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Atraído [Sabrina]

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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Lun Mayo 28 2018, 15:35

El guardia se mostró receloso de que le agradeciera por su gentil gesto. Quizás no habría sido tal su intención, por lo que preferí no reiterarme en ese tema. Sin embargo, cuando me comentó que tal vez se animaría a leerme literatura humana, terminó preguntándome si alguna vez habían leído para mí. La verdad era que sí me habían leído, pero de eso hacía ya muchos años. Por otro lado, acabé percatándome que el reptil pensaba que yo no sabría leer, como era común en la gran mayoría de personas, y sobre todo en esclavos. - Ah, yo… sé leer y escribir… - de aquellos aprendizajes era Nimue quien debía vanagloriarse, puesto que fue la pelirroja quien estuvo el primer mes enseñándome, y de manera muy intensa además. - Pe… pero podéis leerme… si os apetece. - añadí para que el dragón no se ofuscara por mi -quizás- inesperada respuesta inicial. Dado que me había parecido discernir un genuino interés por parte suya, tal vez no se molestaría y hasta aceptaría querer leerme algo de literatura, o cualquier otra cosa.

Entonces, y tras proseguir narrando algunos hechos significativos de mi pasado, el guardia se percató de que había omitido cierta información. Su mirada y su tonalidad me hicieron saber que no quería que me guardara nada en el tintero. ¿Debía pues detallárselo todo sin reservas? Me debía a la sinceridad pero, ¿aún cuando pudiera disgustarle? Respiré hondo para aunar fuerzas mientras trataba por todos los medios de que mi mirada no se cruzase con la suya. - Y… fue en ese entonces cuando aprendí a… uh, tocar el violín. - revelé finalmente, clavando de nuevo la vista al suelo para evitar contemplar cualquier rastro de furia y/o indignación por parte del reptil. O tal vez lo considerase como un hecho más y no le diera mayor importancia. Seguía sin saber qué pretendía aquel dragón, así que simplemente debería a limitarme a cumplir con sus exigencias.

Consecutivamente, el guardia adivinó los hechos que sucedieron cuando acabé en manos de mi último esclavista, siendo Nimue quien me comprara y permaneciera con ella desde aquel día. - Sí… así es. - murmuré, dándole la razón. Aquel esclavista no fue una buena persona, y lo demostró durante los escasos meses que estuve con él, unos que se me hicieron eternos. El pesar, la angustia y la muerte fueron los hechos más predominantes de aquellos tiempos. Aún no me podía creer la suerte que tuve aquella mañana cuando la dragona se fijo en mí y me adquirió.

Observé que el reptil me otorgaba una gentil sonrisa, pero opté por desviar nuevamente los ojos, en esa ocasión al lugar al cual acabábamos de llegar; un pequeño patio abierto totalmente desértico y alejado del barullo de las zonas más transitadas. El dragón se encaminó hacia allí y le seguí con cautela. ¿Estaría cansando de caminar o de dar vueltas? Ese lugar parecía abandonado, así que no pude evitar preguntarme si quedarme con aquel individuo a solas sería una buena idea. Por otra parte, tampoco sabía que alternativas tenía, así que avancé hasta terminar posicionándome cerca suya, frente a un solitario banco de mármol. Fue en ese instante cuando el guardia me desveló que él siempre se había tenido que valer por sí mismo, sin poder contar con la ayuda de nadie más. Que me revelase aquello me hizo comprender en parte por qué era como era y tenía aquel… difícil carácter, por decirlo de alguna manera. Si bien era un dragón y tenía las características propias de una criatura de dicha especie, sus vivencias del pasado muy probablemente le hicieran llegar a ser de aquella manera.

Su posterior narración me confirmó el planteamiento que acababa de formar sobre él; Conoció a una dragona y, por cómo habló de ella, me hizo ver cuán intenso fue el amor que ambos sintieron el uno por el otro, experiencia que le dio -al parecer- una  valiosa lección al dragón. No obstante, que detallara seguidamente que él ya nunca más volvió a necesitar, ni necesitaría, amor me provocó una gran confusión y tristeza.

