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Mensaje por Yanara el Lun Mayo 28 2018, 23:47

Un día más... —suspiré, con los ojos cerrados, inspirando profundo para llenar mis pulmones de aquel aroma floral desprendido de los pétalos de rosa que bailoteaban a mi alrededor en la tina. El vaho emergente del agua reconfortaba mis nasales, mientras que el cálido líquido amansaba la tensión de mis músculos. Mantenía el cabello recogido, lejos del agua, empero humedecido por el ambiente. Mis oídos se cerraron a todo sonido que no fuera de aquella estancia. Era entrada la mañana y, por horario, el local para el que yo trabajaba apenas estaba abriendo.

Un día más en ese mismo lugar que ya se había convertido en mi santuario. Como otros tantos que frecuentaban la Flor Azul en busca de relajación, de opio, de un momento distendido... o de mis servicios. Tan exóticos como prohibitivos para todos esos dragones que no gustaban de compartir su tiempo con humanas. Ilusos. Si supieran la realidad, tenía muy claro que llevaría bajo tierra, criando malvas, unos cinco años.

… Cinco años.

Qué rápido pasaba el tiempo en ese lugar. La monotonía de mis días siempre la rompía ese mestizo de cabello corto y rubio, que conocía desde que era una niña, cuando venía cada noche a dormir conmigo. Una pequeña sonrisa resignada se dibujó en mis labios con el recuerdo de esas veces que no había alcanzado a llegar para pagar por estar conmigo. Cedrik, en todo el tiempo que llevaba como esclava, no había dejado de esforzarse por ahorrarme "malos ratos".
Pero, al final, muchos de ellos eran ineludibles.

Un golpe seco retumbó en el pasillo, llamando mi atención hasta el punto de abrir los ojos y clavarlos en la puerta de la habitación por un momento. A ese sonido repentino se le sumaron voces, a cada cual más fuerte, en una sucesión progresiva que terminó siendo demasiada tentación para mi innata curiosidad.

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Salí de la tina, cubriéndome con una batola que no tardó en absorber el agua que escurría de mi piel. En circunstancias normales, me habría entretenido en esa rutina, perfumándome en lo que me adecentaba para otra jornada más de trabajo. Pero lo que fuera que estaba pasando en el piso inferior, sólo parecía ir en aumento.

¡Bastardos!

Fue un rotundo grito que se escuchó por encima de los demás. ¿Qué demonios estaba pasando? El ceño se me frunció solo en lo que me movía para vestirme, sin apartar la mirada de la puerta. Al final, puse rumbo a la entrada, calzándome en el camino. Al abrir la madera crujió, aunque ese sonido quedó del todo amortiguado en el alboroto que entró de súbito a la habitación. Salí cada vez más intrigada y, a la vez, inquieta.

¡Pagaréis por esto, demonios del averno!

Unas risas empezaron a escucharse en lo que yo llegaba a las escaleras. Reconocía en esas palabras al encargado de la Flor Azul. Pero, a título personal, también reconocía que con esos insultos sólo conseguiría que se siguieran riendo de él.
Apenas había llegado a la base de la escalera cuando, por fin, vi parte de la escena. A dos pasos de los escalones de madera, estaban dos humanas, visiblemente magulladas. Inmediatamente, mi mirada barrió la estancia con premura, buscando a los responsables, para encontrármelos golpeando al encargado.

Para que no te apetezca volver a engañarnos, desgraciado.

¡Dejadlo en paz! —me envalentoné, con una mueca congestionada, de visible molestia. A un lado, quedaban sillas rotas, muebles maltrechos por algún golpe fortuito, en lo que yo ignoraba el motivo había iniciado aquella trifulca. Posiblemente, aquel encargado de poblado mostacho había querido venderles la idea de que aquellas chicas eran lo que realmente no son. Algo parecido a lo que hacía yo.
Pero lo que me diferenciaba era que, allí, nadie sabía mi secreto.

O, ¿qué? —me contestó uno de ellos en cuanto me tuvo en su campo visual— ¿Vas a darnos tú lo que él nos prometió? —apreté la mandíbula, marcando más mi ceño fruncido, mirándolos con un desafío inherente, brillando en mis ojos. Pronto, soltaron al pobre hombre, encarándome. Con pasos calmos pero altivos, comenzaron a acercarse a mí, en lo que yo preparaba los puños cerrados, para tatuárselos en sus caras, de ser necesario—. Desde luego, prometes mucha diversión, rubita.




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Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 30 2018, 08:50

Las rutinas matutinas no eran agradables.

Ovyx había estado de servicio durante toda la noche y la madrugada, cubriendo a un compañero dragón que no había podido asistir a trabajar. Deseaba interiormente que se le cortara la cabeza por semejante falta de profesionalidad, hubiera tenido el problema que hubiera tenido. Por desgracia, la pena de muerte estaba prohibida entre dragones y las garras llegaban solamente al exilio. Tal vez perdería su puesto de trabajo. Vivían en tiempos difíciles y Talos estaba más necesitada que nunca. Desde el punto de vista de Ovyx, pocas cosas podían importar más que la actual seguridad de la ciudad. También tenía una familia en la que pensar, una familia que probablemente lo quería tan poco como él los quería a día de hoy, pero...

Unas voces perpetraron la calle e hicieron que girara la mirada hacia unas mujeres casi desnudas que salían de un establecimiento. Bastó arquear la ceja y mirar el nombre para captar que se trataba de un prostíbulo. De inmediato, las mujeres, aún gritando y suplicando ayuda, se acercaron a él trastabillando; una de ellas le sujetó de la parte inferior del brazo para tirar de él y la otra se aferró a su espalda y cintura.

—¡Ayúdenos, por favor! —se exclamaron al unísono, haciendo que Ovyx frunciera el ceño y mirara hacia el local.

Decidió que iría a ver qué sucedía. Si había aparecido un dragón para adueñarse de alguna de las furcias humanas, no pondría la mano en el fuego por ella; se iría y se metería en sus propios asuntos. Los dragones tenían derecho a hacer básicamente todo lo que quisieran con los humanos, al fin y al cabo, salvo enamorarse de ellos. Por suerte y para mejor, Ovyx los odiaba; a muerte.

Se adentró apartando la puerta elegantemente y mirando el estropicio que se había creado en la sala central: había sillas y mesas tiradas en varios lados, dos mujeres heridas levemente en el suelo y un hombre cerca de ellas que claramente había sido golpeado con mayor crueldad.

Ovyx alzó la mirada hacia unos pasos más allá, donde justo se hallaban los aparentes responsables encarando ahora a una pobre mujer, probablemente una trabajadora del local. Dio varios pasos al frente con la mano sobre el pomo de la espada y frunció el ceño, preguntándose por qué se metía en todo esto. Ni siquiera sabía si el prostíbulo pertenecía a algún dragón o a humanos. Hoy día, no le sorprendería que esto fuera así.

