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A jewel between swords and shields [Eros]

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A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 17.02.18 22:26

Hasta hacía una semana el aristócrata se levantaba todos los días con la misma rutina, pero no, ya no era así, porque en su remesa semanal de esclavos y futuros gladiadores encontró una pequeña perla, un tesoro de esos que le hacían sonreír y mostrarse aún más narcisista de lo que podía llegar a ser. Estaba de buen humor y eso se notaba en su forma de caminar, con seguridad plena, en como trataba a sus gladiadores que estarían todos con resaca tras una noche de vino y putas. Se pasó la mano por la cabellera, rojiza, puro fuego y bostezó mientras caminaba en bata, abierta, por la casa. Se topó con una se sus esclavas habituales y le robó un melocotón de un cesto, pidiendo a esta que avisase al dormilón de Eros para que se reuniese con él en el balcón del segundo piso que daba al patio de entrenamiento.

Tomó algo de ropa y se fue vistiendo mientras dejaba a un lado los pasillos de la residencia anexa al Coliseo, donde se encontraban ahora. Era un edificio de corte romano, anexo al coliseo, de dos plantas, cuyo balcón daba a un patio de entrenamiento amplio de arena y un gran muro que resguardaba la casa de miradas indiscretas. Una vez decente, ya en el balcón, se encontró con la visión de 10 reclutas en fila, formando frente a un dragón de aspecto fiero y con un látigo. Se trataba de su maestro de armas, aquel que mantenía a raya a estos y los entrenaba, el hombre que se había ganado ese privilegio tras haber sido gladiador por vocación durante tantos años. Era una leyenda, era un amigo, una persona de confianza total.

Acabó la pieza de fruta y los miró atentamente, esperando, sabiendo que esa larga pausa tensaba cada uno de los músculos de esos humanos. -Vral opina que sois los mejores esclavos para este trabajo, ve en vosotros una oportunidad de trascender y convertiros en héroes, aclamados por el pueblo. Yo solo veo despojos, simples sacos de carne y huesos que serían capaz de mearse en los pantalones ante un hombre de verdad. Espero equivocarme y cuando llegue la prueba final la paséis, porque no se puede fallar aquí, no ante mi.- Los gladiadores de Thyraxes, los auténticos, con sus armaduras y distintivos nombres, coreaban sus palabras y arengaban a los reclutas.

El pelirrojo se mordió el labio inferior, alzando la mano para que Vral comenzase con todo aquello, apoyándose un poco en el mármol del balcón, analizando a cada uno de ellos. Los había más altos y más bajos, algunos mejor tonificados que otros, pero cortados por el mismo patrón. Encargó una copa de vino, sonriendo al ver que desde el interior de la casa se acercaba su pequeño Eros, era como un niño con un juguete nuevo, le encantaba pasar su tiempo procurando que el chico aprendiese bien sus cometidos y nada más puso un pie allí, tomó la copa y le indicó que se acercase. -Dime Eros, ¿que opinas de ellos?. Has tenido tiempo para ver a mis gladiadores en sus jaulas, su forma física, sus aptitudes para el combate, la diferencia entre ellos y esos reclutas. Me interesa la opinión de alguien ajeno.- murmuró, dejando la copa sobre el muro de mármol que conformaba el balcón, apoyándose en este con los brazos de nuevo.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 17.02.18 23:15

Se acostumbraba a la mansión y sus habitaciones. Innumerables, más de las que Eros hubiera visto nunca. Debería sentirse afortunado entre tanta riqueza, más de la que hubiera creído posible, pero en su lugar se sentía inquieto, prisionero en una cárcel muy muy bonita. Su cama era muy cómoda, la luz entraba en su habitación, y eso ya era algo sorprendente. Tenía espacio para sí mismo, y el Señor no había mostrado interés por entregarle o matarle. Al contrario, cualquiera diría que le tomaba por suerte, un pequeño tesoro.

Eros no lo comprendía.

Esos días se limitó a hacer sus tareas, dudando por lo que pudiera pasar. Thyraxes lo llamaba a menudo, y entonces compartían alguna conversación en la cual el dragón parecía inexplicablemente feliz.

Aquel día había dormido demasiado. Tampoco había llegado nadie a despertarle, y por ello, cuando por fín se desperezó, marchó a la cocina, cogiendo algo de comida. No comprendía el sentido de tenerle de esclavo si no se le imponían obligaciones. Eros no se quejaba realmente, solo echaba en falta tener su taller y aprovechaba para curiosear por la mansión, aprender sus secretos y salas. Se le estaba dando bastante bien.

Estaba terminando de comerse una manzana y beberse un vaso de leche cuando preguntaron por él, y se obligó a acabar más deprisa, sin saber que requeriría de él Thyraxes. No le infundía mucha seguridad su amo, pero no quería enemistarse con él tan pronto, prefería curarse en salud y estudiarle primero.

Llegó al balcón indicado y distinguió la figura del dragón rojo, apoyado en la barandilla y observando con atención a un grupo de futuros gladiadores. Eros se había cruzado con ellos de manera muy puntual en una de esas que salió al patio a recoger un pedido del amo. Esta última palabra le escoció un poco en la mente, reacio todavía a la idea de considerar al dragón su "amo". Era rebelde para esas cosas. Un pájaro que deseaba volar solo por donde él deseara. No sabía hasta que punto Thyraxes buscaría coartarle eso. De momento estaba dándole espacio, pero si quisiera podría quitárselo, al fin y al cabo, estaba en una posición aventajada: conocía la naturaleza de Eros.

-Buenos días -dijo, llegado donde él, y miró también a los gladiadores combatir.-Parecen valer, tienen el cuerpo. El último de la derecha es un poco más delgado pero tal vez tenga ingenio.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 17.02.18 23:33

Cuando apareció se le dibujó una sonrisa en el rostro, discreta, pues ante todo, Red era un dragón cuyo semblante tenía de normal un rictus algo serio. No había conocido aún el chico al dragón en profundidad, por eso quizá las cosas iban realmente bien, porque le estaba dando un espacio que pocos tenían. Cuando se acabase esa consideración para con el nuevo, otro gallo cantaría, tenía muchos planes para él, demasiados, ya lograba al menos que donase su sangre, aunque los primeros días fue más que reacio a ello. El problema de su adicción no se iba a curar, ese chico era un bálsamo, por la gorda de su Diosa que hacía mucho que no probaba una sangre tan similar a la de los dragones.

En cuanto habló asintió, fijándose en el chico que decía, menos musculoso, pinta menos fiera, por desgracia esos que eran tan ingeniosos no solían durar, lo aprendería tras ver una de los espectáculos. -El ingenio está bien si eres capaz de llevar a la práctica esas ideas, pero aquí todo avanza deprisa, porque la sombra de la espada pende del cuello de cada uno, los que no valen acaban siendo revendidos para trabajos muy duros, mueren al final. Los que llegan a la arena pero son malos mueren por el acero. La victoria es lo importante, el trabajo, hay que tener una mentalidad y un cuerpo acordes.- comentó, dando otro sorbo a su copa para después mirar al esclavo.

Se le acercó para acariciar su nuca, deslizando la mano hacia abajo para colar dos dedos en la zona baja de la espalda y acariciar sus escamas, gesto que ya era habitual para el dragón y que esperaba que Eros ya recibiese con cierta naturalidad, por más que no fuese de su agrado. -Me apetece hacer algo diferente... así que voy a hacerte una especie de regalo, un detalle.- comentó, presionando las escamas suave. -Voy a dejar que elijas a un recluta, el que tu quieras, te lo regalaré, lo que viene a ser que en teoría sus triunfos serán dedicados a ti, podrás preocuparte del entrenamiento y el equipamiento. Además si el gana tu también, podremos competir en el coliseo a través de gladiadores.- la idea era emocionante.

