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El día a día [Nanisha] [+18]

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El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Sáb Ago 18 2018, 15:10

El paso del tiempo había decidido muchas cosas. Entre éstas, se encontraba la relación de Ruven con su hermana Nyssa. Muchas eran las calamidades que había hecho pasar el inquisidor a la única persona viva, presente en su vida, que compartiera su sangre: maltratos físicos y psicológicos; permitir que otras personas, hombres y mujeres, consumieran su cuerpo en no tantas ocasiones; hacerle vivir en condiciones un tanto infrahumanas para un dragón.

Pese a todo, ella persistía con su cariño, con esos intentos de acercarse a él cuando dormía, de acariciar su rostro y pedirle que fuera él quien la dominara, quien dijera su nombre y dejara de detestarla tanto. Le pedía explicaciones, e intentaba, de manera fútil, cambiar el carácter de Ruven para con ella. Él solía reírse, entornar los ojos y, cuando se ponía demasiado pasada, sobrepasarse físicamente.

No había día en el que Ruven no se levantara sin mirarla con desprecio. Ahora que Aymel había entrado en su vida, esa condenada humana a la que había violado hacía no mucho tiempo y que le había creado una serie de dolores de cabeza que lo hacían detestarla tanto o más que a su hermana, Ruven se mostraba con peor carácter: se sobrepasaba más con la prostituta, Yanara, por la que pagaba para saciar su sed de maldad y, por ende, con su hermana.

Debía reconocer algo: si bien Nanisha no era una chica con la que se hubiese acostado anteriormente, pues siempre había denegado su petición de terminar el sufrimiento de sus violaciones con una por parte de su hermano, era bella, quizá tanto como él; era una chica de rostro muy característico, de pelo rubio y precioso, desaliñado pero pese a todo largo y sedoso, y de figura marcada, curvas desarrolladas y pecho alto.

Si bien no se había sobrepasado con ella anteriormente, sí que había cometido otra clase de atrocidades físicas con ella. Entre otras, estaba el hecho de haber buscado motivación en el pecho desnudo de su hermana al violar a Aymel, en la sala de torturas en la que recientemente había encerrado a la humana y a su hermana. Dicha sala de torturas estaba destinada a ser el lugar de ensueño para Ruven, pero una evidente pesadilla para Nanisha y muchas más de sus víctimas.

Pero todo ésto son detalles para ponerte en situación. La situación que nos concierne ahora empieza en el hogar de Ruven, un día cualquiera, después de su servicio nocturno en la Inquisición. Al llegar a casa, lo primero que hizo fue quitarse la armadura, dejarla en la estantería de su habitación, y luego desprenderse de la mayor parte del cuero que cubría su cuerpo, hasta quedarse en unos pantalones de lana marrones y una camisa blanca que se había ennegrecido por el paso del tiempo. El sudor cubría su cuerpo, pues pese a ser de noche, el metal resultaba extremadamente caluroso.

Encontró a Nanisha en el comedor, limpiando. Llevaba un vestido de tela negra que cubría lo justo y necesario: las cicatrices de sus piernas, de sus brazos, de su pecho y, en efecto, de su rostro, quedaban al descubierto en casa constantemente, como mero recordatorio de los muchos intentos de acercamiento con Ruven que él consideraba trastadas que merecían castigo.

Pasó por su lado, fijándose en su figura de mujer por un instante, y luego gruñó para sentarse en el sofá. Se desabrochó otro botón de la camisa y dejó escapar un suspiro mientras se desperezaba.

Haz menos ruido, imbécil. No quieras despertar al dragón.

Ruven la miró a los ojos, arqueando una ceja, y se levantó al ver que era incapaz de deshacerse de una mancha en el suelo. Le quitó el trapo y la empujó con mala gana para quitarla él mismo.

¿Ves? No es tan difícil. ¿Ni siquiera sirves para limpiar? Opto durante siglos por no pedirte que me caldees el lecho, y me lo pagas así. ¡Con todo lo que te he dado! Eres una desagradecida. Algún día, me matarás de un disgusto... o te mataré yo a ti. Haz las cosas bien, maldita sea.

Después de deshacerse de la mancha, le tiró el trapo encima y retomó su sitio en el asiento mientras cerraba los ojos por un momento para calmarse.


Última edición por Ruven el Vie Nov 02 2018, 13:16, editado 1 vez




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Sáb Ago 18 2018, 18:46

Era temprano. Aún no amanecía y ya podía sentirse la temperatura ascendiendo un poco más que al comienzo de la noche.
La enorme casa estaba casi vacía excepto por un pequeño cuerpo de cabellos rubios moviéndose ligeramente en la cama de una habitación en la segunda planta. Estaba cubierta por sábanas y apenas llevaba ropa. Abrió los ojos con parsimonia y se enderezó con lentitud. Estiró los brazos en un esfuerzo por despertarse por completo. Se había acostado apenas hacía un par de horas. Y ya tenía limpia la mayor parte de la casa. Sólo le faltaba preparar los alimentos y ordenar un poco el comedor.

Su hermano no tardaba en llegar. Y quería tener todo listo, por si se le antojaba comer algo. Después de todo, no sería la primera vez que la dejaba con la comida hecha alegando que seguramente estaba asquerosa. Sin embargo si no preparaba nada la golpeaba por floja.
Suspiró miserablemente y apartó las sábanas. Se puso en pie y buscó un vestido para cubrir su cuerpo. Tampoco es que tuviera mucho de dónde elegir. Ella misma se los había hecho. Y como todo dragón, al no poseer el don del arte se veían bien pero no extraordinarios. Eligió uno negro que combinaba con la oscuridad que había en su vida. Pero a pesar de eso resaltaba el color pálido de su piel y sus rubios cabellos. Realmente era hermosa.

Bajó a la primera planta con dirección a la cocina, se ató un delantal viejo y se puso manos a la obra. Pronto había dos ollas humeando y un olor a pollo y especias llenó el pequeño espacio. Se lavó las manos con cuidado, aún tenía cicatrices frescas en las muñecas, y se acercó a las ventanas para abrirlas en su totalidad.

El viento le dio en la cara. Cerró los ojos. El aire estaba calentándose. De repente se sintió invadida por el deseo de salir a volar. Pensó entonces en sus cicatrices. En su forma humana sanaban lento. Y las de su rostro y manos eran las que la detenían. Si alguien las veía harían preguntas. Y tal vez intentarían investigar y no podía permitirlo. Debía esperar a que desaparecieran para poder escapar un rato y dar una vuelta. Además ya casi se terminaba la despensa de la semana. Y no veía a su hermano yendo al mercado a hacer el mandado. Abrió los ojos y se permitió una suave risita al imaginarlo. Pequeñas cosas como esas animaban su día en medio de tanto maltrato.

Con la comida lista, sólo quedaba una cosa más por hacer. Se quitó el delantal dejándolo donde siempre; sobre la encimera, y dirigió sus pasos hacia el comedor y cogió un trapeador. Así la encontró Ruven un rato después. Ella lo había escuchado llegar pero había seguido con sus quehaceres, conciente que su hermano odiaba que fuera a buscarlo para recibirle. Ya lo conocía tan bien. Tantos siglos junto a él y podía hasta descubrir que iba a decir con sólo verlo. Por desgracia no había logrado que él la quisiera ni un poco en todos esos años.

