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Pandora’s box [Kya & Trystan]

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Pandora’s box [Kya & Trystan]

Mensaje por Cedrik el Sáb 14 Abr - 23:48

No estaba seguro de por qué había decidido trazar esa señal en el lugar concreto, ni mucho menos si deseaba ver al resistente en ese instante. Pero por alguna razón tuvo la sensación de que sería un buen momento. Mantenerse alejado de Talos, a pesar de haber llegado hacía pocos días, le resultaba más importante que permanecer entre las calles que podrían llevarlo a desesperar. Anastasia lo había llamado cobarde. Cobarde. Él. Esa mujer tenía demasiados pájaros en la cabeza. ¿Qué demonios sabía ella? Acorde a como lo concretaron, y habiendo sido su último lugar de reunión el Poison, se dirigió al segundo punto. Meses atrás ese lugar colindante al bosque había estado desolado, carente de carromatos donde los juglares y circenses se arremolinaban alrededor de una fogata, lo que causó una sorpresa en él. Las sombras, causadas por el avanzado atardecer, danzaban sobre el crepitar del fuego e iluminaban los rostros distraídos que escuchaban la historia de uno de tantos juglares. Algunos de los presentes se habían sentado sobre los troncos caídos; otros se tumbaban en la humedecida hierba, y las botas de lo que imaginó sería vino pasaban entre las manos de los adultos.

En el centro, un trovador parecía relatar una historia sobre dragones y caballeros. Su aspecto demostraba que su vida había sido agraciada. Los cabellos oscuros, dejaban entre ver algunos mechones canosos, y caían sobre los tostados hombros. Normalmente, los sujetaría en una improvisada coleta para que éstos no le estorbaran en sus quehaceres diarios. Las pupilas eran de un color ocre que demostraban ser experimentados y salvajes, por algún motivo recordaban al iris de los felinos. Los tostados brazos del varón se elevaron intentando abarcar el manto de estrellas que comenzaban a cubrirlos. Unas miradas se perdían en ese estrellado cielo, otras seguían los movimientos del juglar, y, tantas otras, se cerraban y abrían de golpe intentando no sucumbir al sueño.

El teniente pasaría desapercibido entre los circenses, pues llevaba puesto una camisa de lino blanca, unos pantalones negros y su espada descansaba en la vaina de su cinturón. Cuando tomó asiento en uno de los troncos talados, una mujer le ofreció un plato de jabalí que éste desestimó. Sendas manos viajaron por el cabello del soldado y se depositaron como una pesadez malsana sobre su propio cuello. Con la mirada fija en el suelo observó como una pequeña hormiga se asomaba por la pequeña oquedad que tenía junto a la bota. Temeraria y rigurosa movía las antenas al son de una vibración que la conectaba con el resto de la colonia. En parte esos diminutos seres le recordaba a la vida que seguían los dragones; y los híbridos. Alguien le sacudió un codazo haciendo que alzara la vista a la bota que le ofrecían. Eso sí lo aceptaría. Elevó la misma en un pequeño movimiento de brazos y probó el dulce sabor de ese vino claro. Y una pregunta llegó audaz a su mente: ¿Cuánto tiempo se demoraría en aparecer el resistente? Ahora que lo pensaba tampoco estaba seguro si habría recibido su mensaje. Tomó otro trago del dulce vino y pasó la bota al de al lado.

Bueno... al menos tenían alcohol.





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Re: Pandora’s box [Kya & Trystan]

Mensaje por Kya el Lun 16 Abr - 7:33

“Alto rubio y con una espada”

Buena descripción era aquella, pero vamos que ella ya se lo trataría de encontrar de mejor manera. Habían salido de la casa del árbol, rumbo a aquel punto del sendero de los bosques donde habían acordado separarse para que el pelirrojo pudiese ir camino a la taberna del Último Hogar, donde ella visitaría a esa madre primeriza que resultaba muy agradable compañía y con la que estaba haciendo buenas migas, pronto. Recibiendo cortas descripciones de la persona que debía encontrar, la sanadora tomó en brazos a la pequeña Annie, que abrigadita estaba lista para ir con la abuela Leyanna durante la tarde noche que ellos entenderían aquellos asuntos.

