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Same city, different faces [Methild]

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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Methild el Lun Sep 17 2018, 12:28

El hecho de que Dayanara jugueteara con el pan en lugar de comer de él no pasó por alto para Methild. El dragón observó las manos de la chica por unos instantes, pero guardó silencio y se guardó esa pulla para más adelante. La miró sonriendo, viendo cómo el toque en la nariz despertaba una reacción un tanto brusca por su parte. Le gustaba tener esa clase de efecto en las personas, más en las mujeres.

¡Oh! ¿En Talos? ¿De veras? Debo estar haciéndome viejo. Mi intuición ya no es la que era antes. —Evidentemente, ironizaba la situación. Dayanara, como todo el mundo, creía que Methild era un dragón más, y perfectamente podía pensar que había vivido siglos, milenios, para hablar así.

Por desgracia, los híbridos no vivían tanto tiempo. Methild había de reconocer algo: él entrañaba la inmortalidad, la longevidad de los dragones. De poder hacerlo, buscaría sin reposo el vivir durante más de dos milenios, hasta tres. Era mucho tiempo para un ser vivo y sabía que lo disfrutaría mucho más que un siglo, que era lo que los híbridos solían vivir.

Por aquel entonces, Methild estaba más centrado en su trabajo, esclavos y, sobretodo, en su hermana, quien ahora se hallaba frente a él. Volvió a sonreír, perdiéndose en esa belleza de sus ojos, de su rostro, de su cuerpo esbelto pero pese a todo poblado para su gusto. Apartó los ojos azules, asintiendo, y se puso en pie por un instante.

¿Sabes? Cuando era joven, me enseñaron a que la comida no existe para ser malgastada. Está para comer, sobretodo cuando se es esclavo.

Miró a la chica con una sonrisa. Lo comentaba con sarcasmo, pero no con maldad. Hizo un gesto hacia el trozo de pan, se arrodilló frente a ella y se lo arrebató antes de que lo despedazara. Después, partió un trozo con sus propias manos y lo acercó a la boca de Dayanara, sonriendo todavía. El híbrido dragón se arrodillaba ante ella para servirla. Todo era tan irónico como Methild.

¿Qué pasa, no tienes hambre? Di "ah". —Alzó la mano con el pan y lo introdujo entre sus labios—. ¿Ves? No tienes nada que temer conmigo. Jeremiah estaba asustado al principio también, y ahora me respeta tanto como yo le respeto. Verás, no soy tan... malo como algunos creéis. No soy ningún monstruo como mucha gente ha querido creer durante mucho, mucho tiempo.

Eso era un comentario de doble filo. Los híbridos no eran monstruosidades que merecieran el desprecio de todos. Methild apretó el puño por un instante, callando y pensando en la humillación constante que había sufrido a lo largo de su vida. Dejó escapar el aire retenido y le sonrió a Dayanara.

A veces, es necesario ponernos todos al mismo nivel para congeniar. Mi intención al convertirte en mi esclava personal, al menos para otros quehaceres que el sexo, es enseñarte que, mientras estés de buenas en mi casa, todo irá bien para los dos. Sólo exijo respeto, y cordialidad. A partir de ahí, puedo ser tu mejor amigo. Si volvieras a ofenderme, sin embargo... Debería cumplir con la amenaza de ayer, y quizá Lisbeth se vería sustituida en su trabajo. ¿Me entiendes, corazón?

Acarició la mejilla de Dayanara y le ofreció una sonrisa. Después, la cogió de la mano para colocar allí el pan y se apartó de ella. Señaló el resto de la habitación y tomó el desayuno mientras se sentaba en una silla con la bandeja encima.

