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La guarida del mal ☬ Ruven

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La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Miér Oct 17 2018, 12:42

Mansión del Inquisidor

Esa, sin duda, era la peor idea que se me había ocurrido en las últimas semanas; aunque eso, en realidad, no era difícil. Estar encadenada a una cama por las heridas sufridas en la última pelea habían causado que mi mente ociosa -demasiado- divagara en algo que seguramente lamentaría. Pero la falta de cordura era algo tácito en mí. Cualquiera que me conociera o se hubiera cruzado conmigo lo sabía y se vería arrastrado de alguna forma con ellas. Algo innato que alentaba, quizás, esas ansías de adrenalina que movían la maquinaria desengrasada que eran ahora mis agarrotados músculos. Mi diestra masajeó el todavía dolorido hombro en un intento por controlar ese nerviosismo involuntario. Era como una adicta falta de opio, enardecida por la necesidad de algo que, a pesar de saber que era un riesgo, necesitaba. Sin embargo, mi errática mente había cerrado una puerta a la alienación propia y en ese callejón, desde donde podía observar la alejada mansión, seguía intentando trazar un plan que no me llevara a una muerte segura. La parte cuerda de mi cabeza me decía que me olvidara del arco. Ese que me había costado años perfeccionar y que para evitar la ira del dragón había decidido abandonar por mi propia vida. Tampoco estaba segura que ese vehemente lo hubiera guardado. Pero ese era un riesgo más que debía correr, uno de tantos, para recuperar esa arma. Mi propio padre había dicho que me olvidara, que perfeccionaríamos otro, pero esa era una derrota que no pensaba aceptar.

Inspiré y expiré.

Mis ojos se clavaron en la aparentemente desolada mansión. Había permanecido en ese recoveco de seguridad apartada el tiempo suficiente para intuir que nada se movía en su interior; mas ello no era una certeza absoluta. Las dos veces que había estado en ese lugar habían sido suficientes para comprobar que su hermana era una presa eterna de esas paredes y, aunque ella no me suponía el mayor de los retos, me preocupaba su alarma en esa red neuronal que todos esos asquerosos lagartos tenían. Todo ello, claro, si ese salvaje no se encontraba ya en ella. Con decisión me quité el camastro que aún inmovilizaba uno de mis hombros, en el que la herida punzante que había atravesado mi tórax todavía permanecía firmemente vendada con cuero curtido para que no se abriera, y tiré la ligadura a un lado. Con opresión de la mano contraria moví en círculos el adolorido pectoral, junto al hombro, y una mueca de punzante molestia atravesó mi faz. Apenas unos segundos. Con sendas manos ajusté la tela oscura de la capucha; y entonces la decisión se acentuó en mi mirada cuando salí de la seguridad del callejón hacia la mansión.

Ocultandome bajo el manto de la noche y la escasa maleza que rodeaba la casa me acerqué a un lateral de la misma, sabiendo que la mayoría de esas inmensas casa tenían una entrada de servicio, y descendí los cuatro peldaños que daban a una puerta que intuí -por la orientación- sería cercana a la cocina. Mi diestra rebuscó en uno de los bolsillos del cinturón donde encontre unas ganzúas. Derecha, izquierda; movimiento ligero, derecha y el sonido de un click fue suficiente para que la puerta cediera a mi destreza. Un minuto después me encontraba dentro de la hacienda. Quedándome estática para comprobar que el sepulcral sonido solo era destruido por mi propia persona me encaminé con sigilosos pasos hacia el pasillo. Y repetí el proceso. El murmullo de las voces que provenían del piso superior me hicieron detenerme al pie de las inmensas escaleras. Aguardando. Y una mueca de asco se perfiló en mi cara al comprobar que en aquella ocasión el altar personal se había incrementado con una estatua de tamaño medio de la puta rubia. Lo que corroboraba que el perro de la reina estaba grillado.

Y no fue hasta que el murmullo se volvió más lejano que atravesé el inmenso recibidor para comenzar mi búsqueda. Con suerte ese sádico había metido mis armas en aquella sala donde la primera vez pude ver que guardaba sus juguetes y con más fortuna -que lo dudaba- podría salir de allí sin que siquiera se dieran cuenta de mi presencia.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Jue Oct 18 2018, 13:46

Los gritos impregnaron la sala y el resto del hogar. El momento en el que Ruven se vio obligado a detenerse resultó el peor para su víctima. La mujer atada de manos a pies gritó de dolor en cuanto salió de ella y la golpeó con rabia. Había escuchado perfectamente cómo alguien entraba en la hacienda y, ahora, le indicaba a aquella humana que callara llevándose el índice a los labios.

