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Telas que tejer [Delilah]

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Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 16:36

—Maldita sea...

Ovyx apretó los dientes, se miró el costado y se tocó la herida con la palma de la mano. Al hallarse en estado humano, la herida necesitaba desinfección cuanto antes, porque no tenía intención de convertirse en dragón en un espacio tan cerrado como en el que se encontraba ahora mismo: el mercado. Al patrullar de día, un bandido al que se había enfrentado le había acertado cerca del vientre antes de que se lo llevaran preso.

Al ser un dragón de muchos años de experiencia, desinfectar la herida era un trabajo fácil para Ovyx; ya había sido herido en una infinidad de ocasiones, aunque la única herida que de verdad le había hecho pasar factura era la que tenía en el otro costado, un golpe de martillo que había conseguido hacer que Ovyx perdiera fuerzas hace años, incluso en su forma de dragón.

Una vez se hubo encargado del corte, miró la túnica, entornó los ojos y dejó escapar un fuerte suspiro. Qué remedio. La túnica que llevaba era la túnica que algunos soldados llevaban estando fuera de servicio, para reconocerse entre sí. Tenía que encargar tela del mismo color, aunque fuera para poder tapar la parte desgarrada.

Caminó entre los puestos, mirando de un lado a otro: había algún que otro tendero que vendía sus pertenencias a hurtadillas y en los rincones, y probablemente muchos otros que traficaban con otras sustancias. A Ovyx le daba igual pese a ser soldado: si tuviera que encargarse él solo de los trapicheos de la ciudad de Talos, no daría a basto, y terminaría muerto mucho antes de poder recuperarse de sus heridas.

Lo triste estaba en que parecía imposible encontrar a alguien que tejiera. Sólo necesitaba unas manos hábiles, alguien que pudiera echarle un cable con...

Al pasar entre dos edificios, en un pequeño balcón de lo que parecía un recinto privado, Ovyx halló a una mujer. Tarareaba una canción y sus manos se movían sobre una fina tela con destreza. Ovyx tragó saliva, frunció el ceño y avanzó.

Al hallarse más cerca, se percató de que estaba en una especie de parque interior y no en una propiedad privada.

Era una mujer preciosa, de rasgos marcados, de cabello negro y largo y de ojos penetrantes. ¿Por qué cosía allí?

—¿Crees que puedes echarme un cable con esta túnica?

De ser una dragona, la mujer le caería bien; de ser una humana, bueno... No aceptaría su ayuda, probablemente.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Miér Mayo 23 2018, 18:02

El sueño era un ausente en sus noches en Talos, donde por alguna razón sus visiones sufrían una distorsión que no podría comprender. Y esas cosas solo pasaban cuando algo querían decirle.

Irónico era, que a todos les mostraba su futuro cuando querían o necesitaban, a veces no, pero cuando se trataba de ella, era como ver dentro de un pozo turbio en donde nunca podría ver el fondo. Y le asustaba cuando ese velo era opaco y la apartaba de algo que ella quería alcanzar; la situación con su hermano mayor, ese dragón caprichoso que había causado la separación de su familia y aunque Lucah, le hubiese dicho que no pensara demasiado en eso, la isaurí no podía evitarlo.

Y es así, como acabó en ese parquezuelo semi privado, dentro de una propiedad y serie de “casas” que poseían todas, una entrada general, donde las antorchas iluminaban con sus doradas lenguas de fuego doradas, las superficies que se permitían bañarse en ellas, creando sombras en los espacios a los que ni la luna con sus aces blancos y delicados podía llegar. En el silencio nocturno, donde nadie podía molestar en realidad, sus manos ágiles, con el fantasma de dibujos delicados en henna y uno que otro anillo en sus finos dedos, trabajaban una tornasolada tela naranjada rojiza, con un hilo dorado con el que bordaba delicadas flores brillantes que a la luz de las antorchas parecían oro.

Una a una, entretejidas formaban siluetas y decoradas hojas, que ella distribuía con presteza, entre hilo y pequeñas cuentas que adornaban el manto que en su regazo descansaba, algo en ese lugar, con la frescura de la noche, despejaba sus fantasmas y los empujaba fuera de su mente.

Su cabello, estaba suelto y descansando como cascadas oscuras sobre su hombro derecho, en lo que su voz, entonaba una canción isaurí, hasta que fue interrumpida por unos pasos, para alzar su rostro y fijarlo en el hombre de uniforme que se presentaba frente a ella. De hombros anchos, con esa seriedad en su rostro de facciones duras.

Bajó sus ojos y los posó sobre la túnica que portaba, se levantó de esa banca de concreto, logrando que sus pulseras tintinearan en el proceso y delicada, doblaba un poco la tela que bordaba y la colocó en donde había estado sentada, para acercarse al hombre y extender sus manos para que este le mostrara el daño de la túnica. Pasó con suavidad sus dedos por la rotura y estudió hacia donde había sido el corte, para saber cómo repararla, sin que se notase.

Al que respondió con una entonación que indicaba su clara procedencia isaurí. Aún no hablaba bien la lengua común, pero comprendía mejor y expresaba, con mejor entereza, las ideas.

-Puedo repararla ¿La dejará para arreglar ahora? ¿o querrá que sea ahora mismo? –

Preguntó serena, para levantar su rostro y encontrarlo con el del militar frente a ella, que, en efecto, era mucho más alto que ella, de ojos claros. ¿Intimidante? Y trató de recibir algo, dejar que su don hablara y contara historias llenas de misterio en ese semblante masculino que atendía, esperando su respuesta.
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 18:39

Ovyx tragó saliva y miró fijamente a la mujer conforme se acercaba a ella. Creyó leer seguridad y confianza en sus ojos y en su forma de moverse con elegancia, con sutileza y encanto. Era difícil deducir si se trataba de una dragona o de una humana, pero no pudo evitar pensar en esto segundo: después de tantos siglos de vida, había aprendido a captar la soberbia de muchos de ellos, una que no se asemejaba a la superioridad de los dragones, sino a un conocimiento mayormente profundo sobre las criaturas que lo controlaban básicamente todo. Ovyx siempre había pensado que los humanos preparaban algo en contra de los reptiles alados, pero...

El acento de su hablar llamó su atención. Ovyx se quedó con el detalle, pero no lo sacó a relucir de inmediato. Sin embargo, siguió con sus propios ojos el camino que la mano de la mujer siguió para estudiar la túnica. Ovyx tosió y asintió.

-Preferiblemente ahora mismo. No suelo salir sin ella. -respondió haciéndose a un lado para quitarse la prenda.

Debajo de la túnica, llevaba una cota de mallas que pocas veces se quitaba de encima (y, según él, ningún buen soldado debería hacerlo) y unos pantalones marrones de cuero ataviados con botas negras que le llegaban hasta las rodillas. Era ropa relativamente práctica y le permitía moverse fácilmente en caso de necesitarlo en su forma humana. La transformación en dragón en Talos se hacía... difícil.

La mayor suerte de llevar la cota de mallas, pensó Ovyx al entregarle la prenda a la mujer en aquel instante, no fue la protección que otorgaba frente a otras armas, sino la que brindaba contra la mirada indiscreta de los demás. Revelar la descomunal herida que Ovyx mantenía en un costado de su cuerpo y que dejaba clara cuál era su debilidad física actual habría sido humillante para cualquier orgulloso dragón.

Aprovechó un instante de descuido para fijarse con mayor detenimiento en la mujer: era bella, de cabello largo y tan oscuro como la noche o como las escamas de algunos de los dragones más intimidantes que había conocido; parecía joven físicamente, lo cual también lo desconcertó pues no podía decir de buenas a primeras si era una dragona que aliviara la tensión o una humana que alimentara su odio y su ego. Se movía con elegancia y parecía mucho más dura de lo que cabría esperar hoy día. Ovyx había conocido a dragonas, e incluso a humanas, todo sea dicho, muy duras y fuertes. En apariencia, Delilah pasaba a formar parte de la lista.

