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Remolino [Aymel] [+18]

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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Aymel el Sáb Jul 14 2018, 13:23

Violando ... ¿violando? … y ¿por qué cojones no sentía que me estuviera forzando?

Si hubiera dicho que ese empeño iba más allá de esa intención, tanto que al final confundía sus formas, tanto que sentía como mi cuerpo desaparecía, tanto que perdía la respiración devorada por la misma boca sangrienta e insaciable que poco antes había mordido, me hubiera creído contagiada por su demencia. En realidad ya me creí embaucada por esa locura irrisoria que me obligaba a perseguir ese ritmo frenético de doblegarme -sí, sí, o hacerme daño o lo que sea-. Y de forma burda, como una maldita furcia, el cuerpo me traicionó lo suficiente para que él lo notara. El nuevo jalón de pelo me hizo centrarme en sus palabras y no tanto en su masculinidad — ¿Matarme a polvos?¿Dónde ha quedado matarme de una paliza, Inquisidor? — apuntillé con inquina y rogué que la temblorosa voz no me delatara de nuevo — Ya te advertí que no ibas a entretenerme lo suficiente.

En realidad hubiera retenido mi lengua de saber que su hermana estaba presente. De ver como la pobre chica, con cara de estupor y desagrado permanecía atada al otro lado de la estancia viendo ….  los depravados y dementes planes de su hermano en esa extraña situación en la que me había visto arrastrada. Sin embargo no era así. Estaba irremediable y totalmente centrada en él. Y mi lengua, impregnada del sabor metálico que aún invadía mis papilas gustativas, no se contendría en la intención de molestarlo — ¡Desatame de un maldita vez, hijo de huarga mal parido! — y sin hacerme ni puto caso, las manos de Ruven atraparon mis caderas y estrujaron mis muslos al punto de perseguir sus deseos y necesitar rodearlo por la cintura. La proximidad de los cuerpos, en ese espacio que no dejaba ni pasar el aire, me hizo fruncir del ceño y observar su ¿concentrado? rostro. La visión de su expresión se desdibujaba en esa nueva oleada de embestidas y sensaciones.

Se suponía que eso no debía gustarme pero.. mis piernas aferraban ansiosas la cadera masculina para recibirlo con demasiada evidencia. Incapaz de ocultar lo que el traicionero cuerpo estaba disfrutando en demasía. Maldita sea.. ¿acaso no lo estaba haciendo a propósito? Por supuesto que lo hacía adrede, ¿en qué estaba pensando?. En nada, porque mi mente se quedaba en blanco. Penetraba con obcecada fuerza para que el cuerpo se rompiera, pero lejos de partirlo de dolor lo hacía de placer. Un deleite que dejaba atrás los magullados músculos de la paliza anterior. Me mordí el labio para evitar gemir por la insistencia acompasada de ese ritmo imposible de supuesta tortura.Y cuanto más se movía de manera dura y precisa más me costaba retener los gemidos. Había dejado de clavarle las uñas en algún momento de ese nuevo ataque para presionar su hombro con fuerza en ese precipitado éxtasis que amenazaba con emerger si no se detenía.

Entonces, cómo si lo hubiera olido o sentido, se detuvo. Agradecí el aire que parecía querer apagar la candente sensación de fundirme con él. Hasta que me obligó a girar para encorvarme en una extraña posición después, como no, de volver a ingresar en mi sexo. Mis almendrados se encontraron con sus azules a tiempo de oírle murmurar. No pude evitarlo bufé ante la evidencia y la sensación de su masculinidad creciendo dentro de mi — ¿Quién está disfrutando aquí exactamente? — espeté para que se diera cuenta de esa vehemente situación en la que ambos parecíamos necesitarlo. Una mueca de dolor borró la irónica expresión cuando las garras de ese animal se clavaron en mi hombro — ¡Vete al... —  entrecerré los párpados en una mueca al notar como sus dedos se introducían en mi boca y me inmovilizaba en ese tiraje doloroso.

Me había dado cuenta de algo: lo malo -o lo bueno- de esa inmovilización era que por mucho que tirara el tope se hallaba en su propio pecho, pues hacía de muro tras de mí. Y, además, ¿quién iba a desmayarse en esa retorcida situación?. Es más, el tiraje de la espalda y la boca me hizo olvidar -parcialmente- el bombeo de su sexo en ese contradictorio sentimiento de placer y rabia; satisfacción por lo obvio y enojo por saber qué era un Inquisidor el que conseguía hacer que mi cuerpo temblara como lo hacía. Mordí los dedos que había tenido el atrevimiento de meter en mi boca y gruñí ante su último comentario. ¿Para qué hablaba? ¿No podía estarse calladito? Para lo que haces: ¡sólo hablas y hablas! — importuné y con toda la fuerza que podía en esa posición extraña le dí un codazo. La percepción de sus costillas en la articulación del cubito me anticiparon la reacción de que se doblaría hacia delante y yo con él bajo su cuerpo. Por inercia le di un cabezazo que lo dirigió al lado contrario — Deja de hacerme perder el tiempo  — desvié la vista al grillete que me atrapaba de la muñeca rota y evalué su apertura. A simple vista era una cerradura sencilla que podía ser abierta con más facilidad de la que hubiera imaginado.

