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Atraído [Sabrina]

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Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 15:08

En uno de sus paseos frecuentes después de horas de servicio, Ovyx se adentró en la espesura del bosque con el único fin de relajarse antes de volver a casa e ir a dormir. Pronto darían el toque de queda, pero aún tenía tiempo suficiente para desperezarse.

Atravesó los pocos árboles del lugar que lo separaban del mismo punto en el que siempre repetía la misma actividad y, dejando sus armas caer al suelo, corrió, inició la transformación y, en un momento, se hallaba surcando el cielo.

Ovyx abrió sus fauces cuán grandes eran, planeando en el aire y cerrando sus grandes ojos cubiertos de escamas por un momento. Sentía un pinchazo en el lugar donde hacía tiempo le habían abierto una herida que le había costado parte de sus fuerzas y de sus habilidades como dragón, pero por fortuna, aún era muy capaz de moverse, de volar, de combatir incluso en su forma humana. De no serlo, no seguiría siendo un soldado.

Se elevó en el cielo, dejó escapar una cortina de humo de sus pulmones fogosos y se estiró cuán largo era. Después, se perdió durante un rato en el vuelo.

Volar era lo que mayor calma le producía: perderse en la inmensidad del paisaje, sentirse superior a todo y a todos, recordar que aún era un dragón capaz. El paso del tiempo y las heridas que le habían infligido, tanto superficiales como interiores, habían hecho de él un dragón más débil en cuanto a su fuerza física, a su jovialidad, pero habían afianzado aún más su relación con los ideales. Ovyx los portaba con orgullo y con lealtad. Al menos, en la mayoría de casos.

Después de un rato, volvió al punto exacto en el que había dejado sus armas y sus garras se vieron reemplazadas por brazos humanos; sus patas por piernas; sus alas desaparecieron y la mayoría de escamas, salvo las de su espalda, se convirtieron en piel. Ovyx estiró el cuello, giró la cabeza varias veces y tomó aire. Qué bien le sentaba este tipo de excursiones.

Cogió las armas dispuesto a volver a emprender el camino a casa.

[...]

Mientras avanzaba por las calles de Talos, el ruido de los guardias dando el toque de queda no reinó por encima de un sonido que captó a Ovyx.

Una bella música imperó sus sentidos, lo condujo a ella sin dificultad. Cuanto más se acercaba, empero, menos le gustaba. ¿Dónde estaba?

Ovyx apretó el puño y siguió avanzando sin disminuir el ritmo.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Miér Mayo 23 2018, 17:40

Aquella tarde había resultado ser más ajetreada que las de días anteriores. Había acudido mucha clientela a la tienda de arcos que regentaba mi dueña, Nimue, y empezábamos a no dar a basto, incluso entre las dos. Además, también estaba el hecho de que debía llevar varios pedidos hechos por algunos clientes hasta sus domicilios o lugares que hubieran designado como destinatarios.

Por lo tanto, cuando la clientela aminoró lo suficiente como para que Nimue pudiese hacerse cargo sola sin mayor problemas, me dispuse a realizar los dos encargos antes de que anocheciera. Sería una carrera contrarreloj pero me sabía perfectamente los caminos hacia los dos lugares en cuestión, por lo que tenía confianza de lograrlo antes de que dieran el toque de queda.

Recogiendo los arcos y carcajs que debía entregar, salí de la tienda y me encaminé hacia mis dos destinos. Avanzando a toda velocidad por las calles a la vez que evadía a los ciudadanos que transcurrían por las mismas, conseguí realizar la primera entrega sin ninguna incidencia. Tras que el cliente me sellara con su marca el recibo, me dirigí al último lugar, momento en que escuché cerca de un callejón cercano al domicilio del segundo cliente una melodía que reconocí casi en el acto, captando por completo mi atención.

Mi mirada se cruzó con la de varios hombres jóvenes que estaban observando con entusiasmo como un anciano tocaba con gran habilidad un violín de 4/4. Ver el instrumento me hizo rememorar nostálgicos momentos, cuando aún vivía con mi primer dueño, Tebas, el dragón responsable de que me interesase mucho por la música y la danza.

No obstante, y cayendo en la cuenta de lo tarde que se estaba haciendo, me encaminé directamente hacia mi destino final, entregando el último pedido para luego tomar rumbo hacia mi hogar. Sin embargo, la suave melodía que tocaba el anciano me impidió marcharme, por lo que me volteé y tímidamente fui acercándome hasta donde se encontraban aquellos individuos, quienes se percataron de mi presencia y me invitaron a unirme y escuchar dicha música.

Por desgracia, y a los pocos minutos, el anciano se detuvo, alzando una mano en señal de cansancio. - Lo siento mucho, mis manos ya no aguantan como antes... - le escuché decir al hombre mayor, por lo que rápidamente me vino a la mente pedirle que me dejase tocar una pieza que aún creía recordar, una de las muchas que me enseñó Tebas antes de que empezase a inventarme mis propias canciones.

- ¿Podría..., por favor? - pedí con amabilidad mientras estiraba un poco los brazos por si el anciano se atrevía a cederme su valioso instrumento. Ver violines no me era demasiado común, ya que solían estar en armarios de colección o lugares parecidos, por lo que no podía dejar pasar aquella ocasión.

Muy amablemente, el hombre mayor me prestó su instrumento. Si bien yo practiqué más con los violines de 3/4, esperaba que aquello no resultase ser un problema, por lo que tomé aire y, muy relajadamente, empecé a tocar una dulce melodía de ritmo lento y profundo. Siempre conseguía despertar sentimientos en los demás con la música, como pronto pude comprobar en aquellos  jóvenes al verles sonreír complacidos junto al anciano, quien cerró los ojos mientras movía su mano derecha a la par del tempo que marcaba.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 19:10

Ovyx prosiguió avanzando, estirando el cuello para intentar encontrar el lugar del que procedía aquella hermosa melodía. Por un momento, se detuvo por completo y él se encontró perdido, pero cuando el sonido retomó su camino, tal vez más intenso que antes, Ovyx pudo seguir andando y, finalmente, encontró lo que buscaba.

Se hallaba en un callejón y, no muy lejos, vio a un grupo de personas: unos jóvenes que observaban fascinados a quien tocaba, y un anciano con los ojos cerrados que esbozaba una sonrisa y movía la mano, como si estuviera dirigiendo cada movimiento que la joven de cabello largo, castaño en la distancia, ejecutaba. Su mano movía dulcemente el arco sobre las finas cuerdas de un violín, produciendo un sonido que, ahora, se hacía agua en los oídos de Ovyx.

Música humana. Menuda decepción.

Aunque era consciente de que estaba frente a una hermosa melodía, tocada por una hermosa mujer cuya belleza resaltaba aún hallándose a muchos pasos, para unos tranquilos ciudadanos cuya tranquilidad reflejaba perfectamente la música que la música transmitía, Ovyx no pudo evitar sentirse desplazado. Envidiaba la facilidad con la que los humanos creaban el arte y lograban que ellos, los dragones, terminaran presos de sus mil maravillas.

