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Telas que tejer [Delilah]

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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Mar 5 Jun - 0:15

La morena isaurí, escuchó con tranquilidad, mientras tomaba una cuchara y removía lo que se cocía en la cacerola, que comenzaba a tener una consistencia especial, una que ella consideraba correcta, sin apartar su vista del semblante del dragón que le contaba con detalles, lo que hubiese sido su vida antes de ese cambio que él había mencionado, atenta a como la voz masculina, tan cálida, como su sola presencia, le enviaba escalofríos y oleadas de sentimientos, conforme su narración proseguía.

Ahora comprendía, que los humanos que se había topado, crueles, le habían arrebatado sin justificación, la felicidad a ese dragón que estaba a su lado y demostraba la tristeza que ese recuerdo le traía y como explicaba con ese corto relato. Que la hizo sentir dolor por eso... porque nadie merecía perder a nadie amado de ese modo, ni siquiera los dragones, para evitar que el humus se quemara, la morena, se dispuso a tomar con dos paños y mucho cuidado, la cacerola que desprendía un delicioso olor humeante.

Colocándola en el mostrador de madera donde debía verterlo en un tazón para que expulsara un poco el denso calor que podía sentirse. E iba a hacerlo, cuando las manos del dragón tomaron el asa de la cacerola por sobre esos paños que ella sostenía, sin poder evitar que sus manos se encontraran y el silencio se hizo, cuando sus ojos se encontraron de nuevo y una eléctrica oleada, la recorriese. Transformándola y envolviéndola, sintiendo esa caricia como la más dulce sentida.

El fuego los iluminaba a ambos, tornando dorada la piel de la morena, reflejándose en sus ojos oscuros, en su cabello como cascadas de noche, que actuaba de espejo para las llamaradas hipnóticas que tronaban con las doradas lenguas, que jugueteaban con las sombras en los rincones a donde no llegaba la luz y con la madera que mantenía esa fogata crujiente y caliente en la cocina. Tal vez en ese momento, sintió como su visión se clarificaba, encontrando la razón y el sentido de la ceguera de su ojo interior.

El tiempo se había detenido, el resto del mundo dejaba de existir, con sus ojos anclados mutuamente, se dejaban perder entre los reflejos en los del otro. Sin darse cuenta de como a esa caricia suave, sutil y escondida, ella respondía con otra semejante, transmitiéndole unos cosquilleos que distaban mucho de incomodos, al contrario, añorando perder sus dedos en esa caliente mano masculina que no se había movido ¿la rechazaría?

Y sin apartar sus ojos de los azules del dragón, la humana permitió a su mano no vendada, rozar con uno de sus dedos los de él y sutilmente, encontrarlos entrelazados con suavidad, presionando, en un reconfortante gesto que quería ir acompañado de algo más que la morena tuvo que contener en su interior. No era el momento y aun así lo deseaba ¿Cómo podían esas cosas pasar y sentirse tan correctas a la vez?

Presionó, encarándolo con lentitud, apretando sus suaves labios, en un gesto neutral que demostraba más que las palabras que pudiese decir. Sintiendo su corazón latir firme en su pecho, envolviéndola y embrujándola, haciendo que, de sus oscuros ojos, destellos se vislumbraran, como las estrellas de la noche y las mismas arenas del desierto conformaran su cálida esencia.

¿Era posible, acaso?
¿Qué juego del destino era ese?
¿Qué designio de los dioses era ese?


Perdida en sus ojos, todo dependería de como él reaccionaría a ella. En ese momento en que el resto de mundo no existía y ellos, no eran dragón y humana, ni militar y ciudadana. Eran simplemente ÉL y ELLA.
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Mar 5 Jun - 9:40

La cosa no quedó allí: lejos de alejarse, de poner los pies sobre la tierra, Delilah se perdió en sus ojos, correspondió a sus caricias con unas propias y, lenta y delicadamente, entrelazó los dedos de su mano sana con los suyos. Ovyx tragó saliva mientras seguía perdido en sus ojos, cautivado, enteramente embriagado. Delilah desprendía un aura de paz, de elegancia y dulzura que difícilmente podría ignorar. ¿Realmente era humana? ¿No le habría mentido acerca de su procedencia?

En una casa más grande de lo que habría cabido esperar de una humana, Delilah destacaba por encima de lo demás: parecía un dragón en medio de un bosque, alto, fuerte, imponente y bello. El fuego que los iluminaba vibraba y permitía que ambas miradas intensas perduraran durante el tiempo que para muchos podía parecer excesivo, pero que en realidad era ideal para ellos. Proximidad, tacto, afecto, ...

