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Mensaje por Irhae el Vie Sep 21 2018, 20:20

A su alrededor el sonido del acero contra el acero no sólo era perceptible sino agobiante para aquellos ajenos a un sencillo día de entrenamiento. Incluso estando en “paz”, los miembros del Army debían mantener sus habilidades pulidas tanto como su armas. Irhae lo sabía perfectamente y dedicaba dos horas de su jornada matutina a poner en perfecto estado sus propias armas y las de su hermana, aunque Visenya nunca se lo hubiese pedido sí que daba por sentado que su gemela haría sus “deberes”.

Cuando no le tocaba patrullar prefería entrenar, era algo que le divertía, que forjaba amistades y que afianzaba la camaradería entre sus compañeros y por ello le gustaba. Dentro de lo que era la facción humana del Army habían muchos chistes internos, jugarretas, pruebas de novatos  y demás detalles pero lo que más le gustaba es que con sus conocidos le trataban igual indiferentemente de su sexo, aún cuando las mujeres fueran en cierto modo vistas para otras tareas. Aquello se lo había ganado a pulso, con esfuerzo y trabajo. Con cabeza, coraje y corazón porque cuando la rubia se dedicaba a algo (o despertaba su curiosidad) aprendía con rapidez e intentaba hacerlo lo mejor posible.

Vivía bajo la sombra de su hermana, eso lo sabía. Irhae ni siquiera intentaba compararse, las habilidades de Visenya eran de renombre dentro de aquella facción. Muchos le temían y susurraban que sus ojos brillaban con un fuego interior que nadie había visto antes. Pocos entablaban combate con ella porque vencía a cualquier oponente no sólo con su destreza sino con su ambición por ganar y aquella mala contenida energía que había enviado a más de uno a la enfermería. Irhae, por el contrario, combatía con todos de diferente forma. Sus habilidades se destacaban por la agilidad, la trampa y el combate rápido. Usuaria de dagas, cuchillos o de dos espadas bastardas; los golpes eran rápido, poco profundos (a veces) pero muy desgastantes. Se movía con gracia femenina en el campo lo que lograba engañar a muchos de sus duelistas para luego verlos con el cuchillo al cuello.

Y así se encontraba esa mañana, Lato era su contrincante. Lo conoció años atrás cuando entró en el Army, él ya tenía varios años de experiencia y cogió a las mellizas a su cargo para entrenarlas cogiéndole –como siempre- más cariño a Irhae, aunque Visenya le generaba respeto y admiración –Sube el brazo- Le grito golpeando con una mano el filo de la daga de la rubia sin herirse, sus manos eran duras y callosas debido al poco cuidado que tenía con ellas. La mujer bajó el arma un segundo mientras ponía los ojos en blanco –Oh, vamos ya…Otra vez con la putada del brazo- Llevaban horas entrenando y Lato sólo le corregía aquello porque dejaba la defensa muy abierta para recibir un golpe de costado que haría peligrar su vida –Lo haces mal- Le golpeó el hombro para hacerla volver a su lugar y empezar de nuevo.

La rubia ya había pasado por el entrenamiento de tiro con arco y ahora le tocaba aquello. Lato la superaba en tamaño, al menos cabeza y media y su cuerpo estaba definido por músculos que en opinión de Irhae eran demasiado grandes. Es decir, a simple vista, la muchacha nunca podría vencerlo. Pero en cuanto comenzó la danza del hierro los pequeños bastardos que observaban vanagloriándose de su hombría, dejando atrás sus propios entrenamientos; se dieron cuenta de que la rubia se traía algo entre manos. Su estilo de combate era muy particular, ligera como una pluma podía desplazarse más rápido de lo que Lato podía moverse con su espada y nunca asestarle un golpe. La híbrida –aunque no lo supiera- sabía que tenía que alejarse del filo del arma y de las manos del hombre porque podría abrirle la cabeza de un solo golpe. El combate avanzó y cuando parecía que la rubia iba a ganar, Lato la tiró al suelo de una movida contra sus piernas lo que hizo que sus compañeros estallaran en carcajadas.

Aquello le golpeó el ego y aunque su cabeza daba vueltas se levantó de un salto, sin pensarlo demasiado, retomó el combate donde lo había dejado. Pero, a diferencia de antes, no se centraba sólo en Lato. El baile transcurría con normalidad pero en movimientos apenas visibles la rubia se sacaba cuchillos de lugares escondidos y los lanzaba hacia la multitud. No iba a herirlos… De gravedad, pensó.  Pero ninguno llegó a concretarse. El primero en salir disparado fue detenido por una femenina mano antes de que éste llegase a destino, clavándose en el hombro de uno de los bastardis -¡IRHAE!- Gritó una conocida voz femenina mientras la rubia se encontraba encima de Lato con sus piernas recorriéndole el cuello. El estruendo dejó al hombre detenido con las manos en la cintura de Irhae dispuesto a tirarla al piso. El público también guardó silencio y la rubia simplemente alzó la cara, soplando aire de su boca para quitarse un mechón de pelo rubio del rostro -¿Qué? ¿No deberían estar entrenando y atentos a su alrededor? – Cuestionó alzando las cejas y mirando a cada uno a los ojos antes de sonreírles con euforia. Se bajó de un salto de Lato que la miraba con un gesto de malhumor palpable, lo que la hizo poner los ojos en blanco de nuevo. Era increíble cómo su hermana podía destrozar un plan divertido.

