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The shadows know me now... - Priv. Cedrik

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The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Mar Nov 13 2018, 13:28

Después de hablar con Faora se había quedado más tranquila. No obstante, tenía el estómago revuelto y se sentía fatal. No sólo físicamente sino por el simple hecho de mentir. Lo que había hecho había sido algo atroz y que llevaría consigo como una cicatriz en su alma, recordándole siempre lo que era capaz de hacer con sus manos. Tenía que intentar mantener la cordura en lo que iba de día, porque si presionaban mucho con las preguntas, eran capaz de quebrarla.

La bolsa que llevaba no era demasiado pesada, sólo tenía valor moral. Ahora que había decidido, finalmente, hacer uso de los barracones tenía que enfocarse en comprarse ropa. No podía ponerse lo de Aisha, se sentía rara… Gracias a los dioses, coger una cama no fue nada difícil, con su insignia, su uniforme y mencionar su escuadrón fue suficiente para que le asignaran una zona poco usada. Y aún así se sorprendió de la cantidad de gente que había allí, no sabía por qué, pero pensaba que no habría tanta gente usando los aposentos del castillo.

Esquivó la mirada de todos, intentando que no quisiera preguntarle cómo estaba, ni qué le había ocurrido. Sabía que aún tenía algo de tiempo antes de ir a presentarse ante Cedrik y …a saber qué iba a ocurrir. Tras apoyar la bolsa en el camastro suspiró, le habían indicado que estaba libre así que podía elegir la parte de arriba o la de debajo de la litera. Hubiese deseado tener la fuerza para subir allí y aislarse del mundo un ratito, pero el dolor perenne en sus huesos y músculos le dijo que lo mejor era debajo. Con las mantas grises, las sábanas del mismo tono y una almohada mullida, se le apetecía el lugar más deseable del mundo. Quería dormir, tenía un temblor extraño en las manos y estaba insegura de su propio equilibrio pero… tenía responsabilidades.

Tragó seco y eso hizo que le doliera la garganta. Aún estaba un poco resentida del primer encuentro con los bandidos pero aparte le picaba la garganta. Valadhiel le había dado un té en la mañana que le había calmado un poco la sensación, pero ahora volvía. Y tenía hambre, pero le dolía la mandíbula. Quiso gimotear de nuevo pero no hizo nada, sólo se inclinó para apartar los pergaminos de los informes de Cedrik, que se los entregaría a hoy. Al recordarlo, cerró los ojos agradeciendo que no le tocaba ver a las niñas hoy porque odiaría que la observaran en ese estado…Aunque los cardenales y moretones estarían peor al día siguiente, estaba bastante segura de que se sentiría mejor. O eso quería creer.

Con esfuerzo se sentó y organizó su escasa ropa en una especie de baúl que había al inicio de la litera y luego se sentó en la cama en posición india, mirando hacia la pared. No quería que nadie le viera la cara, así que la ocultó entre sus manos e intentó concentrarse en los ruidos que venían del patio de armas, mientras los barracones empezaban a vaciarse porque llegaba la hora de dar parte a sus superiores. El acero contra el acero...Aquellos sonidos, no es que le dieran la tranquilidad de la voz de Aisha o Enya, pero al menos le eran familiares… Tan familiares como el peso de la espada que había empuñado la noche anterior. Los recuerdos volvieron, vívidos haciéndole difícil respirar con normalidad. Había sido tan fácil… Aún podía sentir cómo se había deslizado el acero dentro y fuera de cada uno de ellos, robándoles la vida…Una vida que no le pertenecía a ella  y que sin embargo, había cobrado. Se apretó los dedos contra la sien intentando pensar en otra cosa pero no tuvo éxito alguno. En esa posición, con su cabello platino peinado de manera tan perfecta, su uniforme impoluto y la espalda recta, no parecía que el destrozo fuera tan grande.




Última edición por Irhae el Sáb Nov 17 2018, 10:17, editado 1 vez




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Jue Nov 15 2018, 21:26

Tras lo sucedido en el Orfanato con esa mujer y aquellos tres hombres, Cedrik había cedido ante los deseos de ella y de sí mismo por mantenerse alejado de esa mestiza. Sin embargo, querer permanecer alejado de ella no implicaba que no la vigilara. Su intención, nada más dejar al cuidado de las matronas a las gemelas y retornar a los barracones, no fue otra que encomendar la tarea de vigilancia a uno de sus hombres. Para evitarse problemas, se había dicho. Pronto averiguaría que su ilusión naufragaría en muy poco tiempo. Zacks, la sombra impuesta a la maldita mujer, había reportado su informe tan pronto como se había asegurado del paradero de Irhae. Un gruñido de molestia había sido la única respuesta que recibió la sombra antes de desaparecer de nuevo de su vista para retornar a su guardia particular: en esa ocasión de la vivienda a la que había huído la soldado.

El Capitán, por su parte, había acudido al lugar de los hechos para comprobar que, la contestona,  había salido bien parada de esa situación.

Dicen que se han matado entre ellos, ¡por una mujer!. ¿Te lo puedes creer? —comentaba sorprendida y envidiosa una regordeta señora.
¿Qué va a ser por una mujer? Yo creo que los han envenenado, fíjate —chismorreó el de al lado.
Pues a mi me ha dicho el tabernero que ha sido por avaricia. Cuando tenían que repartir las ganancias ninguno estaba de acuerdo —concluyó otro.
Señores, dejen de inventar, han sido profesionales. ¡Asesinos! La habitación estaba llena de sangre, una matanza parecía, ¡una matanza! —se alteró una delgada mujer que aferraba el brazo de su marido.
¡Cállate, mujer, no digas sandeces! —la empujó el supuesto marido.

Y así continuaron bajo la atenta supervisión del Capitán. Varias horas después, y demasiadas monedas más pobre, salió por la puerta con varios cuerpos cubiertos por pieles y la certeza de que esa mujer no sería relacionada con la pelea. Ni tampoco el escuadrón.

[...]

El reporte de solicitud del camastro por parte de Irhae se hallaba ahora encima de la pila de múltiples papeles que decoraban su saturada mesa. Olvidado por la prontitud de querer acabar ese maldito desastre. Documento donde informaría sobre una reyerta entre tres hombres, hallados muertos con una bolsa de oro, aludiendo a la versión de la avaricia, y que, tras examinar los cadáveres era  visiblemente factible. No fue hasta que concluyó su meditada versión que se levantó de esa maldita silla de cuero y se encaminó con firmes pasos hacia los barracones.

Alcanzó la puerta que distribuía unas literas de madera, camastros y hamacas en varias filas y las atravesó hasta alcanzar a su presa . Sus ojos recorrieron la figura, de espaldas, que se acomodaba en un cruzar de piernas sobre la espalda y se cruzó de brazos tras ella. En la percepción tranquila de su estar estuvo tentado a darse la vuelta para que concluyera su meditación; por su parte, desgarbado, despeinado, hastiado y cansado por una noche en vela debido a ella deseaba tirarse a cualquiera de esas camas de heno duro y roncar como un patán. Pero el deseo quedó a un lado por el deber—. Veo que has optado por los barracones —comentó con indiferencia—, aunque tu reporte de acceso no me ha llegado hasta hace una hora. Estando en los barracones has de saber que tu servicio se ampliará a jornadas nocturnas, cambiando en ocasiones tus turnos —clavó los gélidos en la espalda de ella, sintiéndose ignorado por una subordinada, y presionó los incisos molesto por su actuación—, como anoche, cuando varios de tus compañeros tuvieron que acudir a llevarse algunos cadáveres del Nailtail por una pelea.

Una sonrisa ladina se acentuó maquiavélica en los labios de Cedrik cuando percibió la tensión repentina del cuerpo femenino. Esa era su forma de castigarla. Retorcida, quizás, pero la incertidumbre la aguijonearía un rato. Sin embargo, tras un acentuado silencio, el mestizo continuó hablando—. Hay varias versiones de los hechos... pese a que ninguna me acaba de convencer —llevó a diestra hacia el mentón para rascarse de forma despreocupada.





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Jue Nov 15 2018, 22:20

Le gustó la calma que empezaba a reinar en los barracones cuando los últimos compañeros salían. Uno de ellos, sintió, estuvo tentado de preguntar. Escuchó sus pasos detenerse, su respiración cerca, pero aparentemente lo pensó mejor y siguió su camino. Lo agradeció enormemente. Sobretodo porque todo el mundo la conocía como la hermana de Visenya… ¿Querrían saber qué hacía allí? Desestimó aquel pensamiento y se concentró en respirar como alguna vez Aisha le había recomendado. El aire entraba por la nariz y salía por la boca, al abrir los labios sintió cierta molestia por culpa de la risa idiota que se había echado al bromear con Faora. Se anotó mentalmente conseguir un pañuelo para llevar encima.

Intentó, en numerosas ocasiones, aclarar su mente y pensar en otra cosa; pero los recuerdos volvían a su mente con el más mínimo detalle. Si una brisa fresca se colaba para acariciar su piel rememoraba la larga caminata bajo la lluvia hacia la casa de Valadhiel, o la dulce paz que había tenido mientras escribía el informe de Cedrik luego de que todo se fuera al traste. Si se movía o respiraba muy profundo un puntazo de dolor le estremecía hasta el alma y el dolor...El dolor solo traía más dolor. Cerró con fuerza los ojos al recordar cómo había conseguido esa herida, el momento exacto en el que la daga contraria había penetrado hasta cortar piel y músculo dejando un río de sangre que empapaba su ropa.

Y la maldición. La voz rasposa de aquel hombre era un eco persistente en su mente, recordándole que aquello había sido sólo un segundo encuentro y que si la habían dejado en esas condiciones… ¿Qué les importaría más? ¿Matarla por impaga o cobrar su deuda? Era algo que no sabía si estaba dispuesta a conocer. Pronto se vio pensando en ciudades lejanas, de esas de las que sólo había escuchado sus nombres y pensó en Zaheera...Tal vez podía irse con ella y alejarse de todo, buscar otra identidad. Ser otra persona. Además de la hermana de Visenya.