Se aclaró la voz al hallarse en un silencio incómodo, apoyó la barbilla en su mano cruzándose de brazos y habló:

-¿Puedo preguntar tu nombre? -sonrió ligeramente. -Tienes madera de dragona. ¿Voy bien encaminado? -quiso saber con sutil gentileza. A lo mejor, así hablaba de su procedencia. -Y tu acento... No eres de por aquí, ¿verdad que no? -se hizo con una bolsa de dinero que llevaba atada a la cintura y la dejó en la banqueta donde anteriormente la mujer había estado sentada. -No sé si habrá suficiente, pero... -se hizo de hombros y suspiró. -He oído historias acercas de Isaur, a pesar de que no he ido en mis muchos siglos de vida. Es el único lugar de este mundo que no he pisado o surcado jamás. Sin embargo, he conocido a suficientes personas y he degustado tantos acentos distintos como para haberme hecho a todos ellos. ¿De qué parte de Isaur eres? ¿Qué haces en Talos? -tal vez eran preguntas muy indiscretas, pero su superioridad dracónea se vio impulsada en una relación de tendera a cliente y militar.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Miér Mayo 23 2018, 20:35

Cuando el hombre se despojó de la túnica, ella la tomó entre sus manos, dejando que la tela se deslizara entre sus dedos, alcanzando la altura de sus hombros firmes y la contextura y anchura de esa espalda que le hablaban de muchas batallas vividas. Un aura marcada por la guerra, el dolor y el tiempo.
Era un dragón.

Su intuición se lo decía y por alguna razón, el agua de ese pozo que había permanecido turbio, pareció aclararse apenas un poco en su mente, colgando la prenda entre sus brazos, sin mostrar señal de intimidación alguna. ¿Por qué estaba tan segura en torno a ese dragón? Vaya quien, a saber, pero no dudó en caminar hacia el banco donde había estado sentada para sujetar su caja de costura con aquel precioso bordado dorado que colocó con cuidado sobre sus brazos.

-Delilah, por favor...-

Fue su única respuesta inicial, mientras extendía su mano izquierda, señalándola con suavidad hacia una puerta que estaba entre abierta y que llevaba a una de las residencias. Encontrando con algo de humor esas sutiles preguntas que el dragón dejó caer en ese momento. ¿La raza era tan importante para él? Como respuesta ella solo ladeó un poco su cabeza y pidió con su vista que trajese también la bolsa de dinero, encaminándose al interior de su local/residencia, donde al entrar los aromas isauríes podían sumergirles en esa tierra que ella extrañaba tanto.

La morena contestó si problema alguno y con una honestidad tajante, que revelaba su temperamento a grandes rasgos.

- ¿Es la raza tan importante para vos? Mi trabajo no dejaría de ser bueno si fuese un siervo que se transforma en las noches en una mujer, o quizá un fantasma que no sabe que ya no tiene vida alguna y sigue bordando y vendiendo telas a los ignorantes de su pobre y triste naturaleza que respira sin respirar y vive sin vivir –

Su forma enigmática de contestar, fue lo suficientemente evasiva para dar a entender cierta ofensa en una pregunta que tan poco común era para ella en sus menesteres. Sin embargo, esbozando una sonrisa apenas notoria, ladeó su cabeza, dejando con cuidado sobre una mesa, la túnica y el bordado, en lo que recorría la estancia encendiendo velas, una tras otra, hasta que estuviese totalmente iluminado cada rincón.

Bordados de mil colores colgaban de perchas de exposición, delicados trabajos que contaban historias de arenas, flores exóticas y fantasías en el desierto, emulando atardeceres, noches estrelladas y delicadas utopías. Todas con una hechura a mano que delataban emociones y gusto por esas detalladas estructuras, perfectas cada una a su manera, desprendiendo olores característicos, de especias y nueces, popurrí de mil sabores y tornasolados tesoros.

Era una artesana de telas, eso sería suficiente respuesta para el dragón, de que ella, era tan solo una humana.

La morena, colocó el bordado sin terminar sobre otra mesa y volvió con aquella túnica, sacando una caja y desplegando los mil colores de hilo que poseía, eligiendo el tono adecuado que tendría que usar para curar el daño a la tela misma.

-Soy de un pequeño poblado en el desierto, no tan lejos de la capital, pero lo suficiente para sentir que, se es el único sobre la tierra. Mis negocios de telas, parecen gustar mucho a los que no provienen de esas tierras y gustan de lo exótico-

Una simple vendedora de telas.
Que veía el futuro a espaldas del mundo ¿pero que veía en el azul de esos ojos? Que iluminaban ese duro y tosco semblante que ahora le devolvía la mirada y ella apreciaba sin pena alguna.

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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 21:10

Delilah.

Ovyx guardó silencio y mantuvo la mirada en el punto aleatorio donde la había posado antes al observar detenidamente el patio. Pensó en lo bonito que resultó ese nombre a sus oídos. Por algún motivo, le resultó incapaz de imaginar una persona distinta a Delilah portando el mismo nombre: algo había en él, o en ella, que la marcaba, que hacía de ambos un uno inseparable que fue capaz de sorprender al dragón. Deseó interiormente que la mujer fuese también una criatura alada, para poder verla desplegar el vuelo si la ocasión se daba, para contemplar lo que Ovyx consideraba como la verdadera belleza: los suyos, sus ideales, el hogar.

Recuperó la bolsa de dinero y siguió sin prisa a Delilah, fijándose en su figura no por sus curvas marcadas o por el color de su ropa, sino por lo grácil que aún le parecía. Había conocido a un sinfín de mujeres (incluso de hombres) gráciles en su extensa vida, pero Delilah formaba parte de un origen que no conocía tanto como otros dragones podían conocer: Isaur.

Una sonrisa se dibujó en su rostro al escuchar la réplica de Delilah. Ese detalle ya era un indicio claro de qué era realmente, pues los dragones solían ser orgullosas criaturas que querían dejar claro su superioridad frente a otros. Delilah no era así, y si bien había conocido a algún que otro dragón así, era tan poco común que lo había adoptado como un concepto incapaz de reaparecer en su vida.

—Las demás razas pueden... desarrollar su arte, o como prefieras llamarlo, porque nosotros los dragones lo permitimos. Somos nosotros quienes le hemos dado un sentido a la vida misma. —repuso con, bueno, orgullo.

Como tantos otros dragones, Ovyx era consciente de que los dragones eran incapaces de emplear sentimiento alguno a la hora de copiar el arte humano: no había emoción, no había forma de representar algo que no existía. En cambio, era fácil que un dragón se quedara prendido de la belleza de lo que tan viles criaturas podían hacer con sus manos más allá de la guerra, más allá de una tecnología que los dragones habían prohibido sin piedad, más allá de toda una existencia de maldad y cobardía.

Ovyx frunció el ceño: el lugar era cálido, al menos para su piel humana, pintoresco y a juego con el lugar del que Delilah decía haber habitado antes de llegar a Talos. Tragó saliva y entendió que se hallaba frente a una humana al estudiar las texturas, la forma de bordar las telas, el cariño que probablemente le había puesto a cada una de ellas. Sintió un cosquilleo extraño en el pecho, debilidad por la hermosura frente a la que se hallaba, y se frotó la frente con los dedos de la mano.

Hubiera deseado quemar el lugar hasta los cimientos.

—Lo exótico... —Ovyx suspiró. —Los extranjeros no me caéis mal, por lo general. Los humanos, sí. Sois viles criaturas que todavía no han entendido cuál es su sitio en lo que nosotros hemos construido como sociedad. Estáis más mimados de lo que queréis creer. Algún día... —Ovyx tragó saliva.

Se dio cuenta de que había apretado el puño con fuerza, de que las venas del cuello se le habían hinchado y de que se había dejado llevar por la ira y el odio por un momento al emplear un tono calmo pero hostil. Miró a los ojos de Delilah, sintiendo que de repente se apaciguaba por dentro, que bastaba con mirar aquella oscuridad luminosa para aclarar sus ideas.

Ovyx no necesitaba aclarar sus ideas: necesitaba llevarlas a cabo. El día llegaría en que los humanos recibieran su merecido y, junto a ellos, toda la absurda idea de Inquisición y demás pamplinas que aún existían en Talos y en otras partes del mundo. Hasta entonces, tendría que limitarse a aprovecharse de cuantos humanos pudiera y a cumplir con su trabajo de soldado.

—Termina con esa tela. —sonó imponente, autoritario, ¿pero cuántos dragones se disculparían frente a un humano por su falta de cortesía? ¿Quién se rebajaría a algo tan bajo?

Ovyx se sentó en una silla que se encontraba cerca del lugar de trabajo de Delilah y, en esta ocasión, no se molestó en observar el resto de la sala. Perdió sus ojos en ella, en su rostro ahora alumbrado por el fuego del interior, en su piel más morena que blanca que tanto le recordaba a la lava.