Puso una mano sobre el hombro de uno de los atacantes y esbozó una mueca. Estaba seguro de que semejante panda de cretinos eran humanos. Nunca había visto a un dragón dejarse llevar por la promesa de un humano, uno al que además habían golpeado. Los dragones solían tener métodos más... eficaces: se adueñaban de lo que deseaban si pertenecía a los humanos o si eran los propios humanos y no preguntaban (eso sí, sin arrebatarse las posesiones entre dragones. Al menos, no legalmente.).

—No podéis estar aquí. —dijo sencillamente, cruzándose de brazos y encarando a los dos hombres.

—Un guardia... ¿Dragón? ¡Estamos hartos de las pretensiones dracóneas y sus estúpidas políticas faltas de humanidad! Nosotros también queremos adueñarnos de lo que queremos, y esta furcia no va a ser menos.

Estiró el brazo para agarrar a la joven con fuerza, mientras que el otro se reía y se acercaba, alzando las manos en dirección de su prenda. Estos dos sujetos debían ser sin lugar a dudas dos psicópatas: ¿encaraban en voz alta a un dragón? Tal vez habían pensado que Ovyx se sentiría identificado con el deseo de posesión y la llevaban al ámbito sexual, incluso de la violación. O tal vez simplemente deliraban.

En todo caso, Ovyx desenfundó su espada y la hundió en el cuello del sujeto que intentaba arrancar la prenda de la chica. Después, la recuperó y la deslizó sobre la garganta del otro. Ambos cayeron al suelo.

Ovyx enfundó, sin dignarse a mirar a los cadáveres, y puso una mano sobre el hombro de la chica. La mayoría de prostitutas de Talos eran humanas: después de todo, las dragonas no necesitaban rebajarse a tal nivel para ganar dinero. En la sociedad, esos puestos de trabajo estaban reservados a los humanos para evitar que los dragones debieran ejercerlos.

—¿Estás bien? —preguntó de forma casi inexpresiva, buscando heridas en su cuerpo por algún motivo.

Escuchó al encargado levantarse y empezar a maldecir en voz alta. Tuvo la astucia de no maldecir el estropicio que Ovyx había creado con dos cáscaras degolladas.




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Mensaje por Yanara el Vie Jun 01 2018, 23:28

Aunque retrocediera poco a poco, no implicaba que quisiera huir de aquellos dos malhechores que rompían cada vez más distancia conmigo. Se me hacía fácil ver en sus caras el vicio y la ansiedad reflejadas, por lo que pudiera acontecer. Si, por alguna infeliz casualidad, pensaban que se iban a beneficiar de mi presencia o que yo les premiaría por ese maldito engaño del encargado, a quien no evité mirar de forma significativa. ¿Qué demonios les habría dicho para que el caos causado fuera tal? Tenía muy claro que, más temprano que tarde, tendría una densa charla con él. No éramos sus putas ni moneda de cambio de nadie, aunque, lamentablemente, todas tuviéramos un precio, para nuestra desgracia. Unas míseras monedas para satisfacer a quienes pagaran por ello.
Pero algo me decía que aquel par, no habían pagado por esas dos muchachas que ahora querían esconderse, para evitar seguir siendo magulladas.

Si esos dos tipejos pensaban que conmigo lo iban a tener fácil... pobrecillos, no tenían ni idea.

Estaba por demostrarles la pasta de la que estaba hecha, cuando nos interrumpieron. Vi cómo un guardia que no reconocí en un principio, se acercó hasta tocar el hombro de uno de los dos cretinos que, tuvieron la suerte, de no llegar a tocarme. Al menos, mientras el soldado les hizo esa advertencia con tono neutro. En la réplica, lanzaron su queja contra los dragones y extendieron sus manos hacia mí. Intenté zafarme con brusquedad. Sabía, de antemano que no llegarían a nada conmigo. Eran humanos. Se veía a la legua.

Todo pasó en exceso deprisa. Un tajo. Una salpicadura de sangre en mi rostro. En cuanto quise darme cuenta los dos folloneros caían redondos al suelo, con la garganta atravesada por la espada del dragón. Fue entonces cuando reconocí al soldado. Ovyx. Un orgulloso dragón que detestaba a los humanos hasta considerarlos ratas necesarias para posar sobre ellas toda la hegemonía y dominio dracónicos. Pese a su forma de pensar, había sido otro de mis compañeros cuando estaba en el ejército. Habíamos llegado a tener una buena relación. Quizás demasiado igualitaria, llana y agradable para ser un dragón y una híbrida. Pero, ese era un detalle que muy pocos sabían. Un secreto que me llevaría de un vuelo directo a la tumba si salía a la luz.
Inspiré antes de contestar—. Sí... —murmuré, preguntándome cómo era posible que no me hubiera reconocido. ¿Tanto había cambiado? Sí era posible que pudiera estar algo más delgada pero, ¿por lo demás? Mi mirada se entrecerró ligeramente.

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Tal vez era él quien no había cambiado y seguía siendo igual de soberbio, pensando que todo aquel que viviese fuera del Castillo era humano—. Aunque me sentiría mejor si me hubieras dejado darles una patada en su entrepierna, antes de matarlos. —le reproché, tuteándolo, directamente, deseando que me mirase para aguantar esa indignación en su mirada, durante esos segundos que se tomaba para saber quién era—. ¿Ahora te dedicas a dejar reguero de cadáveres allá por dónde pasas... Ovyx? —mi sonrisa se pronunció a un lado, siendo yo ahora quien se cruzaba de brazos, adoptando esa actitud altiva, típicamente draconiana.

Lo cierto era que ahora, despertaba mi interés que se hubiese dignado siquiera a entrar a ese lugar de ambiente erótico y cargado. Y más para ayudar a supuestos humanos. ¿Acaso se estaba ablandando?
A falta de algunas palabras del encargado hacia el dragón, como un mínimo agradecimiento, era posible que Ovyx y yo acabáramos manteniendo una buena charla. Como esas de antaño.




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Mensaje por Ovyx el Lun Jun 04 2018, 08:48

La forma en que aquella pobre mujer lo miró, respondió y habló hizo que Ovyx entendiera que no era una humana, en primer lugar; de lo contrario, no se habría atrevido a tutearlo. Era la opción más lógica, porque no había muchos locos capaces de insultar de tal modo a un dragón. Ovyx sonrió ligeramente y negó con la cabeza. Una buena patada en la entrepierna no habría estado mal. Ovyx no despreciaba la violación, pues él mismo la había practicado a una pobre humana antaño, pero cuando se trataba de un dragón quien la sufría, sí que la despreciaba, o cuando era un humano el que la practicaba.

—Tú... Un momento. —murmuró un momento después, frunciendo el ceño y mirando fijamente a la chica. Ovyx reconoció entonces a la chica. Sí, la recordaba del ejército: una vieja compañera dragona que había sido una persona de bien, al menos alguien que le había agradado. No era un contacto de hacía siglos, sino apenas muy, muy poco tiempo. Era una mujer fuerte, una dragona con un futuro prometedor.

¿Cómo había acabado así?

