sonar tan fastidiada. Pero le parecía que debía cortar eso. Esa amabilidad, esa cordialidad tan disfrazada. Él sólo estaba curioso de ella. Sólo eso.

No es una reunión de amigos. Esto es sólo un pago por una ofensa. No tiene por qué actuar cómo si realmente le importara algo sobre mí. Pregunte lo que quiere saber. Eso que le da tanta curiosidad, y luego déjeme ir.

Y ya estaba. Lo había soltado. Exhaló fuerte después de eso, se sentía liberada. No quería sonrisas falsas ni un trato fingidamente amable. No lo necesitaba. No había quedado allí con un amigo, quería que él entendiera eso.
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Mensaje por Minoss el Jue Feb 28 2019, 13:23

Saltaba a la vista que Sunny no buscaba mostrarse más simpática o agradable que la última vez. Minoss no alcanzaba a entender en qué momento había dejado de lado su propia ira por la necesidad de ver cómo esa joven esclava, a quien no conocía de nada y a quien no le debía nada, sino más bien al contrario, lo apreciaba. Se hizo de hombros cuando pidió sólo agua y después la miró a los ojos.

¿Ya está bien? —preguntó justo después de pretender seguir con el tema de conversación de su ama. Entonces, frunció el ceño y dejó que Sunny se expresara una vez más, respetándola más de lo que ella creía.

Las palabras de Sunny hicieron cierta mella en él. Minoss creía que no era la primera vez. Se llevó una mano al pecho para rascarse levemente. Debajo de la tela, sintió el escaso vello que había. Entonces, guardó silencio y esperó a que la jarra de cerveza llegara.

Si callaba era porque necesitaba tiempo para retener su ira. De nuevo, Sunny había logrado ofenderlo, aunque en esta ocasión Minoss no estaba seguro de poder echárselo en cara. Cuando tuvo la jarra a mano, le hizo un gesto al tabernero para darle las gracias y pedirle que se retirara, y a continuación dio un trago largo y tendido. Deposó la jarra en la mesa justo cuando miró a los ojos de Sunny, bellos y penetrantes como eran.

El pago no será bueno si sigues ofendiéndome, Sunny. Escucha... Me frustra que hables y pienses así. A pesar de lo formal que creas que es esto, tenía la esperanza de que hablarías un poco más, o de que pensarías mejor de mí. No estoy actuando. ¿Tengo que hacerlo enfrente de un humano o de un esclavo? Dime, ¿crees que tengo algo que ocultar? Si soy amable contigo es porque quiero serlo. Me caes mejor de lo que quieres creer. No te pido que lo compartas, pero sí que lo respetes. Me ha quedado claro que me desprecias. No es necesario que me lo recuerdes a cada rato.

Esto último lo dijo con cierto pesar, sin poder evitarlo. Después de todo, ¿había gente que realmente no lo despreciaba? Dio un trago renovado a su jarra y, después, posó la mano sobre la mesa, estirando el brazo para dejarla a mitad de la mesa. Reflexionaba acerca de cómo proseguir. Tal vez podría contarle una anécdota interesante a Sunny para que pudiera comprenderlo mejor.

Es posible que sea un engreído y un capitalista... pero no puedo evitarlo. Es la sociedad en la que vivimos, Sunny. Eso no significa que no me caigas bien o que todo esto sea una mera formalidad para mí. Me gustaría conocerte más. ¿Te han dicho alguna vez que tienes una sonrisa bonita? Preferiría mil veces estar escuchándote hablar ahora en lugar de ver cómo frunces el ceño. No te favorece tanto. —Suspiró y se rascó la frente—. Hace siglos, muchos siglos, que no tengo una sola conversación agradable y sincera. Todo en la vida de un dragón como yo son formalidades, gajes de trabajo... Te puedes hacer una idea. Los demás dragones están acostumbrados a mostrarme afecto por qué poseo y no por quién soy. Puede parecer raro pero... A veces, tener algo menos tangible no estaría de más.

¿Estaba abriéndose con ella? Evidentemente, no trataba de darle pena. Parecía incluso que Minoss reflexionaba en voz alta. Suspiró y apartó la mirada de Sunny.

Si no quieres hablar, está bien. Puedes quedarte aquí, a beber agua y observar el entorno hasta que te aburras y te quieras marchar. Lo respetaré. —Era lo primero que podía hacer para ganarse el aprecio de Sunny: darle la oportunidad de escoger. ¿Estaría acostumbrada a ello en su vida de esclavitud?
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Mensaje por Invitado el Vie Mar 01 2019, 18:31

Suny no perdía detalle de los cambios de expresión en el rostro de Minoss. La esclava esperaba encontrar alguna señal que le indicara falsedad, pero no la halló.
Por el contrario, el dragón parecía sinceramente dolido por su evidente hostilidad. Y aquello la descolocó un poco.
No entendía por qué habría de importarle su opinión a un dragón que estaba en la cima de la sociedad. Pero aparentemente, así era. Aún si no lograba entenderlo, Minoss se había sentido ofendido por sus palabras, y en alguna parte de su interior, Suny empezaba a sentir culpa.

Desvió la mirada del aristócrata, incapaz de seguir mirándole sin sentir que había hecho mal. Sus ojos se perdieron en la extensión del lugar y pudo notar que ya nadie les estaba prestando atención, cada quien estaba ocupado en lo suyo. Tal vez se había puesto paranoica por nada.