Hazme la cama y arregla los desperfectos que veas, por favor, mientras termino de desayunar. Después, si quieres, puedes comer un poco más conmigo. Podemos salir a pasear, incluso, si lo deseas. Quizá eso te abra la perspectiva y te haga ver que no todo es tan horrendo como quieres creer aquí.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Dayanara el Mar Sep 25 2018, 01:35

           Dayanara miró el pan desmigajado entre sus dedos, los restos pequeños de migas sobre la falda. Dudaba mucho que Methil hubiera pasado hambre o necesidad en algún momento de su vida. Puede que no fuera el dragón más rico de Tales pero era un dragón, al fin y al cabo, la reina cuidaba de sus súbditos alados con mucho más mimo del que le dedicaba a los humanos. Dayanara tampoco había pasado nunca hambre, pero también le habían enseñado que uno no debía estar dispuesto a desperdiciar lo que había sobre el plato. Claro que ella no había elegido ni ese techo ni ese plato, ¿por qué debía comer acaso lo que Methild le ofrecía? Sobre todo cuando era esclava. Esas cinco palabras se le clavaron bajo los huesos, le hicieron apretar los dientes. Despertaban una ira tímida que hervía por dentro.
           Su ceño se frunció indudablemente al verlo arrodillarse, llevarle el pan a la boca como si fuera una niña, o peor, como si fuera una idiota. Miró el pan, después a Methild, la ira se empastaba en una humillación que tenía que tragarse, con sabor a pan. Arrugó los labios, conteniendo el instinto de echar la cabeza hacia atrás. Despacio, muy despacio, la prudencia se abrió paso y consiguió separarle los labios.
           La sonrisa de Methild le parecía un arma de doble filo. Tan hermosa como fría, distante, un regalo que no quería mientras masticaba el chusco de pan y sólo podía sentir el sabor de las lágrimas que contenía a duras penas en las pestañas, sintiéndose humillada.
           —Le entiendo, amo. —Murmuró, seca, distante, arropada en su vergüenza y miedo. Sobrevivir, era lo único que podía hacer bajo aquel techo, con aquel hombre—. Haré lo que mi amo ordene.
           Se apartó de Methild, de la cama y estrujó el mendrugo entre los dedos mientras se dirigía a las cocinas para recoger el material que necesitaba. Iba a dejar la habitación tan limpia como pudiera, así le llevara horas conseguirlo. Horas agraciadas en las que el trabajo, con suerte, le impediría cumplir las fantasiosas expectativas de Methild hacia su persona. Respeto. La palabra se repetía mientras cambiaba las sábanas de la cama por unas limpias, dobladas con cuidado y un mimo que aquella cama no veía desde hacía siglos. Era absurdo que aquel hombre pidiera respeto de aquellos a los que no respetaba en absoluto. Reclamando cordialidad a través de las amenazas.
           Dayanara repasaba su discurso mentalmente, y mientras más veces atravesaba su consciencia más lo odiaba, más rabia sentía. La canalizaba de la única forma útil que podía: dejándose los nudillos en las tablas de limpiar la ropa, destrozándose las uñas con los cepillos para limpiar paredes y suelos, sintiendo como los productos ácidos de la limpieza le escamaban la piel cuando quitaba el polvo y ordenaba superficialmente todos los bártulos que Methild tenía repartidos sin ton ni son por la habitación.
           Fue gratificante dedicarle varias horas a adecentar la alcoba, mientras fregaba no tenía que hablar con él ni escuchar sus sinsentidos.
           —¿Puedo retirarme ya, señor?




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Methild el Mar Sep 25 2018, 11:10

Seguir sus órdenes era un buen modo de comenzar a convivir. Methild siguió a lo suyo mientras observaba con o sin interés a Dayanara, o se perdía en sus pensamientos como solía hacer. Era obvio que no resultaba del agrado de Dayanara, y podía entenderlo. De hecho, de saber quién era él realmente, lo detestaría aún más. Sabría que había esclavizado a su propia hermana, y que además podía sentir atracción física hacia ella. A muchas personas les disgustaría. Teóricamente, debería ser asqueroso. ¿Por qué entonces la miraba y veía a una mujer tan bella? Una mujer a la que deseaba poseer.