No pensaba darle ningún consejo positivo, pero tampoco negativo, le dejaría guiarse por su instinto, o en su defecto, que le preguntase al maestro de armas, él podría darle detalles de verdad para una elección óptima. Porque Red no iba a aceptar un no por respuesta, le importaba poco su opinión, lo haría igualmente, el aristócrata era bastante insistente con lo que quería y siempre acababa teniéndolo. -Será divertido, me apetece saber que clase de chico eres. Y no, no tendrás que complacerle de ninguna manera, para eso tengo planes... nos divertiremos bastante- acarició sus labios con los propios, de forma escueta, apenas dos segundos.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 18.02.18 0:49

Thyraxes no preguntaba a la hora de los acercamientos. Sus manos no pedían permiso y esas eran de las pocas cosas que molestaban al esclavo. Hubiera preferido un amo menos físico, pero también era consciente de la suerte que tenía de seguir vivo y de que el dragón no lo sobrecargara con tareas. No replicó por esto, incómodo ante las caricias en las escamas que ya eran costumbre. Solo tensó la mandíbula y trató de actuar con naturalidad, más pendiente por un momento de los gladiadores que de su propio amo.

De entre todas las cosas que pudieran haber ocurrido, lo siguiente que le dijo fue lo que menos esperó. Los esclavos eran caros, aquellos con la corpulencia de un gladiador, mucho más. -Ni aunque quisiera poseo el espacio o la casa como para ofrecerle techo. Tampoco puedo pagar un maestro de armas o comida. No comprendo muy bien el porqué de tu decisión. -confesó, por atractivo que fuese jugar a ser un hombre libre. De por sí, Eros nunca compraría un esclavo. La idea de ser dueño de la vida de otra persona le incomodaba,  le resultaba impensable.

Thyraxes insistía. Ser consciente de que le regalaría el humano, quisiera o no, le abrumaba, pese a que terminó por asentir. Su vista se paseó por el grupo, y tras mucho evaluarlos, quiso saber de ellos. - ¿Podrían presentarse? -preguntó a Thyraxes, a la espera de que le permitiera bajar o que les diera la orden de hablar a los hombres. No sabía a quien elegir, pero su intuición le hacía mirar al hombre menos corpulento, por poco recomendable que fuese eso. Quería pensar que era el mejor de todos. Que la fuerza bruta no era el único camino para conquistar el coliseo.

-Tal vez no te guste como soy. -dijo, con la vista en el patio. -No soy alguien sencillo, pero tampoco voy  aventurarme a decir que soy complejo. No soy un enigma o un puzle. -prosiguió, extrañado ante la fijación del dragón por estudiarle, por saber de él. Fue cuidadoso con sus palabras, con tal de no resultar grosero. Ofenderle no era algo que deseara, pero entonces se inclinó, besó sus labios, y la reacción primera de Eros fue girarle la cara. No supo como el contrario lo tomaría, pero se encontró besando su mejilla al final.

-No llevo bien el contacto físico. -Miró a Thyraxes, esperando una reacción, mala, seguramente. No estaba en posición de replicar, Eros sabía que era cierto y también había prometido atención personal días antes.- Lo lamento. -dijo, excusando lo que acababa de hacer.- Me costará un poco, pero prometo ser más receptivo.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 08.03.18 3:21

En realidad no le había dicho en ningún momento que fuera a tener que ocuparse de la manutención de ese esclavo ni de nada, pero era comprensible, alguien de su posición no tenía derechos según la sociedad en la que vivían. -No te preocupes por eso, no he dicho que tengas que pagar nada, vas a ser su dueño si, pero pago yo, esto es para que podamos tener nuestra diversión apostando cosas en los combates del coliseo, me parece una forma muy innovadora de que te ganes tus premios.- dijo con algo de felicidad reflejada en su rostro. Lo entrenaría como a todos sus campeones si daba la talla, eso era obvio, pero en esencia, el esclavo sería de Eros, si resultaba ser buena adquisición, el que tuviera la oportunidad de pedir cosas mediante la espada en la arena, así sería.

Escuchó la simple petición del chico y no tardó en alzar la mano para que todos se adelantasen y parasen frente a ellos desde abajo, mirando. -Eros quiere que os presentéis... no seáis descorteses y presentad vuestro respeto a mi, el amo, y al chico.- dijo tras alzar la voz y uno por uno se fueron presentando. Eran cinco importantes, de izquierda a derecha eran Broz, Raloch, Klin (el menos corpulento), Bartros y Barnabás. Todos tenían sus cualidades, esperaba que así pudiera elegir a gusto. -Libertad absoluta, puedes pedirles lo que quieras, lo harán para contentarte porque así lo deseo, elige sabiamente.- el dragón tenía claro cual era su favorito para ese juego que estaban comenzando, pero le dejaría a él primero como prometió.

El señor de gladiadores sonrió por como se describía Eros, a él le parecía extraño, bastante, si que era un puzle al que tenía que encontrar solución. También le asombró que tuviera el descaro de girarle el rostro para acabar besando su mejilla en vez de sus labios. En circunstancias normales seguramente se habría enfadado con el chico y pude que ya estuviese camino de su castigo, pero como era el primero que se mostraba así prefirió dejarlo pasar para empezar a conocerlo más. -Creo que si lo eres... y quiero saberlo, que me cuentes cosas de ti para conocer mejor a Eros.- comentó, rozando su mejilla con el pulgar.

Al menos el chico se disculpó por el gesto, pero eso de que no le gustaba el contacto físico, resultaba problemático en una casa donde el dragón vivía como deseaba en un ambiente en el que el cuerpo era alabado como una obra de arte, siendo los ropajes escasos o nulos dependiendo del día. -Espero que si, porque fueron tus palabras las que he tomado en consideración. Puedo ser paciente si me lo pides de forma educada, acompañado de un gesto de buena voluntad por tu parte.- comentó, acariciando su espalda como si fuera un gato, llamando a una esclava para rellenase la copa del chico y le dejase un plato con algunas uvas, del que robó la más grande para comerla. -Si necesitas ayuda con eso, podemos solucionarlo, no soy un monstruo, no habrá diferencia a otras veces en que hayas intimado, no acostumbro a destrozar a un híbrido porque si, pero dejemos eso para otro momento, sigo queriendo saber cosas de ti, tus cualidades.- comentó robando otra uva de su plato.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 31.03.18 21:55

Su vista se desvió al coliseo vacío, observando los hombres que trabajaban al fondo allanando la arena, a la chica de los establos que cuidaba a los caballos y al chico de las bestias que caminaba con una vasija de carne fresca para los leones. Desde que llegó había visto el mismo ritual todas las mañanas, y no se terminaba de acostumbrar al ambiente, lo intentaba.

El aristócrata reaccionó de manera mucho más sosegada de lo que hubiera esperado a que le rechazase el beso, e internamente Eros agradeció que el amo fuese de temperamento medianamente moldeable. Le observó un momento recortado contra la luz de la mañana, y decidió dejar que le rodease la cintura con uno de los brazos, moviéndole la extremidad para ello, se sorprendiese este o no.

Tras eso, el chico bajó la vista a la arena viendo al maestro de armas y a los distintos gladiadores. Los escuchó, con la promesa de Thyraxes aún presente. Aquel sería su esclavo, pero el dragón seguiría encargándose de su manutención. Parecía un juego sencillo, pero Eros se lo tomó en serio, esperando a que los distintos hombres se presentasen. Los oteó con atención, tratando de hacerse algún tipo de imagen mental de como sería cada uno de aquellos hombres, tanto en combate como en intelecto. Algunos cambiaban en etnia, otros eran más corpulentos que otros. El propio Eros acababa de defender a hombres como Klin, sin embargo, también tenía conocimiento de que gladiadores de ese estilo eran excepciones contadas, y no planeaba arriesgarse a que Thyraxes lo mandara luchar contra el más fornido de ellos. Descartó a Klin.

