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✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

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✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

Mensaje por Abraxas el Lun Dic 03 2018, 05:23

ne te quaesiveris extra

La Encomienda Crediticia extendía sus tentáculos a lo largo y ancho del Imperio. Sus propiedades configuraban un aterrador pero eficiente conglomerado de fortalezas y edificios gremiales cuyo único propósito era lubricar el comercio de los más ricos y atrapar en sus terribles redes las pocas fortunas de los más pobres. Era la avaricia convertida en un ente real, y en un mundo gobernado por criaturas como los dragones, no podía sino ser una empresa de éxito sin par. La sede de Talos era un regalo para los ojos. No se había construido para ser defendible, pues no se albergaban allí grandes tesoros, sino para ser un emblema de estatus y proyección imperial. Próxima al nexo comercial de la ciudad su fachada se podía ver desde cuasi cualquier punto del mercado. Distinguida por los banderines y escudos de Abraxas el escarlata centelleaba bajo la gloria solar contra el blanco marfil de sus muros. Existía un enrejado de hierro oscurecido rodeando la finca urbana, y sus accesos quedaban vigilados por la guardia de la Encomienda. Todos ellos eran anónimos caballeros acorazados en tan oscuro tono que ni las capas ni sus aceros se distinguían en demasía de sus propias sombras. Armados con alabardas, y portadores de una espada de mano en el cinto, configuraban la defensa y punta de lanza de aquella gran empresa en el continente y en ultramar.

Durante largo tiempo las encomiendas habían funcionado de forma autónoma, regentadas por legados y encargados que enviaban balances y sesudos informes a Abraxas en su dilatado retiro. Por vez primera en años, aquél que era el gran propietario de todo ello, se encontraba en el edificio. Era aquello un hecho excepcional para gran parte de su personal, y en ello se hacía patente el modo en que se había redoblado la seguridad y el encomio en la limpieza. Se había realizado tal trabajo que, incluso, pudiera parecer que el lugar acababa de ser levantado, fresco y nuevo. La planta baja quedaba reservada a una sucesión de mesas repletas de cuentas y ábacos, donde prestamistas y usureros negociaban pequeños créditos o cobraban intereses y cuotas. Era aquella la pequeña parte del negocio, y pese a ello la más frecuentada. Los grandes clientes tenían reservadas cámaras privadas en los niveles superiores, donde reunirse con los encargados y gerifaltes de la Encomienda Crediticia. Incluso, en ocasiones, la propia institución enviaba a sus delegados a las propiedades de sus mejores inversores para realizar las negociaciones a su comodidad y requerimiento. Esto último, algo totalmente impensable para el vulgo.

Abraxas había recibido la noticia de una reunión próxima con un inversor que habría de representar intereses altamente lucrativos. La propuesta era vaga, y poco sabía de ella, pero las sumas que habrían de manejarse habían sido suficientes para llamar su atención. Quizá como reto personal, en aquella etapa de reinserción pública que estaba llevando a cabo, le llevó a informar que se ocuparía personalmente de la reunión. Y así era. Se había reservado la mejor de las cámaras para ello, y se había adecentado para la ocasión. Se trataba de una habitación rectangular, en cuyo centro descansaba una mesa de banquete labrada en madera de raíz. Sus diseños eran barrocos, y sobre ella se dispensaba un mantel rojo en el que descansaban la cartografía imperial y otros elementos de apoyo que pudieran ser requeridos en la discusión mercantil. No había sillas entorno aquella mesa, pues se suponía que habría de servir exclusivamente como punto de exposición y estrategia. Una mesa de escritorio quedaba en el ala derecha, bañada por el sol que entraba por las largas y delgadas ventanas acristaladas. Allí se quedaban tres sillas dispuestas, una para Abraxas a un lado, con un diseño más pulcro y ornamental, y otras dos de calidad igualmente excelsa pero moderadas en estética. Un pupitre restaba no muy lejos, destinado al escribano que tuviera que tomar nota de todo cuanto allí se dijera.