Los labios de Ovyx se entreabrieron, y el cuello quiso tirar de él para acercarlos a los de Delilah, pero no se movió.

Permaneció sosteniendo con delicadeza la dócil mano de Delilah hasta que, finalmente, la retiró con cuidado de no asustarla, de no ofenderla y, sobretodo, por la carencia que de repente se instauró en su corazón nada más deshacerse de aquel contacto. Necesitaba más, quería más, pero obtenerlo no sería fácil: ¿tan impactante había resultado aquella simple caricia? ¿Realmente importaba más que sus principios, que lo que quería sentir?

Sus miradas se separaron cuando Ovyx miró los ingredientes que se hallaban sobre la encimera y Ovyx tomó aire.

—Te ayudaré a cocinar.

[...]

Llevó los platos a la mesa del comedor con el que contaba la casa, presumiendo de sus hábiles movimientos de dragón vivo desde hace casi dos mil años: llevaba la mayor parte de cubiertos, vasos y platos encima, haciendo uso de sus brazos, antebrazos y hasta de su hombro y cuello.

Dejó todo en la mesa, le hizo un gesto a Delilah para indicarle que se sentara pese a hallarse en su casa (gestos de dragón) y luego se sentó frente a ella.

—Deberías haberme dejado ayudarte más. Vas a conseguir que me sienta culpable todo mi turno cuando vaya a trabajar. Bueno, la ventaja de todo esto es que voy a poder probar si cocinas bien. —le guiñó un ojo, le sonrió y le dio un primer bocado a la comida.

Ovyx no era un dragón especialmente educado: no era rico, no era noble, sino un guerrero que tenía gestos claramente toscos y que no estaba acostumbrado al código aristocrático. La comida estaba... deliciosa.

—No está mal. —soltó sin embargo, mirando a los ojos de Delilah y sonriendo con picardía. —Oye, me alegro de haberme quedado aquí. No eres tan aburrida como cabría de esperar. —buscó la provocación fácil, aunque más cariñosa que malintencionada, para no sentirse del todo mal por caerle bien una humana. Ovyx sonrió y se miró la mano mientras guardaba silencio; después, miró la de Delilah.

Volvía a necesitar aquel tacto.

—Me has hablado acerca de tu pasado, pero apenas sé qué haces aquí en Talos. He... conocido a demasiada gente a lo largo de mi vida, y sé que hay algo en tu vida como en la de todos los demás; algún... secreto. No eres una simple tejedora; hay algo más. ¿Por qué no me lo cuentas? —la invitó sin dejar de mirarla a los ojos. —Es... gratificante escucharte hablar. Tienes una voz bonita, cálida, que pega con tus ojos. Sigo pensando que serías una buena dragona. —le dio un sorbo a la bebida y se hizo de hombros.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Dom 10 Jun - 18:51

No estaba segura de que había ocurrido, pero al hacer la cena, ese sentimiento la había seguido, como una sombra silenciosa, el tacto masculino en su mano, su calor y esa presencia que él irradiaba que más que amenazadora, era resguardante, protectora y llena de algo que la llamaba hacia él y casi había logrado que ella se dejara rendir a lo que, en ese momento, su cuerpo reconocía como un impulso.

Y le había extrañado, en cuanto la distancia había sido marcada entre ellos, en ese ir y venir al preparar esos alimentos que compartirían ambos, antes de que se retirara a trabajar. Sus bordados se vendían bien entre las dragonas aristócratas, por lo que ganaba buen dinero, vendiendolos y con ello, podía comprar los ingredientes de los platillos que solía comer en su hogar. Aunque tuviera que reemplazar algunos elementos, por unos comunes de Talos.

Cuanto daría por volver a Isaur a vivir.
En el momento que los dos, tuvieron esos deliciosos platos frente ellos, la morena se sentó con elegancia y cuidado en su lugar, sonriendo por las palabras del dragón y con el mismo tono bromista, ella pudo responder.

-Un poco de culpa no us matará, será una culpa buena que seguro os robará sonrisas, cuando llegue a recordarlo-

Un detalle para no dejar pasar.

La isaurí, comenzó a comer también, sus modos de comer eran un indicativo de cómo esa comida solía comerse. Se usaba un cubierto para untar o esparcir en las tortillas de pan, el cuscús y aquellas cremas que habían hecho, pero esencialmente se comía con las manos y ella lo explicó entonces.

-Esta comida, puede comerse con las manos, al consistir en tortillas y granos que pueden esparcirse, se hace más delicioso y cómodo comer sin cubiertos, usándolos solo para untarlos así-

Ella que se había lavado bien las manos y había invitado al dragón a hacerlo, tomó un poco de una crema tomatada con algo de pollo deshilachado y mezclandolos, tomó un triángulo de tortilla de pan, envolviendolo con maestría, esbozó una sonrisa y llevó a la boca del dragón.