Cuando recibió permiso de Thyraxes para pedir lo que deseara a los gladiadores, miró a los cuatro restantes. Aún no había comunicado al amo su intención de descartar al más delgado, y decidió guardarse eso para el final, elegir de golpe. - ¿En qué os especializáis? ¿Os especializais en algo? -preguntó, sin estar muy puesto en el deporte o las competiciones. Notó que el maestro de armas llegó a mirarle con cierta incredulidad, pero eso no le importó. Siguiendo el orden en el que estaban, Broz fue el primero en contestar, hachas. El dato resultó sorprendente a Eros, quien se preguntaba si era efectivo siquiera luchar con armas tan cortas. Mentalmente anotó todos los demás: Klin, escudo circular y espada corta; Raloch, red y lanza; Bartros, espada larga y yelmo; Barnabás, maza larga y espada.

Comprendió que eran válidas muchas combinaciones de armas en el coliseo, y su vista se dirigió a Thyraxes, con duda en sus ojos, apoyado en la barandilla y observándole mientras comía uvas. -¿Debo suponer que estos son tus mejores gladiadores de entre los novatos, verdad? -inquirió al final, mientras su cabeza trabajaba rápido. No echó mucha cuenta a la cercanía del aristócrata. - ¿Qué dirás si el que elija gana un combate? No puedes proclamarlo mío delante del público o dejarme decidir si vive o muere, sería una valiente insensatez -murmuró, pensativo. Se pasó una mano por el cabello y decidió inclinarse hacia la barandilla.- ¿Quién de vosotros querría luchar para mí?

Lanzó la pregunta, esperando a ver como reaccionaban. Tal y como se temía, tres de ellos no contestaron, y Eros no lo criticó, comprendía que temían levantar cierta molestia en su actual amo si no eran escogidos. Eran prudentes... - ¿Se te puede follar después? -La voz de Raloch le hizo alzar una ceja, girándose de nuevo hacia la arena. Seguía sonriendo de manera escueta.- No, no se puede. ¿Lucharías para mí? -vio igualmente a Broz dar un paso al frente, pero su atención estaba centrada en el gladiador que habló, encontrando bastante sorprendente que se atreviera a decir eso delante de Thyraxes. - Ya he elegido -comentó entonces, robándole una uva al dueño del coliseo.- Me quedo a Raloch. Puedes quedarte con Barnabás. -Era el otro más corpulento- Nunca me gustaron las mazas de todas maneras.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 31.03.18 22:35

El muchacho que tenía cerca era una maravilla, quizá eso le gustaba tanto, el hecho de que era totalmente nuevo y extraño, no cediendo a la primera y con el descaro suficiente como para no querer algunas pero otras si. Recibió a modo de disculpa, o eso entendió, que le moviese la mano para rodear su cintura y presto lo hizo, para sentir su cuerpo sobre la delicada prenda que llevaba puesta, de la mejor calidad. El chico tenía ese encanto especial con el que pocos nacían, se lo pasaría en grande en un futuro cercano, porque si además su sangre era tan especial como estaba pensando... no tendría prisa por prescindir de sus servicios, encontrar buena sangre no era tarea sencilla en un mundo tan vigilado como el suyo, donde los soldado incrementaron su número y los controles.

Cuando tomó la iniciativa Eros, escuchó con atención, permitiendo cuantas preguntas fueran necesarias y dando instrucciones al maestro de armas que no le cuestionase ni dijese nada a menos que le preguntase directamente el esclavo. Escuchó con atención también el tema de las armas que en su vida habían manejado y las escogidas por estos cuando empezaron su entrenamiento. Llevaban muy poco y el dominio de estas no era tan grande como el de sus campeones, pero ya decía bastante de su estilo de lucha, cosas que con el tiempo el esclavista y maestro de gladiadores conocía bien. Mentalmente se hizo una lista y fue diciéndose los pros y los contras de cada estilo y enfocando todo a futuro, cuando ya fuesen buenos luchadores y prosiguiesen con vida.

Sonrió ante la mirada de duda de su esclavo, le pareció mono y se llevó una uva a la boca, no le podía decir nada, darle pistas, tenía que escoger a ciegas por su instinto, que era parte importante de ese trabajo, a menudo los mejores gladiadores eran fruto de una corazonada y pocos expertos daban unas monedas por ellos. Pero el férreo trabajo de su maestro de armas siempre sacaba lo mejor de ellos, ese potencial escondido, sumado al jubileo del público y la espada que se cernía sobre sus nucas amenazando con matarlos en unas minas si no luchaban. -Los mejores que compré recientemente, no encontrarás más idóneos esclavos para este coliseo, doy mi palabra de dragón.- dijo tomando otra uva y aferrando su brazo mas a la cintura de este. -No, pero estarás conmigo y si tu gladiador demuestra que ha vencido, no le pasará nada malo, le recompensarás. Si pierde... el público decide pero podría hacer una excepción y que me indiques que te parece a ti.- un juego secreto, de señas o acciones, compinchados para que su juego secreto de duelos llegase a buen puerto. Cuando se inclinó a la barandilla acarició su nuca, dejando que preguntase, le divirtió el gesto.

No esperó que uno de ellos tuviera el descaro de preguntar semejante cosa, la ira en el dragón de escamas rojizas se manifestó en sus irises, en la forma en que su boca adoptó una mueca de completo desagrado y poco le faltó para saltar ahí abajo a darle una lección de humildad. La respuesta de su esclavo fue obvia, no le siguió el juego y eso le calmó y frenó un poco, aún así eligió a ese desvergonzado y no quedaría así la cosa, tenía que dar ejemplo. Le resultó curioso que pensase que elegiría al más fuerte, el que usaba mazas, pero no dijo nada, solo besó su mejilla para levantarse y quedar al lado del esclavo, señalando a Klin, el más delgado de todos. -Ese para mi- sonrió, para luego mirar a Eros, tras girarle, dejando que la espalda del chico quedase contra la barandilla.

Lo siguiente era su primera prueba de fuego como amo de un gladiador, porque no podía permitir semejante falta de respeto y el dragón quería sangre correr por eso. -Ha sido grosero contigo y se ha extralimitado. Debes castigar a ese gladiador... permitiré que viva porque es tu elección, pero darás ejemplo, para que jamás vuelva a dirigirse así hacia tu persona. Eres su amo, su dueño, su maestro, te lo debe todo, hasta la vida. Ahora es cuando te pongo yo a prueba... dejando que elijas su castigo- murmuró, mirando al descarado de Raloch. -Juzgaré si es suficiente o no y actuaré en consecuencia.- añadió, permitiendo que el chico hablase en primer lugar en voz baja con él, luego anunciaría el castigo delante de todos, lo verían, se efectuaría y todos contentos.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 31.03.18 23:14

Ignoró la reacción de Raloch cuando le eligió, quien esbozó una sonrisa burlona. El maestro de armas se había quedado tan tenso como su amo cuando había hablado el esclavo, pero a Eros su vocabulario no le inmutó, tan acostumbrado como estaba a escuchar cosas soeces entre siervos y bajos fondos de la ciudad. Lo que le impresionó un poco fue la facilidad con la que en aquel coliseo proclamaban abiertamente su gusto por compañías masculinas. Eso era algo más raro.

Dejó que Thyraxes escogiese a su gladiador, algo extrañado porque hubiera decidido optar por Klin. No parecía el tipo de esclavo por el que el aristócrata pudiese haber apostado, así que temió habersele pasado algo. Los gladiadores quedaron en fila tras eso, esperando, y el chico miró al aristócrata, consciente por sus facciones de que había algo que lo perturbaba. Sus sospechas fueron confirmadas cuando le giró hacia él, apoyado en la barandilla, y reveló sus intereses. Eros no pudo decir que le sorprendió la petición de castigar al esclavo y sopesó distintas variables. El próximo torneo era pronto pero no tanto. No deseaba hacer nada irreversible, pero sí que escociera al gladiador. - Siete latigazos. ¿Cómo lo ves? -consultó con Thyraxes, sin anunciarlo abiertamente todavía. Al chico le pareció razonable, los latigazos eran desagradables, e imaginaba que la manera que tenían de darlos en el coliseo sería peor que lo normal en las casas de otros aristócratas.

