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Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

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Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Jue Mayo 24 2018, 13:56

Mansión de Ishbalek y Reesyla
Media mañana



Volver a aquella casa producía en Shahisha una sensación contradictoria, sobre todo porque la última vez que había pisado aquellos suelos no estaba lejana en el tiempo. Había acudido al hogar de su niñez cuando su padre murió. El momento había sido extraño, solitario. Los amigos y compañeros del ejército no habían podido acercarse a darle digna sepultura a su cuerpo, lo habían devuelto al fuego en soledad, acompañados de las misivas de aquellos a los que el frío no había exterminado. No había sido el único, por supuesto, pero jamás habría conseguido imaginar que su padre, guerrero, orgulloso, tozudo y vivaz, sería asesinado por una cosa tan frugal y delicada como la nieve. Demasiados años en sus huesos para aguantar aquellos cambios, había pensado por dentro, mientras lloraba su pena.
            Ahora ya no le quedaba pena, pero el hogar había arrastrado aquella sensación de vacío ahora que su padre no estaba en ella. Por supuesto, Reesyla se había ocupado de mantener el hogar limpio y adecuado, tenía dos docenas de esclavos a sus pies para cuidar de la mansión familiar que había pertenecido a su marido y ahora había heredado ella. La fachada del edificio daba paso directamente a un patio de dimensiones titánicas donde los invitados podían hacer acto de presencia en la forma de la que más gustasen, todo el rodeado por una galería que daba sombra y acceso a otras partes de la casa, como los establos, las cocinas y otros accesos útiles. Una gran puerta abovedada daba al interior regio, de altísimos techos y cristaleras que dejaban pasar la luz del sol y retenían su calor en el interior. Todos los suelos estaban pulidos como el primer día, no había ni una mota de polvo en los candelabros. La perfección de aquel lugar hacía que Shahisha, acostumbrada a tener las manos ocupadas y sucias, la hacía sentirse incómoda.
            ─Madre, no deberíais tomaros tantas molestias por una comida familiar.
            La censuró con un medio tono de voz. Ella, desde luego, no se las tomaría, pero su madre tampoco consentiría en entrar en la pequeña casa situada sobre el taller que Shahisha llamaba hogar. Lo que de puertas para fuera Reesyla denominaba “pintoresco”, en realidad le parecía “grotesco”. Desaprobaba el modo de vida que había elegido Shahisha, sobre todo por la humildad del mismo.
            ─Oh, querida, mis hijos se merecen lo mejor que les pueda ofrecer.
            ”¿Hijos?” Pensó Shahisha para sí misma, contrariada. ¿Acaso Ovyx, el lenajo y distante Ovyx, iba ha hacer aparición para algo tan banal como comer con su madre? Lo dudaba mucho, pero consideraba mejor guardarse sus pensamientos y no pinchar la burbuja de ilusión de su madre. Si pensaba venir ya llegaba tarde.
            ─Vayamos dentro, madre. Me gustaría tomar un refrigerio antes de la comida.
            ─Claro, claro…
            Mirándo hacia atrás, a la gran puerta, y después hacia arriba, Reesyla consintió entrar por el portón abovedado al interior de su hogar. Aquellas galerías estaban reservadas para invitados, en realidad. Ella ocupaba el ala sur de la mansión, un lugar más cómodo y pequeño con jardines coquetos. Para la ocasión había mandado a preparar el salón que habían ocupado cuando Shahisha era pequeña y Ovyx pasaba más tiempo en la residencia familiar, pero faltaba una silla. Al fondo una enorme chimenea caldeaba la sala aunque no era realmente necesario, pero a nadie le disgustaría el calor vivo del fuego cerca, el olor seco de los leños ardiendo lentamente. Sobre la estantería el reflejo plateado de un objeto pequeño llamó la atención de Shahisha. Se acercó a él con pasos tranquilos, las faldas del vestido verde agitándose a su paso.
            Sobre la repisa de la chimenea descansaba un anillo masculino, ancho, de fina plata lustrada y sin un solo arañazo, coronado por un enorme zafiro tallado.
            ─Pensé que había ardido con padre… ─murmuró, sorprendida de ver allí una de sus creaciones. Estiró una mano para tomarlo entre los dedos, sostenerlo en la palma. Seguía siendo increíblemente ligero, aunque a ella le vendría grande, estaba diseñado para un dedo masculino.
            ─Sí… Lo guardé. Creí que te gustaría tenerlo.
            Shahisha se encontró con los ojos de Reesyla y madre e hija compartieron una mirada íntima y triste.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 16:53

Ovyx no había llorado.

Al recibir las nuevas de la muerte de su padre, tiempo atrás, Ovyx había asentido al soldado que había recibido la información y le había pedido que lo dejara solo. Había sido un día soleado y alegre, uno de entrenamiento en una zona extensa. Ovyx se había alejado de los demás para perderse entre los árboles y la maleza, reflexivo, merodeando y dando tumbos hasta que finalmente había encontrado un árbol lo suficientemente alto y grande como para poder golpearlo con sus puños. La sangre había brotado de su piel humana y, conforme su ira y su frustración habían ido en aumento, sus largas fauces habían cogido forma, sus enormes alas habían presumido de su existencia frente al verde bosque y el fuego había destrozado el árbol.

