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Chasing rumors ··Alexander Mizure··

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Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Shahisha el Mar Mayo 15 2018, 17:08

A aquellas horas de la tarde el ambiente era tranquilo en la trastienda del establecimiento de Shahisha. La mayoría de sus empleados humanos se habían retirado a sus hogares y sólo quedaba para ocupar el lugar de trabajo. Tenía su propio estudio privado, apartado y clausurado por una puerta con cerradura de la que solo ella tenía la llave, pero aquel espacio abierto le gustaba más. El olor del cuero, el metal templado, el polvillo brillante que flotaba en el aire como una danza sin música… a veces ni siquiera trabajaba, sólo se quedaba allí, contemplando la sencilla belleza de un lugar vivo. Pero aquel no era uno de sus días contemplativos.
           La luz incidía en diagolnal desde las ventanas a medida que el sol abrasador que iluminaba Talos descendía por la bóveda celeste. Todos los candiles e iluminaciones supletorias estaban apagadas a excepción de una, la de su mesa. El candil estaba diseñado de tal forma que no tenía abertura superior, contenía la luz dentro de sus paredes candentes de metal y la expulsaba por una abetura redonda gracias a un juego de espejos que amplificaba la iluminación. Mirar la pieza de la armadura con la que estaba trabajando podía hacer daño a los ojos de aquel que no estuviera acostumbrado. Las pupilas de Shahisha se contraían al máximo para embeber los detalles mientras trabajaba con una pieza de metal que ocupaba la mitad de la mesa. La forma curva del peto había sido diseñada para marcar un pectoral masculino y firme, y sobre ella se inclinaba Shahisha, acompañada por el rítmico sonido de un martillo diminuto y los arañazos del cincel sobre el metal. El encargo era tan sencillo como intrincado, una única ornamentación que ocupara todo el pectoral, un dragón con las fauces abiertas a punto de escupir fuego. Era un trabajo que requería precisión, mimo y, sobre todo, paciencia. Llevaba tres días trabajando las escamas de su boceto inicial y todavía le quedaban varias jornadas de trabajo.
            —Señora.
            La empleada humana se quedó a las puertas de la trastienda, esperando en silencio a que la dragona saliera de la concentración en la que estaba sumida. Como respuesta sólo halló un nuevo tintineo.
            —Señora, hay un hombre esperándola en la galería. Viene de parte del ejército.
            Con un gruñido bajo Shahisha levantó la cabeza del trabajo y solpó sobre la pieza, espantándo en una ventolera motitas y láminas de metal. Levantó la cabeza del trabajo y dejó aparte las herramientas.
              —¿Os ha dicho que le trae aquí?
            —Quiere hablar con vos.
              —Muy bien. Que espere. Dile que saldré enseguida.
            La esclava abandonó la habitación consciente de que Shahisha no tenía intención de salir enseguida. Se levantó, casi con pereza, quitándose el mandil de cuero negro. Dio unos pasos atrás y contempló la pieza, bastante satisfecha con el avance. Después se acercó a una esquina del taller donde había una palangana, espejo y jabón. Dedicó unos buenos minutos a lavarse las manos, entre los dedos y debajo de las uñas extremadamente cortas, se soltó el pelo y se sacudió la ropa. Las prendas de trabajo no eran la mejor puesta en escena para presentarse delante de un miembro del ejército pero tendría que contentarse con eso. De hecho estaba segura de que sentiría cierto deleite si este la censuraba con la mirada. Gozó de otro minuto de espera antes de alzar la barbilla y salir de la trastienda.
            Tuvo que parpadear un par de veces para acostumbrarse a la luz. Los focos directos del taller eran un contraste con la luz baja del mismo pero atravesar la puerta de la galería era como pasar a otro mundo. Allí todo era luz, amplios ventanales que daban a las calles comerciales, lámparas que iluminaban y superficies brillantes, acristaladas, que reflejaban la luz y dejaban ver al mismo tiempo las joyas que guardaban con celo tras cerrojos. Las hechuras del militar intimidaban de forma obvia a la dependienta, que estaba más acostumbrada a tratar con dragonas adineradas y criadas con el recado de recoger encargos. A Shahisha, sin embargo, no le decía nada.
            —Buenos días, caballero. ¿En qué puedo ayudarle?