Pero él no me dejaría el tiempo necesario para liberar la otra mano

El tirón de pelo me hizo volver a centrarme en él y en ver cómo la sangre de su nariz salía a borbotones a causa del cabezazo — Cuidado, no vayas a desmayarte por perder tanta sangre — evidencié antes de iniciar un nuevo forcejeo de golpes y arañazos que acabaron irremediablemente en otra retención frustrante de mi cuerpo. Una de sus manos volvió a dirigirse a mi muslo obligándome a alzarlo para que no me desgarrara la carne con su manaza y la otra retorcía de una manera dolorosa mi brazo tras la espalda. Reprimí un grito de rabia para mirarlo con furia; ¿por qué era la única que se veía reducida y exhausta con todo aquello?. Una nueva estocada hizo que la punta del pie que se apoyaba en la superficie del suelo temblara dándome la sensación de que perdía el equilibrio. Y mi mente volvió a quedarse en blanco, obnubilada por ese cabalgar precipitado, acabé apoyando la frente en el hombro masculino. Confusa por la sensación de sentir que era como un animal con la intención de aplastar a otro hasta la irrevocable sumisión.




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Ruven el Lun Jul 16 2018, 15:15

¿Desatarla? Aymel debía ser extremadamente inocente como para creer realmente que lo haría, y estaba claro que, en caso de quedarle algo de "inocencia", Ruven estaba arrebatando tanta como podía ahora y seguiría haciéndolo durante tanto tiempo como gustara de ahora en adelante. Tal vez no le importara la vida de una mujer como ella, del mismo modo que no le importaba la vida de nadie más, pero sin dudas, haría lo posible por hacer de ella un auténtico infierno.

Aún centrado en las estocadas, Ruven cerró los ojos por un momento. Tal vez estaba disfrutando más de lo que querría reconocer en el acto: no sólo por poder sentir cómo Aymel temblaba de una manera que él consideraba como sumisa, sino también porque su propia intimidad se dejaba llevar por un cosquilleo que evidenciaba la excitación que buscaba hacer explotar, fuese o no en su interior, pero contra su cuerpo.

Por lo que veo, eres tú quien disfruta. No es exactamente mi cometido, pero te dolería demasiado decir cuánto te está gustando lo que pasa, ¿verdad? Supongo que con tus gemidos y tus piernas temblantes tendré que conformarme. Y los espasmos de un orgasmo mucho más grande que vas sufriendo con cada rato que pasamos aquí.

Prosiguió con sus estocadas, riéndose por lo bajo ante sus insultos. Aymel era quien decía que "hablaba y no hacía mucho", pero no parecía estar precisamente aburrida. Algo debía reconocer Ruven: prefería que disfrutara del acto a que se aburriera. ¿Y qué hombre no lo preferiría? Pese a ello, su prioridad era crear dolor en su intimidad, en sus hombros o en su boca y, pese a todo, no parecía estar consiguiéndolo del todo.

Mientras poseía a la mujer, un repentino codazo hizo que Ruven esbozara una mueca de dolor y se apartara por instinto, momento en el que le llegó un cabezazo que le hizo sangrar por la nariz. Ruven apretó los dientes, tapándose con la mano la zona de la que sangraba, y le dio un tirón de pelo a la mujer para controlarla, quien ahora de hecho lo miraba fijamente y había girado su cuerpo hacia él.

¡Maldita furcia! ¡Estate quieta! ¿A qué estás jugando, eh? —No dudó en tirar con mayor fuerza de su pelo y en ofrecerle una bofetada para que se estuviera quieta, teniendo cuidado en esta ocasión de no excederse físicamente o de lo contrario terminaría perdiendo la consciencia. Sólo lo haría con el frenesí que volvió a descargar en ella con una potente estocada que se siguió de un nuevo conjunto que hizo temblar la sala y sollozar ligeramente a su hermana.

Quien se terminaría desmayando sería ella.

Mientras se movía, Ruven utilizó su mano por un momento para acariciar el cabello de aquella persona mientras se movía en su interior con fervor, permitiendo un escaso segundo de reposo sobre su hombro, algo parecido a una caricia. Entonces, Ruven descubrió sus verdaderas intenciones al tirar de su pelo para dejar su cuello al descubierto y se aferró a él, aumentando la intensidad de sus sacudidas a un nivel que hacía temblar los mismos cimientos del mundo.