Poco tiempo después, el descomunal cuerpo de Ovyx había procedido a calmarse de nuevo para dejar paso a una forma mucho más reducida. Había tomado aire, se había calmado y había vuelto con los demás.

Ahora que volvía a la mansión donde había vivido durante tantos años junto a sus padres y a su hermana, Shahisha, le provocó un escalofrío.

Ovyx había acudido brevemente al hogar familiar tras la muerte de su padre, para hacer acto de presencia. Sin embargo, las palabras que había intercambiado con su madre, Reesyla, y su hermana, habían sido escasas. Desde hacía siglos, Ovyx se había mostrado frío y distante con sus próximos: antaño, de muy joven, había sido un dragón simpático con cierto sentido del humor. Hoy día, era difícilmente agradable, y pocas veces se le veía sonreír por una buena causa.

Tras la breve ceremonia en honor a su padre, Ovyx se había largado de nuevo dejando una carta para informar a su madre y hermana de la urgencia militar y profesional que le obligaba a marchar. Había sido una de las semanas de servicio más tranquilas de los últimos viente años.

Ovyx atravesó la distancia que separaba el enorme portón de la mansión de la auténtica entrada a su hogar. Después, bastó con andar hasta el comedor, donde de inmediato encontró a Shahisha y a su madre.

—¿Me echábais de menos?

Haciendo un esfuerzo por mostrar cierta simpatía, Ovyx forzó una sonrisa y se acercó a sus dos familiares. Primero abrió los brazos al llegar cerca de la chimenea para recoger entre ellos a Reesyla, quien hundió su rostro en su pecho y se aferró con fuerza a su espalda, como si no deseara dejarlo partir nunca más. Es algo que no debería haber hecho jamás, pensó para sí mismo Ovyx.

—Has vuelto... —murmuró Reelysa.

—Por supuesto. ¿Cómo podría perderme una buena comida familiar y uno de los platos que siempre te han salido tan bien?

Dejó que Reelysa tocara su rostro con las manos y después le diera la espalda para alejarse de la chimenea y asegurarse de que todo lo demás estaba en orden. Ovyx frunció el ceño y observó el anillo que ahora Shahisha, su hermana, sostenía. Tragó saliva y estiró el cuello.

—Cuídalo bien. —dijo arqueando una ceja. No sentía ninguna clase de envidia porque Reelysa o su padre hubiesen escogido a Shahisha para quedarse con el anillo, pero no deseaba que una joya tan preciada se perdiera. Después, se acercó a darle un abrazo a su hermana casi a regañadientes. —Estoy aquí por madre.

Era un detalle que quería dejar claro. Habían pasado demasiadas cosas estos últimos siglos como para desear que todas salieran a relucir en una comida familiar. Se separó para mirar a Shahisha y suspiró.

—¡Venid de una vez!

—Piensa en ella.

Y, comportándose como el dragón más hipócrita de Talos, Ovyx le sonrió y le dio la espalda a Shahisha para acercarse a la mesa.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Jue Mayo 24 2018, 19:48



            Reesyla terminó por apartar la mirada, escondiendo unas lagrimillas cristalinas como diamantes. Shahisha sopesó el anillo en la mano, le dio la vuelta para buscar su sello de obra en el interior de la pieza. Allí estaba, limpia y visible, sonriñó con nostalgia, recordando el momento en el que se lo había regalado.
            Unos pasos firmes resonaron por el fondo del pasillo, inminentes y orgullosos, seguidos por los trastabillados pies de un sirviente que no llegó a alcanzar sus zancadas. Si hubiera tenido que abrir las puertas la entrada habría sido triunfal, pero con un rictus serio Shahisha se obligó a contener las emociones de ver a su hermano Ovyx aparecer, milagrosamente, por la puerta del salón. Reesyla amagó un gritito de alegría. Se lanzó a los brazos de su hija con el amor y la alegría que sólo una madre era capaz de sentir al ver llegar a un hijo salvo, sano y feliz. O, al menos, eso creía ella. Shahisha los contempló desde la distancia, girándose para darle la espalda a la chimenea.
            El instinto de cerrar el puño y poner el anillo a buen recaudo llegó tarde. Ovyx se había librado de una tanda de besos gracias a un par de cubiertos no lo suficientemente paralelos sobre el mantel, y ahora la miraba a ella y a su pieza. No conocía palabras buenas de aquella boca hacia ninguna de sus creaciones, la devastadora dualidad del hermano que había sido y el hermano que ahora era le quemaban en el pecho. ¿Cómo se puede amar con semejante ardor como el que habían compartido ellos y dejar que se extinga en la nada?
            Cerró el puño y lo guardó en un bolsillo oculto del vestido con un gesto hosco, brusco, oculto de Reesyla por el cuerpo de Ovyx. Tomó aire mientras se dejaba abrazar, posando una única mano entre los omóplatos de su hermano para fingir algo parecido a un abrazo.
            ─No lo pongo en duda, hermano. ─dijo, sin molestarse en disimular su frialdad, ni su escepticismo.
            Cuando Ovyx se alejó necesitó un minuto. Los demás atendían la mesa y de las puertas del servicio empezaban a emerger esclavas de cocina cargadas con platos, pero Shahisha se quedó anclada al calor de la chimenea y su sensación reconfortante. Atesoró ese calor, una sensación amable, para hacer frente a las horas que tenía por delante. Se sentó en la mesa. A la izquierda quedaba su madre, alegre y resuella, que no paraba de charlar de su ir y venir en la corte, frente a ella quedaba Ovyx. Shahisha optó por concrentarse en sus cubiertos y el plato de puré con carne (muy cruda) que le sirvieron por delante.
            ─Vino tinto, por favor ─susurró al copero cuando fueron a servirle agua.
            ─¡Shahisha! ─la reprendió Reesyla─. Es muy pronto para el vino. El esclavo, dubitativo, miró a Reesyla y terminó por servirle agua a la dragona. ¿Hijo, que quieres tomar?