Y ahí estaba. El mismo gruñido de siempre. Al parecer estaba de mal humor, para variar, y quería desquitarse con ella. Ni hacía falta la advertencia pues ya lo sabía. Alzó la cabeza para disculparse y se encontró con sus ojos.
— Lo siento, hermano. No quería...— tragó saliva y se detuvo en seco al ver al dragón levantarse y quitarle el trapo. Eso no podía significar nada bueno. Su cuerpo empezó a temblar ligeramente pero trató de calmarlo abrazándose a sí misma.

Le escuchó despotricar contra ella en silencio y con la mirada baja. Contestarle e intentar defenderse no era una opción. Terminaría por enojarle más, eso ya lo había experimentado.
El trapeador la tomó por sorpresa, en vez de recibirlo con sus manos chocó contra su pecho y cayó al suelo haciendo un ruido molesto. Alarmada se lanzó rápidamente al suelo para recogerlo mientras miraba preocupada a Ruven. Parecía estar tratando de no explotar. No quería tentar demasiado a su suerte, así que se disculpó de nuevo y huyó a la cocina. Otra vez tenía miedo.
No lo había visto por horas y lo extrañaba. Quería ir a su lado y hablarle. Preguntarle cómo le había ido. Pero Rubén odiaba que ella le buscara conversación. Caminó hacia la ventana y dejó que el aire tibio le acariciara el rostro.

¿Qué podía hacer? Le había echado un vistazo mientras emprendía la huida y su corazón estaba cómo loco. El sudor hacía que la camisa se le pegara al cuerpo. Suspiró desanimada. Se veía tan condenamente sexy así y ella no podía ni siquiera quedarse cerca para deleitarse con la vista.
Lo único que podía hacer ahora era esperar. Si tenía hambre escucharía sus gritos ordenando que le llevara comida. Si quería bañarse mandaría que le preparara el agua de  la tina de madera. Si quería dormir se iría el solito para su habitación.
Así que sólo cerró los ojos, apoyó las manos en la encimera y esperó.
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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Sáb Ago 18 2018, 20:43

A veces, el silencio es la mejor de las respuestas. Para Nanisha, y para cualquier persona que se encontrara en tan desdichada situación, era una verdad se viera por donde se viera. No responder con furia, no alimentar el odio de Ruven, calmaba en ocasiones sus sentidos; eso cuando no se quería desfogar golpeando a su hermana o viendo cómo otras personas lo hacían de otras maneras más íntimas. Para Ruven, la intimidad no existía con su hermana: se contoneaba desnudo por casa cuando le daba la gana, y obligaba a Nanisha a hacerlo cuando así lo deseaba.

Con ése gruñido persistente que dejaba escapar, Ruven se balanceó en el sofá y meneó una de las piernas. Miró fijamente a Nanisha cuando se retiró y sonrió por lo bajo. Le gustaba verla sometida, obediente y dominada. Con el tiempo, le había perdido el gusto a que otras personas se apoderaran físicamente de ella; era una práctica que, poco a poco, había desaparecido y, aunque aún a día de hoy hacía que sucediera de vez en cuando, empezaba a quedarse en el olvido. Ruven se centraba en Nanisha de otras maneras.

El dragón abrió de repente los ojos, se puso en pie y se acarició el crujiente vientre que lo había despertado de su ensueño. Tomando aire, vociferó:

¡Nanisha! ¡Ven a traer la comida!

Esperó de brazos cruzados a que su hermana volviera. Arqueó una ceja mientras la observaba moverse en silencio. A veces, el silencio también resultaba ensordecedor y no era la mejor respuesta. Por un momento, el joven dragón arqueó una ceja y se fijó en la chica, que se movía de un lado a otro, yendo y viniendo para traer los cubiertos, los trapos y el plato.

Para ti también trae la comida. Hoy no te daré de comer estando encerrada en la sala de torturas. Hoy, comemos en familia.

Sonrió, sintiéndose poderoso... como siempre. Ése era uno de los motivos más importantes por los que Ruven se propasaba con Nanisha: porque le recordaba que era superior.

Trae incienso. Y el retrato de la Diosa.

La Diosa era la Reina Madre. Ruven no sólo era el dragón más leal a la Reina Madre, sino que creía en ella como lo haría en una Diosa. La casa estaba repleta de incienso, de luces que alumbraban la oscuridad de la poca luz que entraba de la calle y, por todas partes, había símbolos religiosos: collares, anillos, retratos de la Diosa en cada sala, libros que hablaban de ella, ... Todo tipo de presencia de ésa mujer, divina a ojos de Ruven, se encontraba en cada centímetro del hogar.

Ruven se sentó enfrente de su plato y esperó pacientemente a que Nanisha terminara. Cuando por fin llegó, la miró mal, le arreó un guantazo y retomó su sitio frente a su hermana, quien se había sentado en el sofá de enfrente.

Eso por tardar tanto. Tienes suerte de que no quiera darte otro por no sentarte directamente a mi lado. ¿Qué pasa, que después de todos éstos siglos me tienes miedo? Siéntate aquí ahora mismo. —Esperó a que lo hiciera y tiró de su pelo para que se diera prisa—. Empieza a comer. Y dame a mí de comer. Si se te cae algo, te tiraré el plato encima y tiraré el tuyo al suelo para que lo recojas. —Ruven esperó a que obedeciera y suspiró—. No entiendo por qué me das tantos problemas... Tú y ésa furcia humana. ¿La recuerdas? La que me traje a la sala de torturas. Ésa, Aymel. Sí, la que violé enfrente de ti. La mujer que violé descubriendo uno de tus pechos y tocándote. ¿Piensas que soy un degenerado? ¿Opinas que soy un depravado? Por lo menos, nunca te he violado. Créeme, es algo que no querrías, por mucho que lo hayas implorado. No puedo violarte... porque no eres digna. ¿Y sabes por qué? Porque no tienes ninguna clase de parecido... con ella. —Le puso el retrato de la Reina Madre enfrente de los ojos—. Sólo ella tiene toda mi lealtad. Sólo esta mujer se ha ganado mi amor incondicional. Siquiera mirarla es para mí un milagro, un motivo de dicha. ¿Y tú? ¿Crees que te pareces en lo más mínimo? —Tiró de su prenda hacia abajo para descubrir uno de sus pechos desnudos—. El tamaño no juega ninguna función, hermana. Jamás podrías parecerte siquiera un poco a la Diosa. La vida... es el don de la Diosa. Algún día, igual que todos los que creemos en ella, lo obtendremos.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Dom Ago 19 2018, 00:38

Los rugidos del dragón hicieron que abriera los ojos de golpe y se pusiera en marcha. Ya estaba preparada. Mecánicamente fue hacia las ollas para servir los platos. Los dejó en la encimera mientras llevaba cubiertos y servilletas de tela hacia la sala.

Mientras atravesaba el comedor podía ver a su hermano. Tenía una expresión de fastidio pero no parecía estar particularmente furioso. Lo cual pudo confirmar con su siguiente orden. Le permitiría comer con él. Menudo lujo y no de todos los días. Una pizca de alegría se asentó en su pecho. Pero no podía dejar de estar alerta y sabía que si mostraba una señal de dicha, ésta sería aplastada de la peor manera. Con Ruven nunca se podía dar algo por sentado. Podía cambiar de opinión de un momento a otro.