Desayunó, dejó que Dayanara trabajara y siguió a lo suyo todavía más, hasta que por fin le llegó la pregunta de Dayanara que tanto había ansiado. Methild dejó escapar una risa al mirarla y poner una mano encima de su hombro. Sabía que podía sentirse disgustada por el gesto, pero ella también sabía que tenía que respetar cierto límite de desobediencia o falta de respeto.

¿A hacer qué? Siempre me he preguntado qué hacéis los esclavos cuando no estamos encima de vosotros... ¿Descansáis? ¿Holgazaneáis? De todas formas, tú tampoco has tenido mucho tiempo en casa para acostumbrarse a ella. Quiero decir, llevas aquí cuánto, ¿dos meses?

Methild la miró a los ojos, con seriedad, intentando ser por una vez de agrado para ella. Sabía muchas cosas, ¿verdad? Sabía que no lo lograría; que su petición le haría de todo menos gracia, pero era él el jefe y ella la esclava, después de todo. También sabía que perfectamente podría ser peor. Ya la había amenazado con obligarla a meterse en su lecho y no dudaría en cumplirlo si lo creía conveniente.

En realidad... —murmuró, mirándola con el ceño fruncido y ofreciéndole una mano—. Preferiría disfrutar un poco más de tu compañía. Es raro, pero me siento bien contigo. Sin discutir, charlando. Digamos que... me intrigas.

La miró frunciendo el ceño, obviando lo mucho que pudiera importarle o sorprenderla aquella declaración. Quizá Methild tenía que empezar a ser más directo y menos agresivo si quería ganarse el afecto de Dayanara. Tampoco podía permitir que se le subiera a la chepa porque, después de todo, el maestro era él. Pero...

Empecemos a entrenar para la libertad, ¿qué te parece? Dejaré que escojas. —Cogió la mano de la chica y tiró de ella—. Seguir con tus quehaceres o acompañarme a pasear fuera. ¿Has tenido la ocasión de ver los alrededores en estos meses? ¿Te he enseñado dónde se encuentra cada cosa? Bueno, tú escoges. No voy a tomar represalias contra ti. Creo que eso te demostrará... mis buenas intenciones.

Era sincero. Eso intentaba. Quizá Methild era cruel, pero no tan malvado como la gente tendía a creer. Además, Dayanara era distinta. Quería creer que era distinta. En parte, aunque todavía le guardaba rencor por no haberle respondido acerca de su madre, se lo debía.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Dayanara el Miér Oct 17 2018, 02:20

Meses:
En el primer post de Dayanara pone específicamente que lleva siete meses como esclava xD



           Todos los nervios de Dayanara se crisparon a la vez al sentir la mano de Methild en el hombro. En comparación, sus articulaciones parecían tan pequeñas como perlas, frágiles como esferas de cristal. Fijo la vista en la pared, más allá de su amo, de la curiosidad febril que se asomaba a los ojos de Methil, que parecía dispuesto a diseccionarla allí mismo. Un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal, en dirección descendente. Su piel reaccionaba de la manera opuesta, erizándose hacia arriba.

           —Siete meses, amo.

           Se limitó a corregir, odiando cada una de aquellas tres sencillas palabras. Siete era demasiado para contar, casi lo suficiente para que no te dieran los dedos al enumerarlo. Meses era una palabra muy grande para contar la medida de un cautiverio. Amo… la sensación que esa última le provocaba en la lengua no había forma humana ni dracónica de describirla.

           Se vio obligada, con un pellizco de temor debajo del ombligo, a observar la mano que le ofrecía. Sus piernas pedían salir corriendo de aquella habitación mientras su mente rememoraba todas las amenazas que concernían el uso de la misma cama que había hecho con esmero hacía un rato. Sin embargo su cuerpo actuaba solo, con la obediencia mecánica de aquel que prefiere la resignación a otra punzada de dolor. Alzó la mano y la depositó, conteniendo un temblor, entre los dedos de Methild. Sus dedos se crisparon ligeramente al oír su proposición. Frunció el ceño, escéptica. Desde luego aquello era inaudito. ¿Era una trampa? ¿Había caso una opción correcta?  Si elegía pasear podría castigarla por no atender sus quehaceres, si elegía lo contrario el castigo podría estar motivado por despreciar su compañía. No había buenas opciones, ni malas. Sólo opciones… y estaba tan cansada… Podía soportar un paseo, ¿verdad? Methild en la calle no podía ser mucho peor de lo que era dentro de su propio cubil. Le dolían los músculos, tensos y cansados, sentía las gotas de sudor bajándole por la espalda. Solo pasear, pasear a cielo abierto… ¿Cuánto tiempo llevaba sin pasear por la ciudad?

