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Tormentosa venganza (Joss)

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Tormentosa venganza (Joss)

Mensaje por Tizne el Miér Oct 31 2018, 20:46





Talos dormía. Pero mientras la mayoría de sus ciudadanos soplaban las velas y se acurrucaban entre mantas de lana o sábanas de seda, otros iniciaban su actividad. La guardia nocturna hacía sus rondas por estrechas callejuelas, salpicando barro de los charcos a cada paso. Las prostitutas que no contaban con la protección de un burdel se refugiaban en los soportales, rezando para que los clientes de esa noche no fueran demasiado sucios, o demasiado violentos o ambas cosas a la vez. De los ventanucos de algunos sótanos, situados a ras de suelo, comenzaba a elevarse el pesado humo del opio. Esquinas, tejados y puentes iniciaban su canto secreto, un susurro solo comprensible para unos pocos.

Talos dormía, pero otro Talos despertaba. El más peligroso.

La capucha, acolchada por dentro con la parte más suave del cuero, me protegía a la vez de la lluvia y el viento cortante que azotaba las alturas.  No daba pasos en falso por los resbaladizos tejados, no con la sujeción que me proporcionaban las suelas de las botas nuevas. Todo el traje era una obra de arte diseñada para no ser visto ni oído hasta que era demasiado tarde. Todas y cada una de sus negras piezas, correas y hebillas estaban fabricada a mi medida, se amoldaban a mi cuerpo como una segunda piel. Con ese traje era una sombra, un fantasma, una sensación de presión en la boca del estómago de aquellos que acertaban a percibir una presencia cercana… sin saber ubicarla. Jamás habría podido pagar algo así por mí mismo. Solo por esos ropajes ya merecía la pena cualquier cosa que Thyraxes pidiera a cambio.

Esa noche no había salido a robar, ni siquiera a pasear por las cornisas. Había esperado, la oreja pegada a la puerta de los aposentos de Verenaa, hasta escuchar la respiración pausada de esta. Al estar seguro de que dormía, ya vestido y con las armas listas, había saltado los muros del palacete para buscar a alguien muy concreto.

Se llamaba Jossferine. El no reconocería mi rostro, habían pasado trece años desde que ese animal me marcó la espalda a látigo. Yo podría distinguir el suyo entre un millar de personas: llevaba vigilándole desde entonces. Había sido testigo silencioso de su escalada de rangos militares, de sus problemas y alegrías familiares y de cualquier palabra que hubiera soltado de forma descuidada entre los muros del Castillo. Desde hacía una luna, también sabía a donde le gustaba ir en su día libre.

La Vieja Descalza no era la mejor taberna de Talos ni por asomo, pero tenía su historia. La enseña de madera ahumada -que pude leer por primera vez en mi vida- mostraba una anciana apoyándose en un árbol para quitarse uno de sus zapatos. Contaba la leyenda que no eran los dragones quienes habían iniciado la reconstrucción de Talos, sino un grupo de nómadas comandados por una vieja pitonisa. Venían caminando desde la otra punta del mundo, atentos a un único augurio: cuando ella se viera obligada a quitarse el calzado, habrían encontrado el lugar perfecto para asentarse. Según se rumoreaba no fue un momento demasiado espectacular. La mujer se detuvo un instante y se apoyó en un roble para sacarse una molesta piedrecita del zapato derecho. Hubo un silencio repentino. Solo cuando vio las asombradas miradas de su caravana, cayó en la cuenta de lo que acababa de hacer. La profecía se había cumplido. El inicio de Talos.

Los dueños de la taberna comentaban orgullosos que se había erigido en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos. En un primer lugar habían llamado a su negocio “La Fundadora”, pero los dragones, considerándolo una blasfemia, la habían renombrado con un título más modesto, incluso despectivo. La Vieja Descalza… la taberna más antigua de la draconica urbe.

Me acuclillé en un voladizo, colocando mejor el trozo de tela fina que me cubría boca y nariz. Un canalón cercano vomitaba un potente chorro de agua a mi zurda, impidiéndome escuchar otros sonidos. No era necesario. Desde allí, frente a la puerta, podía contemplar a los dos hombres que la golpeaban metódicamente.