Los pasos llamaron su atención  pero aunque había pasado algo de tiempo divagando sospechaba que aún le quedaba un margen para ir a reportarse. No obstante, cuando los mismos se detuvieron cerca de ella abrió los ojos y miró la pared fijándose en las grietas de cada piedra y sintiendo que, poco a poco, la tensión se acumulaba en sus hombros. No fue necesario oírlo para saber quién era. La ráfaga de odioso frío que le llegaba desde la espalda era suficiente para intuir que su capitán estaba allí. Escuchó su voz y su advertencia, contuvo un suspiro e intentó que su voz saliera neutral -De acuerdo- Dijo y creyó que había sido absolutamente normal. Se felicitó a sí misma, pero también sabía que no debía darle la espalda así que empezó a moverse hasta que escuchó su siguiente frase.

Sintió que el corazón se le paralizó en un latido, cualquier tipo de fuerza que hubiese estado juntando para darle la cara a Cedrik se había desvanecido, las palabras de Faora se las había llevado el viento y mientras la ignorante híbrida cerraba los ojos era consciente de que Cedrik sabía lo que había sucedido y venía a buscarla para ponerla en jaque. Se quedó en silencio, sintiendo que los ojos se le anegaban de lágrimas por la forma en la que había sido abordada. Hubiese preferido que viniera a detenerla directamente, pero no… Él era así ¿No?. Inspiró tan profundamente como pudo mientras se movía y no, no escondió en ningún momento las muecas de dolor ¿Para qué?

Tomó los pergaminos antes de incorporarse y mirarlo a los ojos, sus ojos azules se mantuvieron serenos con la determinación de que no iba a entrar en su juego. “Así es como termina…Pues que así sea”. Desconocía el estado real de su rostro y le daba igual si resultaba impresionante para los demás. Tenía la nariz  de color morado, la barbilla levemente hinchada en el mismo lugar donde el criminal la había cacheteado en el orfanato; sólo que ahora llevaba un golpe más evidente y el labio roto e hinchado. Aunque el cabello de lado ocultaba una parte, el daño era visible porque su piel era muy blanca -Porque no me has oído confesar. Eso es lo que buscas y podrías haberlo pedido directamente. Somos adultos- Lo lamentaba por Faora, pero no podía con el peso que tenía en su alma.  Le tendió los pergaminos con naturalidad pero un movimiento particularmente lento para no tener que sufrir por ello -Mis informes- Explicó seria y luego apretó un poco las muelas antes de empezar a hablar. Tuvo el impulso de mirar alrededor pero de nada servía, él sabía lo que había hecho y cuando fuera arrestada se enteraría el escuadrón y todo el Army -Eran ellos o yo. Supongo que no es la primera vez que escuchas este tipo de confesión pero no me importa -Mientras hablaba bajó la vista y se quitó el cinturón de la espada, sopesó el peso de la misma y frunció suavemente el ceño pensando en lo ligera y, al mismo tiempo, mortal que era. -No tengo ánimos, ni cuerpo, ni ganas de meterme en un juego de dimes y diretes. Así que toma…- Le tendió la espada mientras lo miraba a los ojos pero sin expresión alguna en ellos, resignada al hecho de tener que pagar por la atrocidad que había realizado -¿A dónde debo ir?- No iba a recoger sus pertenencias, de nada le servirían encarcelada.




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Vie Nov 16 2018, 12:59

La voz de Irhae, sin quejas ni contestaciones le alertaron de que, supuso, la pelea había sido más complicada de lo que en un principio, Zacks, le había revelado. No le dio demasiada importancia. No hasta que viera las consecuencias que la obligaban a remolonear y seguir dándole la espalda a medida que sus palabras seguían rompiendo el silencio con información básica. Los gélidos persiguieron el movimiento contrarios, lamentando haber abordado de una forma tan directa el asunto, y reprimió un suspiro propio. En las horas que había pasado en aquella estancia del Nailtail su mente había armado los escenarios posibles acaecidos en ella; sin embargo, todas las estrategias se veían mermadas por carecer de toda la información. Y por ello estaba ante ella.

Cuando por fin se giró, Cedrik, reprimió una maldición. La visión de su subordinada le hicieron lamentar sus formas de actuación, demasiado dura ante el malestar obvio de la mujer. Su diestra se detuvo en seco aún en su mentón y el ceño se frunció ante un vago recuerdo de tiempos no tan pasados. En un principio había creído que Irhae mentiría u ocultaría lo sucedido; que intentaría buscar una solución que no afectara su reputación y ello lo llevaría a tener que pensar en algo más para que fuera sincera.. Sin embargo la ingenuidad demostrada lo desarmó sin un atisbo de indulgencia.

Ignoró los pergaminos ofrecidos. Demasiado centrado en observar cada uno de los cortes, rasgullos y moratones que decoraban, cual obra macabra, la nívea piel de la mestiza. Esa mujer debía aprender a defenderse mejor; a conocerse de una maldita vez. ¡Maldita sea! ¡Tres humanos no podían llegar a dejar tan maltrecha a una híbrida!. Se acercó tres pasos con autoridad. Retiró la mano del propio mentón en un movimiento inconsciente por el deseo de acercarla al inflamado de ella. Utilizó el pulgar y el índice para mover con suma delicadeza su cara y poder valorar los daños sufridos por los muertos. ¿Por qué las mujeres que lo rodeaban tendían a ser demasiado problemáticas, temerarias y dichosamente ingenuas?. Apartó la mano, consciente de que la acción era contraria a su habitual modo de actuar con ella, y tomó los pergaminos con rudeza. Se retiró un par de pasos, abriendo entre ambos la brecha habitual de distancia, y desenrrolló el primero de los pergaminos para leerlo en diagonal. Sin mucho interés. Simple postura.

La dejó hablar. Sin prestarle aparente atención. Enrrolló el primer pergamino y repitió la acción con el segundo. Alargó el proceso para no ceder a la tentación de cortar el vulnerable sollozo. Las formas de lamerse las heridas al hallarse descubierta. Y sobre todo por no decirle que estaba comportándose como una idiota: ¿en realidad creía que no la protegería? ¿Acaso no le había dicho que el escuadrón era como una familia? Espera… ¿se lo había dicho?Lo cierto es que no lo recordaba. Su primer encuentro había sido relativamente variopinto y, pese a que podría haberse comportado diferente, ahora, no tenía intención de subsanarse. Algo en ella se lo prohibía. Necesitaba mantener la separación de superior y subordinado.

¿Has terminado? —sonó más tosco de lo que pretendía. Metió sin ningún miramiento los informes en uno de los bolsillos de su capa y cogió con brusquedad la espada ofrecida—. Ven conmigo —ordenó. Fue incapaz de no mirarla una última vez antes de darse la vuelta y encaminarse hacia las puertas de salida de los barracones. Atravesaron el patio de armas con el cuchicheo habitual de los soldados más cotillas, que acallaban cuando el Capitán les dirigía una mirada mordaz, y giraron por uno de los pasillos laterales. La galería que llevaba a los calabozos y a la parte más alejada del castillo; en silencio y asegurándose que Irhae lo seguía, avanzó sin dar explicaciones. No sería hasta que llegaran al cruce que separaba el camino de los calabozos a la zona de entrenamiento apartada donde la mestiza pudiera percatarse que no se dirigían hacia las mazmorras—. Por aquí —comentó por mera confirmación.

El arco que daba al final del pasillo se abrió en un patio de armas medio en ruinas. Aquel lugar, poco utilizado en el presente, había cedido a la vegetación salvaje y proporcionaba la privacidad necesaria. Aún así, seguro de que desde las alamedas del castillo podían verlos todavía, avanzó algo más por el patio hasta asegurar que lo que ocurriera en ese retirado lugar no pudiera ser observado, ni oído. Un digno lugar para un juicio—. Hace años utilizaban este lugar para ejecuciones —Cedrik tomó la vaina de la espada y sacó parte de la hoja. Comprobó el filo, su mellaje y alzó por fin los gélidos hacia ella—. Actualmente se utiliza para ciertos castigos —enderezó la espada y, con un movimiento seco de muñeca, volvió a meter el filo en la vaina—. Vista tu falta de supervivencia propia dirás que esas heridas son a causa de un entrenamiento conmigo, efectuado ayer por la tarde en este mismo lugar. Se negará lo contrario, independientemente a que tu lengua o moralidad te haya traicionado en presencia de alguien ajeno a ti o a mi —esperaba que comprendiera la situación en que ambos podrían encontrarse si no cumplía la sucinta aclaración—, ¿lo has comprendido?





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Sáb Nov 17 2018, 10:17

No pudo evitarlo, en el momento en el que Cedrik acortó aquella distancia de manera tan determinada, Irhae se quedó tiesa como un palo. Sus músculos se llenaron de tensión y sintió que su cuerpo era, nuevamente, la prisión de su alma rebelde. El terror se acumuló en su garganta pero aún así no dijo nada, no gritó. Nunca lo hacía ¿No es así? Contuvo la respiración y cerró los ojos esperando algún golpe pero…No sucedió. Abrió los párpados para observar como Cedrik evaluaba sus heridas con curiosidad casi médica para luego apartarse con la misma rapidez. Frunció el ceño confundida ya que no esperaba ese gesto, mucho menos de él. Ni siquiera Faora la había mirado así. Los sentimientos que se habían agolpado con tanta premura empezaban a disiparse mientras hablaba.  Lo observó mirar los pergaminos y se percató de que no estaba leyéndolos, o al menos no con atención, porque sino la insultaría o algo peor.

-Sí- Respondió con absoluta resignación y en cuanto le quitó la espada sintió que algo dentro de ella se rompía. No estaba comprometida en cuerpo y alma al Army, pero sí a sus responsabilidades. Cumplía sus tareas y sus misiones según sus valores morales, no realmente lo que la Reina Madre decía que hiciera. Por eso, entregar el símbolo más consistente de su trabajo la había partido al medio.  Caminó detrás de Cedrik sin decir absolutamente nada, apretándose suavemente el costado derecho donde tenía los puntos recién hechos tratando de que no se saliera ninguno. Reconocía el camino. Así que la pregunta que se había hecho desde la madrugada quedó resuelta. No habría exilio, moriría de hambre en los calabozos. Frunció el ceño, riéndose interiormente, al darse cuenta que después de casi 10 años en el ejército no sabía lo que sucedía con los condenados a los calabozos.

