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Cruce de miradas (Varlaam) +18

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Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Jue Sep 06 2018, 18:52

Ya habia limpiado las escaleras, el pasillo, la cocina, recogido la ropa en el tendedero, dado de comer a los caballos... ¿me faltaba algo? ¡Ay por la Diosa Madre! Ir a recoger el pan. Bueno, ya lo haria a la vuelta, que más daba. Total me pillaba de camino y llegaria antes de comer, asi que Hanadak no montaria en cólera. Y es que hoy no queria perderme los combates en el Coliseo de la mañana, porque iban a pelear varios  gladiadores de mis favoritos, como era la Bestia de Talos, el Escorpión y mi favorito, Escama Roja. Siempre que podia, intentaba que mi amo me llevase o en todo caso me dejará ir solo si cumplia las tareas a tiempo, por eso hoy estaba tan sumamente activo. Hasta el resto de esclavos sabian porque lo hacia pero poco les importaba, puesto que asi nos perdiamos de vista y tenian mi parte hecha.

Mientras iba por la calle de camino al Coliseo, vi en un tenderete, un montón de espejos hechos con plata y cristal. Algunas mujeres, seguramente dragonas, se miraban coquetas en ellos. De reojo me mire en uno comprobando que estaba algo despeinado, con la camisa algo grande pero bien puesta, pero me lleve la mano a mi mejilla viendo como la marca del bofetón que me habia dado Hanadak seguia alli marcado. Aunque lo sentia apenas como un suspiro, se notaba bastante más de lo que parecia. Pestañee un par de veces y volvi a mi camino. Ni siquiera debi haberme parado a mirar esos espejos.

Pronto habia entrado entre un montón de gente, al aforo del vulgo más barato, donde al ser de una estatura media, no veia realmente con mucha facilidad, por lo que directamente comencé a colarme entre los presentes, para llegar a primera fila y asi poder tener las mejores vistas. Y sin duda asi era. Cuando llegue a poner mis manos al borde de la piedra, frente a mi pude ver el campo circular de arena, donde empezaba a calentar el sol desde lo alto. Me mordi el labio inferior esperando que salieran los primeros gladiadores.






 


Última edición por Aiden Warren el Dom Oct 21 2018, 12:18, editado 1 vez




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Vie Sep 28 2018, 20:32

Nombre del tema: Cruce de miradas
Personajes: Varlaam y Aiden Warren
Ubicación: Coliseo de Talos

Varlaam era un dragón diestro en batalla. Su gloria, cual guerrero digno de ser conocido, se había hecho presente desde los momentos de Letargo, y se había probado así misma en los momentos de la gran guerra del Despertar en contra la humanidad. El Capitán más joven que hubiese visto levantarse el Ejercito en aquellos tiempos, líder de un escuadrón de jóvenes y decididos dragones que, jurando lealtad plena a su Capitán, habían seguido un objetivo y un sueño por el cual estaban dispuesto a dar su vida sabiendo que no había mejor forma de morir, una más honorable, que en batalla, contra el enemigo, quedando sus nombres para la posteridad y trasgrediendo generación tras generación para sobrevivir y persistir por milenios. Esa era la verdadera inmortalidad y la que el vigoroso dragón siempre había seguido. El destino glorioso para el cual había nacido. Por eso luchaba y así seguía luchando hoy.

Ese ímpetu incambiable, el fuego de la pasión por la guerra con la cual Varlaam luchaba cada batalla, lleno de vigor, se había convertido en la mina de oro de los Señores de las Arenas de Isaur, tierra de gladiadores y en el nuevo camino de Varlaam hacia la inmortalidad que tanto anhelaba. El vigoroso dragón había ganado el nombre de Escama Roja por ello,  en  doscientos años todo el Imperio sabía de la existencia del renegado dragón que hoy se hacía con la gloria de un campeón, ganando batalla tras batalla. Mientras los aristócratas y burgueses asistían al Coliseo buscando llenar sus bolsillos con una apuesta segura, el vigoroso dragón, que los miraba con arrogancia y desdén como banales dragones cuyos nombres nadie jamás recordaría, no le importaban cosas tan simples. El buscaba la gloria, lo demás, no tenía importancia. Esa razón, más que suficiente, se había convertido en su razón de venganza contra la Reina Madre, quien le había traicionado. Le había traído de vuelta a Talos.

Thryraxes, El Rojo, quien se hacía llamar Señor de Gladiadores, lo entendía. Al Dragón que nunca se arrodilló no le quedaba duda de eso, aunque por supuesto, el miraba solo un negocio. Varlaam miraba el camino a la inmortalidad en su guerra contra quien había robado la gloria a él y a sus Arcángeles, haciéndose llamar ilegítimamente Reina. Para él: reina de nada, madre de nadie. Lo tenía bastante claro y estaba dispuesto a librar su batalla en contra de la falsedad de Imperio gobernado por un rey falso e indigno. Que su nombre empezase a ser nombrado en Talos, iba a ser el recordatorio de que todo lo que la Reina Madre creía tener no era más que la mera mentira, la vulgar traición, la bajeza de una ladrona enferma de poder. La venganza. Cada batalla librada en este nuevo lugar, lo acercaban más a ello. –Y desde la tierra de los gladiadores, el Capitán más joven que el Ejército de Su Majestad hubiese visto entre sus filas, líder del extinto escuadrón de los Arcángeles, el dragón que se atrevió a desafiar a la Reina Madre: Varlaam, Escama Roja, el Dragón que nunca se arrodilló, Campeón de Isaur.

Las palabras hicieron dibujar en el dragón una sonrisa en sus labios, altiva y socarrona, llena de confianza como era natural en él, quien esperaba desde el otro lado del Coliseo la señal de su salida armado con la típica armadura de corte griego, escudo y lanza en mano, espada envainada, observando, desde la lejanía gracias a su vista dragónica, al enemigo el cual yacía frente a él: Un hombre de dos metros, llamado Trost, El Gigante. El dragón de rubios cabellos se paró en la distancia, ignorando el bullicio de los espectadores. Ya le era costumbre, y observó como el enemigo se jactaba del lugar que había conseguido como uno de los mejores luchadores de Edén, reía de él, preso de la arrogancia. Por lo poco que había logrado escuchar, no era un gladiador de Thyraxes, y sabía lo que eso significaba: El Rojo no se andaba con juegos, y quería hacerse ver no como un Señor de Gladiadores, sino como el mejor del Imperio. Eso, para Varlaam, era por supuesto beneficioso. De una forma u otra, ambos estaban ganando.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Vie Sep 28 2018, 22:36

A punto de comenzar con las entradas de los primeros gladiadores, note como la gente empezaba a agolparse a mi alrededor, por lo que tuve que auparme para evitar quedarme sin aliento y caer inconsciente en el propio suelo si es que me dejaban un hueco. Con los pies bien juntos y puestos en el muro, me incline levemente pudiendo ver algo más la arena que habia al otro lado, algo que me hacia plantear si estaba realmente cerca de aquel espacio de lucha, y aunque asi era, no me parecia peligroso, sino emocionante. Era lo más parecido a una gran pelea que iba a ver en mi vida, o al menos la que nunca habia tenido. Quizás si habia matado a alguien o hecho algunas cosas que otros no, pero la vida de un gladiador era algo que me resultaba algo casi idolatrable. De hecho si no hubiera sido esclavo de Hanadak, sin duda pediria ser gladiador. Luchar contra otros, disfrutar con las armas, aprendiendo cada dia con ellas y lo mejor, haciendo disfrutar a los señores de Talos. Seguro que hubiera sido un gran gladiador, como aquellos a los que admiraba.

Entonces el hombre que los presentaba alzo la voz para dar paso al primero, el Gigante Trost. Al salir, todo el mundo aplaudio y lo laureaba, como un gran héroe a pesar de ser de tierras lejanas. Pero poseia grandes victorias a sus espaldas, reconocimiento y una fama aplastante. Grite ánimado junto al resto, no para animarlo o su nombre, sino un simple rugido que incluso me hizo daño en la garganta por el esfuerzo, causandome una risa silenciosa, sin dejar de mirar al gigante, revoloteando alrededor del Coliseo con el brazo en alto. Fue entonces cuando el hombre que daba paso a los gladiadores dio paso al siguiente. Al escuchar de quien se trataba, volvi a subir un poco más sobre el muro de la emoción, y al verlo aparecer sobre la arena, mis gritos se unieron a los abucheos y silbidos del resto. Y es que la mayoria de espéctadores, no estaban muy conformes con aquel traidor, era cierto. Ni siquiera yo. Pero admito, que cuando lo veia luchar, era como ver algo fuera de lo normal. Aquella figura en movimiento, esquivando los golpes con tal rápidez que era imposible saber como continuaria, usando sus armas tan perfectamente que la envidia pasaba a ser simplemente deseo. Y aunque no lo admitiria, el dragón tenia cierto encanto con aquella imagen de tipo rudo, algo, que ciertamente me hacia pensar que seguro tendria a más de una y de uno, en sus palmas.