Toc TocTocToc Toc Toc

Cualquier servicio como este, tras el toque de queda, tenía su propia contraseña. Además Rata me había comentado que la Guardia nocturna recibía un buen pago extra mensual y unos suculentos descuentos por hacer la vista gorda con La Vieja.

El Sargento Jossferine llevaba dos horas ahí dentro. Si seguía el patrón de las otras noches, todavía tardaría un poco en salir. Cuando la calle estuvo desierta me deslicé como una araña muro abajo, cruzando para internarme en los establos de los clientes. Había una única bestia atada al palenque, un espléndido garañón azabache de morro blanco que era la envidia de toda la milicia. Costaba una fortuna, y su descendencia iba a ser todavía más valiosa.

Iba a ser.

Rebusqué entre el material del guadarnés hasta dar con un par de trabas para ponerle en las patas, lo último que necesitaba era una coz. El caballo me miró mientras se las colocaba, rumiando unas briznas de heno con desinterés. Saqué entonces un cuchillo de cocina con mango de madera, sin querer perder mi daga en este trabajo.

-Tú no tienes culpa de nada muchacho… pero la vida no es justa-murmuré acariciándole la suave piel de los hollares. Fui moviendo la mano hasta encontrar la gotera de la yugular, esa línea inconfundible en el cuello de todos los equinos.

La tormenta, que arreciaba como no lo había hecho en varios días, ocultó los relinchos aterrorizados. Incapaz de huir con las patas trabadas, el caballo cayó al suelo echando espumarajos rosados, los ojos a punto de salírsele de las orbitas como a mi conejo. Solo que el no estaba muerto, no lo estaría hasta que alguien le sacara el cuchillo de la herida para que terminara de desangrarse. Eso era trabajo de su dueño… y habría agonía en el proceso.

Le eché un último vistazo, la mirada fría, sin un ápice de compasión, la venganza estaba antes que los sentimientos. Sin perder más tiempo, volví a subirme al tejado, mi palco privado.





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Re: Tormentosa venganza (Joss)

Mensaje por Josfferine el Dom Nov 04 2018, 18:47

Josfferine se sentía liberado después de haber tenido el valor de confesarle a su hermana que la amaba. No sólo por haberlo hecho, sino por el saber que ella también le amaba a él. Su amor era correspondido y eso le tenía en un estado de alegría perpetuo. ¿Se podía ser más feliz? Supuso que sí. Si pudiese tener crías con su hermana, con la dragona que había elegido como su pareja para siempre, entonces sí que sería el dragón más feliz del mundo. Pero por desgracia los dragones estaban pasando por una malísima racha de infertilidad en sus hembras. Era una auténtica tragedia. ¿Cómo iban a continuar con los linajes? Los dragones podían vivir muchos años, pero la muerte siempre llegaba. ¿Qué harían cuando los dragones más jóvenes dejasen de serlo? Pero esos pensamientos no podían preocuparle esa noche. No. Él estaba de celebración.

Había ido a celebrar con sus amigos y compañeros de escuadrón a La Vieja Descalza. La verdad es que desde que la había descubierto, había pasado allí muchas noches. Igual hasta demasiadas si le preguntabas a su madre. Pero lo que su madre no supiese, no le iba a hacer mal. Y Joss ya era un dragón adulto. Podía hacer lo que quisiera y pasar las noches donde le diese la gana y con quien desease. Claro que él no iba a decírselo así a su madre. Era joven, pero no gilipollas.

Habían pasado dos horas, más o menos, desde que había entrado a la taberna y algo extraño pasó. Si le preguntasen, no sabría decir qué le pasó exactamente, pero sintió que algo malo iba a pasar. No tenía sentido alguno. Y de hecho miró a todos los que estaban a la taberna con él observando si esa sensación sólo la tenía él o era algo más globalizado. Por desgracia, parecía que sólo la tenía él. O los demás sabían disimular muy bien...

