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Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

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Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

Mensaje por Hades el Lun Mayo 28 2018, 20:04

Familia, esa parte de uno mismo a la que aprecia mas que a nada en el mundo y que cuando por alguna razón se veía dividida dejaba el corazón de uno completamente destrozado. Podría decir que ese era mi caso pero contaría una verdad a medias. Muchos que me conocían podían decir que mi familia estaba compuesta únicamente de mis padres y yo pero eso no era cierto, nadie, absolutamente nadie conocía el secreto que mis padres y yo llevábamos guardando desde hacia prácticamente unos dieciocho años ya mas o menos.

Yo tenía una hermana pequeña a la cual, yo mismo, tuve que dejar abandonada enfrente del templo de la ciudad para que una de las sacerdotisas se ocupara de ella y así ahorrarle la vida de dolor, sufrimiento, miedo y agonía que tanto nuestros padres como yo mismo nos estaba tocando vivir con nuestro amo. Era por esa razón que decir que estaba triste por tener mi familia dividida era una verdad a medias pues si, me dolía el no tener a mi hermana a mi lado y poder cuidar de ella como un buen hermano mayor pero por otra parte me alegraba que estuviera bien cuidada en el templo.

Sabía que mi hermana estaba bien cuidada porque una vez al año iba al templo donde la deje nada mas nacer ella, para ver como se encontraba y asegurarme que todo le iba bien. Pocas o mas bien ninguna vez me había acercado a hablar con ella. ¿Por que no le había dirigido palabra alguna si eramos hermanos? por esa razón misma. Nuestros padres me habían pedido, pues eran los únicos que sabían que iba al templo para verla a ella, que nunca le contara nada a mi hermana menor de quien era yo ni de quien eran sus padres, ella debía centrarse en seguir con su vida y no intentar ayudar a unos familiares que podían morir en cualquier momento; además que contarle que era mi hermana la ponía en peligro pues mi amo podría enterarse y venir a reclamarla y eso yo no estaba dispuesto a dejar que pasara.

Aquel día era soleado, lo normal en aquel mundo donde los dragones mandaban y la esclavitud estaba a la orden del día. Yo había bajado de las montañas a la ciudad para encaminarme hacia el templo, hacer mi visita anual como era costumbre en mi. Tampoco se podía decir que fuera en las mejores condiciones que hubiera deseado para visitar a mi hermana menor pues mis ropas estaban desgarradas y salpicadas de sangre, mis manos estaban cubiertas con telas que intentaban ocultar los nudillos en carne viva de los golpes que había tenido que dar, el pómulo derecho estaba hinchado y con una pequeña brecha y en mi costado izquierdo de las costillas se podía ver una clara marca enorme morada de los muchos golpes que había recibido en aquel costado la noche anterior por conseguir la comida de este mismo día.

Las peleas que montaba mi amo eran siempre muy intensas por ello podía decir que prefería que mi hermana menor descubriera quien era su familia y en que condiciones vivían y mucho menos que ha ella la obligaran a vivir aquella misma situación pues un mal golpe podría hacer que no se levantara nunca mas del suelo y eso yo no quería verlo ni muerto. Ya que ninguno de nosotros había tenido una buena vida ella se merecía tener una vida por lo menos mas pacifico y si por ello yo debía de sufrir aun mas cada día como pago a que ella estuviera donde estaba no me importaba en absoluto soportar todos aquellos golpes por ella.

Entré en el templo en silencio y mis ojos color miel se paseaban por todo el lugar mientras avanzaba un poco mas intentando que mis pasos pasaran desapercibidos. Realmente me hubiera gustado pasar mas desapercibido, como todos los otros años que había venido, pero aquel estado que me acompañaba me destacaba por encima de todos los feligreses que allí habían rezando a los dioses dragones. De repente las fuerzas me fallaron pues a decir verdad no había descansado nada y mi estado no ayudaba por lo que caí sin remedio en medio del pasillo de bancos quedando de rodillas en el suelo suspirando forzadamente.