No obstante, Cedrik tomó un último giro que la rubia no comprendía así que fue caminando tras él pero un poco más despacio con el mismo nivel de curiosidad y miedo. Mirándole la espalda se dio cuenta que caminaba con la misma determinación de alguien que sabe exactamente lo que va a hacer, que toma la rienda de cualquier caos y la resuelve como si nada. Supuso que por eso había ascendido a capitán, y por lo de dragón, sin duda. Se sonrió de lado, sintiendo una puntada de dolor. Su mano libre la llevó al labio sintiendo la sangre empezar a brotar nuevamente y maldiciendo por eso. Se detuvo cuando él lo hizo y escuchó sus palabras sintiendo un vacío en el estómago.

La mataría.
Él mismo la ejecutaría.
Hablando de ser resolutivo.


Inspiró profundamente sintiendo el tirón de los puntos y cómo sus ojos se anegaban de lágrimas pensando en todas sus amistades, en todos a los que no habría dicho adiós y que se quedarían sorprendidos de oír sobre su muerte. Si es que Cedrik llegaba a vociferarlo. Tal vez cubriría aquello como una desaparición, renuncia al escuadrón, exilio o quien sabe qué. Le pareció retorcido y maldito. Pero así eran los dragones ¿no? Su silencio permaneció crudo y duro mientras oía lo que decía y se limpiaba la sangre del labio. Estaba bien…Debía recibir el mismo castigo que ella le había dado a los criminales. Ojo por ojo.

Las lágrimas que pugnaban por salir se quedaron estáticas donde estaban cuando Cedrik terminó de hablar. La rubia clavó sus ojos zafiros en los de él con una mirada intensa, llena de un cúmulo de sentimientos que ni siquiera ella sabía identificar. Había confusión, miedo, algún tipo de paz por no encontrarse de cara a su ejecutor, agradecimiento, odio por hacerla pensar en ello con sus acciones, por ser tan retorcido. Empezó a temblar porque contenía la estúpida necesidad de colgarse de su cuello y darle un abrazo para agradecerle que no la mataría. -Faora- Murmuró en un hilo de voz  antes de carraspear  un poco -Faora me vio esta mañana así y se preocupó… Yo…-

-¡IRHAE!- El conocido torrente de voz irrumpió su confesión y la mestiza volvió quedó tiesa, observando a Cedrik con absoluto pavor. No había visto a Visenya desde hace más de un mes, no pensó que volvería a hacerlo. Irhae se giró suavemente hacia ella cuando Visenya acortaba su distancia. Estando así, Irhae podía ver la palpable diferencia entre ambas. Mientras su melliza más se acercaba a ella podía sentir una ráfaga de viento frío cubrirla. Los ojos grises de la mayor se clavaban con decepción en la pequeña, mientras veía su lamentable estado. La cogió por el brazo y la zarandeó -¿Es en serio? ¿Acaso no has aprendido nada todos estos años? Te enseñé a defenderte de él. Podrías haber hecho lo mismo ahora- Espetó soltándola con vehemencia para girarse a Cedrik con sus rasgos marcados por la tensa cola de caballo en la que recogía su platinado pelo -Este no es otro jueguito en el bosque, esta es su vida- Le espetó con el mismo nivel de odio que le compartí a su hermana -Te reportaré con el General y verás la que se te viene encima- Se giró sobre sí misma caminando por el mismo lugar que venía asumiendo que Irhae iría tras ella… Pero no lo hizo. Escuchar sólo sus pasos alertó a Visenya que se detuvo, la miró por encima del hombro con una ceja arqueada y fuego en sus gélidos ojos -Ven conmigo ahora mismo- Ordenó mientras la platinaba miraba hacia el frente. Situada entre Cedrik y Visenya, no veía a ninguno de los dos sino la naturaleza que crecía salvaje en aquel lugar o eso parecía. Veía mucho más allá. Veía la extraña libertad en la que se había hallado al verse liberada del yugo de Visenya, de los arranques de ira de su padre, de las deudas del mismo (aunque seguían persiguiéndola). Volver…Aunque fuese a una posada pero no lidiar con la mirada de decepción de aquellos a los que debía llamar familia.

-No-
Dijo, con firmeza. Frunciendo el ceño luego de escuchar aquel monosílabo. No podía ver a ninguno de los dos porque sabía que aquel era un momento importante para ella. Con esas simples letras había roto el único hilo que se mantenía vivo entre su gemela y ella y, al mismo tiempo, establecía un puente con Cedrik que no estaba segura de qué era pero tampoco quería enfrentarlo. ¿Cariño? No, demasiado íntimo. ¿Respeto? Faltaban demasiadas acciones para ello. ¿Algún tipo de confianza? Sí. Eso podía ser. Faora la había instado a ello -¿Cómo has dicho, Irhae?- Utilizó su nombre como si fuera un regaño pero la rubia no se inmuto -He dicho que puedes irte sola. Nada de lo que me ocurra es de tu incumbencia- Le respondió girándose hacía ella mirándola a los ojos, observando como cambiaba su gesto a algo más que ira y furia. Entonces se giró hacia Cedrik, mirándolo de arriba abajo para luego verla a ella -Lo de puta y masoquista lo llevas calado- Espetó y escupió al piso antes de empezar a caminar hacia la salida.




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Dom Nov 18 2018, 14:21

En sus ojos pudo ver mil preguntas sin respuesta. Mil sentimientos encontrados por una mera declaración. Quizás, pensó, esa simpleza de solución había abierto una ventana que otorgara un pequeño cambio. Una brecha que la haría confiar en él de alguna forma. Irhae era la típica mujer que seguía perdida y que creía no necesitar ayuda para encontrarse. Para ser salvada. Como la mayoría de las mujeres que conocía. Y él, de una u otra forma, se sentía en la obligación de ponerle los farolillos ante la oscuridad. Guiarla por el camino oculto ante la verdad que podía alcanzar por sí misma. Más o menos. Había estado observando en la distancia desde hacía demasiado tiempo y, en los últimos tiempos, con el descubrimiento de su raza, se había visto en la obligación de dejar atrás la necesidad de permanecer alejado de esas gemelas. Al menos de una de ellas.

Las pupilas del dragón se contrajeron ante el nombre de la Capitana—. Faora… —repitió con un tono de molestia. El nombre se le clavó como una mala daga en el costado y provocó un gruñido desde su garganta. Maldita fuera… él no se inmiscuía con otros escuadrones. Había evitado a los Capitanes desde tiempo atrás, para no tener que dar explicaciones de sus acciones, incluso su anterior Capitán había cedido ante la personalidad de Cedrik y sólo le exigía los informes necesarios, sabiendo que el Teniente acataba órdenes directas del propio General. Sin embargo, una vez alcanzado su puesto de Capitán, la relación con los demás oficiales había sufrido una brecha todavía más evidente en el ejército. La única vez que había coincidido con Patrick, el Capitán del escuadrón Ala Plateada, habían acabado con un arduo entrenamiento que delimitaba claramente la hostilidad entre ambos. Ahora, la idea de tener que mediar con la otra Capitana se le antojaba molesta.

Su índice se alzó para señalar a su subordinada e iniciar una amonestación pero… como un maldito terremoto llegó su hermana. Lo obligó a entrecerrar los párpados con suma molestia y a mirar hacia Visenya de arriba a abajo con evidente hastío. Esa mujer seguía sin comprender que los galadornes del ejército estaban para algo. Que su autoridad era nula ante alguien de rango superior y que, pese a que gritara y vomitara palabras innecesarias, toda esa verborrea no servía para nada. Pues ahora Ihrae le pertenecía a él. Su yugo había expirado antes de lo que parecía y ello parecía molestarla de sobre manera. Un punto para el Capitán, que sonrió con prepotencia ante la histérica mujer, demasiado acostumbrado después de tantos años a su mimado carácter.

Por algún motivo pensó que si tuviera que dar un drac por todas las veces que Visenya le miraba como si le quisiera matar estaba seguro que alguien se habría hecho rico a su costa. Altiva, prepotente y demasiado presumida para malgastar sus energías en disculparse con ella al saber que su pequeño secreto, diez años atrás, había sido con ella. Recordaba como años atrás -demasiados- había bufado de fastidio al verla en el patio de armas del castillo, sabiendo que había cedido con esa maldita apuesta para besar a esa arpía, y que ello lo perseguiría años después. Y pese a que días después descubrió que la estirada mujer tenía una hermana gemela, para su total desconcierto, la actitud de la mayor le reafirmaba que era a ella a quién había ultrajado. Pensándolo con frialdad, era posible que la actitud de esa mujer fuera lo que lo mantuviera a distancia prudencial de ambas hermanas durante todos estos años.

Un hormigueo se inició bajo las yemas de sus dedos ante esa nueva forma de acusarlo visualmente. Provocó un viejo y olvidado recuerdo que le erizó la nuca sin  posibilidad de tregua. Los gélidos se desviaron de Visenya hacia Irhae con prontitud y rapidez. Se clavaron en la segunda con una presión de incisos que azotó su cabeza ante una sensación años atrás olvidada.

Ver a la joven dormitar bajo el tronco del árbol le había provocado una ternura que lo obligó a detener su caballo. Una burda apuesta lo hizo mirar a ambos soldados y sonreír con la prepotencia de su juventud. Por ello quizás había descendido del caballo y pronto se vio acuclillado ante la más hermosa de las imágenes. Tan vulnerable y adormilada que siquiera los vitoreos de esos dos zopencos, o su propia proximidad la despertaban, ¿se podía ser tan indefensa?. Con suavidad apartó el mechón de rubios cabellos que caía rebelde sobre el delicado rostro y sonrió ante la inconsciente reacción que provocó en ella: su nariz se había movido tierna y una queja muda provocó que entreabriera los labios. Se sintió atraído hacia ella. Magnetizado. Un beso limpio y suave en los labios. Una sutil caricia que creyó no les haría daño. Sentirla era como una pluma ondeando en el mar, que incomprensible no se hundía. Cuando volvió a retirarse, y la calidez pasó a ser frío, sintió la tentación de volver a besarla. A querer apreciar la sensación de terneza que había abordado sus sentidos. Pero no lo hizo. Sus ásperos dedos acariciaron con cariño la mejilla y persiguieron con delicadeza los carnosos labios que lo invitaban a caer en su embrujo. Apartó con reticencia la mano, antes de volver sobre sus pasos hacia el dúo que refunfuñaban y preparaban las monedas perdidas o ganadas. En aquel entonces se había preguntado que hubiera sentido si aquella 'bella durmiente' hubiera despertado para corresponder a sus besos.

