Novedades

- (09/18) Ya están disponibles las novedades de Septiembre.

- (09/18) Ya podéis pedir Los Dracs de Septiembre.

- (09/18) ¡Enhorabuena Faora, ya eres Moderadora!

- (09/18) Nueva actualización de las fichas de personaje. Mada MP a Selene para actualizar.

- (09/18) El juego "Confieso que..." se clausurará si persisten las malas conductas entre sus participantes. ¡Los juegos son para divertirse, no para atacar a nadie!

- (07/18) Nuevas normas respecto a los posts +18 de índole sexual.

- (05/18) Nuevas normas de emisión de reportes aquí.

Últimos temas
Staff
Letyko
Admin
MP
Thareon
Admin
MP
Selene
Admin
MP
Faora
Mod
MP
Síguenos

Afiliaciones V.I.P
Foros Hermanos

05/06

Directorios y Recursos

06/14

Afiliados Élite
Expectro PatronumLoving PetsTime Of Heroes  photo untitled45.png

43/64

Afiliados Normales


Secrets that await great dangers [Keith E Craig]

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ir abajo

Re: Secrets that await great dangers [Keith E Craig]

Mensaje por Keith E Craig el Jue Sep 06 2018, 06:59

Para

el mestizo, no era extraño encontrar dragones que aún creyesen en la fachada que los seguidores de la reina intentaban mantener o creerse ellos mismos. No la culparía, después de todo, entablar una conversación así, era el encuentro de dos partes totalmente diferentes, la dracónica, por parte de la joven y bella aristócrata y la híbrida, por su parte. Dos razas distintas y a su vez profundamente entrelazadas por lo que los dragones aborrecían: La unión genética de dragones y humanos.  

Al ser lo que era, podía hablar con toda libertad, sin miedo de ser juzgado por nadie más que los oídos de esa inesperada confesora, ya que él no dependía de una ridícula red, una red a la que necesitaba practicar su ingreso antes de que pasara más tiempo.

Ya que estaban compartiendo secretos que debían mantenerse ocultos, él silenciaría lo que ella hacía y esperaba que ella silenciase la opinión dada por él, que en ningún momento había dado mención a la Reina, el mestizo había elegido sus palabras de modo que diera la falsa, pero muy creíble ilusión de que había sido defraudado por “su propia raza” y que vivía su vida conforme los principios de ayudar a los inocentes y necesitados, sin atribuirle sus hazañas a otros, ni siquiera a la tan llamada reina a la que no profesaba, ni un ápice de devoción.

Y mientras una señora se aproximaba para entregarles bebidas, el agradeció a la anciana mujer que sonrió al verle. Le recordaba a esa anciana que había sido madre para él, luego que su madre muriera brutalmente asesinada por su dracónico padre, violada y golpeada hasta la inconsciencia y rematada con el desangre, para beber esa sangre híbrida a la que era adicto el asqueroso animal. ¿Cómo lo sabía el mestizo? Porque luego de hacer todo eso, el cuerpo de su madre yació en el suelo hasta que el dragón se dignase a ordenar que la movieran y la arrojaran a alguna fosa común, él, protegiendo a su mellizo, apenas si pudo ver como lo hacían y la sacaban de la mansión, al exterior.

Como basura.

El híbrido, presionó un poco el asa de la taza y bebió de esa cerveza y dejó que su sabor inundara su paladar, conteniendo la ira ante ese recuerdo que trataba de olvidar con el tiempo, pero el tiempo no era amable con él y le recordaba porque mierda no creía en ese imperio que la mayoría de los dragones seguían protegiendo.

Y así repentinamente su humor se había ido al carajo.
Una sensación amarga como el vinagre le removió el estómago y tensó sus labios, por esa venganza que nunca pudo ejecutar, por el daño que sabía su hermano había sufrido, también a manos de ese dragón.


Sin embargo, no dijo, ni hizo gesto alguno para demostrarlo, pero se aseguró de dejar su postura bien puesta, fijó sus azules en el semblante femenino por unos cuantos segundos, entrecerrando sus cristalinos que reflejaban la luz del fuego, el general Verminaard sufriría con creces escuchando las palabras de una dragona tan idealista, con una negación absoluta a la realidad que azotaba Talos en esos momentos oscuros, como era la aristócrata. ¿Y eso era bondad para ella? ¿en serio? Era pura y mera conveniencia a los ojos del híbrido, que empezaba a ver las grandes diferencias que tenía con los dragones y a las que nunca había prestado atención.

