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Mensaje por Eirik el Mar Ene 22 2019, 16:24

Eirik llevaba más o menos un mes bajo las órdenes de Thyraxes. Se le había explicado muy concretamente cuales serían sus tareas en ese hogar, básicamente de esclavo personal del dragón tirano. Porque él le dijo al conocerle que lo quería como asistente, pero cuando le dijo eso el híbrido pensó que le llevaría las cuentas, o la agenda, algo así como un secretario.  Desde luego en sus más alocadas fantasías no se imaginó ni por un momento las verdaderas tareas que estaría obligado a realizar para mantener contento a su nuevo dueño. Por no hablar de esas orgías llamadas fiestas que el dragón gustaba de montar en su propia casa. Todo en conjunto era muy desconcertante.

Aquel era un día como otro cualquiera. Muy caluroso. Thyraxes estaba disfrutando de ver los entrenamientos de sus gladiadores en la arena. A su lado, una mesa auxiliar alargada cargada de frutas variadas, y una jarra de buen vino frio. Eirik no había nacido para esto. Él servía para estar ahí en frente, en la arena, peleando por su honor y por su vida. Y no al otro lado del espectáculo, sometido a la voluntad de un ser que todavía no sabía muy bien por dónde tomar, hasta qué punto podía tirar del hilo de su paciencia sin romperlo. ¿Cómo sería de fiero el dragón castigando a sus esclavos? Suspiró apartando una mosca de un racimo de uvas dulces.

“Si no hago algo pronto me volveré loco” pensó el de orbes esmeralda. Había demasiada perfección en aquella casa. Demasiada  limpieza. Todo tan blanco e impoluto. Incluso él mismo iba vestido como el resto de sus esclavos, con una túnica blanca corta y unos pocos adornos de plata. A veces se imaginaba a sí mismo lanzándose de cabeza dentro de un barrizal, solo por el maldito placer de verle la cara a su queridísimo dueño cuando le viese así de sucio.  “Me pregunto qué pasaría si yo...” asomó una leve sonrisilla traviesa. Si bien rebelarse contra sus dueños dragones estaba duramente penado, ¿quizás solo hacer una pequeña travesura podía tolerarse? Si no lo intentaba no podría saberlo.

Al ver la copa del dragón vacía, Eirik supo que ésa era su oportunidad. Se la cogió con cuidado – Yo te la lleno – le dijo de manera educada. Agarró la jarra de vino y comenzó a rellenar el recipiente con el que Thyraxes estaba bebiendo. Cuando ya estaba casi del todo, el ojiverde hizo ver que estornudaba de pronto - ¡Achuss! – y todo su cuerpo se movió (a proposito) manchándole al dragón  su impoluta ropa con ese rojo tinto divino – ¡Uy perdona! – exclamó, buscando algo con lo que poder secarle, aunque aquella disculpa quedaba reducida a nada, pues una delatante sonrisilla de satisfacción asomaba en el rostro del esclavo. Hasta los gladiadores habían dejado de pelear y miraban al dragón con gesto asustado. ¿Quizás se había pasado un poco? Bah, solo era una pequeña travesura para animar la jornada. Tampoco era para tanto.




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Mensaje por Thyraxes el Miér Ene 23 2019, 16:15

Thyraxes se consideraba un ganador, un triunfador en toda regla y estaba seguro de que la suerte le sonreía con asiduidad, porque hacía un mes que en uno de sus viajes a la dorada Edén, había encontrado una joya sin pulir. Un espécimen de híbrido joven con bastantes peculiaridades, sin cicatriz, perfecto para pasar inadvertido ante la inquisición, con todas las cualidades de estos pero quizá algo más. Era una pieza única, un chico que reunía todas las cualidades que deseaba en los de su especie, aunque se lo había tomado con calma, no quería asustar aún al chico, trataba de tomarle la medida. El maestro de gladiadores podría haber empezado fuerte, pero en esa ocasión, al verle, no pudo resistir la idea de analizarlo, tenerle vigilado para ver como era, su comportamiento.

Aquella mañana se levantó como siempre, vestido elegante y dispuesto a ver los entrenamientos en la arena. Compró una nueva partida de esclavos con potencial y su mano de hierro instructora, los tenía a todos trabajando, enseñando a los nuevos lo que se esperaba de esa chusma, la gloria o la muerte. El dragón se acarició la barbilla con los dedos, en su mano portaba varios anillos de exquisito gusto, que complementaban su vestuario tan sobrio y caro. Tenía al chico al lado, para atenderle, aún no se conocían bien, el chico no tenía idea de la verdadera cara de su amo, sus secretos más oscuros y protegidos en lo profundo de ese Coliseo. Y el dragón asumió que el chico no estaba suelto aún, le faltaba tomar confianza y comportarse como un chico joven.

Le tendió la mano con la copa cuando se la fue a rellenar y no lo vio venir, ese gesto que le empapó la ropa del licor tan caro, dejando una mancha que difícilmente iba a saltar tras lavarla. Se levantó de golpe, habiendo notado en el tono de voz del chico que no había miedo, no era una disculpa auténtica y encima los gladiadores se habían quedado mirando. El dragón se mantuvo serio, mirando con sus orbes rubí a ese esclavo, tan mono y a la par temerario. -Tienes la tarea más importante y sencilla dentro de esta casa, un lujo para cualquiera de mis esclavos y lo que haces es manchar mi ropa y montar un numerito.- murmuró con mucha tranquilidad, quizá demasiada, algo alarmante para quien le conociese.

Alguno de los gladiadores llegó a reírse de la situación, cosa que no gustó al pelirrojo y este pronto se hizo notar. -Eres nuevo aún, no conoces mis métodos y se que no te gusta tu nueva situación, muchos años haciendo esto, pero hoy es un buen día para que te muestre como imparto castigo.- mencionó, chasqueando los dedos. Fue todo, con ese gesto el gladiador que se había reído fue atado a un poste de entrenamiento y el maestro de batalla, desenfundando su látigo con varias puntas acabadas en acero, empezó a dar latigazos ante la mirada de todos. Cuando este restalló por vigésima vez, no se detuvo, le dio la vuelta y le cortó la lengua, para que jamás pudiera volver a reír.

El dragón ni se inmutó ante eso, pero procuró que Eirik viese todo, para luego llevar una mano a su cuello, apretando levemente, manipulando al chico sin dificultad hasta el borde del balcón, pegando su espalda a la baranda de mármol. -Eirik... un mes, llevo esperando todo este a tiempo a ver tu verdadera cara, así que no me la escondas, seamos sinceros entre los dos. Porque eres mío, mi esclavo, te llevé por una razón, porque eres más especial de lo que crees, no quiero hacerte daño pero si tengo que castigarte, lo haré.- dijo despacio, manteniendo el contacto visual en todo momento. Le estaba dando libertad, si, la libertad de que hablase, de que dijese lo que pensaba y se comportase como era él, quería que se acabase la cortesía y la modestia falsa, el teatro que movía a ambos. Necesitaba conocer verdaderamente a Eirik, porque el muchacho no era estúpido, debía saber ya que el dragón solo estaba jugando, que tenía planes para este. El híbrido había visto sus fiestas, su rutina, como dormía y amanecía con hasta 3 esclavos en su cama, todos atendiéndole, ese extraño bote que tomaba con asiduidad y que parecía un misterio.




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Mensaje por Eirik el Miér Ene 23 2019, 17:17

Realmente tirarle el vino por encima no había sido la mejor idea de su vida. Ver al dragón más serio que iracundo era espeluznante. Esas primeras palabras cargadas de veneno eran para Eirik como la calma justo antes de que apareciese un terrible huracán destrozándolo todo a su paso. El híbrido dejó de buscar algún trapo con qué secarle y se quedó quieto, mirando a su nuevo dueño fijamente, bastante asustado imaginando mil cosas terribles que ahora él podía hacerle como objeto de su propiedad. “Soy rematadamente idiota” se dijo a sí mismo manteniendo el silencio. Y aquel primer pensamiento quedó confirmado cuando Thyraxes le dijo que aquel era un buen día para que le mostrara como impartía castigos. El miedo que sentía el de orbes esmeralda pasó a atenazante terror de ser torturado y perder alguna extremidad importante “Idiota idiota idiota” se repetía en la mente, poniéndose cada vez más pálido.

Pero estaba muy equivocado. Aquella penitencia no estaba pensada para él, sino para el pobre gladiador que le rio la pequeña gracia a Eirik. Joder, se sintió aliviado cuando observó cómo ataban al luchador a ese poste. Quien diga que no se sentiría así en una situación como esa miente descaradamente. Claro que se sentía mal por él, pero al mismo tiempo era un gran consuelo no ser él mismo quien estuviera ahí colgado. Además fue el gladiador quien decidió reírse. Eirik no le había obligado. Eso pensaba el híbrido, intentando quitarse de encima parte del peso de la culpa que no podía evitar sentir. Sabía que ese castigo era completamente por su causa, por haberse mostrado irrespetuoso con su amo dragón. Y éste en vez de aplicar la sanción en quien cometió la falta, lo hacía sobre otro que cometió un fallo mucho menos grave que él, a su modo de ver.

Cada vez que aquella barbaridad de látigo estallaba contra la espalda del penitente, destrozándosela por completo, incluso haciéndole saltar pedazos de piel y carne que caían al suelo junto a la sangre del condenado, el cuerpo del ojiverde sufría una pequeña sacudida, como si fuera a él mismo a quien estuvieran azotando por descarado. No quería ver lo que estaba sucediendo frente a él, le estaban entrando ganas de devolver solo con los golpes, pero sentía que al menos le debía aquello a aquel desconocido que había tenido la mala suerte de estar en el lugar equivocado con el amo más terrible. Le debía no apartar su mirada de él porque ese castigo era suyo y de nadie más. Pero esa promesa autoimpuesta fue rota en el instante en que al desgraciado le cortaron la lengua. Eirik susurró – Joder... – y giró el rostro, cerrando los ojos para no ver más de aquella carnicería sin sentido.

Thyraxes lo agarró del cuello y lo movió hasta colocarlo contra la baranda del balcón. Y le habló de la manera más sincera que había escuchado hasta la fecha, en que todo eran normas, horarios, vestimenta, y un larguísimo y monótono etcétera. Así que le escuchó, con el estómago todavía revuelto por lo que se había visto obligado a presenciar. Tenía los puños apretados. No respondió en seguida, porque se le amontonaban demasiadas palabras que quería soltarle a ese malnacido. Al final, sin apartar la mirada de los orbes fieros del dragón que era su amo, Eirik se soltó y sacó todo lo que llevaba guardándose por tantos días - ¿Quieres ver mi verdadera cara? ¿¿en serio?? Quieres que me comporte como soy, pero me das una jodida lección de qué coño pasa cuando se te falta al respeto. ¿¿cómo demonios se supone que debo ser yo mismo, mientras vivo aterrado pendiente de si haré algo que despierte tu ira?? ¿¡cuánto tardarás en mandarme azotar y cortarme a mí la lengua por descarado!? – apenas si respiraba, y soltaba todo aquello de manera atropellada. Si iba a morir por hablar más de la cuenta, al menos que pudiera quedarse a gusto explotando con su amo dragón, así el castigo por hacerlo le había valido la pena.

Eirik estaba temblando de los putos nervios. Pero siguió hablando, mientras le caían lagrimas por sus orbes de gato - ¿Te crees que no me he dado cuenta de que me tratas distinto al resto de tus esclavos? Pero no me dices porqué. ¡Me acusas a mí de no ser sincero, cuando tú tampoco me has mostrado tus verdaderas intenciones conmigo en todo este tiempo! Si no me quieres como otro esclavo más, ¿qué es lo que quieres de mí? Porque de verdad que no logro entenderlo – se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. A pesar de estar llorando, se mantenía todo lo firme que podía y con el ceño fruncido, sin apartar su mirada del temible dragón que tenía literalmente su vida en sus garras - ¿Querías saber cómo soy en realidad? Pues así, ni más ni menos. No me gusta tener que morderme la lengua. No me gusta mentir. No me gusta ver cómo castigan a otros por mi culpa. No me gusta que me secuestren con oscuras intenciones – entonces intentó calmarse un poco respirando hondo, porque no todo había sido malo – Tampoco soy un desagradecido, Thyraxes. Tú podrías haberme tratado mal hasta ahora, y no lo has hecho. Me has dado ropa limpia, un hogar decente, comida. No has intentado propasarte conmigo, a pesar que parece que vivamos en una orgía constante(? – bajó la mirada a su ropa manchada de vino – Incluso no me castigas cuando más lo merezco. ¿Qué tengo yo de especial para ti? Quizás si entendiera qué pasa por tu cabeza me sentiría menos enfadado contigo – y quizás al dragón se la sudara de canto cómo se sintiera él. Pero bueno, ahora las cosas ya estaban dichas, había puesto sus cartas a la vista del contrario, y solo faltaba que él se quitara su máscara y se le mostrara como realmente era. O mandara despellejarlo vivo. A saber. Kausi se cruzó de brazos - Y ya que estamos, ¿qué demonios es eso que bebes siempre? - sentía curiosidad por saberlo. ¿sería algún tipo de medicina o algo así?.