—Reguero de cadáveres... ¿Ha sido distinto en una sola ocasión durante estos últimos diez siglos? No has estado ahí para ver muchas cosas de las que he hecho, querida mía. Y tampoco digo que te sorprendería: eres una dragona, y todos nosotros hemos cometido grandes pecados en nuestras extensas vidas, Yanara. —pronunció su nombre recordándolo después de tanto tiempo.

Calló durante unos instantes para observar con mayor detenimiento la sala, el desastre que había creado, y se fijó en el encargado que, aún quejándose, llamaba a varias de las prostitutas que se hallaban en el piso de arriba para arreglar el estropicio. Ovyx le hizo un gesto a Yanara para que lo siguiera al exterior, pero antes de poder alcanzar la puerta, el encargado cogió a la mujer de la muñeca y tiró de ella.

—Ah, no, no, tú te quedas aquí. No te vas hasta que te hayas tirado a media ciu...

—Me temo que no está en posición de privarme de mi justa recompensa por la ayuda, caballero. Esta mujer se viene conmigo y hará todo cuanto yo le pida como forma de pago. Estoy seguro de que no es mucho gasto después de la paliza de la que acabo de salvarlo. Niéguese, y se la daré yo mismo.

Y así, Ovyx llevó a Yanara al exterior.

Dio los primeros pasos encima de la base de madera frente a la puerta y bajó los dos escalones que separaban la entrada del burdel del suelo de Talos. Ovyx se rascó el cuello y la barbilla y alzó la cabeza en busca de... algo que mirar. Parecía un poco perdido y no sabía muy bien qué decir después de tanto tiempo sin ver a Yanara. Optó por lo más fácil: buscar respuestas.

—Saber que trabajas aquí me disgusta. Es una vergüenza para los nuestros y además me duele como amigo. ¿Se puede saber qué haces trabajando aquí? ¿Es que te han convertido en humana con algún ritual extraño? Eras una guerrera de orgullo, fuerza y coraje. Jamás habría imaginado que estarías tan desesperada.

Y tampoco pretendía dejar que la situación siguiera siendo así. Prefería mil veces llevarse y raptar a Yanara que verla trabajar allí una sola hora más. Era repugnante.

—Desembucha. Cuéntamelo todo.




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Mensaje por Yanara el Vie Jun 08 2018, 17:16

Era tan obvio que no se había dado cuenta. Aún, quiso reaccionar mal por mi impertinencia, lo cuál me llevó a pensar que hubo un instante de asimilación, en el que tardó en saber que yo no era ninguna humana. Sin pretenderlo, me había menospreciado y, por ende, se había querido hacer el héroe, con esa actitud impertérrita tan típica de los de su raza que nada más llegaban, pegaban un par de sablazos, enfundaban y se volvían a ir. Una manera drástica pero eficaz de poner orden.
Así habían hecho en los últimos tres siglos y medio.

Una sonrisa curva se vio en mis labios con ese querida mía. Más se amplió cuando mencionó esa naturaleza que, en teoría, compartíamos. Que yo fuera una híbrida era algo que muy pocos, mis más allegados, sabían. Era de los pocos secretos que guardaba con extremo celo, pues mi vida dependía de ello—. Vas a tener que contarme cuánta diversión tuya me he perdido. —ladeé la cabeza, con curiosidad. Según mi pantomima, no contaba con más de ciento cincuenta años. Aunque fuera una verdadera dragona, Ovyx me sacaba clara ventaja, más allá de los libros de la gran biblioteca de Palacio que yo hubiese podido leer—. Diez siglos dan para mucho... —la curva de mis labios se marcó mucho más cuando mi nombre se pronunciaba en esa voz grave, cerrando ese círculo. Ambos ya sabíamos y recordábamos quién era el otro.

Asentí una sola vez, con esa indicación para que lo siguiera al exterior del sitio. Sin embargo, el encargado, aún magullado, me alcanzó por la muñeca, en un tirón que no pretendía ser suave—. Suélt-... —fruncí el ceño con esas palabras tan duras, pero interrumpida por el dragón. Ovyx, muy educado y acertado, le hizo una advertencia que aquel desagradable encargado no pudo ignorar. En sus ojos se vio el malestar y el cabreo conmigo. Ambos teníamos un carácter demasiado fuerte como para no chocar. Por suerte para las demás chicas, solíamos estar en concordancia, a menudo.

Seguí a Ovyx al exterior, en lo que me mesaba suavemente la muñeca que el humano había agarrado con fuerza, calmando el dolor del tirón. La puerta del local se cerró después de que saliéramos. No obstante, sentí unos ojos en mis hombros, por lo que no pude evitar mirar de soslayo hacia atrás, para cerciorarme de que estábamos solos.

Fue claro con su disgusto, que no tardó en manifestarme. Esa retahíla de palabras y ese significado contenido no me eran desconocidos. No era la primera vez que lo había escuchado. Pero la sorpresa vino con esa insinuación que me hizo reír—. No estoy aquí por voluntad propia. —aclaré, antes de que siguiera por ese camino—. De hecho, eso resolvería muchos misterios. —enarqué ambas cejas, aún con la diversión brillando en mi mirada. Me acerqué a esos escalones para sentarme en el extremo de uno de ellos, para no manchar mucho el vestido con todo el polvo, barro y arena que hubiera de todas las pisadas de los clientes. No perdí de vista al dragón, que seguía con gesto ofuscado—. Me acusaron de algo que no hice, Ovyx. —aclaré, finalmente—. Pero el dragón que lo hizo en su momento era un alto cargo del Ejército.—continué explicando, viendo cómo su rostro iba cambiando. Podía imaginarme casi todas las preguntas que podían estar cruzando su mente en ese momento—. Y, tuvo dudosos testigos que confirmaron su acusación.—acompañé mis palabras, alzando sutilmente uno de mis hombros, dejando ver un atisbo de resignación al respecto—. Así que, me presentaron como una dragona impulsiva y rebelde que agredió a su superior. —por más que yo hubiera querido defenderme, era mi palabra contra la de ese superior. Una batalla perdida de antemano.

Pero entonces, me surgió la duda. Una duda que me hizo fruncir el ceño—. Me sorprende que no escuchases nada al respecto. —el juicio a uno de su raza solía ser muy sonado porque era algo muy esporádico. Me mordí el labio inferior, claramente incómoda por esos recuerdos desagradables. Como bien había dicho Ovyx, tenía mi orgullo y valía como soldado. Y todo me lo habían tirado al traste. Así que, decidí concluir con un sarcástico toque diferente—. Y... ¡bueno! Esto es lo que soy ahora... —sonreí ampliamente con teatralidad. Había ensayado ya mil veces aquella presentación, aunque esta vez le puse muchísimo menos gana y hasta más cinismo, sabiendo que a Ovyx no lo engañaría— La Venus más exótica de este...—¿lugar de perdición? ¿Burdel? ¿Antro?— ... sitio. —terminé por decir. A veces era mejor atar esa lengua viperina, antes de causar malos estragos. No me encontraba del todo cómoda en la entrada del local, en el que todo el mundo que pusiese la oreja, podría escucharme.