Aguardó la decisión del contrario, viendo llegar a Laetia, una de las damas que traía la comida, y le dio las gracias, robando un par de uvas más del bol de Thyraxes. La fruta era muy fresca en su casa, jugosa, nada que ver con la fruta rancia y de segunda que podía permitirse el vulgo común. Estaba acostumbrado a comida menos sabrosa y eso era un cambio positivo desde que llegó.

-Sé que querrás algo más grave pero pienso que los latigazos son una buena opción. Confío también en que tu maestro de armas azota de manera contundente -mencionó, dudoso pero esperando que aquello bastara. El rostro de Thyraxes se mantenía serio- ¿Puedo anunciarlo? ¿Te parece bien? -le dijo, mientras echaba un ojo a la línea de gladiadores. Estos permanecían de pie mirando hacia el estrado. Eros nunca había estado en un combate de coliseo. Se preguntaba como sería el protocolo, si los precios de asistencia eran muy caros y sobretodo, si trataban al dragón de rey allí dentro... eso sería peligroso, por como pudiera reaccionar la Reina.

Bajó una mano y acarició brevemente el antebrazo del aristócrata, hablando para él, sin necesidad de alzar la voz.- Va, que sean siete ¿vale? Me gustaría eso. ¿Lo respetas?




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 31.03.18 23:39

El clima de tensión que se instaló en ese segundo piso de la residencia del dragón, fue bastante notorio, más para los gladiadores que hacían de guardia en la puerta del balcón, aquellos que ya conocían de sobra al amo como para poder interpretar su rostro, lo que escondía detrás. Había barreras que no debían cruzarse en la vida, estas las imponía el maestro del coliseo según su voluntad y que a un chico tan especial como Eros le hubiera tratado así, de vulgar puta a la que ensartar y desechar... inconcebible, desde que supo lo que era Eros, todo era diferente, el chico era más valioso que todos esos reclutas allí presentes. Siete latigazos fueron los escogidos por el híbrido, en circunstancias normales le habría valido con eso, pero semejante insinuación aún pesaba en la mente del aristócrata, sus músculos, tensos, le pedían algo mas que unos meros latigazos, algo ejemplar que recordase bien. Por eso mismo tardó en contestar al chico, porque trataba de decidir si dejarle ese castigo o agravarlo más.

La intrusión de Laetia pasó casi inadvertida para el dragón, que solo se fijaba en Raloch y en los movimientos de su esclavo, cogiendo uvas y disfrutándolas con cada bocado. Como su jugo resbalaba de sus labios al mentón, de forma sugerente, provocando que su dedo lo recogiese para limpiarle, con la intención de chuparlo luego. Era un poco contradictorio porque lo compró precisamente para entretener gladiadores en noches frías, pero los caprichos de un dragón eran incuestionables e impredecibles, sumado a lo único que fuese el chico.

En efecto, el chico dio en la diana, le parecía muy poco para ese anuncio delante de todos, porque no solo eran sus hermanos de armas quienes lo escucharon, también el servicio, los otros gladiadores, el propio maestro de armas que fue gladiador antes que todos ellos. El dragón le miró cuando hizo la pregunta y no contestó inmediatamente, pero no tardó en sentir la mano del chico acariciar su brazo de forma delicada, pidiéndole en un tono bastante dulce que permitiese ese castigo y ante él se presentó una disyuntiva, hacerle caso y que fuese ese el castigo, o imponer el que tenía en mente y menguar la voz del amo de Raloch, lo que no contribuiría para nada a que este respetase a Eros como domine. -No es suficiente... puede que parezca que siete latigazos duelen, pero acabará por aguantarlos en un futuro, lo que ha dicho es inaceptable.- murmuró.

Posó la mano sobre la de Eros, la que estaba acariciando su brazo e imitó la caricia en el del chico, pegándose un poco a este. Había métodos de vengarse, secretos, que Eros no conociese, pues nadie admitiría lo que tenía en mente el dragón así como así, era una forma de dejar al chico imponer su castigo, el del domine del gladiador. Luego, como maestro del coliseo, podría imponer el suyo, uno aparte y por otros motivos, eso era aceptable. -Que sea así pues.- sentenció, aunque le costó que sus palabras saliesen de la boca, casi fueron gruñidas. De todas formas, para desquitarse en ese momento de tanta tensión, lo haría él mismo. Se apoyó en la barandilla y saltó hacia la arena, desde ese segundo piso, cayendo al suelo como si nada, en un gesto que a un humano le habría valido una lesión en la pierna. Esperó pacientemente a que lo anunciase, al lado del maestro de armas, para coger el látigo y procede.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 05.05.18 10:33

Ocurrió algo interesante, pues al contrario de lo que Eros pudiera haber creído, el dragón aceptó su decisión, en lugar de denegarla y cambiarla por algo que considerara más apropiado. Observó algo sorprendido el como el contrario asintió con la cabeza, murmurando a regañadientes ese, "que sea así pues" y procedió a descender de un salto a las arenas del coliseo. Hubo algo en toda la acción, en el repentino cambio de posiciones, en el juego, que hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo. Quedó solo en el palco, observando desde la posición elevada el como el dragón tomaba el látigo y se aproximó al esclavo. Ni siquiera se inmutó al oir el primer golpe del cuero, y en su lugar acarició la barandilla de madera pulida, observando el bol de uvas y los lujos a su alrededor. Notó un hormigueo en el abdomen, comiéndose una de las frutas del bol, y una muy tenue sonrisa se dibujó en sus labios. ¿Era aquello lo que implicaba el poder? ¿Era eso sentirse poderoso? Le ponía.

Disimuló tranquilo, apoyándose de nuevo en la barandilla, escuchando el resto de latigazos con aparente interés, y finalizado el show esperó a que Thyraxes regresara, ofreciéndole directamente un par de uvas. -Queda así entonces. Dudo que vuelva a decir nada, más cuando has bajado tu personalmente.

Se apoyó en la baranda, acariciándose levemente el vello de la nuca, y tras eso se acomodó en una de las sillas cercanas al asiento principal. El de Thyraxes estaba visiblemente más decorado, pero Eros no lo cuestionó o hizo preguntas. - ¿Cuando es el próximo evento? -mencionó, a la par que sostenía sobre el regazo el bol con uvas. No sentía especial ilusión por el deporte más allá de tener curiosidad por como su gladiador se desenvolvería a la hora de la verdad. Fuera como fuere, Eros comprendía que debía empezar a gustarle la vida en el coliseo y los combates si quería tener una posición privilegiada frente a Thyraxes. -¿Cómo adquiriste el coliseo? ¿Siempre te gustó este negocio? -preguntó sin muchos rodeos. Tenía curiosidad sobre que instó al hombre a decantarse por una empresa como esa. También deseaba aprender más y recabar información que le ayudara a posicionarse mejor en el tablero de juego que habían iniciado.

-Imagino que fue una compra complicada que requirió gran riesgo y que no cualquier dragón se habría atrevido a hacer -comentó- Las gentes de Talos podrían no haber recibido este tipo de espectáculo tan bien como en Isaur. Hay quien lo considera barbárico... pero veo que triunfó el concepto de pan y circo. -se contuvo de hablar más, pues no negaba que había estado ojeando algunos escritos que guardaba Thyraxes sobre coliseos y demás. -De alguna manera, siendo que eres tu quien decide quien vive y quien muere tras los combates, las reglas te permiten ser una especie de pequeño rey dentro de estas paredes. Apuesto a que eso fue un aliciente principal. ¿Me equivoco?