Era una mujer preciosa y, por un momento, temió ser incapaz de salir de aquellos ojos negros.

—Yo soy de Talos. Un verdadero dragón, miembro del ejército desde hace siglos. Nosotros vivimos siglos; ¿eso te lo enseñaron, no? —Ovyx intentaba ser diplomático. Sólo quería recuperar su tela e irse. —Hay algo que no deseo atribuir a los humanos y es el mérito del arte: nosotros somos igual de capaces de plasmarlo que vosotros, pero... He de reconocer que... esto... —tocó una de las telas con sus dedos y tragó saliva. —Es... Bueno, se te da bien. Procura que no se te suba a la cabeza. —le aconsejó. Si ahora le sonreía, abriría sus fauces y destrozaría el lugar con sus descomunales alas.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Miér Mayo 23 2018, 23:11



Y la isaurí quiso reírse, no como burla, al contrario... su habilidad de ver más allá en los pozos de pasado, presente y futuro, la habían hecho conocer que, en esa vida, por más poderosos que fuesen los dragones, como los humanos, eran solo seres efímeros, pequeñas piezas en ese tablero que los dioses de vida, muerte y destino, movían a su antojo, ese plano al que ni los dioses elementales llegaban.

Ella solo le escuchó, con una expresión serena en su semblante, no le daba razón alguna, ni dejaba que esos insultos minaran en ella su conocimiento trascendental de la existencia de cada ser en esa vasta tierra. Los dragones eran demasiado orgullosos y por eso en ese momento, a lo mejor fue clara la visión que involuntaria llegó a su mente y tragando saliva la hizo saber que muchas veces, ese orgullo era destruido de la peor forma, sintió pena y hasta dolor por ello.

Y quizá fue en ese momento, en que sus ojos obtuvieron con el fuego un color avellano intenso que pareció por unos instantes, un espejo. Eran los ojos de alguien que sabía más por si misma que por otros, quizá el conocimiento de algo mayor a lo que pudiese existir.

- ¿Os sentís mejor, al regodearos en vuestra fortaleza? -

Preguntó con una valentía inusual y una voz que solo venía con la paciencia que ella pudiese tener, permitiendo a sus manos aguardar, a ver esa actitud en respuesta, una que la hizo exhalar en realización de la infantilidad de la actitud del dragón. Para entonces, comenzar a trabajar sobre la túnica del dragón, enzarzando las roturas, recortando los excesos para lograr que esta se uniera de mejor manera, claro, luego de haber tardado, para darle a entender que él no le mandaba.

“¿De dónde venían? ¿Hacía donde iban?
Yo no desearía vivir para siempre, porque no hay mayor condena que subestimar a quienes tienen nuestra febril existencia en sus manos: la vida, la muerte y el destino...”


Sus ojos repasaron la tela con suavidad, con manos prestas, tomando la aguja, para anudar.

-Me enseñaron que todo lo que habita sobre esta tierra, respira, nace, crece y a cierto punto, muere y nada de lo que se haga sobre este mundo, tendrá valor alguno cuando se cruce el velo, ni las riquezas, ni los logros, ni tan siquiera ese “sentido de la vida” del que tanto se jactan. Mi vida tiene un sentido, pero no han sido ustedes quienes me lo han dado-

Respondió sin titubeos, antes de recortar el ultimo retazo y así, con mucho cuidado, sacudir la túnica y dejarle ver el resultado. No parecía haberse roto. Había usado un color igual al de la túnica y de ninguna manera parecía haber sido cocida.
La isaurí, morena de ojos oscuros, se aproximó al dragón y le entregó con cuidado su túnica, esbozando una suave sonrisa como único agradecimiento a su intento de cumplido, estudiando aquellas facciones toscas, esa barba de tarde que seguramente era rasposa al tacto. Era un dragón apuesto y bien parecido.

Pero un dragón.


-Espero que os guste el resultado, es una buena tela y ha sido bueno que haya venido a tiempo, pude usar mucho del hilo original para asegurarme que no se notase demasiado la costura-
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 16:16

De entre todas las reacciones que podría haber esperado por parte de una humana cuyos servicios requería además, Ovyx no habría esperado que Delilah se atreviera a responder con una interrogante un tanto provocativa. Guardó silencio, estudiando cada facción de su rostro por un instante, tratando de encontrar el más mínimo rasgo de miedo o temor en él. Era poco común ver a un humano enfrentar sutilmente y de tal manera a un dragón, uno que además los despreciaba como a nadie.

Ovyx tragó saliva: si no respondió a Delilah, fue porque se equivocaba en lo que decía. Fortaleza... ¡Ja! Como si hoy día fuese tan fuerte como antaño. A pesar de que todavía era un dragón muy capaz, grande y un guerrero hábil, la herida que había marcado un antes y un después en su larga vida, situada en el costado derecho, había menguado sus energías y había hecho de él un dragón más... débil. Por ello, Ovyx buscaba con casi desesperación la forma de deshacerse de tal herida, de volverse más fuerte, de algún día intentar incluso alcanzar la inmortalidad. Le era difícil aceptar que ya no era tan útil como antaño, y tal vez, con el tiempo, empezaría a tenerle miedo a pensar que, cuando cumpliera sus 3002 años, no quedaría rastro de él salvo un legado que no necesariamente perduraría largo tiempo.

No quería morir: quería vivir.

Tosió y escuchó atentamente la réplica de Delilah, como si lo que le contaba resultara de verdadera utilidad o fuese música para sus oídos. Tenía una voz bonita, debía reconocer eso también, pero jamás se tomaría en serio algo que un humano pudiera o quisiera decir.

—Nos debéis más a nosotros, dragones, de lo que te puedes imaginar. El mundo es como es gracias a nosotros: las flores nacen y se marchitan, las estrellas brillan y se apagan; el planeta, las estrellas, e incluso algo tan basto como el universo... Al final, todo llega a su fin. —suspiró y negó con la cabeza. —Comparado con eso, la vida de un humano no deja de ser sino el parpadeo de un ojo; y durante ese breve instante, un hombre nace, ríe, llora, lucha, sufre, se regocija, se apena, odia... y ama a los que le rodean. —hizo una pausa. —Y entonces, cae en ese reposo eterno al que llamamos... Muerte. Por fortuna.

Si bien los humanos vivían una milésima parte de lo que duraba un dragón, la inmortalidad de estos últimos era inexistente; después de todo, aunque pudieran sobrepasar los tres mil años, los dragones también morían, también podían ser heridos, también eran olvidados. Era una realidad que Ovyx no deseaba asimilar.

Ovyx bajó la mirada a la túnica que ahora Delilah le entregaba, sintiendo que su aroma conquistaba sus fosas nasales e imperaba el ambiente. Frunció el ceño mientras posaba una mano sobre la tela y colocaba la otra debajo para sostenerla.

Su mayor temor se cumplió: Delilah sonrió.

La furia creció en su interior, como si haber reconocido algo que todos sabían fuese mérito de felicidad humana. ¿Cuántas veces halagaba Ovyx a los humanos? ¿En cuántas ocasiones se había visto superado por la evidencia? Tenía unas ideas muy específicas y solía seguirlas al pie de la letra.

Observó detenidamente la tela, estudiando el trabajo de Delilah, acariciando con la yema de los dedos la zona que ella misma había vuelto a tejer. Por algún motivo, el nuevo tacto y la pequeña diferencia de cómo había sido antes a cómo era ahora lo embargó, hizo que su corazón bombeara con mayor rapidez, que sus sentidos se dispararan y que envidiara ahora y siempre unas manos tan artesanales, tan prácticas.

—Habría sido capaz de hacer lo mismo. Si hubiese tenido ganas. —comentó de forma mezquina, mirándola arqueando una ceja y procediendo a colocarse la túnica encima de la cota de mallas. —Trabajas aquí... como tantos otros humanos... porque nosotros lo permitimos. Vuestro destino pende de un hilo y siempre seremos nosotros quienes decidiremos qué será de él. Ahora mismo... podría hacer lo que deseara contigo: raptarte, desgarrar tus telas, acabar con tu vida... Pero no tengo ni la menor idea de si perteneces a otro dragón y preferimos no desapropiarnos mutuamente.

Se ajustó la túnica y la estiró con cuidado de no romperla, aunque de forma torpe y tosca. Luego, miró a Delilah a los ojos y sonrió ligeramente. No pudo evitar preguntarse si sonreía por el buen trabajo que Delilah había realizado, o por poder encontrarse una vez más con aquellos ojos oscuros.