Sus consiguientes gestos me hicieron saber qué había un gran pesar dentro de aquel ser, por más que él tratara de disimularlo. Por lo que contó, fue feliz y conoció el amor, por lo que ¿qué debió pasar para que cambiara tan drásticamente de parecer? Algo tuvo que suceder con aquella dragona rubia de ojos azules. - ¿Qué… qué fue de… ella? - me atreví a preguntar a la vez que el reptil me confesaba que realmente consideraba que algunos humanos si merecían vivir. Viniendo de él, aquello me sorprendió gratamente. Tal vez no fuera tan malvado cómo me había hecho creer desde el comienzo. - Hay… - tragué saliva para lo que estaba a punto de decir. No sabía cómo se lo podría tomar aquel guardia, pero creía necesario decírselo. - Hay humanos buenos y humanos malos… al igual que hay dragones buenos y… malos.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Lun Mayo 28 2018, 18:22

El cambio de lugar y tema hizo que Ovyx olvidara pronto hablar o responder a lo que Sabrina reveló en cuanto a la música. Simplemente lo asimiló como una información más y prefirió decirse que, después de todo, los humanos adoraban el arte que hacían y ésta no iba a ser distinta. No tenía por qué cebarse con una sola; no. El secreto estaba en erradicarlos a todos ellos, aunque...

Después de terminar su relato, Ovyx miró a Sabrina y creyó leer en su rostro algo de... ¿empatía? ¿Compasión? ¿Humanidad? No estaba del todo seguro. Este último término era algo que no le gustaba en lo más mínimo. ¿Por qué sólo los humanos eran los que supuestamente podían sentir? ¡Los dragones también eran capaces de empatizar con los problemas ajenos! ¡También podían, querían, sentir tantas cosas como los humanos! Vivían muchísimo más tiempo que ellos. Sus vidas eran por ende más intensas.

En un primer momento, Ovyx miró mal a Sabrina por la pregunta tan abrupta e indiscreta que hizo. En muy pocas ocasiones había hablado de su pasado, y que quisiera saber algo que para él parecía ser aún más personal era de soberbio y arrogante. No obstante, pronto recordó cómo Sabrina parecía ser realmente: una mujer gentil, tímida y sin malas intenciones. Los humanos podían ser víboras, pero Ovyx prefería creer que las veía venir fácilmente. Sabrina era un libro abierto.

Suspiró, apartó sus ojos azules para posarlos sobre la calle que se hallaba al otro extremo del patio y se hizo de hombros.

—Me la arrebataron. —respondió sencillamente, apretando el puño y recordando su muerte.

Si Sabrina sabía atar cabos, podía imaginarse quiénes, por el odio que Ovyx había mostrado hacia ellos. Sí, los humanos le habían quitado a su amada en una trampa que les habían tendido en el bosque.

—Tuve que ser testigo de todo ello... en mi forma humana. Fui incapaz de hacer algo para salvarla. Sólo... pude observar y lamentarme durante muchos, muchos siglos.

Entonces, miró fijamente a los ojos de Sabrina.

¿Vería ella dolor en su mirada?

—En una de las muchas batallas que he vivido, la ira me nubló, la codicia me pudo, el odio hacia los humanos hizo que olvidara que nosotros, los dragones, también podemos morir. Y... —se miró la túnica, la armadura, y suspiró mientras apartaba ambas ligeramente para descubrir una mínima parte de su costado.

Sobre la piel había una abolladura tremenda, una deformación que Sabrina no pudo ver en todo su esplendor ni en su extensión porque Ovyx no quería asustarla. La piel parecía estar agrietada, como si fuese un cristal, y claramente a Ovyx le costaba respirar por ello. Perdía energías muy rápidamente y se había vuelto más débil.

Rápidamente, Ovyx ocultó la herida y miró a Sabrina.

—No te asustes. Sólo quería enseñarte una mínima parte. Esa herida me la hicieron con jade y, desde entonces, he sentido cómo mis fuerzas han mermado... Tal vez sea también porque me estoy haciendo mayor. Tal vez mi momento haya terminado. ¿Quién sabe?

No tenía por qué ocultar algo así a Sabrina, y ver su reacción era algo interesante. Después de todo bastaría el parpadeo de un ojo para deshacerse de ella si intentaba aprovecharse de tal debilidad.