           “Tal vez vea a Alastor”.

           La imagen de su hermano le vino a la cabeza y al corazón al mismo tiempo como un alfilerazo de dolor. Eran escasas las posibilidades, pero si se quedaba allí dentro serían absolutamente nulas.

           —Os acompañaré, amo.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Methild el Miér Oct 17 2018, 08:37

Oh... Siete meses ya... Qué rápido pasa el tiempo. Habría jurado que era mucho menos —respondió Methild, divertido, sonriendo a la mujer. Siete meses era evidentemente mucho tiempo; tiempo que resultaría poco en comparación con lo que Dayanara debería soportar o, de cara al futuro, vivir para los planes de Methild. Con el tiempo podría llegar a ganarse su libertad, como su bien amigo. Tal vez. Debería empezar por contarle la verdad acerca de su madre.

Methild se preguntaba si revelar su auténtica naturaleza como hermano de Dayanara haría que ella hablara o se cerrara sobre sí misma más. Estaba claro que, de haberla obligado a llegar más lejos, se habría cerrado. El híbrido suspiró y la miró a los ojos.

Frunció el ceño con cierta desconfianza cuando Dayanara accedió a pasear, pero no se lo mostró, pues giró rápidamente la cara y se puso a caminar sin soltar la mano de la mujer. Tiró de ella, de hecho, e hizo que se aferrara a su brazo. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras para atravesar el pasillo y adentrarse en la cocina, la cual daba al jardín del hogar. El mismo jardín ofrecía una salida a las calles de Talos, por lo que Methild tenía un recorrido en mente.

Se mantuvo en silencio durante unos instantes, hasta llegar al otro extremo de la cocina. Después de abrir la puerta y dejar que Dayanara pasara primero, tomó aire y decidió intentar entablar mayor conversación con la mujer.

Siete meses no es poco tiempo... pero sé que durante el resto de tu vida has hecho más cosas que servir a un cruel híbrido como yo. Podrías hablarme un poco de ello. ¿Familia? ¿Rencillas? ¿Hermanos a los que eches de menos?

Tragó saliva, mirándola con cierto reproche. ¿Lo echaría de menos a él? Era un tema demasiado complejo como para pensar en él de este modo. La idea de decirle la verdad a Dayanara surcaba la mente de Methild de vez en cuando, pero siempre se disuadía a sí mismo de cometer tal locura. Sólo lograría enfriar la relación con Dayanara y empeoraría las cosas. Debía ser precavido.

Observa —ordenó dulcemente un Methild mucho más calmado al señalar uno de los puestos del mercado de Talos, al cual habían accedido casi de inmediato.

El paseo ocurría demasiado rápidamente, más de lo que le gustaría. Pese a todo, Methild creía estar sacando provecho de él y de la conversación entablada con Dayanara. El puesto que señalaba vendía joyas extrañas y exóticas. De entre ellas, una en particular llamó su atención: una que compartía el color de ojos de Dayanara. La cogió mirando al tendero para asegurarse de que así podía hacerlo y la acercó al pecho de la mujer para colocarla alrededor de su cuello.