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Mensaje por Thyraxes el Miér Ene 23 2019, 20:39

El señor del coliseo fue consciente de que el castigo a ese gladiador desagradó a Eirik, pero si el dragón tenía que castigar a alguien por un comportamiento que no le gustaba, lo hacía y se aseguraba que jamás lo olvidase. Era lo más dulce, mirar a los ojos de quien sabe que va a sufrir, el decir que no habrá piedad por más que se pueda suplicar el perdón o la clemencia. Cuanto antes conociese el lado oscuro que dormitaba en su interior, mejor le iría, pues los híbridos eran pasajeros para el pelirrojo, podía tener muchos, solo los vaciaba de sangre. Quizá ese chico era la excepción, muy consciente de ello era, mas no le preocupaba, no le daba vergüenza admitir que estaba fascinado con su naturaleza, que por eso le había dejado más libertad que a los esclavos recién comprados, porque tenía parte de dragón.

No supo cuanto tiempo pasó exactamente desde que lo arrinconara contra la baranda del balcón, desde que mirase sus ojos fijamente y sintiera su cuerpo reaccionar con temor, pues era razonable teniendo en cuenta la facilidad con la que se lo llevó de Edén y lo podía retener, superior por su naturaleza de dragón. Pero lo vio, la chispa, justo cuando separó los labios para hablar y soltar toda esa frustración que tenía dentro, provocando una sonrisa en el dragón, un destello en sus irises escarlata porque al fin mostrase un comportamiento normal, no exento de razón en lo referente a los castigos, pero no conocía del todo al aristócrata, este castigaba de distinta forma dependiendo de la utilidad del esclavo, un gladiador era prescindible y reemplazable, ese híbrido en concreto, no. -Si hiciera eso no podría replicarme como ahora, me gusta mantener un estatus, pero no te equivoques, esos gladiadores mueren a diario, tú, pequeño corderito, no puedes morir, tus castigos serían otros y por fortuna para ti, si te transformas te sanas, así que te curarías rápido.- fue una revelación siniestra, quizá no hubiera caído en eso, pero si, cualquier daño no letal que le hiciese, se podía arreglar fácilmente.

La frustración y temor dieron paso al llanto, relamiéndose al ver esa faceta del híbrido también, tan joven... tan influenciable aún y manejable. El chico tenía razón en que no estaba siendo sincero con este, en algo que le concernía, pues su sangre era el premio que más ansiaba, por encima incluso que su cuerpo. Pero no, se había contenido de probarle, consumiendo híbridos normales, sin haber probado en años la sangre de dragón, la pura. El chico decía querer saber la verdad y lo sopesó, porque quizá eso le asustase más, no era consciente de si sabía lo que se decía de la adicción de los dragones a la sangre de los suyos, era algo que se hablaba poco porque estaba muy mal visto y castigado con esclavitud o exilio. Al parecer también tenía remordimientos, un lastre si se pretendía sobrevivir en ese mundo, pero todo lo que decía, todos sus reproches, eran aceptables para el dragón, que tenía claro que había llegado el momento de darle su verdadero trabajo al chico. Le explicaría qué era ese bote, mejor dicho, se lo enseñaría, tuvo el acierto de agradecer todo lo que le daba al menos, cosa que agradó a una persona controladora como Thyraxes. -Bien... pues que se acabe la pantomima, es hora de que aprendas quien soy y ya de paso, que te marque como mío... a fuego, pues todos han de saber es tu amo.- ordenó que siguiera el entrenamiento y agarró al chico de la túnica para meterle dentro de la casa, aunque no quisiera.

Lo condujo hasta el salón y empujó contra el sofá para que se quedase allí, mientras rebuscaba en un cajón los botecitos que tanto consumía. Dejó uno vacío en la mesa y metió al fuego un hierro candente, sabiendo que el otro sabía lo que pretendía, pero era mejor no intentar escapar, aunque eso no lo sabía el chico, si lo hacía, sería malo para él, si lo aceptaba, al menos tendría de Thyraxes consideración. -Eres un híbrido, tu sino es morir por orden de la Reina, pero yo os doy mejor uso, he estado procurando tenerte sano para poder tomar de ti lo que quiero. Algo que solo los de tu especie me pueden dar, así que, ahora que nos sinceramos, sabrás algo más de mi.- espetó.

Tomó una daga de la mesa y se acercó al chico, mirándole, mientras la punta de la hoja acariciaba el índice de la mano con la que no la sujetaba. -Te interesa saber que se cazar a los tuyos y se me da bien, sois prescindibles para mi, así que yo tendría eso presente.- masculló, para tomar también el botecito y fue directo al chico, tomando su brazo para cortar este, no muy profundo, apretando para que la sangre cayese en el bote, nublándose el olor, dilatando sus pupilas solo de olerlo. No dejó que forcejease mucho, lo necesitaba quieto y cuando terminó de llenar el bote, entonces le libró. Tomándose el contenido, para que su cuerpo vibrase, pura excitación provocada por la droga que era para el, relamiéndose con necesidad. -Jo... Joder...- había sido más violento de lo que pretendía, pero ahora lo sabía, estaba enganchado a la sangre de dragón, encima la de ese chico era mejor, se acercaba tanto a la pura que sintió su cuerpo estremecerse, completamente extasiado con el sabor.

Dejó caer el bote, limpiándose los labios con el pulgar y chupando este, algo más relajado ahora que había tomado una dosis. -Si... no me equivoqué contigo... eres justamente un puto ser único.- dijo sin miramientos, para mirar al chico de esa forma algo lujuriosa que tenía a veces. -Eso es lo que quiero de ti, tu sangre, por eso eres tan valioso, porque no he visto otros como tú y no puedo dejar que desempeñes cualquier papel, tienes que estar cerca de mi. Además, tus funciones son importantes para mi, me gusta que siempre estén pendientes de mis necesidades.- soltó sin más, acercándose como un animal para lamer toda la zona del corte en su brazo y luego besarle, si, sin permiso, sin importarle que le apartase, mordiese o pegase, mejor que se mostrase como era. Le besó manchando su boca de sangre, mordiendo su labio inferior, casi susurrando contra su boca. -Tu eres mi esclavo, mi droga, me darás tu sangre cuando la quiera, pero además de eso, me servirás vino, comida y vendrás conmigo a mis viajes para asegurarte que no me da sed de sangre. Y por supuesto, te abrirás de piernas para mi por las noches para darme todos los placeres que yo desee, ya no tienes libertad, tu vida es mía, tu cuerpo también. Cuando ese hierro marque tu piel, será un hecho.- si quería sinceridad, la tuvo, manteniéndole cerca, procurando que lo entendiese.




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Mensaje por Eirik el Miér Ene 23 2019, 23:43

Cuando Eirik le soltó todo aquello que llevaba dentro guardado por cerca de un mes, Thyraxes le respondió que la clase de castigos que aplicaría sobre él serían distintos a los de los gladiadores, y que además el híbrido tenía la ventaja de poder curarse – Vaya suerte la mía, sí… – susurró no muy convencido. Así que sí debía preocuparse por no cabrear hasta un punto demasiado elevado a su amo dragón. El problema era que todavía no sabía dónde carajos andaba ese punto en realidad. Al menos el pelirrojo parecía no querer arrancarle la cabeza y dársela de comer a los leones por aquello. Realmente Thyraxes escuchó todo lo que le dijo, a pesar de habérselo soltado sin más, en pleno arrebato de rabia. Y no solo eso, le estaba respondiendo con elocuencia a cada una de sus cuestiones. Estaba tratando a Eirik como a un ser vivo con el que dialogar, y no como a un mero objeto que le procurara comida o diversión. El dragón ganó un par de puntos con ello a la vista del menor.

El híbrido apodado Kausi agradeció cuando el contrario dijo que se terminaba el teatro entre ellos – Te lo agradezco - ¿porqué no iba a decírselo? realmente sentía que el dragón no le había mentido, y que quería conocerle como era él en realidad, y ahora tocaba a la inversa. El ojiverde esperaba que el resto de las dudas que todavía le quedaban pendientes quedaran disipadas. Esas palabras el chico las dijo antes que su amo comentara que quería marcarlo a fuego como de su propiedad. Eso era algo que Eirik sabía que pasaría antes o después, con Thyraxes o con cualquier otro dragón que le hubiera comprado, como a cualquiera de los esclavos residentes en el castillo de Helga y Ottar. No le daba miedo el daño que pudiera causarle, aunque sabía que dolería de lo lindo. Es más, por lo que tenía entendido, una vez marcado como de su propiedad, ningún otro dragón podía ponerle la mano encima. Es decir, que aceptar esa marca conllevaba ciertas responsabilidades y aceptación del mandato de Thyraxes, pero se quitaba de encima el problema de tener que lidiar con el resto de las bestias. – La verdad, me sorprendía que no me la hubieras puesto en el momento de reclamarme como tu esclavo – le comentó con franqueza, mientras era llevado al interior de la casa.

El dragón de orbes carmesí lo empujó contra el sofá y marchó a buscar algo. Evidentemente, la mirada del joven híbrido se posó sobre el hierro que dejó al fuego. A pesar de que sabía que debía hacerlo, que estaba más que preparado, y que se repetía a sí mismo que aquello no sería más que aceptar llevar la marca de Thyraxes para que se sintiera complacido con él, Eirik sentía cierto desasosiego interior que no sabría exactamente identificar. Si lo pensaba, el pelirrojo no era el peor amo que podría haberle tocado. La mayoría eran crueles y sádicos con sus esclavos. Cualquier otro ya le habría despellejado la espalda por esa jugarreta que le hizo. Pero Thyraxes no sólo no hizo nada de todo eso, sino que además se preocupaba por conocer qué pensaba él. Era un dragón valiente, decidido, que no dudaba en reclamar lo que creía que era suyo. Alguien que tenía un negocio que era conocido en todo el mundo. Era un dragón a su manera retorcida elogiable por sus virtudes. Pertenecerle a él precisamente y no a cualquier otro le ponía nervioso, pero en un extraño y tortuoso buen sentido. Y por eso se sentía desconcertado. Y por ese motivo no peleó por no ser marcado. Aunque evidentemente no dijo nada de todo esto en voz alta. No estaba tan loco.

La voz de su amo le hizo prestarle de nuevo atención a él, y dejar ese hierro al rojo a un lado por el momento. Escuchó sus palabras – Si, ya lo sé eso. Soy una abominación y estaría mejor muerto, según su majestad dragona – lo que no entendía era qué podía tener él de interés para Thyraxes. Verlo venir con esa daga en las manos y con esa forma de mirarle, mientras le decía que le encantaba cazar híbridos como él y que era del todo prescindible - ¿Pero no dijiste que me necesitabas? – le preguntó, aturdido por sus comentarios. ¿¿No le quería vivo y sano a su lado?? - ¿¡Que haces!? ¡¡Suéltame!! – le gritó, intentando apartarse de él, pero evidentemente poco pudo hacer frente a la diferencia de fuerzas, y el contrario le tajó la piel del brazo y recogió su sangre con uno de esos botes que siempre le veía beber – No me jodas Thyraxes – pero sí le jodió, sí. No contento con dañarle, ahora el muy loco se estaba bebiendo su sangre ¡¡Bebiéndosela!! - ¿Qué cojones te pasa? ¿Tienes complejo de vampiro o qué? – Kausi dio unos pasos hacia atrás. Él había oído ciertos rumores de dragones que eran adictos a la sangre de otros dragones, pero no se le ocurrió pensar ni en un millón de años que la sangre de alguien como él, considerado repulsivo para la raza reinante dracónica, pudiera causar semejante adicción.

