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¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

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¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Varlaam el Mar 2 Oct - 20:35

Nombre del tema: ¿Al menos recuerdas su nombre?
Personajes: Varlaam y Abbadon
Ubicación: Cementerio de Talos

Había resultado difícil. El dragón que nunca se arrodilló, desde que había llegado a Talos, apenas y había tenido oportunidad de hacer algo, pero por su mente, el nombre de aquel dragón al que achacaba la culpa de su más grande dolor, de su más grande perdida y de su más grande tristeza odiándolo a tal punto que incluso rebasaba el odio hacia la misma Reina Madre. Sí, Varlaam Escama Roja lo recordaba bien, y noche tras noche, durante doscientos años, recluido en las celdas del Coliseo de Isaur con lo que apenas se le permitía como gladiador, bajo la luz de la luna iluminando por las ventanillas con barrotes, observaba el cielo, recordando el eco de su voz, el color de sus ojos, viendo su rostro en las estrellas para no olvidarlo y que la oscuridad del firmamento, allá a donde fuere le recordará porque debía vivir y no debía caer aún en batalla, aunque morir, de forma gloriosa, era como debía morir. Aun así, antes de ello, él debía hacer lo que había estado queriendo hacer desde aquel momento en que algo muy profundo en él le atrevesó. Desde que leyó, por última vez, una carta con la letra de la dragona que le había traído al mundo.

Cada batalla en el Coliseo, la había librado con ira, con el objetivo de un día clavar esa misma espada que clavaba a cada enemigo en el corazón aún palpitante del dragón que, a su juicio, había sido el causante y era el único culpable de toda la pena que su madre había sufrido. Doscientos largos años habían servido para que el Dragón que nunca se arrodilló imaginase cada centímetro de sufrimiento que su madre contuvo en su risa, siempre dulce, siempre mostrando fuerza y vigor, cuando su alma había sido presa de un dolor aún mayor que de él mismo. ¿Cómo amaban los humanos realmente? Varlaam no podía responder esa pregunta, pero sabía cómo amaban los dragones, y estos amaban para siempre y aquella dragona, había amado a ese dragón de ojos rojos. Lo sabía, Varlaam conocía bien a su madre, era lo más preciado para él antes que cualquier cosa, incluso antes que esa gloria y esa inmortalidad para la que había nacido, para la estaba destinado al igual que los grandes hombres de antaño. Al igual que antiguos dragones de su línea de sangre, cuyos nombres se habían perdido. El de él, no se perdería.

No había noche en que no leyese una y otra vez aquella carta, la cual había guardado y aún hoy, después de doscientos años de exilio seguía cargando consigo. Imaginando el momento en donde el dolor de su madre sería vengado y la vergüenza de ese dragón expuesta ante la vista de todos por su mano. Ambos dragones se habían visto en el pasado, cuando Varlaam era Capitán y este también había servido en las filas del Ejército. El dragón había estado también en el juicio de Varlaam el mismo día en que Varlaam desafió a la Reina Madre. Lo había tenido tan cerca y aun así, no había podido llegar a él. Cerca, ignorante de quien era realmente, siempre vivió su vida mientras su madre se sumía en el dolor de la pena y la soledad. Tras sus últimas batallas con el huargo, se había hecho algo de dinero con una aristócrata que había querido tenerlo en su cama. El suficiente, para poder hacer lo que quería. Sobornó a uno de los mercenarios que vigilaban el Coliseo, no solo con dinero, sino con algo más, y tras días de planeación pudo salir del Coliseo, usando el toque de queda activo que la Inquisición tenía impuesto.

Guiado por las calles hasta el Cementerio de la ciudad, bajo una capucha, el dragón fue desatado de sus cadenas por el antiguo compañero de armas, ahora Inquisidor. –¿Qué te traes realmente entre manos, Varlaam?– Varlaam miró hacia la lejanía lúgubre del lugar. –Tengo asuntos en Talos, Khelevor.– El dragón arrugó el rostro. –Bien, pero sabes bien que me arriesgo mucho haciendo esto…lo sabes mejor que nadie. Tengo gente a la cual proteger, Varlaam. Tienes una hora, no más.– El dragón le miró y sonrío, colocando la mano en su hombro. –Es suficiente.– Y se adentró. Sabía que su mensaje había llegado a su progenitor, porque había pagado bien al crió que traía mensajes desde el Castillo. Por primera vez en dos siglos, Varlaam estaba frente a la tumba de su madre. Un mausoleo. Miró desde fuera, y se acercó, abriendo la puerta del lugar y entrando en la oscuridad del edificio sacramental. El dragón se acercó a la tumba, mirándola. Apretó su mano, con ira. Recordó cada lágrima y, quitando la capucha de su cabeza, de espaldas a la puerta, pudo sentir la presencia que llegaba al sitio, levantando mirada sabiendo de quien se trataba. –Dime, inquisidor, ¿al menos recuerdas su nombre?– Mencionó. –¡Responde, ¿al menos recuerdas su nombre?!
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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Abbadon el Miér 3 Oct - 1:05

Aquel dia habia sido de lo más tranquilo, demasiado para ser justos. Al menos Abbadon habia tenido tiempo libre para estar en casa, no solo para dedicarselo al trabajo extra que se llevaba, sino para si mismo y a algunos esclavos. Incluso recibir alguna que otra visita. De esos dias habia pocos y aunque no se repetian, para el inquisidor era preferible. El trabajo a fin de cuentas era lo que le mantenia cuerdo y despierto. De lo contrario acabaria siendo un simple dragón acomodado, alcoholico y que se follaba a toda puta o puto que se pusiera por delante. Él no queria acabar asi, y dedicaria su último aliento para lo que habia nacido, y para regalar amor y dolor por igual.