Aquella mañana el dragón había realizado un ejercicio de sociabilidad con los suyos. Había saludado personalmente a sus subalternos y había fingido preocupación por sus grises vidas. Había calentado, por así decirlo, para brillar en ese momento, y cuando la guardia golpeó dos veces a la puerta de la cámara de reunión para anunciar la llegada del inversor, levantó su cuerpo de la silla y quedó atento y curioso, con una sonrisa elegante y comedida.





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Re: ✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

Mensaje por Uriel el Lun Dic 03 2018, 15:10

La noticia de la vuelta a la sociedad del dragón dueño de la Encomienda Crediticia corrió como la pólvora y pronto acabó en los oídos de la resistencia. En general la noticia no habría llamado la atención a los hermanos híbridos, un dragón más un dragón menos en Talos importaba bien poco. Lo que importaba era la misión de la resistencia. Pero como todo no salía como querían todos, esta vez sí les llamó la atención. ¿Por qué? Muy sencillo... El dragón se llamaba Abraxas.

Ese nombre había estado persiguiendo a los hermanos (y sobre todo a Uriel) desde el día de su nacimiento. Su tía, esa que había preferido mil veces y de forma más que obvia a su hermano Agni, les había hablado muchísimo sobre el maldito bastardo cabrón que era su padre. Un dragón llamado Abraxas, muy poderoso y con una gran altivez. El nombre les servía, porque... ¿Cuántas personas habría en el mundo llamadas Abraxas? No era un nombre muy común que se diga... Pero, el resto de la descripción... Bueno, cuando se ponía a describirlo físicamente (lo que la mujer recordaba) sí que era más fácil pensar "con esta información, le puedo buscar." pero no con lo demás. Todos los dragones eran altivos. Era algo que lo llevaban en las venas o algo...

Así que, centrándose en lo principal, cuando oyeron que el dragón se llamaba Abraxas, lo primero que les vino a la cabeza a los dos fue "¿será él?". Y lo más importante... ¿Qué iban a hacer si lo era? Desde luego tenían una cuenta pendiente con él... Por su culpa su madre había muerto, había pasado unos últimos días terribles, su tía les había querido pero sin pasarse,  habían crecido sin una figura paterna y sin nadie que les explicase su naturaleza... Vamos, que tenían rencor acumulado para parar a un dragón de los grandes. Pero lo primero y fundamental era descubrir si ese Abraxas era su padre o no... Así que, había que ver cómo se las apañaban para estar a solas con él.

Después de varias semanas estudiando sus movimientos, vieron bastante claro que pillarle por la calle iba a ser imposible, así que sólo quedaba una opción. Entrar en la boca del lobo. Ir a su sede principal y hablar cara a cara con él en su territorio. Eso a Uriel le hacía tanta gracia como que le pasaran jade cuando estaba en su forma de dragón... Por lo que cuando ideó el plan perfecto, le dijo a su hermano Agni, que NO le dejaba venir con él. Su hermano le discutió y argumentó su punto de vista sobre que sería mejor que fueran los dos. Pero Uriel no cedió. Si caía él, Agni podría vengarle. Pero si caían los dos... No quería ni pensarlo.

La idea era fácil de seguir. llamaría la atención del dragón haciéndose pasar por un cliente adinerado, un dragón aburrido que quería invertir en un plan costoso y grande. Como durante la mayor parte de su vida tanto Agni como él habían creído ser dragones, no le resultaría difícil vender la farsa anterior.

Uriel:


Uriel había salido con tiempo para meterse en el papel. Dragón, explorador para la divina Reina Madre (que los dioses le cojan confesado...) y con mucho dinero con el que jugar mientras se aburre. Por si acaso, llevaba por sus ropas guardado una bolsa de dinero que había conseguido robando o apostando. Así que a la hora precisa estaba a las puertas del edificio, preparándose mentalmente para quizás encontrarse con su progenitor.