Pero no me faltan motivos
— pensó, con tozudez, al tiempo que se cruzaba de brazos y apretaba los labios. Ella era la prueba de la diferencia entre un dragón y un humano. Suny había sido esclavizada y el asesino de su familia seguía libre y disfrutando de la opulente sociedad dracónica. Entonces nadie podía culparla si desconfiaba de un aristócrata. Éstos solían obtener todo lo que se les antojaba, gracias a su ventajosa posición.

Aprovechó para tomar unos sorbos de agua, mientras Minoss hablaba. Tal vez debería haber pedido algo más fuerte. En esos momentos, parecía haber sido lo más razonable. Pero nunca había tomado licor, de ningún tipo. Para una esclava de su edad, eso rara vez estaba a su alcance.

Llevó una mano a su entrecejo, masajeándolo con suavidad. No se había dado cuenta que lo tenía fruncido hasta que Minoss lo había mencionado. Posó sus ojos en él, y casi se arrepintió.
Al parecer este dragón, en particular, estaba cansado de las muestras falsas de simpatía entre los de su especie. Parecía agobiado, de verdad, y su mirada estaba perdida en recuerdos. Suny no pudo evitar sentirse curiosa de su vida.
Sus dedos juguetearon con el borde de su taza mientras su mirada permanecía fija en el rostro del dragón, aún cuando él había apartado la suya de ella.

No niego que es una oferta tentadora. — respondió con calma. El enojo inicial había desaparecido, siendo reemplazado por una curiosidad innata, propia de su raza y de su edad.— Pero sería muy aburrido.— dijo con una imperceptible sonrisa que desapareció casi al instante. Aún seguía sin creer que pudieran ser amigos, pero tal vez podrían tener una conversación civilizada, y satisfacer mutuamente su curiosidad.— E incómodo.— añadió con sinceridad.

De pronto, llamó la atención del tabernero y le preguntó que había para comer.

Quiero un plato de ternera con papas y una hogaza de pan.— pidió con soltura, para luego enfocarse en el dragón una vez más.— Llevo sin comer desde anoche.— le explicó, después que el tabernero se marchó. — Te propongo algo.— dijo a continuación. Su expresión cambió a una seria pero sin estar a la defensiva.— ¿Qué te parece si ambos nos hacemos preguntas ? Por supuesto, no estaremos obligados a responder las que no queramos. Pero terminará cuando termine de comer.

A Suny le parecía un trato justo, esperaba que el dragón aceptara y así podrían llevar una conversación pacífica, sin que se sintiera presionada o incómoda.
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Mensaje por Minoss el Sáb Mar 02 2019, 10:37

Una oferta tentadora. Minoss no pudo evitar sonreír ante tal afirmación. Sunny era una caja de sorpresas y, a juzgar por su expresión, había cedido un poco. Esa había sido la intención del aristócrata, después de todo: hacer cierta mella en ella para que abandonara de una vez esa capa de impasibilidad que vestía con orgullo. Sin embargo, se había visto a sí mismo sincerándose de más. Seguramente se arrepentiría con el tiempo.

Hablas más como una de los nuestros de lo que puedes imaginar —opinó Minoss al fruncir el ceño. ¿Cuántos humanos, aún más siendo esclavos, se daban el lujo de hablar así?

Suponía que su ama la alimentaba bien. A pesar de su estado de esclava, Sunny era una chica muy bella y no tenía cuerpo de comer poco: tenía complexión cuidada, piel de bonito color y buena cara. Minoss sabía cómo era la mayoría de dragones con sus esclavos. Cualquiera en Talos lo sabía: solía ser gente demacrada, exhausta, abandonada. Dejó escapar una risa ahogada al ver la soltura con la que la chica pedía su porción y luego se giró hacia el camarero para pedir exactamente lo mismo.

Me parece un trato justo y aceptable, chica —respondió con la misma sonrisa que había mantenido desde que había visto que Sunny dejaba un poco atrás ese sentimiento de desconfianza e inri—. Puede ser una ocasión interesante para ti también. No sé si has tenido el gusto de conocer a muchos dragones aristócratas, pero creo que somos muy distintos a los dragones más comunes o a los que pertenecen al ejército. Algunos de los nuestros forman parte del mismo, sin embargo. Suelen tener altos cargos o son venerados por antiguos heroísmos. Otros son incluso inquisidores. Ya sabes lo que dicen: el mundo está loco.

Esperó pacientemente a que la comida llegara y, mientras tanto, dejaría que Sunny le hiciera una pregunta si realmente lo deseaba. Podía aprovechar esta oportunidad para conocer algo más acerca de la joven. Tal vez así saciaría su curiosidad y, una vez se percatara de que Sunny era como todas las personas que había conocido en su vida, se dejaría de tonterías y volvería a la monotonía del día a día. Minoss suponía que era lo mejor, aunque no era necesariamente lo que quería en el fondo.

Dio las gracias al tabernero después de que trajera la comida y se llevó una patata a la boca mientras sonreía. Estaba acostumbrado a la comida de sitios mucho más caros, de mayor lujo, pero por algún motivo sentía que la boca se le hacía agua estando allí, en presencia de Sunny. No quería suponer que era gracias a ella.

Me gustaría saber un poco de ti. Te voy a disparar una serie de preguntas que tú misma puedes escoger responder o no, evidentemente. Es el trato. ¿Eres de Talos? ¿Tienes familia? ¿Qué ha sido de ella? ¿Hay algún dato de interés que puedas contarme acerca de tu pasado, antes de que te convirtieras en esclava? Supongo que es cierto eso que dicen de que no importa el ayer, sino el hoy. No planeo juzgarte por ello. Solamente querría tener... una imagen del antes y del ahora. El ahora me gusta mucho. Veo enfrente de mí a una mujer fuerte y valiente. Es algo que ya te he dicho.