¿Creéis que alguien... ha irrumpido en...? —Jadeaba con dificultad y trataba de ignorar la sangre que supuraba de las muchas heridas en su cuerpo, en especial de la brecha que tenía en la frente y ensombrecía su vista. Mantenía las piernas cerradas por el evidente dolor.

Cierra la boca, o volverás a casa en forma de cadáver y no de chica convertida en mujer, mortal —le advirtió Ruven con ira y hundió su rostro contra la cama para agobiarla aún más. Después, se apartó, le tiró la prenda que había desgarrado con sus dedos encima y salió silenciosamente de la habitación.

Para ese instante, Ruven ya sabía qué sucedía. Llevaba muchos años viviendo en Talos, y los "vecinos" sabían qué clase de dragón era. Sólo una persona en los alrededores tendría el coraje de colarse en su hogar. Por eso mismo, Ruven escogió arriesgarse a hacer el ridículo delante de otro maleante.

Descendió silenciosamente a la sala de torturas y desencadenó al hombre en evidente estado de tortura, noqueado, ensangrentado, moribundo quizá. Ruven no lo sabía. Le dio un guantazo para despertarlo y se encontró con la débil mirada de Kerrigan. Luego, sonrió con evidente malicia.

¿Vamos a saludar a tu putita, colega? —preguntó mientras tiraba de él para avanzar.

Sí, era capaz de escuchar de dónde provenían los movimientos de aquella estúpida humana gracias a los sentidos aumentados de ser dragón. Tiró más de Kerrigan y terminó por lanzarlo a los pies de Aymel frente a la cocina. Estaba justo allí, sí. Ruven se rió y la asustó evidentemente.

¿Buscas algo? —preguntó. Para ese instante, ya se había avanzado sobre ella y había logrado empujar su rostro del lado inverso, haciéndola trastabillar. Luego caminó hacia ella con furia, dispuesto a desgarrarle la ropa y violarla enfrente de su prisionero—. Ábrete de piernas, puta. Ahora.

Imaginaba por qué estaba Aymel estaba allí: venía a por sus armas. Era lo único que podía estar buscando en su hogar. A menos que fuera masoquista y adorara acostarse con él.

Devuélveme el anillo.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Vie Oct 19 2018, 14:37

Ver a Kerrigan a mis pies causó que la zurda se precipitara hacia donde -habitualmente- tenía el arco con la evidencia de que no estaba. Y por ello estaba de nuevo frente al Inquisidor. En su lugar el mango de uno de los cuchillos de Lymbel fue aferrado por mis dedos sin llegar a desenfundar. Una seguridad que sabía no me daba ese arma.. aunque quizás si podía usarlo para arrancarle la piel a tiras. Como deseaba en realidad. Oculta allí mi mano, con la incógnita que le pudiera ostentar al Inquisidor, entrecerré los párpados examinando el estado de ese deplorable humano. Para ese entonces, un mes después de nuestra pelea, habría jurado que el malnacido estaría muerto, pero ahí estaba. Con la respiración medio asfixiada por el arrojo y dejando claro que su cuerpo había sufrido la minuciosa exploración del perro de la reina.

La primera imagen que había suscitado el preaviso quedó a un lado cuando la risa del lagarto se apagó y se dirigió a mi. Obligándome a subir los ocres iris desde el desecho humano, por las desnudas piernas del dragón y ascender en una exploración cínica por su cuerpo. Y a medida que elevaba ese escutrinio notaba como mi ceja se izaba en una asqueada mueca que fui  incapaz de reprimir. Por algún motivo en ese examen había conseguido descifrar el murmurar del piso superior y la causa de los gritos. Un escalofrío me electrizó la espina dorsal de arriba a abajo.

¿Abrirme de piernas? — una aspiración aversiva, como un “ja” mudo, emergió de mi garganta cuando su mano osó empujar mi rostro y me desequilibró. Afiancé los pies en el suelo y le sonreí con prepotencia —Asúmelo de una puta vez; no meto dos veces entre mis piernas a un tipo que no sabe complacerme.

Y aunque el cuchillo que tenía entre mis dedos, ahora se me antojaba demasiado pequeño para tan titánico salvaje, lo aferré con más ahínco tras mi espalda. Mis pies fueron retrocediendo con la misma agilidad que él avanzaba, manteniendo esa escueta distancia que me proporcionaba cierta ventaja. Ventaja que sabía sería suprimida en cuanto estallara su escasa paciencia o yo tuviera una estrategia. O ambas… porque nuestra relación parecía girar en la vorágine de “Acciones y consecuencias”

¿De qué anillo me hablas? Yo no robo cosas tan inútiles — espeté — ¿Para qué cojones quiero yo la asquerosa alianza de un lagarto? Dásela a tus putas — propuse teniendo en mente dos rubias en particular: la reina y su hermana — Seguro que si es una buena baratija se te abren de piernas sin dudarlo.

