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Mensaje por Varlaam el Miér Dic 12 2018, 19:07

Nombre del tema: Miserables animales
Personajes: Varlaam y Aiden Warren
Ubicación: Coliseo de Talos

La hora del medio día caía, y las celdas solían ser abiertas dos veces al día. Como siempre, el Dragón que nunca se arrodilló, no estaba dispuesto a entrenar con otros. Varlaam pasaba el día, en el que se les permitía a los demás gladiadores salir de sus celdas en su propia celda. Recluido en la celda más profunda, en donde no había otros gladiadores, sino solo él. Esa actitud, arrogante, desde que había llegado a Talos, en el Coliseo, había despertado la rabia de más de un gladiador. Los gladiadores de Thyraxes le miraban con desdén, al mirar que el orgulloso dragón ni siquiera reparaba en ellos como si estuviese por encima de todos estos. Ese orgullo propio de Escama Roja, solo había hecho que las cosas se pusieran tensas a su alrededor, pero aun así, su fama y el hecho de ser un dragón era más que suficiente para que ninguno de los gladiadores se atreviera a hacerle frente, porque sabían que vencer a Varlaam no era una tarea ni fácil, ni sencilla. El dragón, altivo, caminaba por los pasillos del Coliseo, sin hablar con nadie. Creído y con esa confianza tan chocante y repelente.

Debía ser así, el vigoroso dragón lo había decidido así en el momento en que por causa de la zorra de la Reina Madre no había podido cumplir la promesa por la cual muchos de sus seguidores habían muerto en batalla. Les había fallado. Muchos veían en Varlaam a un líder, pero él se había recluido en la soledad tras la vergüenza que cargaba con gran peso en sus hombros. Ya se lo había dicho a Skrány, a Byron y Victoria. Este camino, el destino para el que había nacido, no lo podía cambiar, pero si podía elegir como transitarlo, y lo debía transitar solo. No iba a permitir que otros volviesen a confiar en él, y fallarles una vez más. No iba a soportarlo de nuevo. Aun así, pocos, por no decir que casi nadie más que el mismo y aquellos que le habían ido a ver sabían la verdadera razón de su lejanía y su tosquedad para con el mundo en general. Oculto, en esa coraza de arrogancia y orgullo que no pretendía romper, porque si existía alguien testarudo, ese era Varlaam. El dragón, se mantuvo en el catre sobre el cual dormía, sentado con las piernas entrelazadas a lo largo del mismo. Ignoró la puerta abierta y al esclavo que estaba encargado de llevar las llaves para abrir las celdas del Coliseo.

Sus oídos, superiores a los de cualquier humano, le permitieron escuchar los cuchicheos sobre él en la lejanía del lugar. Le permitían escuchar el recelo que se estaba creando en torno a él por su forma de ser, por ser un dragón. Poco le importaba realmente. Pasaron los minutos, y no fue hasta que algo había llamado la atención de Escama Roja. El dragón escuchó un bullicio poco normal. Normalmente solo solían entrenar sin mayores complicaciones en el patio de entrenamiento, pero escuchó risas y burlas. Varlaam se levantó, acercándose a los barrotes de la puerta de su celda y pasando los brazos por dentro de estos, entrecruzándolos, prestando atención a los ecos de las palabras que se dejaban escuchar hasta su celda.  Lamentaba bastante por el pobre idiota que se hubiera atrevido a ir a ese lugar en medio de los gladiadores. Aun así, Varlaam detestaba que los guerreros se comportaran de aquella manera. Varlaam odiaba con demasía que los hombres ahí presentes se comportaran realmente como lo que la sociedad de la falsa reina les miraba: animales salvajes. Menos que basura puesta para divertir a un montón de lamebotas.

Esos hombres eran guerreros, entregaban sus vidas con honor en el campo de batalla y debían tener el honor de que se les recordase. Buscaban la gloria, y eran dignos de ella, pero muchos otros, como esos imbéciles a los que estaba escuchando, se menospreciaban así mismos con su pútrida existencia aceptando de buenas a primeras que su vida no valía nada y que no eran más eso: basura para divertir a los adoradores de la falsa diosa. El dragón decidió salir, y miró en la lejanía como en un círculo tenían a alguien a quien empujaban de aquí para allá como si de un juguete se trataba. Su sorpresa no fue menor al ver de quién se trataba. Uno de los gladiadores lo sujetaba a la fuerza mientras se disponía a sacar su virilidad. –Ya que tanto disfrutas de acostarte con gladiadores, haré que lo disfrutes, criajo.– Mencionó, divirtiéndose y sin que lo viese venir el dragón le tomó por detrás, doblándole el brazo y propinandole un golpe que le sacó un par de dientes. Arrebató la espada de este rápidamente en el mismo instante, y apuntó con la espada al resto de gladiadores por si alguno se atrevía a ir contra él, y sorprendidos y asustados, le miraron en total silencio ante sus acciones. Varlaam lanzó la espada a un lado, tomó al humano entre sus brazos, y se los arrebató, adentrándose de nuevo en las celdas.




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Mensaje por Aiden Warren el Jue Dic 13 2018, 15:45

Nombre del tema: Miserables animales
Personajes: Varlaam y Aiden Warren
Ubicación: Coliseo de Talos


Ya habian pasado un par de dias desde el encuentro con Lerión, pero sentia que mi mundo habia dado un giro de 360º, destrozandome la realidad por completo. No dormia ni comia bien, y por supuesto andaba muy despistado. Incluso Hanadak lo notó, pero fue benevólo conmigo y aunque preferi no contarle nada sobre lo que me pasaba, él si me ofrecio un consejo: tener la mente ocupada en otras cosas. Y bueno, aunque suene a tener mucho trabajo, es cierto que estar atareado si que me tenia ocupado. Lo malo era que cuando llegaba la noche mi cabeza daba muchas vueltas. Aunque siempre era después de pensar en él, en Varlaam, en aquella tarde que comparti con el dragón en su celda un momento tan... extraño. Me gustaba pensar en ello mientras, bueno, llegaba a imaginarlo de nuevo en mi cama. Pero al terminar en mi intimidad, los tristes pensamientos volvian y lo odiaba.