Pero llegado el final del dia, llegó a las puertas de mi hogar, un esclavo que dejó una nota a uno de mis cinco chicos, que a su vez llegó a mis manos. La nota estaba escrita por el propio Varlaam, ex capitan de la armada y actual gladiador y exclavo de Thyraxes en el Coliseo de Talos. Para el dragón aquello fue una sorpresa, pues no esperaba noticias de aquel traidor, salvo el dia en que se suicidase o muriese en algún atentado. Al fin de al cabo era un dragón que seguia estando en manos de los suyos, y aunque estuviera en cierta medida exiliado, habia hecho un trabajo colosal en su dia. Aún asi era imperdonable lo que realizo a dos compatriotas, matandolos como simples animales. En cuanto a lo que hacia con la Reina, Abbadon lo tachaba de loco. Pero al leer la nota, miro al chico enviandolo de vuelta con Hanadak, para, primero comprobar que el esclavo no estuviera gastandole una broma, por lo que envio a un esclavo al Coliseo y corroborase que estuviera alli, y trás comprobar que no lo estaba, envió un aviso por la red a los compañeros de la inquisición disponibles: Varlaam estaba suelto y habia que capturarlo, vivo o muerto.

El mensaje era claro, se encontraba en el cementerio y lo esperaba a él. Abbadon no comprendia la razón de esa llamada de atención, porque aquel tarado habia escapado para después entregarse nuevamente. Pero lo iba a pagar caro por atreverse a retarlo de aquella manera. Y aunque el enfado era lo suficientemente grande, la curiosidad del dragón lo carcomia por dentro. Aquel idiota podia haber escapado en silencio, pero era tan sumamanete orgulloso que preferia enfrentarse a la inquisición, e incluso seguramente a toda la armada, con tal de demostrar que era aún el mejor. La idea de que era un loco y necio iba tomando cada vez más fuerza en la mente del moreno.

Al llegar al cementerio, los inquisidores con pisada ligera, comenzaron a buscar al dragón, ya que era lo único complicado. Abbadon vio a lo lejos una figura dentro de un mausoleo, por lo que se acerco a comprobar si era él. Y tal como pensaba, el rubio estaba alli dentro, frente a una tumba con un nombre. Aquel nombre, Tetis, era imposible de borrar ¿como hacerlo? La imagen de la dragona vino a su mente rápidamente, alguien completamente distinta a él y a su hermana, alguien que era pura inocencia, amor y delicadeza. Su hermana habia sido el amor de su vida sin duda alguna, porque soportaba todo de Abbadon, porque era igual a él. Tetis no hubiera sido tan fuerte, eso pensó, eso quiso pensar cuando la dejo por su bien. Y ahora veia una losa de piedra con su nombre puesto en ella. Se habia quedado paralizado durante unos segundos cuando la voz del esclavo lo saco de sus pensamientos, una voz que parecia retarlo.

Abbadon sonrio mirando la espalda del gladiador, pues le parecia gracioso que se mostrase tan irascible justo en ese preciso momento — Bien, ya estoy aqui — el moreno alzó los brazos en cruz y los dejo caer a los lados — Supongo que querias dar una vuelta, estirar las piernas y esas cosas. Supongo que ser esclavo no es muy divertido ¿no? — el mayor arrugo la nariz y rio divertido — Con ese collar de perro al cuello lo dudo — el moreno miro alrededor y suspirando volvio a mirar de reojo al dragón de cabello rubio — Podias haber ido a otro lado, no sé, ¿la playa? Esto es un poco siniestro — la última frase la susurro en un tono burlón. Entonces echandose a un lado el hombre suspiro nuevamente y señalo la salida — Bien, ahora sal para que vuelvan a encadenarte. Te prometo que no habrá.... — sin más detuvo las palabras y lo miro fijamente, con el rostro serio y los ojos clavados llenos de condescendencia sobre las espaldas del otro — No  te prometo nada. Sal — volvio a repetir.


Última edición por Abbadon el Miér 3 Oct - 17:54, editado 1 vez




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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Varlaam el Miér 3 Oct - 6:14

Durante los últimos dos siglos, Escama Roja, a pesar de ser un esclavo con recursos limitados, había hecho lo que había podido para seguir el rastro del dragón que días después de su exilio, se enteró, era su padre. Ni aún con los Arcángeles había tenido tanta devoción y tanto éxito como lo había tenido por la búsqueda de Abbadon. Ese dragón el cual había visto un par de veces en los consejos de guerra y las planeaciones echas mientras se hallaban en las profundidades del mundo preparándose para la guerra, realmente su contacto había sido nulo. No sabía quién era más que pertenecía a las mismas generaciones de dragones milenarios que habían caminado entre la humanidad muchos años antes de irse al Letargo. No hubo día en el que Varlaam descansase, y no buscase maneras de tener noticias de cada uno de los movimientos del ahora dragón Inquisidor. Realmente estaba decidido a acabar con la existencia del que para él, era nada más y nada menos que el mayor causante de la mayor pérdida que él hubiese tenido jamás.