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Re: Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

Mensaje por Etta el Miér Mayo 30 2018, 20:45

A veces, solo en contadas ocasiones, los heridos que acudían al Templo no eran tantos como para mantenerla sumamente ocupada o preocupada por sus tratamientos. Pero en momentos como aquellos, de plácida tranquilidad, tendía a pensar que eran demasiado ciertos para ser verdad. El problema de esa tranquilidad es que sus manos estaba ociosas y eso era algo que a la Guardiana no parecía agradarle. Gala, la enjuta mujer de agrio carácter, le había tirado un trapo a la cara y le había dicho que se dedicara a limpiar los candelabros y, sobre todo, el pequeño estropicio generado por una vela caída. Recordaba esa vela. Más bien el proyectil que se le había escapado días antes al ser asustada por uno de los feligreses. En realidad se había quedado paralizada durante unos segundos al ver prender los ornamentos religiosos a causa de sus llamas; pero ágilmente el ciudadano había mitigado las mismas con el cuenco de agua santiguada. Mas ese era un secreto que se llevaría a la tumba. Uno pequeñito.

Las manos de la sacerdotisa parecían seguir un automático movimiento en el rítmico limpiar de la cera de los abundantes candelabros de la diáfana estancia. Desde su posición, elevada en una escalera, podía observar a los numerosos creyentes que acudían al saber de la Diosa para sus problemas o dudas, sus sanaciones o simplemente por la serenidad del lugar. Una mueca de disgusto de dibujó en su faz al ver el estropicio mencionado más allá de los bancos. Las manchas negruzcas a causa de las ascuas desdibujaban uno de los ornamentos en una fantasmagórica visión sumamente desagradable. Oyó como un niño preguntaba ante susurros si ese destrozado altar era también digno de la Diosa y vio como la madre otorgaba una colleja a su hijo por tal ofensa. Una sonrisa sutil deslindó sus labios ante la familiar imagen y casi lamentó no haber huido al Orfanato horas antes cuando la Guardiana le había dado permiso para ello. Ahora podría estar riendo y jugando con esos traviesos niños.

Pero entonces, Etta se sintió apresada por una lastimera visión. Atraída por una sensación indescriptible que se acomodó en su pecho. La flama del candelabro que estaba limpiando fluctuó inquieta al ritmo precipitado de su cuerpo. Se asomó aferrando su mano derecha la lisa superficie de la columna con el fin de no caerse de bruces diez escalones más abajo y poder observar a ese hombre que parecía peregrinar a través de los bancos. Los aguamarina exploraron cada uno de sus moratones, las bregaduras que decoraban el cuerpo masculino en una historia que narraba batalla, dolor y sangre. Mas la sangre no era necesaria recordarla ni imaginarla. La vestal frunció el ceño en una casi imperceptible arruguita de preocupación que se fue acentuando a medida que pudo discernir las heridas de ese hombre.

Y lo inevitable ocurrió. El cuerpo cayó desplomado en el suelo causando que un grito ahogado emergiera de la garganta femenina sin poder reprimirlo. La escalera se tambaleó causando que la vestal casi se cayera de bruces contra el suelo, mas la Diosa quiso que así no fuera. Uno de los feligreses, atento a la precaria situación en la que había visto a la castaña, había reaccionado rápido ante la posibilidad de la caída. Descendió los diez peldaños como si se tratara de uno solo y agradeció la ayuda al creyente. Sus pasos resonaron demasiado apremiados en el eco de la estancia en forma de bóveda y captando las miradas que poco antes habían sido depositadas en el hombre. Su diestra alcanzó el hombro masculino en una cálida y tierna caricia para acabar acuclillarse frente a él.

¿Podéis moveros? ¿Os encontráis bien? ¿Veis borroso? ¿Qué os ha ocurrido? —las preguntas revoloteaban en sus labios mucho antes de poder siquiera formularlas en su mente—. Precisáis descanso y que os trate esas heridas —su ceño se frunció en una preocupación evidente que la llevó a apartar la mano del hombro masculino para acariciar con cuidado el hinchado pómulo—, necesitáis paños fríos en estos golpes o se os pondrán peor.

Centró los aguamarina en los contrarios intentando encontrar en ellos una respuesta que le ofreciera los motivos de esa paliza. De esos golpes que sólo había visto en la arena o en los soldados del campo de batalla. Quizás  había visto algunos similares de algún amo dragón que se había propasado con sus esclavos, y entonces una duda tambaleó su pecho. Miró a los lados buscando al amo del desconocido. Los dispares ojos que los observaban inquisidores o preocupados por el humano la llevaron a morder el interior del labio inferior. La voz se correría rápido si ese chico era un prófugo de su amo.

Venid conmigo, apoyaos en mí —un pequeño ruego mientras llevaba la zurda alrededor de la cintura masculina para ayudar a que incorporara—, vayamos a otro lugar.