—Pero... tienes razón. Hay personas buenas y personas malas. Vosotros sois mayormente malvados, viles, crueles... pero yo, por desgracia, no puedo decir que no formo parte de ese grupo con mi propia raza. Todos los dragones lo somos a vuestros ojos. Yo lo soy a los tuyos. Tal vez las cosas estén mejor así, ¿no te parece?




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Lun Mayo 28 2018, 20:47

La mala mirada que me dirigió en primera instancia el dragón hizo que tuviera que contener el aliento. Hubiera dado un paso atrás, preparada para salir corriendo, de no ser consciente de que aquello delataría por completo mis intenciones. Algún comentario o actitud mía le había molestado, probablemente mi indiscreción por saber más de aquella dragona de la que había mencionado estar enamorado, por lo que opté por quedarme expectante a la consiguiente reacción que pudiera tener el guardia, quien hizo algo que no me esperaba para nada que hiciera, como fue el suspirar mientras apartaba la mirada para proceder a desvelarme que simplemente “se la arrebataron”.

Todo encajó tras aquella revelación. Su aparente odio extremo hacia los humanos era debido a una trágica experiencia del pasado. Mala gente debió arrebatarle a aquella dragona que parecía ser tan especial para el reptil, provocando toda aquella ira y rencor acumulado. - Lo… lo siento mucho… - musité tras que el dragón dijese fue incapaz de salvarla, un hecho que le estaba atormentando desde hacía mucho, mucho tiempo. - No quería… - empecé a decir, avanzando un paso hacia él de manera instintiva cuando él alzó la mirada y me observó detenidamente, propiciando que me detuviera en el acto y que me callara.

Seguí mirándole a los ojos para no despertar su furia cuando me narró y mostró las consecuencias de sus actos, exhibiendo una grotesca herida en su piel cuando desplazó su túnica para que fuera testigo de su desdicha. Empezaba a sentir lástima por aquel guardia, pero estaba convencida de que aquello le provocaría aún más, a pesar de que seguía sin entender cómo había decidido contarme todo aquello al ser un reptil tan desconfiado y arrogante hacia los míos. - Es… terrible. - dije mientras meditaba que algún sanador tal vez pudiera ayudarle, ida que descarté al recordar la extremada eficacia de la regeneración draconiana. ¿Quizás, de sufrir muchas heridas graves, aquella regeneración se viera mermada? No lo sabía a ciencia cierta, pero tampoco quería inmiscuirme en un tema que podría incomodar al guardia.

Sin embargo, que me comunicase que aquella fea herida fue producto de un ataque con jade hizo que todo cobrara más sentido. - No… está bien. Puedo soportarlo… - respondí ante su muestra de preocupación acerca de que no me asustara por aquello. No obstante, que dijese que sus fuerzas habían mermado y que su momento podría haber acabado hizo que quisiera consolarle rápidamente, aún a pesar de lo mal que se lo podría tomar. - No digáis eso, por favor. La vida de cada ser es valiosa, no la despreciéis… - dije con voz suave cuando el dragón se mostró de acuerdo con mi argumento de que había buenos y malos individuos, fuera cual fuera su raza, aunque cayó en el error de pensar que yo consideraba a todos los dragones tan malvados, viles y crueles como él creía que éramos los humanos. - Yo… no le veo como un dragón malvado, ni pienso que todos  lo sean. - claros ejemplos eran Nimue o Tebas. - Me parece que… el odio que cada raza sienta por la otra es debido a que no terminan de comprenderse. - dije en referencia a dragones y humanos. - Todos piensan que unos son malvados y los otros no, y viceversa, pero yo… no lo veo así. - añadí mientras agachaba la mirada con cierto pesar. Aquel era un tema que siempre se repetía. - No hay razas buenas ni malas, sólo hay... individuos que se han desviado del camino.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 30 2018, 09:16

"Terrible" era una forma interesante de ver la historia de Ovyx. El dragón no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa al escuchar tal palabra, recordando como si hubiese sido ayer lo terrible que había sido para él aceptar la muerte de su amada, la distancia que se había creado entre él y su familia, la posterior muerte de su padre, ... Las cosas le habían ido muy, muy mal durante muchos siglos. Por suerte, había bastado con centrarse en su trabajo y cebarse con los humanos para quedarse más tranquilo. Le alegraba saber que había gente que podía tener las cosas peores si él así lo decidía.