Varlaam había nascido sin padre. Ni aún hoy, sabiendo que ese dragón existía y que la sangre de él corría por sus venas, el dragón de rubios cabellos lo consideraba como tal. Lo único que lo movía a buscarlo era la venganza y nada más. Estar delante de la tumba de madre, por primera vez en dos siglos, alimentó mucho más la ira que el dragón sentía hacia lo que había ocurrido hacía largo tiempo. Varlaam sabía en el fondo que parte de la culpa de que su madre terminase cayendo presa de la tristeza y la amargura, la pena, era de él. Sus desesperadas decisiones, su precipitado accionar y su incontrolable carácter. Su visceral descontrol de sus propias y explosivas emociones que siempre habían parecido ser su talón de Aquiles en muchas ocasiones, y en otras, su más grande fortaleza. Ese orgullo le cegaba de ver con claridad aún hoy. No lo aceptaba, era tan orgulloso que aceptaba que el mismo tenía culpa de aquello y para él, era sencillamente más fácil tener un culpable: Abbadon.

Había esperado por tantos años este momento, que, claramente irritable, se apresuró y jamás olvido su presencia. Su olor. Lo había conocido pocas veces, pero le había sido suficiente para grabarlo en su memoria y recordarlo hasta que volviese a tenerlo frente a frente. El vigoroso dragón llevaba una túnica con capucha de color marrón tierra abrochada en su cuello y había dejado poner la capucha hacia atrás, dejando su cabello al descubierto. No le había parecido raro el intento de mofa del dragón hacia él. Realmente no había mucha diferencia entre el dragón que ahora tenía detrás y el resto de ancianos milenarios. Se giró y le vio. Lo tenía ahí, tan cerca, a su alcance. –¿Te hace gracia, anciano?– Preguntó, irónico. Varlaam era arrogante y eso no dejaba de salirle por los poros ni siquiera en situaciones como esta. Tenía tanta confianza en sí mismo, el rostro de alguien que se daba la sensación de creerse intocable, y esa era precisamente una de las más grandes razones por las cuales muchos ancianos lo miraban con desdén.

Había algo de razón, Varlaam había nacido para la guerra, no conocía otra cosa, no entendía el mundo de otra forma, su maestro había sido Srkány, el Terror Blanco y Comandante de las Legiones de la Reina Madre, había sido el Capitán más joven que hubiese ascendido jamás entre las filas del Ejército, su batallón fue el más temido en su tiempo, y como gladiador, jamás había conocido la derrota. –Hasta un perro conoce mejor la lealtad que tú, y cualquiera de las miserables ratas que llevan ese uniforme, arrastrándose, buscando el reconocimiento de una dragona que ni que se jacta de haber construido algo en lo cual ni siquiera participó.– Sentenció con desdén y asco mirando fijo a los ojos a Abbadon. –¿De qué te enorgulleces, Abbadon? ¿De ser tan miserable como ella? ¿De engañar a otros con tu falsa lealtad?– Rió ante su escueta amenaza. –Vamos, gusano de la Reina Madre.– Dijo. –Quiero que lo intentes.– Sus facciones se endurecieron. –Quiero ver que arrestes delante del cadáver de la dragona que te amo…– Mencionó. –¡De la dragona que asesinaste, de mi madre, a tu propio hijo, padre!– Dijo alzando la voz. –¡Hazlo!– Le retó, desafiante.
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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Abbadon el Miér 3 Oct - 18:40

Las palabras refinadas de Abbadon, acompañadas con irónia solo provocaron al más joven. Algo que directamente hizo que el inquisido lo mirase con la cabeza ladeada, con cierto abirrimiento, relajado y nuevamente mostrando una sonrisa, aunque algo más leve que la anterior. Cuando se refirio hacia él como "anciano", Abbadon sintio un cosquilleo de regocijo, algo asi como cierto orgullo. Que lo considerasen como tal, para él era fantástico, porque normalmente los humanos eran tan sumamente torpes que confundian su apariencia con su edad real. Tan solo los dragones sabian realmente de esas cosas, y como hago alusión de ello, el placer de oir semejante adjetivo es un gozo — Bueno, es gracioso si. Pero no tienes la culpa. Has estado demasiado tiempo encerrado — el dragón se llevo el dedo indice derecho a la sien del mismo lado — Eso ha debido de volverte un poco loco. Asi que, mis disculpas — volvio a dejas caer su brazo sin dejar de mirar al rubio, con su sonrisa amplia, quieto en el sitio.

Cuando el otro empezó a "ladrar", soltando semejantes palabras que eran abominables para cualquiera que le fuera leal a la Reina Madre, Abbadon sintio pena por aquel perdido. No iba a debatirle nada, no merecia la pena, puesto que habia visto casos de exiliados en la misma situación e incluso peor. Con las manos cruzadas delanta de su cuerpo, el dragón comenzó a mover los labios de un lado a otro, mientras escuchaba el vomito de palabras del llamado Escama Roja, gran gladiador de Isaur. Pero la conversación tomó un rumbo particularmente sórdido cuando este, pedia con rabia que Abbadon lo arrestase, con tal enquina, que el inquisidor lo empezo a mirar con cierta rabia, una rabia que relampagueo en su mirada al oir como aquel joven lo acusaba de haber matado a una dragona, a esa dragtona en particular. Ahora si, el moreno se giro poniendose frente al rubio — Cierra esa boca, maldito condenado — aunque la voz del inquisidor estaba contenida en un susurro, era prácticamente como un rayo rajando el aire, con fuerza y rápidez, con aquella gravedaz y brutalidad natural. La mirada escarlata de Abbadon se clavo en la de los ojos verdes del otro dragón, al terminar de escuchar lo que dijo.