Tiene el mismo color que tus ojos. Creo que te queda perfecto. Verás, soy... una persona que valora los recuerdos y los bienes materiales más de lo que podrías creer. Si quiero que esto funcione, necesito que tengas algo a lo que aferrarte. No intento comprarte con una joya; intento entregarte algo que, en caso de que me ocurra algo, te haga recordarme como algo o alguien positivo en tu vida. No estoy seguro de estar explicándome bien, pero... Creo que me entiendes. En todo caso, es un regalo. Voy a pagarlo, ¿de acuerdo? ¿Qué te parecería visitar a aquel sastre de allí? Podríamos mirar ropa para ti. Me consta que la que tienes no es la mejor, y te vendría bien.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Dayanara el Lun Oct 22 2018, 18:01

            Una sonrisa relajada de Methild tenía algo de fascinante y aterradora al mismo tiempo. Todos aquellos meses había tenido cuidado de no estar en su presencia más tiempo del necesario, convertirse en un ratón había sido su obsesión, pequeña y escurridiza, siempre lejos de aquel dragón que podría devorarla en cualquier momento. Ahora que lo veía de cerca no le parecía más grande, pero los detalles ocultos en la lejanía le resultaban extraños, chocantes. ¿Acaso podían los monstruos sonreír así?
Al verse arrastrada por los zancadas largas de Methild la invadió una inseguridad terrible. Las calles tenían un terrible matiz de libertad que nunca antes le habían arrebatado, pero ahora la sombra de Methild lo tocaba todo. No pudo evitar temer que pensarían aquellos que los vieran, allí, pequeña, tomando el brazo musculoso de Methild, pegada a los bajos de su falda. Se encogió sobre sí misma, intentando pasar desapercibida ante la mirada de Jeremiah, que los observó salir desde la puerta del despacho. El liberto frunció el ceño, intentando desentrañar las pretensiones de su amigo, pero incapaz de llegar a una idea en claro desistió con un suspiro. En algún momento tendría que volver.
            Dayanara tenía que acelerar el paso para seguir el ritmo que marcaba Methild. Miró en derredor a la cocina, buscando cualquier excusa para aferrarse al interior relativamente seguro y privado de aquella estancia en la que pasaba muchas horas, pero el dragón ya habría la puerta. La luz violó aquella acogedora penumbra, recordándole que tenía que salir. Con su túnica andrajosa, con sus zapatitos destrozados y su marca de esclava a fuego en la piel, imborrable. Tragó saliva antes de poner un pie fuera, pasando por delante de Methild, en un acto caballeroso impropio de un dragón con una humana.
            —He tenido una vida muy sencilla, amo. Ayudaba en el negocio familiar e intentaba ser una hija decente.
            No quería hablar de su familia, ni mucho menos de su hermano. A ella podrían esclavizarla pero Alastor… Alastor lucharía con uñas y dientes, levantaría los puños y golpearía hasta que lo encontrara la muerta, ya fuera a manos de las hojas de Methild o por el abrazo de una soga al cuello, condenado por haber infringido la ley y atacado a un dragón. No… no podía hablarle de su vida, no podía darle los detalles y delatar todo lo que llevaba meses protegiendo.
            —Sorteamos las épocas de frío y hambre como bien pudimos, señor. El pueblo humano es humilde, carecemos de interés para vosotros...
Pensar en su hermano le hizo sentir una punzada de dolor. Mantenía la mirada baja en una actitud sumisa, evitando mirar tanto a Methild como al resto de los viandantes. A pesar de que la temporada de lluvias convertía el día en uno particularmente fresco, el sol castigaba sin piedad la tierra, luchando con los estratos de lluvia que todavía mojaban el suelo y creaban humedades en las paredes de las fachadas. Por el rabillo del ojo Dayanara podía distinguir una miríada de colores, tejidos y cortinajes, que se detenían por la visión fugaz de las ropas de los humanos, oscuras y modestas. En la calle del mercado el ruido era mucho más potente, claro que con lo cerca que vivía Methild de aquella parte de la ciudad la quietud ya no era la norma. No tardaron en internarse por calles atestadas donde se veía obligada a agarrarse con fuerza a su amo para no perderse entre los empellones y atropellos de dragones con prisa, que apenas veían pasar a una esclava diminuta como ella. Aceptó la orden con cautela, levantando muy despacio la mirada.
            El puesto de joyas era un sueño, una maravilla lejana a su realidad. Sólo había podido apreciar aquellas piezas desde la lejanía, la pieza más cara que poseía su familia era el anillo de plata con el que su padre se había propuesto a su madre, una herencia vieja que habían tenido que ajustar al ancho de un dedo nuevo, por lo que tenía una fea marca en la parte de abajo. Aquellos anillos y piedras que ofrecía el tendero poco tendrían que envidiar a los que brillaban en el interior de la corte, sobre distinguidos cuellos y colgando de reales orejas.
            El zafiro que señalaba Methild tenía el tamaño de un meñique, tallado de forma alargada. Su centro, más oscuro, parecía beberse toda la luz para que la reflejaran sus bordes tallados. Era una pieza exquisita.
            —Señor… —Murmuró Dayanara, insegura. No era una pieza digna para una humana, mucho menos para una esclava. El halago se mezclaba con la extraña sensación de saber que no lo merecía en ninguno de los sentidos, y aún así una parte de ella ansiaba poseerlo—. S-si es vuestro deseo…
            Alzó el tono de voz, casi con temor a que alguien llegara a escuchar la codicia detrás de su lengua, el sonrojo de sentirse halagada por presentes dignos de una reina.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Methild el Lun Nov 05 2018, 11:00