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 21:14



Ovyx se alejó y pudo disimular un extenso suspiro ahora que Reelysa también le daba la espalda. Por desgracia, o por fortuna, las cosas con Shahisha no habían ido bien desde hacía mucho tiempo, y la última vez que la había visto había sido el día del funeral de su padre. Caminó hacia su madre y puso una mano en su hombro con cierta bondad, algo que había dejado atrás hacía ya mucho tiempo.

Hacía no mucho tiempo, Ovyx se había topado con una humana, una listilla que había querido dejarle claro lo valientes que eran los de su raza al insultarlo. Ovyx le había replicado violándola y provocando que engendrara un niño durante nueve meses, un híbrido del que se tenía que hacer cargo después de haber matado a su madre. Detestaba al crío y aún no comprendía por qué no se había deshecho de él.

Era una historia que no molestaría a casi ningún dragón: el uso moral y mortalmente indebido de otras personas estaba visto como algo natural entre los suyos. Los dragones raptaban, esclavizaban, violaban y mataban humanos: la única regla que limitaba tal poder, y en ocasiones ni siquiera funcionaba con algunos descabezados, era la de la propiedad privada: si un dragón se había adueñado de un ser humano, los demás tenían terminantemente prohibido ponerle las garras encima, o de lo contrario se armaría un escándalo y una disputa.

Empero, Ovyx todavía no había contado nada de todo esto a su familia: tal vez por el simple hecho de que no había hablado casi nada con ellos, especialmente con Shahisha, en todo este tiempo. El cambio brutal que había pegado Ovyx hacía tanto tiempo se había visto perturbado por la aparición de Shahisha hacía un siglo y, desde que era pequeña, habían pasado y jugado mucho tiempo juntos. Había sido un motivo de alegría en el hondo pesar que Ovyx había tenido que llevar a sus espaldas tras la muerte de su prometida.

Luego, las cosas habían cambiado. ¿Cuándo no lo hacían?

Tomó sitio con los demás y se perdió en sus pensamientos y recuerdos por un instante, mirando las altas paredes del hogar, observando los pasillos por los que en su día él también había corrido. ¿Tanto tiempo había vivido en Talos? ¿Mil y cientos de años? Por primera vez en mucho tiempo, Ovyx se arrepintió del paso del tiempo y de lo rápido que de repente pareció.

La pregunta de Reesyla lo despertó de su ensueño y Ovyx le sonrió.

—Vino tinto, Madre. —replicó mirando de reojo a Shahisha.

Se instauró un repentino silencio a la mesa; Reesyla miró a Ovyx con el ceño ligeramente fruncido y con clara fatiga en su semblante. Ovyx sabía que, más pronto de lo que le gustaría, Reesyla también lo dejaría solo en el mundo. Sin embargo, no pudo evitar sentir cierto resquemor hacia ella tal y como lo había sentido y lo sentía hacia tantas otras cosas; la miró, sonriendo y hasta casi retándola a negarse. Ovyx ya no tenía poder en el hogar, pero era quien probablemente heredaría la mansión una vez Reesyla no estuviera. Aún no había decidido qué haría en ese caso: si cedérsela a Shahisha para poder evadirse de sus recuerdos más febriles, o si se la quedaría para que así pudiera quedarse en la calle. La relación entre Shahisha y él se había convertido en una muy fría y distinta, y apenas recordaba el aprecio que había sentido antaño por ella.

Las cosas habían cambiado mucho más de lo que se suele decir.

—Claro... Está bien, vino tinto será entonces. He prometido que ofrecería lo mejor a mis hijos. —tomó la mano de Shahisha para besarla y luego estiró la otra para acariciar la mejilla de Ovyx, quien simplemente replicó asintiendo y sonriendo de forma forzosa.