En el fondo, Ovyx y muchos dragones agradecían que los humanos existieran por el simple motivo del arte. Los dragones eran conscientes de que, sin los humanos, las cosas estarían mucho peor; los necesitaban. Esto era algo que Ovyx se negaba a reconocer o, mejor dicho, a aceptar. Jamás dependería de tan viles criaturas.

Tragó saliva, embriagado por la hermosa música que escapaba de los dedos de la joven, y caminó con paso torpe hacia ella. Se chocó con otro dragón, a quien fue fácil reconocer debido a las escamas de su cuello desnudo, y lo miró de mala manera antes de seguir con su camino. Entonces, se colocó detrás de los hombres y del anciano, observando a la chica y cruzándose de brazos para esperar a que terminara de tocar.

Era... hermoso.

-¿No es increíble? -le preguntó uno de los jóvenes a Ovyx al acercarse a él con fascinación. Ovyx no mostraba las escamas de su espalda de ninguna de las maneras, por lo que difícilmente podía ser reconocido como dragón.

-He... oído mejores cosas en mi vida. -respondió simplemente y mirando mal a aquel tipo, sin saber tampoco si se trataba de un reptil alado o de un... "mortal" más.

Para cuando la chica terminó, el anciano se rió con bondad y amabilidad y abrió los ojos. Ovyx vio que una lágrima descendía por su mejilla arrugada, la cual procedió a secar con rapidez antes de girarse hacia la chica.

-Ha sido... Increíble, jovencita. -le dijo mientras se aproximaba a recuperar su instrumento.

Ovyx dio un paso al frente y apretó los dientes.

-Esperad. -les pidió con tal vez demasiada convicción.

Hubo un ligero silencio.

-¿Sois... músicos? Humanos, ¿verdad? -sonrió. Era imposible no distinguir el sentimiento que los humanos le ponían a todo lo que creaban. Ovyx quería demostrar que los dragones también podían replicarlo, como tantos otros, pero nunca lo había conseguido.

Los detestaba. A ellos y a todo su arte, pero... Aún así, era imposible no sentir algo por lo que acababa de escuchar. Los humanos tenían ese dominio sobre ellos. Debían combatirlo.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Miér Mayo 23 2018, 20:32

Volver a tocar, aunque fuese por poco tiempo, me trasladó al antiguo hogar de mi primer dueño. Podía incluso escuchar las palabras que el viejo dragón me dedicaba en su estudio, lugar donde me enseñaba su colección de instrumentos para luego dejarme aprender a tocar. Parecía que, si me concentraba lo suficiente,  hasta podía ser capaz de olfatear los deliciosos aromas que salían de las cocinas cuando practicaba con Tebas. Aquella sensación era simplemente genial, una que parecía haber olvidado tras largo tiempo alejada de algo que me resultaba tan especial, como lo era la música.

Observé con atención mi movimiento de dedos. Seguía siendo rápida y precisa. Habían pasado algunos años, pero aquella pieza me la sabría de memoria por siempre, de eso no cabía duda. No era mi mejor interpretación, pero lo suficientemente bueno como para atraer a un nuevo individuo, que se situó detrás de los dos mozos. Que empezara a venir más gente empezaba a avergonzarme, por lo que decidí ponerle punto y final a un momento tan hermoso como lo fue aquel.  - Mu… muchas gracias, señor… - le agradecí al amable anciano, quien parecía estar un poco conmovido tras escuchar mi actuación.

Sonreí amablemente a las generosas palabras del hombre mayor y me dispuse a regresarle su violín para despedirme y emprender el camino de vuelta a casa cuando el recién llegado se adelantó y pidió que nos detuviésemos, provocando que mi confusa mirada se posara en él. No le conocía de nada, eso era evidente, pero tampoco podría corresponder a su ruego si pretendía que prosiguiera tocando. Se estaba haciendo tarde y no estaba del todo segura cuando sonaría el toque de queda, y más me valía estar en casa de mi dragona para cuando aquello sucediese.

Entonces, el breve silencio generado nuevamente fue interrumpido por aquel hombre, quien poseía una mirada un tanto perturbadora. No estaba segura del motivo pero no quería quedarme allí por más tiempo cuando el recién llegado evidenció el hecho de ser un dragón al llamarnos humanos. El pánico rápidamente se apoderó de mí y noté como el corazón se me aceleraba vertiginosamente. Creía estar segura de no haber cometido ninguna falta o infracción, pero quizás algo hubiese hecho mal para que un dragón se acercase a nosotros. ¿Y si resultaba que ya habían dado el toque de queda y nosotros -los humanos- aún seguíamos allí? No quería ni imaginarme que sucedería, por lo que decidí permanecer en silencio, expectante, mientras mantenía mi asustada mirada sobre el reptil.

Recordando la pregunta inicial que había hecho el dragón, negué con la cabeza un par de veces con evidente nerviosismo. Era verdad que sabía tocar algún que otro instrumento, pero de allí a decir que era música había un trecho bastante grande.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Miér Mayo 23 2018, 21:24

—Correcto, señor. He tocado durante gran parte de mi vida, y esta joven se ha acercado a degustar el violín. Cuando yo era joven, no me sentía tan atrevido: las cosas por aquel entonces...

—La vida que has tenido, amigo, no deja de ser sino el parpadeo de un ojo para mí. Tú y tus... compañeros admiradores podéis retiraros. Pronto darán el toque de queda.

El anciano parpadeó, evidentemente confuso, pero ningún humano en su santo juicio se atrevería a desafiar a un dragón en público. Después de hacer una reverencia frente a quien claramente era un soldado, los jóvenes y el anciano se retiraron del lugar, cada uno por su lado y a su ritmo. Ovyx los observó marchar con una mueca de repugnancia, dándole la espalda a la joven ahora.

Al girarse, se percató de que lo miraba fijamente. Ovyx estaba dispuesto a jurar de que había puesto cara de velocidad por un instante. La miró a los ojos; había algo en ellos que le gustaba, pese a ser humana. Ningún humano le agradaba, y esta chica en particular no sería distinta, pero siempre era capaz de encontrar algo en estas criaturas que tanto despreciaba que despertaba su lado más objetivo.

Dio varios pasos hacia ella, sintiéndose por un momento en un duelo de miradas en el que ella trataba de no desplomarse y en el que él deseaba dejar su superioridad como dragón y soldado clara. Alzó el rostro, estirando el cuello, y sonrió un momento después mientras tomaba la iniciativa de hablar.

—Pareces nerviosa. —comentó. —¿Temes que el lobo feroz vuelva e hinque sus afilados colmillos en ti? Descuida, si hay algo que he aprendido de vosotros, raza de malnacidos, es que... arrebataros de las manos de vuestro dueño, si tenéis uno, nos puede costar serios problemas. Imagino que tú tendrás un dragón maestro. Eres una bella moza.

Colocó sus manos detrás de su espalda y pasó por su lado, descargando toda la tensión del ambiente en un momento. Desperezó su cuerpo, alzó la cabeza al cielo que pronto oscurecería y sonrió.

—Tienes derecho a hablar. No tengo intención de hacerte daño alguno. Aunque os odie a vosotros, los humanos, a veces sois capaces de calmar mis sentidos con eso que llamáis "arte". Intenta que no se te suba a la cabeza. —se rió.