Le guiaron hasta una sala del piso superior y Uriel agradeció a los dioses su habilidad para esconder sus sentimientos. Su habilidad para engañar le venía muy bien, sobre todo cuando estaba nervioso y lo quería ocultar. Porque decir que no lo estaba sería mentir descaradamente, que también lo haría, pero esa no es la cuestión. Si le pillaban estaba más que jodido.

Entró cuando le dieron acceso y levantó la cabeza orgulloso. Tenía que vender que era un dragón, después de todo.

-Buenos días, Lord Abraxas. Es un honor que me reciba.

Miró al dragón y casi pierde la sonrisa que había forzado en su rostro. El hombre era tal y como le había descrito su tía...

"Hermano, creo que acabo de encontrar a nuestro padre..."




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Mensaje por Abraxas el Mar Dic 04 2018, 03:26

La escolta que había acompañado a Uriel hasta la cámara había sido compuesta por cuatro guardianes. Sus mantos oscuros dejaban un rastro suntuoso, posicionados dos en vanguardia y los demás cerrando la marcha. Cuando las puertas al salón se abrieron aquellos que conformaban la primera línea penetraron el umbral y se dispusieron a ambos lados de las puertas, legando el paso al presunto inversor. Los otros dos jamás entrarían, girando marcialmente sobre sus talones para guarnecer la entrada ante cualquier intrusión. Una vez Uriel inició su aproximación a la mesa de escritorio en la que Abraxas se hallaba, los centinelas cerraron las puertas lacónicos. En consecuencia, sin contar la belleza y notables ornamentos del lugar, quedaban allí reunidas cinco criaturas. Quizá no era el momento íntimo que el híbrido hubiera buscado mantener con el dragón, pero era cierto que hallar a este en completa soledad era poco menos que una fantasía.

- Sed bienvenido. Veo que no solo sois atrevido, sino también educado. Tengo entendido que tenéis por delante una empresa de lo más osada, y ya os advierto que vuestro buen hablar no habrá de daros mejores condiciones. – La mirada del financiero transmitía un cierto tono jocoso, dotando el tono del encuentro del matiz que consideraba adecuado respecto a la otra parte. Sus palabras deseaban plantear los cimientos de la conversación, de manera que no olvidara que pese al tono amigable la Encomienda sería inflexible, y al mismo tiempo ganarse poco a poco la confianza de su interlocutor para que este se adentrara en las peligrosas redes de la usura. – Sin embargo no adelantemos los acontecimientos, estoy convencido de que sabréis demostrarme cuan errados son los vagos informes que se me han entregado, y porque vuestra idea es especial entre todas. Aún así, y sin retrasar más de lo debido cuanto debáis decir, os conmino a hacerme saber de vuestro nombre, para que nos hallemos en igualdad de condiciones. Os insto igualmente a no ser parco en detalles, y a que del mismo modo en que me ofrecéis vuestro nombre me habléis en profundidad de vos, para que pueda yo saber con qué clase de mente trato. Y estoy convencido de que sabéis a lo que me refiero. ¿Disponéis de familia, avales, ingresos, propiedades? Tenéis toda mi atención.

Al mismo tiempo que hablaba, desde su postura erguida y profesional, su brazo diestro describió un arco paciente y generoso, invitando a Uriel a sentarse en cualquiera de las dos sillas que restaban frente al escritorio. Él lo haría precisamente tras el ofrecimiento, y si bien su cómodo sillón le ofrecía gran acomodo, optó por mantener la columna recta con el mentón ligeramente inclinado hacia adelante, atento. El invitado habría de pronto notar que desde el cercano pupitre el escribano no había anotado palabra alguna todavía, tal si ignorara por completo cuanto Abraxas dijera. Su pluma empezaría a agitarse rauda y diligente, no obstante, en cuanto Uriel abriera de nuevo la boca. Quizá era aquella una de las múltiples técnicas empleadas en los registros crediticios. Cada palabra del cliente quedaba registrada, y en aquella carta en blanco la Encomienda podía decidir como complementar la documentación de la manera en que más les beneficiara. A fin de cuentas ningún cliente tenía modo alguno de registrar cuanto allí se decía, y resultaba en su palabra contra la de una gran institución.