Cuando se dio por comenzado el combate, me emocioné tanto que decidi pasar una de mis piernas por encima del muro y sentarme en el borde, teniendo una vista privilegiada. ¿El problema? Que cuando los de detrás se empezaron a quejarse porque no les dejaba ver, los mire con desdés — Lo siento, es que acabo de sentarme — me encogi de hombros y volvi a mirar hacia los dos gladiadores, cuando derepente note como manos me agarraban de la pierna y el brazo, comenzando a tirar de mi. Me aferre con fuerza al muro, tirando en contra para quedarme alli mismo, dando patadas a quienes tiraban de mi, cuando por fin logré golpear a alguien en algún lado que hizo que me soltase, y con la fuerza empleada por mi, saliera disparado hacia el otro lado, cayendo sobre la arena. Rode un par de veces, y estando aún encogido, abri los ojos viendo como a unos metros estaban el Gigante Trost y Escama Roja luchando justo delante de mis narices. Habia oido que lo que caia a la arena pasaba a ser de los gladiadores como regalo, por lo que no tarde en ponerme en pie y girarme para salir corriendo de alli, cuando una lanza se interpuso en mi camino: Trost parecia querer divertirse un rato antes de la gran pelea.

Volviendolo a mirar a los ojos alcé las manos ignorando los silbidos y aplausos de la gente que animaban al gigante que me aplastase — Hola, yo estaba ahi y... me cai... — señale el muro trás de mi empezando a caminar de espaldas, cuando choque con la lanza, y la recogi para ponerla contra el gladiador — Como te acerques te... — le hombre saco su espada y corto la punta de lanza en un abrir y cerrar de ojos. Tome aire y sin pensarmelo dos veces, golpeé con el extremo de aquel palo en el estomago del gigante, un golpe que no hizo mucho, por lo que volvi a intentarlo en su rodilla para hacerle desequilibrar, pero se adelanto dandome un bofetón de tremenda magnitud. Habia caido a la arena de un simple sopapo y aunque estaba el sol en lo alto, veia las estrellas. Podia escuchar a la gente gritar desesperada y ahora no sabia que iba a pasar.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Sáb Sep 29 2018, 05:05

La batalla ser cernía frente al dragón de manera innegable. Escama Roja estaba cansado de ver ese tipo de comportamientos, incluso entre los humanos la arrogancia injustificada, era algo intrínseco. Le recordaba tal cual a aquellos que le habían subestimado en tantos momentos, dragones ascestrales que veían en el impetú de Varlaam un insulto. Varlaam no era un dragón que hubiese respetado jamás a un dragón por lo que se decía de él, lo respetaba por lo que era capaz de hacer en el campo de batalla, lo que veía con sus ojos. Esa razón era la del respeto y admiración que sentía por quien hubiese sido su mentor y era la que sentía por los guerreros que había enfrentado. Detestaba que se le subestimase por su juventud, pues Varlaam tenía clara una cosa: la había aprendido de Srkány: Un enemigo nunca debía ser subestimado, por eso, en el campo de batalla, no existían razas que valiesen. Humanos, dragones, incluso híbridos o desafiados, para el Dragón que nunca se arrodilló en la arena eso no era nada.

Un enemigo era un enemigo, y contenerse ante un enemigo era un insulto para el guerrero que le enfrentase. No había mayor honor en ello, ni ninguna gloria a la cual dar reclamo. Eso había convertido a Varlaam Escama Roja en un gladiador el cual pocos querían enfrentar. Era un dragón que no se contenía ante un enemigo. Muchos creían que Varlaam tenía demás ventaja sobre hombres por ser de una raza más fuerte, rápida y agil, pero donde todos veían debilidad, Varlaam veía oportunidad. Él había visto dragones morir en manos de hombres en el pasado, guerreros humanos. Los años habían pasado, pero la raza humana seguía siendo la isma para él. Aunque algunas cosas habían cambiado, la batalla y la guerra seguían siendo iguales. Tal cual como las conoció al nacer.  

Coliseo o campo de guerra, solo o sin seguidores, el objetivo para él era el mismo. La gloria en la victoria o en la muerte. Cada batalla la libraba como si fuese la última. El vigoroso dragón, armado con la armadura griega, clavó la lanza en el suelo con fuerza, y desenvainó su espada. Pocas veces luchaba Varlaam con espada, prefiriendo siempre la lanza la cual le daba un ángulo de ataque mayor combinado con una defensa versátil que le permitía hacer combinaciones letales con su escudo. Pero esta vez, ante la arrogancia del hombre de gran tamaño, iba a retarse a él mismo y terminar con esto más rápido de lo que la multitud esparaba. Que el humano fuese un claro mecretrefe no iba a minimizar su gloria. Corrío, cada vez con más rapidez hacia el enemigo. Este lanzó primero una lanza, cual jabalina, la cual Varlaam interceptó colocando su escudo. La lanza se clavó en este, atravesándole. Era un humano con mucha fuerza. Varlaam lanzó el escudo de lado y continuo en una carrera a toda velocidad hacia el gigante, quien lanzó otra lanza con tal velocidad que era casi impensable imaginar que fuera realmente humano.

Varlaam, teniendo reflejos más ágiles, pudo esquivarla sin problema en plena carrera, y tras ello se impulsó aún más y en un brinco lanzó un primer espadazo, el cual el gigante interceptó con su escudo, pudiendo soportar su fuerza dragonica. Tras varios ataques que el humano lanzó con su espada, todos esquivados por Varlaam casi de forma danzante, le propinó golpe con el codo lo suficientemente fuerte para lanzarlo lejos. El humano era fuerte, y grande, pero lento y sin agilidad. El abucheo se dejó escuchar, pero pronto las cosas cambiaron. Todo pasó muy rápido, pues había alguien más en el terreno al cual el gigante había puesto su atención. Aquello había invocado la ira del dragón de rubios cabellos, y al ver que estaba a punto de matar al otro sujeto, corrió con velocidad y se deslizó por debajo de Trost haciéndole un corte en el muslo, levantándose casi de inmediato y propiciándole un empujón con su mano sobre su pecho que lo hizo echarse hacia atrás y caer sobre el suelo dejándole delante del crío. –Arriba humano. Si quieres a este crío, tu espada tendrá que matarme primero.– Sentenció, espada en mano, y desafiando al enemigo con la mirada fija en este.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Sáb Sep 29 2018, 11:26

La mejilla me ardia y recordando que esa misma mañana, habia visto como la misma mejilla estaba casi recuperada del golpe de Hanadak, ahora volveria teñirse de morado. De ahi que comenzase a sonreir como si fuera un aútentico masoquista. Ignorando los insultos y gritos de la gente para que me echasen de alli o bien, que el gigante clavase su espada sobre mi, comencé a arrastrarme y poco a poco apoyarme en mis manos y rodillas para ir hacia el muro. Debia llegar para volver a treparlo y volver al interior, porque de lo contrario me esperaba algo bastante malo, ya fuera el ensañamiento de aquel gigante de Edén, o que me llevasen a las mazmorras por entrometerte en el espéctaculo de uno de los señores de Talos. Y desde luego lo segundo sonaba mal, pero preferia eso aunque Hanadak me quitase todas las cosas de mi habitación como castigo, incluida la cama.

Entonces Trost cayó de bruces casi a mi lado. El susto fue tal que me quede congelado, mirando sus ojos oscuros que a su vez, miraban hacia otro lado. Me daba miedo saber que estaba ocurriendo, pero al oir al otro, gire la cabeza sentandome en la arena, frunciendo el ceño, con la boca medio abierta y pensativo *¿Me ha llamado crio este idiota?*. Tenia 17 años, no sé porque me llamaba crio, en serio, no era ningún niño. Trabajaba duro, sabia leer y escribir, resolvia cuentas matemáticas, y hasta usaba cuchillos y el arco. Hasta hablaba isauri como si fuera lengua materna, e incluso si me lo proponia, podria aprender a tocar un instrumento músical, aunque no era lo mio. Preferia robar, eso si que era divertido.

