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Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

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Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Vie Mayo 18 2018, 07:05

Nombre del tema: Arcángeles: Capitán y Sargento
Personajes: Varlaam y Byron
Ubicación: Coliseo de Talos

La impetuosidad, el discurso, y el liderazgo de Varlaam había sido, durante el Despertar, tal qué, su nombre, ya de por sí conocido durante la época en la que los dragones aún se mantenían en las profundidades, de esos que muchos recordaban, unos con odio, los más antiguos, y otros con admiración, los más jóvenes y los que, creyendo en sus palabras, le habían seguido en la búsqueda de la eterna gloria y la inmortalidad de sus nombres para que fuesen recordados en la posteridad de los tiempos. En ese tiempo, incluso algunos dragones de más edad que Varlaam, se habían sentidos atraídos y atrapados por las cosas que un dragón tan joven se esforzaba por alcanzar. Varlaam era entre todos los dragones jóvenes, uno con un ferviente deseo de alcanzar a grandeza, y decidido a hacerlo.

Por eso, en ese tiempo, después que acabó el Despertar, y el ejército se formó, nacieron los Arcángeles. El primer batallón liderado por el dragón más joven de todo el Ejército reconocido con el título de Capitán. En sus primeros días, el batallón, se encargó de viajar por el mundo, y acabar con aquellos remanentes de humanos que aún se resistían a sublevarse al nuevo sistema que se regía bajo el régimen del Imperio del Fuego. Fueron muchos aquellos que se resistieron al cambio, sobrevivientes de la gran guerra, que no fueron nada ante el poderío de los Arcángeles y el liderazgo de Varlaam. Cada batalla siempre fue peleada como si fuese la última, y eso le había valido el símbolo de glorioso y temido a los Arcángeles y su más temido miembro, su Capitán, Varlaam, el dragón por el que muchos dragones luchaban, creyendo en sus palabras.

Pero ya de esos días solo quedaba un recuerdo que la Reina Madre había querido sepultar de manera injusta, quitando a aquellos que habían luchado por ella hasta la muerte la gloria que se habían ganado por si mismos. Había disuelto el batallón tras el enjuiciamiento de su Capitán, y todos lod dragones que alguna vez habían formado parte de este, hoy día, habían sido dispersados, tomando cada uno caminos y rumbos distintos. Entre esos dragones que habían vivido más tiempo que Varlaam, y que aun así, creían realmente en las palabras de Ex Capitán, se hallaba uno que había sido parte importante del batallón y había compartido glorias con todos sus compañeros: Byron, el antiguo Sargento de los Arcángeles, y un dragón que al igual que su Capitán, había caído en la esclavitud.

No sabría decirse si esto era una cuestión del destino, o de los dioses, de existir alguno, pero que un segundo Arcángel pisare el Coliseo de Talos, con el fin de ver a su antiguo Capitán, era el significado de que aquel vinculo seguía siendo irrompible, y aunque la Reina Madre se hubiere esforzado por suprimirlo, no lo había logrado, y eso hacía acrecentar el orgullo del vigoroso dragón, quien al girarse para hallar en medio de la oscuridad de la noche al conocido dragón, sonrío, embargándose de felicidad. –Arkay siempre fue mi razón, y mi más cercano. Tú, mi Sargento, jamás cuestionaste mi palabra ni mi liderazgo. Creíste siempre en mí, y nunca tuviste la necesidad de ser el más hablador para hacer saber que era así.– Hizo un silencio, y le miró a los ojos, le sonrío afable, y le colocó la mano en la nuca, acercando su frente con la de él, en señal de fraternidad. –Hoy es un gran día para mí, al saber que sigues vivo, Byron.
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Miér Jun 06 2018, 20:26

Tras la visita de su antiguo segundo y su gran amigo Arkay, que Byron le visitase significaba mucho para el vigoroso dragón que alguna vez hubiese sido el Capitán de tan glorioso escuadrón, hoy llamado Escama Roja, el Dragón que nunca se arrodilló. Ambas visitas habían significado para el dragón un recuerdo del porque seguía vivo, y porque había decidido no morir de forma vergonzosa. Se lo debía a él mismo, a su madre, y a su antiguo escuadrón. A todos aquellos Arcángeles que habían caído con honor y gloria en las antiguas y duras batallas que la humanidad había librado en su contra. A todos aquellos que le habían dedicado su lealtad a él, más que a la Reina Madre, con la fiel promesa de ir en busca de que sus nombres fuesen por siempre y para siempre recordados, como lo que eran, guerreros, fuertes, valerosos y orgullosos de ser lo que eran y que para bien o para mal, sus nombres serían para la posteridad de la historia un símbolo de gloria, uno que quien lo tenía ahora mismo era una reina inmerecedora de la Corona que ostentaba.

