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[FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Dom Mayo 06 2018, 19:50




Todavía podía percibir ese estado latente de insurgencia en la ciudad. En la plaza destrozada que tenía delante. La sangre decorando los adoquines elevados a causa de pisotones o explosiones, demasiados escombros apilados a causa del atentado de los resistente. El caos parecía seguir rebotando en sus oídos en un eco lastimero y doloroso; podía recordar los gritos de dolor de un niño al verse al lado de su madre fallecida. Las súplicas de los soldados y los ciudadanos aterrados por perder la vida a manos de uno de los bandos. Sus músculos recordaron cómo había bajado los escalones del Templo y atravesando parte de la plaza para alcanzar a una pequeña niña. Invisible ante la revuelta y que lloraba desesperada. De pie. Gritando a pleno pulmón entre el sonido de la batalla. Creyó percibir el característico y nauseabundo olor a carne quemada causado por la flamas anaranjadas que el dragón había escupido para inundar gran parte de la plaza. Cuando alcanzó a la niña la había abrazado con todas sus fuerzas entre la incertidumbre de verse muerta. Las llamas que lamían el lugar se alzaban aterradoras a su en rededor; la niña gritaba y ella intentaba calmarla. Todo parecía perdido, cada uno de los caminos, de los cuerpos caídos, los llantos brotando entre esa macabra danza entre soldados y rebeldes, hasta que él las salvó.

Etta, ¿podrías ayudarnos aquí? —la voz de su compañera, Charlotte, hizo que dejara de mirar la destrozada plaza.
Sí, disculpame —se excusó desviando la mirada al suelo unos segundos.

El recuerdo había obnubilado su tarea principal. Los heridos seguían su descenso de las Montañas Quemadas; camastros demasiado juntos se acumulaban en las cercanías del Templo para que los feligreses y creyentes pudieran ser atendidos en la improvisada campaña. Para su desgracia, muchos otros cuerpos se dirigían en carromatos directos al camposanto donde serían sepultados en una fosa común, a menos que alguien reclamara su cuerpo o pudiera costear un entierro distinto. Apoyó al lado de la puerta la escoba con la que había estado recogiendo parte de los guijarros que obstaculizan la entrada del Templo y se limpió las sucias manos llenas de polvo en el pequeño delantal que cubría la toga rojiza.

¡¡¡¡¡¡AAaagggGHhh!!!!!

Un agónico y doloroso grito retumbó a través de los heridos. Los que se encontraban en las improvisadas camas y mantas miraron al hombre con variopintas expresiones. Percibió como su vello se erizaba y respondía ante el temor de ver otra vida pereciendo. Los cerúleos se contrajeron alarmantes cuando comprobó como su compañera parecía pelearse con el dueño de los incesantes gritos.

¡Estaos quieto!¡Intentamos ayudarle! —suplicaba Charlotte— Etta, no consigo que se tranquilice..
Está sufriendo un ataque, se le ha pasado el analgésico del ungüento —el temblor inquietante del varón parecía remitir poco a poco—. Ve al Templo; trae el tarro de caléndula, las hojas de aloe vera, compresas y agua fría. La más fría que encuentres, Charlotte.
Pero..
Ve, yo lo retendré si vuelve a darle un ataque —comentó para tranquilizarla.

De nada servía retener a un hombre en un camilla si no se menguaba el dolor que causaba su desdicha y dolor. La presión ejercida sobre el hombre por el cuerpo de Charlotte disminuyó cuando ésta lo liberó de su bloqueo y se dirigió hacia el Templo. El hombre, entre leves aspavientos y murmullos de dolor seguía debatiéndose entre las pesadillas y la realidad. Etta se sentó a su lado y tomó su mano en un impulso por tranquilizarlo. Por transmitirle cierta apacibilidad y que supiera que no estaba solo. Sus ojos danzaron sobre el vendaje ensangrentado revelando demasiado: la sangre de un color negruzco se había tornado escarlata. Notó la presión de la mano del hombre en la propia y un nuevo ataque se inició.

¡¡¡¡¡¡AAaaaggghhAAAagggGHhh!!!!!

Tranquilizaos, estáis perdiendo demasiado sangre. ¡Tranquilizaos!—. La castaña se sintió sacudida en el intento por apresarlo con su propio cuerpo, por retenerlo en la cama que parecía querer sacarlo despedido, y con él a ella. Pero el hombre no parecía entenderla. Un golpe inconsciente salió despedido contra ella, entre la angustia y el dolor del puñetazo recibido se sintió exhausta. Los brazos electrizantes por el calvario sufrido salieron de nuevo despedidos en el intento por a-saber-qué y volvieron a golpearla ante su insistencia de que se estuviera quieto.
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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Jue Mayo 10 2018, 22:38

Alexander atravesaba la plaza destruida mientras observaba compungido toda la destrucción que allí se había vívido. La sangre había anegado el suelo, había restos carbonizados por todo el lugar y eso sin hablar de los cascotes que quedaban la plaza. Toda esa destrucción hacía que los recuerdos regresaran a su mente y con ellos las dudas, la incertidumbre de haber perdido el último resquicio de fe que le quedaba en el mundo.

Siempre había visto a los dragones y al maldito imperio del fuego como el gran mal al que había que derrotar para que el mundo fuera mejor. Y por eso siempre había visto a la resistencia como los buenos, los que combatían ese mal. Así se lo había transmitido su hermano quién a pesar de haberse unido al ejército era un infiltrado de la resistencia que pensaba en los ideales de la igualdad entre especies y que el mundo un día sería mejor. El había muerto y ahora Alexander estaba siguiendo sus pasos pero ahora se preguntaba si todo había sido un grave error.

Tal vez no eran los héroes que Alexander había pensado, tan sólo utilizaban a los humanos en su beneficio para lograr sus ocultas pero verdaderas metas bajo esa fachada de luchar por el bien de todos. Una mentira y la destrucción de la plaza la había dejado al descubierto. Tan solo eran la otra cara de la moneda. Luchaban contra la reina pero eran igual a ella.

Eso era lo que le confirmaba la manera en que tanta gente había perdido la vida por su causa y no pareció importarles. Alexander había sido testigo de cómo muchos de sus compañeros habían sido asesinados con suma crueldad y hasta muchos inocentes habían salido heridos o muertos de la peor de las maneras. Incluso había visto como una niña pequeña había muerto calcinada ante sus propios ojos. De no haber intervenido un energúmeno también habría asesinado a una sacerdotisa, por suerte Alexander se había interpuesto y recibido una herida en el pecho que ya había sido tratada y puesto vendaje. De hecho tenía suerte de haber salido con vida, pero Alexander estaba hecho de una pasta más dura y había podido rajar el cuello del energúmeno y sobrevivir a su herida. De hecho, aún le dolía bastante y le recomendaron guardar reposo pero era demasiado inquieto y testarudo para hacerlo.