Volvió la mirada al lugar por el que el anciano se había ido; todavía caminaba por allí hasta que finalmente alcanzó la puerta de una de las casas y entraba en ella. Vio cómo era recibido por una mujer de su misma edad, pero en aparente y mucha mejor forma. Ovyx esbozó una nueva mueca de repugnancia. Ese podría haber sido él en un milenio y varios siglos si no fuera porque los viles humanos le hubieran arrebatado a...

—Me cuesta creer que no eres música. No tienes por qué mentirme respecto a eso, no te voy a raptar ni a pedir que toques diariamente para mí. Aunque sepa lo bien que se os da el arte, odio con toda mi alma lo que hacéis. Los humanos me habéis servido para otra clase de ventajas, pero no para esta. —suspiró y miró a los ojos de la chica de nuevo. —¿No es un poco tarde para que estés fuera de casa? Pronto darán el toque de queda. Tu maestro ha de estar buscándote. ¿Cómo te llamas, chica? —por algún motivo, se interesó por su nombre.

Ovyx no daba su nombre de manera fácil, y mucho menos a humanos. Ellos debían usar títulos más correctos como "señor" o "amo" en caso de sus maestros. Dar la abreviatura de su verdadero nombre, pues los nombres de los dragones eran muy largos y complejos, sería mostrar bondad o confianza, y esas eran facultades que jamás podría mostrar hacia los causantes de todos los problemas de Talos y del mundo.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Jue Mayo 24 2018, 10:06

El anciano contestó y reveló haber sido músico durante gran parte de su vida. Aquello me sorprendió gratamente, dándome incluso un poco de envidia. Poder dedicarte en cuerpo y alma a una profesión que tanto te gustara debía ser maravilloso, sin duda alguna. Entonces, el dragón hizo un despectivo y cruel comentario hacia el hombre, “invitándole” a él y a los demás a que se marcharan, quienes se retiraron en silencio para evitar posibles conflictos. Los entendía perfectamente, ya que la potestad de la guardia era absoluta, y yo también quería marcharme rápidamente de la zona y regresar a casa, pero que el dragón no me hubiera indicado expresamente que me marchara me hizo pensar que aún querría hablar conmigo.

Cada vez estaba más y más nerviosa. Muy pocas veces había estado sola frente a un guardia dragón, y aquel se veía peligroso. Empezaba a pensar que no debería haberle pedido al anciano que me dejara toca su violín, puesto que eso me llevó a aquella problemática situación. Seguía inmóvil y alcé la mirada para observar la espalda del guardia en el mismo momento en que él se giró, clavando sus ojos en mí. Simplemente me transmitió un gran temor y, mientras se acercaba con paso firme hasta mi posición, desveló ser consciente de ello. El dragón sabía que le tenía miedo y, tras varios de sus insultos, opté por agachar la mirada y contemplar el suelo. No quería darle ningún motivo para que se enfadase o molestase aún más, así que dejé que siguiera hablando hasta que se quedase a gusto.

No obstante, que hiciera mención a mi ama me tranquilizó un poco. Era bien cierto que nadie se atrevía a tocar al esclavo de un dragón por miedo a las represalias, pero también era verdad que no sería la primera ni la última vez que alguien ignoraba las leyes e hiciera lo que le viniera en gana. El pulso se me volvió a acelerar de nuevo al escuchar su halago a la vez que pasaba por mi lado y me comunicaba que podía hablar. Por desgracia, no tenía nada que decirle, además de que no sabía si sería capaz de hacerlo. Las palabras probablemente se me atragantarían en la garganta antes de poder decir nada.

Por otro lado, que me dijese que no me haría daño volvió a relajarme un poco más. No sabía si podía confiar en la palabra de un guardia pero, si se parecía mínimamente a la capitana Faora, podría conseguir estar más tranquila. Consecutivamente, el dragón expresó abiertamente que odiaba mi raza pero que elogiaba nuestra capacidad para crear arte. Aquel último comentario me recordó a lo que me dijo Tebas en una ocasión, y era que la mayoría de los dragones quedaban fascinados con la inspiración artística humana.

Aún con miedo, me atreví a alzar la mirada para observarle justo cuando el guardia me indicó que le costaba creer que no fuese música y que pensaba que le había mentido al respecto. Que dijese eso me alteró bastante, por lo que me obligué a responderle, esperando que los nervios no jugaran en mi contra. - N-no… no le he mentido... - conseguí murmurar, esperando que me creyera. No sabía mentir muy bien y mucho menos lo intentaría hacer delante de un guardia dragón, así que me quedó nuevamente a la escucha de sus comentarios, los cuales me hicieron comprender que odiaba mucho más a mi especie de lo que pensaba, aunque reconoció que los humanos le servíamos para otras necesidades.

No iba a preguntar al respecto, por lo que permanecí en silencio hasta que el dragón volvió a clavar sus ojos en mí y me realizó varias preguntas, siendo una de ellas el interés por mi nombre. - Me… me llamo Sabrina. - contesté al volver a bajar la mirada. Intentaba de todas las maneras no cruzarme con los peligrosos ojos de aquel reptil, que me aterrorizaban extremadamente. - Es… cierto que es muy tarde… pero… estaba realizando encargos para… - me detuve al instante. Estaba a punto de decir “mi ama”, pero que dijese aquello molestaba mucho a mi dragona, aunque nombrarla por su nombre tampoco sería lo más adecuado, por lo que ¿qué debería hacer exactamente?




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 18:32

Los humanos mentían a menudo; por lo menos, eso decía y pensaba Ovyx. Tal vez por eso daba por hecho desde primera instancia que todo lo que decían podía ser una gran serie de patrañas. El miedo en la voz de seres tan inferiores como ellos era algo a lo que también estaba más que hecho; demasiados siglos de vida escuchando tonterías y sintiendo que la superioridad que abarcaba sobre los humanos permanecía intacta, así como el orgullo del que todo dragón debía presumir.

Empero, por algún motivo, Ovyx supo que Sabrina no mentía.

Era un buen nombre: había conocido a una dragona con el mismo que, como él, había pensado que podría replicar el arte humano sin mucha dificultad. Ovyx y todos los demás dragones sabían que esto era algo imposible de realizar, porque los humanos poseían un sentimiento que fácilmente atraía y emponzoñaba a los dragones. La música del violín que Sabrina había tocado no había sido distinta.

Asintió satisfecho por la respuesta, pero sin apartar sus ojos de la joven en ningún momento. Aún había temor en su expresión, pero al parecer sus palabras lograron calmarla un poco. Ovyx había conocido a humanos valientes en su vida, a pesar de que él lo denominaría mayormente como "descabezados". Sabrina parecía ser una mujer que conocía su sitio y sabía cuáles eran los límites que no debía traspasar.

Si el mundo se lo permitía, viviría muchos años.

Ovyx arqueó una ceja a continuación, cuando Sabrina habló de unos encargos. Al ser un dragón curioso, como probablemente muchos dragones eran, Ovyx no podía evitar querer conocer más detalles acerca de lo que le contaba: sabía leer entre líneas y podía imaginar que esos encargos venían de alguien.