Cuando Byron rompió el contacto con el vigoroso dragón, este le miró, escuchando las palabras que despertaron en él una ira incontenible que le hizo endurecer las facciones de su rostro, mirando con particular atención la pieza de jade, al igual que él, su antiguo sargento también llevaba, imposibilitado de poder adoptar su forma real. Escama Roja ciertamente había perdido el rastro de muchos de sus antiguos compañeros, no sabía que había pasado con ellos, no conocía que improperios y cosas habían tenido que sufrir, simplemente sabía que la Reina Madre se había esforzado lo suficiente para borrar de las memorias el nombre de glorioso escuadrón de los Arcángeles, y con ello, sabía que más de uno caería. Byron era la muestra de ello. El dragón caminó hacia su derecha y lanzó la mirada al vacío. –Este objeto asqueroso… no es un yugo, amigo mío. Es un recuerdo de lo que somos y de lo que significamos.– Mencionó.

–Un esclavo solo lo es cuando su voluntad se quebranta, Byron.– Señaló. –La voluntad de un Arcángel jamás cae.– Volvió su mirada llena de ese fuego y ese orgullo propio de Varlaam, el vigor de un líder al cual sus subordinados habían seguido con lealtad y que seguía siendo, en mayor parte, el mismo de siempre. Un dragón con una voluntad inquebrantable y decidido a buscar aquello que anhelaba: la inmortalidad de su nombre y la gloria de un guerrero. –Puede que la Reina haya quebrantado nuestras alas, pero esto, mi amigo…– Se acercó al dragón rubio y señaló su pecho. –Sigue fuerte.– Dijo. –Alguien que no merece una corona jamás podrá derribarlo.– Sentenció. –Ni mi voluntad, ni la tuya, ni la de ninguno de los dragones que lucharon a nuestro lado en el pasado, entregando su vida y merecedores de la gloria que ella nos negó. – Sentencio. –Somos iguales en lo que siempre lo hemos sido, Byron: Guerreros.– Exclamó. –No somos esclavos de una Reina que no es, ni será nunca jamás nuestra Reina.– Exclamó el dragón viendo a los ojos a su antiguo sargento, y trayendo a colación ese recuerdo del porque había sido sentenciado a esclavitud, ese comportamiento tan característico y único de Varlaam.

–Aun así estos son tiempos arriesgados para quienes no le reconocemos.– Mencionó. –Este mundo está lleno de lamebotas, y tú no eres precisamente de los que toma riesgos innecesarios.– Varlaam había sido no solo un líder valeroso para los Arcángeles, muchos de sus subordinados habían compartido con él más de una misión, sido halagados por sus hazañas en batalla, y tenido con su capitán esa vinculo de cercanía que era lo que hacía de los Arcángeles uno de los batallones más letales y peligrosos, su vínculo y su fraternidad. Varlaam aprendía a conocer a sus compañeros y a valorarlos. –Dime, ¿Qué te trae ante mí?– Preguntó, queriendo saber que le movía a reencontrar de nuevo a su antiguo Capitán. –Y también dime porque la voluntad de mi sargento se ve ahora machacada diciendo tales palabras.– Mencionó, mirándole. –¿Qué ha pasado en estos estos dos siglos para ti?
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Jue Jun 21 2018, 23:19

Las palabras de Varlaam, Escama Roja en las arenas, El Dragón que nunca se arrodilló tras su juicio y posterior esclavitud, eran más un escarmiento un recordatorio de que el vigor de Varlaam seguía ardiendo tal cual lo hacía en el momento en que llevo a los Arcángeles a la guerra del Despertar en busca de la inmortalidad, siendo leal a la lealtad que sus subordinados habían puesto en sus palabras y su convicción como guerrero de alcanzar la gloria, y tal como había sido después del Despertar, cuando los Arcángeles habían tomado forma oficial y Byron se había unido posteriormente a ellos siendo bien recibido por Varlaam y puesto a prueba por su Capitán, habiéndose poco a poco ganado su confianza al punto de Varlaam ver en él un guerrero capaz de poder con el cargo de Sargento. Su voluntad, la voluntad del Capitán del otrora glorioso batallón, seguía ardiendo como el sol del desierto.