Pero el caso es que toda esa destrucción que veía ante sus ojos solo le servía para tomar una decisión. Aunque su plan inicial era valerse de la arrogancia y egocentrismo de los dragones para ganarse su confianza para luego traicionarlos y unirse a la resistencia en cuanto entrara en contacto con ellos, llevándose a su padre con el obviamente. Pero ya no podía hacerlo, no debía. Nunca podría unirse a un grupo con tanto aprecio por la vida humana. Eran iguales a los dragones pero al menos estos iban de frente, sabías cuales eran las reglas y cómo jugar con ellas para sobrevivir. Los resistentes habían demostrado ser falsos y traicioneros por lo que no sabía qué esperar de ellos y por supuesto no pensaba convertirse en un peón sacrificable para nadie y menos aún que su padre lo fuera.

Sus pensamientos fueron abruptamente interrumpidos cuando vio como la sacerdotisa  que había salvado trataba de controlar a un paciente que sufría de dolores atroces pero este era demasiado fuerte y la golpeaba. Alexander avanzó con decisión los antebrazos del hombre justo a tiempo para evitar que otro golpe consiguiera acertar en la sacerdotisa.

Alexander sujeto al hombre con firmeza pero suavidad para evitar que siguiera moviéndose y atacando a la sacerdotisa. Tal como su padre le había enseñado.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Alexander con voz afable mientras clavaba la mirada en ella luego giró la cabeza para mirar al moribundo -Deberías darle algo para quitarle el dolor... y evitar que se lo cause a otros.
Profirió Alexander mientras luchaba por sostener al enfermo, normalmente sería muy fácil pero ahora estaba herido y notaba como el dolor de esa herida comenzaba a acentuarse haciendo que comenzará a debilitarse.
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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Sáb Mayo 12 2018, 21:22

Etta dirigió una mirada alarmada al hombre que había retenido al herido. Quién había conseguido mitigar de forma abrupta los incesantes aspavientos causó que su mirada lo recorriera para examinarlo. Su entrecejo se unió lo suficiente para formar una pequeña arruga entre las cejas y los labios se presionaron en un gesto de preocupación. Mizure; así lo habían llamado sus compañeros cuando estaba inconsciente. Ese soldado tenía el infortunio de aparecer en los momentos más oportunos y problemáticos en los que ella se veía envuelta últimamente. Elevó los iris hasta entrelazar los mismos con los contrarios sin poder evitar apartar ese gesto entre preocupación y molestia, y estuvo tentada a cogerlo del brazo para arrastrarlo al camastro vacío más cercano. No lo comprendía. Nunca lo haría. ¿Por qué los soldados siempre eran tan horrendos pacientes?

No creo que estés en condiciones de preguntarme si estoy bien —replicó sin pensar para desviar después la vista al moribundo—. La medicación está de camino, Charlotte debe estar en la sala de curas en este instante, y no podemos culpar a los heridos por golpear a otros debido a la febrícula y el dolor. No son dueños de sus actos.

La zona golpeada se había convertido en un hormigueo molesto que, apostaba, se tornaría de un color morado con el paso de los días. Como casi todas las heridas, leves o profundas, que le causaban pues su nívea piel tendía a ser fácilmente marcada por cardenales o rozaduras. La vestal se acercó al camastro. La aguamarina mirada se centró en el soldado, se mordió dubidativa la parte interna del labio, y retornó al herido cuando los gritos se convirtieron en un mantra sin sentido. No le agradaba la idea de que él, precisamente él, la ayudara. No estando herido.

Deberías estar en una cama descansado —increpó cuando se arrodilló al lado del lecho. Sendas manos se dirigieron hacia el ennegrecido vendaje del herido grave y fue retirándolo con sumo cuidado a medida que hablaba—. No comprendo por qué no entiendes una simple frase como: “Necesitas reposo, es una herida grave, y no te esfuerces”. Ahora mismo estás haciendo esfuerzos innecesarios y conseguirás que se abra la herida. Luego te quejarás de que no es nada, que la sangre es porque está mal curada la herida, y me obligarás a recostarte en una cama para sostenerte yo misma. Porque sino no te estarás quieto, ya que debes cumplir tu deber y las órdenes encomendadas —siguió despotricando sin pensar demasiado debido a la falta de sueño, la preocupación o a saber qué la hacía hablar de más en ese instante—, y es que no consigo entender por qué no me haces caso. Bueno, la verdad es que si lo entiendo, eres un idiota redomado. De las opciones que han revoloteado por mi cabeza esa es la más factible y parece la más fiable. Creo que os instruyen así en el ejército…

La pierna del herido quedó al descubierto y los ojos de la vestal se entrecerraron ante la visión de la piel gelatinosa que parecía fundirse con los músculos y carnes vivas. Las motas rojizas de escarlata sangre se deslizaban a pequeñas dosis entremezcladas con la secreción purulenta de las propias heridas. No pudo evitar acercar un poco más la cabeza a la pierna y apoyar la mano sobre la rodilla ajena para que no le diera una patada. Y algo captó su atención, algo sumamente molesto y conocido, que parecía removerse inquieto en las primeras capas de carne muerta. Aire… sonaba a aire, una corriente burbujeante desde el interior de la pierna.

¿Tienes un cuchillo? —anunció con cierta preocupación y sin apartar la mirada de la putrefacta extremidad—. Parece que tiene gangrena gaseosa; necesito acuchillar la zona o tendremos que amputar la pierna.





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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Vie Mayo 18 2018, 16:29

La sacerdotisa le dedicó una mirada entre preocupada y molesta mientras fruncia el ceño. Alexander sabía porqué le miraba así pero no lo exteriorizo, simplemente mantuvo la mirada en los ojos de la sacerdotisa sosteniendole la mirada.

-A juzgar porque soy un soldado y acabo de ser testigo de cómo un paciente te golpeaba, me parece que sí estoy en condiciones de preguntarte -
recalcó con seriedad mientras mantenía sujeto al enfermo y omitía adrede la razón por la que sacerdotisa le había hecho ese comentario. La herida de su pecho que le palpitaba pero trataba de ignorar.

Cuando la sacerdotisa le comentó que la medicina estaba de camino y que no era culpa del enfermo fue que Alexander apartó la mirada de la chica para observar al paciente con compasión.
-Lo sé -comentó con lastima y resignación mientras observaba al moribundo antes de volver a dirigir su vista sobre la sacerdotisa -pero eso no significa que vaya a permitir que siga haciendo daño a otras personas o a sí mismo.