Aún quieto en el sitio, Abbadon no dejo de mirar a Varlaam ni un momento. Pero tampoco dijo nada. Hasta que dio unos pasos hacia el otro dragón, mostrandose más relajado aunque con el temple serio — Si fuera tu madre, no harias esto delante de su tumba. Cualquier dragón que tenga respeto por sus ancestros, no haria esto — el tono del moreno sonó en un hilo de voz, y aunque no hizo esfuerzo para que se le oyera, el eco de aquel panteón era perfecto para que resonará y se le escuchase bien — ¿Crees que eres el primer exiliado que dice ser el hijo o hija de un inquisidor? ¿O su primo lejano? — Abbadon sonrio levemente — En una ocasión uno dijo ser el hermano de la mismisima Reina Madre — el moreno se quedo callado un momento mirando la lápida con el nombre de Tetis y con las manos en su cadera mostrando su espada y chakram, dirigio su mirada al dragón — Este sitio no te pertenece. Esta dragona no era tu madre, ni yo soy tu padre — la voz del dragón salio con fuerza entre sus labios, con odio y repulsa hacia el rubio — Te lo diré de nuevo y por última vez: sal-de-a-qui — esta vez el mayor, no se aparto del paso de Varlaam, si no que esperaba que saliera rodeandolo. Se cruzo de brazos y espero a que moviera el culo:




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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Varlaam el Miér 3 Oct - 21:15

El Dragón que nunca se arrodilló siempre había tenido poco control sobre sus propias emociones. Srkány, quien había sido para él su verdadero padre, quien le enseñó la mayor parte de lo que sabía, y quien creyó en él de la misma forma en lo que lo había hecho su madre, siempre lo había sabido y había intentado usar eso a favor del dragón de rubios cabellos. Había convertido todo ese descontrol en su más grande fuerza, haciendo que canalizará la ferocidad con la sentía las cosas en la guerra y la batalla. Esa razón le dio fuerza a la reputación de Varlaam, quien luchaba cada batalla con el vigor y la ferocidad de semejante a la que el dios Ares, un antiguo y olvidado dios humano, lo hubiere hecho en los mitos. Aun así, el talón de Aquiles de Varlaam, su fuerza y su debilidad le habían llevado al a esclavitud, lanzarse de aquella forma iracunda preso y ciego de la ira en contra de la Reina Madre y el General de entonces, acabando con la vida d dos dragones. Hoy, no sentía ni la más mínima pizca de remordimiento, contrariamente, el ser un esclavo, y llevar ese collar de jade, acrecían su ego, y lo llevaba con un orgullo tal que recordaba a todo dragón que le viese que como dragón, no servía a la zorra de la falsa Reina Madre.

Esa razón era más que suficiente para que todo lo que dijese su progenitor acerca de su esclavitud le importara una reverenda mierda. El dragón solo observó al otro intentando burlarse. –Tan arrogante como la puta a la que sirves, títere.– Mencionó, burlón. –La Reina Madre se ha vuelto buena en hacer copias dignas de ella. Tan falsas como todo lo que ella es.– Le insultó, sin más, con esa sonrisa arrogante y creída sobre su rostro. –Patético, realmente…– Concluyó. Tras ello, Varlaam estaba ahí parado frente al dragón, sabía bien que el otro no tenía la guardia baja, y aunque Varlaam no estaba armado, tampoco lo hacía. Mantenían cada uno las distancias, aunque Varlaam era lo suficientemente osado como para habérsele acercado sin más, pero aún no. El dragón estaba tanteando el terreno. No perdió detalle de la mirada sería que el otro le había lanzado, y toda ironía se había apartado de su tono de voz en aquella orden que sonó más como una amenaza que otra cosa. Varlaam no le quitó los ojos de los de él, eso quería, que le mirase a los ojos. –¿Tanto temes enfrentar la verdad de mis palabras, Inquisidor?– Rió. –Haces bien en hacerlo.

El vigoroso dragón le miró acercarse, no se movió del lugar y se frenó para no sucumbir a las ganas de hacer algo estúpido en ese instante. El momento por fin había llegado y lo tenía frente a frente. Pero no sería así como iba a acabarlo, no. Los primeros momentos le plantó cara mirándole a los ojos, el otro era visiblemente más alto que él, así que el dragón de rubios cabellos alzó un tanto la mirada. –Cuidado, Inquisidor, aun no enmudezco…no sea que el temor que tienes ahora de solo pensar que lo que te digo es verdad te resulte más que cierto.– El silencio fue incomodo, pero el dragón, con rostro arrogante, soltó una pequeña risa creída, pasando de él y caminando por alrededor de la tumba que tenían de frente, y mirándola, dándole la espalda, desafiándole con ese acto de mostrar que no había ninguna pizca de miedo ante que estuviese armado. Demasiado confiado. –Te aseguro, Inquisidor, que el asco que sientes ahora de solo imaginar que tu sangre corre por mis venas, no llega ni siquiera a compararse con el que yo siento al saber que en mí yace una parte de ti.– El dragón terminó yendo hacia el otro lado de la tumba, quedado esta en medio de ambos.

