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Por la gloria y la inmortalidad: Batalla en el Coliseo [Varlaam] [OneShop]

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Por la gloria y la inmortalidad: Batalla en el Coliseo [Varlaam] [OneShop]

Mensaje por Varlaam el Lun Sep 24 2018, 01:13

Nombre del tema: Por la gloria y la inmortalidad: Batalla en el Coliseo
Personajes: Varlaam
Ubicación: Coliseo de Talos

La gloria: era ese el destino que le esperaba al vigoroso dragón, al Ex Capitán de uno de los escuadrones más letales y gloriosos que jamás hoy se recordase. Y aunque sus nombres habían sido lanzados al olvido, para que en medio de la niebla de las memorias y el vacío sombrío de los recuerdos aquellas grandes hazañas se perdiesen, hoy, un nombre sobrevivía sin poder haber sido borrado, tal como la Reina Madre lo había deseado con fervor en su insaciable y enfermiza sed de poder, y cada hazaña que rememoraba ese nombre, y el de todos los jóvenes dragones que un día fueron llamados Arcángeles, hoy seguía viva. El nombre de Varlaam, el Dragón que nunca se arrodilló: la vergüenza de toda su raza para cualquier dragón lo suficiente inteligente como para saber que el destino que le había acontecido era el que le esperaba a cualquiera que se revelase contra la falsedad de la dragona que llevaba la Corona de un Imperio que si bien había ideado, o la lección de aquellos cobardes que presos del miedo y del terror, eran verdaderos esclavos y seres cuyos nombres jamás serían recordados. Seres a quienes las futuras generaciones olvidarían. Escama Roja: el nombre que desde la tierra de las grandes arenas, el lugar de los gladiadores, Varlaam se había forjado sabiendo que, ese era el camino correcto.

Tal como aquellos antepasados de los cuales su madre le habló cuando aún apenas tenía conocimiento del mundo, la sangre guerrera que corría por sus venas. Como Aquiles, como Héctor Domador de Caballos, como Alejandro Magno. El nombre de Varlaam era uno que había nacido no para una vida simple, llena de lujos y comodidades. Conforme a lo común. Era uno que había nacido para la grandeza, y el vigoroso dragón siempre lo había tenido claro. El mismo Varlaam que el Comandante Srkány había visto en las profundidades, era el mismo que hoy Thyraxes El Rojo había traído de vuelta a Talos. Era el mismo el cual Arkay, Victoria, Byron y todos los que un día juraron lealtad habían seguido. Un hombre solo era esclavo cuando su voluntad era esclavizada, y la voluntad ardiente de Varlaam Escama Roja, el Dragón que nunca se arrodilló, el más aclamado gladiador de las arenas de Isaur, ese por el cual multitudes iban con el fin de ganar mucho dinero en pro de su nombre, haciendo que la fama de su nombre creciere en demasía, estaba vivo, llevando consigo un collar que para la sociedad dragónica significaba esclavitud, y para él, el símbolo de su nombre, de su orgullo, y de saber que ningún rey o Dios iba a decidir quién sería Varlaam.

Y aunque algo, muy profundo, había cambiado en el orgulloso dragón, el deseo de la inmortalidad, el destino que eligió, era el mismo. Ardía como el fuego, y todos los que habían ido a verle, sabiendo que había vuelto a Talos, lo sabían. Pese a que ahora, la vergüenza de una promesa incumplida a causa de una falsa diosa, y falsa reina, le hubiesen obligado a estar y transitar este camino solo. Hoy, era el momento de demostrarlo. Todo Talos, o la mayor parte, había asistido al Coliseo de Talos. Ciertamente, la gloria que le esperaba a Varlaam en el centro del Imperio del Fuego no era semejante a la que durante 200 años había visto nacer en la ciudad de los grandes Señores de las Isaur. El Coliseo de Talos era apenas de reciente creación, pero sabía bien, que en manos de Thyraxes, los mejores guerreros de todo el Imperio del Fuego estarían ahí. Una victoria en las arenas de la capital del mundo, era suficiente para que el nombre fuese recordado en todos los rincones. Hasta un dragón como Varlaam sabía eso. Por eso estaba ahí: si la muerte llegaba a él, lo haría de forma gloriosa. En una forma en la que su nombre jamás se olvidase. El dragón miró las puertas abrirse, y era momento de que por fin la ciudad que le había visto como Capitán volviese a verle una vez más. Era momento de que supiesen que no era conveniente que olvidasen su nombre.