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Mensaje por Ovyx el Miér Jun 13 2018, 13:25

La casi inmediata respuesta de Yanara pilló a Ovyx por sorpresa. El dragón arqueó una ceja y giró la cara para mirarla, claramente intrigado e interesado. ¿Por la fuerza? ¿Quién había obligado a una dragona, orgullosa como ella, a trabajar allí? Los dragones hacían lo que les venía en gana, y entre ellos no solían ridiculizarse a semejante niveles. No era coherente. Tal vez Yanara lo había perdido todo, pero muchas leyes la protegían y el trabajo que ella ejercía solía ser el de los humanos. Algo no cuadraba.

Entonces, Ovyx empezó a entender cosas. Una falsa acusación. Asintió, asimilando la información y pensando con cuidado en qué decir, pero para ello, primero tenía que escuchar todo lo que Yanara tenía que decirle.

Un alto cargo del ejército... ¿Por qué no me lo dijiste? Podría haberte ayudado de alguna manera. Tal vez sea un simple soldado, pero muchas leyes dragonas te protegen. Somos lo que somos porque sabemos respetarnos mutuamente.

Sabía que las cosas no eran tan simples, pero por los viejos tiempos y la repentina pena que sintió, Ovyx optó por ser... optimista. Suspiró, se rascó la barbilla y se hizo de hombros. De ser por él, tiraría del brazo de Yanara hasta sacarla de allí y llevarla de vuelta a casa. Tal vez no tenía posición para juzgar ni para meter mano, y tal vez un segundo después se arrepintiera por haber cometido tal locura, pero por un simple instante Ovyx deseó hacerlo. Incluso en contra de la voluntad de Yanara.

Lamento lo ocurrido —comentó esbozando una mueca y rascándose la frente—. A mí también me sorprende. Algún rumor habré escuchado en este tiempo, pero no imaginaba que fueras tú. Tal vez he estado apartado de la realidad demasiado tiempo. Ya me conoces: a mi bola, perdido en mis propios pensamientos, siguiendo mis objetivos, ... Amo nuestra raza y tal, pero...

La forma en que se refirió a sí misma como "la Venus más exótica" le dio asco. Ovyx era un dragón con sus necesidades como cualquier otro, pero escasas veces había acudido a los servicios de las cortesanas. La mayoría de las veces se había acostado con su ex pareja, otras dragonas que se habían abierto consentidamente o violado a humanas sin valor alguno.

No deberías estar aquí. Espero que no esperes que solicite tus servicios en un momento así. No me aprovecharía de tu situación —los dos sabían que Ovyx no era la mejor persona en Talos, pero eso era sincero. Le sonrió a Yanara y suspiró con dejación.

Esbozó una mueca, tocó la empuñadura de la espada con la yema de los dedos y estiró los huesos de su cuerpo.

¿Por qué no me acompañas al bosque y comprobamos que sigues siendo tan buena guerrera como antaño? Tal vez pueda hacer algo por ti. Pídeme lo que desees e intentaré ayudarte. Por respeto y por los viejos tiempos. Eres una mujer digna de mi aprecio.

Ovyx se percató de que ya se habían alejado lo suficiente del prostíbulo. Lejos de oídos indiscretos, sonrió y se relajó un poco. Por supuesto no le temía a los humanos, pero la sed de sangre lo excitaba y hacía que su respiración y pulso se dispararan.

Las cosas en el ejército están como siempre; al menos, para mí. Salvo por todo lo que ha pasado últimamente. Tampoco te estás perdiendo gran cosa, pero estás entregando demasiado. ¿Por qué no dejas que te ayude a salir de esa vida? Muchos otros dragones se habrían aprovechado para desfogar. Yo lo haría de ser tú quien accede y de no ejercerlo como oficio, pero... Esto no es correcto. No es lícito. Eres una dragona, una orgullosa criatura. No puedes seguir ahí. ¿Qué puedo hacer por ti? Necesito que me lo digas, Yanara.




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Mensaje por Yanara el Jue Jun 14 2018, 23:31

En cuanto vi la intención de Ovyx de seguir caminando, me levanté de las escaleras donde me había sentado y me dispuse a seguirlo. Lo miré extrañada por su comentario. ¿Aquello era un reproche? Sí era un dragón con el que yo había llegado a compartir alguna guardia o misión antaño, pero, ¿cómo iba a decirle nada? Simplemente negué cuando añadió aquello de las leyes que supuestamente protegen a los dragones y ese respeto mutuo—. Honestamente, me parece pura verborrea, Ovyx. —sentencié, con claridad meridiana—. Si con ese respeto que es para ti, también se rige ese malnacido... No lo quiero. —apreté los dientes ligeramente, aunque mostrase toda la solemnidad de una dragona orgullosa caída en desgracia. Porque, a sus ojos, no dejaba de ser justamente eso—. Además, son esas mismas leyes que tú mencionas las que me han metido ahí. —señalé la Flor Azul, que ya quedaba más atrás. Había sido un juicio injusto, sí. Pero un juicio, al fin y al cabo. Y eso sin mencionar que había sido en el preciso momento en el que la Inquisición sólo era un proyecto.
Porque de esas garras no me habría salvado con vida.

El gesto que el dragón ante mi satírica definición, fue del todo elocuente: le agradaba tanto como a mí. Empero, me fue imposible no sonreírle al mencionar su forma de ser—. Lo que me sorprendería es que tú hubieras cambiado... —los dragones eran reticentes a todo cambio imprevisto. Y aquel dragón, era uno de principios. Lamentablemente, aún vivía con la venda en los ojos. Como muchos de sus congéneres que eran fieles a la Reina.

Volví a negar, mientras seguíamos avanzando en nuestro paseo, tranquilamente—. No espero nada, Ovyx. —¿requerir mis servicios? No es que yo, a estas alturas, después de cinco años ejerciendo como meretriz, tuviese reparos. Me sorprendía que él sí los tuviera. No obstante, aquel soldado era en extremo respetuoso con los suyos, por lo que su recelo estaba justificado—. No es aprovecharse o no. Es mi ocupación ahora. No te culparía por ello... —¿debía? No, para nada. No le veía sentido culparlo. Después de todo, tendría que abonar monedas, por ello.

La conversación dio un giro, tomando un camino más liviano cuando me ofreció la posibilidad de salir de Talos y entrenar. Así, pude dedicarle una marcada sonrisa, con un agradecimiento velado e inherente—. ¿Por qué no? Me vendrá bien cambiar de aires. —acepté—. Aún puedo patearte ese bonito trasero que tienes. —añadí, con algo de sorna, en ese desafío que se planteaba entre ambos en ese momento—. Pero tendré que salir de la ciudad bajo tu tutela. —alcé la mano para enseñarle la pulsera de jade que adornaba mi muñeca.