Varlaam notó como miró la tumba, no perdiendo ese detalle en su mirada. Como si realmente sintiera algo por su madre. Como si eso fuera posible en él. Aquello le airó aún más. –¡Cara de perro!– Exclamó, insultándole y mirándole a los ojos. –No quieras pasarte de listo, Abbadon.– Sentenció. –Vienes aquí, y finges sentir pena, finges que te importa realmente con miradas escuetas, como si de verdad hubieses sentido algo por ella.– Exclamó. –Dime, ¿Cuántas veces le dijiste que te importó? ¿Cuántas veces te revolcaste con ella en el Letargo fingiendo que siquiera eras capaz de sentir algo? ¿Cuánto tempo esperó por ti? ¿Sabes al menos eso?– Soltó, en ese instante, Varlaam no medía lo que decía. El rencor era lo que alimentaba sus palabras. –Los dragones como tú no conocen el amor, no conocen la lealtad, se arrastran como parásitos alimentándose de otros para sobrevivir. No eres diferente de la maldita reina a la que le rindes pleitesía.– Sentenció. –¿Acaso te es la memoria muy escaza ahora?– Mencionó, con rabia y sacó el mismo papel en donde su madre había dejado un último mensaje, arrojándoselo en la cara. –Mira ahora y dime si al menos tienes la decencia de reconocer la letra de la mujer que cometió el grave error de creer en ti.

contenido de la carta:
Hijo mío.

Nunca supe si fue el destino, porque no sé si algo como ello realmente exista, pero de algo sí estoy segura, y es de mi debilidad. Irónico, una dragona, cuyo corazón y alma es más débil que el de un humano. Al final, no creo que seamos tan distintos, humanos y dragones.

Tú abuelo fue el primero, asesinado por humanos. A ti, el destino para el que naciste, te ha sellado y condenado, y tu padre, el hombre del que nunca te hablé, y que prometió volver, nunca más lo hizo. El rompió mi corazón, y me olvido. Dijo amarme, y no sé si lo hizo, pero si en algún momento lo hizo, hoy ya lo olvido y jamás te conoció.

Ese hombre fue mi más grande hazaña, y también mi peor caída. Quizá si no llevases su sangre, no estarías hoy, quizá si no llevases su sangre, yo no debería tomar esta decisión. Puedo perdonar, pero el dolor no me lo permite, espero que tú si puedas hacerlo.

Perdonarlo a él, y perdonarme a mí.

Te amo.
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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Abbadon el Miér 3 Oct - 23:17

Nuevamente, el rubio demostró poca cordura y una enorme ira hacia su Reina y hacia el hombre que tenia delante. Su gestos, risas, miradas... todo lo ponian en absoluto ridiculo. Abbadon comenzaba a cansarse de aquel circo, de las bobadas que soltaba sin ningún fundamento. Pero ¿que iba a hacer? Era su trabajo. Si un exiliado o esclavo creaba alboroto, un soldado de la armada ponia fin a estas cosas, pero aquella noche recibir una nota en especifico hacia él, lo hizo acudir a la llamada de aquel loco. La inquisición tenia mejores cosas que hacer que perseguir a un dragón en un cementerio para devolverlo al Coliseo como si fuera un perro escapado. Desde luego Thyraxes, el dueño del lugar, iba a recibir un rapapolvo por su baja seguridad.

Aún con los brazos cruzados, el dragón siguio al otro cuando dijo que hacia bien en temerlo. Algo ridiculo pero, si le hacia feliz pensar aquello, no le iba a negar el gusto. Abbadon habia oido hablar de él, no como ex capitan de la armada o esclavo, sino como gladiador. Su prepotencia no conocia limites y adoraba los baños en masa ya fueran por aplausos o abucheos. Tan solo parecia querer ser conocido. Y si, lo era desde hacia tiempo, pero ¿merecia la pena? Un dragón no era solo un payaso de circo que divertia a la gente, fueran dragones o humanos, si no que era algo más. Su humillación pública lo habia hundido tanto que se conformaba con ser eso, una simple atracción.

Y otra vez con lo mismo. Varlaam repitio que lo temia, que temia que aquello que habia dicho se volviera realidad mientras daba la espalda a Abbadon, colocandose frente a la tumba. El moreno alzó las cejas aburrido, y cuando iba a agarrarlo del hombro, escucho de nuevo que empezaba a hablar. Escuchar que sentia asco al saber que tenia la misma sangre que la del inquisidor, dibujo una sonrisa burlona en el rostro de Abbadon. Al final estaba incluso pasandoselo bien y todo. Era lo bueno de los locos, que sus historias, eran realmente buenas. Cuando el rubio se movio para dirigirse al otro lado de la tumba, Abbadon colocó sus manos en sus caderas, mirando el mármol de la superficie. Volvio a recordar el pasado, a aquella dragona de facciones suaves y delicadas. Pero sin duda alguna, su carácter dulce y pacifico.

La voz de Varlaam lo saco de sus pensamientos. Sus insultos, sus gritos, sus frases rastreras... el inquisidor lo miraba con curiosidad, como si fuera un niño mirando una mosca a la que iba a arrancar las alas por primera vez. No llegaba a comprender realmente el hilo de conexión, entre aquel exiliado y Tetis, ya que aunque aquel individuo decia ser el hijo de la dragona, Abbadon no lo relacionaba con ella. Era como comparar el blanco puro y brillante, con el negro oscuro y violento. Nada que ver. Tetis jamás hubiera traido al mundo un ser asi, imposible. Y aunque hacia referencias a su relación con la dragona, como cuando el propio Abbadon la prometio volver a buscarla, algo que jamás cumplio, el dragón de iris rojos, no movio un músculo, y tampoco parecia importarle lo más minimo lo que aquel esclavo le estaba diciendo a gritos.