Sólo esperaba que esa valentía no llevara a Sunny a la perdición.
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Mensaje por Invitado el Mar Mar 05 2019, 20:39

El dragón aceptó su oferta de "paz" y accedió a sus términos.  Aquello le aliviaba más de lo que podía demostrar. Odiaba sentirse presionada. Además, seguro habrían preguntas que no querría responder.

Sé un poco. Pero la experiencia me ha enseñado que puede haber diferencias abismales entre uno y otro.— afirmó encogiéndose de hombros. La ternera estaba suave. Las papas estaban sazonadas con hierbas aromáticas.— Esto está muy bueno.— confesó después de probar un gran bocado. — Aunque el pan está un poco duro.— criticó mientras partía un pedazo con los dedos.— Me temo que no es de hoy.

Atrajo el vaso de agua para darle un sorbo mientras Minoss le lanzaba unas cuántas preguntas. Suny le escuchó pacientemente, eligiendo cuáles responder.

De acuerdo. Aquí vamos.— dijo apartando un poco el plato de comida y tomando un buen trago de agua.— Sí, soy de Talos. No tengo familia. Me convertí en esclava hace cinco años. Antes de eso solía ayudar a mi madre en su trabajo, en la mansión de un aristócrata.—Tuvo que contenerse para no soltar una maldición al recordar a ese vil dragón. En su lugar, volvió a llevarse el vaso de agua a la boca — ¿Podría dejar de decir eso último? Me incomoda. Ya sabe, eso de que le gusto. Es extraño.

Y molesto. En realidad, ni la conocía bien. Y sólo lo había tratado mal, ¿Cómo podía decir tan fácilmente que le gustaba? No tenía sentido.

¿Y qué hay de usted, señor? Debo admitir que se me hace muy peculiar que tenga interés por una esclava culta. Se ve joven pero debe tener unos cuántos cientos de años, ¿no es así? ¿Acaso nunca ha conocido o poseído a una esclava que sepa leer y escribir?.— preguntó con sincera curiosidad. Se le hacía difícil creer lo contrario.— ¿Tiene familia? ¿Padres o hermanos? ¿Hijos, tal vez?.— Había insistido tanto en reunirse con ella. No podía evitar pensar que estaba huyendo de una esposa que le esperaba en casa, pero prefería no preguntarle para que no se hiciera ideas equivocadas.— ¿Qué edad tiene? ¿Es cierto que se dedica a la venta de joyas? ¿Cuál es el  nombre de su tienda?.— cuestionó en su lugar, sin duda era mejor realizar interrogantes simples.

Exhaló suavemente luego de tomar otro trago de agua y acercó su platillo para seguir comiendo mientras le cedía el turno a Minoss.

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Mensaje por Minoss el Miér Mar 06 2019, 09:59

Tienes razón —concordó al degustar la comida, arqueando una ceja y mirándola fijamente. "Demasiado avispada", pensaba con sinceridad mientras analizaba y juzgaba a la joven. De nuevo, veía a Suny más como uno de los suyos que como una esclava común. Había algo en ella, en su forma de ser, que la hacía distinta a la mayoría de personas que había conocido en su vida.

Escuchó cómo Suny respondía a sus preguntas y nuevas surgieron. Sin embargo, Minoss se las guardó para más adelante, pues no quería mostrarse ansioso y maleducado. Sin embargo, se limitó a suspirar y asentir. Al hablar del aristócrata al que su madre había servido, Suny sonó sentir ligero desprecio. Minoss tampoco preguntó directamente qué ocurrió con él.

Eres más que una esclava culta. Eres lista. Desprendes carácter y eso no es muy frecuente viniendo de un esclavo. —Se hizo de hombros, opinando con sinceridad y sin verse con la necesidad de escudarse—. No tengo familia. Mis padres murieron hace mucho tiempo, durante el Letargo. Hijos no, para nada. Al menos, no que yo cuide o que sepa. —Volvió a hacerse de hombros. Tenía una vida sexual relativamente activa, pues se acostaba con quien quería y cuando quería, pero no solía pensar en ello—. Dos mil ciento treinta y ún año exactos. Sí, soy viejo y conozco mi edad exacta. Es de locos. Es cierto que me dedico a la venta de joyas. De hecho, le debo mi título a ello. Me encargo de crear joyas para la Reina Madre y esas cosas. Mi tienda se llama "joyería de Minoss", sin más. Es un nombre bobo y simple, pero funcional. Cuando se lo di, quería que recordaran el sitio por mi nombre. Supongo que todos buscamos eso: dejar nuestra huella en el mundo.

Calló entonces, pues de momento la joven no había formulado más preguntas. Minoss sonrió y se llevó más comida y bebida a la boca. Había sido un turno fácil de responder y no se había visto con necesidad de no responder a esas preguntas. Conforme avanzara la conversación, trataría de ir haciéndole preguntas más personales a Suny.

Me toca. ¿Quién era el dragón al que tu madre y tú servíais? ¿Sigue vivo? ¿Qué ocurrió para que dejárais de trabajar para él? También has mencionado que no tienes familia. ¿Significa eso que tu madre...? —Tragó saliva—. Lo siento si es así. —Era sincero—. ¿Qué hay de tu vida sentimental? Dices que no tienes familia, sí, pero seguramente tendrás algún romance por ahí. ¿Planeas formar una familia algún día? Sé que no puede ser fácil, pero... No es descabellado tampoco.