Fue entonces que la sacerdotisa comenzó a sermonearle, no es que no hubiera esa clase de discursos antes por algo era hijo de un sanador y siempre que se hacía una herida pasaba lo mismo. Pero esa vez hubo algo diferente tal vez fue que aquella sacerdotisa se veía muy tierna regañandolo de esa manera y hasta se le hacía divertido. Tal vez fuera por sus cabellos castaños y esa cara tan inocente o la forma en que comenzaba a hablar sin parar y acertando como era Alexander apenas conocerlo. Pero el caso es que en lugar de enojarlo o causarle molestia alguna le provocó una gran curiosidad mientras la observaba detenidamente como se observa a una criatura curiosa.
-¿Me conocías de antes o es que puedes ver el futuro? -preguntó mostrándose completamente imperturbable por su regaño a la par que con curiosidad y el sarcasmo reflejado en su voz -porque es tremendamente exacto y probablemente es lo que llegue a suceder. Pero me alegra saber que estarás ahí para sostenerme.

Dijo lo último con una leve sonrisa, lo más probable es que a la chica le dieran ganas de darle un puñetazo o algo pero la verdad es que eso no le preocupaba en ese momento. Él era así y no pensaba cambiar. Aunque sabía que no le faltaba razón a la sacerdotisa, algo que le recordaba el incesante ardor de su pecho, Alexander era demasiado cabezota y orgulloso como para eso.

Por un momento, Alexander se había olvidado del herido y que aún lo sujetaba hasta que su pierna quedó descubierta y pudo observar la gangrena dominandolo. La sacerdotisa le pidió un cuchillo y Alexander asistió.
-Por suerte, sí que tengo -comenzó a decir mientras llevaba las manos al lugar donde lo guardaba y le enseñaba un cuchillo enfundado en su vaina antes de posárselo con cuidado en su mano -aquí lo tienes.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Dom Mayo 20 2018, 01:27

La castaña entreabrió los labios para expresar una sucinta queja sobre las reclamaciones del soldado. ¿En serio le estaba dando lecciones de encubierta preocupación? Por el amor a la Diosa… Era un hecho: No comprendía a los soldados. Estaba fuera de su saber el por qué tendían a ser tan irresponsables y poco cuidadosos. Presionó los labios en su queja muda para no recriminarle nada; porque ella no debía hacerlo. No con un soldado de la Reina. O la Guardiana la encerraría en una oscura estancia durante días.

Fue curioso ver como la compasión de Mizure lo llevaba a querer proteger a los desconocidos: tanto el moribundo como ella, en esa encubierta responsabilidad del ejército. Mas ella lo sabía, por alguna razón comprendía que esas acciones eran debidas a algo más -a algo desconocido para ella-, porque muchos soldados habrían mirado como el moribundo seguía golpeándola por el dolor o simplemente habrían optado por una vía más fácil: la muerte. No habría sido la primera vez, ni la última que lo presenciara. De eso estaba segura. Él era un poco diferente. Sólo un poco. Y quizás fue esa pequeña diferencia la que la llevó a reprenderlo de manera tan natural.

¿Disculpa?—. La pregunta la sacó de su examen visual de la pierna gangrenada. Una arruguita se formó entre sus cejas en un intento por entender a qué se refería pero lo que la incomodó fue ese tono sarcástico que lo acentuaba. Alzó los cerúleos hacia él para encontrarse con una sonrisa de prepotencia que hizo que sus mejillas se encendieran en rojo vivo—. Que sueñe contigo no implica que te conozca y tampoco es que me interese tu futuro —explicó recordando esas visiones troceadas de sus inquietantes rompecabezas nocturnos en los que, para su desgracia, él aparecía—, no es mi culpa que mis trazos de sueño sean sobre ti.

Una mirada entre preocupada, inquieta y un sentimiento de temor se instaló en la vestal cuando recorrió los rasgos masculinos. Los ojos aguamarina descendieron al pecho del soldado. Mordió de manera inconsciente su labio inferior, nerviosa y ansiosa, al saber que si esa letal herida no se había abierto lo haría si el herido volvía a retorcerse. Pero ella no pensaba sostenerlo. No lo haría por ser un terco obstinado y vanidoso.

Estas muy equivocado si piensas que voy a ayudar a un tozudo soldado que no hace caso a su sanadora —sus palabras sonaron mucho más convincentes en su cabeza, ahora había dudado y su tonalidad había vibrado—. No lo haré

Como si hubiese leído su mente el moribundo empezó a inquietarse bajo el peso del soldado. El cuerpo se movió en un espasmo. El mantra se elevó ante la febrícula latente. Notó como la rodilla que estaba sosteniendo temblaba por el dolor y el brillante escarlata emanaba purulento con las secreciones del salir de aire. Tomó el cuchillo mientras devolvía la atención a la bomba de relojería que tenía delante. Por un momento, Etta observó la pierna y entrecerró los ojos, se centró en el burbujeo que amenazaba con reventar la maltrecha piel que se abombaba a causa de los gases.

Sostenlo bien; aunque esté necrosada por la gangrena va a dolerle —vaticinó, sin alzar la vista de su destino, y con mano férrea presionó la articulación de la rodilla contra el camastro. Cirujanos movimiento fueron trazados en cortes superficiales de la dermis del hombre.

¡¡¡¡¡¡AAaaaggghhAAAagggGHhh!!!!! —el hombre se retorció vehemente causando que el cuchillo resbalara en un profundo tajo.

Intenta que no se mueva tanto —suplicó apartando la mano de la articulación para depositarla sobre el corte que sangraba por la femoral. La alarmante visión bermellón la hizo dejar el impregnado cuchillo y presionar el profundo corte con una calma atroz, pese a que la cama se estaba encharcando de la sangre del hombre, y se obligó a encontrar algo de utilidad. Y no tardó demasiado en hallarlo—. Perdóname —se disculpó. La sanadora se levantó de su posición, dejando libre la pierna lacerante del hombre, y rodeó la cintura de Mizure con ambos brazos para desabrochar la hebilla del cinturón -por algún motivo creyó que esa acción la cobraría cara pero en ese instante su misión era salvar la vida del moribundo-, cuando el cinturón estuvo en sus manos lo utilizó de torniquete sobre el muslo del herido y así colapsar la salida de sangre.

¿Dónde se había metido Charlotte? Con la parte superior de su muñeca presionó la oquedad entre la barbilla y el labio. Estaba pensando. Necesitaba sopesar los pros y los contras de esa situación. Con seriedad examinó de nuevo al herido, la situación y las posibilidades de supervivencia para concluir un posible diagnóstico favorable.