La reacción de Byron no le extraño, lo conocía. Recordaba como su Sargento era un dragón de pocas palabras, muy a diferencia de él, que hacía eco de sus habilidades porque era un dragón arrogante por naturaleza, aun así eso no significaba que su arrogancia le hiciera ser alguien que subestimara al enemigo. Escama Roja era un dragón arrogante, pero más que perceptivo como guerrero. Su maestro, el antiguo General del Ejército, Srkány, lo había entrenado desde muy pequeño y había hecho de su especial talento para la batalla un diamante hermoso que hoy seguía reluciendo aun siendo un esclavo y llevando aquella argolla en el cuello que le imposibilitaba de poder tomar su forma bestial, la cual los dragones llamaban “forma real” pero que para Varlaam era una forma tan suya como la que había mantenido durante los últimos doscientos años. Durante el tiempo del General Srkani, a Varlaam también se le temía por haber sido el pupilo de un peligroso y poderoso dragón.

El dragón río arrogante ante la aclaratoria de su antiguo Sargento, mientras le dio la espalda por unos segundos. –Esta sociedad.– Mencionó. –Esta sociedad no define lo que somos, lo hace nuestra voluntad, y ella no ha caído amigo mío.– Caminó un poco para extirar las piernas y le miró de medio lado. –La mía sigue fuerte y cuando caiga, lo hará para ser recordada por siempre.– Concluyó de forma setenciante, mostrando que el mismo Varlaam que había llevado a los Arcángeles seguía ahí, vivo, pero parecía que en vez de llevar a la gloria a quienes le seguían, ahora lo hacía solo. ¿Por qué? La respuesta era simple, la Reina Madre le había arrebatado mucho cuando lo esclavizó, había faltado a su palabra a los Arcángeles que habían muerto, y ahora estaba solo y debía ser así por el bien de su propio orgullo o al menos hasta que pudiese cumplir la promesa que aún seguía sin cumplir. ¿Notaría Byron en su antiguo Capitán ese pequeño juego de palabras?

Escama Roja miró al silencioso dragón de soslayo cuando mencionó aquellas palabras. Tan perspicaz como siempre, y eso le confortó, saber que aunque esclavos, al igual que él, otro Arcángel seguía firme en su fiereza y voluntad. –No esperaba que fuese de otra forma, Byron.– Mencionó, en un gesto fraternal de confianza mostrado en su risa y su mirada. –Exiliado…– Dejo escapar, porque sabía que Byron era un diestro guerrero, entonces, le interesaba saber cómo era que su Sargento había terminado en la esclavitud tras haber estado exiliado. –Fui comprado por un aristócrata de Isaur tras la sentencia final de mi juicio.– Miro su mano y rió de forma arrogante. –Sabes lo que significa para un dragón creer tener el poder de esclavizar a otro dragón. Una estúpida sensación de poder.– Mencionó. –La Reina Madre quiso borrar mi nombre, extinguirlo, pero nadie olvida las hazañas de quienes nacen para la inmortalidad. Las arenas son el paso para continuar mi camino a la gloria, de ahí el nombre que hoy me concede el reconocimiento como gladiador: Escama Roja.
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Dom Jul 01 2018, 17:39

Escama Roja había tenido; antes de llevar los nombres que hoy le definían, nombres que eran símbolos de su rebeldía y significaban para el resto de dragones una expresión insultante de su propia existencia mientras que para él, el vigoroso dragón, eran motivos de orgullo; una especial cercanía con todos sus subordinados cuando aún solo se le conocía como Varlaam, Capitán de los Arcángeles. Era tenido por un dragón mera y extremadamente pasional, lo que hacía que sus vínculos con aquellos que le mostraban lealtad fuesen aún más fuertes de lo que podían serlo para personas comunes. Era por eso, que quizá la lealtad y fe de los Arcángeles hacia las palabras y los sueños y promesas de su Capitán eran tal que había convertido al escuadrón en uno de los más peligrosos y temidos. El ímpetu de Varlaam y el de sus soldados, la unión encontrada en su seno, era el secreto de su temeraria gloria. Habían sido una familia.