—Aún habiéndote asegurado que no te causaré daño alguno, sigues tensa y atenta. Eso dice mucho de ti: no te fías. Haces bien en no fiarte. De ser por mí, tú y todos los tuyos no existiríais en la faz del planeta. No es decisión mía, sin embargo. No toda... —calló al pensar en los planes que tenía, unos muy simples: subir de rango en el nuevo escuadrón al que había sido transferido, el escuadrón escarlata, y ver en un futuro cómo podía meter mano a su cargo para dar dolores de cabeza a la raza humana.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del dragón al pensar en lo gratificante que sería dar con la solución a todos sus problemas: la forma de deshacerse del malestar y la debilidad que se habían apoderado de él tras la importante herida que había sufrido a manos de un humano con jade, la forma de deshacerse del mismo dolor de cabeza que le provocaba el simple hecho de saber que los humanos aún existían.

—Camina conmigo, Sabrina. Creo que tenemos un rato más antes de que den el toque de queda, ¿me equivoco? —le sonrió esbozando un gesto para que avanzara a su lado mientras él mismo emprendía la marcha. —¿Qué clase de recados puedes querer llevar a tan altas horas? ¿No te arriesgabas a no tener tiempo suficiente como para cumplirlos todos? Estoy seguro de que, como todo amo dragón que se precie, el tuyo no debe ser un ángel con los de tu especie. ¿A quién sirves, si puedo preguntar? Por curiosidad.

Colocó los brazos detrás de la espalda y se puso aún más recto para esbozar un saludo a unos guardias que pasaban por su lado. Ovyx respetaba a sus hermanos de armas y a la gran mayoría de dragones.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Jue Mayo 24 2018, 20:31

Notaba como el dragón me clavaba su mirada, como si quisiera discernir qué había en mi interior. Que me observara fijamente me inquietaba mucho, pero poco podía hacer más que agachar la mirada y rezar para que se cansara pronto de mí y me dejara marchar. No sabía cuáles podrían ser sus intenciones, o si tendría algunas siquiera, pero me costaba averiguar el motivo por el que ese guardia seguía hablando conmigo. Ya me había dejado claro que odiaba mi raza, ¿para qué seguir torturándome con aquello? Había dejado marchar al anciano y a los mozos, siendo también ellos humanos, ¿por qué a ellos les había dejado retirarse y en cambio a mí no? ¿Quizás fuese porque me habría oído tocar? ¿Tanto le habría molestado aquello, aun cuando me hubiera revelado que admiraba hasta cierto punto nuestro arte?

Estando todavía cabizbaja, me negué a querer contemplar el rostro de aquel arisco dragón, pero pude escucharle decir que hacía bien en no fiarme. Aquello era cierto, no me solía fiar, y mucho menos de individuos cuyas intenciones desconocía y que había expresado abiertamente su odio absoluto hacia los míos. Sin embargo, aquella respuesta me la guardaría para mí, ya que jamás me atrevería a decir algo como aquello en voz alta, sobre todo frente a un dragón de la guardia.

Dejé que siquiera despotricando, una vez más, de los humanos hasta que él mismo se detuvo. Esperaba que no se pensase que le estaba ignorando, no me atrevería a realizar semejante audacia, pero tampoco me molestó que cesara su extenuante discriminación. Sin duda alguna, algo debió sucederle con algún humano -o humana- para que se comportara de aquella forma, o quizás hubiera nacido con todo aquel odio interno, o lo hubieran adoctrinado así. De cualquier forma, esperaba que no terminase por descargar toda aquella frustración acumulada en mí. Él estaba en su derecho de odiarnos si así deseaba pero yo no tenía ninguna culpa, o eso creía al menos.

Finalmente volví a alzar el rostro cuando mencionó que caminase junto a él. Mi semblante de absoluto desconcierto lo decía todo pero, aún así, obedecí y me avancé junto a él. El intenso nerviosismo y ferviente temor aún residían en mí, pero esperaba que -si seguía sus indicaciones- me terminase dejando libre en cualquier momento. - Yo, ah… realizo entregas a domicilio… - contesté algo apresurada ante su primera pregunta realizada. Que acabara de advertirme sobre el toque de queda aún intensificaba más mi intranquilidad, pero tampoco podría hacer nada al respecto más que seguir su juego. De hacerlo, tal vez se apiadara de mí y me dejase marchar a mi hogar. De seguro que Nimue no tardaría demasiado en empezar a preocuparse por mi inusual tardanza. - Tenía el tiempo justo para… realizar las entregas… - admití mientras trataba de seguir el ritmo del dragón, siempre quedándome dos pasos por detrás de él. No era muy frecuente que un esclavo caminase a la par con un reptil, por eso preferí guardar las distancias. - Yo… sirvo a Nimue. - confesé mientras alzaba la mirada para contemplar la espalda de aquel amenazante dragón. Probablemente él conociese a la pelirroja, lo que me podría ayudarme de algún modo, o no. Por otro lado, que mencionase que mi ama no sería un ángel con los humanos me hizo comprender que aquel guardia estaba muy acostumbrado al trato habitual que se le daban a los esclavos, pero Nimue tenía un trato muy distinto con sus esclavos.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Jue Mayo 24 2018, 21:31

Sabrina era más lenta de lo que habría esperado de una chica tan joven y tan llena de vida como habría creído leer en un principio. Tal vez estaba demasiado cohibida como para ponerse a su altura y, una vez más, tal muestra de saber cuál es el sitio de cada uno haría que ganara puntos con Ovyx. Recordaba como si fuese ayer cada una de las víctimas de humanos sensatos que se habían arrodillado ante él para pedirle clemencia, para rogar por sus vidas; recordaba cómo los había degollado a todos, y especialmente aún sentía cómo la boca se le hacía agua por cada vez que había abierto sus fauces para chamuscar a inmundas criaturas humanas.

—En ese caso, espero no haberte distraído demasiado de tus quehaceres. Tu amo me perseguiría por el cielo hasta arrancarme la cola y desgarrar cada una de mis escamas si viera peligrar su propiedad.

Ovyx adoraba dejar en claro a los seres humanos, inferiores a los dragones, cuál era su posición, y tendía a llevarse mejor con los dragones que no poseían humanos que los que sí. Ovyx había raptado, violado y matado humanas, pero nunca se había adueñado de una para... ¿Para qué? ¿De qué le serviría a un buen dragón de ejército como él? No, Ovyx llevaba una vida simple por fuera, pero por dentro era donde realmente sucedía la mayor parte de cosas. Tenía que empezar a exteriorizarlo todo, a hacerse entender, respetar y obedecer por los demás, a...

El nombre de Nomue hizo que parpadeara y mirara a Sabrina con interés. Se rascó la barbilla en un gesto reflexivo y rápidamente encontró la procedencia del nombre. Claro que seguramente había más de una persona con el nombre de Nomue en Talos y aún más en el resto del mundo, pero Ovyx sólo podía pensar en una en particular:

—¿La del negocio de arcos y flechas? La recuerdo. En una ocasión tuve que ir expresamente a por suministros para el ejército. Resulta que uno de mis compañeros se lo había gastado en cazar una bestia y me dejó con el marrón. Me dieron el sermón de los pasados setenta años y, bueno, tuve que obedecer para que no me pegaran hasta quedarme... —y, mirando a Sabrina y asegurándose de que lo miraba en ese preciso instante, puso una cara que describía perfectamente lo que quería decir.