Un repentino gemido mucho más alto que los demás, seguido de un temblor mucho más agitado que anteriormente, hizo que Ruven sirviera de soporte para evitar que la mujer cayera al suelo. El orgasmo que acababa de sufrir parecía mucho mayor que los ligeros anteriores y, para cuando Ruven la miró a los ojos sin dejar de moverse, aún no había dejado de temblar.

¿Qué significa ésto? ¿Lo estás disfrutando? ¿Por qué? ¡Acabas de terminar encima de mi...! Muy bien, si esto no sirve para hacerte sufrir, entonces veremos qué opinas de ésto.

Miró a su hermana con una maquiavélica sonrisa mientras salía del interior de Aymel y tiró de la cadena que aún la mantenía prisionera para romperla. Después, la lanzó al suelo al empujarla y tiró de su pelo para alzar su cabeza. En esta ocasión, Ruven llenó la boca ajena con su miembro y apoyó una mano en el hombro de su hermana.

Intenta hacer algo para fastidiarme y te juro que te quedas sin pelo. La sangre que puedas perder será la menos de tus preocupaciones. Empieza... a... moverte.

Su tono le advertía que iba muy en serio, y si algo había aprendido aquel día, es que esa mujer no parecía temerle al dolor o a la muerte. Por eso, Ruven empezó a moverse por su propia cuenta para llenarla hasta el tope, esperando a que fuese ella quien reaccionara. Llevó una de sus manos al pecho desnudo y magullado de la mujer, apretando con fuerza y quemando el discreto pezón.

Lástima que no puedas usarlas para masajear. Tú, en cambio...

Esto último lo murmuró girándose hacia su hermana, tirando de su vestido maltrecho hacia abajo para descubrir uno de sus pechos y estrujarlo con mucha mayor delicadeza que el de la mujer actual y temporalmente muda.




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Aymel el Miér Jul 18 2018, 20:04

Sería cretino. Decir que yo diisfrutaba era.. era… bueno, sí, pero no era mi culpa si era tan mediocre en sus deseos -a mi parece contenidos- de hacerme daño. Eso no era que él también disfrutaba de todas esa situación extraña. Tipo raro. Es más, ¿no había puesto casi más ímpetu cuando nos peleábamos que ahora? ¿O es que estaba tan exhausta por la situación que simplemente estaba divagando? Fuera como fuese el juego que teníamos era un tanto vehemente, extraño y demasiado excitante en el extremo opuesto a.. ¿a qué? ¿A sexo normal?. Ese maníaco pretencioso y altivo conseguía quebrar cada ápice de autocontrol en mí; hacía que cada fibra de mi ser se contrajera en un placer exquisito que me revolvía las entrañas y me devoraba entre sus rítmicos y certeros movimientos. Como un animal a su presa subyugada. Maldito hijo de… Incluso el insulto se bloqueó al sentir esa tenue caricia que tensó cada uno de mis músculos por una fracción de segundo. Percibir ese trato demasiado normal era insólito y excepcional en esa escena que habíamos iniciado desde el encuentro en el mercado.

La coherencia se difuminó cuando volvió a tirar de mi cabello y comenzó a moverse en ese frenético movimiento que acabaría extenuado cada uno de mis sentidos. Y de nuevo, como una burda ramera, debía admitir que el maldito conseguía aplacar cada intento por controlarme. Hasta el punto de rodearlo con la pierna y atraerlo a mi encuentro. De querer más en el mudo ruego instaurado en mi garganta; emergente poco a poco en esos gemidos cada vez más evidentes. Cada vez más rasposos y que me llevaban a ninguna parte. Apoyé la mano sobre la ropa de su torso en un intento por sostenerme a mí misma. Sentí como la tela empapada dejaba transpirar el sudor por el empeño, y por un momento desee que el muro de ropas desapareciera. El Inquisidor, en ese nuevo arrebato de embestir, hizo que cada una de mis resistencias y defensas se desdibujaran en el deleite al que me arrastraba cada una de sus estocadas. Precisas, urgentes y necesarias.

Hasta que lo inevitable ocurrió. Mi cuerpo, traidor, se estremeció en una sacudida de la que creí desmayarme. Noté como mi mano se cerraba en la ropa de su torso y arrugaba la prenda hasta asfixiarla. Los movimientos que él seguía provocando inundaban en un hormigueo estremecedor mi entrepierna y busqué su mirada cuando expresó su nueva queja. ¿Se podía ser más pesado?. Por una vez no contesté, permanecí en ese silencio sepulcral que me hacía querer recuperar el aliento y olvidarme de la sensación de relajación que él, en su supuesta tortura, me había ofrecido. Pero algo en él hizo que me tensara y los engranajes de mi cuerpo volvieran a trabajar a pasos agigantados. La sonrisa de loco desquiciado me hizo mirar hacia donde el Inquisidor observaba, para encontrarme con la hermana, y en un entrecerrar de párpados lo miré con renovada ira. ¡Ese desgraciado hijo de huarga!.