El vigoroso dragón conocía, por tanto a Byron. Sabía que no era un dragón hablador, y que muchas veces prefería callar lo que realmente pensaba para preferir no entrar en disputas aburridas de puntos de vista y sabiendo Byron quien era Varlaam, un dragón tan terco y arraigado en lo que creía y decía, algo que quizá el rubio dragón silencioso admirase de su antiguo Capitán: su fe en lo que creía. Escama Roja podía verlo en sus ojos, sabía que su Sargento quizá no pensaba del todo como él en lo que decía, pero no iba a reprocharle ni a exigirle más de ello, pues habían pasado doscientos años y aunque Varlaam fuese demasiado orgulloso para reconocer ciertas cosas, no era tonto, el tiempo había hecho que algunas cosas cambiasen, quizá no de forma externa, pero si internamente, y eso había sido en ambos. Mantener el silencio en ese momento preciso quizá le haría aligerar un poco la culpa que sentía al no cumplir la promesa por la cual sus hombres le habían seguido.

Algo compungió muy internamente su valeroso corazón de dragón. Escuchó atento lo que su antiguo Sargento había perdido y había tenido que pasar, el cómo su hermana se había suicidado por amar. Recordó en ese instante aquella terrible escena en las oscuras celdas del Coliseo de Isaur poco tiempo después de su esclavitud, cuando aquella carta había llegado, las últimas letras que vería de su madre antes de que esta decidiese quitarse la vida y le declarase el origen de su sangre. El vigoroso dragón no le interrumpió, solo le miró mientras el otro hablaba sin mirarle a los ojos y sintió como ambos se habían identificado y parecido más de lo esperaba: Esclavos, y sin nada más en el mundo más que su propia voluntad para seguir adelante. –Escuché de ello.– Declaró, desviando la mirada también a la penumbra. –Fue poco lo que pude obtener sin el acceso a la red, pero seguí el paso de mis hermanos de armas hasta donde pude.– Explicó, en un tono neutro. Estaba afectado.

–Ambos hemos perdido mucho.– Dijo, ignoraba si Byron sabía o no lo de su madre, pues esta había sido una simple burguesa y no era realmente una dragona importante o de renombre. Solo Srkány, su antiguo maestro, le conocía de manera más íntima. Además, era un tema del que no le gustaba hablar. –No imagino las luchas que cada uno de ustedes libró, pero te juro, amigo mío.– Mencionó, para levantar la mirada ligeramente y mirarle. –Que no hay día en que mi corazón no lloré y lamente el no haber estado ahí, y corresponder la lealtad que nos unía.– Al escuchar la pregunta del otro, su sonrisa ladina y arrogante volvió a mostrarse y desvió sus ojos de los de su antiguo Sargento. –El mismo por el que tu lealtad estuvo conmigo, amigo mío, pero esta vez.– Volvió a mirarle. –No será bajo el servicio y la fe hacia la falsedad de la Reina Madre. Mi gloria y la inmortalidad de mi nombre serán reales, mientras el de ella se perderá como una gota de agua en medio del océano.– Pero por supuesto, y fue algo que no mencionó, esta vez, ese camino iba a recorrerlo solo y sin nadie. No permitiría que otros volviesen a morir por su causa.
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Vie Jul 27 2018, 00:42

Al igual que los humanos, los dragones los había en todas sus formas y contextos, y no era un secreto para nadie el orgullo del que los dragones hacían gala. El mismo Varlaam era presa de gran orgullo, y aunque los motivos por los cuales enorgullecerse de cada dragón eran tan variados como ellos mismos, no dejaba de ser al fin y al cabo, orgullo. Tal cosa, al menos para quienes conocían a Escama Roja de cerca, hacía que fuese difícil imaginar que cosas podía amar aquel dragón que había desafiado a la Reina Madre hacía ya doscientos años delante de todo Talos y en testigo de la toda la red draconica. Si hubiese que preguntarlo, muchos dirían que lo que amaba aquel vigoroso y testarudo dragón no era más que la gloria y la guerra. Al menos eso dirían la mayoría de personas. Sus antiguos subordinados quizá dirían que la lealtad y el honor. Ninguna afirmación era errónea, todas eran acertadas.