Suspiré, cuando la conversación se desvió de nuevo a ese hilo lúgubre y hasta escabroso. Todo lo que tuviera que ver con mi vendetta, efectivamente lo era. Y cualquiera que quisiese ayudarme, podía salir muy mal parado—. No eres el primero que se ofrece a ayudarme. —confesé. Cedrik, Sybelle, Alexander o Andhra eran los principales apoyos que tenía que se estaban moviendo todo lo posible para sacarme de ese atolladero. Pero las cosas iban demasiado lentas y yo cada vez tenía menos paciencia—. Ovyx... —enuncié, llamando su atención. Tragué saliva antes de seguir—. Verás... —sentía como una avalancha de cálido valor se arremolinaba y contenía en mi pecho, por ese salto al vacío que estaba a punto de hacer. Había confianza con él, ¿verdad? Lo que ignoraba por completo era el punto hasta que él inclinaría la balanza por mí, frente a sus principios proreina—. Tengo una persona que está buscando descubrir a ese mentiroso y hacerlo pagar por lo que me hizo. —expliqué, sin dar nombres ni grandes detalles, queriendo primero saber cómo reaccionaría—. Sé que necesita contactos dentro del Ejército, más allá de todos aquellos a los que pueden relacionar conmigo. —continué, esta vez fijando mi mirada almendrada en el rostro del varón—. ¿Te interesaría? —pregunté al final. A lo mejor era demasiado pronto para ser tan directa... o demasiado tarde para no condenarme con lo que acababa de decir.

No tardamos en llegar a esa calle que moría en la entrada de Talos. Los carromatos se agolpaban para pasar y los transeúntes procuraban evitarnos según nos acercábamos a ese portón para salir de la ciudad. Mis ojos se clavaron en esos guardias que, si bien procuraban estar atentos a cada uno de los que cruzaban el umbral, ya se habían percatado de mi presencia.




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Mensaje por Ovyx el Lun Jun 18 2018, 13:26

Sí que era una cuestión de aprovecharse: al menos así lo veía Ovyx cuando se trataba de otros dragones. Respetaba a Yanara y verla en una situación como ésta despertaba su ira y su rabia, hacía que apretara el puño y que su fuego interior hiciera temblar los cimientos de su mundo. Podía estar tranquila: no solicitaría ninguna clase de servicios de otra dragona. Sólo se acostaría con una que de buen grado aceptara. Con las humanas había sido otra historia a lo largo de los siglos.

Me hago enteramente responsable de ti. No te pasará nada mientras me sigas. Después te patearé el trasero por creer que puedes vencerme —se rió haciéndose el ofendido por su amenaza, pese a que esperaba de todo corazón que Yanara tuviera razón y que no hubiera perdido sus habilidades de guerrera.

Sabía que no era el primero en haberse ofrecido a ayudarla. Recordaba que Yanara no era una persona especialmente antisocial y suponía que tenía familias, seres queridos que darían cualquier cosa por ella. Ovyx no estaba dispuesto a llegar a esos límites por una vieja compañera de armas, pero sí que deseaba ayudarla y además adoraba el peligro por cuenta propia.

Pero seré el primero en sacarte de ahí —aseguró con una sonrisa y mostrándose seguro de sí mismo.

La forma en que Yanara lo llamó hizo que Ovyx arqueara una ceja, pero que todo humor desapareciera de golpe y que en su rostro se dibujara una expresión de evidente preocupación.

Escuchó su propuesta, sintiendo que el pecho se le hinchaba de orgullo y de esperanza. Así que sí había una forma de ayudar a Yanara. Tal vez, una vez el mentiroso hubiera pagado por su mentira, pudieran desvelar que Yanara no había hecho absolutamente nada de lo que había sido acusada.

Cuenta conmigo —afirmó sin que la voz le temblara. Siempre y cuando la muerte no fuera una opción. Podían hacer pagar a un dragón, pero no matarlo si no querían ir en contra de las reglas y de los principios de la raza—. Pero hablaremos después.

Miró a los ojos de Yanara y tragó saliva. No se percató de que habían llegado a las puertas de Talos hasta que escuchó los pasos de varios guardias acercándose. Ovyx posó la mano sobre la empuñadura de su espada para demostrarles que era del ejército y luego alzó una mano para pararlos a medio camino.

Está conmigo, bajo mi tutela. Tengo quehaceres fuera de Talos en este momento y necesito llevar a mi ramera conmigo.

Los guardias se miraron entre sí, pero terminaron retirándose. Eran compañeros de trabajo de Ovyx y lo conocían. Ovyx le hizo un gesto a Yanara para que lo siguiera y recorrió el camino que lo llevaba al bosque.

[...]

Cuando por fin se pudo apoyar en un árbol, lejos de todo y a solas con Yanara, Ovyx dejó de mirarla, perdió los ojos en un punto fijo y expulsó todo el aire que se había acumulado en su pecho durante la caminata, al perderse en sus tantos pensamientos, al desarrollar el odio y la furia sólo con imaginar el rostro del mentiroso.

La mano que había apoyado en el brazo empezó a arder. Ovyx apretó los dientes, esbozó una evidente mueca de dolor y apretó los dedos sobre la corteza, pero no dejó escapar quejido alguno y mucho menos un grito. Por primera vez en su larga vida, la única forma de su mano y de su antebrazo parecía estar cambiando: la piel humana desapareció y dejó entrever escamas, mientras que sus dedos se convirtieron en garras. Ovyx arañó la madera y la estrujó en la palma de su garra.

La magia de la reina; un don que hasta ahora Ovyx no había usado, pese a ser casi del todo fiel a ella. Convertir una sola parte de su cuerpo resultaba doloroso, en especial esta primera ocasión, pensó Ovyx, pero funcionaba.

Necesito que me lo cuentes todo, pero deberíamos hacer esto correctamente. Por una vez. Cuéntame todo acerca de tu contacto: quién es, cómo quiere ayudarte, dónde puedo encontrarlo, ... Desde mi posición en el ejército no puedo hacer mucho: te relacionarían fácilmente conmigo porque hemos sido compañeros de armas, pero tal vez podría conseguir a alguien que no te conociera de nada y en quien pueda confiar. Tal vez podría, si no...

Ovyx empezó a darle más vueltas. Tenía que haber una forma.




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Mensaje por Yanara el Vie Jun 22 2018, 23:51

Era fácil relajarme en compañía conocida. No era que en la Flor Azul no conociese ya a mis compañeras de oficio, pero un antiguo compañero de mi pasada vida, era revitalizante de una forma peculiar. Tampoco era el único. De una forma u otra, en los últimos cinco años, en mi esclavitud, había mantenido el contacto con ese mundo que dejaba atrás, por cada vez que alguien de mi antigua vida, venía a verme o miraba por mí—. ¿El primero? —sonreí de lado, no obstante, sin apartar mi mirada de su rostro—. Tendré que recompensarte por ello, entonces. —añadí, con un ligero y pícaro guiño de ojo. Bromeaba, por supuesto. Aún tenía presente lo que me acababa de decir de que nunca solicitaría mis servicios, como él mismo había dicho.