Dejó escapar una risa por su propia broma y se rascó la mejilla, sintiéndose orgulloso de su propio humor. ¡Y luego decían que era un antipático! ¿Hacía cuanto tiempo que no hacía reír a una joven... a una joven...?

A una joven humana.

Ovyx tosió, borró de golpe su sonrisa y se mantuvo en silencio por un momento. Había metido la pata. Los humanos no debían tener motivo alguno para sonreír: sus vidas, ya de por sí tediosas hasta para los dragones, debían reducirse a la tristeza, a bajar la cabeza y a la honda desesperación de no saber qué sucedería con ellos con cada hora que pasaba, con cada simple segundo que resonaba en sus cabezas. ¡Quería que vivieran atemorizados, todos ellos! Y, aparentemente, Sabrina lo estaba.

Sabrina estaba resultando ser todo lo que pocos humanos habían sido frente a él: un buen ejemplo.

—En cualquier caso, no sabía que Nomue tenía gustos tan... exóticos. —dijo refiriéndose al romance o a algo más burdo. Después de todo, Ovyx estaba acostumbrado a que los dragones se aprovecharan de sus esclavos tanto para los trabajos manuales como para las necesidades sexuales. —No seré yo quien le diga qué tiene que hacer, oye. Pareces buena chica. Tanto que hasta me dan náuseas. —abrió la boca, puso otra cara rara y se metió los dedos en la boca para ilustrar con cierto sentido del humor lo que decía.

Por algún motivo, la ira que había sentido al descubrir que Sabrina era humana iba desapareciendo con cada segundo que pasaba. El odio seguía siendo el mismo, pero ahora no tenía especiales ganas de hacerle daño. Tal vez, saber que sí tenía dueño (dueña en este caso) le había bajado los humos al dragón.

—Háblame un poco de ti, ya que estamos. ¿De dónde vienes? ¿Cuánto tiempo hace que Nomue te esclavizó?




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Vie Mayo 25 2018, 09:42

Que el guardia se mostrase tan considerado con respecto a poder haberme distraído de mis labores hizo que frunciera un poco el ceño. Aquel dragón me estaba despistando constantemente. En ocasiones era arisco y, en otras, hasta parecía que podría llegar a ser agradable si él quisiese. Por otro lado, no podía imaginarme hasta que punto podría ser cierto que Nimue le persiguiera si hiciera peligrar “su propiedad”. La dragona era de armas tomar pero no creía que llegase a enfrentarse a otros de su especie por mí o por Lerion, su otro esclavo.

No obstante, permanecí de nuevo en silencio y seguí caminando tras el dragón hasta que éste se giró al descubrir el nombre de mi ama y mostró… ¿sorpresa? Fuese lo que fuese, crucé mi mirada con él brevemente mientras se rascaba la barbilla y me preguntaba si era la regente de la arquería, demostrándome que sí sabía quién era ella, por lo que asentí con la cabeza mientras el guardia me narraba un acontecimiento pasado que le hizo ir al negocio de la pelirroja. Que me contara aquello me desconcertara. Parecía ser bastante reservado, al menos con los de mi especie, pero ahora me narraba vivencias pasadas como si nada. Desde luego era muy confuso discernir sus intenciones pero, al contemplar durante un breve instante la cara que puso, no pude evitar reír, por lo que me llevé inmediatamente  las manos a la boca, para ocultármela mientras ensanchaba los ojos de puro miedo. Si el dragón pensara que me estaba riendo o burlando de él podría enojarle profundamente, y para nada quería provocar eso.

Pero que el mismo reptil soltara una carcajada me hizo comprender que quizás lo hubiera hecho adrede. ¿Tal vez para destensar el ambiente? No estaba segura pero, ¿por qué querría eso si precisamente parecía disfrutar torturando a los humanos? No lo entendía pero prefería mil veces aquello que no una nueva actitud hostil y amenazante por su parte.

Entonces, y mientras apartaba las manos de mi rostro, el guardia tosió y volvió a ponerse serio. ¿Habría sido tal vez una prueba? Volví a bajar la mirada mientras el silencio reinaba nuestro alrededor por unos segundos hasta que el dragón volvió a hablar, pareciéndome que se equivocaba al pronunciar el nombre de mi ama, pero hice caso omiso a aquello, ya que no sería yo quien rectificaría a un dragón. Sin embargo, que dejase entrever que pensaba que Nimue poseía unos gustos exóticos y que podría utilizarme para macabros fines hizo que alzara un poco la mirada y le observara durante unos segundos. - Nimue no… - empecé a decir para querer defenderla de las palabras de antipático guardia a la vez que él me comentaba que yo le parecía buena chica, sorprendiéndome y evitando que siguiera hablando. Que añadiera que le daba náuseas pensar aquello provocó que volviera a agachar la mirada. Poco podría hacer para hacerle cambiar de parecer, así que me resigné mientras la tristeza empezaba a hacer mella en mí. Yo no le había hecho nada a aquel reptil, pero él parecía divertirse utilizándome como foco de su desfogue.

Seguidamente, el guardia quiso que le hablase un poco sobre mí, preguntándome de dónde venía y el tiempo que hacía que estaba con Nimue. - Ah... no sé muy bien de donde vengo… - confesé mientras notaba la intensa mirada del dragón puesta sobre mí, por eso preferí mantener los ojos clavados en el suelo. - Nimue me obtuvo… hace ya unos cuantos meses… - respondí a su otra pregunta. No sabía muy bien qué quería saber exactamente, o si solamente quería hablar por hablar, porque desde luego no consideraba que quisiera conocerme lo más mínimo dado el desprecio que me estaba mostrando en todo momento. - Ella no… me esclavizó. Me compró en el mercado, de manos de un esclavista…




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Vie Mayo 25 2018, 12:57

La respuesta de Sabrina pilló a Ovyx por sorpresa. Si bien había conocido a una infinidad de personas que desconocían su origen, por algún motivo, había creído que Sabrina sí lo sabría dado su carácter: saber cuál es su sitio podía deberse a haber sido criada de forma explícita y específica a no provocar a los dragones. Por lo menos, esa era la impresión que le había dado. Aún después de tantos siglos de vida, Ovyx no era, como todos los demás dragones, una criatura perfecta, pero eso no es algo que él fuera a reconocer.

—¿No lo sabes? Vaya. Bueno, tal vez te consolará saber que mi hogar ha sido y es esta tierra. La conozco como la palma de mi mano, a pesar de los cambios que todo lugar puede sufrir en más de mil quinientos años de vida. Os llevaríais las manos a la cabeza si vierais la de cosas que nosotros, los dragones, hemos visto. Algo me dice, sin embargo, que tú, a pesar de ser lo que eres, has visto también muchas cosas. Me pregunto quién no lo ha hecho hoy día.