Depositó las cosas en la mesa de centro, acercando un poco ésta hacia el sofá. Y luego volvió a la cocina para traer los platos. Regresó a la sala con la mayor rapidez que le permitían sus pequeños pies y colocó ambos platos en la mesa. No había terminado de sentarse cuando fue dada la siguiente orden. Incienso y la Diosa. También estaba preparada para eso. El amor de su hermano por la Reina era tan grande que estaba plasmado en cada rincón de la casa. Cuadros con su imagen llenaban cada espacio de las paredes. Nanisha era fiel a la Reina y también la adoraba pero no podía evitar sentir cierta envidia. Si tan sólo su hermano la quisiera una millonésima parte de lo que quería a su Diosa, sin duda sería feliz.

Abrió las ventanas de la sala para que el humo se esparciera por allí. Y luego de depositar el retrato de la Diosa en el altar más cercano, esparció el incienso con la mayor solemnidad posible para después dirigirse al otro sofá. No se salvó de un buen golpe, por supuesto. Con la mano en la mejilla magullada se levantó y se acomodó cerca a Ruven. Ni tan cerca ni tan lejos. No quería otro golpe. No le había dolido tanto como otros, pero no se le antojaba más de esos.
Sintió el tirón en sus cabellos y contuvo un gemido. Eso sí dolía. Empezaba a picarle la piel conforme el dragón apretaba el agarre pero la liberó. No por mucho tiempo si no se daba prisa en cumplir sus mandatos.

Sus manos se dirigieron a los platos. Primero al de Ruven con la intención de darle de comer pero él continuaba con sus imprecaciones contra ella y la tal Aymel. Y claro, por otro lado estaban sus halagos a la Reina. Los ojos le brillaban cuando hablaba de ella.

— Sé bien que no soy digna. Y jamás intentaría compararme con la Diosa. No hay nadie como ella.

Las palabras salieron de su boca antes de poder retenerlas. Pero no habían sido dichas con odio sino con un amargo tono de derrota. ¿Y cómo no sentirse una perdedora con la imagen de la Reina frente a su cara? Ella era hermosa, poderosa, la más fuerte de todos los dragones.

Ruven descubrió uno de sus pechos sin ningún cuidado, pudo sentir un leve rasguño cerca a su pezón pero no se quejó. Eso no dolía tanto. Las palabras sí. Pero sólo se mordió los labios y aguantó las ganas de llorar. Como siempre, su hermano le recordaba lo insignificante que era y la humillaba.
Las lágrimas se agolpaban en sus ojos pero se obligó a no llorar. No aún. Sólo demostraría cuán débil era. Y él la detestaría más, si eso era posible.

Asió el mango de la cuchara con una mano y la hundió en el plato. Luego se giró hacia Ruven para empezar con su tarea. Intercalando entre él y ella misma. Iba a la mitad de ambos platos cuando recordó que no había puesto nada para beber.
Dejó los cubiertos sobre los platos, y usó una de las servilletas para limpiar con suavidad los restos de comida de la comisura de los labios de Ruven.

— Traeré un poco de agua de frutas. Perdóname, no sé cómo lo olvidé. Soy una tonta.— bajó la mirada y de verdad lucía agobiada. Había dejado la jarra con el fresco líquido en la encimera. Sólo tenía que ir por ella. Seguramente se ganaría un golpe por su error pero ya estaba hecho.

Se levantó y se dirigió a la cocina, para luego volver con la jarra y un par de manzanas.
Sólo tenía que servir el agua pero había otro problema.

—Los vasos...— lentamente giró hacia Ruven. Enfocó rápidamente sus orbes color miel en la sombría figura de su hermano. Para ese tiempo seguro que Ruven estaba al borde de perder la paciencia.

Su cuerpo empezó a temblar y trató de huir a la cocina por los vasos pero tropezó con una de las patas de la mesa y fue a parar sobre el cuerpo del dragón, con jarra y manzanas incluidos. Ahora sí la había armado. En menudo lío estaba metida.
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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Dom Ago 19 2018, 17:19

Llorar. Llorar era para fracasados, para seres débiles. En ocasiones, Nanisha no había podido retener las lágrimas y se había dejado llevar por los sentimientos enfrente de Ruven. Eso había conllevado más maltratos, más golpes, más pérdidas de respeto por parte del joven dragón. Lo que hoy hacía con ella lo consideraba un día "tranquilo". De haber venido malhumorado a casa, Nanisha no habría comido en una semana, se habría quedado encerrada en la sala de tortura, que se asemejaba a un calabozo, y quizá habría recibido alguna clase de visita. Por eso, a ojos de Ruven, no tenía derecho a llorar. Ni ahora, ni nunca.

Satisfecho por su propia observación acerca de su error, Ruven asintió sin mediar palabra y cerró los ojos, sintiéndose bien en su propio hogar. Eso era lo menos que se le podía pedir a una hermana que no había hecho nada por él en todos éstos siglos de existencia, ¿no es así?

Quizá por eso no la golpeó. Al menos, no todavía. Ruven aguardó pacientemente a que Nanisha volviera con las bebidas. Al mirarla, arqueó peligrosamente una ceja: ¿dónde había metido los vasos? ¿Se los había escondido entre pecho y pecho? Desde luego que tenía sitio para hacerlo, pensó Ruven divirtiéndose él mismo en su mente. Como decía anteriormente, Nanisha podía ser muchas cosas y pocas de ellas buenas, pero contaba con un cuerpo que miles, millones de mujeres, envidiarían. Un cuerpo que él no deseaba.

Todavía.

Entonces, antes de darse cuenta, Ruven se encontró con Nanisha encima suyo, habiendo derramado el contenido de la jarra y además ofreciéndole... ¿manzanas? El dragón se rió para sus adentros, a pesar de que estalló por fuera. De inmediato la empujó para que se apartara, intentó limpiarse el líquido que se escurría por la camisa sudada y por el resto de su cuerpo, y apretó los dientes, colocándose sobre ella en el sofá para tirar de su pelo y golpearla.

¡¿Es que te has vuelto loca?! ¡¿Cómo te atreves?! ¡Más te vale recogerlo todo! ¡Te has quedado sin comida por hoy, y para toda la semana! ¡Límpialo, termina de darme de comer y, después, prepara la bañera! ¡Vas a arreglar este estropicio o te juro que te mataré! ¿Me oyes?

Se detuvo en ese instante, dándose cuenta de que le había dejado la mejilla colorada y de que un poco de sangre caía de su labio. Ruven apretó los dientes y tocó su pecho con la mano abierta para estrujar, con demasiada fuerza, quizá haciéndole daño. Después del pellizco, se apartó y miró a Nanisha. Si quería no salir escaldada, o más de la cuenta, tendría que darse prisa.

Lejos de calmarse, Ruven se impacientó aún más. Se puso en pie en cierto momento y tiró de su ropa para desgarrarla. El único vestido que le había comprado se destrozó y, de pronto, Nanisha se encontraba completamente desnuda a sus ojos. Aún estaba cubierta por un poco de tela, pero en ninguna de sus zonas íntimas.

¡Vamos, dame de comer ya! Recogerás ésto más tarde. Quiero saciar mi apetito ahora mismo; ¡y también quiero que hagas lo que esté en tu mano para que te perdone! Ése baño acompañado de un masaje quizá sea la solución. ¡Sé creativa!