—La vida deja de tener sentido cuando todo va cuesta abajo. Lo único que podemos hacer, tanto humanos como dragones, es esperar: esperar el momento decisivo en el que seremos olvidados. Tal vez yo haya sido incapaz de aceptarlo todo este tiempo. Tal vez no quiera morir. ¿Y quién querría? Y, si lo hago, tengo muy claro de que no quiero ser olvidado: quiero que mi momento pase de forma gloriosa, que quede en la mente de los demás dragones de Talos, ... No quiero dejar de existir.

Se sorprendió por lo mucho que pudo sincerarse en un solo momento y a raíz de unas palabras muy simples y bondadosas por parte de Sabrina. Se encontró con sus ojos y sonrió ligeramente. Ovyx no se estaba mostrando débil; estaba mostrando determinación, de hecho, y fuerza de voluntad.

—No, no me consideras, pero porque no has visto todo lo que he hecho y todo lo que aún haría a día de hoy. Digamos que tú... Hoy has tenido suerte de hallarme de buen humor. —le sonrió con sinceridad y complicidad, como si tuviese verdadera gracia.

Ovyx apartó entonces los ojos de Sabrina y se miró las manos. Se sintió incapable de encontrarse nuevamente con aquellos bellos ojos al escuchar unas palabras tan puras y sinceras, tan claramente inocentes para el mundo en el que vivían. Tal vez tenía razón y ése era precisamente el problema del mundo: la incomprensión entre dragones y humanos. ¿Qué más podían hacer, sin embargo? Era imposible que se entendieran. No estaban hechos los unos para los otros. Los dragones prevalecerían.

—Es... una forma interesante de verlo.

Ovyx sonrió y miró a Sabrina.

Mantuvo el silencio por un momento y se dio cuenta de que, aquella humana en particular, no deseaba ningún mal a los demás. Jamás daría problemas. Era una luz en un camino muy, muy oscuro.

—Tal vez tengas razón. En cualquier caso, es un odio que jamás podremos superar. No hay manera de...

Ovyx cayó entonces en cuenta de la hora que era: pronto, muy pronto, Sabrina tendría que estar cuanto antes en casa. Ovyx le ofreció su mano simbólicamente.

—Puedo acompañarte a casa, si lo deseas. Las calles de Talos hoy día no son seguras y podrían secuestrarte o algo peor. Hay dragones que no se molestan en preguntar si perteneces a alguien, y otros que simplemente ignoran las reglas.

Entonces, Ovyx empezó a caminar hacia la salida de aquel pequeño parque y esbozó una mueca, cayendo en la cuenta de algo que quería decir.

—Si supieras todo lo que he hecho, todo lo que tantos de los míos os hemos hecho a los humanos, tal vez tu percepción cambiaría. Hay cosas, Sabrina, que restan imperdonables entre los tuyos: hurto, violación, asesinato, ... A cada cual peor. Y yo he cometido cada una de estas injurias hacia tu raza en un momento u otro de mi vida. Vivir casi dos mil años puede hacerlo más leve, más comprehensible, pero...

Ovyx decidió callar y suspiró.

—Ten en cuenta que sí soy un dragón malévolo.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Miér Mayo 30 2018, 21:41

Las sonrisas que esbozaba aquel guardia me infundían una verdadera tristeza. Se decía que la gente era cómo era por las vivencias tenidas, así que quizás fuera eso lo que le ocurría al dragón para que se comportara como lo hacía. No estaba para nada de acuerdo con las primeras palabras que me dedicó el reptil, pero no volvería a contradecirle ni a dar mi opinión. Tal vez que lo hiciera constantemente le podría agobiar o cansar, así que preferí observarle en silencio de vez en cuando mientras él parecía filosofar sobre su existencia.

Entonces, el guardia me informó de que había tenido fortuna por encontrarle aquel día de buen humor, hecho que me resultaba muy extraño viendo su comportamiento. Si era de aquella manera en un buen día, ¿cómo sería en uno malo? Más me valía no preguntar, ya que no quería ni saberlo por miedo a lo que pudiera pasar. Me limité a sonreír escuetamente tras percibir las suyas. Seguía sin entender qué pretendía con todo aquello. Me daba la impresión de que se esforzaba para que me cayese mal y le viera como un dragón malvado, pero muchas de sus actitudes y razonamientos me hacían pensar en que era todo lo contrario. Quizás mi intuición me fallase, bien podría ser. O, como siempre, únicamente veía la parte buena  de aquella persona.