Thyraxes le estaba asustando de verdad ahora. El vampiro pelirrojo tiró el bote, se relamió y le dijo que no se había equivocado con él – Pues yo sí que me equivoqué contigo ¡Pensaba que estabas algo más cuerdo! – exclamó, replicándole a su comentario, porque eso era… era absurdo. No podía comprenderlo. - ¿Qué quiere decir otros como yo? – a ver si conseguía más información, porque su entendimiento de aquel asunto seguía muy lejos de ser el que le gustaría. – Hay muchos híbridos por el mundo. No soy único – dijo muy seguro de sí mismo. Thyraxes le habla de estar pendiente de sus necesidades, permaneciendo cerca de él. – Claro, por si te apetece un traguito no tengas que ir a buscarlo demasiado lejos – genial, Eirik había pasado de esclavo-objeto a esclavo-petaca. Pero bueno, al menos ahora conocía el oscuro secreto de aquel dragón y porqué se había emperrado en mantenerle retenido a su lado. – ¡Eeeeh…! – Kausi se sobresaltó cuando el demente pelirrojo le saltó encima para lamerle el brazo y ¡¡¡Besarle!!!

Joder. Nada tenía que ver ese beso apasionado y lujurioso, cargado de morbo hasta la saciedad, con los cuatros besitos irrisorios que hubiese dado a Lynnete en el pasado.  Ese dragón ardiente como la lava estaba literalmente poseyendo su cavidad bucal con su lengua y sus labios machados de rojo carmesí de su propia sangre de sabor férreo. El híbrido se había quedado sin aliento con aquel morreo de su amo dragón. No fue hasta que el contrario se apartó lo justo para susurrarle aquellas cosas que no logró volver a recuperar el control de sí mismo. – Thyr… Thyraxes… - murmuró su nombre, alzando ambas manos para ponerlas sobre su torso y mantener cierto espacio vital entre ellos. Espera… ¿¿¡Había dicho abrirse de piernas!?? No no no eso estaba pero que muy mal. Tenía que conseguir convencerle de lo contrario, pero ya mismo – Oye mira. Esto de la sangre es raro, no lo voy a negar. Y no es que sea la ilusión de mi vida. Pero creo que a la larga quizás podría acostumbrarme. Todo es intentarlo – no le estaba engañando. Por algún extraño motivo, los orbes de Eirik pasaron de los orbes escarlata ajenos a sus sensuales labios y luego otra vez a sus ojos – No pondré pegas a que me marques a fuego, ¿vale? Te serviré comida, te acompañaré donde quieras – añadió, sin dejar de presionar sus manos contra su cuerpo, para que le dejara hablar y no volviera a saltarle encima cual depredador hambriento de comida – Pero yo no… a mí no… ¡No soy gay! ¡Me gustan las chicas y punto! – le dijo – Ya sé que como esclavo no puedo elegir, pero joder, si te he visto en esas fiestas, y cada mañana cuando despiertas con dos o tres esclavos en tu cama. Tienes a la mitad de Talos dispuesta a meterse entre tus piernas sin quejarse… ¡si debes estar aburrido de ver tanto culo! Si lo que quieres de mí es mi sangre… ¡Eso no tiene nada que ver con el sexo! Toma toda la que quieras, pero deja mi trasero tranquilo – el híbrido podía intentar complacerle en casi todas las cosas que había pedido. Pero en eso no daría su brazo a torcer. El era un atleta. Un combatiente. Alguien ilustrado. Y hetero. Eirik no era un esclavo que debía ser destinado a ser sodomizado por un dragón pervertido y salido.  – Así que márcame y dejemos estar eso, ¿vale? – Thyraxes quería sinceridad , pues ya la tenía.




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Mensaje por Thyraxes el Jue Ene 24 2019, 19:17

Se trataba de sorprender, que el dragón optase por no poner una marca a fuego en el mismo momento era todo parte de su plan maestro para que el contrario se sintiese relajado, todo con el objetivo mencionado anteriormente de que su sangre mantuviese todas las cualidades y fresca. También porque marcar a un híbrido era innecesario cuando estos apenas llegaban a durar, era un malgasto de tiempo y ponerle un marca en la piel que la alterase, en aquel caso el chico le parecía demasiado mono como para tal acto. Pero no dijo nada al respecto, ya vería lo que tenía preparado para él, al final la marca funcionaría a un nivel psicológico más que físico, le haría ver que no tenía escapatoria, solo rendirse a su nuevo amo, a quien podía partirlo en dos como a una simple rama o procurarle un bienestar que distaba mucho al del resto de dragones pues en aquella casa, todos se mantenían bellos y cuidados.

Las reacciones del chico fueron las esperadas, quizá menos miedo que otros, pero ahí estaba, el desconcierto, el saberse en peligro de verdad por querer de él algo muy importante, su sangre... delicioso, cálida, un néctar especial. El dragón no se sentía con ánimos de contestarle nada, porque su mente era una explosión de sensaciones, todos sus sentidos centrados únicamente en su objeto de deseo. Pero al menos ahora el chico era más consciente que nunca de lo que estaba pasando en esa casa y Thyraxes, que era un maestro de los secretos, creyó oportuno que fuera consciente, porque no hablaría, el chico tenía más que perder que el propio dragón, su palabra era mucho más válida que la de un híbrido, nadie le haría caso y si al dragón que ostentaba una posición privilegiada en esa sociedad.

La risa del dragón, siniestra, resonó por la sala. -Lo entiendes perfectamente, estás cerca para procurar que no haya problemas con mi adicción. Se que te sorprenderá este asunto, pero espero que lo lleves con elegancia, después de todo, te puedes curar y un tajo no es nada para ti. Soy bastante normal, estoy cuerdo... ¡Ni se te ocurra insinuar lo contrario!.- espetó iracundo, rompiendo un jarrón de un manotazo, lo hizo volar contra una pared, dejando claro que las alusiones a una posible locura le desagradaban hasta un extremo peligroso, no quería sentirse así, enloquecido ni dependiente de nada, aunque fuera la verdad. Era mejor que el chico fuese con cuidado con según que cosas, quizá por eso lo calló con el beso, para que no siguiera hablando y la cagase hasta el punto de recibir una paliza de las buenas.

El dragón pudo apreciar el suspiro, como ese beso había dejado aturdido al chico y aunque este puso las manos contra su cuerpo para mantener una distancia que le hiciera sentir seguro, no iba a valer de nada. Tardó en reaccionar y su comportamiento estaba dentro de lo esperado también, pero no agradó al dragón, que tenía muy claro quien daba las órdenes y lo que les pasaba a quienes le desafiaban. Si a ese chico le había permitido tras esa charla mostrarse un poco más esquivo, borde y rebelde, era por el juego, por la novedad, el querer salir un poco de la monotonía de esclavos que nunca le contrariaban, pero manteniendo una cosa clara, el seguía estando por encima y su palabra era ley. Los intentos por decirle que no tenía esos gustos y su patética forma de querer llegar a un acuerdo no surtieron efecto, el dragón le miró como si se estuviera aburriendo y cuando acabó solo negó con la cabeza. -Te has puesto nervioso Eirik...- sonrió con prepotencia. -Tu sangre ya la voy a tener, tu compañía también... no pienso negociar contigo lo que puedo o no hacer contigo. Eres mi esclavo personal, como te mencioné antes, debes procurar que esté cómodo y atendido en todo momento y no estás en posición de negociar nada. Me da igual cuantos muchachos o chicas puedan pasar por mi cama, tú lo harás.- sentenció, mirándole serio, sin ápice de duda.

El dragón no le repetiría las cosas, creía que estaba ya todo dicho. -Quiero ver al auténtico Eirik siempre, a riesgo de encontrar cosas que me desafíen, no eres como el resto de esclavos, tienes ese privilegio. Pero ten presente una cosa, por más que te permita ser borde, replicarme, incluso que seas violento conmigo... yo sigo siendo quien manda en esta casa, tú jamás podrás escapar de mi voluntad.- agarró su cuello con fuerza, acompañando así sus palabras de un gesto imponente. -Me da igual que no te gusten los hombres, no he pedido tu consentimiento ni tu aprobación.- apretó la mano entorno a su cuello para privarle ligeramente de aire y tras eso lo elevó del sofá para lanzar a este cerca de la chimenea, con poco esfuerzo, caminando a paso seguro hasta el chico y sacando el hierro del fuego. Rasgó su túnica sin miramientos y pegó el candente hierro a su omóplato derecho para dejar la marca, mientras su mano recorrió su cuerpo, de forma obscena, hasta llegar a su pelo, del cual tiró. -Cuando considere que estás listo para mi, tú vendrás a mi y yo disfrutaré de mi híbrido... porque resulta que eres una fruta madura, lista para ser recogida del árbol... una delicia.- retiró el hierro de su piel, ordenando que trajesen otra túnica para el chico, para que se vistiera con ella.




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Mensaje por Eirik el Vie Ene 25 2019, 01:09

El dragón adicto a la sangre de sus congéneres, y a la suya también al parecer, soltó una risotada que le heló el alma al menor. Le confirmó que eso era precisamente, ni más ni menos, lo que esperaba de él. Mantenerse cerca suyo para cuando se le antojara beber no tuviera que buscarlo demasiado lejos “Pues que bien” realmente a Eirik le molestaba más ser usado como recipiente/objeto que el asunto de la sangre en sí, que era perturbador, pero soportable. Se encogió de hombros cuando su amo pelirrojo, cabreadísimo, rompió aquel jarrón de un golpetazo “Mierda” pensó “Acabo de meter el dedo en una llaga y de las que le duelen”. El de orbes esmeralda estaba en pleno proceso de aprendizaje. Si realmente iba a ser su esclavo, debía aprender cuanto más mejor de su dueño. Saber qué cosas podía decirle, y qué temas era mejor no tocar. Y estaba claro que insinuarle que no estaba bien de la cabeza era pasarse de la raya con él. Así que tomó nota mental para no olvidarlo. Porque un día de estos, quien recibiría el castigo no sería un gladiador, o un jarrón, sería él mismo, y se arrepentiría de haberlo hecho cabrear, y más si era con algo que sabía que hacía saltar al contrario.

Eso sucedió justo antes de aquel profundo beso que le hizo perder momentáneamente la cordura. Y tras el largo monólogo de Eirik, Thyraxes le respondió que notaba perfectamente que estaba nervioso, y que no pensaba discutir con él ningún punto del trato. El híbrido era el esclavo, el dragón el amo. El amo ordena y el esclavo cumple. Esas eran las normas. Así estaban las cosas. A pesar de todo, el pelirrojo añadió que quería verle a él tal como era, sin máscaras. Pero sin olvidar nunca quién era el amo y quien el esclavo – Entendido – respondió seco, porque no era eso lo que él quería. Pero tampoco pretendía molestarle aun más de lo que ya le había enfadado con el asunto de la locura. Su bruto dueño le agarró del cuello y apretó, provocándole que se le hiciera difícil el respirar – Hhng… dije… que lo había… entendido… hhhn… - respondió el híbrido de orbes esmeralda como buenamente pudo. Pero el dragón no solo se refería a quien mandaba y quien obedecía. Evidentemente Thyraxes no estaba nada contento con aquello que le dijo Eirik sobre no ser gay como él. Pero a eso ya no pudo replicar nada, porque su mano comenzó a estrecharle todavía más fuerte su pobre cuello. El híbrido puso sus manos sobre la del pelirrojo, intentando apartársela un poco para conseguir tomar aire.

Y de golpe y porrazo el muy bestia le hizo volar por los aires, estampándole en el suelo junto al fuego de la chimenea - ¡Ah! ¡Joder! – se quejó el menor cuando su cuerpo chocó violentamente contra el piso. – Me cago en la puta… podrías habérmelo dicho y me venía yo solito hasta aquí – aquel vil ataque a su persona no lo había esperado y realmente le dolió el golpe. Se acarició el codo, que fue lo primero que tocó el suelo. Si, vale, se podía regenerar fácilmente. Pero eso no evitaba que sintiera dolor cuando le maltrataba de aquella forma tan salvaje. Eirik no lo sabía, pero su tormento solo había hecho que empezar. Thyraxes se acercó a paso firme hacia él y le rompió sus ropas, apretando con furia el maldito hierro ardiente contra su piel - ¡¡GGGGHhhhHHHhhhHH!! – maldita sea. El híbrido no quería gritar de dolor por estar siendo marcado por su amo. Trató de contenerse con todas sus malditas fuerzas. Incluso se mantuvo completamente quieto en el momento del marcaje, no quería que el dragón opinase luego que no se podía ver bien y se le ocurriera la maravillosa idea de repetirla. Aquel era un proceso habitual por el que pasaban todos los malditos esclavos, pero joder como escocía esa puta quemadura - ¡¡AAAAaaaAAAAAaaaaAAAAAAhhHHH!! – al final el ojiverde tuvo que soltar un alarido por el intenso daño lacerante en su omóplato derecho. Pero siguió sin moverse de como estaba tirado sobre el suelo. No hasta que la marca hubiera quedado perfectamente grabada en su fina piel de Kausi.