La miró apretando los dientes. Los "masajes" manuales no eran algo raro entre ellos. En más de una ocasión, Ruven había obligado a su hermana a satisfacer sus necesidades sexuales sólo con la mano. Hasta ahora, no había llegado más lejos que éso. Si bien nunca se había acostado con ella, ésta barrera en particular la había traspasado con anterioridad. Lo consideraba un simple masaje de hermanos. Era algo que él nunca le había ofrecido a Nanisha, porque entonces no sufriría tanto.

Ruven esperó hasta que, finalmente, se dirigió hacia la bañera, tirando del pelo de Nanisha.

Gánate el perdón. —Su voz era seria, y muy peligrosa; Ruven la empujó dentro del cuarto de baño, cerró la puerta y avanzó hacia ella—. Ahora.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Lun Ago 20 2018, 18:42

Torpe. Realmente lo era. Tonta y torpe. Y estaba loca. Sí, claro que lo estaba.

Cerró los ojos con fuerza y se preparó mentalmente para la golpiza. Definitivamente esta vez no se salvaría. Su hermano no la decepcionó. La atrapó con su cuerpo y empezó a darle con el puño cerrado.

Dolía. Percibió el sabor metálico de su propia sangre, le había roto el labio. Las ganas de llorar subieron por su garganta con rapidez y le impedían responder. Si intentaba decir algo seguro que se echaría a llorar.
Pero Ruven se detuvo sin previo aviso, después de gritar una orden detrás de otra.

Limpiar. Comida. Bañera.

De verdad se había vuelto loca para provocar la ira del dragón una vez más.
Aún estaba incorporándose cuando sintió la fuerte presión en uno de sus pechos. La expresión de dolor en su rostro fue evidente; y ahora sí, se le escaparon las lágrimas y un suave gemido.

Pero no había tiempo para compadecerse o le podía ir peor. Se  limpió la cara con una mano y se levantó. Empezó a recoger el revoltijo que había ocasionado, con mucha prisa. Sin embargo, una vez más, Rubén la sorprendió volviendo a atacarla, concretamente a su vestido, el cual terminó hecho jirones revelando todas sus formas de mujer.

Quedar desnuda ante los ojos de su hermano no le causaba ninguna vergüenza. Sabía que él no la deseaba. La acción era producto de su desprecio y tenía como objetivo humillarla o causarle dolor. El único vestido que él se había dignado en regalarle estaba ahora inservible. No podría arreglarlo con sus rústicas habilidades de costura. Volvieron a caer lágrimas de sus ojos.

Dejó lo que estaba haciendo y se dispuso a darle de comer. Tal y como acababa de ordenar.

Ruven era tan difícil de complacer. Le daba múltiples órdenes casi al mismo tiempo y era tan difícil para Nanisha decidir cuál cumplir primero, porque luego a él se le antojaba que hiciera otra. Y se enojaba más. Eso la desesperaba. ¡Ella quería complacerlo!
Pero le salía mal. No como quería. Nada salía como quería.

¿Masaje? ¿Ruven había dicho masaje?
Abrió los ojos como platos, sin terminar de creer lo que había escuchado. Pero de verdad lo había oído bien.

Increíble. Había hecho todo un desastre pero la iba a premiar dejando que lo tocara. La tristeza se evaporó como por arte de magia y sus orbes de color miel adquirieron un nuevo brillo. Ya le había hecho esas sesiones antes. Pero habían sido muy pocas. Demasiado escasas para su gusto.

Con renovado entusiasmo terminó de darle la última cucharada y se preparó para ir al baño a preparar el agua. Pero no debió hacerlo con la rapidez que deseaba su hermano porque pronto reconoció el dolor del tirón en los cabellos. Entrecerró los ojos por el dolor y se dejó arrastrar hasta el baño. Felizmente había un baño en la primera planta, así que su martirio terminó pronto. Y con la perspectiva de lo que seguía, el dolor casi no se sentía.

El brusco sonido de la puerta cerrándose de golpe la sacó de su ensoñación. Y ahí estaba él. De pie, a escasos centímetros de ella, esperando. Exigiendo, como siempre.

Estaba tan guapo. La camisa mojada se había adherido a su torso. E incluso los pantalones habían sido alcanzados por el líquido. Se mordió los labios con cierta frustración.

¡Rayos! Deseaba mucho a ese dragón.

No había tiempo que perder. Intentaría hacer las cosas bien esta vez. Después de todo, era su oportunidad de ganarse el perdón. Él mismo lo había dicho.

Se acercó al dragón y terminó de desabotonar por completo la camisa.  Pero tuvo que ponerse de puntillas para alcanzar los bordes del cuello de la camisa y tirar hacia los costados para quitarla. Ruven la dejó hacer y eso la alentó.

Tenía su permiso. Era grandioso. Pero debía tener cuidado de demostrar su entusiasmo, su hermano odiaba verla disfrutar. Él se alimentaba de su sufrimiento.

Bajó la cabeza ligeramente para ocultar sus ojos. El brillo en estos podía delatarla.

Paseó las yemas de sus dedos por todo el torso del dragón, haciendo ligera presión sobre la húmeda y pegajosa piel. Continuó con los hombros, bajando por los brazos, presionando aquí y allá con suavidad, relajando la tensión de sus músculos.

Se le escapó un suspiro embobado. Ruven tenía el cuerpo delgado pero fibroso. En pocas palabras, perfecto a los ojos de Nanisha.

Pronto centró su atención en el pantalón. Con manos ansiosas aflojó los cordones que lo sujetaba y tiró hacia abajo con un poco de prisa.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez.

— Oh vaya...

El pantalón había quedado a mitad de los muslos del dragón mientras la rubia observaba ensimismada lo que había liberado. No había más ropa debajo.

Tragó saliva y obligó a sus manos a seguir moviéndose hacia abajo para terminar de quitar la prenda. Tuvo que ponerse de cuclillas para sacarlo. Una vez hecho, alzó la cabeza y centró su mirada embelesada en la virilidad del dragón.

Alzó una mano con una clara intención. Quería mirarlo más de cerca. Quería tocarlo. Quería...

Una mano se cerró alrededor de su muñeca con una fuerza sobrehumana, y la lanzó contra un estante, antes de lograr su cometido.

El ruido de las cosas cayendo y rompiéndose inundó la habitación. Jabón, aceites y perfumes de baño cayeron sobre el pequeño cuerpo de la rubia. Y el estante bailó tras ella a punto de venirse abajo. Si caía, le rompería algunas costillas.


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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Lun Ago 20 2018, 23:59

Era consciente de que Nanisha lo deseaba. Quizá no sabía hasta qué límites ésto llegaba, pues no parecía sentirse demasiado mirado por su hermana al entrar en ese cuarto de baño. De haber sabido qué pasaba por la cabeza de Nanisha, Ruven podría haberse sentido disgustado y asqueado, o querido, o simplemente confuso. Ruven era un claro desastre y nunca sabías por dónde saldría. Si los demás no lo saben, ¿por qué lo voy a saber yo?

Las manos de la dragona rubia recorrieron su cuerpo, sus prendas; lo desnudaron poco a poco, llegando finalmente a su pantalón, del cual tiró hacia abajo para liberar la que quizá era la mayor contundencia de su cuerpo. Ruven arqueó una ceja al observar a su hermana, viendo cómo su propia masculinidad cubría parte de su rostro desde el ángulo en el que se hallaba. Una pícara sonrisa se dibujó en sus rostros mientras la invitaba a más.