Me fui incorporando para ponerme en pie, apartandome de Trost, quien con el corte en la pierna habia formado un charco de sangre que habia manchado parte de mi pantalón, antes siendo azul ahora parecia violeta oscuro en mi muslo y nalga izquierda. Con cara de asco mire la mancha pensando que ahora tendria que deshacerme de mi prenda favorita porque no podria limpiarlo jamás, cuando los gritos de la gente cambiaron. Antes, pidiendo mi expulsión o muerte junto a Trost, ahora incluso entre risas, me "ofrecian" como premio para el dragón que habia ganado el combate, pues el pobre gigante, habia empalidecido tanto, que en breve estaria muerto. Pensé entonces en como una vez Hasan me contó cuando llendo a las arenas de Isaur, lanzaban premios a los gladiadores, no solo materiales como oro y prendas carisimas, sino que a la arena bajaban mujeres llevando dichas cosas para entregarselas y calmar el deseo de los gladiadores en la intimidad. Enarque una ceja mirando al rubio, y si, estaba de buen ver, pero bastante tenia yo con ser un esclavo y no sacar nada de él, asi que comencé a dar pasos sin darle la espalda — Siento lo ocurrido, soy tremendamente patoso y... — me encogi de hombros — Por cierto, soy un gran seguidor tuyo. Eres el mejor — sonrei al gladiador con una amplia sonrisa, cuando de la puerta principal, donde habia salido el hombre que presento a ambos gladiadores, aparecio el mismo hombre junto a otros dos, apuntando a mi dirección. Mi reacción puede que fuera absurda y creo que no la entenderé pero rápidamente me acerque a Escama Roja, aferrandome a su brazo y alzando mi mano con el puño cerrado grite hacia el hombre — ¡Soy un premio! — frunci el ceño bajando la mirada con el estomago encogido. Me sentia ridiculo y estúpido. De hecho no se si eso funcionaria. Mire hacia el gladiador para ver su propia reacción ante lo que habia hecho, mirandole a los ojos, y sonrei de lado — Estas fuerte... ¿eh? — amplie mi sonrisa acariciando con mi pulgar su biceps.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Sáb Sep 29 2018, 17:10

Plenamente consciente de que nada iba a minimizar su gloria, ni siquiera un estúpido humano que había caído quien sabe cómo sobre la arena, el vigoroso dragón continuó desafiante mirando al humano gigante que rechinaba los dientes, airado ante el desafío del dragón, cuyo rostro reflejaba esa confianza tan odiosa que era como si dijesen: heme aquí, soy invencible. Como todo dragón, Varlaam no se diferenciaba en el orgullo. Lo expresaba de forma incluso hasta exagerada en cada mínima parte de su ser. Era innegable que era un dragón aun teniendo sobre su cuello un collar que simbolizaba para toda aquella sociedad la esclavitud, mientras que para él era un símbolo que hacía crecer mucho más ese ego del cual era dueño Escama Roja, llevándolo con tal orgullo y arrogancia, para que todo aquel que le viese, supiese quien era y recordase su nombre, y también recordase que dragón era: El Dragón que jamás había puesto rodilla en tierra por la perra de la Reina Madre, y jamás iba a hacerlo ni por ella ni por ningún rey. Acérrimo, el dragón camino por el terreno mirando al humano de enorme tamaño y volvió a hablar. –¡Arriba humano!– Exigió, de forma tajante. –Este mocoso no va a robarme mi gloria.– Dijo, señalando al crió que se había caído de las gradas, mientras seguía caminando de un lado a otro por el terreno, espada en mano. No le estaba importando porqué razón el humano había caído ahí, pero el hecho de que pusieran su atención en esa pequeñez no iba a interferir en la gloria que había ido a reclamar ese día.

Quería continuar la batalla, y nada parecía detenerle. El humano, Trost, intentó levantarse en un intento inútil que se vio entorpecido por el dolor de la cortada profunda que Escama Roja había hecho en un solo movimiento. El dragón, arrogante, rió socarrón. –He visto hombres más pequeños que tú dar más batalla que esta. He visto hombres matar con el filo de sus espadas a dragones de inmenso poder. Esta multitud…– Mencionó y se detuvo por unos instantes, mirando la grandeza del Coliseo, mientras el humano enemigo le mantenía la mirada fija, respirando de forma agitada por la aparente hemorragia en el musculo. –…Este circo ha venido a vernos morir, creen que tienen un poder sobre nosotros. Aristócratas y burgueses que creen que su dinero puede comprar nuestras vidas.– Mencionó, y volvió a ver al gigante. –No es la diversión de estos adoradores de la puta de la Reina Madre lo que me han traído aquí, es mi propio destino. Es mi camino a la gloria…si van a verte morir, que al menos lo hagan para recordar tu nombre.– Sentenció. –Levántate y muere con honor, como lo hicieron los hombres que me enfrentaron en el Despertar.– Las palabras del vigoroso dragón parecieron haber dado fuerzas al humano, quien parecía haberse entregado a la derrota sabiendo que su enemigo era un dragón. Intento de nuevo levantarse pero lastimosamente, no lo logró.

Varlaam endureció sus facciones y se detuvo. Estaba ignorando todo lo que la multitud exigía. El crió, ya de pie, empezó a balbucear algunas palabras. Escama Roja le miró, de reojo, escuchándole y solo pudo soltar una risa creída, volviendo a desviar su atención al terreno, ante lo increíblemente estúpido que se había vuelto aquella batalla. Ahora tenía a un crió en la arena y las voces pedían su muerte. Parecía todo estar decidido. De las puertas salieron dos tres esclavos del Coliseo, el anfitrión y dos guardaespaldas para mantener el orden. El dragón miró al humano correr hacia él y le miró con cara de querer entender poco lo que estaba haciendo. –¿Qué te crees que estás haciendo, mocoso?– Exigió cuando le levantó el brazo. O era un idiota arriesgado o era un valiente arriesgado. Los hombres se detuvieron escuchando el abucheo de la gente con el brazo de Escama Roja levantado. Sin embargo, el oído de Varlaam, por mucho superior al de un humano, fue bastante audaz para percibir que el filo de una espada se venía abalanzando sobre él y el criajo, a lo que respondió lanzando al crío bruscamente al suelo e interpuso su espada en el ataque del ya casi moribundo Trost. –Esto aún no termina, Escama Roja.– Varlaam rió, complacido. Trost tenía no solo su espada en mano, si no la parte de la lanza que había cortado con anterioridad. En una serie de movimientos, ambos filos chocaron nuevamente pero la agilidad de Varlaam fue suficiente para esquivar tanto los movimientos de la mano derecha como los de la izquierda y no ser alcanzado por ninguna de las armas.

En un último acercamiento, Trost, arropado por la debilidad, quiso atacar de nuevo, y Varlaam le arrebató ágilmente la lanza, girando sobre si esquivando los ataques de Trost con la espada y dando por fin, un golpe final y certero al gigante, clavando aquella lanza en su hombro derecho sin ningún tipo de delicadeza, atravesando armadura, carne y huesos. Trost cayó de rodillas, con dificultades para respirar y Varlaam, tomando la espada con ambas manos, le atravesó el corazón, dejando la espada ahí por unos segundos mientras el humano sangraba por la boca y goteaba por el herida en su pecho, hasta que Varlaam, con la misma fiereza, sacó el filo de su espada del cuerpo del humano, el cual cayó de lado, ya sin vida. Tan pronto como el humano cayó muerto, los otros tres, que se mantuvieron en la distancia acobardados por no terminar siendo parte de la batalla que continuó, miraron con miedo la fiereza con la que el dragón había matado al gladiador. Debiendo entrar en acción, el anfitrión, tartamudeando, corrió hasta Escama Roja y quiso levantarle el brazo. –Acércate más y serás el próximo en caer muerto.– Y ante aquella amenaza, se detuvo en seco. Escama Roja, ignorando los abucheos en su honor, caminó hasta el crío lo tomó contra su voluntad y lo puso por encima de su hombro derecho y se lo llevó, adentrándose en el Coliseo, y llegando hasta lo más profundo de las celdas, justo donde Thyraxes le tenía confinado. Lo lanzó sobre el pequeño catre donde dormía y colocó la espada a un lado. Alejándose, tomo un especie de cantimplora llena de agua, bebió, y se echo sobre su espalda.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Sáb Sep 29 2018, 20:33

Que me llamasen cobarde o lo que les diera la gana, pero iba a hacer lo que fuera por escapar de ahi. Y lo primero que se me ocurria era proclamar al ganador. Escama Roja supuestamente habia vencido al Gigante de Edén, asi que no era descabellado ponerme en su lado y ofrecerme como un premio. Y si vale, resultaba un premio un tanto mediocre y poca cosa, e incluso habia visto como el rubio no disimulaba su atracción por las mujeres atractivas, las cuales eran aútenticas hermosuras inalcanzables para alguien como yo, pero bueno en los sueños podia hacer lo que queria y cualquier mujer era bienvenida. Lo malo de mi acción, fue que vi al tipo que mando a dos guardias más enfadado que nunca, además de que ahora salian tres esclavos más. Resoplé pensando que aquello se habia vuelto contra mi y acabaria fatal. No deberia de haberme subido al maldito muro, ¿porque hacia tanto el estúpido?

