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Hey Gods, where the fuck are you now? [Erik]

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Hey Gods, where the fuck are you now? [Erik]

Mensaje por Derek el Lun Oct 15 2018, 12:15


Generalmente, cuando viajaba a lomos de Yamaha solía hablar solo sobre mis movidas varias fingiendo que la yegua me escuchaba, o simplemente me empanaba escuchando el continuo repiqueteo rítmico de sus cascos hasta que cualquier otra cosa me llamara la atención. Pero en aquel último viaje al bosque para coger mis últimos apechusques antes del gran día; mi cabeza estaba centrada en otras cosas. Principalmente en la última reunión con Kyrieth, Aldrik y Trystan.
Llamadme loco, pero no se me iba la sensación de que, de algún modo, tras haber completado aquella junta y haber trazado definitivamente cada detalle del plan, y haberlo repasado tropocientas mil veces... Como de saber que, de algún modo, yo no iba a salir bien parado de aquello. Tenía la noción, casi total, de que iba a morir en medio del circo que se iba a montar. Y no por falta de opciones, ¿eh? Casi hasta podía elegir. Muerte a la carta: degollamiento por guardia enfurecido, crítico de aplastamiento por escombros, explosión in the face, devoramiento por dragón... En fin, había mucho donde escoger dentro de las posibilidades.

No obstante, lo que me extrañaba no era en sí el pensamiento del "voy a morir". Sino la falta total de sentimiento hacia ello. No sentía miedo. Ni siquiera pena. Sencillamente, me daba igual morir o no en medio de aquella locura de misión. Me daba igual perder la vida en el proceso. Incluso, me daba igual si las cosas salían bien o mal, porque de un modo u otro, el resultado para mí sería el mismo. Y sí, me hacía sentir extraño, porque yo era un cobarde. No era normal que sintiera "paz" o "tranquilidad" pensando en mi propia muerte. Pero ahí estaba... como si me la repampinflara absolutamente todo.
¿Sería aquello síntoma de mi ausencia de corazón? ¿O simplemente ya había asumido mi perdición hasta el grado de que me importase todo un carajo?

"Estás dándole muchas vueltas a la cabeza hoy, muchacho". Di un respingo en la silla. No me esperaba oír la voz de Alaric de repente. La escuchaba muy lejana, probablemente porque el maldito dragón andaba siguiéndome en la distancia.
"¿Tú crees?", pregunté y enarqué una ceja. "Pensaba que ya estarías acostumbrado a mi cacareo mental".
"Por eso sé que estás dándole vueltas", resumió él.
"¿Qué haces aquí, dragón?", atajé, girándome sobre mi montura para ver si era capaz de divisar a un dragón gigante volando varios kilómetros sobre mi cabeza. Pero sólo vi nubes arremolinándose en el cielo sobre las tupidas copas de los árboles.
"Lo que hago siempre: vigilar que no te pase nada".
"Todo un detalle por tu parte...", alegué con sarcasmo. "¿No se suponía que necesitábamos un tiempo?"
"Sólo cumplo con mi trabajo".
"Deberías pedirle a papi Levi que te de otro curro más divertido", tercié. Me pareció escuchar su risa en mi cabeza. "O que te suba el sueldo, como mínimo..."
"¿Te incomoda que te siga?".
"Siempre has sido experto en tocarme los cojones, Alaric. No esperaba que eso cambiara en ti", sonreí con cierta nostalgia. Se hizo una pausa silenciosa en nuestra conversación. Pero al contrario que otras veces, que solía percibirse la tensión entre nosotros, lo que percibí fue cierta... tristeza.
"No te molestaré más. Sólo recuerda que estaré rondando cerca por si me necesitas". Dicho aquello, noté su sutil presencia desaparecer de mi mente. Por una vez, no tuve la sensación de que me lo dijera por "obligación".


Al poco rato de seguir caminando a paso seguro, Yamaha dejó de andar y resopló. - ¿Eh? Chica, ¿qué pasa? - le dije, dándole un par de golpes con los talones. Pero la yegua pinta volvió a resoplar y a manotear el suelo. La conocía lo suficiente como para entender un "no quiero seguir por aquí". Algo frío y húmedo me golpeó la nariz. Me llevé la mano a la cara, justo para que otra gota me diera en todo el frontón. Agh... Genial. Ahora se ponía a llover. Me cagüen la puta estación húmeda...
Me bajé de la silla de montar, y pasé las riendas de Yamaha sobre su cabeza para obligarla a andar. Pero no conseguí más que avanzar unos metros antes de que ésta volviera a negarse en redondo a avanzar. - ¡¡Aaah! Vale, ¿si me adelanto para demostrarte que no hay nada dejarás de ponerte en plan tocapelotas? - le pregunté al caballo, la cual resopló como si asintiera. Magnífico, hoygan.