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Mensaje por Uriel el Mar Dic 04 2018, 13:46

Uriel no recordaba haber estado tan nervioso en su vida. Y mira que había tenido momentos de nerviosismo que había considerado insuperables... Pero este se ganaba el puesto por goleada. Él, un híbrido, un resistente (o terrorista, como los llamaban algunos dragones), estaba en el despacho de uno de los dragones más influyentes de la sociedad de Talos. Un dragón que hasta hace poco había estado fuera de la sociedad. Un dragón que era, sin duda alguna, el padre que nunca habían llegado a conocer pero que habían aprendido a odiar.

Además, ya no es que estuviera con el dragón que era su padre, es que dos guardias de la escolta que le había traído hasta el despacho de Abraxas se habían quedado dentro, y otros dos fuera. Ya podía hacerlo bien para que nadie sospechase de que su fachada era solo esa, una fachada y una mentira. También había que recordar que él era muy bueno con eso. Mentir se le daba muy bien desde pequeño. Su tía habría creído todas y cada una de sus palabras si hubiera sido más parecido a Agni y no a su padre... Maldito fuera Abraxas por haberle causado tanto dolor a su madre.

-Si ser educado abriera más puertas, la sociedad trataría de serlo más a menudo. Como no lo hace, la mayoría prefiere perder los buenos modales... Una verdadera lástima, ¿no cree?-Uriel sabía que tenía que haber pensado este plan mucho mejor. Su hermano no había parado de decírselo. Pero bailaría al son de la música de la mejor manera que sabía.-Mi nombre es Uriel. Supongo que el orden de los factores no altera el producto, así que viendo que me dais la oportunidad de hablaros de mí, empezaré por ahí.-"primero que todo, soy tu hijo bastardo, hola" No, no podía empezar por ahí por mucho que lo desease...-La única familia que tengo, o que conozco, es mi hermano Agni. nacimos el mismo día, y somos muy cercanos. Se podría decir que tenemos un vínculo muy fuerte entre los dos. Hemos crecido juntos, peleado juntos y viajado juntos por todo el continente de Isaur. Nos gusta viajar y conocer las culturas existentes. Eso nos trajo a Talos. Aquí hemos vivido bien, pero quedarnos quietos no es nuestro fuerte. Tenemos propiedades por todo Isaur, en parte herencia de nuestra familia, en parte ganancias personales.-ganancias ganadas no muy legalmente, pero ¿quién necesitaba saber eso?-Nuestros ingresos provienen de los terrenos que poseemos. Y queremos más, mucho más. Dicen que la avaricia rompe el saco, pero yo pienso que simplemente lo agranda. ¿Por qué ponerse una meta pequeña cuando puedes alcanzar una muchísimo mayor?-quizás se estaba emocionando demasiado, pero bueno. Tenía que vender que era un joven dragón queriendo dejar su marca en el mundo.-La idea que tuvimos mi hermano y yo es simple. Queremos seguir conociendo más tierras. Isaur y Eden son zonas que conocemos, pero hay más tierras en este mundo. Tierras que no han sido exploradas todavía. Queremos llevar la gloria del Gran Imperio, honrar a la Reina Madre, explorando las tierras que quedan sin descubrir, llevando la civilización dracónica a una nueva tierra. Conocer nuevos lugares, ver nuevos paisajes, obtener nuevos materiales... No es un plan que esté demasiado definido, pero así hemos sido siempre mi hermano y yo. Nos gusta improvisar según va avanzando nuestra idea.