Se hizo de hombros y se sentó en la silla de antes.

—Comprueba que el dinero que te he dado sea suficiente. No me gustaría que la soberbia artística de la que vosotros, humanos, pecáis, me salpicase. —desenfundó su espada y apoyó la punta en el suelo mientras él se apoyaba en ella de forma distraída. —¿Tienes dueño? ¿Durante cuánto tiempo has llevado este negocio? Está más que... claro que no eres nueva. Se te da bien.

Por algún motivo, Ovyx no quería irse. No todavía.

Delilah le creaba curiosidad.

—Háblame de ti.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Jue Mayo 24 2018, 18:56

La isaurí, quería creer que tenía una paciencia de oro, una que ella misma había cultivado para poder utilizar su don, para beneficio del Gremio y quienes necesitaban su ayuda. Pero por naturaleza, parecía contener una bomba de relojería dentro que indistintamente de que fuera, podía sacarle lo peor de donde estuviese.

Y morder su labio inferior, fue solo un intento más de recordarse que el dragón ya iba a irse...

O ¿no...?

En cuanto empezó a hablar, ella solo quiso comenzar a contar, del uno al 100 de ser posible, tal vez, pensar en lo bonita que debía estar la noche, en lo tranquilas que estaban las calles, en todo el trabajo que le esperaba al día siguiente y si los del Gremio, en serio querían que se quedara en Talos tanto tiempo. ¿Querían que se quedara? Por un momento, pensó en buscarse algo de beber, mientras él continuaba con su yada yada, de dragón insoportable.

¿Cómo alguien tan insoportable podría tener una forma humana tan agradable? Porque lo era y nunca se lo diría, no vaya a ser que se lo creyera de más, es lo que menos deseaba, la morena observaba su postura, esa forma en la que reaccionaba, la miraba y se colocaba la capa de nuevo para cubrir su espalda ¿Ahora si se iba? ¿O iba a seguir torturándola con su presencia? Se preguntó la muy amable vendedora de telas que ahora buscaba la forma de contener los demonios que en su interior deseaban explotar.

-No pertenezco a nadie y es seguro que preferiría morir primero antes de que alguien intentase poseerme como un objeto y aunque no me creáis, tengo más potestad sobre mi vida que muchos de ustedes sobre la vuestra-

Contestó por fin, sin poder evitarlo, ya sintiendo como algo en ella ardía con una crudeza que hace mucho no dejaba salir.

-Desde que habéis llegado y enterado de mi procedencia, no habéis dejado de insultarme y a mi raza, de la que, como vos, me siento orgullosa. Así que, no mal interpretéis mi silencio, como aceptación a vuestras palabras, dragón –

Hizo una pausa, antes de proseguir.

-Una vida larga, también puede ser un tremendo castigo, un castigo que puede tener un fin agónico, prefiero que mi vida sea como un parpadeo, porque sé que tendré más oportunidad de apreciar lo que tengo delante de mí, mientras lo tengo, porque como decís, se puede deshacer en un segundo, sin siquiera imaginarlo –

La morena, finalmente desvió su incandescente y ardiente mirada, para buscar con la vista aquella pequeña caldera donde vertió agua para calentar “toma té, toma un buen té y relaja esos nervios” pensaba la isaurí “dragones, que se creían esas lagartijas enormes, destruye todo” continuaba refunfuñando para sí, avivando las brasas con maña, escuchando lo que procedía a agregar.

-No es necesario el pago, solo me ha tomado un momento y preferiría no deberos nada y cuidado con mi suelo, limpiar, mantener y cuidar la madera con la terrible humedad de la ciudad, es un trabajo duro de todos los días –

Ella era una humana, pero tenía el fuego ardiendo en su interior, como brasas ardientes, como volcán en erupción sin nada que le detuviese, mientras extendía una de sus delicadas manos para tomar una varilla y quemando la punta, clavarla en un platillo con una pasta especial que emitió un aroma relajante que la hizo suspirar, antes de buscar en un armario su tetera isaurí antes de dejarla sobre la mesa de madera y mirar al dragón.

-No-

Contestó ante esa última petición.

- ¿Por qué perderíais vuestro tiempo con una humana como yo, deseando saber más? Si tanto os desagrada la humanidad, a lo mejor una bella dragona de vuestros congéneres, sería mejor compañía que yo. ¿Para qué os contaría yo sobre mí? ¿Para qué pudieseis seguir burlándoos de mi naturaleza? Lo único latente aquí es vuestra falta de tolerancia y modales, contra alguien que solo os ha intentado ayudar-

Estaba furiosa, aunque decir “furiosa” era poco.
La humana caminó hacia la pequeña cacerola para tomar un paño y con este descolgarla del fuego y verter el humeante líquido en la tetera. Pero su temperamento ya estaba explotando como un volcán en erupción, al manejar la cacerola con poco cuidado, hizo salpicar el líquido que se derramó sobre una de sus manos, apenas un poco, causando que ella soltara la cacerola y maldijera en esa lengua dialecto de las calurosas tierras de las que provenía.

-¡حُرُوف العَرَبِيَّة!  .... -

Inhalando y exhalando, la morena, intentó calmarse, antes de provocar un incendio o mas desastres, tratando de ignorar el dolor que propiciaba esa quemadura con agua caliente que ya enrojecía la parte de la piel que habia sido mojada, en su mano derecha.

-Más bien creo, que por vuestro bien y el mío, no deberíamos hablar más-
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 20:32

Al responder en un primer momento, Delilah hizo gala de la arrogancia y la soberbia humana que Ovyx tanto odiaba y de la que tanto había hablado durante todos estos siglos; esto no impidió que una sonrisa se dibujara en su rostro, sino que más bien fue la razón por la que Ovyx ensanchó sus labios al mirar a la mujer. No dudó ni por un momento en lo que tenía que responder a sus palabras. ¿Cuándo había dudado él?

—Eres valiente, y estoy seguro de que crees fielmente en lo que dices, pero... De ser esclava de alguien, no consistiría en qué deseas o qué prefieres: serías incapaz de negarte a una persona que te fuerza. La crueldad mortal ha desarrollado un sinfín de métodos inimaginables de tortura, y créeme, he sido testigo de un montón. He visto gente más fuerte que tú doblarse de dolor y doblegarse ante la voluntad de quienes tanto dolor les han infligido, y es... coherente. He vivido durante siglos y la misma historia se ha repetido una y otra vez. La vida real no es como uno de esos cuentos que cantan los trovadores, humana, donde existen las excepciones.

Dicho esto, y esperando haber zanjado el tema, Ovyx la miró fijamente a los ojos con rabia que trataba de ocultar. ¿Por qué los humanos se mostraban tan egocéntricos y siempre creían que eran superiores al resto? Los más listos eran los que se dejaban hacer, los que no alzaban la cabeza y aceptaban así el sistema en el que vivían. ¿Qué clase de loco podía creer que las cosas cambiarían?

Pensando en esto, Ovyx sonrió para sus adentros. Era un hipócrita.

—¿Oh? ¿Puedes afirmar, entonces, que has... apreciado tal parpadeo?

¿Qué clase de humano podía hacerlo hoy día? La gran mayoría vivía bajo el yugo de los dragones y en Talos las cosas estaban peor que nunca. Ovyx era de los que pensaban que tal vez, para los dragones, la situación había cambiado a peor por los recientes acontecimientos que parecían haber sacudido el mundo, pero se alegraba pensando que los humanos, quienes le habían arrebatado a su amada, pagaban aún mayores consecuencias.

—Claro. Tendré cuidado. —respondió sencillamente, con evidente sarcasmo pues no abandonó su posición.

La negativa innegable y rotunda hizo que Ovyx se apartara de su espada, posando ambas manos sobre su pomo, y la mirara extrañado. ¿Acababa de oír correctamente? ¿Le había dicho que no? ¿Cuán cuerda podía estar una mujer, hoy día, como para negar un simple deseo a un dragón? ¡Especialmente sin tener amo! La ventaja de las esclavas es que podían ahuyentar a otros dragones recordándole las reglas o amenazando con llamar a su propietario, pero esta mujer no tenía nada con lo que amenazarlo; todo lo contrario. Si Ovyx lo deseaba, podía perfectamente llevársela para sí. ¿Tal vez contaba con algún tipo de protección en el que no había pensado?