Cada mañana trás levantarme, asearme y hacer mis tareas en casa, tenia una lista de recados para hacer. Pero aquel dia la lista era bastante reducida y en la cocina parecia haber poco movimiento, asi que me deje caer por alli para ver si podia aprender algo útil. Lo cierto es que cocinar sabia poco,  hacer pan, asar carne, y quizás porque ya estaba acostumbrado a verlo, tambien sabia hacer hummus o falafel. Fue cuando estaba amasando una torta de pan, cuando recorde que Varlaam era de Issaur, como yo, o al menos que habia estado alli mucho tiempo. En su dia no pensé volver a verlo, ¿para qué? Era un esclavo, que luchaba por sobrevivir y encima estaba asi porque no creia en la Reina. Sin embargo, me habia salvado la vida, y habia tenido en consideración si no hubiera querido acostarme con él. Tal vez por eso ahora iba por la calle con un par de panes y falafeles cubiertos con una tela dentro de una bolsa, para llevarselos como gratitud. Pero no porque me gustase ni nada, solo porque.... yo era educado, nada más. En casa no es que hubiera descontrol, sino que habia dicho una verdad a medias a Hassan por si Hanadak le preguntaba. Y es que yo estaria esperando en el puerto para avisar a los mercaderes de un pedido, aunque daba igual que lo hiciera hoy o mañana. Solo esperaba que nadie se enterase.

Asi que cuando llegue a las puertas del Coliseo, vi a unos guardias custodiandolas con seriedad. Di un rodeo colocando la bolsa en un hombro para que no molestase. Las entradas estaban cerradas con barrotes de hierro, además de que habia un guardia más detrás. Fue en una de estas puertas traseras a las que me acerque para hablar con uno de los guardias, que de manera tajante me contesto que el Coliseo estaba cerrado y me marchase. La cosa cambio cuando use mi persuasión, para que el guardia creyera que mi amo habia ofrecido al dueño del Coliseo mis servicios como servicio de mantenimiento. El guardia tardo en reaccionar unos segundos, puesto que mi habilidad no habia sido forzada al máximo, y aunque tuve un leve mareo, finalmente la puerta se abrio para dejarme pasar.

Trás seguir las indicaciones del guardia, terminé nuevamente en el centro de la arena. Gire sobre mi mismo mirando las gradas, esta vez vacias. Me sentia realmente grande alli en medio, como uno de esos gladiadores. Imagine por unos segundos que en las gradas habia gente laureando mi nombre, trás vencer a otros combatientes. Sonrei de lado, pensando tambien que tal vez como gladiador no estaria mal, aunque mis padres y hermanos no estarian felices por ello. Fue de nuevo cuando la imagen de Lerión aparecio en mi mente, y cerre los ojos. Sabia que algún dia me cruzaria con él, y no queria hacerlo. Por lo visto, teniamos cosas muy distintas en nuestra vida, como por ejemplo nuestros amos. Puede que ambos amos fueran buenos con nosotros, pero Nimue con Lerión parecia tratarlo como a un hijo. Hanadak aunque si me trataba con cercania y como un padre, tenia limites y se notaba que habia distancias por clase, algo que comprendia por mi parte: eramos diferentes, él mi amo y yo su esclavo, él un dragón y yo un humano.

Un grito me saco de mis pensamientos. Me gire bruscamente, viendo frente a mi más de diez hombres mirandome fijamente, ataviados con sandalas y un pequeño traje de gladiador. Los fui mirando uno a uno, puesto que se dirigian a mi con preguntas y palabras malsonantes, de que hacia alli, que llevaba en la bolsa, o si me habia perdido. Esto último desde luego era de una forma sarcástica, pues las risas no tardaron en sonar mientras me rodeaban — He venido a trabajar para el dueño del Coliseo. Y no os importa lo que traigo en la bolsa — respondi agarrando el asa sobre mi hombro empezando a girar de nuevo sobre mi mismo sin perder de vista un movimiento de los gladiadores. Uno de ellos me reconocio de haber estado en la propia arena, cuando Escama Roja mato al gigante de Edén y yo grite que era su premio. Ante esto, todos volvieron a reir llamandome de todo menos guapo — Iros al cuerno malditos bastardos — gruñi apretando los dientes, cuando senti que uno me empujo contra otro, y este otro al empujarme, cai de lado al suelo con la bolsa sobre mi. Me fui a incorporar cuando vi como el que mas habia estado dirigiendo aquella manada de lobos, se levanto la túnica agarrandose sus vergüenzas amenazando con forzarme. Frunci el ceño y empecé a arrastrarme hacia atrás — Como te acerques te mato — gruñi, aunque no provoque mas que mas risas. Pero como se acercase, no dudaria en quitarle el aire y ahogarlo alli mismo, mientras formaria un pequeño tornado de arena.

Pero no hizo falta, puesto que el tipo, se detuvo. O mas bien lo detuvo. Ver como los demás se apartaban atemorizados frente a Varlaam, me hizo sonreir — Eso, ¡temblad cabrones! Sois unos cobard... ¡EY! — y no pude terminar la frase. El rubio habia vuelto a levantarme por los aires como si fuera un muñeco y me llegaba al interior. Eso si, antes de perder de vista a los gladiadores, les saque la lengua.
Cuando ibamos a mitad del camino, empecé a moverme inquieto para que Varlaam parase — Para, espera... ¡sé caminar! — me queje algo rabioso. Me baje colocandome la camisa mejor, y mire a los lados, viendo las celdas abiertas, con un aspecto lugubre y nada acogedor, aunque ciertamente, el lugar era mejor que el de la última vez, quizás porque habia mas espacio o mas celdas — Deberias pedir una habitación por aqui — sonrei de lado, ladeando la cabeza mirando hacia una de las celdas. Cuando mire a Varlaam trague saliva volviendome a quedar serio — Eh si, estoooo... queria bueno, darte las gracias por la otra vez, por salvarme la vida y eso. No te lo agradeci ¿no? — me hice el despistado encogiendome de hombros y desfrunci el ceño dandole la bolsa — Te traigo algo. No sé si te gustará. He pensado que como viviste en Isaur, los falafeles si te agraden. Y pan. Lo he hecho yo esta mañana — aprete los labios un segundo — Mi amo me ha dado buena educación, asi que como hiciste eso por mi... pues... eso — mire por el pasillo que llevaba hacia el exterior — Pero ahora hubiera salido de ese problema a solas ¿eh? Que sepas que no soy una damisela en apuros — enarque una ceja cruzandome de brazos — La última vez fue distinto. Y creo que la Diosa me esta ayudando a... — cerre el pico al decir aquello. Los nervios me hacian hablar demasiado y desde que habia pisado el suelo, no habia callado. Aprete los labios y alzando las cejas mire a Varlaam a los ojos — Solo queria  agradecertelo. Y ya no te molesto mas. Seguro que tienes que hacer... no sé, cosas de gladiadores y tal — le di una palmada en el brazo de forma suavecita.




