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La guarida del mal ☬ Ruven

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La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Miér Oct 17 2018, 12:42

Mansión del Inquisidor

Esa, sin duda, era la peor idea que se me había ocurrido en las últimas semanas; aunque eso, en realidad, no era difícil. Estar encadenada a una cama por las heridas sufridas en la última pelea habían causado que mi mente ociosa -demasiado- divagara en algo que seguramente lamentaría. Pero la falta de cordura era algo tácito en mí. Cualquiera que me conociera o se hubiera cruzado conmigo lo sabía y se vería arrastrado de alguna forma con ellas. Algo innato que alentaba, quizás, esas ansías de adrenalina que movían la maquinaria desengrasada que eran ahora mis agarrotados músculos. Mi diestra masajeó el todavía dolorido hombro en un intento por controlar ese nerviosismo involuntario. Era como una adicta falta de opio, enardecida por la necesidad de algo que, a pesar de saber que era un riesgo, necesitaba. Sin embargo, mi errática mente había cerrado una puerta a la alienación propia y en ese callejón, desde donde podía observar la alejada mansión, seguía intentando trazar un plan que no me llevara a una muerte segura. La parte cuerda de mi cabeza me decía que me olvidara del arco. Ese que me había costado años perfeccionar y que para evitar la ira del dragón había decidido abandonar por mi propia vida. Tampoco estaba segura que ese vehemente lo hubiera guardado. Pero ese era un riesgo más que debía correr, uno de tantos, para recuperar esa arma. Mi propio padre había dicho que me olvidara, que perfeccionaríamos otro, pero esa era una derrota que no pensaba aceptar.

Inspiré y expiré.

Mis ojos se clavaron en la aparentemente desolada mansión. Había permanecido en ese recoveco de seguridad apartada el tiempo suficiente para intuir que nada se movía en su interior; mas ello no era una certeza absoluta. Las dos veces que había estado en ese lugar habían sido suficientes para comprobar que su hermana era una presa eterna de esas paredes y, aunque ella no me suponía el mayor de los retos, me preocupaba su alarma en esa red neuronal que todos esos asquerosos lagartos tenían. Todo ello, claro, si ese salvaje no se encontraba ya en ella. Con decisión me quité el camastro que aún inmovilizaba uno de mis hombros, en el que la herida punzante que había atravesado mi tórax todavía permanecía firmemente vendada con cuero curtido para que no se abriera, y tiré la ligadura a un lado. Con opresión de la mano contraria moví en círculos el adolorido pectoral, junto al hombro, y una mueca de punzante molestia atravesó mi faz. Apenas unos segundos. Con sendas manos ajusté la tela oscura de la capucha; y entonces la decisión se acentuó en mi mirada cuando salí de la seguridad del callejón hacia la mansión.

Ocultandome bajo el manto de la noche y la escasa maleza que rodeaba la casa me acerqué a un lateral de la misma, sabiendo que la mayoría de esas inmensas casa tenían una entrada de servicio, y descendí los cuatro peldaños que daban a una puerta que intuí -por la orientación- sería cercana a la cocina. Mi diestra rebuscó en uno de los bolsillos del cinturón donde encontre unas ganzúas. Derecha, izquierda; movimiento ligero, derecha y el sonido de un click fue suficiente para que la puerta cediera a mi destreza. Un minuto después me encontraba dentro de la hacienda. Quedándome estática para comprobar que el sepulcral sonido solo era destruido por mi propia persona me encaminé con sigilosos pasos hacia el pasillo. Y repetí el proceso. El murmullo de las voces que provenían del piso superior me hicieron detenerme al pie de las inmensas escaleras. Aguardando. Y una mueca de asco se perfiló en mi cara al comprobar que en aquella ocasión el altar personal se había incrementado con una estatua de tamaño medio de la puta rubia. Lo que corroboraba que el perro de la reina estaba grillado.

Y no fue hasta que el murmullo se volvió más lejano que atravesé el inmenso recibidor para comenzar mi búsqueda. Con suerte ese sádico había metido mis armas en aquella sala donde la primera vez pude ver que guardaba sus juguetes y con más fortuna -que lo dudaba- podría salir de allí sin que siquiera se dieran cuenta de mi presencia.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Jue Oct 18 2018, 13:46

Los gritos impregnaron la sala y el resto del hogar. El momento en el que Ruven se vio obligado a detenerse resultó el peor para su víctima. La mujer atada de manos a pies gritó de dolor en cuanto salió de ella y la golpeó con rabia. Había escuchado perfectamente cómo alguien entraba en la hacienda y, ahora, le indicaba a aquella humana que callara llevándose el índice a los labios.

