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Mensaje por Varlaam el Mar Oct 02 2018, 23:30

Nombre del tema: Miseros animales
Personajes: Varlaam y Tizne
Ubicación: Coliseo de Talos

La hora del medio día caía, y las celdas solían ser abiertas dos veces al día. Como siempre, el dragón que nunca se arrodilló, no estaba dispuesto a entrenar con otros. Varlaam pasaba el día, en el que se les permitía a los demás gladiadores salir de sus celdas en su propia celda. Recluido en la celda más profunda, en donde no había otros gladiadores, sino solo él. Esa actitud, arrogante, desde que había llegado a Talos, en el Coliseo, había despertado la rabia de más de un gladiador. Los gladiadores de Thyraxes le miraban con desdén, al mirar que el orgulloso dragón ni siquiera reparaba en ellos como si estuviese por encima de todos estos. Ese orgullo propio de Escama Roja, solo había hecho que las cosas se pusieran tensas a su alrededor, pero aun así, su fama y el hecho de ser un dragón era más que suficiente para que ninguno de los gladiadores se atreviera a hacerle frente, porque sabían que vencer a Varlaam no era una tarea ni fácil, ni sencilla. El dragón, altivo, caminaba por los pasillos del Coliseo, sin hablar con nadie. Creído y con esa confianza tan chocante y repelente.

Debía ser así, el vigoroso dragón lo había decidido así en el momento en que por causa de la zorra de la Reina Madre no había podido cumplir la promesa por la cual muchos de sus seguidores habían muerto en batalla. Les había fallado. Muchos veían en Varlaam a un líder, pero él se había recluido en la soledad tras la vergüenza que cargaba con gran peso en sus hombros. Ya se lo había dicho a Skrány, a Byron, Arkay y Victoria. Este camino, el destino para el que había nacido, no lo podía cambiar, pero si podía elegir como transitarlo, y lo debía transitar solo. No iba a permitir que otros volviesen a confiar en él, y fallarles una vez más. No iba a soportarlo de nuevo. Aun así, pocos, por no decir que casi nadie más que el mismo y aquellos que le habían ido a ver sabían la verdadera razón de su lejanía y su tosquedad para con el mundo en general. Oculto, en esa coraza de arrogancia y orgullo que no pretendía romper, porque si existía alguien testarudo, ese era Varlaam. El dragón, se mantuvo en el catre sobre el cual dormía, sentado con las piernas entrelazadas a lo largo del mismo. Ignoró la puerta abierta y al esclavo que estaba encargado de llevar las llaves para abrir las celdas del Coliseo.

Sus oídos, superiores a los de cualquier humano, le permitieron escuchar los cuchicheos sobre él en la lejanía del lugar. Le permitían escuchar el recelo que se estaba creando en torno a él por su forma de ser, por ser un dragón. Poco le importaba realmente. Pasaron los minutos, y no fue hasta que algo había llamado la atención de Escama Roja. El dragón escuchó un bullicio poco normal. Normalmente solo solían entrenar sin mayores complicaciones en el patio de entrenamiento, pero escuchó risas y burlas. Varlaam se levantó, acercándose a los barrotes de la puerta de su celda y pasando los brazos por dentro de estos, entrecruzándolos, prestando atención a los ecos de las palabras que se dejaban escuchar hasta su celda.  Lamentaba bastante por el pobre idiota que se hubiera atrevido a ir a ese lugar en medio de los gladiadores. Aun así, Varlaam detestaba que los guerreros se comportaran de aquella manera. Varlaam odiaba con demasía que los hombres ahí presentes se comportaran realmente como lo que la sociedad de la falsa reina les miraba: animales salvajes. Menos que basura puesta para divertir a un montón de lamebotas.

Esos hombres eran guerreros, entregaban sus vidas con honor en el campo de batalla y debían tener el honor de que se les recordase. Buscaban la gloria, y eran dignos de ella, pero muchos otros, como esos imbéciles a los que estaba escuchando, se menospreciaban así mismos con su pútrida existencia aceptando de buenas a primeras que su vida no valía nada y que no eran más eso: basura para divertir a los adoradores de la falsa diosa. El dragón decidió salir, y miró en la lejanía como en un círculo tenían a alguien a quien empujaban de aquí para allá como si de un juguete se trataba. Había visto al mocoso al lado de Thyraxes, sabía quién era, al menos de vista. Uno de los gladiadores lo sujetaba a la fuerza mientras otro quería marcarle con el filo de su espada. –Veamos qué tal se ve la marca de la zorra de Thyraxes en la frente.– Mencionó, amenazándolo y sin que lo viese venir el dragón le tomó por detrás, doblándole el brazo y haciendo que la espada que tenía en la mano se la clavase el mismo en el hombro. Arrebató la espada de este rápidamente, sin ningún tipo de compasión y le propinó un golpe en la cara mandándolo al suelo, y apuntando con la espada al resto de gladiadores por si alguno se atrevía a ir contra él, y sorprendidos y asustados, le miraron en total silencio ante sus acciones. Varlaam lanzó la espada a un lado, tomó al humano entre sus brazos, y se los arrebató, adentrándose de nuevo en las celdas.




