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"La calle de la gran ocasión" -privado

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Mensaje por Frashokereti Stokehurst el Vie 18 Mayo - 3:09

«—Entonces el dragón habló: "No puedo ni siquiera imaginar cómo te has atrevido a entrar en este bosque. No sé qué decirte porque sin duda ya estás enterada del destino que corren todos los que se atreven. O no aprecias la vida o eres el descuido mismo. ¿Nadie te advirtió lo que podía sucederte?

Y Marta contestó: Algo me dijeron.»


El diálogo era una voz en su cabeza mientras andaba, muy parecida a la suya y al mundo donde vivía. Un cuento viejo de tiempos difíciles.

Hay dos cosas que la gente no puede fingir: la popularidad y el carisma.

Sabía que era carismático y que la gente revoloteaba a su alrededor al conocerlo. Admitieran o no aquello, alguna mirada se había ganado. Pero toda esa atención, cobraba con creces. Ser atrayente era más una carga que una bendición y ahora estaba pagando. Enroscándose sobre sí mismo mientras la galabiyya ondeaba alrededor de sus tobillos. Pensó en la idea de volver por su cuenta antes de ser llevado al hammam. No quería regresar de la mano de aquel dragón a su primer casa. Más por vergüenza y miedo que por orgullo.

Había sido cazado, cercado y empujado contra una esquina sin que lo notara. La única forma de salvarse fue pasar a través, pero ¿a qué coste?, sin poder, ni contactos. Estaría a la merced de las pullas y las molestias por lo bajo. Enemigos, no eran tan valientes para ponerse esa etiqueta. Pero serían crueles, y él no soportaba e rechazo. El dolor lo hacía ceder, incluso el que no se mostraba abiertamente.

Encantar a la gente no era tan bueno cuando los poderosos se sentían amenazados.

Solo debía esperar. A que el orgullo ajeno se apagará y que su ausencia mitigara el resentimiento en lugar de agrandarlo. Fue torpe tal vez, pero no era estúpido, no había inventado toda esa persecución, ni la intención de atraparle y hacerlo menos. Pero habló y, eso lo puso en las manos de terceros.  El único camino que le quedó fue escapar.

«—Sin embargo, aquí estás. Prepárate. Piensa tu último pensamiento y procura que valga la pena, así tal vez te reconcilies con la idea de lo que te sucederá.

...Estoy pensándolo.—susurro ella.»


Bajando la cabeza, se movía entre las calles, sorteando los callejones. Perseguido aún.

Podía sentir los ojos en su nuca, y los pasos tras  él. No dragones, sino humanos. Los amos  traman los movimientos de los animales...piezas descartables. En su insignificancia no podía entender, cómo es que su alejamiento hería tanto el orgullo de los grandes reptiles.

Un simple esclavo. No un favorito ni uno especialmente dotado. Su atractivo era su mejor carta, un florero, un objeto para presumir. Doblando en una esquina, la bofetada del aire caliente alivio el sudor que corría por su nuca, pero también le dejó expuesto  en la explanada hacia la plaza.

Sus ojos azules destellaron atrás y pudo verlos agilizando el paso, esquivando a la multitud, esclavos preparados para la lucha, apartaban a la gente como si fueran telarañas, buscandolo. Un giro más, una esquina más si fuera de noche podría haberlos perdido, la luz cenicienta de la tarde era traicionera. Mordió sus dientes, ser rescatado, pedir auxilio...¿a quien?, aquella mujer se moriría de miedo, no podía contar con ella sin importar los lazos que los unían. No la arriesgaría. La idea de depender de alguien le hacía subir la bilis por la garganta, y antes de que pudiera decidir si rendirse una figura borrosa surgida de la nada vació su mente, obligando a intentar esquivarla.

Perdón—alcanzó a balbucear a medias. No lo sentía, en ese momento estaba demasiado cansado como para preocuparse por ello.




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