Había algo en lo que Dayanara se equivocaba. Los humanos no carecían de interés para los dragones, por mucho que estos se negaran a reconocerlo. Para bien o para mal, los humanos ocupaban los puestos más deplorables de la sociedad: la mayoría de ellos cubrían la pobreza, la prostitución y la esclavitud. Además, eran mano de obra eficiente para muchos trabajos físicos y era mejor explotarlos a ellos que a una raza tan pura como los dragones.

Methild sonrió. Al final del día, él no tenía el derecho moral de hablar en nombre de los dragones porque, después de todo, no lo era realmente. Era un híbrido, y ese detalle era algo que no podía compartir con el resto del mundo. Ni siquiera con Dayanara.

Lo es —respondió con voz relativamente autoritaria; tono que no evitó que una sonrisa se dibujara en el rostro del híbrido mientras miraba a su hermana con gentileza y cariño. Más de lo que cabría esperar.

No tenía nada de malo sentirse halagada o agasajada por un bien material. Methild era un hombre que apreciaba lo que él consideraba "el legado". Cuando alguien deja el mundo, su recuerdo perdura en qué deja atrás. Quizá no todos lo vean así, y es respetable e igual de lícito que este pensamiento, pero un bien mantiene una relación con un ser querido y perdido. Nos permite recordar un evento en particular, o quizá muchos. Crea nostalgia, tristeza y añoranza en nosotros, pero también felicidad sabiendo que dichos tiempos fueron agradables.

Quizá Dayanara pudiera recordarlo así a él un día si le pasaba algo; o quizá él pudiera recuperar esta joya si Dayanara fallecía algún día antes que él, para recordarla.

Methild se percató de que se había perdido en sus pensamientos y tosió, mirando a su hermana con una ligera sonrisa. Después de haber adquirido el colgante, se acercó a la humana y asintió.

Date la vuelta. Deja que te lo ponga —murmuró mientras apartaba el cabello de Dayanara para descubrir su cuello y rodearlo con la cadena del colgante, la cual reposó en él sin peso aparente.

El híbrido asintió, sonrió y se perdió en los ojos de Dayanara. Hubo un breve silencio que le hizo pensar en lo hermosa que era aquella mujer, en lo bien que se sentía repentinamente estando allí con ella. Era como si el vacío que siempre había sentido... se llenara por un instante.

Estás preciosa. —Methild le hizo un gesto para que caminara a su lado y suspiró, exteriorizando el aire que había retenido en sus pulmones durante largo tiempo—. No has de seguir llamándome señor. ¿Por qué no pruebas a pronunciar mi nombre simplificado para vuestros oídos humanos?