Aunque lo que estaba vendiendo era una auténtica mentira, parte de lo dicho era verdad. Tanto a Agni como a él les encantaba explorar y descubrir, por ello se habían apuntado a ser exploradores para la resistencia. Por eso en su vida en Isaur habían sido nómadas y no se habían quedado en un mismo sitio. Y era verdad que les gustaría descubrir nuevas tierras. Esas aventuras seguro que eran épicas. Pero siendo un híbrido, sabía que antes que las grandes aventuras, venía la realidad del momento. El luchar por una sociedad que no los quiera ver muertos.

Uriel se preguntaba cómo se tomaría Abraxas el saber que era padre de dos híbridos. ¡Los odiaría? ¿Los querría matar? ¿Los aceptaría?





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Re: ✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

Mensaje por Abraxas el Miér Dic 05 2018, 03:35

La postura ligeramente inclinada que había tomado desde un inicio pasó a una segunda fase cuando Uriel comenzó con su exposición. Lenta y comedidamente, tal le cediera un testigo y se auto designara espectador, empezó a ceder la espalda contra el respaldo de su elegante asiento. Dejó que las mangas de sus sedosas telas pendieran por el exterior de los reposabrazos, a un mismo tiempo que unía el gesto con ambas manos. Los dedos se unían en una gala simétrica, cubiertas sus falanges por no pocas sortijas que decoraban en variedad y color un improvisado muestrario de poder y riqueza. Mantuvo en aquél ejercicio pasivo una sonrisa leve, una suerte de invitación cordial que en poco o nada parecía coordinarse con su mirada. No existían arrugas de expresión en sus párpados, lo cual recreaba una expresión antinatural y cuasi hostil que, pese a todo, pasaba desapercibida para la mayoría de gente, incapaz de conocer las microexpresiones y secretos del rostro. No dudó en asentir en algunos momentos clave del monólogo iniciado por su interlocutor, como tampoco se cortó en separar las palmas para realizar un galán gesto complaciente con la diestra cuando mencionó su ambición con la alegoría de las metas mediante.

Finalmente, cuando el verbo de Uriel se extinguió, se recreó gran silencio en el salón. No solo la ausencia de palabras remarcaron ese vacío, que podría haber helado la sangre a más de uno, enfrentado a la incerteza, sino que de repente el escribano había dejado de anotar, cesando ese vetusto pero regio trasfondo que era el sonido del papel lamentarse ante cada trazo. Abraxas abrió entonces el gesto con ambas manos, mostrando breve las palmas a la par que enarcaba ambas cejas. Quizá era una pregunta silenciosa, o una forma de cerciorarse que su visitante había concluido. Naturalmente era claro que así había sido, pero artimañas para inquietar a los clientes las había, pues los trucos de la psique eran cuantiosos y curiosos cada uno. Para cuando el gesto volvió a plegarse lo hizo esta vez sobre el regazo, legando un dorso sobre el otro, retomando ahora él la palabra.

- Esta reunión, Uriel, este encuentro… puede cambiaros la vida. Puede comprometer vuestra longevidad con las aventuras que soñáis y aquellas que todavía os habéis atrevido a imaginar. Puede hacer eso y más, o puede transformarse en un elegante recuerdo, de cuando os hallasteis  rodeado de un mundo dulce y ofrecido, del que por mala fortuna o equívocas nada conseguisteis beber. Si deseáis mi franqueza y criterio, debo reconocer que vuestra empresa me sorprende. En estos tiempos que corren, en que miramos hacia adentro, vos estáis pensando en el allende de las fronteras. No os culpo, sin embargo, pues sé bien que el carácter de los aventureros no conoce de épocas o lógica, sino que es movido por un poder que atenaza el alma. – Parpadeó una vez y marcó una nueva pausa, durante la cual sus manos se frotaron la una contra la otra en un suave y paciente gesto, antes de coronar los extremos de los reposabrazos de forma distendida. – Pese a todo no soy quien para juzgar vuestras motivaciones o vuestra empresa, puesto que radica en lo inesperado el triunfo del descubrimiento. Aún así, si he de valer la seriedad y las garantías de esta institución, y en consecuencia ofreceros valores e intereses acorde al riesgo de todo ello. Hay, en esta comunión de criterio, un elemento que alivia las diferencias. Estas tierras de las que me habláis, es claro que os aportan un sustento, sin embargo Isaur es un continente rico en contrastes. Desconozco si esas, vuestras propiedades, se hallan inmersas en un mar de fertilidad o por el contrario en uno de arena. Y de abundar en riqueza, ¿Cómo no poder financiar un viaje y los pertrechos que este requiera? Me preocupa igualmente el hecho que no tengáis más familia que vuestro hermano. ¿Qué ocurrió al resto de vuestro linaje?