Por un momento, Ovyx pareció ser capar de simpatizar con una humana y de entender qué eran realmente, cómo vivían y cómo se sentían. Ese sentimiento desapareció de inmediato cuando alzó su dura mirada al camino que trazaban sus pies acompañados de los de Sabrina. Los humanos no tenían las cosas fáciles, y por eso no le costaba reconocer que sabía cuánto sufrían... pero ese sufrimiento no era motivo de tristeza para Ovyx, sino de mayor regocijo. Quería que sufrieran durante mucho tiempo, antes de ser al fin exterminados. Algún día, los dragones se percatarían de que no necesitaban a los humanos para seguir adelante.

—Eso, eso, Nimue. —soltó cuando Sabrina pronunció el nombre de su ama por segunda vez. Seguramente, Ovyx volvería a olvidarse del detalle en menos de cinco minutos, pero se dio cuenta del error que había cometido al llamar a la dragona vendedora de arcos y flechas "Nomue".

"Unos cuantos meses" era poco tiempo para una esclava, pensó Ovyx para sus adentros. La mayoría de esclavos que había conocido habían llevado toda una vida de servidumbre, y no sola y únicamente unos cuantos meses. Era lo que se merecían, después de todo, aunque el concepto en sí mismo fuese insultante para Ovyx: servir a los dragones en todo lo que desearan, ser sus juguetes, sufrir en sus manos.

—Comprar una persona siempre me ha sonado a esclavitud. No sé muy bien cuál es la diferencia entre tu ama y el esclavista. —comentó con tosquedad y de forma abrupta pero tranquila, mirando a un grupo de personas que pasaba al lado.

Al ladear la cabeza y fijarse en la mirada de Sabrina, clavada en el suelo, Ovyx calló por un momento y suspiró. Tal vez, por una vez en mucho tiempo, una chica como ella, fuese humana o no, merecía un poco de deferencia. Los detestaba, sí, pero Sabrina parecía buena gente en particular, algo que pocas veces se veía, y además y sobretodo, pertenecía a Nom... Nimue, una dragona que, por lo poco que la había conocido, Ovyx respetaba.

—Pero... en esta ocasión, suena más bien a que te sacó de una mala situación. ¿Me equivoco? —y, entonces, tocó su hombro para llamar su atención y tratar de encontrarse con sus ojos. —Estoy seguro de que las cosas te van bien con Nimue. Debe de haberte sacado de un gran aprieto. ¿Por qué no me premias una vez más con esa bonita sonrisa que tienes y me cuentas con ánimo y sin miedo la historia, o cómo es tu vida a día de hoy en Talos?

Ovyx se sintió interiormente repugnado por mostrarse... amable con una chica, pero tal vez, por una vez, le compensaba hacerlo. Tal vez, Sabrina tenía algo que le hacía querer ver cómo perdía ese pavor por él.

Tal vez quería conocerla. Y que se abriera a él.

—No me obligues a poner una vez más una cara ridícula. Los demás dragones me colgarán aunque eso vaya en contra de las reglas. —murmuró con complicidad y odiándose aún más en su interior, pero tratando de disimularlo. Ovyx podía ser un buen actor.




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Vie Mayo 25 2018, 18:48

El dragón se mostró sorprendido ante una de mis respuestas, aprovechando para indicarme que aquella tierra siempre fue y sería su hogar. Una nueva pulla que referenciaba que los humanos no deberíamos manchar lo que él consideraba su hogar. ¿Le molestarían también los animales o las plantas, tal vez? Empezando a vislumbrar su carácter tampoco me extrañaría lo más mínimo pero, y una vez más, me mantuve en completo silencio mientras dejaba que él se explayara narrándome que los de mi raza enloqueceríamos si pudiéramos ver todo lo que los reptiles habían visto en su longeva vida. Quizás era mejor así, entonces. Tener una vida más corta para vivirla con mayor intensidad. Sin embargo, aquello tampoco se lo iba a decir, evidentemente.

- ¿Visto… muchas cosas…? - repetí, confusa. Él me acababa de decir que creía que yo también había visto muchas cosas, y no podría estar más lejos de la realidad, puesto que había visto muy poco aparte de la propia Talos y brevemente Puerto Krosan. El resto del mundo seguía siendo un absoluto misterio para mí. - No… no es cierto. - admití para dejarle en claro que su intuición había errado. Quizás no fuera la mejor idea el decírselo, pero la sinceridad debía prevalecer ante todo.

Entonces, y una vez pareció reconocer su equivocación al nombrar erróneamente a mi ama, el guardia detalló con brusquedad que, para él, comprar una persona era sinónimo de esclavitud. Tal vez me hubiera explicado mal para que hubiera llegado el dragón a semejante conclusión. - Ah… la diferencia… - empecé a decir, decidiendo bajar el tono de voz para no ofenderle. - … es que los tratos que dan un amo y un esclavista son muy… distintos. - terminé por murmurar. No debería estar hablando de un tema tan… polémico como aquel, así que más me valía que hubiera un cambio de tema pronto.

Miré nerviosamente los alrededores como si hubieran ojos ocultos que observaran detenidamente la conversación que estaba teniendo con aquel arisco reptil, a quien escuché suspirar. ¿Acaso se estaría aburriendo de mí? No sabía si eso sería bueno o malo, pero rezaba internamente para que no fuera lo segundo. Pero, y seguidamente, el guardia me comentó que quizás Nimue me había sacado de una mala situación, y así era.

Alcé la mirada para observarle con cierta intriga cuando el dragón posó una de sus manos sobre mi hombro. No con actitud amenazante u hostil, pero fue suficiente para asustarme, notando como el puso se me aceleraba rápidamente ante aquel inesperado gesto. - Oh… estáis en lo cierto… - musité mientras me quedaba atrapada en la mirada del reptil. Muy probablemente tuviera que desviar la mirada, pero algo en mi interior me decía que él quería exactamente que le mirase directamente a los ojos, aún a pesar del temor que me causaban. - Soy muy feliz con Nimue, señor. Ella… bueno, me salvó la vida… - le revelé. No es que yo estuviera a punto de morir ni nada por el estilo, pero mi precaria vida a manos de mi último esclavista fue tan mala que podría haber muerto en cualquier momento, tal y como les sucedió a muchos de mis viejos compañeros. Sólo de pensar en ello volví a notar una punzada de dolor, por lo que agaché la mirada mientras recordaba el día en que la pelirroja apareció y, sin saberlo, me salvó de un destino aciago.

Entonces,  e inesperadamente, el guardia quiso que volviera a mostrarle una sonrisa, lo que propició más desconcierto y hasta desconfianza por mi parte. A veces resultaba un poco simpático y, de nuevo, volvía a ser un grosero y vil dragón. - Pu… puedo contarle mi historia… - le contesté con un hilo de voz. No sabía exactamente por dónde empezar, pero algo se me ocurriría cuando el reptil bromeó acerca de poner una nueva cara ridícula, consiguiendo que se me volviera a escapar una silenciosa sonrisa. No entendía del todo su humor, pero aquello me hizo gracia, y más al recordar la extraña expresión que reflejó hacía escasos minutos y que había conseguido hacerme reír, aunque tal no fuera su propósito. - Está bien… - accedí finalmente, aclarándome tímidamente la voz para proceder a narrarle los inicios de mi vida, unos que eran una verdadera incógnita para mí. - La verdad… es que no sé nada de mi pasado, pero recuerdo ser educada por un esclavista desde pequeña, que… bueno, me enseñó prácticamente todo lo que sé. - le narré mientras seguía mirando de vez en cuando nuestros alrededores. La noche empezaba a imperar y se notaba al no haber nadie en las calles. - Se podría resumir en… obedecer y servir. Una vez pasaron los años y me volví más mayor, fui adquirida por mi primer amo, el dragón Tebas...