¿Creéis que alguien... ha irrumpido en...? —Jadeaba con dificultad y trataba de ignorar la sangre que supuraba de las muchas heridas en su cuerpo, en especial de la brecha que tenía en la frente y ensombrecía su vista. Mantenía las piernas cerradas por el evidente dolor.

Cierra la boca, o volverás a casa en forma de cadáver y no de chica convertida en mujer, mortal —le advirtió Ruven con ira y hundió su rostro contra la cama para agobiarla aún más. Después, se apartó, le tiró la prenda que había desgarrado con sus dedos encima y salió silenciosamente de la habitación.

Para ese instante, Ruven ya sabía qué sucedía. Llevaba muchos años viviendo en Talos, y los "vecinos" sabían qué clase de dragón era. Sólo una persona en los alrededores tendría el coraje de colarse en su hogar. Por eso mismo, Ruven escogió arriesgarse a hacer el ridículo delante de otro maleante.

Descendió silenciosamente a la sala de torturas y desencadenó al hombre en evidente estado de tortura, noqueado, ensangrentado, moribundo quizá. Ruven no lo sabía. Le dio un guantazo para despertarlo y se encontró con la débil mirada de Kerrigan. Luego, sonrió con evidente malicia.

¿Vamos a saludar a tu putita, colega? —preguntó mientras tiraba de él para avanzar.

Sí, era capaz de escuchar de dónde provenían los movimientos de aquella estúpida humana gracias a los sentidos aumentados de ser dragón. Tiró más de Kerrigan y terminó por lanzarlo a los pies de Aymel frente a la cocina. Estaba justo allí, sí. Ruven se rió y la asustó evidentemente.

¿Buscas algo? —preguntó. Para ese instante, ya se había avanzado sobre ella y había logrado empujar su rostro del lado inverso, haciéndola trastabillar. Luego caminó hacia ella con furia, dispuesto a desgarrarle la ropa y violarla enfrente de su prisionero—. Ábrete de piernas, puta. Ahora.

Imaginaba por qué estaba Aymel estaba allí: venía a por sus armas. Era lo único que podía estar buscando en su hogar. A menos que fuera masoquista y adorara acostarse con él.

Devuélveme el anillo.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Vie Oct 19 2018, 14:37

Ver a Kerrigan a mis pies causó que la zurda se precipitara hacia donde -habitualmente- tenía el arco con la evidencia de que no estaba. Y por ello estaba de nuevo frente al Inquisidor. En su lugar el mango de uno de los cuchillos de Lymbel fue aferrado por mis dedos sin llegar a desenfundar. Una seguridad que sabía no me daba ese arma.. aunque quizás si podía usarlo para arrancarle la piel a tiras. Como deseaba en realidad. Oculta allí mi mano, con la incógnita que le pudiera ostentar al Inquisidor, entrecerré los párpados examinando el estado de ese deplorable humano. Para ese entonces, un mes después de nuestra pelea, habría jurado que el malnacido estaría muerto, pero ahí estaba. Con la respiración medio asfixiada por el arrojo y dejando claro que su cuerpo había sufrido la minuciosa exploración del perro de la reina.

La primera imagen que había suscitado el preaviso quedó a un lado cuando la risa del lagarto se apagó y se dirigió a mi. Obligándome a subir los ocres iris desde el desecho humano, por las desnudas piernas del dragón y ascender en una exploración cínica por su cuerpo. Y a medida que elevaba ese escutrinio notaba como mi ceja se izaba en una asqueada mueca que fui  incapaz de reprimir. Por algún motivo en ese examen había conseguido descifrar el murmurar del piso superior y la causa de los gritos. Un escalofrío me electrizó la espina dorsal de arriba a abajo.

¿Abrirme de piernas? — una aspiración aversiva, como un “ja” mudo, emergió de mi garganta cuando su mano osó empujar mi rostro y me desequilibró. Afiancé los pies en el suelo y le sonreí con prepotencia —Asúmelo de una puta vez; no meto dos veces entre mis piernas a un tipo que no sabe complacerme.