Y sin aviso previo, ¡otro empujón! Rode nuevamente por la arena, y cuando me detuve estaba tan mareado que casi vomito. Las voces de la gente no cesaban y volvian a pedir la muerte de alguien. Alcé la mano que no paraba de ir de un lado a otro — so... soy el... premio... — repeti de nuevo como podia en un susurro, dejando caer mi brazo en el suelo. El sol dandome en la cara no me dejaba ver lo que ocurria, pero si escuchaba las armas chocar, por lo que deduje que aquellos dos gladiadores seguian luchando, pero no entendia como aquel gigante lo lograba teniendo esa herida tan grave. Comencé a incorporarme para ver lo que ocurria y vi justo el momento en el que Escama Roja atravesaba con su espada el corazón del hombre, con tal brutalidad que un chorro de sangre llegó a dibujar la arena por delante del hombre arrodillado. Me mordi el labio inferior viendo aquella imagen tan grotesca, que lejos de parecerme cruel, me parecia realmente digna del recuerdo. De hecho, cuando escuche la amenaza del gladiador rubio hacia el anfitrión solte una risa descontrolada, ya que me parecia divertido que el propio esclavo se hiciera temer.

Ignorandolo, me puse en pie como podia, pensando en que iria a casa por la puerta de atrás para quitarme la ropa, e ir después a ponerme otra limpia y que me curase Hasan las heridas, porque de nuevo tenia algun que otro golpe y rasguño, nada importante pero mejor quitarmelos de en medio. Además habia sido una tarde intensa y de momento tenia la idea de quitarmela de la cabeza. Claro que cuando consegui ponerme en pie para empezar a irme, agarrandome una de las costillas, Escama Roja se acerco imponente agarrandome de forma brusca — ¡Ey! ¿Pero que haces? Es... espera, ¡espera! — grite cuando me subio a su hombro como si fuera un saco de patatas. Con el morro torcido, enarque una ceja dandome por vencido, puesto que el dragón me tenia bien agarrado, pensando que al menos iba a salir de la arena.

Según pasabamos los pasillos al interior del Coliseo, intenté despegarme otra vez — Bueno amigo... ya puedes soltarme... — con mis manos en su hombro empujaba con fuerza, e incluso hacia palanca con mis muslos contra el propio dragón para separarme, pero parecia no moverse un centimetro. Cuando escuche una puerta, crei que era una salida o algo similar, pero cuando el dragón me tiro a un pequeño catre, lo mire frunciendo el ceño, sin perderlo de vista, mientras tomaba agua. Me rasque la nuca una vez estaba sentado al borde de aquella supuesta cama y lo mire a los ojos — Siento lo que a pasado ahi fuera — me encogi de hombros y sin querer, por los propios nervios, me rei — Pero queria ver el combate mejor, me agarraron, tire muy fuerte, cai a la arena... — empecé a gesticular mientras intentaba explicarme delante del dragón — Y claro, no crei que iba a ser para tanto. Mi maestro me contó que a los gladiadores suelen hacerles regalos o premiarlos con personas. Por eso dije eso. No queria ir a las mazmorras, mi amo se hubiera enfadado conmigo y bueno... — me encogi de hombros y sonrei de lado — Otro golpe más, que mas da ¿no? Tu estarás acostumbrado — aprete los labios mirandolo. Me mantuve callado un rato bastante largo hasta que termine por decir lo que deberia haber preguntado al principio — ¿Que vas a hacer conmigo? — mire hacia la puerta de salida y sin dejar de mirarla volvi a hablar — Si me dejas ir, te traeré lo que quieras — nuevamente lo mire a los ojos con un temple serio.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Sáb Sep 29 2018, 22:06

El vigoroso dragón, acostumbrado a amalgamar victorias desde que había nacido, había sumado una más a sus glorias, pero ya no en Isaur, sino en Talos, no como un Capitán, sino como el rebelde dragón que había desafiado el poderío absoluto de la Reina Madre. Era la primera batalla que tenía en el Coliseo de Talo. Tras largos rutinarios: constantes entrenamientos nocturnos que no paraban, en solitario, sin nadie más, y tantas cosas ocurridas con personas a las que el regreso a Talos le habían traído de nuevo, reviviendo como sombras a aquellos de los que había perdido rastro hacía dos siglos desde su esclavitud, su objetivo estaba cada vez más cercano. La inmortalidad que buscaba era su venganza en contra de la zorra que se hacía llamar diosa y madre. Para Varlaam: reina de nada, diosa de nadie. No con un ejército que le siguiese, sino solo, tal como le había planteado a Srkány, a Byron, a Arkay y a Victoria. Él no había elegido la guerra y la batalla como destino, desde que nació siempre había sido así, pero si había elegido como recorrer el camino, y esa elección era la soledad.

Escama Roja dejo atrás las gradas, pasando e importándole bastante poco la autoridad de los guardias y los esclavos de Thyraxes presentes. Esa rebeldía, propia e innata del dragón, conocida en todo Isaur y renombrada en todo el Imperio del Fuego, estaba siendo vista en el Coliseo de Talos, y todos los que habían ido a ver al glorioso Dragón que nunca se arrodilló, estaban confirmando lo que se decía. Los rumores no hacían honor a la realidad. Varlaam era tal como lo describían y eso despertaba el libidinoso de deseo de más de un dragón y una dragona. Varlaam era todo lo prohibido, y representaba todo lo fuera de orden, pero también despertaba el odio y la vergüenza de muchos, los más antiguos sobre todo y, también, jóvenes que habían escuchado la historia del dragón Escama Roja, cuyo castigo debía ser un ejemplo de lo que ocurría a aquellos que desafiaban el poder de la Reina Madre. La vergüenza encarnada, cuya existencia y vida era un insulto. Y por supuesto, el orgulloso dragón, sabiendo eso, solo se volvía más arrogante.

El vigoroso dragón caminó por los pasillos del Coliseo de Talos. Se adentró hacia el lugar en donde reposaban ya todos los gladiadores de Thyraxes. Había una primera reja metálica que separaba esa parte del Coliseo del resto y el entramado de pasillos en aquel sitio era más parecido a una mazmorra que a otra cosa.  Arrogante, se adentró pasando a la vista de los demás gladiadores, que le miraban porque sabían quién era el dragón, pero no lo hacían precisamente con buenos ojos. La arrogancia del dragón despertaba el odio de más de uno. Varlaam ignoro todas las miradas sobre él y el silencio incomodo que se cerniera cuando tuvo que pasar en medio de lo que parecía una pequeña reunión conversatorio de gladiadores. Escama Roja simplemente los ignoró y mantuvo su mirada fija hacia adelante, con el humano sobre su hombro e importándole poco lo que los otros dijesen o no. Se adentró hasta lo más profundo, las celdas que se hallaban solas y la última, era la suya. Dentro, un catre, unas sábanas viejas, un par de toallas y un balde grande con agua. Thyraxes, hasta ahora, no le había permitido más nada.