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Alexander Mizure el Dom Mayo 20 2018, 11:49

Alexander suspiró resignado. La tarea que le habían asignado ese día no podía apetecerle menos. Ser capitán tendría suponer que en la mayoría de las ocasiones eras tu quién asignaba las órdenes y las tareas pendientes pero ser humano implicaba que por mucho que te esforzaras siempre habría una apestosa lagartija dándole órdenes, por mucho que te esfuerces siempre seguirás un simple lacayo sobre el que manda esos malditos dragones. No le importaba tanto cuando se trataba de asuntos humanos, esos donde tenía dominio y eran lo que les importaban. Pero esa vez les habían asignado una tarea de última hora, de una forma tan repentina que todos sus hombres tenían ya tareas asignadas, aunque Alexander sintió una gran tentación de cambiar aunque fuera a última hora pero su compasión pudo más y prefirió hacer esa tarea el mismo.

Algo que agriaba bastante su humor, la tarea consistía en ir al negocio de una dragona y supervisarla ya que había habido sospechas de que era una sospecha. Pero el punto es que esas acusaciones ya se habían demostrado como falsas y aún así seguían mareando a los soldados para que fueran a perder su tiempo allí. Por qué no, a pesar de ser terreno de los inquisidores ellos “tenían cosas demasiado importantes que hacer” como para malgastar el tiempo de esa manera. Y obviamente sentiría lastima por la chica que recibió esas acusaciones pero… era una maldita dragona. ¡Qué se vaya al diablo! Si realmente la razón había sido que hacía obras demasiado buenas para ser dragona, no había que ser muy listo para comprender el motivo. Esas obras ni siquiera serían obra suya, seguro serían creaciones de sus esclavos y ella las hacía pasar como sus propias creaciones para ganarse una fama completamente inmerecida así que era una lástima que no le hubiera ido peor. Además los dragones no eran capaces de hacer arte por el simple hecho de que para ello hace falta una naturaleza creadora y armoniosa, en cambio ellos eran mera destrucción. Lo único que sabían hacer era apoderarse de lo que no es suyo o destruirlo. Solamente eso.

Antes de entrar a la tienda, tuvo que respirar profundo y tomar una buena bocanada de aire para tranquilizarse la irritación que sentía ante esa dichosa tarea. Al cruzar a la tienda tuvo que mantener una expresión completamente pétrea para no traslucir la furia que sintió al ver a una humana atendiendo la tienda. Esclava seguro, esa tienda debía estar llena de esclavos trabajando sin descanso para complacer los caprichos de fama y poder de su propietaria.

-Buenas tardes, me gustaría hablar con la señorita Shahisha -le dijo a la dependienta con cordialidad y educación, pero algo de seriedad debido a su postura militar.
-En seguida, señor -respondió servilmente antes de desaparecer por la puerta que llevaría a la trastienda, seguro ahí era donde la dragona escondía a los esclavos que le hacían todo el trabajo. La dependienta regresó poco después para anunciar: -ahora viene, señor.

Aunque claro, se trataba de una dragona así que no saldría pronto. Para nada. Antes tenía que hacerse la importante y tardar un rato largo solo para señalarlo. En plan: “soy una dragona y hasta el ejército debe esperar por mi porque soy muy importante”. Cuando por fin lo hizo, apareció con la ropa del trabajo a lo que Alexander tuvo que contener un resoplido burlón. Una cosa es que obligara a sus esclavos a trabajar y vendiera sus obras como suyas, era lo que todos los dragones hacían, pero ¿Tantas ganas de aparentar que trabajaba en algo más que en dar órdenes y aterrorizar a sus esclavos tenía? Si a  los altos cargos les daba igual mientras no fuera una híbrida.