Se acercó a ella lo justo para extender la mano y hacer que le devolviera el cuchillo. Las dos, frente a frente, eran como dos gotas de agua pero su forma de vestir distaba. Visenya tenía el cabello fuertemente tejido en una trenza que no admitia ni UN SOLO mechón fuera de lugar. Irhae llevaba el pelo revuelvo en lo que parecía una especie de coleta. Tenía el rostro sucio y estaba sudada, mientras Visenya iba de punta en blanco haciendo que sus estilizadas facciones fuesen preciosas y atractivas…Excepto por ese gesto de “Tengo un palo metido en el culo” que la acompañaba siempre. Mientras la guerrera le entregaba el cuchillo a su hermana, su mano libre le acomodó la parte superior de la camisa de entrenamiento con apuro. En un gesto que dejaría en evidencia en días venideros de que ella sabía algo que Irhae no, la última la tildo como una obsesionada del protocolo militar y su vestimenta. –Tengo que hablar contigo- Le dijo Visenya a su hermana en un tono que no admitía réplica y Lato necesitó solo un vistazo para saber que no había forma de hacerla cambiar de opinión, el combate quedaría para después –Vale… voy a las duchas- Se rascó la cabeza mientras caminaba, ignorando el gesto tenso de todos mientras ella iba tan feliz como una perdiz.

Visenya a su lado ardía de ira e Irhae lo sabía pero no iba a sacar ningún tema, no recordaba haber hecho o dicho nada. Se mantuvo en silencio hasta que ingresaron a los baños, a Irhae le importó un comino empezar a desnudarse ahí  mismo y Visenya por el contrario cerró la puerta y verificó que no hubiese nadie. Tras sacarse los pantalones recibió contra la cara un pergamino seguido de una casi bofetada cuando su hermana se lo estampó en el rostro -¿ME PUEDES EXPLICAR ESTO?- Se echó hacia atrás, no sólo del golpe, sino de la ola expansiva de enojo que parecía transmitir su gemela. Observó el papel sin decir nada -¡Yo qué demonios sé!- Fue lo primero que gritó antes de arrancárselo de la mano, más le valía que hubiese una buena excusa allí por la cual recibir golpes gratis. Al abrirlo leyó su nombre y el contenido con una ceja arqueada sin comprender demasiado -¿Y este quien es?- Su gemela golpeó la pared con fuerza implacable -¡No te hagas la imbécil, Irhae! Odio que me mientas-  La mujer se echó dos pasos hacia atrás, era particularmente evidente, que el temperamento de su hermana estaba muy por encima de aquello que ella podía manejar con palabras –No tengo ni idea de quien es- Le expresó con total sinceridad y un tono conciliador -¡Debe ser tu última follada, zorra!- Aquello la hizo mirarla con detenimiento, la mirada clara de Irhae recorrió el rostro iracundo de su hermana con una sorpresa inusual en ella, podía sentir el odio que irradiaba del corazón de Visenya…Y no lo comprendía -¡HABLA DE UNA MALDITA VEZ!- Las manos de Irhae doblaron la nota con detenimiento y luego enfrentó a su hermana con toda la dignidad que podía tener aún sin pantalones. Había hecho memoria de las últimas personas con las que había dormido y…¿Sabes qué? Ninguno pertenecía al Army porque no mezclaba trabajo y vida personal. Lo intentaba, y hasta ahora había tenido éxito -¡NO TE MERECES NINGÚN ASCENSO, NINGUNA CONVOCATORIA, ERES UNA MERA MILITAR CUALQUIERA. NI SIQUIERA TE PLANTEAS ASCENDER EN ESTA CARRERA, VIVES PORQUE TIENES QUE VIVIR! ¡NO TE MERECES NADA, NADA DE ESTO!- Y salió, furiosa, tirando la puerta y haciendo que el movimiento hiciera que las paredes temblaras.

Envidia, eso era todo. Respiró profundamente, le dolía el corazón en alguna parte y no sabía con exactitud qué era –de todo lo que le había dicho- lo que más le dolía. Quería llorar, pero decidió que no solucionaría nada ¿Cierto?. Aún así, mientras se duchaba las lágrimas recorrieron sus mejillas. Al salir de la ducha, que duró más tiempo del que realmente necesitaba, fue hacia su ropa.  Miró la nota nuevamente, sin comprender. Pero más le valía a ese puto Cedrik, quien quiera que fuera,  tener muy buenas razones.  

O haberse confundido de gemela.
Irhae
Irhae
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