Un escalofrío recorrió su piel; un cosquilleo peligró con obligarle a empujar su cadera para permitirle mayor acceso a Nanisha, quizá más allá de un masaje. Finalmente, al ver que acercaba la mano, Ruven se decantó por otra cosa. Algo que le provocaba mucho mayor placer que cualquier orgasmo posible: el sufrimiento ajeno. El sufrimiento de su querida hermana.

Tiró de su muñeca y la empujó contra el estante. Efectivamente, Ruven se quedó desnudo tal y donde estaba, permitiendo que el estante se viniera abajo y que magullara el cuerpo desnudo de la rubia, rompiendo además algún que otro hueso según lo que pudo oír. Para los dragones, la regeneración era muy rápida: los huesos quizá tardarían uno o dos días en sanar, pero la sangre desaparecería en cuestión de minutos.

El dragón rió mientras caminaba hacia su hermana y la miraba desde arriba. Sabía que propasarse sexualmente sólo provocaría placer en ésa alimaña, por lo que optó algo mucho más sano: tirar de su pelo para obligarla a levantarse y arrearle un guantazo antes de estirar el brazo y apoyarse para entrar en la bañera con Nanisha.

Eres demasiado ingenua. Muestras tus deseos, y no complaces mi necesidad de hacerte daño. Si disfrutas con mis torturas, tengo que cambiar de táctica y, por eso, no sirve de nada obligarte a masajear mi masculinidad. Da lo mismo. Espero que esos huesos te estén quebrando por dentro, porque vas a tener que lavarte y lavarme a mí pese a todo. Y no se te ocurra escurrirme la entrepierna hasta hacerme terminar sobre ti, o haré que te tragues el jabón. No sé siquiera si realmente es tóxico para dragones.

Riendo, Ruven se recostó en la bañera. Sostenía los glúteos de su hermana entre sus manos y la obligó a sentarse a horcajadas suya, peligrando por un instante imperar en lo que anteriormente otras personas habían entrado. La miró con aire pícaro, la empujó al poner las manos sobre sus pechos y se separó por completo para apoyar el codo en el brazal de la bañera y esperar a que lo enjabonara.

Háblame de algo. Cuéntame lo que sea. Evita que me aburra o pasarás la noche tragando estiércol.

Las amenazas de Ruven solían cumplirse. Divertido, el dragón observó el cuerpo desnudo de su hermana, mojado por el agua, corroído por las heridas. Sus senos danzaban alegremente con cada paso que daba, y su piel, blanca como la nieve, brillaba incluso en lo más bajo de su espalda. Al darle la espalda, Ruven pudo perder sus ojos en los glúteos de Nanisha.

Cuanto más lo pensaba, más lo reconocía: era increíblemente bella.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Mar Ago 21 2018, 23:20

 El crujido de sus costillas quebrándose pareció escucharse por sobre el ruido del estante cayendo hasta el suelo.
Menudo revoltijo había ahora en el baño. Piezas de vidrio, madera, líquidos y aceites se extendieron por el suelo. Y claro, el cuerpo lastimado de la pequeña rubia había quedado atrapado bajo el estante.

Y si por algún fragmento de segundo había creído que Ruven la ayudaría pronto esa esperanza fue aplastada.

El dragón la sacó de allí tirando con fuerza de sus cabellos para obligarla a incorporarse y caminar hacia donde él quería. Ella lo siguió como pudo para evitar que le arrancara el cuero cabelludo.

Estaba confundida. ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué? ¿Por qué Ruven era tan voluble?

Su hermano ni siquiera mostró un ápice de preocupación por ella. Y en vez de tratarla con delicadeza la metió en la bañera bruscamente. Gracias a eso se le incrustaron trozos de cristal en la piel y el par de costillas que se habían roto estaban atravesando tejidos. Podía saber eso sólo por el gran dolor que estaba sintiendo. Las lágrimas bañaban su rostro.
Sólo esperaba que no hubieran perforado el pulmón o estaba condenada.
En su forma humana las lesiones graves no sanaban tan rápido y podría morir.

Mientras su hermano le hablaba pudo descubrir qué había pasado. Él la había descubierto. Había logrado ver que lo estaba disfrutando y claro, había reaccionado apartándola sin ningún cuidado.

— Lo siento tanto. Es mi culpa. Es todo mi culpa. Soy una torpe. No sirvo para nada.— se lamentó. Su voz sonaba débil y triste. Estaba sentada sobre su hermano con la cabeza baja. Su mejilla debía estar roja por el guantazo pero además tenía el rostro cubierto de lágrimas y no quería que él la viera así. Luchó con todas sus fuerzas para girar y darle la espalda. Acción que esperaba no agravará más sus lesiones.

—  Yo...— trató de pensar algo. Cualquier novedad que hubiera llegado a ella con la red. Pero no podía pensar con el dolor. Alzó la mano y sujetó una esponja. La cubrió de jabón y empezó a tallar la piel de las piernas del dragón con ella.—Escuché que pronto...— se tomó una pausa para inspirar. Se estaba dando cuenta que tenía un poco de dificultad para respirar.— habría una boda entre dos dragones.

Ni bien  terminó de hablar se dio un golpe mentalmente. ¿Boda? ¿Cómo podía pensar que eso iba a interesar al dragón? ¿Y por qué había tenido que especificar que eran dos dragones? ¿Acaso no sabía que Ruven no reconocía a ninguna otra raza?
Dejó salir un gemido de dolor y de frustración. No solía reunirse con nadie. Y cuando salía sólo iba al mercado o a las afueras de la ciudad para convertirse. ¿Cómo se iba a enterar de algo de esa forma?

El ejercicio de su mano y la posición de su cuerpo sólo estaban empeorando el dolor. Al parecer esta vez había sido grave. Si tan sólo el estante no hubiera caído.

Poco a poco dejó de moverse hasta que la mano que sostenía la esponja quedó inmóvil y la otra seguía apoyada sobre el borde de la bañera.

— Necesito... transformarme.— dijo al fin. Se sentía realmente mal. No era como siempre. Esta vez ni siquiera había sido su hermano el culpable. Había sido un accidente causado por ella misma. Esperaba que Ruven no la dejará morir, aún cuando muchas veces la había amenazado con eso.—Por favor.—suplicó angustiada.— Castígame cuando haya sanado. ¡Por favor!
No quería morir. Quería estar con Ruven por siempre. Pero sentía que le dolía mucho. Si la llevaba a un lugar donde pudiera transformarse sanaría enseguida.

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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Miér Ago 22 2018, 14:31

Una boda. Ruven sonrió por lo bajo. Quizá Nanisha no sabía despertar interés por parte de Ruven, pero al menos le hacía gracia. Dejó que lo enjabonara, que recorriera cada centímetro de su cuerpo con el gel, con las manos temblorosas y ensangrentadas. El dragón cerró los ojos por un instante, permitiendo que la paz acariciara su pecho delicadamente para calmar cada uno de sus sentidos.

Poco a poco, el movimiento de la mano de Nanisha se detuvo; ese mismo movimiento que podría haber recorrido su masculinidad si las cosas en este mundo fueren más coherentes bajo su punto de vista. Arqueó una ceja y abrió los ojos para mirarla mientras se paraba a pensar en lo mucho que odiaba a ese ser. Quizá era hermosa, quizá Nanisha poseía uno de los mejores cuerpos con los que se había encontrado, pero la detestaba. Jamás podría acostarse con alguien así.