Queriendo volver al ambiente festivo de la taberna, pidió otra jarra de cerveza y se puso a hablar con el compañero que tenía más cerca. Gran error. El otro dragón sólo hablaba de lo guapas que eran las mujeres en la Casa de la Flor Azul y de que quería ir a visitarlas cuando fuese el día de paga. No paraba de decir todo lo que les haría y con cuántas iba a estar... A Josfferine, que era un dragón que sólo tenía ojos para una sola dragona, ese tipo de actividades no las encontraba ni divertidas ni entretenidas. ¿Para qué pagar por eso? En fin, que la conversación no le ayudó a alejar su mente de esa extraña sensación. Y al final, decidió que ya era hora de volver a casa. Igual durmiendo se le pasaba esa sensación.

Salió de la taberna sin prestar mucha atención a los alrededores. Era una zona de la ciudad que ya se conocía bien y la mayor parte de los ciudadanos ya dormían en sus casas. Cuando llegó a donde había dejado a Magnus le extrañó que el caballo no se le acercase, como hacía siempre que le veía. Había sido un regalo de Myrecela. Era uno de los mejores caballos que ella había criado. Un auténtico semental. Joss no podría haber pedido un caballo mejor aunque hubiese querido. Se acercó más y vio que el caballo estaba echado en el suelo. ¿Qué estaba pasando?

-¿Magnus? ¿Qué te pasa?-sabía que el caballo no le iba a contestar, pero había cogido la costumbre de hablarle por culpa de su hermana.-Vamos muchacho, levanta. Tenemos que volver a casa.

Y fue entonces cuando se dio cuenta de qué le pasaba al caballo. Tenía las patas trabadas, de la boca le salía espuma con un color algo rosa, los ojos reflejaban terror y en el cuello del precioso animal... Un cuchillo. A Josfferine se le aceleró el pulso. "Magnus no."

-No, no, no, no, no...-acarició al animal intentando calmarse y calmar al caballo.-¿Quién te ha hecho esto, amigo? Ojalá pudiese entender el lenguaje de los animales... Te prometo que pase lo que pase, la persona que te ha hecho esto pagará muy caro esto...-cerró los ojos para no ver el miedo y el dolor reflejado en los ojos de Magnus y de un tirón sacó el cuchillo.-Lo siento, lo siento mucho...

De rodillas junto al caballo, intentó parar la hemorragia, pero esa imposible. La sangre manchaba sus ropas y el suelo y Joss iba viendo cómo la luz de vida se iba apagando con rapidez en los ojos de su hermoso Magnus. Una sola lágrima cayó por su mejilla y se la secó rápidamente. La tristeza por haber perdido a semejante ejemplar de caballo y el regalo de su hermana era fuerte, pero más fuerte y más salvaje iba siendo el fuego de la furia que se iba haciendo con el control de su cuerpo. Ya podía correr quien había matado a Magnus... Porque no tendría piedad alguna.

Se levantó con el cuchillo en la mano, sin apartar la mirada del ahora cadáver del que había sido uno de los mejores caballos que Josfferine había tenido en su vida. Se giró despacio y observó con cuidado los alrededores. Quizás hubiese alguien que le pudiese decir qué había pasado y quién había sido el insensato o insensata de hacerle enfadar...





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Re: Tormentosa venganza (Joss)

Mensaje por Tizne el Jue Nov 08 2018, 16:59

Estaba empezando a impacientarme cuando le vi salir, bajar al trote las escaleras de entrada de la taberna. Asistí silencioso y fascinado a todo el proceso: como se acercó al establo, como se tensó al encontrarse con el imprevisto. El dolor que transmitía su lenguaje corporal al inclinarse junto al animal. Su cuerpo me tapaba la visión y no pude fijarme en cómo le arrancaba el cuchillo del cuello, pero no hizo falta. La acequia se tiñó de rojo, haciéndome sentir un hormigueo de placer en las sienes y el vientre.

Un cuervo se posó sobre la enseña de la taberna, haciendo que las cadenas de las que pendía chirriaran. Otro le siguió instantes después, sacudiendo las plumas empapadas. Siempre eran los primeros, las ratas no tardarían en llegar. Yo me erguí, sacando pecho. El viento hizo ondear mi capa de forma tétrica, recibiendo un pequeño empujón de mis poderes en las zonas adecuadas. Me paseé por el borde de la cornisa, el rostro encapuchado siempre vuelto hacia él, moviéndome como una bestia encerrada en una jaula demasiado estrecha. Pero la actuación elementalista no iba a detener se ahí. No, el golpe de efecto debía ser más grande.