Dejé que fuera Ovyx quien tomase la palabra frente a esos guardias que hicieron el amago de detener nuestro avance, con un gesto inquisitivo. Por suerte, el dragón fue más rápido y contundente. Yo me limité a agachar la mirada, y juntar mis manos por delante. Muchas veces era la mejor manera de no interpretar más gestos, muecas o miraditas que pudieran echarme. El reproche, aversión o mero deseo que pudiera ver en ellos, era lo que menos llamaba mi interés en ese momento. No obstante, enarqué una de mis cejas por lo que mi acompañante dijo. Y, tan sólo cuando pudimos pasar, y estuvimos lo suficientemente alejados, me animé a abrir la boca, sin poder contenerme más, en realidad—. Aunque despiertan mi atención esos quehaceres fuera de Talos para necesitar de mi compañía... —enuncié, como quien no quería la cosa—. Es la primera vez que alguien me llama así. —no era el fin del mundo. Y tampoco estaba falta de razón. Supuse en ese momento que ese término me sonaba demasiado despectivo fuera de la Flor Azul.

No hubo una conversación particularmente tediosa entre ambos, hasta llegar al asilo del bosque, perfecto para descansar y disfrutar de esa intimidad silenciosa que la naturaleza en sí nos brindaba.

Pero, lo que ocurrió con la mano del dragón no es algo que pudiera pasar desapercibido a mis orbes almendrados. Como tampoco hizo su gesto silencioso, significativo para todo aquel que lo presenciase. Debía de estar doliendo esa transformación parcial, aunque no emitiese quejido alguno. Tragué saliva en cuanto fui consciente de todo lo que tenía que haber removido Ovyx internamente, para que se exteriorizase de esa forma.
Fruncí el ceño cuando comenzó a hablar, habiendo escuchado el crujir de la madera ante esa garra que no parecía volver a su estado inicial. Cuando su mirada clara se enfocó en mi persona, yo procedí a sentarme sobre la primera piedra que encontré—. Se llama Sybelle. Es muy buena amiga mía. —apunté. No dudaba que el dragón tuviera presente ese riesgo que tanto ella como yo, corríamos hablando tan libremente, en apariencia de un boicot a ese otro dragón, por el que había acabado recluida en la Flor Azul haciendo lo que me negué en un principio—. Lleva unos viñedos a las afueras de Talos. —seguramente con ese detalle, Ovyx la ubicaría. Syb tenía cierto renombre asociado a esos viñedos.

Suspiré largamente, antes de continuar con la explicación. No obstante, proseguí en tono bajo y confidente—. Está intentando encontrar un punto débil del dragón para poder tirar de él. —ignoraba si había progresado en algún punto desde la última vez que nos viéramos.

Bajé mis hombros, en un intento de liberar mi inquietud. Pero, no quería dejar de remarcar algo que, muy seguramente, el soldado ya supiese sin necesidad de pensarlo un minuto más—. Sé que es una empresa escabrosa y no voy a pedirte gran cosa por tu situación. —algo que él también había dejado claro—. Porque mi primera condición para que me ayudes será que no te arriesgues. —enarqué ambas cejas, explicando mis... podía decir, cláusulas. La inmensa mayoría de mis apoyos eran dragones. Piezas en el tablero que podían caer tan rápido como yo, si algo se torcía. Y ellos, ahora, tenían mucho más que perder que yo—. Por eso, por el momento, puedo recomendarte que vayas a ver a Syb. Ella podrá darte más información que yo... —alcé entonces una de mis manos, para rascarme la frente ligeramente—. Incluso algo por lo que puedas empezar. —fruncí el ceño en ese momento, sin llegar a tener claro por dónde querría empezar Sybelle cuando Ovyx se presentara de mi parte.
Quizás, para comenzar por algo, decidía matarme por no avisarle.





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Mensaje por Ovyx el Mar Jul 03 2018, 09:30

La intención de Ovyx no había sido ofender a Yanara. Para que pareciera real y los guardias no dudaran, tenía que hacer creer realmente que aquella era su ramera y que no planeaba nada raro fuera de la ciudad. Además, esos guardias eran compañeros de trabajo que bien podían usar la situación en su contra. Había que ser precavidos y Ovyx lo sabía demasiado bien después de tanto tiempo trabajando donde trabajaba y simplemente viviendo.

La primera vez, ¿eh? Tal vez sí merezca esa recompensa—siguió la broma que Yanara había propuesto antes y le sonrió con compañerismo.

Allí quedó la cosa. En el bosque, no tendría tiempo de pensar en ello más. Claramente, hablar de no la muerte, sino el asesinato de un dragón no era fácil para ningún lagarto alado. Ovyx quería ayudar a Yanara, porque la respetaba y la admiraba, pero sería incapaz de ejecutar el golpe de gracia contra un dragón, por mucho que fuera un traidor.

Eso no significaba que no opinara que el chivato mereciese morir. Por eso, supuso que bastaría con venderlo a alguien más para que se encargara. Además, sabía que podía fiarse de Yanara porque le acababa de dar un nombre y le estaba proponiendo algo que podría significar la perdición de la tal Sybelle, de Yanara y de él mismo.

Sybelle, viñedos a las afueras de Talos —tomó nota en voz alta para no olvidarlo. Visitaría a Sybelle, efectivamente, para ver qué podía contarle y cómo podían proceder. Sería el contacto en el ejército que necesitaban.

Ovyx apoyó la mano en el hombro de Yanara al percatarse del gesto que tenía, interpretándolo como tensión. ¿Cómo no estar tensa y nerviosa cuando quería matar a uno de su misma especie, cuando por culpa de otro dragón había terminado vendiendo su cuerpo en forma humana? Era humillante, o al menos así lo veía Ovyx.

¿No arriesgarme? ¿Esa es tu condición? ¿Qué, vas a pedirme que sea tu congénere de ahora en adelante? —se mofó de Yanara con confianza, porque ambos sabían — o eso creía él — que no era sincero.

El dragón se mantuvo en silencio por un momento y se observó la garra recientemente aparecida en su brazo. Frunció el ceño, después cerró los ojos y tomó aire. Poco a poco sintió que su cuerpo se relajaba conforme dejaba escapar el aire de sus pulmones. Entonces, sonrió ligeramente, pero pronto borró tal gesto para mostrarse serio.

Bien. Bien, sí, trato. Te ayudaré: visitaré a Sybelle, hablaré con ella y dejaré que me guíe para saber qué puedo hacer por ayudaros. Puedes contar conmigo.

Ovyx se apoyó en el árbol con la espalda y se deslizó lentamente. Tragó saliva, frunció el ceño y se acarició la garra con sus dedos humanos. Se calló por un momento y luego le hizo un gesto a Yanara para que se sentara a su lado.

Cuando era joven, mataron a la dragona con la que quería compartir el resto de mis días. Tuve que observarlo estando atado y sin poder hacer nada, y después me abrieron... esta herida —se levantó la prenda para mostrar su vientre. Allí se encontraba una profunda cicatriz—. Con el tiempo, me ha quitado fuerzas y cada vez siento que soy más débil. Por eso, estoy más que dispuesto a ayudaros en todo lo posible y a no dejar que alguien que cuanto menos me cae bien sufra un momento más. Los humanos, los híbridos, los dragones impuros... Todos ellos merecen arder en las calles de Talos.