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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Vie Mayo 25 2018, 12:55

La pregunta que Alexander le hizo a la sacerdotisa consiguió que las mejillas de estas ganaran un intenso color rojo que la hacían ver muy mona. Eso acompañado de su respuesta irritada, que en lugar de molestar al soldado provocó que la viera sumamente tierna,  hizo que no pudiera evitar reprimir una contestación provocativa solo para seguir poniéndola nerviosa:
-Vaya, sabía que soy apuesto pero no me esperaba causarte tanta impresión como para que soñaras conmigo.
Bromeó de manera provocativa con el fin de intensificar el color rojo de las mejillas de la sacerdotisa e incrementar su nerviosismo. Aunque se imaginaba que tendría un don premonitorio y por alguna razón había tenido sueños con él, algo que debería tomarse con seriedad pero le resultaba imposible en esos momentos. Tal vez luego tendría que tener una charla y preguntarle por el contenido de esos sueños.

Entonces ella declaró que no iba a ayudar a un soldado que no obedecía a su sanadora y que no lo haría. En realidad, su padre era sanador así que en el peor de los casos él le atendería en cualquier caso, aunque por el momento no le había hablado de su herida y tampoco quería que perdiera el tiempo en él pues se encontraba sanando a muchos heridos de esa catástrofe, pero realmente quería que esa sacerdotisa se ocupara de él aunque fuera solo para conocerla un poco mejor. El lado positivo es que a pesar de haberlo dicho lo dijo sin ninguna convicción y por tanto lo más probable era que terminará haciendo.
-¿No lo harás? -preguntó Alexander mostrando un rostro de leve desilusión, su voz adquiría un deje tierno y sus ojos la miraban de manera inocente - y yo que esperaba que me cuidara una sacerdotisa tan bondadosa y tierna como tú.

Alexander estaba jugando y quería ver la reacción de la sacerdotisa ante eso, pero realmente sería bueno descubrir los métodos de la sacerdotisa en el arte de la sanación. Pero todos esos pensamientos fueron interrumpidos por el enfermo que aún sujetaba para evitar que volviera a su actitud violenta.

El moribundo se revolvió furiosamente provocando que Alexander tuviera que hacer un mayor esfuerzo por sujetarle. Eso hizo que un dolor ardiente se intensificará en su torso y realmente se preguntó si sería capaz de soportar todo el proceso. Debía hacerlo pues no podía fallar y convertirse en un estorbo para la sacerdotisa.

-Como usted deseé, sacerdotisa -respondió con seriedad mientras asistía con la cabeza con determinación. Debía aguantar el dolor ya que no podía permitirse fallar. No en ese momento donde la vida de ese hombre dependía de lo que sucediera en los próximos instantes. Mientras Alexander sujetaba al enfermo, la sacerdotisa trabajaba. Lo que el militar no pudo prever fue que se acercaría el le rodearía con sus brazos y le robaría el cinturón. Sus pantalones se bajaron unos centímetros amenazando con dejarlo expuesto ante la sacerdotisa, pero por suerte se mantuvieron en su sitio. Eso no evitó que Alexander elevara una ceja poniendo una expresión de picardía pero se abstuvo de realizar cualquier comentario, no era el momento para molestar a la sacerdotisa. La vida de un hombre estaba en juego.

Alexander se limitó a guardar silencio y seguir las instrucciones de la sacerdotisa de sujetar al hombre todo lo fuerte que su herida le permitiera. La tensión iba en aumento en aquel lugar y solo cabía desear que la sacerdotisa logrará salvarle la vida.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Vie Mayo 25 2018, 23:24

Y sus mejillas ardieron más con esa respuesta. ¡Eso fue a propósito! Sus labios se presionaron en una fina línea que reprimía un intento de represalia hacia el soldado. Y ni su contención fue lo suficiente resistente para bloquear su lengua

Que seas apuesto no implica que me guste soñar contigo… —se percató que había caído en la trampa del soldado y lo señaló acusadora— ¡Lo haces a propósito! —pero el rojo intensificado de sus mejillas se elevó al darse cuenta que aquella conversación derivaba a una sola cosa: Ella soñando con él. Quiso que la tierra la tragara y hubiera salido a paso apresurado de ese lugar, lejos de él, si los quejidos del enfermo no hubieran acaparado su atención y hecho que retornara a la realidad.

Se entretuvo mirando a cualquier lugar que no fuera él para evitar que siguiera alterando sus emociones. Porque las perturbaba de un modo que no comprendía. En su mente creyó que era debido a su falta de costumbre con tratar con humanos, demasiado versada en el trato cordial de dragones. Sí, sería eso. Llevó la palma de la mano abierta a la mejilla derecha, intentando que el calor que bullía en su cara descendiera, e hizo lo mismo con la mejilla izquierda. Hasta que la falsa alegación de no tratarlo emergió de sus labios y Mizure volvió a provocarla de una manera que la hizo dudar. La vestal balbuceó una incoherencia, mientras lo observaba y retiraba la mirada de golpe ante el contraste emergente en el soldado. ¿No lo haría? ¿Estaba segura? Un titubeo hizo que la arruguita de preocupación se instalará en el entrecejo y su nerviosismo fuera más visible. Se mordió los labios con incertidumbre y pesar. Lo cierto es que sí lo ayudaría, estaba contra su naturaleza no hacerlo, y alzó los ojos hacia él en una vergonzosa expresión que invitaba a pensar que se arrepentía de haberle dicho esa mentira. Sus labios se entreabrieron en el inicio de lo que sería una disculpa, pero el destino quiso que se viera opacada con el movimiento del moribundo.

Ahora, con el camastro impregnado de sangre y ella barajando las posibilidades, pasó desapercibida la mirada del militar y esa repentina bajada de pantalones; porque ella se los hubiera subido de haberse fijado mejor. Sin embargo, estaba demasiado centrada en ver las posibilidades de supervivencia de ese hombre desangrándose. Miró alrededor hasta que su visión se centró en una fluctuante vela que descansaba sobre una vieja mesa, pues ahí poco antes en previsión al próximo anochecer, se dirigió hacia ella y la tomó. Con demasiada prisa tropezó con una de las camas que casi la hicieron caerse de bruces, pero por la Diosa había conseguido adelantar el pie para no hacerlo. Sólo tenia unos minutos o ese hombre de desangraría. Bien lo sabía. Y maldita fuere su suerte si eso ocurría por dejarse engañar por ese hombre. Con el corazón saliéndose por su boca, a pesar de intentar mostrase todo lo apacible y tranquila posible, se arrodilló en el camastro del herido y limpió lo mejor posible la pierna con las gasas ensangrentadas

Sostenlo bien, voy a calcinar —ordenó mientras a falta de algo más esperaba que eso lo salvara.