¿Estaba mostrándose lo suficientemente simpático y agradable? Eso esperaba. No quería darle más motivos a Sunny para desconfiar de él. Comió un poco y después fijó su mirada en la taberna. Había algo en el ambiente que no le gustaba, pero prefirió seguir completamente centrado en la joven.
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Mensaje por Invitado el Jue Mar 28 2019, 16:48

La pelirroja degustaba tranquilamente la ternera mientras prestaba atención a las respuestas de Minoss. Al parecer tenían algo en común; ninguno de los dos tenía familia. Aunque seguramente eso era bastante común en la sociedad actual.
Suny dejó escapar una suave risita al escuchar el nombre de la tienda. Era tan simple y a la vez tan predecible. Tuvo que tomar un buen trago de agua para no asfixiarse con un trozo de pan. Sin duda, el dragón que tenía frente a frente era un aristócrata orgulloso y con un ego muy alto. Ahora ya no tenía motivos para creer que mentía sobre su tienda. Y por otro lado, era muy viejo. Demasiado.

El dragón  volvió a atraer su atención. Estaba entrando en terreno peligroso. Aún así, escuchó las preguntas en silencio. Había dejado de comer. Su mirada se había tornado fría. Sobre la mesa sus puños de cerraron con fuerza y sus labios permanecían firmemente sellados.
No podía hablar mal de otro dragón en presencia de uno, o de muchos. Después de todo, no estaban solos. Y cualquiera podría escuchar. Tenía que calmarse y rechazar esas preguntas. Eso era todo.
Pero el recuerdo estaba ahí de nuevo. En su mente. Tan claro que podía sentir la ira y el dolor de nuevo, con tanta nitidez como aquel día.
Desvió la mirada hacia un costado e inspiró profundo.

Murieron. Todos.— dijo lentamente, casi cuando parecía que la conversación había llegado a su fin.
Su voz sonaba tensa, como si le estuviera costando mucho hablar. No se molestó en explicar quiénes eran los muertos. Esperaba que Minoss fuera lo suficientemente listo para dejarlo así. Era evidente que Suny no quería hablar de ese tema.

No hay romances. No me interesa.— negó con sinceridad, y algo de fastidio en la voz. De pronto había vuelto a sentirse incómoda e insegura. Miró a su alrededor y no vio nada fuera de lo normal. Pero aún así se sentía inquieta.

¿Por qué me trajo aquí hoy?  ¿No le preocupa que le vean con una esclava humana en esta zona? ¿Acaso no le preocupa lo que piensen de usted?

Siendo sinceros, ¿Qué dragón invitaría a comer a una esclava en un lugar público? Minoss estaba mal de la cabeza. Y ella era una tonta por seguirle el juego. ¿En qué estaba pensando para ir a meterse en territorio enemigo?

La pelirroja suspiró por milésima vez y se llevó una mano al abdomen. Ya se le había acabado el apetito, aunque podía decir que estaba satisfecha. De todas formas, dejó que su mano izquierda jugueteara con una patata mientras la miraba como si fuera la  cosa más interesante del mundo.

¿Cuántos esclavos tiene? ¿Alguna vez ha traído a uno de ellos a comer aquí?

Minoss no parecía el típico dragón aristócrata. Era un poco diferente a los que había conocido. La pregunta era por qué. En la sociedad dracónica los humanos estaban en lo más bajo de la pirámide de poder. Y aún así, él estaba allí sentado, tranquilamente, comiendo con ella, en una taberna, a la vista de todos, y no parecía importarle.
O era un muy buen embaucador, y sólo estaba tratando de engañarla para ganarse su confianza y luego aprovecharse. O era muy tonto como para creer que un dragón y una humana podían llevarse bien sin ninguna consecuencia negativa.
Quería preguntarle qué pensaba de la Reina. De las normas establecidas. De la sociedad, en general. Pero no el momento ni el lugar.
Tal vez no había aprovechado bien su turno, pero se acercaban mucho a las que realmente quería preguntar.

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Mensaje por Minoss el Dom Abr 07 2019, 16:02

Minoss suspiró. Sabía cuán duro debía haber sido perder a toda su familia. Al fin y al cabo, él no estaba precisamente acompañado en el mundo.

La respuesta acerca del romance, empero, provocó cierta satisfacción en él. ¿Por qué? Quizá porque esto acentuaba aún más la forma de ser de Sunny: fuerte, independiente, indomable. Era mucho más de lo que cualquier mujer en Talos podía presumir. Como le había repetido en incontables ocasiones, esperaba que este carácter no la llevara de cabeza a su propia ruina.

¿En verdad no conoces la respuesta a esa pregunta? —inquirió Minoss, divertido, mientras arqueaba una ceja. Creía que Suny había captado cuánta importancia le daba a las apariencias. Era aristócrata y, además, un dragón que valoraba mucho el materialismo.