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Mensaje por Varlaam el Lun Ene 21 2019, 18:07

Para el Dragón que nunca se arrodilló, quienes se humillaban así mismos no tenían valor. Aquellos que desprestigiaban el concepto del significado de lo que él, destinado por su linaje perdido en el tiempo, era: un guerrero, eran menos que basura. Menos que nada. Por esa razón ni aun cuando la Reina Madre quiso sobrepasarse intentando menoscabar su nombre, hacerle menos, hacer que sus hazañas se olvidasen y se perdiesen en el tiempo, perdió su orgullo ni aún hoy siendo un esclavo. Varlaam lo mantenía y alzaba su frente con orgullo: un esclavo solo lo era cuando este perdía su voluntad y la voluntad de Escama Roja, el antiguo y glorioso Capitán de los Arcángeles, y ahora campeón gladiador de Isaur, jamás había dejado de estar intacta. Seguía ardiendo, como una llama que se alimentaba con el mismo deseo para el que había nacido, y ahora, se hacía más vivida con el deseo de venganza hacia quien había ido contra los suyos y a quienes le debía una promesa que, a pesar de los años, no había olvidado.

Esa razón, le había llevado a accionar de aquella forma ante lo que esos hombres estaban haciendo. Comportándose como animales, tal como quienes les oprimían y les habían puesto ahí les gustaban verles, dándole especial gusto a El Rojo de creer que realmente tenía una especie de poder y superioridad sobre ellos. Odiaba el hecho de que los humanos, grandes rivales de guerra, se hayan convertido en lo que eran ahora. Ese comportamiento era un insulto para aquellos que, en el pasado, en el Despertar habían dado sus vidas en la guerra, insultando las memorias de aquellos guerreros que habían muerto manteniendo su orgullo hasta el final encontrando en la muerte, la mayor de las glorías. Que actuasen como míseros animales, era para él mismo un insulto, como perros que se arrastraban por migajas, la cual en este caso parecía haber sido el insensato esclavo que había tenido la mala suerte de caer en el campo de batalla en su más reciente encuentro en el Coliseo.

Srkány, su mentor, maestro y padre, siempre le había dicho que existía una brecha muy corta entre la valentía y la idiotez, y desde que había conocido al humano de intensos ojos, azules como el cielo, los méritos que había vislumbrado eran de ambos en medida equilibrada, algo que sin duda alguna le daba una visión de que tarde o temprano iba a terminar tan muerto como cualquier humano de forma miserable. No podía esperar más, ciertamente el encuentro entre ambos, la última vez, había sido un momento memorable para el dragón, pero las palabras que habían tenido antes de ello, habían quedado también vigentes. El humano no solo era otro de los que había caído en la vergüenza de lo que eran ahora, ni el más mínimo reflejo de los grandes guerreros que enfrentó, sino que para complementar y como una cereza sobre el pastel, era un esclavo humano que adoraba a perra que se hacía llamar Reina. Decidió soltarle cuando armó berrinche porque le dejará caminar solo.

Eran palabras atrevidas para alguien que estaba a punto de ser un juguete y hacer honor a la marca que tenía como esclavo, donde fuese que estuviese esta. El rubio le miró, en silencio y con ese rostro confiado y arrogante de facciones duras que siempre tenía. La viva imagen del orgullo de un guerrero. Varlaam tomó la bolsa que este le extendió, mirando el contenido, no le respondió nada, solo le dejó parlotear. Sabía que estaba nervioso, podía olerlo. Le complacía de alguna manera que así fuera, que supiese que estaba ante un nombre que debía tener en cuenta. Notablemente un poco más alto que el humano, le tomó del brazo de forma fuerte tras la palmadita que le dio, y lo obligó a ir con él a la celda en contra de toda su voluntad, sabiendo que, por naturaleza, su fuerza era mayor y sin medir ningún tipo de palabras e ignorando que se quejase. Una vez ahí, en la celda, les miró a los ojos seriamente: el Dragón estaba molesto con el humano, y no tenía intenciones de ocultar su ira. Le convenía escoger mejor sus palabras ahora.




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Mensaje por Aiden Warren el Lun Ene 21 2019, 23:41

Mi verborrea natural hizo que el momento en el que estaba alli dentro, soltando lo que se me pasaba por la cabeza o al menos, lo que mejor sonaba, me hizo estar un poco incomódo, realmente porque deberia de haber estado en silencio, hablar lo justo. Pero no pude contenerme, y sinceramente después de lo que solte, me habia sentido mucho mejor, como si hubiera soltado un enorme peso. Aunque ahora no sabia como iba a enfrentarme a los estúpidos de ahi fuera, pero algo se me ocurriria, después de todo, habia un montón de arena alli tirada, no me costaria joderles un rato la visita para escapar.

Pero según le di un par de palmadas en el hombro, note como la mano de Varlaam me agarraba del brazo. En un principio note una corriente por el estomago, como si quisiera aquello realmente. Pero cuando alcé la mirada hacia él, y note que apretaba, frunci el ceño — Que.... ¿que haces? Me haces daño — tire de mi brazo para zafarme de su mano, pero entonces comenzó a tirar de mi como si tal cosa, llevandome trás él a la fuerza — No, espera, ¡para! ¿Que te crees que haces? ¡Para! — comencé a quejarme e incluso a agarrarme a las paredes y barrotes de otras celdas, pero Varlaam poseia tal fuerza que sus pasos no se detenian, y yo era un simple muñeco de trapo a su merced.

Finalmente llegamos a su celda, apartada del resto, y una vez dentro, me soltó del brazo, por lo que lleve mi otra mano a la zona enrojecida y dolorida. Aprete y afloje mi puño, notando como si mi brazo estaria a punto de dormirse. Respire algo incomodo y al mirarlo a los ojos, me senti aún mas pequeño de lo que ya era junto a él. Sus ojos verdes azulados no eran precisamente los mas amigables del mundo. Ni siquiera mi amo me habia mirado asi nunca, y ahora me arrepentia de haber ido alli. Frunci el ceño asustado, comenzando a dar unos pasos hacia atrás — L-lo siento... no queria... — coloque mis brazos delante del pecho bajando levemente la cabeza, mirandolo con temor. Mi espalda toco la pared de aquel lugar, y trague en grueso. Por un momento mis labios temblaron y mire al dragón, que sostenia la bolsa que le habia llevado.

Fue en ese momento cuando cuando comencé a sentir cierto enfado — Te di las gracias. Te traje eso hecho con mis manos. Incluso soy amable contigo a pesar de que no te importe una mierda — mi gesto cambio por completo mirandolo con rabia — ¿Quien demonios te crees que eres? — alcé ambas manos y una fuerte corriente de aire se dirigio hacia Varlaam para empujarlo contra la puerta de la propia celda — Te digo lo mismo que a los de fuera: como te acerques te mato — gruñi apretando los dientes, notando que me temblaban las manos por los nervios.