Escuchó al humano excusarse y le miró, altivo. Al momento no respondió. Quitó el casco de su cabeza y lo colocó a un lado del balde, sacudiendo su cabello, y procedió a hacer lo mismo con las muñequeras, y luego la coraza, dejando al descubierto la parte superior de su cuerpo y con más visibilidad el collar de jade sobre su cuello. Varlaam río. –Tu amo permitiendo que su perro faldero se entrometa en el territorio de un león, y el perro faldero ahora cautivo.– Dijo, burlándose de las palabras del esclavo, mientras se quitó las grabas y la túnica que cubría sus intimidades. –Creo que le importas menos que nada a tu amo.– Lavó su cara y sus brazos con un poco de agua y se colocó una tela a la altura de la cintura. –¿Dónde está el amo al que tanto temes ahora?– Sentenció desafiante, disgustándole ese comportamiento tan sumiso del humano y lanzando el trozo de tela con el que se secó a un lado. El dragón escuchó el ofrecimiento, y se acercó al humano, agachándose, tomándole del mentón con menos brusquedad de la que hasta ahora había tenido para obligarle a que le mirase a los ojos. Guardó silencio unos segundos, atraído por el cautivante color de los ojos ajenos. –¿Cuál es tu nombre?– Preguntó.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Dom Sep 30 2018, 12:52

Haber visto como al entrar en aquella "cueva", el resto de gladiadores miraban a Escama Roja, daba cierto miedo. De cierta manera cuando cruzado medio camino, ya no sentia las ganas de apartame de él, porque si lo hubiera hecho ¿que hubiera pasado? Mejor ni pensarlo. Claro que el dragón que me llevaba cono si fuera un saco de patatas, no parecia tener las mejores intenciones. Los nervios se iban acumulando y en aumento según nos apartabamos del mundo, y tan solo una antorcha fuera de aquella celda minuscula, nos iluminaba trás los barrotes. Ahora si que echaba de menos, más que nunca mi habitación. Como solia decir Hasan, *nunca echas de menos algo, hasta que lo pierdes*. Maldito viejo.

Después de intentar darle una buena excusa, hablando como un loco y sin tregua por culpa de los nervios, le hice aquella simple pregunta. Antes de que respondiera, incluso saque mi carta de negociar con el propio gladiador, que parecio no inmutarse. Mire alrededor, viendo que no tenia gran cosa, ¿porque no me pedia nada? Le hubiera traido lo que fuera. Se notaba que era un dragón, igual que mi amo. Eran realmente cabezones y orgullosos, sobre todos los guerreros. Cuando se quito el casco, cerré los ojos bajando la cabeza porque no queria ni mirarlo. Respire profundo, notando un nudo en el estomago que empezaba a dolerme, por lo que me lleve una mano al estomago. Segui escuchando como abria correas y las dejaba en el suelo. Mi respiración se aceleraba esperando lo peor cuando...

¿Perro faldero? — frunci el ceño y alcé la mirada hacia el gladiador, mostrandome molesto, por aquello que habia dicho — No soy ningun perro faldero. Mi amo me dio permiso para venir al Coliseo y ver el espéctaculo. Y tu no eres ningún león, pedazo de... — derepente me quede en silencio al ver como se quedaba desnudo frente a mi sin pudor alguno — ... pedazo de... — ladee la cabeza sin dejar de mirarlo — Eres un bruto y... y... — entonces mencionó que a Hanadak no le importaba nada. Me encogi de hombros y ahora si, lo mire a los ojos — Bueno, soy un esclavo — me quede en silencio un par de segundos — Soy prescindible para él — balbuceé con un aire triste, pero me recompuse sentandome con la espalda erguida y mirando hacia la puerta, viendo la antorcha trás los barrotes, llameante. Volvi a cerrar los ojos cuando el otro pregunto por mi amo y aprete los dientes para no mandarlo al cuerno — Esta en el castillo, trabajando para la Reina Madre. Es un honor que lo haga — me encogi de hombros agachando la cabeza mirando las piernas del rubio. Me habian criado con aquellos ideales impuestos por dragones, los cuales menospreciaban la vida humana, mientras que los dragones y por supuesto la Reina Madre, estaban por encima de todo.

Fue cuando note bajo el mentón, la mano de aquel dragón. No me forzó a mirarlo, sino que más bien me guio en una caricia sútil. Alcé la mirada a sus ojos, de un azul tan intenso como el cielo de un dia soleado. Aquel rostro estaba tan cerca de mi, que ahora si podia verlo plenamente, como nunca. Siempre habia visto al gladiador, a Escama Roja, detrás de ese casco que lo escondia trás las batallas. Ahora veia al dragón trás el métal. Trague saliva mirando sus labios moverse, decirme algo, y de nuevo a sus ojos. Por un momento crei haberme quedado congelado, pero finalemnte comencé a hablar — Nombre... eeeh... uuuufff... — alcé ambas cejas sin dejar de mirarlo, notando la cálidez de su mano en mi mentón. Mi corazón palpitaba con más fuerza y la respiración aumento levemente. Mi estomágo parecia estar a punto de explotar — Ai... Aiden, me llamo Aiden. Si, eso, asi me llamo, ese soy yo — sonrei de lado sin dejar de mirarlo, cuando note que la iluminación en la celda aumento levemente, como si hubiera estallado un pequeño relampago, y trás esto, un mareo me invádio de golpe, haciendo que cayera hacia un lado sobre el catre, como si hubiera estado corriendo un buen rato. Alcé la mirada con los ojos entrecerrados, mirando al dragón, mordiendome el labio inferior — No eres como los demás ¿verdad? — susurré en un hilo de voz. Ni siquiera me habia dado cuenta de que, el propio gladiador habia provocado en mi una sensación tan fuerte, que el elemento del fuego desperto en mi, haciendo que el fuego de la antorcha creciera considerablemente durante un segundo, lo justo como para haber creado la ilusión de aquel relampagueo en la oscuridad.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Lun Oct 01 2018, 23:28

Varlaam Escama Roja recordaba con especial hincapié a su primer gran enemigo: la humanidad. Los hombres. Todos aquellos que habían enfrentado al orgullo dragón Capitán de los Arcángeles habían ganado, solo aquellos que lo merecían, el respeto por parte del dragón que nunca se arrodilló. Esa razón, era la que le llevaba a detestar lo que hoy miraban sus ojos, parte de lo que la perra de la Reina Madre representaba. No era el hecho de haber contribuido a que la raza humana perdiese la guerra y fuese esclavizada. Varlaam no se arrepentía de ello ni aún hoy cuando habían pasado doscientos años en los que esa misma sociedad que él ayudó a levantar le esclavizó, pero si miraba con desprecio como los gloriosos enemigos que una vez le habían hecho frente habían dejado de recordar a sus guerreros, perdidos en el olvido, como sombras que se desvanecían en la luz sin más. Nombres que ya no se recordaban. Tal como la Reina Madre quería hacer con él y todos sus hermanos de armas.

Esos nombres, los nombres de hombres y dragones merecían algo más. Merecían el honor de trascender en la historia y en la memoria colectiva de las razas, porque habían demostrado la valía de sus vidas en muertes honorables y gloriosas. Aun así, los humanos eran hoy menos que nada. Pero eso también era parte de lo que la Reina Madre, la enferma falsa diosa con delirios de una grandeza que le había robado a él y a todos los dragones que habían dado sus vidas por ella, inmerecedora, había buscado en su afán y sed incoherente de poder. La mayoría de los humanos de hoy eran el reflejo de lo que la falsa Reina Madre le había hecho a él, y a todos los dragones que seguían ciegos en alguien que no merecía ni por poco llevar una Corona. En ese momento, las palabras del crió se lo dejaron ver, no era distinto de lo que estaba acostumbrado a ver en los hombres. –Quizá tengas razón, hasta un perro conoce la lealtad y su señor honra esa lealtad.– Sentenció de forma tajante. –…Y por esa razón nadie recordará tu nombre, ni el de todos los humanos que al igual que tú sirven como menos que ratas a dragones que no respetan la lealtad que otros les dan.

El Dragón que nunca se arrodilló tenía claro algo: Los humanos habían perdido la guerra. Esa la razón de su esclavitud, pero aún la lealtad de un esclavo debía ser honrada por su señor. Los dragones de hoy, arrogantes por los milenios de vida, menospreciaban ese concepto con el que Varlaam había crecido. El dragón, arrogante, rió al escuchar la respuesta del crio. –Necio…– Mencionó en un deje de palabras irónicas. –Esa puta, la zorra a la que llamas Reina, tiene el mismo honor que tiene un carroñero…– Mencionó, sin esconder un poco el asco que sentía por la que una vez hubiese sido también para él, su reina. –Qué sabes tú de la Reina Madre…Yo la he visto, yo también serví a ella hace mucho, y...– Declaró, recordando el grave error que había cometido en creer en reyes. –…No hay ningún honor en servir a quien no tiene honor, ni lo conoce.– Exclamó, presionando los labios en sus palabras, las cuales estaban cargadas de ira, odio y amargura. –Esa falsedad de dragona no conoce el honor. Solo es una ladrona, traidora de los suyos y nada más. Basura.– Quien traicionaba la lealtad de los suyos, no era más basura.