Etta se concentró en la tenue llama, aspiró y expiró en un intento por calmar sus propios nervios, y separó el cirio del platillo. Sus manos temblaron ligeramente y su vista se centró en la burbujeante herida del muslo. La pierna cubierta de sangre, secreciones y menos hinchada por la gangrena seguía su curso en ese vació de aire. Se elevó sobre sus rodillas, clavándose las piedrecillas del suelo, para concentrarse en la llama

Puedes hacerlo, puedes... —se animó no muy convencida pero asintió una última vez.

Su zurda, la que no sostenía el cirio, se acercó al fuego, y con un movimiento seco consiguió que la misma, en un tamaño ligeramente superior, descendiera en un orden expresa. El fogonazo que salió se dirigió con intención hacia la herida sangrante y provocó que el choque hiciera gritar desgarradoramente al moribundo hasta que perdió el conocimiento. La sanadora comprobó que la calcinación había detenido la hemorragia en una fea y lamentable quemadura, y  se dejó caer de culo algo cansada por el esfuerzo realizado sobre el suelo con un suspiro de alivio.

Etta —la cautelosa voz de Charlotte sonó a su lado—, ¿qué has hecho?

La pregunta hizo que el color huyera de sus mejillas y titubeara en un temblor del labio inferior. ¿Qué había hecho? Había salvado a un hombre.. pero… ¿cómo? Soltó la vela que aún sostenía como si quemara entre sus dedos y dirigió la vista hacia Charlotte. Cuando la miró sus iris se contrajeron al comprender qué quería decir. Giró la cabeza en un movimiento horrorizado hacia Mizure.

No.. no es lo que parece… yo no… yo sólo... —intentó justificarse pero el nudo de su garganta la hizo gemir con horror.





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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Lun Mayo 28 2018, 22:25

Alexander sintió una gran satisfacción cuando logro que el color en las mejillas de la sacerdotisa se intensificar aún más. Tuvo ganas de lanzar una carcajada maligna ante su respuesta, pero se contuvo.
-Puede ser… -respondió con una sonrisa maliciosa y una expresión cínica -Pero, ¿podrías culparme? Te ves adorable con ese color en tus mejillas.

Le dijo con sinceridad pues realmente si algo había visto de esa mujer es que era sumamente adorable, aún modo que se le enternecía y con ese color lo era aún. Así que si lo hacía aposta y no pensaba pedir disculpas por ello.

La situación con el moribundo se ponía cada vez más intensa. El camastro estaba impregnado con sangre y el hombre estaba más cerca de la muerte que de la vida, pero Etta parecía muy entragada a su trabajo y no parecía que fuera a rendirse con facilidad. Tras robarle el cinturón, le avisó que iba a calcinar haciendo que todo el cuerpo de Alexander se pusiera en tensión, preparado para lo que sucedería, preparado para lo que sucedería a continuación.

El hombre trató de revolverse violentamente pero Alexander se lo impidió. El esfuerzo que tuvo que hacer hizo que se le bajaran los pantalones revelando sus musculosas piernas . Pero lo peor era que el esfuerzo hizo que el escozor del pecho fuera incrementandose más.

Cuando el dolor se estaba haciendo casi inaguantable y Alexander pensó que ya no podría aguantar más todo terminó. El resultado fue exitoso pues habían conseguido salvar la vida a un hombre.

Alexander quedo exhausto y ni siquiera fue capaz de moverse mucho al principio, simplemente se limitó a soltar al pobre hombre que por los pelos seguía su vida. Entonces fue cuando otra mujer, compañera de la chica con la que había salvado al hombre, se acercó preguntando que sucedía. Alexander observó como Etta se ponía nerviosa y era incapaz de pronunciar palabra para explicar la situación. Aunque momentos antes había disfrutado de ser él quién le provocara esos nervios comprendío que tenía que ayudarla a aclararlo todo.

-Acabamos de salvar a un hombre -afirmó Alexander con la voz firme y segura mientras se subía los pantalones con absoluta naturalidad y sin ningún pudor. Tras eso se apartó del camastro y caminó hasta situarse en frente de la sacerdotisa tímida, de frente de la que acaba de llegar -tienen suerte de tener a una sacerdotisa tan bondadosa y decidida, no dudó a la hora de salvar una vida. Si todas sois como ella los feligreses están en muy buenas manos.

Esperaba que con esto la sacerdotisa no tuviera más problemas, sobretodo porque esas palabras no las decía un humano cualquiera, ni un mero soldado, el era teniente del ejército, Aunque claro que si fuera un dragón a esas alturas tal vez ya sería mucho más que eso.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Vie Jun 01 2018, 21:29

Sí, ¡claro que podía culparlo! ¡Él era el motivo que pareciera un tomate de esos maduros como escarlata! Pero prefirió no avivar más el fuego. No en ese momento. En ese lugar. No cuando su labor se veía mermada por el hecho de que ese hombre la alteraba. No de manera extraña, creyó, sólo conseguía que su calma se alterara en ondas desequilibradas hasta el cauce de una cascada tempestuosa.

Sus nervios parecieron virar en una dirección opuesta. En las corrientes de la incertidumbre y el pesar por no querer perder la vida de ese hombre. La actuación había acabado en una calcinación demasiado intensa que atenuó momentáneamente a Etta. Su fatiga se vio ahogada en el seno del miedo cuando Charlotte, de la nada, apareció a su lado. El berilo intenso buscó con horror la oscura mirada del militar; sin saber si en él hallaría un refugio. Únicamente con la esperanza de verse salvada, de nuevo, por él. Esperaba de todo corazón que él le brindara esa mano amiga para no ser fustigada, pues bien sabía lo que la Guardiana hacía a los esclavos que mostraban algo de interés o saber sobre la brujería decretada como prohibida por la Reina.

No supo bien cuando había contenido la respiración, solo supo que de sus labios salió deslizante un suspiro de ligero alivio al oír la masculina voz del soldado. El movimiento de Mizure alzándose los pantalones caídos causó que Etta llevara la mano a la cara para ocultar el pudor emergente en rojo vivo de sus mejillas. Totalmente inculpatorio por su parte. Percibió como la inquisitiva mirada de Charlotte se posaba en ella, acribillando de forma acusatoria, y no pudo más que desviar la vista hacia el suelo.