Tragó saliva y aferró su garra al suelo, cerrando poco a poco el puño y sintiendo que éste se resquebrajaba ligeramente bajo sus dedos, pero en realidad sólo resultó arañado. Ovyx expulsó el aire y estiró la mano para tocar a Yanara otra vez.

Te sacaremos de la prostitución y volverás a ser la dragona orgullosa que recuerdo. Os seré de ayuda.

Una sonrisa se dibujó en su rostro y, entonces, cayó en la cuenta de algo que había obviado. Un detalle que tal vez ayudaría.

Podría llevarte a casa para que no tengas que pasar la noche en ese local, si quieres. No tiene que ser divertido acostarte con gente por dinero. O al menos podríamos luchar ahora, un rato, por pasar el rato. ¿Eh, eh, eh? ¿Te parece buena idea?

Le hizo cosquillas en las tripas a modo de juego para intentar animar un poco el ambiente. Ovyx sonrió y se sintió satisfecho por poder formar parte de un acto que, si bien en sí lo llevaría por el camino de la perdición, creía justo. Tenía que ayudar a Yanara y el traidor debía ser castigado.




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Mensaje por Yanara el Jue Jul 05 2018, 21:41

Yanara sonrió con algo de sorna al salir de la ciudad, por la perpetración de esa broma por parte del dragón. Después de cinco años había olvidado lo que era estar entre "congéneres" más allá de Anue, Sybelle o Cedrik. Ni siquiera podía contar con Alex, pues ignoraba por completo que fuera híbrido o mismamente su hermano. Nara se había buscado un grupo de amigos de lo más peculiar, en realidad.

Fue ya en el bosque, cuando la verdadera conversación se dio, en la que Yanara  fue del todo transparente. No pretendía matar a un dragón. Pretendía, en realidad, darle una lección de alguna forma. No obstante, la pantomima de hacerse pasar por una dragona, lógicamente, se pondría en riesgo, si la Inquisición llegaba a tocar el asunto. Porque cuando a ella la hicieron esclava, aquel grupo no existía. Por eso el juicio fue rápido, sin posibilidad de defensa. Quizás había sido mejor así. Pero el que Ovyx se jactase de esas condiciones que la rubia imponía, interpretando la tensión de su rostro de otra forma, divirtió a la híbrida de forma inesperada—. Dudo mucho que aguantases siéndolo mucho tiempo. —¿Ovyx aguantaría esa situación? ¿Había pensado la pérdida de libertad que él mismo tendría? Claro que, los affairs entre dragones no estaban mal vistos. Desde luego, Yanara no sería quien le negase a Ovyx o mermara su libertad en ese aspecto, pero, ¿qué podía asegurar con respecto a su reputación? Relacionarse más allá con una dragona esclava. ¿Cuánto estaba eso de prohibido?
No, la rubia tenía claro que esa no era la solución.

La híbrida no perdió de vista esa mano transformada, a pesar de que el dragón le confirmase que iría a ver a su amiga, queriendo ayudar. Desde luego, aunque Yanara no dijese nada, era de agradecer. Más sabiendo la animadversión de Ovyx a todo ser que no fuera dragón. Si él supiera toda la verdad...
Siguiendo sus indicaciones, Nara se levantó de la piedra en la que se había sentado para acercarse a su excompañero y sentarse a su lado. No se esperó que Ovyx le contara aquella etapa de su pasado. No obstante, frunció el ceño para sorprenderse justo cuando él levantó su camisa y le enseñó aquella marca. Por curiosidad innata, Yanara tuvo la imperiosa necesidad de levantar su mano y tocar, pero se abstuvo de hacerlo. Quiso preguntar más allá, pero tampoco quiso añadir más ante las contundentes y, a la larga, ciegas palabras de Ovyx—. ¿Por qué los humanos y los híbridos? —eso sí le fue imposible callarlo—. Conozco humanos e híbridos mucho más nobles que varios dragones. No por ello merecen ser maljuzgados. Te recuerdo que los prejuicios, Ovyx, no suelen ser lo mejor a lo que aferrarse. —le regañó con sutileza—. No todos ellos son malos, ni todos los dragones son buenos. No hay un blanco inmaculado ni, por contra, un negro puro, como la Reina dice. —lo miró con solemnidad—. Piénsalo. De ser así, tú también me condenarías. —a pesar de la contundencia de sus palabras, la sonrisa afable que se dibujó en sus labios hablaba por ella de forma cristalina. ¿Pudiera ser que quisiese hacerle ver al dragón lo ciegos que los tenía la Reina? Ella podía dar una perspectiva del todo distinta, edificada sobre esa mentira que era su naturaleza. No era esa dragona orgullosa que Ovyx había conocido. Sin embargo, la preciosa sonrisa del dragón, la empujó a corresponder aquel gesto, eternamente agradecida por esa ayuda inesperada del soldado.

Y, a ese gesto, se sumó la picardía, cuando entrecerró la mirada, obviando todas esas malas noches en las que era golpeada para diversión de otros que, precisamente pagaban por su compañía. ¿Cuán de importante era aquella información para el dragón? Desde luego, eran detalles de su actual rutina que Yanara prefería no contar—. Realmente tienes ganas de que-... —se vio interrumpida por esas cosquillas que la hicieron perder el hilo de su conversación, rompiendo el silencio del lugar con armoniosas carcajadas—. ¡Para! —le pidió sin realmente ser capaz de detenerlo—. ¡Ovyx! —finalmente Nara rodó lejos de él y, con una sonrisa juguetona en la cara, se incorporó—. Luego no digas que tú te lo buscaste. —alzó los puños en actitud defensiva, pero sin perder la sonrisa.
Era curioso verla con aquel vestido de telas delicadas, dispuesta a divertirse peleando, como cuando disfrutaba tremendamente de esos entrenamientos en el ejército.




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Mensaje por Ovyx el Miér Jul 11 2018, 09:29

—Te respeto, Yanara, pero no me des clases de moral. Los humanos y los híbridos serán siempre criaturas inferiores a nosotros, humanos. Deberías tener la misma mentalidad que nosotros. Sólo ellos nos traen el verdadero sufrimiento. Los dragones que terminan mal, corruptos o muertos, deben culpar a ambas razas. —Hizo una pausa y arqueó una ceja—. Tal vez tengas razón y deba condenarte, pero no hoy. Llevo más de un milenio pensando así y hasta ahora me ha ido bien, pero te agradezco el intento.

A pesar de sus palabras, Ovyx no estaba tan seguro de hasta qué punto eran verídicas, pues la presencia de Delilah en su vida empezaba a ablandarlo y, pese a ser una humana, no la odiaba. No sentía ganas de cortarle el cuello, o de estamparle la cara contra una pared, o de violarla, o... No, le caía bien. Estaba a gusto en su presencia.

Pero tal vez era la única.