Transformarse. Ruven empezó a reírse, mirándola como si acabase de soltar un buen chiste. Dejó que pasaran unos instantes hasta que se dio cuenta de que Nanisha no se reía, y lo miraba con lágrimas en los ojos. Una mueca de asco se dibujó en el rostro del dragón, quien se fijó en su atribuido cuerpo, adolorido y en estado crítico. El dragón resopló, dejó que pasaran unos segundos de puro silencio y, finalmente, tiró de su hermana para que se pusiera en pie.

"Necesito transformarme, necesito transformarme..." ¡Siempre tienes algo! ¡Eres un grano en el culo! Muy bien, dejaré que te transformes. Después, te castigaré como tú misma lo has dicho. Incluso voy a dejar que escojas método de tortura. ¡Vamos, dime algo! ¡Alguna buena idea! ¿Cómo te gustaría sufrir?

Salieron completamente desnudos del cuarto de baño para meterse en la sala de torturas, la más espaciosa de toda la casa; la única donde había escasa presencia religiosa, más allá de un cuadro o de unas velas. Ruven tiró a Nanisha allí dentro, la encadenó y luego se cruzó de brazos.

Adelante. Transfórmate. Te diré lo mismo de siempre: intenta algo y te arrancaré la lengua con mis propias manos.

Ambos sabían dos cosas: que Nanisha no podría contra Ruven en un duelo singular, y que no tenía motivos para querer hacerle daño. Pese a que sufría mucho con él, lo amaba perdidamente. Si lo perdía, lo perdería todo.

Bajó la mirada para mirar su intimidad y resopló. Se le había bajado la erección.

Date... prisa.

Apretó los puños cuanto pudo y le tiró una cadena, aún en su cuerpo humano, creando una marca de color rojo que casi le rompió el hombro. Ruven miró a los ojos de su hermana y se hizo de hombros. Ya que iba a transformarse para sanar por completo, aprovechaba un poco más.

Entonces, la sala tembló.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Vie Ago 24 2018, 22:46

El sótano era como una caverna. Profunda y muy espaciosa. Lo suficiente para abarcar el cuerpo de un dragón en su verdadera forma.

Estaba creado para satisfacer los deseos de Ruven. Había distintos instrumentos y muebles con un solo fin. La tortura. La víctima era casi exclusivamente la dragona. Pero unas pocas veces, Rubén llevaba a otras para entretenerse.

Nanisha había sido literalmente arrastrada escaleras abajo hacia el sótano. Estaba herida de gravedad y el titánico esfuerzo de caminar a la par de su hermano la habían dejado muy débil. Sentía que iba a desmayarse en cualquier momento.

Ruven estaba furioso. Podía verlo, y sentirlo en su propia carne. La había encadenado y le había propinado un salvaje golpe en el hombro.

Se sentía muy débil y casi no podía respirar. Tenía que hacerlo ya.

Cerró los ojos y dio paso a su forma draconiana. Las cadenas se rompieron y el suelo tembló.
Un dragón violeta enorme había aparecido en lugar del pequeño cuerpo.

Rápidamente pudo sentir cómo todos sus órganos internos volvían a regenerarse. El aire entró con facilidad e inspiró profundo sintiendo el dolor muy lejano. Todas las heridas superficiales desaparecieron también.

Habría deseado mantenerse así por más tiempo. Ojalá pudiera hacerlo.
Pero su hermano estaba ahí. Esperando.

Abrió los ojos y lo miró. Se le notaba impaciente y de muy mal humor.
Al parecer, le tocaría una sesión de horrible sufrimiento una vez más. Se estremeció visiblemente aterrada.

No quería volver a sentir dolor tan pronto. Y sin embargo, había sido su propia idea que le castigase.

Podría dilatar el tiempo pero no serviría de mucho. Hasta podría empeorar las cosas. Eventualmente se vería forzada a cambiar de cuerpo y él estaría tan furioso que querría matarla.

Con triste resignación, regresó a su forma humana. Apareció desnuda y sin ninguna marca en su pálida piel.

Recorrió rápidamente la sala buscando algo que pudiera complacer a su hermano pero donde no pudiera herirla de gravedad.
Luego de unos segundos exhaló con impotencia. Todo allí estaba destinado a hacer el mayor daño posible.

Caminó, desnuda como estaba, hasta una viga de madera que tenía dos cadenas colgando hacia abajo y que terminaban en dos aros de acero.

Suspiró miserablemente antes de acomodarse bajo la viga. Alzó los brazos y cerró los grilletes sobre sus muñecas.
Y quedó allí, de pie y de espadas a Ruven, lista para recibir latigazos o lo que sea que quisiera el voluble dragón.

— Puedes empezar, hermano.

Todo su cuerpo estaba temblando de la anticipación. Porque había estado en esa posición antes y no había sido nada agradable. Trató de no mirar las fustas, cadenas y látigos de cuero que estaban pulcramente ordenados a un costado.
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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Vie Ago 31 2018, 15:53

Como en su forma humana, Nanisha era bella en su verdadera piel: la dragona que se hallaba ante él parecía mucho más fiera y orgullosa de lo que su hermana daba a entender con sus llantos, sus lamentaciones y sus miradas. Ruven arqueó una ceja mientras esperaba impacientemente en silencio, cruzado de brazos, tocando uno de ellos con el índice derecho. Por supuesto, Nanisha pagaría por su afrenta, pero sabía la importancia de verla regenerarse. Había daños incurables, y Ruven tenía una lista con varios que no quería que Nanisha sufriera por motivos personales.

Después de unos instantes que para él se asemejaron a una eternidad, Nanisha volvió a su forma humana, enteramente desnuda para él. El dragón sonrió por lo bajo, perdiendo su mirada una vez más en su precioso cuerpo. Pese a que no existía deseo sexual por parte de Ruven, más allá de unas necesidades que se aseguraba de que otras mujeres respetaran, o la propia Nanisha cubriera de vez en cuando con su mano.

Podía contar durante toda una eternidad la de veces que Nanisha le había pedido entre gemidos, gritos y sexo, que fuera él quien la violara, no otras personas. Ruven siempre había observado, divertido, y negado con la cabeza, acariciando su cuerpo, estimulando sus senos con la mano o compartiendo esa misma habitación con otra mujer a la que dominaba sin piedad. Sin embargo, las veces que Nanisha le había pedido que la torturara no eran tan numerosas. Eso sí: Ruven sabía que Nanisha prefería sentir dolor en sus manos que en la de alguien más.

Jamás entendería cómo se mostraba tan fiel con una criatura tan vil y despiadada como él. ¿De dónde venía tanta lealtad? Ruven se sentía, en ese aspecto, completamente orgulloso de ella. Ni siquiera una persona tan insoportable como Aymel podría robarle eso a su hermana. En ocasiones, Ruven premiaba dicha lealtad con la posibilidad, como decía anteriormente, de tocarlo hasta hacerle explotar en su mano o en cualquier zona del cuerpo que ella escogiera. Eso había sucedido muy, muy contadas veces.

El dragón sonrió, posicionándose detrás de su hermana después de que ella misma se encerrara y le diera la espalda. Paseó los dedos por su cabello rubio, deslizándolos poco a poco por su espalda desnuda, perdiéndolos pronto en la línea oscura que separaba sus dos glúteos. Acarició la zona con demasiada delicadeza para generar tranquilidad.