De nuevo, se topó con los ojos de Shahisha y le lanzó una mirada rencorosa.

Trajeron el vino y terminaron de servir la mesa: Ovyx le quitó al copero la jarra de agua y la de vino que había ido a buscar para echarse de cada líquido en vasos distintos. A continuación, le dio el primer sorbo al vaso de vino, sin dignarse a esperar a los demás, y luego lanzó una mirada por encima de la mesa.

—Yo... Lamento no poder ofreceros más.

Ovyx entornó los ojos: ¿se quejaba Reelysa de tener dos docenas de esclavos y un montón de dinero para mantener la casa y adquirir todos los lujos que quería? En el ejército, Ovyx había aprendido el valor del dinero y...

—Pero es todo el cariño que puedo daros después de la partida de vuestro padre.

Ovyx apretó el puño en torno a la copa, cerró los ojos y la estrujó hasta hacerla estallar. Apenas pareció percatarse de ello, aún teniendo la mano cubierta de vino y la piel arañada por los pedazos de copa. Un sirviente corrió a limpiarle la mano, otro a recoger el estropicio y un tercero a recuperar una copa y a servirle en ella.

—Hablemos de otra cosa. —propuso Ovyx cambiando la mala mirada que le había dirigido a Shahisha para mirar a Reelysa. —¿Qué tal te van las cosas por aquí últimamente? Hace tiempo que no sé mucho de la mansión.

Trató de ignorar por completo a Shahisha. Tal vez, ese vacío le haría recapacitar.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Mar Jun 05 2018, 00:31

            Tener a Ovyx delante de las narices, en aquel salón, se le antojaba una sensación muy próxima a la que sentiría la resistencia si apareciera un huevo fecundado después de un siglo de esterilidad en los dragones. Una familiaridad teñida de horror, la sensación viscosa de que, sencillamente, no estaba bien. Su hermano en aquella mesa era para Shahisha un completo extraño. Atrás habían quedado los días en los que se sentaban a comer juntos, el uno al lado del otro, sin una mesa de por medio. De pequeña siempre le había resultado divertido jugar a tirarle los guisantes que se negaba a comer, y al final las comidas se convertían en un caos de verduras voladoras y risas. Sobre aquel tablero las risas se habían extinguido y sólo quedaba el recuerdo amargo y la fría consciencia de que ahora eran prácticamente.
            De no haber sabido de antemano como era su hermano y lo que le esperaba Shahisha se habría puesto roja de ira. Sin un atisbo de pudor le sostuvo la mirada, seria, tragándose su indignación a cucharadas mientras su propia madre reculaba y miraba a su primogénito con cierta indulgencia.  De no haber estado caliente por su temperatura natural, la mano de la dragona bien podría haber sido un pescado muerto entre los dedos de Reesyla. Tal vez era precisamente eso lo que más le molestaba de su hermano. Capas de falsedades encima de más capas de mentiras, máscaras para ocultar su verdadero rostro, mentiras para acallar la verdad que nunca había compartido con ella. Shahisha siempre había sido todo lo contrario, iba de cara, provocaba sin dar rodeos ni jugar a las sutilezas.
            Shahisha estiró la mano para arrebatarle la jarra de vino a su hermano y servirse ella misma. En cualquier lugar público la cantidad vertida en su copa se habría considerado más que censurable, y más al medio día, pero ni corta ni perezosa, llenó la copa hasta donde le dio la gana. Dejó la jarra en la mesa y procedió a darle un trago, más que segura de que el vino no haría más agradable la velada.
             —Madre, ya no somos niños…
            Ovyx estaba muy lejos de ser el adorable infante del que sus padres le habían hablado otrora, y ella tenía su propia vivienda, su propio negocio y su propia vida.  Si Reesyla iba a contestar algo se quedó a medio camino, con la boca abierta mirando con horror como la copa estallaba en manos de Oxyz. Una lluvia de esquirlas y cristales se esparció sobre la mesa, trayéndole a Shahisha un tintineo agradable, familiar, sonidos parecidos a los que escuchaba en su propio taller. El olor de la sangre barrió la mesa, se le calvó en las fosas nasales así que se acercó su copa a la nariz para ahogarlo con otro chorro de vino.
            —¿Eso ha sido culpabilidad? ¿O no soportas oír hablar de padre?  
            Soltó Shahisha, obviando por completo la petición de su hermano. Incluso los esclavos se quedaron de piedra, el aire caldeado de la habitación se volvió helado a medida que Shahisha bajaba la copa y miraba a su hermano a los ojos. No había ido al entierro, ni siquiera había mandado una carta. No tenía derecho a esgrimir semejante dramatismo vano.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Ovyx el Miér Jul 04 2018, 10:56

Shahisha tenía razón: ya no eran niños. Habían pasado más de dos mil años de eso. Ovyx apenas era capaz de recordar aquella etapa en la que todo a su alrededor había resultado desconocido, incluso para un ser tan prepotente y soberbio como un dragón. Tenía muy, muy ligeros recuerdos, y la gran mayoría aparecía en sueños aleatorios que podía tener una vez cada cincuenta años. Había una serie de recuerdos en toda su vida que mantenía grabados con fuego, tan grabados como la herida que atravesaba su costado, pero todo lo demás resultaba irrelevante.