El tacto del suelo hizo que cada músculo de mi cuerpo recordara el dolor de la paliza anterior y un quejido de dolor fue aplacado por su virilidad en mi boca. El dolor agudo del tirón de la muñeca acabo de despertarme del éxtasis de segundos antes.Iba a matarlo. Ya no sólo lo despellejaría, sino que le arrancaría el corazón mientras latiera, como hacían los lagartos con los heartless pero sin trato. Solo la guadaña de la Parca.. Y mientras inició su autosuficiente movimiento llenando mi boca y sintiendo su tacto  demasiado fuerte sobre mi seno, dirigí una mirada a la joven, sin prestar atención a la clara amenaza del Inquisidor. El sollozo de la hermana me hizo comprender su temor hacia él y, eso, por algún motivo me cabreaba. Me irritaba a pesar de estar en una posición mucho más cuestionable pero… pero…

¡Era un demente!

La lengua siguió la extensión de su virilidad en mi propia boca, tomando su movimiento como propio por unos instantes, que parecieron complacerlo. El movimiento de su cadera hacia mi cara parecía un péndulo que al final acabe imitando. Un movimiento acompañado, rítmico, que se aceleró con la ayuda de la mano que seguía empujando desde la parte trasera de la cabeza. La hermana entre horrorizada y sollozante nos miraba con incrédula desesperación. Y no me extrañaba. Seguí el recorrido de las manos del Inquisidor sobre los desnudos senos de su hermana y encontré la mirada suplicante de la mujer en mí. Eso era asqueroso, se mirara por donde se mirara.  ¡Joder! Definitivamente era un sádico, pervertido y demente. Con ayuda de la lengua seguí acariciando, succionando y degustando su miembro para captar su atención y que se olvidara de la chica. Hasta que un estremecimiento invadió mi boca en una asfixiante estocada.

Y de repente, sin pensarlo, mis dientes presionaron su masculinidad hasta que la sangre almizclado con su esencia, debido al bombeo continuo de la erección, inundó mi boca y el aullido de dolor se oyó por la estancia. No lo suficiente rápido para castrarlo. Percibí cómo mi boca se liberaba del bozal ensangrentado y tosí un par de veces escupiendo las secreciones. A ver si de eso se recuperaba tan rápido. Una sonrisa de prepotencia se escapó de mis labios mientras lo veía con ambas manos en la entrepierna intentando cortar la hemorragia — Deberías tener cuidado de donde la metes — advertí con diversión. El puñetazo que me dio hizo que el golpe de mi cabeza contra el suelo apenas se sintiera. El hormigueo irradió por todo el cráneo hasta que la vista se nubló en un borroso movimiento de pies y gritos cada vez más lejanos. No distinguí si eran de él, de la hermana o de ambos, pero estaba segura que se pensaría si volver a ponerme de mordaza su miembro.

[...]

Cuando desperté en el suelo ensangrentado de ese mismo lugar músculos que ni siquiera sabía que existían me dolían a rabiar. Como pequeñas esquirlas incrustadas de manera diabólica en cada una de mis articulaciones y cada uno de esos visibles cardenales, que decoraban mi piel, me resultaban molestos. ¡Por dios, pero si podía ver sus manazas grabadas en mis brazos y, seguramente, en algún lugar más! La muñeca rota, y ahora hinchada, parecía una morcilla con aquella cadena que aún la oprimía. Me moví como pude para sentarme y después levantarme con un ligero tambaleo. En un rápido vistazo comprobé que estaba sola y rebusqué en mi pantalón una ganzúa para poder abrir la cerradura. Un minuto y un click después la cerradura había cedido. Comprobé que aún podía mover al menos los dedos de esa mano, y suspiré aliviada al ver que la irradiación del propio dolor subía hasta más allá de la articulación del codo pero podía sentirlos. Volví a mirar alrededor al percibir la inusual falta de presencias.

Bien… ¿y ahora qué?




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Ruven el Miér Jul 18 2018, 22:09

No era difícil para nada ver, incluso simplemente sentir, la mirada que ambas mujeres intercambiaron entre ellas. Ruven sonrió para sus adentros, suponiendo que existía alguna clase de conexión femenina entre ambas que crearía o bien un sentimiento de empatía y de tristeza, o bien uno de envidia y celos. Por algún motivo, prefería lo primero, porque de ser lo segundo tendría que aceptar que sus intentos de tortura eran en realidad un auténtico placer para ambas mujeres.