Todavía me preguntaba cómo narices había acabado cediendo a él en aquella ocasión. sabiendo que caracterizaba todo aquello que odiaba. Pensándolo con frialdad, porque había tenido mucho tiempo para ello, había deducido que se debía a la adrenalina. A la sensación efervescente de mi propia sangre al intentar, quizás, sobrevivir o a saber qué.

El pensamiento se estrelló en algún rincón cuando la zarpa volvió a rasgar el aire en mi búsqueda y me hizo dar un salto atrás con pericia para evitar el agarre.

No me toques — siseé — Dame mis armas y me iré por donde he venido. Además puedes quedarte al saco de mierda que has decidido usar de alfombra.

Aquello, conociéndolo, era algo que no pasaría. No se conformaría con Kerrigan y mucho menos con dejarme ir sin más. Lo sabía pero tenía que intentar ampararme en una improbable posibilidad. La encabritada risa, tan característica de él, emergió de nuevo aquietando esas ganas contenidas de querer usarlo de estafermo. El cuchillo que hasta ahora había permanecido en mi espalda emergió con un ágil movimiento cuando de nuevo el dragón se acercó demasiado. Una protección afilada y dura que serviría -al menos unos minutos- para mantener la distancia. A estas alturas ambos éramos conscientes de que usaría el cuchillo. Sin la menor duda.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Dom Oct 21 2018, 11:49

No parecías precisamente insatisfecha cuando temblabas y gritabas de placer enfrente de mi hermana —musitó Ruven con rabia, apretando el puño y mirando a Aymel a los ojos. Estaba en lo cierto: su intención había sido violarla y hacerle daño, pero lejos de haberse quejado, había gemido como parecía que nunca lo había hecho... y eso le había resultado una derrota.

Apretó los dientes en esta ocasión, furioso. Era ella quien le había robado la alianz... No, se trataba de un collar. Sí, de un collar que significaba mucho para él. Aymel era lo suficientemente embustera y estúpida como para reírse de él en una situación así. Había visto lo mal que le habían ido las cosas en sus dos anteriores encuentros y, pese a todo, seguía haciendo el ridículo.

Pareces débil, Aymel —observó viendo cómo se movía, quizá aún afectada por sus anteriores encuentros—. ¿Es porque eres incapaz de seguirle el ritmo a un dragón que te golpea y viola? —Se rió y negó con la cabeza con cierta decepción.

Todavía le guardaba rencor también por haberle ocultado su verdadero nombre: "Lemya", le había dicho que se llamaba en un primer momento. Había sido tan tonto como para creérselo. Le gustaba más Lemya que Aymel, tal y como le había dicho en el pasado.

Desnudo y desarmado como Ruven estaba, sabía que no podía hacer demasiado para defenderse del puñal de Aymel. No en aquel estado. La miró al escuchar cómo hablaba de Kerrigan y esbozó una mueca, asintiendo. Luego, retrocedió sin darse la vuelta, cogió al hombre del pelo frente a Aymel y le estrelló la cara contra la mesa de la cocina. Esto lo repitió una y otra vez. Entre gritos, sangre despilfarrada y golpes secos, Kerrigan parecía estar perdiendo más energías. Parecía perder la vida.

¿Estás enteramente segura de que no te es de ninguna utilidad? No me será difícil acabar con él ahora mismo si...

Entonces, una idea atravesó su mente. Miró a Kerrigan, quien sangraba de varias heridas supuradas en la cara, y luego le dio un último golpe para noquearlo. Estaba hecho polvo y resultaba ridículo. Ruven lo dejó caer al suelo y luego se dio la vuelta. Cerró los ojos, permitió que sus alas aparecieran de improviso y desarmaran a Aymel con un simple movimiento que hizo que la daga que empuñaba cayera al suelo.

Saltó abruptamente sobre ella, ignorando el dolor en su espalda, y la cogió del cuello para elevarla y golpearla contra la pared. Fuerte como se hallaba, podía sostenerla con una mano. Apretó su cuello para evitar que se intentara zafar y escupió las siguientes palabras:

Tengo una idea mucho mejor, de hecho. No voy a matarle, y tampoco te voy a matar a ti. Vas a ayudarme a sacarle información. Tú obtendrás algo que desees y yo también. Después, te devolveré tus armas en cuanto me entregues mi colgante, y no tendré que volver a verte en lo que me quede de vida... que será mucho más que a ti. ¿Qué te parece? ¿Una buena idea?