Ovyx arqueó una ceja, observando a Shahisha con desprecio. ¿Cómo osaba decirle algo con tanta mezquindad? ¿Acaso creía que Ovyx no trataría de tomar represalias? Por mucho que fuera su hermana, apenas sentía la conexión que antiguamente los había mantenido unidos contra todo tipo de peligros. Apenas veía allí a su hermana. Apenas... apenas se veía a sí mismo.

Cállate —sentenció con demasiada convicción y autoridad, apretando la mano nuevamente en torno a la nueva copa, pero en esta ocasión, no la estalló; ahora aprendió de su error.

No quería inquietar demasiado a Reesyla: sabía que estaba débil de salud y que pronto llegaría su momento. Si no tenía cuidado, ese momento podía resultar prematuro y Ovyx no quería provocar la muerte de su madre. Tal vez fuera capaz de perdonarse a sí mismo unos días después, pero no le motivaba pensar que Reesyla pudiera morir por culpa suya o, menos aún, de Shahisha.

Por eso, miró a los demás sirvientes, a su madre, y acarició el rostro de esta última mientras le guiñaba un ojo.

Tenemos que hablar... por un momento. Madre, volvemos de inmediato.

Ovyx se puso en pie y le hizo un gesto a Shahisha; de hecho, al acercarse, la cogió de la muñeca y tiró de ella para sacarla de allí, intentando no ejercer demasiada fuerza para no alterarla y para que nadie pensara nada raro. Una vez se encontraron fuera del salón, en el pasillo, Ovyx la soltó con desdén, casi empujándola.

¿A qué demonios estás jugando? ¿Es que quieres ser la responsable de la muerte de Madre? Creía que eras más lista, pero tiendo a olvidar que ya no reconozco quién demonios eres. ¿Qué te está pasando, Shahisha? ¿Es que sólo te importa tocarme las narices? ¡Supéralo! Ya no significas nada para mí. No somos nada salvo hermanos de sangre y ahí queda todo. No siento aprecio ni por ti, ni por nadie. Sólo Madre mantiene parte de éste. Te lo advierto ahora: no vuelvas a desafiarme así delante de Madre, o te juro por los dioses inexistentes que reaccionaré y provocaré que Madre muera. Y no me importará en lo más mínimo: la culpa te perseguirá por el resto de tus días. ¿Ha quedado claro?




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Miér Ago 15 2018, 17:22

            Shahisha frunció ligeramente el labio, impresionada por la falta de rabia que demostró Ovyx. ¿Hasta ese punto alcanzaba su indiferencia?  Lo había creído capaz de muchas cosas, pero no de controlar sus propias emociones cuando la palabra “padre” se ponía sobre la mesa. Se bajó la saliva amarga con un trago de vino, la combinación no era agradable pero era mejor que seguir con aquel sabor en la boca. ¿En que estaba pensando Ovyx al presentarse allí, así, de pronto? Claro que, debajo de esa capa de horror con el que Reesyla  contenía el resto de sus emociones, estaba contenta de ver a su hijo allí. Probablemente sería lo único que recordara de aquella velada, que Ovyx se había presentado gallardo y dispuesto a ocupar aquel vacuo papel de buen hijo al que le gustaba jugar de vez en cuando. Aquello era una pérdida de tiempo, una estupidez. Debería ser una comida tranquila, incluso insulsa, otra de tantas en las que Shahisha intentaba evitar el tema de un matrimonio conveniente y Reesyla insistía hasta que ambas cambiaban de tema o sencillamente una se rendía. Y, sin embargo… allí estaban los tres.

            Shahisha le dio otro trago al vino intentando borrar un sabor nuevo, inesperado y ácido que le bailaba en la lengua. Celos. Por la mismísima Reina, estaba celosa de su puñetero hermano. Sólo le hacía falta poner un pie bajo ese techo para que todos sus pecados le fueran perdonados, era el niño de mamá, el brillante guerrero que había seguido a su padre en aquella lucha, el intachable dragón… Y ella era una niña del nuevo mundo que sólo le había dado a Reesyla malas contestaciones y preocupaciones. No importaba que tuviera un negocio, un estatus (ultrajado, sí, pero un estatus al fin y al cabo). En aquel momento sólo quería irse de aquella mesa, encerrarse en la penumbra de su taller y golpear algo contra un yunque hasta hacerlo polvo.

            —Eso es una novedad.

            Al levantarse Shahisha creó un revuelo de faldas que arrastró el mantel e hizo agitarse las copas. El tintineo del cristal acompaño el suspiro contenido de su madre. Reesyla desaprobaba profundamente aquel comportamiento, alimentando así las ganas de Shahisha de seguir siendo tozuda, irreverente e inconformista en su propia mesa. Pocos dragones consentirían eso de sus hijos, pero alguna ventaja debía tener ser uno de los dragones más jóvenes sobre la faz de aquella tierra maldita y moribunda.