-Buenas tardes, señorita -la saludo cordialmente y hasta con una sonrisa amable -como se imaginara vengo de parte del ejército para hacerle una supervisión. Pero no se preocupe, espero realizarla lo más rápido posible para no robarle demasiado tiempo.

Dijo de manera cordial y sin traslucir nada de lo que realmente pensaba o de lo que sentía. Su rostro era impenetrable debido a toda la experiencia que había ganado en el ejército. Si no hubiera aprendido a ocultar muy bien esas cosas y ganarse la simpatía de los dragones no hubiera podido llegar a ser capitán del ejército. Razón por la que era un experto y era muy difícil ver a través de su armadura.




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Shahisha el Lun Mayo 21 2018, 19:39

            Shahisha tardó un segundo de más en percatarse de lo que tenía delante. Al principio había pensado que no sería más que otro patán con un montón de cuchillos y espadas a los que no les daba uso y quería que fueran engalanados para colgarlos en la pared de algún salón o una habitación de coleccionista También cabía la posibilidad de que quisiera encargar algún regalo para un familiar, pero en cuanto lo vió allí plantado supo de inmediato cuáles eran sus intenciones. Los humanos no podían permitirse el precio de su trabajo, así que un militar humano apestaba a influencias de la inquisición. Se contuvo para no fruncir el labio, que lo mandaran precisamente a él era una forma sutil de insultarla. Militares, lo suficientemente importantes para tener que abrirles la puerta, pero humanos, lo suficientemente prescindibles para encargarles aquello. Por supuesto, esos arrogantes cortos de miras no iban a dedicar el tiempo de un dragón, como si sus minutos valieran más que los de aquel muchacho. Empezó a sentir más desidia que disgusto.
            —¿Una supervisión? Pensaba que mi caso había sido justamente ratificado en la Inquisición, caballero. Resuleto a mi favor, si me permite añadirlo —se cruzó de brazos mientras hablaba—Ya que usted conoce mi nombre no estaría de más estar en igualdad de condiciones.— Devió la atención hacia una de las cristaleras. Intentaba guiarse de la luz para estimar que hora era—. Si me permite…
            La dependienta se había quedado en la parte de atrás, protegida por la media altura de uno de los mostradores. Paño en mano sacaba brillo y eliminaba polvo y marcas de dedos de las cristaleras de seguridad que protegían el género, como si formara parte del telón de fondo, perdiéndose en el decorado. Se acercó a ella con naturalidad, posándo la mano en su brazo para detenerla.
            —Sé que es pronto pero echa las cortinas y cuelga el cartel de cerrado —dijo bajando la voz—. Temo que el caballero va a quedarse más de lo que me gustaría, echa el cierre y ven a verme, por si necesita hacerte algunas preguntas. Después vete a casa, no pasa nada.
Asintió con timidez, mirándo de reojo al militar mientras dejaba el trapo y buscaba bajo el mostrador el cartel de cerrado y unos juegos de llaves para cerrar vitrinas, ventanales y puertas antes de colocar pesados paneles de madera enrejada que componían la seguridad exterior del local. Shahisha encaró otra vez al militar.
            —Creo que ambos ahorraremos tiempo si no tenemos interrupciones. ¿Va a empezar por mi aposento, quiere mirar el taller o va a cachearme directamente?
            Preguntó sin un ápice de retintín en su voz, asquerosamente acostumbrada a los escasos modales que la milicia y la inquisición aplicaban cuando querían llegar al fondo de un asunto.




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Alexander Mizure el Vie Mayo 25 2018, 19:23

Saltaba a la vista que esa dragona no se sentía nada feliz de tenerlo en su tienda pero él se alegraba aún menos de estar ahí y tener que soportar ese trago amargo con la dragona en lugar de estar haciendo algo mejor. Pero claro, los dragones se sentían demasiado importantes como para echar a perder su tiempo y tenían que hacérselo perder a otros.

-Me imagino, si no se hubiera resuelto a tu favor estarías en un lío mucho más gordo. Ya sabes, mazmorras, grilletes, torturas, nada placentero. Así que agradece que una simple supervisión sea el menor de tus problemas.