Su cuerpo estaba tenso. Lo había notado desde que la verdad lo había golpeado en un instante. Sus gélidos se habían clavado en la más pequeña de las gemelas con sorpresa, pese a que sus acciones seguían mostrándose impertérritas, y la fuerza que presionaba la mandíbula le hacían creer que iba a reventarle la cabeza si seguía ese derrotero. El hormigueo de sus yemas se había visto aplacado por la fuerza en que sostenía la vaina de la espada, y sus nudillos blancos por el esfuerzo parecían agarrotados por la falta de riego. En parte el alivio lo había abordado al saber que no había besado a esa arpía pero, por otro lado, el peso de sus hombros se agravó al creer ser parte de la causa de ese trato entre ambas hermanas. La sequedad en su boca se le antojó molesta pero por fin los grisáceos orbes se dirigieron hacia Visenya con una clara advertencia. La esclarecida verdad no cambiaría absolutamente nada—. Cuidado, Visenya, mi paciencia se está acabando. Eres una mujer lista y sabrás mantener a un lado el despecho y los celos evidenciados aquí; sin embargo, no permitiré que se repita —advirtió con un tono mordaz—. Tu hermana forma parte de mi escuadrón ahora. Y estoy seguro que conoces mis condiciones referentes a mi autoridad con mis propiedades: ninguno de los demás se involucra en  ello y yo no me involucro en los vuestros. Por tanto, los límites de jurisdicción están delineados por un motivo, si los incumples de nuevo.. no tendré impedimento en aleccionar a una humana para recordar cuál es tu lugar —amenazó.

Con brusquedad cogió el brazo de Irhae y tiró de ella en dirección opuesta. Ignorando las posibles reacciones de la arpía; aunque estaba seguro que las entrañas le arderían por dentro. Se lo merecía por haberlo engañado durante tantos años. El arco de lo que antaño era una hoja doble, ahora se veía derruida. Una de las hojas de roble madera seguía perenne en sus bisagras, la otra había caído al suelo, agrietada y pisoteada por el paso de los años. El mestizo miró hacia atrás, para cerciorarse de que la mujer no les perseguía, y sólo entonces le devolvió la espada a su dueña—. Tengo la sensación de que en algún momento tendré que arrancar la hiedra venenosa de cuajo —alegó con un chasquido de molestia. Llevó la mano a la nuca y la masajeó con un gesto cansado. Sin mirar a la mestiza inició el recorrido por el camino, a lo lejos, podía observarse las primeras hileras del bosque. Y volviendo a ese estado de parecer que tuviera un palo clavado en el culo preguntó arisco—: ¿Qué sabe la Capitana?





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Dom Nov 18 2018, 18:59

Irhae entreabrió los labios para decir algo más cuando Cedrik mencionó a Faora con aquel tono. Se preocupó de haberla metido en un problema sin saberlo y quiso soltar una maldición pero todo quedó acallado ante la presencia de su gemela. Tan iracunda, tan oscura, tan tóxica como siempre. Irhae hizo caso omiso a la mitad del discurso de Visenya y alzó la vista hacia el capitán cuando este la miró con aquellos gélidos ojos. Frunció el ceño con confusión al ver la intensidad de aquellas orbes tras el comentario de Visenya y la miró a ella sin comprender, le hizo un gesto a él moviendo la cabeza negando para que entendiera que ella no sabía de lo que hablaba su hermana.

Escuchar los insultos de su hermana le hicieron ver que, aunque su llegada había sido un gesto de protección hacia ella eso no cambiaba su manera de pensar sobre Irhae, por el contrario, lo aseguraba -Promiscua- Se repitió a sí misma mirando hacia el suelo, lo dijo en un hilo de voz que dudaba que incluso Cedrik lo escuchara. Y si lo hacía, le daba igual. A su mente volaron recuerdos que le erizaron la piel. Momentos en los que Visenya la delataba sin ton ni son, casi disfrutando de las consecuencias de actos inocentes. Si se enteraba de lo que había hecho ¿Haría lo mismo que Cedrik? Lo dudaba enormemente. Incluso Faora se habría mostrado más flexible. Visenya seguía las normas a rajatabla. No se doblegaba ante nada, no cedía. Para ella todo era blanco y negro, no habría grises. Ella la entregaría y se olvidaría de su existencia. Pensar en ello le hizo sopesar la decisión que había tomado, quedándose en el escuadrón bajo el mando y cuidado de un hombre que apenas conocía y sin embargo le había mostrado más indulgencia que su propia sangre.

La voz de Cedrik hizo que Irhae alzara la vista de nuevo, observando sus facciones a medida que hablaba. La rubia intentó no ver a su hermana, no quería. Cada palabra del capitán eran como pequeños cuchillos que, sabía, se clavaban en su hermana. Como agujas bajo las uñas. No obstante, durante aquel discurso hubo dos cosas que no le gustaron. La primera…”mis condiciones referentes a mi autoridad con mis propiedades”. Recordó con mucha exactitud cómo le había dicho a Cedrik que no era suya. Y ahora odiaba que la objetificara. Ella no era un qué, ella no era una propiedad. Era una persona con deberes y derechos, con una forma de pensar, una forma de hacer que… Le miró, buscando sus ojos para hacerle un gesto de molestia, pero no los encontró.

Pero la otra cosa...Hizo que apartara la vista de él.  “Aleccionar a una humana”. Ese juego de palabras hizo que se estremeciera desde el fondo de su ser hasta que su cuerpo fue víctima de un temblor. Por dos razones distintas. La primera… El tono en el que había dicho “humana”, dejaba entrever que sin duda el desprecio a los de su especie seguía tan latente como el de cualquier dragón. Las palabras de Faora sobre la ira de ellos le hizo saber que si Visenya cruzaba la raya, tal vez nunca más volvería a verla. La miró por el rabillo del ojo y notó cómo su rostro se ponía rojo de odio. Su piel era un delator, como el de ella. Tan nívea que el más mínimo daño o sentimiento hacía que se convirtieran en un libro para leer… Para los que sabían hacerlo al menos. Apretó los puños con suavidad, sintiendo que ...Tenía que decirle cuatro cosas pero sabía que no era el momento. No podía retarlo delante de Visenya porque ella terminaría ganando… Aparte los recuerdos la atacaron de tal manera que la alejaron de aquella realidad.

Las memorias relacionadas con la palabra “Aleccionar” es lo que la había llevado hasta ese preciso momento donde su cuerpo, víctima del zarandeo de su hermana, volvía a sangrar. Todo...Todo era culpa de su padre. Visenya creía que le había enseñado a defenderse de él pero no se trataba de eso, Irhae sólo había aprendido a pagar sus deudas para evitar su mal humor. Desde muy pequeña, la rubia había sentido la diferencia que hacía Harold entre Visenya y ella. La primera siempre se había dedicado a ayudarlo en sus labores mientras Irhae se encargaba de la “casa”, por ello, ante cualquier equivocación, cualquier olvido, acababa destrozándola  a golpes….Y aquello era consecuente con el hecho de que la muchacha tenía la manía de escapar de casa hacia la de sus vecinas para aprender de tejido y mil otras tareas que la pudieran a ayudar a hacer de su hogar algo más feliz.

No lo consiguió.

Con el paso de los años Harold se hizo un borracho más agresivo, sobretodo, si por su nivel de deudas le prohibían jugar. Entonces volvía a su casa y sacaba su frustración en ella, consiguiendo cualquier excusa para hacerlo. Visenya se jactaba de que haberla metido en el Army había solucionado todos los problemas. Y lo había hecho, pero no de la manera que ella creía. La menor de las gemelas había invertido más del 75% de su sueldo en pagar aquellas deudas pensando que así su padre dejaría el juego, pero lo que hizo fue al revés. Se hundió más en el vicio hacia que ella pagase más y más. Hasta hace un mes y medio cuando no pudo siquiera interceder ante lo que había hecho Visenya con ella. De tal palo, tal astilla.

Despertó de sus ensoñaciones cuando Cedrik la cogió del brazo sintiendo una punzada de dolor que escondió y caminó con él en silencio, intentando olvidar la cadena de pensamientos en la que estaba sumida. Tomó la espada y con sumo cuidado se la colgó de la cadera tratando de que los movimientos no fueran bruscos porque sentía que su brazo izquierdo empezaba a mojarse. ¿Se le habría salido un punto? Iría a ver a Valadhiel nada más caer la noche. Ignoró su primer comentario, frunciendo suavemente el ceño -No me conviertas en un objeto, ni ante mi hermana, ni ante nadie. Me he mantenido en silencio porque no iba a decirte tus cuatro cosas delante de Visenya pero creí haberte dicho que no era tuya… Estoy en tu escuadrón, estoy bajo tus órdenes, cumpliré las misiones pero...No me obligues a perder mi identidad. No soy un qué, soy un quién. No soy propiedad de nadie- Le dijo caminando tras él con paso lento, tenía demasiado qué pensar, demasiado dolor en el cuerpo ...Demasiadas cosas ocurriendo en su mente.

-¿Faora?- Inquirió y se detuvo, necesitando el descanso. Se apartó el cabello tras las orejas, ya daba igual que Cedrik la viera con los golpes, los había apreciado a plena vista -Al llegar al patio de armas vio mi estado...Tenemos relación de años y se preocupó. Y yo…- Bajó la vista, sintiéndose confundida y preocupada de haberla metido en un problema -Me sentía…-Jugó con sus dedos un momento -Me siento- Corrigió -Como una asesina y necesitaba decírselo a alguien. Así que le dije que lo que había ocurrido en la posada lo había hecho yo..- Alzó la vista hacia él mirándolo con temor - Me dijo que se alegraba que fueran ellos y no yo  y me dio dos opciones… O confiar en ti y confesar, dijo que ella haría lo que fuera por los miembros de su escuadrón; o ella podría ser mi tapadera. Diríamos que me pidió ayuda para alguna misión que se tornó mal y … terminé así- Se acercó un par de pasos hacia él antes de detenerse, frunciendo el ceño -No sé mentir...Me habrías descubierto si mentía, incluso aunque no me conozcas tan bien… Pero tú lo sabías… Fuiste a verme y a preguntarme…- Entrecerró sus profundos ojos azules -¿Por qué no me acusaste directamente ?¿Cómo supiste que fui yo?- Dejó un espacio de silencio corto antes de alzar la mano y negar con la misma, había algo que sentía y tenía que decirlo en ese momento. No quería que le respondiera ahora.