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Miseros animales [Tizne] Empty Re: Miseros animales [Tizne]

Mensaje por Tizne el Miér Oct 03 2018, 15:12

Estábamos entrenando con la daga cuando uno de los sirvientes bajó para avisar a Thyraxes de que tenía visita. Y debía ser algo importante, porque el dragón no se lo pensó dos veces antes de dejarme solo con un par de indicaciones: “practica con el muñeco y ni se te ocurra moverte de aquí”.

Era fácil decirlo. Miré al espantajo de prácticas con desdén, golpearlo a él era aburrido, su única reacción era girar como una peonza estúpida si se tocaban los puntos adecuados. Al principio, pensando que tardaría poco, aproveche para hacer un descanso, beber del odre y comer un par de galletas saladas que tenía en el bolsillo. Pero la espera se alargaba y para colmo de males se puso a llover otra vez. Me imaginé al dragón mirando por la ventana de su despacho mientras hablaba con la visita, pensando: “ahora Tizne estará dándolo todo con la daga bajo la lluvia, imperturbable, sin dejar que algo tan nimio le aparté de su empeño”. No… en realidad estaría pensando “seguro que ese cabrón se ha refugiado en la puerta y no está haciendo nada de provecho”. Arrugué la nariz. Sería una buena sorpresa que volviera y me encontrara entrenando. Lo hice durante unos minutos, empapándome. Seguía sin volver, así que me harté y fui a la puerta, pero no a aquella por la que habíamos entrado nosotros, que venía directa de su casa y estaba fuertemente asegurada con barrotes de suelo a techo. Esta vez quise explorar otros corredores, quizá encontrar la habitación donde guardaban las armas de los gladiadores y probar algún chakram.

Después de diez minutos andando por interminables pasillos concéntricos y enlazados ya no podía negarlo: me había perdido.

-Me va a matar por esto…- suspiré, imaginando que ya habría vuelto y estaría maldiciendo mi pellejo. Volver atrás no era una opción, tendría que encontrar un atajo.

Había escuchado en algún lugar que lo mejor era tomar siempre la desviación a la derecha, y eso hice hasta dar con una puerta de rejas. También era maciza, pero contaba con la particularidad de tener un estrecho espacio libre entre la parte superior y la piedra del techo, así que trepé por ella y me metí por el hueco. Por desgracia no era una salida. Escuché las primeras voces al doblar un recodo… y ahí mismo empecé a retroceder.

-Eh, mirad eso-

-Vaya… una visita…-

-Esperad… ¿no lo reconocéis? -

Yo si los reconocía. Eché a correr todo lo que me dieron de si las piernas, y para cuando llegaron ya había sacado medio cuerpo por encima de la puerta. Dos pares de brazos me sujetaron de los pies en el último momento y volvieron a meterme a tirones sin que las patadas que di les afectaran lo más mínimo.

-Aaaawww mirad, tiene un juguetito-

La daga voló de su funda y fue lanzada lejos, donde ni siquiera podía verla para intentar recuperarla con el poder elemental. Me vi arrastrado por un pasillo, empujado de un lado a otro, insultado y arrinconado contra una pared húmeda, la boca tapada por una mano callosa que apestaba como si su dueño no se hubiera lavado en meses. Me revolví, pateé, intenté morderle sin resultado incluso cuando acercaron la espada a mi piel. Conocía a dos de ellos, les había meado desde el balcón en alguna ocasión. Al menos no estaba el que había recibido mi jarrazo contra los dientes. Iba a morir ahí dentro, y lo peor es que no sería rápido. Ahora, el muñeco de entrenamiento y la lluvia parecían tan lejanos como deseables.

-Mirad a ver que hacéis… yo paso de líos- se escuchó tras la puerta de una celda cercana, la voz de un gladiador más sensato.

Parecía que uno de mis captores se lo estaba pensando, pero el que pretendía marcarme no tuvo el menor titubeo… hasta que una mole rubia le atacó en un visto y no visto. Los demás se apartaron deprisa, como si el intruso tuviera alguna enfermedad contagiosa. Pero mi libertad fue efímera. El sujeto me agarró antes de que echara a correr, y de nuevo fui transportado como un títere.

Estaba tan asustado que no podía hablar, y la cosa no mejoró cuando me fijé en las escamas que adornaban su brazo. Mi vista pasó de ellas al collar de su cuello varias veces. Todos habíamos oído hablar de dragones esclavos, aunque era la primera vez que tenía uno delante. Me había ayudado con los otros, ¿pero qué intenciones tendría? Parecían temerle. Eso podía ser muy bueno o muy malo.

Haciendo un esfuerzo, logré devolverle la vida a mi lengua.

-Mmmmm… ¿gracias? -





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Tizne
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