Y aunque el cuchillo que tenía entre mis dedos, ahora se me antojaba demasiado pequeño para tan titánico salvaje, lo aferré con más ahínco tras mi espalda. Mis pies fueron retrocediendo con la misma agilidad que él avanzaba, manteniendo esa escueta distancia que me proporcionaba cierta ventaja. Ventaja que sabía sería suprimida en cuanto estallara su escasa paciencia o yo tuviera una estrategia. O ambas… porque nuestra relación parecía girar en la vorágine de “Acciones y consecuencias”

¿De qué anillo me hablas? Yo no robo cosas tan inútiles — espeté — ¿Para qué cojones quiero yo la asquerosa alianza de un lagarto? Dásela a tus putas — propuse teniendo en mente dos rubias en particular: la reina y su hermana — Seguro que si es una buena baratija se te abren de piernas sin dudarlo.

Todavía me preguntaba cómo narices había acabado cediendo a él en aquella ocasión. sabiendo que caracterizaba todo aquello que odiaba. Pensándolo con frialdad, porque había tenido mucho tiempo para ello, había deducido que se debía a la adrenalina. A la sensación efervescente de mi propia sangre al intentar, quizás, sobrevivir o a saber qué.

El pensamiento se estrelló en algún rincón cuando la zarpa volvió a rasgar el aire en mi búsqueda y me hizo dar un salto atrás con pericia para evitar el agarre.

No me toques — siseé — Dame mis armas y me iré por donde he venido. Además puedes quedarte al saco de mierda que has decidido usar de alfombra.

Aquello, conociéndolo, era algo que no pasaría. No se conformaría con Kerrigan y mucho menos con dejarme ir sin más. Lo sabía pero tenía que intentar ampararme en una improbable posibilidad. La encabritada risa, tan característica de él, emergió de nuevo aquietando esas ganas contenidas de querer usarlo de estafermo. El cuchillo que hasta ahora había permanecido en mi espalda emergió con un ágil movimiento cuando de nuevo el dragón se acercó demasiado. Una protección afilada y dura que serviría -al menos unos minutos- para mantener la distancia. A estas alturas ambos éramos conscientes de que usaría el cuchillo. Sin la menor duda.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Dom Oct 21 2018, 11:49

No parecías precisamente insatisfecha cuando temblabas y gritabas de placer enfrente de mi hermana —musitó Ruven con rabia, apretando el puño y mirando a Aymel a los ojos. Estaba en lo cierto: su intención había sido violarla y hacerle daño, pero lejos de haberse quejado, había gemido como parecía que nunca lo había hecho... y eso le había resultado una derrota.

Apretó los dientes en esta ocasión, furioso. Era ella quien le había robado la alianz... No, se trataba de un collar. Sí, de un collar que significaba mucho para él. Aymel era lo suficientemente embustera y estúpida como para reírse de él en una situación así. Había visto lo mal que le habían ido las cosas en sus dos anteriores encuentros y, pese a todo, seguía haciendo el ridículo.

Pareces débil, Aymel —observó viendo cómo se movía, quizá aún afectada por sus anteriores encuentros—. ¿Es porque eres incapaz de seguirle el ritmo a un dragón que te golpea y viola? —Se rió y negó con la cabeza con cierta decepción.

Todavía le guardaba rencor también por haberle ocultado su verdadero nombre: "Lemya", le había dicho que se llamaba en un primer momento. Había sido tan tonto como para creérselo. Le gustaba más Lemya que Aymel, tal y como le había dicho en el pasado.

Desnudo y desarmado como Ruven estaba, sabía que no podía hacer demasiado para defenderse del puñal de Aymel. No en aquel estado. La miró al escuchar cómo hablaba de Kerrigan y esbozó una mueca, asintiendo. Luego, retrocedió sin darse la vuelta, cogió al hombre del pelo frente a Aymel y le estrelló la cara contra la mesa de la cocina. Esto lo repitió una y otra vez. Entre gritos, sangre despilfarrada y golpes secos, Kerrigan parecía estar perdiendo más energías. Parecía perder la vida.

¿Estás enteramente segura de que no te es de ninguna utilidad? No me será difícil acabar con él ahora mismo si...