Armado para la batalla, miró a sus enemigos. Thyraxes había preparado para él un huargo salvaje. El orgulloso dragón sabía que el Rojo no se andaba con juegos, y quería saber bien que tenía en sus manos. Varlaam no iba a dejar de demostrarle a ojos de todos, que era más que merecedor de la gloria que le antecedía. El dragón tomó la lanza con fuerza y el escudo, rió por la adrenalina y la emoción de la batalla que ardía en él. Corrió hasta su primer enemigo, y usando su fuerza dragónica en sus piernas, se impulsó por encima del animal. El animal rugió, haciendo a Varlaam apretar los labios. –¡Vamos!– Exclamó, un llamado que enfureció a la bestia la cual se lanzó sobre él en un brincó que el dragón pudo cubrir con su escudo, con el cual golpeó a la bestia, alejándola e intento clavar la lanza en un golpe certero que fue interceptado por el animal cuando con su mandíbula, mordió el arma con fuerza y la trituró. Los ágiles reflejos del gladiador fueron suficientes para girar sobre sí hacia atrás y cubrir con su escudo, desenvainando la espada, y casi como si de una danza se tratase, Varlaam dobló la mano, en movimientos certeros que cortaron a la bestia y le hicieron retroceder, dejando al dragón en posición de batalla, con la espada apuntándole, el escudo por encima de su cabeza y sus ojos mirándole con fiereza.

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Re: Por la gloria y la inmortalidad: Batalla en el Coliseo [Varlaam] [OneShop]

Mensaje por Varlaam el Sáb Nov 24 2018, 22:14

Un adiestrado guerrero que había nacido con un talento natural para la guerra, lleno de ímpetu y fuerza y decidido a alcanzar su destino el cual no estaba dispuesto ni a rechazar ni hacer a un lado, y el cual Srkány había visto en el momento en que lo había visto manejar de forma torpe pero fiera aquella espada en algún rincón de las profundidades. Varlaam, formado como militar por el milenario dragón que hoy era conocido como el Terror Blanco, Capitán del escuadrón más glorioso que jamás hubiese visto el Ejercito de los dragones, el Capitán que nunca jamás había perdido una batalla, y el ahora gladiador daba a las masas el deleite de verle y ser aclamado por su natural talento para la guerra y la batalla en su búsqueda inalcanzable de la eterna inmortalidad, de que su nombre viviese por mil años y no cayese en el olvido. Ese era el dragón el cual hoy la multitud de Talos había querido venir en el Coliseo de Talos, un show que había sido auspiciado por El Rojo y sin que fuese menos esperado, había llenado todas las gradas posibles en un escenario en donde muchas emociones en torno a Varlaam eran las que se manejaban. Dragones anhelando su muerte de una vez por todas, esos que consideraban que su existencia la cual era solo posible gracias a las leyes de la falsa reina a la cual tanto veneraban, era posible. Dragones que recordaban los tiempos de gloria y le admiraban aún, su renombre.