—Oh, así que así van a ser las cosas... Te has marcado el objetivo de despertar a... —se puso en pie conforme hablaba, pero se tuvo que callar al ver cómo Delilah se movía hacia la cacerola y al mirar la subsiguiente quemadura.

Fuego...

Ovyx apretó el puño y calló por un momento, sintiendo que las venas del cuello se le hinchaban, que peligraba de perder el control. A la mayoría de dragones les daba igual qué pudiera suceder con los humanos: si esta mujer desaparecía o aparecía muerta, no estaba seguro de hasta qué punto podría haber serios problemas. Sí... Sería maravilloso raptarla, llevarla al bosque y chamuscarla tal y como ella se había chamuscado la mano. El fuego hacía maravillas.

Tomó aire, cerró los ojos y trató de refrenarse. Matarla sería un desperdicio porque, en mucho tiempo, Delilah era la primera persona que le hacía frente o que se atrevía a responder con aires de grandeza; de orgullo. ¿Cuántos descabezados así había? Siempre había sido divertido deshacerse de ellos, así que tal vez ahora podría repetir tal acto. Pero...

—Aguarda. —dijo simplemente después de que Delilah le pidiera elegantemente que abandonara la vivienda.

Ovyx avanzó hacia ella con paso decidido, mirando sola y exclusivamente la quemadura que se había hecho en la mano. Mostrando autocontrol, y mayor benevolencia de la que Delilah merecía a sus ojos, la tomó entre las suyas sin darle espacio para que se apartara. Tragó saliva y analizó la piel rojiza y chamuscada. Sí, ésa era la clase de dolor que Ovyx tanto había adorado infligir.

—Permite que... —se hizo con una de las telas que Delilah vendía, la que consideró menos trabajada, y buscó entre sus pertenencias agua. Metió el dedo para comprobar que era fría y se hizo con un barril lleno. Probablemente Delilah había ido a llenarlo ese mismo día.

Tiró de su brazo, echando hacia atrás la tela de su manga y descubriendo su antebrazo, y vertió el agua fría encima. Sostuvo su mano para evitar que la apartara en caso de que doliera todavía más y no se detuvo hasta que la temperatura de la extremidad descendió. Después, recuperó la tela que anteriormente había cogido y vendó la mano de la mujer.

Estando arrodillado frente a ella como estaba, Ovyx pudo perderse aún mejor en sus bellas facciones, en su piel lisa y en lo delicada que parecía al hallarse tan cerca y al abrir sus labios. Manteniendo su semblante serio y regio, hizo el nudo que sostendría el vendaje y luego tiró con cuidado de su mano para acercarla a su pecho.

—Ahora, estamos en paz. Quédate con el dinero de todas maneras.

Se puso en pie y la miró fijamente a los ojos. Delilah era una mujer de extremada belleza y mucho más valiente, o estúpida, de lo que habría podido imaginar. Tal vez la gente que llegaba de tierras lejanas estaba peor de la cabeza de lo que había pensado. Por lo menos, gente de Isaur.

—Harías bien, sin embargo, en no olvidar que soy un dragón: sé un poco más lista. ¿Qué pasaría si te raptara? ¿Qué pasaría si te robara, si te violara, si te golpeara o te matara? ¿Hay alguien que te protegería? —Ovyx mostró sus dientes al sonreír, claro indicio de arrogancia. —Por suerte para todos, es algo que no pienso hacer. Me has resultado curiosa, sencillamente. Aún estás a tiempo de atender a mi petición.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Vie Mayo 25 2018, 03:52

El dolor ardiente de la quemadura, era abrumador, sentía palpitar con intensidad la zona y eso le había robado un exhalo profundo, en el que, por orgullo, había ahogado cualquier quejido. Así era ella, furiosa como un volcán en erupción, pero esa erupción pareció atenuarse, en el momento en que la figura del dragón se aproximó... no por intimidación, en lo absoluto. Fue como si él pudiese apaciguar la tormentosa batalla que en ella se creaba.

Quizá, era porque la isaurí no estaba acostumbrada a demostrar sus sentimientos, a lo mejor era por mil razones más que ella comprendería luego. El aura que despedía el dragón, pareció abrazarla, envolviéndola en ese calor que, sin realmente darse cuenta, despedían los de su especie. Se dejó perder en la tosquedad de sus manos, que calientes, fueron delicadas en el proceso de aliviar su dolor, uno en el que el silencio se había apoderado de los dos y le había permitido perderse en esas facciones masculinas, de ojos claros como el cielo de medio día de Isaur.
El semblante femenino, cambió conforme los segundos pasaban y se permitía ver en ese rostro, dejándose hacer. Su mano, era delicada, suave al tacto y estaba decorada con diseños en esa hierba muy conocida por sus tintes amarronados, con su muñeca adornada con pulseras de bronce que tintineaban con suavidad al él hacer.

Por un momento, la morena, perdió toda noción del tiempo y permitió que sus labios se separaran con suavidad, sintiendo el calor que el pecho fuerte del dragón desprendía y un escalofrío pareció deshacerla como arena ante su tacto, transformarla en viento, como las cálidas dunas del desierto, mientras su corazón daba un salto y bajaba sus ojos oscuros hacia donde estaba su vendada mano, sintiendo el latir firme de ese corazón que le daba vida.

Sin embargo, fue el momento de claridad que ella estaba esperando, que ella estaba deseando tener. Y sumergida en esos ojos, escuchó esa ronca voz murmurar esas advertencias que él dejaba caer sobre su entereza, que contradecían al centelleo de su azul turbio por emociones incomprensibles que solo hasta ese momento ella pudo ver, cuando en ese momento de cercanía, él había permitido que ella se asomara en él con la facilidad más indescriptible que pudiese imaginar. Facilidad rota con esa sonrisa arrogante que nuevamente, quebraba esa pequeña rendija de lucidez que había tenido.

Y sin moverse de su lugar, ella aprovechando que su mano seguía presa de las contrarias, presionó. Por un momento retenida por él, con alerta por su movimiento, dejándose dócilmente sujetar, levantando su mano libre, que poseía dos anillos y unas cuantas pulseras más,  perseverante, empujó su mano libre izquierda y la acercó hasta su rostro, para acunar el firme mentón masculino, sintiendo la aspereza de su barba al posarla sobre este con una ternura sutil, hasta encontrar sus ojos con los de él.

-Gracias –

Susurró con genuina dulzura, posando su mano lastimada sobre ese pecho masculino, antes de desistir, rompiendo ese tacto regalado, para con lentitud, utilizar su mano izquierda con mayor calma, para sacar dos tasas de isauríes orígenes y con esta misma mano, sacar un frasco con unas delicadas hierbas secas, sirviendo con una cucharilla un poco de estas dentro de las tazas, antes de verter el agua y que un olor dulzón para nada molesto, con tonalidades almendradas, impregnara los sentidos.

-Mi abuela fue esclava de un dragón durante toda su vida, como la madre de mi abuela y la madre de esta, hizo un trato con su dueño, en el que intercambiaba todos sus años de servicio fiel, por la libertad de su hija. Mi madre nació libre, mientras que mi abuela permaneció cumpliendo su palabra, nací libre, como mi hermano mayor-

La isaurí, tomó una de las tazas y la acercó al dragón con su mano izquierda, con mucho cuidado.

-Dicen que los dragones tienen honor en sus palabras, este dragón no lo tuvo, ya que luego de la muerte de mi abuela quiso esclavizar a mis padres. Pero al oponer resistencia fueron asesinados-


Hizo una pausa.
Sabiendo que no podía mencionar al Gremio, por lo que adjudicó a un “tío” la ayuda que ella y su hermano recibieron luego de la desgracia de su familia. Tomó su taza y caminó con grácil tranquilidad, hacia una silla que había cerca y también se sentó.