Todo cogió mayor intensidad con cada instante que pasaba, permitiendo que Ruven se perdiera en el seno de su hermana durante un instante en busca de una motivación mayor que la que Aymel podía ofrecerle, pero después de que ella misma empezara a moverse y se dedicara en cuerpo y alma al acto tan burdo en el que había degenerado un simple intercambio de miradas en la calle, no tuvo más remedio que apartar la mano y apoyarla en la cabeza de Aymel para acompasarse con aquellos angustiosos movimientos.

Las caricias transformaron sus gemidos en gruñidos que evidenciaban su placer y Ruven sintió cómo todo se preparaba para la explosión final. Un último cosquilleo recorrió su piel y, acto seguido, explotó en el lugar que imperaba, terminando de motivarse con el pecho más reducido de quien se había desvivido actualmente por él. Ruven aferró una de sus manos a su hombro, abriendo la boca dispuesto a gemir...

Y lo que salió fue un grito, un alarido de dolor.

Ruven se apartó, llevándose ambas manos a la entrepierna después de tal mordisco; estas se llenaron de sangre de inmediato, recordándole que tal vez no debería confiarse más... y precisamente ésa contradicción lo impulsaba a querer arriesgarse aún más, a cruzar la frontera de la cordura y a jugársela por cualquier sandez. Aquella ramera no le ganaría la batalla.

Hija de puta... ¡¿Y lo haces después de satisfacerme al completo?! ¿Qué clase de lógica sigues tú? —Le dio un puñetazo en medio del dolor, de la frustración y de la ira, que terminó por noquearla y aparentemente hizo que se desmayara.

Adolorido, Ruven se giró hacia su hermana, la liberó con rabia con una mano mientras se sostenía la herida con la otra, y la empujó para que fuese algo para calmar el dolor, cualquier cosa. Después, le prometió que la obligaría a sanarlo con la boca o con su mano si no se daba prisa.

Pese a que podría perfectamente aguantar un segundo asalto con la mujer a la que acababa de violar, si es que aquello había sido realmente una violación, a Ruven se le habían quitado las ganas de explotar de nuevo.

[...]

Retírate. Ahora —le dijo a su hermana, sacándola del cuarto para que lo dejara a solas.

Después de curar su herida, y de sollozar durante más de media hora, por fin lo podía dejar en paz. Ruven terminó de limpiarse el líquido de su intimidad y finalmente procedió a vestirse con el cuero que solía llevar, suspirando y esbozando una mueca. Había mandado a su hermana, Natalie, a recoger el desastre de la cocina y le había ordenado expresamente que no se encontrara con la humana para nada.

Sentado en la ahora entera oscuridad de su dormitorio, Ruven cerró los ojos, apoyando los brazos en los brazales del sofá, y sonrió. Pese al mordisco, pese a lo mucho que había dolido y pese a lo guerrera que era esa mujer cuyo nombre aún no conocía, debía reconocer que se lo había pasado en grande.

No sólo el sexo había resultado especialmente placentero, sino que además ver un alma tan temeraria y poco temerosa le apasionaba. En escasas ocasiones había visto a gente tan alocada como esa mujer, y podía jurar que no viviría mucho más tiempo si seguía así con cada dragón que conocía. Claro está, tal vez no sabía que Ruven era un dragón, pero era algo que ni él había pensado.

En cualquier caso, incluso un humano podría haberla matado. Él había decidido que, por muy divertida que fuese, él lo haría ese mismo día después de violarla un par de veces más hasta dejarla derrotada y malherida.

Un sonido, unos pasos en el pasillo, hicieron que abriera los ojos. En un principio pensó que se trataba de su hermana, pero al ver que abría la puerta, entendió que no era así y se levantó sigilosamente para ocultarse detrás de una columna, entendiendo al momento que era la prisionera. ¿La había liberado Natalie? Era imposible, pues sabía que le obedecía en todo lo que decía, y por eso tampoco sospechaba que pudiese tratarse de ella. No, la prisionera se había liberado por cuenta propia.

Dejó que rebuscara en su habitación y que abriera la puerta de su armario incluso. Allí encontró el arco y, aún desnuda, estiró el brazo para hacerse con una de sus camisas. Ruven arqueó una ceja y sonrió por lo bajo.

Justo cuando la mujer se dio la vuelta para irse, ahí apareció él.

Hola de nuevo, encanto —la saludó en la oscuridad, tirando del arco para arrebatárselo y subiéndose a la cama, simulando que huía temeroso de ella y riéndose—. No me mates, te lo imploro. Es sólo que me gusta demasiado.

Entonces, le hizo caer al suelo al ponerle el pie delante de los suyos y empujar. En realidad el suelo en esta ocasión fue el suave colchón de la cama, y Ruven se subió sobre ella mirándola y apretando los dientes, reteniéndola por completo.