Dejó que un breve silencio se instaurara en la conversación. Aún bebía de su jarra cuando Sunniva le preguntó acerca de sus esclavos. La respuesta a esa pregunta era muy clara. Cuando Minoss así lo decidió finalmente, tomó aire y dijo decidido:

No, nada de esclavos. Vivo solo. —Los motivos se los guardaría para sí mismo—. Para responder mejor a lo otro... Por supuesto que me importa qué piensen de mí. Sin embargo, todo depende de en qué ámbito, querida mía. Si vendo joyas defectuosas, entenderé que todo Talos se ponga en mi contra y se me considere un mal mercante. Por ese motivo no quiero dar mala imagen. Estar aquí contigo no hará que la dé a menos que yo decida seguirle el juego a los pocos que se rían de esta situación. No te preocupes: no moriré por traerte aquí a comer.

Eso esperaba, al menos. Minoss siempre había creído que hacía falta creer con firmeza en algo para que esto se convirtiera en realidad. Suspiró, dando un nuevo mordisco a su parte de la comida, mientras miraba a Suny con interés.

No estás jugando con tus propias reglas, ¿verdad? Estoy seguro de que hay cosas que consideras más importantes que quieres preguntarme. Adelante, hazlo. De hecho, voy a cederte este turno enteramente a ti.

Era una decisión muy arriesgada, lo sabía. No quería que Sunniva lo tomara por un aburrido, pero tampoco quería ser el centro de atención de esta conversación. Luchaba con una contrincante valerosa y audaz.
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Mensaje por Invitado el Lun Abr 22 2019, 17:35

Suny se preguntó, y no por última vez, cuan fuerte y poderoso se sentía aquel dragón para no temer ser relacionado con una humana que no fuera su esclava. Con los tiempos que corrían....
Tal vez sólo era demasiado temerario y tonto. Después de todo, la creación de la inquisición era la prueba más notoria de lo paranoicos que estaban los dragones sobre los humanos.
Para Sunny, eso era ridículo.  Salvo las reyertas ocasionales y eventos aislados, como la destrucción de los altares, la supremacía de los dragones era absoluta así como el vasallaje de los humanos.
Lo miró por un largo rato mientras él hablaba, intentando comprender su forma de pensar pero sin lllegar a hacerlo realmente.

Se permitió soltar una suave exhalación luego que Minoss le cediera su turno.
Es cierto. Hay preguntas más interesantes que me gustaría hacerle. Pero hay muchos oídos en este lugar, aparte de los nuestros. Tal vez en otra ocasión y en otro lugar....

Sin querer, acababa de sugerir un nuevo encuentro. Una espantada expresión de sorpresa se dejó ver en su rostro. ¿Acaso quería verlo de nuevo? ¿Por qué?
Recompuso su expresión a una más neutral y alejó sus ojos del dragón mientras tomaba un trago de agua.

Entonces, no tiene esclavos ni sirvientes.— dijo volviendo a mirarlo.  Esperaba que el dragón no le diera importancia a su tonta sugerencia y la olvidara.— Debo admitir que se me hace divertido imaginarlo haciendo las labores de la casa. Limpiando. Cocinando...— se permitió sonreír por breves segundos antes de tomar una patata y mordisquearla.

Un dragón aristócrata con tantas riquezas y con una posición envidiable como él, viviendo solo sin ninguna servidumbre era sumamente inusual. No había conocido a ningún dragón que no tuviera por lo menos a un par de sirvientes en sus grandes mansiones.
Tal vez Minoss tenía miedo de ser saqueado si permitía a un humano entrar a su mansión. Pero también había unos cuántos dragones esclavos.
Sin planearlo, sintió cómo la irritación volvía a manifestarse y su sonrisa desapareció. Sabía muy bien que no todos los humanos eran honestos pero aún así se sentía ofendida. Ni siquiera conocía la verdadera razón de Minoss para no querer vivir con nadie. Tal vez ni se tratara de humanos. Tal vez era algo muy suyo. Y ella ya se sentía aludida.

Pero así era Suny. Desconfiaba de todos y esperaba siempre lo peor de cada persona. Por eso no tenía muchos amigos.

Llamó la atención del tabernero y pidió que llenara,  nuevamente, su taza de agua.

Ya que su interés en mí se debió a mi conocimiento de la escritura, dígame señor. ..¿Tiene alguna colección de libros en su mansión? ¿Le gusta mucho leer? Si es así, ¿Cuál es su preferencia? ¿Poesía, quizás?

Había decidido volver a un terreno neutral. Además él había dado muestras de estar interesado en ese tema cuando la había conocido.

Por otro lado, ¿No había demasiado silencio?

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Mensaje por Minoss el Lun Mayo 13 2019, 18:47

Minoss entreabrió los labios. Al no ser estúpido, él también había captado lo que las palabras de Sunny implicaban: quería volver a verlo. Deseó sonreír con suficiencia, como si este reto hubiese sido un juego de niños, pero sabía que sería mentirse a sí mismo y, además, que eso podría provocar que la mujer se ofendiese y se marchase. Después de lo que le había costado que se interesara un poco por él, no quería echarlo a perder.

Estoy seguro de que, en verdad, debe ser algo divertido de ver. Para ti, al menos. Si algún día lo deseas, podría invitarte a casa para que puedas presenciar cómo limpio y cocino... Y para hacerme esas preguntas que has mencionado. —Quería dejar claro que se había percatado de qué sugería Sunny, pero no iba a insistir. Por su parte, ahí quedaría el tema hasta que la mujer lo volviera a sacar.

De nuevo, algo en la mirada de la chica cambió. Minoss empezaba a entender que algo turbio pasaba por su mente cuando se expresaba, voluntaria o involuntariamente, de este modo. ¿Qué había podido decir ahora para ofenderla? Estaba casi seguro de que nada. Por ello, simplemente optó por suspirar y hacerse de hombros.