El malnacido del dragón aprovechó ese momento de puro tormento, de dolor, fuego y sangre, para humillarle todavía más. Aprovechando que no se movía, comenzó a manosearle de manera descarada – Eres el ser más odioso que haya conocido nunca, Thyraxes – susurró con ira el gato cabreado, mientras su pelo era tirado con fuerza por la mano de su sádico amo. A pesar de todo, Eirik escuchó perfectamente las jodidas locuras que ese desgraciado le decía – El día que yo vaya a tu cama… ¡¡Lloverán ranas!! – era una forma como cualquier otra que ya podía esperar sentado y soñar despierto con un día que no llegaría jamás de los jamases. Solo entonces Thyraxes apartó el hierro y Eirik se permitió moverse. El dolor en su espalda era tremendo. Mucho peor de lo que jamás habría imaginado. El híbrido se sentó en el suelo, frente a la chimenea, rodeando sus rodillas con los brazos, como abrazándose a sí mismo. Sus felinos orbes esmeralda estaban fijos en las hipnotizantes llamas bailarinas. Se había dejado marcar. Joder… ahora pertenecía a ese chalado degenerado que solo hacía que repetirle hasta la saciedad que él era de su absoluta propiedad y que terminaría convirtiéndolo en su puta ávida de sexo. Cada vez que sentía palpitar la quemadura era un recordatorio de aquel pacto creado entre ambos. Y Eirik lo había aceptado. ¿Porqué? Bueno, no todo era malo en Thyraxes. Cuando estaba de buenas no estaba tan mal su compañía. Y cuando se enfadaba… en realidad el híbrido le había estado picando para hacerle saltar, intentando averiguar sus límites, y a pesar de haberle metido el dedo en una llaga sangrante, el dragón no lo pagó con él, sino con el jarrón. De alguna manera retorcida Eirik comprendía que Thyraxes le estaba protegiendo, en ocasiones, de su propia ira desmesurada. El ataque contra él en el momento de marcarle no era más que un juego de poder. Él se había negado en redondo a cumplir con su deseo de ser sodomizado por el dragón, y éste se había hecho respetar usando lo que mejor se le daba, la fuerza bruta.  Si no paraba de provocarle, normal que al final él defendiera su orgullo a golpes.

Eirik se acarició el hombro, sin llegar a rozar la herida. Decidió que ya estaba bien de comportarse como un niñato tonto y malcriado, al menos por aquel día. Había pasado muchos años trabajando duro para ser un esclavo de alto nivel cultural y físicamente, y desde luego que no lo había demostrado desde que llegó a esa casa. Cuando volvieron con su prenda nueva, se puso en pie y él mismo la cogió – Gracias – le dijo al esclavo que se la había traído. Pero no se la puso todavía, la retuvo entre sus manos. Se acercó caminando muy despacio a su amo y le habló calmado y sin la rebeldía de cuando entró, porque ahora se sentía realmente más sosegado – Thyraxes – le llamó por su nombre para que le escuchara – Me gustaría verla. Mi marca. ¿Puedo? Quiero saber cómo es – no se lo estaba exigiendo. Por primera vez en un mes, Eirik no era desagradecido, ni irónico, ni sarcástico, ni se mostraba cabreado con el mundo. ¿seguiría el dragón enfadado con él por la discusión anterior? No podía saberlo. A lo mejor se le cruzaban los cables y le negaba esa sencilla petición “Ahora no tengo poder de decisión en nada en mi vida” pensó, pero en seguida sacudió la cabeza. No. Eirik no estaba preparado para aceptar algo así ni de lejos. Pero podía intentarlo, si su amo lo valía.




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Mensaje por Thyraxes el Vie Ene 25 2019, 19:36

El dragón no había sido consciente del nivel de agresividad que ese día desprendía, puede que otros factores le hubieran influido, como la sed, la emoción, ciertas pérdidas que hubo en gladiadores y en su negocio clandestino. La verdad es que no solía ser así de violento, no se percató cuando aprisionó el cuello del chico, tampoco al lanzarlo por los aires, no lo fue cuando pegó el hierro a la piel del chico, no, empezó a darse cuenta de ello cuanto este, que se había mantenido inmóvil, gritó por el dolor que debía sentir. Fue entonces cuando se dijo que debía estar sereno, no estaba bien perder los nervios de esa forma por muy enfadado que estuviera y pagarlo con el chico, a fin de cuentas, no tenía culpa, solo de alguna que otra provocación. Para cuando todo había finalizado, el dragón ya no sentía la necesidad de marcar lo suyo, de atosigar al chico de esa forma tan abrupta, ser un monstruo sin raciocinio no iba con él, estaba luchando contra muchas cosas, en secreto claro, todas por culpa de lo más dulce y a la vez odiado que tenía, la sangre de dragón.

El dragón no contestó al principio a sus palabras, primero fue a servirse una copa de licor y esperar porque le trajesen una muda limpia y nueva, peinándose con la mano para estar más presentable, había perdido mucho en su arranque iracundo. Fue tras dar el primer trago, sentir como su garganta ardía de forma agradable por el alcohol, que decidió abrir la boca y dirigirse al chico. Había roto y establecido de nuevo el contacto visual, pero esta vez su tono, si era más suave, como el que había conocido el otro durante ese mes de absoluta normalidad. -Soy como soy, un dragón... con sus arranques, hoy ha sido uno de esos días malos donde un cúmulo de cosas me han hecho estallar, más por tu falta de cuidado al derramarme el vino y esa salida de tono del gladiador.- argumentó, acariciando el borde de la copa con los dedos. -Vendrás, es inevitable, mejor trata de tener la mente abierta pues hay cosas que no podemos evitar en este mundo, esa es una de esas cosas para ti. Crees que es malo, pero si lo fuera, mis esclavos no estarían tan bien cuidados y contentos de trabajar para mi.- les daba cosas que otros no tenían, si, eran muchas veces tratados como objetos sexuales, sobretodo en las fiestas, pero no tenía a ninguno que no pudiera con ello, lo disfrutase y encajase a la perfección en esa casa.

No supo si es que algo alteró el aire y todos habían estado más susceptibles de lo normal, pero desde que el momento de la marca pasara, ambos estaban en otro nivel. El esclavo le trajo la túnica y al ver que el chico no se la ponía, el dragón se preguntó por qué, hasta que el chico le sacó de dudas. Quería ver la marca, lo había pedido sereno, sin esa ira audible en sus palabras y el dragón no le negaría algo así, quizá fuera buen momento para que los dos pudieran hablar sin crispaciones. Dio un trago a la copa y caminó hasta donde estaba el chico, se posicionó detrás, acariciando su nuca, para bajar por la espalda de este, al centro más o menos, empujando suave para indicarle que le siguiera. Le llevó a un espejo grande en la sala, apareciendo el reflejo de ambos de frente, el chico y el dragón detrás, apreciándose la diferencia de altura, de físico. -Creo que será mejor empezar de cero, ahora ambos sabemos la verdad, tienes libertad para ser tu mismo, me conocerás, no soy así, no como hoy me has visto. Es un día malo, muchas cosas juntas y se te da bien provocar.- comentó, acariciando el hombro del chico, el sano.

Le acabó girando, para que se reflejase su espalda, ladeando su rostro para que pudiera ver la marca, aún fresca, pero con el dibujo empezando a quedar muy claro. Era la cabeza de un dragón, pero con la letra omega del alfabeto griego decorando esta, una unión perfecta, desconocida para el chico claro, pues era un lenguaje muerte y desconocido para su generación, pero muy distintivo. -Pediré que me traigan una pomada.- pero el dragón tal cual lo pensó, vio aparecer al mismo esclavo de la túnica con esa pomada, tomándola. -Haremos que cicatrice bien, por más que prefiriese no marcar tu cuerpo, es necesario, reporta más ventajas de las que crees.- especificó, pues eso le hacía intocable para otros dragones, antes debían hablar con su dueño. No se hizo esperar mucho, tomó algo de la pomada de hiervas y pegó al chico contra su pecho, dejando que mirase si quería, a través del espejo, como le curaba. Fue delicado esa vez, sabía que dolería, pero puso una cantidad justa de pomada por encima, cubriendo la marca para que esta no se irritase y cicatrizase bien, quedando perfecta, como una cicatriz bonita con la forma de su marca, no tan burda como la de muchos otros esclavos. -Listo.- concluyó, acariciando la nuca del chico nuevamente. -Si tienes más preguntas, creo que es el momento, podemos sentarnos y hablar como personas civilizadas.- se despegó de él, sentándose en un sofá cercano, mirándole.




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Mensaje por Eirik el Vie Ene 25 2019, 23:44

Thyraxes se tomó con calma lo de responderle. Antes de eso, se cambió la túnica manchada por una limpia, se peinó y se bebió una copa de algún licor. Cuanto más demoraba él en hablarle, más desesperado por escuchar sus palabras se sentía Eirik. Y lo primero que salió de los sensuales labios del pelirrojo fue una especie de disculpa. Bueno, al menos el híbrido lo tomó como tal. Le dio una explicación sensata de porqué había estallado de manera tan bruta con él. No decía “perdón” específicamente, pero si le decía esas palabras, era porque le importaba lo que él, un simple esclavo bajo el punto de vista del dragón, pudiera pensar de su conducta. “Estás perdonado, amo. Ambos nos hemos equivocado.” Aquello Kausi solo lo pensó, no dijo nada porque él tampoco estaba loco de atar. Apreciaba su vida lo suficiente como para cuidarla manteniendo la boca bien cerrada.

Lo que más complacía a Eirik era el tranquilo tono de voz que estaba utilizando el dragón para dirigirse a él. Insistió en que terminaría rindiéndose a sus encantos y metiéndose en la cama con él, como el resto de sus esclavos, pero no lo hizo con brusquedad, ni altivez. Sencillamente relataba un hecho del todo cierto bajo su punto de vista. El híbrido respiró hondo, notando un leve cosquilleo en su estómago. Cada vez que el de orbes carmesí le sacaba ese tema se ponía nervioso, era del todo inevitable, dada su total inexperiencia en dicho asunto, y que ambos eran varones y eso se le hacía raro, que no desagradable. “Si vuelvo a discutirle este tema se va a enfadar en serio. Será mejor dejarlo por ahora, que está calmado” apartó la mirada de su rosto para ponerla en la mano que acariciaba la copa de licor – Tendré mi mente abierta, eso puedo prometerlo – Eirik no era de los que rompían las promesas. Para el híbrido el honor y la lealtad eran dos valores fundamentales en su vida. Si se lo había prometido, cumpliría con su palabra. Con eso no se comprometía a aceptar tener sexo con él, ni tampoco lo rechazaba. Necesitaba más tiempo para conocerle, para intimar. Para que el dragón pasase de ser su frío amo distante a algo más. O no podría hacerlo de ninguna de las maneras.

Tras la petición del de orbes esmeralda de querer ver su nueva marca, su amo dragón le complació. Y lo hizo de una manera única, como solo Thyraxes podría hacerlo. Desconcertándole completamente. Primero hubo ese contacto, directo a su nuca, que le provocó un escalofrío por la columna. A medida que el dragón descendía por su espalda, el escalofrío se convertía en algo agradable. Se dejó guiar sin oponer resistencia. Cuando estuvieron frente al espejo, no podía apartar los ojos de aquella imagen. Él desgarbado, con la túnica rota, los ojos rojos por el llanto. Su amo en cambio se veía espléndido. No. Majestuoso sería la palabra más correcta. Desde luego ese pelirrojo había nacido para ser amo. Lo llevaba en la sangre. Su porte, su voz, su mirada, su propia alma era la de un depredador dominante que no podía obtener más placer del mundo que doblegando a sus presas. Thyraxes era lo que era. Pero ¿y Eirik? ¿qué era él en realidad?