Con un beso y unas cortas palabras la sanadora, emprendió con Tormenta, por el sendero que bajaba hacia las granjas, un sendero tranquilo y seguro que le llevaba hacia su hogar y que fue silencioso, excepto por las canciones que la sanadora cantaba para la niña y así amenizar un poco, hasta su llegada a la granja, donde su madre la salió a recibir con una sonrisa alegre y llena de vida al ver que traía consigo a la pequeña. Annie, emitió un gritillo alegre, riendo radiante extendiendo los bracitos hacia la mujer pelirroja que ahora se acercaba al caballo y extendía las manos para recibir a la niña- Ohhh, pero mira quien está allí, la abuela!!...

“Pero que hermosa pequeña, hola preciosa mia, ¿vendrás a cenar?”

Seguramente al ver que su hija no se bajaba del caballo, había entendido que, tendría la compañía de su nueva nieta, por una tarde, en ausencia de sus padres. Por lo que la sanadora, negó con suavidad- ...No lo creo, cenaremos fuera con unos conocidos... pero vendremos por ella…trataré que no sea muy tarde... pero si se hace tarde, creo que si nos quedaremos ... –explicó, mientras recibía como respuesta los asentimientos de su madre que ahora la miraba con complicidad- ...madre... –dejó al aire la sanadora. Recibiendo un encoger de hombros como respuesta de su madre y una risa que demostraba ese conocimiento de madre que su hija era feliz.

“Si, si, ya sé... ahora ve”


Negando, la sanadora rodó sus ojos, antes de tirar las riendas y emprender camino hacia el punto al que le había explicado Trystan que debía ir. En esencia era en los lindes del bosque por el camino principal que iba fuera de Talos, había muchas zonas donde las caravanas de viajeros se detenían a descansar ya fuesen camino a la viciosa ciudad o fuera de ella, siguiendo ese trayecto, entre los árboles, pudo ver tal cual le habían explicado, el punto donde se encontraría con ese hombre que ella debía guiar hasta El Ultimo Hogar. Sabía que la confianza puesta en ella era enorme, porque, aunque no tuvo explicación del encuentro y tal petición, le había asegurado que no había mejor persona para tal tarea y así no arriesgarse a ser reconocido en los previos de Talos. Para cuando llegase, la tarde empezaba a morir, las luces naranjadas del cielo en el horizonte se colaban ahora con menos fuerza entre las copas de los árboles y sus troncos y la frescura de la noche comenzaba a sentirse.



Un juglar contaba historias en aquel claro en el que los viajeros estaban realmente concentrados en aquella leyenda que era compartida... bajándose del caballo la sanadora entonces, caminó unos cuantos pasos, se había colocado la capucha de su capa de viaje y paseando la vista de un lado a otro visualizó un punto libre donde sentarse, junto a un hombre que no observó a primeras. Esperó paciente a que el juglar avanzara en su historia para pasear su vista entre los presentes y buscar las características que habían sido descritas.

“Rubio y con una espada, alto y de barba de perilla”

¿Cómo iba a saber que era alto, si todos estaban sentados? “Por Maikaela...” pensó la sanadora. Pero justo en ese momento, una bota con lo que podía adivinar era licor, apareció en su rango visual...tomándola entre sus manos, observando al resto del grupo... ¿por cuantas bocas había pasado aquello? Sintió un quién-sabe-que, de solo pensar en aquello y decidida pasó la bota al primero que vio cerca estableciendo contacto visual para darle a comprender que le tocaba, este lo recibió y bebió y así fue pasando... y vamos que su mirada azulada siguió el trayecto de la bota con un no sé qué que la hacía pensar de más en la higiene que podrían llegar a tener aquellos. Y sin embargo a su mente avispada llegó un breve atisbo y recuerdo de algo brillante a su lado, al momento que recibió la bota y para confirmar volvió su vista hacia su derecha... y allí estaba... una espada... pero no era cualquier espada, era una espada con una empuñadura oscura, pero de buena manufactura, la misma guarda contenía gracia en ella, que denotaba el trabajo del herrero responsable de su forja y entonces...el blasón.