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Dayanara el Vie Nov 09 2018, 16:50

            Aquella sonrisa ocultaba un autoritarismo que Dayanara no llegó a alcanzar. Se quedó un segundo, perdida, flotando en la primera sonrisa de Methild que no le parecía cruel ni manipuladora, el primer gesto natural, amable, que sentía que su amo dirigía a su persona en mucho tiempo. Se sonrojó notoriamente al darle la espalda y sentir el tacto caliente de sus dedos apartándole la melena a un lado. Un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal al sentir como el aire fresco de la época de lluvias le abrazaba la espalda, se frotaba contra la piel y le provocaba un picor agudo en la cicatriz de esclava que Methild le había regalado, justo en el omóplato.  

            Aquel regalo nunca se borraría de su ser. Ni siquiera aunque enarbolasen un cuchillo para arrancarle ese pedazo de piel y cambiar una cicatriz por otra, aunque lo cubriera con uno de esos elegantes tatuajes que a veces lucían humanos extranjeros, el dolor del hierro al blanco sobre la piel siempre estaría ahí. Ese sabor agrio flotando en el aire, el aroma de su propia carne siendo abrasada. Los gritos, tan viscerales que no podía reconocer su propia voz en ellos aunque salieran de su garganta.

            La cadena metálica estaba fría. Dayanara nunca había portado ninguna alhaja de semejante calibre, sus sencillas joyas se reducían a pequeños detalles que colgaban de tiras de cuero o hilo trenzado. La sensación firme y fría de las minúsculas anillas de metal que se movían juntas, como la cola escamada de un dragón, era extraña y reconfortante. La piedra preciosa parecía encajar a la perfección bajo el hueco donde convergían sus clavículas. Dayanara miraba la pieza, tan desconocida y fascinante sobre su pecho, sin percatarse de que Methild la miraba a ella del mismo modo.

            —N-no es mérito mío la belleza de las joyas —murmuró azorada, obligándose a levantar los ojos de su nueva y flamante adquisición. Miró a Methild con los ojos muy abiertos, sorprendida por sus deseos. Habría quien considerara aquello cercano a la herejía, ¡llamar a un dragón por su nombre! — Amo, no parece que sea lo más adecuado, n-ni lo más decoroso.




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Re: Same city, different faces [Methild]

Mensaje por Methild el Lun Nov 12 2018, 11:27

Methild sonrió, negando con la cabeza y alzando ambas manos.

No lo decía precisamente por la joya —confesó mientras se rascaba la nuca y se hacía de hombros—. Oh, vamos, ¿de veras? Yo escojo qué es lo más adecuado y lo más decoroso. Methild. Se pronuncia Methild. Creo que en tus labios sonará mejor que amo. ¿Por qué no me regalas una sonrisa, eh?

Posó sus dedos bajo el mentón de Dayanara y la hizo mirarlo a los ojos. Se perdió en los suyos, en aquel enorme mar, en el mero tacto de sus dedos sobre la piel de su hermana. Un escalofrío lo recorrió, haciendo que sintiera la piel tan fría como había sentido Dayanara el colgante.

Le hizo un gesto para que caminara a su lado y, en esta ocasión, tiró de la mano de la joven para hacer que se aferrara a su brazo. Methild observó el mundo a su alrededor mientras tomaban el camino hacia un puesto de prendas.

Vamos a conseguirte algunos ropajes. Verás que la libertad, para mí, es algo más alcanzable de lo que puedes imaginar. Mi interés en haberte tomado es... personal. No contigo, sino con qué ocultas. Si me dieras esa información... pero sé que lo harás con el tiempo. Al menos, puedo deleitarme en tu belleza ahora. Puedo vivir si me odias por ello.

Le sonrió y le guiñó un ojo. Luego, siguió avanzando hasta que se posicionaron frente a un nuevo puesto. Allí, Methild aguardó a que Dayanara dijera algo.




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Re: Same city, different faces [Methild]

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