-Así...-

Esperó por que aceptara para que viera la diferencia entre usar cubierto y solo comer con las manos. Esa comida se prestaba a ser comida de ese modo y la diferencia era abismal, el hierro y la madera de los cubiertos dejaban un regusto diferente a la comida, más frío e insípido. Pero de la mano, la explosión de sabores era distinta y cada ingrediente brillaba con maravillosa perfección.

¿O era que la habían hecho juntos?

Una sonrisa se dibujó en su rostro al escuchar ese “No está mal”, alzando sus cejas ante esa provocación que solo la hizo esbozar una sonrisa más amplia, emulando una ofensa que no sentía y que era obvio por esa sonrisa que le regalaba.

-Le dijo la sartén a la cacerola-

Musitó como avispada y pícara respuesta, en señal de que opinaba lo mismo, sin embargo, una risa escapó con encanto, sonora y melodiosa, dulce y divertida.

-Tampoco habéis sido aburrido, una buena compañía de la forma más inesperada, espero que esta buena comida, os de energías para el turno que tan largo os presenta por delante-

Deseó con encanto y dulzura, preocupada, a su acompañante, permitiéndose, comer un par de bocados, gustosa y recorrer por los platos preparados como alguien que realmente disfruta de la variedad que en esa mesa se había podido preparar esa noche, mientras miradas y sonrisas eran entregadas y pequeñas risas también.

Cuando las palabras del dragón llegaron a ella, le miró fijamente, sin realmente interrumpirle en esa nueva pregunta. Ella guardaba muchos secretos, pero él era un dragón ¿Cómo contarle esos secretos a alguien que recién conoces? Su instinto de autoprotección se abrazó en torno a ella y la hizo sonreír ladina.

-No tengo mayores secretos que los que habéis visto aquí-

Bien tenía sabido que había dragones que se aprovechaban de los humanos con poderes, como ese dragón que había asesinado a su familia, todo por el capricho de conocer su futuro, de adelantarse a los demás y on egoísmo había destruido una familia, roto su palabra y acabado con lo que pudo haber sido para ella, una vida tranquila.

No había seguridad alguna aún, de que ese dragón frente a ella, no tuviese otras intenciones al querer saber sus secretos.

-Practico la danza con espadas, velas y cascabeles, hablo el dialecto isaurí, sé defenderme con una cimitarra y disfruto de cocinar y bordar-

Resumió sus cualidades, tomando una croqueta apanada de carne y la llevó a la boca del dragón antes de que pudiese quejarse de que fuese tan falta de secretos. Ella sonrió un poco más, mientras le veía masticar.

-Los secretos de una mujer son sus tesoros y gemas, para encantar y atraer a quien desee apreciarlos por el resto de sus días, de nada sirve revelar los secretos a todos, si no es ese hombre que la acompañe. No tendrá de qué enorgullecerse y no habrá que descubrir en la intimidad de pareja-

Dijo poética y de alguna manera sobria.

-Por eso una mujer debe ser discreta-

Ella llevó un trozo de croqueta de carne apanada a sus labios y masticando, tragó, para soltar una pregunta gustosa.

- ¿Qué tal? ¿está bueno?-
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Miér 13 Jun - 14:17

Desde luego, Ovyx le hizo casa a Delilah. Pese a ser humana, le caía bien y todo lo que le había enseñado hasta ahora le había agradado. La comida isaurí no sería distinta y de eso estaba más que seguro. Procedió a comer con las manos de la misma forma que Delilah y le indicó entonces que "no estaba mal". Era una forma de decirlo, porque realmente la comida era exquisita. Delilah era una mujer polifacética, una humana de las que no quedaban y habría sido una estupenda dragona. Ya lo había dicho dos o tres veces, pero era sincero al pensarlo.

Se rió con su respuesta y se hizo de hombros. No tenía nada más que agregar: ella misma lo había dicho. La sartén a la cacerola. Delilah era una mujer ocurrente y con buen sentido del humor. Tal vez era de las chicas más avispadas que había conocido en los últimos años.

Oh, ya basta con tanta formalidad. Tutéame. Que me aspen, no habría pensado que dejaría que una humana lo hiciera, pero... Esta comida es de otro mundo. Te lo has ganado.

Una pequeña victoria para Delilah.