Existían otros, aquellos que habían acercándose a Varlaam más allá, forjando fuertes vínculos que hoy los unían en un sentido que era intranscendente, como Arkay y Srkány, podían decir y con gran seguridad, que de las cosas que Varlaam amaba: la gloria, la guerra, el honor, la lealtad…todas estas siempre iban a estar en segundo lugar, porque si había algo a lo que Varlaam amaba por sobre todas las cosas, era a su madre. No había algo más importante para aquel dragón que aquella mujer que le había dado la vida. No era de menos esperar, pues su madre no solo le había dado la vida, sino que le había convertido en todo lo que era, en el orgulloso Varlaam que todos conocían, implantando en él los sueños que hoy le definían. No había, por supuesto, algo más importante para él que ella. Era quien siempre había estado en primer lugar, algo que siempre había sido sumamente contradictorio pues Varlaam nunca fue un dragón que hablase de su madre. El porqué, era un misterio que solo Srkány conocía hasta hoy.

Al escuchar la pregunta de quién otrora tiempo hubiese sido su antiguo Sargento, la mirada de Escama Roja no exenta de la altivez natural del orgulloso guerrero que representaba Varlaam en todo sentido, se desvió un tanto. Sopesó en aquella pregunta tan directa, podía decir lo que realmente había perdido, y no iba a mentir si lo hacía: su honor al no poder cumplir aquella promesa que le había hecho a cada Arcángel, sus ganas de volver a ser aquel dragón al cual muchos habían seguido, inspirados en su virtuosa promesa de gloria, pero conocía demasiado bien a sus hombres, y entre ellos Byron no estaba a salvo de que su antiguo Capitán, quien se había caracterizado por ser tan cercano a sus hombres, le conociese y supiese bien a lo que se refería. Era quizá una muestra de que Byron no sabía realmente lo de su madre. –Mi corazón también ha conocido el dolor de la muerte…– Mencionó. –No hay gloria mayor que pueda aliviar ese vacío.– Volvió a mirarle. –A mí también me arrebataron lo que más amaba, mi madre.

La madre de Varlaam no había sido ni juzgada, ni asesinada. Al igual que la hermana de Byron, ambas habían sido presas de algo más interno: el dolor. Aquello les había primero arrebatado la vida de sus almas, para luego arrebatarles la vida de sus cuerpos. Varlaam tenía un culpable, y ese era su padre, contra quien de alguna u otra forma, cobraría venganza. –Pero puedo asegurarte que mi espada no descansará hasta que el culpable de ello, pague con su vida.– Quizá el dolor que aún yacía en su corazón a pesar de los siglos, quizá el orgullo de ser quien era, quizá ambos, no le permitían aceptar parte de aquella culpa de la cual también tenía parte. –Solo aquellos dignos de ser recordados son dignos de una tumba, te aseguro amigo mío que la Reina Madre, no tendrá ese honor.– Dijo, y rió notando la preocupación ajena. –Pero descuida, no será esa la forma en la que le enfrente. Conoces bien al pupilo de Srkány.– Mencionó, refiriéndose a él mismo. –El anciano me enseñó bien, el momento en que me lancé contra la Reina Madre, aún no llega.
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Vie Ago 31 2018, 16:24

Para Varlaam Escama Roja, el dragón que nunca se arrodilló, el dolor de aquella perdida que le había marcado solo había significado una prueba más de su tarea tras lo ocurrido con la Reina Madre en Talos, el motivo principal por el cual se le había exiliado y había sido llevado a las arenas, y aunque aquel dolor siguiese vigente, el orgullo de Varlaam era uno de esos que sobrepasaba cualquier cosa, uno que le negaba así mismo la capacidad de aceptar realmente la longitud de lo que podía estar sintiendo y el vigoroso dragón sabría bien que entre en quienes en otrora, los tiempos de gloria que jamás olvidaría, habían sido sus subordinados, a aquel dragón, su antiguo Sargento difícilmente podía mentirle, era la misma sensación que sentía con aquel anciano que había sido su mentor durante mucho tiempo y parte de lo que había sentido en la última conversación que había tenido en su reencuentro con Srkány ahí mismo donde ahora se debatía con Byron el destino que habían seguido cada uno.