Provocador es mi apellido. ¿No lo viste en mi plaquita de esclavo? – bromeó levemente el menor, medio sonriendo un poco de lado. Le gustaba la idea de empezar de cero, y mucho más de poder ser él mismo, aunque con ciertas restricciones. Su cuerpo no reaccionó mal a la caricia del dragón en su hombro bueno. Todo lo contrario, cuanto más le hablaba así de tranquilo y le acariciaba suave, más calmado y a gusto se sentía él. Una vez girado, Kausi al fin pudo observar la marca que tanto dolor y sacrificio le había costado. Porque aceptándola sabía que su enorme orgullo había quedado perjudicado. Pero al mismo tiempo era un trato, un pacto con otro ser – Un dragón dentro de un círculo – comentó, estudiándola con detenimiento. No sabía cuándo tendría más oportunidades de verla, y quería recordar cada detalle – Así que a partir de ahora voy a llevarte conmigo allá donde vaya – fue un pensamiento que quizás debería haberse quedado para sí, pero le salió sin pensarlo. Porque se sentía cómodo con él ahora. Le sorprendió que Thyraxes el sádico bastardo que lo había tratado tan mal, ahora se preocupara por ponerle una pomada en la herida. Estaba pensando qué responderle, cuando se vio de pronto contra su pecho. El aroma de la bebida alcohólica que había tomado inundó sus fosas nasales “Que cálido es” pensó, sin moverse ni un pelo de donde estaba. Cuando el dragón dijo que había terminado con la cura, respondió murmurando – Gracias, Thyr – y se lo decía de corazón. Gracias por muchas cosas, no solo por cuidarle. Por tratar de calmarle. Por darle esas explicaciones. Cerró los ojos cuando ese bobo le acarició la nuca, sintiéndose estúpidamente bien.

Fue entonces cuando su amo le dijo que podía hacerle más preguntas, hablando sin tratar de matarse el uno al otro – Sí, eso estaría genial. Porque tengo muchas dudas sobre todo lo que ha pasado – reconoció Kausi, yéndose hacia el mismo sofá que el pelirrojo, en el extremo opuesto que estaba él, quedando sentado un poco de lado para poder dialogar mirándole a la cara. Como ahora no se sentía tan nervioso como antes, su cabeza funcionaba mucho mejor, y las preguntas fueron aflorando solas, una tras otra, tal cual se le ocurrían – Pues podrías comenzar diciéndome si esa necesidad tuya de beber sangre suele ser muy a menudo, para tenerlo presente – quizás a Thyraxes le resultara una pregunta no demasiado importante, pero Eirik era su cantimplora sanguínea, y quería saber a qué atenerse. No era lo mismo necesitar beber de él una vez al día, que cuatro, que dos a la semana. O puede que dependiera de su estado de ánimo, o de si estaba enfadado… necesitaba más información al respecto de ese asunto, para irlo comprendiendo. – También siento curiosidad por saber cómo fue que terminaste siendo adicto a la sangre de dragón. Claro que esto no hace falta que me lo expliques si no quieres – como no conocía su pasado, no sabía si ese era un punto oscuro en su vida del que prefería mantener privacidad, o si no le importaba contárselo. Él lo preguntó igualmente, por si su amo decidía responderle. – Además… no te enfades, pero me resultaría todo más fácil si supiera que en algún momento puedo llegar a conseguir cierta libertad. Sé que es algo que tendría que ganarme consiguiendo que confíes en mí, pero de verdad es importante. Estando encerrado aquí todo el día… aunque sea un palacio… yo siento que estas paredes se me caen encima y me asfixian – le explicó su angustia como buenamente supo. Eirik no podía apartar sus ojos de los orbes sangrientos ajenos. El tono carmesí de los ojos del dragón le hizo recordar que este acababa de beberse su sangre. Ahora el líquido vital del híbrido pasaría a formar parte del cuerpo de su amo, siendo absorbido por las paredes estomacales llegaría a su propia sangre draconiana, fundiéndose con ella. Tras aquel extraño pensamiento, el de orbes gatunos permaneció en silencio esperando a que su amo le fuera respondiendo a todas esas cuestiones, dos sobre su adicción a la sangre y una sobre la posibilidad de concederle más libertad de movimiento en un futuro próximo o lejano. Evidentemente, el esclavo no hizo mención alguna al tema que más miedo le tenía. La obsesión que tenía el pelirrojo por que se acostara con él. Mejor hablar de otros temas por ahora.




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Mensaje por Thyraxes el Sáb Ene 26 2019, 01:56

El dragón prefirió no seguir por el tema que más nervioso ponía al chico, cuando este prometió ser de mente abierta, el dueño del coliseo consideró que ya era un paso en la buena dirección, además no le favorecía que el chico siguiese teniendo una opinión tan mala de él con las cosas que iría viendo y averiguando. No rascaba la punta del iceberg aún, cuando supiera de su negocio clandestino de híbridos, de como los desangraba, vendía sus partes a otros dragones... quizá eso le alarmase sobremanera, le hiciera cambiar totalmente la forma de verle o pensar y rehuyese a su amo. Tenía tiempo para avanzar en temas más íntimos y las fórmulas para poco a poco arrinconarlo en ello, la más efectiva, empezar a hacerle dormir en su cama, uno al lado del otro, junto a otros esclavos, para que fuese tomándolo como algo normal.

Al menos, tras relajarse ambos, el chico hablaba con él, Thyraxes solía valerse de manipulaciones para favorecer su causa, en este caso, el empezar de cero y dejar a un lado la violencia, actuaron en su favor, no era del todo una manipulación pues quería que ese híbrido durase bastante en su casa, para seguir estudiando como era. La provocación en su justa medida, era aceptable, el problema era traspasar ese punto de no retorno, donde todo se volvía más incómodo y desembocaba en situaciones como la vivida pocos minutos atrás, con trozos de porcelana por el suelo, un hierro tirado en mitad del salón y los restos de tela blanca que antes formaban una túnica. Bien podría verse que si, que el chico iba a llevarle siempre en el omóplato, lo que representaba su casta, su linaje, era otra forma más de dominio, el dragón tenía tantas que ni reparaba en todas ni en lo controlador que podía llegar a ser. También le hizo gracia que tomase la omega como un círculo, pero desconocía todo lo referente a esas cosas, le echaba poca edad al chico. -Es una omega, puedes llamarlo así, es un símbolo antiguo, esa marca te hace intocable para los demás, solo con mostrarla deberán antes hablar conmigo para cualquier cosa relacionada contigo, a menos que hagas un acto terrorista o descubran tu verdadera naturaleza, en ese casi ni esa marca podrá salvarte.- esperaba que lo tomase en cuenta, pues dudaba que cualquier miembro de la sociedad tuviese los contactos o la posición suficiente como para salvarlo de revelarse su naturaleza, en este caso además era muy difícil que alguien lo delatase como tal, porque carecía de las marcas distintivas.

Tras sentarse y el chico aceptar, le dejó que se acomodara, dejando una distancia que entendió era de seguridad para que cada uno mantuviera su espacio y así el dragón no le hiciese sentirse nervioso de nuevo. Lógico, no dijo nada a eso y solo se limitó a escuchar al chico, diciéndose que iría por partes para que no se acumulasen las preguntas. -No puedo darte muchos detalles sobre eso, es importante que la ingiera a menudo, hay días en que es peor y otros en que es más llevadero, de normal todos los días debo beber un poco pero no toda debe ser tuya, tengo más reserva, no es la misma calidad... pero bastará. Solo hay que evitar que pase mucho tiempo sin tomarla, lo notarás porque suelo ponerme más nervioso cuando acude a mi la necesidad de ingerirla.- Eirik estaba a salvo de ser desangrado, raro sería que tomase su sangre como si de licor se tratase. La segunda pregunta era algo más personal, Thyraxes era receloso de sus secretos y de cierta información, aquella en especial era un mal recuerdo que le seguía atormentando a día de hoy, no porque fuera traumático, más bien por lo que cambió su vida aquel fatídico día. -Prefiero pasar de esa pregunta, no creo que sea relevante el que sepas como ocurrió.- rara vez confiaba tanto en alguien, siempre estaba rodeado de gente, pero a pocos los podía llamar amigos de verdad y siempre se sentía solo. La última que formuló, le pareció quizá la más importante para el chico y a esa si que le podía responder con la mayor de las sinceridades.

Se inclinó un poco, mirándole, esos ojos verdes cual gemas. -Mis esclavos aquí pueden salir a hacer recados, me fío de ellos, pero contigo es diferente. Eres nuevo, tu condición es diferente y dejarte salir sería un riesgo que no se si estoy dispuesto a correr. Cuando haya pasado el tiempo necesario, cuando sepa que no huirás y entiendes lo delicado que es que seas híbrido y porqué estar conmigo es estar a salvo, no puedo permitirte cruzar estos muros. Yo puedo prometerte que soy consecuente con mis esclavos, quienes me respetan, cumplen y demuestran que merecen mi afecto, tienen todo lo que estás pidiendo. Eso está en tu mano Eirik, depende exclusivamente de ti y se que harás lo correcto.- murmuró, levantándose a servirse más licor, pero esta vez sacó un segundo vaso, para el esclavo, tendiéndoselo. -Para el dolor de la quemadura, un trago no te hará daño. Asumo que eres mayor de edad ya, tendrás más de 15 eso seguro.- se aventuró a decir, pues por raro que pareciese, el dragón nunca llegó a preguntarle su edad. -Yo también tengo algunas preguntas para ti.- confesó el dragón, dispuesto a hacérselas. -Quiero saber cuales son tus puntos fuertes, tus habilidades, lo que se te da bien, qué cosas sabes hacer que puedan serme útiles para tu desempeño de asistente personal. También al ser joven quiero saber cuanto dominas tu forma real, porque te haré tomarla para sanarte y aunque sientas la tentación de intentar huir, quisiera que te planteases el no hacerlo, porque soy un combatiente experimentado y te vigilaré.- no sonó amenazante, más bien un simple aviso.




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Mensaje por Eirik el Sáb Ene 26 2019, 19:04

Resultaba que aquella silueta que rodeaba al dragón y que el ojiverde había tomado por un círculo poseía un nombre antiguo - ¿Omega? ¿Tiene algún significado para ti? – le preguntó, y luego respondió a sus palabras sobre su seguridad entre los dragones – Sí, eso ya lo sabía. Estar marcado me protege de castigos ajenos. Pero no de ser ejecutado por lo que soy. Igualmente, gracias por recordármelo – si Eirik no lo hubiera sabido, le habría gustado que Thyraxes se lo mencionara. Entonces llegó el momento en que el pelirrojo respondiera a las preguntas que le había hecho. – Vale, cuando empieces a destrozar jarrones y trates de despellejarme vivo es que te toca la siguiente dosis de sangre de Kausi, entendido – sin darse cuenta se llamó a sí mismo con el apodo que todos usaban con él en el castillo en el que creció. Se alegraba de saber que no solo podía beber de la suya, que había más reservas, pero aun así debía estar pendiente de que no le diera el mono. Era mil veces más sencillo tratar con su amo estando así relajado tras la toma, que antes de hacerlo. Aunque también se había esforzado por molestarle, así que no podía saber si su nivel de mala hostia llegaba siempre hasta ese punto extremo cuando sentía ser de beber ese preciado líquido carmesí que corría por sus venas de híbrido.

En cuanto a la segunda cuestión, el dragón directamente no quiso responderle. No iba a presionarle para hacerle cambiar de opinión. Quizás en un futuro le saliese solo el hacerlo, cuando se conociesen más a fondo. Sobre el siguiente tema, su escasa libertad de movimiento actual, Thyraxes se reclinó y le dijo que sus esclavos podían salir porque se fiaba de ellos.  Que era demasiado peligroso para él siendo híbrido, y estaría más seguro entre esos muros. Finalmente añadió que todo dependía de él, de cómo se comportase a partir de ahora – Entonces no es un no rotundo – confirmó Eirik. No le importaba que no fuese ya mismo, o que tuviera que ganárselo, pero al menos saber que existía esa posibilidad. No perder la esperanza de luchar por algo que le importaba. Asintió con la cabeza, aceptando aquel reto.

Thyraxes fue a por más licor, pero ahora dándole otra copa a él también. Cuando el Kausi alzó la mano para sujetarla, se dio cuenta que todavía andaba cargando la túnica limpia que le había traído el esclavo. – Bueno, tengo 16 años en realidad – olió el contenido de su vaso. Nunca había tomado alcohol. Le dio sorbito para probarlo y puso cara de “uf que fuerte es esto”. Acto seguido dejó la copa sobre la mesa. Quería cambiarse la túnica, y lo hizo mientras su amo dragón le iba soltando sus propias preguntas respecto a él. Como llevaba ropa interior, no le dio demasiada vergüenza ponerse en pie, sacarse la prenda rota por la cabeza y ponerse la que estaba en buen estado, sin prisa, pero sin pausa. Aquello no era nada que el de orbes gatunos no habría enseñado estando en la playa, o un lago, por ejemplo. Pero manteniéndose conscientemente de lado al pervertido, para no enseñarle demasiado de su virilidad o su trasero. Volvió a sentarse, más cómodo, y cogió su copa de la mesa. Aunque el sabor no le había gustado demasiado, sabía más o menos qué efecto provocaba, y le apetecía relajarse un poco.