-Mi hermano me salvó del fuego que consumió nuestra casa y me crió. Un tío nuestro nos ayudó y crecí trabajando en un bazar, vendiendo telas, perfumes, inciensos y hierbas afrutadas, especias de todo tipo, hasta que mi hermano, desapareció. No sé qué fue de él, pero mi tío consideró que era mejor para mí, alejarme de la tierra que tanto dolor me había traído, así que me embarcó hasta aquí, quizá buscando un nuevo camino-


Rememorar esos sucesos, traía consigo dolor, pero su rostro se mantuvo lo mas calmo posible, al contarlos. Dando un sorbo lento de su taza, cuyo contenido, poseía un dulzor propio y delicioso al paladar, único y de exótico origen.
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Vie Mayo 25 2018, 09:18

El tenso tacto que Ovyx había sentido al sujetar la mano herida de Delilah quedó por completo en el olvido cuando, como por arte de magia, la mujer llevó su mano a su rostro y acarició su mejilla e incluso su mentón. El calor de sus dedos provocó que Ovyx cerrara los ojos por un momento, perdido por completo en un gesto que jamás habría esperado de una persona como Delilah; que no había esperado de nadie en tiempo. Abrió los ojos sólo para mirarla, para ver la hermosa sonrisa que esbozaba y para escuchar la única palabra de agradecimiento que dirigió hacia él. Muchas personas habían sido igual de sinceras para darle las gracias por distintos motivos: haber ayudado, haber perdonado siquiera la vida por misericordia, pero pocas habían podido calmar a Ovyx de semejante manera. Se quedó mirando casi pasmado a Delilah y, en cuanto el contacto se rompió, tragó saliva, tosió y buscó apartarse cuanto antes.

El "gracias" que Delilah había soltado, la forma en que había sentido su mano posarse sobre su pecho y la buena sobre su rostro se convertirían en recuerdos que quedarían grabados a fuego durante mucho tiempo en su cabeza. Por un momento, se preguntó por qué debían existir seres humanos tan intensos: después de mil años de vida, era normal haber encontrado a más gente como Delilah, y Ovyx lo conocía prácticamente todo, pero... Siempre se sorprendía que hubiese alguien más así. Y ella, oh, ella parecía distinta.

Aún estando de pie frente a ella, Ovyx observó cómo se hacía con dos tazas, gesto que hizo que frunciera el ceño. La forma en que de repente empezó a hablar Delilah hizo que entendiera, si todavía no lo había hecho, que aceptaba su propuesta de hablarle más acerca de ella y, por ende, de quedarse un rato más allí. Lo que en un primer momento había parecido motivo de molestia para Delilah se convirtió ahora en un sentimiento bizarro en su corazón: ¿por qué se quedaba? ¿Por qué quería saber más cosas acerca de ella? También se había interesado por otros humanos anteriormente, ¿verdad? Aunque era incapaz de recordar cuándo había sido la última vez que eso había sucedido.

—El precio a pagar fue alto. —dijo simplemente mirando fijamente a Delilah, como si de repente fuese capaz de empatizar aunque sólo fuese un poco con lo que le contaba. —He oído decir a más de un centenar de los vuestros que la libertad no tiene precio. Supongo que, cuando se trata de la de un ser querido, ese concepto se multiplica por mil.

Se hizo con la taza que Delilah le acercaba con cuidado de no verterla y luego tomó asiento frente a la silla donde había dejado que Delilah se quedara para poder enfriar y vendar su mano. Siguió escuchando todo lo que le decía. Asintió al aprender cuál fue el cambio de situación que hizo de un simple trato un verdadero infierno. No era la primera vez que Ovyx veía a un dragón faltar a su palabra, y mucho menos masacrar a personas; él lo había hecho con anterioridad.

—Lo lamento. —dijo cortésmente, a pesar de que esto resultó ser una excusa interior de la que Ovyx trató de convencerse. Por algún motivo, le apenó en cierta manera la forma en que los padres de Delilah habían acabado: vilmente asesinados por uno de los de su especie.

Eran humanos, después de todo. ¿Por qué sentir lástima?

A juzgar por lo que le contaba, y por la repentina desaparición de su hermano, Delilah parecía estar sola en el mundo. Tal vez tal y como él lo estaba. Muchos humanos estaban tan o más solos que ellos dos juntos; en ese caso, no tenía motivos para sentir verdadera lástima o para sentirse siquiera demasiado identificado. Sin embargo, para bien o para mal, no pudo evitar ver en Delilah algo de lo que él era.

Habría sido una excelente dragona.

—Tal vez, tu tío tenga razón. —acertó a decir reflexivo y rascándose la barba. La forma en que hablaba de su tío no le parecía demasiado nostálgica o cariñosa como para pensar que tenía una muy buena relación con él, o que lo quería tanto como había querido a sus padres o a su hermano.

Dio un sorbo al té al mismo tiempo que ella, degustando su sabor, perdiéndose en el calor del mismo. Cerró los ojos y sonrió por lo bajo. Tal vez, todo lo que las manos de Delilah producían estaba destinado a ser exquisito.

—Algo me dice que estás hecha a esta ciudad mucho más que la gran mayoría de sus propios habitantes: trabajas bien, haces buen té, y tienes una mirada intensa hasta para un dragón. Eres valiente. ¿Puedo darte un consejo?

Le dio un sorbo más a la taza y la dejó en el suelo para después acercarse a Delilah y cogerle de la mano buena, tal y como antes había encerrado entre las suyas la mala. La miró fijamente a los ojos, hallándose un poco más cerca que antes. No solía disfrutar de tal proximidad con un ser humano, pero quería que sus palabras quedaran grabadas por siempre en su cabeza.

—He vivido cientos de años; he visto humanos menos, tan y más valientes que tú. Los menos valientes, los más cohibidos, son los que mayor tiempo han sobrevivido en Talos, en nuestra sociedad dirigida por dragones. Los que no... son los que poco tiempo después han perecido. —pensó en darle el ejemplo de sus propios padres, pero no quería ofenderla. No de nuevo. —Tienes un pasado triste y un futuro brillante ante ti. Haz uso de ello; no quieras tirarte de cabeza a la boca del dragón. Sé lista y, porque yo te lo pido, no te enfrentes a los demás dragones como hoy lo has hecho conmigo. Algo podría pasarte y...

Y calló.

Tal y como Delilah había hecho antes, Ovyx acarició su rostro, tal vez para intentar que le hiciera mayor caso. Delilah parecía una mujer de carácter fuerte y de ideales muy claros y marcados. Suspiró, le ofreció una ligera sonrisa y recuperó su asiento en el suelo frente a ella mientras se hacía con la taza de té.

—Hace siglos, hubo alguien a quien yo apreciaba. Ese... alguien hizo unas promesas que fue incapaz de cumplir y acabó muerto en manos de humanos. Me prometí que no volvería a ser el mismo dragón joven y estúpido que creía que todo podía salir bien por ser superior. Aunque os desprecie, no os infravaloro; de hecho, pienso grandes cosas de vosotros. Por eso sería un gran alivio para Talos y para el mundo que os borraran de la faz del planeta, pero... —se topó con los intensos ojos de Delilah y tragó saliva. —Tal vez, a ti, sí que estaría dispuesto a mantenerte a salvo aunque sólo sea un día más. Para que puedas contarme más cosas sobre ti. —sonrió y apartó sus ojos de los de Delilah para mirar la pared, perdiéndose un momento en sus propios pensamientos.

Tal vez. Sólo tal vez.

—¿Qué fue de tu tío?




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Dom Mayo 27 2018, 08:06

-Mi tío es un hombre difícil de tratar-

El Gremio, era difícil de tratar.
Ella, apenas era un contacto por suerte y gracias a eso, tenía el apoyo y protección de los miembros del mismo, pero su compromiso terminaba, cuando salían de su local con la información que necesitaban.

-Pero lo comprendo, ha tenido una vida difícil y creo que sería egoísta no pensar en esas dificultades. -

Por un momento guardó silencio, perdiendo sus ojos oscuros en la infusión deliciosa que hacía a sus sentidos relajarse al punto de que, por un momento, dejaba que el silencio de las calles y la noche los envolviera. Ella no se sentía incómoda en compañía del dragón que tenía a su lado, aun cuando fuese un arrogante insoportable, los gestos que había tenido con ella, no eran gestos que podían pasar desapercibidos y no dejaría que así fuese.

Levantó el rostro y lo fijó en los azules profundos que le devolvían la mirada, hablando con esa voz ronca que transmitía una calidez que era acorde a él: Su postura, su forma de moverse, incluso su arrogante personalidad. ¿Un consejo? Un asentimiento de su parte, fue la respuesta dada, como permiso, para que le hiciera entrega del consejo, que esperaba, no fuese una ofensa más y para su sorpresa; No lo fue.

Lo observó movilizarse, escuchando el sonido de la cota de malla, el metal, el peso de sus pasos, el rozar de su capa y la tela que ahora se rozaba con sus ropas, conforme él se encaminaba hacia ella y prácticamente, la sorprendía envolviendo su suave mano izquierda entre las suyas. Esas ásperas manos le resultaron dulces, grandes, protectoras, abrumadoras e intrigantes, unas manos que calientes, sentía que podrían derretirla y a su vez no, como cuando acercabas las manos a una fogata que te daba calor; Y no le molestaba ese calor, ella estaba acostumbrada a ello.