Finalmente, Varlaam lanzó un papel a Abbadon, y este comenzó a abrirlo para poder leerlo. Los bordes amarillentos y casi rotos, indicaban que era una carta algo vieja, por lo que la desplego con cuidado. Cuando comenzó a leerla, sin duda pudo reconocer palabras de ese escrito, pero uno de los detalles que no paso de largo para el mayor, fue aquel último "Te amo" dirigido a Varlaam, pero que Abbadon habia visto tantas veces en cartas secretas de la rubia dirigidas a él. Y cuando volteo la carta en busca de algo más, encontró su nombre escrito, con una ortográfia perfecta.
Tomo aire profundamente, de modo que se relajo lo suficiente como para alzar la vista hacia el esclavo — ¿Vas a salir de una vez? — sin más, Abbadon alzo la mano con la carta, arrugandola en una bola y tirandosela al rubio a la cara como si fuera una pelota — Si esto era todo lo que querias hacer, bien, pues ya lo sé. Tetis se suicido esperandome y su... nuestro hijo se convirtio en alguien que ninguno de los dos querriamos como tal — la mirada de asco paso con soberbia por encima de Varlaam. Negandose a estar más tiempo alli, se giro y camino hacia la salida, viendo que un par de inquisidores se iban acercando — Esta dentro — indico serio pero algo descentrado. Camino hacia un lado del propio mausoleo, apartandose del camino, apoyando su espalda contra este, respirando profundamente con los ojos cerrados con fuerza al igual que sus dientes, mientras alzaba el mentón hacia el cielo, dando un golpe con el puño cerrado en la piedra, llegando a hacer polvo una rosa que estaba decorando aquella parte, hecha del mismo material.

*Debiste avisarme Tetis, debiste avisarme*

Volvio a abrir los ojos, y respirando nuevamente llenando sus pulmones, decidio ir a buscar a ese esclavo, y ayudar a sus compañeros si era necesario. Cuando entraba por la puerta vio a los dos hombres a los lados de la sala funebre, con las espadas en mano dirigiendose hacia el rubio — ¡Dejad las armas! Respetad a los muertos — el dragón volvio a mostrarse molesto ante aquello. Su propio padre le habia enseñado la rectitud de un soldado, pero tambien la de un dragón. No consentia que además, alli mismo se derramase la sangre que aún quedaba de aquella mujer, a pesar de que su portador fuera un soberbio tozudo. *Es cosa de familia*, esa idea hizo que Abbadon sonriera de lado. Y es que, en más de dos mil años, el dragón habia tenido tantos deslices con otras dragonas y humanas, que no era raro conocer a nuevos descendientes. En este caso, lo duro era saber con quien habia tenido aquel hijo, y que jamás la volveria a ver para disculparse.




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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Varlaam el Jue 4 Oct - 3:37

Era tal como el dragón lo había esperado. No tenía por qué sorprenderle, sabía qué clase de dragón tenía frente a él. Había averiguado bastante bien durante dos largos siglos todo lo que necesitaba saber sobre el dragón de ojos rojos a pesar de la lejanía entre ambos durante todo ese tiempo. No tenía acceso a la red, pero aún había muchos dragones que recordaban y admiraban la fama de Varlaam Escama Roja, que respetaban a un guerrero por lo que era y valoraban ese código. Un código que trascendía diferencias entre razas y el mismo tiempo. Inmutable. El vigoroso dragón sabía la clase de basura a la que tenía como padre. Estaba claro que entre los dragones que siempre habían querido menospreciar la juventud de Varlaam antaño y Abbadon no había ninguna diferencia. ¿Acaso eran los años los que volvían a los viejos dragones en eso? Era una respuesta que el gladiador se hizo en ese instante, y algo en lo que estaba muy seguro que no se iba a convertir, nunca. Había nacido para la grandeza, para un destino lleno de gloria en el que su nombre iba a perdurar por siglos, algo que pocos como el miserable dragón que tenía frente podía lograr entender realmente. –Tan semejante a ella…– Dijo, aludiendo a que cuando le miraba a esos ojos rojos, veía en esos mismos ojos exactamente la misma mirada que había visto el día de su juicio, sentada en su trono como si realmente hubiese un poder real en ella.

Fría, escueta, arrogante y creyéndose intocable. Creyéndose inmortal como si nada pudiese jamás ir en contra de ella y ni aún con todo el poder que se había jactado de tener había podido evitar que el nombre de Varlaam fuese hoy recordado en su propia cara, todos los días, y estuviese en Talos, pisándole los talones, y haciéndole saber que su gloria no iba a desaparecer por una falsa dragona con una corona en su cabeza. Por supuesto, su “padre” ignoraba cualquier cosa sobre Varlaam, y no iba a ser distinto con Tetis, la madre de Varlaam. El dragón rió ante sus frías palabras y desvió la mirada. –Necio.– Mencionó. –Mi madre, fue para ti la única oportunidad de ser algo más que una rata miserable y ni aun así pudiste verlo. Todo lo que toques, codicies o desees no será para ti más que una sombra…– Sentencio. –Una ilusión condenada a morir y perderse.– Le recriminó. –¿O acaso lo olvidaste también, Abbadon? A tu tan querida hermana.– Soltó sin el más mínimo reparo en si le insultaba o no. No le importaba. El dragón de rubios cabellos le dijo aquellas palabras mientras el otro le daba la espalda, queriendo invocar su ira. Sabía que había cosas que iban a dolerle, tanto como a él. Él le había quitado una parte de él.