Tomó un trago más largo antes de responder – Claro, mi entrenamiento como esclavo fue realmente bueno – no era para tirarse flores, solo la pura realidad – En el castillo donde vivíamos a todos nos adiestraban para luego ser vendidos a un precio muy alto – le explicó, sin poder apartar su mirada de los escrutadores orbes rojizos del dragón – Sé leer y escribir bien. También me educaron en historia, arte, literatura, matemáticas. Un poco de todo en general, para poder tener conocimientos que sirvieran para ayudar a mi posible futuro amo, o tener una conversación con él a buen nivel – reposó la copa sobre su pantorrilla. Aquel licor fuerte le había calentado la tráquea, llegando hasta su estómago. Podía notarlo como bajaba y como se expandía un agradable calor por su cuerpo de híbrido. – Ottar fue quien me enseñó todas esas cosas, incluso me dejaba entrar en su biblioteca para estudiar sin vigilancia, en mis horas libres – eso era medio verdad, sí que le dejó entrar, pero el Kausi lo que hacía en realidad era buscar información sobre los híbridos. Luego añadió - Helga fue quien me adiestró con la espada, y más tarde a pelear con dagas. Ella era una dragona noble que había sido una terrible asesina en el pasado, en el campo de batalla – había escuchado más de una vez a sus dos cuidadores (realmente sus abuelos) hablar entre ellos al respecto. No era ningún secreto. – Y bueno, puedo atender las cosas de la casa. Sé cocinar, limpiar, cualquier tarea del hogar – recordar sus años de entrenamiento en esa casa tan lejana ahora, le hizo sentirse triste, al pensar en Owen y Lynette, sus buenos amigos, hermanos que habían sido separados y que él había prometido volver a juntar. Era ese el verdadero motivo por el que el híbrido necesitaba tener más libertad. No lo pasaba tan mal como había dicho encerrado entre esos muros, y menos ahora que Thyraxes y él parecían haber avanzado un paso de gigante en su relación amo tirano/esclavo rebelde. - ¿Crees que mis habilidades te resultarán de utilidad? – preguntó de vuelta a su amo.

Lo de su forma real le provocó un nudo en el estómago. Bajó la cabeza y miró su vaso medio vacío – Cuando tú… me capturaste – le costó decir eso último y se notaba - Esa fue la primera vez que la usaba. Y como bien sabes, no he vuelto a hacerlo. Nadie me explicó cómo funciona. Ni si quiera sabía si realmente era un híbrido. Yo escuché una conversación que no debía y que me hizo pensar que sí. Por eso busqué toda la información que pude en la biblioteca de Ottar – el menor no se dio cuenta que ahora se contradecía diciendo que la usaba para investigar, y no para estudiar como dijo antes – Como yo no tenía ninguna marca en el pecho, imaginé que ellos se equivocaban, y que yo no era hijo de un dragón. Pero parece ser que sí – se encogió de hombros – Si vas a querer que vuelva a hacerlo creo que no me vendrían mal un par de lecciones porque solo recuerdo que me costó la vida y que luego quedé tendido en el suelo sin fuerzas – le dijo, aunque eso Thyraxes ya lo sabía, él mismo lo había visto con sus ojos.

Aquel último comentario del pelirrojo le hizo hacer que no con su cabeza – Si he dejado que me marcaras ha sido por algo – vale, el bruto lo hizo a lo animal, pero Eirik ya había tomado la decisión de aceptarle como amo. – Yo soy un chico de palabra. Si prometo algo, lo cumplo. Si digo que no voy a huir, no lo haré – pero su discurso no terminaba ahí – Eso no quiere decir que deje de intentar conseguir que me des la libertad – sabía que Thyraxes seguramente se partiría de risa por eso que acababa de decirle, pero era la pura verdad. El híbrido era lo suficientemente inteligente para saber que salir corriendo de aquella casa solo le reportaría problemas, duros castigos y puede que la muerte. Y en el caso de que consiguiera escapar, sería un exiliado por el resto de su vida, y no era eso lo que él buscaba. Eirik y su férreo orgullo ansiaban por encima de todo la verdadera libertad. No ser esclavo de nadie, ni ser perseguido por la justicia. Poder hacer lo que le viniera en gana cuando le apeteciera, y no depender de nadie, solo porque resultaba que uno había nacido con genes de dragón puro y el otro híbrido. No era inferior a Thyraxes. Ni a ningún otro ser draconiano. Y pensaba demostrárselo a su nuevo amo. – No soy el esclavo que esperabas, ¿eh? Dócil y sumiso y siempre complaciente – sonrió sin maldad y bebió de golpe lo que le quedaba de alcohol – Joder que bueno – cerró los ojos y disfrutó de la cosquilleante sensación que aquel líquido ejercía sobre su cuerpo que, junto a la pomada que le puso, realmente estaban consiguiendo que el palpitante dolor lacerante de su piel quemada por el hierro al rojo vivo fuera decreciendo.




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Mensaje por Thyraxes el Miér Feb 06 2019, 18:05

Significado tenía, obvio, pero intentar explicarle a un chico tan joven un concepto que aprendió hacía milenios, iba a ser demasiado para ese día, en el que todo se sucedió de esa forma tan tensa, atípica. -Quédate solo con que es el fin, el fin de algo, que puede dar lugar a un nuevo comienzo.- explicó tan solo. -Normalmente pediré yo la sangre cuando la necesite, pero si, en un estado similar quizá debas ofrecerme mi capricho para evitar que todo se descontrole..- y se quedó mirando al híbrido, sin entender bien esa palabra, la forma en que se refirió a sí mismo. -¿Kausi?- preguntó sin más, esperando que contase algo sobre ese término.

No, no le estaba negando poder salir de esa casa, pero como dijo, tendría que demostrar que al hacerlo, el chico se mantendría cerca, porque de intentar escapar, no habría mundo al que poder huir de las garras del señor del coliseo. Las veces que lo intentaron, sufrieron su ira al completo, cuerpos calcinados por todos lados, desmembrados, devorados o similar. -Se buen chico y entonces tendrás libertad para poder hacer una vida normal dentro de la esclavitud. No pido tanto, solo el saber que no intentarás cualquier acción que te lleve a alejarte de mi, porque eso sería fatal... mortal, como quieras llamarlo.- demasiadas palabras para referirse a lo mismo, la muerte. Todo se basaba en el aprendizaje, el chico tendría que descubrir como tratar con su nuevo amo sin enfadarle y respetando sus reglas y las tareas que le pusiera, así que a su vez, si cumplía, se vería recompensado como el resto de esclavos. El dragón bebió de su copa como el chico, fue entonces que descubrió su edad real, más jovencito de lo que pensaba o esperaba para un híbrido, pero nada que hubiera tenido ya en su casa, incluso más jóvenes para educarlos correctamente en una edad donde podía influir más en sus mentes. -Adulto hace poco... quizá eso explique muchas cosas de ti, te falta vivir algo más.- fue cuanto dijo, quizá también al ver como ese trago que dio al licor le afectó en la cara, no habría probado muchas bebidas de ese estilo.

El relato de su adiestramiento fue revelador para el de pelo rojo como el fuego, entendió que estaba ante un chico con todo lo que él mismo buscaba para su servicio, los modales y el sobresalir del populacho más analfabeto y sucio. También sacó el nombre de los que fueron sus amos, a quienes arrebató al pequeño sin opción a comprarlo, seguramente provocando la ira de estos, pero ya era tarde para ir a pagar por lo que era suyo, que lo hubieran cuidado mejor. -Saber leer y escribir es precisamente algo que valoro, también que se sepa de esos temas para que no me aburra. Tus antiguos amos te enseñaron bien, aunque dudo que esa dragona sea mejor que yo en combate, tendrás que demostrarme uno de estos días como peleas, por gusto de verte en la arena. Aunque tendremos cuidado de no pasarnos contigo, no queremos que acabes muy machacado.- si lo ponía a prueba en la arena, le daba la excusa perfecta para iniciar un acercamiento al chico, para vestirle bien, pasar la cuchilla por su cuerpo para dejarle suave y luego que se bañase. Además, tenía ganas de ver si es verdad que sabía pelear, porque una cosa era el adiestramiento, basado en la guerra, y otra muy distinta el adiestramiento del gladiador, que se basaba en la supervivencia y en matar al contrincante de la forma más eficiente posible, con mucha, mucha sangre. -Creo que eres el esclavo perfecto para esta casa, aunque yo no poseo una biblioteca con tomos para que leas, tendrás que entretenerte de otra forma, o que si me siento generoso pueda comprar algún libro para ti.- los manuscritos no eran tan comunes, había libros, pero estos eran escasos y escritos todos por dragones o humanos de la época, historias de ficción.

Si escuchó esa conversación es porque tenían sus sospechas, fue una suerte que ese descuidado saliera a tratar de comprobar si de verdad era un dragón o no, en parte. Gracias a eso lo pudo capturar, aunque encontró más interesante que ese estudio se convirtiera en una búsqueda de la verdad aprovechándose del permiso que le dio su amo para ir a esa biblioteca. El dragón no permitiría eso, ni le dejaría en caso de que intentase hacérselo, si llegaban a ese punto, se lo haría saber. Era más interesante que nunca se había transformado, que estaba necesitado de clases, era malo pues necesitaba que sanase rápido si le cortaba, si bebía de este. -Lo trabajaremos, tienes que mantenerte exactamente somo desee, para que luzcas igual que el resto de mis esclavos, impoluto, perfecto. Es más sencillo de lo que crees, pero tendremos que ser cautos, por las noches y en las afueras de la ciudad. No queremos que te descubran y quieran alejarte de mi.- se enfadaría mucho.

El dragón encontró interesante que su palabra valiera tanto, que no quisiera escapar, pero casi lo fastidió el chico al admitir sus verdaderas intenciones. El dragón jamás liberó un solo esclavo, solo gladiadores y estos al final acababan atados al dragón sin saberlo. No le daría eso, porque sería renunciar al chico, el pelirrojo jamás se privaba de nada que ansiase, así que bueno, ya se iría olvidando de esa idea tan infantil. -Nunca me formo una idea de un esclavo hasta que le conozco un poco, así que estoy aprendiendo ahora como eres, me gusta que no seas como el resto, la sumisión aburre a estas alturas y es casi mejor que te den guerra y no quieren ceder a tus pretensiones. Es más dulce cuando luego los haces caer. Disfruta el licor, es de una cosecha muy buena, pero ten cuidado, no se te vaya a subir a la cabeza, que es fuerte. Aunque para el dolor, funciona. - Se acercó más a este, deslizando los dedos por el mentón del chico, rozando sus labios con el pulgar. -Espero que te ganes el puesto que te corresponde aquí dentro, porque sería una pena que no destacases nada y quedarás como uno más. Soy exigente con quien me interesa y croe que puedo sacar mucho de ti, así que no me decepciones Eirik, odio que me decepcionen.- no estaba seguro de si tenía más preguntas, pero le permitió formularlas.




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Mensaje por Eirik el Sáb Feb 09 2019, 12:58

A su primera cuestión, su nuevo amo dragón le respondió algo crípticamente, explicándole que omega, el símbolo que rodeaba aquella marca recién hecha como su esclavo, era el fin de algo y un nuevo comienzo – Entonces me viene perfecto – dijo el menor, porque realmente era así. Thyraxes, simbolizado por el dragón, había significado un final de su vida como la había conocido Eirik, y un inicio a un mundo nuevo, distinto y extraño. Escuchó lo que el pelirrojo le comentó sobre su necesidad de beber su sangre, que normalmente se la solicitaría él mismo, pero que, si el de orbes esmeralda notaba que su amo la necesitaba, también debía ofrecérsela por voluntad propia. “Al menos no espera de mí que sea un maldito maniquí sin alma, ni iniciativa propia” pensó el muchacho, que a pesar de odiar la idea de haberse visto obligado a convertirse en el esclavo de Thyraxes, intentaba ver el lado positivo de cada pequeño detalle que iba surgiendo de esa primera conversación seria con el mayor, y que realmente era algo de vital importancia para el híbrido, pues supondría en un futuro la diferencia entre ser aceptado, llegara a confiar en él y quizás conseguir su propósito de ser libre, o todo lo contrario, llegar al punto de hacer enfadar tanto a su amo que lo despreciara, mandándolo a despellejar vivo, o cortarle la lengua, o a saber qué puta atrocidad que le pasara por su cabeza. Todavía no conocía lo suficiente al de ojos carmesí para saberlo. Así que por el momento debía ser cauteloso… si es que era capaz de conseguir morderse la lengua y no replicarle. Cosa realmente difícil para Eirik, que parecía competir en orgullo con el dragón.