No tenía esclavos por una razón muy simple: no los necesitaba. Aún siendo aristócrata, aún siendo dragón, jamás había apoyado el esclavismo, aunque tal vez tampoco lo había criticado. Minoss tenía una imagen que dar frente a la sociedad dracónea, eso es cierto, pero también tenía algún que otro principio que respetaba.

Es así —respondió mientras el tabernero llenaba su jarra también—. Adoro la lectura. Supongo que es algo que hace que los dragones nos sintamos aún más superiores a los que no saben escribir ni leer. Es el instinto. En mi caso, no me he parado a fijarme mucho en dicha superioridad. No en cuanto a la lectura, al menos. Si dedico tiempo a ella es porque la disfruto. El tiempo pasa rápido cuando me pierdo en las páginas de una novela; en mis propios pensamientos. También aprecio la poesía, pero no tanto. No lo creo, al menos. ¿Qué hay de ti? Como has de saber, no es común tener esta clase de educación. Ya me has contado por qué sabes leer, pero no qué te gusta leer. ¿Poesía? ¿Fantasía? ¿Romance, tal vez?

Una sonrisa se dibujó en su semblante. Tenía gracia pensar en el romance. Eran historias que a él siempre le habían gustado. Los escritores, tan soñadores como eran, tendían a pintar tal sentimiento como algo hermoso, como el mayor déspota en el mundo. En el fondo, Minoss sabía que el amor mueve masas. Es lo que hace que el mundo gire. Existen muchas clases de amores, pero absolutamente todos los sentimos, por algo o por alguien.

Tengo una pregunta más. ¿Hay algo que pueda hacer por...?

Se vio obligado a callar de repente. Un dragón se había acercado a la mesa donde él y Sunny comían y bebían tranquilamente. Dicho hombre había estampado un colgante justo enfrente de Minoss, quién frunció el ceño y sintió evidente rabia por la afrenta. Hizo lo posible por retenerla.

Prometiste que la joya volvería loca a la capitana. No lo ha hecho.

Estoy seguro de que la joya volvió loca a la capitana, caballero. Quizá sea usted quién no me agrada tanto.

¡¿Cómo se atreve?!

No, ¿cómo se atreve usted a interrumpir mi velada con la dama? Hablábamos tranquilamente hasta que usted ha irrumpido cuál gandul.

¿Dama? ¡Es una humana, una esclava! Tal vez una fula...

Una dama, humana o esclava. Le ruego que se marche ahora. No voy a consentir un solo insulto más. ¿He sido lo suficientemente claro?

¡No volveré a comprarte joyas jamás! Eres una vergüenza para...

Las mujeres de Talos se alegrarán de que no puedas volver a agasajarlas. Buenos días.

Minoss arqueó una ceja y miró fijamente a Sunny. Quería seguir con la conversación.
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 21 2019, 18:51

Suny falló en contener una risa ante la invitación del dragón. En su cabeza se había imaginado al dragón  haciendo los quehaceres del hogar. Un imagen, muy graciosa, que  casi ocasiona que se atragantara con el agua. Tuvo que toser unas cuantas veces para recuperar el aliento.
Ya más calmada, volvió a sorber un poco de agua. Incluso se le había pasado el enfado. Y ahora estaba pensando que valía la pena ir a su mansión sólo para verlo en acción.
Y también, para hacerle esas preguntas directas que no podía hacer en un lugar tan concurrido.

El dragón estaba resultando ser toda una sorpresa para la esclava. Incluso su afecto por la lectura parecía sincero.

La verdad es que tampoco me gusta, en exceso, la poesía. Las novelas épicas y de fantasía son mis favoritas. Aunque desearía tener acceso a más libros...— dijo con un tinte de pesar, fijando su mirada en la de Minoss. Estaba preguntándose si el dragón poseía una buena colección de libros.

"¿Hay algo pueda hacer por..."

Pero la pregunta de Minoss había quedado inconclusa y Suny no había podido enterarse de qué se trataba. La chica buscó con sus ojos la causa de aquella interrupción y se sobresaltó un poco al ver a un hombre corpulento y de gran tamaño junto a la mesa.
Parecía tener cara de pocos amigos, y no tardó en enfrentarse a Minoss, al parecer por una joya.
La conversación fue subiendo de tono, y el intruso parecía cada vez más enfadado. Incluso se había metido con ella. Suny reprimió el enfado y la indignación recordando que no debía meterse en un altercado que podía llegar a oídos de su ama.
Sabía muy bien que no debía meterse en líos. Pero el desprecio que había sentido en la voz del otro dragón había sido tanto que sentía su pecho oprimido. Y maldijo, no por última vez, haber cedido a reunirse con Minoss en un lugar tan público.

Minoss no parecía enterarse de nada. Actuaba tranquilamente, como si el dragón furioso que tenía delante no le doblara en corpulencia.
¿Quizás su posición frenaría al otro dragón? éste parecía pertenecer al ejército, por su vestimenta, mientras Minoss era un aristócrata.
Incluso dentro de los dragones existía una jerarquía.
Aún así, el otro se veía tan enfadado...

Será mejor que nos marchemos...— sugirió la esclava mirando significativamente a Minoss, como para que entendiera que no quería verse envuelta en problemas.

Pero entonces el otro dragón descargó un puñetazo sobre la mesa que hizo que los platos y vasos temblaran.