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Sáb Mayo 26 2018, 14:58

Había dragones descabezados. Nimue debía de ser una ilusa si de veras había rescatado a una joven humana por misericordia, y más aún si la mantenía bajo su protección por algo más que por lo práctica que podía resultar una chica o por algo aún más oscuro como los servicios carnales que muchos reptiles alados solicitaban y a los cuales obligaban a los humanos a llevar a cabo. Ovyx recordaba una cantidad innumerable de ocasiones en las que él se había aprovechado de desprotegidas humanas para raptarlas y con las que pasar la noche. Eso sí, había de reconocer que el placer creado por una dragona era mucho más intenso a sus ojos.

—Claro, cuéntame tu historia. Es un buen inicio. —había replicado simplemente con una sonrisa mientras se cruzaba un momento de brazos.

Al parecer, la terapia que había decidido emplear para tranquilizar a Sabrina funcionaba, por lo menos lo suficiente como para hacerla sonreír. Ovyx se preguntó hasta dónde podría llevar su amabilidad fingida con una humana como Sabrina pero, de algún modo, sentía que sólo por haber visto algo tan bonito como la tímida elevación de sus labios sutiles merecía la pena.

Por fin, Sabrina decidió que accedería a su petición; tampoco es que tuviese mucho remedio si no quería despertar la ira de un ser que Ovyx denominaría como "astral". Un término un tanto exagerado, pero adoraba glorificar lo que los dragones realmente eran y especialmente lo que él era: un pobre guerrero con el corazón partido cuya única manera de salir adelante había sido a costa de los humanos. De quienes le arrebataron a su amada.

—El término "educación" no puede ir de la mano con los esclavistas. Al menos no desde un punto de vista... moral y ético. Sé cuánto amáis los humanos la ética y la moral. He leído muchas de vuestras obras acerca de ello y, sinceramente, me habéis sorprendido con todas las patrañas que sois capaces de escribir y pensar, pero... algunos teníais razón. Nosotros mismos, los dragones, conocemos el honor, el respeto mutuo y la ambición.

Permitió que Sabrina prosiguiera con su relato, interesándose en cada detalle que pudiera darle y que le diera. Sabrina seguía sin hablar mucho, mostrándose tímida y reservada, pero por lo menos había accedido a abrirse un poco más. Ovyx se preguntó si abrirse él mismo un poco, acerca de su pasado, ayudaría. No creía que un humano fuera digno de conocer su historia, empero.

—Tebas... Creo haber escuchado ese nombre. El mundo es grande y estos suelen repetirse, pero aquí en Talos, los soldados han hablado de un insurgente, de un rebelde que la reina rebelde capturó con ayuda de la Inquisición. Supongo que era noble y un dragón relevante como para que se hablen de él porque, como toda sociedad, ésta tiende a olvidar a quienes están por debajo de la escalera. No sé cuánto desprecio o afecto podías tenerle, y tampoco cuán bueno o malvado habrá sido contigo; ni siquiera sé si lo estás buscando o lloras su pérdida, pero... No sé nada acerca de él. Sólo he escuchado los rumores que los soldados comparten. Me pregunto qué pensará tu ama Nimue de todo esto. Tal vez, conocía a Tebas; tal vez...

Ovyx se detuvo para mirar a Sabrina fijamente a los ojos. Giró ligeramente la cabeza para asegurarse de que no había miradas ni oídos indiscretos en el lugar y, luego, se acercó un poco para murmurar lo que diría a continuación.

—Estéis a favor o en contra de la reina no posará problema alguno si me lo cuentas. A pesar de ser soldado, fiel y leal a la reina desde que todo cambió, yo... y tantos otros dragones que la servimos hemos empezado a dudar de ella. Hay... cosas que no somos capaces de entender. Tal vez seamos muy superiores a los humanos, pero en cierto aspecto, es un tema al que no debéis hacer verdadero frente. Creo que somos nosotros quienes nos comemos el marrón más grande con la reina. Bueno, qué se le va a hacer. Procura no compartir con nadie esta información, chica. Podrían considerarme un traidor y a ti otra.

Le ofreció una ligera sonrisa y apretó su brazo con cuidado, un simple gesto que pecaba de ser demasiado próximo y cálido para un dragón que tanto menospreciaba a la humanidad. Ovyx tragó saliva, se apartó y suspiró.

—Prosigue con tu relato. ¿Qué sucedió después?




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Sabrina el Sáb Mayo 26 2018, 19:40

El guardia se mostró conforme con que le contara un poco de mi pasado. ¿Y por qué no debería estarlo, si fue él precisamente quién me “pidió” que lo hiciera? Por lo que medité qué contarle tras ser comprada por Tebas y empezar a vivir con él bastantes años. Viendo como era el carácter del dragón, quizás debería obviar los momentos que me hicieron felices. Entonces, ¿le tendría que contar únicamente malas experiencias y recuerdos similares? Era bastante terrible tener que rememorar exclusivamente mis malos momentos, pero lo haría si aquello contentaba al reptil, quien no tardó en rectificarme al mencionar que un esclavista no podía educar. ¿Tal vez supiera mucho del tema? No siquiera me planteé contradecirle, asintiendo en silencio mientras el guardia se volvía a desfogar y arremetía  de nuevo contra mi raza, burlándose de nuestra ¿ética y moral? Él decía haber leído mucho, pero la verdad era que yo no había leído prácticamente nada, por lo que no podría conversar sobre aquello. Únicamente creerme sus palabras en todo caso.

El dragón terminó hablando de honor, respeto y ambición, notándole como se mostraba orgulloso de todos aquellos atributos. ¿Quizás hasta demasiado? Muchos dragones -y también humanos- eran muy arrogantes, pero lo de aquel reptil me parecía hasta desmedido. Entonces, fue pensar en aquello y percibir como el guardia se detenía para mirarme fijamente. Instintivamente me puse a rezar para que no hubiera leído mis pensamientos. Aquella no era una habilidad propia de los reptiles, pero en los tiempos que corrían una ya no podía fiarse de casi de nada. - Oh, yo… no he leído sobre… moral y ética. - fue la primera respuesta que me vino a la mente, desviando la mirada hacia la izquierda para quedarme observando varias viviendas de clase baja. ¿Aquel dragón haría lo mismo con otras personas cada noche? Pedirles caminar con él y que le contaran un poco su vida para que él aprovechara cada momento para burlarse de nuestra raza. Capaz le veía.