Que sepas... que estoy enteramente curado. Das menos guerra de la que habría podido esperar.

Dicho ésto, se puso en pie y se apartó, deseoso de ver qué hacía.

No irás a ningún sitio. Te voy a violar hasta que mueras, no mentía con eso. No vas a salir con vida de éste hogar. Ésta habitación... será tu tumba. De placer y luego de dolor, si quieres, me da igual a estas alturas. Como poco, podrías decirme tu nombre de una maldita vez.




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Aymel el Vie Jul 20 2018, 23:24

La imagen ensangrentada de la entrepierna del varón se evocó en mi mente cuando pasé la mano por la mejilla rugosa a causa de la sequedad coagulada de él. Mis dedos rascaron ligeramente la capa de mugre y al comprobar que mis uñas estaban llenas de sangre seca fruncí el ceño. Necesitaba un baño. Tirarme a un río o al lago del bosque sería sumamente placentero. La sangre del suelo con su néctar carmesí me hizo pensar en algo que poco antes de desmayarme había dicho: Lógica. ¿Qué clase de lógica? … Yo también me preguntaba eso. En más ocasiones de las que él pudiera creer. Miré hacia donde había estado la hermana y entrecerré los párpados en una creencia suficiente para pensar que ella, por ahora, se había salvado de lo que intuía tenía en mente. O no. No podía estar segura. La mano buena viajó a mi dolorida cabeza cuando los pies dieron el primer paso hacia la puerta.

Vertiginosamente mareada y adolorida pero viva

La idea de seguir con vida me hizo fruncir el ceño cuando el tacto de mi propia mano dejó de presionar la zona del occipital. ¿Por qué no me había matado? ¿Su lógica no estaba siendo igual de enrevesada? Menos mareada y con los primeros pasos tambaleantes me dirigí hacia la puerta y miré a ambos lados del pasillo. Por lo que había visto hasta ese momento el Inquisidor era alguien maníaco y demente hasta el extremo de confundir cada uno de mis sentidos. Con pasos dolorosos atravesé varios pasillos hasta alcanzar la cocina destrozada; miré alrededor buscando en vano mi arco, pero los pasos de alguien acercándose me hicieron retroceder por la otra entrada y alzar una ceja. Una joven, nerviosa y sollozante, irrumpió en la estancia para según parecía recoger los estropicios. A mi parecer, pese al medio hinchado rostro por los golpes, pude comprobar que estaba bien. Y cierto alivio me hizo suspirar sin comprensión.

Desquiciado hijo de huarga malparida.

Mientras dejaba atrás la alborotada cocina donde la hermana parecía apurada recogiendola, me vi tentada a ir tirando los adornos de obstinada devoción por la Reina y amortiguados -por desgracia- por la alfombra fueron cayendo al suelo por el empuje de mis inquietos dedos. Para cuando me giré en ese interminable pasillo que causó que los músculos me desgarraran, una sonrisa se perfiló en mis labios al ver el reguero dejado. Empujé la primera puerta que se puso en mi camino, usando todo mi cuerpo, y suspiré con una mueca de dolor. La estancia turbia y ennegrecida por la falta de luz me hizo fruncir el ceño en un estado de alarma. Mis entumecidos sentidos me hicieron flaquear ante una sensación de embriaguez pero, lejos de hacerles caso, me introduje en la alcoba. Dejé la puerta del pasillo entreabierta para que la poca luz que pudiera llegar me dejara ver el interior de la estancia. Y con pesados pasos me dirigí al armario y busqué en su interior;  el frío tacto del acero del arco me hizo sonreir al haberlo hallado antes de lo esperado, y sin mucho miramiento me quité las ropas rasgadas por ese animal para tirarlas al suelo, y cogí la primera prenda que la mano alcanzó de ese armario.

Por un segundo, solo uno, me dejé llevar por el aroma que desprendía la prenda y obnubilados se hallaban mis sentidos en el estremecimiento que mi propio cuerpo aún sentía. Una sensación de anhelo que me hizo aferrar el arco y girarme. El aire escapó de mis pulmones en una palidez demasiado evidente cuando lo encontré de frente a mí. Mis dedos dejaron escapar el acero de mi adorado Fuyu ante la sorpresa de verlo ahí. Perfectamente. A pesar de haberle causado ese mordisco en su virilidad. ¿Cómo podía estar correteando como un crío malcriado?Tardía fue la reacción que me obligó a ir tras él — ¡Devuélveme mi arco, maníaco hijo de huarga, te voy a clavar una flecha entre los ojos! — furiosa, rabiosa y desconcertada me aplacaba la duda de su regeneración. De un traspié, que aunque vi venir no pude reaccionar por el dolor que invadía todo mi cuerpo, caí sobre la mullida cama. Y antes de que pudiera apoyar los codos para levantarme, él se subió encima y me hizo pegar la espalda contra el colchón. Demasiado cerca