¡Retira lo que que has dicho! — le ordenó con odio en la voz. Al aprecer no le había hecho gracia que Minoss lo ridiculizara delante de tanta gente.— Discúlpate. Y quiero el dinero de regreso. Si no lo haces... esta furcia será quien pague.— amenazó peligrosamente el dragón, al tiempo que sujetaba del brazo a Suny y la obligaba a levantarse usando su fuerza bruta.


¡Suélteme!— exclamó la pelirroja forcejeando con el agarre del dragón, mientras le miraba con furia contenida.— Su disputa es con él, no conmigo, señor.— reclamó la muchacho, mascullando casi con asco el dichoso "señor". Era una esclava y aunque era una injusticia lo que el dragón estaba haciendo, les debía respeto.

La esclava acaba de confirmar que había sido una pésima idea reunirse con el dragón. Ahora cómo se libraría de esa situación tan mala. Se sentía fatal con su ama. Todo por arruinar unos estúpidos zapatos de un aristócrata. Debía existir un límite para tanta mala suerte.

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Mensaje por Minoss el Mar Mayo 21 2019, 20:27

¿Marcharse? Sunniva no tenía ni la menor idea de qué era capaz Minoss cuando alguien le aguaba la fiesta y le molestaba. No era un mal hombre, pero tampoco era un dragón que estuviera dispuesto a dejarse mangonear por los demás. Si no lo hacía con humanos, tampoco lo haría con los de su propia especie.

El momento en el que el cliente descontento golpeó la mesa fue decisivo. Minoss ya había perdido la paciencia llegados a ese punto. Por eso agachó la cabeza y sonrió. Su mirada se oscureció, y cada músculo de su cuerpo se tensó. El corazón empezo a latirle con rapidez, pues su cuerpo se preparaba para la acción. Lo primer de lo que tendría que preocuparse era de sacar a Suny para que estuviera a salvo, pues no quería que sufriera daño alguno a causa del conflicto. Por lo demás...

En cuanto vio cómo le ponía la mano encima a Sunniva, Minoss se puso en pie, lanzando la mesa al suelo y empujando al dragón con todas sus fuerzas. Logró que, después de que Sunny se quejara del agarre, la soltara. El hombre se tambaleó mientras Minoss avanzaba hacia él. Varios paisanos ya se habían puesto en pie y habían empezado a vitorear o a mostrar su descontento; otros habían escogido abandonar la taberna. El dueño de la misma se acercó a Minoss para pedirle que resolvieran sus diferencias en la calle, no aquí.

Minoss estaba dispuesto a hacerle caso, pues le parecía lo más correcto socialmente. Sin embargo, el hombre que había agarrado a Suny dejó escapar un alarido y se lanzó sobre Minoss. El dragón apenas tuvo tiempo de esquivarlo. Ambos rodaron por el suelo. Forcejearon por el control mientras el tabernero advertía que pronto llamaría a los guardias.

¡No lo hagas, amigo! —gritó Minoss mientras cerraba el puño—. ¡Ya casi hemos acabado!

Ahora fue él quién dejó escapar un quejido. Levantó el puño con todas sus fuerzas y le cruzó la cara al dragón, haciendo que perdiera parte de sus fuerzas. Minoss se posicionó sobre él y le golpeó una vez más. Estaba perdiendo el control y, si no se controlaba, se transformaría allí mismo.

¡Si vuelves a tocar a esa chica, te garantizo que te cortaré la mano!

¡Es una esclava! ¡¿Qué demonios te importa lo que...?!

¡Es mi esclava! ¡Está marcada! ¡¿Cómo te atreves a hacerle daño?!

Las pocas personas que se habían quedado a mirar el espectáculo procedieron a fijarse en Suny. Si veían la marca, muy probablemente no la reconocerían y se tragarían la historia de Minoss. Eso si es que en verdad se molestaban en verificar la existencia de dicha marca.

Alzó nuevamente el puño, dispuesto a golpear al hombre por tercera vez, pero se dio cuenta de que él había perdido las ganas de combatir. De hecho, parecía incluso temer por su vida. A Minoss no le pareció acertado meter a los guardias de por medio, pues él también podía tener muchos problemas si descubrían que Sunniva no era su esclava en verdad. Prefirió dejar las cosas así. Se apartó de él y lo miró con desprecio.

No quiero volver a verte nunca. En mi joyería no eres bien recibido.

El hombre asintió y se marchó, humillado y derrotado. Minoss expulsó todo el aire que había retenido en sus pulmones hasta ahora. A continuación, preocupado e inquieto, caminó a paso ligero hacia Sunniva. Acarició su rostro con una mano y apoyó la otra en su hombro.

¿Estás bien? —preguntó, evidentemente con sinceridad. Empezó a rebuscar en su cuerpo para hallar cualquier clase de herida.

Poco le importaba qué pensara Suny de él ahora. Le bastaba con saber que estaba bien, sana y salva.
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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 22 2019, 19:33

Suny vio como en cámara lenta todo lo que ocurrió a continuación. El dragón grandote la liberó de improviso. La mesa se había precipitado sobre el suelo y Minoss se había agarrado a golpes con el otro dragón.
La pelirroja no sabía si seguir a los que estaban huyendo de la taberna o quedarse a ver  el resultado de la pelea. Sus pies parecían haberse anclado al suelo.
Había subestimado al aristócrata. Su cuerpo estilizado y su actitud altanera le habían impedido analizar lo evidente. Era un dragón. En conclusión, poseía una fuerza sobrehumana que no tenía nada que ver con su apariencia.
La esclava abrió los ojos, contrariada y sorprendida, ante la afirmación de Minoss. La había reclamado como su esclava para protegerla.
Era absurdo. Ridículo. Totalmente  incomprensible.