Eran aquellas cuestiones con las que empezar a dar forma a la realidad. Uriel había planteado su ilusión, su exposición de las cosas, y era trabajo del financiero picar hasta descubrir si verdaderamente esta se sustentaba o por el contrario era poco más que humo. No deseaba entregar, a fin de cuentas, una fortuna a cambio de una extensión seca y estéril sin valor ninguno. Como tampoco radicaba en él interés por tratar sobre bienes susceptibles de pasar a terceros, o que no tuvieran un fondo legítimo.




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Mensaje por Uriel el Miér Dic 05 2018, 14:31

El silencio que se extendió cuando Uriel terminó de hablar podría haber resultado incómodo para aquellos que estaban acostumbrados a estar siempre rodeado de ruidos o música. Para el joven híbrido, que había crecido como nómada por tierras de Isaur, el silencio era a veces hasta reconfortante. Sabía de la importancia que tenía guardar silencio en momentos clave, y cuando se estaba haciendo un negocio (o fingiendo hacerlo) todavía más. Romper el silencio antes de tiempo podría sugerir (y poner en evidencia) que se está nervioso, y no es lo que quería. Así que esperó con paciencia a que su querido y felizmente ignorante padre decidiese hablar.

No tuvo que esperar demasiado. Y debía decirlo, para haberse inventado la historia (con medias verdades, pero inventada aún así) le había quedado muy bien. Así que dijera lo que dijese Abraxas, no iba a ponerse ni nervioso ni violento. O eso esperaba...

-La franqueza siempre es lo mejor cuando se realizan negocios, señor. las falsas esperanzas o medio verdades mejor dejarlas para aquellas personas a las que se quiere irritar.-sonrió educadamente.-Ya hay muchas personas mirando por el porvenir de Talos, por sus defensas. Es hora de llevar la grandeza del Imperio a más territorios. Pero claro, como vos decís, por ahora es sólo una idea, un deseo.-respiró hondo, controlando su nerviosismo. Realmente su padre era un hombre metódico y no parecía perder detalle alguno. Menos mal que estaba tan acostumbrado a mentir como a volar.-Nuestras tierras... Nuestras tierras varían en su riqueza dependiendo de la zona en la que estén. Tenemos tierras muy fértiles que son las que más riquezas nos aportan, pero también tenemos tierras que no darán nunca beneficios. Os preguntaréis por qué no nos deshacemos de esas tierras que sólo son simples cargas para nosotros... La respuesta es simple y compleja a la vez. Y responderá así a la pregunta que me hacéis sobre mi linaje.-se acomodó en su silla y se acercó a la mesa.-Nuestra querida madre falleció al traernos al mundo. Parece ser que es un evento muy traumante y que no todas las féminas pueden soportar. Gracias a la Reina, nunca tendré que averiguarlo. Nuestro padre... Lo único que sabemos de él es que desapareció antes de saber que mi madre estaba preñada. Así que puede que esté cerca nuestra, pero aunque sabemos su nombre, no sabemos quién es. Nos crió nuestra tía, hermana de nuestra madre. Lo hizo lo mejor que pudo y siempre le estaremos eternamente agradecidos por cuidar de nosotros cuando podía haber elegido no hacerlo. Por desgracia, falleció también. Nunca supimos qué pasó ya que no nos encontrábamos con ella cuando sucedió. Al ser sus únicos parientes, heredamos todo lo que ella poseía. Todas sus tierras, y entre ellas las que no nos dan beneficio alguno...-se miró las uñas con desinterés y luego miró a los ojos al aristócrata.-Para desgracia mía, mi hermano es un sentimentalista, y no quiere deshacerse de ellas. Por lo cual gran parte de los beneficios obtenidos en unas de las tierras, son usados para mantener las otras. Así que tenemos menos ganancias de las que nos gustaría para nuestro día a día. He aquí el motivo por el que estoy aquí.