Como un puñetazo en toda la cara, me restregó estar perfectamente antes de saltar como un maldito crío sobre el lecho y se apartó, ¿qué demonios?. La perplejidad era más que obvia en mi rostro pero ésta, poco a poco, se fue agriando hasta que mis incisos se presionaron con rabia contenida. ¡Todo, absolutamente todo, no servía para nada! O sí... por algún motivo seguía viva. Me incorporé apoyándome en los codos y lo observé con fingida indiferencia. Al lado del lecho, como había decidido quedarse, en pie frente a mi, me hizo recorrerlo con la mirada de abajo hacia arriba hasta encontrarme con su mirada — Iré donde me plazca — aseguré y, tras sentarme, me crucé de piernas en esa escsa toga negra, de su propiedad, que cubría menos que más, y dejaba entrever los moratones de sus propias manazas dibujadas en cada parte de mi piel. A fuego . Como si fuera de su posesión. Y eso me molestaba: Yo no era propiedad de nadie, mucho menos de él — Que fuertes declaraciones las tuyas desde que me has tirado por las escaleras esta mañana, pero ¿de verdad vas a hacerlo, Ruven? — y por algún motivo la mención de su nombre salió como un ronroneo.

Contrariada, me levanté de la cama para encararlo en esa distancia casi inexistente que me obligaba a mirar hacia arriba para poder recorrer su envergadura — ¿Si vas a violarme hasta matarme de placer por qué necesitas mi nombre? Puedes llamarme puta, furcia, ramera o encanto, como te plazca, pero deberías saber que yo no tengo tu maldito don de regeneración — comenté con indiferencia para, con las mismas, darme la vuelta hacia la cama y gatear hasta la mullida almohada. Me dejé caer con un quejido de dolor y suspiré con cansancio. Bendita y mullida cama. Esta si que era mi perdiciónSi quieres violarme hasta matarme hazlo... — abracé la comodidad de la almohada, ignorando al Inquisidor, como si fuera mi propia cama. Podía haber ganado la batalla, aunque no estaba segura si la había ganado del todo o estábamos en ciernes, pero la guerra aún estaba presente — ...pero deberías admitir que te gusta más la idea de doblegarme... — auguré en un hilo de voz evidenciando que me había dejado vencer por el cansancio de toda esa situación de vehemencia y locura.




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Ruven el Sáb Jul 21 2018, 20:51

Ruven arqueó una ceja, observando a la mujer desde donde estaba, sentada en la cama y tan orgullosa como de costumbre. ¿Por qué lo preguntaba? ¿Realmente creía que no tendría el coraje de hacerlo? No, se dijo Ruven; no era una cuestión de coraje. Era una cuestión de... intereses, quizá. ¿Por qué sintió esa pregunta como una clara afirmación de que no la mataría como prometía que lo haría?

La forma en que pronunció su nombre le creó un escalofrío. ¿Lo había llamado por su nombre de pila antes? No lo creía. Ella tenía ese derecho mientras que él debía privarse de ello al no conocer el de la mujer. Eso le frustraba. Un detalle tan tonto hacía que sintiera que perdía control de la situación y poder e influencia sobre la joven. Tenía que arreglar las cosas y obligarla a darle su nombre antes de que se creciera demasiado.

Era valiente, eso debía reconocerlo; lo suficiente como para levantarse y posicionarse a escasos centímetros de él, después de todo lo que había pasado. Ruven empezaba a hartarse de la presencia de la mujer, pero no podía dejarla partir, porque eso significaría una victoria tan clara como verlo arrodillarse frente a ella.

No... necesito tu nombre. Lo quiero, simplemente, y harías bien en satisfacer todos mis deseos. No eres consciente de lo que soy capaz. —Le habían enseñado que decir "soy el rey" lo hacía un rey débil, pero empezaba a titubear frente a una mujer que no parecía temerle... a nada.

A nada, salvo a la muerte quizá.

La mujer tenía razón en una cosa: empezaba a debilitarse en demasía debido a los golpes y a la fatiga física del sudor que ambos habían compartido pegados el uno al otro. Un golpe más quizá sería suficiente para crear daños irreparables y, a lo sumo, cinco más para matarla. ¿Por qué no hacerlo? Se quitaría un problema de encima, pero... pero entonces habría estado perdiendo el tiempo todo este día. ¿Qué hacer, qué hacer?

La observó gatear por la cama, como si fuese suya. Creyó atisbar y sentir incluso cierta ternura, más allá del desprecio y el asco, al ver cómo se aferraba a la almohada, como si en aquel cansancio, como si ignorando por completo la sangre y el sudor que la cubría, pareciera una niña, una pobre infante que sólo quería que la dejaran dormir. Ruven sacudió la cabeza, apartando de inmediato tales pensamientos. Esa mujer tenía de niña lo mismo que él de romántico.