Cuando Thyr le preguntó por aquella palabra “Kausi” fue cuando el joven esclavo se dio cuenta que se había referido a sí mismo con ese mote – Tenía una buena amiga esclava que solía decirme de pequeño que le recordaba a un gato. Cuando nuestra dueña dragona la escuchó llamarme así, le dijo a Lynette que sí que parecía un “Kausi”. No sé en qué idioma habló Helga, pero desde ese día todos me llamaron así – le explicó al dragón de mirada hipnotizante. – Lynnette me hizo una cinta con restos de lanas de colores, donde escribió ese apodo. La llevaba anudada en la funda de mi daga, que perdí el día que me convertí en dragón – ese día lo perdió todo. La ropa, la daga, y su anhelada libertad al parecer. Eirik sintió tristeza por haber perdido ese preciado recuerdo, pero siempre permanecería en su memoria. A continuación, Thyraxes le aseguró que si se portaba bien tendría una buena vida como su esclavo, pero si intentaba huir, moriría. Estaba claro que el mayor todavía no confiaba en él, pero no era de extrañar, porque eso no se lo había ganado todavía. – No entiendo a qué te refieres – comentó el menor cuando le dijo eso de su edad explicaba muchas cosas de él. No se lo tomó bien ni mal, solo pidió un poco más de explicación al respecto.

Eirik se sintió orgulloso de sí mismo cuando Thyraxes le dijo que valoraba sus bastos conocimientos, tanto intelectuales, como en batalla. - ¿Yo? ¿En la arena? – le miró con gesto interrogante – He visto como entrenas a tus gladiadores… son un atajo de bestias sin escrúpulos y juraría que hasta más sádicos que tú… vaya una forma de agradecerme haber aceptado ser tu esclavo - las mejillas del híbrido estaban rojizas. Acariciaba su copa con la yema de los dedos. Podía ser altivo, sí, y tener el orgullo por las nubes, pero no era idiota. Pelear contra uno de esos tipos era paliza asegurada para él. – Tsk – chasqueó la lengua con ese último comentario de no acabar muy machacado – Pues suerte que todavía no me he portado mal, sino no sé qué más putadas me obligarás a hacer – no estaba nada conforme con esa idea del pelirrojo, pero tampoco se negaba. Si quería ver dolor y sangre, y a su nuevo esclavo siendo pisoteado por un mastodonte, pues genial. No rechazaría el reto. Por sus santos cojones – Ya me dirás cuando quieres disfrutar del espectáculo – esperaba que el dragón se sentara lo suficientemente cerca para poderle escupir en su maldita cara antes de caer derrotado a sus pies.

Tras aquello, su amo dragón le dijo que no tenía biblioteca, pero que podría comprarle algún libro si se sentía generoso – Igual que le darías una galleta a un perro por hacerte un buen truco. No, gracias. No quiero nada de ti más que mi libertad – Eirik sabía que un libro era un objeto escaso y muy valioso, y tener la posibilidad de leer uno… no, de poseer uno… eso era increíble. Claro que lo quería. Pero no estaba dispuesto a venderle su alma al diablo a cambio de un objeto. No iba a resultarle tan sencillo hacerse con él, solo por soñar con regalos caros. El híbrido no funcionaba así. Para él eran importantes asuntos como la verdad, el honor, su orgullo inquebrantable, ser valorado por quien era, y la libertad. Esos eran verdaderas riquezas que atesorar. Y además tenían una ventaja, nadie podía quitárselas. Eran completamente suyas. La charla entonces derivó a su entrenamiento como dragón, de manera discreta para evitar problemas - ¿Sencillo? Pues a mi no me lo pareció, pero supongo que tú lo sabes mejor que yo – evitó hacer ningún comentario sobre eso de que nadie le alejara de él. Pero apartó la mirada, incómodo, porque esa sensación de pertenecer a Thyr, que él se preocupase de no perderle, eso le resultaba cálido y muy agradable, a pesar de sus esfuerzos por intentar sentir todo lo contrario.

Afortunadamente, el pelirrojo reconoció que le aburrían los esclavos sumisos - Nos llevaremos bien entonces – le respondió el menor de orbes gatunos, con cierto toque de sarcasmo en su voz. En cuanto su amo comentó eso del licor, Eirik añadió – Sí, lo estoy notando. Ya no me duele tanto como antes. Y me siento algo mareado y como… con más temperatura – murmuró, observando como se aproximaba donde él estaba y alzó la mano para acariciarle de aquella sensual manera. Ese maldito dragón era puro magnetismo. El morbo hecho persona. Cuando le daba la real gana. Consiguió dejar al moreno sin aliento una vez más. – No lo haré – aseguró al final, por lo de decepcionarle. Entonces el híbrido se apartó lo justo para terminar de beber el poco contenido de su copa, y la dejó vacía sobre la mesa. Fue su reacción puramente instintiva para crear espacio con su amo y evitar ese roce que le mareaba más que el maldito alcohol. Así que decidió seguir haciéndole preguntas, a ver si manteniéndolo ocupado hablando, dejaba de intentar acercarse a él de aquella peligrosa manera.

Con el corazón latiéndole fuerte, le cuestionó con curiosidad - ¿Por qué gladiadores? – quiso saber – De entre todos los oficios, o hobbies que podías tener, ¿qué te empujó a convertirte en el dueño del Coliseo, ni más ni menos? – las cosas no sucedían por nada, así que seguro que habría una historia relacionada con esa decisión, que le ayudaría a conocer mejor a su nuevo amo, alerta por si el dragón seguía insistiendo en rozarle, pero sabiendo que no podría hacer nada si se lanzaba, debería mantenerse firme y digno mientras era tocado por ese maldito pervertido porque ahora era de su propiedad. Pero no dejaría que se pasara demasiado con él, como le metiera la mano en zonas demasiado íntimas lo mandaría a la mierda rápido – Oye, ¿y tú cuantos años tienes, Thyraxes? – seguro que muchos más de los que aparentaba. Solía pasar eso con los dragones. Siguiente pregunta, aunque fue más una afirmación – Te gustan tanto chicos como chicas por igual, ¿cierto? – el menor había visto que su amo tenía ambos géneros como sirvientes, así que debía ser todosexual. Mientras tuviera un agujero donde meterla en caliente ya le valía. Y en ese momento se le ocurrió una pregunta realmente interesante para él – Supongo que hubo otros híbridos antes que yo llegara. ¿Qué pasó con tu última bolsa de sangre, amo? – seguro que su respuesta no sería que lo había liberado montándole una gran fiesta de despedida, pero quería saber a qué podía atenerse, según lo que le explicara el contrario. ¿Se cansó de su sabor y lo vendió? ¿Lo mató? ¿Lo torturó y violó para colmar sus anhelos sádicos y pervertidos? Eirik miraba a Thyr con orbes de ebrio, pero expectante por su respuesta. - ¿Mi destino es terminar como esos esclavos que he visto en tus fiestas, siendo follado por el primero que pase por la puerta? – y ya está, se lo había soltado sin más. Esa era una de las cosas que más le preocupaba. Que Thyraxes le prostituyese a sus amigos. Ya bastante le costaba aceptar convertirse en su… ¿amante? Bueno, como se les llamara a los esclavos que se meten en la cama con su dueño. Al pensar en ello, inevitablemente las palabras “putita del amo” aparecieron de pronto en su cabeza, provocándole terror. No debería haberle hecho esa última pregunta. Iban a terminar discutiendo de nuevo.

grrrr:




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Mensaje por Thyraxes el Dom Mar 24 2019, 22:20

La historia de la palabra no parecía ser muy complicada, estaba claro que se trataba de algo antiguo, antes del despertar probablemente y que solo un dragón le podía dar al chico. Igual que le hubieran comparado con un gato era divertido pues podía imaginar que sería por un comportamiento similar en algunas ocasiones o por gestos que recordasen a semejante animal. Hubiera sido interesante conocer a esa dragona, no arrebatarle al pequeño esclavo como lo hizo, pero no se arrepentía de haber traído al pequeño híbrido, era todo lo que esperaba y con el tiempo, quizá más. -Si, es normal perder todo al transformarse, para los dragones es algo natural, con lo que vivimos día a día, hemos aprendido a llevarlo como algo natural, aunque vosotros, que sois tan raros... seguís cargando con la mancha de la sangre humana.- no pensó que tendría que explicarle también lo de la edad, pero lo hizo encantado. -Con los años que tienes, par aun humano, acabas de entrar en la etapa adulta, hace dos años concretamente, pero sigues siendo joven, mucho, así que te falta cierta experiencia vital que solo se aprende con el devenir de los años. Nada importante, eres joven, eso me gusta, más de lo que crees. También la palabra Kausi, la usaré contigo más a menudo, es un buen mote para mi esclavo.- Kausi sonaba demasiado bien.

Lo estaba tomando a la tremenda, no pretendía lanzarlo a las fauces de la bestia, no pretendía matarlo con esos salvajes, su intención era probarle y hacerlo bien, de primera mano, sin intermediarios. -No te dejaría pelear con ellos, están a un nivel totalmente diferente al tuyo, lo que quiero es comprobar que tal fue tu adiestramiento, dejando que me ataques a mi. Es como mejor se ven las aptitudes y el entrenamiento, cuando eres tú quien puede poner a prueba a la persona. No me harás daño porque no creo que puedas ganarme, pero sería divertido el verte intentarlo, en serio, con todas tus fuerzas porque además eres mejor que esos humanos por tu sangre de dragón.- Seguro que así se tranquilizaba un poco, no tendría ese miedo a ser machacado aunque el dragón seguramente algún golpe daría, no iba a salir ileso del todo, pero los moretones enseñaban lecciones. -No tenemos prisa, lo prepararé todo cuando no esté ocupado con esos haraganes, nos lo tomaremos con calma que así es más divertido, ver de que pasta estás hecho y no temas que tienes una de las mayores ventajas existentes, puedes curar casi cualquier herida en apenas un ratito.- al poder transformarse lo tenía sencillo.

Ese comentario no le gustó tanto, le podía comprar cosas porque si, no era como darle algo bonito para amansarlo o entrenar un perro de caza. -Si así es como lo ves es problema tuyo, no pienso discutir las razones por las que podría comprarte algo, al final sales perdiendo tú al verlo de esa forma. Ya aprenderás que pocos dragones compran cosas a sus esclavos, entonces quizás valores un poco más mis gesto y hasta te disculpes por haber dicho lo que has dicho.- comentó quizá en un tono más frío, aunque no se enfadó ni  molestó como antes. Dejando a un lado ese tema, el dragón si que veía fácil el transformarse y hasta creía que exageraba con el híbrido, solo tenía que recordar como lo hizo la primera vez y ya está, acostumbrarse a esa forma y a usarla para andar, volar y mantenerse bien en ella. -Porque fue la primera vez, no es tan difícil como dejas ver, cuando lo hagas un par de veces más, lo comprobarás y lo harás como si nada, como quien cambia de ropa. Además puedo enseñarte un poco como manejarlo, porque tengo más experiencia que tu en ello, muchos siglos de ser lo que soy.- Como mentor no tenía precio la experiencia del dragón.

El dragón no opuso resistencia a que se separase el chico mientras terminaba de beber del licor, seguramente para no bajar la guardia tras saber cosas que el propio dragón buscaba del chico y que este aún se negaba a ofrecerle. -Si, el calor del licor entumece un poco, sobretodo de licores fuertes como ese, por eso te dije que te ayudaría un poco con la herida, ya que la zona estará sensible unos días, también me gusta que no quieras decepcionarme y que vayas a comportarte y estar bien a mi lado, porque te voy a tener cerca la mayor parte del tiempo y quiero que podamos estar sin matarnos cada dos por tres. Sería un desperdicio que siempre fuese un tira y afloja constante, pues no habría forma de que esto acabase bien para los dos.