-Quiero que sepas que te he elegido por encima de mi hermana y… y aun no tengo ni idea cómo sentirme respecto a ti. No sé si odiarte por todo lo que me ha sucedido. No tenía una vida feliz, pero era pacífica ¿Sabes?... O agradecerte, porque todo lo que he sufrido me ha hecho ver que mi familia es…- Sonrió de manera triste y luego arrugó la nariz al sentir que empezaba a sangrarle el labio, alzó los dedos y se limpió -No se merece llamarse mi familia… En fin…- Tomó un gran respiro y volvió a mirarlo a los ojos con serenidad -Gracias. Creo que es lo que quiero decir-




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Lun Nov 19 2018, 17:36

Detuvo su avanzar hacia el bosque cuando la pequeña de las gemelas decidió hacer alarde, de nuevo, de su carácter. Sus gélidos la recorrieron de arriba a bajo a la mujer, deteniendo su avanzar en esa arruguita que decoraba su entrecejo en un fruncimiento que le resultó curioso. Pero no lo suficiente para derrumbar esa fachada de indiferencia tan bien enfundada. Se dio la vuelta y prosiguió el camino los límites del bosque. A medida que seguía hablando y dando exigencias no pudo más, sabiendo que no lo veía, que poner los ojos en blanco por tanta palabrería. ¿Acaso no había aprendido que le daba igual lo que dijera?. Se detuvo en seco y la encaró con ese deje de superioridad—. ¿Identidad? ¿En serio crees que tienes una? —inquirió, acercándose a ella, y golpeándole el hombro ligeramente—. Una mujer enclenque, débil y sumisa como tu no tiene una identidad, solo sigues la corriente y te dejas engullir por los depredadores; no eres mejor que los esclavos deseosos por lamer los pies a sus amos. Cumple tu maldita misión, mujer, y sólo entonces tendrás derecho a exigirme algo —espetó. Emprendió el camino con un gruñido ronco. Identidad… eso sí que era gracioso… golpeada, utilizada y maltratada, ¿esa era para ella una identidad? ¡Por el amor a los infiernos! Era como ver agonizar a un cachorro.

Se detuvo con ella cuando mencionó a la Capitana y observó sobre su hombro. Volvió a girarse mientras la mestiza seguía en ese interminable avanzar de la confesión y conseguía sacarle de sus casillas. Estaba convencido de que si seguía retrasando las palabras con ese juego de miradas temerosas y dedos nerviosos cedería a la necesidad de zarandearla para que hablara más deprisa. Hasta que por fin habló. ¿Una asesina? Era curioso describirse así estando al servicio armado del ejército. Este trabajo implicaba mano férrea y determinación cuando se empuñaba el arma. Estar concienciado de que la sangre teñiría el suelo de los bandos. El ceño del Capitán se frunció recordando el impoluto filo de la espada y sus ojos se engarzaron con los de ella. ¿Cuántas vidas habría sesgado con su espada? Examinandola, Cedrik, entrecerró los párpados y acabó maldiciendo para sí mismo. Aquello explicaba la torpeza de las muertes, ¿por qué le había parecido tan inverosímil que una soldado no hubiera expirado una vida? Los últimos acontecimientos habían provocado varias batallas, varias guerras y, por lógica, había creído que ella no tendría la pureza de un filo sin sangre.

Una ceja se izó, sin apartar los ojos de ella, cuando le comentó las ideas de la Capitana por ayudar a su subordinada y una mueca agrió su rostro sin mucho entusiasmo, incapaz de contener la molestia que le causaba todo aquello. Sin embargo, tampoco podía culpar a la mestiza por haber confiado a una vieja amiga su temor—. No, no sabes combatir, ni matar, ni mentir —apuntilló. Y eso era algo que a futuro debía cambiar. Lo que más le preocupaba era su sinceridad… al menos, tendría que adaptar la verdad de tal forma que la falta de información creara lagunas sin ser percatadas. Poco a poco, se dijo. Primero necesitaba que descubriera su sangre dracónica.

La siguiente pregunta le hizo sonreír ladino, como hacía semanas que no hacía, y estuvo tentado a responderle pero ella retuvo su lengua justo cuando entreabrió los labios. Estaba seguro que su estoica faz se había tornado en gesto confuso. Cualquiera que la oyera creería que eso era una maldita confesión: ¿elegirlo antes que su familia... qué demonios?. Dejó que intentara explicarse pero cuanto más hablaba más tediosa le resultaba la escena—. ¿Y tienes que soltar toda esa verborrea para dar las gracias? —espetó incómodo.  Extendió la diestra poco después para pasar el pulgar por su, de nuevo, ensangrentado labio. Con suavidad limpió la gota roja que emergió del amoratado corte. El tono carmesí bañó la yema masculina que captó su mirada cuando lo retiró. Frotó el índice con el pulgar, restregando el escarlata fluido, y volvió a mirarla—. Supe que fuiste tu porque mis propiedades siempre son observadas —puntualizó, contestando a la respuesta antes cortada, y para provocar que esa extraña atmósfera volviera a helarse—. Puedes odiarme y culparme de haberte arrebatado esa feliz e insulsa vida en la que estabas estancada, me es sumamente indiferente, pero yo sólo avalé tus decisiones. Por tanto, ¿quién ha renunciado a esa feliz vida? —permaneció en silencio unos segundos, para que meditara sobre su pregunta, y entonces ordenó—: Ahora muévete o te llevaré a rastras.

[...]

Habían tardado más tiempo del esperado pues, Cedrik, había adecuado el paso de forma plausible para que una dolorida Irhae pudiera seguirlo. El bermellón de la sangre no había pasado desapercibido ante sus ojos y, aunque las ropas de la armada podían ocultar gran parte de las posibles heridas, tras largos minutos había averiguado en qué zonas estaba más lastimada. No por el hecho de ser un sanador, más bien por el ojo crítico de un combatiente en busca de puntos débiles. Fuese como fuera, sus pasos habían alcanzado un arroyo que transportaba, gracias a la larga estación de lluvias, un cauce ancho; casi convirtiéndolo en un pequeño río. Los sauces abordaban la orilla y sus espesas y anchas raíces se perdían entre la corriente como serpientes de madera. Acariciando sus hojas aterciopeladas por la brisa la calma superficie. Lo más llamativo del idílico lugar era un enorme sauce, cuyas raíces emergían del interior del acuoso arroyo y formaban un irregular camino hasta su tronco. En su lateral podía observarse un terreno llano de vegetación, donde el nivel del agua aún no había osado engullir.

Ese es nuestro destino —comentó y desvió la vista a la soldado—. Ahora quítate la ropa y métete en el agua —ordenó y antes de que pudiera rechistar continuó—: No estás en condiciones de contradecir mis órdenes. Hueles a sangre a kilómetros: una suculenta, herida y frágil presa a la que los huargos no dudarán en hincar el diente —dudaba que esa mujer conociera ese arroyo -él mismo lo desconocería de no ser por Etta-, siquiera que la zona no era de caza habitual de los cánidos, pero no tenía intención de decirle lo contrario. Haberla llevado a ese lugar no era otro que por sus nutrientes. El ligero cauce del arroyo solía estar frecuentado por algunos curanderos de Talos, los cuales aseguraban que los minerales y propiedades de esas aguas eran prósperas para una sanación más rápida. Ahora, debido a las incansables lluvias, su nivel había aumentado permitiendo que una persona pudiera bañarse en él sin temor a ser arrastrado por la templada corriente. Datos que obviaría y negaría ante la mestiza—. Es para hoy —urgió cruzándose de brazos ante ella.





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Lun Nov 19 2018, 22:47

La forma en la que le habló le descolocó y le recordó nuevamente porque… lo detestaba. El estómago se le hizo un nudo y, de haber tenido algo en él, habría devuelto el desayuno. ¿Acaso era necesario que dijera esas cosas tan despectivas? Cualquier tipo de neutral percepción que hubiese tenido de él, que hubiese mejorado, volvía a ensuciarse por esa soberbia dragonil que salía de cada uno de sus poros. Bajo la vista hacia su hombro, allí donde le había dado aquel pequeño golpe que… había sido la gota que había derramado el vaso. Así que Cedrik pensaba exactamente lo mismo que su hermana. ¿Por qué seguía allí realmente?... Porque él sabía la verdad y podía chantajearla. Y ella quería seguir con vida...¿No era así?

La iracunda mirada del capitán, esta vez, no la hizo temblar. Estaba más allá de eso. De la misma forma que a Visenya, no le tenía respeto y ya ni siquiera le temía...era otro sentimiento que no sabía exactamente definir. Asintió levemente cuando soltó que no sabía hacer nada y escuchó el resto bajando la vista hacia aquella insignia que lo distinguía como capitán. No era la primera vez que la denigraban o recibía algún regalo, lo mejor: Callar… Aunque eso era lo que venía haciendo toda la vida. Tal vez a eso se refería Cedrik.

Al ver que le limpiaba la boca le apartó la mano de un manotazo escuchando aquello de las propiedades con pura y dura indignación hirviendo bajo su piel. Vigilada...Estaba siendo vigilada por ese tipejo de mierda. Deseo haberle dado un derechazo. Cuando empezó a caminar, ella hizo lo mismo mirando hacia el suelo mientras evaluaba su necesidad de...repetir lo que había hecho anoche y no por defensa propia. ¿O sí? Cedrik le había hecho un daño profundo, alguna cosa que decía era verdad...Irhae solía dejarse ir con la corriente porque era más cómodo pero eso no significaba que no tuviera identidad. Significaba que prefería que todo fuera más armónico, incluso sacrificándose a sí misma. Si era tan inservible ¿Por qué la protegía? ¿Por qué seguía aquí? La misión que le había asignado era entrenar a las niñas y conocerse a sí misma. ¿Y si las niñas estaban en más peligro por estar al lado de ella? Eso tal vez no lo analizaba él, terco del culo.

