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Aplausos del pasado | Enelia

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Aplausos del pasado | Enelia

Mensaje por Qalona el Jue Ene 10 2019, 01:54

La lluvia se estrellaba contra su rostro. El cabello se le pegaba a la piel. Poco a poco se empapaba, pero Qalona no parecía inmutarse. Ahí de pie, quieta, inexpresiva, los dedos entrelazados en su vientre, la mirada al frente, hacía honor a su sobrenombre de La Estatua. Su mirada, aparentemente perdida, escudriñaba cada pequeño detalle del paisaje que tenía delante de sus ojos.
Talos se alzaba ante ella imponente, tal y como fue concebida trescientos cincuenta años atrás. Allá, a lo lejos, el castillo. Más de cerca, unas pocas casas y puestos comerciales. La dragona sentía una emoción agridulce con respecto a aquellos muros y todo lo que éstos encerraban en su interior. Cada piedra utilizada para construir la ciudad, desde la más pequeña hasta la más grande, estaba impregnada de la gloria y el poder propios de su especie, pero también estaba manchada de la sangre de inocentes u otros dragones considerados traidores y desertores. A pesar de su edad y su experiencia en la vida, Qalona no estaba segura de dónde se encontraba la línea que separaba lo grandioso de lo abominable. Al fin y al cabo la Historia siempre la habían escrito los vencedores.
La dragona era consciente de que, segundo a segundo, Talos cambiaba. Diez minutos eran suficientes para que alguien cambiara de lugar, de vestimenta o hasta de rostro. En el rato que ella llevaba ahí de pie no menos de mil vidas habían cambiado.
Se movió finalmente para desperezarse y así desentumecerse los brazos y las piernas. Caminó por el borde de la muralla, su mano acariciando la piedra mojada, sin dejar de mirar a la ciudad. Desde ahí arriba se podían ver tantas cosas que a veces era difícil centrarse en algo concreto. A Qalona le daba igual, en realidad. Era consciente de que aquella mujer se había metido una barra de pan que no había pagado bajo la ropa, o que aquel niño se había hecho pis en la capa de un soldado despistado antes de salir corriendo. Ella no sería quien los aprehendería. Eso era el trabajo de los inquisidores, y si bien ella portaba el uniforme e interpretaba su papel como actriz, la dragona pelirroja no era una de ellos. No después de haberla casi considerado una traidora sin ningún motivo. No después de haberle arrebatado a su familia.
Se detuvo nuevamente antes de llegar al portón principal. Cerró los ojos suavemente, suspiró con lentitud y, entonces sí, los volvió a abrir y dejó que su mirada se perdiera en la lejanía, allá donde las gotas de lluvia distorsionaban el paisaje como las olas el fondo de un lago.





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