Sus ojos se alzaron para posarse sobre el semblante del hombre que tenía a su derecha, notando la perilla, su rubio cabello y sus rudas facciones que encajaban con la tosquedad, descrita de muchas maneras y fue cuando como quien no quiere la cosa, formuló con suavidad, sabiendo que él escucharía- Escuché que un pelirrojo vendría... ¿lo has visto?... –preguntó entonces, esperando que el hombre entendiera que, de alguna manera, anunciaba que venía de parte de “ESE” pelirrojo que el rubio iba a encontrar. Los ojos azules de la sanadora se posaron entonces en su vecino y esperó su respuesta antes de fingir que se había equivocado, si llegaba a no saber que responder.




"Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas"
Je suis pour toi. Tu prends ma main. . .:

"Me siento bien cuando sano a personas, me siento feliz cuando veo sus sonrisas; pero lo que verdaderamente alegra mi corazón es tenerte junto a mi"


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Re: Pandora’s box [Kya & Trystan]

Mensaje por Cedrik el Vie 20 Abr - 15:06

Y el tiempo avanzó, más despacio de lo que había imaginado, mientras su mente divagaba en dirección a un único destino. Deambulaba entre las voces, los sentimientos cruzados y los quehaceres que se entrelazaban con él en esa conexión vibrante. Apremiante. Impaciente. Se detuvo en ese recorrer inquietante al darse cuenta de dónde se dirigía y se obligó a escuchar el relato del trovador:

“[...] Cuando Cal’Haris despertó no supo predecir donde se encontraba, en su estado moribundo, sintió como comenzaba un viaje, que al fin llegó a su destino, se encontraba en una alta montaña, en un pequeño poblado humano. Pudo ver el cielo estrellado en la noche, las luces del hogareño pueblo, de no más de cuarenta habitantes. Sus heridas habían sido tratadas, estaba vendado por su costado y abdomen, y una pregunta nació en su mente: cómo era posible que siguiera vivo.  Percibió como una mula tiraba del carro donde él se encontraba pero no podía ver quien llevaba las riendas del animal [...]”

Historias de heridos y guerras. Batallas y muertes. Salvadores. Salvadores. Era irónico. Su mente desconectó de nuevo del relato que continuaba con algo similar a como Cal’Haris era tratado por una desconocida  sanadora. Su diestra viajó a su mentón, despistadamente, mientras rascaba con el pulgar la incipiente barba. No necesitaba irse a una mera historia para saber qué se sentía en ese concepto. En esa situación. Tampoco entendía porqué los juglares siempre narraban historias de las que apenas conocían nada. Inverosímil. Pero de ello trabajaban. Desapercibida pasó la figura que se sentó a su lado, demasiado centrado en buscar el pelirrojo entre las sombras danzantes causadas por la fogatas, hasta que la delicada voz lo mencionó. El recorrido de su pulgar se detuvo en la barbilla. Los claros ocelos se centraron parsimoniosos en la penumbras que se acomodaban al perfil femenino y su siniestra se depositó con una caricia sobre la empuñadura de su arma. Un acto reflejo, sin mucho de significado.

Pelirrojo —repitió con un sesgo indescifrable. Apartó la diestra de su mentón para señalar a través de las flamas a un tipo que estaba frente a ellos—. Creo que ese de ahí es pelirrojo —. Recorrió con la mirada a la fémina, de arriba a abajo, en un intento por discernir si la casualidad había llamado a su puerta o, tal vez, se trataba de otra cosa. Además, ¿desde cuándo no se había dignado el resistente a acudir a sus reuniones? Nunca. Pero no improbable—. El destino es algo sumamente caprichoso, dos desconocidos buscando a un pelirrojo —se aventuró—, ¿verdad?—. La pregunta quedó en el aire, mientras estudiaba sus reacciones.





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