{...}

Caminó en silencio, metida en sus pensamientos sin decir nada. El único movimiento que hizo fue mantener la mano en su costado porque le dolía pero no chistó, no se quejó, ni dijo nada. Demasiado inmersa en su mente no se dio cuenta del lugar a donde habían llegado, solo se detuvo cuando el habló y se giró hacia el lago frunciendo el ceño. Paseo su mirada zafiro por el claro sin entender que hacían allí. Reconocería que el lugar era precioso, pero no en voz alta. No sabía a qué altura del bosque estaban porque nunca accedía por esta zona así que otro el horizonte viendo la llanura.No sabía qué se suponía que debía hacer allí. Por si acaso, menos mal que ella sabía nadar. Tal vez quería probar eso.

Pero no.

Su mirada se detuvo en el agua cuando le dijo que se quitará la ropa. De alguna manera, la voz de Visenya penetró en su mente…”Lo de puta y masoquista lo llevas calado”... Alzó suavemente el mentón…”Mis informantes me han dicho que eres promiscua”. Su mirada azul destellaba con fiereza, como zafiros al sol mientras se quitaba el cinturón de la espada y lo dejaba en el piso. Se quitó también la parte superior de cuero con lentitud y la dejo con sumo cuidado al lado. Se quitó los cuchillos escondidos en las mangas y las tiras de cuero amarradas a sus antebrazos. Se sentía tensa y calmada al mismo tiempo. Era una sensación nueva. Y extraña.

-Vete a la mierda, maldito cabrón-. Le lanzó una piedra directo a la cabeza y se dio la vuelta empezando a caminar por encima de sus pasos, por eso había mantenido la vista baja también.  No grito, ni chilló cuando el tirón en su costado la hizo sufrir. Sintió su camisa empezar a empaparse pero no le importó. Prefería ser víctima de mil huargos que seguir un minuto más con él. Su paso fue tan rápido como el cuerpo le permitía y si se había quitado todo lo anterior fue solo para ir más ligera. Tenía un solo objetivo: Ver al General. Confesaría sus crímenes y esperaría su juicio o cualquiera que fuera la opción que le fueran a presentar. Prefería mil veces decir la verdad que permitirle a Cedrik tratarla como lo había hecho. ¿Por qué? Porque no se lo merecía. Irhae era una buena persona, altruista, generosa, responsable, sincera. No sabía qué demonios había hecho para que le pusiera  la vista encima. Bueno, tal vez si, ser promiscua… porque eso era todo lo que quería y ya se lo había demostrado. Pero sus características no eran virtudes que la convirtieran en alguien débil o inútill, no desde su punto de vista pero por supuesto este distaba del pensamiento dragonil donde, creía, mientras más maldito eras, más ascendías.

Pues ella no sería un juguete de nadie. No después de desligarse  de su padre y de su hermana. No pasaría a manos de un tercer cabron. La imagen de Valadhiel volvió a su mente. No tenía un duro, no tenía ni un ahorro, pero podía aprender y sino… se rió para sí misma...Siempre podría convertirse en lo que todos pensaban: En una puta de la casa de la Flor Azul… siempre que tras su visita al general siguiera viva para contarlo.




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Jue Nov 29 2018, 12:29

Quizá, y sólo quizá, sus métodos de actuación discrepaban de ser el habitual caballero que tendía a ser con las mujeres; sin embargo, su idea de que se quitara la armadura no tendía a ir más allá de lo básico para que pudiera meterse en el agua sin que le estorbara el exceso de cuero y ropa empapada. Quizá debió pensar mejor el modo de decirlo pero por su mente no pasó la jocosa idea de que se desnudara completamente y, por lógica, había creído que ella -siendo como era- lo entendería.

Estaba equivocado...

Quizá debió preverlo con ese silencio mortecino que le erizó la nuca al no recibir las ya habituales palabras de disgusto ante las duras palabras que solía propinarle; o al menos prever que una mujer como ella no cumplía las órdenes cuando -a pesar de ser directas- se le antojaban desmesuradas a su entender. Desnaturalizaba sus acciones y sus palabras de una forma que, incluso el Capitán, a pesar de mostrarse regio y autoritario le parecía ciertamente problemático. Aunque tampoco podía culparla del todo… él no hacía nada por subsanar esos errores o las ideas estúpidas que Visenya parecía haber grabado a fuego en la soldado. Repiqueteó una única vez los dedos de la diestra sobre el antebrazo contrario mientras veía como Irhae se quitaba el cinturón; mas sus gélidos se centraron en el fulgor que los azules le devolvieron. Como un reflejo automático, antes de una batalla, sus músculos se tensaron a la par que lo hacía la mandíbula. Las muelas se cerraron con precisión acentuando el músculo del mentón y sus párpados se entrecerraron con un aviso más que claro. Y con aparente paciencia perfiló los trazos de los finos dedos femeninos sobre el cuero, sobre el contraste del metal del brillo especular de las cuchilla, hasta que retornó a la batalla que reflejaban sus orbes zafiros.

Y ahí estaba… la victoria de su decisión en ese conflicto interno. Cedrik esquivó la piedra como si de una mosca muerta se tratara. Sin fuerza y empeño, debido al dolor, evidente, que desprendía el ensangrentado miembro femenino, le hizo alzar ambas cejas con sorpresa. Pero su estado no se debió a esa evidente y esperada lucha sino a esa forma de hablarle a un superior: ¿Acababa de llamarlo cabrón?. ¿Por qué las mujeres solo hacían cosas innecesarias? Como esa… desangrarse y adolecerse autoinfligidamente antes de hacer lo que se las ordenaba por su propio bien… Bufó al verla huir de él -de él, ¡avernos!, estaba más segura con él; mujer ilusa- y no pudo más que poner los ojos en blanco. Apenas unos segundos de vaga ventaja es lo que le dio antes de salir disparado tras ella. Corrió a través del sotobosque, las raíces ensanchadas que provocaban que el terreno fuera irregular y esquivó ramas bajas en un zigzag para alcanzarla; y pese a que el terreno le daba cierta ventaja; las heridas de la soldado no la ayudaban.

No fue hasta que una hoja ancha impregnada de sangre se cruzó ante sus ojos que Cedrik aceleró más el paso con furia—. ¡POR LOS AVERNOS, DETENTE DE UNA MALDITA VEZ! —rugió. Consciente de que no se lo iba a poner fácil y que no se detendría por mero placer, Cedrik urgió el paso lo suficiente para acortar la distancia lo suficiente para poder atraparla, el fornido brazo del Capitán la atrapó por la cintura y la atrajo hacia él con férreo agarre justo cuando una maraña de vegetación los ralentizó ligeramente. El devenir de la situación le habían hecho olvidar el resto de sus sentidos, demasiado centrado en detener a la huidiza problemática, y ese era un fallo que pronto repercutiría en ambos. Notó como Irhae pataleaba, se retorcía y lo obligaba a forcejear en respuesta para aplacarla—. Estate quieta. Vas a hacerte daño —se quejó y bufó intentando tirar de ella hacia él para que se alejara del muro de espesa vegetación que los rodeaba.

No supo cómo Irhae consiguió zafarse de su brazo pero lo hizo con un acentuado dolor por el golpe propinado. Pero la sensación de enfriamiento provocó que su mano, reticente a dejarla ir, la atrapara del brazo justo antes de notar un tirón. El grito femenino se difuminó al sentir como la inercia del peso muerto lo arrastraba hacia lo desconocido y como reflejo a lo inesperado hizo que clavara los pies en el suelo, percibiendo como las plantas de sus pies resbalaban por la arenisca hacia el interior del seto. Succionado y… pronto sorprendido al verse en el filo de un precipicio con la soldado sujeta únicamente del agarre de su mano—. No te muevas —ordenó, esperando que en esa situación le hiciera caso, y, cuando afianzó mejor las piernas, la subió—. ¿Puedes hacer el favor de dejar de correr como alma que lleva al diablo y cumplir las órdenes? —solicitó a regañadientes cuando la tuvo entre sus brazos, a salvo, y alejados un par de pasos del barranco. La proximidad le permitió recorrer los rasgos femeninos con una inquietante sensación hasta que engarzó los gélidos en el mar turbado que le devolvía la mirada. Sus manos, encajadas a la precisión en el cuerpo de Irhae, se deslizaron cálidas hasta la parte anterior de la cintura y la apartaron con delicadez. Era mejor alejarse antes de que reaccionara como un huargo rabioso recuperada del trastorno reciente.

La tomó de la muñeca, obligándola a salir de ese muro mortal de vegetación, y sólo cuando lo traspasaron a la zona arbórea visible la soltó para encararla. El aspecto de la mujer era nefasto, ensangrentado y polvoriento. Parecía haber salido de una batalla campal sangrienta y funesta de la que era la única superviviente—. Si dejaras de extrapolar mis órdenes: ¡ESTO NO HUBIERA PASADO! —comentó con molestia y su índice señaló el suelo para más énfasis—. ¡POR LOS AVERNOS! ¡Sólo te pedí que te quitaras la ropa para meterte en el agua! —el índice la señaló como una saeta acusadora—. ¿¡Qué cojones querías que dijera!?¿Hubieras preferido el: “métete en el agua con ropa y que el peso del cuero curtido sea un lastre”? Sólo tenías que asear toda esa maldita sangre —y por más que quisiera sus estribos parecían encabritarse cuánto más hablaba y dejaba que su carácter humano lo dominara—. Hazme el favor de usar esa bonita cabeza rubia que sujetan tus hombros, ¿quieres? No creo que la tengas únicamente para lucirla; así que antes de arrojarte por malditos precipicios, ¡úsala! —rugió— ¡AHORA VUELVE AL MALDITO RÍO ANTES DE TENER QUE MATAR A UNA HAMBRIENTA JAURÍA DE HUARGOS POR TI!





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Vie Nov 30 2018, 11:34

No quiso ver el destino de aquella piedra porque sabía que sería un fracaso total. Segiró sobre sus pies y empezó a correr por lo que, pensó, era el mismo camino por el que había vuelto. El suelo se le antojaba diferente, había más maleza y muchas más irregularidades que la sorprendían pero no podía enfocarse demasiado en ello. Su manos, cruzadas sobre su abdomen, sostenían sus costados allí donde los puntos de Valadhiel –creía- seguían atando esos pedazos de carne que debían volver a unirse. No obstante, en el fondo sabía que se los había roto y que tendría que volver con ella. Necesitaba volver con ella. No sólo por el rastro de sangre que iba dejando con cada pisada sino porque necesitaba esa paz, calor y luz que le brindaba la curandera. Quería huir del Army.