Dragones que veían en ese simbolismo propio de rebelión, en ese collar de jade que daba un reflejo claro de su posición en la sociedad dragónica un deseo carnal apetecible del cual hacer gala con el uso de sus grandes riquezas y también dragones con intereses de igual rebelión que respetaban a Varlaam por ser capaz de ir en contra de la Reina Madre en la forma en la que lo había hecho.  Fuera como fuese y siendo el sentimiento que se maneje en torno a él, lo cierto era que estaban ahí, esperando todos y cada uno algo del campeón de Isaur, y queriendo, como Thyraxes, ver si realmente el Dragón que nunca se arrodilló era tan merecedor de todo lo que se decía de él o no, y era algo que Escama Roja, sintiéndose retado no iba a dejar pasar porque él sabía bien que era un guerrero y todos ahí, a gradas llenas, les convenía recordar ese nombre y no olvidarlo jamás. Un nombre digno de la inmortalidad la cual estaba a la altura de gloria. Estaba dispuesto a hacer que la zorra que había querido hacer que su nombre se perdiese, lo pagara, y alcanzando la fama desde la Capital, en su propio territorio, iba a conseguir su objetivo, siendo recordado como un guerrero mientras ella iba a pasar a la historia como lo que era: una simple falsedad que no era merecedora de absolutamente ninguna fama o renombre. Una miserable rata.

El vigoroso dragón sostuvo sus labios apretados, mirando a la bestia mientras el bullicio de la multitud y las miradas se centraban en él. La emoción que ardía en Varlaam era notable de una forma en la que solo aquellos que disfrutaban de la batalla entendían bien. No había falsos ni menosprecios en su enemigo, aunque fuese una bestia. Un enemigo, era un enemigo. La bestia, quien había sido golpeada por el filo de la espada del dragón, mostró los dientes aún más furia al verse herida por Escama Roja, y mostrando los dientes aún con más rabia se abalanzó contra el dragón con fuerza, y esquivarla hubiese sido el movimiento reflejo más lógico, Varlaam iba a ir con todo y colocó y pie delante de forma rápida adelante doblando su escudo de forma tal, que usaría la pequeña abertura en su parte superior del diseño para colocar la espada en el mismo y ensartar de forma certera un ataque que estaba dispuesto a ser certero y acabar con aquel enfrentamiento, aunque el huargo gozaba de una inteligencia común un tanto superior a la de bestias comunes, lo que le hacía más peligroso, así que anticipándose al hecho de saber lo que significaba el filo de la espada se frenó y rugió contra Varlaam, pero el dragón no se detuvo, como un tanque, cargo contra la bestia y empujó con su escudo en un golpe potente que la hizo retroceder. El huargo, no menos fúrico rugió viendo al dragón, a lo que Varlaam sonrío, arrogante.

Atacó con más violencia dando un salto impulsándose sobre sus patas traseras pero los entrenados reflejos del dragón fueron suficientes para girar sobre sí mismo hacia la derecha y poder esquivar a la bestia, que de forma rápida, no espero para volver a embestir y no dar el suficiente tiempo al dragón, y clavar sus colmillos el antebrazo de Varlaam, y lanzarlo de forma violenta como si de un muñeco de trapo se tratara y generando que el escudo fuere a parar a otro sitio. El dragón miró su antebrazo, y sintió el punzante dolor de la mordida y la sangre salir, y sabía que el animal no se detendría. Escucho al animal caminar de forma lenta, estaba jugando con él, era natural en un animal de naturaleza cazadora. El dragón se levantó, solo teniendo la espada en mano y en la misma forma en que el animal lo miró, el de forma soberbia le devolvió la mirada. Iba a poner fin a aquello y no sería él quien caería, no ante un animal. No iba a darle el gusto al Rojo de verlo humillado jamás. Ambos, guerrero y bestia, lo suficiente alejados, se rodearon uno al otro y cuando el dragón supo que estaba listo, midiendo lo que venía, reto el animal, el cual corrió hacia él, al mismo tiempo que el dragón hizo lo mismo, y antes de encontrarse, dragón y bestia dieron un salto encontrándose en el aire y siendo el momento perfecto para Varlaam clavar la espada en el cráneo del animal y proseguir en el salto, cayendo al otro lado del terreno con rodilla en tierra, y sin arma alguna, pues esta se hallaba ya en el cuerpo del animal sin vida que cayó, chorreando sangre, en el lugar donde Varlaam estaba antes, dando fin a aquel encuentro que dio paso a las voces de júbilo que alabaron al gladiador, sellando una victoria más.
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