No la soltó, sino que apretó más su cuello, dándole a entender que no aceptaría un no por respuesta... y el tiempo corría. Ruven elevó la otra mano y la colocó sobre su pecho.

Oh, y lo harás... así. —Desgarró su prenda y descubrió su pecho, como ya había hecho en tantas otras ocasiones. Si iban a torturar y matar a Kerrigan una vez no les fuese útil, quería que viese a esa mujer desnuda.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Jue Oct 25 2018, 10:27

Una sonrisa de altivez se estampó en mis labios ante la evidente molestia de mis palabras. Pobre, pobre, dragoncito. Una muesca torcida por ese momento que, aunque me jodiera, me daba pie a retorcer su ego hasta la saciedad. Algo que sinceramente me reconfortaba. Y más me gustó ver esa opresión por mis palabras de la alianza, pero esa satisfacción propia no se reflejó en mi rostro. No todavía

Ruven, Ruven, Ruven… deberías dejar de preguntar sobre mi estado de salud o empezaré a pensar que te preocupas por mí. Deberías saber ya que unos golpes y … bueno… creo que tus actuaciones distan sobre manera de poder denominarse violaciones.. pero si así te sientes más cómodo… te cederé el placer de llamarlo así. — me estaba desviando — Necesitarás algo más para deshacerte de mí.

Mis orbes volvieron a recorrerlo con una mueca de hastío y acabé fijandome en Kerrigan. La pregunta del Inquisidor me hizo fruncir el ceño ante la posibilidad de que fuera de utilidad y mi mente divagó en ella. ¿Era útil? ¿Para qué? Kerrigan era el maldito humano de Ysrea, nadie más, y de ella había adquirido información necesaria. Entreabrí los labios pero callé dejando la incertidumbre de la posibilidad abierta. No. En ese estado deplorable siquiera era interesante arrancarle la piel a tiras u oírlo gritar. ¡Pero si seguramente ni gritaría solo rogaría clemencia y muerte!.

Aunque la distancia era suficiente, no vi venir las malditas alas, ni el ágil movimiento del lagarto. El tacto del dichoso puñal fue extirpado de mis dedos en cuestión de segundos y un grito de rabia emergió de mi garganta. Alarido que fue irrumpido por esa asfixia -tan conocida- que acabó haciéndome toser para inhalar la esencia de vida: Aire. Un aire que con él acababa faltando casi siempre. Mis manos se aferraron a su brazo e intenté zafarme.

Sus extrañas palabras me hicieron dejar de pelear, de arañar y golpear para fruncir el ceño con una cara de estupor que me hizo alzar sendas cejas con sorpresa. ¿Qué cojones estaba diciendo este perro de la reina? Y por incongruencias del destino y locura de mi propia mente reí. Una incipiente risa cosquilleaba mi garganta ante esa propuesta. Ante el saber de que el muy idiota no había conseguido sacar nada de interés de Kerrigan, pues éste temía más a Ysrea que a ese Inquisidor. Un triunfo para la puta dragona pues esa mano férrea y falta de escrúpulos causaba verdadero terror a sus aliados y enemigos.

La risa se cortó de golpe, haciéndome boquear con lágrimas en los ojos, por la falta de aire. Por el dolor de la tráquea obstruida en ese agarre oprimiendo las cuerdas vocales con la intención, estaba casi convencida, de partirme el cuello. Mis manos volvieron a golpear el desnudo brazo para intentar zafarse pero éstos perdían fuerza a tiempo de percibir como la falta de oxigeno de mi propio cerebro nublaba la vista. Ignoré por completo el desgarro de las telas y sus últimas palabras quedaron mudas ante el bombeo palpitante de mi propio corazón.

Y por un instante, suficiente para que mi cerebro aspirara algo de oxígeno, bastó para que mi rodilla se alzara con todas las fuerzas posibles y fuera a parar a su entrepierna. La presión de mi cuello cedió y mis pies acabaron plantandose en el suelo con una tos mortificante. Palpé mi cuello y miré de soslayo al vehemente dragón que disfrutaba de toda esa mierda. Poco tiempo después, el suficiente para que ambos nos recomponieramos de los golpes sufridos, clavé los iris en él.