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Re: Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

Mensaje por Hades el Jue Jun 07 2018, 13:45

Recordaba cada día el momento en que deje aquel bebé en vuelto en unas maltrechas sabanas en la puerta del templo de la ciudad de Talos como si cada noche lo hubiera hecho a lo largo de mi vida. Para un hermano mayor tener que abandonar a tu hermana pequeña para ahorrarle una vida de puro sufrimiento no era para nada fácil y para mi no era una excepción, pero se debía hacer y yo acarreé con aquella pesada carga no solamente por petición de mis padres sino por propia voluntad mía; pues al igual que mis padres yo no deseaba la vida que teníamos para aquella pequeña criatura que yo mismo había dejado en las puertas del templo donde fue recogida por una de las sacerdotisas.

Pese a ese tormenta esa vez que podía ir a ver a mi hermana a escondidas podía sentirme satisfecho de mi elección pues, aunque vivía también en la esclavitud era una esclavitud mas pacífica que la mía lo cual me daba una buena alegría verla correteando por el templo sana y salva. Pocas eran las veces que la veía con alguna herida y por su semblante parecía estar bien allí, no sabía como sería su ama con ella cuando no estaban los feligreses presentes pero por lo menos ella no tenía que pelear día si día también por conseguir una triste barra de pan para alimentarse ella y su familia. Al menos ella estaba en paz y tranquila en un lugar seguro.

Aquel día por desgracia no había sido de los mejores para mi. La noche había sido difícil, cargada de peleas muy intensas que habían dejado mi cuerpo bastante lastimado y mi condición física bastante agotada, y aunque madre me había pedido que aquel día lo dejara pasar yo no podía hacerlo, era una promesa que le había hecho a aquel bebé que deje años atrás y yo no era de faltar a mis palabras. Así que con mi estado tan lamentable baje de las montañas para encaminarme al templo con pasos lentos y algo torpes, con fuertes dolores allí donde mi cuerpo mas había sufrido pero con la idea clara de ir a ver a mi hermana menor a toda costa pasara lo que me pasara a mi mismo.

Siempre me gustaba pasar desapercibido, no llamar la atención cuando llegaba al templo, parecer que era un simple feligrés mas que iba a rezar como todos los demás; para que así no se notara que iba únicamente a comprobar como estaba la esclava que allí trabajaba con las sacerdotisas, pero por desgracia aquel día mi estado no me iba a permitir ser tan disimulado como siempre. De primeras, nada mas entrar al templo, todo iba bien pero a medida que empezaba a caminar entre los bancos que allí habían colocados las fuerzas me empezaban a abandonar hasta que finalmente caí de rodillas al suelo para luego ceder bajo mi peso y quedar completamente tendido en el suelo.

Quise incorporarme de nuevo pero no tenía fuerzas, mis cansados brazos no me respondía ni si quiera para moverse un mínimo, mis piernas estaban también en total negación a moverse por lo que seguía tendido allí, en mitad del templo bajo la atenta mirada de todos los feligreses que allí habían reunidos. También podía escuchar murmullos de las diferentes personas allí reunidas, algunos pasos moviéndose y un pequeño ajetreo desconocido para mi de que porque era causado pues mis ojos en aquellos momentos permanecían cerrados mientras mi respiración era marcada como si acabara de correr unas mil leguas sin descanso alguno.

De una unos pasos rápidos se acercaron a donde yo me encontraba y pronto una dulce voz femenina capto toda mi atención. Lentamente abrí de nuevo los ojos para ver justamente a mi lado, y con el rostro marcado por la preocupación, a una joven que de haber sido mi primera vez en aquel templo no hubiera reconocido en el instante exacto en que mis ojos la enfocaron. No era capaz de decir palabra alguna pues mi estado actual no me lo permitía solo podía respirar con esa forma marcada y emitir algún que otro quejido al moverme para intentar ponerme en pie con ayuda de mi hermana que había sido justamente quien había venido a atenderme a verme allí tendido.

Con dificultad me puse en pie posando mi brazo zurdo por detrás del cuello de mi hermana así usándola como apoyo como ella misma se había ofrecido a serlo momentos antes. -Gracias señorita por su ayuda.- Le dije en un susurro solo audible para ambos mientras caminaba a pasos lentos guiado por ella a donde quisiera llevarme. -No os preocupéis por mis heridas... no son tan graves como parecen señorita... no quiero molestaros en vuestras tareas en el templo.- Le dije con una pequeña sonrisa intentando quitarle importancia aquellas heridas que realmente si necesitaban ser tratadas y renunciando de alguna forma al descanso que me ofrecía y que también necesitaba con urgencia.