Entonces, una idea atravesó su mente. Miró a Kerrigan, quien sangraba de varias heridas supuradas en la cara, y luego le dio un último golpe para noquearlo. Estaba hecho polvo y resultaba ridículo. Ruven lo dejó caer al suelo y luego se dio la vuelta. Cerró los ojos, permitió que sus alas aparecieran de improviso y desarmaran a Aymel con un simple movimiento que hizo que la daga que empuñaba cayera al suelo.

Saltó abruptamente sobre ella, ignorando el dolor en su espalda, y la cogió del cuello para elevarla y golpearla contra la pared. Fuerte como se hallaba, podía sostenerla con una mano. Apretó su cuello para evitar que se intentara zafar y escupió las siguientes palabras:

Tengo una idea mucho mejor, de hecho. No voy a matarle, y tampoco te voy a matar a ti. Vas a ayudarme a sacarle información. Tú obtendrás algo que desees y yo también. Después, te devolveré tus armas en cuanto me entregues mi colgante, y no tendré que volver a verte en lo que me quede de vida... que será mucho más que a ti. ¿Qué te parece? ¿Una buena idea?

No la soltó, sino que apretó más su cuello, dándole a entender que no aceptaría un no por respuesta... y el tiempo corría. Ruven elevó la otra mano y la colocó sobre su pecho.

Oh, y lo harás... así. —Desgarró su prenda y descubrió su pecho, como ya había hecho en tantas otras ocasiones. Si iban a torturar y matar a Kerrigan una vez no les fuese útil, quería que viese a esa mujer desnuda.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Aymel el Jue Oct 25 2018, 10:27

Una sonrisa de altivez se estampó en mis labios ante la evidente molestia de mis palabras. Pobre, pobre, dragoncito. Una muesca torcida por ese momento que, aunque me jodiera, me daba pie a retorcer su ego hasta la saciedad. Algo que sinceramente me reconfortaba. Y más me gustó ver esa opresión por mis palabras de la alianza, pero esa satisfacción propia no se reflejó en mi rostro. No todavía

Ruven, Ruven, Ruven… deberías dejar de preguntar sobre mi estado de salud o empezaré a pensar que te preocupas por mí. Deberías saber ya que unos golpes y … bueno… creo que tus actuaciones distan sobre manera de poder denominarse violaciones.. pero si así te sientes más cómodo… te cederé el placer de llamarlo así. — me estaba desviando — Necesitarás algo más para deshacerte de mí.

Mis orbes volvieron a recorrerlo con una mueca de hastío y acabé fijandome en Kerrigan. La pregunta del Inquisidor me hizo fruncir el ceño ante la posibilidad de que fuera de utilidad y mi mente divagó en ella. ¿Era útil? ¿Para qué? Kerrigan era el maldito humano de Ysrea, nadie más, y de ella había adquirido información necesaria. Entreabrí los labios pero callé dejando la incertidumbre de la posibilidad abierta. No. En ese estado deplorable siquiera era interesante arrancarle la piel a tiras u oírlo gritar. ¡Pero si seguramente ni gritaría solo rogaría clemencia y muerte!.

Aunque la distancia era suficiente, no vi venir las malditas alas, ni el ágil movimiento del lagarto. El tacto del dichoso puñal fue extirpado de mis dedos en cuestión de segundos y un grito de rabia emergió de mi garganta. Alarido que fue irrumpido por esa asfixia -tan conocida- que acabó haciéndome toser para inhalar la esencia de vida: Aire. Un aire que con él acababa faltando casi siempre. Mis manos se aferraron a su brazo e intenté zafarme.

Sus extrañas palabras me hicieron dejar de pelear, de arañar y golpear para fruncir el ceño con una cara de estupor que me hizo alzar sendas cejas con sorpresa. ¿Qué cojones estaba diciendo este perro de la reina? Y por incongruencias del destino y locura de mi propia mente reí. Una incipiente risa cosquilleaba mi garganta ante esa propuesta. Ante el saber de que el muy idiota no había conseguido sacar nada de interés de Kerrigan, pues éste temía más a Ysrea que a ese Inquisidor. Un triunfo para la puta dragona pues esa mano férrea y falta de escrúpulos causaba verdadero terror a sus aliados y enemigos.