Deja de destrozarme la ropa o te exigiré su precio  — escupí con molestia y voz ronca — Deberías tener más estima por la humana que te salvó la vida de los hombres de este imbécil

Miraría por mis propios intereses. Hasta conseguir mis armas. Me acerqué a Kerrigan, haciendo lo posible por alejarme del Inquisidor y sus alas, y lo tomé del pelo. Sus ojos me miraron sin apenas un atisbo de vida. Mis párpados se entrecerraron cuando se alzaron en busca de Ruven.

¿Qué te hace pensar que hablará teniendome a mi aquí? Te recuerdo que hace un mes intentó matarme y este perro no es leal a tu rubia, es leal a su dragona — los ojos de Kerrigan se agrandaron al oír mis palabras, mi pequeña confesión, y una sonrisa se perfiló en mis labios — Oh… ¿tampoco te ha hablado de esa exiliada?.

Las pocas fuerzas que pudiera tener el humano las usó para asirme sin fuerza de la ropa.

Mira.. he conseguido que reaccione — izé una ceja — Devuélveme mis armas y tendremos un trato.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Lun Nov 12 2018, 11:20

Ruven soltó a Aymel y retrocedió al sentir el golpe en su zona noble. Apretó los dientes, enfurecido por tal osadía, pero empezaba a acostumbrarse a aquel trato con una vil mortal como ella. Si había vivido la completa sumisión de Nanisha durante todos estos siglos, Aymel era todo lo contrario. Se sentía mucho mejor tirando del pelo de su hermana y obligándola a satisfacer todos sus deseos que combatiendo contra alguien a quien podría matar muy fácilmente.

¿Salvarme? Eres una engreída. Podría devoraros a los dos ahora mismo si lo deseara y nadie pagaría por vosotros. Nadie vendría buscando venganza. Sois seres deplorables. Y tú... tú... —Miró a Aymel con evidente odio y escupió al suelo, pero en dirección de Kerrigan.

"A su dragona". Ruven miró a Aymel desafiante. Avanzó hacia ella, dejando que sostuviera como quisiera a Kerrigan, y sonrió. Después, elevó el ala, y permitió que uno de sus picos rasgara la mejilla de Kerrigan, quien gritó de puro dolor. Si empujaba un poco más, sólo un poco más, moriría al instante.

Ruven alzó la mirada hacia Aymel una vez más y puso una mano sobre su pecho desnudo, evidente muestra de control, de dominación.

Sabes que no te voy a devolver tus armas hasta que me devuelvas lo que me pertenece. Adelante, mátalo si quieres. No tienes nada... Nada con qué amenazarme. Nada que hacer con toda tu mala leche. Sabes cuán poco me importan las consecuencias: siempre improviso. Así que... Si no habláis ahora mismo, o bien tú lo matarás, o bien yo lo haré. Así que adelante.

Empujó aún un poco más el pico de su ala hacia el rostro de Kerrigan y apretó los dientes. Aprovechó el momento para apoyar su pie sobre el cuerpo del hombre, más que dispuesto a terminar con él o permitir que Aymel lo hiciera. La información que poseía no era tan valiosa y, aún si lo fuera, le daría completamente igual.

No permitiría que dos estúpidos mortales se entrometieran en su camino y le chantajearan.

Si quieres tus armas, vas a tener que volver a chupar lo de ahí abajo —comentó riéndose y mirando a Aymel con odio.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Jue Nov 15 2018, 16:35

No pude evitarlo, una sonrisa ladina y prepotente se tildó en mi faz al manifestar su odio por los humanos, y saberse ayudado por una vulgar inferior. Una parte de mí se preguntaba por qué simplemente no aplastaba a Kerrigan, o a mí, de una vez para demostrar su supremacía pero entonces recordé a un felino. Los félidos jugueteaban con la presa, o la comida, de una lado a otro mareando y desconcertando, haciendo que agonizaran hasta arrancarles la cabeza. un juego al que yo también sabía jugar. O simplemente darme más tiempo de vida era una forma retorcida de agradecimiento.

Quién sabe… — contesté enigmática — ...quizás nuestras muertes inicien una guerra.

El desgarrador grito de Kerrigan se instaló en mis tímpanos ante el acercamiento de Ruven. Las manos del humano aferraron más fuerza mi pierna. El ensangrentado cuerpo, ahora evidente ante mis ojos, se me antojaba por primera vez en todos los años que lo conocía como indefenso y débil. Una punzada se clavó con misericordia en mi pecho. Consciente de todo lo que el Inquisidor podría haber hecho con ese hombre. Con un líder. Impertérrita de manera aparente descendí los ocres orbes hacia la mano que volvió a atrapar mi pecho, y se elevaron de vuelta en busca del rostro del dragón.