El dragón miró a los otros acercarse con espadas en mano, y escuchó la orden del otro de respetar a los muertos.  Aquello le pareció irónico y le despertó, sin duda, la ira. ¿Se estaba burlando? El dragón metió el pie de forma rápida a uno de los dragones armados antes de que guardase la espada y lo tomó del cuello, y aunque el otro entró en guardia rápidamente, fue tarde para cuando Varlaam había robado la espada al dragón que había tomado del cuello y lo había empujado con fuerza hacia Abbadon y el otro soldado interponiéndoselos en el camino para girar sobre sí y quedar de pie sobre la tumba, apuntando al dragón de ojos rojos con la espada en clara posición de combate si quería ir contra él. –Vamos, ¿quién será el primero el primero en morir? ¡Decidan!– Preguntó, desafiante. Varlaam no estaba sujeto a las leyes de no matar dragones, para él ninguna ley de la Reina Madre significaba nada, así que si iban contra él, iban a muerte o nada. A pesar de ello, unos segundos pasados entre cruces de miradas con el rubio sobre la tumba, una voz rompió el silencio tensó de lo que parecía una inevitable batalla. –¡Varlaam, basta!– Era Khelevor, antiguo compañero de armas de Varlaam y hoy inquisidor, el que había ayudado a Varlaam a llegar hasta el cementerio pasando el toque de queda impuesto en Talos por la Inquisición. –¡Basta de una maldita vez!– Se acercó y se interpuso entre Abbadon, los otros y Varlaam.

–No sé ni me interesa que tengas en contra de Abbadon, Varlaam, pero no aquí y no ahora. Esta es la tumba de otro dragón, de tu madre, respeten eso.– Varlaam presionó los labios, enmudecido por la orden y airado, y bajó la espada. –Hoy no asesinaré inquisidores, Khelevor.– Dijo. –Bien, el arma.– Varlaam lo miró y la arrojó al inquisidor al que se la arrebató. Varlaam bajó de a tumba y permitió que su amigo le colocara las ataduras de cadenas de acero. Khelevor miró a Abbadon y a los otros dos inquisidores. –Esto terminó, está bajo mi jurisdicción, y no hay replica de orden.– Dejo en claro. –Ve, Inquisidor.– Mirando a Abbadon. –Fornica y bebé cuanto puedas, porque no caeré muerto hasta escupir tu cadáver. Morirás solo y en la sombra, no tendrás el honor de tener tumba ni descansó, y todos sabrán en el infierno: este es Abbadon, muerto por su propia sangre y condenado a vagar sin descanso.– Sentenció Varlaam, con la mirada fija en el dragón, lleno de odio e ira y mostrando en sus ojos, que nada iba a detenerlo hasta acabar el mismo con Abbadon, palabras a tener cuenta pues todo el que conocía a Varlaam o había escuchado de él, sabía bien que ese dragón, no se detenía ante nada. Su voluntad era admirable e inquebrantable, pero esta vez, esa voluntad estaba cegada por el odio hacia su padre. Khelevor nunca había visto semejante odio en los ojos de Varlaam y sabía que no iba a detenerse, no dijo nada, miró de nuevo a Abbadon, y simplemente tomó al dragón, y salió de ahí.
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Re: ¿Al menos recuerdas su nombre? [Abbadon]

Mensaje por Abbadon el Jue 4 Oct - 15:33

Varlaam al hacer comentario sobre lo equivocado que su padre habia estado, en lo ciego que estuvo por no elegir a su madre, y que por ello, su condena era sufrir la perdida de todo aquello y a quien amaba. En aquel momento el moreno no le dio mucha importancia a esas palabras, pero una vez fuera del mausoléo, mientras intentaba relajarse, si que pensó en ello. Supo que aquel dragón no conocia nada de él, pero si lo odiaba tanto como para intentar hacerle daño usando lo más conocido de su vida trás el Despertar, pero ¿que pasaba con los otros dos mil años? Ese pobre diablo creia saber muchas cosas sobre el inquisidor, que iba a derrumbarlo con necedades tan simples como la muerte de su hermana o similares. El hecho de saber que Tetis le habia ocultado aquello, si era realmente un golpe bajo, pero la única culpable de su muerte, era ella y nadie más. En cuanto a Varlaam y su ira... era un simple niño tonto enrabietado, apartado de la sociedad con un collar de jade al cuello. Lo mejor seria dejarlo en el olvido, pues no era de gran utilidad para nadie.