- El odio… se puede superar. - murmuré en voz baja, sabiendo que él podría escucharme. Había escuchado mis contestaciones y hasta parecía darles cierto crédito, pero rápidamente volvió a expresar una opinión con la que estaba en absoluto desacuerdo. Sin embargo, el guardia cambió de conversación, indicándome que me acompañaría a casa. Realmente se había hecho muy tarde, era consciente, pero tampoco se lo hubiera dicho en ningún momento. Ya que él se acordase y fuera considerado me bastó para suspirar aliviada y empezar a tomar el camino de vuelta a casa. - Gracias… muy amable. - respondí a la vez que escuchaba sus comentarios, muy poco tranquilizadores, para que negarlo. Procedimos a caminar de nuevo, avanzando hacia la calle principal, cuando el guardia hizo una mueca y empezó a hablarme de nuevo, informándome de las atrocidades que había hecho y que yo desconocía, unas que me harían cambiar radicalmente la percepción que tenía de él.

Aquella ¿confesión? Parecía que iba dirigida más a él mismo que a mí. ¿Tal vez como si quisiera olvidar sus terribles actos o, incluso, perdonarse a sí mismo por ellos? No parecía ser de la clase de dragón que se lamentaba o retractaba, pero entonces, ¿por qué seguiría insistiendo en que era un dragón malévolo? Empezaba a creer seriamente que había tenido fortuna por conocerle en un “buen día”. - Lo que uno hiciera tiempo atrás… ya es pasado. Lo importante es lo que uno hará de ahora en adelante… Para mí, eso define más a una persona, demostrando que cualquiera puede cambiar… si realmente se lo propone. - no pude evitar contestar tras escuchar sus últimas palabras. - Usted… quizás se considere un dragón malévolo, pero… seguro que también hay bondad en su interior…

¿Cómo reaccionaría el dragón ante aquellas atrevidas palabras? Era mi opinión a fin de cuentas, una que tal vez no le gustase, pero seguía siendo mi sinceridad al descubierto. Por si acaso, opté por no estar muy cerca suya por si decidía voltearse y atacarme de improviso. Tampoco es que pudiera hacer nada si tal era su propósito, pero al menos le vería venir.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Vie Jun 01 2018, 17:45

El odio era imposible de ser superado. No para tanta gente, no para toda una sociedad — dos sociedades que se regían por unos patrones muy definidos. Ni siquiera él como dragón individual sería capaz de olvidar lo que los humanos le habían hecho. Sabrina era una buena persona, pero tal vez el sufrimiento que había vivido a lo largo de todos estos años no era lo suficientemente intenso como para entenderlo. No porque hubiera sido escaso o real, sino porque tal vez no había perdido a alguien lo suficientemente importante como para entenderlo. No merecía la pena luchar para hacerle creer algo distinto.

—Algún día, habrás de madurar. —se atrevió a responder a tales palabras, sin embargo. Ovyx le ofreció una ligera sonrisa y deseó interiormente que lo hiciera de veras algún día, pero no a la fuerza. En otra ocasión, con otra persona, tal vez él habría forzado las cosas para que estuvieran a su mayor gusto. Hoy, no.

Ovyx suspiró mientras Sabrina consideraba en voz alta que el pasado era el pasado. Hacía bien en decir siempre comentarios como "para mí", porque era peligroso dar su opinión aún dejándolo así de claro en Talos, tanto con otros humanos como con la gran mayoría de dragones. Sin darse cuenta de ello, Sabrina estaba abriéndose mucho con él y le estaba contando cómo percibía el mundo, algo que además podía ser muy personal. Algo que debía serlo. Tal vez Nimue era una buena dueña, pero Ovyx estaba seguro de que ella misma, como dragona, sabía lo peligrosa que era la libertad de expresión forzada para Sabrina y para todos los demás humanos. Hasta para muchos dragones que se atrevían a ir en contra de la Reina Madre. Por suerte, Ovyx la servía: si bien había empezado a dudar de ella, como tantos otros fieles siervos, Ovyx no la dejaría de lado a menos que tuviera las de ganar.