La conveniencia de necesitar servidumbre, la conveniencia de tener quien haga el trabajo duro en los campos, la conveniencia de tener quien haga los recados, la limpieza y cuide los animales. La conveniente fuerza de trabajo esclavo o entretención.

Él sentía y comprendía a los humanos bien, de alguna manera su parte dracónica no era víctima del vacío que decían que las sierpes sentían. Y bendito lo que fuera por ello y sabía cuál era su mayor problema: “sentía demasiado”.

Era desesperante tener tantas emociones, tantos conflictos internos y tantas rarezas que no llegaban a llevar nombre alguno, esa capacidad de querer y sujetarse con ambas manos a algo y no dejarlo ir, como no podía dejar ir la ira y desazón. Y también la forma en la que protegía lo que le importaba; El mestizo no entendería la forma tan doble moralista y vacía en la que los dragones utilizaban palabras como la paz, amor, justicia, benevolencia y otros términos usados de mala manera. Pero ella no tenía la culpa de creer en ello ¿Cómo abordabas un tema así?

El solo sonrió ladino y llevó la taza a sus labios para beber, mientras la comida por fin llegaba— Respeto sus creencias mi lady, ha tenido sus experiencias —confirmó— lamento no ser una compañía que pueda compartirlas, debe estarse preguntando, en que momento consideró que sería buena idea pedir mi presencia —musitó honesto— Creo que la vida me ha golpeado lo suficiente para no ser capaz de creer en lo mismo —sonrió, bajando un poco su semblante— Lo único que puedo asegurarle es que puede confiar en que su secreto estará a salvo conmigo, como espero que el mío esté a salvo con usted, yo prefiero creer en lo que veo, en la causa y el efecto que nuestras acciones hacen, en como esas palabras suyas, se plasman en la sociedad y comprometer mi espada con quien realmente lo merece —se sinceró- los inocentes, los que necesitan protección y esos, como usted, que usan su fortuna y buena vida para hacer cosas buenas, como esta.

Una pausa nueva indicó que haría una resolución final— Ayudaré este lugar también, creo que podrían realmente apreciar unas reparaciones, espero me conceda el honor de visitarle para entregarle el dinero suficiente para que usted, como vigía de este sitio, se asegure que se cumplan ¿le parecería?

Faniahh/Lala/Cyalana






avatar
Keith E Craig
Hybrid

Ocupación : First Lieutenant
Mensajes : 60

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Secrets that await great dangers [Keith E Craig]

Mensaje por Eara el Sáb Sep 08 2018, 17:32

Las buenas acciones no se hacían para conseguir nada a cambio. Los dragones que actuaban así, no eran menos aberrantes que los humanos a los cuales menospreciaban. Lady Eara jamás había hecho algo esperando una retribución, aquello que la movía estaba más allá del entendimiento complejo o del interés vano de exigir nada. Sus padres soñaban con el mundo que la Reina Madre les había ofrecido cuando fueron llamados a aquel tiempo que era llamado El Letargo, un mundo lleno de paz que nacería desde las cenizas como un mundo nuevo. Y ese sueño era por el que ella apostaba. Quizá, un acto de entendimiento sobre sí misma en medio de la paz que encontró en la Fe cuando más lo necesitó habiendo sido presa de cosas inenarrables a causa del odio de su padre hacia los hombres.

El sueño que su padre había olvidado, y ella se esforzaba por mantener vivo en memoria de su madre.

Y así había sido desde que el misterioso nombre de Lady Eara, la misteriosa dragona, se había empezado a escuchar por el Imperio del Fuego. La Benévola, era llamada. Los rumores decían muchas cosas, algunos no entendían porque esa predisposición de la dragona en hacer buenas obras por la humanidad, otros miraban en ello el hecho de aportar a la paz del Imperio del Fuego y eso estaba bien. Las razones reales, era suyas y se las guardaba para sí. Jamás había buscado la fama en aquello, su predisposición era real, y por eso prefería el anonimato y que lo que dijese solo fuese eso: rumores. Era lo mejor. La hermosa dragona de tez blanca tenía todo ello bastante claro, pero aun así, había de alguna manera compartido esto con aquel dragón del cual apenas y sabía un rango. Había supuesto que en algún momento cosas como estas ocurrirían, aun así, sintiéndose muy segura de que lo hacía era lo correcto. De que entendía su rol en la sociedad dragonica, la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, había decidido mostrar al Teniente aquello. No tenía nada que temer, y tampoco quería a terceros en sus asuntos y estaba en todo su derecho, como aristócrata, de pensar así, aunque ya aquel dragón se había hecho parte de ello. Ella sonrió, mirándole a los azules ojos, y aunque mantenía las distancias y la estoicidad en su posición, erguida, de modales incuestionables, la última sonrisa que le dirigió fue cálida y sin ningún atisbo de protocolaria.