Perdón —alcanzó a decir en un susurro casi inaudible—. Yo sólo…

... quería salvarlo. Percibió como Mizure se interponía entre ella y Charlotte. En un gesto que la hizo apartar la mano que ocultaba el bermellón de sus mejillas para observar la amplia espalda. ¿Por qué se ponía entre ellas? Charlotte como mucho la tomaría de la muñeca y la arrastraría incriminatoria frente a la Guardiana. Recorrió la espalda en un descenso que se detuvo en la cintura del pantalón que parecía reacio a permanecer en sus caderas. Las piedrecitas del suelo se clavaron mortificantes en sus palmas cuando se levantó del suelo y agarró, sin que lo viera su compañera, la parte trasera de la cintura de los pantalones del soldado para que estos no cayeran reveladores. Su cabeza se asomó por el lateral del varón para encarar con circunstancia a su compañera.

El herido se ha salvado… y… —miró a un lado buscando las palabras más adecuadas— ...parece que...
No me refería a eso Etta —la cortó para mirar a la vestal de manera molesta y al soldado de la Reina de un modo que Etta creyó era extraño. Ni siquiera dirigió una mirada preocupada al desfallecido, únicamente miraba al dúo—. Ella es nuestra mejor sanadora, lo que no quita que cometa errores, pero eso es algo que está vez dejaré en vuestras manos.

Etta se mordió el labio interior en una preocupación emergente sin saber muy bien si prefería la mano férrea de la Guardiana y sus flagelos o la mano desconocida de un soldado de la Reina ante la demostración de su brujería. Pero ese era un problema que resolvería en su momento; aceptaría el castigo si con ello salvaba una vida.

Le está sangrando el pecho —comentó Charlotte con un tono alarmado de voz, se levantó de la cama del moribundo y se acercó a Mizure con la intención de revisarle la herida—. Déjeme ver la herida, hace apenas unos días de ello, y estoy segura que se le ha abierto con los bruscos movimientos.

La castaña apartó la mano de la cintura de él con premura -como si le hubiera picado una abeja- cuando su compañera se acercó demasiado con la súplica muda de que por la Diosa no se le cayeran, y se apartó de su lado para dirigirse al moribundo.

Debería ir con ella al Templo —dijo en una habitual coletilla que usaba cuando estaba ocupada con otro herido.

Etta se dirigió al camastro encharcado del moribundo y revisó las incisiones y heridas del susodicho. Necesitaba que se limpiaran las heridas con paños fríos y quizás algo de ungüento. Miró alrededor buscando lo que había pedido a Charlotte momentos antes pero se detuvo en el pecho de Mizure con preocupación.

Allí podrá cambiarle los vendajes con más... tranquilidad —apartó la mirada cuando notó la su compañera aguijoneandola.





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Mensaje por Alexander Mizure el Vie Jun 01 2018, 23:01

La situación parecía haberse solucionado, aunque era cierto que había hecho algo que la arpía de la reina no aprobaría a Alexander no le importaba y menos cuando lo hizo para salvar una vida. Una vida que a la reina no le importaría en absoluto al igual que todos los humanos.
-Todo el mundo cometemos errores, sanadora, sobretodo si ese error supone salvar una vida. -profirió Alexander con convicción aunque era consciente de que con esas palabras podría sumar su suerte a la de la sacerdotisa, pero en realidad él era cómplice de esa acción y estaba de acuerdo con ella así que sería lo justo.

Si con lo sucedido no era suficiente su maldita herida atrajo atención indeseada. La otra sacerdotisa se percató del color rojo en su pecho y se acercó a él mientras lograba ponerlo incómodo con su voz alarmada.
-No se preocupe, estoy bien y no necesito que me revises nada -replicó Alexander completamente tajante y serio. Estaba herido, esa era la realidad, pero de ningún modo iba a dejar que esa sacerdotisa le revisasé el pecho. De ninguna manera, no confiaba para nada en ella y su padre le había inculcado que no podía dejar que la gente viera esa cicatriz en su pecho, como mucho personas en las que pudiera confiar en casos extremos pues podrían pasarle cosas desagradables. Parte de él se lo tomaba como supersticiones del viejo pero la otra parte se lo creía y no quería ni pensar en la razón del miedo de su padre. No quería saberlo.

A pesar de todo la sacerdotisa que había salvado le transmitía confianza y podría dejar que le revisara la herida, la otra no. Aunque parte de ello se debía a que era demasiado orgulloso como para que simplemente le vieran herida, en el interior de su consciente había una voz que le decía que desangrarse era mejor a lo que podría suceder si dejaba que la otra sacerdotisa le viera el pecho y su padre tuviera razón.

Por un momento considero decirle a Etta que le atendiera, que fuera ella quién le curara porque de todas las que había en el templo era la única en la que sentía que podía confiar pese a todo. Pero sus labios se sellaron por un estúpido orgullo suicida. Tal vez podría arriesgarse a llegar a casa sin desangrarse por el camino y con suerte su padre estaría ahí para curarle la herida. Si esa era mucha mejor opción que la alternativa.

-Lo siento, pero tengo que marcharse
-respondió Alexander con seriedad y de forma orgullosa, altiva, para camuflar ¿El miedo? No no era miedo, era demasiado orgulloso para admitir eso, simplemente para ocultar sus nervios llevado por su instinto de supervivencia. Algo que se le daba bastante bien así que dudaba de que se le notará.

Sin más preámbulos se dio la vuelta y se acercó a la salida para largarse lo más rápido posible y marcharse hasta su casa. Definitivamente no pensaba permitir que alguien que no fuera de confianza observaba lo que no debía.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Dom Jun 03 2018, 01:14

Las respuestas que Mizure le estaba dando a Charlotte fue algo que hicieron que Etta frunciera ligeramente el ceño. Sus aguamarina se centraron en el militar ante el cambio visible de su actitud. Quizás, sólo quizás, ¿había cometido otro error? Se mordió el interior del labio como parecía hacer cuando estaba insegura y desvió la vista del varón hacia la iracunda compañera. ¿Por qué la culpaba a ella? Ella no había hecho nada. Cierto era que él no se estaba comportando igual con Charlotte que con ella, pero la castaña no había hecho nada extraño para que así fuera. Su vista se centró en el desfallecido herido, de nuevo, y tomó la palangana de agua que había solicitado que trajesen poco antes. Empapó una de las compresas en el agua helada, hizo de todo por centrarse en su cometido, y estrujó las telas con la intención de empezar a limpiar la pierna.

—  No se preocupe, estoy bien y no necesito que me revises nada.

La sanadora fue incapaz de no estrujar demasiado el paño. Retorcerlo como si quisiera destrozarlo pero se mordió la lengua. Sus ojos volaron en una mezcla de preocupación y enfado a esa hilera escarlata que empapaba el torso del soldado.

Pero… estáis sangrando más —insistió Charlotte que estaba a punto de tocarlo.
Lo siento, pero tengo que marcharme.