–No importa ya…– Dijo el vigoroso dragón, quien le observó con ese rostro lleno de altivez desviando por unos instantes la mirada hacia el vació lugar en que el pronto los bullicios y los aplausos se abrirían paso a su verdadero y único objetivo: la gloria y la inmortalidad. Quizá el vigoroso dragón era demasiado orgulloso e intentaba engañarse así mismo con aquellas palabras, pero delataba la importancia de ese evento en lo que buscaba con el hecho de haber aceptado volverse un esclavo de El Rojo y haber vuelto a Talos después de hacía tanto tiempo. Byron, como su antiguo subordinado, lo sabía. Todos aquellos que fuesen estado bajo el mandato de Varlaam como Capitán de los gloriosos Arcángeles lo sabían. Era esa cercanía tan vinculada y ese conociiento de ellos mismos como compañeros lo que les había dado tantas glorias, unas tras otra, y les había hecho el más temido escuadrón que hoy jamás se recordase en el Ejercito. El dragón río, ante la pregunta de su antiguo Sargento. –Sé que eso hubiese deseado, pero no, no fue por su causa, sino por la del dragón que me engendró.– Dijo el dragón, con una rabia inequívoca en sus palabras.

–El mismo que pagará con su sangre el error de engendrar su propia muerte.– Afirmó dando por hecho que esa venganza personal, ocurriría, de una manera u otra. Varlaam era un dragón de palabra, cualquiera que hubiese servido en su escuadrón lo sabía, era la mayor razón por la cual hoy había decidido, tras su esclavitud y su condena, que recorrería el sendero para que el estaba destinado solo: por haber fallado la promesa que había hecho a Byron, Arkay, Victoria, y todo dragón que le siguió y confió el filo de su espada en su nombre. Aquella venganza seguía imposibilitando al dragón de ver más allá de lo que podía, y era esa la misma rabia que le hacía dar ese tono a esas palabras, en el fondo, sabía bien que parte de la culpa de la muerte de su madre, era de él y de nadie más. Su manera de hacer las cosas ante su pasional y desenfrenada forma de ser, siendo su mayor debilidad esa personalidad iracunda, fue parte de lo que condeno la vida de su madre, aun así, su orgullo seguía siendo la piedra que no le permitía aceptar ello.

No quería, y no iba a hacerlo, para él solo había un culpable, y ese era única y exclusivamente su padre, quien por supuesto, no escapaba de tener parte de la culpa. La pregunta del otro hizo que la siempre altiva y serena mirada del dragón de rubios cabellos se desviase de nuevo a su antiguo y para siempre Sargento, hizo un silencio de algunos segundos y volvió a desviar la mirada hacia el oscuro y gigantesco recinto. Recordó todos los que habían venido a él. Estaba ahí para eso, para recodarle a Byron, a todos los que le habían seguido, y a todos los que habían disfrutado con su castigo que su gloría jamás sería mermada por alguien como la Reina Madre, y que estuviese vivo y su nombre fuese conocido aún en la esclavitud era la prueba más grande. –El anciano se ha exiliado. No sé qué le ocurrió, pero el Comandante, ha dejado de estar ciego igual que nosotros. Victoria sigue con vida, poco o más nada puedo decir de ella. Arkay…– Un ligero silencio denotó lo difícil de ahora tener presente que su mejor amigo y él ahora seguían una senda en la que seguramente tendrían que enfrentarse. –…Es el Comandante de la Marina.– Sopeso en un ligero silencio. –Hemos cambiado.– Volvió la mirada a este. –Aun así, me reconforta ver en los ojos de cada uno a los mismos dragones que confiaron en mí.
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Re: Arcángeles: Capitán y Sargento [Byron]

