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Hell is empty, and all devils are here [D'tark]

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Re: Hell is empty, and all devils are here [D'tark]

Mensaje por Cedrik el Mar Mayo 01 2018, 01:46

No. No estaba escuchando nada de lo que decía. Ambos hablaban de sus propias cosas. Sin ton ni son. Y sin escucharse. Sobre todo él. Porque no quería escuchar nada de ese Inquisidor. Presionó la mandíbula. Sí, se estaba comportando como un maldito adolescente humano en celo, pero le daba igual. Solo la llevaría a casa. Eso. A casa. Ese era su destino. Así lo percibió cuando divisó la calle que cruzaba el callejón a lo lejos. Al menos sus pies sabían dónde ir. ¡Gracias a los avernos! Gruñó guturalmente cuando el impulso sobre su alma lo tomó por sorpresa y respondió con un mudo ¡Bah!. ¿Ella tenía el alma quebrada? ¡Ella! ¡Habrase visto mentira más impropia! ¿Y él qué? Ignoró el resto de sus palabras, como si se tratara de un murmullo molesto que deseaba obviar. Sólo debían atravesar esa callejuela, girar a la derecha y, si mal no recordaba, llegarían a las puertas de esa mansión.

¡Ey! —el tirón lo pilló desprevenido. La muñeca femenina se liberó del grillete de su mano y lo obligó a encararla con el ceño fruncido—. ¿No es obvio de lo que estoy hablando? —inquirió. Él lo veía muy claro, dudaba que ella no lo viese igual de claro siendo la implicada. Intentó volver a apresarla pero ella se zafó hábilmente y éste bufó—. Por el amor a los avernos —maldijo. Eso no podía estar pasando. No a pocos metros de su destino donde acabaría dejándola a buen resguardo y él volvería a evitarla. Era lo más sensato. Como no se dejaba atrapar simplemente señaló con enfado, y ambas manos, hacia el final de la calle para que siguiera avanzando. En su sombría mirada podía observarse la intención de llevarla a la fuerza si no proseguía. Y la pregunta fue contestada con enfado—: No, así que avance —pero consiguió todo lo contrario. Ella se alejó e increpó sin compasión, gesticuló con fastidio y exasperación a medida que avanzaba en su relato.

¿Qué demonios? ¿Qué hacía su hermano en medio del Inquisidor? ¿Y que hacia el Inquisidor persiguiendo a su cuñado? La contrariedad se reflejó en la faz del mestizo, viéndose obligado a escuchar la historia—. ¿Ni yo? —malmetió. Mas ella  lo remató con sus últimas palabras. Dolorosas, lacerante. No eran inocente y eran claramente con intención. Engarzó su mirada con la de ella, unos escasos segundos, porque bajó hacia el alterado pecho de la peliblanca en ese rítmico subir y bajar por el ímpetu prestado. Recorrió las clavículas que ascendían y descendían a un frenético compás y ascendió por la agitada mandíbula. Se percató que él había tensado su incisos en un intento por no recriminarle algo. ¿Pero qué? ¿Qué iba a reprochar? Se había quedado en blanco frente a la revelación. Siguió reptando en ese camino tempestuoso hasta que volvió a ver la avivada chispa de los ojos femeninos. Luchadores. Retadores. Inquietantemente atrayentes y a la vez tan extraños que lo hicieron fruncir el ceño.