Y se dejó embaucar en como su corazón latía al perderse en ese tacto, mientras esas palabras le decían que era mejor no confrontar a los dragones. Si hubiese estado enojada, quizá hubiera tomado mal ese comentario, pero no lo tomó así, porque viniendo de él era un gesto noble. No parecía decirlo de mala fe y menos en tono de burla.

¿Un futuro brillante? Su futuro estaba nublado y eso la turbaba, ni siquiera sus cartas le decían algo realmente concreto. Los dibujos en las cartas le decían que esperara, le recordaban la paciencia y la llevaban a un callejón sin salida, le repetían constantemente “no lo puedes saber aún...” “pero sabemos que pasará” y esas memorias se movían en torno a ella, mirando en esos espejos que mostraban algo que ella no podía comprender, pero estaba allí ¿Qué era?

¿Y? ¿Por qué no proseguía? ¿por qué callaba?, su piel se erizó ante esa caricia masculina y suave que mantuvo su vista en ese rostro trabajado por los años y la guerra. Quiso que su don le regalara un vistazo del pasado de aquel dragón, quizá del presente, tal vez de su futuro, para saber si esos azules le hablarían alguna vez más y mitigarían su curiosidad, acompañados de otro suspiro como ese que le había dado antes de terminar mostrándole un lado inusual que la inquietó: Esa sonrisa. Antes de alejarse y volver a esa silla, donde había estado sentado antes.

Perdiéndose en esa mirada, a medida que narraba un poco del dolor que él mismo había sufrido. Y sintió una sensación compadecida por ello, todos habían sufrido, humanos y dragones por igual y no dejaba de ser trágico, por lo que apreciando con una sonrisa pequeña, como apartaba su mirada en otro lado que no fuese sus ojos, preguntando por ese tío al que le había atribuido todo el bien que le había venido, luego de la muerte de sus padres, la isaurí quiso buscar sus ojos o hacerlo mirarla para que no perdiera detalle alguno de cómo sus emociones se dibujaban dulces en sus reflejantes espejos de orgullo. Pero dejó ese deseo, en solo eso: Un deseo.

-Continúa estando en Isaur, es un mercader, dijo que continuaría vendiendo en el bazar y creo que lo ha continuado haciendo-

Contestó con suavidad, mientras observaba el perfil del dragón y una voz interna en ella la reprendía “Es un dragón” “un dragón” uno que en medio de la noche había aparecido en su puerta y con la situación más inesperada, se habían empezado a tratar. Luego de responder las preguntas que él había hecho, la isaurí dejó que el silencio volviera a aparecer; A lo mejor no compartiría nada más con él, pero algo la impulsó a dejar su taza en una mesa cercana antes de levantarse y con cuidado caminar hacia uno de los cajones donde guardaba sus telas bordadas, sacando una teñida en azul oscuro como el cielo, con estrellas bordadas en hilo dorado, tan exquisitas como el cielo nocturno que solo se veía en esas tierras.

La acercó al dragón con cuidado y desplegándola le mostró, como con bordados había creado un dibujo, del desierto de noche, con una pequeña ciudad en la lejanía. Era una tela preciosa.

-Así se veía de noche desde la ventana del que alguna vez fue mi hogar-

Compartió, esbozando una sonrisa pequeña.

Spoiler:
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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Dom Mayo 27 2018, 18:02

—¿Mantienes el contacto con él, para saber que está bien? Cartas, lechuzas, cualquier tipo de método que puedas ingeniarte para hablar con él. —quiso saber de inmediato en respuesta a su... respuesta.

Ovyx podía imaginar que tener a la familia lejos no era fácil, especialmente cuando suponía que el tío de Delilah era todo lo que le quedaba. Durante un tiempo, él también había estado viajando, lejos de su familia. Después de la muerte de la dragona a quien había amado, Ovyx había apagado sus sentimientos incluso por su familia. A día de hoy, apenas hablaba con ellos, apenas recordaba lo mucho que los había querido. Recientemente su padre había muerto debido al frío de Talos. Al visitar el hogar familiar, Ovyx sólo había abrazado a su madre y mirado mal a su hermana Shahisha. Poco más había sucedido después.

Estuvieron en silencio durante unos instantes; Ovyx no sabía muy bien qué hacer, y tampoco entendía por qué se sentía tan cálido y a gusto en aquel lugar. Miró por la ventana por un momento y se percató de que pronto se haría de noche. Tenía que salir de servicio nuevamente durante la madrugada, pero todavía quedaban muchas horas hasta entonces. Tendría que volver a casa antes, cuando dieran el toque de queda.

Entonces Ovyx bajó la mirada a la tela que Delilah le enseñaba con ternura, haciendo que tragara saliva observando sus finos bordes, el hermoso dibujo cuyo sentimiento era capaz de calar en él y en cualquier otro dragón. Llevó la yema de sus dedos a la tela y acarició delicadamente, con miedo a estropearla, como si fuera algo que mereciera la protección de los dioses si es que en verdad existían, a pesar de que Ovyx negaba su existencia por completo.

—Es... precioso. —murmuró. No era para nada un cielo estrellado parecido al de Talos. Parecía un mundo distinto.

Sus dedos persistieron con el desliz sobre la tela hasta que, de repente, se toparon con la mano de Delilah. Ovyx frunció el ceño ante tal tacto y se encontró con sus ojos y la sonrisa que le entregaba. Por algún motivo, él la replicó.

Tosió, apartó la mano de la de Delilah y se puso en pie para mirar por la ventana y acercarse a ella en primer lugar. Se cruzó de brazos y se dio cuenta de que efectivamente pronto podría sonar el toque de queda. No estaba seguro de qué hora era realmente. Miró a Delilah y le ofreció una ligera sonrisa de nuevo, menos intensa que la anterior.

—Esto... Salgo de servicio dentro de unas cuantas horas. Tendría que pasarme por casa para prepararme, pero... —se encontró con los ojos de Delilah y tragó saliva. —¿Te molestaría que me quede aquí escuchando más acerca de Isaur y de tu historia? —quiso saber cruzándose de ojos.

Deseó que Talos se lo tragara.

¿Él, reconociendo que una humana era interesante? Había algo en aquella intensa mirada que fascinaba a Ovyx, algo que lo mantenía cautivo. Se miró la mano por un momento y se dio cuenta de que aún le latía rápidamente el corazón por el repentino tacto que anteriormente había tenido con Delilah.

—Es una lástima que no podamos dar un paseo nocturno. La situación actual en la ciudad es tan frágil... Bueno, supongo que en algún momento la cosa mejorará. ¿Te molesta si cojo un poco más de ese té que has preparado? —y, entonces, tuvo una buena idea. Algo divertido. —¿No hay algo que te gustaría saber acerca de los dragones, o de mí? Has estado contándome toda tu vida y yo apenas he abierto la boca. Me siento en desventaja. Mi pasado no tiene mucho secreto: un corazón partido, sin más, y desde entones todo cambió. No sé qué habrás vivido tú con el amor. —ni siquiera pensaba que los humanos pudieran amar tanto como los dragones.




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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Delilah el Miér Mayo 30 2018, 20:53

-Él me enviaba estas telas-

Contestó la isaurí, levantando sus ojos hacia las telas que enrolladas en los estantes descansaban listas para ser compradas o bordadas. Delilah se había dado cuenta que estas se vendían mejor cuando estaban bordadas, los clientes pagaban más por ese delicado trabajo, que le tomaba mucho más esfuerzo, pero le traía mejores ganancias para sobrevivir y mantener ese lugar en buenas condiciones.

Conseguir alimento para ella y Neehla su aprendiz y acompañante que, en ese momento, estaba dormida, porque su salud lo pedía y Delilah, la cuidaba con gusto. Esa sonrisa se mantuvo en los labios de la morena, cuyos ojos brillaban con la luz de las velas, apreciando aquellas bonitas palabras sobre el bordado que le recordaba a las noches más hermosas de la tierra de dónde provenía.

-No hay ni un solo día en que no extrañe eso-

Habló con honestidad, viendo como esos masculinos y ásperos dedos, acariciaban con delicadeza los bordados en dorado, que poseían una belleza única, que emulaban estrellas y flores, escarchado y delicado, hasta que sintió ese calor que rozó sus dedos y la hicieron levantar su vista de nuevo y posarla en esos azules que ya había apreciado antes con la misma curiosidad. Y por un segundo sintió que podría quedarse así, movilizando sus finos dedos sobre su mano, al menos hasta que parecieron despertar ambos de esa ensoñación.