Si hacerle cosquillas a Yanara y permitir que se relajara por un rato era la forma de sentirse mejor consigo mismo, lo haría. Pese a la breve discusión que habían tenido, nada cambiaba para Ovyx: quería ayudarla y hacer que saliera de la miseria en la que se encontraba.

Ah, no, si te vas a defender me rindo. Me ganarías —dijo con evidente cariño por su antigua compañera, alzando las manos en defensa.

Por supuesto, Ovyx no se rendía fácilmente, así que se enzarzó en una batalla con Yanara a mano desnuda, como si se encontraran de nuevo en el ejército. Los golpes, o intentos de golpes, eran duros y fuertes y ninguno de los dos se rebajaría por el otro, pero al final Ovyx señaló con las manos que quería parar.

Sigues siendo quien eras. No puedo esperar a verte de nuevo en el ejército con las armas en la mano y preparada para batallar. Te sacaremos de la miseria y volverás a ser la dragona que eras. Te lo prometo.




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Mensaje por Yanara el Dom Jul 15 2018, 23:50

Enarqué una de mis cejas. ¿Mis palabras pretendían ser una clase de moral? No, para nada. Lo que pretendían era realmente abrirle los ojos a ese dragón. Pero, como el mismo Ovyx dijo, llevaba demasiado tiempo pensando de aquella manera tan troglodita, como para, simplemente, darse cuenta de lo diferente que era la realidad a como la Reina la pintaba, por uno solo de mis comentarios.
Claro que, como una simple híbrida que era, haciéndose pasar por alguien que realmente no era, no podía pretender cambiar el mundo sola.

Me fue inevitable sonreír, no obstante, por esa seguridad que quiso transmitirme. Podía estar tranquila por ese día, porque no me condenaría. Mi mirada entonces se deslizó hasta su figura, queriendo creer que por mucho que me dijese que tendría que condenarme, como habían hecho la inmensa mayoría de los de su raza... Ovyx no terminaría de hacerlo.

Fue del todo inesperado que un momento tan agradable pudiera darse, cuando a mi acompañante tuvo la divertida idea de hacerme cosquillas, logrando que me removiera y le plantase cara. Al final, terminamos enzarzados en ese entrenamiento a puño, en el que ambos supimos bailar con destreza, rapidez e imaginación. Hasta que el dragón quiso una pausa—. He perdido mucha práctica, a decir verdad. —reí, relajando la postura, reconociendo esos cinco años de falta de práctica. Desde que me habían expulsado del ejército no había tenido ocasión de practicar, aunque fuese un enfrentamiento del todo relajado como había sido aquel.

Aún recuperaba el aliento, cuando mi humor cambió, suavizándose, dándole vueltas a lo que habíamos hablado hasta ahora—. Gracias, Ovyx. —murmuré antes de poner mis manos en mi cintura. Aunque aún no hubiera hecho más que ofrecerse a hacer algo por mí. Aunque aún no tuviera resultado alguno que me animase a seguir peleando—. No sé qué habría sido de mí sin vuestra ayuda, dadas mis circunstancias y limitaciones. —expliqué. La verdad no era nada halagüeña, si me paraba a pensarlo.




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Mensaje por Ovyx el Vie Jul 20 2018, 16:51

Salir adelante sin ayuda de los demás es complicado para cualquiera, y supuso que Yanara no podía considerarse precisamente como una persona o una dragona con suerte dado todo lo que le había pasado. Sin embargo, Ovyx se alegraba de haberse encontrado con ella en Talos después de tanto tiempo y haría lo posible por sacarla de la situación en la que se encontraba con ayuda de los demás.

Eres una dragona fuerte. Estoy seguro de que habrías encontrado la manera de salir adelante de una manera u otra. No te preocupes: me reuniré con Sybelle cuanto antes y pondremos el plan en marcha. Creo que las cosas van a salir mejor a partir de ahora, lo presiento.

Calló por un momento, acariciando la hierva con la punta de sus dedos y exhalando con fuerza para destensar su cuerpo. Entonces, tomó una decisión: Yanara debía saber algo.

Has de saber algo, sin embargo. Mi condición actual no es... la mejor. Siento que el jade que emplearon para herirme ha hecho que mi organismo se degenere y noto que cada vez me cuesta más transformarme, pelear, ser quien soy. Quizá no sea en un futuro próximo, pero me temo que me convertiré en un dragón débil antes de lo que se suele decir, Yanara, y... Espero poder ayudarte antes de que algo así suceda. Será eso o encontrar una situación a mi problema.

Alzó sus ojos azules al cielo y su mano se cerró en torno a la hierba que anteriormente había estado acariciando. Ovyx tenía pensado encontrar la cura a la herida y quizá la solución a su pérdida de energías, pero también debía pensar en lo peor y, si algo no salía bien, si era incapaz de detener tan tortuoso proceso, quizá dejaría el mundo de forma tan prematura. Tiene gracia que un dragón de más de dos mil años piense en ello como algo "prematuro".

¿Te llevo de vuelta al que no es tu hogar?




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Mensaje por Yanara el Sáb Jul 21 2018, 00:14

Las palabras de Ovyx, quizás en otro momento, un par de años atrás… me las habría creído. No por el hecho de que dijera que era dragona, cosa que no era cierta, sino por pensar que yo habría salido adelante. La cruel verdad es que no me creía capaz en ninguna circunstancia de hacer todo esto sola. Los que consideraba mi familia habían estado ahí desde el mismo minuto que empezó a cumplirse la sentencia. Algunos incluso antes de aquella caída estrepitosa en desgracia.

Pero, simplemente, asentí, otra vez, cuando él me prometió que iría a ver a mi amiga, para poner en marcha esa nueva posibilidad, en ese plan maestro que me haría recuperar lo perdido. El optimismo del dragón ya me parecía hasta irreal. Era el mismo que yo había tenido cuando todo estaba del todo reciente.
Pero, podría probar a rezar a esos nuevos dioses, porque Ovyx tuviera razón.

Me mostré curiosa cuando, tras un momento, mi compañero confesó que no estaba en la mejor de sus condiciones. Fue inevitable que frunciera el ceño, aunque no llegase a preguntarle. No me hizo falta en realidad pues, él mismo me explicó el motivo de sus palabras. Poco sabía del pasado de aquel dragón, pero que fuese herido con jade no fue agradable de saber. Sí sabía que Ovyx era selectivo y, como todo dragón, ferviente creyente de las patrañas de la Reina, violento con aquellos que no eran de su misma especie.
De saber mi verdad, no me trataría así.

Y, a pesar de todo, pude preocuparme por esa debilidad revelada. Terminé posando mi mano en su hombro, como simple gesto de apoyo, sin pensármelo dos veces le ofrecí mi ayuda, como así había hecho él momentos antes.
Tal vez, en la Flor Azul, extenso océano de secretos, pudiese encontrar uno que fuese valioso para él. Nunca se sabía a quienes podías conocer allí.

Terminé sonriendo con esa última pregunta, asintiendo y, finalmente, poniéndonos en marcha de vuelta a ese local que, tras cinco años, seguía sin considerar mi sitio.
Porque mi hogar como tal, venía a visitarme a veces.




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