-El pasado es un cubo lleno de cenizas, ¿no es cierto? ¡Hoy su cubo se ha volcado, Sargento Josfferine! Y le ha manchado la cara. ¿Va a llorar? ¡Me encantaría ver eso! -aullé roncamente para hacerme oír en medio de la tormenta.

Tenía su atención. Mirándome desde abajo, como debía ser. Dirigí la mano hacia el como si fuera a invitarle a bailar. La cerré en un puño y fui levantando el brazo despacio. A ambos lados de mi cuerpo surgieron dos tornados de tamaño similar al mio,que arrastraron consigo el agua antes de que llegara a tocarme. Así me escucharía mejor. Pero su finalidad principal no era esa. Quería verme imponente, aterrador, una amenaza viviente. Me dejaría agotado, pero merecería la pena.

- ¡Era un buen animal! ¡Debía pesar al menos treinta y cinco o treinta y seis arrobas! ¡Es una lástima que a la hora de venderlo para matadero solo tengan en cuenta eso y no su porte, sus genes, su destreza! A doce piezas de cobre la arroba, sacará por el más de cuatro monedas de plata. ¿Cuánto costaba antes? ¿Cien monedas de oro? -

Me eché a reír como un maniaco, pero volví a concentrarme enseguida en el objetivo de mi venganza. Tenía el cuchillo, debía estar atento para usar los tornados a mi favor si lo lanzaba.





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Re: Tormentosa venganza (Joss)

Mensaje por Josfferine el Jue Nov 08 2018, 23:18

Varios aleteos y el chirrido de cadenas llamaron la atención del joven dragón. Miró a un lado y vio que poco a poco una bandada de cuervos se estaban acercando al que hasta ahora había sido el mejor caballo que tenía y ahora no era más que pasto para los gusanos. El viento empezó a comportarse de un modo extraño y eso hizo que Josfferine se girase por completo. En la cornisa del edificio de enfrente se veía una figura. De dicha figura sólo podía ver los ojos... Unos ojos que tiraban de un hilo de su conciencia, uno que le decía que le conocía pero que no le terminaba de ubicar.

-¿Qué coño eres? ¿Eres tu quien ha matado a Mag... mi caballo? Si es así... Por tu bien, más te vale ser rápido.-un gruñido de ira nació de su pecho. Esa persona estaba muerta. Sobre todo por la rabia de saber que sí, no había llorado a lágrima suelta, pero si que se le habían humedecido los ojos.-Lo único que vas a ver son tus entrañas manchando el suelo...

Estar teniendo que mirar desde ahí abajo le estaba dando patadas a su orgullo. Sobre todo porque si cambiaba a su forma dracónica, a la forma con la que había nacido, él era tan grande como el edificio en el que el extraño dramático estaba. Ya veríamos si le seguían dando ganas de dramatizar si eso pasaba... Pero por desgracia no podía transformarse. Si lo hacía podría acabar destrozando edificios. Y no tenía intención de manchar su expediente por un gilipollas que se creía misterioso.

Para ser fieles a la verdad, el ver que ese humano (porque si no no tenía explicación alguna) podía controlar el aire y creaba un par de huracanes le puso un tanto nervioso. ¿Y si era capaz de controlar el fuego elemental? El aire no le hacía daño alguno, pero el fuego de los elementaristas... Eso sí que podía hacerle daño.

-Lo era...-miró el cuerpo inerte de Magnus y volvió a mirar al extraño que ya se había ganado su odio.-Me da que lo que costase te da igual. Así que dime, ¿cuál es tu intención al hacer esto? ¿Llamar mi atención? La tienes...-jugó con el cuchillo y pensó en lanzárselo, pero antes...-¿Qué tal si me dices cuál es el nombre que tendré que poner en tu lápida?

El hombre se rió como loco y eso provocó que Joss tuviera aún más ganas de reventarle la cabeza a golpes y de transformarse en dragón... Pero no podía hacerlo. Tenía que mantener la calma... La venganza sería suya.





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Re: Tormentosa venganza (Joss)

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