Lo miró levantarse y caminar por la estancia hasta dar con una de las ventanas que abiertas, donde posó su fuerte anatomía, que más que temor, le inspiraba protección. Como si realmente estuviese a salvo de todo lo demás y ese calor que irradiaba, pudiese evitar que el frío llegara a ella. ¿Qué absurdas cosas pensaba?

-No me molestaría ¿podría ofreceros cena? Aunque no prometo que sea lo acostumbrado a comer en Talos-

De alguna manera, la isaurí se las había arreglado para poder conseguir unas especias propias que le gustaban mucho, los alimentos los preparaba como lo habría hecho en su hogar. Negó ante su petición, correspondiendo con una sonrisa nueva. Era tan extraño como él lograba hacerla sonreír con la facilidad, como ese dragón rompía las barreras y le robaba cambios de emociones, de furia a comodidad palpable.

-Es una de las cosas que más extraño de mi hogar, no era un delito salir de noche, supongo que, al no ser la capital, no es necesario un toque de queda, aunque normalmente las personas se metían en sus casas a disfrutar de sus familias, algunas hacían fogatas a la luz de la luna y creaban música-

Al hablar de ello, la morena, esbozó una sonrisa más amplia, recordando que, en su juventud, había aprendido esa danza del vientre tan hipnótica y propia de esas tierras exóticas. Aprendió a danzar con espadas, cascabeles o velas, dominó ese arte y lo mantuvo como una virtud más que mantendría oculta.

Mirando fijo al dragón, la isaurí movió su cabeza para que le acompañara hasta una estancia trasera que se reconocía como la cocina, en la que había frascos con especias cuyo olor era delicioso, de colores vivos, en lo que ella buscaba poner una cacerola al fuego y poner agua y verter grano en ella, para que se cociese y buscaba de sus reservas, unos trozos de paloma, que había comprado ese mismo día para la cena y colocaba en un tazón, mientras buscaba las especias y las vertía sobre la carne de paloma.

-En el amor, creo que no soy tan indicada para ello, las jovencitas tienden a casarse a los 15 años, yo tengo 25. Estoy algo pasada de la edad en que alguien querría estar conmigo, quizá aún sueño con encontrar a alguien especial, quizá-

Musitó, mientras empapaba bien los trozos de carne en las especias y los tapaba, en lo que tenía en la cacerola se cocía, lavó sus manos con agua de un cántaro y volvió a mirar al dragón.

-Pero... dices que algo cambió. ¿Qué gustabas hacer, antes de ese cambio?-


Preguntó entonces, deseando saber, si lo poco que había podido ver, esos gestos caballerosos y protectores, esa dulzura que entre líneas podía verse, habían sido parte de su vida antes. ¿Podría llegar a serlo de nuevo? La mirada de la isaurí se perdió en ese semblante masculino, en lo atractivo de sus facciones, en el brillo de sus ojos o lo que decían sus gestos.

Era un dragón, “Delilah, recuerda, es un dragón” quiso recordar, pero algo en él, la hacía olvidarlo y pensar. En muchas cosas, si tan solo...

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Re: Telas que tejer [Delilah]

Mensaje por Ovyx el Vie Jun 01 2018, 20:40

Echar de menos el hogar tenía que ser algo doloroso. Ovyx podía recordar sus años mucho más mozos en los que había viajado y conocido de todo. En aquel entonces, dejar Talos atrás había resultado un auténtico infierno, especialmente a su familia. Después de la pérdida de su pareja, Ovyx se dio cuenta de que el único amor que aún era capaz de sentir era el que procesaba a su raza y a la ciudad. Si bien Talos había pasado por duros golpes en los últimos siglos, Ovyx aún seguía sintiéndose como en casa. Era su casa.

Delilah tenía una bonita sonrisa, compuesta de unos hermosos labios que se ensanchaban con demasiada ternura al mirarlo a los ojos. Tal vez Ovyx estaba sintiéndose demasiado oprimido por la belleza de la mujer; tal vez no estaba lo suficientemente centrado en la realidad como para sentirse a gusto en aquel lugar. Llegar hasta el punto de pedirle permiso para quedarse allí, cuando él podía hacer y deshacer tanto como deseara, resultó extraño.

—Claro que puedes. Estaría bien cenar. —dijo rascándose la nuca y pensando que debía estar pareciendo ridículo. —Los dragones dan motivos absurdos por los que mantienen un toque de queda. La verdad es que quieren teneros en casa controlados para evitar que montéis escándalo. Nosotros tenemos derecho a ir cuando queramos y adonde queramos. Tampoco es que os haga falta salir por la noche, en realidad. De hecho, harías bien en no hacerlo. No sé cómo serán las cosas en Isaur, pero aquí, en Talos es peligroso; siempre lo ha sido. —se hizo de hombros y suspiró.

Podía imaginar la escena que Delilah le describió: la gente de Isaur parece mucho más dejada y dada a la naturaleza que la de Talos. Ovyx se rascó la mejilla y miró fijamente a los ojos de Delilah, hasta que el contacto se rompió cuando la joven decidió llevarlo a la cocina, varios pasos más allá. Ovyx sintió que el calor del ambiente crecía, como si estar un poco más adentro de aquella casa fuese sinónimo de mayor temperatura. Era de lo más interesante ver cómo vivía Delilah.

Se quedó quieto, mirando a Delilah y sintiéndose incapaz de preguntar si quería que la ayudara con la cena o no. Después de todo, a pesar de que Delilah cada vez le caía mejor y a pesar de que empezaba a sentir una conexión particular con ella, seguía viéndola como una humana y así sería por siempre.

Abrió los labios mostrando su sorpresa al escuchar su sorpresa respecto al amor. Ovyx habría supuesto que tenía un marido, o un novio, o ambas cosas. En cualquier caso, no había esperado que estuviera... sola. Por un momento, al encontrarse con aquellos preciosos ojos castaños, Ovyx se dio cuenta de que tal vez no eran tan diferentes en el fondo. Por mucho que fuera una humana, era imposible no sentirse... identificado con ella.

—Quizá... —murmuró reflexivo.

Sus ojos se encontraron de nuevo con los de Delilah cuando hizo la pregunta que tal vez no debería haber hecho. Ovyx frunció el ceño, en un primer momento de forma que podía interpretarse hasta como peligrosa. Era osado por su parte preguntar algo tan privado a un dragón, siendo humana. Ovyx mantuvo el silencio intacto durante unos segundos que se extendieron por medio minuto hasta que, finalmente, suspiró.

—Disfrutaba de la vida, de las bellezas de este mundo. En mis años mozos, dejé aquí a mi familia y a mi hogar; viajé por miles de lugares, surqué los cielos y me sentí más vivo que nunca. En mis muchos viajes, encontré pueblos infinitamente interesantes, a pesar de no haber puesto un pie en Isaur. Entre todos ellos, uno en particular quedó marcado por siempre: conocí a una bella mujer, alguien que me quiso tal y como era, que vio en mí algo más que un simple soldado alado. Tal vez no sea algo que pueda aplicarse conmigo, pero si algo me enseñó, es que, si es amor lo que buscas, has de estar dispuesta a perseguirlo hasta los confines del mundo.

Ovyx hizo una pausa, miró fijamente a los ojos de Delilah y tragó saliva.

—Después, los humanos me la arrebataron. —tal vez ahora entendía su odio hacia ellos. Sólo tal vez. —Tuve que observar cómo acababan con ella sin poder transformarme. A partir de ahí, más de un milenio de vida se me ha ido y ni me he dado cuenta... Supongo que la culpa fue mía por enamorarme o por confiar en los humanos. Es un error que no he vuelto a repetir.

Entonces, Ovyx expulsó todo el aire que había estado conteniendo. Se sentía tenso estando allí con Delilah. Apartó la mirada, se fijó en lo que hacía y estiró los brazos.

—Te ayudaré. —decidió, sin dejar posibilidad de debate.

De repente, y sin darse cuenta, su mano se encontró por accidente con la de Delilah...

Su reflejo fue no apartarla.

Ovyx giró la cabeza y la miró fijamente a los ojos.

El tiempo se detuvo.

Sus dedos acariciaron la fina piel de Delilah sin necesidad de moverse.




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