—Bondad... Dejé atrás la bondad hace muchos años. El mundo de los sueños es uno muy interesante, Sabrina; un lugar en el que puedes perderte y ser quien quieres ser, donde los demás pueden ser quienes quieras que seas. De repente, Talos y todo este planeta puede parecer una maravilla en ellos... pero también puede convertirse en turbias y sudorosas pesadillas. Aceptar la realidad es un término medio: no hay sentimientos cuando sabes qué hay realmente ahí fuera. El pasado de un hombre... de una persona... es su orgullo. El tuyo, en cambio, mirar al futuro.

O eso había entendido él.

La conversación se estaba convirtiendo en algo sumamente filosófico y profundo. Ovyx cruzó la calle con cuidado de que no pasara ningún carro que pudiera arrollar a Sabrina — porque si él era el arrollado, dependiendo de lo grave que fuera, podría regenerarse muy rápidamente pese a su demacrado estado — y señaló un edificio. Creía recordar cuál era la tienda de Nimue.

—¿No es allí donde trabaja tu ama? ¿Tienes que volver a casa o estará allí metida con sus quehaceres? —le preguntó con una sonrisa a Sabrina.

Entonces, Ovyx se detuvo en medio de la calle.

Colocó sus manos sobre los hombros de Sabrina...

Y la miró fijamente a los ojos.

—No esperes buenas cosas de este mundo si quieres sobrevivir mucho tiempo en él. Tal vez Nimue esté ahora, tal vez estés protegida y a salvo y, si te soy sincero, lo deseo con anhelo, pero... algún día, cabe la posibilidad de que te veas sola y tengas que tomar decisiones, o que salir adelante. No puedes fiarte de nadie, Sabrina. Ese sería tu craso error y podría costarte algo más que la vida. —suspiró y tragó saliva. —Eres una buena chica. De veras. Si... algún día tienes alguna clase de problema, y me topo contigo, bueno... Tal vez me piense echarte una mano.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Sáb Jun 02 2018, 21:34

Que el guardia me dijese que debía madurar algún día me desconcertó. Aquella solía ser la respuesta de la gente que se había resignado con su actual vida, un hecho que me entristecía. Ni siquiera encontré fuerzas para responder a eso, así que desvié la mirada hacia otra de las calles, totalmente desértica. Tal vez había hablado más de la cuenta con aquel reptil y ahora habría querido cortar de raíz la conversación, o simplemente se habría cansado de mí. La finalidad de todo aquello seguía siendo un absoluto misterio para mí. ¿Un dragón que odiaba a mi raza, queriendo mantener una charla con una esclava cualquiera? En ocasiones se mofaba y en otras parecía ser una criatura razonable. Me desconcertaba por completo, ya que ni sabía si quería que solamente le escuchara, si le animara, si le consolara, si le dejara burlarse de mí… ¿exactamente que pretendía y quería aquel desconocido?

Suspiré disimuladamente con cierta aflicción mientras el guardia proseguía hablando, informándome de su pérdida de bondad tiempo atrás para luego ironizar un mundo utópico. Fruncí levemente el ceño al pensar que aquel dragón estuviera burlándose de mí al decir que él aceptaba la realidad, no viviendo un mundo de ensueño. ¿Acaso pensaría que yo sí lo hacía? Proseguí guardando silencio para dejar que el reptil se desfogara por completo, alzando tímidamente la mirada para contemplar su semblante una vez más y, a la vez, descubrir que parecía un poco dubitativo. ¿Habría sido a causa de mis palabras? Tal vez fuera así, pero de nuevo captó mi atención cuando señaló el edificio que resultaba ser mi hogar. Tan distraída estaba conversando con aquel guardia que ni me había percatado de que había llegado hasta la mismísima casa de mi ama. - Sí, esa parte es la tienda de arcos, situada en la parte posterior del domicilio. - respondí para hacerle saber que la tienda y el hogar de la dragona eran, en realidad, la misma casa. Una leve sonrisa surcó mis labios. - Ya no estará allí, dada las horas, por lo que estará en la otra parte de la vivienda. - añadí para luego disponerme a avanzar hacia el lugar mencionado cuando el dragón se detuvo en mitad de la calle y me colocó sus manos en mis hombros, provocando que un repentino miedo se apoderara de mí ante semejante acercamiento.