Le dijo con seriedad pero bromeando de manera macabra al referirse a la inquisición. Pero era verdad, si estuvo metido en un problema tan grande con la inquisición tuvo mucha suerte de salir indemne pero era obvio que la inquisición no la dejaría en paz así como así. Lo más probable es que no tuvieran pensado olvidarla por un buen tiempo y lo mejor que podía hacer Shahisha es sentirse aliviada de que lo peor hubiera pasado. Aunque obviamente Alexander no lo expresaría de esa manera. Uno, por ser dragona y dos, por no mostrarse excesivamente blando a la hora de desempeñar su trabajo. Con los humanos podía hacerlo pero una dragona podía apuñalarte por la espalda y aprovecharse de ese buen lado que le mostrarte. Antes de mostrar cierta bondad valía la pena asegurarse de que no era la dragona equivocada para hacerlo.

Alexander adquirió una expresión reflexiva tras que la dragona indagara sobre su nombre. Le dedico una mirada cargada y la observo durante unos instantes.
-Alexander -profirió mientras emitía un suspiro resignado. No le gustaba que una dragona conociera su nombre pero tenía razón, era lo justo.

-Le permito
-respondió Alexander mientras se cruzaba de brazos para observar como la dragona se acercaba a la dependienta y hablaba con ella para que se marchara y dejará el cártel de cerrado, le sorprendió que no hablara como si fuera una esclava. Algo que era bastante común en la mayoría de dragones. Aunque evidente no le gusto la frase —. Temo que el caballero va a quedarse más de lo que me gustaría. Como si a él le hiciera gracia perder el tiempo en aquel lugar, si fuera por él ni siquiera hubiera aparecido pero la misión era la misión por irrelevante que pareciera.

Asistió a las palabras de la dragona de estar mejor sin interrupciones y luego concentró su mirada en ella cuando le pregunto que prefería hacer.
-Por el taller.-Respondió con seguridad -Me gustaría ver el trabajo que se realiza aquí.
Realmente el trabajo era la principal razón por la que se inició todo en primer lugar, así que era lógico empezar por ese lugar.  Esa dragona había sido investigada hasta la saciedad por la inquisición así que era poco probable que escondiera algo en su cuarto y mucho menos encima suya. Además no le hacía ninguna gracia tener que cachear a una dragona, prefería guardar las distancias siempre que le era posible.




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Shahisha el Lun Jun 04 2018, 23:10