No supo bien cuando se había levantado de aquel camastro impregnado de sangre. Tampoco cuando lanzó de mala gana el empapado vendaje contra el soldado pero lo que sí vio es como se estampaba con un acertado y sonoro chof mojado contra él. Una mirada demasiado obvia, entre enfadada, decepcionada y preocupada se reflejó en el libro abierto que era su cara cuando éste se giró a ver -supuso- a la causante de ese lanzamiento.

Ese maldito orgullo de soldado idiota —refunfuñó Etta en voz audible, aunque en realidad creía haberlo pensado, y con un rojo que parecía ascender por su mejillas debido a la impotencia inició el regaño—: ¿Qué te crees que haces? No vas a salir de mi vista en ese estado. ¡Nunca! ¡Jamás! ¡Por encima de mí!

Acortó con paso decidido la distancia que los separaba y se encaró con ambas manos en su fina cintura; aunque se vio levemente cohibida por la evidente diferencia de altura. Frunció el ceño en una visión que distaba mucho de ser autoritaria y lo señaló acusadora con el índice derecho.

¡Te he dicho que se te tienen que cambiar los vendajes! Me pasé tres días, ¡TRES! —le golpeó el pecho con el dedo, en una zona que sabía no herida, tres veces con el fin de enfatizar—, para que no murieras. Así que estás muy equivocado si piensas que voy a dejar que te vayas. ¡Antes te ato a una cama!
¡ETTA!

La voz de Charlotte la sacó de un brinco -literal- de su regañina personal e hizo que se girara hacia ella. Pero la mirada que le echó a su compañera fue suficiente para que ésta carraspeara y se centrara, por fin, en el herido del camastro. Todos en aquel Templo eran conscientes: Etta solía ser tímida y sumisa, acatar las órdenes en parsimonia y tranquilidad, e incluso hacía dobles turnos por su insomnio. Sin embargo el agua calma solía convertirse en un oleaje embravecido cuando se trataba de la supervivencia de un herido. Porque la repateaba. Mucho más cuando ese herido se obcecaba en no ser atendido por los sanadores del lugar. Los aguamarina retornaron hacia Mizure.

¿Vas a hacer caso a tu sanadora esta vez? —viéndolo desde su posición estaba segura que sería difícil llevarlo por sí misma a rastras a una cama, pero lo haría si seguía empeñado en irse desengrasándose— ¿O me vas a obligar a llevarte a una cama? Porque no dudes que lo haré.





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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Jue Jun 07 2018, 19:14

Alexander estaba por marcharse sin importarle las palabras de la sacerdotisa cuando sintió como algo húmedo y poco pesado se estrellaba contra él. Su cara pasó a la incertidumbre y al desconcierto mientras se volteaba para observar a la sacerdotisa responsable del lanzamiento y al mirar abajo vio el paño mojado tirado en el suelo.

-¿En serio? -pregunto incrédulo mientras componía una sonrisa hilarante por lo absurdo de la situación. Desde luego no esperaba que una sacerdotisa terminará reaccionando lanzandole lo primero que tuviera a mano como si fuera una adolescente.

Aunque se le congeló la sonrisa cuando comenzó a regañarlo. Una vez más adquirió una expresión de sorpresa mientras alzaba las cejas. Tras eso permaneció estoico mientras observaba y analizaba  Etta mientras le daba su regaño. Le tenía sorprendido sus reacciones pues no se imaginaba que perdiera los nervios de esa manera con muchas personas, ni siquiera con los pacientes difíciles, así que esta vez le afectaba de mayor manera por alguna razón, algo que quedaba claro por sus palabras. Realmente se preocupaba de él más incluso de lo que sería normal para una sanadora. Aparte eso suponía una buena manera de resolver la situación evitando que la otra sacerdotisa llegará a tocarle pero sin tener que desangrarse hasta su cara y por el otro había que reconocer que estar así de enojada realzaba su belleza. Muchas conclusiones podían sacarse de todo ese discurso pero Alexander prefirió centrarse en la que resultaba más fácil de tratar en esos momentos.  La observó con seriedad durante unos momentos y luego camino hacia ella con pasos lentos.
-¿Te han comentado que te ves muy sexy cuando te pones tan firme? Me impresionas-bromeó de forma pícara mientras le dedicaba una sonrisa galante y le dedicaba una mirada seductora.

Tras unos momentos suspiro y le colocó una mano en el hombro tras sus últimas palabras, poniendo rostro comprensivo.
-Está bien, si tanto significa para ti te haré caso, Etta… por esta vez -dijo con tono de chico bueno y resignado como si le estuviera haciendo un gran favor a ella en lugar de salvando su vida, al mismo tiempo que recalcaba que tendría que ser ella quién le curara y no otra -aunque lo de que me lleves a una cama suena a una idea bastante tentadora. -Respondió de manera juguetona y pícara mientras le tendía una mano -Como mi sanadora puedes empezar por ahí.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Vie Jun 08 2018, 21:20

Está bien. Esa no era las mejores formas de tratar a un herido. Un herido que la exasperaba hasta el punto de no ser ella misma. La idea de tirar el paño húmedo tampoco estaba en sus planes. Nunca lo había estado. Y estaba segura que después lo lamentaría. Hasta el punto de querer que la tierra la tragara y que no la vieran nunca más: ni él, ni Charlotte. ¡Ay, Diosa! ¡Sobre todo Charlotte! Pero mientras despotricaba y regañaba ella no era consciente. En realidad no lo fue hasta que dejó de gritar y lo vio acercarse hacia ella. Un titubeo emergió de sus temblorosos labios y se sintió tentada a retroceder con el avance del soldado. ¿Por qué se le veía tan serio y tan … tan… molesto? ¿Por qué le resultaba que ese silencio era demasiado eterno? La molestia anterior varió en una inseguridad que se reflejó rápido en su faz. Y la inseguridad se convirtió en … en… notó como el calor se elevaba por sus mejillas y creyó que le saldría humo por la cabeza.

Se..sex… fir… sex... —balbuceó y desvió la vista en una rápida huida de él.

Un respingo la invadió cuando la mano masculina tocó de imprevisto su hombro. Centró la mirada en él cuando cambió las tornas de esa petición y sus labios se entreabrieron en un asombro más que visible. Lo señaló acusadora con el índice a punto de regañarlo pero él volvió a golpear.