Mensaje por Varlaam el Lun Sep 24 2018, 01:04

Las soldados de Varlaam, siempre Arcángeles para él, tal como lo había mencionado hacia algunas noches cuando su Alférez había aparecido ante él una vez más después de doscientos años, habían visto siempre en el que otrora fuese el glorioso Capitán de los Arcángeles a un dragón de voluntad fuerte. Ese deseo, esa impetuosidad era parte de lo que muchos dragones habían visto en el deseo de inmortalidad y gloria de Varlaam, anhelando con demasía la guerra para alcanzar por fin la tan anhelada gloria, pero también habían descubierto en el vigoroso dragón a alguien cercano. Todos los miembros del escuadrón extinto, los Arcángeles, eran inspirados tanto por el vigor y palabras, como por el innegable talento para la batalla que el dragón tenía. Varlaam Escama Roja era un Capitán muy cercano a sus hombres. La lealtad y el honor era el vínculo más fuerte que los unía, y siendo un dragón tan apasionado como él, esa cercanía era imposible de ignorar, olvidar y marcar, a pesar de que los años pasasen y fuesen muchos.

Ese vínculo irrompible, que seguía vivo y ardía al igual que la voluntad del dragón que les hubiese hecho unir sus espadas con el fin de seguir un destino lleno de gloria, tal como el sol, era el mismo por el cual el dragón podía hoy hablar de aquella manera con su antiguo subordinado. Con todos y cada uno, inclusive con su antiguo Comandante, a pesar de que entre ambos hubiese muchas más cosas a las que Varlaam, preso de su orgullo, le achacaba parte de su incontenible ira. Ese vínculo era el que le permitía reconocer ahora mismo que él y su antiguo Sargento compartían hoy más cosas que en el pasado. No sabía si el mismo deseo de gloria por el cual Varlaam seguía ahí, el mismo por el que Byron y los demás le habían seguido. El vigoroso dragón no se había apresurado a preguntar aquello tampoco, pero si sabía bien que de forma innegable Byron y él podían compartir hoy más cosas de las que nunca habían compartido.

Identificarse el uno con el otro. El orgulloso dragón miró a su amigo, con el rostro lleno de arrogancia, tal como era recordado y conocido siempre. Para Byron no era para nada extrañó eso, ese era Varlaam. Una mirada llena de confianza y de altivez tan característica que hacían de su humano semblante uno dificultosamente difícil de olvidar, más cuando tal orgullo dragónico era tan impropio de alguien que a ojos de la sociedad no tenía ningún motivo por el cual sentir orgullo cuando su cuello era adornado por una argolla de jade que dejaba de manifiesto su posición. Encaró los ojos del otro rubio, escuchando sus palabras de apoyo, y solo desvió sus ojos a otro lado, sabiendo bien que aunque su antiguo Sargento lo apoyase, no veía con buenos ojos la muerte de otro dragón. Aun así, cuando estabas en la arena, no había razas. Así era como Varlaam entendía el mundo. En la arena habían enemigos, y su padre: humano, dragón o incluso híbrido, era sus enemigo y nada más. El pertenecer o no a una raza no le iban a minimizar su venganza y su gloria.

Byron debía saber eso y entenderlo, si realmente conocía a Varlaam. Para Varlaam no existía realmente un sentido de pertenencia racial, al menos no cuando se trataba de la batalla. Todos eran iguales ante el filo de una espada y ante la guerra. Prefirió dejar pasar el tema y caminó un poco por la arena, mirando la espada de madera en su mano e iluminados por la luz de la luna. –A quienes he debido.– Respondió, directo y seco, deteniéndose y mirando hacía las gradas y admirando la majestuosidad del Coliseo. Sus encuentros, siendo Byron el último que había ido a reencontrarse con él le eran no nada más que una mera coincidencia, sino un recuerdo ferviente que avivan en él la llama del deseo de gloria, y engrandecían su ira alimentándose de los recuerdos y la inconclusa promesa que les había hecho y hoy seguía sin cumplirse a causa de la falsa reina. –A quienes he necesitado…– Volvió a declarar, y miró de nuevo a los ojos a Byron. –…Para no olvidar a causa de quienes hoy más que nunca las voces y las paredes de este lugar deben solo declarar el nombre al que quienes quisieron machacarnos deben temer. Mi nombre.
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