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 05.05.18 17:48

El dragón de escamas escarlata no dudó ni un segundo en hacer restallar el látigo para avisar de que iba a proceder al castigo, su maestro de armas ni se inmutó, al contrario, ordenó a todos los nuevos reclutas que allí estaban que mirasen bien lo que significaba contrariar al amo o meterse con algo de su propiedad. El señor de gladiadores empezó entonces a usar el látigo en la piel del humano, este, que había sido provisto de un trozo de madera para morder, gritó igual al sentir como el cuero desgarraba su piel, más cuando el resto de latigazos coincidieron con las heridas ya abiertas, creando un patrón desordenado. Al final del castigo, el esclavo casi no podía mantenerse en pie, los humanos subestimaban lo que era verse sometidos a semejante dolor, la sensación de la espalda en carne viva y la tirantez de la piel, abierta. Una sensación que el dragón disfrutaba enormemente, por eso mismo era dado a castigar en persona, a deleitarse con esos sonidos tan característicos.

Pasó el látigo a su maestro de armas y se dispuso a entrar a la casa nuevamente, tendría que subir al piso de arriba tras pasar por las rejas que separaban las dependencias de los gladiadores del resto de la pequeña mansión. Aprovechó para limpiarse las manos en un barreño de agua que le ofreció una esclava, esta contenía aceite aromático y tras secarse en su túnica pasó al balcón, donde Eros esperaba con dos uvas que tomó directamente de sus dedos. Los esclavos miraban al señor con una mezcla de odio y miedo, pues se decía que el señor del coliseo no tenía alma a la hora de impartir disciplina. -Esperamos todos... porque de hacerlo de nuevo será sometido a algo mucho peor.- se dejó caer en su asiento tras esas palabras.

Vio al chico situarse a su lado y alzó la mano para que comenzasen de nuevo los entrenamientos entre los nuevos. Tras eso pudo girar el rostro para mirar al chico y satisfacer la curiosidad del híbrido, quizá estaba ansioso por ver a su gladiador pelear, aunque no sabía si sobreviviría al siguiente juego. -En unas dos semanas tendremos un juego para exhibir gladiadores y que la gente disfrute de matanzas por doquier, no creo que se usen gladiadores experimentados así que estos probablemente salgan a defender su honor.- llevó la mano al regazo del esclavo, al bol que tenía colocado encima y cogió dos uvas, comiendo estas de forma lenta, algo sensual, más que nada por el sitio donde tenía colocada la fruta. La siguiente tuvo que sopesarlo, no podía contar cosas que sucedieron en el pasado, al menos no específicas. -Hubo una época en mi juventud, en que el coliseo era todo un espectáculo, con más relevancia que ahora, el pueblo amaba asistir. La misma corona lo alentaba y el público se moría por ver la sangre, me fascinó eso, por eso mismo cuando el anterior administrador cayó en desgracia, con un poco de mi ayuda, me fue fácil adquirirlo pagando una cuantiosa suma que ya está más que retribuida.- se acomodó bastante en la silla.

Sonrió y llevó la mano a su pelo, revolviendo este. -Arriesgada, muy cara y requirió favores personales para que la Reina me concediese dicho honor. La gente al principio no reaccionó muy bien pero con un poco de estrategia comercial y usando trucos inteligentes como ejecutar prisioneros ahí y no dedicarlo todo a matar... uno se gana al pueblo, sobretodo si en épocas bajas cuando la gente entra ofreces un poco de comida para que se llenen el buche mientras descargan sus frustraciones contra los gladiadores.- el secreto no era encarecer entradas para la chusma, sino procurar que el precio fuese tan atractivo que se llenase por completo, algo muy complicado. Se acercó algo a este, para susurrarle, porque había cosas que no debían mencionarse en alto. -En este coliseo, yo soy un Dios, mi palabra es ley, yo decido el destino de todos, quien muere, quien sobrevive para morir otro días. Tengo el poder, todo, nadie me cuestiona y mis invitados gozan del privilegio de poder escoger cuando lo permito. En estas paredes nadie está por encima de mi, a excepción de la Reina, pero ella nunca viene.- se separó lentamente de su oído, tomando una uva para acercarla a sus labios.

Le encantaba eso, pasear la fruta por los labios como una caricia. -Si te portas bien, un día dejaré que pruebes que es tener tal poder, dejaré que elijas en algún combate privado... Quizá te desagrade pero le cogerás el gusto.- sonrió, dejando que comiese la uva y pidió que saliesen dos gladiadores consagrados para que enseñasen algo a los nuevos, puso a parejas para combatir contra uno profesional, para dar emoción, y con eso sabía que caerían, pues sus campeones podían con hasta cuatro normaluchos. -Eres inteligente, sabes muy bien lo que agrada a un dragón...- se crujió los dedos. -Si no recuerdo mal te vendió un orfebre... ¿Eso quiere decir que eras aprendiz suyo, sabes mucho de joyas? Porque me encantan y siempre me gusta adquirir nuevas para mi colección y decorar mi cuerpo.- si sabía podría encargarle algo personal, especial. Muestras.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 19.05.18 11:30

Dejó que tomara las uvas de sus dedos, siguiendo con la mirada los pasos de su amo cuando subió al balcón. Buscó disimular su estado agitado, por la situación que acababa de presenciar, por esa extraña contradicción entre la molestia de ver a alguien siendo herido y el calor tentador que le despertaba en el cuerpo ver que, por una vez, era él, y solo él, el que había dado una orden y a quien habían hecho caso. Dejó que permaneciera en su mente la ocurrencia, unos instantes más antes de que el dragón subiese al balcón, y entonces cambió su actuar, cediéndole las uvas, devolviendo su atención a Thyraxes.

-Una lucha desequilibrada. Eso suele ser favorable para las apuestas. Podrías hacer mucho dinero de ello. ¿Lo has pensado alguna vez? Poner a luchar a novatos con rangos de más experiencia. Abrir las apuestas, embolsarte el dinero... Sin duda, poco honorable, pero ¿desde cuando han sido honorables los negocios? Tu mismo lo has dicho, moviste unos hilos para hacerte con este lugar... -le tendió unas uvas más, acomodándose mejor en el asiento de al lado. Sostuvo el bol mirándole, y sin presionarle mucho más con la idea, tan solo dejando que esta permaneciese en el aire. -Confío en que Raloch se comportará. No ha vuelto a hacer ningún comentario impertinente.

Al principio, Eros no supo si Thyraxes le respondería la pregunta pero, por supuesto, había adivinado bien el ego de dragón. Por supuesto, este no podría resistirse a hablar de sus hazañas y recuerdos. El esclavo suponía que hablar de si mismo debía de proveer de una subida importante de la moral personal... ¿y a qué aristócrata del reino no le gustaba  relatar sus batallas y pequeñas victorias? ¿Cual de ellos no sentía abrazado y atendido su ego cuando Eros lo escuchaba tan atentamente? El chico era bueno en eso. Una sonrisa suave e interesada en las historias se pintaba en sus labios. Aquello no era mentira, Eros amaba las historias, pero más que sorprenderse por su contenido, atesoraba el poder y conocimiento que le ofrecían. -¿Qué hizo que decayera el interés por el coliseo antes de que restauraras la reputación? ¿Algún campeón demasiado aclamado? He oído cosas. La dinámica de la arena es peligrosa... los combatientes llegan como don nadies, pero una vez empiezan a ganar algunas rondas comienzan a atraer la atención del público. -Acarició con suavidad, de manera desinteresada, el antebrazo del contrario, con las yemas de los dedos.- De pronto quieren saber más. Quién es ese gladiador. De dónde viene. Sus raíces... En definitiva, desarrollan... ¿empatía? Ya claman porque gane SU campeón. He ahí la magia. SU campeón. El pueblo adora fantasear con la idea de que tiene poder, de que lo representan. El pueblo y sus sueños por la libertad. Falsa libertad, por supuesto. Eso son el tipo de esperanzas que mantienen los asientos llenos del coliseo... y la promesa de que llegado a determinado número de combates el gladiador puede volverse hombre... libre. ¿No es preciosa esa palabra?