Dioses, si de verdad supiera Abraxas que su mayor fortuna había sido ganada mediante robos, ya le estaría echando de su despacho, si es que no lo denunciaba a la Inquisición. Lo qué tenía que hacer un hijo con tal de conocer a su padre, ¿eh?




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Re: ✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

Mensaje por Abraxas el Jue Dic 06 2018, 05:13

Si el financiero se preciaba de saber hablar, también era buen oyente. No emitió sonido o interrupción alguna a lo largo de la exposición con que Uriel decidió contestar sus precauciones y curiosidades. Muy al contrario, permaneció observándole en todo momento desde aquella pasividad que parecía invocar, a modo de aura de control y regio talante, pero que de forma inconsciente había comenzado a despertar para adoptar un papel inesperadamente activo. Sus ojos empezaron a moverse de forma sutil, variando su punto de atención en tanto que el discurso de su interlocutor se transformaba gradualmente en un trasfondo agradable, tal fuere una cascada en mitad de un páramo natural. Le estaba escuchando, pero ya solo parcialmente. Sus irises habían abandonado los ojos del aventurero que tenía frente a él para observar su nariz, y posteriormente sus labios. No podía evitar reparar en consecutivos detalles, tales como sus pómulos o su frente. Era tal su mente, su mismo subconsciente, le estuviera llamando la atención acerca de un detalle de vital importancia, pero que de algún modo era completamente incapaz de descubrir.

Los labios de Abraxas terminaron por tensarse levemente, escondiendo un principio de frustración que, pese a todo, se tradujo en una mirada entrecerrada que escondía algo de desconfianza. Aquél ceño fruncido duraría más bien poco, una fracción de segundo, y un observador atento pudiera malinterpretarla por una escasa fe en alguno de los argumentos que le eran expuestos. No fue otra cosa que el propio silencio, de nuevo apoderándose de la sala, aquello que desencasquilló la abstracción del aristócrata. Parpadeó una sola vez, tal reiniciara su pensar,  y dejó que su experiencia y retentiva congeniaran en su cabeza un resumen de lo que pudiera haberse perdido durante aquellos instantes de introspección. Para aliviar cualquier apariencia esbozó una leve sonrisa, fraguando lo que quizá podía resultar en un principio de acuerdo.

- Es una pena que vuestra fértil madre pereciera. Recibid mis condolencias, y mi póstuma admiración por haber servido al Imperio llevando a este mundo no solo a uno, sino a dos. Debo decir que vuestra franqueza respecto al valor de vuestras tierras me sorprende, y lo agradezco a la par puesto que nos ahorrará el trabajo de peritos y algún que otro viaje. Estoy dispuesto a tomar vuestra palabra, de algún modo, siempre y cuando se cumplan una serie de condiciones que me temo no habremos de negociar. Estas no son salvo para blindar el cumplimiento del acuerdo, y en consecuencia nada de estas tendréis que temer en tanto hayáis hablado verdad hoy aquí. – Dejó una breve pausa, durante la cual acrecentó su sonrisa hasta mostrar su perlada dentadura. Claramente desconocía el significado de aquello que había dicho al inicio de su intervención, y en el fondo no le otorgaba mayor trascendencia más allá del cordial cumplido. De saber que Uriel no era dragón, ni mucho menos su madre, era evidente que todo habría de volverse en tenso encuentro más pronto que tarde. Aquello, sin embargo, salvo que el osado híbrido decidiera provocarlo, no había de ser temido merced de sus buenas dotes como farsante. Antes de proseguir Abraxas con su oferta, descendió un breve instante la mirada al escritorio para recuperar el recuerdo de la cifra solicitada a la institución. Tras ello enarcó levemente ambas cejas y prosiguió, entablando nuevamente su mirada con la de Uriel. – Tendréis la suma que pedís, previo contrato. Este contrato lo haré con vos, pero querré que se registre una disposición adicional a consentir por parte de vuestro hermano. El préstamo se os concederá libre de cargas durante un periodo de cinco años, tras los cuales tendréis que devolver tres veces el valor original, en un periodo no superior a las seis cuotas semestrales. En caso de que no fuerais capaz de hacer frente a la deuda pasado el periodo libre de carga, se confiscarían vuestras tierras y cualquier depósito económico en vuestro haber.