La risa se cortó de golpe, haciéndome boquear con lágrimas en los ojos, por la falta de aire. Por el dolor de la tráquea obstruida en ese agarre oprimiendo las cuerdas vocales con la intención, estaba casi convencida, de partirme el cuello. Mis manos volvieron a golpear el desnudo brazo para intentar zafarse pero éstos perdían fuerza a tiempo de percibir como la falta de oxigeno de mi propio cerebro nublaba la vista. Ignoré por completo el desgarro de las telas y sus últimas palabras quedaron mudas ante el bombeo palpitante de mi propio corazón.

Y por un instante, suficiente para que mi cerebro aspirara algo de oxígeno, bastó para que mi rodilla se alzara con todas las fuerzas posibles y fuera a parar a su entrepierna. La presión de mi cuello cedió y mis pies acabaron plantandose en el suelo con una tos mortificante. Palpé mi cuello y miré de soslayo al vehemente dragón que disfrutaba de toda esa mierda. Poco tiempo después, el suficiente para que ambos nos recomponieramos de los golpes sufridos, clavé los iris en él.

Deja de destrozarme la ropa o te exigiré su precio  — escupí con molestia y voz ronca — Deberías tener más estima por la humana que te salvó la vida de los hombres de este imbécil

Miraría por mis propios intereses. Hasta conseguir mis armas. Me acerqué a Kerrigan, haciendo lo posible por alejarme del Inquisidor y sus alas, y lo tomé del pelo. Sus ojos me miraron sin apenas un atisbo de vida. Mis párpados se entrecerraron cuando se alzaron en busca de Ruven.

¿Qué te hace pensar que hablará teniendome a mi aquí? Te recuerdo que hace un mes intentó matarme y este perro no es leal a tu rubia, es leal a su dragona — los ojos de Kerrigan se agrandaron al oír mis palabras, mi pequeña confesión, y una sonrisa se perfiló en mis labios — Oh… ¿tampoco te ha hablado de esa exiliada?.

Las pocas fuerzas que pudiera tener el humano las usó para asirme sin fuerza de la ropa.

Mira.. he conseguido que reaccione — izé una ceja — Devuélveme mis armas y tendremos un trato.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

Mensaje por Ruven el Lun Nov 12 2018, 11:20

Ruven soltó a Aymel y retrocedió al sentir el golpe en su zona noble. Apretó los dientes, enfurecido por tal osadía, pero empezaba a acostumbrarse a aquel trato con una vil mortal como ella. Si había vivido la completa sumisión de Nanisha durante todos estos siglos, Aymel era todo lo contrario. Se sentía mucho mejor tirando del pelo de su hermana y obligándola a satisfacer todos sus deseos que combatiendo contra alguien a quien podría matar muy fácilmente.

¿Salvarme? Eres una engreída. Podría devoraros a los dos ahora mismo si lo deseara y nadie pagaría por vosotros. Nadie vendría buscando venganza. Sois seres deplorables. Y tú... tú... —Miró a Aymel con evidente odio y escupió al suelo, pero en dirección de Kerrigan.

"A su dragona". Ruven miró a Aymel desafiante. Avanzó hacia ella, dejando que sostuviera como quisiera a Kerrigan, y sonrió. Después, elevó el ala, y permitió que uno de sus picos rasgara la mejilla de Kerrigan, quien gritó de puro dolor. Si empujaba un poco más, sólo un poco más, moriría al instante.

Ruven alzó la mirada hacia Aymel una vez más y puso una mano sobre su pecho desnudo, evidente muestra de control, de dominación.

Sabes que no te voy a devolver tus armas hasta que me devuelvas lo que me pertenece. Adelante, mátalo si quieres. No tienes nada... Nada con qué amenazarme. Nada que hacer con toda tu mala leche. Sabes cuán poco me importan las consecuencias: siempre improviso. Así que... Si no habláis ahora mismo, o bien tú lo matarás, o bien yo lo haré. Así que adelante.

Empujó aún un poco más el pico de su ala hacia el rostro de Kerrigan y apretó los dientes. Aprovechó el momento para apoyar su pie sobre el cuerpo del hombre, más que dispuesto a terminar con él o permitir que Aymel lo hiciera. La información que poseía no era tan valiosa y, aún si lo fuera, le daría completamente igual.

No permitiría que dos estúpidos mortales se entrometieran en su camino y le chantajearan.

Si quieres tus armas, vas a tener que volver a chupar lo de ahí abajo —comentó riéndose y mirando a Aymel con odio.




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Re: La guarida del mal ☬ Ruven

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