Apartó algunas plantas del camino y se encogió cuando escuchó la voz de Cedrik gritándole ¿Por qué seguía persiguiéndola? ¿Por qué no se iba a la mismísima mierda? Apretó el paso, al menos lo que pudo, para no volver a caer en sus garras. Estaba agotada de escucharlo. Si quería a alguien con identidad, que no fuera inútil y supiera matar y mentir debió buscarse a otra persona… Porque ella no era así. Y si su escuadrón estaba lleno de ese tipo de gente, ella no quería pertenecer a él. ¡Y ODIABA que la llamara su propiedad! ¡Ella no era PROPIEDAD de nada, porque no era una cosa, era una persona! ¡MALDITOS DRAGONES!

Su cuerpo se tensó momentos antes de que Cedrik la cogiera. Al principio no se defendió, gimió de dolor por el agarre y de haber estado más consciente habría sentido las lágrimas recorrerle las mejillas pero sus sentidos estaban puestos en otro lado ¡No quería que la tocara! ¡No quería que interpretara nada! ¡No quería que abusara de ella! Con uno de sus pies pisó con fuerza el empeine de Cedrik lo que le dio el tiempo suficiente para zafarse. Ignoró el muro de maleza, porque lo único que quería era mantenerse en una distancia prudente de él y que ésta siguiera creciendo. Aceleró el paso tratando de soltarse de la mano del capitán al atravesar el muro…

Pero no encontró pie, ni suelo, ni base. Su cuerpo se fue al vacío tan rápido como había atravesado aquel muro de maleza. Su alma se había escapado hacia el cielo y el terror se apoderó de su cuerpo en apenas un par de segundos hasta que sintió que algo la detenía. Alzó la vista y engarzó sus orbes zafiros en las de Cedrik con el pánico perfilando cada uno de sus rasgos después de ver el precipicio sin fondo donde acabaría si no hacía lo que él decía. Y pese a que no se movía, pese a que hacía exactamente lo que él le decía podía sentir como centímetro a centímetro su mano se resbalaba de la de él por culpa de su sangre. No dijo nada, ni siquiera respiró. Contuvo sus palabras, su aliento y su terquedad para aferrarse a la vida nuevamente. ¿Por qué su vida seguía al borde del abismo? ¿Por qué una y otra vez, de la nada, corría más peligro que nunca?

Al plantar los pies en la tierra se aferró a la ropa del capitán, sintiendo cómo su alma volvía a su cuerpo, escuchó las palabras de Cedrik tan frías como de costumbre y sintió ganas de llorar. Lo único que necesitaba en ese momento era un abrazo pero él, aunque delicado, simplemente la apartó. Se dejó llevar por él para atravesar el muro sabiendo lo que venía. La ira del dragón.

Pero… ¿Por qué no la dejó caer de una vez?

Sus ojos azules le recorrieron el rostro mientras le gritaba pero realmente no lo estaba oyendo. Se apartó el cabello del rostro con la mano ensangrentada, lo descubrió al verse las manos y entonces siguió con la mirada la ropa de Cedrik. También estaba manchado de sangre, por su culpa. De nuevo. Y Valadhiel también lo había hecho. Faora, era cómplice de su pecado. Volvió alzar la vista hacia él, visiblemente afectada, pero no por sus gritos. En otro momento, tras cualquier otra escena en la que no figurara Visenya; Irhae habría bromeado con él…Le habría dicho que no se atreviera a mirar y se hubiese desnudado sin problema. Su hermana se había metido bajo su piel. Esos insultos hacia él, no eran suyos. Ella no lo odiaba realmente. ¿Por qué sentía tanta ira? ¿Por qué era esa persona cuando estaba con él? ¿Tan diferente a sí misma? Empezó a temblar y no por la segunda escena traumática que había vivido en menos de dos días, tampoco por la fiebre que empezaba a subir ni el dolor, sino por el miedo a la persona en la que se había transformado: Su hermana.

-Deja de gritarme- Irhae sintió cómo sus pulmones empezaron a llenarse de aire cuando inspiró, bajó un momento la vista con el ceño fruncido y luego la alzó para mirarlo –Cedrik…Yo no soy la persona que tú quieres que sea y ladrándome órdenes no vas a conseguirlo. Es más, no te esfuerces. No voy a cambiar…Sólo sacas lo peor de mí y me odio por eso. Me haces parecerme a ella y he pasado mi vida entera tratando de diferenciarme de ella. ¿Recuerdas lo que te dije la primera vez que nos encontramos?... No soy la persona que crees conocer, no soy la persona que has estado tratando estos días. No soy inútil pero no me gusta mentir, no me gusta matar y tengo identidad- Con todo lo que había ocurrido, sólo estaba decepcionada de sí misma –No soy la persona que buscas para tu escuadrón. Y…tampoco quiero convertirme en ella- Empezó a caminar por donde creyó que debía volver al río. Iría a lavarse como le había ordenado, porque estando agarrada a él en ese precipicio supo que no quería morir y en sus condiciones no podría darle batalla a nada. Contuvo los gemidos de dolor mientras caminaba. El tirón al quedar suspendida en el aire sólo cogida del brazo había hecho que su costado se abriera un poco más y ahora sentía fluir el líquido hacia sus pantalones. Caminaba por pura voluntad y sólo añoraba estar de nuevo en casa de Valadhiel. Pero no iría a importunarla. Tenía otras cosas más importantes que hacer. Se detuvo un momento al recordar algo de pronto y lo miró por encima del hombro –Y no te preocupes, no tendrás que ensuciarte las manos de nuevo ni por mi padre ni por mí- Le indicó con total serenidad antes de seguir su camino de vuelta al río (o eso creía), su fuerte no era la geografía y mucho menos en ese estado.

Metida en sus pensamientos recordó, tras su referencia su primer encuentro y se obligó  a cerrar los ojos ya a metros de distancia del lugar donde habían estado. Quiso reírse y aunque lo hizo, las contracciones hicieron que el dolor estallara en su cuerpo y se detuvo. También lo hizo su caminata y se giró hacia él, mirándolo con una pizca de gracia. Inclusos sus labios sonreían aunque la imagen no era realmente hermosa debido a la sangre que volvía a correrle por el rostro - ¿Cabeza bonita, eh? Cuidado no vayas a enamorarte mira que…- Se calló. Iba a decir algo muy inteligente, aparte de recitarlo, pero de pronto la imagen de Cedrik empezó a distorsionarse. Irhae se le quedó mirando con el ceño fruncido al no entender lo que sucedía apenas un momento antes de que su visión se ennegreciera y perdiera el conocimiento.




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Vie Dic 07 2018, 11:38

Estaba cabreado. Absoluta y completamente molesto con ella; ¿acaso de verdad quería morir? Empezaba a creerlo. Su lengua no se retuvo en recriminar y gritar hasta que ella le detuvo con una calma que ni él había percibido. ¿Que dejara de gritarle? ¿En serio tenía la desfachatez de decirle aquello? ¡AVERNOS! Quería gritarle que nada de eso hubiera hecho falta si se conociera de verdad, si supiera que ella misma era capaz de salvarse, pero ¡NO! Se empecinaba a creer que esa miserable vida era lo suficiente buena para ella, sin aspirar a más—. Si dejaras de estamparte contra la pared esto sería más sencillo —los párpados del Capitán se entrecerraron mientras contenía la lengua con un gruñido de cabreo. La miró con fijeza mientras se encaminaba hacia lo desconocido, pues había comprobado que su orientación era pésima, y la siguió a una distancia prudencial—. Eso lo decidiré yo. Te guste o no —refutó ante la coletilla de no ayudarla.

¿En serio se creía capacitada para sobrevivir? En apenas unos días la habían atacado, no una sino dos veces; había acabado saltando por un precipicio; y…acabaría medio muerta por tanta testarudez. La sangre, demasiado evidente ya, seguía humedeciendo las ropas de la mujer con una preocupación alarmante. Pero él no hablaría. No todavía. Se limitó a seguirla al ritmo que ella marcaba hacia un lugar que distaba varios grados al noreste del río, y se dedicó a vigilar los alrededores. El olor metálico de la sangre atraería a cualquier depredador que estuviera a varios metros de distancia y, pese a haber indicado que no pelearía con huargos, su deber lo obligaba a estar alerta por si la situación se torcía.

El inicio de una risa cortada lo hizo centrarse en la soldado e izar una ceja. Se detuvo en seco cuando ésta lo encaró y, el mestizo, con cara de pocos amigos ladeó el rostro y achicó los párpados. ¿Ya había recuperado fuerzas para volver a la carga? Si era lo que quería podía lidiar con ello. Pero por algún motivo que le sonriera con garbo y con tanta perspicacia provocó que se le erizaran los pelos de la nuca. Los gélidos se centraron en los labios que sonreían locuaces anticipándose a la gracia que no tardó en aparecer. El inicio de una sonrisa se perfiló en respuesta en el rostro de Cedrik, pero no dijo nada. Lo cierto es que su enfado había soltado su lengua hacia un derrotero que no deseaba cruzar y que debía remediar lo antes posible. La sombra de la sonrisa se terció cuando la frase de ella quedó a la mitad y el ceño del mestizo se frunció ante la palidez de su compañera.

Dos pasos rápidos, los férreos brazos la atraparon sin opción a que siquiera las delicadas rodillas golpearan el suelo, y suspiró con resignación cuando la atrajo hacia él—. Eres más tozuda que una mula… —con la zurda apartó un mechón de pelo del rostro que se recostaba sobre su torso y sonrió con rendición— … pero sí, aún llena de moratones y dándome tantos problemas, tienes una bonita cabeza —complació, a sabiendas que el desmayo velaría sus palabras, y la cargó entre sus brazos.

Cuatro troncos más allá, seis arbustos más acá y una hondonada atrás el idílico paisaje del río volvía a presentarse ante la bella durmiente y el caballero. Cedrik depositó a la soldado en la orilla cercana del agua, entre unas verdosas ramas llenas de musgo, y se planteó si lo más sensato sería meterla en el agua o limpiarle las heridas. Optó por lo segundo. El agua, estando la herida abierta como parecía, causaría que la sangre siguiera emanando como una arroyo de su cuerpo. Debía cortar la hemorragia antes con el fin de que no muriera desangrada. Con tranquilidad levantó parte de las ropas encharcadas en sangre y examinó los puntos que el esfuerzo había hecho saltar. La visión lo hizo desviar los gélidos hacía el gesto de dolor que inconscientemente se reflejó en la faz femenina y retornó a la herida. A falta de algo mejor, el Capitán, se quitó la camisa para usarla de apósito, se acercó a la orilla donde la empapó y volvió con la mujer para empezar a lavar y tratar la herida.