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Mensaje por Varlaam el Dom Ene 27 2019, 00:36

Airado por lo que había visto en lo que había decidido salir de su celda y siendo precisamente un dragón temperamental e incontrolable desde siempre, poco conocido por ocultar sus radicales y erráticos niveles de visceral emotividad  al momento de actuar, el dragón no iba a esforzarse, en ese momento por ocultar nada. Ocultaba otras cosas: la tristeza, por ejemplo, que le causaban los recuerdos del pasado cuando sintió la soledad, cuando sintió que les falló a sus seguidores, a él mismo por causa de la falsa dragona que ahora todos llamaban reina, pero era más por orgullo que ocultaba sus propias penas, aunque era pesimamente malo para hacerlo, más no precisamente mal arrogante porque como cualquier dragón, gozaba de una arrogancia y un orgullo natural, propio de su raza y de un guerrero. Una mezcla de emociones vivas y muy vividas y marcadas en el rio pasional que resultaba ser Varlaam Escama Roja, el Dragón que nunca se arrodilló. Venido de la nada, nacido de la nada. Destinado y decidido a alcanzar la gloría, en muerte o en vida y con ello la inmortalidad de su nombre para que viviese y perdurase por milenios; ergo el dragón que debía enfrentar el humano de intensos ojos en ese momento, era el que estaba actuando en consecuencia.

Y sí que tenía motivos para estar como estaba en aquel momento: la degradación que los gladiadores causaban sobre sí mismos, siendo todo lo que la alta cuna dragónica quería: animales, menos que nada, menospreciando su talento, su orgullo como guerreros. Ratas para entretener. La entrada, nuevamente, del humano de intensos ojos al recinto de El Rojo de esa manera tan estúpida buscando quien sabe qué cosa, un enclenque que apenas y podía sostenerse sobre sus piernas ante su presencia y que era la viva imagen de todo lo que el régimen de la puta reina representaba: sumisión, perdida de orgullo, de voluntad. Y verlo, tenerlo ahí delante de él y que actuase así, sentía él mismo el impulso de matarlo él mismo tal como quería morir y como había dicho anteriormente lo que era: nada, para que su nombre fuera olvidado y nadie lo recordará tal como él mismo se describía. Eso lo llenaba a de rabia, porque le recordaba justamente el motivo de porque estaba ahí, y del porque quería venganza: la Reina Madre. La mujer que quiso intentar controlarlo, pero no pudo, ni aún hoy.

El vigoroso dragón obviamente, aunque tenía ganas de abofetear a Aiden por su imprudencia y su sumisión tan insulsa, una que faltaba el respeto a todos los de su raza que habían muerto bajo su mano en la Gran Guerra, y que él aún recordaba con honor, contuvo las inmensas ganas de golpearlo sin más, cosa que no mejoró del todo cuando el humano, de la nada y sin explicación alguna, levantó las manos de forma que una extraña, fuerte y violenta corriente de viento le empujó como si de una fuerza imparable, incluso más fuerte que el propio dragón, se tratara. Varlaam por un instante solo chocó contra la propia reja de fuertes barrotes de hierro que se cerró antes que él, deteniéndole e interfiriendo en que su cuerpo humano siguiese de largo más allá de la propia celda y dejándole ahí, con los rubios cabellos, delicados como hebras de oro fino, delante de su cara y cubriendo parte de sus ojos. La facción de su rostro y la presión de sus labios, apretados, que le hicieron levantar la iracunda y desafiante mirada que encararon la mirada azul del humano demostraron que en definitiva, aquello no había sido la mejor de las ideas.

Escama Roja no había visto ni enfrentado nunca jamás la magia, y realmente, si existía o no, no le interesaba. Ninguno de esos temas: dioses, terroristas, rebelión…nada era importante más que su propios deseos, pero claro que le agradaba el hecho de que todo ello fuese una patada en el culo y el “poder” de la puta Reina Madre, y que ahora mismo el mismo humano al que había salvado y se decía así mismo alabador y fiel servidor de la Reina Madre, gran creyente, y toda esa chachara absurda estuviese usando esa magia en su contra, la misma magia que la Reina Madre consideraba “falsa” por ser una existencia incapaz de reconocer el valor de otros más que el de ella misma, le hizo reírse de lo irónica que era la vida y lo que estaba ocurriendo, así que, airado, también se estaba regocijando en su orgullo con lo que estaba pasando. –Venga, criajo, ¿eso es todo lo que tienes?– Le dijo, de forma desafiante mientras le miraba. –Te hice una pregunta, rata adoradora de la puta reina...– Mencionó susurrante al no recibir respuesta. –¡¿Es todo lo que tienes?!– Exigió con ira y se irguió haciéndole saber que iba a atacarlo si no hacía nada.




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Mensaje por Aiden Warren el Dom Ene 27 2019, 19:05

Aunque habian pasado semanas desde que despertase aquel don demoniaco, me prometi no usarlo a la ligera. De hecho, si lo iba a usar para escapar de alli pero de forma que pasara completamente desapercibido, siempre de forma que no me acusarán de usarlo yo. Por eso cuando vi al dragón golpear de espaldas contra la puerta de su celda, me quedé éstatico, porque me habia dado cuenta que habia cometido un enorme error, igual que cuando me enfrente al chico del callejón, solo que aquel chico tambien poseia el mismo don. Pero en ambos casos fue de forma instintiva, porque no sabia realmente controlarme y este era el resultado.

Baje las manos agarrandolas entre si de forma nerviosa, como si quisiera esconder lo que habia pasado, y correr un tupido velo. Pero Varlaam me miro de forma que parecia querer matarme, por lo que aparte mi vista de él bajando la mia y empecé nuevamente a retroceder asustado. Nuevamente choque con mi espalda en la pared — Y-yo... eh... n-no... — apenas se me oia, pues susurraba tan bajo que era un hilo de voz, que pronto fue acompañado de un balbuceo. Me estaba temiendo lo peor, pues no sé porque razón el gladiador se habia enfadado tanto conmigo. Solo habia sido amable con él, llevandole aquellas cosas ricas y dandole las gracias, ¿desde cuando le daba yo las gracias a alguien de esa forma? ¡Nunca! Pero el desgraciado parecia querer descuartizarme por algo. Seguramente estaba loco, y eran cierto los rumores de que los dragones necesitaban volver a su forma original porque si no perdian el norte.