No es vuestro... —las palabras salieron pastosas y con cierto recelo de sus labios sin llegar a poder mencionar “prometido”—, solo os usa para encontrar a vuestro hermano… —resumió y a medida que eran recitadas parecían hacer eco en su propia mente. Engranando los mecanismos de su atrofiado cerebro. Ese que llevaba meses estancado en un maldito bucle eterno. Molesto. Lacerante. Lo que había intentado ahogar con litros y litros de alcohol. Y trabajo. Demasiado trabajo. Quizás se había precipitado.. con ella tendía a hacerlo. Siempre. Pero la semilla de la duda emergió: dos meses. Era posible que debiera descubrir algo más. Acortó los pocos pasos que los separaban para analizarla. Lo suficientemente cerca para que se viera cohibida por la diferencia de altura y hacerla alzar la cabeza si pretendía seguir esa mirada combativa—. ¿Y qué haríais si no me importara? —la duda fue formulada antes de darse cuenta—. ¿Qué haréis si os dijera que correré y obtendré tranquilidad? A decir verdad solo profesáis vuestro interés en que no os abandonen, en no veros aislada y sola de aquellos que parece que tenéis estima; pero aún no me habéis contestado a la pregunta: ¿Qué esperáis de mí? ¿Simplemente que no os abandone como una perro guardián y que os proteja de vuestros líos? —extendió la mano, a sabiendas que eso la desconcertaba, y la tomó de la barbilla con cariño—. Decidme, ¿por qué debería hacerlo yo y no otro? Dadme una razón convincente y quizás tome la labor de perro guardián —y a medida que hablaba se sintió tentado a acercarse a ella. A sus labios. Sus labios . Desvió los ocelos hacia ellos y casi se maldijo por la idiotez que estaba haciendo.





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Re: Hell is empty, and all devils are here [D'tark]

Mensaje por Cedrik el Mar Mayo 01 2018, 13:29

Amigo. Eso sí que era una forma inocente de resquebrajar la telaraña de ideas que habían vuelto loco al Teniente en los últimos meses. Amigo. Oyó cómo la risa de su interior se burlaba de sí mismo. Si fuera un amigo no se habría comportado así. Posiblemente… ¿no?. La indecisión de la afirmación hizo mella en algún lugar de él y un “clack” sonó mordaz ante un cierre más que obvio. Seguramente hubiera actuado similar. Entonces, ¿cómo actuaría ahora que sabía que alguien la ayudaba para usarla? Maldita sea. Lo enervaba el simple hecho de pensarlo. A veces creía que la frágil dragona fingía ser tan inocente en un plan maestro propio. Uno que lo llevaba a embaucar -no sabía aún por qué- todos sus sentidos y que lo guiaban hacia ella. Antaño había oído una vieja historia. Etta se la había contado una noche lluviosa mientras esperaba en el palco a que la tormenta arreciara; la Guardiana le había hablado de tres mujeres, tres ancianas duras, severas, frías y sin piedad, que tejían el destino de los hombres. Cloto tejía su destino en el incansable avanzar del tiempo, Láquesis echaba la suerte o el infortunio en la hebra y Átropos hacía de las suyas en el telar incierto hasta que desligaba el ánima del mundo de los vivos. Toda su vida era guiada por las diosas de la muerte. Tan inesperado e inevitable que hubiera deseado decapitarlas en ese mismo instante si las tuviera delante o si fueran ciertas. Ahora se sentía así, como una mera marioneta que se dejaba guiar por las manos del titiritero. Ambos lo eran. Y eso lo cabreaba.

No necesitaba que la sacara de líos. Entonces, ¿por qué le había recriminado el no estar con ella para salvarla dos meses atrás?¿Por qué se había molestado tanto con su larga ausencia?¿Por qué no entendía que esas palabras eran expresiones huecas que no conseguía que se creyese? Sus ojos se elevaron de los tentadores y tembolorosos labios femeninos para volver a los desolados pastos de sus ojos. A decir verdad, él tampoco sabía cuál era una razón convincente. No cuando se trataba de ella. Las palabras se introdujeron en su cerebro en una afirmación, en un reclamo oculto que desestimó rápido, para hacerlo pensar en ello. Desconocía gran parte de su vida. Así era. Y así seguiría. Cuanto menos conociera, menos debería ocultar y más posibilidades tendría de sobrevivir si su condición era descubierta. “Pero”, un señuelo al que picaría si no tenía cuidado, furtivo viajó de nuevo hacia el doloroso tormento que ella causaba en el capturar de sus labios. Tan inconsciente y mortificante. ¿Cómo un gesto tan pequeño podía desarmarlo tan fácilmente? Percibió como más músculos de los que debían se contraían en su propio cuerpo y se obligó a escuchar lo que proseguía.