Nada con qué amenazarlo, ¿estaba seguro de ello? Mantuve la lengua atada, deseosa de escupir veneno por la boca. No le evidenciaría las bastas y obvias debilidades que lo caracterizaban y siquiera veía; demasiado centrado en su propio ego.

Cierto… ¿qué puede hacer una humana contra un ser superior? — sonreí con la misma expresión que había visto en tantas otras mujeres, imitando esa decepción y autoflagelo de saberse inferiores y sumisas — Quizás sólo necesitaba que alguien me abriera los ojos...

Aparté con una hastiada delicadeza su mano de mi pecho y me acerqué a Kerrigan. Lo poco que conocía a ese enloquecido fanático me instaba a creer que su estado actual de tranquilidad -por llamarlo de alguna forma- se vería transgredido en cualquier momento; por mis acciones, por sus pensamientos; por el simple hecho de aburrirse… y ello me llevaban a caminar por terreno pantanoso. Nada que no supiera ya. Apoyé la mano sobre el hombro de Kerrigan sintiendo la presión de su propia mano al verse vapuleado y maltratado por la sierpe; humillado y pidiendo esa clemencia que seguía instalándose en mi interior con una ferviente determinación.

Ignoré el burdo comentario, por ahora, y acerqué mi cuerpo al del humano.

Vuela libre, tío… — musité.

Buscamos nuestra mirada con evidencia y mi mano, que había tanteado el suelo hasta alcanzar la daga, clavó con determinación el filo entre las costillas. Certera y mortal. La calidez de la sangre bañó rápidamente, como un manantial, la mano y la daga. Las fuerzas con las que Kerrigan había agarrado mis ropas por el impacto del esperado filo mermaban por la expiración de su último hálito y con cariño, un afecto que hacía años no habíamos demostrado, me acarició la mejilla. No fue hasta cerciorarme del cuerpo sin vida del humano que saqué la daga y la limpié con tranquilidad sobre mi pantalón.

Deberías tener cuidado con tu excitación — con la mano libre cerré los ojos abiertos sin vida del humano — Tengo entendido que la amputación es algo que no podéis sanar. Y te aseguro que yo no cometeré el mismo error dos veces — aseguré con frialdad, recordando la primera y única vez que había chupado su virilidad, y me levanté para encararlo — ¿O te arriesgaras a comprobarlo?

Sonreí con prepotencia. Ya no importaba el magullado cuerpo, ni el dolor que aún padecía, ahora me centraba en determinar la improvisación del dragón. Hice girar la daga, dejando el filo hacia el interior, y presioné con decisión la empuñadura. Esta vez sus alas no me desarmaría con tanta facilidad.

Por ahora optaría por ser civilizada.

Tengo entendido que la pieza que sustrajeron de tu casa era valiosa; su venta en el mercado negro se ha elevado a una cantidad estrambótica cuya adquisición sólo pueden gozar ciertos dragones. Sé quién tiene el colgante y cuándo van a efectuar la subasta — esperaba que eso captara su interés y lo desviara de esa obsesión de dominación sexual — Pero ya sabes qué quiero a cambio.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Miér Nov 21 2018, 10:59

Una guerra. Ruven se rió. ¿Qué clase de guerra existía que un dragón no pudiera detener? Había demostrado su poder, su superioridad, en las ruinas. Aymel había sido testigo de su tamaño, de su fuerza. Es cierto que existen puntos débiles para los propios dragones, pero Ruven los había ignorado la mayoría de veces y siempre había salido ileso de una forma u otra. Aymel podía pensar que era mérito suyo, pero ese no era el punto.

Observó detenidamente a Aymel moverse. Ruven había entendido qué pretendía desde un principio, pero no tenía claro si realmente se atrevería a llevarlo a cabo. Pasara lo que pasara, Ruven estaba mentalmente preparado... porque no podía importarle menos el destino de Kerrigan o el destino de esa furcia.

Así pues, al ver cómo mataba a su tío sin tapujos, sonrió. Lejos de verse sorprendido, o enfurecido porque le habían chafado el plan, improvisó mentalmente una vez más. En eso se basaba su existencia: en improvisar, no en planear. Se cruzó de brazos, viendo cómo el hombre torturado moría. Había sufrido mucho en manos de Ruven, así que no sentía que se iba sin un buen merecido. Verlo daba pena.