Por vez primera en aquella reunión, desde que esta comenzase, el escribano había empezado a transcribir todo cuanto Abraxas decía. Lo hacía ahora en un documento a parte, separado del registro de aquella sesión, posiblemente para que sirviera como borrador para el futuro contrato. Las condiciones de la Encomienda Crediticia eran, ciertamente, abusivas, y estaban lejos de concluir con aquellas. Pero solo lo eran en tanto que la empresa fracasara, puesto que de hallar el éxito Uriel jamás tendría problemas en pagar el crédito adeudado. Era una forma de jugar con la esperanza de los intrépidos en la que la institución no podía perder. Sin embargo no cabía esperar otra cosa, pues ningún prestamista se enriquece apostando.

- Para acceder a la firma del contrato, y por consiguiente a la cesión del oro, tendréis que aportar la propiedad tasada de vuestras tierras, certificando así su existencia y valor, y tendrá que asistir vuestro hermano para certificar y firmar una disposición por la cual en caso de vuestra muerte renuncia a la posesión de dichas tierras a favor de la Encomienda Crediticia. Si no dispusierais de documentos legales de vuestras tierras, se os dotará de un tasador para que los elabore sin coste alguno para vos. – Abrió los brazos en un gesto expectante, para adelantar entonces su mano diestra, mostrando su palma engalanada por sortijas. - ¿Tenemos un acuerdo?




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Re: ✠ No intentes buscarte fuera de Ti [Uriel]

Mensaje por Uriel el Sáb Dic 08 2018, 13:19

Si a Uriel le diesen una moneda de plata por cada mentira que decía, ahora mismo su hermano y él podrían costearse la mitad de Talos si quisieran. Pocas veces le habían pillado mintiendo y la verdad, aunque no se esperaba lo contrario, una parte de sí mismo se extrañó que el banquero creyese su historia. Pero oye... A caballo regalado no le mires el diente. ¿No?

-Una verdadera pena, si... Ojalá hubiera sobrevivido, seguro que podría habernos contado muchas cosas sobre nuestro desaparecido padre.-no pudo dejar pasar esa oportunidad para soltar la pullita.-Seguro que todas las condiciones que pongáis son puestas con sentido y buen pensar.-Uriel controló que su sorpresa no fuera reflejada en su rostro cuando Abraxas le dijo que les iba a conceder el crédito. "Madre mía... Soy mejor de lo que pensaba..."-Bien, bien...

Vio por el rabillo del ojo que el escribano que hasta ese momento había obviado empezaba a escribir. Eso ya no le gustaba tanto. Que quedase registrado que había estado allí no le hacía gracia, al fin y al cabo era un híbrido terrorista. Más papeletas para que la Inquisición le torturase y le matase no podía tener ni aunque quisiera. Vale, puede que no hubiera pensado muy bien en todo...

-Estoy seguro de que mi hermano se alegrará mucho de saberlo y vendrá gustoso a firmar el contrato.-sin pensar y sin dudar le dio la mano al dragón que era su padre.-Tenemos un acuerdo, Lord Abraxas.

¿En qué lío se acababa de meter?




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