Doblegarte, ¿eh? Quizá tengas razón... Quizá sea más divertido.

Quizá por eso no estaba seguro de querer matarla.

Avanzó hacia la cama, se sentó al lado de la mujer y la miró desde donde estaba con una mueca. Alzó la mano y la deslizó suavemente por su espalda, sintiendo cómo su piel se erizaba y cómo su cuerpo parecía destensarse aún más. Cuando llegó a la altura del cuello, Ruven la cogió del pelo y la tiró con fuerza para alzar su rostro y hacer que lo mirara.

Sin embargo... Harías bien en no olvidar que estás en mi casa, conmigo, y que no hay escapatoria. He ordenado a mi hermana que cierre las puertas a cal y canto y, para salir de aquí, sólo te queda saltar por la ventana. Voy a mostrar misericordia contigo por un simple motivo: me has hecho pasar un buen rato ahí abajo y te has mostrado más... servicial de lo que creía, pese a que no he obtenido el resultado deseado. Puedes escoger: decirme tu nombre y dormir en esta cama, conmigo, con el miedo a que te ahogue o te siga golpeando como simple entretenimiento... o dormir en el suelo completamente desnuda, sin almohada, enteramente aislada. Escoge.

Procedió a tumbarse en la cama: sólo existían esas dos opciones, y Ruven cumpliría cualquiera que la mujer deseara. Después, se quedaría dormido.




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Re: Remolino [Aymel] [+18]

Mensaje por Aymel el Dom Jul 22 2018, 13:21

¿No lo necesitaba?¿Lo quería?¿Qué diferencia había? Esa contradicción me hizo dedicarle un recorrido de arriba a abajo en una intento por saber si de verdad se estaba escuchando — Me hago una idea de lo capaz que eres y de lo que no eres . Lo único que había sacado en claro de ese insufrible día es que ese Inquisidor: era como un crío mimado al que no le agradaba que lo contradijeran, que su regeneración era sumamente molesta y que estaba obsesionado con saber mi nombre. Con eso en mente me dejé llevar por la idea de poder dormir en una mullida cama y abracé la almohada con un suspiro ahogado en ella. ¿Cuándo había sido la última vez que había acabado en ese estado? En realidad, ¿alguna vez había acabado así?.

Las marcas de los moratones donde él me había golpeado o agarrado se sentían avivados por un lacerante dolor que me hacía querer romperle cada una de sus articulaciones pero mis músculos estaban demasiado cansados para reaccionar. El peso de mis propios párpados se habían dejado vencer en su queja sobre doblegarme. Quizás la tuviera, sí. Quizás no. Pero esa carta había sido lanzada para hallar un poco de paz. Que la hallara o no dependía de ese maníaco obsesionado con el dolor y la violación. Violación… lo que es violación… Empezaba a creer que algo estaba mal en mi cabeza. Muy mal.

El peso de su cuerpo sobre el colchón me tensó durante un segundo. Apenas el momento que tardó en recorrer la sensación electrizante que atravesó mi piel cuando me tocó. Una sensación masoquistamente placentera que obligaba a mi cuerpo a querer más. Noté como sus dedos ascendían en una caricia hormigueante por mi espalda y esperé la crueldad que siempre parecía proseguir a sus caricias. Con una mueca desagradable no me resistí a su insistencia por que lo mirara y con pesadez abrí los ojos para encontrarme con su celeste mirada — Como si eso fuera a retenerme — le solté un manotazo para liberar mis cabellos — Diría que el resultado te ha gustado demasiado — reí vagamente porque el dolor me obligó a parar casi al instante y acabé volviendo a enterrar la cara en la comodidad de la almohada. Ignorando parcialmente su insistente pregunta sobre el nombre. Pero él no se rendiría tan fácil.

Y aunque en otra ocasión me hubiera levantado, le hubiera arrojado su ropa y la almohada a la cara, para irme a dormir al suelo desnuda; en esta ocasión demasiado vencida por el cansancio y el dolor simplemente cedí a su deseo. Mas o menos Lemya — musité. ¿Qué? No le mentí del todo... sólo era un cambio de orden. Sabía que en su cercanía podría oírlo y no tenía motivos para no creer que ese fuera mi nombre. Lo que no esperaba era oír como lo pronunciaba ¿complacido? por su reciente victoria. Abrí los ojos y miré hacia atrás, sobre mi hombro, para comprobar como me daba la espalda para dormirse, o al menos hacerme creer que lo haría. Tipo raro. Me acomodé en mi esquina de la cama y mientras trazaba estrategias de escape caí en el mundo de los sueños.




I...:

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