En cambio, frunció el ceño al ver cómo acariciaba la mejilla de Aymel. ¿Afecto? Quiso escupir, o vomitar, o golpear a Aymel para hacerle pagar por su osadía... pero se retuvo y simplemente se quedó donde estaba, quieto, desnudo.

No me puedo creer que haya dejado a la virgen de mi habitación a medias para observar esta mierda... —murmuró asqueado, negando con la cabeza y desaprobando la actitud de Kerrigan en su momento de morir. Ruven rió y se hizo de hombros—. ¿Error? Parecías disfrutar mucho con lo que hacías. Con lo que hacíamos. Eres la primera mujer que disfruta de ser violada que conozco. En fin, eres un caso aparte, supongo. De todas formas, no te preocupes. Estoy lo suficientemente servido como para necesitar que una boca asquerosa y sucia como la tuya se ocupe de mí.

Ruven la miró, elevando la cabeza, viéndola en guardia y suspirando. Asintió, se retiró del sitio por unos instantes y luego volvió con las armas de Aymel. Le enseñó el arco para que lo viera y elevó un dedo para detenerla en caso de que quisiera avanzar. Luego, levantó la rodilla y descendió con fuerza el arco para romperlo...

Pero se detuvo justo antes de llegar a hacerlo. Se rió y miró a Aymel. Seguramente estaría nerviosa sabiendo que Ruven sí rompería las armas. Quería su colgante, pero tampoco iba a dejarse humillar por una mortal.

Es tu oportunidad: dame mi colgante o rompo tus armas. O bien reúnete con la cría de mi habitación y conmigo y brindadme placer; lo que prefieras. De todas formas, terminaré con ella en cuanto te hayas ido al infierno y quizá os reunáis. Con lo viciosa que eres, te la tirarás también seguramente.

Entonces, la mirada de Ruven se frunció por un momento. No bajó la guardia, pero sí pareció pensar en algo que llamó su atención. Mantuvo las distancias con Aymel, elevando sus alas en caso de que quisiera acercarse, cual muro inexpugnable, y preguntó:

Tu tío... Lo has matado sin tapujos, pero él... Parecía no culparte. Ha mostrado afecto por ti. ¿Por qué? ¿Qué relación compartíais? Parecíais odiaros.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Miér Dic 05 2018, 20:41

Así que lo había sacado de su habitación con una inocente virgen desesperada por satisfacer a un psicópata como él; satisfacer, intuí, porque no había oído gritos de horror ni dolor desde que mis pies habían atravesado el arcón de la cocina. ¿Quién narices querría perder la virginidad con un puñetero dragón? ¡Joder con ESE dragón! Una mueca se vislumbró en mi faz sin opción a retención.

Si tu lo dices... — comenté con retintín. Que mi cabeza me hubiera jugado una mala pasado con él no implicaba que mi lucidez, de vuelta, no me advirtiera de no acercarme de nuevo al inquisidor — Ya hemos dejado claro que ninguno de los dos quiere acostarse con el otro, así que déjate de tanta parafernalia de una maldita vez. Cuanto antes lleguemos a un trato, antes podrás librarte de esta asquerosa humana y volver con tu virgen, ¿no crees?

Mis párpados se entrecerraron cuando lo vi desaparecer en el pasillo y fruncí el ceño cuando, escasos minutos después, reapareció con mis armas. ¿Tan fácil? Un electrizante hormigueo recorrió mi espina dorsal desde la baja espalda hasta la nuca en una clara advertencia. Mis dedos, los que sostenían el pequeño puñal lo presionaron engarrotandose ligeramente por la falta de riego sanguíneo. Lejos quedó la idea de atrapar el arco sin más cuando me lo mostró; pues sabía que eso habría sido demasiado simple… tan simple como perseguir con la mirada el índice que se alzó ante mis narices como advertencia a cualquiera de mis reacciones.

Maldito hijo de huarga malparido…

No recuerdo cuando contuve la respiración, ni cuando la sangre se heló al observar como mi el preciado arco de mi padre se elevaba y descendía en una macabra sensación de angustia. Noté como las pupilas se contraían a pesar de que ninguno de mis músculos parecieron reaccionar ante la proclamación de guerra que pretendía. Iba a degollarlo como un maldito cerdo… eso o arrancarle las entrañas para ahorcarlo con ellas.

Mis iris clavados indiscriminadamente en mi propio arco se elevaron con una clara amenaza, difuminada cada vez más la idea de ‘ser civilizada’, y ajena a tanta patraña insulsa que salía por su maldita boca. Elevé la mirada hacia él, buscando la contraria, y una sonrisa petulante se reflejó en mis labios ante esa nueva curiosidad emergente.