Detuvo el curso de sus pensamientos, mirando al contrario antes de ofrecerle varias uvas más.- Sin embargo, un pueblo con esperanzas es un pueblo inestable. Es un pueblo que cree que puede luchar contra algo. La esperanza es peligrosa, pero puede usarse bien. -Supo que había captado el interés del dragón con el relato, aún acariciando uno de sus antebrazos, delineando los músculos.- Es por eso... que el gladiador nunca debe dejar la arena. ¿Y no es eso perfecto? La famosa derrota, el hombre que se vio despojado de su libertad por apenas un par de combates... el pueblo adora eso. Les recuerda su sitio, les pone los pies en la tierra. Es un vicio muy difícil de controlar, la sumisión. Dicen que la odian, pero el sumiso vive ignorante, vive tranquilo, toman todas las decisiones por él. No tienen de qué preocuparse. Mamá Reina decide por ellos. -murmuró, quisiera escucharle Thyraxes o no.- Un gladiador que logra los combates y volverse hombre libre es un hombre que presenta un desafío. Contra la corona. Contra los dragones. Contra la hegemonía. Es el tipo de hombre que con su repercusión puede liderar revoluciones... puedo comprender que la Reina dejara de subvencionar los coliseos durante un tiempo de su mandato... al menos antes de esa regla. -aventuró, antes de incorporarse un poco, las manos dejando de ofrecer uvas al dragón, de acariciar su brazo.- Es por eso, que sé que tanto tu gladiador como el mío van a morir en la arena. Pero no es sobre eso el juego, ¿verdad? Es sobre, ver quién muere antes. En ningún momento dejó esto de ser un divertimento. No hay billetes a la libertad, ¿me equivoco?

No presionó mucho más, queriendo solo hacerle ver que conocía los mecanismos, aún si nunca había asistido a una representación. No necesitaba ver la sangre para comprender el juego, y sin embargo, comenzaba a ser consciente de cuan importante era esa parte: la sangre, para Thyraxes. Sintió sus labios rozarle el lóbulo de la oreja. El aliento cálido como una caricia, y escuchó el hilo de palabras, la representación de su ego, de toda aquella metáfora que había dispuesto Eros antes. Era un dios, sí, en aquellas paredes, lo era. Y ningún dios dejaría en su sano juicio que un subordinado se propasase ni un milímetro. Lo había visto con la reacción del dragón al castigar al esclavo instantes antes. Lo había visto en su furia, en su rabia, en su evidente molestia ante un castigo demasiado "suave" para su gusto.

-Conozco mi sitio, Thyraxes. -mencionó, en respuesta a aquel "si te portas bien", que el híbrido bien esperó y a la vez supo interpretar con doble sentido.- Y no temas, no busco delatarte. Tampoco me creerían. ¿Te gustan? -preguntó, cambiando de tema, mirándole brevemente- ¿Los combates privados? Imagino que otorgan más poder del que tienes con una audiencia. -Hizo gesto al resto del pabellón.- No cuentas con esa pequeña obligación de contentar las peticiones del pueblo con ese pulgar arriba... -Y ahora fue él quien bajó la voz, quien habló con un murmullo suave, cercano, de manera que quedara entre ambos, como algo privado.- ...porque sé que lo piensas. Deseas ese pulgar abajo. Quieres ver la sangre. ¿Acaso no lo quieren todos?-Tomó la uva de los dedos del contrario, rozándolos brevemente, y entonces apoyó la espalda en su silla, mucho menos lujosa que la del dueño del coliseo, pero cómoda aún así. - Sí, era orfebre. Mi primer dueño lo era también. Me enseñó a trabajar los metales y las piedras preciosas... si me das los materiales, haré algo para ti.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 19.05.18 13:12

Ya acomodado en su asiente y todo dispuesto se podía limitar a escuchar a su esclavo, lo que tenía que decir, pero tal como empezó el señor del coliseo arrugó la nariz, había estratagemas y algunos espectáculos que podían ser desfavorables, representaciones de alguna batalla o de una obra literaria adaptada. Pero todo lo que tenía que ver con un arreglo más elaborado y deshonroso le cabreaba, encolerizaba su espíritu, lo aprendido durante los años antes del Letargo. Raloch era un inútil ahora, no le importaba lo más mínimo porque lo castigó y si no se comportaba acabaría mucho peor. -Voy a ser claro con una cosa, algo que no espero que entiendas. Puedo hacer combates en desventaja, representaciones bélicas, muchas cosas... pero ten por seguro que en mi coliseo procuro que todo hombre esté en igualdad de condiciones físicas como para poder defenderse bien. La carnaza a veces es inevitable, pero no oses mancillar el honor de los hombres y mujeres que entran en ese círculo de tierra a jugarse la vida. Mis negocios son una cosa, la santidad del coliseo, otra muy distinta.- brusco quizá en sus palabras, pero así lo sentía, había honor en esa arena, para ellos, para la escoria humana, y se lo ganaban ellos solos.

Prefirió dejar ese tema concluso para no alterarse, el dragón tenía poca mecha con algunos temas y lo estaba pasando bien esa mañana conociendo mejor a su esclavo Eros, su híbrido personal. Por eso cuando empezó a hablar de aquella forma no pudo evitar mirarle a los ojos, pues para ser un chico que tuvo un oficio alejado de todo ese mundo, comprendía bien la función del coliseo, como el pueblo aclamaba a sus héroes y los elevaba, mientras ellos mismos se sentían llenos por verle triunfar. Sintió además la caricia en el brazo, gustándole el detalle, que se animase de esa forma, mientras su relato ahondaba en la verdadera finalidad de ese sitio. No se equivocaba nada, era tal como decía, el pueblo se sentía poderoso porque al final del combate ellos mismos con sus dedos podían pedir salvar la vida de su campeón si ofreció un buen espectáculo o la muerte de sus enemigos, de forma cruel, sangrienta. Y si, jugaba un papel importante en la motivación de los gladiadores el saberse libres si culminaban un número impuesto de combates, sabiendo que contaban con el amor del pueblo. Algo peligroso pues este era tan variable como las lluvias en la estación húmeda, que podían sorprender de improvisto o faltar sin previo aviso cuando se las esperaba. El pueblo era caprichoso, pero si, acertó todo, de forma sorprendente para Red. -Una palabra muy ansiada por muchos, es algo que todo ser humano busca.- confirmó, sin querer interrumpir ese discurso.

Tomó las uvas con apetito, muy atento a la continuación de su relato pues cada palabra era acertada, eso cambió todo en el Rojo, pues ahora su interés en el chico era total y mucho más intenso, en un momento se había ganado la exclusividad del señor del coliseo, por encima de los gladiadores, del combate. Era astuto, como intuyó, pero analizaba bien las reacciones, el dragón admiraba esas cualidades en los de su raza y lamentó que el chico fuese tan solo un híbrido, porque en otras circunstancias probablemente estarían comentando aquello en una mesa de negocios. Y si, la libertad era peligrosa, la sensación de poder en manos del pueblo, por eso con estratagemas, con sutileza, se podía conducir a estos por el camino deseado sin que pudieran sospechar nada, porque los gladiadores morían, a veces incluso el campeón más amado. Y en eso tenía que ver la fluctuación del amor del pueblo, cualquier mínimo detalle lo cambiaba en odio, la aparición de otro gladiador con potencial reconducía su amor hacia este y pocos llegaban a obtener la ansiada libertad. Y cuando el chico, en medio de todo aquello,  dejó las caricias en el brazo, provocó la queja del dragón, que para ese entonces sentía el calor apoderarse de la zona baja de su cuerpo. -No, no te equivocas, ningún hombre tan aclamado puede abandonar estos muros, convertirse en un símbolo, por eso basta con darle al pueblo algo nuevo, más emocionante, una nueva figura a la que aclamar. Es la vida del coliseo... todos mueren, pero no interfiero en lo que tarden en hacerlo, por eso nuestros gladiadores morirán si, pero uno más tarde que el otro eso seguro- susurró tras haberse acercado a su boca, rozando sus labios quisiera o no.