Mis manos temblorosas se alzaron un poco ante la sorpresa, pero me quedé quieta mientras contemplaba muy de cerca los fascinantes ojos de aquel reptil, quien me dedicó unas peculiares palabras, cargadas de desconfianza y desesperación ante un mundo que se notaba que no le había tratado demasiado bien a aquel guardia. Que me dijera que esperaba que estuviera a salvo con Nimue volvió a desconcertarme. Odiando él a los humanos, ¿por qué querría que me fueran las cosas bien? No sabía qué responder a eso, pero que me revelase que creía que yo era una buena chica y que, tal vez, me ayudase con algún problema futuro me provocó tal sorpresa que no pude evitar que mis cejas se alzasen con bastante asombro. - Ah, yo… gra-¿gracias? - terminé preguntando sin saber muy bien qué responder. - T-tendré en cuenta sus consejos, señor… - sugerí mientras agachaba rápidamente la mirada, percatándome en ese instante que ni siquiera sabía el nombre de aquel reptil, aunque dudaba que quisiera dármelo y estaba de más en aquella ¿despedida? - ¿Desea… algo más? - terminé preguntando por si acaso todavía requería de mí. No obstante, no pude evitar corresponderle y tratar de ayudarle por si me necesitara en un futuro. - Uh… si alguna vez quiere… volver a hablar, pues… avíseme. - le ofrecí cortésmente mientras alzaba la mirada un segundo para volver a cruzarme con la suya. Aquel tipo había resultado ser arisco y egocéntrico, entre otras cosas, pero había algo dentro de mí que me empujaba a querer ayudarle para… que simplemente fuera más feliz y no vislumbrara el mundo de manera tan oscura como él mostraba percibirlo.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Miér Jun 13 2018, 13:55

Ovyx tragó saliva. La mirada de Sabrina resultó intensa por un momento, al menos al ver cómo se fijaba ella en sus ojos. Estaba asustada y, pese a ser como era, pese a haberse ganado parte del respeto del dragón, Ovyx debía reconocer una cosa: le apasionaba ver cómo los humanos le temían, y Sabrina no era una excepción. Tal vez, en un futuro, eso cambiara, pero de momento no había sucedido. De momento, Ovyx prefería quedarse como estaba.

De nada —respondió con simpleza a su respuesta dubitativa y a su voz temblorosa. Ovyx. Puedes llamarme Ovyx. De todas maneras los tuyos no sabrían pronunciarlo mejor.

El dragón se dedicó una sonrisa a sí mismo. Se jugaba un brazo a que darle el nombre a la chica la dejaría descolocada.

Asintió, se dio la vuelta y dio varios pasos para alejarse de ella, pero no se marchó de inmediato. Tomó aire, reflexionó y volvió a girarse desde donde estaba.

Las palabras pueden herir más que los golpes. No te fíes de cualquiera y mucho menos de mí, Sabrina. Ten cuidado con los dragones en especial. Yo... Creo que no estaría mal que nos volvamos a encontrar en algún momento, ¿no te parece? Si alguna vez quieres saber de mí, vuelve al patio de antes.

Le ofreció una sonrisa a ella en esta ocasión, le guiñó un ojo y se marchó. Dudaba que Sabrina se molestara en seguirlo y mucho menos con el toque de queda, pero algo en su interior realmente deseaba que volviera a encontrarse con la humana.

Si había escogido el patio, es porque Ovyx era un dragón que apreciaba y adoraba los simbolismos, y los lugares igual. Sabía que ese lugar se había convertido en un nuevo sitio de reposo, de reflexión para él. Solía cambiar de ellos a lo largo de los siglos y llevaba años sin encontrar uno. Sabrina le había aportado eso y seguramente no desaparecería hasta... su muerte. Al ser humana, y además una tan inocente, dudaba que llegara a ser mucho tiempo.

Después, debido a su posición de dragón, Ovyx se perdió en la ciudad tras el toque de queda y se alejó unas horas de la ciudad, perdiéndose en el cielo...

Tenía mucho en lo que pensar.




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