Estaba seguro de que Delilah mentía: había vivido el tiempo suficiente, mil años y varios siglos, como para saberlo. Todos tenían secretos. Sólo los humanos pretendían no tener cuando toda la vida en sí misma era un secreto. Ovyx sonrió por lo bajo, asintió con evidente sarcasmo. Podía intentar mentirle, pero Ovyx conocía la realidad. Era soberbio pero había vivido mucho tiempo.

Increíble... Danza con espadas y sabes pelear... Es una ventaja. A veces podrías tener la buena suerte para ti y mala para mí de matar a un dragón en su forma humana. Hay batallas que sí se pueden ganar. Si sabes defenderte con un arma, es claro indicio de que eres una mujer fuerte. ¿Sois todos los de Isaur así?

Las próximas palabras de Delilah lo pillaron por sorpresa.

Ovyx frunció el ceño, sintiendo que de repente era él quien entraba en su juego, y por un lado no le agradaba, pero por el otro... La forma en que pintó la realidad resultó poética, bonita y artística. Odiaba que los humanos tuvieran tan buena mano para los sentimientos.

¿Crees que quiero apreciarlos? ¿Tratas de encantarme y atraerme?

Una sonrisa se dibujó poco a poco en su rostro. Ovyx dejó de apretar el puño que había dejado sobre la mesa y se perdió en los ojos de la humana.

Bendita discreción...

Ovx se sintió... especial.

Con pocas palabras, Delilah había supuesto indirectamente que sólo compartiría sus secretos si era probado digno de conocerlos... y que tampoco los compartía con cualquiera. La anterior afirmación de la falta de pareja ya le había indicado cómo era Delilah: una luz pura en una ciudad roñosa.

Está delicioso.

Comió otro poco y guardó silencio por un rato. Al terminar su plato, Ovyx se limpió la mano en la servilleta y tragó la comida que le quedaba en la boca. Luego, buscó los ojos de Delilah con los suyos, claramente tranquilo.

Supongo que todos tenemos secretos. Yo también los tengo. Mi historia no es más que una... ficha: te indica cómo soy y te puede permitir intuir qué oculto, pero no te dice toda la verdad. No es toda la realidad. Ponte en pie.

Ovyx se levantó, la cogió de la muñeca con cuidado de no hacerle daño y se halló a escasos centímetros de su rostro. Miró sus labios carnosos y entreabrió los suyos.

Quiero que me demuestres que sabes luchar —extrajo su espada con la otra mano y le invitó con un gesto a buscar su cimitarra—. Quiero luchar por conocer tus secretos. Tal vez no gane hoy, pero todas las peleas cuentan para vencer la guerra.

De repente, los labios se le secaron.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Vie 15 Jun - 20:50

-No, no todos son así, pero crecer sabiendo que un dragón desea haceros daño, cambia mucho las costumbres de alguien como yo. Mi hermano creyó en que era necesario y yo aprendí, al ser necesario –

Contó, sonriendo al ver como el dragón disfrutaba de la comida y como él se levantaba y decía esas palabras que, la hicieron fruncir el ceño, curiosa. Ella se levantó lento, sin dejar de verlo a los ojos, de modo que esos pocos centímetros hacían efecto en como percibía sus latidos, acelerados y pulsantes.

Dejó que él sujetara su muñeca, que cálida la envolviera con su mano fuerte y caliente, tan delicado y protector, causando una sorpresa inesperada al desear conocerla más y tomarse en serio esa sutileza que ella había entregado. Él era un dragón, uno muy orgulloso de lo que era y aun así deseaba conocerla, por lo que cuando la soltó, ella afirmó con un movimiento de su cabeza, para acercarse a unas cortinas de tales que ocultaban una elegante cimitarra con empuñadura de bronce.

Tan oculta como a la mano, el arma se acomodó muy bien a la mano femenina y con una sola mirada guio al dragón a ese patio exterior, donde se hubieran encontrado. Con el frescor de la noche ambos caminaron hasta el centro de este y maniobrando con el arma en su mano derecha, la isaurí inclinó su rostro, invitando al dragón a atacar.

-Todos ocultamos cosas, si. ¿No es mas entretenida la vida así? ¿No hace mas especial, el lograr y conseguir algo con el tiempo y los esfuerzos?-

Ella sonrió.

- Os deseo la mejor de las fortunas intentandolo-

Bromista, claro está, pero era cierto, que deseaba que él demostrase que lo valía, lo que ambos no sabían era al punto al que podrían llegar y llegarían. Sin darse cuenta.

Como era de esperarse, usaba una espada propia de la región de Talos. Pesada y con mayor fuerza, nada comparada a la cimitarra que portaba la mujer, de delgada y firme hoja arqueada, elegante y ligera para movimientos rápidos.