Sé que puedo empezar. Te recuerdo que soy yo quien da las órdenes, no tú. ¿Acaso pretendes darme indicaciones? ¿Crees que debo esperar a que me des permiso? Hermana, no seas ridícula. Ambos sabemos lo que está por pasar en esta sala, y el dolor que voy a infligirte por una serie de afrentas que jamás corregirás. Pasarán los siglos y serás igual de inconsciente.

Ruven se posicionó frente a ella, sonriendo, acariciando su rostro. Posó la mano en su mentón para que alzara los ojos hacia él, y tiró de ella para besar sus labios.

Cerró los ojos, dejándose llevar por el tacto de su saliva durante unos instantes. Invadió su boca con la lengua, sin permitir que Nanisha respirara hasta desear hacerlo él. Al separarse, Ruven la miró y volvió a sonreír al ver cómo un ápice de su propia boca se deslizaba por la barbilla de la joven.

Me gusta ser... imprevisible. Eso lo sabemos ambos. Por ese motivo, no pienso pegarte ahora. No, no lo haré. Prefiero esperar, verte sufrir mientras... hago esto...

"Esto" resultó ser besar su cuello, deslizar sus manos por los hombros de su hermana para liberar sus muñecas de las cadenas. Tiró de sus brazos para que lo rodeara, la impulsó hacia arriba y la empujó contra la pared, cogiéndola en brazos, permitiendo que se perdiera en sus besos, en sus caricias, en el contacto de su cuerpo con el de él. Ruven sonrió, mirándola a los ojos, y poco a poco, la soltó.

Esto es algo que jamás podrás tener. Esa tortura me es más que suficiente por hoy. ¿No crees que es un castigo justo, hermana? Un castigo que has sufrido durante tanto tiempo... y que sufrirás hasta morir. Me siento benevolente. Por eso, te libras de la golpiza... hasta mañana. Te la llevarás cuando vuelva de trabajar. ¿Ha quedado claro?

Ruven tiró de su pelo para acercar su rostro, mirándola peligrosamente, queriendo dejar claro su punto. No aceptaría un no por respuesta.

Ahora... Vamos a darnos correctamente ese baño. Empieza... a caminar.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Jue Sep 20 2018, 21:02

La caverna estaba oscura. Apenas iluminada por unas cuantas antorchas, el ambiente era muy tétrico y espeluznante. El silencio de la habitación era tal que podía escuchar con claridad el sonido de los pasos de su hermano acercándose.

El cuerpo de Nanisha temblaba ligeramente. Había pasado las torturas más horribles en ese lugar, siendo Ruven su verdugo más frecuente.

Lo que sucedió a continuación no se lo esperaba. Pero no le sorprendió. Su hermano eran tan voluble y caprichoso. Solía cambiar sus decisiones con frecuencia, pero nunca pensando en el bienestar de Nanisha.

La rubia disfrutó el beso aunque estuvo a punto de asfixiarle, y las caricias llenaron de calidez no sólo su corazón sino también su cuerpo. De pronto se sintió hervir de deseo, quería más. Pero por supuesto, tan abruptamente como empezó se terminó. Ruven sabía lo que había provocado y estaba satisfecho con eso. Al menos de momento.

Lo que acababa de hacerle era sólo otra forma de tortura, y Nanisha debía estar demente para haberlo disfrutado. Pero sí.  Así era. Lo había disfrutado. Ella prefería mil veces ser torturada de esa manera. Al menos así podía tener la atención de su hermano.

Aún con la respiración agitada y el cuerpo excitado se encontró con la mirada de su hermano cuando éste tiró de sus cabellos. Soltó un gemido de dolor, no había nada de delicadeza en ese jalón.  Asintió con la cabeza ante la exigencia del dragón y bajó la mirada.

Las heridas se habían ido y su hermano apremiaba. Quería su baño sí o sí. Y ella debía complacerlo y esperaba hacerlo correctamente esta vez.

Ruven soltó su agarre y ella pudo caminar hacia la salida. No quería provocarle más enfados así que prácticamente corrió escaleras arriba.

¡Prepararé la tina del baño de tu habitación, hermano! — Se giró lo justo para hacerse oír antes de cruzar la puerta del sótano.

El baño de la primera planta había quedado parcialmente destruido de momento. Debía darse prisa y llenar la tina de arriba antes de que Ruven le diera alcance.

Llegó jadeando a la segunda planta. Pero no había tiempo para descansar. Se dirigió a la habitación de su hermano y entró al baño. Llenó la tina con agua limpia y esperó. Ruven no tardó en llegar, le observó en silencio mientras se metía en la tina y luego se acomodó ella entre sus piernas.

Desnudos como estaban y después de lo que acababa de pasar en el sótano era realmente difícil para Nanisha.
Era evidente que su cuerpo estaba ardiendo más de lo habitual al ser un dragón. Mantuvo la mirada baja para que Ruven no viera el enorme deseo en ellos pero estaba casi segura que él ya lo sabía.

Frotó un poco de jabón en sus manos para hacer espuma y luego paseo sus dedos por los hombros del dragón, masajeando suavemente.

Se sentía afortunada de poder hacer eso, pero a la vez desgraciada. Suspiró bajito mientras bajaba sus manos por el torso del dragón.

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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Vie Sep 21 2018, 12:24

Ruven asintió al escuchar las palabras de Nanisha. Observó la sala por un instante ahora que se había quedado solo, frunciendo el ceño, arrepintiéndose al momento de no haber torturado a su hermana como solía hacerlo. Procedió a tocarse los labios con la yema de los dedos. Nanisha era bella, y el sabor de sus labios era dulce y agradable. Cualquiera la desearía, pero no Ruven. Todo lo que él sentía, pese a ese soporte físico, era desprecio hacia Nanisha. ¿Por qué? ¿De dónde venía?

Vestirse era de tontos, más estando en casa. Ruven se limitó a abandonar la sala de torturas y alcanzó a su hermana en la segunda planta. Sin mediar palabra, se metió en la bañera, dejó escapar un suspiro de cansancio y dejadez, y cerró los ojos un instante al reposar la cabeza en el borde de la tina.

Uno de los ojos del dragón se abrió, para poder así observar a Nanisha. Podía ver en sus mejillas ruborizadas, en los ligeros temblores o espasmos de su cuerpo, en la forma en que agachaba la mirada para no tener que toparse con los ojos de su hermano. Había yacido con muchas mujeres, la gran mayoría forzadas, y sabía perfectamente cuándo alguien lo deseaba y cuándo no. Nanisha lo deseaba.

¿De dónde venía? Tampoco lo había comprendido nunca. ¿Por qué Nanisha le había pedido tantas veces que fuera él quien la violara y no otros? ¿Por qué la temperatura de su piel parecía incrementar con las caricias de Ruven, o los masajes que él recibía cuando así lo requería? Quizá Ruven no era consciente del amor físico y romántico que Nanisha sentía por él, pero desde luego podía intuir que algo pasaba.

Dejó que las manos de Nanisha se movieran sobre sus hombros, cerrando los ojos una vez más, relajándose, dejándose llevar por la complacencia de no sólo las caricias y el placer de los músculos destensándose, pero también de la superioridad que siempre había marcado como ser superior, como hombre, como dragón.

Acércate —le ordenó tirando de su pelo, abriendo los ojos y sentándose en la bañera para acercar el rostro de su hermana al suyo.