La risotada que emitio el rubio me hizo mirarlo sorprendido, pues no me esperaba para nada que hiciera algo asi. Frunci el ceño sin saber que coño le pasaba. Si, estaba loco perdido e iba a matarme, hacerme trocitos y comerse mi corazón. Pero antes de poder imaginar alguna burrada mas, la voz del gladiador me sobresalto, retandome a lanzarle otro ataque. Aprete los labios bajando la mirada avergonzado, cruzandome de brazos. Al ver que no respondia, Varlaam se dirigio a mi con mas dureza, insultandome y tambien a la propia Reina, por lo que alcé la mirada hacia él — Dejame en paz — balbuceé haciendome funciendo el ceño con rabia, notando el nudo en mi garganta, notando como mis ojos se llenaban de lagrimas. Volvio a gritarme y esta vez parecia dispuesto a ir a por mi — No no no... — di un salto subiendome al catre, para intentar estar lo mas lejos del rubio — Es aire, ¿vale? Puedo hacer cosas pequeñas, incluso impulsarme para moverme con el, o mover cosas — todavia en el sitio, no deje de mirarlo unos segundos — Tambien puedo dejarte el que respiras y ahogarte — con algo mas de calma, respire pausadamente — Solo eso, no lo pedi — menti ocultando el resto de habilidades — Cuando me enfado o siento algo muy fuerte, no las sé controlar del todo y a veces es peligroso — me encogi de hombros sin darme cuenta de que me habia dirigido al aire, en plural, delatando que pòseia mas de uno.




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Mensaje por Varlaam el Lun Ene 28 2019, 17:02

¿Cómo no estar airado? El temperamento de Varlaam, era volátil, iracundo. Varlaam era una masa de pasión incontrolable, en todos y cada uno de los deseos y eso era algo bien sabido por todos los que recordaban su nombre. Eso lo hacía un líder fuerte que creía lo suficiente en sus propias convicciones como para morir por ellas, al mismo tiempo le daba la fama de ser un honorable guerrero que no tomaba por menos a ningún contrincante e iba a cada batalla y cada guerra como si fuese la última, disfrutándola en cada segundo, y…del mismo modo, ocurría entre las sabanas, razón por la cual a muchas dragonas y dragones se les apetecía bastante bien el gladiador rebelde,  a pesar de que para sus reputaciones fuera un oprobio el revolcarse con un amante con tal fama en una sociedad en donde la adoración a la Reina Madre lo era todo. Y en aquel momento, las razones que invocaban su ira eran exactamente muchas de las que le recordaban porque debía vengar a los suyos en contra yendo contra su más ferviente enemiga: la ladrona, la falsa Reina Madre.

Que el humano de intensos ojos se acobardara en ese momento en el que se había atrevido a atacarlo, mostrando por fin algo de valentía y rescatando, al menos un poco, su propio honor como humano y así, el de su raza misma, siendo más que una simple basura dispuesta para divertir, usado como nada, no hizo más que por supuesto alimentar la ira del dragón en ese instante. ¿De verdad pensaba seguir actuando así ante él, con miedo, aun viendo que él mismo estaba siendo víctima de los “poderes” a los cuales la puta de la falsa reina tanto odiaba y se negaba, enferma de poder, a aceptar? Fueron las preguntas que pasaron por la mente del vigoroso dragón, que le miró retroceder siendo como un detonante que no ayudó en nada y endureció de forma muy vistosa las facciones del dragón. Escama Roja entonces apretó los puños con fuerza, y presionó sus labios, y empezó a caminar, cada vez más rápido hacia Aiden, a pasos decididos, algo advertía que iba a acabarlo. Sus palabras fueron como dichas a oídos sordos.

–¡Aaaarg!– Emitió en gruñido el Dragón que nunca se arrodilló, subiéndose al catre y agarrando con fuerza y violentamente a Aiden de lo que fuera que cubría su parte superior del cuerpo, lo pegó contra la pared y levantándolo solo con una mano haciendo uso de su fuerza, por mucho, superior. A medida que el humano hablaba, de que era un don, que no lo había pedido, de lo que era capaz, y de cómo temía tener el poder que tenía, todo eso confluyó en una hecatombe de superior invocación de su ira que le estaba nublando el juicio. –¡Maldito cobarde!– Le gritó, mirándolo fijamente a los ojos. –¡¿Crees que puedes venir aquí, hacer lo que acabas de hacer y actuar de esa forma tan ridícula, eh?!– Le recriminó. –¿¡Crees que puedes venir al territorio de un león y actuar como si no fueras nada, Aiden?!– Exigió saber, mostrando por fin con palabras la razón de porque se sentía tan enfadado. –Hasta una presa que es cazada por un predador lucha con honor hasta el final, y da la buena batalla. ¡Soy un guerrero, mocoso! ¡Soy Varlaam Escama Roja!– Le hizo saber. –¡Si te sientes bien allá afuera siendo nada, como una miserable rata adorando a la zorra a la que llamas reina, a mí no me interesa, pero no creas que puedes venir, atacarme y actuar como un miserable cobarde!

El dragón gruño y continúo mirándole, hizo un silencio, y dijo con amargura. –…Muchos humanos dieron sus vidas en la guerra, todos y cada uno derramaron su sangre por lo que creían hasta el final, sin miedo porque sabían que la gloria definitiva llegaba con la muerte digna.– Mencionó. –Todos y cada uno, sus voces, sus rostros, su sangre y sus vidas que aún pesa sobre mis hombros, su recuerdo…– Dejo entrever en un susurró desviando la mirada por unos instantes hacia el vació, para después volver a mirar de forma iracunda a Aiden. –Merecen más que lo que son ahora. Tú raza…tú...– Mencionó. –Son una deshonra para su propio pasado.– Le recriminó. –No vales ni siquiera mi tiempo, ¡maldito seas, Aiden!– Y habiendo drenado de forma soez un tanto de la rabia contenida contra el humano, le soltó y le dejó caer en el catre, sin importarle si caía bien o no. Se giró y se bajó del catre y caminó hasta los barrotes, pasando sus brazos y entrecruzándolos por estos, y mirando cabizbajo hacia la pared. –No vales nada, y por esa razón vas a ser olvidado igual que ella sin que nadie recuerde ni siquiera quien fuiste, humano, igual que la zorra de la Reina Madre…– Sentenció, y simplemente suspiró, quedando en silencio.




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Mensaje por Aiden Warren el Lun Ene 28 2019, 19:21

Cuando creia que la tranquilidad volvia a su cauce, no habia hecho el caos mas que comenzar. Y la verdad es que cuando Varlaam se subio al catre con esa cara de loco, crei que iba a partirme el cuello cuando me lo agarro con fuerza poniendome contra la pared. Lleve mis manos a sus muñecas, intentando zafarme de él, y aunque movia las piernas para darle alguna patada, los nervios hacian que solo quisiera apoyarme contra la pared, puesto que de no hacerlo, solo estaria apoyado en su mano y empezaria a ahogarme. Pero cuando lo mire a los ojos, a escucharlo hablar con esa repugnancia sobre mi, me quede sin fuerzas. Y aunque crei que iba a ahogarme, el dragón de forma instintiva no apreteba tanto como yo creia, pues solo queria mostrar el desprecio hacia mi persona.