Escondió el pie, que llevaba la marca de Sybelle, detrás del otro; como si creyera que alguien iba a alzar su vestido y verificar  la verdad por sí mismo. Así que por un momento sintió verdadero miedo.
Eso debió reflejarse en su rostro porque Minoss la estaba examinando con preocupación.
La pelea había terminado, el otro dragón se había marchado al ser derrotado. Minoss le había ganado. La taberna había vuelto a caer en silencio, incómodo y peligroso para una esclava.

Las caricias en su rostro terminaron de espabilarla y fijó sus ojos en las del dragón.
Estoy bien. Sólo quiero salir de aquí...— dijo por fin, había un poco de urgencia en su voz. Quería evitar interrogatorios. No quería seguir allí cuando llegaran los guardias.

Así que sin esperar respuesta, salió a la calle, intentando no correr. Tenía que alejarse de allí.

Maldición....— masculló en voz alta, mientras buscaba algún callejón donde perderse.— ¿¡Por qué tuve que venir aquí!?

Divisó un grupo de guardias que se acercaba a la taberna, seguramente alertados por los que habían huido. Giró el rostro hacia el lugar que había abandonado y vio algunos hombres en la puerta que murmuraban entre ellos y  la señalaban.

El miedo se instaló con más fuerza en su pecho e intentó caminar más deprisa hacia el callejón.
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Mensaje por Minoss el Lun Mayo 27 2019, 12:42

Satisfecho con la respuesta de Sunniva, Minoss salió con ella a la calle. Entendía las prisas y también el enfado que debía sentir, pero este no era el mejor momento para perder la compostura. Por ese motivo la zarandeó ligeramente de su muñeca cuando la cogió de ésta, y la miró fijamente a los ojos mientras trataba de hacerle entrar en razón.

Estate tranquila. Has venido porque yo te lo pedí. Ya tendrás tiempo de culparme más adelante. Ahora hay que sacarte de aquí cuanto antes.

Él también podía tener problemas, y lo sabía, pero por algún motivo no terminaba de preocuparse por ello. Lo que lo inquietaba en verdad era el destino que Sunniva podía sufrir. Ni siquiera siendo esclava de otro dragón estaba segura contra los guardias de la Reina Madre. Ésta hacía todo cuanto deseaba, y nadie se atrevía a contrariarla.

Minoss caminó cerca de Suny, en dirección del callejón. Los guardias se dirigieron hacia ellos, y pronto dieron una voz para detenerlos. Minoss y Sunniva siguieron el confuso camino dibujado por las muchas paredes del callejón hasta que, finalmente, llegaron a uno sin salida. A un lado había un saliente de piedra. Minoss tiró de él y descubrió un pequeño cobijo en el que Sunniva cabía sin problema, así que se aseguró de que se ocultara ahí. Él se enderezó justo cuando los guardias llegaron frente a él.

Demonios, debo haberme equivocado de camino —murmuró Minoss, dándose la vuelta y haciéndose el sorprendido al ver a los guardias—. ¿Ustedes también se han confundido, caballeros? Aquí solía haber un atajo para llegar a…

¿Dónde está la mujer que te acompañaba hace un rato, dragón?

¿Una mujer? Demonios, si hubiese traído una conmigo aquí, nos habrían encontrado un poco ocupados y con escasas prendas…

¡Conmigo no te hagas el listo! Hemos visto a una chica, una esclava que te acompañaba. Queremos hacerle unas preguntas.

Claro, ¡la loable y leal tarea de la Armada Real! Defender siempre los intereses de la Reina Madre. Soy tan fiel defensor de vuestros ideales como vosotros mismos, creedme, pero no hay ninguna chica aquí. Podéis peinar la zona. Dudo que una esclava tenga la habilidad de volar.

Eso lo veremos.

Dos de los guardias avanzaron y pasaron a cada lado de Minoss, inspeccionando los alrededores. Era un callejón estrecho, sin salida, por lo que no había mucho que ver. Si veían el saliente de piedra, seguramente se percatarían de que ahí era el único lugar en el que Suny podía ocultarse. Minoss apretó los dientes y, entonces, se le ocurrió un plan.

Supongo que volveréis con las manos vacías si no encontráis a esa esclava imaginaria. Permitidme que me presente: soy Minoss, el joyero real. La Reina Madre no os pagará por vuestra incompetencia, pero ésa será su perspectiva. Yo creo que hacéis un gran trabajo. Os obsequiaré con esto.

Extrajo la joya que le había vendido al cliente descontento, el problemático. Los guardias se posicionaron enfrente de Minoss y miraron con asombro la preciosidad de la joya. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Minoss.

Esto debe costar millones… ¿Intentas sobornarnos?

Intento cooperar. Aquí no encontraréis a nadie. Coged la joya y haced buen uso de ella. Regalo de la casa.

Los guardias se miraron entre sí. El que parecía liderarlos acabó asintiendo y, esbozando una reverencia, se marchó con el resto de su grupo. Minoss esperó un par de minutos y volvió a la entrada del callejón para asegurarse de que no volverían. Después, regresó con Suny y la ayudó a salir de su escondrijo.

Tranquila. Ya estás a salvo —aseguró mientras le sonreía, acariciando su rostro y dándose cuenta de lo llena de polvo que estaba—. De algo tenía que servir la riqueza, al fin y al cabo.
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