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Colegas de Eneas | Boynne

Mensaje por Faddei el Dom Jul 01 2018, 08:11

— ¿Quieres un frijol azul? ¡Se mueven! Ayuda mucho a la digestión, cuidando así más tu fuerza, joven.  


Faddei miró de reojo al comerciante de barbas grisáceas, que le extendía el puño con cuatro frijoles de color azul índigo. En la palma de la mano, los frijoles se movían de un lado a otro, sin ningún patrón que pudiera establecer su conducta. Sólo se movían. Faddei alzó una ceja, y tras unos segundos de verlos sin la mayor curiosidad, continuó con su camino por el resto de los puestos.

No le gustaba caminar entre la gente de Talos en el mercado; todo estaba encajonado y los olores se mezclaban hasta elaborar algo hediondo que impedía a su nariz escoger las hierbas adecuadas para las sopas que tenía que cocinar para sus clientes en la taberna. Quizás si fuera más bruto y menos responsable, llevaría tan sólo cebollas negras y ajos podridos, ¿quién notaría la diferencia? Ebrios, si Faddei no los cuidaba, eran capaces inclusive de comer sus propios vomitos, y era suficiente en la forma en que vivían como para que tuvieran que soportar tremenda bajeza.

Un grito de mujer sustrajo la atención de sus pensamientos. Miró a todos lados, pero sólo veía rostros cansados, molestos o con ojos a medio cerrar. El sol, a pesar del temporal de lluvias, emanaba el calor extenuante que aunque acostumbrados a él, aflojaba los cuerpos, dormía a los niños y envenenaba las almas de los adultos. El mercado, cuyas instalaciones de forma continua resguardaban a miles de ciudadanos, era el sitio por excelencia donde se ocultaba el calor y la flojera.

Faddei, para librarse de ambos, caminaba con pasos rápidos y prestando atención a todo cuanto ocurría a su alrededor; veía los colores de la fruta, que versaban desde un amarillo pálido hasta un verde semejante al del mar en las mañanas; escuchaba las conversaciones en voz alta entre dos comerciantes en lengua extranjera, y también los susurros de los ancianos y las mujeres que cubrían sus cuerpos desfigurados por demasiados partos con apenas algunos retazos de tela; notaba algunos ojos clavados en él, sobretodo, en su mejilla izquierda donde la carne rosada sobresalía. Por suerte, sabía que todos estaban tan hundidos en sus problemas y miserias, que no le dedicaban algún pensamiento de incertidumbre a la causa de aquella cicatriz. Se limitarían a pensar que era un desfigurado por sus crímenes, otro más a la lista.

Con seriedad, se colocó delante de un puesto donde encontró el último ingrediente de su corta lista; sal de mar. Pidió apenas un puño, y tras dar unas cuantas monedas de cobre, se alejó a paso tranquilo del puesto, intentando inmiscuir el oído en conversaciones interesantes, como temas acerca de los dragones o la Reina madre.

Pero nada. Por supuesto, aquellos no eran temas para tratarse en público. Algo triste por haber fracasado en su misión de fisgonear, encauzó su camino a la salida del mercado. Iba pensativo, nuevamente, pero sus ojos, ávidos y grandes ayudantes, descubrieron una figura que su mente no vio al mismo tiempo. Dio tres pasos antes de detenerse en seco, y provocar que una anciana chocara contra su espalda.

—Disculpe...—Murmuró distraído, volviéndose de nuevo a aquella figura que sus ojos le habían encontrado a unos cuantos metros de distancia.

La miró. Quizás demasiado, intentando adivinar en sus rasgos algo familiar. Y no fueron sino los ojos que coronaban su semblante, los que le dieron la señal de que era ella. No pudo evitar esbozar una sonrisa. ¡Era una conocida entre tantas caras sin conocer!

Animado por la idea de tener a alguien en aquel sitio, se abrió paso casi a empujones hasta Boynne. Se encontraba examinando con vivo interés un mango, y tras pensar en como abordarla, le tocó con suavidad el hombro con dos dedos de la mano.

— ¿Boynne? —Susurró apenas.




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Re: Colegas de Eneas | Boynne

Mensaje por Faddei el Miér Jul 25 2018, 02:48

El abrazo lo tomó por sorpresa ya que no esperaba que le tuviera tanto afecto guardado. Aún así, Faddei la estrechó con brevedad y fuerza contra su cuerpo antes de separarse. Le vio unos segundos, verificando que se encontraba bien, y finalmente, se permitió esbozar una sonrisa cálida. Familiar.
—Estoy trabajando —atinó a responder, buscando las palabras adecuadas. Talos no era lo mismo que Eneas. La libertad, para su desgracia no existía, y tanto la boca como los puños, debía tenerlos firmemente guardados si no quería meter a alguien en problemas.

— ¿Y tú? Creía que curabas en Eneas —Y lo hacía. Su madre había sido gran aliada de la familia de la chica, antes de que viera el final de su vida. Ante el recuerdo de la autora de sus días, un nudo poseyó su garganta y sus dedos se fijaron sobre las telas de su túnica, buscando la manera de deshacerse del dolor que aún le proporcionaba la partida que había tenido aquella valiente mujer que siempre vio por su futuro.

A Faddei le sorprendía que aún después de muerta, pudiera influir tanto en su vida. La prueba de ello era Boynne, que le miraba. Aún así, su atuendo era...extraño, ni de Talos ni de Eneas, y esperaba, con fervor que aquel no fuera un encuentro solamente de saludos. Recordando que estaban en pleno mercado, añadió en voz baja:

— ¿Tienes tiempo? Puedo invitarte algo de sopa.




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Re: Colegas de Eneas | Boynne

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