No pude evitar comenzar a llorar, aunque no de forma ruidosa como si fuera un niño, sino que apretando los dientes aguantaba todo lo que podia. Aún asi, todo lo que estaba escuchando en un principio, me dolia demasiado. Habia ido alli con buena fé, porque no solo queria darle las gracias en persona y llevarle algo de comer. Si no que queria verlo otra vez. No habia dejado de pensar en la tarde que estuve en esa misma celda, y aunque el sexo no fue lo esperado, sus palabras amables y toscas me gustaron mucho. Pero ahora solo me hacian daño, como cuchillas en el corazón. Nuevamente veia que bajar la guardia ante un simple sentimiento era lo peor que podia pasarme y debia de crear otro muro para que aquel dragón no pudiera herirme.

Pero cuando su mirada quedó a un lado, su voz bajo en un susurro, recordando el pasado, lo que antes me dolia por quien era, ahora me dolia doblemente por lo que me habia convertido, por haber olvidado a mi familia, mis raices. El miedo que me rodeaba y preferia aislarme aislarme a la verdad, antes de enfrentarme a ella porque el dolor era insufrible.
Escama Roja me dejo caer, y directamente lo hice de rodillas al catre, sentandome en mis talones con la mirada sobre mis rodillas, empezando a llorar en silencio. Segui escuchando a Varlaam cuando se alejo y cerré los ojos sin poder dejar de llorar. Respire profundamente echando la cabeza hacia atrás y volvi a bajar la mirada.

Soy Aiden Warren, y un dia fui libre como tu — balbuceé volviendo a respirar profundamente — Apenas lo recuerdo, pero era feliz con mi familia. Me gustaba ir con mi padre al campo, correr y atrapar bichos para tirarselos a mi hermana — aprete los labios notando como aquel recuerdo empezaba a cerrame la garganta — Pero... nos atacaron, sobrevivi y me hicieron esclavo. Tenia cuatro años — alcé la mirada hacia el rubio y grite — ¡¡TENIA CUATRO AÑOS Y NO TENIA NADA!! — aprete los dientes y me puse en pie mientras volvia a empezar a llorar — Odie a mi amo, a la Reina, a los esclavos... A TODOS, ¿pero que podia hacer un niño contra un imperio? ¡¡DIME MALDITO ESTÚPIDO!! — me acerque a Varlaam golpeandole en la espalda con gran rabia — Queria cortarles el cuello, que me devolvieran a mi familia, dejar de servirlos, dejar de rezar a su diosa — me pase la manga por las mejillas para quitarme las lagrimas y seguir hablando/chillando — Pero como me rebelaba, me azotaban, me castigaban o me amenazaban de muerte ¿crees que era fácil adaptarme a eso? Perdi a mi familia, los queria y los mataron — aprete los puños dandole otro par de golpes.

Rabioso di pasos hacia atrás, dejandome caer sentado en el catre nuevamente — Solo soy un esclavo que intenta recordar a quienes perdio... ¿pretendes que luche contra un batallón de dragones y su reina? — de nuevo me limpie las lagrimas recordando que habia visto a Lerión, por lo que el acto de no quererlo ver ni oirlo me hizo sentir mal otra vez. No queria que me viera asi, como estaba ahora, realmente me molestaba que alguien lo hiciera, pero Varlaam me habia encerrado alli y me sentia con ganas de estrangularlo — No me gusta mi vida, pero no tengo nada mejor. Y si es cierto que los terroristas hacen el bien, ¿porque no se les unen los opimidos y los débiles? Te diré porque: porque solo les interesa la guerra, igual que a ti, maldito bastardo — medio gruñi con los ojos brillantes mirandolo — El cementerio esta lleno de valientes y el orgullo no sirve de nada. Ademas ¿a cuantos humanos o dragones se les recuerda de antes de la gran guerra? — lo mire curioso, pues que yo supiera, no habia ni una sola personalidad humana o draconica anterior a la guerra, y aún asi Varlaam parecia empeñado en dejar huella para que lo recordasen como a otros. Pero ¿quienes?




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Mensaje por Varlaam el Miér Ene 30 2019, 16:24

En el instante, el Dragón que nunca se arrodilló viendo las lágrimas de Aiden, no hacía más que sentirse con más ganas de querer golpearlo por su debilidad y su cobardía, y todo lo que ello estaba representando en ese momento. Aquel encuentro con el humano le había revuelto más de una emoción en aquel día, y le hacían aferrarse más al objetivo de su vida: vivir por siempre. No quería que su valor fuese nada, que lucha fuese nada. Él tenía que ser recordado tal como su madre le había dicho, él había nacido con ese destino, lo sabía, y aunque había tenido la opción de no escogerlo, de negarse a él, no lo hizo, y había perdido mucho por ello, lo mismo que había hecho mucho para ello. La sangre de sus enemigos seguía viva en sus manos, la veía cada vez que mataba a otro guerrero. Sí, eran muertes dignas, pero cargar con eso peso, no era sencillo. Estar listo para quitarle la vida a alguien y derramar su sangre, era algo que solo las voluntades fuertes podían resistir. Era un guerrero virtuoso, pero el lado oscuro de ser un guerrero…ese era en el que nadie pensaba nunca, y solo se quedaba ahí, en las mentes de los que escogían ese camino. El camino de la inmortalidad verdadera: la de su nombre.

Era el precio de alcanzar lo que quería. Escuchó con atención las palabras del humano de intensos ojos, pero por supuesto, no ni le dedicó mirada alguna. Se mantuvo en silencio y en la misma posición en la que tenía en los barrotes de su celda, Varlaam era un dragón no solo iracundo, sino sumamente orgulloso cual guerrero digno. Sintió los golpes del humano sobre su esculpida espalda humana, curtida por la batalla y la guerra durante los siglos. Él mejor que nadie sabía lo que significaba que te arrebataran todo, odiar por ello, sentir rabia, ira, querer vengarse, eso era lo que le había mantenido vivo. Eso era lo que ahora mismo alimentaba su voluntad y le daba, todos los días, la fuerza suficiente para luchar cada batalla de forma ferviente y no perder su glorioso destino de vista: la inmortalidad de su nombre, que perdurase por siempre y para siempre en la memoria y con ello el recuerdo de quienes le habían jurado lealtad, los Arcángeles, lo harían también. Debía cumplir su promesa. El dragón río, porque Aiden le estaba dando más razones para sentirse indignado.