Se animó a seguir preguntando y no dudó en responder. -Siempre me ha gustado el combate, esto viene de mucho antes, yo mismo pude ejercer de gladiador en mi juventud por diversión, hace demasiado tiempo claro. Pero amo el concepto, la lucha por el honor, que seas tú quien labras tu propio nombre y puede alzarlo sobre el del resto, a base de espada, de sangre. La gloria espera a los mejores y solo aquellos que lo desean fervientemente pueden llegar a esa cima. Es mi mundo, la violencia y el honor de la arena, es lo que mejor conozco y lo que puedo llevar al extremo, hacer que el público clame por el nombre de su campeón y se metan tanto en el combate que las emociones afloren en ellos.- si, hablar de su trabajo era apasionante y se notaba. El tema de la edad lo pasó rápido, no se acordaba de la cifra exacta pero más o menos una aproximación, no quería calcular eso allí, le llevaría un tiempo. -Casi los 2400 años, todo un dragón, no como los que rondan los tres milenios, pero cerca ya, se me ha hecho bastante corto casi todo. Se acercó algo más a este para contestar su siguiente pregunta, sin apenas dejarle tiempo a que reaccionara a su edad elevada y le hiciera más preguntas sobre eso. -Si, me gustan ambos, no me cierro a nada, cuando tienes mi edad aprendes unas cuantas cosas, el placer por ejemplo... se puede gozar del mismo con ambos sexos, cada uno te ofrece algo especial y único, pero es cuestión de que lo sientas... cuando lo hagas, podrás verlo tan nítido como las estrellas en el cielo nocturno.- masculló, con una sonrisa, mientras su mano se deslizaba al muslo del chico para acariciarlo, de forma superficial.

Lo de los otros híbridos prefería no tocarlo la verdad, pero si insistía mejor que le sirviera de aviso para comportarse como prometió. -Bueno, si no están aquí por algo será, lo que tienes que procurar es no acabar como ellos, creo que eso es sencillo... me gusta lo diferente, lo único, tú eres precisamente eso. Así que no te preocupes tanto por eso, no tienes que temer mientras nos entendamos.- Esperaba que entendiese que ellos no eran como Kausi, este tenía algo diferente y mientras no se hartase del chico, nunca correría peligro. No obstante, la última pregunta que hizo, fue directa, bastante importante juzgó el dragón, pues el chico que hasta ahora le rehuía, podía sentir la amenaza de acabar como un esclavo en esas fiestas. -Para eso tendrías que ser un esclavo más, mis esclavos están instruidos para servir, son hermosos y hermosas y saben como complacer en la cama, por eso los pongo en mis fiestas para que disfruten y hagan disfrutar al resto de invitados. Tu caso... bueno, no le das tu mejor joya a cualquiera ni dejas que vean uno de tus tesoros, tu acabarás así para mi, en mi cama, no en la de otro, no pueden tocarte sin mi consentimiento y no pretendo exhibirte de esa forma, llevarías túnica completa y estarías siempre pegado a mi, mi asistente, procurando mi copa llena, alimentarme, darme caricias suaves en el brazo.- dijo, mirando al chico, que seguramente no encontrase consuelo en ello pues seguía el dragón diciendo que sería suyo, acabar acabaría en una cama, solo que con un solo dragón, sin ser compartido. -Creo eso debería responder tus dudas, también considero que han sido demasiadas emociones por hoy y tienes mucho en lo que pensar. Ahora está todo en tu mano como he mencionado, reflexiona esta noche como afrontar todo esto y tratemos de que vaya como ahora, bien y calmados. Quizá debas ir a descansar un poco, dar por finalizada esta charla y que pienses sobre todo lo que has descubierto, también para descansar de los golpes, para que la cicatriz de la marca deje de doler. Ademas estoy seguro de que mañana podremos empezar el día de una forma totalmente distinta.- era a partir de ahí cuando todo cobraba sentido y lo que tendría en cuenta el dragón.




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Mensaje por Eirik el Miér Mar 27 2019, 12:36

El dragón pelirrojo le respondió eso de que para los de su raza era natural perder todo al transformarse, y añadió que los híbridos como Eirik eran raros por seguir cargando con la mancha de la sangre humana. Había dicho “mancha”. Algo sucio. Algo que hay que limpiar. Eso es una mancha. Por mucho que Thyraxes intentara aparentar ser amable con él, incluso siendo adicto a la sangre de sucios seres como el Kausi, a pesar de llenar su cama de humanos e híbridos, por dentro su dueño dragón seguía pensando como el resto de los de su especie, que los humanos eran detestables. Algo mugriento que era necesario purificar. Eso provocó que Eirik respondiera un poco a la defensiva, por la media parte “sucia” que sentía que debía defender, porque formaba parte de lo que él era, tanto como la draconiana – A ti te gusta el arte, ¿verdad? He visto como tienes decorado tu palacio. Te gusta rodearte de cosas hermosas, tanto vivas como objetos – eso era indiscutible – Pero los dragones no son capaces de crear estas obras de arte. Que incongruencia ¿cierto? Que seas capaz de percibir su valía, que te haga sentir bien tener toda esta belleza, pero que no poseas la sensibilidad necesaria para crearla – sí, aquello le había sentado mal al menor, además no le estaba descubriendo nada nuevo a su amo – Solo los que tenemos la mancha de la sangre humana en nuestro interior podemos hacerlo. Únicamente un humano tiene esa capacidad – dijo remarcando la palabra “mancha”, sin discutirle, con voz suave y el gesto serio. Que aprendiera que los “sucios” como él eran valiosos y competentes en asuntos que los dragones valoraban, pero eran incapaces de crear. Que no eran tan poco valiosos como todo la sociedad draconiana se esforzaba tan vehementemente por insistir.

A continuación, Eirik asintió por los comentarios del contrario sobre que todavía le faltaban muchos años por vivir, muchas experiencias vitales que le hicieran madurar. No le pasó por alto eso de “eres joven, eso me gusta, más de lo que crees”. Sabía que él atraía a Thyraxes por ser un híbrido fuera de lo habitual, por su sangre, por su cuerpo, porque él no paraba de insinuarle que terminaría metido en su cama. Pero ahora conocía un dato más, que era obvio recordando a los esclavos que el dragón tenía en su casa, y era que los prefería más jóvenes que adultos. Por un lado pensó que con su condición de híbrido tardaría en llegar el momento en que tuviera que preocuparse por aquel asunto. Pasaría mucho tiempo antes de que Eirik comenzara a envejecer. Pero lo haría. Y cuando llegara el momento debía recordar esto, que para su dueño la juventud era un factor fundamental. Que podía verse relegado al olvido por ello.

A Thyraxes le agradó la historia de su apodo, y decidió que iba a utilizarlo – Me alegro que te guste – a Eirik también le gustaba, le recordaba una época lejana y feliz, a sus amigos, y realmente creía que le quedaba como un guante. Cada vez que el pelirrojo lo llamaba “mi esclavo” le hacía sentir un estremecimiento desconcertante por dentro. Ese ser draconiano era varonil, de carácter firme, pero también amable. Era alguien importante en la sociedad de Talos. Y lo había elegido a él para ser su esclavo. Era orgullosamente agradable sentirse así de aceptado por él.

El Kausi alzó la mirada y la puso sorprendido sobre los orbes de su dueño - ¿¿Quieres que pelee contigo?? – eso sí que le sorprendió – Claro, lo entiendo – añadió a continuación, cuando el contrario le dijo que quería comprobar cual era su nivel de adiestramiento. Luego, cuando Thyraxes comentó que sería divertido verle intentar ganarle, pero que era algo imposible, Eirik alzó su mentón altivo – Tu enfádame antes de la pelea y ya veremos qué pasa… tsk – chasqueó la lengua. Eso era un farol, evidentemente. Molesto o no, la diferencia de fuerza con ese dragón tremendo sería enorme. No le hacía falta pelear con él para apreciarlo. Pero al parecer a su nuevo amo de pelo color fuego le apetecía un poco de diversión a hostia limpia. Pues bien. Le agradaba más la idea de poder pelearse con Thyr que con alguno de sus locos gladiadores. Al menos Thyraxes se preocuparía de no dañarlo permanentemente. Esos bárbaros no tendrían problemas en arrancarle la cabeza de un mordisco, y luego ya se preocuparían de disculparse ante el dragón. – Me gustará probarme ante ti, amo – sonrió. No podía evitarlo, a ratos el mayor le resultaba insoportable, pero luego era así, amable, gentil, cálido, y al híbrido se le olvidaba que debía odiarle por haber sido raptado por él y convertido a la fuerza en su esclavo.

Eirik se mordió la lengua con lo siguiente que dijo Thyr. ¡Acababa de rechazar su supuesto primer regalo! Nada más y nada menos que un libro. Algo que él no tendría oportunidad de conseguir jamás por sus limitados medios. Lo hizo por afán de defender su capaz de decidir y su libertad. Por no parecer ser de esos que pueden ser comprados con objetos… pero cuando escuchó sus palabras se comenzó a arrepentir de las que le dijo. Apartó sus ojos verdes de los del contrario, quien parecía saber lo que le pasaba por la cabeza con solo mirarle. Aunque el híbrido dudaba seriamente que llegara el día en que se disculpara por ello. Su maldito orgullo le impediría hacerlo. Eso sí que lo tenía más que claro – Si tú lo dices… – fue lo único que le respondió, murmurando. El tema de conversación cambió a las transformaciones – Espero que sea cierto, porque me siento un poco torpe con eso – se animó un poco con las explicaciones del dragón, casi hasta le hacía parecer algo fácil con la práctica. Y luego, con lo de poder estar juntos sin matarse, añadió – Si que estaría bien, amo. Prometo intentarlo – era todo lo que podía hacer. Intentarlo con todas sus fuerzas. Pero sabía que su carácter se lo pondría difícil. Llevaba la rebeldía dentro de sí, formaba parte de él y no era algo fácilmente modificable.

Cuando el menor quiso saber porqué se había convertido en dueño del Coliseo, aprendió un poco más acerca del dragón. Thyraxes había sido gladiador. Siempre le gustó el combate. La lucha por el honor. Ese concepto agradó al Kausi. Se le notaba muy apasionado – Se nota que realmente te entusiasma todo este asunto – ratificó el menor – Me alegra saber que no solo es por la sangre y la muerte, que existe un punto de honor en todo esto – si solo hubiese existido sed de muerte Thyr le habría resultado demasiado frío y cruel. Pero ahora que comprendía que todo eso poseía un fondo más profundo como ese, le reconfortaba y volvía a sentirse agradecido de tener un amo como ése. Thyraxes subió un par de puntos más en su lista mental que iba haciéndose de él a medida que lo iba conociendo un poco mejor.

Y dejó a Eirik con la boca abierta cuando le dijo su edad – ¿¿¿2400 años??? – no era capaz de asimilar semejante número. Pero tampoco pudo comentarle nada más porque ya estaba justo sentado a su lado de nuevo, y diciéndole que era de gustos abiertos en cuanto al sexo – Ya… no sé qué decirte – sobre que él terminaría gozando de ambos. Eso era lo que peor llevaba hasta el momento, tener que abrirse de piernas para el dragón. Era lo único que le causaba verdadero terror. Se consideraba hetero, y no veía la necesidad de cambiar de acera, ni de tener que hacerlo ya, y con su nuevo dueño. Pero éste parecía como obsesionado con que así fuera. Thyr le acarició el muslo, y Eirik tragó saliva. Evitaba mirarlo directamente. No apartó su mano, pero se le notaba tenso, evidentemente. No sabía muy bien como debía gestionar todo ese asunto.

Su dueño fue crudamente claro con su nuevo esclavo con lo que había pasado con los anteriores híbridos que habían pasado por su casa. Como imaginaba, la cosa no había terminado bien para ellos. Thyraxes dijo que no debía tener miedo mientras se entendieran. Eso no dejaba tranquilo a Eirik. Era como pedirle al sol que no diese calor. ¿Cómo dejaba Eirik de ser Eirik, sin dejar de ser él? Era mucho más complicado de lo que parecía la petición del mayor. Por fortuna, para sosiego del híbrido, su dueño dragón dijo a continuación que no sería cedido a las visitas en las orgías que solían darse en esa casa habitualmente. Añadió que su cuerpo solo sería para él, y que el Kausi debía permanecer en todo momento cerca de Thyr, ocupándose de cualquier cosa que pudiera necesitar. Y dándole caricias - ¿Así, amo? – acercó despacio su manita al brazo del dragón y lo acarició suave. Su piel era cálida. Estaban a solas y aquel contacto era de lo más inocente, así que al moreno no le costó hacerlo. Volvió a fijar sus orbes gatunos en los del dragón, apartando la mano de su piel. Se puso serio de nuevo – Pensaré en todo lo que ha pasado. Y en lo que me has dicho – se puso en pie para marcharse a su habitación. Pero no caminó, se quedó junto al sofá. Había algo que quería decirle antes de marcharse – Thyr… te agradezco que intentes hacerlo así… que me expliques las cosas y… - se agarraba un brazo con la mano y se lo veía como tímido – Yo sé que a veces puede parece que no valoro cosas como ésta. Pero sí – y entonces sí ya se despidió de él – Hasta mañana – tenía tantísimas ideas rondándole la cabeza, y habían pasado tantas cosas esa jornada, que no sabía si lograría conciliar el sueño fácilmente.




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