Para haber vivido durante siglos hay demasiadas cosas que no comprendes — espeté mordaz — Mi relación con él era complicada, algo que no comprenderías ni aunque te lo explicara con palabras simples, pero tranquilo… muerto el perro… se acabó la rabia — alegué con arrogancia y continué — Si te has visto identificado, no sufras… tu no eres nadie para mi.

Esperaba que la alusión de que su existencia no fuera más que un mosquito en mi vida lo complaciera en cierto modo. Eso nos ahorraría futuros problemas.

Ahora, volviendo a los asuntos que en realidad nos atañen, como dije, tu colgante está en posesión de una mujer de tu raza. Puedes pelearte con ella hasta saciarte o hasta complacer ese sadismo que te caracteriza; apuesto hasta que disfrutarás de la cacería — retrocedí un par de pasos para alejarme algo más de las membranas que eran sus alas en un muro complicado de acceso   Estoy segura que te sonará el nombre: Ysrea.

La dragona, famosa por sus ilicitudes en el mercado negro, actuaba y se regía por su propio dogma. Ysrea era una antigua soldado fiel a la reina cuyos ideales había cambiado hacia el deseo primigenio de los dragones: el oro. Traicionando así la sociedad levantada tras el despertar. Fuera lo que fuese -artilugios, sangre de dragón, esclavos, etc.- que sirviera para aumentar su fortuna era algo que ella adquiría por su propio fin.




I...:

...will survive:

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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Vie Dic 14 2018, 15:08

Aymel tenía razón en algo: Ruven no comprendía muchas cosas. El motivo era que simplemente nunca había necesitado hacerlo. Si algo definía o caracterizaba al dragón, era ser un hombre muy simple: vivía de lo que consideraba necesario, tenía unos principios muy marcados (escasos, pero marcados) y no quería más. Tomaba lo que deseaba e impartía el mal a su antojo, pero no se complicaba la vida más de lo necesario.

¡Oh, vaya, me has partido el corazón! ¿Crees que yo tengo a una sola persona en este mundo que signifique algo para mí? ¡Y siendo mujer! Sois todas unas furcias dispuestas a abriros de piernas por conseguir lo que deseáis. ¿Lo conseguiste tú cuando te abrías para mí en el calabozo, mortal? La impureza de este mundo debería ser castigada. Sólo la Reina Madre podría purgarnos a todos.

Ruven había violado a otras dragonas, antaño. Un ejemplo muy claro era Yanara: muchas se habían mostrado fuertes y habían intentado compartirse. Algunas habían vencido, de hecho, pero Ruven había seguido con su vida sin más. Otras, sin embargo, la gran mayoría, no había tenido tanta suerte.

Eso no es lo que quería oír. No tengo problemas en forzar a una dragona, chiquilla, pero vas a tener que ser más explícita. Quiero datos: nombre, dónde encontrarla, cómo es. Sé útil, maldita sea.

Un instante después, entre tanta palabrería y amenaza por parte de Ruven, finalmente obtuvo un nombre: Ysrea. Conocía ese nombre, y muchos la temían. Era un motivo para inquietarse para cualquiera. Ruven escupió al suelo y caminó hacia Aymel. Empleó una de sus alas para aturdirla y volvió a sostenerla por el cuello, alzándola en el aire.

¿Y por qué demonios le entregarías mi colgante a esa mujer? ¿Por joder? ¿Te crees muy lista, eh? Ya veremos si sigues haciéndolo bajo tierra. Si quieres tu arco de vuelta, vas a ayudarme a engañarla, a atraparla y violarla, a lo que sea. Quizá podáis satisfacer mis necesidades las dos juntas. ¿No te atrae la idea, perra humana? Sea como fuere, eso es lo que habrá y, si no, te espera la muerte. A ti y a tu preciado arco.

Ruven lanzó a Aymel por los aires y elevó el arco en señal de peligro. Si Aymel intentaba algo desplazado, lo rompería. Además, si iba a contar con la ayuda de Aymel, procuraría estar alerta en todo momento para evitar que se la jugara. La conocía demasiado bien.

De repente, una nueva presencia se adentró en la cocina. Ruven alzó la mirada hacia la joven a la que había mantenido presa en su habitación. La chica avanzó, sollozando, viendo el cadáver. A juzgar por su reacción, nunca antes había visto uno.

Ah, llegas justo a tiempo... —murmuró, mirando fijamente a Aymel y señalando la cocina—. Coloca tus codos en la pica y enséñame tus caderas. Voy a violarte aquí mismo...




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

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