            Cerró el puño y tiró del agarre de Ovyx hacia sí en un gesto de rebeldía, pero se mordió la lengua hasta que traspasaron el umbral de la puerta. En comparación con el tamaño de su muñeca la mano de Ovyx parecía enorme, rígida. Tenía callos distintos a los de sus manos de artesana, por un segundo el entramado de viejas cicatrices captó la atención de Shahisha. Se deshizo de aquellos pensamientos furibundos con un parpadeo, agarrándose a su rabia para no recordar cuantas veces había preguntado por las historias de esas cicatrices cuando era una cachorra que se maravillaba con las historias de su hermano. No le dio tiempo a soltarse ni a quejarse, de hecho solo pudo limitarse a mantener la dignidad soportando el empujón de Ovyx con estoicismo.  

            No pudo evitar soltar una carcajada sardónica.

            —Oh, gracias por abrirme los ojos, querido. Todavía no me había dado cuenta de cómo tu narcisismo ególatra te ha mantenido centrado en tu ombligo los últimos… ¿cien años? ¿Tú vas a venir a hablarme de culpas a mí? Estalla, haz lo que te pida tu torturada alma de la que todos debemos tener compasión, mata a quien desees, rompe todas las copas de la vajilla. —Extendió una mano hacia la puerta que habían dejado atrás. A diferencia de su hermano Shahisha no perdía el control, no subía el tono—. Haz lo que tengas que hacer, pero no me vengas con tus sermones amenazantes. Perdiste el derecho a sermonearme hace mucho tiempo, y a diferencia de madre, yo no me trago tus amenazas ni me creo tus cumplidos, hermano.  —Nunca una palabra había sonado tanto a bastardo siendo totalmente lo contrario . Una sonrisa ladeada, como una sombra oscura, le subió a los labios—.  Culparme tú, a mí… El día que madre muera podré decir que estuve ahí, con ella, cada día de mi vida. Vengo a verla cada semana, escucho sus problemas de aristócrata aburrida y sus cuchicheos baratos. La acompaño a la corte, me esfuerzo por darle lo mínimo que puedo para que esté tranquila, para que no se sienta sola. Dime, Ovyx, ¿qué te quedará a ti si madre muere?

            La crueldad bailaba en el poso de sus pensamientos, un valor rayando lo estúpido que la empujaba a decir “¿lo mismo que te ha quedado tras la muerte de padre?”, pero ni siquiera ella era tan cruel como Ovyx. Todos aquellos sentimientos airados, la rabia, los celos, la frustración… sólo querían entender. Tal vez, muy en el fondo, perdonar lo que el orgullo no le permitía. Pero ninguno de los dos eran de los que daban el brazo a torcer, o pedían perdón.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Ovyx el Lun Sep 17 2018, 12:07

¿Cien años? ¿No había sido más tiempo? Ovyx se forzó a callar en ese instante para hacer algo que no había hecho en, efectivamente, mucho tiempo: escuchar a Shahisha. Sabía que tenía razón, en parte, o en todo; y eso le reventaba. Apretó el puño por debajo de la cintura, sabiendo que había límites que mejor era no traspasar tampoco. No eran pocas las veces que había estado a punto de ponerle la mano encima a Shahisha por ese temperamento irrespetuoso que tenía hacia su persona.

Te lo advierto, Shahisha... —murmuró peligrosamente después de que pronunciara "hermano" con tal desprecio. Eso lograba hacerle sentir fuera de lugar, como si ese ya no fuera su hogar. Detestaba cuando Shahisha lograba hacerle sentir así, cuando Reeysla jamás lo había hecho. Había cosas que Shahisha no podía entender, porque para bien o para mal, ella no las había sufrido.

Shahisha estaba tocando terreno muy peligroso, y la mención de la muerte de su madre hizo que Ovyx se adelantara y la cogiera de la muñeca para alzarla peligrosamente. La miró con odio, con una ira que trataba de retener a toda costa. Con Ovyx, mejor era no dar rienda suelta a ese enfado que solía consumirlo. Por aquel entonces, no estaba destinado solamente a Shahisha, sino a todo el mundo por lo cruel que había sido con él.

¿Cómo te atreves a hablar así de madre? ¿De su muerte? ¿Crees que lo has dado todo por ella, verdad? ¿Crees que te quedará todo lo que ella posee cuando fallezcas? Harías bien en recordar varias cosas, hermanita. En primer lugar, las posesiones de los parientes que fallecen pasan a formar parte de la sociedad dracónea. No existe la herencia para nosotros. Cuando madre muera, te verás en la calle, porque has sido incapaz de buscarte otro sitio en el que vivir. ¿Lo sabes, verdad? ¿O eres tan joven y temeraria que no podías saberlo? Y en segundo lugar, ¿cómo te atreves a juzgarme cuando llevo años, siglos, trabajando para el ejército, para poder traer dinero a casa, para protegeros en el frente? ¿Has estado tú allí? ¿Sabes lo que se siente que te golpeen hasta casi morir, que te atraviesen con espadas, que te...?