Le complació que tuviera claro su lugar, que intentase delatarlo, creyendo a Eros porque estaba en lo cierto, la palabra de un híbrido no tenía valor alguno si el dragón lo denunciaba y aportaba las pruebas necesarias. Tenía además amigos que le creerían antes a él que a mera escoria para la sociedad, para la Reina. Para esos momentos el señor del coliseo se sentía acalorado, incitado, pese al cambio de conversación al tema de las joyas. Tomó la mano del chico para que esta prosiguiera con las caricias, las exigía, quería mucho más, todo del chico. Un problema siendo como era, pero era le pertenecía, si le había puesto de esa forma, era su responsabilidad no querer cortar de raíz, no. La forma en que susurró, era todo una incitación y el dragón, tras dejar que tomara la uva, no permitió que reposara en su asiento, hablando de orfebrería. Reclamó a su esclavo, sentándoselo en el regazo, para mantener esa complicidad y el tono bajo con el que hablaban. Seguro que Eros habría sentido lo imponente del dragón, su "robustez", aquella provocada por su discurso, pero poco le importó. -Eso son los mejores... porque no hay reglas, solo sangre, puro animalismo por parte del ser humano... sacan toda aquello por lo que son considerados una raza inferior.- sew apoderó de sus labios, besándolo despacio. Y tras ese contacto, tras sus manos acariciar las caderas de Eros, pudo ahondar en el tema de las joyas.

Puede que Eros no se hubiera imaginado las consecuencias de sus palabras, pero no podía escapar de su amo, no cuando este lo tomaba de esa forma, queriendo sentir la cercanía de ambos. -Entonces quiero unos anillos para un combate privado que habrá pronto... de buena calidad, te daré cuanto material precises y tu harás algo único.- exigió, mirándole a los ojos. -Algunos verían una imprudencia provocar de esta forma a su amo, pero tú no te cortas en absoluto, dices lo que piensas, no quieres que te tomen por idiota. Quizá te hayas ganado asistirme en ese combate privado, ver de primera mano como es, ya que sabes tanto.- murmuró contra su mentón. -Hubo grandes campeones en el pasado, el pueblo creyó ser más que el señor de este coliseo, y cuando yo me encargué, lo convertí en MI espectáculo, por eso todos ellos son meros juguetes que, sin saberlo, se mecen movidos por mis hilos, bailan a mi son.- Las manos del dragón sostuvieron las caderas del chico, no le permitía salir de su regazo, incluso cuando su "robustez" era aún más notoria. -Dime Eros... ahora que has demostrado a tu amo que eres listo, que controlas, observas... ¿Qué crees que me apetece tras esta provocación?. Porque un chico listo habría sabido prever las reacciones de su amo, y ahora soy yo quien te pone a prueba, quiero saber cuanto conoces ya a Thyraxes.- El dragón quería seguir charlando con él, sabía de su animadversión al sexo, pero aunque el dragón yaciese con otro esclavo, él no se libraría de estar allí, entreteniéndole.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Eros el 19.05.18 21:12

¿No era la preciosa hipocresía? El esclavo dio vueltas a eso, mientras escuchaba a su amo, entre sonrisa y sonrisa atenta que demostraba que le estaba escuchando. Poco se inmutó ante su aparente furia, pues mucho parecía haberle disgustado su sugerencia respecto a como llevar los negocios del coliseo. Decidió no hacer hincapié, pese a que sintiera que el pelirrojo acababa de contradecirse, primero valorando el honor de la arena, y después confirmando fríamente y sin pestañear que en efecto, las sospechas de Eros eran ciertas: ningún gladiador salía vivo del Coliseo. Ningún combatiente sería alguna vez libre.

Por supuesto, el moreno no discutió este hecho. Como todo hombre, él tenía su propio deseo por la libertad, pero al contrario que muchos de los que le rodeaban, tenía también una mente sagaz, quizás privilegiada. A Eros le gustaban los planes. Todo plan repetido y preparado innumerables veces tenía pocas opciones de fallar, y a eso se encontraba aferrado actualmente como si se tratase de un clavo ardiendo. Claro que, su tiempo trabajando al servicio de diferentes hombres lo habían vuelto ágil a la hora de manejarse entre las personas. Le costaba bien poco deducir que pensaban, que deseaban, que esperaban y querían de él. Thyraxes no era diferente, un megalómano en potencia, pero que Eros sentía, algún día caería por su propio peso. El esclavo no tenía miedo de él, al contrario de lo que pudiesen creer muchos. Podía comprender sus reacciones, aunque desmedidas, y anteponerse a ellas. Era un hombre corriente, nada extraño. Al final del día, todos se regían por las mismas bases cuando las necesidades básicas estaban cubiertas: fama, sexo y dinero, dinero y sexo sobretodo.

-A veces... es curioso. El como el humano puede ser más bestia que la bestia. Es algo que siempre me ha despertado mucho interés. Somos todos animales al final del día, ¿no? Animales con preocupaciones más complejas, pero animales al fin y al cabo. -Eros no se inmutó cuando el contrario tiró de su mano, moviéndole, buscando sentarle sobre su regazo. Comenzaba a poder prever las maneras de actuar del dueño del coliseo, y casi que tenía que reprimirse la emoción cuando, en efecto, acertaba con sus previsiones. No fue una sorpresa encontrar el regazo del dragón duro bajo su cuerpo. Había esperado algo así, pero tal vez había subestimado el verdadero apego del contrario con cosas como la lucha, el poder, la sangre... una erección era más de lo que había visto venir. Eros podía sentirse identificado con ese apego al poder, pues había experimentado algo similar escasos minutos antes.

-¿Acaso no gritan y empuñan armas todos los hombres independientemente de su raza o condición? -Decidió morderse la lengua antes de continuar, antes de afirmar que para ser aquella "brutalidad" de la que hablaba Thyraxes un comportamiento propio de una raza inferior, bien había mostrado él lo mismo al descargar los latigazos con tanto ahínco contra el esclavo un tiempo antes. Hipocresía, era preciosa, sí. Fascinante, pero Eros era más listo, lo suficiente como para saber que no le sería provechoso ni convenía herir el ego del mayor. -El mundo resuelve todo luchando. Las deudas. Los celos. El hambre. La frustración. El deseo. Cuando no lo hace luchando lo hace follando ¿no es eso una contradicción? Dolor y placer. Diferentes y sin embargo valen para lo mismo. -Mantuvo la vista puesta en la arena, en los combatientes, en las voces del maestro de armas, y casi pareciera que miraba eso, cuando en realidad toda su atención estaba puesta en su cuerpo, y en como muy ligeramente, se reacomodó a conciencia sobre el regazo ajeno. Despacio. Medido. Su intención no era hacerlo evidente, sino ser capaz de poderlo camuflar como un gesto mundano que para nada buscaba provocar a Thyraxes. Burda mentira.

-Todo lo que hago es de buena calidad, que lo sugieras de esa manera me ofende. -murmuró, observando la cercanía del dragón, y optando por ceder esa vez al beso, con tal de llevarle un poco más a su terreno. -Si me pides opinión, me gustaría trabajar con plata, quizá oro blanco, pero eres libre de escoger. -delineó su labio inferior con el índice. -Estaba pensando quizás en algo como un ónice o un rubí para engarzar... pero eso es decisión tuya. -mencionó, pensando en el encargo, surgiéndole alguna que otra duda pero sobretodo ideas. -Puedo incorporar un dragón a la composición, estoy bastante seguro, si te suena bien. -Dejó el asunto estar, imaginando que Thyraxes querría dejar todo concretado más tarde, y en su lugar volvió a prestar atención al contrario, ahora sí, mirándole directamente solo a él. No pudo decir que no le pillara algo desprevenido la invitación, sopesándolo, sabiendo que realmente más que un premio aquello era una orden; el mayor quería que asistiera a la pelea...