Con el estilo propio de su tierra, logró esquivar muchos de los ataques, siendo que tampoco se estaba quieta, la forma de mover su cuerpo, le daban rapidez y capacidad de desliz, entre los espacios que el dragón dejaba entre ataques. En varias ocasiones tal vez lo hubiera herido, pero no era ese el objetivo y como ella, él la puso en apuros en varias ocasiones también, superándola por su naturaleza dracónica.

Quedaban claras varias cosas.

Ella sabía combatir, por lo menos para preservar su vida y escapar de cualquier peligro que amenazara su vida, tenía agilidad y gracia, pero si era humana y llegó el punto en que el dragón logró desarmarla, ambos agitados, con el sudor recubriendo la dorada piel de la morena, miró como su cimitarra iba a parar al suelo, lejos de ella, tropezando de espaldas.


Apañada por el dragón que mantuvo la hoja de su espada contra el cuello femenino, obligándola a quedarse quieta, mirándose a los ojos con esa fijeza tan propia, con la euforia de esa danza peligrosa que habían ejecutado. Él pensó que había ganado, pero en poco tiempo supo que no solo él la tenía en jaque, si no ella con una pequeña daga a la altura de su costado izquierdo, con la hoja en dirección que podría atravesar sus costillas y hundirse hasta su corazón si deseaba, también lo tenía en jaque.

Pero ella no le haría daño.

Y así fue, con el peligro en garganta, la euforia de un combate satisfactorio y el descubrimiento de lo únicos que eran, el tiempo pareció ralentizarse. A la luz de las antorchas, eclipsándose con el calor sus cuerpos, en contraste al frío del exterior.
Su mano izquierda, libre, se posó en el ante brazo derecho del dragón.

Presionó y acarició, sintiendo su fortaleza, aflojando esa daga, que dejó caer al suelo en poco. Viendo sus ojos cristalinos, logrando acercarse lo suficiente para sentir ese aroma masculino y exhalar, sobresaltándose ante el sonido de la campanita que anunciaba el toque de queda.
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Miér 4 Jul - 11:12

Enzarzado en un combate con Delilah, Ovyx encontró cierto alivio por todo lo que había sucedido momentos atrás. La gentil manera con la que la trataba no era normal, así como tampoco las extrañas sensaciones que creaba la joven isaurí en el dragón. Ovyx infravaloraba a los humanos, pero no a las mujeres, y por ello, combatió con casi todo lo que podía dar. Delilah era más hábil de lo que podría haber imaginado, y claramente no le iba a ofrecer fácilmente la victoria.

De repente, Ovyx se encontró apuntando con la espada al dulce cuello de la mujer; se fijó en él y los labios se le secaron. Sería tan fácil empujar y acabar con su vida; sentir el fluido de su sangre en sus dedos, en su acero, en sus labios... O simplemente hundirse en él y crearle una serie de cosquillas con ayuda de su boca. Tal vez podía... Tal vez...

Mirándola desde encima, Ovyx giró lentamente sus ojos azules hacia la daga que Delilah había extraído aún estando en el suelo. Estaba cerca de su costado, y llegaría a su carne tan rápido como lo haría el filo del dragón. Ovyx arqueó una ceja, miró a los ojos de la mujer y sonrió.

No está mal.

Tragó saliva sintiendo cómo la mano de Delilah se posaba sobre su antebrazo derecho, llamándolo a percatarse de que el tiempo se había detenido. Sus rostros se aproximaron repentina pero lentamente, mientras que la daga se deslizaba de los dedos de Delilah y los labios de Ovyx se resecaban. Entonces, sólo entonces...

Sintió un vuelco al corazón.

Miró fijamente a los ojos de la mujer al escuchar el toque de queda. No recortó la distancia pese a que la mujer se sobresaltó. No dio muestra alguna de haberse asustado por aquel quebrantador sonido, sino que se mantuvo tranquilo, suspiró y lentamente se apartó de su belleza, de sus ojos y de su tacto.

Debería... irme. Toca trabajar.

Se aseguró de tenerlo encima, se acercó a la puerta en silencio pero sin ganas aparentes de marcharse. Entonces, se detuvo frente a la puerta, apoyando la mano en el marco, y se dio la vuelta para mirar a Delilah una última vez.

Espero que volvamos a vernos... Delilah.

En contra de su voluntad, Ovyx se marchó para volver a la rutina.

No estaba seguro de sus palabras, pero desde luego quería cumplirlas en la medida de lo posible. Quería repetir un combate así. Quería volver a sentir el aroma de Delilah y mirar a aquellos penetrantes ojos.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

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