La respuesta resuelta y de escasa sutileza del humano consigue sorprenderla. Le mira de arriba abajo, calibrándole. Inteligente, demasiado atrevido para un humano en su posición. Demonios, ¿acaso iba a gustarle aquella actitud? No debería, desde luego, pero encontraba profundamente divertido el comportamiento del militar.
            —Vaya, vaya… No te faltan agallas, muchacho. Inclinó la cabeza a un lado ligeramente, esbozando una sonrisa ladeada— Adelante.
            Se echa a un lado para dejarle un plano visual de la tienda. No hay nada diferente a lo que podría haber en cualquier otra joyería de cierto éxito en la ciudad. De hecho, en la parte delantera no hay nada inusual en absoluto. Apuntó mentalmente su nombre, lamentando que fuera tan escueto en datos pero siendo del ejército tampoco debería mostrarse demasiado exigente con su persona. Había caminado por esa cuerda floja antes y sabía lo delicado que podía ser el equilibrio de los militares y la inquisición. La broma de Alexander tenía poco de divertido en realidad. Si no hubiera sido una acusación falta de cimientos habría estado muy cerca de rozar las mazmorras de la Inquisición. Sólo el pensamiento le producía escalofríos. Tres años de existencia eran suficientes para labararse una reputación que podía hacer temblar al más valiente de los dragones al servicio de la Reina. Al volver a su lado tuvo que tragarse una carcajada irónica.
            —Lo tiene delante, pero si es lo que quiere… Sígame, Alexander.
Miró por encima del hombro, echando una última mirada  a la dependienta. Toda la incomodidad y miedo que debería sentir Shahisha lo sentía la muchacha, que hacía un verdadero esfuerzo por que no le temblasen las manos. Un militar, humano o dragón, siempre es un militar. Intentó transmitirle algo de seguridad antes de abrir paso por la puerta del taller, franqueando a Alexander al interior. En general estaba oscuro, en ausencia de la luz del día sólo quedaba la lámpara de su mesa de trabajo encendida, enfocando directamente la pieza que se había quedado a medias.
            Shahisha se quedó cerca de la puerta con los brazos cruzados, contemplando su taller. No era la primera vez que tenía que tragarse el orgullo, apretar los dientes y permitir que aquellos bárbaros entraran en aquel lugar, lo más cercano a un templo que había conocido en su vida. Allí sus horas se fundían en el calor del trabajo, no había noción del tiempo ni la realidad cuando tenía las manos ocupadas. La suerte había hecho que Alexander llegara tarde y no hubiera ningún humano trabajando en aquel momento. Los pobres se habían acostumbrado a mentir, la mayoría de ellos habían sido sus mentores aunque de cara a la galería los humanos susurraran que Shahisha se aprovechaba de su trabajo. Apretó los puños, clavando una mirada de odio en la nuca de Alexander. Aquel hombre que no entendería lo más mínimo de orfebrería ni arte no tenía derecho a estar allí, en su lugar más sagrado. Y, sin embargo, allí estaba.
La distribución era sencilla, dada a la practicidad antes que a la belleza. Todos los muebles tenían ralladuras y marcas de uso. Una serie de mesas de trabajo con banquetas de trabajo ocupaban el centro del taller, cada con su linterna apagada, a excepción de la de Shahisha. Las paredes estaban cubiertas de planchas de las que colgaban herramientas, armarios y estanterías de materiales. Al fondo, a la izquierda, cerca del exterior, estaba situada la pequeña forja que poseía y las herramientas de fundición.
            —Esos muebles de almacenamiento tienen materiales básicos. Si quiere revisar los del otro lado tengo que ir a buscar la llave, contienen recursos de más valor que no dejo al alcance de todos los orfebres.




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Alexander Mizure el Mar Jul 03 2018, 23:23

Alexander se percató de la sorpresa en el rostro de la dragona y como lo observaba de arriba abajo evaluandolo. Aunque debía tener cuidado con las lagartijas no pudo evitar sentir cierto regocijo ante ello y como su impertinencia logró cierto reconocimiento de esa lagartija. Aunque no le hizo tanta gracia que lo llamará muchacho con los años y responsabilidad que ya tenía. La máxima que un humano podía poseer en esa maldita ciudad.

-Gracias, aunque considero que ya tengo suficiente edad como para ser considerado un muchacho -recalcó Alexander con tono respetuoso y honestidad a pesar del cierto deje de irónica. Con pasos decididos y firmes se adentro en la tienda.

Otra vez su boca amenazaba por poner su cabeza en riesgos pero sus palabras eran completamente ciertas. Para un humano ya tenía una edad avanzada con la que difícilmente podía ser considerado un crío aunque era verdad que una dragona siempre tendría más años y una mayor posición social, para su desgracia.

El lugar no tenía que llamará su atención, se veía exactamente igual a cualquier otro negocio de Talos. Aunque no sabía que esperaba, era obvio que los superiores solo le habían mandado a ese lugar para hacer perder el tiempo a los que ellos consideran sus débiles e inferiores subordinados.

Alexander se quedó observando a la dragona con cierta extrañeza cuando comenzó a reírse hasta que respondió que lo tenía delante refiriéndose a lo que él había comentado de ver el trabajo que se hacía ahí. Alexander asistió a la petición de seguirla.

Realmente no tenía muchas ganas de estar ahí pero era su trabajo así que no tenía otra opción. Siguió a la dragona hacia el interior entrando en una estancia oscura a la que haría falta la luz del sol. Solo era alumbrada por una pequeña lamparita. Era una sala algo tétrica y más en compañía de una dragona.