Tomó sus manos y las bajó un poco más por su torso, a la cintura, casi directamente al lugar en el que se encontraba su masculinidad. Ruven apretó los dientes, mirándola con peligro para hacerle entender, sin necesidad de hablar, qué quería ahora mismo. Estiró el brazo para hacerse con una botella de espuma para lavar el cuerpo, y otra de aceite que siempre mantenía para los masajes que le daba su hermana. Le dejaría escoger el orden.

Entretanto, Ruven bajó la mirada al pecho de su hermana. Era un pecho envidiable, voluptuoso, de piel joven y extremidades marcadas. Incluso él podía verlo. De hecho, la dureza de su intimidad delataba sus deseos más profundos. Nanisha era bella. No obstante, él jamás reconocería cómo veía dicho desnudo realmente. Jamás le diría algo así y, a nivel subjetivo, no podía sentir más que desprecio.

Pese a todo, estrujó con una de sus manos. Primero acarició, recorrió la piel y la zona más colorida con la yema de los dedos, aparentemente provocando incluso algo de placer en su hermana. A continuación, estrujó con fuerza y desprecio, probablemente haciéndole daño, pero sintiendo pese a todo cómo dicho color endurecía bajo la palma de su mano.

La otra mano se entornó en el cuello de Nanisha, y Ruven empezó a apretar, no con la fuerza necesaria para ahogarla pero sí para hacerle daño. Le gustaba sostenerla así cuando lo sacudía.

Colócate sobre tus dos rodillas, para mostrarme tus glúteos por encima de la espalda.




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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Nanisha el Miér Oct 31 2018, 18:33


El silencio fue roto por la orden de Ruven. Que se acercara, le dijo. Pero antes que la rubia tuviera tiempo de obedecer, él ya había tirado de sus cabellos obligándole a alzar la cabeza y a mirarle.

Nanisha tenía los ojos nublados por el deseo.

  Rápidamente bajó la mirada hacia sus propias manos, que en ese momento estaban siendo guiadas por el mayor hacia abajo.

Intentó ocultar su sorpresa y su satisfacción. El dragón quería que lo tocara allí. Ni falta hacía que lo pidiera o que lo ordenara. Daba igual, ella deseaba hacerlo. Lo ansiaba. Lo necesitaba.

Se mordió el labio inferior para no gemir del gusto cuando sus manos encontraron su objetivo y se cerraron en torno a el.

Estaba duro y grande.

Apretó con un poco de fuerza alzando ligeramente la vista para observar a Ruven.
Él le esperaba con dos botes. Escogió el aceite, por supuesto.

Aplicó una cantidad generosa sobre una de sus manos y luego las frotó entre sí. Y con una mirada llena de deseo se puso manos a la obra. Paseó ambas manos por toda su envergadura. Extendiendo los dedos y luego flexionándolos una y otra vez, deleitándose con el tacto de sus manos sobre la piel suave y firme de su hermano.

Deseaba que la tomara. ¡Oh, cuánto lo deseaba!

Pero por ahora podía conformarse con esto, claro que sí. Lo estaba disfrutando más de lo que Ruven se imaginaba. Después de todo, él no la amaba así que cómo iba a entender el amor que ella si sentía por él.
Para ella sólo verle disfrutar era motivo de satisfacción y dicha.

Y entonces sucedió. Ruven la tocó. La acarició, para ser más precisa. Los ojos de Nanisha se abrieron enormes sólo por medio segundo. La caricia en su pecho quemaba. O quizá era su cuerpo el que estaba ardiendo.

Tuvo que ahogar un gritito cuando la mano estrujó con fuerza y sólo dejó salir un suave jadeo. Había dolido, sí, pero también se había sentido delicioso. Sus pezones se endurecieron y se movieron instintivamente hacia adelante, como buscando mayor contacto. Pero la otra mano del dragón la detuvo aprisionando su cuello bruscamente.

A lo mejor estaba loca, porque incluso eso le excitaba. El mayor la tocaba con violencia, con rabia, sin ningún cuidado, y aún así, su cuerpo respondía hirviendo de deseo.
Sí, Estaba loca. Loca por completo. Lo amaba con locura, y lo deseaba con la misma intensidad.

Su cuerpo se movió automáticamente al escuchar la orden. Sus piernas cayeron al frente quedando apoyada sobre ambas rodillas, mientras su espalda se arqueaba formando una curva perfecta con su trasero.

¿De este modo, hermano?

Su voz sonaba como una prostituta barata, excitada y urgida. Y eso a pesar que había tratado de sonar neutral. Era trágicamente difícil aparentar que no le gustaba. ¡Lo estaba disfrutando al máximo!
¿¡Cómo podría contenerse!??

¿Te gusta, hermano?

Alzó la mirada para verlo mientras sus manos frotaban su virilidad. Sus dedos dibujaban figuras imaginarias en toda su extensión. Y cada tanto apretaba con fuerza contenida mientras sus dedos acariciaban suavemente la punta.

Quería que lo disfrutara. Quería que se diera cuenta que ella también podía satisfacerlo. Que no tenía que ir con otras. Que ella podía complacer todos sus caprichos más oscuros, aún sin que él tuviera que obligarle.

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Re: El día a día [Nanisha] [+18]

Mensaje por Ruven el Vie Nov 02 2018, 13:22

Las caricias de Nanisha le hicieron fácilmente enloquecer.

A pesar de que no le gustara reconocerlo, su hermana era bella. Cualquier hombre se excitaría al verla, y Ruven podía disfrutar de su amor incondicional siempre que lo deseara. Ahora mismo, lo hacía con uno de esos masajes de los que no solía disfrutar por el simple hecho de que detestaba a esa joven dragona.

Cerró los ojos mientras las manos de su hermana recorrían su virilidad, empleando el aceite que le había entregado para hacerlo todo más cálido y húmedo. Sintió cómo el propio cuerpo de Nanisha vibraba como respuesta a aquella excitación. Ruven sonrió por lo bajo y dejó escapar varios gemidos, disfrutando de aquel masaje.

Mientras Nanisha aún lo masturbaba con ambas manos, decidió que llegó el momento de forzarla a algo más: algo que nunca había probado. Abrió los ojos para mirarla y sonrió ante sus preguntas. Le gustaba que se mostrara tan sumisa con él, que se preocupara tanto por su bienestar... pero eso tampoco lo reconocería jamás.

Sí, así. Lo haces muy bien... —murmuró mordiéndose el labio y apoyando ambas manos sobre su rostro, sus mejillas, para tirar de él ligeramente.

Entonces, se abrió paso en su boca mientras aún tiraba de la boca de Nanisha para que atrapara todo el pedazo de carne hasta donde llegara, y aún cuando creía que había llegado al tope, la obligó a empujar un poco más. Echó la cabeza hacia atrás y soltó a Nanisha, dejando claro qué quería que hiciera.

¿Crees que naciste predestinada para esto, Nanisha? ¿Para satisfacerme sexualmente siempre que lo requiera? ¿Acaso sirves para algo más que para ser un saco de golpes y un objeto al que usar, chica? ¿Qué opinas? —Se rió por aquella humillación y sonrió—. Mueve tu cabeza ahora, y después quiero que emplees tus senos. Son grandes, ¿no? Enormes, de hecho. El mundo te brindó algo bueno para usarlos. ¿Sabes hacerlo, acaso?

Nunca había llegado tan lejos con Nanisha en el sexo: siempre se había limitado a obligarla a emplear sus manos. Quizá algo estaba cambiando entre los dos. Quizá Ruven cambiaba, o quizá cambiaba algo en su relación con Nanisha.




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