Ovyx calló, cerró los ojos y tomó aire. Después, soltó a Shahisha, y se fijó en que le había dejado marca en la muñeca. Apretó los dientes, detestándose por un momento a sí mismo y después detestando a Shahisha por provocarlo de tal manera. Quizá se estaba resguardando en excusas patéticas que ni tú ni yo nos creemos, pero ¿qué otra cosa podía hacer cuando no quería sentirse culpable? Todos cometían errores, y sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida a madre. Era tarde para enmendarlo.

Entiendo que me odies, porque yo tampoco te tengo en alta estima, pero deberías madurar y hacer como yo: fingir delante de madre. Dices que estás ahí para ella todo este tiempo. ¿Crees que ella quiere vernos así? Mejor será que esta rivalidad entre tú y yo no llegue a sus oídos hasta que fallezca, ¿no te parece? ¿O es que tampoco has sido capaz de pensar en el dolor que sufriría si supiera que tú y yo ya no nos queremos?

Tragó saliva, sabiendo que esas palabras resultaban desgarradoras. No poder querer a Shahisha a día de hoy como lo había hecho antaño era insoportable, pero debía hacer de ello algo soportable por madre, y por él mismo.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Vie Oct 05 2018, 18:11

            La expresión contrita de su hermano revelaba más de lo que Ovyx pretendía. Shahisha podía ver con claridad como en el crisol de su furia se iban mezclando la rabia, la frustración de saber que lo que se le exponía en aquel discurso era una verdad detrás de otra, no era más que señalar uno a uno los muchos ladrillos que él mismo había construido para separarse de su familia. Y a nadie le gusta que le señalen sus defectos, bien lo sabía Shahisha, pero estaba harta de su hermano, de su actitud de superioridad, de su despampanante habilidad para manipular a todo el mundo menos a Shahisha. Era como si todos se pusieran una venda cada vez que él entraba en la sala y solo ella se quemara los ojos y los oídos ante su presencia.

            Pero aunque se quemara sus advertencias no tenían valor para la dragona, ni todo el fuego del mundo podría haberla persuadido a guardarse todo lo que tenía que decirle a Ovyx.

            Lejos de amilanarse por la agresividad de su hermano Shahisha siseó entre dientes, retorciendo la muñeca todo lo que le permitían sus para clavarle las largas uñas, informes y afiladas por el trabajo de la artesanía. De hecho Ovyx debería dar las gracias de que estuvieran limpias.

            —Sucio hipócrita —dijo, casi sonriendo—. ¿vas a venirme con esos tonos después de amenazarme tú a mí con provocar su muerte? Eres de tan bajeza que ni siquiera te das cuenta cuando te expones a ti mismo. ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Conservar este estúpido palacete? ¿Las joyas, el oro? Quédatelo, quédatelo todo y púdrete con ello.

            Agitó la mano cuando se la soltó. Un dolor palpitante le recorría la muñeca como un brazalete, probablemente tendría moratones. Lo que Ovyx desconocía era que sus tendones machacados por el esfuerzo y la precisión de la orfebrería se resentirían con aquel forcejeo. Shahisha lo maldijo para sus adentros. Ni siquiera merecía la pena contestarle, ¿para qué? Estaba absorto en sus dramas de un ejército decadente que no tenía más entretenimiento que buscar a sus enemigos en el pueblo que debía proteger, era tal su desconocimiento que ni siquiera sabía que ella no vivía en aquel techo, ni se sustentaba con su propio dinero. Ese era su hermano, esa era la criatura.

            Las palabras de ambos resonaban en los ecos de los pasillos como si aquella fuera una casa abandonada. Ni siquiera el trasiego natural de los esclavos y criados moviéndose por la casa se atrevía a decorar el telón de fondo de aquella acalorada discusión. Era como si, de pronto, Ovyx y Shahisha estuvieran absolutamente solos en el mundo.

            —Si quieres creerte tus propias pantomimas y fingir que madre es ciega y sorda, estupendo, Ovyx. Pero no insultes a su inteligencia por que la mujer se calle de buena fe. Yo no estoy aquí para aliviar el dolor que te provocan tus malas decisiones. ¿Quieres entrar, ahora que estás más calmado?




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Ovyx el Vie Oct 12 2018, 08:40

Podía entrever las ganas de sonreír de Shahisha. Por muy dura que fuera la situación a día de hoy, aún sabía que la conocía. Creía conocerla. Por eso, él mismo se permitió sonreír al escuchar cómo le llamaba "sucio hipócrita". Por algún motivo, este insulto en particular no le ofendió, sino que lo divirtió. De todas las cosas que podía haber pensado soltarle después de lo que había dicho, era esa.