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Re: Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

Mensaje por Etta el Vie Jun 08 2018, 21:20

El destino nunca era el que uno imaginaba. Nunca dejaba entrever las hebras deshechas de un posible recorrido alternativo; mas a veces esa misma hebra conseguía ser reutilizada en un telar que unía a las personas. Sin embargo, esa unión, fuese ésta cosas del sino o de la voluntad material de los seres siempre iba un paso más adelantado. Más listo y claro. Incluso ella, capaz de ver las visiones desgranadas que desvelaba su sueño era incapaz de comprender, ni saber, que ese joven que tenía entre sus brazos era su hermano mayor. No era un final feliz, tampoco era un final infeliz, solo era un final. Algo que podía variar con las decisiones y las acciones de ambos seres.

La sanadora aguardó. Solo unos instantes, escasos, esperando que las pocas fuerzas que podían retornar al lastimado herido pudieran otorgarle la voluntad necesaria para acompañarla. Cuando percibió las pocas rodeandola asintió conforme. Su cuerpo se tambaleó ligeramente por el sobrepeso de él pero consiguió estabilizarse para ser su apoyo. Una negación acompañada de una leve sonrisa comprensiva fue la respuesta a ese agradecimiento. Ella no precisaba eso, era su labor, su deber. Era algo que se instalaba en la boca del estómago. Un hormigueo pero no de esos que parecían mariposas sino más bien uno que le provocaba angustia.

Nunca molestaríais en mis tareas en el Templo —le devolvió una bondadosa sonrisa—, dejadme ayudaros. Ahora mismo es mi única tarea. Mi única prioridad. No puedo dejaros así, pues iría en contra de mis propios principios.

Con pausado andar fueron apartándose de la curiosidad de los feligreses hasta que alcanzaron una puerta en uno de los laterales. Etta retiró la mano que había usado de apoyo en el brazo de Hades y abrió la maciza puerta de roble. Las bisagras chirriaron irritantes un segundo pero la puerta se abrió. La estancia era una pequeña celda con un camastro, una mesa llena de vendajes, viales, palanganas y varias velas apagadas. Un tragaluz con barrotes de hierro era el foco de luz que iluminaba la celda con los haces diurnos. La sanadora llevó con la misma parsimonia al chico a la cama y lo ayudó a sentarse.

Aguardad —pidió.

En una batida rápida a la estancia la castaña supo que no tenía agua. Rogó un instante con la mano, tomó la palangana para el agua y salió del lugar para ir a por agua. En apenas unos minutos la vestal regresó con una sonrisa en los labios al comprobar que seguía donde lo había dejado. Con tranquilidad cerró tras de sí la puerta y se acercó al camastro. Depositó la cubeta de agua en su regazo cuando se sentó a un lado de la cama. Etta introdujo en la palanca uno de los vendajes que había traído con la palangana y la humedeció bien. Removió el apósito con el agua que desprendía un olor a diversas hierbas.

Esto os dolerá un poco —admitió con esa arruguita en el entrecejo que denotaba preocupación antes de presionar el paño sobre la pequeña brecha del hinchado pómulo—, pero os aliviará el hinchazón y desinfectará la herida.

Acercó de forma inevitable el rostro al de él para cuando apartó el vendaje, tras la presión, poder comprobar que la pequeña sangre reseca no causara demasiado revuelo. Era una zona mala. El rostro en general solía ser propensa a provocar sangrados con pequeños cortes. De repente tomó con la mano libre el mentón masculino y presionó con algo más de fuerza el apósito contra el amoratado pómulo.

Perdón… el roce ha causado que sangre, debo presionar —se disculpó y centró los aguamarina en los contrarios—. Decidme, ¿por qué habéis venido en estas condiciones al Templo? ¿Huis de alguien... —hizo una leve pausa y se mordió el labio interior con inseguridad—: ...quizás? Disculpad, no es de mi incumbencia, no debí preguntar.

Apartó la mirada. Miró a un lado y otro de la cama con inseguridad. Y volvió a centrarla en el apósito que parecía teñirse de rojo. Dejó de presionar el pómulo para retirar el vendaje y volver a meterlo en el cuenco. Unos segundos después volvió a presionar la herida con el fin de que la pequeña hemorragia se cortara.





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Re: Lazos de sangre que no deben ser nombrados [Etta] (Flashback)

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