–Perdiste todo, te lo arrebataron todo, y preferiste volverte un maldito esclavo antes que hacer algo por aquellos a los que perdiste. Te valió más el vivir como una rata que el morir, al menos, manteniendo tu honor y tu orgullo, con miedo…patético.– Lanzó de forma tajante y sin el menor decoro. –Eres una deshonra para ti mismo, Aiden Warren, y por esa razón nadie te recordará.– Sentenció. –Siempre será mejor la muerte que doblegar tu voluntad, siempre será mejor ser recordado como héroe que ser olvidado como cobarde.– Dijo, sentenciando y dejándolo claro. Así pensaba el dragón desde siempre. Su tono había bajado lo suficiente para que la conversación pudiese ser más entre ambos, pero no menos intensa. –Una vida de esclavitud…vaya conformidad, criajo.– Sentenció. –Te contaré algo.– Le dijo para girarse y verle. –Nací dragón, pero no siempre fui lo que soy. Nací siendo nada, uno más, sin importancia…Varlaam y nada más. Según muchos con un talento para la guerra, verdad o no eso último, no lo sé ni me importa, pero me esforcé por perfeccionarlo. Tenía un destino, y podía escoger: la grandeza de mi nombre o la simpleza de morir como nací, como uno más. Nadie.

–Mi madre me lo dijo: puedes elegir vivir una vida simple, tener familia, y que tu nombre lo recuerden algunos…tus hijos, los hijos de tus hijos, pero al final, ser olvidado, una sombra, o…puedes abrazar tu destino, y que tu nombre sea recordado por siempre, pero ten presente, que el destino de un gran guerrero, de tus ancestros, te arrebatará sin piedad alguna todo lo que ames. Es un duro sendero de sufrimiento y sangre que te inmortalizará, y destruirá tu alma con el.– El dragón rio, desviando la mirada, mientras le contaba. Varlaam no hablaba a nadie de su madre, sin embargo, lo hizo con Aiden. –Lo demás ya lo conoces…– Mencionó. –No eres el único que ha perdido algo, niño.– No iba a decir nada sobre los terroristas y la afirmación de Aiden, porque realmente no conocía demasiado bien las intenciones de los terroristas. –La guerra es todo lo que conozco y lo que recuerdo. Siempre he sido así.– El dragón se movió hasta donde tenía el pequeño balde con agua dispuesto para él, y tomó un poco para lavar su cara. –¿Así que eso piensas?– Preguntó, mofándose de su afirmación, ocultando que lo que había dicho le dolió porque él si los recodaba: sus hombres, las vidas que había quitado, a todos y cada uno. –Bien… ¿Eres feliz siendo nadie? Entonces vive así, esclavo.– Y antes de salir de ahí, dandole la espalda, se paró. –Y si te interesa, todos y cada uno, aliados y enemigos, yo los recuerdo. Es la maldición de ser un guerrero.– Mencionó de forma amarga como una triste realidad antes de irse.




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Mensaje por Aiden Warren el Jue Ene 31 2019, 12:30

Cuando Varlaam se dio la vuelta y comenzó a hablar, lo mire a la cara. Crei que me entenderia, que se habria puesto en mi pellejo y sabria que no era tan fácil como él lo veia. Pero no, volvio a sus duras palabras, por lo que suspire encorbando la espalda mirando a la pared del frente — Bla bla bla — susurre mientras parloteaba, intentando no empezar a gritarle. Me empezaba a cabrear con sus cosas y me daba igual que fuera un dragón, porque a pesar de todo, era un maldito esclavo. Y yo me habia pegado con cientos de ellos. Ese no iba a ser menos que el resto.

Me sorprendio el cambio de voz y el brillo en la mirada de aquel idiota redomado, cuando hablo de su madre. Realmente parecia hasta humano, como si tocase el suelo gracias a ella, tan solo por nombrarla. Ladeé la cabeza enarcando una ceja, atento a sus palabras. Hasta parecia mas mono que antes. Pero cuando dejo de hablar de ella y volvio a mi... jodio su encanto. Puse los ojos en blanco y volvi a mirar al frente. Tome aire apretando los labios un segundo para comenzar a hablar.

De todo lo que has dicho, lo único que me ha interesado son las palabras de tu madre. Al menos ella parece que sabe respetar, no como tu ¿vale? — alcé la mano para que callase — Si, admito ser cobarde, pero ni represento a los humanos, ni a mi familia, ni a nadie. Solo quiero estar vivo. Asi que dejate de orgullos de dragones. No soy un maldiito guerrero que muere en batalla estúpida dirigida por otros — me puse en pie acercandome al cubo de agua, donde abri la bolsa de comida que le habia llevado y comencé a destrozar aquellos dulces tirandolos dentro — Me tachas de esclavo, de ser una rata feliz como tal... que seré olvidado — le lancé a la cabeza con un pan crujiente — ¿Te has dado cuenta que eres  un maldito esclavo? ¿Un simple payaso que divierte a otros dragones, que no recuerdan que luchaste junto a ellos o para ellos, sino que te juzgaron por algo? — tire la bolsa vacia al suelo y sali de alli, estando en el pasillo que llevaba a la salida, aún estando a su lado — Tienes alma de guerrero, lo eres. Pero sigues aqui, encerrado desde hace mucho tiempo — me encogi de hombros alzando las cejas — ¿Que te hace ser mejor que yo? ¿Que eres mas alto? ¿Mas viejo? Porque tu, no puedes darme lecciones de nada. Tu no, porque si eres tan valiente que prefieres la muerte antes que seguir siendo esclavo, ¿porque sigues aqui de pie? — me mantive callado unos segundos y pase delante de él caminando de espaldas sin dejar de mirarlo por si se me echaba encima — No deberia haber venido — lo mire con algo de rabia y tristeza, sin dejar de dirigirme a la salida ahora si me gire dandole la espalda.




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Mensaje por Varlaam el Lun Feb 04 2019, 07:19

En ese entonces, si las cosas ya estaban mal, el comportamiento insensato del humano de intensos ojos ahora lo habían mandado todo a la mierda. A pesar de un esclavo, tenía comportamientos amañados a los de ciertos dragones, y de los peores, de los que Varlaam más detestaba, los lamebotas de la Reina Madre, como Thyraxes, como Abbadon. El dragón río, arrogante y con la típica confianza que tenía en sí mismo, demasiada, dirían muchos, pero, la necesaria. Varlaam sabía quién era, de lo que era capaz, lo que podía y no hacer, lo que haría y lo que no. Su llegada a Talos no era nada aislado, Thyraxes era solo un camino para sus propósitos, puede que el mundo, o no, los dragones más acomodados, la alta aristocracia junto a su falsa Reina Madre creyesen que le tenían bajo control, bajo sus órdenes, pero ya más de una vez en Isaur el dragón que nunca se arrodilló había dejado claro que, era, incontrolable y que no luchaba más que para sí mismo, y no para ningún rey como lo había hecho erróneamente en otro tiempo, en el tiempo en donde la zorra con Corona le había traicionado a él, y a todos los dragones que se fueron a la tumba creyendo que tendrían realmente parte alguna en la historia venidera y ella solo los echó a un lado, con migajas.