–Entre los de mi raza, un rasgo como el tuyo es un indiscutible común de ver, pero en la tuya, pocas veces se tiene la suerte de verlo tan cerca...– Mencionó el dragón, estando ya cerca de él. –…Aiden.– Elogió, mirándole por unos segundos más, atraído indiscutiblemente por los ojos del esclavo humano y antes de que pudiese decir nada más, los sentidos del dragón entraron en alerta ante el aumento repentino del fuego sobre la antorcha que disponía para iluminar el lugar. Se colocó de pies de inmediato, mirando el fuego centellear y al mismo tiempo miró como el humano simplemente cayó a un lado. El vigoroso dragón no entrelazo que el desmayó del humano tuviese que ver algo con el aumento repentino de la llama. A decir verdad, Varlaam jamás había visto con sus propios ojos la magia elemental, en toda su vida, por lo que simplemente pasó por alto el incidente preocupándose más por Aiden. Se apoyó con la rodilla en el catre para levantarle notando que la temperatura corporal del crió había aumentado repentinamente. –Estas ardiendo.– Enarcó una ceja sin entender mucho y le acomodó bien. Tomó un trozó de tela con la que se había secado, la mojó, exprimió y la puso en la frente del humano, sentándose. –Hey, crió, ¿estás bien?
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Mar Oct 02 2018, 12:40

Después de aquellas palabras, deberia de haberme sentido mal, de al menos no querer seguir la conversación con aquel hombre. Recordarme que era menos que nada y que cuando muriese, nadie me recordaria, era triste, patético, como si un simple animal de granja hubiera muerto para dar de comer a unas personas, y sin más, el pobre no sirviera de más. Pero aquello me habia hecho derramar demasiadas lagrimas en el pasado, cuando apenas era un niño, cuando iba a dormir y pensaba todavia en mi familia, los echaba de menos y deseaba mi propia muerte. Hasan me consolaba taciturno, aconsejandome ser fuerte, pues este mundo no era para débiles. Y con el tiempo comprendi que como esclavo, bien era cierto que era remplazable, un simple instrumento para un dragón, por lo que cuando tenia oportunidad de tomar una decisión y sentirla al máximo, lo hacia. Al final resultaba ser una experiencia que me hacia sentir vivo, como quien necesitaba quemarse con un cigarro encendido por no quedarse dormido durante su guardia. Ahora estaba en una celda del Coliseo, junto a uno de mis gladiadores favoritos, el mejor, ¿quien podia haberlo pensado cuando me levante esa misma mañana?

Mire al dragón sorprendido por su honestidad al soltar semejantes blasfemias contra la propia Reina. Era la primera vez que oia algo asi, y mis ojos abiertos como platos quedaron un buen rato sin pestañear. Al menos hasta que dejo de insultarla con tanta rabia — Pero tu... — frunci el ceño intentando comprender semejante rabia y recuperar todo lo que habia dicho — No, no la conozco ni la he visto, pero se que tiene el poder. Tanto como para exiliar a sus propios hijos o esclavizarlos — directamente mire el collar de jade del gladiador con seriedad — Y si realmente fuera todo eso que dices, el mundo arderia en llamas — negue con la cabeza pasandome la mano por la cara, puesto que todo aquello de que la Reina fuera injusta o falsa, era algo que destruia la imagen que me habian hecho creer de ella, de todo su reino y los dragones. Si el gladiador era un esclavo tendria sus razones.

Cuando se acercó a mi, tomandome del mentón y preguntando mi nombre, senti el calor en mis mejillas primero, pero poco a poco ese calor aumentaba por todo mi cuerpo, desde la mano del propio dragón hasta la punta de los dedos de mis pies. Al escucharle hablar tan de cerca, aquel susurro suave y grave, me provoco un cosquilleo en la nuca de forma que abri levemente los labios para tomar aire. No sabria explicar que me pasaba, era un momento prácticamente estúpido, porque cualquiera me hubiera dado una torta, que ni siquiera me hubiera importado. El dragón me tenia completamente hipnotizado con su rudeza y palabreria. Pero tambien con algo que jamás hubiera esperado por parte de uno de los suyos: delicadeza.

Trás el pequeño percance trás el fogonazo, me quede mirando la figura del rubio que no tardo en ayudarme para incorporarme. Lo tome de los brazos y negué — Tengo un poco de calor, nada más — frunci el ceño cerrando un par de segundos los ojos para abrirlos nuevamente notando como el gladiador me acomodaba en aquel sitio. Tome aire sonriendo de lado cuando me puso la toalla empapada y escurrida sobre la frente. Sin apartar mis manos de sus brazos lo mire a los ojos — Estoy bien... gladiador — torci mi sonrisa mirandolo al rostro — Hoy he rodado por la arena del Coliseo demasiadas veces. Creo que tengo derecho a marearme un poco ¿verdad? — rei bajo a pesar de que comenzaba a encontrarme mejor, básicamente porque tener a Escama Roja a mi lado era un extra. Recorde entonces lo que me habia dicho justo antes de que cayera desplomado, y apartando la toalla de mi frente dejandola sobre mi pecho susurre con un hilo de voz — Antes de... cuando estaba sentado, has dicho que tenia un rago poco común — notaba como el agua en mi pecho empezaba a traspasarse y empaparme, por lo que retire la toalla a un lado — ¿A que te referias? — lo mire con el ceño fruncido cuando comencé a erguirme para sentarme en el catre, siendo para el rubio un lugar bastante apretado, pero para mi un lugar algo amplio ya que era algo más bajo y mucho menos corpulento. Con las piernas sobre la cama, agarrado a las rodillas, me fije en el brazo del rubio, y descaradamente comencé a mirarlo nuevamente, en busca de más escamas — ¿Solo tienes escamas en el brazo? — de nuevo lo mire a los ojos y sonrei — Ni siquiera tienes el pelo de color raro o los ojos extraños. Son muy... — me detuve antes de continuar y con una sonrisa nerviosa mire detrás de él observando la antorcha que nos iluminaba — ...son verdes — me encogi de hombros apretando los labios, cuando derepente se escucharon unos golpes métalicos tan fuerte, que resonaron en todo el lugar. Los gladiadores que habian terminado con sus peleas volvian al interior, y golpeaban con fuerza los barrotes a su paso. Del susto habia llevado mi mano izquierda al brazo del mismo lado del dragón, por lo que al darme cuenta, lo solte — Disculpa, es que... me asuste — señale hacia el exterior, cuando de nuevo me entro la curiosidad — Bueno ya que me salvaste de ir a las mazmorras — ladee la cabeza a un lado y mire hacia uno de sus hombros — ¿Sabes que soy bueno dando masajes? Mi amo siempre pide uno después de su jornada — lo mire fijamente y completamente serio. La verdad es que los masajes no era mi labor favorita, de hecho lo detestaba pero, digamos que Escama Roja era mi excepción: Pero será nuestro secreto.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Mar Oct 02 2018, 17:24

Varlaam Escama Roja conocía a la falsa reina a la que había servido, de eso no había duda. Su existencia, era la enfermiza representación de alguien que estaba obsesionado con el poder y ello le había llevado a desquiciarse. Ya, a Escama Roja no le sorprendía nada de lo que hiciese la Reina Madre: desde crear la Inquisición hasta ordenar actos de sacrilegio en contra de dioses que ella misma consideraba falsos, lo que era también una grave contradicción para lo que ella decía acerca de ellos, si es que eran reales realmente. En el momento en que aquella dragona le había condenado de aquella forma, el Dragón que nunca se arrodilló lo había visto en sus ojos. Estaba desquiciada y no le iba a importar llegar a últimas consecuencias para mantener su sed de poder. Quizá en eso tenía algo en común, y era algo que quizá la Reina Madre no había tomado en cuenta cuando decidió esclavizar a Varlaam. Un dragón tan testarudo como él tampoco descansaría y llegaría hasta las últimas consecuencias con el fin de alcanzar la ta anhelada gloria, la gran diferencia era que Varlaam no estaba enfermo de poder.

