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Mensaje por Invitado el Lun Nov 19 2018, 14:51

Aquel día la dragona no tenía nada que hacer que decidió irse a dar una vuelta por la ciudad de Talos y ver que se cocía por aquellos lugares que pocas veces visitaba, la ciudad a veces le resultaba muy aburrida; pese a todo ello Enelia aquel día había decidido ir a la ciudad haber que pasaba por aquellos lares. Vestida con un pantalón marrón, botas marrones, un top de correas que cubría únicamente su pecho y unos brazales marrones de cuero. Su pelo azul algo rizado estaba suelto mientras el leve viento hacia que se ondeara tras ella mientras caminaba con tranquilidad notando el arco y el carcaj de flechas a su espalda porque nunca salía de su casa sin él.

La joven caminaba con total tranquilidad, jugando con un mechón de su pelo mientras miraba a los humanos que se cruzaba con total indiferencia y superioridad absoluta. Le encantaba hacer notar que era una dragona con total seguridad de si misma y que veía a los humanos como meros lacayos a los que se podían pisotear. Si ella no se dejaba cambiar por los humanos como otros dragones que dejaban que los humanos les hiciera ver que eran personas y había que tratarlos como a personas normales pero ella no lo veía para nada así, los humanos no eran absolutamente nada de nada.

Tras caminar un rato por las calles de la ciudad de Talos desde el castillo, hasta que finalmente llegó a una plaza, la plaza central de la ciudad por lo que podía ver. Aun jugando con su mechón de pelo azul la dragona miro alrededor viendo algunos puestos de fruta, algunos humanos haciendo algún tipo de espectáculos y los demás viéndolos como idiotas algo que provocó una arcada de asco en el rostro de Enelia mientras caminaba hacia un puesto de fruta que había cerca para comprar algo de fruta fresca para comérsela mientras caminaba.

Se planto delante del puesto y miró todas las frutas que allí vendían hasta que se fijo en unas fresas que allí habían. -¡TU! Quiero unas fresas.- Dijo con seriedad y con cierto tono de mandato. El mercader la miro un momento y enseguida se las dio como ella había pedido. La peliazul las pago y se fue de allí comiéndose una fresa. -Humanos solo sirven para alimentarnos.- Pronuncio sin importarle quien le escuchara y siguió caminando con total tranquilidad por la plaza de la ciudad para ver si encontraba algo interesante de una vez.
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Mensaje por Ruven el Miér Nov 21 2018, 11:35

Para Ruven, estar de servicio era tan natural como pasearse como un ciudadano más. De hecho, la armadura y la túnica que portaba le brindaban mayor libertad. Con ella, podía ocultarse bajo la capa de la ley para hacer lo que le diera la gana, como raptar gente o violar pobres mortales sin dueño; o acudir a la Flor Azul sin tener que pagar demasiado.

Una mujer despertó su interés. No iba muy vestida, pues mostraba mucha piel, y era bella como el día o la noche. Tenía el pelo largo, y era muy esbelta. Le recordó físicamente a Aymel. Ruven sonrió por lo bajo, bajo su casco, y se lo quitó para fijarse en ella. Cuando pasó a su lado, la escuchó hablar acerca de los humanos. La había visto acercarse a un puesto para hacerse con fruta.

Ruven se rió y caminó a su lado. No era raro ver a inquisidores o guardias interactuar con ciudadanos, porque la gran mayoría de ocasiones estaba destinada a prisión. El inquisidor se rascó la barbilla y se hizo de hombros.

Cierto: la mayoría de humanos sólo sirve para eso. Por ese motivo los mantenemos en las tareas más deleznables. Pocas prostitutas son dragonas, por ejemplo. Preferimos que se coman toda la mierda y nosotros vivamos bien. Es lógico, ¿no? Son seres inferiores, o eso dicen.

Ruven no era particularmente racista, a pesar de tener muchos defectos: le daba igual si se enfrentaba o entendía con un humano, híbrido o dragón. No sentía mucho desprecio por los híbridos tampoco.

¿No tienes frío con esa ropa? —preguntó sin mucho tacto. Ruven siempre sería Ruven—. ¿Cómo te llamas? No te he visto nunca por aquí, y suelo hacer la ronda. Quizá haya demasiados rostros en esta ciudad, o quizá me esté haciendo viejo.

El inquisidor era un dragón joven, así que eso evidentemente era una broma. En todo caso, se mantuvo al lado de la mujer en todo momento y siguió patrullando mientras caminaba a su lado.




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