La misteriosa dragona de Licores Crane se había dejado ver ya varias veces tal cual era, en esencia y espíritu en aquel día delante del dragón, y siendo una dragona acostumbrada a mostrar lo que era extrema y considerablemente necesario y nada más, por razones ajenas a su entendimiento ahora mismo, no le desagradó.

Sin embargo, en ese instante lo pensó, y se esforzó por recuperar la lejanía entre ella y el Teniente. No desviando la mirada, ni haciendo algo impropio, sino reconociendo que ella seguía siendo Lady Eara y el un dragón a cual apenas había conocido hacia algunas horas, y al que le debía la vida. Le miró sonreír ladino antes de que llevase la taza a sus labios. Realmente no se había preguntado por qué había decidido tener al dragón de compañía. El motivo lo tenía claro. Él era un soldado, ella una dragona conocida por jamás estar sola. Ella no quería sospechas innecesarias sobre su reputación y menos en las condiciones en cómo hacían acontecidos los hechos anteriores. Lo que realmente se preguntaba era el porqué de sus pensamientos, siendo un dragón. Pero ella ya se lo había hecho saber: reconocía que el dragón tenía un corazón noble, y eso era algo que jamás pondría en peligro.

Podía confiar en ella, y algo le decía que ella podía hacerlo en él.

Tras aquello, la mujer humana sirvió la mesa entera, y ella no esperó aquel ofrecimiento. Bajó la mirada y balbuceo antes de poder responder nada porque el bullicio de las voces de los infantes se hizo presente como una avalancha, cada tomando un asiento y la pequeña Lucy exigiendo a Lady Eara atención. La dragona volvió a mostrar esa risa tan natural y cálida en su rostro, y le tomó entre sus brazos, alzándola y posándola en su regazo. Los niños miraron a la dragona, como esperando algo, ansiosos para poder dar el primer sorbo a la apetitosa pero simple comida que tenían de frente. Ella cerró los ojos entonces y musitó una plegaria. –Diosa Madre, tú que nos has traído paz, queremos agradecer por hacer posible el compartir de estos alimentos. Purifícalos con tu fuego divino, y haz que lo que hoy sentimos aquí, sea el mismo sentimiento de paz que hombres y dragones puedan tener en sus corazones. A ti damos gracias, Reina Madre.– Concluyó, siendo seguida por los niños al unísono quienes repitieron la frase final: A ti damos gracias, Reina Madre.

El tiempo pasó, y la cena se hizo cálida. Fue una escena entre ligeras risas y pequeños gestos. El Teniente se había hecho invisible como dragón para la dragona en ese instante y esos minutos. El ambiente familiar simplemente le había sumergido en su calidez haciéndole mostrarse tal como era. Miraba con gracia como de vez en vez los inquietos infantes interactuaban con el dragón, llenos de curiosidad y en varias ocasiones cruzó sus ojos con lo de este.

Llegada la noche, tras aquello, fueron a la chimenea y la dragona leyó una historia. La mayor parte de los infantes terminó presa del sueño, exceptuando la pequeña Lucy, que resistió hasta el final, y terminó durmiéndose en el regazo de la dragona al final de la última línea del relato fantástico que esta estaba contando. Sonrió y le dedicó una caricia a la niña, mirándole con melancolía. Se la entregó a la mujer anciana en sus brazos para que le acostase y por fin, había llegado el momento de partir, llegada ya la noche. Se despidió de la mujer, tomándole de las manos y la puerta se cerró.

De vueltos a la realidad el camino de regreso no fue diferente del como habían llegado. Entre un entramado de calles y callejones, rodeados de un silencio entre ambos, la dragona con muchas preguntas y cuestionamientos sobre aquel dragón que por suceso habría de reservarse para sí. Por fin llegados a la Plaza Central, en la cercanía de la Fuente del Dragón, la dragona se detuvo unos segundos sin mirar a su acompañante queriendo encontrar las palabras ideales para hablar. –Sobre vuestra propuesta: sí. Aceptaré vuestra ayuda, My Lord.– Mencionó.

–Y, Teniente…– Dijo, sin querer mirarle. –…Gracias.– Dijo, bajo su capucha. –Hasta pronto.– Se despidió, y continuó su camino.




avatar
Eara
Dragon

Ocupación : Comerciante de Licores
Mensajes : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.