Que su nombre como gladiador hoy fuese conocido, era la muestra más evidente de ello. Su nombre, sin duda no iba a perderse porque él se había ganado ser merecedor de ese destino glorioso, en la guerra del Despertar,  ahora en las arenas del Coliseo. Varlaam era un dragón que no conocía la sutileza, jamás la había conocido y no le importaba hacerlo tampoco. Decía lo que sentía como lo sentía sin importarle poco o nada el agrado o desagrado que el eco de sus palabras pudiese tener. Era un dragón cuya mayor debilidad era la pasión con la que expresaba cada emoción de la que era presa. El dragón miró al humano cuando quiso hacerle una réplica a todas las verdades que le estaba restregando en la cara. No había peor ciego que él no quería ver, y aunque poco o nada le importaba a Varlaam que el humano fuese devoto a aquella falsedad, le fue imposible ocultar el descontento de una lealtad de la cual ella no era merecedora ni aún un poco. –¡Insensato!– Exclamó alzando la voz de forma iracunda. –No hay más poder en ese trono que los dragones decidimos darle…– Dijo, aun así, Varlaam, tras mirar al humano, sabía que proseguir con aquel tema para una raza que apenas y sabían quiénes eran, era estúpido. –Madre de nadie, reina de nada.– Sentenció, bajando la voz y dejando el tema así.

El vigoroso dragón, sentado al lado del humano que había caído preso una debilidad y fiebre extraña, le escuchó cuando dijo que solo tenía calor. El dragón conocía la temperatura del cuerpo humano, aquello no era simple calor. Aun así, ignorando que le estuviese agarrando de los brazos, apartó una de las manos del humano colocándola sobre el regazo del mismo y volvió a tocarle, pero esta vez, el cuello para medir nuevamente su calor corporal. Se estaba estabilizando tan rápido como había subido de la nada. Cuestionándose, el dragón le miró sonreír. Mantuvo sus facciones tranquilas, mirándole. Era el rostro de alguien lleno que de solo verle tenía la palabra orgullo en sus ojos. Sin duda, Varlaam era innegablemente un dragón en todo el sentido de la palabra. Aun así, sí que escuchó. –Vi lo que hiciste allá afuera, enfrentarte a Trost…– Dejo en el aire. –Eres valiente.– Le mencionó y le continuó mirando estando a su lado. Desvió la mirada ante las preguntas, riendo arrogante y ególatra, porque sabía que el humano le miraba con más que simple curiosidad. Estaba siendo admirado. –Aiden, ¿has visto el azul del océano sobre el horizonte?– Cuestionó. –El azul del cielo por encima de las nubes…– Prosiguió, y le volvió a mirar a los ojos. –Veo lo mismo cuando veo tus ojos.– Mencionó. El dragón, se había acercado un poco más en aquellas palabras que había respondido mirando con deseo al humano.

–Un premio digno.– Dijo, teniendo que desviar la mirada a un lado cuando los sonidos en los barrotes de las demás celdas se abrieron pasó en un eco por todo el lugar de los aposentos de los gladiadores. Varlaam siempre sabía lo que quería, y aunque la intención inicial con la que había sacado al humano de las arenas no había sido esa, no podía negarse sentirse atraído por este, y propiamente de los dragones, sabiendo como el humano le miraba. Estaba preso de un capricho, pero que no iba a forzar. Le escuchó decir cosas sobre su amo, pero no quería volver a escuchar la palabra amo en ese instante, así que llevó su dedo hasta los labios del humano y le hizo callar sin obligarle, solo queriendo que entendiese que quería silencio. –Te diré un secreto: Lo que ocurra aquí… no van a decirlo a tu señor, ni a tu reina.– Dijo. –Si realmente existen, los dioses nos envidian, y nos envidian por ser mortales. Aunque cualquier instante puede ser el último, todo esto es más hermoso porque viene la muerte. Nunca serás más hermoso que ahora. Jamás volveremos aquí.– Y con aquellas palabras, susurradas de forma dulce, el dragón se atrevió a acercarse, sin dejar de mirarle a los ojos, y a unir sus labios con los del otro, haciendo que se echase sobre el catre, queriendo estar encima de él.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Mar Oct 02 2018, 23:45

Oir las palabras de aquel dragón realmente no deberian de molestarme, ni siquiera lo conocia y era un esclavo. Habia cometido traición a la corona, contra dos de sus congeneres y a la propia Reina. Y aún asi, era incapaz de mirarlo, porque me molestaba que siguiera con aquello, pero no queria hacerlo enfadar después de haberlo visto matar a un hombre que prácticamente hubiera acabado con tres o cuatro como yo a la vez. Para Escama Roja, yo no era ni siquiera un esfuerzo. Pero estaba claro que habia conocido a mi héroe y no me gustaba el poco respeto que mostraba hacia lo que yo pensaba, y lo que él deberia de hacer bien. O al menos lo que yo creia que estaba bien. Con 17 años la estúpidez es bastante alta y va  en aumento.

Trás estar tumbado y tranquilo, senti la mano del dragón en mi cuello. Respire hondo dejando caer la cabeza al lado contrario para que pudiera colocar bien su mano en mi cuello. De nuevo la senti cálida y aunque algo cayosa, me gustaba el tacto rudo del rubio en aquella zona, mucho mejor que la toalla fria y húmeda en la frente. Lo mire a los ojos cuando dijo que era valiente. Sonrei y frunciendo el ceño levemente negue — Siempre dicen que soy un inconsciente. De hecho me meto en muchos lios por no pensar bien las cosas — comente en un tono tranquilo y suave. Se me pasaron un par de cosas recientes, pero preferi callarme para que no tuviera ocasión de llamarme "crio" o algo peor. Eran pocas las veces que alguien asi, alguien como Escama Roja me hacia un halago, con un historial de victorias tan grande y que además, parecia preocuparse por mi. Un dragón preocupado por un humano, era tan... dificil de creer.
Pero entonces me pregunto si habia visto el mar en el horizonte, pegado al cielo — Si, varias veces — asenti pensando en la playa e incluso en el viaje de Isaur hasta Talos en barco, donde tan solo habia mar por todos lados, que mareo. Cuando siguio con su explicación lo mire extrañado pues todavia no comprendia a que se referia con lo del azul que habia por encima de las nubes, hasta que directamente me miro y lo dijo. Un escalofrio recorrio mi espalda y senti que el estomago subia por mi garganta. Aprete los labios muy nervioso y me abrace a mi mismo, bajando la mirada con una sonrisa boba. Mi cara que estaba algo más normal trás las bromas y breves palabras, se volvio a enrojecer levemente — Nu-nunca he... — alcé la mirada para mirarlo a los ojos, pero al no atreverme a hacerlo, solo fije mi mirada a sus labios — ... volado por encima de... de las nubes — me rasque la nuca y rápidamente volvi a cruzarme de brazos sonriendo con la mirada baja.

Pero pasado el rato y aceptado el masaje, me dispuse a ponerme en pie para que el gladiador se tumbase y asi realizar la tarea, como si se la hiciera a mi propio amo. Pero entonces paso algo realmente extraño. Su dedo indice colocado en mis labios me hizo fruncie el ceño, y haciendo caso al gesto de silencio, me mantuve con la boca cerrada mientras hablaba. Fue entonces cuando lo mire atento y trás sus palabras me senti algo inquieto y confuso, pero rápidamente entendi que a lo que se referia, era vivir el momento. Cuando vi como se acercaba hacia mi, tome aire a la vez que sus labios tomaban contacto con los mios, sintiendo la diferencia de temperatura. Cerrando los ojos lo agarre de los hombros mientras me echaba sobre la cama, con su cuerpo sobre mi. Completamente tumbado, abri mis piernas para que el gladiador se colocase entre ellas, doblandolas y apretando mis muslos alrededor de sus caderas. Acariciaba su espalda, enorme y musculada, mientras sus labios, los más jugosos que jamás hubiera probado, se deslizaban entre los mios. Aparte mis labios para tomar aire y mirarlo a los ojos.

Lo habia hecho otras veces, con otras personas, y ahora no deberia de ser diferente. Pero algo no iba bien. Pensé en aquellas personas que habian usado técnicas de seducción conmigo, para intentar no cumplir los tratos que teniamos. Pensé en como usaban sus palabras, dulces y hasta inocentes. Pero solo querian una cosa: sexo. El gladiador podia haberme forzado, eso es cierto, pero ¿porque tanto cuento para un simple revolcón? Mi cabeza empezaba a traicionarme, por lo que decidi desconectar. A fin de cuentas, no volveria a aquel sitio, ni a hablar a aquel dragón.