Alexander observó con diligencia cada detalle de aquel lugar. No porque le interesará realmente solo era su trabajo y tenía que realizarlo lo mejor posible para permanecer tranquilo. Hacía calor y la sensación se intensificó por unos momentos, pero a Alexander nunca le había afectado demasiado el calor.  Los muebles tenían ralladuras y marcas que reflejaban su deterioro y unas incómodas banquetas dominaban la estancia. Las paredes estaban cubiertas por planchas con diferentes herramientas. También había armarios y estanterías con herramientas. Era una mezcla entre lo normal de un taller y el cubil de una bestia dracónica. Ni se imaginaba a los desdichados que eran obligados a trabajar en ese lugar seguramente bajo condiciones inhumanas de trabajo y durante excesivos turnos de trabajo donde esa dragona apenas les daba un respiro. Era una pena que al ejército les importará bien poco el bienestar de los humanos y solo les importaba que la reina viera traidores en todos lados.

Alexander se limitaba a observar sin tocar nada, hasta que la dragona hablo y él se volteó para observar su rostro de pocos amigos.
-Por supuesto, ve a por la llave -dijo con tono pensativo mientras observaba los muebles cerrados con llave -debó supervisarlo todo.




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Re: Chasing rumors ··Alexander Mizure··

Mensaje por Shahisha el Vie Ago 24 2018, 00:47

            —Por supuesto, discúlpeme. No quiera la Reina que ofenda a uno de sus soldados…
            Dijo implicando cierto retintín a sus palabras, pero en un aprendido tono de la corte que no daba espacio a réplica. Era el tipo de acidez que había aprendido de su madre para sobrevivir en los ambientes más exquisitos de la corte, lugar que odiaba.
            No pudo evitar cerrar los puños mientras la figura enhiesta del soldado se internaba en su santuario de artesana. Evidentemente aquella mirada crítica y la postura rígida, marcial, no pertenecían a un lugar de creación como su taller. La sola presencia de soldados, otra vez, husmeando en sus asuntos le instalaba debajo de la lengua un cosquilleo de rabia e indignación. Por lo menos este tenía las manos en su sitio, aunque Shahisha no descartaba que fuera una orden directa. Un humano entrando en su taller y toqueteándolo todo sin tan siquiera un general dragón a su lado para impartir las órdenes pertinentes era tanto un escándalo como un insulto hacia su persona.
            —Desde luego.
            Se llevó la mano al bolsillo. Tanteo con cuidado, primero. Tenía la mala manía de dejarse en los bolsillos todo tipo de herramientas y recursos, desde pequeños cristales decorativos hasta gubias afiladas. No siempre terminaba bien el asunto, así que tras asegurarse de que no había nada peligroso, introdujo la mano en busca de las llaves. No estaban allí. Hizo un mohín antes de dirigirse a la zona de los mostradores. Estaban debajo de la caja, donde la empleada las había dejado al cerrar las persianas.
            El manojo era tan grande como podía haberse supuesto. A parte de las llaves de la puerta exterior y sus estancias privadas, la arandela de metal cargaba todo tipo de formas y dientes que abrían multitud de cerraduras: la caja del dinero, cajones de joyas valiosas, armarios y baúles de utensilios caros… Sólo existía una copia de cada llave, y todas las portaba ella. Volvió al taller, con la inquietud de su el soldado habría tocado algo de su trabajo. Si echaba algo a perder exigiría una compensación.
            —Si me permite…
            Pidió paso, acercándose al armario en cuestión cuando el corpulento muchacho se lo concedió. Después de un par de giros y tintineos la puerta cedió. Los cajones del interior estaban pulcramente organizados por categorías, cada uno con una etiqueta que rezaba su contenido: diamantes, rubíes, zafiros, lapislázuli, ojo de tigre, ópalos, corales, jaspes rojos. El contenido de ese armario era, de por sí, un tesoro más que respetable, sin tener en cuenta las joyas ya terminadas.
            —Esto es lo que tenemos aquí. Baratijas, como puede ver.




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