No obstante, cuando me informó que le sonaba el nombre de Tebas, toda mi atención se redirigió a sus palabras. ¿Sería posible que él le hubiese conocido? Por lo que empezó a contar, incluso parecía saber mucho más que yo. ¿Un insurgente, que ayudó a los rebeldes y que terminó siendo torturado por la Reina? Me quedé sin aliento y empezaba a notar los ojos húmedos, por lo que agachar la vista fue la mejor decisión. Ni siquiera sabía de todo aquello, por lo que bien podía considerar que el destino de mi primer amo fue… espantoso, cruel y peor de lo que me había podido imaginar en un principio. Sin embargo, ahora conocía la verdad. Aquel dragón, por más que disfrutara burlándose de los míos, me había comentado sin tapujos lo que podría haber sucedido perfectamente aquella vez. - No… yo no le despreciaba, al contrario… - admití con evidente pesar y tristeza en mis palabras cuando el reptil dejó caer que yo podría haberle despreciado cuando viví con él. ¿Cómo podría hacerlo si fueron unos años realmente felices y maravillosos, estando rodeada de gente buena y  amable, fueran esclavos o amos? - Lo… lo quise buscar cuando todo sucedió… pe-pero… no pude… - una verdad revelada más grande que un templo. Quise hacerlo, pero cayendo en manos de otro esclavista, mis acciones estaban atadas (literalmente). - Pero… gracias por decírmelo… - le agradecí con una mezcla de timidez y absoluto abatimiento. No me había revelado nada nuevo, pero saberlo a ciencia cierto lo cambiaba todo.

Por otro lado, cuando mencionó que le gustaría saber qué pensaría Nimue de todo aquello, terminé por alzar los ojos y mirarle. ¿Pensaría acaso que la pelirroja se enfurecería por los sentimientos que pudiera tener hacia Tebas? No, aquello no podría suceder. - No, ella no le conocía. - contesté con más convicción. - No sabe… mucho de mi estancia con Tebas… - fueron las últimas palabras que dije con la cabeza en alto, aún cuando el dragón se me acercó e insinuó que podría confesar si estaba en contra de la Reina. Aquello era demasiado. No pensaba nada sobre aquel escabroso tema, ni a favor ni en contra. Simplemente no pensaba nada porque era lo mejor. Podrían acusarme rápidamente de rebeldía y no caería en la trampa de aquel guardia, si es que era una trampa. Sus consiguientes palabras me hicieron notar que realmente él - y otros de los suyos- pensaban que las acciones de la Reina… quizás no fueran las más convenientes y/o correctas. - N-no… no diré nada, lo prometo… - contesté cuando el guardia me dijo que no contara nada de lo que me había dicho. ¿Sería confianza o sería todo parte de un engaño? Ya no sabía a qué atenerme con ese reptil, por lo que preferí contemplar con bastante inquietud su perturbadora sonrisa mientras él me apretaba con poca fuerza el brazo. Empezaba a volver a tener un miedo atroz, pero focalicé todas mis energías en mitigar mi miedo y proseguir contando mi pasado desde dónde lo dejé. - Pues… viví muchos años con Tebas y… bueno, me enseñaron a realizar muchas tareas y… - me callé de golpe. A punto estuve de decir que fue en esa época cuando aprendí a desarrollar mi afinidad por la música y aprendí a tocar varios instrumentos. Aquello no le agradaría demasiado al dragón tras sus comentarios iniciales, así que opté por obviarlo. - … y otras cosas. Tiempo después, sucedió todo el incidente con… mi anterior amo y volví a terminar en manos de otro esclavista…




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Re: Atraído [Sabrina]

Mensaje por Ovyx el Dom Mayo 27 2018, 15:07

Ovyx suspiró y asintió. La forma en que Sabrina habló de su antiguo amo parecía lo suficientemente sincera como para que creyera en ella. Sonrió por lo bajo y se preguntó cuán necio había de ser algún que otro dragón para hacerse amar por humanos. Lo que los dragones merecían por su parte era respeto y sumisión, no sentimientos inútiles que sólo hacían que fuera fácil arruinarle la vida a uno. Ovyx también había amado antaño y había perdido todo lo que había querido, hasta a su propia familia, con quien mantenía un mínimo contacto a día de hoy y un tacto muy extinguido y apagado.

—No me las des. A lo mejor, me animo a leer algo de literatura humana para tus oídos. Supongo que, al haber vivido en la servidumbre, no has tenido tiempo de aprender a hacerlo por ti misma. ¿Han leído para ti alguna vez? —preguntó con interés y sin mucha maldad. Había dragones que querían que sus humanos fueran capaces de leer y escribir, a pesar de que no era muy frecuentes.

Suspiró aliviado cuando Sabrina le aseguró que no diría nada, pese a que claramente no podría haber dicho otra cosa. En realidad, Ovyx estaba jugando a un juego peligroso pero puramente interpretativo. Sabía muy bien que, si Sabrina se atrevía a ir en su contra, como cualquier otro humano, sufriría un cruel destino en sus manos. ¿Qué clase de dragón permitiría que un humano le hablara mal?

—¿Y...? —preguntó alargando la pregunta mientras miraba a la joven con interés y expectación. Algo había que seguramente quería decir y expresar en voz alta, pero por algún motivo se calló. Como cualquier dragón de su edad, Ovyx había vivido el tiempo suficiente como para entender las reacciones de seres tan simples como los humanos y sabía que, a pesar de que Sabrina prosiguió después con su frase, algo había que había querido decir y que había guardado para sí misma.

Estaba claro que Sabrina no había tenido precisamente una vida fácil. Ovyx entornó los ojos cuando dijo sus últimas palabras y calló por un instante.

—¿Un nuevo esclavista? Entonces... Supongo que fue él quien te puso en una situación delicada, por llamarlo de alguna manera, y entonces Nimue te salvó. ¿Estoy en lo correcto? —preguntó con una gentil sonrisa.

Llegaron entonces a otro extremo de la calle, donde había un camino que los llevaba a un pequeño patio abierto y al parecer despropiado. Ovyx avanzó hacia el lugar para alejarse del barullo que creaba la gente con pisar, charlar y gritar. El lugar era, como ya he dicho, pequeño, pero por algún motivo agradable: era bonito, había plantas aquí y allá y un pequeño banco de mármol en el centro. Ovyx se mantuvo de pie, sin embargo.

—Yo no tuve la oportunidad de ser salvado. Siempre me he tenido que salvar yo a mí mismo. Cuando era joven, viajé mucho, por incontables lugares, a cada cual más hermoso que el anterior. —hizo una breve pausa para mirar a los ojos de Sabrina. —Entre mis muchos viajes, conocí a gente de bien, gente de mal, a toda clase de personas. Una de ellas fue una hermosa dragona, rubia y de ojos azules como el cielo en los mejores tiempos de Talos. Aprendió a amarme y la amé tal y como era. Tal vez no fuese una experiencia muy enriquecedora, pero... si algo me enseñó... es que si lo que necesitas es amor, has de viajar hasta los confines de mundo si es menester para hallarlo. —opinó. —Por suerte, yo no lo he vuelto a necesitar. No podría volver a necesitarlo.

Ovyx se sentó entonces y suspiró, frotándose la cara con cierta fatiga en su semblante. Pensar en el pasado siempre lo calmaba, pero también lo deprimía.

—Entre tú y yo... Creo que algunos de vosotros humanos sí merecéis vivir. Sólo algunos. O, por lo menos, seríais buenos dragones. —le ofreció una simpática sonrisa y trató de que la tristeza no se reflejara demasiado en su rostro.




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