Pese a todo, quizás el pequeño evento privado del dragón le ayudase a comprenderle mejor. Era una oportunidad que no podía dejar pasar.- Agradezco la invitación, iré, claro. -dijo, a la par que una de sus manos fueron a buscar la nuca de él, los dedos jugando con los mechones cortos de pelo, trazando dibujos inconexos sobre la piel. -Nunca he dudado de tu control sobre el coliseo. Haces tu trabajo bien, los que te rodean te obedecen, el estadio se llena con cada combate que se anuncia. No cualquiera logra eso. -concedió, sabiendo ya hacia donde iban las palabras del dragón, qué buscaba con sus gestos. Dinero y sexo. Todo volvía a origen al final.

-Francamente, creo que no hago un favor a nadie fingiendo que no sé nada. Para ti es aburrido, y para mi un esfuerzo innecesario, así que mejor nos dejamos de tonterías y aceptamos el hecho de que soy dado a expresar opiniones impopulares. -Alargó la mano para tomar dos uvas, ofreciéndole una a él primero, y comiéndose la segunda después.- Y yo que pensaba que estábamos hablando tranquilamente. Me vas a perdonar el atrevimiento, pero no veo en que punto de la conversación he... "provocado". -sonrió un poco.- Vas a tener que explicarte.




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Re: A jewel between swords and shields [Eros]

Mensaje por Thyraxes el 19.05.18 21:51

No se equivocaba en afirmar que todos eran animales, los dragones también podían en un arrebato, pero el ser humano... era diferente, lo que quería expresar con eso iba más allá de lo literal, pero Eros era joven, no conocía para nada como pensaba esa raza tan primitiva, no los vio como él antes del Letargo, ni después del mismo. -Si, pero el ser humano supera con creces esa bestia en sus épocas más oscuras, yo he sido testigo de lo que es capaz de hacer, pues aunque todos seamos animales, tenemos unos valores que podemos llegar a respetar. Pero el humano no, se aniquilaría a sí mismo con tal de salir beneficiado, es una lacra que los persigue, la destrucción de todo aquellos que tengan delante con tal de satisfacerse. Se aniquilan entre ellos, con sus terroristas, con sus golpes sin sentido. Carecen de respeto alguno, siempre son peores que nadie. A los animales hay que tratarlos como tal, no lo olvides nunca, solo se la una oportunidad de cambiar y pocos la aceptan, en mi coliseo eso trato de hacer. Forjo algo nuevo.- quiso explicar al chico, pues él tenía parte de ambas razas.

Sus cavilaciones no eran desacertadas, si que se resolvía todo por la espada, el mundo trataba de hablar las cosas, de ofrecer un diálogo claro, pero raras veces este era fructífero, por ejemplo los humanos no aceptaban su lugar, al final ocasionaban choques violentos como aquellos.  -Que aludas al sexo como uno de los métodos es fascinante... precisamente tú, que hasta la fecha te has alejado de todo ese ambiente. Tu no has cogido una espada, ni has esgrimido la violencia, ni has usado el sexo. Hay excepciones, pero muy contadas, sin embargo entiendo tu punto, no puedo descartarlo, muchas vecen dolor y placer van de la mano, es parte de la vida.- se cortó entonces, porque sintió como se movía, acomodándose mejor, sintiendo mucho mejor su cuerpo y provocando un escalofrío en el cuerpo del dragón, que presionó a este con algo más de fuerza contra si, con un semi jadeo escapando de sus labios. Al final su mañana de examen a nuevos gladiadores acabaría muy pronto, no podía estar tranquilo y centrado con semejante altivez entre sus piernas y el ansia de calmarlo.

Sonrió al ver como defendía su trabajo y decía con toda claridad que era de primera calidad, si lo hacía es que tenía que ser como indicaba. Pero lo comprobaría, claro, no pensaba quedarse con las ganas, pues no se privaba de nada el Rojo. Sintió el dedo del chico delinear su labio y le mordió este suave, algo confuso, pues para mantenerse alejado de aquel ambiente sabía desenvolverse bien. Escuchó con atención que materiales prefería y ante eso se sorprendió pues era algo similar a lo que usaba el dragón, pese a que el oro estaba muy arraigado a su naturaleza, lo tenía, pero en otras formas, como objetos de valor, monedas, no en el cuerpo, ahí prefería el blanco, más estilo que el normal. -Tus ideas me placen, es exactamente lo que me gusta... y tus diseños me agradarán, podemos concretar eso, si, traerte muestras, minerales, que trabajes en ellos con libertad. Soy exigente, mucho, pero eso ya lo descubrirás, verás mis joyas y algunas de diseños extravagantes o para colocar en lugares muy especiales.- no quiso concretar nada más, ya lo iría descubriendo con el pasar del tiempo.

Es mucho más que eso Eros, no se trata de hacer bien el trabajo solo, es que te recuerden, que tu nombre esté en boca de todos. Me esfuerzo en mis espectáculos porque aquí lo único que vale es la influencia que tengas, los contactos. Y satisfacer oscuros deseos de algunos camaradas puede granjearte favores que cobrar en un futuro. Y bueno, con tus conocimientos sobre este mundo, creo que querrás ver de primera mano lo que no es tan bonito, la parte oscura de esto, que es vender combates más primitivos o incluso el cuerpo de gladiadores a quienes mojan sus entrepiernas por catar uno. Sus fantasías oscuras, tal como decías... Aunque eso... bueno, eso no necesitas verlo ni tu ni yo, solo quien paga por placeres más bestias. Esos que no tendrán contigo y que ni imaginas, pues un gladiador es una bestia incluso para eso- pero no quiso dar muchos detalles, eso era más secreto, la identidad de los dragones que pagaban por ello y todo lo relacionado con el pago.

Asintió, complacido, pues sus opiniones eran inusuales pero por eso le gustaban más, porque todos le contentaban directamente, ningún esclavo se atrevía a cuestionarle o hablar con esa ligereza, un hecho que convertían a Eros en su esclavo predilecto por el momento. Aceptó la uva, tomándola con cuidado, saboreándola bien mientras escuchaba su discurso inocente, que solo hizo que sonriese más de lo que ya lo hacía. -Descarado también... Sabes muy bien que pocos tienen la soltura que tú en la lengua y llegan a poder tener una conversación tan productiva como la tuya. Tu forma de expresarte, de entender mi mundo pese a no haberlo visto tan de cerca... y por el coliseo, eres demasiado inquieto, no ayudas nada a que no esté "contento".- dijo con total tranquilidad, tomando la mano del esclavo para llevarla a la zona en cuestión, bien notoria. -Y eso es un problema, porque de normal suelo tener cierta rutina con mi negocio, una que se ha ido a la mierda por tu agradable compañía. No puedo quedarme mucho más en este estado y siento curiosidad de saber que harás al ser culpable íntegro de ello.- no se cortó en culparle de todo.

Volvió a buscar sus labios, que ahora sabían a uva, consciente de que quizá no conocía del todo el afán de Red por tocar, deleitarse con aquello que considera bello y natural. -Porque esto hay que arreglarlo de algún modo, y es en estos casos cuando mejor puedo conocer a un esclavo, saber como actúa, que piensa o como afronta estas situaciones. Tú mismo te ofreciste a ser mi esclavo personal, eso abarca muchos términos, y eres tan nuevo que no se si lo has asimilado todo.- le estaba cuestionando un poco, pero poniendo aprueba claramente. Thyraxes no iba a forzar nada, era pronto, iba con paso seguro, queriendo ver qué salía del esclavo, que elegía cuando no tenía una orden clara, cuando podía improvisar y sugerir cosas.




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Thyraxes
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