No obstante, Shahisha no estaba entendiendo una cosa: si Ovyx había hablado del palacio y de las pertenencias de su madre bajo estas circunstancias, era para hacerle ver que se vería en la calle sin ayuda por no pensar con la cabeza. Se arrepentiría de no haberlo escuchado cuando se viera con esa clase de necesidades. Ovyx había vivido lo suficiente para saber cómo solían salir de tales situaciones pobres mujeres que no tenían culpa de nada: vendiéndose a sí mismas, a su cuerpo, para poder salir del paso. Por mucho que odiara a Shahisha, a su propia hermana, no quería eso para ella.

Negó con la cabeza y se cruzó de brazos en cuanto la escuchó hablar, poniéndose a la defensiva. Sabía que no tenía razón en todo lo que decía, quizá en gran parte de todo lo que había dicho... pero sí en algo: Shahisha debía pensar más en su madre y empezar a abrazar oportunidades. Quizá Ovyx se había ido de casa y había ignorado por completo a su familia durante todo este tiempo, pero al menos no tendría el problema de verse sin pertenencias cuando Reesyla muriera.

Procura no olvidar mis palabras, Shahisha. Sé más lista. No cometas los errores que yo haya podido cometer en su momento.

La miró de arriba abajo con empatía, tal vez demasiada para tratarse de Ovyx. Suspiró, se hizo de hombros y asintió a su pregunta. Dejó que Shahisha pasara delante y a continuación retornaron a comer con madre. Reesyla se mostraba sonriente, aún sentada frente a la mesa y con los codos apoyados en la mesa, un gesto de evidente confianza a sus hijos.

Vamos, queridos, ¿qué os pasa? ¿Y esas caras? Deberíais haceros una idea de lo doloroso que es traer hijos tan testarudos y fuertes como vosotros a este mundo, incluso para un dragón. Hay quien dice que no, pero yo creo que también nos debilita. Os entregamos parte de nuestra energía, os damos parte de nuestra vida para que toméis el relevo y prosigáis con lo que creemos justo. Con lo que deseamos. Ése es el legado: no la huella que dejas en el mundo, a ojos de los demás, porque esa suele olvidarse fácilmente... sino la huella que dejas en tus hijos. Y yo estoy muy orgullosa de los míos.

El semblante de Ovyx se relajó de inmediato. Miró a Reelysa con cierto arrepentimiento y luego a Shahisha, frunciendo el ceño de forma peligrosa. Tragó saliva y buscó las palabras oportunas que decir.

Tranquila, madre. Estamos aquí, y lo estaremos contigo durante muchos años más. ¿Verdad, hermana?

Shahisha tenía razón: madre no era ciega. Quizá Ovyx la había infravalorado queriendo protegerla de los problemas.




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

Mensaje por Shahisha el Mar Nov 06 2018, 00:11

            Necio. Era la única palabra que le venía a la mente cada vez que miraba a su hermano a los ojos. Un necio demasiado enquistado en sus propias ideas, otro dragón que formaba parte de un mundo destinado a la muerte, y todas sus ideas lo llevarían a ella tarde o temprano. No tenía nada más que su orgullo, así que lo agitaba, era su capa, su escudo y espada contra el mundo, y para Shahisha aquella imagen se le tornaba… miserable.

            —Tranquilo. No está entre mis planes seguir tus deleznables pasos. Ya he visto a dónde llevan y no es un sitio que sea de mi agrado.
Estaba demasiado enfadada para ver que había algo más blando en el fondo de la mirada, algo que podía parecerse a la empatía, un camino a la redención. Tan rápido apareció como se quemó aquel puente, y ninguno de los dos hermanos hizo ningún intento por quitar algún ladrillo a aquellos muros altos y gruesos que los separaban. Cuando Shahisha entró en la habitación, agitando los faldones de su vestido al caminar, algo de aquella rabia seguía instalado en sus facciones. Reesyla lo miró de reojo, consciente de que estaba allí, pero dejó que pasara, como siempre dejaba pasar todo lo que acontecía entre sus hijos para mantener aquella mascarada que había sido la norma desde siglos antes de que naciera su última hija.

            Shahisha cruzó la estancia hasta su asiento, se dejó caer sobre la silla con elegancia. Su discursito maternalista consiguió que una ceja castaña se alzara en un gesto de desaprobación. Huella, legado… Como si eso hubiera importado alguna vez. De hecho, Shahisha estaba bastante segura de que la amada Reina no estaría de acuerdo con su madre, aunque no estar de acuerdo con la Reina era algo a lo que Shahisha estaba acostumbrada.

            —Por supuesto.

            Las dos palabras cayeron con aplomo sobre el mantel, mientras Shahisha se recostaba en el respaldo de la silla con gesto regio, como si tuviera las manos llenas de anillos en vez de los callos que le habían dejado los años de hacerlos para otros.

            —En todas las casas tienen diferencias, madre, es lo más natural del mundo. Y como dos hijos fuertes y testarudos nunca hemos tenido miedo de llevar nuestras diferencias al límite. ¿Verdad, Ovyx?




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Re: Home, sweet old forgotten home ··Ovyx··

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