¡No.. no me refería a eso! —se quejó— ...yo no te llevaría a una cama para tentarte… —y ¿por qué la idea se recreó en su mente? Llevó la mano a la mejilla para enfriar la nueva oleada de calor—. So... solo quiero tratar tu herida... y lo sabes…

Sus aguamarina se centraron en el torso de Mizure y fue incapaz de no morderse el interior del labio con ansiedad. Cedería. Esta vez. Aunque después tuviera que dar muchas explicaciones. Porque las tendría que dar. La mirada de Charlotte, tratando las heridas de su antiguo paciente, aguijoneando su espalda lo confirmaba. Y eso implicaba explicaciones a la Guardiana. Pero una parte de ella supo que aún no tomando esa mano debería darlas. Extendió la mano para alcanzar la masculina en una tímida caricia que concluyó con ambas tomadas. No es que significara nada en realidad... había tomado muchas manos antes. Sólo era para que se testarudo soldado no huyera...

Cambiemos esos vendajes… —cedió a la rendición y tiró de él—...iremos a una zona más privada.

¡Oh, Diosa! Eso sonaba peor en voz alta. Mucho peor.  Al pasar al lado de su compañera evitó mirarla y se encaminó hacia una de las estancias que usaban para casos particulares. En realidad se sentía intranquila. Demasiado. Ella no era así. Él conseguía exasperarla y alterar su propia tranquilidad. Esa serenidad que tanto le agradaba en su vida. Se preguntó si el haberla salvado y haber salido herido de muerte por ello causaba en ella esa sensación de protección y preocupación tan elevada en ella. Miró de soslayo hacia el soldado, hacia su pecho, y un nudo de culpa la abordó. Rehuyó la mirada en una fracción de segundo. Todo eso acabaría cuando él estuviera sanado. Sí, seguro.

Inspiró y expiró cuando atravesó la puerta abierta de la estancia -que no pensaba cerrar- y se situó al lado de la cama de heno que había a su lado. De pie. Estática. Y permaneció así un lapsus, creyó eterno, de tiempo.

¿Puedes devolverme mi mano? —desvió la vista hacia esa unión— Debo ir a por los menesteres para curarte...





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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Alexander Mizure el Lun Jun 18 2018, 21:19

La herida le dolía pero, por suerte, Alexander tenía una buena tolerancia al dolor. Fue capaz de negarse a ser atendido por una sacerdotisa en la que no confiaba y se habría marchado de ahí si no fuera porque Etta intervino. Qué fuera ella quién curará sus heridas era justamente lo que Alexander pretendía así que no se negó.

Pero sí que jugó la carta de ponerla nerviosa para diluir su enojo con excelentes resultados. Alexander la observó con una sonrisa triunfadora mientras comenzaba a balbucear sin ser capaz de decir nada realmente.

Cuando parecía a punto de recobrarse, Alexander añadio algo más para terminar de desarmarla y lo logró haciendo que ella protestará mostrándose sumamente inocente. Más porque lo dijo de una manera que la dejaba aún más desprotegida a sus palabras: “...yo no te llevaría a una cama para tentarte…”. Eso hizo que Alexander la observaba fingiendo sorpresa mientras le dedicaba una pícara sonrisa.
-¿Ah, no? ¿Y dónde me llevarías para tentarme? -preguntó con una curiosidad aparentemente inocente aunque era evidente el efecto que causaría en ella.

Alexander amplió su sonrisa de triunfo cuando ella accedió a cambiar los vendajes y le cogió de la mano para llevarlo a un lugar más privado. En una situación normal le estaría muy agradecido por ello, ya que le libraría de un momento bastante incómodo y desagradable con la otra sacerdotisa. Pero con esa tierna sacerdotisa había un matiz de juego y divertirse a costa de su timidez.

El contacto con su mano resultó agradablemente cálido y le costó esfuerzo separarse de su mano cuando ella pidió que se la devolviera para ir a lo necesario para curarle.
-Por supuesto -respondió Alexander asistiendo con la cabeza con una sonrisa. Soltó su mano y no perdió mucho tiempo en quitarse la camisa con movimientos lentos y calculados hasta quedarse con el torso desnudo. Torso con una intensa mancha roja en él. Aunque la presencia de Etta hacía que se lo tomará a broma esa herida debía ser atendida prontamente.




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Re: [FB] Just a moment || A. Mizure

Mensaje por Etta el Lun Jun 25 2018, 20:15

¿Por qué causaba tanto alboroto en ella? ¿Por qué ese hombre se entretenía tanto con destemplarla y alterar cada una de sus sensaciones? Se mordió el labio inferior en un intento por no huir de allí. De él. Porque ella quería huir. Era posible que su elección de palabras no fuera la indicada. No con él. Nunca con él. Porque el soldado conseguía cambiar el sentido a cada una de sus letras. Inocentes éstas o no. Y ella bobamente caía en cada una de sus trampas. Como una presa asustadiza ante un diestro cazador. Desvió la vista hacia el lado contrario. Rehuyendo el contacto visual.

Yo.. no… te...¡Por el amor a la Diosa!¡Si ella no sabía ni lo que era flirtear!ten.. ten.. —el bermellón invadió raudo las mejillas de la sacerdotisa—. ¡Deja de hacer eso! Lo sigues haciendo a propósito —un mohín se dibujó en su rostro.

Procuró que el calor que emanaba sus candentes mejillas se mitigara con otro tipo de pensamientos pero su mente retornaba a él  en un intento por comprender sus acciones. ¿Sus actos? Observó la unión de ambas manos cuando se encontraban a solas, y cierto sentimiento desconocido la aguijoneaba molesto cuando la calidez del contacto la liberó. Apenas unos segundos. Los necesarios para comprobar cómo el soldado se quitaba la camisa y ver la carmesí herida. Su ceño se frunció en una arruguita de preocupación. Se retiró de la alcoba con paso apremiante y retornó varios minutos después con menesteres tales como una jarra de agua, varios vendajes limpios y algunos botes que sobresalían peligrosamente de los pequeños bolsillos del delantal que usaba sobre la túnica.

No debiste ayudarme —recriminó enfatizando con un molesto dejar de los utensilios. Pero el cabreo era hacia ella más que hacia él. No debió dejar que la ayudara. No sabiendo su condición.

Se dirigió a la puerta que cerró. En su mente sólo bullía la posibilidad de que alguien lo viera y que esa herida fuera el menor de sus problemas. Retornó con él para empezar a quitar el vendaje ensangrentado. A medida que el vendaje era tirado al suelo el torso del soldado se abría ante una visión que la preocupaba. En realidad la aterraba. Tomó algunas gasas que permanecían humedecidas en el interior del agua aderezada con hierbas antisépticas y desinfectantes, y comenzó a limpiar con cuidado la herida abierta.

¿Y si no te hubiera detenido? —trazó con los vendajes una línea persiguiendo la herida causada en el altercado. Cuando los apósitos estuvieron impregnados de su sangre los vertió en el agua y los enjuago para repetir el proceso—, ¿de verdad hubieras preferido desangrarte por orgullo que ser tratado por Charlotte?





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