Una vez en el interior y trás pedir que las armas fueran envainadas, el gladiador hizo gala nuevamente de su falta de cordura y frialdad. Abbadon camino de lado, apartandose de la trayectoria del inquisidor que Varlaam habia empujado contra él, para observarlo desde la distancia. El moreno puso los ojos en blanco, teniendo vergüenza ajena por lo que aquel imbécil estaba haciendo, llegando incluso a subirse en la tumba de su propia madre, a la cúal supuestamente tenia tan en consideración. La amenaza de rubio la paso por alto, porque en caso de querer matarlo, tan solo hubieran tenido que atacarlo a la vez, mientras que Abbadon lanzando el chakran contra la pared que quedaba a la espalda de su recien descubierto hijo, hubiera hecho rebotar el aro métalico en la roca para clavarselo en la nuca dejandolo muerto en el suelo. Pero no hizo falta hacer nada. La voz de un conocido hizo que el loco se calmase casi de inmediato. Khelevor parecia conocerlo, bastante bien, demasiado. El trato del inquisidor hacia el gladiador llamo la atención del moreno, de como era capaz de hacerlo callar, encadenarlo y sin más llevarselo con calma. Aunque Varlaam seguia despotricando y soltando mierda por la boca, Abbadon lo ignoró por completo. Solo tuvo un cruce de miradas con el propio custodio de su hijo, Khelevor, quien se habia adjudicado la jurisdiccion del dragón — Por supuesto, es todo tuyo Khelevor — Abbadon asintio una sola vez sin dejar de mirarlo, hasta que paso el rubio y al ver la cara  de rabia del hombre, prefirio darle de lado y dirigirse a los dos compañeros — Aqui no hacemos nada más. Ya hemos terminado — sus palabras fueron acompañadas por un gesto dirigido a la salida, por donde los tres inquisidores salieron en fila. Antes de irse y perder de vista el mausoleo, Abbadon lo miro nuevamente de arriba a abajo: era una construcción sobria, monotona, sin nada destacable e incluso triste. Suspiro y salio de alli para ir a su casa.

____ DOS DIAS DESPUÉS ____

Un esclavo de Abbadon habia llevado al Coliseo un pequeño obsequio para Varlaam. Una caja de madera oscura, del tamaño de un pequeño conejo, llegó a la celda del gladiador de Isaur, acompañadas de unas simples palabras *Un obsequio sin récord*. No era muy pesada, pero el contenido era lo realmente interesante. Al abrir dicha caja, podia verse una carta, la cúal decia:

Spoiler:
Querido Varlaam, Escama Roja y demás titulos inventados:

¿Qué tal estás desde nuestro último encuentro? Lo cierto es que poco me interesa, pero queria saber que comprendieras el poco favor que te estás haciendote. Verás, la misma noche que volviste a dormir a tu celda, yo me encargue de que derribasen el mausoleo de tu madre. Por supuesto, esta en otro lugar, pero nunca sabrás donde esta. Puede que yo la abandonase por razones que tu desconoces, pero tu, no le mostraste una pizca de decencia a sus restos. Asi que, te los arrebato.

Y hablando de arrebatos. Como sabes, la ley es firme, más cuando eres un inquisidor como yo, hijo. A veces se cometen pequeños errores, pero bueno, son detalles que pasan por alto. Khelevor por su parte, cometio un error bastante grave, pero no te preocupes esta bien. De hecho ahora usa su buena caligráfia para ayudar en el puerto en los registros de mercantes, ya que como inquisidor no podia servir mucho más. Comprendelo, dejar suelto a un esclavo sin permiso y bajo el pago de este. Al menos sigue respirando, eso si, aunque sigue escribiendo, pensé que aunque la tortura a la que le someti, no iba a necesitar dos manos para su nuevo trabajo.

Supongo que esto no es una despedida hijo mio, y tal como dijiste, yo traigo la muerte y oscuridad. Ten cuidado con jugar con el fuego equivocado, pues el dìablo camina detrás de ti.

Saludos.

Además de la propia nota, dentro de la caja habia algo envuelto en vendas blancas, con una mancha roja que sin duda era sangre. Se trataba de la mano izquierda de Khelevor, a quien el propio Abbadon se la habia amputado trás varias horas de tortura, por haber realizado el acto de soltar al exiliado bajo el toque de queda como si fuera digno de ello, además de considerarlo como igual trás lo que habia hecho años atrás. Por culpa de Varlaam, aquel dragón no solo habia perdido la mano y sufrido dolores terribles en carne viva, sino que ahora era un simple dragón que recibia ordenes de un superior aristocrata.

Por otro lado, el mausoleo de Tetis ya no existia. Era solo un montón de rocas en medio de la nada, un espacio libre para futuros dragones muertos. Para aquella dragona habia un sitio mejor, uno que Abbadon pensó que era merecedora en aquel sitio inóspito. Entre todas las tumbas, lapidas y mausoleos, habia buscado el sitio más alto y soleado, donde pidio que construyeran con mármol blanco algo parecido a un sueño divino en la tierra. Mientras tanto, los restos de la dragona esperarian en el mausoleo familiar del propio Abbadon, junto a los de su padre y hermanos, pero el dia que acabarian el palacio de marmol blanco, la llevaria alli, la rodearia con las rosas blancas más hermosas de su jardin, intentando apaciguar el remordimiento que sentia. Esa misma noche se pudo ver como se alejaba la figura de un dragón de escamas claras hacia las montañas quemadas, dejando atrás rugidos que se oian en todo Talos. Dejando caer su cuerpo en las rocas y el fuego, el dragón mucho mas calmado pensó que Tetis era culpable de dos cosas: su muerte y de haber traido al mundo a un desporta como Varlaam, el cúal se encargaria de llevar al propio infierno él mismo como intentase cruzarse nuevamente en su camino.




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