Dejé a la yegua atada a un tronco, cogí mi ballesta con unos cuantos virotes untados en belladona, y me dirigí hacia el interior del bosque. Lo que me encontré, lejos de ser alguna manada de lobos, o un oso o cualquier cosa normal... fue un espacio que parecía haber sido escenario de una puta batalla campal. Los troncos de los árboles estaban quemados, aplastados o arrancados de cuajo. La tierra entera estaba removida, las rocas marcadas por restos de zarpazos de dragones enormes... Y entonces reconocí el altar de la tierra quebrado, hundido. Estaba en el mismo sitio donde fui a despedirme de Maeve. Joder, con razón Yamaha no quería ni acercarse.
Contra mi instinto, que me dijo que era mejor darme la vuelta, coger el caballo y dar un rodeo; mi impulso fue el de adentrarme más en aquel campo de batalla. Me coloqué la capucha de cuero sobre la cabeza, y ballesta en mano, me aproximé hasta el lugar donde, en su día, estuvo el altar de la tierra. No quedaba nada más que un montón de escombros hundidos en el suelo. No era de extrañar, por lo que me había contado el tal Letyko el Leal había puesto su enrome culo escamoso encima.

Le di una piedra a una de las piedras, que cayó rodando por la tierra y aterrizó en un charco. - Eh, Dioses. ¿Dónde coño estáis ahora? - murmuré, desviando mi mirada por los restos de piedra que, en su día, fueron un altar.




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Re: Hey Gods, where the fuck are you now? [Erik]

Mensaje por Erik Belich el Miér Oct 17 2018, 08:25


Había visitado los claros del bosque una y otra vez durante los años que vivo en Talos, paseado recientemente sin pensar en nada más allá de lo bonito del paisaje, recogiendo frutos para mi amo o admirando cada ser vivo que lo habita. Sin miedo, sin reparo alguno de encontrarme con cualquier problema. Porque si algo tiene vivir bajo el yugo del dragón Jormunand es acabar por no tener miedo a la muerte, llegar al punto de pensar “que pase lo que tenga que pasar”.

El caso es que recientemente algo cambió mi percepción sobre este lugar. Ese encuentro bajo la lluvia en los callejones de Talos despertó algo en mí, algo que quise obviar en un principio pero que con la ejecución de Moira se revolvió en mi interior con un profundo sentimiento de venganza, por lo que he oído es el poder elemental de la tierra.

Los días posteriores intenté informarme como podía sobre lo que eran los poderes elementales, la historia de los altares, sus dioses, pero escasa información encontré ya que los dragones habían procurado que no estuviese al alcance de todos o que la gente no hablase sobre ello. Al menos, yo, no soy capaz de encontrar a alguien que pueda mostrarme el camino para comprender este poder que tengo. Pero si de algo pecan los dragones es de ego, por lo que cualquier humano o dragón es capaz de contarte cuando los gobernantes consiguieron destruir el altar de tierra en una de las batallas más encarnizadas jamás vividas, averiguando así cual es el lugar donde se oraba al dios de la tierra, al elemento que supuestamente alberga dentro de mí.

Por eso estoy hoy aquí, a pesar de la lluvia que moja mi cabello, a pesar del frío que cubre mi cuerpo y a pesar del tiempo que puedo estar perdiendo ante mis tareas diarias. Todo esto ahora es secundario para mí ya que si algo me caracteriza es la curiosidad por descubrir quien soy y que será de mí. Con mi chakram a la cintura examino el lugar de la batalla: tierra removida, rocas devastadas por el tiempo y otras por los dragones, el lugar huele a sangre, huele a dolor y desesperación, pero eso no me frena, este lugar es historia viva.

Atento a lo que pueda pasar a mi alrededor escucho unos pasos que me hacen guarecer tras un árbol robusto que adorna el lugar. Observo con suma atención lo que está por venir, sorprendido al ver a un joven con ballesta en vano introducirse en el lugar. Mis músculos sin saber muy bien la razón se relajan, mi mano llevada al arma por precaución decide no tenerla tan a mano y simplemente mis ojos siguen activos a los movimientos del humano. ¿Por qué es un humano verdad?

Le sigo con la mirada, no parece muy contento y la lluvia sobre su rostro no mejora la estampa. Toma una piedra la cual lanza sin demasiado entusiasmo haciendo que termine en un charco cercano a donde estoy. En ese momento me escondo, quizá bruscamente como para que se de cuenta de mi escondite, no demasiado trabajado, desde donde escucho murmurar algo al joven sobre los dioses. Y en ese momento algo me impulsa a hablar, a interesarme por esa persona que ha irrumpido mi búsqueda.

- Esto… ¿Hola? No quiero molestarte, pero… ¿Podrías bajar esa ballesta? Soy indefenso lo prometo, solo estaba paseando por aquí hasta que llegaste y… Supongo que me asusté. – mi voz suena suave, dubitativa, pero no por miedo o engaños, suena así por los nervios típicos de hablar con alguien y cualquier persona con cierta experiencia podría notar este nerviosismo de un joven algo inexperto.

Permanezco con mi espalda apoyada en el viejo roble, simplemente esperando que el chico responda o simplemente decida irse. ¿Quién sabe? Quizá él tenga respuesta a mis preguntas.

OFF:
¡Me tienes que enseñar a poner pequeñito el video! Me gusta porque así como lo he puesto yo abulta mucho. Y ambienta un montón jaja
Espero que te guste el post.
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