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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Irhae el Vie Dic 07 2018, 21:02

No lo vio. El gesto de Cedrik le pasó desapercibido porque sus ojos no enfocaban bien, sin embargo, pudo sentir que de alguna forma su lenguaje corporal se destensaba...O eso creyó antes de caer desmayada. Ese tipo de densa oscuridad no le era familiar, podría decirse que era la primera vez que perdía el conocimiento. En aquella nebulosa no fue consciente ni de las palabras de Cedrik ni cómo la atrapó antes de que cayera al suelo. Ajena a que era transportada hacia el río, la mente de Irhae divagaba en recuerdos recientes, en un caleidoscopio de raras sensaciones y memorias que despertaban distintas reacciones en sí misma.  

De la nada, volvía a estar en ese precipicio, sin encontrar pie alguno para sostenerse y encarando el vacío sólo con el apagado brillo de sus ojos zafiro. Al alzar la vista vio a Cedrik, sus ojos encendidos de furia pero aún así dispuesto a subirla. Su orden había sido tajante e Irhae cerró los ojos un momento esperando que pudiera subirla pero no hubo nada. De pronto, la brisa se hizo más fuerte y fría. Un torrente de extraña energía hizo que se le erizara la piel. ¿Por qué esperaba tanto? Los vientos huracanados la balanceaban de un lado a otro como si se tratara de un papelillo y cuando Irhae abrió los ojos y miró hacia arriba su propio reflejo le respondió. La sonrisa afilada de Visenya nunca se le había antojado tan… ¿Dracónica? Fría, sádica, desalmada. No dijo palabra y sin embargo, Irhae supo que aquello era un adiós. Los dedos de su gemela se abrieron e Irhae sintió cómo su cuerpo hacía caída al vacío.

Se despertó con brusquedad y un grito ahogado en sus labios mientras extendió las manos al frente buscando asidero. El corazón le latía con fuerza en el pecho gracias a la ansiedad que le había generado aquella maldita pesadilla. Los dedos se agarraron de la capa de Cedrik que fue lo más cercano que pudo coger y se afianzó  a ellos de la misma forma que se había sostenido al resbalarse por el precipicio. Miró alrededor con terror parpadeando con rapidez, desorientada y sedienta hasta que finalmente encontró de nuevo los ojos azules del capitán. -Cedrik- Gimió, reconociéndolo y mirandolo con fijeza durante un momento buscando en su mirada la seguridad de que aquello era la realidad. Al cabo de unos segundos se dio cuenta de lo que estaba haciendo y dejó caer los párpados antes de soltarlo con suavidad, deslizando la palma por la tela de la capa que había tomado para desarrugarla. Se quedó en silencio, movió la cabeza hacia el lado contrario con los ojos cerrados y sus rasgos contraídos en una constante mueca de dolor.

Intentó respirar profundamente -Agh…- Abrió los ojos parpadeando mientras fruncía el ceño y volvía a llevarse la mano sucia hacia la sien. Tenía un dolor de cabeza tan fuerte que sentía que se mareaba. -No lo hago a propósito…- Le dijo, volviendo el rostro hacia el cielo y tratando de discernir la forma de las nubes de manera pensativa aunque los ramalazos de dolor no dejaban de estar a la orden del día. Giró la vista hacia donde él estaba curándole las heridas, esperó que supiera lo que hacía pero prefería no preguntar. Tal vez...Reaccionara de nuevo a lo Cedrik y no quería oírlo.

Un movimiento tras la espalda del capitán le llamó la atención y estiró suavemente el cuello para ver más allá del costado  del dragón. Los colores le llamaron la atención y frunció un poco el ceño mientras esforzaba la vista, no sabía qué era hasta que se paró en dos patas con algo brillante en la mano. Era su insignia de la facción humana del Army. Sonrió del lado bueno, de ese que no tenía roto y movió una mano hacia la de Cedrik para llamar su atención y luego se llevó un dedo a los labios sonrientes en señal de silencio. Aquel mismo dedo hizo una seña militar para indicarle que tenía a alguien detrás. Intentó incorporarse un poco, apoyando su peso en un codo, del lado que menos le molestaba pero el dolor fue, igualmente, demasiado para soportarlo y volvió a su lugar bufando bajo -Creo...Que necesitaré una nueva insignia...- Susurró gimiendo. Cerró los ojos y siguió sonriendo mientras en su mente empezaban a divagar cosas sobre la naturaleza. Una parte de ella adoraba los animales pero Visenya no le permitía tener uno en su casa así que había optado por saludar y cuidar en sus hogares  a algunas mascotas. Y nunca había visto un mapache de cerca, era curioso cómo cogían las cosas con las manos como un humano.




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Re: The shadows know me now... - Priv. Cedrik

Mensaje por Cedrik el Sáb Dic 08 2018, 18:04

El abrupto despertar provocó en él un sobresalto que lo hizo fijar la mirada en ella. En la ansiedad y el terror que centelleaban sus orbes. Con el entrecejo arrugado la observó para desviar la mirada hacia la mano que estrujaba la capa. Sentía como el tironeo de la tela había provocado que su torso se corvara sobre ella acortando la cercanía entre ambos y buscó sus zafiros. En un silencio atronador que provocaba que se le ensordecieran los propios instintos. La mención de su nombre lo sacó de ese estado de estupor, mientras sentía como esa atracción por miedo menguaba hasta liberarlo, y el rostro de la mestiza se ocultaba de él. El Capitán volvió a erguirse en ese recorrido que había cedido, demasiado rápido, a la necesidad de ella por sentirse a salvo, y se centró en la sangre que aún deseaba derramarse por esos maltrechos puntos.

Estate quieta.... —solicitó en un susurro demasiado concentrado en no empeorar la herida. En momentos como aquellos deseaba que Etta estuviera allí. Era habitual que el dolor la hiciera moverse pero lo que lo cabreaba es que esa situación había llegado a tal por sus actos anteriores, demasiado despreocupados y temerarios. El nuevo movimiento lo hizo alzar la mirada de la opresión de la, ya rojiza, camisa y la aguijoneó visualmente—. Deja de moverte —se quejó y, mientras la diestra presionaba la herida, la zurda tomó un pequeño mejunje de pastosidad color marrón que había hecho poco antes—. Si tanto miedo tienes a morir en mis manos, la próxima vez deberías ser más diligente y hacer caso a tu superior —comentó sin siquiera mirarla. Siendo consciente de esa pregunta velada y retenida por ella.

Centrado en la cataplasma, la herida y la sangre que parecía -por fin- cortarse, limpió con cuidado los bordes de la herida sin tocar los puntos que parecían precarios. Se limpió la mano ensangrentada sobre el cuero tachonado de su torso e impregnó los dedos en el mejunje. Con delicadeza empezó a dar toquecitos sobre los puntos, esperando que la plasta de hierbas y barro mineral aliviara el desgarro. Demasiado abstraído en no hacerle más daño del debido había pasado desapercibido el pequeño ladrón que tenía a su espalda. La mano de Irhae captó su atención en un instante haciendo que alzara la mirada a su rostro; inconscientemente ambas cejas se alzaron al verla sonreír y mandarlo callar con un gesto tan inocente. ¿Qué demonios?  

Los gélidos del Capitán se desviaron entonces sobre su hombro y una sonrisa ladina se contagió en sus labios al ver al ladrón rebuscar por las pertenencias y hallar su botín—. Lo cierto es que ya no necesitas esa insignia —indicó retornando hacia ese rostro apacible y sonriente que aún perfilaba la mujer—. Pero es el recuerdo de una etapa de tu vida... —comentó pensativo, desvió la vista a la cataplasma que parecía aguantar en la herida abierta, y después miró hacia el mapache.

El animal como si lo hubiera sentido alzó la cabeza y miró en su dirección.

Creo que… —desvió la vista hacia Irhae alzando las cejas con suspicacia para levantarse con movimientos pausados—. Intenta que no se vaya —ordenó ya caminando hacia algún lugar, pero de pronto se detuvo y la señaló amenazador—. Sin moverte; la cataplasma aún no se ha secado y debo vendarlo.

Varios minutos después Cedrik reapareció por los setos por los que había desaparecido y comprobó que ambos, tanto mapache como mestiza, seguían por el improvisado campamento. Una sonrisa satisfecha se le escapó de los labios al ver que así era y se acercó con el mismo sigilo hacia donde estaba Irhae. Con parsimonia se sentó a su lado observando al ladronzuelo. Entre sus manos había un trozo de tela, en forma de saquito, que se movía inquieto por intentar salir de la prisión—. ¿Sabes que son los Guardianes, Irhae? —desvió los gélidos buscando los celestes pero no esperó que contestara—. Algunos creen que los Guardianes te encuentran en un momento de decisiones para guiarte por el camino correcto, como un espíritu guía. Antiguos familiares atrapados en cuerpos de animales que creen sernos de ayuda a los que aún permanecemos en este mundo; más inteligentes que la media y... que no suelen huir de su familiar si es el indicado. Una vieja amiga me dijo que era algo así como una  impronta: una vez que el vínculo se da es difícil que se separen el uno del otro.

Sonrió ladino y centró su mirada en la mancha marrón que era ahora el mejunje sobre su herida. Complacido por su propio trabajo, la tomó con cuidado del brazo para ayudar a que se reincorporara en ese lecho natural—. Intenta no moverte bruscamente —comprobó que no había cedido al movimiento y le tendió el improvisado saquito de tela—. Esto sería más sencillo con abejas y miel pero.. a falta de algo mejor... tendrás que convencerlo con eso.

La soldado pronto averiguaría que el movimiento de la tela era debido a un puñado de renacuajos, semillas, un par de ranitas y algunas bayas silvestre más que solían ser autóctonas de la zona. Por su parte, Cedrik, hizo un ademán con la mano para que iniciara su proceso de captación y se recostó en el tronco expectante.





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