La mano que aún sostenía esa perfilada barbilla viajó hacia su mejilla acompañada con un largo suspiro. Se aventuró algo más, hasta que su férrea mano se depositó en la nuca femenina y la atrajo hacia él en un abrazo calculado. Con la mano libre la terminó de rodear y descendió su cabeza hacia las hebras blancas para acabar apoyando la barbilla sobre ella. Era complicado. Todo lo era. Ella lo complicaba más. Mucho más. Su cordura le había dicho que se alejara. Caso omiso. Porque esa frágil dragona demolía todas sus defensas y contraataques. Lo peor es que allí entre sus brazos era perfecta. Pese a sus impulsos, sus gritos, sus reclamos y sus lágrimas. Encajaba tan bien entre ellos que un olvidado sentimiento lo abordó. Miedo. Miedo a perderla para siempre. Era contradictorio después de tantos meses evitándola—. Acabaréis conmigo —profesó abatido. La atrajo más contra él, como si temiera despertar y que ella no estuviera, pero eso no ocurriría. Porque esa calidez era real. Demasiado verídica para que Morfeo hubiera embaucado sus sentidos en el Nirvana—. Sabéis más que muchos de mí. Conocéis uno de mis secretos más problemáticos… y es por ello que evito que sepáis de más. No es seguro para vos —comentó con un fruncimiento de ceño para después confesar—: ...ni para mí. No creo que comprendáis lo que implicaría hablaros más de mí. Ya no solo por vuestra seguridad sino por el vínculo que nos uniría. Nunca podría dejaros marchar, ni alejaros lo suficiente como para no alcanzaros, siquiera permitiría que… —se detuvo ante su propia intención de pertenencia y se retractó—. Creedme si os digo que es mejor así.





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Re: Hell is empty, and all devils are here [D'tark]

Mensaje por Cedrik el Mar Mayo 01 2018, 14:54

La negativa le estalló en la cara. ¿Pero qué? Frunció el ceño en esa armoniosa posición que vaticinaba tormenta. Para su sorpresa ella presionó más el abrazo, como si tuviera el mismo miedo que él en que todo fuese a desvanecerse. O no. La premura de sus quejas lo aguijonearon sin poder llegar a asimilarlas. Sin poder procesarlas. ¿Lo odiaba a él? Espera.. no.. ¿la situación? Espera.. ¿querer? ¿Eh? Sí, lo quería pero no estaba seguro de cómo lo hacía. Su inocencia lo llevaba a creer que era algo así como un cariño a un peluche nuevo… o algo fácilmente desechable. Eran diferentes formas de querer. Lo sabía desde que discutieron por primera vez. Por eso era tan molesto. Y mientras procesaba la rabieta infantil, ella se apartó, escapando de sus labios un quejido por la repentina distancia. Buscó con su mirada los desolados ojos femeninos, pero en su lugar vio determinación. ¿Determinación de qué? La delicada mano aferró la suya en una situación nueva que lo desconcertó. ¿Que estaba pasando?—. Sí, claro, allí os llevaba, os recuerdo —comentó con la primera afirmación. Bien, algo salía bien. Él la dejaría allí y se iría. Necesitaba aclarar sus propias ideas. Unas que acabarían desmoronándose la próxima vez. Como de costumbre con ella. Aunque no pudo encajar la pieza de la privacidad y, entonces, ella volvió a hablar. Cinco palabras que llegaron como un jarro de agua helada—. Espera, ¿qué? —la perplejidad asomó en su pregunta a la par que en su cara se reflejaba estupor. ¿Qué narices decía de un baño?. Pero antes de darse cuenta se vio arrastrado por la determinación de la dragona.






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