Por eso, echando la cabeza a un lado deje que el rubio besará mi cuello y comencé a mirar la nada, concentrandome en otras cosas, intentando congelar lo que habia sentido. Aquel dragón me habia hecho creer por un segundo que tenia valor, que mis ojos le parecian hermosos y que quizás, hasta alguien de su especie pudiera sentir algo por alguien como yo. Fue cuando senti que mis ojos se humedecian por mi enorme estúpidez.




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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Varlaam el Miér Oct 17 2018, 03:17

El placer era otro de los deleites que incluso este tipo de esclavos: los gladiadores, podían tener, y se hacía mucho más suculento y placentero cuando sabías que una noche de placer podía ser la última; que al siguiente día, ahí, en la arena, tu vida podría terminar con la gloriosa muerte y el sabor de la victoria, muriendo en batalla como un digno guerrero y dejando para la posteridad tu nombre, y jamás volver a saborear eso que se llamaba placer, así lo pensaba Varlaam, por eso, cada que podía, no se negaba a ello, el placer de estar con hombres y mujeres por igual sin discriminar en absolutamente nada: humanos, dragones, desafiados e incluso híbridos, los tan odiados y repugnados híbridos detestados por los suyos. A él, por supuesto, en la cama, al igual que en el terreno de batalla, no le interesaba media mierda a que raza pudieses pertenecer. Si algo tenía la cama para Varlaam, era que, al igual que en la arena, lo único que importaba eran tus habilidades para el sexo, al igual que en el Coliseo donde lo que importaba eran tus habilidades como guerrero.

Y si algo había caracterizado siempre a Escama Roja entre la cantidad de amantes que habían estado en sus sabanas, tanto durante el Letargo como después de él, era que entre sus muchos dotes, el del sexo, era otro en los que daba por mucho patadas en las bolas incluso a los dragones más diestros en el arte carnal. ¿Acaso sus disyuntivas iban solo por no ser precisamente de aquellos que sometían a las ordenes solo porque sí? No, por supuesto que no. El legendario Ex Capitán había sido también uno de los dragones que muchas veces se había grajeado el odio y la enemistad con más de un dragón por haberse revolcado en la cama con alguna aristócrata casada, o algún aristócrata casado también. Por supuesto, quienes conocían su fama como guerrero lo pensaban dos veces antes de encararle o retarle a una batalla por violentar su honor, y otros pocos solo lo dejaban pasar, su rango como Capitán le había dado incluso eso, al menos durante el tiempo en donde ser del Ejercito era mucho más respetado que hoy, donde la Inquisición parecía haber usurpado el lugar.

Varlaam siempre se había caracterizado por ser un ser iracundo y pasional, cuyas emociones, eran desenfrenadas y explosivas, y ese mismo carácter, visto en la batalla, en su gran talento como guerrero, también era de los más observables en la cama, por eso, cada uno de los que pasaban por sus sabanas, deseaban con fervor que El Dragón que nunca se arrodilló volviese a domarles, o intentar domarle, y ese placer se había hecho aún más ferviente y apetecible cuando había sido vuelto un esclavo. Era el fetiche perfecto de más de una dragona o dragón que no le importaba pagar lo que tuviese que pagar por tener al conocido dragón en sus sabanas, pero también habían aquellos amantes a los cuales Varlaam se apegaba y que no necesitaban pagar absolutamente nada para estar con él, aquellos a los que el dragón deseaba más allá de una noche y una aventura pasajera, aquellos amantes que el dragón quería poseer como si de un objeto se tratase. Y ahora mismo, tras celebrar nuevamente el sabor de una victoria, el humano al que la multitud gritó muerte, Varlaam quería reclamarlo como exigían las reglas de todo aquello que caía en la arena.

El vigoroso dragón se vio obligado a parar cuando del joven de intensos ojos azules algo no le pasó desapercibido, y tampoco le pareció mínimamente extraño que como un esclavo, se le acostumbrase a que le tratarán como menos que nada. Eso era común desde que tenía memoria con la humanidad, y extrañamente, por muy raro que pareciese, Varlaam jamás había tenido esclavos personales en su haber de subordinados. –Aquí no eres esclavo, Aiden. No ante mí. Eres mi premio… y no serás menos que eso ahora.– Dijo, demandando y quitando con su dedo las lágrimas de sus ojos. Por supuesto era que, se había servido muchas veces de los esclavos del Castillo mientras fue Capitán, tenía el respeto infundido hacia todos los dragones después del surgimiento del Imperio del Fuego, pero como tal, nunca había buscado ser servido como un señor por imposición, él prefería ser tratado señor dragón porque lo había ganado con su espada, porque lo había ganado en la búsqueda de la victoria en contra de la humanidad. El dragón le miró, aún encima de él y le habló de forma suave. –Eres libre de irte ahora, o de saber que ahora mismo, para Varlaam Escama Roja, eres más que un esclavo. Decide.
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Re: Cruce de miradas (Varlaam) +18

Mensaje por Aiden Warren el Vie Oct 19 2018, 19:16

Aunque intentaba evadirme, pensar en otras cosas, aún sentia el enorme calor que desprendia aquel dragón sobre mi. No era desagradable, de hecho no sabia si realmente lo era, estaba confuso. Hace unos momentos me habia sentido completamente excitado mirandolo frente a mi, completamente desnudo, de pie dejando su espada a un lado, para cubrirse con una simple toalla y sentarse junto a mi. Sus palabras todavia resonaban por mi cabeza, iban y venian haciendome sentir raro, como si me hubieran golpeado el pecho tan fuerte que, quisiera empezar a llorar y no pudiera parar nunca. Era un sentimiento raro, estúpido, horrible... no me gustaba.

No sabia que hacer, tenia dudas, por ello decidi dejarle hacer a él, como quisiera. Si hubiera sido de otra forma, el gladiador soberbio y grosero que me habia empujado en la arena con el que me encontre fuera, que después me llevó sobre su hombro hasta tirarme en su cama, simplemente hubiera aceptado el error de haber tentado la suerte, aunque no me hubiera gustado ser forzado. Sé que tampoco era una buena opción, quizás incluso peor, de ahi que no llegase a pensar con claridad ni saber lo que realmente queria. El hombre que ahora tenia sobre mi, no era el gladiador que habia matado a sangre fria en la arena, ese dragón con escamas brillantes y rojas como el fuego gritado por la gente de Talos. Escama Roja, era completamente de otra forma, me habia hecho verlo de una forma que nunca pensé que seria, y eso me habia hecho bajar la guardia.

Los nervios me habian pasado al estomago, y aún notaba el nudo en la garganta. Incluso comencé a notar como me escocian los ojos y una lagrima caia por mi mejilla. Al ser descubierto por el gladiador, me quede inmovil, y aparte la vista avergonzado, esperando que se enfadase e incluso me abofeteará. Pero no. Al sentir que me quitaba las lagrimas de la cara y decia aquellas palabras con semejante dulzura, lo volvi a mirar a los ojos con nuevas lagrimas — Pero soy... — solloce tan bajo y sin fuerza que apenas se me escucho, por lo que tome aire mirando a un lado y tranquilizandome volvi a mirarlo — Soy un, esclavo y no puedes hacer nada para que crea lo contrario — me encogi de hombros con una leve sonrisa a pesar de los ojos llorosos cuando escuche las opciones que me ofrecia.

Aprete los labios algo nervioso sin dejar de mirarlo, pensando por primera vez desde que habia entrado a esa celda con algo de claridad. Pose mis manos en el rostro del rubio, llevandolas hacia la nuca, y lo atraje hacia mis labios, sintiendo nuevamente sus labios ardientes. Esta vez cerrando los ojos, me relaje mucho más dejando de lado los malos pensamientos, aquellos que me habian traicionado y hecho pasar un mal rato. Aquel beso, me transportó a un estado de tranquilidad mucho más gratificante, y cuando me separe apenas lo justo para respirar, abri los ojos para ver los del gladiador frente a mi — Ya he decidido, Varlaam — con sumo cuidado, coloque mis brazos alrededor del cuerpo del dragón llevandolas a su espalda, y mis muslos apretaron las caderas del hombre entre mis piernas. Varlaam puede que me estuviera engañando, pero solo queria disfrutar el momento, estar con él porque quizás seria la primera y última vez que alguien haria que me sintiera tan especial.




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