Su comportamiento, tras llorar se le hizo hipócrita y sus palabras escuetas y vacías. Se le hacía que escuchaba a Thyraxes, escondido en la arrogancia de subestimarle, pero lo irónico era que lo hacía un esclavo. Realmente, parecía no entender nada. El problema no había sido la posición que ocupaba en la pirámide que la falsa Reina Madre había construido, a fin de cuentas, los humanos habían batalla la guerra con honor y la habían perdido, ser esclavos era aceptar su derrota con la dignidad que debían, pero perder su orgullo como raza y su voluntad era lo que realmente Escama Roja detestaba, en lo que la Reina Madre quería convertir todo: seguidores sin voluntad, sin nada. No lo sería, nunca. Por lo que no pudo hacer más que sonreír arrogante. –Eres un insensato, Aiden Warren, y uno de los peores… enorgullécete, humano, eres exactamente lo que la puta de la Reina Madre quiere, pero yo te diré, mocoso: Yo conozco a la Reina Madre, tú…– Rio para sí. –Apenas y sueñas con que algún día te vea. Te diré algo: No pasará, nunca. Eres mierda para ella, nada. Su arrogancia jamás le permitirá reconocer a otros, y eso ya está claro.– Mencionó. –Los humanos tienen su lugar merecido, perdieron la guerra, no voy a discutir tal estupidez. Los dragones ganamos de forma gloriosa.

–Pero lo que tú perdiste, mocoso… eso, no te lo arrebató ningún dragón, tú lo desechaste por cuenta propia. Tú lo elegiste.– Dijo, sentenciando sin ninguna piedad. El dragón que nunca se arrodilló detestaba todas esas maneras, y lo que había visto entonces cuando conoció a Aiden, se había esfumado por completo. Su valentía: era la valentía de un perro asustado y nada más, se lo estaba dejando claro. A final de cuentas, parecía sin tener razón en lo que había mencionado cuando enfrentó al gigante que fue su enemigo en la batalla en la cual cayó en medio del dragón y su contrincante: Nada. El humano de intensos ojos cuestionó sobre el porqué seguía vivo. No conocía nada de Varlaam, y eso le hizo bufar en una risa socarrona, porque parecía querer comprarlo con él en las motivaciones de vivir porque se aferraba a la vida por miedo a la muerte, pero Varlaam, era un guerrero peligroso, más que nada, porque nunca en toda su vida le había tenido miedo a la muerte porque sabía que la muerte era el destino de todos al final, dragón o humano, nadie podía escapar de ella, el cómo morir, eso, eso sí podía decidirlo, y él jamás moriría como el resto, porque había escogido su camino a la grandeza y la inmortalidad de su nombre, y ese era su destino.

El humano de intensos ojos intento irse, pero entonces el vigoroso dragón no le dejó. Lo tomó del pecho y empujó, sin delicadeza, contra unas de las paredes del recinto, estampándole, y le miró a los ojos sin quitarle ni un segundo la mirada de encima. –Cuidado, esclavo… No compares a un león con una rata. Lo que me mantiene vivo es mi fiereza, no mi miedo a morir porque no le temo a la muerte.– Y no había nada, absolutamente nada a lo que Varlaam le tuviese miedo ya. Le habían quitado a su madre, sus hombres habían muerto ya, y hoy el mundo sabía quién era. En donde se hablare de su nombre, era bien sabido quien era Varlaam Escama Roja, el Dragón que nunca se arrodilló. Un traidor, un rebelde, un héroe, un esclavo, un campeón, un fugaz y apasionado amante, no importaba lo que se decía, porque igual se decía, y eso era lo que el dragón buscaba. Aceptar que Thyraxes le comprase era, por mucho, no más que egolatría porque sabía que en manos de El Rojo muchos hablarían del Coliseo de Talos por generaciones, y él debía estar ahí y seguir haciendo que su nombre fuera grande entre los grandes. Con el rostro de orgullo y confianza que siempre dejaba ver, continuó mirando al humano, y sin interponerse más en su caminó, lanzó una risa socarrona, entrando en su celda, sintiendo que solo estaba perdiendo el tiempo. –Largate ya.




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Mensaje por Aiden Warren el Lun Feb 04 2019, 11:24

Aunque Varlaam me volviera a hablar y rebatiera lo que le habia dicho, mantuve el silencio, simple y llanamente porque lo daba por imposible. Era un cabezón que se creia por encima de todo y todos, por unos ideales que poco favor le habian hecho hasta ahora. Solo me falto bostezar cuando empecé a salir de alli, sin dirigirle la mirada. No habia nada mas que hacer alli dentro, porque esperaba una reacción que no aparecio. Asi que trás mis palabras de arrepentimiento, quisé irme de alli, cosa que no consegui, ya que aquel asqueroso me agarro del pecho de la camisa poniendo mi espalda contra la pared.

Nuestras miradas se cruzaron, esta vez no mostre miedo sino rabia. Estaba cansado de que me tratará asi, de que me hablará de esa manera. Cuando me advirtio que no comparase a un león con una rata, segui serio * Pues se valiente león, y enfrentate al imperio que tanto odias* pensé con mis manos en su muñeca, que finalmente aparto diciendo que me largase. Lo mire con desprecio y volvi a dirigirme hacia la salida deteniendome antes de irme — Cuando yo haya muerto, tu seguirás vivo y esclavizado, león valiente — sonrei ladino, pensando que puede que yo al final muriera antes de lo que pensaba, o no, quien sabe. Pero aquel dragón iba a estar alli incluso después de un milenio, con la misma apariencia. Pero yo ya seria libre, él seguiria amargado con su penitencia.

Cuando sali a la arena, vi que los gladiadores estaban agrupados a un lado, echados a la sombra. Al verme salir, dirigieron sus miradas hacia mi y comenzaron a hablar de algo. Mi mirada los fulmino y los grite — ¡¡METEOS EN VUESTROS ASUNTOS!! — como si tuviera algo en la mano, lancé un torbellino hacia el grupo, haciendo que unos se golpeasen y rebotasen contra la pared de piedra, ya que otros se habian apartado a tiempo. Al ver aquello sali corriendo, tomando impulso, trepando por los muros con gran agilidad provocada por el aire que me impulsaba. Ya fuera del Coliseo solo queria ir a casa para olvidarme de todo aquello. Me habia dejado la bolsa de tela con la nota de agradecimiento para Varlaam, pero estaba muy seguro que el gladiador lo quemaria todo, porque le importaba mas bien nada, asi que ni pensé mas en ello.




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